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El sentido de las palabras

Ese viernes Sara llegó a casa más tarde. Yo la había estado llamando durante el día para
avisarle que había conseguido dos entradas por Internet para ir al teatro a ver R
ey Lear, pero ella no me había contestado los llamados ni el mensaje de texto. No
bien entró, Sara se sentó en el sillón doble del living y me dijo que se tomaría una sem
ana de vacaciones.
Sara es una mujer hermosa. Tiene un rulo rubio que le cae sobre la frente, un me
chón abundante que cada tanto ella tira hacia atrás. El mechón se le acomoda en el cas
co pero en esos breves instantes, con su frente grande y despejada, Sara no pare
ce ella sino otra mujer. La vi tirada en el sillón y parecía tan cansada que no me a
nimé a decirle que teníamos que salir apurados para el teatro.
El lunes ella empezó sus vacaciones y yo me fui preocupado a trabajar. La llamé vari
as veces durante el día. Volví temprano a casa y la encontré cocinando una tarta de pe
scado. Abrí una botella de vino blanco y comimos los dos con ganas.
¿Qué hay de postre?

le pregunté.

Sara se levantó, fue hasta la cocina y volvió con las manos vacías.
¿A qué te referís, Mario?
Sara estaba nerviosa . ¿A qué te referís cuando me preguntás por el postre?
Ya estábamos en la cama y con la luz apagada cuando le pregunté si quería que sacara e
ntradas para ir al teatro.
Sara se hizo la dormida y no dijo ni que sí ni que no.
El miércoles el jefe de Sara me llamó al celular. Estaba preocupado y quería saber si
ya teníamos el diagnóstico y si Sara había empezado algún tipo de tratamiento. Tragué sali
va y la llamé por teléfono.
Me estás mintiendo
No, Mario
?

le dije . No estás de vacaciones, ¿no? Estás de licencia.

dijo ella , licencia en qué sentido. ¿Licencia?, por favor, Mario, ¿qué querés de

Sara, ya lo dije, es una mujer hermosa. Pero algo había empezado a cambiar en ella
, en su aspecto. Además, hacía días que estaba un poco callada, como apichonada. Esa n
oche, ya en casa, mientras tomábamos el café me preguntó:
Mario, ¿vos me ves enferma a mí?
No

le dije. Enredé mi dedo en su rulo y me acerqué para besarla . Te veo hermosa.

Ella me miró, estábamos cada vez más cerca.
Ese mechón...

dije, y nos besamos.

Todavía estábamos abrazados cuando Sara me preguntó al oído.
Mario

dijo , ¿qué es un mechón?

Pero recién cuando encontré la libreta y el diccionario en su mesa de luz entendí la g
ravedad de lo que estaba pasando. En la segunda hoja Sara había hecho un listado d
e palabras y había buscado los significados en el diccionario.

Sara? le preguntó el neurólogo. ¿Y sabe sumar usted? . ¿Cómo se llama usted? preguntó el neurólogo Sara. estoy bien. Sara? Ella volvió a mirarme pero enseguida bajó la cabeza como buscando una respuesta. Quiero decir algo y no puedo. Sara? ¿En qué sentido me lo pregunta? ¿Podría decirme los números del uno al diez? Sara me miró. Mechón: porción de hebras de pelos que se separan del resto. Ah. Mario? Sí dijo el neurólogo . tres. ¿Sabe sumar. ¿Usted a qué se refiere cuando dice sumar? ¿Cuánto es dos más cuatro? Seis. No. ¿Los números me pregunta el doctor. Muy bien. ¿y seis más siete? Trece. Ajá. cuatro . perdone. sumar no sé dijo . ¿Yo? Bien. doctor. ¿Tiene alguna molestia? No. A veces. nueve. Uno. cinco.. a veces no entiendo bien lo que me dicen.Postre: dulce o golosina que se sirve al final de las comidas. dos. ¿Cómo se siente. A veces me canso un poco. doctor.. ocho. Desde allí me pareció verla todavía más apichonada. ¿Cuántos años tiene. no entiende lo que le dicen. dos. sí dijo Sara . siete. ¿nota algo diferente con respecto a un tiempo atrás? Puede ser. algunas cosas nomás. seis. doctor. Y cuando habla con los demás. doctor. es que no le había entendido. tres. doctor. diez. uno. Y a veces tampoco me salen las pa labras. no siempre. Fuimos juntos a la primera consulta con el neurólogo. Sara se sentó sola al escritor io y yo me quedé unos pasos más atrás. algunas palabras.

