El concepto de castración: Los cuatro tiempos del complejo de

castración en el Niño

Juan David Nasio
Enseñanza de 7 conceptos cruciales del psicoanálisis

Dentro del psicoanálisis la castración no responde a la mutilación literal de los
órganos sexuales masculinos, sino que designa una experiencia psíquica
compleja que es vivida de forma inconsciente por el niño a los cinco años
aproximadamente y es decisiva para la asunción de una nueva identidad
sexual. Lo esencial de este proceso es la diferencia anatómica de los sexos,.
Hasta ese momento, el niño vivía en la ilusión de la omnipotencia; con la
experiencia de la castración podrá aceptar que el universo está compuesto por
hombre sy mujeres y que el cuerpo tiene límites; es decir que el niño tiene que
aceptar que su pene de niño jamás le permitirá concretar sus intensos deseos
sexuales dirigidos a la madre.
Sin embargo esto no se reduce a un simple momento cronológico, es una
experiencia que se ve renovada a lo largo de la trayectoria vital y es puesta en
juego nuevamente de un podo particular en la cura analítica del paciente
adulto. Uno de los fines de la experiencia analítica es reactivar en la vida adulta
la experiencia por la que atravesamos en la infancia: admitir con dolor que los
límites del cuerpo son más estrechos que los límites del deseo.
Freud a causa del trabajo de con un niño de cinco años “Juanito” y la
experiencia con pacientes adultos y sus recuerdos infantiles, descubre lo que
denominará el complejo de castración. Este complejo lo describe por primera
vez en 1908 y se puede esquematizar en cuatro tiempos en el niño varón:

Primer tiempo: todo niño tiene un pene. Lo que el niño descubre de forma visual no es la vagina sino la falta de pene. peor el recuerdo de las amenazas verbales oídas en el segundo tiempo conferirá ahora su plena significación a la percepción visual de un peligro hasta entonces desestimado. En un primer momento el niño parece no prestar interés a esta falta. no puede admitir que existen seres semejantes a él que estén desprovistos de ese miembro. La amenaza de castración apunta al pene pero sus efectos recaen sobre el fantasma del niño de poseer un día su objeto amado: la madre. por lo tanto debe renunciar a eso. Esta fisión del niño según la cual todo el mundo posee un pene semejante al suyo. El valor afectivo que acuerda a su cuerpo es tan intenso que no puede concebir un ser semejante sin este elemento . Tercer tiempo: Hay seres sin pene. EL descubrimiento de la realidad de un ser cercano que no posee este atributo (pene) que el supone universal. El niño por su adhesión afectiva narcisista que carga su pene. En síntesis. Segundo tiempo: el pene está amenazado Es el tiempo de las amenazas verbales que apuntan a prohibir al niño sus prácticas autoeroticas y a obligarlo a renunciar a sus fantasmas incestuosos. este momento la zona que el niño ve no es la vagina sino la zona pubiana del cuerpo de la mujer. ayuda a comprender que es lo que está puesto en juego en la castración. las advertencias parentales (que el niño internaliza y posteriormente hacen surgir al súper yo) hacen abandonar al niño toda esperanza de ocupar un día el lugar del padre en el comercio con la mare. pondrá en un cuestionamiento la creencia del niño y abre la via a la angustia de que el algún día también será privado de igual manera. la condición previa para la experiencia psíquica de la castración es la ficción de la posesión universal del pene. Este tiempo es preliminar de las creencias infantiles según las cuales no hay diferencia anatómicas en los órganos de ambos sexos. Esta creencia constituye la premisa necesaria del proceso de castración. la amenaza es real Este tiempo da lugar a la amenaza visual de la zona genital femenina.

el niño acepta la ley de la interdicción y elige salvar su pene a costa de renunciar a la madre como pareja sexual. es inconsciente. el niño mantendrá su creencia según la cual las mujeres mayores y respetables están dotadas de un pene. emergencia de la angustia A pesar de la percepción visual del cuerpo de la niña. La desaparición del complejo de castración para el niño es especialmente violenta y definitiva.primordial. La angustia de castración no es sentida por niño. Cuarto tiempo: La madre también está castrada. ya que lo capacitó para asumir su falta y producir su propio limite El final del complejo de castración es también el final del complejo de Edipo. llegara a la idea de que su madre también está desprovista de un pene. Esta crisis que el niño tuvo que atravesar fue de carácter fecunda y estructurante. La visión de la ausencia de pene en la mujer por una parte y la evocación auditiva de las amenazas verbales parentales por otra. Bajo el efecto de la angustia de castración. pero todavía no se trata de la angustia de castración.” . ni aun en el inconsciente. Con la renuncia de la madre y el reconocimiento de la leu paterna finaliza la fase del amor Edipico y se hace posible la afirmación de la identidad masculina. En lugar de reconocer la ausencia total de pene en la mujer el niño le atribuirá un órgano genital al que asocia el comentario: La niña tiene un pene todavía chiquitito. Ver un cuerpo femenino abre la vía a la angustia de perder el órgano peniano. definen las dos condiciones principales del complejo de castración. Cuando el niño más tarde descubre que las mujeres pueden parir. pero que le va a crecer. No se debe confundir esta angustia con los miedos comunes de los niños. sino que se desintegra literalmente bajo el impacto de la amenaza de castración (…) en el caso ideal ya no subsiste entonces el complejo Edipo alguno. en palabras de Freud: “…el complejo de Edipo no es solamente reprimido en el varón.