Universidad Nacional del Litoral

Facultad de Ciencias Económicas

Tema: Características principales del mercado
laboral juvenil. Aglomerado CABA

Integrantes:
Barrirero, Camila
Falco, Ignacio
Mariutti, Franco
Russo, Luciano

Año: 2013

Mercado laboral juvenil…

Índice
Resumen…………………………………………………………………………………………….pág. 3
Contexto Histórico…………………………………………………………………………………..pág.4
Objetivo……………………………………………………………………………………………....pág.6
Metodología………………………………………………………………………………………….pág.7
Marco Teórico………………………………………………………………………………………..pág.8
Desarrollo…………………………………………………………………………………………...pág.13
Consideraciones Finales………………………………………………………………………….pág.22
Bibliografía………………………………………………………………………………………….pág.23

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
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Mercado laboral juvenil…

Resumen
La oleada neoliberal ha arrojado como saldo grandes crisis en términos económicos y sociales.
El desmantelamiento del Estado de Bienestar y la relación salarial Fordista han generado la
desprotección y falta de seguridad social de amplios sectores de la sociedad.
Particularmente en Argentina, el Modelo Aperturista tuvo como objetivo la liberalización y
desregulación de los diferentes mercados de la economía y el mercado de trabajo no estuvo
exento a estos cambios.
Si bien a partir de 2003 se inicia un proceso de recuperación económica en el que el Estado
debe asumir otro rol, persisten algunas contradicciones dentro de este proceso que denotan
algunos rezagos de la época neoliberal.
El presente trabajo tiene por objetivo identificar los principales aspectos del mercado laboral
juvenil focalizándose en el aglomerado de CABA durante el período 2003-2012, siendo este el
período que abarca la dichosa recuperación económica del país.
Se desea contemplar y describir especialmente la situación de aquellos jóvenes inactivos, que

no solo que no trabajan, sino que tampoco estudian. Considerando que este grupo es el núcleo
duro de una pobreza estructural.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
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Contexto Histórico
La oleada neoliberal que ha sacudido, fundamentalmente, a muchos países subdesarrollados a
partir de la década de 1970, ha arrojado como saldo grandes crisis en términos económicos y
sociales. El definitivo desmantelamiento del Estado de Bienestar ha generado la desprotección
y falta de seguridad social de amplios sectores de la sociedad. En este sentido, comienzan a
agudizarse fuertemente los fenómenos de marginalidad, exclusión y vulnerabilidad social. Estos
cambios en términos económicos y sociales son impulsados por modificaciones en lo que son
las condiciones de contratación y empleo de mano de obra y, flexibilización y liberalización del
mercado de trabajo en general. Al respecto, Castel (1999), señala que “la precariedad del
empleo reemplazó a la estabilidad como régimen dominante de la organización del trabajo (…)
antes la mayoría de los asalariados se sentía segura de sí misma y de su futuro, creían en el
progreso social. Hoy tenemos que enfrentarnos a desocupación masiva, a la vuelta de la
incertidumbre por el día de mañana, ya que el futuro se convirtió en algo aleatorio”.
En Argentina, el proceso neoliberal se comienza a gestar a partir de lo que Torrado (2007)
denomina como el Modelo Aperturista, que abarca el período de 1976 hasta 2001. En este
período de tiempo, el “ajuste en dictadura” primero, y el “ajuste en democracia” después,
tuvieron ambos el mismo objetivo deliberado de liberalización y desregulación de los diferentes
mercados de la economía. Y, por supuesto, el mercado de trabajo no estuvo exento a los
cambios sufridos. Como consecuencia de estos cambios, Torrado Susana (2007), indica que
hubo una “disminución relativa del volumen de clase media y su progresiva desalarización;
disminución del peso relativo de la clase obrera estable y acentuación de su desalarización;
aumento absoluto y relativo del estrato marginal (no-asalariado). Todo ello en un contexto de
empobrecimiento absoluto”. En conclusión, el proceso neoliberal argentino brindo un panorama
de intensa movilidad social descendente.
Si bien a partir de 2003, ante la grave situación social y la crisis de la convertibilidad, se inicia
un proceso de recuperación económica en el que el Estado debe asumir otro rol dentro de la
economía, persisten algunas contradicciones dentro de este proceso. Ya que, por un lado el
Estado comienza a intervenir en la economía con el fin de solucionar problemas ocasionados a
partir de la imprudente liberalización neoliberal, pero por otro lado, no está claro que este rol del
Estado sea el mismo que aquel viejo rol de Estado Benefactor. En este sentido, parecerían
quedar algunos rezagos de la época neoliberal.
Según el informe de la CEPAL, Asignación Universal por Hijo para la Protección Social de la
Argentina (Arcidiácono, Pautassi, Straschnoy; 2013):
A partir de 2003, en un contexto de importante recuperación económica, intervenciones en
materia de bienestar adquirieron dos formas centrales. Por un lado, bajo los objetivos de
reducción de pobreza y/o más ampliamente, de inclusión social, se impulsó la promoción de
políticas activas en materia de empleo: la política de recomposición salarial y la adopción de
medidas destinadas a trabajadores asalariados formales (…) Junto con estas medidas, se
desarrollaron estímulos para la registración del empleo y se llevó a cabo otra serie de políticas
que supusieron la suspensión de los despidos sin causa justa, la derogación de reformas
laborales flexibilizadoras, la modificación de la ley de quiebras, la limitación de las facultades
del empleador, la reapertura de los procesos de negociación colectiva, entre otras medidas
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adoptadas. El trabajo, en tanto empleo, seguía siendo entendido como el elemento
cohesionante de la familia y de la sociedad, que permitía el desarrollo de la persona. Por otro
lado, como muestra de la dualidad del sistema, estas políticas convivían con un conjunto de
programas sociales de carácter asistencial. Esta dualidad es coincidente con cierta lógica
arraigada durante años anteriores, en donde las políticas sociales se presentan en áreas
específicas con baja o nula interrelación entre cada uno de los sectores y bajo la cual se
delimitaba claramente
lo “productivo/empleable” de
lo “asistencial/inempleable”
(posteriormente definido en términos de “vulnerables sociales”).

