El cerebro de mi padre

He aquí un recuerdo. Una nublada mañana de febrero de 1996 recibí desde St. Louis un paquete
enviado por mi madre para celebrar día de San Valentín. Contenía una tarjeta de felicitación color
rosa romántico, dos barras de cuatro onzas de Mr. Goodbars, un corazón de filigrana, y una copia
del reporte neuropatológico de la autopsia del cerebro de mi padre. Recuerdo la luz gris brillante
del invierno de esa mañana. Recuerdo haber dejado en mi sala los dulces, la tarjeta, el adorno.
Tomé el reporte de la autopsia y lo llevé a mi cuarto. Me senté para leerlo. El cerebro (empezaba)
pesa 1,255 gramos y muestra una atrofia parasagital con ensanchamiento sulcal. Recuerdo haber
convertido los gramos a libras, y las libras a los equivalentes familiares de carne envuelta de las
que dan en los supermercados. Recuerdo haber puesto el reporte de regreso a su sobre sin haber
leído más. Algunos días antes de morir, mi padre había participado en un estudio sobre el
funcionamiento de la memoria y la vejez patrocinado por la Universidad de Washington. Uno de los
extras que obtenían los participantes era una autopsia de cerebro postmortem. Gratis. Sospecho
que el estudio ofrecía otros extras de monitoreo y tratamiento que habían convencido a mi madre,
quien ama los descuentos y las promociones de todo tipo, para lograr que mi padre se inscribiera
como voluntario. El ahorro también fue probablemente su único motivo consciente para haber
incluido el reporte de la autopsia en mi paquete de San Valentín. Con ello, se ahorraba 32 centavos
de envío. Mi recuerdos más claros de esa mañana de febrero son visuales y espaciales: las Mr
Goodbar amarillas, mi desplazamiento de la sala al cuarto, la luz que emitía la tardía mañana de
una temporada que se encontraba tan lejana del solsticio de invierno como de la primavera. Me
doy cuenta, sin embargo, que incluso estos recuerdos no son confiables. De acuerdo a las
recientes teorías basadas en las investigaciones neurológicas y psicológicas de las últimas
décadas, el cerebro no es un álbum en donde los recuerdos se almacenan como fotografías
inamovibles. Un recuerdo es, por el contrario, en frase de psicólogo Daniel L. Schachter, una
“constelación temporal” de actividad –es una aproximación necesaria a la excitación de los circuitos
neurológicos, que conectan a un grupo de imágenes sensoriales e información semántica en el
momento justo que se tiene la sensación de un recuerdo completo. De hecho, aunque mis
experiencias de esa mañana de San Valentín evidentemente se manifiestan, mi cerebro está
confiando en las categorías preexistentes de “rojo” y “corazón” y “Mr. Goodbar”. El cielo gris en mis
ventanas es familiar gracias a los otros cientos de mañanas de invierno. Yo ya tenía millones de
neuronas dedicadas a la imagen de mi madre—a su avaricia con el envío postal, a el romántico
apego con sus hijos, al enojo con mi padre, a su extraña falta de tacto, y a muchas otras cosas
más. En lo que consistía mi memoria de aquella mañana, de acuerdo a los últimos modelos, era en
un conjunto de conexiones neurológicas entre las regiones pertinentes del cerebro, y una
predisposición para encender la constelación completa –químicamente, eléctricamente— cuando
alguna parte del circuito era estimulada. Menciona las palabras “Mr. Goodbar” y pídeme que haga
una libre asociación de ideas y si no digo “Diane Keaton”, seguramente diré “autopsia del cerebro”.
