EL MODERNISMO

En 1898 concluye, para la gran mayoría de los pueblos americanos, la dependencia política de
España; emancipación que se gestó gracias a las ideas libertarias provenientes de los
enciclopedistas franceses y de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, y a la que
contribuyeron, asimismo, la miseria, la corrupción de las autoridades coloniales y la
discriminación de estas hacia el mestizo y el indio. Es una época de impetuosa movilidad, de
agitadas transformaciones y de un notorio proceso de modernización –que no excluye la
violencia de las dictaduras y la búsqueda de los más altos ideales democráticos–; es un período
enmarcado por intensas luchas sociales –no solo contra países extranjeros, sino también, y
sobre todo, por contiendas internas–, en el que cada país, al alcanzar su soberanía, busca su
propia identidad.
En tal contexto surge el primer movimiento literario originado en Hispanoamérica: el Modernismo;
movimiento que se proyectará desde las postrimerías del siglo XIX hasta la primera década del
siglo XX. La fecha clave de esta propuesta artística es 1888, año de la publicación de Azul,
poemario de Rubén Darío, considerada la obra representativa de dicha corriente. El Modernismo
toma su nombre del culto a lo «moderno», noción imperante en esos momentos. Ser «moderno»
equivale a ser diferente, no tradicional, es decir, renovador. El hombre de las recién formadas
naciones de América requiere verse distinto, por ello, como «modernista», podrá encontrar el
camino hacia un nuevo espíritu cultural, único, definitorio. La independencia política se traduce
en la urgencia por adquirir, de igual modo, una independencia artística; el Modernismo es el
primer grito de libertad cultural de la América hispánica; por primera vez se instituye, desde aquí,
una tendencia literaria con su propio nombre y sus específicas características formales. Y sin
embargo, no será una corriente «inventada» totalmente en nuestro continente; en Europa ya se
hablaba de un cierto «modernismo» –aunque dicha denominación no se generalizó, pues fue
conocida más tarde como la Vanguardia–. El Modernismo hispanoamericano si bien tiene sus
propios rasgos estéticos distintivos, no niega sus influencias francesas, como el Parnasianismo y
el Simbolismo –ya que América no podía constituirse como una isla cultural–. Los escritores
hispanoamericanos leyeron, aprendieron y asimilaron las enseñanzas de poetas franceses como
Baudelaire, Mallarmé y Verlaine, entre otros; sabiéndose parte de una universalidad que no era
posible eludir. Ahora la literatura hispanoamericana no depende de la española, sino que forma
parte de una cultura mayor: la occidental.
El Modernismo, aún cuando se esbozó en la prosa, fue ante todo un movimiento poético, cuya
intención era romper los moldes académicos del Neoclasicismo y reaccionar contra el vacío al
que llegó el Romanticismo. Su búsqueda se dirige hacia los problemas mismos del arte -«el arte
por el arte» es una de las premisas-, dejando a un lado las preocupaciones filosóficas o sociales.
No se interesa por lo religioso y sí se vanagloria de ser un arte profano y sensual. Se encamina
hacia lo que considera fuera de lo común: rechaza lo vulgar, lo cotidiano, y anhela apresar las
excelsitudes de lo elegante, refinado y exótico. Sus temas van a evocar, muchas veces, los
ambientes suntuosos de épocas históricas idealizadas o de países lejanos como China y Japón.
El interés se centrará en el trabajo minucioso con las formas; el lenguaje, materia prima de la
creación literaria, será trabajado como lo hace el orfebre con sus materiales. En el Modernismo
hispanoamericano reconoceremos las siguientes características: énfasis en los aspectos
formales; búsqueda de una sensualidad refinada y exquisita; gusto por lo frívolo y lo sensual;
deseo de renovaciones temáticas; uso de símbolos y mitos, e innovaciones estilísticas y
métricas.

Félix Rubén García Sarmiento. Rubén Darío (1867-1916) .