EL VIAJE LETRADO Y SU ESCRITURA1

Beatriz Colombi
Facultad de Filosofía y Letras-Universidad de Buenos Aires

En un tomo sobre Ensayistas Ingleses compilado por Adolfo Bioy Casares localizo el
escrito de Francis Bacon titulado “De los viajes”. No sé si atribuirlo al latinismo de la traducción,
o a necesidad de construir un comienzo, lo cierto es que este breve escrito tiene el carácter de un
texto fundante del viaje letrado. No sólo establece las normas que deben reglarlo, sino y sobre
todo para la buena fortuna del género, instituye la necesidad de llevar una anotación del mismo.
Bacon define al viaje letrado como una experiencia de formación entre un joven educando y su
preceptor e incluye una indicación, que no puedo pasar por alto, sobre su escritura: “Es cosa
extraña que en los viajes por mar, donde no puede verse más que mar y cielo, los hombres
escriban diarios; pero en viajes por tierra, donde hay tanto que observar, generalmente lo omiten;
como si el riesgo fuera más apropiado para registrar que la observación. Que se introduzca por lo
tanto el uso de los diarios.” (Bacon, 1950: 9). Según se desprende de este texto, el diario de las
travesías marítimas tiene ya un lugar normalizado y aparece asociado al registro de las
eventualidades, mientras que el viaje por tierra, más favorable a la observación por su variedad
(so much is to be observed, dice el original), no goza aún de su correspondiente bitácora. Este
razonamiento resulta particularmente interesante. En el diario marino se anota lo fortuito o
azaroso, mientras que el viaje por tierra donde existen muchos más objetos donde detener la
atención, permite pensar en otro tipo de asiento, más narrativo, más reflexivo, más personal. Que
se introduzca por lo tanto el uso de los diarios, aconseja Bacon, y el hecho de enunciar ésta
práctica como novedad, permite pensarlo como el gesto inaugural de un gran archivo que se
alimentará de los materiales más dispares con el correr de los tiempos.
Mucho tiempo antes que Bacon, Cristóbal Colón había dado inicio a un conjunto,
conocido como Crónicas de Indias, con su Diario del primer viaje el cual, según nos dice
Antonello Gerbi (1992: 26), constituye el más antiguo diario de la tradición literaria. Pero no es
su carácter literario, que podría ser objetado, lo que me interesa discutir aquí, sino su pertenencia
a la clase relato de viaje. Es sabido que Colón llevaba a Marco Polo en su memoria y en su
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Quimera. Revista de Literatura (Barcelona), Número 304, Marzo 2009, pp. 22-26.

tribunales. edificios y jardines públicos. del padre y de la ley. el Kubla Khan del triple sueño de Coleridge. y sustituye este lugar sagrado por las maravillas mercantiles del Oriente. conquista o enriquecimiento. que recogerá Jean-Jacques Rousseau en Emilio. ciudades y pueblos. llevar un preceptor que conozca el país. se ajustarían al perfil trazado por Bacon. así lo observa Jorge Luis Borges: “Son dos los héroes de este libro. Bacon indica que es necesario conocer la lengua del lugar que se visita. pero siempre se trata de un recorrido litúrgico (Wolfzettel 1996). un mapa o libro que describa la región y un diario donde asentar las experiencias. Sienta así las bases del Bildungsreise. mapa. guía. fondeaderos y puertos. Marco Polo y Colón se inscriben en la serie de los comerciantes y mercaderes de finales del medioevo o de los exploradores y aventureros de los comienzos del mundo moderno. que hace del viaje un fin para sí (para su formación intelectual o su disfrute). Marco Polo había dado una nueva inflexión al relato de viaje medieval. el vasto Emperador de los mogoles. no son ellos los viajeros de los que habla el texto que abrió esta reflexión. científicos o letrados. los auxiliares del desplazamiento del viajero letrado. ruinas. El texto de Marco Polo se aparta de la peregrinación como desplazamiento hacia un centro religioso (Jerusalén o sus equivalentes). fiestas. ya que el protagonismo es una de las marcas diferenciadoras de la escritura del viaje moderno. comedias. Bacon establece los lugares de visita: las cortes. También aconseja la visita a los hombres sabios. libro y diario se vuelven. la peregrinatio pro Christo. Aunque en algunos aspectos son sus precursores. antigüedades. Borges recala justamente sobre este yo narrador de discreta aparición. el libro de a bordo. 1985: 10). ni mucho menos la peregrinación medieval. o viaje de formación. En la tradición medieval confluyen diversos tipos. la búsqueda del jardín edénico. Otro.” (Borges. almacenes. y no el medio de una empresa de reconocimiento. Uno. colecciones de arte. Al dictar sus memorias de viaje por las tierras del Gran Khan a su compañero de cautiverio. el viajero baconiano es el viajero letrado moderno. Lengua. Para este viajero. Pero ni Colón ni Marco Polo.imaginación. En cambio. Kubilai Khan. el prudente y curioso veneciano que los sirvió y cuya pluma lo ha hecho inmortal. la hagiografía. desde entonces. práctica que aún mantiene su vigencia en los escritores-viajeros contemporáneos. que llevará al grand tour europeo de . De mirabilibus mundi aún compartía con la peregrinatio dos marcas definitorias: el concepto mismo de lo maravilloso y el lugar subsidiario del viajero en el relato. murallas y fortificaciones. armerías. bibliotecas. iglesias. el que no se oculta pero que tampoco se muestra. ceremonia de emancipación del hogar. funerales y ejecuciones.

