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EMEEQUIS | 19 de enero de 2015

JULIO SCHERER

JULIO
SCHERER

ESPIONAJE
UNA HISTORIA INTERVENIDA POR EL

El tiempo le llegó a Julio Scherer García, una
referencia indispensable en el periodismo y en
el México de los últimos 50 años.

Por JACINTO RODRÍGUEZ MUNGUÍA
@latiraniainvisible

EMEEQUIS | 19 de enero de 2015

Excepcional periodista con claroscuros, como
todo ser humano, el director fundador de Proceso
falleció el pasado 7 de enero. Su vida concluyó,
pero de él, un hombre íntegro, un profesional con
dudas, aciertos y fallas, se seguirá hablando.
Como lo hacen los documentos que reposan en el
Archivo general de la Nación y dan cuenta de que
durante décadas Julio Scherer García fue vigilado,
seguido, acechado.

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Recibió el “programa completo” de los aparatos de seguridad del Estado
mexicano: lo perseguían sin pausa y con todos los recursos humanos
y tecnológicos disponibles para verlo, escucharlo, atestiguar con quién
se reunía, dónde iba, qué auto usaba, qué decía, lo que conversaba
por teléfono y hasta de qué se reía.
Su vida, la de un periodista de enorme estatura, era una historia
intervenida por el espionaje. De eso quedaron las siguientes huellas.

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Julio Scherer García murió al filo de las 4:30 de la madrugada del 7 de enero.
Dos horas después, hacia las 06:30, un viejo se levantaba para cumplir con una de las rutinas que mantiene desde hace décadas: ver y leer las noticias, una
de las obsesiones que no ha podido dejar: informarse,
enterarse de mucho. Saber de todo.
Leer las noticias en papel es algo que no deja de hacer a sus casi 93 años. Y esa mañana del 7 de enero fue
uno de los primeros en saber que había muerto Julio
Scherer.
Y ya no fueron los aparatos de inteligencia los que
lo informaron. Nadie corrió a dejarle las tarjetas informativas, ni las fichas, ni recibió una llamada. Lo
supo por las noticias de la radio.
No dijo una palabra. No hizo un comentario.
Ese hombre se llama Luis Echeverría Álvarez. Y,
como dice su hijo Benito Echeverría, la muerte de Julio Scherer no lo inmutó. Ni una frase. Ha llegado a un
momento en que “dedica más tiempo a la reflexión que
a las palabras, es más lo que piensa que lo que dice”.
Es muy posible que sea así, que a estas alturas ya ni
siquiera pasen, como fantasmas por su memoria, las
historias de confrontación con Julio Scherer, una relación del choque de dos poderes: el de Echeverría, el de
la política, el del presidente de la República; el de Sche-

rer, el de la prensa, el del periodista más querido y
temido por los políticos, comenzando por los presidentes, el del periodista mexicano más importante en los
últimos 50 años.
Uno ha muerto, el periodista; el otro, el ex presidente, habrá cumplido ya 94 años cuando esto se haya
publicado.

L

***

a siguiente intervención telefónica ocurre en
noviembre de 1962.
Parecen tiempos felices para un Julio Scherer
que casi llegaba a sus 40 años de vida. Es la tarde del
28 de noviembre, días de otoño en que la noche llega
temprano. Son las 18:44. Una llamada entra a la redacción de Excélsior:
Mujer: A sus órdenes.
Dolores: Por favor, ¿la redacción de Excélsior?
Mujer: Momento.
Dolores: Y por favor con Julio Sherer… bueno… Julio?
Julio: Oiga como es usted paseadora… caray…oiga, la
estuve llamando ayer y la estuve llamando hoy.
Dolores: ja..ja..ja.
Julio: De que se ríe?
Dolores: Pues que andaba acompañando a unas gentes
(…) Los estuve llevando a algunas partes, ayer fuimos a
ver al gobernador de Jalisco con mi primo Pelón de la
Mora, y en principio aprobó el proyecto del mercado… así
es que se me ha ido en eso, pero yo anoche le hablé y usted
ya había salido… oiga, que dice de nuevo?
Julio: No, pues me fue demasiado bien, oiga… demasiado bien.
Dolores: Ay, qué bueno, no sabe lo feliz que soy.
Julio: Demasiado, demasiado, fue una entrevista de
cinco minutos, pero le dije rápidamente lo que quería y me
dijo… bueno, pero para eso tiene usted que ver al mero
mero.
Dolores: Y lo va a llevar con el mero mero.
Julio: Me dice… bueno, usted es mi cuate, la semana que
entra…
Dolores: Ay por Dios Julio, que ilusión.

