Rojo y Negro

Aporte / Barrial

ntroducción
Con ésta sección dedicada a las diversas y variadas opiniones respecto a propuestas, experiencias, referencias y concepciones de la militancia en los distintos frentes de lucha donde nuestro pueblo se encuentra organizándose y luchando por su emancipación, intentamos sistematizar y dar a conocer la reflexión y el análisis que desde diversos barrios, sindicatos, centros estudiantiles u otros movimientos sociales, tanto de Uruguay como así de otros países hermanos, se viene formando y así volcarlos como aportes para dinamizar el intercambio de opiniones en la importante tarea de generar herramientas para la formación. Creemos que es necesario pensar sin dejar de hacer y hacer sin dejar de pensar, como praxis donde la teoría se nutre y enriquece de la práctica y ésta cobra sentido cuando surge a partir de una problematización colectiva. No somos afectos a dogmas o a verdades absolutas, simplemente entendemos que la construcción del pensamiento y la acción por la transformación social debe ser una tarea necesariamente permanente y colectiva, que solo al ser contrastada ante la realidad misma se cotejará su acierto o error, y que solo a partir de la práctica éstas concepciones se pondrán a prueba para reafirmarlas, para enriquecerlas o para descartarlas.

nuestros barrios que atienden distintas problemáticas puntuales y específicas, pero los barrios carecen de organizaciones que realicen un trabajo integral y abarcativo de las diversas áreas de trabajo centradas en las problemáticas y necesidades sentidas de la comunidad. En éste sentido los Centros Sociales tienen la particularidad de integrar diversas áreas (como ser: comunicación comunitaria, educación popular, emprendimientos productivos, salud y alimentación, etc.) y actividades enmarcadas en ellas (por ejemplo: radios comunitarias, bibliotecas populares, comedores populares, proyectos educativos, y otras) articuladas en un proyecto más amplio que cada una de éstas en procura de buscar solucionar diversas problemáticas y necesidades que nuestra comunidad demanda. Partiendo desde las diversas problemáticas hacia las salidas colectivas el Centro Social encuentra sus raíces en los Centros de Estudios Sociales impulsados por los obreros en los orígenes de nuestro movimientos popular y sindical, y pueden cobrar otras distintas formas ya sea como Centro Cultural, Centro Barrial, etc. la creación de una matriz organizativa para organizar a nuestro barrio no es fácil de lograr, esta cuenta con antecedentes específicos históricos pero no pueden ser proyectados mecánicamente en una etapa totalmente diferente. Entonces, ésta matriz organizativa para nuestros barrios, se irá adecuando, resolviendo y desarrollando a partir de la experiencia misma, del ensayo-error, y -será posible conseguir una efectiva organización barrial que realmente construya poder popular- si apuntamos a una construcción de largo plazo.

Forjada a partir de la experiencia acumulada, de los errores y los aciertos, de las discrepancias y las coincidencias, de la discusión y la acción como aspectos combinables, es decir: de la práctica enriquecida por la reflexión permanente y colectiva, la militancia barrial es un gran desafío planteado tal cual un trabajo de hormiga, donde la lenta tarea y la acción coordinada es pilar de construcciones enormes. Toda tarea desarrollada en la continua búsqueda de mejores condiciones de vida es esencial y necesaria. Toda actividad y práctica social es en sí una fuerza latente. Fuerzas latentes que al coordinarse se potencian convirtiéndose en una fuerza real. La voluntad, la intención y el anhelo no es poca cosa pero no basta. No hay que echar la experiencia en saco roto, la práctica cotidiana nos enseñó que no muy lejos llegan los cortoplacismos o las tareas dispersas, las que realizadas quizás con las más buenas intenciones terminan desgastando importantes iniciativas o limitándolas a una práctica asistencialista y/o autocomplaciente que no aporta necesariamente a la transformación y al cambio social que se busca. Esto es importante tenerlo en cuenta a la hora tanto de hacer los balances como de planificar la actividad hacia delante, puesto que los estancamientos e incluso los retrocesos que se dan en el momento menos esperado pueden desmoralizar y quebrar al más dedicado compañero/a si se carece de una perspectiva colectiva y por sobre todo de una proyección de largo alcance. Las luchas barriales están inmersas en una situación coyuntural que se debe tomar en cuenta a la hora de analizar su avance o retroceso, pero también son reflejo de una característica histórica de nuestro movimiento obrero y popular. Así como éste ha sabido rearmarse a partir de la debilidad y/o el desmantelamiento de sus fuerzas sociales, ya sea producto de la represión, la persecución y la criminalización de las luchas como así producto de la cooptación de las mismas, los Centros Sociales y demás expresiones de organización barrial, deben lograr adaptarse a las circunstancias y, en tiempos de aplacamiento o desgano de la militancia popular, permanecer haciendo para buscar en instancias de discusión y reflexión colectiva, las formas de avanzar y rearticularse. Es en éste sentido que entendemos que las organizaciones barriales, así como todas las diversas expresiones y fuerzas sociales del movimiento popular, tanto los sindicatos, como los centros estudiantiles, tienen, en perspectiva, un enorme potencial para desarrollar en el proceso de construcción del poder popular como fuerza transformadora. Es ese potencial que debemos desentrañar y desarrollar para hacer posible y real el cambio social planteado.

