El ciclo Dimensiones Variables es un proyecto que pretende explorar la paradójica inclinación que afecta a ciertas prácticas artísticas contemporáneas

, las cuales parecen debatirse entre dos territorios de interpelación en apariencia antagónicos: por una parte, el impulso de acotar el espacio social para analizar sus estrategias, posicionarse respecto a sus dinámicas y actuar de manera enfrentada dentro de él; por otra parte, la variabilidad inevitable a la que queda expuesto este mismo objetivo, el sentido, necesariamente restringido y parcial, implícito en cualquier tipo de acotación. En este contexto, las propuestas Individual Citizen Republic Project™: El Sistema y Lo viejo y lo nuevo. ¿Qué hay de nuevo, viejo? concebidas por Daniel García Andújar y Pedro G. Romero, respectivamente, constituyen dos aproximaciones independientes y específicas a la paradoja que subraya el título del ciclo, dos planteamientos distintos pero que, sin embargo, se caracterizan por construir particulares espacios de resistencia crítica, zonas difícilmente domesticables, marcadas por una orientación irónica y por la voluntad de restituir nuevas dimensiones, dimensiones variables, a la configuración del entorno social. Individual Citizen Republic Project™: El Sistema Tras la creación de una serie de sitios web concebidos como plataformas de debate ciudadano sobre políticas culturales especificas y eventos artísticos diversos –e-manifesta.org, e-toulouse.org, e-arco.org, e-valencia.org y e-barcelona.org–, Daniel García Andújar retoma con el proyecto planteado para la sala ZERO1 del Museu Comarcal de la Garrotxa la ampliación del “catálogo de productos” de Technologies To The People’s, empresa dedicada al desarrollo de propuestas que faciliten el acceso a la tecnología y que ha patrocinado distintos trabajos del artista. Anteriormente, y también bajo el patrocinio de esta misma corporación, habían sido creados The Body Research Machine (1997), una máquina que permitía escanear las estructuras genéticas del cuerpo humano y procesarlas en forma de bases de datos, y Street Access Machine (1999), artefacto utilizable las 24 horas del día que posibilitaba la donación electrónica de dinero a personas o grupos con dificultades económicas –mendigos, alcohólicos, inmigrantes, etc. Individual Citizen Republic Project™: El Sistema se plantea nuevamente como una reflexión crítica sobre la soberanía de las grandes corporaciones tecnológicas y sus valores simbólicos de persuasión y representación. Para ello se relacionan metafóricamente dos imaginarios antagónicos: uno arquetípico, estático y corporativo, con eslóganes que publicitan las bondades de los avances de la

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tecnología; otro descodificado, que constituye el reverso paródico de la anterior imagen y que es, asimismo, un lugar donde se comparten informaciones y procesos de trabajo. En la zona de entrada a la exposición, dentro del entorno corporativo de Technologies To The People’s, se presenta el lanzamiento del producto x-devian, un sistema operativo fácilmente instalable en cualquier ordenador, que no interfiere en el software preexistente y que permite al usuario trabajar con el programa gratuito Linux, el cual está liberado de todo tipo de protocolo empresarial pero que, sin embargo, ofrece idénticas prestaciones que otros programas de pago existentes en el mercado. Oculto tras este primer ámbito mediante una barricada de mobiliario usado, pero en un lugar central de la instalación, aparece un espacio-taller equipado con numeroso material documental que informa sobre cuestiones técnicas referentes al uso alternativo de la tecnología, así como una red de ordenadores reciclados a los cuales se les reinstaló previamente el programa Linux. En este espacio tendrán lugar talleres formativos de aprendizaje informático no comercial, presentaciones de entidades y comunidades tecnológicas de la zona, como Olot en Internet. Aparte de todas estas actividades, este lugar funciona como un medialab o club abierto a la participación de quienes deseen utilizarlo tanto para finalidades públicas –sesiones de trabajo, reuniones asociativas, etc.– como para un uso estrictamente personal –navegación en Internet, envíos de e-mail, etc. Por último, en la sala dedicada a conferencias, el visitante puede acceder a una antología temática de presentaciones privadas realizadas en PowerPoint y rescatadas de la red y emitirlas mediante un vídeo-proyector, como si fuese un conferenciante genérico, ante una hipotética audiencia.
Castellano

Wireless, y conferencias dedicadas a la reflexión sobre la seguridad e identidad

Valentín Roma David Santaeulària

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Neofeudalismo y retorno de la Inquisición Domingo Mestre