Mi recuerdo de San Valentín trabajaría de esta misma forma, pero el hecho es que he recordado
esa mañana de febrero innumerables veces desde ese entonces. Les he contado la historia a mis
hermanos. La he ofrecido como un ejemplo de los Incidentes Extraños de mi Madre a los amigos
que disfrutan con ese tipo de cosas. Incluso, y esto es penoso, se la he contado a personas que
apenas conozco. Cada recopilación exitosa refuerza la constelación de imágenes que constituyen
la memoria. A nivel celular, de acuerdo con los neurocientíficos, estoy profundizando en esa
memoria cada vez más, fortaleciendo la conexión de las de dendritas, alentando a ese conjunto
específico de sinapsis. Una de las grandes virtudes de adaptación de nuestros cerebros, el acto
que hace a nuestra materia gris mucho más inteligente que cualquier máquina hecha hasta el
momento (que, por ejemplo, el hard drive de mi laptop que insiste en conectarme al World Wide
Web y llevarme a la página de un fan del programa Beverly Hills 90210 que fue actualizada el
20/11/98), es nuestra habilidad para olvidar casi todo lo que nos ha pasado. Yo retengo rasgos
generales, largos y categóricos recuerdos del pasado (un año en España, varias visitas a

”) Mi padre no tenía hobbies y tenía pocos placeres además de las comidas. me forcé a leer el reporte patológico entero. no hay manera de señalar el primer recuerdo que es víctima de la enfermedad. Se han convertido literalmente –morfológicamente. El problema fue especialmente controvertido en el caso de mi padre. poco menos que feliz. tal vez tantas como doscientos billones. para ver “quién pierde y quién gana. Cuando mi padre aún trabajaba. que he presentado en una especie de sumario personal. cincuenta transmisores químicos distintos. Y al mismo tiempo sigue siendo un pedazo de carne. “como resultan las cosas. como solía decir. en 1981. mi padre gozaba de perfecta salud hasta que se retiró. comenzaron a representar un acto que incluía la sensación de no tener salida las 24 horas del día en su confortable casa suburbana. Me resulta a la vez hermoso y posmoderno. Earl Franzen. era seguir las historias de la nación y de sus hijos. se podría argumentar. El órgano con el cual observamos y damos sentido al universo es. Pero tendrán que dejarme contarla a mí. En la noticia que circulamos en los periódicos locales nueve meses antes. el objeto más complejo que conocemos de ese universo. pero era difícil no escuchar la pena en su voz. pero también obtuvo un interés narrativo en vida.” (Su anagramático compañero de nombre. sino que también tomaba fuertes medicamentos para otro tipo de enfermedades. prominentemente del tipo difuso. quien no sólo era depresivo. Sus padres y tíos vivieron hasta los ochenta o noventa años y él. Esta era su enfermedad. “para ver”. con Cordelia. Los recuerdos que tengo de los años en los que mi padre comenzó a declinar son más vívidos en otros aspectos que en su enfermedad particular. De hecho. Lear. se puede decir. Acostumbraba ver una cantidad ingente de noticias por TV. quién está de moda. su énfasis en la palabra larga. tal vez un poco más tarde. quien fue hospitalizada casi 30 veces a lo largo de su vida. la rutina de sus días. con mínimos números de marañas de neurofíbras. al menos. por un enorme margen. reservado y ligeramente sordo. parietal. La única ambición que tenía a su edad. La información que recibía venía generalmente de las quejas que mi madre tenía sobre mi padre. emociona al científico amateur que hay en mí. mi padre tenía Alzheimer. quién no. su historia. me sorprendo de la forma en la que mis padres aparecen sólo de manera periférica en mis largos recuerdos personales. a la edad de 66 años. Tiendo a visitar continuamente mis recuerdos y. como sólo una autopsia puede hacerlo. pero después de que se retiró. de forma paralela para crear mi fantasmagórica conciencia y mi enérgico sentido del ser. tendían a volverlo invisible para mí. La identificación que el patólogo realizó de las placas seniles en el cerebro de mi padre ayudaron a confirmar. coordinándose. Yo les hacía breves visitas como las de un agente de las Naciones Unidas que guarda la paz y escucha las quejas de uno y otro lado. mi madre insistía que dijéramos que mi padre había muerto “después de una larga enfermedad”. Éste incluía una “Descripción Microscópica” del cerebro de mi padre: Secciones de las cortezas frontal. Le gustaba la formalidad de la frase. disfrutaban de la autonomía en sus respectivos espacios de la casa y el trabajo. por lo tanto. electroquímicamente— en parte de la arquitectura de mi cerebro. Como millones de estadunidenses. Este modelo de memoria. ''' El Alzheimer es una enfermedad de “comienzo insidioso”. De los tempranos años de su decadencia mental puedo extraer exactamente un . Ya que incluso la gente saludable comienza a olvidar cosas cuando envejece. confiaba estar por aquí hasta sus noventa.restaurantes hindúes en la calle East Sixth) pero retengo relativamente pocos episodios específicos. Se mantuvieron unidos por el bien de sus hijos y por la certeza de que un divorcio no los haría más felices. y yo tomaba esas quejas con un grano de sal: ella se había quejado demasiado conmigo durante toda mi vida. En algún momento. Cuerpos de Lewy fueron fácilmente detectados en el material H & E. La corteza mostraba placas. Y también era. Pero es que me encontraba viviendo lejos de casa en aquella temporada. a fortalecerlos. La pasividad de esa ambición. con trillones de dendritas intercambiando cuatrillones de mensajes por medio de. marañas ocasionales y pérdida de neuronas. El cerebro humano es una red de cientos de billones de neuronas. ese mismo día de San Valentín. el hecho con el que tuvo que pelear diariamente durante muchos años. ver a sus hijos y jugar Bridge. El matrimonio de mis padres era. imaginaba sus últimos años en términos similares: escuchando las “noticias de la corte”. occipital y temporal mostraban numerosas placas seniles. Encuentro acertado el diagnóstico de mis propios recuerdos y me sorprende la imagen de cadenas neurológicas conectándose. A diferencia de mi madre.

