Fronteras, bordes, límites

Patricia Ulanosky
Organizaciones fronterizas; Fronteras del psicoanalisis

El neurótico cedió en parte de su protagonismo a los trastornos narcisistas.
Dentro de los se encuentran las patologías fronterizas. Que a estos pacientes
se les denomine bajo “patologías actuales” significa que las coyunturas
políticas, sociales, económicas y culturales pudieron contribuir en quiebres de
precios narcicismos frágiles. La realidad provoca rupturas o desorganiza solo
cuando encuentra un terreno fértil, es decir un yo con grietas y fallas en su
constitución que le impiden defenderse y hacer frente satisfactoriamente a los
vasallajes a los que está sometido ya sea la realidad externa, el súper yo o el
Ello. Sin embargo, un narcisismo aceptablemente configurado, con una matriz
base de identificaciones que le den soporte, tiene la plasticidad y los recursos
necesarios para reconstruirse; se desequilibrio produciendo síntomas, pero sin
desorganizarse. Los analistas de hoy le prestan atención a las vicisitudes
narcisistas de la existencia, identidad y autoestima además de los avatares del
deseo. No solo en los pacientes que presentan patologías yoicas, sino también
en as desestabilizaciones narcisistas de los neuróticos.
Cada sujeto que consulta es portador de una organización singular que
produce síntomas y que hay que desentrañar, las fronteras entre las
estructuras psicopatológicas se desdibujan al escuchar a un paciente, los
límites no son puros, en cada uno se harán oír Narciso y Edipo.
Se les denominan Fronterizos, borders, limites en forma de alusión tanto a su
organización psíquica como a las fronteras del análisis con las que nos
topamos y hasta las cuales acceden.
Estos sujetos acarrean un sufrimiento por sentirse inconsistentes, con poco
valor, con dudas acerca de su propia existencia e identidad. Desde su infancia
han sido privados de un espejo, de una mirada y un discurso que les devolviera

una imagen cohesiva y deseada de sí mismos con la cual identificarse,
reconocerse uy quererse; como correlato se han visto en la necesidad de
sobrevivir y para ello han convocado a sus objetos, entre ellos el analista.
La sensación de vacío, depresiones desbordes afectivos, impulsiones,
intolerancia, no los definen sino que están enraizados en las fallas primarias de
su constitución psíquica. La dependencia a un objeto es vivida como una herida
contra su integridad narcisista.
En varios sujetos, la realidad los excede, desorganiza y les provoca intensas
angustias, no solo por la dificultad que encuentran en metabolizar y simbolizar
las grandes magnitudes de estímulo que les provoca un efecto traumático, sino
que eso conlleva, en muchos casos, el no poder hacerse responsables de sus
propias acciones y las consecuencias correspondientes, que les vuelven como
un boomerang.
Estos pacientes son seres que sufren excesos tanto del orden pulsional interno
y exterior. Estos excesos los tramitan por medio de descargas en el cuerpo
como actuaciones en el afuera y con los otros. En este elemento recae parte de
su peligrosidad. Los fines de estas impulsiones son para castigarse expresar
enojo o rabia, sentir dolor y aliviar estados que resultan intolerable.
Estas personas son sujetos que han tenido fallas primarias en la constitución
de su psiquismo por defecto, de lo que no se inscribió o por exceso de lo que
no se pudo tramitad de forma adecuada, en ellos, el proceso secundario del
pensamiento se ve interferido por el funcionamiento primario. Cuando la
angustia es demasiado intensa inunda el psiquismo paralizando su capacidad
de discernir.
La distancia óptima que se requiere para poner en práctica el juicio de
atribución, que les permita evaluar y contrastar, así como la tolerancia a la
espera y demora en dar una respuesta, desaparecen siendo las impulsiones y
las descargas inmediatas sustituyen el poder de decisión. El descontrol
impulsivo suele ser crónico, repetitivo y con gran potencial autoagresivo: físico
y/o psicológico. Generalmente es vivido como egosintónico durante el episodio
mismo, ya sea el alcoholismo, drogadicción o sexualidad, pero puede

convertirse en egodistónico una vez finalizado, al confrontarse con las
consecuencias, pudiendo provocar sentimientos de enojo, culpa y vergüenza.
El borderline vive en función en función de la satisfacción de sus necesidades,
no alcanzando la constancia objetal, es decir, la carga de representante
psíquico constante de objeto independiente del estado de necesidad, un rasgo
que presentan es la manipulación del otro para así intentar dominarlo y que el
objeto haga lo que ellos necesiten. En la transferencia esta modalidad se repite
con diversas técnicas de victimismo, conductas psicopáticas, seducción, entre
otras. Cuando no lo pueden lograr, pueden aparecer reacciones agresivas.
La organización psíquica de un sujeto va a depender de la manera particular en
que fue narcisizado y subjetivado.
La tolerancia a la frustración, como la capacidad de estar solo, el niño las va
adquiriendo progresivamente en la medida en que haya una internalización
adecuada y constante de objetos amparadores. Cuando este proceso se ve
perturbado, la soledad es vivida como aniquiladora y se sienten desesperar,
quedando fijados en un registro de la necesidad que debe ser satisfecha
perentoriamente. En caso contrario, la angustia y la ansiedad se identifican.
La intolerancia a estar solo nos convoca al afán de aferrarse a la voz o a la
presencia física del otro, cuando esto no es posible suelen suplantarlo por la
droga, el alcohol, el sexo, el alimento, etc.
A diferencia de un paciente neurótico, cuyo conflicto psíquico se manifiesta en
la esfera del deseo y la prohibición, el paciente limite siente que está
amenazada su existencia psíquica. El sentimiento de si o de continuidad de la
existencia depende primeramente de la articulación entre el yo corporal y el yo
como instancia psíquica que en estos pacientes se encuentra perturbado. Esta
escisión entre lo somático y lo psíquico los protege contra la destrucción
absoluta, pero les impide el libre funcionamiento de la simbolización, la
creatividad y la imaginación. Como correlato se instala el vacío.
Gran parte de sus actuaciones e impulsiones son para paliar este sentimiento.
Aunque anhelan experimentar emociones genuinas no pueden tolerarlas, de
ahí la inestabilidad y labilidad de sus relaciones.