Sin embargo, pese al proceso de recuperación y crecimiento de la economía con cierta
inclusión social que se plasma a partir de tal informe, quedan algunas deudas pendientes en
materia de integración. De acuerdo con esto, Fanelli José María (2012), señala que Argentina
presentó una inédita recuperación económica, siendo uno de los países que en mayor medida
pudieron reducir el desempleo. Pero de todos modos, cabe analizar la estructura del
desempleo. Y en este sentido, Fanelli (2012), argumenta que “cuando la desagregación se
realiza por edad y nivel educativo, es posible observar debilidades importantes. En primer
lugar, la incidencia del desempleo en los jóvenes de hasta 24 años casi triplica la que registra
el grupo de edad que le sigue (…) En segundo lugar, cuando se clasifica a los desempleados
en términos de los años de educación, surge que en Argentina el grupo de trabajadores con
mayor nivel educativo tiene una tasa de desocupación que es la mitad de la que experimenta
un trabajador no calificado. Asimismo, hay una correlación inversa entre tasa de desempleo y
nivel educativo”.
Estos hechos ponen sobre la mesa la contradicción ya mencionada. Si bien la transformación
económica a partir del 2003 muestra logros interesantes en materia de empleo e inclusión,
quedan deudas pendientes. Un segmento de la sociedad importante para analizar, es aquella
población de jóvenes de entre 16 a 24 años de edad. Y más aún, teniendo en cuenta que,
dichos jóvenes son herederos directos de las nefastas consecuencias del neoliberalismo.
Dentro de ese segmento de jóvenes, podemos distinguir el grupo de jóvenes “activos” y el
grupo de jóvenes “inactivos”. Dentro de los activos, es importante evaluar las condiciones de la
actividad de dichos jóvenes, tanto de los empleados como de los desempleados; como así
también contrastarlos con su grado de escolarización. Y dentro del segundo grupo, el desafío
está puesto en describir la condición del núcleo duro de inactivos, constituido por aquellos
jóvenes que ni trabajan ni estudian (los famosos ni-ni), y que permanecen sumergidos dentro
de una trampa de pobreza.

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Objetivo
El presente trabajo tiene por objetivo identificar los principales aspectos del mercado laboral
juvenil, determinado por el segmento poblacional de personas de 16 a 24 años. Asimismo, el
estudio se focalizará sobre el aglomerado de CABA (de acuerdo a los datos de la EPH),
durante el período 2003-2012, teniendo en cuenta que es un aglomerado importante dentro de
Argentina, y que tal período abarca la dichosa recuperación económica del país.
Para llevar cabo objetivo, se diferencia dentro de la población de 16 a 24 años de edad,
aquellos jóvenes “activos” (que abarca tanto a empleados como a desocupados) de los jóvenes
“inactivos”. Paralelamente se considera la concurrencia o no de los jóvenes a establecimiento
educativo (y su nivel de educación). Para esto, es importante realizar una subdivisión entre
jóvenes de 16 a 19 años de edad, que en situación normal deberían estar concurriendo a la
escuela, y los jóvenes de 20 a 24 años de edad, que deciden estudiar o trabajar.
Pero, se desea contemplar y describir especialmente la situación de aquellos jóvenes inactivos,
que no solo que no trabajan, sino que tampoco estudian. Considerando que este grupo es el
núcleo duro de una pobreza estructural.
Para analizar este último grupo, se tendrá en cuenta los aportes de la Teoría Regulacionista
referido a la “relación salarial”, como respuesta a la Teoría Clásica de “mercado de trabajo” que
no brinda respuestas al respecto de los problemas de inserción al mercado de trabajo,
desempleo estructural y marginalidad social.

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Metodología
Para el logro del objetivo, se combina metodología cuali y cuanti. Cuantitativamente, se utiliza
la base de datos de la EPH, para el aglomerado de CABA, durante el período 2003 a 2012, con
el fin de caracterizar la situación laboral de jóvenes de entre 16 a 24 años de edad. Esto se
hace, definiendo como jóvenes al grupo etéreo comprendido entre 16 y 24 años; tomando a los
jóvenes a partir de 16 años, ya que se corresponde con las disposiciones legales de edad
mínima para el trabajo (según Ley 26.390, año 2010), hasta los jóvenes de 24 años que se
supone que es la edad en que se debería terminar aproximadamente algún estudio superior.
Cualitativamente, se realiza una contrastación de los datos empíricos con los aportes de la
Teoría de la Regulación, en lo referido al concepto de “relación salarial”; a su vez, se utiliza
este enfoque como crítica al pensamiento clásico y su teoría del mercado de trabajo.

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Marco Teórico
1. Enfoque Clásico de Mercado de Trabajo
La teoría económica clásica, aborda la problemática del trabajo desde una perspectiva de
mercado; de esta forma, el trabajo es considerado una mercancía, y la problemática es
abordada como si se tratara de cualquier otro mercado de bienes. De esta forma, el problema
del desempleo es tratado desde el análisis de la demanda y oferta de trabajo, teniendo en
cuenta que el salario real es el precio del trabajo.
Para el enfoque clásico, existe una demanda de trabajo (o función de demanda de trabajo), que
está constituida por todos aquellos empresarios y/o capitalistas que demandan mano de obra,
como factor de producción, para llevar el proceso productivo. Desde el punto de vista del
capitalista, el salario real que paga por el trabajador no es más que un costo de producción. La
función de demanda de trabajo es negativa, porque a medida que el salario real desciende,
significa que el costo laboral se abarata, por lo que el empresario tendrá incentivos a demandar
mayor cantidad de mano de obra.
Por otro lado, existe una oferta de trabajo, constituido por todas las personas que se ofrecen a
trabajar en un determinado nivel de salario real. La función de oferta de trabajo tiene pendiente
positiva, porque a medida que el salario real aumenta, significa que los trabajadores tienen más
incentivos para trabajar.
Tan simple como está explicado esto, el problema del desempleo para los clásicos se da
cuando hay un exceso de oferta de mano de obra, por sobre la demanda. Y esto se da si, y
solo si, el nivel de salario real está por encima del equilibrio de mercado. La solución a este
problema de exceso de oferta, es la reducción del salario real hasta el nivel de equilibrio de
oferta y demanda de trabajo. Por tal motivo, el desempleo clásico es de carácter voluntario, y
se elimina todo desequilibrio en el mercado de trabajo mediante la flexibilización salarial.
No obstante, para este enfoque clásico de mercado de trabajo, los supuestos que se esconden
detrás son tan fuertes como irreales; los supuestos fundamentales son:

La homogeneidad en la oferta de trabajo (es decir, que todos los trabajadores son
idénticamente productivos).