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IMÁGENES
CLANDESTINAS
Los agentes de
la DFS se las
ingeniaban para
captar imágenes
sin que Julio
Scherer se diera
cuenta.

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Julio: Cómo la ve?
Dolores: No… bueno, estoy feliz, me hace muy feliz usted diciéndome eso.
Julio: Cómo la ve?
Dolores: Pues… eh?… Yo le dije que le tenía que ir bien.
Julio: Fíjese, yo le eché esta introducción, le dije: Mire
licenciado, “nadie tiene porque limitar su ambición,
mientras la ambición sea justa y razonable”.
Dolores: Ay, qué buena está esa cosa.
Julio: Eh?
Dolores: Esa cosas es preciosa.
Julio: Digo es obvio, verdad?
Dolores: Sí claro, pero es muy bello.
Julio: Y este… el echó diez parrafazos a todo dar, oye…
y me dijo: bueno, cuáles son sus cuitas? Pues mis cuitas son
estas….Me dijo, bueno pues eso lo podemos arreglar por
relaciones.
Dolores: Ay, Julio… que…
Julio: Yo creo que si… pero usted cómo la ve?... No, no,
me dijo: Usted tiene que ver al mero mero, entonces llamó
a González Álvarez y le dijo: “Pepe, acuérdame que a principios de semana Julio vea al… señor”.

D

***

esde sus años de reportero, Julio Scherer era espiado, como lo eran muchos de los periodistas y
la mayoría de los directivos de medios de comunicación. Tener bajo control a este grupo implicaba saber
de ellos: lo que pensaban, decían, sus gustos, filias, fobias, sueños… Todo.
Es difícil creer que en ese 1962 el poder supiera que
seis años después Scherer García sería el director de
Excélsior, el periódico con mayor influencia en los círculos de la política, el mundo académico y el intelectual.
Pero si esta conversación intervenida era parte de la
rutina de los aparatos del espionaje, una más de la pesca
diaria, cambiaría totalmente en 1968. La pesca de información de los sospechosos del sistema se volvió una
cacería.
En el libro La otra guerra secreta (Debate, 2007) escribíamos esto:
“Pero 1968 habrá de marcar para siempre el destino
de Excélsior y de un grupo de periodistas encabezados
por Julio Scherer García. Las grietas con el poder habrían

El 7 de junio de 1982, el Día de la Libertad de Prensa, José López
Portillo acuñó una de las frases más famosas de un presidente
sobre la incomodidad que le causaba la prensa.
En alusión al conflicto con Proceso, dejó en claro y para la historia
sus palabras: “No pago para que me peguen”.

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Dolores: Ay… que suave Julio.
Julio: Eso indica que ya está hecho, verdad?
Dolores: Ay, pues ya…
Julio: Usted cómo la ve?
Dolores: No, pues tendré que ponerme a asaltar caminos
para juntar para ir a África.