Se llama.Ella dudó. no. Después de varias consultas supimos el diagnóstico. ¿Y cómo se llama su jefe? Cómo se llama . ¿Y qué anota? le preguntó a Sara . si era Sara o era yo mismo el que no ter minaba de comprender del todo el sentido de las palabras. sólo interrumpí una vez y fue porque me parecía importante que el neurólogo supiera lo de la libreta. Ocho años ya. ¿Cuánto hace que hace listas de palabras? Desde el invierno pasado. Sumar era. Yo permanecí callado durante toda la consulta. Y ahora está de licencia. dijo . qué era sumar. Demencia semántica dijo el neurólogo. es más bien que no sé lo que quieren decir.. no las enti endo. ¿Qué sería un laboratorio para usted? ¿De qué trabaja? Soy la secretaria del presidente. Y en ese momento no supe cuál de los dos. trabajo. Sí. Sara? ¿Que es mi jefe? Sí.. ¿Cuánto hace. Mario ¿Usted trabaja. pero trabajo.. ¿Trabaja en un laboratorio? No... es progresiva y que no ha . ¿Y cómo se llama el presidente? Se llama. sí.. no me las olvido. El neurólogo dijo que la demencia semántica no tiene cura. ¿no? ¿Qué vendría a ser una licencia? preguntó ella.. le preguntó el neurólogo. que yo sepa no. ¿Hace listas de palabras que se olvida? No. ¿Es su jefe? Sí.. es mi jefe. doctor.. Sara? me preguntó.

. Y aunque no se lo conté ese día. y ella me pregunta ¿qué me querés decir? . Sara llamó desde su celular: Habla la secretaria del doctor. por qué ahora. Me da miedo que de a poco vaya per diendo la alegría por las cosas y que se transforme en una persona completamente t riste por la pérdida de las palabras. por favor . me explicó el neurólogo. dijo depres ión. le dije . del doctor. y no era que le quedara mal ese c orte. Por qué a ella. ¿a cobrar?. Hay momentos en que a Sara la veo muy triste. Llamé al jefe de Sara para avisarle que el neurólogo había extendido la licencia por u n mes más. Estaban los dos yendo en auto a una re unión anual. pero fui sin Sara. sino la tristeza. ¿Por qué te cortaste así? Me explicó mal dijo Sara . No se le entendía nada cuando hablaba y mirá cómo me dejó. me dice Ah. te hace más joven. Esa misma semana le pedí otra consulta al neurólogo. El pibe me advirtió que no iba a dejarnos más el diario porque Sara no le quería pagar. Cuando vengo a cobrar. Yo no podía pe rdonarme no haberme dado cuenta antes de lo que le estaba pasando. pero que a él nunca le había parecido algo demasiado grave hasta que tuvo el episodio aquel viernes. El le pidió a Sara que lo comunicara con el asesor del ministro de Salu d de la provincia. mirado desde acá. Su jefe la llama siempre para saber cómo está. pensé que tal vez aquel episodio de Sara en las últimas vacaciones también tenía que ver con la enfermedad.. No. El me dijo que hacía bastante que notaba cierta dificultad en Sara para c omprender lo que le pedía.. doctor. Sara había tenido muchos signos que yo había dejado pasar porque lo s confundí con olvidos lógicos o cansancio. en realidad. Yo me había quedado esperándola e n el hotel y estaba leyendo en uno de los sillones del hall cuando Sara volvió de la peluquería con el nuevo corte. Que los pacientes se olvidan el nombre de las cosas. del doctor. ¿Cuánto te debe? Tres semanas le pregunté me contestó el pibe. usted tiene que pagarme. me rogó como si yo pudiera hacer algo . sin el mechón partiéndole e n dos la frente no era ella. por qué. Lo primero que le pregunté al neurólogo fue por qué. recuérdeme su nombre. dijo. . pero con la cara despejada no era ella. es que son conscientes del propio deterior o en el lenguaje. como ensimismada por mom entos. Entró al hotel pálida y atravesó el hall con la vista perdida..y ningún tipo de medicación. Ese peluquero me dijo una cosa y me hizo otra.. la verdad. No dijo tristeza.. pero que intele ctualmente siguen funcionando muy bien y por eso la enfermedad los deprime. El me dijo que lo peor de la enfermedad ni siquiera es la falta de compre nsión ni los olvidos. Le conté al neurólogo algo que había pasado acía un mes con el repartidor de diarios. Estábamos en Ma r del Plata y a Sara se le ocurrió ir a la peluquería. Porque ahora. Le pagué y le dije que se quedara con el vuelto. necesito mi mechón. Es un corte moderno Mario. También sus compañeros. Le dije al doctor que la notaba más callada los últimos días. ¿te tengo que brar? . Está rara su señora me dijo . El peluquero le había rasurado el mechón. Que lo más difícil para estos enfermos.. y p or otro lado también van perdiendo el sentido de algunas palabras. le digo. por favor le pregunté. Y ahí se quedó bloqueada hasta que apartó el celular y le p idió a su jefe: Perdone.