los siglos siguientes. su mundo sensorial y pasional. Si los periplos del siglo XVIII estaban estrechamente ligados a la educación. la construcción del espacio en tanto paisaje. cuando es reconocido tanto por los viajeros como por sus lectores como un género particular. un tratado teórico de cómo viajar. Dice Doiron que la emergencia del relato de viaje produce la aparición de un género conexo. Normand Doiron. Pero volvamos al texto de Bacon. incorporará de modo definitivo la vista de la naturaleza. Este perfil. Stendhal. Entre fines del siglo XVIII y la primera mitad del XIX se produce una gran transformación formal en el relato. o Victor Hugo. que acompaña. como es de prever. Así el orientalismo. contribuyendo a consolidar la emergente imagen social del escritor-viajero. aunque admitirá modificaciones y acomodaciones a lo largo del siglo. 1988: 85). porqué. dotado de estilo. en la literatura del período romántico se abre a otras experiencias y necesidades. Flaubert. en qué momento del año. El desplazamiento espacial permite canalizar las apetencias de variedad. el desarrollo de la descripción en función del color local. sostiene que el relato de viaje adquiere su carta de ciudadanía en el siglo XVII. nuestra guía en esta reflexión. vía Humboldt y Goethe. pero que encuentra su culminación con Stendhal y Flaubert. En este sentido. Los escritoresviajeros se vuelven los grandes productores de ficciones del viaje (Said) delimitando modos de hablar de los espacios fuertemente ideologizados. Invariablemente. la españolada o la italianada serán algunas de las principales formaciones que dominarán este imaginario durante el siglo XIX. a qué edad. Una nueva noción comienza a emerger. El relato amplia la privacidad del diario íntimo para entrar en un circuito público de crónicas y libros. a los nuevos actores del desplazamiento espacial. preceptos). El Romanticismo. Goethe. consejos. Nerval. son características propias de este momento. el texto de Bacon es un arte de viajar que fijará la pauta moderna del desplazamiento letrado y su escritura. Gautier. novedad y exotismo de los escritores que incorporan nuevas geografías más allá del continente europeo. el viaje se vuelve una textualidad autónoma y estética. la aparición de ciertas imágenes tipificadas de las naciones. oficiando como textos mediadores de cualquier escritura. para decir que por su carácter instructivo (reglas. adquiere no obstante un carácter definitivo. el arte de viajar. el texto de Bacon es un ejemplo de . fenómeno que quizás comience con Byron. la producción de numerosos tópicos y el nuevo lugar protagónico del narrador con una mayor puesta en escena de su subjetividad. poéticas y retóricas particulares (Doiron. La incidencia del concepto de paisaje y de cuadro en la representación de la naturaleza. Estas innovaciones aparecen asociadas a la escritura viajera de Chateaubriand.