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Los agentes dejaron los datos precisos de la intervención:
Dolores Mora Cepeda con Julio Sherer
Conferencia Num. 08840.
Turno de las 17 a las 22.00 horas.
A las 18.44 horas.
Dolores Mora Cepeda. Río Atoyac #68-3. (14-63-91)
Este fragmento de la conversación interceptada es
uno de los muchos documentos que habitan en las más
de 3 mil cajas de la Galería 2 del Archivo General de
la Nación, documentos que no pasaron por los filtros
y el olfato de los analistas de la Dirección Federal de
Seguridad. Folios que no forman parte de su expediente público.

de profundizarse a partir de ese año. Cuenta Scherer en
Los presidentes: ‘Todo cambió a raíz de octubre de 1968.
El país se endurecía, también el diario’.
“Antes de ese año, los documentos de Gobernación
registraron las fisuras que llevaron a la separación definitiva de las partes; pero, vale decirlo también, quedaron otros momentos en que esa relación, al menos en
esos documentos, no existía tal distancia, no tan marcada. Por ejemplo, existe una carta de 1963, en la que,
al igual que el resto de los medios, Excélsior reportaba
a Gobernación (en ese momento el titular era Gustavo
Díaz Ordaz) la información que difundía en sus espacios
informativos.
“En este caso le informaban del contenido de la emisión del noticiero de Excélsior del 18 de agosto, que se
trasmitió por Telesistema Mexicano (ahora Televisa).
La información se refería a la represión contra un grupo
de izquierdistas, entre ellos Jorge Carreón, Angélica
Arenal de Siqueiros, Víctor Rico Galán, Manuel Marcué
Pardiñas y Manuel Terrazas, quienes protestaban por
las sentencias dictadas al dirigente ferrocarrilero Demetrio Vallejo”.

JULIO SCHERER

Muchas de estas conversaciones no pasaron por los
filtros de la DFS. No se encuentran en ninguno de los
expedientes de la DFS ni tampoco en versión pública
alguna.
En alguna de esas esporádicas y espontáneas conversaciones que llegaban a darse con Vicente Capello, el más
odiado que querido guardián de los expedientes de la
DFS (la Galería 1 del AGN), éste confesó a este reportero
su molestia porque en la Galería 2 había documentos que
nunca llegaron a la DFS. “Se los quedaban los funcionarios, eran como sus tesoros”.
Uno de esos “tesoros” es la siguiente conversación,
interceptada el 2 de septiembre de 1966, entre Julio
Scherer García y Francisco Galindo Ochoa, último vocero
de Díaz Ordaz, a propósito de la cobertura del segundo
informe presidencial.
Se grabó a las 10:51. En ella, Galindo Ochoa felicita
y agradece a Julio Scherer por la cobertura que había
hecho Excélsior sobre el informe de gobierno.
FGO –Salió extraordinario; lo dedican todo con inteligencia y cariño hacia el señor Presidente; lo han hecho como
nunca. Comprendo que no podían ignorar esto y que a güevo lo tenían que presentar, pero podían haberlo presentado
en una forma o en otra, y lo han presentado en una forma
extraordinariamente bien.
JS –Estoy muy contento de oír esto, pues creo que comparado con los otros periódicos, nos los comimos, pero ello se
debió a que nos envió el informe con oportunidad.
FGO –Lo hice contrariando normas, pero sabía lo que
hacía y con quién lo hacía. Entonces le recomiendo que, como
quedamos, le siga así unos días.
JS –De acuerdo.

El 7 de junio de 1982, el Día de la Libertad de Prensa,
José López Portillo acuñó una de las frases más famosas
de un presidente sobre la incomodidad que le causaba
la prensa. En alusión al conflicto con Proceso, dejó en
claro y para la historia sus palabras: “No pago para que
me peguen”.

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***

ocas veces los espías mexicanos acertaron tan
bien y en tan pocas palabras a la hora de definir
a sus espiados, como ocurrió el 9 de marzo de
1977 en el caso de Julio Scherer García: “Profesión,
periodista”.

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La historia individual de estos dos personajes los llevaría después por rutas totalmente opuestas. En 1982,
ahora como director de Comunicación Social del presidente José López Portillo, Galindo Ochoa se encargó de
organizar el complot publicitario contra la revista Proceso.
En Los presidentes, Scherer escribe de aquel momento:
–Cerrarán a güevo –comentaba Francisco Galindo
Ochoa–, a güevo. Guardián de honras ajenas sin prestigio
propio, sucesor de Luis Javier Solana como vocero del presidente de la República, puso fin a todo trato con Proceso.
Desde siempre mantuvo relaciones cenagosas con la prensa. Tesorero del PRI en 1960, un tiempo jefe de prensa de
Díaz Ordaz, por su cuenta correría que no se anunciara el
Estado en Proceso. Hasta las inserciones de la iniciativa
privada desaparecerían de las páginas de la revista. Poder
le sobraba. López
Portillo había delegado en él las facultades más amplias.