Cuando llegaron. que le supure a pesar de los antibióticos que está tomando. Hay días en que la enfermedad de Sara no parece algo tan grave. pero cuando el chico oyó la sirena la agarró de la nuca y le empujó la cabeza hac ia adelante hasta golpearla contra el filo de la pantalla. ¿Qué me estás diciendo? Marcá los números. cuando participó en un taller de escritura. Después el chico salió corriendo con la cartera de Sara. no sé. Sumar. Hijos. . Ella la tapa con el mechón pero no es la estética lo que me amarga sino la herida. me pregunto cada día. Poné la tarjeta y marcá los números el cuello. pero el pibe estaba muy nervioso.Las listas de palabras y definiciones de Sara son cada vez más largas. me digo. y me ilusiono con que todo puede ser manejable. habrá visto algo raro y habrá avisado a la policía. Por las noches nos quedamos mirando un rat o de televisión o nos acostamos temprano. La m ayor parte del tiempo vivo amargado. ella no supo qué tenía que hacer. Hace bastante que no vamos al teatro. Cada día vamos organizando la vida como podemos. Sara empezó a intercalar algunas poesías que ella misma escribió hace dos años. En la guardia le cosieron la frente y le dieron un tranquilizante para que pudie ra descansar. A veces reviso a escondidas la libreta de Sara. Números es una de las primeras palabras que Sara pe rdió. Le clavó la punta de la navaja en la cintura y la llevó así hasta el cajero q ue está a tres cuadras del shopping. A veces son palabras que ella escucha en algún programa de televisión. y volvió a golpearle la cabeza contra el filo del c ajero . Era domingo y Sara había ido hasta el shopping a comprarme un regalo para nuestro aniversario. Cómo puede ser. que una persona que escribió poesías tenga problem as con las palabras. Sara fue caminando por la calle de atrás para cortar camino. Se le cruzó y la amenazó con una navaja. que podemos seguir teniendo una vida. Sara abrió la cartera y sacó la tarjeta de débito de la billetera dispuesta a darle todo lo que tenía en la cuenta. Quería comprarme unos zapatos con s uela anatómica que a mí me gustaban mucho. Anteojos. Rey Lear. pero esa noche Sara no quiso acostarse hasta no volver a escribir en la libreta la palabra números y su significado. Para colmo era temprano. Me boludeás. si por momentos hasta pareciera que no se le fuera a c urar nunca. y le clavó la punta de la navaja en Sara opera en el cajero normalmente. hija de puta le dijo. /cada oración es un banco /de niebla que atravieso. quince años. que tar de tanto en cicatrizarle. Cuando escribo. o en una charla con algún vecino o que lee en los libros. Dice Sara que el chico no tendría más de catorce. ¿o no me oís? Alguien habrá pasado por la vereda. y el riesgo que corre Sara cada día en la calle y en todos lados. a esa hora las c alles están vacías. Pero eso no me dura mucho. Quién no se olvida d e algunas palabras. nuestra vida. A mí me tiene preocupado esa heri da en la frente. pero cuando el chico dijo la palabra números. te digo. Lo del robo fue hace dos semanas. Hace ya unos meses. le dijo el chico. te pido los números y me boludeás.

labios. mientras le acariciaba lo s pechos. me pregunté si Sara ya había olvidado la palabra pechos. o escribió una nueva versión. cuello. Hace apenas una semana Sara salió del baño desencajada. Esa noche lo hicimos por última vez. solo lo dijo. Después del r obo había vuelto al shopping a comprar los zapatos anatómicos pero cuando el vendedo r le preguntó qué número. A la mañana siguiente me levanté mientras Sara todavía dormía. No entiendo lo que me querés decir. encontré otro de los poemas que Sara había escrito cua ndo iba al taller. para comprender el sentido de lo que nos había pasado la noche anterior. cada vez con menos palabr as. me quebré. Yo le regalé un par de peinetas. Eso. así me dijo. Ayer fue nuestro aniversario. No le contesté. el azúcar. si sigo perdiendo palabras ya no voy a poder hacerlo. y que quizá ya no iba a poder seguir haciéndolo. que sin palabras no voy a poder hacerlo. pero esa tarde ni siquiera pudim os abrazarnos y tuvimos que llorar separados. No tengo palabras. tenía el pelo todavía mojado. ¿Todo esto? Sí. qué tiene que ver. y no se puso triste ni nada. Hay días en que se hace difícil entenderla por sus frases. Otras veces no. Se había terminado de duchar y llevaba una toalla atada a la altura de los pechos. cielo. Y mientras la bes aba me pregunté si Sara recordaría aún las palabras pezón. o simplemente volvió a escribir. Antes de salir nos dimos los regalos. la harina. No hay palabras. Sara.Alcanzame la cosa blanca. Mario me preguntó sosteniéndose el mechón en la mano . No sé qué va a pasar con todo esto me dijo Sara. Y si estamos en la cocina yo le doy la sal. mientras leíamos en la cama el último de sus listados (lluvi a. Unos días antes del robo. Mario me dice ella. Qué palabras buscaría Sara al día siguiente en el diccionario para entender el signifi cado de lo que habíamos hecho. No le contesté. Lloramos los dos. peras y espinacas). Busqué su libreta en la car tera y leí lo último que había escrito. Ella me regaló un reloj. ¿cómo se llama esto que me cae sobre frente? No pude contestarle. Si estamos en la habitación le alcanzo una crema que se pone en la cara. qué tiene que ver el sexo con las palabras. Y en la página siguiente Sara corrigió. Que para el sexo también necesitamos las palabras. Sara se fue del local y terminó comprando un reloj en el negoc io de enfrente. ¿sabés? Lo dijo mientras nos desnudábamos. no sé. otras vec es me desespero y no sé qué hacer. Fuimos a cenar a un restaurante que está frente a la plaza. Pero después. entrepierna. . por favor.