La rodilla derecha de mi madre sufrió una lesión y. Para no dañar su orgullo. De manera extraña. Aquí. voy a enloquecer pensando qué pasará cuando deje el agua abierta. aunque jamás había convivido solo con mi padre durante tanto tiempo. Las críticas de mi madre sobre el comportamiento de mi padre eran urgentes. mi madre estuvo en el hospital cerca de cinco semanas. peleando y fallando para calcular el total en la cuenta de un restaurante. debido a que ya tenía una placa de acero en su pierna izquierda debido a una fractura anterior. para ella. Louis porque. Deja la puerta del coche abierta. En el otoño de 1989 –una temporada en la que. Lo que es extraño. La pasividad de mi padre. mi padre aún jugaba golf y se podía hacer cargo de la mayoría de las reparaciones en casa—. lo que resulta realmente arduo es su resentimiento por mi intrusión —“¡¡No metas tus narices en mis asuntos!!” No acepta o no se da cuenta que quiero ayudarle y esa es la parte más difícil para mí. Tengo una impresión general de que se mostraba demasiado tranquilo. a la distancia. me comporte como si esa incapacidad no existiera en absoluto. de acuerdo a sus cartas. hay una seria contradicción con los reportes que mi madre me había hecho con anterioridad. casi no puedo recordar nada específico de mi estadía con él. Esa noche me despertó el ruido de su rasuradora eléctrica. La batalla terminó en la compra de un aparato que mi padre jamás utilizó. Mi padre decía que lo que era una falta de consideración era no hablar lo “suficientemente” alto. mi madre y yo nos pusimos de acuerdo en decir que iba por ella. debería haber sido lo suficientemente inteligente para darme cuenta que no había esperanza para lograr una relación que fuera satisfactoria para mí. miré el reloj y ahí estaba él en el baño. En ese tiempo yo acababa de terminar mi segunda novela. se enfrentaría a una compleja cirugía seguida de una prolongada convalecencia y rehabilitación. Esta carta pertenece a un momento durante el cual el teatro de la guerra de mis padres había tomado como centro la sordera de mi padre. El caso es que recientemente han sucedido algunos incidentes que me preocupan. pero a pesar de que muchos de nuestros asuntos se encuentren en un estado de confusión. Mi madre sostenía que era poco considerado no comprar un aparato para oír bien. hacia el final de sus ochenta años. Sus cartas de finales de 1990 y principios de 1991 están marcadas por párrafos de agonía debido a su cirugía y la forma en la que se las arreglaría con mi padre.recuerdo concreto: verlo. Al año siguiente. las luces prendidas. el miedo de mi madre de dejarlo solo tomó proporciones dramáticas. cuando Papá me dijo que no creía que existía tal cosa como el amor (y que el sexo era sólo una “trampa”) y que él no se consideraba una persona “feliz”. y nunca lo haría de nuevo. Sé que cuando se encuentre solo en la casa mientras yo esté en el hospital. pero también lo era el retrato que hacía mi padre de mi madre como una regañona alarmista. o las luces prendidas. Hace décadas. pero nada fuera de lo normal. Justo como lo había temido. Es difícil no sospechar. Pero estaba ocupada y distraída con mis hijos y amigos y creo. mi madre construyó una historia moral sobre la necedad. la vanidad y la sordera de su esposo. sobre todo cuando tú sabes que debes ser la principal causa de la falta de felicidad. que me dije a mí misma que “me preocuparía por eso mañana. Fui a St. Una vez más. es que yo sólo estaba fingiendo a medias. que sus oídos estaban ayudando a esconder un problema mucho más serio. no por él. mi madre era una gran escritora de cartas. rasurándose a las 2:30 AM. la incapacidad de mi padre era una realidad. que yo veía como lamentable pero que en realidad no era mi problema. Una carta de enero de 1990 contiene la primera referencia escrita de mi madre respecto al problema: La semana pasada. un día tuvo que saltarse su medicina del desayuno para asistir a unas pruebas de habilidades motoras en la Universidad de Washington. siempre fue una fuente de decepción para ella. se podría pensar. Afortunadamente. Pocos meses después mi padre cometía tantas equivocaciones que mi madre tuvo que buscar varias explicaciones: O se encuentra estresado o no se concentra o está teniendo un deterioro mental. En una sola semana tuvimos que llamar dos veces al mecánico para que cargara de nuevo la batería (ahora ya he puesto carteles en el garaje que parece que han ayudado)… Realmente no me gusta la idea de dejarlo en la casa solo durante mucho tiempo. Una vez ahí. así que me ofrecí para quedarme con mi padre mientras la operaban. pero incluso no tengo la sensación de que esta . como Scarlett O´Hara. los términos de sus quejas aún se mantenían en un plano estrictamente personal: Es extremadamente difícil vivir con una persona que no es feliz. etc…. Ya he revisado y vuelto a revisar los detalles hasta donde me ha sido posible.

