Olivia leyó las instrucciones en voz alta, repitió las cantidades de cada elemento químico que

formaba el cuerpo humano y continúo escribiendo en el borde de su círculo de transmutación,
acercó el libro de magia para leerlo por milésima vez y volvió a decir la composición del cuerpo
humano.
“Oxigeno 65%, Carbono 18%, Hidrógeno 10%, Nitrógeno 3%, Calcio 1.5%, fósforo 1%, Potasio
0.25%, Azufre 0.25%, Sodio 0.15%, Cloro 0.15%, Magnesio 0.05%…”
Con cada porcentaje, reviso su círculo de transmutación, cada elemento estaba ahí, esperando
por el momento adecuado.
— Un alma, con el valor equivalente al alma que deseo recuperar; Crisocola, para el dios de la
transmutación, Labradorita, para la diosa del orden, Sugilita, para la diosa de la brujería,
Esmeralda para la diosa de la vida y Jaspe, para alejar a la muerte — murmuro colocando las
piedras en las cinco puntas imaginarias de una estrella, volvió la mirada al libro de brujería y las
palabras salieron de su boca como un cantico que recordaba a una canción de cuna, una canción
de cuna tenebrosa y con palabras que parecían imposibles que formaran parte de cualquier
idioma conocido.
Una luz ilumino el circulo de transmutación, las líneas del circulo junto con los símbolos
m{gicos absorbieron la luz y se iluminaron como si hubieran sido hechos con tinta
fosforescente. Las cinco piedras que Olivia antes había mencionado lanzaron sus brillos
inanimados, pintando con ellos su rostro p{lido por el miedo y la expectación, sus ojos fueron
iluminados por la luz de la esmeralda, los cerró un instante y al abrirlos vio como los elementos
químicos que ella había ordenado metódicamente se alzaban en el aire, mezcl{ndose en un
remolino de polvos, líquidos y luz.
Olivia sabía que aquello no era correcto, que nadie se metía con la muerte, que los muertos,
muertos debían quedarse, sin embargo la culpa y el anhelo la corroían, ella deseaba no solo
desafiar a la muerte si no vencerla. Deseaba con toda su existencia revivir a su madre. Que
egoísta, que arrogante. Ella, una mocosa de 15 años retaba a la muerte y alentaba a la vida
¿Quién se creía que era? ¿Se creía tan fuerte y poderosa como Luisa Diamante, la única bruja
que alguna vez revivió a un muerto? ¿Se creía Ofelia Esmeralda, la única bruja que había
andado entre los muertos y los vivos? No, ella se creía Olivia Rocas, ella era Olivia Rocas, la
única bruja tan tonta para mezclar Alquimia y Magia, dos disciplinas que no necesitaban la una
de la otra, dos disciplinas que mantenían la distancia y se evitaban tan constantemente que sus
usuarios tendían a odiarse los unos a los otros.
“Los Alquimistas y los Magos no nos llevamos, si no fuera por los pactos de Salem ya
habríamos acabado los unos con los otros” le había regañado su madre cuando aún tenía 8 años
y le había presentado a Paula Vera, una niña alquimista, que en ese entonces era su mejor
amiga.