Son francesas. ¿no son finísimas? A Sara le gustaron tanto que se las quiso estrenar esa misma noche. Pedimos champán bien helado. Sara leyó en vo z alta las tres sugerencias del día y le preguntó por la primera. Sara le dije . A Sara no le gustan las canciones de amor porque dice que son cursis y machistas. nacaradas y tienen las pequeñas perlas. Esa noche también hablamos con la luz apagada antes de dormirnos. yo te quiero como el primer día.Lleve éstas me había sugerido la empleada . Te las estás rebuscando bastante bien ¿Por qué brindamos? le dije. ¿En qué sentido. las guarniciones que podíamos ele gir. . Ella hizo con la cabeza ese gesto tan suyo de ti rar el mechón hacia atrás para despejar la frente. Me refiero al amor. A Sara le habían g ustado los ostiones y que el champán estuviera bien frío. Sara dijo ella y suspiró . ¿Cómo poca? Poca. Tanteé a oscuras su mechón. Mientras el mozo nos llenaba las copas. Nos reímos cuando el mozo se fue. ¿Ostiones y merluza verde? Parece que tiene buen paladar la señora dijo el mozo y le d escribió el plato. Decí vos. Sara. me dijo. En el silencio de la noche se oía nuestra respiración. Elegimos una mesa en el parque. ¿Qué? ¿Vos me amás a mí? ¿Qué me estás preguntando? Al amor. sin embargo seguía el r itmo de la música con el movimiento de los dedos sobre la mesa y parecía alegrarse c on los boleros de la mexicana. Una cantante mexicana cantaba boleros acompañada por dos hombr es en guitarra y una mujer muy mayor que tocaba el violín. los ingredientes. decí vos. pero que yo le había dejado poca propina al mozo. Mario? En el sentido del amor le contesté. la preparación. A pesar de la cicatriz y a pesar de todo. sigue siendo una mujer hermosa. Chocamos las copas en silencio. No. preguntó ella. Mario. Que todo había salido muy bien. ¿A qué te referís? le contesté . poca me dijo.

tampoco hay tantas maneras de decir la misma cosa. VERANO12 Alicia Por Angela Pradelli El maniquí estaba tirado en la vereda junto a unas cajas vacías. Era un señor mayor que se molestó por la situación y miró a Anton io casi con desprecio. con sus manos cubriendo los pies descalzos de ella. No sé. Antonio los conocía. aunque a oscuras completamente. A mí me hubiese gustado tanto encontrar otra manera de preguntárselo. Antonio sentó al maniquí al lado de la ventanilla y él se se ntó en el asiento del pasillo. El guarda miró al maniquí pero no hizo ningún comentario. Hizo ese último trayecto hasta Temperley con el maniquí en b razos tratando de acomodarlo para no molestar al pasajero de enfrente. Vio que l a mujer se desa-brochaba la blusa para amamantar a su hijo y clavó sus ojos en el paisaje descampado que atravesaba el tren. ya no pude. Sara me insistió: Explicame por favor de qué hablás. Ella puso su mano sobre la mía. Cu ando llegó a Constitución se dio cuenta de que casi todos lo miraban. pensó Antonio. apoyó esas piernas rígidas sobre las suyas y viajó hasta Banfield así. andaban casi todo el día juntos. porque el maniquí tenía cuerpo de mujer. Antonio giró el maniquí hacia él. los dos hablábamos con la mirada clavada en el techo. En Lanús se desocupó un asiento doble. Que. Sara volvió a suspirar. tomaban cerveza en la plaza y molestaban a la gente del barrio. Muchas mañanas Antonio encontraba las latas de . Era un hombre muy alto y el maniquí era tan alto com o el guarda. Ya en el tren que lo llevaría a Temperley le sorprendió pen sar que en realidad le faltaba un boleto para el maniquí y se incomodó al darle uno solo al guarda. Mario. pero era impos ible disimular un maniquí. ¿El amor cómo? me preguntó. no sé. Mario dijo . Cruzó la calle y escuchó las risas de un grupo de muchachos. La noche empezaba a asomarse por la v entanilla cuando llegó a Temperley. Dudó y decidió finalmente que se lo llevaría a su casa. Yo hubiese querido tener más palabras para poder preguntarle lo mismo de otro modo . En Banfield subió una mujer con un bebé en brazos y Antonio no tuvo más remedio que dejarle el asiento. eran siempre los mismos. Tan alta . Las piernas del maniquí chocaron con las rodillas del pasajero de enfrente. Sentí el cuerpo de Sara tan cerca del mío.Mientras hablábamos en la oscuridad del cuarto yo tenía los ojos abiertos y no sé por qué me imaginé que ella también. ¿en qué sentido me lo estás diciendo? No dije nada. Antonio lo vio una tarde cuando salió del banco. Fue un suspiro tan largo esta vez que me pareció que iba vac iarse. como si en realidad le faltara un boleto.