¿Esperanzas vanas? Sí. Mi padre siempre había sido extremadamente escéptico de la psiquiatría. (2) terriblemente deprimido. no sobreviviría para llegar a sus noventa. el contenido de las cartas de mi madre pasó del aspecto personal y moral. en la que un jovencísimo intérprete hiló el concierto para violín de Sibelius. También veía las continuas sugerencias de mi madre para que “hablara con alguien” como . Finalmente en julio de 1992. aceptó ver a un psiquiatra. y entonces sólo llenamos los espacios blancos. en la primavera. tan deprimido que yo sabía que era hora de tomar alguna decisión. Eso lo fuerza a salir de casa diario [inserta aquí una carita sonriente]. Rouse. pero a pesar de esto. pero él insistió en hacerse unas sesiones de radiación. Por un tiempo. El cáncer fue erradicado. se aterró sabiendo que algo estaba terriblemente mal con él: que tal vez. Después de la primera mitad. al psiquiátrico. pero los efectos fueron de corta duración. En la carta.contradicción me molestara. El Prozac pareció levantar momentáneamente el espíritu de mi padre. dijo. Tenía dolores estomacales que. Todavía necesitaba que fuera un actor en mi historia personal. la verdad es que lo está haciendo muy bien y es casi la única actividad que disfruta (¡y que lo puede mantener despierto!)”. le diagnosticaron a mi padre fue un cáncer de lento crecimiento en la próstata. logró que tuviera demasiado tiempo para preocuparse y pensar en sí mismo – ¡NECESITA distracciones!. Mi madre. “No comprendo esa música”. Aquello aseguró algunos meses de relativo optimismo. Louis porque mi madre insistió en que mi padre y yo estuviéramos ahí para no desperdiciar los boletos gratuitos que ella tenía. acaba de concluir lo que yo ya había sospechado sobre los dolores estomacales de Papá (ya se hizo todas las pruebas posibles). El hecho de que ahora sea tan sedentario (feliz sin hacer nada). Gradualmente. nuestro cerebro registra sin fallar el mundo que nos rodea sin fisuras. sólo hizo un comentario sobre Midori y Sibelius. En forma similar. tenía muy poca paciencia con lo que ella consideraba una hipocondría. Había llegado a un punto en el que estaba tan nervioso. la rodilla de mi madre finalmente mejoró y su esperanza natural regresó a sus cartas.. eran producidos por el cáncer. Los doctores recomendaron que ni siquiera se molestara en tratárselo. La carta continuaba: El internista de Papá. después de todo. Veía a la terapia como una invasión de la privacidad y a la salud mental como un asunto de auto disciplina. Todos tenemos un punto ciego en nuestra visión donde el nervio óptico se conecta a la retina. Pero la ansiedad de mi padre por su salud no disminuyó. hasta cierto punto. estoy segura. menciono que a mi padre le habían ajustado sus medicamentos y que ahora todo estaba bien. para mi sorpresa. “¿Qué es lo que hacen? ¿Memorizarla?” ''' Un poco más adelante. creo que en ese momento interpretaba los silencios y las ausencias mentales de mi padre de una forma que me permitía seguir viéndolo como el mismo y completo Earl Franzen de siempre. Rouse le recete algún antidepresivo. “En los meses pasados hemos perdido a tantos amigos que resulta inquietante —eso provoca parte de la depresión y el nerviosismo de tu padre. Apenas atrapamos una parte de una palabra. Louis. cuya rodilla continuaba sangrando internamente seis meses después de su operación. Cada vez me encuentro más convencida que los mejores atributos que cualquiera pueda tener son (1) una actitud positiva y (2) sentido del humor – ojalá Papá los tuviera. las palabras “nerviosismo y depresión” fueron la obsesión de las cartas de mi madre. Estoy convencida de que eso tendría que ayudarle… Han sucedido cosas terribles y estresantes en nuestras vidas en el último año. eso lo sé de sobra. estaba convencido. En septiembre de 1991 escribió: Me encuentro aliviada de que Papá haya empezado con su terapia de radiación. Pero uno de los comportamientos básicos de la mente es su amabilidad para construir panoramas completos a partir de partes fragmentarias. Papá esta (1) terriblemente nervioso. Me reportó que mi padre había salido primer lugar en un juego de Bridge: “Con