Lo malo de la izquierda americana es que traicionó para salvar sus piscinas. Y no hubo unas derechas americanas en mi generación. No existían intelectualmente. Sólo había izquierdas y estas se traicionaron. Porque las izquierdas no fueron destruidas por Mac Carthy; fueron ellas mismas las que se demolieron dando paso a una nueva generación de nihilistas. Orson Welles I La ‘nobleza’ empresarial Corren malos tiempos, pero no sólo para la lírica, como decía la vieja canción, sino también para el resto de la producción subjetiva y de las libertades individuales. El desarrollo de la sociedad de la información está propiciando una profunda transformación social que afecta ya a la práctica totalidad de los ámbitos de nuestras vidas. La nueva sociedad global, conocida también como el “imperio del capital”1, está basada no tanto en la producción de bienes como en el consumo, sobre todo de la información2 y en la especulación. En este ‘nuevo mundo’, en permanente evolución, resulta fácil detectar el retorno de algunas características neofeudales 3 que se están combinando, más o menos turbulentamente, con el irrealizado sueño ilustrado de la emancipación social y con el dogma neoliberal de la búsqueda del beneficio a toda costa. Pese a la pervivencia de los viejos Estados-Nación y de su monopolio de la violencia legal –que no del verdadero poder de ejercerla–, lo cierto es que, por sus peculiares características, esta reorganización imperial sólo puede ser administrada eficazmente contando con la colaboración de los que Echeverría denomina los nuevos “Señores del aire” 4 ; un reducido grupo de empresas privadas y corporaciones semipúblicas que son las propietarias y administradoras del espacio virtual encargado de canalizar los flujos de información.5 (los propietarios de bancos y financieras) conforman entre todos ellos una nueva aristocracia del dinero que es la que está rediseñando en la práctica, siempre de acuerdo con sus necesidades estratégicas, el universo que habitamos. Naturalmente, esta decisiva función pre-legislativa –e incluso pre-ejecutiva– que ejercen los grandes lobbyes económicos debe seguir manteniéndose en la sombra, como siempre, puesto que no sería de recibo seguir hablándole al pueblo de libertad y de
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democracia de saberse que quien impone las directrices básicas es este reducido grupo de ‘caballeros’ del dinero. Un dato importante a tener en cuenta es que, en el contexto actual, la resolución de los conflictos antagonistas se desarrolla, principalmente, en el ámbito simbólico del espacio mediático. De ahí proviene la importancia que ha adquirido su control, pues de él dependerá, finalmente, no sólo el resultado de las próximas convocatorias electorales sino también la cotización en bolsa de los valores relativos de la nueva nobleza. Y de aquí emana también el creciente interés de las empresas por maquillar su imagen pública mediante el mecenazgo y la esponsorización de todo tipo de actividades filantrópicas y culturales. Al respecto, Rodríguez Casanueva, empresario y presidente de Philantropos, afirmaba hace unos días que El año 2003 es el de la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) en nuestro país (...) el mecenazgo empresarial es en esencia un juego en el que todas las partes implicadas pueden y deben obtener beneficios netos6. Una desigual partida, claro, en la que el supuesto provecho social de los necesitados no tiene porqué estar vinculado a sus necesidades reales, pero sí subordinado a los intereses de quienes los promueven. Las germanías de la precarización La lúcida intuición por parte de los diferentes grupos resistentes de que la situación construida exige respuestas locales para los problemas globales y de que el punto débil del sistema se encontraba, principalmente, en el sabotaje simbólico de las grandes ceremonias sacras de la globalización del capital (reuniones de la OMC, FMI, BM, OCDE...) ha conseguido inesperadas victorias mediáticas en la inacabable lucha entre quienes mandan y la multitud de quienes obedecen. Un éxito incuestionable que ha llenado el orbe de nuevas esperanzas. Sin embargo, también ha creado una fuerte dependencia espacial y temporal respecto a estos fastos, la cual está restando autonomía al movimiento y facilitando su neutralización al hacer depender sus acciones de las convocatorias de los Señores. Igualmente exige una espectacularización de las formas que no siempre ha sido bien planificada o adecuadamente contrarrestada con la aportación de contenidos específicos y de modos diferentes de hacer las cosas; algo que ha marcado, en cierto sentido, las actuales limitaciones de la fórmula. No obstante, la parte positiva de toda esta aventura es la demostración práctica de que otras formas de heterorganización son verdaderamente posibles. De hecho, ya no son los partidos que se dicen de izquierdas o los sindicatos quienes marcan las directrices a seguir en los conflictos sociales sino directamente los diferentes colectivos agredidos, los sin pan y los sin tierra, los sin techo y los sin
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trabajo, los sin papeles y los sin cultura, es decir los precarios en algún sentido quienes toman la iniciativa continuamente y gestionan sus propias redes de apoyos y de defensa (des)organizada, gracias, en muchos casos, a las capacidades que ahora ofrecen algunas nuevas tecnologías. Sin ninguna duda, en el futuro próximo será el respeto de la pluralidad y de las diferencias el que va a marcar las líneas directrices para la vertebración de una verdadera “sociedad civil de abajo”7. La única forma de conseguir frenar de algún modo las desbocadas ambiciones de los que siempre están ‘arriba’. Por eso creo que el desafío colectivo pasaría por recuperar la iniciativa, liberándola de la servidumbre respecto de los grandes fastos globales para ampliar su campo de actuación hasta los medianos e incluso los pequeños eventos (especialmente los culturales), que son los que están legitimando ahora, como antaño hiciera el clero disperso con las decisiones feudales, las políticas que más directamente nos afectan. Igualmente, parece deseable intentar construir, entre todos los grupos sociales damnificados por el actual sistema, alguna especie de macro fórmula de resistencia antisistémica. Una empresa colectiva en la que técnicos y profesionales de la comunicación (ingenieros, informáticos, periodistas, teóricos, artistas, etc.) tienen mucho que aportar y de la que sólo sabemos con seguridad que, necesariamente, habrá de sustentarse en una estructura diferente a la de la actual sociedad civil construida por la burguesía; la cual, no hay que olvidarlo, es la que sostiene el actual señorío indiscutible del capital. El clero cultural En este nuevo orden imperial, el único dios indiscutible es el Dinero, tan respetado y adorado por los Señores como por sus siervos. Su religión oficial ya no es la economía, como cabría imaginar, sino la cultura, que es la que otorga a los dictados de la primera la categoría de indiscutibles. Intelectuales y artistas forman parte relevante del nuevo clero evangelizador –y en muchos casos mendicante– con la particularidad, además, de que la heterodoxia, que a los librepensadores les es consustancial, forma ahora parte de la ortodoxia eclesiástica. Una cruel paradoja que, con frecuencia, convierte el disentimiento artístico en sometimiento –y a la representación acrítica de los conflictos en verdadero soma adormecedor de la feligresía. Al igual que en la Edad Media, la connivencia actual entre la ‘nobleza’ y el ‘clero’ es casi absoluta, limitándose las divergencias a cuestiones de forma y, sobre todo, de cantidades. En estas condiciones no resulta extraño que el arte se esté muriendo de éxito, agobiado por las necesidades del marketing cultural institucional y del mecenazgo empresarial, y que la cultura sea objeto de deseo
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incluso para los más zafios e incultos caballeros. Dado que esta utilización del arte como propaganda –o, en el mejor de los casos, como lenitivo– aporta bien poco a la causa común, la supervivencia del viejo espíritu emancipador que acompañaba al proyecto utópico del arte moderno se muestra como una contradicción, absolutamente necesaria, que se refugia hoy, a duras penas, en contadas heterotopías en marcha, casi siempre virtuales, que todavía mantienen cierta autonomía de gestión. En cualquier caso, resulta reconfortante saber de la existencia de artísticas ficciones corporativas como Technologies To The People (TTTP), una firma8 puntera en el campo del mecenazgo privado, que ha hecho agnóstica profesión de fe del desvelamiento de las contradicciones ocultas en el sistema. Su original gama de productos simbólicos, siempre irónicamente destinados al uso del ‘pueblo’, y sus campañas de alfabetización digital de las masas constituyen pequeños contrapuntos necesarios frente a las múltiples medidas populistas que continuamente intentan someterlo bajo el yugo de la promesa de su salvación. Junto a ellas, la esponsorización y el mantenimiento de herramientas de participación informativa y comunicacional en red, como la web e-valencia.org, marcan la diferencia cualitativa frente a otras empresas o proyectos similares que, igualmente desde el ámbito artístico –pero sin conseguir escapar de él–, están intentando arrojar algún tipo de luz sobre las brumas del nuevo sistema. Este último proyecto resulta especialmente interesante por diversos motivos. En su origen, formaba parte de la exposición The Power of Security9 y nació como un portal web alojado en el servidor del Museo de la Universidad de Alicante (MUA). La página, desarrollada como todos los proyectos de TTTP a partir del software libre, contiene una revista de prensa que se actualiza diariamente y un archivo de noticias culturales de ámbito valenciano. Toda la información contenida es de libre acceso y se caracteriza por la facilidad que ofrece para la participación de los usuarios. Algo que ha permitido a los más de 2500 usuarios ‘sin nombre’ que la visitaban diariamente expresar sus argumentadas opiniones, públicamente y sin mediaciones, durante los dos últimos años10. La inteligente utilización de las posibilidades del anonimato ha permitido, pese a las polémicas suscitadas11, explorar ámbitos de colaboración desconocidos entre quienes poseen la información privilegiada y el deseo de hacerla pública (pero no pueden identificarse por el riesgo de perder su empleo), y quienes poseen la inteligencia para interpretarla adecuadamente, sin ostentar un nombre público que les abra las puertas hacia la visibilidad mediática. El continuo trasvase de información en ambas direcciones ha provocado un permanente feed back
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que se ha traducido en un aumento exponencial de la calidad de la información, fenómeno que ha permitido vislumbrar el enorme potencial oculto de lo que algunos denominan, provocadoramente, “intelectualidad de masas”12. El particular hechizo de este proyecto proviene de la excepcional recepción que obtuvo por parte de un fermento social extremadamente necesitado de este tipo de herramientas y al que le ha importado siempre un bledo su posible carácter artístico. Sus más de 750.000 visitas, durante los dos últimos años, han generado verdadero ‘arte público’ sin proponérselo y, al tiempo, han colaborado activamente para desenmascarar los entramados ocultos tras las políticas culturales de la Comunidad Valenciana. Utilizando esta herramienta se organizó la resistencia ciudadana contra el cierre del Centro del Carmen del IVAM, contra el II Encuentro Mundial de las Artes y contra la II Bienal de Valencia. Desde allí se han denunciado continuamente tanto las carencias de la educación pública como la incoherencia de una política cultural volcada en la creación de infraestructuras sin contenido, facilitando líneas de investigación que posteriormente han sido desarrolladas por los media tradicionales. De las sinergias suscitadas en el foro surgió el colectivo crítico ex Amics de l’IVAM que ha conseguido reunir a todo un calidoscopio de posturas divergentes frente al fenómeno artístico, el cual ha sabido converger unitariamente, en momentos puntuales, para dar más fuerza a sus reivindicaciones13. Y de este embrión de voluntades nació la asociación Ciutadans per una Cultura Democrática i Participativa14, la cual, a su vez, se halla integrada en una plataforma de asociaciones cívicas y ciudadanas (1+1+1) desde la que se están explorando nuevas fórmulas de participación ciudadana en los asuntos públicos. Todo un rizoma de flexible tejido social que, con una organización mínima y al parecer soportable, está modificándose continuamente al ritmo de los acontecimientos y de los flujos del deseo colectivo. II La cruzada contra la (in)seguridad La trágica matanza del 11 de septiembre, transformada en el más impactante hito mediático de la historia por su capacidad de conmocionar simultáneamente y en tiempo real a la práctica totalidad del planeta, ha decantado la balanza imperial, al menos por el momento, hacia la vertiente más radicalmente reaccionaria del teorema conservador. Desde entonces, una épica de la seguridad se ha adueñado de los discursos que emanan desde el núcleo duro del imperio y, al abrigo de la guerra preventiva y permanente contra el terrorismo, el espionaje y la censura han dejado de practicarse en la semioscuridad para convertirse en
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‘populares’ medidas de higiene preventiva. Nuevas prohibiciones y restricciones de derechos adquiridos que se nos venden como imprescindibles, pero cuya utilidad real es más que cuestionable puesto que su principal virtud radica mucho más en la sensación de inseguridad y desprotección que generan que en su verdadera eficacia. Es con estas medidas que se está generando una paranoia represiva que convierte toda disidencia en peligroso antagonismo. Una deliberada tergiversación de los principios del diálogo social mediante la cual muchos de los instrumentos que antes habían servido para proteger las libertades civiles se están tornando, ahora, en peligrosas armas al servicio de quienes ejercen el dominio político. Y está sucediendo así, no sólo con los fetiches de última generación como Internet, cuyo mistificado potencial democratizador del conocimiento está siendo reconvertido apresuradamente en eficaz herramienta de espionaje (la vieja red Echelon y el nuevo programa Carnivore)15 y de control (la controvertida ley LSSICE)16, sino también con otros estamentos clásicos como las bibliotecas públicas norteamericanas, hasta ayer ejemplares focos de la libre difusión de la cultura, cuyos responsables han sido obligados hoy, mediante la nueva ley antiterrorista USA Patriot Act, a reconvertirse en espías sin sueldo que deben informar inmediatamente a las autoridades sobre quiénes están leyendo lo que se considera material potencialmente peligroso –y también sobre qué es lo que leen los individuos a priori considerados sospechosos–. La locura represiva ha llegado hasta tal punto que, ahora mismo, los bibliotecarios norteamericanos17 pueden llegar a ser procesados tan sólo por contactar con un abogado para informarse del verdadero alcance de sus obligaciones profesionales. Algo similar ha ocurrido con el derecho a la libre información, el cual, al ser sometido a la autocensura previa con ocasión de la guerra de Irak, se ha transformado en un parodia de la comunicación periodística cuyo climax cabría situar en la reciente prohibición del presidente Bush de que se fotografíen los ataúdes en que retornan las víctimas norteamericanas de la ocupación. Sangrienta tragicomedia interpretada magistralmente no sólo por la prensa de su país sino también por la práctica totalidad de las televisiones de nuestro entorno18. Un bochornoso esperpento que, pese a no convencer totalmente a casi nadie, sí que ha conseguido, sin embargo, una verdadera manipulación de la percepción global de la realidad colectiva a juzgar por los últimos resultados electorales. El retorno de la Inquisición Tanto la propaganda como la censura son actividades que se vienen practicando desde muy antiguo. Sin embargo, la libertad de expresión es una conquista
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reciente, paralela a las revoluciones burguesas, que sólo empieza a generalizarse, en los países ‘democráticos’, tras la II Guerra Mundial. Al parecer, esta expansión fue impulsada por la coalición aliada como antídoto preventivo ante la peligrosa eficacia que había demostrado la combinación de represión y propaganda desarrollada por el ministro Goebbels en la Alemania nazi –la famosa “Exposición de Arte Degenerado” fue una arriesgada apuesta suya que cumplió todas las expectativas y abrió el paso a la posterior manipulación política del arte antagonista–. En muy poco tiempo, la cada vez más creciente libertad de creación se convirtió, sobre todo a través del Congreso para la Libertad Cultural de Berlín –patrocinado ocultamente por la CIA19–, en la bandera del llamado ‘mundo libre’ y en el símbolo de la fe democrática que debía marcar la diferencia con las ‘dictaduras’ durante todo el desarrollo de la guerra fría. Una diferencia que fue más simbólica que real puesto que, como correctivo paralelo a esta expansión de las libertades, apareció también la “caza de brujas” del Comité de Actividades Antiamericanas cuyo legado más destacable consistió en la profunda interiorización de la autocensura en este país. De cualquier forma, la función de las artes ha sido siempre doble: por una parte, han servido para enaltecer la grandeza de quienes (las) mandan; por la otra, han actuado como catalizador de los sueños individuales y colectivos para quienes las disfrutan –o quienes las sufren–. Al margen de estas funciones específicas, lo más destacable de ellas no es su supuesta trascendencia, algo en lo que hoy ya nadie cree sinceramente, sino el hecho de que albergan la potencial capacidad de abrir grietas y fisuras en los campos estancos de lo que en cada momento resulta pensable. Por ellas han brotado, históricamente, fragmentos de conocimiento inaccesibles por otros medios –a pesar de su tradicional utilización para el sometimiento– y de ahí proviene que su especial necesidad de libertad sea un asunto de verdadero interés general. Si, como afirma Ramonet20, la postmoderna censura del siglo XXI habría de estar basada más en la saturación informativa que en la supresión de la información21 –aunque sólo fuera por una mera cuestión de racionalización de los recursos–, el retorno al silenciamiento forzoso de la disidencia es un anacronismo que recuerda los métodos descritos en el Manual del Inquisidor (siglo XIII) donde se advertía a los timoratos: “Cualquier pueblo, cualquier nación que permita en su seno el brote de la herejía, la cultive y no la extirpe a tiempo, se pervierte, se aboca a la subversión y hasta puede desaparecer”22. Víctimas de la actualización de estos rancios principios, las Dixie Chicks, un popular trío femenino de country norteamericano que se atrevió a criticar públicamente la ocupación de Irak, han visto como su música pasaba, en unos
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días, del nº 1 en las listas de éxitos a desaparecer de las emisoras de radio, al tiempo que sus ranchos eran saqueados y se las amenazaba de muerte: “Se ha demostrado que fue una maniobra de la derecha republicana. El partido está muy bien organizado. Llamaron por teléfono y enviaron correos electrónicos a las emisoras pidiendo que no pincharan nuestras canciones (...) Locutores honestos empezaron a investigar la procedencia de la decena de miles de llamadas y correos. Descubrieron que la mayoría de las protestas partieron de la sede central del Partido Republicano”23. En el ámbito estatal, la situación no es muy diferente pues, tras un corto paréntesis de europeizada normalidad, en los últimos meses se están acumulando los casos de abuso de poder por parte de instituciones culturales. En agosto del año pasado, en plena crisis hispano-marroquí por el dominio de la Isla Perejil, la dirección de la Obra Social Cajastur decidía anular la muestra Fez, ciudad interior de Toni Serra en el Palacio de Revillagigedo de Gijón. Durante el último festival de cine de San Sebastián, la Ministra de Cultura desataba una furiosa campaña de descalificaciones contra la película de Julio Médem, “La pelota vasca” que cabe calificar, sin exageraciones, de ‘contrarreformista’. Rozando ya el esperpento puritano, la asociación integrista e-cristians ha utilizado el envío masivo de e-mails para presionar a los responsables del Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) y conseguir que se cambiara el título de una muestra del artista Jaume Alcalde titulada Mecagum Déu. Vídeos familiars sobre el nacionalisme. Pero la gota que colma el vaso de esta regresión (al menos por el momento) es la impune desconexión del servidor del Museo de la Universidad de Alicante (MUA) de la web e-valencia.org, una decisión, inducida por ocultas presiones de altas instancias de la administración valenciana, que supera el ámbito estricto de la censura: por tratarse e-valencia de un proyecto de art in progress, su interrupción equivale a la deliberada destrucción de una obra de arte. III Un rayo de luz entre brumas y tinieblas Como afirma la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña (AAVC), en estos momentos: “Hay un evidente retroceso en el respeto a las libertades de expresión y creación en el estado español”24. Un fenómeno del que lo más preocupante no es el hecho en sí de la censura concreta25 (aunque mención aparte merezca el rol de cazador de brujas ejercido por Cosme de Barañano, el actual director del IVAM), sino las previsibles autocensuras futuras que este oscuro ambiente represivo puede llegar a inducir. Y, sobre todo, la desazón que provoca saber
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que instituciones con autonomía de gestión como la Universidad de Alicante se están plegando con tanta facilidad a estas deleznables maniobras. No son buenos tiempos, ya lo dije al principio, pero los trovadores saben que tras la noche oscura siempre retorna el alba. La parte positiva de todas estas maniobras represivas podría extraerse de la clarificación que se obtiene cuando la presión de los hechos obliga a la gente de la cultura a posicionarse públicamente; más aún si intentamos aprender un poco de la historia reciente: “Los intelectuales, como colectivo, no estuvieron a favor de la caza de brujas, pero tampoco estuvieron manifiestamente en contra, limitándose a asumir una dorada marginalidad frente al conflicto. Era suficiente: también para décadas, la cultura americana sería globalmente dócil”26. En este sentido, la recogida de firmas contra un flagrante abuso de poder como es el cierre injustificado de e-valencia.org ha resultado de lo más reveladora. Y no sólo por los comentarios que acompañaban a las adhesiones, algunos de ellos bien sabrosos, sino también por los estrafalarios argumentos esgrimidos para no hacerlo por quienes perteneciendo al nuevo monacato cultural alardean de su talante liberal y de su compromiso antagonista o con la libertad. Sin dogmatismos ni estridencias, este texto está dedicado a todos ellos.