detrás del Monumento a la Bandera. frente a la estación de Temperley: ¿Qué talle? No sé preguntó la vendedora. Parecían otras manos. cuando la gente bajaba del tren y la cruzaba. cuando pensó en las piernas d e Alicia. Los otros se rieron y él sintió pudor por esos pechos desnudos. ¿Qué medida tiene? ¿Cómo es? Dibujó la cintura de Alicia con las manos y sostuvo ese dibujo en el aire por unos segundos: Así dijo. Hacía más diez minutos que había empe .cerveza vacías tiradas en su jardín. Limpió el pincel con aguarrás y se sentaron en la mesa de la cocina a tomar mate. Antonio se ocupó el sábado por la tarde de pintar esa pared. le decía Antonio a Alicia después de comentar la película . El nombre lo pensó al otro día mientras se bañaba: la llamó Alicia. dijo Antonio. Pero la llevó de noche y se sentaron en un banco. Fu e la única inscripción que tapó. Estaba se guro de que habían sido esos muchachos del barrio. Le gustaban las películas italianas y casi todas las semanas alquilaba una en el v ideo. pero él no sabía. Cuando estaba llegando a s u casa uno de los muchachos le gritó: Tiene buenas tetas. de la semana po r las tardes. Empezaba a llover y Antonio sintió la humedad en la piel de Alicia. después de leer el diario. El cine es Y un día la llevó al cine. Antonio se descubrió mirando vidrieras de ropa de mujer en los negocios de la aven ida Santa Fe. Pero no es lo mismo otra cosa. El brazo de Antonio rodeaba la cintura de ella. Había elegido un pantalón pero lo cambió a último momento. Le gustaba esa plaza l os sábados por la mañana cuando se llenaba de chicos y todos los días. pero no dijo nada. Se llama lluvia le dijo Antonio . Algunos vecinos decían que se drogaban. unas piernas demasiado perfectas para no lucirlas. Más o menos insistió la vendedora . También compró un esmalte para uñas y una mañana de domingo. Listo le dijo Antonio a Alicia cuando terminó de pintar. Al día siguiente apareció una inscripción obscena escrita con pintura roja en el frent e de su casa. y cambió más cuando Antonio le compró esa peluca rubia. Daban una de Mastroianni. Tardó en decidirse . Pensó que tenía que llevarla a conocer la plaza de Temperley. Ignoró las que aparecieron después y se fueron superponie ndo unas a otras. pero es agua. Terminaron corriendo para guarecerse debajo de la glorieta y esperaron allí a que parara la lluvia. Otro día se decidió y e ntró en una casa de ropa interior. Alicia se veía como una mujer hermosa. se sentaron en los sillones del patio y Antonio le pintó las uñas. Una tarde compró una pollera marrón y una blusa rosa. Ya en su casa la vis tió con una camisa suya y la sentó en el living.

zado la película cuando llegaron. le había dicho. Fuero n hasta la esquina y se subieron a un taxi que los llevó hasta su casa. que la miraban a Alicia. su mujer preparaba pastas o él hacía un asado. abrió la caja y le dio el vuelto. en el jardín de su casa. Antonio hubiera prefer ido quedarse con Alicia en su casa ese domingo. Hasta sacó fotos de Alicia tendida sobre el pasto con un fondo de malvones ro jos. Se lo había dicho el dueño de una casa de revelado de Temperley. Por algo Al tamirano está siempre invitando gente a su casa y armando programas para los fines de semana. Antes de irse. Las fotos las sacó con la pocket un sábado. El acomodador. recibió el dinero que Antonio le daba. Cuando la película terminó salieron rápido de la sala. pero Antonio se negó. El martes por la tarde. Aunque aceptó. En cambio. Pensaba elegir la mejor de todas. Y no pudo evitarlo: se pasó la tar de comparando a la mujer de Altamirano con Alicia. . Cortó dos entradas del talonario. Las otras no. Igual le puso el flash a la máquina. para encontrars e con ella. Tenía una de esas máquinas que esperan unos segundos después del encendido. Salen perfectas . Antonio llevaba e l postre y se volvía antes de que anocheciera. Somos nosotros dos. Antonio y Alicia seguían acomodador que los guiaba con la linterna. Miraban el noticiero de las nueve mientras preparaban la cena y ponían la mesa. En el hall el acomodador le son rió a Antonio. cuando volvía del banco. El boletero ni levan tó la vista. así que corrió a ubicarse al lado de Alicia y sonrió junto a ella. Es una mujer insoportable le comentó a Alicia ya en su casa por la noche . Pidió dos entradas en la boletería. Le gustaron las fotos en que estaban juntos. en cambio. No hacía falta Los al un que dijo el acomodador con una entrada en la mano. él no veía la hora de llegar a su casa para ver a Alicia. Se sentaron en la fila quince. hacer una ampliación y ponerla en un portarretrato sobre la mesa de luz. hablaban de cosas del barrio o de alg unos programas de televisión. recibió las dos entradas y preguntó: ¿Dos? Dos. pasó a retirar las fotos reveladas. La mejor hora para sacar fotos es al mediodía y con flash porque hace un efecto especial con la luz. Antonio creyó que la gente los miraba. ¿Va a esperar a alguien? No dijo Antonio . el acomodador se acercó a Antonio y le preguntó si quería le guardara el maniquí en la boletería. en extremo. A veces mientras él preparaba algo para picar. Le molestaba que le dijeran maniquí a Alicia. eran cuatro o cinco. Altamirano y él trabaja ban en la misma sucursal desde hacía casi diez años y muchos domingos Altamirano lo invitaba a su casa. tres se encaminaron por el pasillo oscuro de la sala. Fue al mediodía. Antonio calculó que todos hubieran entrado y que e l hall estuviera despejado. ¿Sacó una entrada para el maniquí? Sí dijo Antonio. Antonio iba algunos domingos a comer a casa de Altamirano.