Bacon se vuelve paradigmático. Flaubert expresa muy bien esta metamofosis: “De todos los libertinajes posibles el viaje es el más grande. El arte de viajar es muchas veces pautado dentro del relato mismo. Y una vez más. rápido y según nuestras costumbres. El archivo abarca desde los “Conseils au bon voyageur” de Victor Segalen. 1987: 89). Así podemos leer la “Advertencia” de los Viajes de Sarmiento como una poética del viaje hispanoamericano desencantado de las “impresiones” al modo francés.esta clase. 1987: 252). y la mejor bajo todos los aspectos. que adquiere así un peso normativo sobre la propia práctica. enunciarse de modo conjunto en un mismo texto. un conjunto de instrucciones del orden del hacer del viaje. no se pregunta cómo escribir. generará. es decir. que liberado de sus pertenencias y certidumbres. no obstante. fija la secreta dependencia del viaje con la brevedad señalando un tipo de sintaxis que será inherente a su escritura: el corte y lo episódico. Arte y poética del viaje pueden. Me atrevería a decir que no existe texto de viaje moderno que no incluya este tipo de prescripciones. la imagen del viajero en su relato. querer ir a la europea. Lo creo más pernicioso para la tranquilidad del espíritu y de la bolsa que el vino y el juego. la prosa poética. simplemente indica hacerlo. Pero lo que en Bacon es apenas una indicación. una reflexión sobre su retórica y una indagación sobre su forma. Te aburres a veces. está expuesto a las transformaciones que la experiencia del mundo imprime sobre él. pero también gozas muchísimo. es querer reventar” ”(Flaubert. a la anónima guía de viajes de nuestros días. y “La psicología del viajero” de Enrique Gómez Carrillo. La imagen renacentista del viajero como educando tiene aún vigencia sobre el viajero moderno en tránsito. como pauta del viaje finisecular. partir con toda la tienda” (Flaubert. la economía informativa. Si bien al sugerir la corta permanencia en cada ciudad o pueblo. que se asienta en lo prioritario de la impresión. que tiene consecuencias en el orden del narrar del viajero. es de la viajar como las gentes del país. La contemplación de la Esfinge ha sido una de las voluptuosidades más vertiginosas de mi vida. El texto de Bacon no llega a ser una poética. fue el que se inventó cuando se estuvo cansado de los otros. “Cuando se viaja hay que hacer como el Beduino. forma derivada de las artes de viajar del siglo XVII. y si no me maté allí fue porque mi caballo o Dios positivamente no lo quisieron” . con el hacer del relato. que yo sepa. una especie de manual de comportamientos para el viajero renacentista. se trata de dos instancias perfectamente diferenciadas: una tiene que ver con el hacer del viaje y la otra. como es inevitable. es verdad. leemos en Cartas del Viaje a Oriente de Gustave Flaubert: “Y a este respecto te repito lo que ya te he dicho: la verdadera forma de viajar. así. Por último. a veces.

. confirmando continuamente que el que escribe es el que viaja. no sostengo una relación de identidad entre estas instancias ya que creo que afectan a distintas esferas de la realidad y también. 1992: 256). escribir y dar a publicidad provienen de una misma fuente. se habían despertado de golpe al estrépito de las pisadas de una partida de caballos. de la visión i los objetos. i modificándose i adaptándose al tamaño y alcance del instrumento óptico que las refleja?” (Sarmiento 1993: 6). de la materia de examen i la percepción. me distraía de prestar atención a los objetos que me rodeaban. i hacen que vengan éstas a espiritualizarse. arte de viajar. por aquella solidaridad del narrador i la narración. accidentado de colinas y variado por el aspecto de algunas villas nacientes. el placer de verme a caballo en campo abierto e inculto y con la dorada perspectiva de galopar a mis anchas. se parece con una simetría asombrosa a otro galope. Como se trata de una situación asimétrica. Flaubert y Sarmiento construyen. vínculos estrechos que ligan el alma a las cosas visibles. ¿quién no dijera que ese es el mérito i el objeto de un viaje. hablar de solidaridad. 1987: 310). como lo hace Sarmiento en sus Viajes al decir que “I a ser bien desempeñada esta parte. el lector suele dar por sentado que las acciones de narrar. preferentemente. en que el viajero es forzosamente el protagonista. el diario personal. narrador y personaje en el relato de viajes. con todo el vértigo de la arremetida a caballo contra las Pirámides. Con todo. representaciones que convalidan este doble rol (Butor 1974).. trenes o vapores. antes que de identidad. Los distintos niveles que he intentado deslindar. por estos mismos años (1847): “No extrañe usted que no le describa el país que atrevesábamos. propongo. Un sujeto que muchas veces se debate entre su rol de informador y de actor como en el pasaje de Sarmiento que arriba reproduzco. contada por Flaubert en una carta de 1850. a distintos sujetos.(Flaubert. La escena del galope hacia la Esfinge. un particular sujeto viajero que exhibe tanto un rico universo somático como un complejo mundo de pasiones.”(Sarmiento. el de Sarmiento en su viaje a África. cambiándose en imájenes. entre autor. generalmente llano. poética del viaje. paralelamente. los libros y documentos usados en la escritura. el viajero escritor desarrolla una doble actividad de informador y actor. Por eso la mayoría de los textos contienen escenas de escritura donde el objeto son las notas. así como las acciones de escribir y leer durante el viaje. escritura del viaje. Pero además. y sujeto viajero pueden considerarse los reguladores del relato de viaje letrado mismo: . protagonizar. Los instintos gauchos que duermen en nosotros mientras no podemos disponer de otro vehículo que carruajes. Así.