1 HARDT, M. y NEGRI, A.: Imperio. Piados. Barcelona 2002. 2 Y los consumidores, desde el nacimiento del “consumo productivo”, somos la mercancía principal con la que, en estos momentos, se está especulando. 3 ECO, U., COLOMBO, F., ALBERONI, F. y SACCO, G.: La nueva edad media. Alianza Editorial. Madrid 1990. En esta publicación se abordan otros aspectos relacionados con el tema que aquí nos resulta imposible tratar adecuadamente. 4 ECHEVERRÍA, J.: Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno. Destino. Barcelona 1999. 5 Cabe anotar como hecho diferencial el enorme poder en nuestro Estado de los Señores del ladrillo, con capacidad para sabotear unas elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid y colocar como presidenta a la candidata del partido que vela por sus intereses. 6 RODRÍGUEZ CASANUEVA, F.: “Jugar a que todos ganen”, El País, 23-10-2003, p. 69. 7 HOUTART, F.: “Sociedad Civil y espacios públicos”, en FORO SOCIAL MUNDIAL (MONEREO, M. y RIERA, M., ed.), Porto Alegre, Otro mundo es posible. El Viejo Topo. Barcelona 2001. 8 Tómese lo de la firma al pie de la letra puesto que toda la compañía se concentra en ella. Surgida a raíz del título de una exposición de Daniel García Andújar, desde entonces le ha servido de pantalla para promover diversas iniciativas, más o menos subversivas, desde el respetable respaldo que le otorga la pertenencia simulada a esa nueva ‘caballería’ del dinero que son las multinacionales. 9 Galería Visor, Valencia 2001. 10 Su gran aceptación por parte de la ciudadanía dio lugar al nacimiento de diferentes variantes locales del mismo principio básico como e-barcelona, e-arco o e-toulouse.