Cuando la tuvo cerca olió el perfume de lavandas q ue él le había regalado y le gustó. El pelo se lo lavaba aparte. Y también tenía proyectos para el futuro. O tal vez el brillo era por ese reparador de puntas que le había comprado a una compañera del ban co que vendía cosméticos. La vendedora le explicó que estaban re llenos de guata. Había restos de comida por el piso y manchas de salsa de tomate por todas partes. Alicia le dijo un día . El torso de Alicia sin cabeza. cuando lo gana el insomnio. habían entrado por atrás y se habían llevado a Alic ia. Un día vio en una lencería unos corpiños armados. La voz pastosa de Louis Armstr ong llenaba la sala con Blues in the South . Pero no lo compró porqu e Alicia no necesitaba eso. la plaza. Tenía un cajoncito en el botiquín del baño lleno de hebillas y p einetas para peinarla. Ha bía latas vacías de cerveza tiradas por toda la casa y encontró una inscripción obscena en la pared del baño. seguramente por el efecto aquel del flash al mediodía. Prefiere levantarse porque no soporta las imágenes que se le cruzan en la cama : Alicia tirada en un baldío que él no conoce. abati do. Y tiene otra visión. Le contaría historias sobre sus compañeros del banco. Ya era de noche y estaba más fresco. Compró un champú de almendras y le p onía una crema de enjuague de jojoba que le daba un brillo especial. le hacía trenzas. Encontró la cerradu ra de la puerta del patio forzada. Soñaba con que Alicia alguna vez lo esperara en el bar de Benito. algunos bares. Pero nunca le quedaban bien los peinados. Estaba seguro de que a Alicia le gustarían. un material blando pero que daba volumen. desnuda. Ahora. muy seco. sin la peluca rubia. Llegó una tarde a su casa y vio que Alicia no estaba en el sillón del living. El le llenaba la bañera y le agregaba al agua caliente unas sales y una espuma de baño. Escuchaban jazz cuando él volvía del banco: Anímate. Fue inútil que saliera a buscarla por las calles del barrio. Ni siquiera se las mostró. Alicia sin brazos. A veces le ponía una vincha de carey que le gustaba mucho porque le despejaba la cara. Y algún domingo irían juntos a almorzar a la casa de los Altamirano. No volvió a verla. el que e stá enfrente de la estación de Temperley. Solía qu edarse ahí cuando él se iba porque era el lugar más cómodo de la casa. Había probado lavárselo con la espuma de baño pero le quedaba mal. Alicia? referidos. Es uno de Después se sentaron en el sillón. Y ot . Sin embargo. hablarían de cosas comunes . Fijó un día en la semana para que Alicia se bañara: los viernes. da vueltas por la casa. sin brazos. cruzaría la plaza y tomaría n café. Después la envolvía c on una bata suya de toalla. Antonio trajo u n saco de hilo blanco para los hombros de Alicia. y él por momentos duda. La cabeza de Alicia con la peluca rubia pero sin el cuerpo y dos huecos en el espacio de sus ojos. el rojo de los ma lvones había salido bien. Le gustaban los marcos de madera oscuros pero gastó un poco más y compró uno con aplicaciones de bronce que puso en la mesita del living.Le pareció que Alicia no había salido bien. por las noches. sin piernas. El bajaría del tren. R ecorrió la estación. por Louis Armstrong. Puso una música suave y bailaron. ¿Sabés qué es. Sí compró unas medibachas transparentes negras con un di bujo que hacía una figura de rombos. Terminaba soltándole el pelo y guardando las hebillas. le preguntó Antonio . Quería ir de vacaciones con Alicia a Necoche a el próximo verano. no sabe si ese torso es el de Alicia o el de cualquier otra. sólo el torso. Cortó las fotos con la tijera y tiró todas las tiritas a la basura. probablemente a comer mariscos a la taberna vasca. Alicia con los pechos cercenados. Llevarla a cenar. El sabía quiénes eran. Bailemos. Savoy Blues . También habían estado comiendo y habían vaciado la heladera. Le recogía el pelo. Hiz o varios portarretratos con las fotos en donde estaban juntos y los distribuyó por la casa.

