"Cuando un chico deserta hay una sociedad que falló

"
La investigadora argentina Silvina Gvirtz, insta al sistema educativo a empoderar a la
escuela, para corregir integralmente la desigualdad de origen de los alumnos con medios
de calidad
Por Carmen Cecilia Díaz
Pese a que el fracaso escolar es un fenómeno que se da en todos los sectores
socioeconómicos, cuando ocurre en ambientes de riesgo social, se convierte en una
doble amenaza, asegura Silvina Gvirtz, investigadora argentina quien dirige la Escuela
de Educación de la Universidad de San Andrés, importante centro de investigación de
Buenos Aires (Argentina).
Peor aún, el mapa de la deserción escolar y del fracaso escolar coinciden con el mapa de
la pobreza. Y es justamente en condición de pobreza donde, 'quien sale de la escuela
agudiza su situación vulnerable', explica. De ahí que, a su juicio, el sistema debe
extremar cuidados para mitigar la desigualdad de origen. En toda América Latina, dice,
'la deserción está muy relacionada con la pobreza y falta de condiciones adecuadas para
el estudio'. Y, salvo el caso de Chile -con 1,3%-, las cifras de deserción no son bajas: 8%
en Uruguay, 10,1% en Argentina, 20% en Brasil y 36% en Paraguay. En cada caso 'los
chicos que más desertan son repitentes y pobres'. (ver tasa de deserción escolar en
América Latina)
Otro problema que en Chile es especialmente persistente son los bajos y desiguales
logros de aprendizaje (Ver Chile: la equidad educativa es una decisión política). De ahí
que, tal como en toda la región, se debe enfatizar en una mayor calidad donde hay más
carencia: 'Los mejores profesores debieran estar allí y la infraestructura de esas escuelas
debiera ser la mejor. Si eso ocurriera, sería una señal poderosa de que al Estado le
interesa que todos sus niños tengan igualdad de oportunidades'.
Está convencida de que 'si un chico deserta, hay un sistema-país que fracasa'. Añade
que, cuando se usa la 'teoría del chorreo' en educación, se asume como moralmente
neutro el que primero se cubran los derechos de algunos y después los de otros. 'Pero
esto es contrario a los principios de igualdad y justicia para todos. Más que chorreo debe
haber acciones compensatorias muy bien focalizadas'.
Garantizar la justicia educativa, para combatir la deserción, requiere enfocarse en tres
dimensiones:
Rendimiento interno de los sistemas: Un buen sistema educativo es en el que repiten
pocos y se gradúan muchos. 'Chile, sacando a Cuba, es el país con mejor rendimiento
interno en la región. Ello se debe, en parte, a que el sistema de financiamiento de la
demanda presiona para la mejora; si un chico repite o se va de la escuela, ésta recibe
menos dinero', plantea. (Ver deserción escolar en Chile)
Rendimiento académico: Es el que se mide a través de pruebas nacionales o
internacionales como TIMSS, 'y que en Chile muestra resultados bajos y, a la vez, muy
desiguales'.

Articulación con la familia y la comunidad: Se debe promover una escuela abierta a la
comunidad, que funcione como un centro de articulación con otras políticas sociales,
asegurando integralmente los derechos del niño.
A juicio de la experta, un mejor rendimiento interno es positivo siempre que se asocie a
rendimiento académico, que es algo que no pasa en países como Chile, por ejemplo. De
no haber esa relación, ese indicador no tiene valor. Y es que, dice, 'cuando un alumno
no aprende y más aún cunado repite, el sufrimiento personal y el fracaso social es muy
grande; por ello lestá estudiado que la repitencia es la antesala de la deserción'.
Revertirla implica un acompañamiento integral, desde el jardín infantil hasta el último
día de la educación secundaria.