Una de las huellas más tangibles que quedaron en el
Archivo General de la Nación sobre los usos y las costumbres de la relación prensa y poder fueron las series
de transcripciones de llamadas intervenidas.
La obsesión del gobierno mexicano por saber y conocer cada uno de los movimientos y palabras de sus
adversarios, del signo que fuesen, era de tal magnitud
que los aparatos de espionaje terminaron espiándose
entre sí y no se respetó a ningún nivel de mando, fuese de la Presidencia de la República o de la Secretaría
de Gobernación.
El presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó a sus funcionarios de más confianza que vigilaran y registraran
la labor de Luis Echeverría y su gente en la Secretaría
de Gobernación, mientras el encargado de la política
interna mandaba hacer lo mismo con los funcionarios
del presidente de la República. Esta desatada lucha no
terminó en la década de 1960.
En ese momento no solamente Scherer era espiado.
Todos, casi todos, los amigos y los enemigos. Por ejemplo, está el caso de Jacobo Zabludowski, periodista amigo del sistema, uno de “los soldados del PRI”, como
alguna vez definió el mismo Azcárraga a Televisa y a sus
trabajadores.
En las redes de la pesca de llamadas quedaron conversaciones como éstas. Un fragmento, sólo como
ejemplo:

Viernes 2 de septiembre de 1966.
Jacobo felicita, y muy en serio, a Galindo Ochoa. Por su
parte, también muy en serio, agradece la colaboración de
todos y en particular la de Jacobo. Éste dice estar muy satisfecho de colaborar con Galindo. Éste lo agradece y comenta que todo salió muy bien.
Jacobo dice que fue estupendo y además lo mejor que
hemos hecho en nuestra vida, además eso de haber hecho
la cosa por escrito para todos los locutores ha sido la solución.
Galindo comenta que no obstante, Fournier dijo un montón de pendejadas.
Jacobo dice que entonces a éste hay que eliminarlo de
plano, y agrega que en cambio Ferriz y él estuvieron muy
bien en la Cámara, pues eliminaron todo lo superfluo y
fueron directamente a la pregunta. Galindo comenta que
eso ahorró tiempo…
Jacobo dice que el lic. Miguel Alemán Velasco y él saldrán
ahora a la calle para hacer una serie de entrevistas a personas desconocidas y a dos muy conocidas, Cantinflas y
Espinoza Iglesias.
Galindo de acuerdo y agradece nuevamente la colaboración de Jacobo.