claridad en su mente y una actitud menos conservadora en el juego. En el camino a casa. mi padre se sacudió con visible agitación. Weiss) tal vez aceptaría pastillas o lo que fuera para tratar su nerviosismo y depresión. Con cierto tipo de sabiduría generada desde su estado mental. Lo que sí tengo es una copia de una carta que envíe a un amigo mientras me encontraba en St.” me escribió en febrero de 1992. le cuento de la mañana en que asistimos a un ensayo de la Sinfónica de St. dijo “que es hora de irnos”. En la carta a mi amigo. “Creo”. Espero que el Dr. cuando ya la podemos entender completamente. pero la condición mental de Papá ya lo está afectando físicamente y si hubiera oído el consejo (del Dr. Vemos caras expresivas que concuerdan con nuestros patrones.. el Dr. tan preocupado.

Después siguieron unas vacaciones de Navidad durante las cuales mi esposa y yo finalmente intercedimos por el bien de mi madre y la pusimos en contacto con un trabajador social geriátrico. me dijo. suena exactamente igual a la Erika de siempre. mi padre se sentaba con su cara de piedra al lado de la chimenea y nos contaba historias de su infancia mientras mi madre se impacientaba por lo caro. Alzheimer: retrato de una epidemia. Era una forma de proteger la especificidad de Earl Franzen de la generalidad. le pregunté sobre sus sesiones con el doctor. sin duda era un síntoma de la desesperación. ahora puedo ver mi rechazo a aplicar el término “Alzheimer” a mi padre. Al leer. El último registro en la nomenclatura. pero el problema ya era insostenible. No entendía por qué debía ser cuidado y. Hizo un gesto de desesperación con las manos. hace quince años. ¿Quién quiere una historia de la vida así? Incluso ahora. escribió mi madre en una carta que me mandó por fax a Italia. cuando el término “enfermedad de Alzheimer” empezaba a sonar. peor aún. ¿o sí? Yo mismo me irrito de vez en vez al enterarme de que algunas enfermedades mentales se diagnostican equivocadamente como Alzheimer. Pero en aquél momento aún estaba dispuesto a mantener ese punto ciego que me permitía subrayar algunos aspectos del alma. A las noticias que mi madre me dio sobre mi antigua jefa de trabajo. Olvidando. una mujer retirada que mi madre había contratado para cuidar a mi padre dos veces por semana. Esa temporada. “que Papá ha tenido una terrible regresión. me atrevo a reconocer que sí. mientras ella se ocupaba de otros asuntos fuera de la casa. el cerebro es carne. Louis en mi camino rumbo a Italia. y desde donde pude obtener nuevos puntos de vista sobre la relación que tenían mis padres. me recuerda cuando mi padre se perdió en su propio barrio. que el urólogo combinó con otras medicinas para la depresión. donde mi padre. Pero incluso en ese momento. hasta donde puedo recordar. y no se supone que el Alzheimer funciona de ese modo. y la ansiedad. A mí me parecía que era un nuevo exceso de la medicina sobre la experiencia humana. Louis. Ver a mi afligido padre como un conjunto de síntomas orgánicos. fuera del contexto familiar. siempre expansiva.agresiones –pequeñas granadas de culpa que le echaba por la falta de felicidad en su pareja. de la victimización. el libro de David Shenk. mi padre comenzó a enfurecerse contra la señora Pryble. El hecho de que pusiera el pie de forma voluntaria en el consultorio de psiquiatra.” La idea de que alguien pudiera pensar que ya no se podía hacer nada con mi padre me era insoportable. fue terrible”. Hubo un fin de semana que pasamos con mi tío Erv en Indiana. que costaban las sesiones con el trabajador social. me hubiera ayudado a entender a el saludable Earl Franzen (y al saludable yo) en los mismo términos sintomáticos. la palabra “Alzheimer” aparece exactamente una vez. los síntomas apuntan a las bases orgánicas de todo lo que somos. me recuerda que exhibía idénticos síntomas de millones de personas que también estaban afligidas por la enfermedad. por qué lo debía de cuidar otra mujer que no fuera su esposa. Desde Italia le mandé al psiquiatra una carta de tres hojas de largo para que reconsiderara las cosas. mi madre nos insistió a mi mujer y a mí para que durante el día cansáramos de tal forma