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Una Izquierda Ciudadana para un Chile

Democrático y Justo
Primer Congreso Izquierda Ciudadana, Enero 2015
El partido Izquierda Ciudadana nace el año 2012 a
partir de la confluencia de personas, colectividades y
movimientos políticos que han buscado –desde
distintos espacios y temporalidades– tranformar la
sociedad chilena.
Nuestra organización surge en el contexto histórico y
político de emergencia de los movimientos sociales
de 2006 y 2011, como momentos de disputa respecto
de los modelos de desarrollo y del proyecto de país.
Estamos convencidos y convencidas que se abrió un
nuevo ciclo político y social, que debemos enfrentar
como actores y actoras gravitantes en el camino que
se configure para el país.
Queremos un pais inclusivo y diverso y en el cual se
respeten los derechos de las personas eficazmente.
Un país que garantice equidad económica y más
justicia social, así como tambien territorial y ambiental.
Un país con paridad en las decisiones que afectan a
hombres y mujeres, niños y niñas del territorio. Un país
plurinacional que reconozca, respete y valore a los
pueblos originarios, que fomente la interculturalidad.
Un Chile con una nueva democracia participativa y
comunitaria, que estimule la organización social y
ciudadana como la principal forma para abordar los

problemas locales y nacionales. Queremos un mejor
país para nuestros hijos e hijas.

1. Nuestros origenes
La Izquierda Ciudadana emerge como resultado de la irrupción de
los movimientos sociales y ciudadanos durante el año 2011, y su
constitución y desarrollo han estado vinculados estrechamente a la
construcción de la Nueva Mayoría y su Programa, así como al
respaldo a la vocación transformadora del liderazgo de la Presidenta
Michelle Bachelet.
Desde nuestra fundación el 26 de julio de 2012, la Izquierda
Ciudadana ha experimentado un significativo proceso de desarrollo
y crecimiento, extendiéndonos a lo largo de todo el país. Ello ha sido
el resultado evidente de haber definido, contra todos los
escepticismos, una política coherente con las necesidades de
progreso social de este período histórico y de haber persistido en esa
perspectiva con unidad y coherencia políticas. Una política que
asume que el camino de la transformación profunda y urgente del
país, pasa por generar condiciones para la más amplia coalición
entre el centro y la(s) izquierdas, que se expresó en la constitución de
la Nueva Mayoría.
En su documento fundacional, comunicamos al país que nuestro
propósito histórico era una Revolución Ciudadana para Chile,
asumiéndola como un proceso para realizar los cambios profundos
que implican la democratización del Estado y la sociedad, para
devolver crecientemente el poder al soberano.
Un elemento central de nuestra política ha sido definir ser parte del
proceso de transformación y construcción de un nuevo Chile. Somos
un proyecto político con vocación de transformación y con
disposición para implementar alianzas amplias y unitarias, y construir
ciudadanía activa y organizada.

Es destacable que el origen de la Izquierda Ciudadana sea diverso
en sus orígenes ideológicos. Allí radica su fortaleza y diferencia con
otros referentes políticos existentes.
El órgano de dirección del partido y sus posteriores orgánicas han
representado y potenciado dicha diversidad. Así hemos crecido.
Somos el espacio político donde convergen quienes se inspiran en el
pensamiento teórico de Marx y su permanente desarrollo; humanistas
cristianos y partidarios de la teología de la liberación; feministas;
ecologistas; socialistas allendistas; indígenas; jóvenes y no tanto, así
como mujeres y hombres en igualdad de derechos y condiciones.
No ha sido fácil, pero ha sido posible.
2. Nuestra Política
Desde la creación de la Izquierda Ciudadana hemos compartido
que el momento político que se vive es de disputa proyectual. Es
decir, se puede avanzar en profundizar la democracia, desarrollar un
país con una mejor distribución de la riqueza y del poder, más
respetuoso y inclusivo de las diferencias o la “otredad”, sustentable.
Claramente: ello implica desmontar los pilares que han sostenido el
modelo neoliberal hemos vivido los últimos 40 años.
El actual modelo se expresa, sustenta y desarrolla en condiciones de
desigualdad permanente, por medio de sostener al mercado como
único y mejor asignador de bienes y servicios, asignándole al Estado
un rol meramente subsidiario y escasamente regulador; limitando al
máximo las capacidades de influencia, negociación y poder de los
trabajadores; estimulando un consumismo desenfrenado y el fuerte
endeudamiento de la población, hasta entre adolecentes y jóvenes
que aún no tienen ingresos propios. Asimismo, para garantizar su
reproducción, ha impuesto una democracia restringida que no
expresa ni las urgencias de las mayorías, ni da cabida a las minorías.
Estos son algunas de las dimensiones de la aplicación sostenida de
este modelo:
 La peor distribucion de la riqueza en la región y una de peores
en el mundo;