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11 Entrevista a Daniel G. Andujar. “El proyecto versa sobre los límites de las libertades y de cómo puede afectar a nuestra sociedad el uso de nuevas tecnologías, cómo puede nuestra sociedad autorregularse formalmente en un contexto tan específico como el creado para e-valencia”. http://somiatruites.blogalia.com/historias/12561 12 VIRNO, P.: Virtuosismo y Revolución. Traficantes de sueños. Madrid 2003. 13 Cuya eficacia política cabe valorar en función de las histéricas reacciones que ha suscitado: desde el departamento pedagógico del IVAM se ha editado recientemente un cómic en el que el malvado Doctor Hipnos, un “antiguo amigo del IVAM ofendido”, intenta hipnotizar al público del Museo para vengar su falta de reconocimiento. Finalmente, es derrotado por el personal de dirección a golpes de escultura ¡de Julio González! Una increíble estrategia de manipulación infantil que, sin embargo, recuerda la vinculación ideológica del cine Disney con la “caza de brujas” del senador McCarthy. 14 En ella se integran ciudadanos y profesionales de muy diversos campos de la cultura que fueron los organizadores de las jornadas “Realitats de la Ciutat” coincidiendo con la celebración de la II Bienal de Valencia. 15 GARCÍA ANDÚJAR, D.: “Libertad versus seguridad” en FONTCUBERTA, J.: Securitas. Gustavo Gili. Barcelona 2001. “Echelon es un sistema de espionaje diseñado para operar sobre objetivos civiles que actúa interceptando de forma indiscriminada y aleatoriamente enormes cantidades de comunicaciones y seleccionando posteriormente lo que es de valor mediante el uso de ayudas de inteligencia artificial”. Carnivore, “Se trata de un sistema informático diseñado para permitir que el FBI, en colaboración con un proveedor de Internet, haga valer una orden judicial que exija la recolección de cierta información en relación al correo electrónico u otro tipo de comunicación electrónica de un usuario específico que es objeto de investigación”. 16 Ley española que regula las comunicaciones en Internet y cuya confusa redacción permite que sea la Administración, y no los Jueces, quienes impongan restricciones a la libre difusión de contenidos por Internet, además de establecer la posibilidad de que los webmasters sean considerados responsables por los hiperenlaces de sus páginas. Su última modificación ha consistido en... ¡legalizar el spam! Otra victoria de los Señores del aire sobre los intereses más elementales del resto de la comunidad. 17 A pesar de ello, han sido estos mismos profesionales quienes, con sus presiones, han conseguido levantar la censura que durante un año mantuvo en la imprenta el último libro de Michael Moore, Estúpidos hombres blancos (Ediciones B. Barcelona 2003), en el que se relatan las maniobras y conspiraciones que permitieron al presidente Bush hacerse con el poder imperial. 18 Mención especial merece el seguimiento de esta guerra realizado por la cadena Tele 5 en el ámbito de nuestro Estado, atrevimiento que le costó la vida al operador de cámara José Couso en un oscuro incidente que nuestro incompetente gobierno ha sido incapaz de aclarar. 19 STONOR SAUNDERS, F.: La CIA y la Guerra fría cultural. Debate. Madrid 2001. 20 RAMONET, I.: La tiranía de la comunicación. Debate. Madrid 1998. 21 Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que la censura clásica haya desaparecido totalmente en algún momento, sino más bien que mayoritariamente ha ido adoptado otras formas más sibilinas y acordes con la situación. Al respecto, el proyecto The File Room, iniciado por Muntadas, recoge información actualizada de la mayor parte de los casos que se siguen produciendo en http://www.thefileroom.org. 22 EIMERIC N. y PEÑA F.: El manual de los inquisidores. Muchnik. Barcelona 1983, citado por ALCARAZ RAMOS, M.: Op. cit. p. 37. 23 GÓMEZ L.: “El ‘country’ combativo” en El País [Semanal], 26-10-2003, p. 25. 24 http://www.e-barcelona.org/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=2226. 25 Cuando estas líneas vean la luz, probablemente la página e-valencia.org ya vuelva a estar activa, desde el forzado exilio, y esperamos que no demasiado maltrecha por las mutilaciones de la inactividad. 26 ALCARAZ RAMOS, M.: Op. cit. p. 228-229.