en un rincón del patio. Es la escritura la que mueve a la calesa.” Y la respuesta parece apropiada para otra consideración. Pero en la resolución paródica. El viajero-narrador explica: “Era la agitación. su personaje. El texto hace recapacitar sobre la banalidad de una tipología de viajeros. como una inversión de los preceptos que disponían tales recorridos canónicos. extrañado. se lleva un diario. en oposición a otros tipos de viajeros: “Así todo el círculo de viajeros puede reducirse a los siguientes encabezamientos: Viajeros Ociosos. ya que libera una significación ligada al viaje y a su anodina condición de designar a dos actos a la vez: la práctica . Y último de todos (si gustan).de acuerdo a cómo éstos se manifiesten. viajero inquisitivo) que se acerca y le pregunta. dije con frialdad. desde luego. Viajeros Vanidosos. El Viajero delincuente y felón. En el capítulo titulado “Prefacio” que. al punto que es interpelado por otro viajero (al que llama. pienso en un texto de filiación netamente literaria aunque con ecos claramente autobiográficos. al menos una que tenga en cuenta criterios tan discordantes. El viaje sentimental de Laurence Sterne. Sterne pone de manifiesto la vigencia implícita del discurso parodiado. 1981: 18). como es de esperar en Sterne. y de quien ahora me sentado a dar cuenta –tanto por Necesidad. instituyendo así un arte de viajar anárquico y asistemático. como cualquiera de los integrantes de esa categoría” (Sterne. sobre qué podría ocasionar el movimiento de la calesa. Para poner a prueba estas instancias. lo que hace recordar al célebre clasificador John Wilkins. Con el mismo gesto. y el besoin de Voyager. Propongo leer esta escena de la novela de Sterne como un giro en la relación viaje letrado y escritura. El Viajero simple. y no su contrario. causales). Así. La elección no es gratuita: Sterne es un gran desorganizador de categorías (narrativas. Viajeros Biliosos. sino que es la escritura misma la que produce el viaje. Sterne parece transgredir los consejos de Bacon: no se viaja y. el Viajero desafortunado e inocente. el personaje se dispone a comenzar el relato del viaje dentro de una Désobligante estacionada en el rincón más apartado del patio de la hostería donde se aloja: “bajé la cortinilla de tafetán. aconsejablemente. es capaz de pasar por una ciudad sin conocer sus monumentos o ignorando sus calles. figura después de los capítulos introductorios. lejos de hacer el recorrido pautado por Bacon. de escribir un prefacio. que ha viajado. Recordemos que está arrumbada. lógicas. Después siguen: Los Viajeros por Necesidad. extraje pluma y tinta y escribí el prefacio al mismo dentro de la Desobligante”. será el modo como se resuelva narrativamente aquél. el Viajero Sentimental (con lo que me designo a mí mismo). el personaje-narrador se tipifica a sí mismo como sentimental. Al escribir el viaje el personaje produce un estremencimiento en el vehículo parado. y decidido a escribir mi viaje.

Viajes por Europa. 9-10. “Prólogo”. Edward SAID(1990). Buenos Aires. Domingo Faustino SARMIENTO (1993). pp. Librería de Gregorio Pueyo. Fondo de Cultura Económica. 8. La descripción del mundo. “L’art de voyager”. Hyspamérica. Gustave FLAUBERT (1987). en Mosaic. Jorge Luis BORGES (1985). BIBLIOGRAFIA Francis BACON (1950). Viaje sentimental por Francia e Italia. Escribir las prácticas. Roger CHARTIER (1996). Cartas del Viaje a Oriente. sino un género autónomo. Buenos Aires. pp. Madrid. Archivos. Le discours du voyageur. Normand DOIRON (1988). Ed. Antonello GERBI (1992). con sus reglas y sus artes. Orientalismo. Presses Univeritaries de France. University of Manitoba Press. transparente y fáctico. Libertarias. Friedrich WOLFZETTEL (1996). 83-106. . 1974. Laurence STERNE (1981). Poetique 73. “De los viajes”. pp. París. México. Manantial. Madrid. pp. en Marco Polo. Buenos Aires. Laertes. 1-16. Buenos Aires. “Travel and Writing”. Madrid. La naturaleza de las Indias Nuevas.y la construcción textual. Jackson. Barcelona. Adolfo Bioy Casares. África y América. Sterne insinúa algo que la tradición del viaje estético se encargará de demostrar: el relato de viaje no es un género instrumental. 9-11. CEAL. “La psicología del viajero”. en Pequeñas cuestiones palpitantes. Enrique GÓMEZ CARRILLO (1910). Michel BUTOR (1974). en Ensayistas Ingleses.