a mi padre que por las noches no ocurrieran incidentes sicóticos. como cuando confundía a mi madre con su madre. Y ahora. Mi sentido de ser . lo terriblemente caro. sólo que un poquito peor. “¡Earl.” Desde aquella soberbia.” En todas las cartas que mi madre me mandaba. soy tu hermano. dormimos en la misma cama!” De regreso a St. o cuando olvidaba jalarle al baño. Puede existir cierto alivio en tener una compañía como esa. Erv. lo que nos convertía en algo singular y al mismo tiempo generalizado. por ejemplo. donde lo que en realidad hacía era gastar algunos minutos del mes puliendo el orgulloso comportamiento de mis treinta años. cuando me detuve en St. Entonces. tuvo una noche de demencia que culminó con mi tío gritándole en su cara. “Es extremadamente capaz”. nadie mencionó jamás la palabra “demencia. yo repliqué: “pues según me cuentas. Reducir nuestras entrañables personalidades a un finito conjunto de coordenadas neuroquímicas. no me siento del todo cómodo cuando reúno datos sobre la enfermedad de Alzheimer. pero a mí me apenaba ver la forma en la que la personalidad de mi padre se drenaba en los pequeños olvidos cotidianos. Las condiciones tienen síntomas. “pero me temo que cree que no se puede hacer nada conmigo. En octubre. ''' Recuerdo mis dudas y mi fastidio. “Me desagrada mucho decirte”. le estropearon la cabeza y lo han hecho alucinar. Las medicinas para su problema urinario. Apuntan al cerebro como carne. y en referencia a una anciana alemana con la que yo trabajé cuando era un adolescente. por el amor de Dios.

no existían las numerosas comunidades de ancianos jubilados. el pensamiento científico reflejaba esa realidad social. El Congreso aprobó la investigación de la vejez en 1974 y estableció el Instituto Nacional del Envejecimiento que tuvo. o moría de infecciones. según los especialistas. Auguste D. No fue sino hasta los setenta cuando las condiciones fueron las idóneas para reinterpretar la demencia senil. La demencia senil ha existido desde el momento justo en el que el hombre la pudo sufrir. En ese momento. consecuencia del envejecimiento. nadie puede asegurar qué caminos de la investigación nos llevarán a tratamientos efectivos. creo. la demencia senil era considerada algo natural. “mucha gente ya vivía tanto tiempo. En el examen inicial llevado a cabo por Alzheimer. Sin embargo. en el momento en el que mi molestia contra el término clínico y su sorpresiva ubicuidad era más grande. como lo dice Shenk. y solían estropear de forma creciente la vida de los miembros familiares que se encargaban de ellos hasta que eran institucionalizados. Lo que sucedió en los setentas y ochentas con el Alzheimer no fue un simple cambio de paradigma. Debido a que se dedica mucho dinero a enfermedades crónicas. la enfermedad de Alzheimer continuaba siendo vista como una rareza médica. Mientras el promedio de la humanidad moría a temprana edad y la vejez resultaba algo inusual. el número podría crecer a quince millones en 2050. Sin embargo.” Cuando Auguste D. Para Kraepelin. “Creían que Meta estaba diciendo tonterías”. las compañías farmacéuticas invierten fervientemente en las investigaciones sobre el Alzheimer. que lograron alargar el promedio de vida quince años más en las naciones desarrolladas. Los descubrimientos de Alzheimer le interesaron mucho a su jefe Emil Kraepelin. Seis décadas después de la autopsia que realizó Alzheimer en el cerebro de Auguste D. David Shenk narra la historia de un neuropatólogo estadunidense de nombre Meta Naumann quien. cuatro años después. Alzheimer había avanzado en investigaciones microscópicas y analizó su cerebro. varios clones. a un costo de poco menos de cuatro mil dólares anuales por paciente. el joven neuropatólogo alemán Alois Alzheimer estaba convencido que atestiguaba una variedad completamente nueva de enfermedad mental cuando. Ella sufría extraños cambios de humor y una severa pérdida de la memoria. sin embargo. Los pacientes que tenían Alzheimer y que estaban internados en hospitales vivían mucho más que otros pacientes. las placas y las marañas descubiertas por Alzheimer le daban el soporte clínico para su teoría que sugería que