La perfecta movilidad del factor trabajo, sin costo alguno y de forma inmediata.

Información perfecta y completa.

Plena flexibilidad de salarios reales.

Estos cuatro supuestos actúan de tal manera que, la perfecta movilidad y la información
completa hacen que el salario real se iguale hacia toda la economía (dado que el trabajo es
homogéneo). Asimismo, la flexibilidad plena de salarios permite un ajuste inmediato hacia el
equilibrio (Fernández Díaz, Parejo Gámir, Rodríguez Sáiz, 2006).

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Las fallas y limitaciones que esta teoría puede tener en su aplicación en la realidad del
mercado de trabajo y la situación laboral de una economía, pueden ser bastante obvios. Dichos
supuestos no se dan en la realidad, y la aplicabilidad del enfoque queda muy limitada. Por un
lado, no existe una homogeneidad en la mano de obra, sino que cada trabajador es distinto de
por sí (de acuerdo a sus capacidades y habilidades); y esto hace que se constituya una oferta
de trabajo variada, heterogénea y segmentada. Por otro lado, la información perfecta y
completa es inexistente, sino que hay un entorno de incertidumbre. Además, la movilidad del
factor trabajo, no es algo tan simple, y por ende, es costoso. Por último, la flexibilidad salarial
no se da en la realidad, ya que intervienen diferentes actores y relaciones de poder en lo que
es la determinación del salario real.
Sin embargo, los clásicos argumentan que su teoría es puramente instrumentalista; esto quiere
decir que las teorías son herramientas que ayudan a explicar la realidad y a hacer predicciones
sobre la misma. Desde esta perspectiva, no importa el irrealismo de los supuestos. Pero, de
hecho, como señala Lavoie Marc (2004), los “economistas neoclásicos incorporan hechos
realistas en sus teorías, pero se trata de hipótesis auxiliares que se superponen a unos
fundamentos basados en un mundo ideal inexistente. Según los economistas heterodoxos, el
resultado son unas construcciones engañosas que no permiten representar adecuadamente el
mundo real, puesto que se apoyan sobre referentes quiméricos”.
2. Teoría de Regulación
La Teoría Regulacionista surge en Francia a comienzo de los ´70. Es una visión alternativa y
crítica hacia el pensamiento clásico. Fundamentalmente, la crítica está puesta en el hecho de
que la economía puede autorregularse y alcanzar a un equilibrio eficiente y perfecto por medio
del a libre actuación de los diferentes agentes de la economía, cuyo accionar está basado en
un principio de máxima racionalidad, con el que se busca maximizar la utilidad y el beneficio.
Para los regulacionistas, el sistema no funciona bajo esta premisa. Sino que el funcionamiento
del sistema, en cuanto a su configuración económica y las relaciones sociales que se
desprenden de tal configuración, está sujeto a un conjunto de formas institucionales, que
garantizan la reproducción del sistema en el tiempo y su continuidad (Neffa, 2006).
Los regulacionistas, introducen el concepto de “modo de producción” (de origen marxista) y, a
partir del mismo, sostienen que el capitalismo como modo de producción se caracteriza por: 1)
La imposición del valor de cambio por sobre el valor de uso; 2) La acumulación de capital con
el fin de obtener plusvalor; 3) La adopción de la forma mercantil de intercambio, basada en
dinero como medio de transacción; 4) La separación de trabajadores de la propiedad de los
medios de producción (que poseen los capitalistas); 5) Y la necesidad de pagar un salario para
emplear fuerza de trabajo. Ahora bien, este modo de producción capitalista puede perpetuarse
en el tiempo, gracias a lo que los regulacionistas denominan “modo de regulación”. Y en este
sentido, el modo de regulación no es más que la articulación y conjugación de una serie de
estructuras y formas institucionales que permiten la reproducción del sistema en el tiempo. Es
decir, que se refiere a todas las aquellas instituciones y estructuras que organizan el modo de
producción, de tal manera que este logre continuidad. Neffa (…) expresa que:

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Mercado laboral juvenil…

El modo de regulación consiste, entonces, en el conjunto de procedimientos, comportamientos
y conductas individuales, grupales y colectivas, que tienen esencialmente las propiedades y
funciones siguientes:
 Asegurar la continuidad y la reproducción de las relaciones sociales fundamentales.
 Conducir y guiar el régimen de acumulación.
 Asegurar la compatibilidad de los comportamientos económicos descentralizados de las
unidades de producción y de los individuos sin que dichos agentes se hayan puesto
voluntariamente de acuerdo entre sí, o hayan internalizado los principios de ajuste del sistema.