La necesidad de la organización barrial y el rol de los Centros Sociales
A consecuencia de la situación por la que nuestros barrios han atravesado en las últimas décadas y como fiel reflejo de ella su tejido social ha sufrido un profundo deterioro y sus fuerzas latentes se encuentran atomizadas y atravesando una pronunciada fragmentación, desarrollándose las luchas, en términos generales, de forma parcializada. Con la prescindencia, en aumento, de la mano de obra del sistema de producción, se ha procesado paulatinamente la perdida y/o desarticulación de instancias aglutinadoras, en donde un sector muy significativo de trabajadores, desplazados hoy del sistema laboral formal, se encuentren, participen y se organicen. El problema, que se expresa en lo que conocemos como sector de trabajadores desocupados, se extiende hacia otros grupos; las amas de casa, los jóvenes, adolescentes y adultos, que no encuentran espacios donde sentirse parte de una alternativa concreta para luchar por mejores condiciones de vida. La poca participación de la gente, la indiferencia y la perdida de valores y cultura popular, es una de las mayores victorias de quienes han impuesto este modelo social, que arroja millones de seres humanos a la exclusión y la extrema pobreza, nos coloca como de gran necesidad crear herramientas que den respuestas a la falta de espacios de participación, socialización y resistencia. Y no menor es el importante papel a cumplir desde una práctica de educación popular y transformadora apuntando así a generar una conciencia y una subjetividad emancipatoria en nuestro pueblo. Por otro lado existen expresiones organizadas en

La lucha barrial, una lucha de largo plazo
Los objetivos que persiguen las organizaciones barriales no están a la vuelta de la esquina. La lucha social es, y así debe entenderse, lenta y parsimoniosa. El proyecto debe, necesariamente, enmarcarse en una perspectiva de largo alcance. Es importante entonces dotar a nuestros proyectos de una paciente planificación, sin apurar procesos que deben madurar a su tiempo y no esperar logros inmediatos, pero fundamentalmente, es importante caminar con una orientación común para que cada actividad no se pierda en si misma, para que se potencien los esfuerzos de cada uno en una acción conjunta. Nuestra militancia, nuestra participación y nuestros proyectos están inmersos en la realidad tal cual es y no como a nosotros nos gustaría que fuera, donde los niveles de participación, politización y compromiso son los que son y es desde ese piso que debemos partir, sin saltar por arriba de procesos que se deben transitar, puesto que si hay algo que caracteriza a la organización barrial es su marco organizativo amplio y abarcativo propio de una base social por demás heterogénea a la que se debe contemplar, nuclear y organizar. Debemos comprender que la militancia barrial (como en cualquier otro ámbito, pero más aún) es una sacrificada tarea donde los avances son paulatinos y en donde los logros se ven más bien a la distancia. La lucha barrial no es una tarea sencilla, y no escapa a esta dinámica. Va ligada a necesarios procesos de acumulación de experiencia, afianzamiento, desarrollo y consolidación política y organizativa.

El relacionamiento, la coordinación y la unidad con el campo popular
Son éstos, difíciles tiempos donde hay que afianzar lo que se está construyendo y no quedar aislados de las luchas y el movimiento popular en general. En éste sentido hay que buscar un mayor relacionamiento con las organizaciones sociales de la zona como a nivel interbarrial, popular y regional. Cobra sentido aquella consigna de ‘unir lo disperso’ para potenciar la organización y la lucha hacia una sociedad con

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