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Crítica de la simulación de las libertades Álvaro dels Ángeles

La cita que antecede a los Comentarios sobre la Sociedad del Espectáculo, de Guy Debord, bien podría tomarse como una de las claves en la estrategia de la resistencia, fuera ésta del tipo que fuere y se activara frente al sistema político que aconteciera en un momento histórico preciso. Extraída de El arte de la guerra, de Sun Tse, el pequeño párrafo comienza: “Por muy críticas que sean la situación y las circunstancias en que os encontréis, no desesperéis.”, y concluye “cuando se está sin ningún recurso, hay que contar con todos los recursos; cuando se ha sido sorprendido, hay que sorprender al enemigo”1. Con frecuencia aparece escrito o se anuncia que “el arte de la guerra es el arte de la vida” y, en efecto, el libro del general chino Sun Tse, si bien adoctrina sobre las formas en que debe plantearse un ataque, preparar una retaguardia, cómo analizar los puntos débiles propios y ajenos antes de enfrentarse al enemigo o estudiar las características del terreno adonde tendrá lugar la batalla, entre otros muchos datos expuestos como consejos, conforma asimismo una gran metáfora que puede ser entendida como una manera inteligente de sobrevivir a (o afrontar) determinadas circunstancias de la vida, sean éstas personales, profesionales, políticas o ideológicas. Por descontado, esta cita (y por extensión el texto completo, que llegó a Europa durante la Revolución Francesa) es fácilmente analizable desde una perspectiva muy concreta precisamente porque en este caso anticipa o introduce otra obra (la de Debord) que basa su filosofía en analizar concienzudamente al contrincante para jugarle con sus mismas armas o, al menos, para tratar de desarmarle con sus propios argumentos. El contrincante de Debord y del situacionismo en pleno fue precisamente el uso espectacular de la cultura, su manipulación e instrumentalización política por parte de los encargados de gestionarla, producirla o difundirla, siendo su cometido principal la denuncia sin paliativos, abiertamente crítica, siempre respaldada por la solidez de un discurso rico en matices y pormenorizadamente elaborado. Este posicionamiento, ya convertido en un clásico de la crítica razonada, teniendo como tiene plena vigencia se ha quedado reducido, sin embargo, a frugal aperitivo de unos manjares que, hoy por hoy, nos han llevado a una salvaje bulimia de lo espectacular. Puesto que la concepción de lo espectacular no ha dejado de agravarse dentro de las políticas culturales desenvueltas o surgidas desde entonces, los textos

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situacionistas (si bien con las limitaciones temporales lógicas) adquieren un poder casi profético. ¿Quedan todavía planteamientos teóricos o acciones prácticas que se antojen posibles, que se vean capaces, de intentar si no detener al menos sí alertar sobre determinadas conductas políticas y culturalmente absolutistas? ¿Es posible separar o tratar de independizar a la cultura de las decisiones políticas arbitrarias que la emplean y desemplean sin previo aviso? Ante la primera pregunta caben muchas respuestas, tantas como acciones que puedan realizarse; pequeños gestos que, incluso desde su precariedad, consigan plantear dudas al respecto de lo general monopolizado. En cuanto a la segunda, cada vez parece que existen más recursos técnicos para desarrollar espacios (físicos o virtuales) dedicados a la cultura o comprometidos con ella de manera independiente, pero también cada vez más parecen reducidos a un mayor ostracismo y a una repercusión cada vez más minoritaria, cuando no “obligados” a desaparecer. Sun Tse nos aconsejaba hacer frente al contrincante habiéndolo estudiado previamente con detenimiento, entender su modus operandi, analizar sus puntos débiles y aquellos por donde no flaquea, vigilar sus acciones y no dejarse embaucar por las luces de neón de su propaganda, la cual actuaría como una versión corregida y aumentada de un comportamiento ancestral de provocación y enfrentamiento. Y, en cierto modo, para poder mantener esta actitud vigilante, inquisitiva, es necesario actuar en determinados momentos exactamente igual que el o los contrincantes, como una figura que se reflejara, a la inversa, en un espejo imaginario. Análisis aparte merecería la opción, con las dudas y contradicciones derivadas de su desarrollo, de plantear la confrontación desde dentro, aduciendo una posible independencia de planteamientos en el propio intestino de la industria cultural; casos de estudio muy vigentes no nos faltarían. Así pues, ante la limitación de los movimientos cabe el accionismo más activo; frente a la velocidad supersónica de los aparatos de propaganda del poder que anulan lo anterior inmediatamente después de haber presentado lo nuevo (como una versión sin fin del “presente perpetuo”), se trataría de imponer un ritmo tranquilo y sosegado del que se sabe también perseguidor y no sólo perseguido, vigilante además de vigilado; ante la desfachatez de lo público de crear discursos poli-bifurcados, la sobriedad de investigar en una misma dirección, sin rodeos y sin concesiones, en línea recta; contra la cara feliz de los protagonistas de los anuncios de la mentira, la recepción a cara de perro del que advierte que nada es lo que parece, ni debe admitir que lo que se muestra como real pueda llegar, siquiera, a parecerlo.
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Estas actitudes directas son abiertamente criticadas por gran parte de la sociedad, además de por aquellos que enarbolan el espíritu reaccionario de sus políticas, evidentemente. La opinión externa generalizada ante estas actuaciones es que el talante empleado no “anima” a los demás a sumarse a ellas, enconadas dicen en una falta total de sentido del humor o, para decirlo de otro modo, sin asideros frívolos de los que agarrarse; lo que en definitiva viene a decir que cabría emplear las mismas armas esteticistas y amables, embaucadoras, de la propaganda con el fin de conseguir más adeptos. Y en ello se está; aunque discutir sobre la homologación o no de diferentes sentidos de humor y posicionarse sobre si una actuación es o no divertida, siempre dependerá de dónde y cómo queden reflejados los involucrados. De hecho, las mismas críticas que alertan sobre la sobriedad y el aburrimiento, incluso el enfado injustificado, en la forma de plantear ciertas demandas o arrojar ciertas críticas, no dudan en tachar de frívolos los pequeños actos o acciones que se realizan a modo de válvula de escape, las cuales no impiden que se siga manteniendo la coherencia en el discurso. Así pues, ¿qué ocurre cuando se ha descartado la amabilidad y la simpatía, incluso el respeto, en el discurso desarrollado por el poder, para acabar siendo sido sustituidas éstas por la imposición y la negación constante ante cualquier intento de acercamiento entre posiciones enfrentadas? ¿Cabe aún el empleo de métodos amables para hacer frente a los otros, que son lanzados y, así pues, impuestos, como verdades supremas y afirmaciones indesviables? Habitamos hoy en día entre los escombros de una sociedad espectacular donde no tiene cabida la discrepancia; donde el debate se permite dentro de unas reglas tan limitadas y claramente favorables para el poder que resultan, de entrada, inadmisibles; por esta razón, todavía resulta más inaudito el empeño obsesivo, la psicosis, con que los mandamases persiguen cualquier sonido átono que despunte entre sus filarmónicos trabajos institucionalizados, generalmente mal resueltos o mal enfocados y fácilmente intercambiables por otros igualmente mediocres. Sólo cabe reseñar (muy brevemente, pues el texto de Domingo Mestre que aparece en esta misma publicación lo analiza en profundidad) el caso del proyecto artístico de Daniel G. Andujar e-valencia.org, hospedado en el servidor del Museo de la Universidad de Alicante-MUA y por el cual este organismo universitario recibió presiones de altas instancias culturales de la Comunitat Valenciana hasta el punto de consumar su cierre, para cerciorarnos sobre cómo el poder ataca las críticas y rehúsa el debate. Y no sólo el poder político sino también sus técnicos culturales que, escudándose en su papel de expertos, rechazan igualmente