las enfermedades mentales eran fundamentalmente de origen orgánico. Más y más viejos sobrevivían para volverse locos. El número de nuevos casos era realmente abrumador. hizo las autopsias de 210 víctimas que sufrían de demencia senil y encontró arterias con esclerosis en algunos de ellos. El día de hoy. que la senilidad era considerada normal o aceptable”. el Alzheimer había logrado el mismo nivel social y médico que las enfermedades del corazón o el cáncer –y tenía los fondos suficientes para su investigación. murió en una institución mental. Cada vez menos gente caía muerta de ataques al corazón. a oscuras (el funcionamiento del cerebro no es mucho más accesible que el centro de la tierra o los límites del universo).único. la . Pero debido a que la ciencia de esa enfermedad aún permanece. en ese entonces el decano de la psiquiatría alemana. La comunidad científica simplemente no estaba lista para considerar que la demencia senil podría ser algo más que una consecuencia natural del envejecimiento. tal vez el resultado de arterias cerebrales escleróticas. Alzheimer fue capaz de discernir el origen patológico de aquella enfermedad: innumerables esferas de aspecto viscoso en forma de “placa” e innumerables neuronas sumergidas en “marañas” de fibras neuronales. y a pesar de los descubrimientos hechos en cuanto a prevención de enfermedades y su tratamiento. cinco millones de estadunidenses tienen la enfermedad. Para finales de los ochenta. en 1901. a principios de los cincuenta. quien estaba metido en una fiera batalla con Sigmund Freud y su psicoliteratura sobre las teorías de las enfermedades mentales. admitió en su clínica a una mujer de 51 años. como Morbus Alzheimer.. Pero el trabajo de Naumann parece que no persuadió a nadie. recuerda su esposa. Esa era la evidencia de que el Alzheimer era más común de lo que nadie había adivinado. En su Manual de psiquiatría bautizó la condición de Auguste D. placas y marañas en la mayoría de los casos. la paciente dio respuestas extravagantes a sus preguntas: “¿Cuál es su nombre?” “Auguste” “¿Apellido?” “Auguste” “¿Cuál es el nombre de su esposo?” “Auguste. A principios de los cincuenta no existía conciencia de “la tercera edad”. era ilusorio. a su vez y de inmediato. en muchos puntos.

que olvidó cualquier hecho que alguna vez supo de ella y que finalmente dejó de saber su nombre. episodios de pobreza. Por eso. Me hubiera gustado que en vez de esta enfermedad. en donde las conexiones axionales entre las neuronas son gradualmente fortalecidas por la segregación de la grasosa sustancia de nombre mielina. Para mi madre. Shenk cita a pacientes que hablan de “algo delicioso en ese olvido” y quienes reportan un aumento de sus placeres sensoriales conforme caen en el olvido. de forma más dramática. Las tempranas capacidades que desarrolla el niño –alzar la cabeza (del primer mes a los tres meses). Si tu memoria a corto plazo esta estropeada. En las etapas tardías la enfermedad le robó el caparazón de la vida adulta. Anota. A pesar de que Shenk trata de ver en un paciente de Alzheimer una especie de alivio de la responsabilidad infantil. quien se encuentra por debajo de la edad de los cincuenta. Mi padre siempre se había rehusado a abrirse ante ella. son justamente esas regiones las más vulnerables cuando la enfermedad de Alzheimer ataca. no te acuerdas cuando te detuviste a oler una rosa. ¿Podría haber sufrido alguna enfermedad peor que el Alzheimer? En las etapas tempranas. mi padre siguió siendo el mismo Earl Franzen que dormitaba en cualquier lado y que no escuchaba bien. El hipocampo. una madre injusta. las pérdidas que provocó el Alzheimer amplificaron y empeoraron los añejos patrones de su matrimonio. mi padre no podía abrirse a ella. en los días de su retiro. Como lo observó por vez primera el psiquiatra Barry Reisberg hace veinte años. Para ella. tareas interminables. Él. El niño que todos llevamos dentro. sus medios para ocultar al niño que había en él. puedes esperar que te den las medicinas adecuadas contra el Alzheimer para el momento que las necesites. el que tomaba las . en una eternidad sin pasado. estoy seguro que convertirse de