Neffa (…), argumenta que este modo de regulación, está constituido, entonces y de acuerdo
con su definición, por un conjunto de “formas institucionales”. De esta forma, expresa que, las
formas institucionales, “pueden actuar de diversas maneras para dar lugar a la constitución de
regularidades económicas propias del régimen de acumulación” (Neffa, 2006).
Entre las diferentes y principales formas institucionales que comprenden el modo de regulación,
se encuentra: 1) La moneda; 2) El Estado; 3) Las formas de competencia de las unidades
económicas en el mercado; 4) La inserción del sistema productivo nacional dentro del sistema
económico internacional; y por último 5) La relación salarial.
Es en esta última forma institucional, en la que se pretende poner principal atención en el
presente trabajo.
3. La “Relación Salarial” como Forma Institucional
Se destaca que esta sobresale como una de las formas institucionales más relevantes para los
regulacionistas (sino la más). Primeramente, Boyer Robert (1986 en Neffa, 2006), define a la
relación salarial como “el conjunto de las condiciones que regulan el uso y la reproducción de la
fuerza de trabajo”. Pero luego, reformula el concepto, indicando que esta forma institucional es
“el conjunto de condiciones jurídicas e institucionales que rigen el uso del trabajo asalariado y
el modo de existencia de los trabajadores” (Bowles y Boyer, 1995 en Neffa, 2006).
Esto quiere decir que, la relación salarial es algo más complejo que un simple mercado de
trabajo al estilo clásico, en donde la oferta y demanda de trabajo se encuentran en un punto de
equilibrio de pleno empleo y queda fijado un determinado nivel de salario real que rige para
toda la economía.
Supone que la relación que se establece entre trabajadores y empleadores, no es un simple
intercambio de salario por fuerza de trabajo (como una mercancía ordinaria); sino que, en esta
relación, existen relaciones de poder, conflicto y subordinación. Y esta relación tiene especial
relevancia para la determinación de un nivel salarial y de un nivel de productividad. Asimismo,
Neffa (2006) señala que “los determinantes del salario, la productividad y el empleo deben
buscarse en un contexto institucional que refleja los conflictos y las crisis estructurales del
pasado”. Desde este punto de vista, el nivel de salario y de empleo no se fijan de una manera
mercantil (mediante una oferta y demanda de trabajo) y ahistórica.

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Para Neffa, Panigo, López (2010) la relación salarial queda reflejada:
…en acuerdos, consensos o contratos entre los agentes económicos donde se fijan, además
de los salarios, a) los requerimientos en materia de condiciones, calificaciones y competencias
para el ingreso de los trabajadores, la permanencia y el retiro de la firma u organización, b) la
duración y configuración de la jornada de trabajo, c) el sistema de promoción profesional, d) las
condiciones y medio ambiente de trabajo, e) los dispositivos de control y disciplinamiento, etc.
Es decir que para atraer, seleccionar, contratar, promover y despedir trabajadores, las
empresas no tienen total libertad ni consideran solamente el monto de los salarios ofrecidos.
Pero cuando se atraviesan situaciones de crisis, las instituciones cambian sensiblemente las
reglas de juego en cuanto a los salarios directos e indirectos y la división y organización del
trabajo.

El concepto de relación salarial tenía su origen en el marxismo. Pero los regulacionistas
modifican y reformulan tal concepto, introduciendo elementos básicos que hacen al mismo.
Pero estos elementos que componen la noción de relación salarial, varían y se conjugan de
diferentes maneras según cada momento histórico. Estos elementos son:

La relación del trabajador con los medios de producción (herramientas, maquinarias,
etc).

La división del trabajo, y la clasificación en los diferentes puestos.

La jerarquización de los diferentes puestos de trabajo.

El grado de movilidad de la fuerza de trabajo.

La determinación de los ingresos directos e indirectos de los trabajadores.

El tipo y forma de consumo que define el modo de vida de los trabajadores.

4. El Fordismo como régimen de acumulación
Desde la Teoría de la Regulación, se considera a la relación salarial del período fordista, como
una de las más emblemáticas (como ejemplo de relación salarial). Neffa (2006) sostiene que “el
Fordismo es el régimen de acumulación intensivo que ha sido más estudiado por los
regulacionistas”.
El fordismo representa un sistema de producción introducido por Henry Ford a principios del
siglo XX. Pero este sistema de producción que supuso un nuevo régimen de acumulación, que
también introdujo modificaciones en lo que es la relación salarial, fue aplicado hasta mediados
de los ´70. Este régimen de acumulación que complementó al Estado de Bienestar, dieron
como resultado luego de la Segunda Guerra Mundial los años dorados del capitalismo.
De esta manera, este régimen de acumulación con una importante intervención del Estado,
consistía en el aumento de la división y especialización del trabajo con el aumento de inversión
y acumulación de maquinarias, lo que otorgaba mayor productividad al trabajo. Esto era
acompañado de un aumento proporcional en el nivel de salarios; lo que generó aumento en el

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consumo de bienes y el impulso de la demanda agregada, lo que permitía la retroalimentación
del sistema.
Todo esto dio como resultado un alto nivel de producción, a bajos costos, y con un nivel de
empleo que tendía hacia el pleno empleo.
Pero no solo esto. El régimen de acumulación fordista logró la aceptación de la masa obrera, a
partir del crecimiento económico, la mejora en el nivel de vida de la clase trabajadora, y el
reconocimiento de los sindicatos como un actor relevante dentro del modelo. La condición
laboral se basaba en la estabilidad y seguridad, con salarios altos que mejoraban el nivel de
vida de los trabajadores.
Todo esto creo un nuevo orden social, en donde el pleno empleo es la norma, y en donde la
sociedad salarial es la base para la integración. Robert Castel (1999), señala que “la regulación
que se impuso (…) instrumentada en contra de las regulaciones de mercado (…) La
remuneración no se reduce a un mero intercambio de mercado, sino que se inscribe en la
seguridad, a través de la doble instancia de obligaciones que representa el derecho al trabajo y
la protección social. Se trata de un salario para la seguridad, con efectos que van mucho más
allá de la situación laboral (jubilación, seguridad social, etc.)”.

Algunas de las características más relevantes del régimen de acumulación fordista son,
en resumen, y como indica Neffa (2006):

Predominan las formas monopólicas y oligopólicas en el mercado.

Se intensifica la división y especialización del trabajo, a partir de la introducción de
nuevas técnicas y las mayores inversiones por parte de las firmas.

El pleno empleo es la norma. La protección del trabajo y la seguridad social, brindan
estabilidad y certidumbre, y posibilitan la integración social.