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las críticas o el debate con las mismas argucias absolutistas, considerando la discrepancia de los discrepantes como simples cantinelas pasadas de rosca o producto de escarceos competitivos en el ámbito de lo profesional o incluso en lo personal. e-valencia.org era un oasis que ha sido necesario desecar y los métodos utilizados (presionando unos; admitiendo las presiones y claudicando otros) parecen indicar algo mucho más grave de lo que creíamos que podía seguir ocurriendo en la actualidad, unas actitudes que sin duda han resurgido de sus cenizas más oscuras y apolilladas. I. Lo que parece que es En cualquier juego de magia coexisten una parte de verdad y otra de ilusión. Una espada atraviesa la caja, pero ¿qué es verdad, la caja ya agujereada y la espada que se ablanda o se pliega sobre sí misma para no herir, o el hecho de que todo parezca real y creamos que atraviesan el cuerpo del encajonado yacente?; la acompañante queda suspendida en el aire ocultando con su vestido algo más que su cuerpo, el artilugio que la mantiene en esa posición ingrávida; la carta en la cual centramos nuestra mirada siempre aparece al lado contrario de donde debería estar o esperábamos que estuviera, o mejor, el mago nos hace mirar al otro lado, desvía nuestra mirada y nuestra atención mientras opera el truco. Vemos lo que ciertamente nos inducen a ver sus manos expertas, ágiles, más rápidas que nuestra capacidad de asimilación del truco en sí mismo. Queremos encontrar ese pequeño detalle que haga decantar nuestra conciencia pragmática del lado de la experiencia conocida, aunque perviven las ganas de querer creer que la imposibilidad puede, esta vez sí, convertirse en posible, superar su aporía. La publicidad y la propaganda actúan de manera muy similar. Nos muestran una imagen perfectamente realizada, pues evocar es lo esencial de su función, pero sin mostrarlo esencialmente. Dan y esconden a partes iguales, como un truco de magia perfectamente ejecutado. Se muestra lo que se desea llegar a ser, no en realidad lo que se es, y los diferentes niveles de esta representación son los que finalmente decantan la balanza hacia la emisión de unos juicios u otros, atendiendo éstos a la fidelidad del mensaje, a la posibilidad de cumplir lo anunciado, a la utilización precisa de la mentira o a la manipulación directa, contando de entrada con unas premisas difícilmente comprobables. Walter Benjamin llegaba a la conclusión, en el Epílogo de La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936), de que “el fascismo tiende, en consecuencia, a una estetización de la vida política” y concluía su obra con un

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preciso análisis de su tiempo: “La humanidad, que fue en otros tiempos en Homero objeto de contemplación para los dioses olímpicos, lo es ahora para sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite experimentar su propia aniquilación como un goce estético de primera magnitud. Esa es la clase de estetización de la política practicada por el fascismo. La respuesta del comunismo es la politización del arte”2. Sería un poco más sencillo llamar a las cosas por su nombre, si todavía éstos respondieran a sus definiciones. Pero ni ya el fascismo aparece con su cara y sus modales de antaño, ni el comunismo ahora ya puede siquiera intentar recuperar lo que perdió por méritos propios. Si lo “espectacular concentrado” en relación con lo “espectacular difuso” dio lugar a lo “espectacular integrado” (Debord) -por más que se vislumbren de nuevo tendencias de lo concentrado en el actual magma difuso e integrado, especialmente desde los sucesos del 11S- la maquinaria del poder resulta tan inabarcable e indescifrables algunas de sus contraseñas que sólo se puede perecer tras el enfrentamiento. Perecer, o pretender ser como él, a modo de alianza en la enemistad. Pues si es el poder el que ha acercado posiciones hacia la estética, no para dignificar a ésta sino para utilizarla en su beneficio publicitario, lo estético sólo puede defender su mermado terreno intentando apropiarse de parte del que no es suyo, sino perteneciente a la política. Atacar por otro frente toda vez que admite la irrecuperabilidad de parte de lo perdido. El arte político (y/o su vertiente social), así pues, lejos de ser una mera etiqueta que suele escandalizar a propios y extraños y que hace salir corriendo, despavoridos, a los mismísimos artistas, debería entenderse como el único modo en que éste pudiera presentarse, adquirir un pleno sentido. Del modo en que no todo el arte debe ser arte político, sino que aquello que no sea político no puede ser arte. Por político, por supuesto, cabría entender no necesariamente la adscripción a una tendencia política concreta, sino el planteamiento sincero y comprometido con lo que se produce, sobre cómo se difunde y con el nudo argumental con el que se pretendan aportar datos, renovar teorías o descalificar, sin más, a la propia Historia. Individual Citizen Republic Project: El Sistema, el proyecto de Daniel G. Andújar realizado para la Sala ZERO1 del Museu Comarcal de la Garrotxa, puede ser interpretado desde varias perspectivas. En primer lugar, actúa como un microcosmos del funcionamiento de los organismos del poder, o de algunos de ellos, donde la primera parte coincidiría con el aparato utilizado para su propaganda, su cara exterior, lo visible. La segunda e intermedia correspondería al laboratorio de ideas, generador de estas mismas y espacio de planteamiento,