 Una democracia que reperesenta a menos de la mitad de los
potenciales votantes y ciudadanos/as; una representación
lejos de la paridad, a pesar de que las mujeres representan
más del 50% de la población; la sobre representación
parlamentaria de algunos partidos –sobre todo la Derecha– y
la exclusión de la representación política de un 25 por ciento
de los ciudadanos que concurren a las urnas;
 Un conflicto sostenido con los pueblos originarios;
 Derechos Humanos básicos como Educación, Salud y Previsión
no garantizados;
 Una casta política que se reproduce a sí misma entre familias y
clases sociales.
 Una débil organización social y participación ciudadana que
se restringe a elecciones cada cuatro años.
 Graves daños al patrimonio natural de Chile y seria amenaza a
los recursos naturales y el futuro del país.
En este escenario, nuestra política ha sido buscar el mayor arco para
transformar esta realidad, lo que pasa al menos por los siguientes
aspectos:
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Mejorar sustantivamente la distribución de la riqueza, por
medio de una reforma tributaria que, además de recaudar
para distribuir, permita avanzar hacia una estructura
impositiva más equitativa: los que ganen más paguen más.
Además, mediante una reforma laboral que equipare en
forma sustantativa las condiciones de negociación entre
trabajadores/as y empleadores/as.
Mejorar la igualdad, generando condiciones para que el
Estado deje de tener un rol subsidiario y pase a garante de
derechos para hombres y mujeres. Ello por medio del
impulso de reformas estructurales como la educativa; así
como transformaciones en los sistemas de salud y previsión
social (pasando de un sistema de acumulación individual, a
uno de reporto o mixto).
Mejorar la democracia, por medio de una reforma al
sistema electoral, que ponga menos barreras de entrada,
que no sea binominal sino proporcional, resguardando la
equidad territorial y la paridad de género, así como a los

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pueblos indígenas, que avance en la descentralización
territorial y fortalezca el rol de las organizaciones sociales.
Modificar el modelo económico de estructura rentista,
donde las riquezas nacionales son extraidas por capitales
trasnacionales sin que ello implique ningun royalty decente
por la extracción (5% como máximo en grandes mineras).
Contar con un nuevo pacto social que regule de otro
modo nuestra convivencia, por medio de una nueva
Constitución que pongan en el centro el bien comun, por
sobre el bien privado, que garantice derechos sociales,
políticos, económico, culturales y ambientales para todos y
todas; que reconozca las diferencias y las promueva.

Estas tranformaciones son nuestro norte. Para realizarlas en forma
efectiva se requiere una amplia convergencia política y social, hoy
representada en la Nueva Mayoría, alianza que debemos ayudar en
su desarrollo, consolidación y ampliación para cumplir el programa
que comprometimos y seguir avanzando en las transformaciones
que Chile necesita. A su vez debemos fortalercer la organización de
la ciudadanía que, en definitiva, es determinante y decisiva en el
éxito de nuestros objetivos.
Celebramos que en este primer año de gobierno de la Presidenta
Bachelet, ya sea una realidad la Reforma Tributaria, así como esté en
camino una nueva Educación Pública para Chile, y ya se encuentre
en el Parlamento la propuesta de Reforma Laboral, que garantiza
derechos de los y las trabajadoras de nuestro país, así como el fin del
sistema binominal, la creación del Ministerio de la Mujer, entre otros.
No obstante, existen indesmentibles señales que el neoliberalismo y
sus fuerzas conservadoras, aunque minoritarias, emprenden esfuerzos
de todo tipo –políticos, mediáticos, económicos– para impedir la
materialización del Programa de gobierno del cual somos parte y
que fue apoyado democráticamente por la mayoría de las chilenas
y chilenos.
Su propósito es impedir que nuestra sociedad avance en las reformas
estructurales, que inicie un proceso destinado a acabar con las
desigualdades de diversa naturaleza: la distribución social de la

riqueza; las inequidades territoriales y ambientales, de género y
diversidad sexual; y entre los pueblos (chilenos y originarios).
Su objetivo es impedir que la educación deje de ser un bien de
consumo, regulado por el mercado, y sea reapropiada por la
ciudadanía como derecho social.
Su intento es impedir, sobre todo, que se establezca una nueva
Constitución Política que permita construir un Estado Social de
Derecho, que garantice participación ciudadana y bienes públicos.
El diseño del neoliberalismo y las fuerzas conservadoras incluye
componentes que no resultan desconocidos en la historia social de
lucha de los pueblos, y en Chile con violencia, ejemplos de ello han
sido:
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Propagar inseguridad y temor en la población, atribuyendo
los efectos de la desaceleración económica a las reformas
en curso y al mismo tiempo tergiversando las características
de las mismas;
Intentar generar en forma artificial un escenario de crisis
política, promoviendo divisiones al interior de las fuerzas
concurrentes al acuerdo que sustenta al Gobierno y
generando un clima de pugnas e incertidumbre en el seno
del mismo.
Las provocaciones campean el escenario, con la meta de
forzar al Gobierno a modificar su orientación.