Los salarios son fijados de forma monopólica, en el sentido de que se establece a partir
de las cúpulas empresariales y los sindicatos, con una fuerte regulación gubernamental
de por medio. El poder de las organizaciones sindicales se incrementa.

El mayor poder de los sindicatos y el incremento de la productividad del trabajo,
posibilita aumentos salariales considerables, que mejoran el nivel de vida de los
trabajadores. Esto hace que el trabajador tenga una gran capacidad de consumo,
esencial para la empresa.

Las fluctuaciones cíclicas se atenúan, debido a la aplicación de políticas de tipo
keynesianas.

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Desarrollo
1. Apreciaciones generales del mercado de trabajo en Argentina y CABA en los años
2003-2012.
Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Desocupados

Ocupados

PEA

% Desocupados

197103

1304915

1502018

13,12%

94658

1424437

1519095

6,23%

77758

1424235

1501993

5,18%

Cuando uno se enfoca en la evolución de la desocupación en Argentina durante el período
2003-2012, se puede observar que se ha experimentado un descenso histórico de los niveles
de desocupación.
El saldo de la crisis neoliberal en términos de desocupación, para el año 2003 y para los 31
aglomerados urbanos del país, era de 16,3% (EPH, 2003).
A partir de ese momento, y con el resquebrajamiento económico y social generado por el
neoliberalismo, se inaugura una etapa en el que se comienzan a implementar políticas
tendientes a reducir el nivel de desempleo. De esta manera, ya para el año 2007, se visualiza
una reducción de la desocupación, que se establece en un nivel de 8,1%.
Sin embargo, a partir del año 2007, se abre un período de mayor incertidumbre en el mercado
laboral. Si bien no se observan aumentos de la desocupación, pese a la crisis económica
mundial y a algunas inestabilidades internas, se puede observar un relativo estancamiento en
materia de reducción del nivel de desempleo (esto es porque la tasa de reducción del
desempleo ha disminuido notablemente). Por tal motivo, ya para el tercer trimestre del año
2012, se experimenta un nivel de desocupación de 7.6% para los 31 aglomerados de
Argentina.
Específicamente para el aglomerado de CABA, la tasa de desocupación experimenta durante el
período 2003-2012 un movimiento similar. Incluso, para este aglomerado, la tasa de desempleo
es menor que para el resto del país. En el año 2003 fue de 13,2%; mientras que para el año
2007 ya se había reducido a 6,2%; y, por último, para el año 2012 la tasa de desocupación es
de 5,2%. El hecho de que la tasa de desempleo sea menor que a nivel nacional, puede tener
que ver con el hecho de que el aglomerado de CABA representa uno de los mercados de
trabajo más dinámicos y modernos de Argentina.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
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Mercado laboral juvenil…

2. El mercado de trabajo juvenil en Argentina y CABA para el período 2003-2012.

Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Total de
población entre
16 y 24 años

PEA
jóvenes

Tasa de
actividad juvenil

Tasa de
desocupación
juvenil

Tasa de
empleo juvenil

396990

235382

59,3%

28,5%

42,4%

358890

201169

56,1%

17,8%

46,1%

342696

180455

52,7%

19,6%

42,4%

Tomando, como se ha especificado anteriormente, a los jóvenes de entre 16 a 24 años, se
pueden observar características particulares para este segmento del mercado laboral, en
Argentina y CABA específicamente.
Estas características particulares que posee el mercado laboral juvenil en Argentina, se
corresponden con algunas apreciaciones realizadas por la OIT en el informe sobre Tendencias
Mundiales del Empleo Juvenil 2013 (OIT, 2013) las cuales indican que “los trabajadores
jóvenes a menudo reciben salarios por debajo de la media y ocupan puestos para los que
cuentan con mas o menos competencias exigidas para desempeñarlo. En algunas economías
en desarrollo, hasta dos tercios de la población joven es infrautilizada, es decir que los jóvenes
están desempleados, trabajan en empleos ocasionales, probablemente en el sector informal, o
no forman parte ni de la fuerza de trabajo ni están recibiendo educación o formación”.
De esta manera, al observar el mercado laboral juvenil argentino (para el total de los
aglomerados), se puede observar que la tasa de desocupación juvenil para el cuarto trimestre
de 2004 es de 26,6%; mientras que para el cuarto trimestre de 2012, esta tasa de
desocupación desciende a un nivel de 16,6%. Sin embargo, cabe resaltar que en este período,
el porcentaje de inactivos aumenta de 49% en 2004 a 57% en 2012 (MESE, 2013).
Específicamente para el aglomerado de CABA, para el tercer trimestre de 2003 la tasa de
desocupación juvenil fue de 28,5%. Hacia el tercer trimestre del 2007, la tasa de desocupación
juvenil cae a 17,8%. Pero para el año 2012, la desocupación juvenil pasa a ser de 19,6%.
Cabe aclarar que estas fluctuaciones en el nivel de desocupación del mercado laboral juvenil
se dan en paralelo con fluctuaciones similares en el nivel inactividad en los jóvenes. Cabría
observar si los jóvenes que pasan de la actividad a la inactividad, es porque comienzan a
realizar algún estudio o actividad formativa (pudiéndose esto ser por alguna política social
inclusiva de tipo Asignación Universal por Hijo), o si por el contrario pasan a la inactividad
constituyéndose como “ni-ni” (ni trabajan ni estudian), pasando a constituir un núcleo duro de
pobreza duro de romper y de incluir.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
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3. Nivel educativo de los jóvenes de 16 a 24 años activos, ocupados y su categoría
ocupacional.
Para analizar el mercado de trabajo de trabajo juvenil más detalladamente, resulta conveniente
realizar una subdivisión por grupos de edad en los jóvenes de entre 16 a 19 años, los cuales
deberían concurrir (en condiciones normales) a un establecimiento educativo de nivel
secundario, y los jóvenes de entre 20 a 24 años de edad, quienes supuestamente deberían
haber terminado la educación secundaria y deben elegir si deciden insertarse en el mercado de
trabajo o insertarse en la educación superior.
Por lo tanto, es útil obtener una tasa de actividad para los jóvenes de ambos grupos etarios,
para comprobar cuántos de ellos trabajan o están buscando trabajo (más allá de que
adicionalmente estudien o no).

Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Ocupados jóvenes
16-19

Porcentaje
Ocupados

Total PEA de
16-19

Tasa de
actividad

Porcentaje
Desocupados
Jóvenes

41216

78,4%

52566

33,7%

21,6%

26667

68,1%

39169

29,4%

31,9%

19863

71,4%

27803

21,5%

28,6%

En este sentido, es posible verificar que para el grupo de jóvenes de 16 a 19 años de edad, en
el tercer trimestre del 2003 la tasa de actividad es de 33,7%. Asimismo, el nivel de
desocupación de este grupo para ese año es de 21,6%. Para el tercer trimestre del año 2007,
la tasa de actividad se ubica en 29,4%, mientras que la desocupación aumenta a un 31,9%.
Cabe aclarar que, para este caso en el que aparentemente la desocupación aumenta
contrariamente a lo que es la tendencia nacional de recuperación de puestos de trabajo por el
crecimiento económico, la tasa de desocupación aumenta principalmente porque el nivel de
actividad (PEA de jóvenes) disminuye para este grupo de jóvenes entre esos años. Para el
tercer trimestre de 2012, la tasa de actividad en estos jóvenes es de 21,5%, y la tasa de
desocupación se posiciona en 28,6%. Para 2012, entonces, se registra una gran baja de la tasa
de actividad de los jóvenes, pudiéndose deberse esto a las políticas sociales aplicadas, como
la Asignación Universal por Hijo. De hecho, la variación de la tasa de actividad del año 2009 al
año 2010, en donde se verificaría el efecto de estas asignaciones (que se aplican en 2009), es
un descenso del 28,3% al 19,7%.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
15

Mercado laboral juvenil…

Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Ocupados
Jóvenes 20-24

Porcentaje
Ocupados

Total PEA de
20-24

Tasa de
actividad

Porcentaje
Desocupados
Jóvenes

127113

69,5%

182816

76,0%

30,5%

138685

85,6%

162000

71,7%

14,4%

125280

82,1%

152652

71,5%

17,9%

Por otro lado, para el grupo de jóvenes de 20 a 24 años de edad, hacia el tercer trimestre del
año 2003, la tasa de actividad es de 75,9%, mientras que la desocupación se ubica en 30,5%.
Para el tercer trimestre del año 2007, la tasa de actividad es de 71,7%, y la tasa de
desocupación es de 14,4%. En este período se verificaría que, con un nivel de actividad
relativamente estable, la tasa de desocupación desciende, pudiéndose mayormente por el
proceso de aceleración y recuperación de la economía argentina. Ya para el año 2012, la tasa
de actividad se mantiene relativamente estable, y la tasa de desocupación asciende a 17,9%.
Nótese aquí, que en estos jóvenes la tasa de actividad no desciende (como el grupo anterior),
ya que no se pueden apreciar efectos de Asignación Universal por Hijo, que no alcanza a este
grupo. Por otro lado, la tasa de desocupación presenta un pequeño aumento, y esto puede
deberse al proceso de relativo estancamiento económico que se presenta en los últimos años,
sumado a los problemas adicionales de los jóvenes para conseguir empleo. Teniendo en
cuenta que estos jóvenes pueden ocuparse mayormente en empleos del sector informal, son
los que reciben mayor impacto negativo ante un proceso de estancamiento económico, ya que
los empleos del sector informal suelen ser los más volátiles.
Es útil verificar la composición de los jóvenes ocupados; es decir, verificar qué porcentaje de
jóvenes pertenecen a cada una de las siguientes categorías ocupacionales: patrón,
cuentapropista, obrero-empleado dependiente y empleado doméstico no remunerado.
Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Total ocupados
16 a 24

Patrón

Cuentapropistas

ObreroEmpleado

Trabajador
Doméstico

168329

1,5%

8,8%

84,5%

5,3%

165352

1,2%

1,5%

96,5%

0,8%

145143

1,0%

9,1%

89,9%

0,0%

De esta forma es posible observar que, para los jóvenes de 16 a 24 años de edad, para el
tercer trimestre de 2003 la composición de los ocupados era de: 1,5% patrones, 8,7% de
cuentapropistas, 84,5% de empleados en relación de dependencia y por último un 5,3% de
empleo doméstico. Para el 2007, se verifica que hay un aumento de los empleados en relación
de dependencia, que pasan a conformar el 96,5% de los ocupados. Por el contrario, el
cuentapropismo cae a un 1,5%, mientras que las demás categorías permanecen estables. Pero
Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
16

Mercado laboral juvenil…

para el año 2012, en cambio, los empleados caen a un nivel de 89,8%, mientras que el
cuentapropismo asciende a un nivel de 9,1%.
Como se verifica en los porcentajes anteriores, hay una gran masa de empleados en relación
de dependencia dentro de los jóvenes ocupados. Incluso, el cuentapropismo no alcanza a tener
un nivel importante. Esto quiere decir que la mayor parte de los jóvenes se insertan al mercado
laboral, no a partir de una iniciativa independiente (ya sea desde el cuentapropismo o como
patrones), sino a partir del ingreso como empleados en relación de dependencia.
Particularmente, para las categorías de empleados en relación de dependencia y
cuentapropistas, es útil observar dos cuestiones. Por un lado, los empleados y obreros en
relación de dependencia, es útil discriminarlos entre aquellos que presentan descuentos
jubilatorios, y aquellos que no presentan este tipo de descuentos. Estos últimos representan a
los empleados en “negro”, una característica típica que se puede darse en empleos del sector
informal o empleos precarios.

Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Cantidad EmpleadosObrero

Empleado obrero
sin aportes

142161

31,4%

159568

28,3%

130332

21,7%

De esta forma, el empleo en “negro” hacia el año 2003 es de 31,4%. Para el 2007, el empleo
en negro se ubica en 28,3%. Y ya para el año 2012, el empleo en negro desciende a un nivel
de 21,7%. Por lo tanto, se verifica una notable mejoría en términos de reducción de
informalidad laboral juvenil, desde el año 2003 al año 2012. Sin embargo, el porcentaje de
empleo en negro sigue siendo importante.
Por otro lado, como indica Fanelli (2012), como en el “cuentapropismo conviven trabajadores
profesionales y de alta calificación con obreros y vendedores ambulantes (…) se conecta al
cuentapropismo con la vulnerabilidad laboral. Se destaca allí que la participación de los
trabajadores profesionales y de alta calificación es marginal: abogados y contadores, por
ejemplo, no llegan al 5% del total de cuentapropismo. Las ocupaciones de comerciante, albañil,
pintor y electricista (por ejemplo), en cambio, representan entre un 15% y 20%”. Por tal motivo,
resultaría necesario realizar un análisis del cuentapropismo con el nivel educativo de los
cuentapropistas. Esto nos daría un indicio de si los mismos se dedican a actividades
profesionales, o por el contrario, se dedican a actividades precarias.
En este sentido, se puede clasificar a los cuentapropistas en los siguientes niveles educativos:
bajo (representa a aquellos que no poseen instrucción o que tienen la primaria incompleta),
medio bajo (primaria completa y secundaria incompleta), medio alto (secundaria completa y
estudios superiores incompletos) y alto (estudios superiores completos). De esta forma, un
Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
17

Mercado laboral juvenil…

nivel educativo superior, sería un indicador útil para señalar que aquellos cuentapropistas se
dedican a actividades profesionales.
Período
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

% nivel bajo

Cuentapropistas
% nivel medio bajo
% nivel medio alto

% nivel alto

0,0%

8,0%

92,0%

0,0%

0,0%

0,0%

48,5%

51,5%

0,0%

54,0%

33,7%

12,3%

Así, se puede observar que, para el tercer trimestre del año 2003, se verifica que: los
cuentapropistas con nivel educativo medio bajo representan un porcentaje de 8%, mientras que
los cuentapropistas con un nivel medio alto representan un porcentaje de 92% del total de los
cuentapropistas. No se registran cuentapropistas para los otros niveles educativos.
Para el año 2007, los cuentapropistas se distribuyen entre los niveles educativos medio alto y
alto. La primera categoría representa un total de 48,5% de los cuentapropistas, mientras la
segunda representa un 51,5% de los mismos. No se registran cuentapropistas para los otros
niveles educativos. Cabe recordar que para este año, el nivel de jóvenes cuentapropistas,
desciende a 1,5%.
Ya para el tercer trimestre del año 2012, cuando el cuentapropismo vuelve ascender a un nivel
de 9,1% se verifica un ascenso del cuentapropismo para el nivel educativo medio bajo hacia el
54%. Para el nivel educativo medio alto, el cuentapropismo alcanza un porcentaje de 33,7%.
Mientras el cuentapropismo para el nivel educativo alto, se ubica en un 12,3%.
Cabe destacar, que como señala Fanelli (2012), la preocupación esta puesta en lo que es la
informalidad laboral en los jóvenes, que se da por “una deficiencia importante asociada con la
segmentación y la baja productividad en ciertas actividades de subsistencia (…) Un puesto
informal se asocia a una menor duración del empleo y a menores ingresos por hora en
comparación con un puesto formal. Además la informalidad se extienden en los segmentos
poblacionales más vulnerables, como los jóvenes y los trabajadores de menor nivel educativo”.
En este sentido, se indica que a nivel nacional, en el año 1980 la informalidad de los
asalariados era de un 22%. Ya para la crisis de la convertibilidad en 2001, se eleva
drásticamente al nivel de 43%. Y con la recuperación económica posterior, solo permitió una
baja de la informalidad a aproximadamente un nivel de 38%. Fanelli (2012) afirma que “más
que un fenómeno cíclico, el crecimiento de la informalidad en la Argentina constituye parece un
fenómeno estructural. Los cambios en el marco institucional y las reformas incidieron, sin dudas
(…) se destacan los efectos del régimen de convertibilidad, las privatizaciones y la reforma
laboral de 1995”.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
18

Mercado laboral juvenil…

4. Jóvenes de 16 a 24 años inactivos que no concurren a un establecimiento
educativo (“ni-ni”).
Kliksberg Bernardo (2011) expresa sobre la exclusión que “más de uno de cada cinco jóvenes
latinoamericanos están fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo. Los excluidos no
reciben ingresos o lo hacen muy esporádicamente, con lo que tienen serias dificultades de
supervivencia. No logran iniciar una vida laboral, con lo que no están expuestos a experiencias
de aprendizaje y crecimiento productivo. Al mismo tiempo, su red de relaciones posibles se
estrecha fuertemente dado que el trabajo es un lugar clave para nutrirla”. Esto significa que en
la actualidad, gran cantidad de jóvenes en países emergentes (como los latinoamericanos) e
incluso en países desarrollados, se encuentran en un estado de “ni-ni”. Así se denomina a
aquellos jóvenes inactivos, que ni trabajan, ni estudian. Los mismos padecen un estado de
exclusión tal que, por no poseer trabajo no pueden integrarse al tejido social que se establece a
partir de las relaciones laborales que se dan con ese trabajo. Y a su vez, por no estudiar y no
escolarizarse, no sólo que quedan fuera de la integración social que se da a partir del proceso
de escolarización y formación, sino que esto significa una limitación para la inserción al
mercado de trabajo. Estos jóvenes, de esta forma, están sumergidos en una “trampa de
pobreza”, en el que por su incapacidad de acumular capital humano y desarrollarse, les
imposibilita insertarse en el mercado de trabajo, con empleos dignos y de calidad (por el
contrario de los empleos de subsistencia), que les permitan la integración social, la seguridad, y
el ascenso social. (Fanelli, 2012)
En el caso de Argentina, el proceso neoliberal ha roto y desarticulado diferentes estructuras e
instituciones en el mercado de trabajo, tendientes a la protección del empleo y la seguridad
social (generadas principalmente en el período de sustitución de importaciones, que va
aproximadamente de 1940 a 1976). Con el régimen neoliberal, de esta manera, se acentuó el
problema de marginalidad y exclusión. En este sentido, los jóvenes se presentan como uno de
los grupos más vulnerables y susceptibles a percibir las consecuencias del neoliberalismo. Con
la crisis de la convertibilidad, y el proceso de recuperación económica que se inicia en el 2003,
si bien existen ciertas modificaciones en las estructuras e instituciones instauradas desde el
neoliberalismo, aún persisten problemas en el mercado de trabajo, especialmente para los
jóvenes, que arrastran el problema estructural de la marginalidad y exclusión, provocado por
“trampas de pobreza”.
Para analizar esto, se requiere analizar el caso de los jóvenes inactivos que no concurren a
establecimientos educativos, y que tampoco optan por insertarse en el mercado de trabajo,
subdividiendo nuevamente entre aquellos jóvenes de 16 a 19 años de edad y los jóvenes de 20
a 24 años de edad, para el aglomerado de CABA, en el período 2003 a 2012.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
19