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acción y manipulación que repercute asimismo en la anterior, donde el negro de las paredes lo relaciona, simbólicamente, con lo oscuro y lo oculto o aquello que se mantiene en secreto pero que, en el fondo, es el espacio más participativo, lo cual genera una interesante paradoja. La tercera y última presenta el trabajo realizado, surgido de este espacio intermedio de acceso libre que capta a los usuarios, sólo que los que acaban formándose son los propios espectadores, el público, que tras su paso por los dos estadios primeros se encuentra dispuesto tal vez no para opinar sobre lo que ha visto (autorreflexión) en relación con los mecanismos del Sistema vigente en el exterior, pero sí para platicar, delante de una audiencia real o figurada, sobre los más variados temas: el espectador como experto como espectador. Otra interpretación es la que relaciona rápidamente dos mundos irreconciliables, puestos aquí abiertamente enfrentados: fuera-dentro, público-privado, blanconegro, verdad-mentira o real-figurado, tienda-trastienda o galería-almacén, aula-laboratorio… La intención es crear un conflicto entre los antagonismos, de modo que tomar partido por una fracción u otra implica involucrarse no sólo en sus particularidades sino también en lo que de común puedan tener, en sus fricciones necesarias o en algunos de sus márgenes difuminados. Otra interpretación viene dada (sin duda desde una clave mucho más subjetiva y personal) por las posibles semejanzas entre las tres partes diferenciadas del proyecto y los tres tipos de capitalismo que repasa Vicente Verdú en su práctico ensayo sociológico El estilo del mundo. Mientras el “capitalismo de producción se afianzó en los armazones y los pesados objetos negros”, lo que equivaldría al segundo espacio, con los objetos apoyando y sujetando el panel a modo de barricada, “el capitalismo de consumo escogió las superficies brillantes, el aluminio y el acero inoxidable, las pinturas metalizadas”, es decir, el empleo de la publicidad y el marketing para vender más, como en el primer espacio donde una valla publicitaria y el packaging ofertan un nuevo sistema operativo, un nuevo producto. “En nuestra época, finalmente, con el capitalismo de ficción, la visión alrededor se hace transparente en las carcasas de los ordenadores, en los edificios, en los relojes…3, o lo que es lo mismo, la virtualidad de las presentaciones editadas en Power Point o el producto informático o la empresa -que no existe físicamente- vienen a igualar, en la tercera parte, aquello que no se siente pero, incontestablemente, se ve, cuenta y finalmente existe, aunque su apariencia se trasluzca casi hasta la mimesis.

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II. Lo que todo indica que es Así pues, la primera parte de nuestro análisis se centraba en lo que parece que es, eslabón necesario e imprescindible para descifrar lo que en realidad es, o incluso un poco menos, aquello que todo indica que es, y que posiblemente nunca sepamos cómo será en realidad. Aunque la primera parte puede surgir al mismo tiempo que esta segunda, o incluso idearse anteriormente, es muy frecuente que se cree y se lance con posterioridad. La publicidad tanto sirve para anunciar algo que existe y necesita ser promocionado, como se emplea para inventar lo que no está siendo hecho, así como es tremendamente útil para exagerar lo que se hace (siempre en menor medida de lo que se promociona) o para desviar la atención sobre lo que en verdad se está haciendo. En cualquiera de sus vertientes, la propaganda es un arma cargada de pasado, reaccionario y oscuro pasado, en un presente al que sólo le interesa el futuro visto desde su lado tecnológico. Lo que se produce en este segundo espacio de libre acceso se realizará con el producto previamente publicitado (el sistema x-devian, The New TTTP System by knoppix) y actuará de nexo entre la publicidad de su estadio previo y el marketing del tercer y último eslabón. Mientras miramos hacia la superficie impecable del engranaje, otra maquinaria igualmente resolutiva realiza la verdadera labor. En esta vertiente netamente participativa dentro de “El Sistema” se tiene la posibilidad de trabajar para y por la contra-información, con free software específico y lejos de la hegemonía informática, lo que no evita que siga necesitando de la publicidad y su imagen para vender su virtualidad y accesibilidad. Al jugar con idénticas armas y emplear argucias similares, el engranaje del poder se siente no ya irrespetado (“Bite the hand that feeds you”) o vigilado (”Watch the Watcher”) sino ridiculizado en su reflejo banal, en la apropiación de sus mentiras, en la propaganda de sus intereses propios. Y puesto que carece de sentido del humor, no puede admitir la crítica; como tampoco puede enfrentarse directamente al debate, pues asumiría su falsedad. Adorno y Horkheimer aventuraban en su Dialéctica de la ilustración que “toda cultura de masas bajo el monopolio es idéntica, y su esqueleto –el armazón conceptual fabricado por aquél- comienza a dibujarse. Los dirigentes no están ya en absoluto interesados en esconder dicho armazón; su poder se refuerza cuanto más brutalmente se declara”4. Esta aseveración se ha cumplido hasta sus últimas consecuencias y, posiblemente ya, o en breve, haya arribado hasta el último confín del mundo. Pese a todo esto, sin embargo se sigue utilizando un segundo o tercer nivel de lectura para dirigir las miradas hacia donde no se

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pueda descubrir el truco y así, algunos expertos culturales y gurús mediáticos se dedican a lanzar bombas de humo sobre una audiencia cada vez más desconcertada, que ya no sabe si lo que lee y ve es una cosa o su contraria. En un artículo titulado “Por la inmensa minoría” publicado en EL PAÍS (11/10/2003), José Vidal-Beneyto hacía un repaso de la trayectoria de las políticas culturales desde los años 50 hasta la actualidad y de su capacidad o incapacidad para “democratizar la cultura”, sus aciertos y sus fracasos globales. De las tres columnas que conformaban el artículo de opinión, las dos primeras se dedicaban a esta función didáctica, bien detallada y explicada por quien, sin duda, ha formado parte de algunas grandes decisiones político-culturales y cuya opinión debiera ser tomada en consideración. La tercera columna, sin embargo, que pretendía apuntar una posible solución ante los males endémicos de nuestra cultura, a saber, donde la fractura entre “una mayoría cautiva del televisor, ciudadanamente anestesiada y culturalmente envilecida por su bazofia televisiva cotidiana cuyo destino parecía ser el consumo al dictado” y una minoría “cada día más amenazada pero también más convencida de que la cultura no se consume en masa, sino que se vive como una experiencia propia” se muestra insalvable, proponía y defendía la existencia del Consejo Mundial de las Artes, del cual es Presidente. Este organismo, formado por 44 expertos en seis disciplinas distintas (Artes Plásticas, Arquitectura y Diseño, Cine, Teatro, Danza y Música) plantea como solución ante este gran problema global la celebración del Encuentro Mundial de las Artes, el otorgamiento del Premio Mundial de las Artes y el apoyo a la Bienal de Valencia. Tres buques insignia de una política cultural basada justamente en los aspectos que él mismo critica en las dos primeras columnas5. El quid de la cuestión parece que está, así pues, en la utilización interesada de ciertos conceptos e ideologías que casan a la perfección con tendencias progresistas e incluso netamente de izquierdas y en su proclamación, para acabar consumando su contraria u otra que, desde luego, se despega excesiva y sospechosamente de su discurso original. Porque, si de verdad piensa el Sr. Vidal-Beneyto solventar el gran desafío de la democratización de la cultura con la celebración de tan inocuos certámenes, desproporcionados en todo excepto en debate, discusión y búsqueda real de soluciones concretas, es que ciertamente la crisis intelectual es un gran agujero negro que, involucrados como él, se afanan en agrandar. III. Lo que decimos y lo que nos dejan decir que somos Inmersos, así pues, dentro de un sistema que anuncia y vende lo que se propone, que evita más o menos solapadamente las críticas y el debate resultantes de su