nuevo en bebé era lo último que mi padre hubiera querido. estamos mirando a un niño de un año de edad. Es por ello que no somos capaces de formar memorias episódicas permanentes hasta la edad de tres o cuatro años. Más de una vez me dijo. ahora. hubiera tenido un paro cardiaco. sino una fuente de sentido. que una de las constantes peculiares de la enfermedad es que aquellos que la “padecen”. ya no se encuentra adentro. Incluso me siento muy inseguro sobre los argumentos de Shenk. Aunque hay que anotar que hace veinte años muchos investigadores del cáncer predicaban que encontrarían una cura en menos de veinte años. y también es por ello que el hipocampo es donde las placas del Alzheimer aparecen primero. sonreír (de los dos a los cuatro meses). por ejemplo. en la medida que la vejez no debe ser jamás un borrón del sentido. Mi padre era una intensa persona privada. la enfermedad se encargó de disolver las conexiones personales que lo habían salvado de lo peor de su aislamiento depresivo. no recuerdas que te has detenido a oler la misma rosa toda la mañana. Aparentemente. sobre el lado bueno del Alzheimer. El problema central de la enfermedad es difícil de ignorar. traiciones familiares. una actitud de niño para concentrarse en el Ahora. que siempre había insistido en ser el jefe del matrimonio. David Shenk. El desarrollo cerebral de un niño mayor se consolida a través de un proceso llamado mielinización. precisamente porque el paciente ha perdido el equipamiento cerebral para experimentar cualquier cosa como una repetición. encargado de procesar las memorias a corto plazo en memorias a largo plazo. tarda mucho en mielinizar. como las últimas regiones en madurar del cerebro del niño son también las últimas en mielinizar. Neurológicamente hablando. Las historias que contaba de su infancia en el norte de Minnesota eran en su mayoría (en correspondencia a sus ataques depresivos) horribles: un padre brutal.creencia general es que si eres menor de cincuenta años. y la privacía tenía para él la connotación de mantener los contenidos penosos en el interior. Encargarse de un paciente de Alzheimer es algo fastidiosamente repetitivo. sentarse solo (de los seis a los diez meses)— son las últimas capacidades que un paciente de Alzheimer pierde. apunta en Olvidando que una cura para la demencia senil tampoco sería una bendición sin dolor. el declive de un paciente de Alzheimer es exactamente inverso al desarrollo neurológico de un niño. alejados de la vista del público. muchas veces sufren cada vez menos conforme ésta progresa. Paradójicamente fue ella quien lentamente pero de forma segura perdió su personalidad al vivir con un hombre que la confundía con su madre. el fantasma del Alzheimer permite que una persona camine y se alimente a pesar de que no recuerda nada de lo que sucedió hace una hora. terribles accidentes. que su mayor placer en la vida había sido irse a trabajar como un adulto en la compañía de otro hombre que apreciaba sus habilidades.

Los arrebatos infantiles los tenía él. se encargó de la vida de ambos.decisiones. ahora no podía evitar comportarse como un niño. Aprendí. que podía confiar verdaderamente en mis hermanos y que ellos podían contar conmigo. me hizo tener menos miedo de perderlas yo mismo. En cuanto a mí. como si no hubiera tenido de otra. Tarea tras tarea. a pesar de que siempre he apreciado mi inteligencia. descubrí que al ver a mi padre perder las tres. Ahora era ella la que lo arropaba de la misma forma que alguna vez lo hizo conmigo y con mis hermanos. no mi madre. también fue la oportunidad para acercarse poco a poco a la autonomía que nunca se le había permitido: un ajuste de viejas cuentas. una vez que acepté la magnitud del desastre. . a pesar de que la “larga enfermedad” de mi padre constituía un terrible golpe y una desilusión para ella. Pero también. la extenuante duración del Alzheimer me forzó a tener un contacto más cercano con mi madre. el adulto protector de su infantil esposa. Y de una forma extraña. Me volví un poco menos temeroso en general. mi salud y mi conciencia. Una mala puerta se había abierto y descubrí que era capaz de atravesar ese umbral.