El recuerdos fue tan fugaz que cuando desapareció se preguntó qué era lo que había pensado,
pero tanto la pregunta como el pensamiento desaparecido dejaron de tener importancia cuando
del torbellino de elementos se formó la punta de unos dedos largos y finos, que fueron
form{ndose como si se tratase de una masa moldeable, las manos pronto comenzaron a ser
reconocibles, las uñas p{lidas y despintadas, las cicatrices de quemaduras en la palma, la forma
fr{gil y agraciada de las muñecas de su madre. Una lagrima rodo por su mejilla, quiso llamar a
su madre como cuando era pequeña, pero si detenía su canto m{gico se perdería todo.
“Un alma, tan valiosa como la que deseo recuperar” pensó sin parar su letanía y saco un
pequeño frasco con tapa de corcho del bolsillo de su pantalón, que contenía un líquido incoloro,
con un gas que se mantenía en movimiento, ondulante e intangible, lo observo con atención, lo
levanto a la altura de sus ojos y lo lanzo con desenfado en el centro del círculo.
El “crash” del vidrio al romperse fue bajo y débil, casi imperceptible, Olivia tomo una bocanada
de aire para cambiar el ritmo de su canto y cuando comenzó el nuevo hechizo el líquido de la
botellita rota se alzó, formo una burbuja humeante de color blanco, el humo se arremolino como
intentando proteger la burbuja, formo púas que se tiñeron de rojo y l{grimas de sangre se
escaparon de los ojos de Olivia. El Alma se negaba a ser el sacrificio, Olivia alzo un poco m{s la
voz y las púas se rompieron, el rojo desapareció y lentamente la burbuja se volvió plateada. Solo
las brujas tenían el alma plateada, era el alma de la madre de Olivia.
El humo brillante que del alma era despedida formó caracoleados, tent{culos de humo se
extendieron por la habitación y buscaron el cuerpo a medio completar en el torbellino de
elementos químicos, cada extensión del alma tiro de los miembros del cuerpo y comenzaron a
unirse cuando el cuerpo estuvo completo.
Alma y cuerpo se encontraron, Olivia recito dos hechizos al mismo tiempo intercalando
palabras del primer hechizo con las del segundo, el alma se instaló entre los omóplatos del
cuerpo de cabello castaño oscuro y el pecho desnudo de Violeta Rocas se infló, sus ojos grises se
abrieron de golpe y tosió, rompiendo el hechizo de ingravidez sobre su nuevo cuerpo.
— Madre — Chillo Olivia emocionada llorando a mares, pero Violeta no correspondió el
sentimiento de su hija, sus ojos desorbitados se fijaron en ella y suspiro su nombre.
— Olivia — su voz sonó {spera, nueva — ¿Qué has hecho? — pregunto tomando su segundo
respiro y Olivia irrumpió en el círculo m{gico, después de todo el trabajo estaba hecho, no tenía
nada por qué temer.
— Te he traído de vuelta ¿Qué no es obvio? — dijo Olivia entre sollozos abraz{ndose al cuerpo
desnudo de su madre, sin darse cuenta de cómo la habitación bajaba su temperatura
vertiginosamente, solo podía concentrarse en su madre, en el alivio que le provocaba abrazarla
y lo segura que se sentía entre sus brazos.

— Olivia Rocas — se oyó una voz femenina como provenida de las cavernas, una voz suave
pero que estaba impregnada de ira. Violeta presiono a su hija contra ella, intentando evitar que
la joven le diera la espalda para ver como la realidad se distorsionaba en la habitación, como el
color de los objetos se perdía y formaba un torbellino de forma femenina — Tercera de tu
nombre, ultima del linaje Rocas — recito el torbellino con mil voces en ella. Olivia se estremeció
entre los brazos de su madre, pero volvió la vista atr{s para ver como el torbellino se definía
para formar a una hermosa mujer de cabello verde oscuro, como el follaje de un bosque entero;
cuerpo delgado y curvilíneo como las cl{sicas elfas de los cuentos de hadas; ojos platino como la
propia luna y rostro suave, redondeado.
— Vanadariel — dijo sin aliento y los ojos plateados de la mujer se posaron en ella, no con la
tranquilidad que brindaban antes, si no con furia y algo que Olivia no pudo descifrar. Durante
lo que pareció una eternidad, se observaron la una a la otra, hasta que avergonzada, Olivia bajo
la mirada, avergonzada por atreverse a ver a una diosa a los ojos.
Ahí donde sus ojos se clavaron por la vergüenza, el suelo se onduló y de él se formó un cuerpo
masculino que había visto en otras ocasiones, aunque no con tanta exactitud, era Derion, el Dios
de la transmutación, todo el parecía hecho de la madera del piso de su cuarto, desde su rostro
agraciado y fuerte que permanecía con los ojos cerrados, hasta los dedos de sus pies. Él abrió los
ojos con lentitud y el efecto de madera se desvaneció, su cabello se tornó blanco, sus iris azules
y su piel de un tono p{lido. Olivia sintió como la sangre se le congelaba, estaba ante dos dioses
y ninguno de ellos parecía estar de visita social, pues ambos iban vestidos con sus ropajes
divinos de batalla. Armaduras completas con m{s piezas de las podía contar, la de Vanadariel
era plateada con detalles dorados y la de Derion era Negra, con los detalles de color plata.
— Olivia Rocas — dijo Derion con su potente voz grave — Tu logro, es un insulto a los dioses —
dijo con esa mirada azul en ella.
— ¿Por qué? — pregunto Olivia sin saber de dónde provenía el coraje que la movía a hacerle
preguntas a aquellos dioses.
— Va contra la naturaleza — le respondió Vanadariel, esta vez con una sola voz, la primera voz
que le había escuchado, esa que parecía chocolate caliente en una tarde de invierno.
— No, no si su muerte no fue natural — dijo con una tranquilidad que no sentía — No, si se me
fue arrebatada con magia — su voz se alzó solo un poco y Derion fue hasta ella, la arranco de
los brazos de su madre y le examino el rostro a solo unos centímetros de distancia.
— ¿Dices que tu madre te fue arrebatada antes de tiempo? — le cuestiono con dureza,
sosteniéndola del cuello de la camisa como una tigresa sostiene a su cachorro.
— Si — respondió apenas con la voz suficiente como para ser escuchada.