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funcionamiento y que encumbra o desautoriza a unos u otros por el mero hecho de la casualidad interesada y del momento histórico concreto, resulta apropiado recordar qué somos y dónde estamos. O mejor, qué nos dejan decir que somos o qué podemos decir nosotros sobre dónde nos encontramos. El uso de Internet ha posibilitado reuniones, uniones, desarrollos conjuntos sin la necesidad de la presencia física en un tiempo y espacio coincidentes. Ha enarbolado luchas, recogidas de firmas, denuncias, debate y discusión manteniendo a cada cual en su espacio vital o profesional, sin el menor desvío en sus obligaciones diarias como peón perfectamente integrado en el sistema. Ha acercado posiciones, ha roto la distancia, ha hecho desaparecer determinadas jerarquías, ha convertido nuestra sociedad en una sprawl city de proporciones descabelladas que recuerda al perfecto mapa que evocaba Borges y citaba Baudrillard en Cultura y simulacro; el plano a escala 1:1, el simulacro ideal. Y, de nuevo, nada es lo que parece o no es, al menos, lo que nos dicen que es. Pues, mientras los partidos políticos y los Gobiernos anotan en sus programas electorales, como una línea más dentro de su hipotético cumplimiento global, la importancia de la tecnología en nuestra sociedad y nuestras vidas, surgen leyes que acotan la libertad de expresión y la confidencialidad, que rastrean entre nuestros archivos para, eufemismo donde los haya, asegurar nuestra seguridad. Todo en nombre de una paz mundial que sólo puede existir previo bombardeo, invasión territorial e íntima y abuso de poder. Vicenç Navarro, en su espléndido análisis Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país hace un repaso realmente acertado al respecto de las políticas dialécticas y las políticas prácticas, sobre lo que nos dicen y lo que nos ocultan, en relación a aspectos básicos en nuestra sociedad que afectan a la libertad, el bienestar y a nuestra capacidad de elección dentro de ella. Asimismo, resulta esclarecedor a propósito de la “repercusión” dada a determinados “temas constitucionales” que, sin embargo, no responden a los de mayor inquietud de la ciudadanía, que ven más importantes los más cercanos (empleo, vivienda, sanidad, seguridad, pensiones), “temas que no tienen la visibilidad que se merecen”6. Todo el texto es una plasmación argumentada de esta bifurcada costumbre del poder de exponer una idea para, o bien otorgarle a ésta una importancia sobredimensionada, o bien atraer la atención sobre aspectos de interés para el poder que oscurizan, por lo tanto, los que suelen importar a la opinión pública. Como indica Navarro, se impone “la necesidad de una radicalización democrática que permita que el ciudadano vea al Estado como su servidor y no viceversa”7.

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Esta actitud también se da plenamente en el ámbito de la cultura y se desarrolla dentro de sus políticas culturales. Las reuniones de expertos (sic) (Encuentro Mundial de las Artes y otros) suelen organizarse alrededor de temas de importancia teórica incuestionable que, curiosamente, siempre bordean conceptos relacionados con asuntos sensibles con lo social, como civismo, participación, ciudad y/o ciudadanía, democracia, transversalidad, interdisciplinaridad…, cuando en realidad la participación queda casi siempre reducida a la de aquellos pocos expertos que asisten. ¿Qué conclusiones se extraen y dónde o cómo se ponen en práctica? ¿Repercuten los grandes eventos culturales, de marcada impronta espectacular, en los ciudadanos que habitan las ciudades que los hospedan sólo por el mero hecho de celebrarse? ¿O es el tono que se emplee para llevarlos a la práctica lo que otorgará o no sentido a su celebración? Es difícil resistirse a no citar la función que, para Debord, cumplía el experto: “el experto que mejor sirve es, desde luego, el experto que miente”8. Desde esta perspectiva, la tercera parte de “El Sistema” nos anima a convertirnos en expertos de una información que desconocemos, en libres conferenciantes para opinar, con el micrófono de la sala abierto, sobre el tema o temas que deseemos, sepamos o no sobre él, queramos ser o no escuchados, deseemos o no ser seguidos en nuestro discurso o nuestro silencio. La fase final de este proyecto pone en solfa la función de las ruedas de prensa, de las presentaciones formales, de las conferencias destinadas a un público selecto. Se ofrece todo lo necesario para que cada uno sea quien decida qué hacer, qué contar, cómo hacerlo…, la libertad presentada como un catálogo sinfín de elecciones, de decisiones que es necesario tomar. Así pues, el recorrido que realizamos va de la expectación (publicidad de un producto, de una ideología o de un sistema) a la experimentación individual de sus propuestas y de aquí a la presentación pública de lo asimilado, su defensa y de nuevo su publicidad. Síntesis perfecta del aprendizaje, donde confluyen todos los aspectos sociopolíticos derivados del poder de la información, la desinformación, lo dado y lo obtenido como márgenes simétricos de un mismo documento oficial. Es entrelíneas donde habitan la sorpresa, los espacios de libertad, la ilusión de lo todavía posible. Como el conocimiento, como las ideas y su puesta en práctica, igual que la contrainformación, la crítica razonada o el control a los que nos controlan, como ciudadanos, finalmente, estamos en proceso continuo. Y no lamentamos las molestias ocasionadas.

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1 En DEBORD, G.: Comentarios sobre la sociedad del espectáculo. Anagrama, Col. Argumentos. Barcelona 1990-1999. El contenido de El arte de la guerra de SUN TSE varía dependiendo de la traducción. Una versión íntegra puede encontrarse en www.weblioteca.com.ar/oriental/artwar.htm. 2 BENJAMIN, W.: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. De esta versión, en Archivos de la Fotografía, Volumen III, número 2, Otoño-Invierno 1997. Editado por Photomuseum Argazki Euskal Museoa, Zarautz. 3 VERDÚ, V.: El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, cap. ”Transparencia y vigilancia”, pp. 159 y ss., Anagrama, Col. Argumentos. Barcelona 2003. 4 HORKHEIMER, M. y ADORNO, T. W.: Dialéctica de la ilustración. Fragmentos filosóficos 1944, 1947, 1969. Edición en castellano: Trota, Col. Estructuras y procesos, Serie Filosofía. Introducción y traducción de Juan José Sánchez. Madrid 2003. 5 Un análisis más pormenorizado de este texto puede encontrarse en el artículo “Discurso final. Sobre lo que se dice que se hace y sobre lo que de verdad se hace en las actuales políticas culturales”. Álvaro de los Ángeles. Revista Mono nº3, noviembre 2003, Valencia. 6 NAVARRO, V.: Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país, pp.78-79. Anagrama, Col. Argumentos. Barcelona 2002. 7 Ibidem. 8 DEBORD, G.: Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, p. 29. Anagrama, Col. Argumentos. Barcelona 1990-1999.

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