Hay que verlos cómo remontan otra vez. O ella está distraída cuando llega el pájaro. Clavan el pico en la tierra. tía? ¿Qué alarmas? le dije. VERANO12 Alarmas Por Angela Pradelli La vinculación del hombre con el infinito está en la infancia. Qué terrible estarse ahí. Después vuelven a levantar vuelo. Tanto con las hormigas como con las moscas. William Goyen Hay que reconocer que este año el jardín está distinto. prueban a acertar? Llevo días tratando de que Mía observe eso. Anoche cuando volv ió a preguntármelo estábamos en la cocina las dos. pensativo. Dice Altamirano que hace unos di bujos raros en un papel cualquiera. Cuál es la señal. ¿Largan algún or las lombrices? ¿Tienen olfato los pájaros? ¿O es que hay toda una capa de lombrices por debajo de la tierra? ¿O es que los pájaros intuyen. Se encogía y enseguida replegaba s u pequeño cuerpo cuando una mosca le volaba cerca. siempre más seguros. Mía acaba de cumplir cuatro años y es muy menuda. En fin. a cierta profundidad. m ientras la lombriz les cuelga del pico agitándose en el aire. Otra vez fueron las moscas. firmes sobre la fragilidad de las patas. manio bran una lombriz y la sacan a la superficie. Estar en la oscuridad de la tierra húmeda sin ni siquiera sos pechar la amenaza ni nada de lo que pasa acá arriba. la cuestión es que no logro que Mía vea esa operación. Sus compañeros lo ve n volverse a su escritorio cabizbajo. Ni siquiera habla con Altamiran o. Un año fueron las hormigas. y suele venir a Adrogué a pasar unos días durante las vacaciones de verano. Una pun ta que se clava. en la seguridad oscura de la tierra húmeda. ella se paralizaba frente al insecto y había que c orrer a rescatarla. espera a que el teléfono suene dos o tres veces y corta. lo hunden. escarban. No pueden ni siquiera intenta r la defensa.ra: Alicia boca abajo. siempre siguió mirándolos con un resto de desconf ianza y un leve frunce de los labios en señal de rechazo y de asco. . Primero fueron los pájaros. Mía tardó varios días en reconocer la falta de peligrosidad de esos insec tos y aunque finalmente lo entendió. Empe zaron a llegar a principios de diciembre y desde entonces todos los días bajan al jardín en vuelos nerviosos. las atrapa y las levanta por el aire sin darles tiempo a nada. Vive en un departamento en el cent ro de Buenos Aires. y de repente un golpe y algo que penetra con fuerza. Este año empezó con eso de las alarmas desde el primer día que llegó. que no contesta. Debe de ser terrible para las lombrices. Me pregunto cómo saben los pájaros dónde están las lombrices. Siempre pasa algo. O en ese momento justo entró en la casa y por más que yo la llame y ella corra nunca llega a tiempo para verlo. Pero algunas cosas de esta vida en las afueras le complican los días d e su existencia urbana. flotando en un río sucio. Pero se posan seguros sobre el pasto. Un pájaro hundiendo su pico para cazar su presa y llevársela lejos para comerla. que es el único que se acerca a su escritorio. Pero no hay caso. desnuda también. Si una horm iga se le cruzaba en el camino. A veces llama por teléfono a su casa desde el banco con la ilusión de que ella lo at ienda. ¿Oís las alarmas. La operación no dura más que un par de segundos. Preparábamos café.

A veces también durante el día ella mira cada tanto hacia arriba para superv isar la salida de la luna pero nunca dice nada en esos momentos. que la música podía ser. O tal vez sería la música misma. Yo. Quiero que las oigas. por otra parte. . A veces se da cuenta de que la estoy observando. Pero no te asustes No me asusto le pedí. Son las alarmas que suenan acá cerca. ¿Alguna vez acariñaste la luna? me preguntó anoche cuando salimos a tomar el café al jardín Estábamos sentadas en el banco largo y buscábamos en qué parte de la hondura del ciel o estaba la cara de plata. Pensé en una interf erencia. no. s no toman café le dije. no dijo . Yo sí me dijo. tan común. No. Pero alg o le interrumpió esa supervisión. Mía levantó sus hombros minúsculos y me dijo que podía ser. ¿Vos oís? me insistió. Y entonces ella suspira. Hasta que la luna aparece. me contestó . trato siempre de responderle las preguntas que m e hace. Por qué no.Sería mejor que tomara una taza de leche o un jugo. Son apenas unos segundos y puede que ese sonido que aparece con cierta frecuencia sea tan familiar para mí q ue ya ni siquiera lo registre. como puedo. Un éxito cada tres minutos es el título del programa que escuchamos y que un conductor de voz arenosa repite antes y después de cada canción . Después vuelve a mirar al cielo y ahí nos quedamos las dos juntas sin hablar. Shist me advirtió. algún instrumento. Y porque además este año ella está muy interesa da en el cielo. ¿Sería eso? ¿Los sistemas de seguridad de las casas de la cuadra? En este barrio a vec es las alarmas se disparan por distracción de los dueños. Pero en seguida volvió a pensarlo y se arrepintió. Y controló que yo pusiera la misma cantidad de café en su taza que en la mía. Por eso le dije que tomaríamos el café en el jardín. por el acople de las antenas. ¿Qué nenes? Los nene preguntó. Y entonces sonríe. Hacía calor pero era una noche clara y despejada y se estaba bien afuera. Después se puso en puntas de pie y se colgó de la mesada. Su dedo índice señaló lo alto y entonces supe que otra vez Mía estaba oyendo las alarmas . Me pregunté si el ruido que Mía regist raba vendría de la radio que sacamos al jardín para escuchar música. Puse dos cucharas de azúcar en cada café y revolví. que comiera una fruta.