Mercado laboral juvenil…

Jóvenes Inactivos 16-19
Período
Cantidad
3 trimestre
2003
3 trimestre
2007
3 trimestre
2012

Porcentaje
que no
estudia

Jóvenes Inactivos 20-24

Cantidad

Porcentaje que
no estudia

Total Jóvenes 16-24 que
no estudian
Porcentaje
total de
Cantidad
jóvenes que
no estudian

103611

4,9%

57997

24,7%

19430

12,0%

91837

3,8%

63758

35,9%

26407

17,0%

101444

5,0%

60797

16,0%

14782

9,1%

En el caso de los jóvenes inactivos del grupo etario de 16 a 19, se verifica que el porcentaje de
personas que no estudia, no trabaja y tampoco busca un empleo para el tercer trimestre del
año 2003 era un 4,9% del total que equivale a 5.077 jóvenes aproximadamente de 103.611 que
pertenecen a este grupo.
En el tercer trimestre del año 2007, el porcentaje que cumple con estas características es un
3,8% del total, esto equivale a 3490 jóvenes de 91.837.
Para el mismo trimestre del año 2012, el porcentaje de jóvenes “ni-ni” es del 5%, que equivale
a 5073 jóvenes de 101.444.
Se observa que del año 2003 al año 2007 ha habido una disminución tanto en valores
absolutos como en valores relativos de las personas entre 16 y 19 años que no estudia, no
trabaja ni busca empleo. Mientras que, en el período que va del 2007 al 2012 ha habido un
aumento relativo y absoluto de jóvenes que cumplen con las características de “ni-ni”.
Con respecto a los jóvenes inactivos que no concurre a un establecimiento educativo del grupo
de 20 a 24 años en el año 2003, se observa un porcentaje de 24,7% sobre el total que equivale
a 14.326 personas de 57.997.
En el tercer trimestre del 2007, el porcentaje ascendió a un 35,9% que corresponde a 22.890
jóvenes de 63.758.
Por último, en el mismo trimestre del año 2012, este porcentaje disminuyó hasta alcanzar un
16% del total que, en términos absolutos, equivale a 9.728 jóvenes de 60.797.
Vale aclarar, que en el período analizado se observa una disminución de 2,9 puntos
porcentuales en la cantidad total de jóvenes inactivos que no concurren a un establecimiento
educativo. La mayor diferencia se observa en el grupo de 20 a 24 años mientras que en el otro
grupo notamos pocas variaciones tanto en términos relativos como en términos absolutos.
Es importante destacar esta notable diferencia en el comportamiento de los valores entre
ambos grupos etarios. Dado que para aquellas personas de 16 a 19 años reviste más gravedad
el hecho de que pertenezcan al grupo de los “ni-ni”, ya que puede tratarse de jóvenes que

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
20

Mercado laboral juvenil…

abandonan sus estudios secundarios y presentaran a futuro dificultades superiores para
insertarse al mercado laboral, conseguir un puesto de trabajo decente y ascender socialmente.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
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Mercado laboral juvenil…

Consideraciones Finales
El proceso de recuperación económica dado a partir del año 2003, ha logrado romper con
cierta lógica del capitalismo neoliberal que tenía consecuencias nefastas para el mercado de
trabajo y la relación salarial, y que tuvieron su mayor impacto durante la crisis de la
convertibilidad en 2001. En ese momento quedó reflejado que algunas de las recetas de la
teoría clásica del mercado de trabajo, no solo no logran resolver el problema del desempleo,
sino que por el contrario acentúan los procesos de precarización laboral y de marginalidadexclusión social. El impacto de esto, se ve reflejado en mayor medida en los jóvenes, por ser
un sector vulnerable y susceptible de caer de en “trampas de pobreza”.
A pesar de algunas mejoras considerables, como una reducción histórica de la tasa de
desocupación, el proceso iniciado a partir del 2003 muestra algunos resabios de las
instituciones instauradas en el proceso neoliberal. Estas formas institucionales pueden
apreciarse en problemas estructurales que se presentan, por ejemplo, en la población joven.
Concretamente, para los jóvenes de 16 a 24 años, del aglomerado de CABA, en el período bajo
estudio, no se observa que las medidas y políticas llevadas a cabo a partir del proceso de
crecimiento económico de la última década hayan logrado eliminar aquellos vestigios del
neoliberalismo. Por ende, aún en la actualidad persisten en los jóvenes muchas problemáticas
relacionadas a la denominada “trampa de pobreza”.
Con esto queda reflejado que, a pesar de que el proceso actual acumula ciertos logros y
méritos en materia de inclusión y desarrollo económico, es evidente que se precisan ciertas
reformas institucionales que posibiliten mejoras en ciertos aspectos y parámetros de la relación
salarial y en la estructura del mercado de trabajo.

Barrirero, C.; Falco, I.; Mariutti, F.; Russo, L.
22

Mercado laboral juvenil…

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