— ¿A caso la muerte te ha visitado para contarte tal cosa? — cuestionó y Olivia se estremeció
— No —
— Entonces ¿qué te hace pensar que su muerte ha sido antes de tiempo? — Cuestiono
Vanadariel y Olivia se enfadó, ella simplemente lo sabía.
— Solo lo sé — dijo de nuevo alzando la voz y Derion la dejo caer bruscamente en el suelo.
— ¿Solo lo sabes? ¿Acaso eres hija de uno de los tres milagros? — Cuestiono Derion y camino
hacia Violeta, en tres zancadas, el dios deshizo la distancia y bajo la mano para levantar el
mentón de la mujer.
— Si y no, no soy hija de ningún milagro — explico Olivia levant{ndose del suelo — ¡Pero la
magia me la quito, es mi derecho usar la magia para traerla de vuelta! — esta vez, su voz se
convirtió en un grito. Vanadariel arrugo el entrecejo, fue hasta ella y pas{ndole la mano sobre
los labios le sello la boca.
— No, no es tu derecho — su voz fue vehemente — ¿Acaso crees que la magia sirve para
desafiar a la naturaleza? — pregunto y los labios de Olivia se entreabrieron.
— Por supuesto, la Magia sirve para conseguir lo que quien la posee desea — explico con un
fervor que hizo a la diosa cruzarse de brazos — Y yo deseo salvar a mi madre — detr{s de ella
Derion se hecho a reír.
— He aquí una Heroína — dijo con tono burlón — ¿Te sientes orgullosa, violeta? — le pregunto
sin dejar de sostener su mentón, Violeta iba a responder pero entonces su mandíbula comenzó a
deshacerse formando arenilla, abrió la boca para gritar, pero de ella solo salió humo plateado.
— ¡No, no! — Grito Olivia entre sollozos, pero el cuerpo se deshizo formando un pequeño
torbellino — ¡Lo intentare de nuevo! ¡Una y otra vez! — prometió al torbellino, pero Vanadariel
se interpuso en su campo de visión.
— No, no lo har{s — le dijo la diosa y apoyando las manos en sus hombros — Tu atrevimiento
te costara caro, me has desafiado y no solo a mi… has desafiado a Hazrik — dijo la diosa y
Olivia perdió toda emoción ante aquel nombre, Hazrik era el dios de la muerte, a él nadie lo
desafiaba, busco con la mirada la piedra que debía mantenerla escondida de aquel dios y vio
como Derion la alcanzaba con el dedo índice, el aire hizo ruido al pasar por su garganta y la
piedra cambio, se transmuto, paso de ser Jaspe a ser Obsidiana, la piedra negra comenzó a
humear como si se tratase de un carbón encendido y del humo se formó el dios. Hazrik estaba
ahí. La vida se le fue a los pies, sintió su existencia como una nube flotando a la intemperie, su

mirada busco a Derion, pero el dios había desaparecido — He aquí tu condena — dijo
Vanadariel a su oído.
“A partir de hoy, te otorgo el don de la clarividencia, la clarividencia de los finales. Cada vez
que poses tus ojos sobre todo ser vivo, veras su muerte, la sentir{s en carne en viva, siempre
buscaras evitarla… pero jam{s lo lograras”