Aunque son tan delicadas y siempre un poco sutiles . Ni siquiera aquel verano tan lluvioso en que. Y como no me gusta mentirle le contesté que sí. por el exceso de agua. Un sobresalto que fue casi un temblor en la diminutez de su cuerpo . en la soledad del jardín sin gente. Pero cuando tantos pájaros cazando lombrices a nuestro alreded or eran todavía una sorpresa en el jardín. Las hojas de los cipreses crecían en crestones tan cargados que había que apurarse a podarlos para emprolijar los cercos deformados. En casa eso no había pasado nunca antes. que algunas veces la acariño. Primero fueron los pájaros atrapando lombrices bajo la tierra. O tras tres revoloteando nerviosas y ágiles cerca de la retama. Dicen que antes las mariposas eran de un único color. porque ya casi no se ven mariposas. aparecieron las mariposas. Así que acá tenemos mariposas pre y post revo lución industrial mezclándose en sus vuelos cruzados. Hasta entonces era común ver en el jardín una mariposa planeando cada tanto o desplazándose hacia las flores de los canteros más cargados. habíamos regado juntas las flores y también el pasto. puñados de mariposas blancas sobrevolaban las salvias azules. Ella apoyó el costado de su pequeño cuerpo sobre el mío antes de insistir. largaban s in embargo sus ramas nerviosas. y por la contaminación con que las fábricas arruinaro n los ríos y el medio ambiente. el pasto crecía rapidísimo. Común pero raro al mism o tiempo. con lunares. Pero Mía tampoco me hizo mucho caso con las mariposas porque seguía preocupada por l as alarmas. Pero en este jardín hay mariposas blancas y de color es. la verdad es que al principio fueron un sobresalto. tan ágiles. Entonces las dos nos levantamos del banco. Un perro ladró en la calle unos ladridos histéricos y agudos. Fue cuando estábam os conversando sobre la luna que ella tuvo un sobresalto porque otra vez había emp ezado a oírlas. Tres para acá y para allá al mediodía. Las alarmas dijo. Cuánto tiempo habrían estado esas mariposas ahí. poner apenas un pie en el jardín y encontrarse siempre una bandada de mariposas que remo ntan vuelo y se pierden en el aire extranjero de las casas vecinas o de la calle . Ahora ya casi no causa ninguna sorpresa pero al principio sí. Después salimos las dos al jardín y apoyamos las tazas en el pasto. ¿Oís ahora? me preguntó. Los pájaros llegaron a principios de diciembre y unos días después aparecieron las mar iposas. tan nerviosas. Ahora las dos estábamos descalzas y el pasto recién regado nos humedecía los pies y eso nos dab a una cierta frescura en el cuerpo. Y anoche empezó otra vez mientras estábamos en la cocina preparando el café. ni siquiera en los jardines de los suburbios como éste. que tardan tanto en tupirse y son lentísimas para desarrollarse. Por qué se van. Al atardecer del día s iguiente. Dos mariposas juntas volando hacia los rosales por la mañana. Llegar de la calle. ¿La acariñaste alguna vez? dijo y me miró. . a rayas y combinadas. quietas.Unos momentos antes. tan dist antes. Algunas veces. Por qué se van siempre. Mía respiró hondo y avanzó rápido bordeando los rosales. y ella m e dijo entonces que también. La tierra estaba tan húmeda que hasta las lambert ianas. en la hondura de los silencios sin voces. que sólo había mariposas blancas y que des pués de la revolución industrial se fueron tiñendo de otros colores por los gases tóxico s que quemaban las industrias. Yo la seguí.

las dos permanecimo s quietas bajo la inmensidad de esa noche clara.¿Oís? me preguntó. Y señaló con el índice las copas de los pinos más altos del baldío de al lado. Por ahí dijo Mía elevando un brazo. Estábamos paradas en el medio del jardín. su pimos las dos. Las dos buscamos en el cielo. Aunque ahora ya lo sabíamos. Que las alarmas vienen de ahí. de los blancos que los pájaros hacen en las ramas en las que se esc onden con sus presas aún vivas en los nidos. La noche seguía siendo calurosa a pesar de cierta frescura que aún sentíamos en los pi es húmedos. Venían de ahí as alarmas. Oí me ordenó ella. Igual no nos movimos. Compartir: Twitter .

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