Se debe tener presente que conforme se avance, mayor será la
arremetida neoliberal, y por lo tanto, la preparación, lucidez y
habilidad polticia de nuestro partido también debe ser mayor, para
no caer en el juego de la ultraderecha, no perder de vista lo central
y estratégico.
3. Nuestro Partido, nuestro Proyecto
La Comisión Política (CP) de la Izquierda Ciudadana, órgano de
decisión partidaria, primero fue la expresión de la convergencia
fundacional que dio origen a nuestra organización. Después, ha sido
ratificada en su composición y sus facultades por la soberanía de los

hombres y las mujeres de la Izquierda Ciudadana en la Asamblea
Nacional de diciembre pasado y en el reciente Consejo General.
Se cuenta con Direcciones Regionales en cada región del país, y
con unos 70 comunales constituidos. Asimismo, se han creado frentes
(trabajadores, mujeres y diversidad), la Coordinación Nacional de
Jóvenes y comisiones de trabajo (finanzas, comunicaciones,
programa y formación), los que fueron anunciados en el Consejo de
julio. A la fecha también se han ido construyendo otros espacios de
trabajo: Psicoactivo; Habitat y Territorio; Cultura, entre otros.
El nivel de funcionamiento de estas estructuras ha sido disímil y hay
mucho por mejorar y hacer, para la consolidación de lo existentente
y para la creacion de nuevas estructuras. Cabe señalar que cada
integrante, con excepción del Presidente, lo hace ad honorem y
fuera de su horario laboral lo que también dificulta el funcionamiento
general del partido.
El Consejo Nacional de la Izquierda Ciudadana avanzó en esbozar
algunos ejes programáticos esenciales que debiera considerar una
Propuesta Nacional de Revolución Ciudadana




La construcción de un Estado Social de Derecho y el
establecimiento de una democracia soberana y participativa.
La democratización y descentralización del poder y la gestión
pública en la perspectiva de acercar el Estado a los territorios y
comunidades.
El reconocimiento de la participación directa de la ciudadanía
como parte irremplazable de la definición de la soberanía
popular y del contenido mismo de la democracia.
La ampliación creciente de los derechos ciudadanos y la
promoción de la participación comunitaria para el control social
en el ciclo de las políticas públicas.
La prefiguración de una estrategia nacional de desarrollo
alternativa al canon ortodoxo del neoliberalismo y basado en la
profundización de la economía social y solidaria, para poner fin a
la inequidad social y disminuir las brechas económicas y sociales
de ingreso, riqueza y calidad de vida.
La supremacía del trabajo humano sobre el capital y en armonía
con la naturaleza. El trabajo humano no debe ser considerado un
factor más de producción, sino el fin mismo de la producción.






La renacionalización del cobre y la recuperación del control
social de la totalidad de las riquezas fundamentales y áreas
estratégicas de la economía.
La recuperación del predominio absoluto del interés público en
los servicios sociales y el establecimiento de la universalidad de la
seguridad social.
Una reformulación de las regulaciones ambientales.
El reconocimiento de la plurinacionalidad e interculturalidad del
Estado.
La determinación del carácter prioritario de la integración
regional.
La paridad en el ejercicio del poder político, económico y social.

En definitiva, garantizar la universalización de los derechos sociales y el
ejercicio de la soberanía popular.
Durante este congreso, la Izquierda Ciudadana deberá profundizar su
política actual, sobre todo en aquellos planteamientos que se esbozaron
en su Consejo General; aprobar una estructura orgánica y un reglamento;
y eegir a los y las integrantes de la nueva estuctura que guiará por el
tiempo que se defina el curso de nuestro partido.
Desde la concepción radical de la democracia que sostiene la Izquierda
Ciudadana, no es suficiente democratizar el Estado. Es necesario también
convertir las relaciones cotidianas en relaciones democráticas: de diálogo,
respeto, deliberación, tolerancia y no violencia, superando todas las
formas de discriminación por sexo, edad, etnia u orientación sexual.

Otro Chile es posible
La lucha por su conquista es justa, necesaria y urgente.

Comisión Política
Izquierda Ciudadana
2014