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“De profesión periodista”. La primera frase completa
que se alcanza a leer luego de tres titubeantes surcos
negros que eliminan la información inicial elaborada
para consumo de las cabezas del servicio de inteligencia
del gobierno de Luis Echeverría.
La historia del periodista que los integrantes del aparato archivaron de Scherer García es como su vida misma: fragmentada y huidiza. Dispersa entre cajas y expedientes, entre mitos y versiones que no terminan de
juntarse.
Estos son los apuntes curriculares que la Dirección
Federal de Seguridad (DFS) fue acumulando durante
años de Julio Scherer. En el elaborado el 8 de diciembre
de 1975, se enlistan datos como éstos:
Que en mayo de 1959 era periodista del diario
Últimas Noticias de Excélsior.
Que en septiembre de 1965 era subdirector del periódico Excélsior, ubicándole dentro de la tendencia... 
(los censores de esta época consideraron que su inclinación política no debía ser pública y le deslizaron por encima el marcador negro, aunque, malos censores, folios
más adelante ubican a Scherer y al jesuita Enrique Maza
como de izquierda mesurada y manejada, lo que eso
haya significado para la DFS).
Sigue el curriculum elaborado por la DFS:
Que en enero de 1967 Scherer había sido invitado por
Adolfo Christlieb Ibarrola, dirigente panista, a un viaje
de descanso en la República de Guatemala, acompañados de sus respectivas... (los censores eliminaron la palabra “esposas”).
Que en febrero de 1968 fue acusado por un grupo de
reporteros del diario Excélsior Libre (sic), de ser uno de
los que estaban destruyendo el periódico Excélsior.
Que en junio de 1969 fue señalado como elemento
comunista por el movimiento Defensores de la Cooperativa Excélsior.
Que el 6 de enero de 1970 asistió al desayuno que
ofreció el presidente de México, licenciado Luis Echeverría, a los directivos de revistas, periódicos, radio y
televisión, en el restaurante El Lago Mayor, del nuevo
Bosque de Chapultepec.
Que el 24 de noviembre de 1971 dictó una conferencia intitulada “La Prensa en México” en la Facultad de
Ciencias de la UNAM.
Que en octubre de 1972 viajó en comisión periodística a la Feria de Ultrecht, visitando los países de Holanda, Francia, EU y Bélgica.
Que el 23 de enero de 1973 se había reunido con Víctor Manuel Villaseñor, director de los Ferrocarriles Nacionales de México, en el restaurante Normandie del DF,
para mostrarle un artículo del periódico Excélsior intitulado “Golpe a la industria empacadora. Se va el consorcio
Heinz y deja destruidos los campos que lo abastecían”.
Que el 2 de diciembre de 1975 salió a Washington,
DC, siendo el objeto principal de este viaje el entrevistarse con el doctor Orlando Letelier, ex secretario de la
Defensa de la República de Chile, quien le proporcionaría material no determinado para analizarlo y dictaminar
si era publicable o no.

Que el día 10 de diciembre hizo su arribo a esta capital habiéndose entrevistado con el Sr. Regino Diez, quien
le comentó haber tenido una grata experiencia con el sr.
Presidente de la República, ya que durante la entrega de
premios a periodistas, el 9 de este mes, fue el primero
en recibirlo.
Que Fausto Zapata Loredo, subsecretario de la Presidencia, le comentó el 12 de diciembre de 1975, desde
Nueva York, EU, que en la ONU “se pugnaba por reafirmar que la Carta de los Deberes y Derechos Económicos
de los Estados es uno de los fundamentos esenciales de
un nuevo orden económico”.
Apenas unos folios más adelante, con fecha del 17 de
febrero de 1976, se acepta con todas sus letras el espionaje sobre Scherer y cómo el seguimiento se vuelve más
puntual, casi por hora:
 
El investigado acostumbra salir de su domicilio entre las
7.30 y las 8.00 horas para dirigirse al Deportivo Chapultepec, ubicado en las calles de Mariano Escobedo de esta
ciudad, donde permanece hasta las 11.00a 11.30, para
trasladarse posteriormente a sus oficinas del Periódico Excélsior, saliendo de estas alrededor de las 15.00 hs. en donde en ocasiones acude a su domicilio y permanece entre las
17.30 y 18.00 para posteriormente atender sus reuniones
de trabajo y sociales, no teniendo una rutina fija.
A esas alturas la vida pública y muchos aspectos de la
vida privada de Julio Scherer ya eran parte de la rutina
de los espías y los reportes llegaban a los escritorios de
los directores de la DFS, ya fuera Luis de la Barreda o
Miguel Nazar Haro.
Nazar Haro, cabeza del grupo especial de la DFS, el
C-047, se encargaría en su momento de atender personalmente el caso Scherer.
Pero de lo que no llegó a este expediente, sabemos
también que había funcionarios que se encargaban de
“trabajar” la información de manera directa con los directivos de medios.
Cuando Luis Echeverría labraba su camino a la Presidencia, mandó a realizar una encuesta directa para saber
cuáles eran los directivos y medios que estaban en su
favor y cuáles apostaban por otro candidato.
De esa encuesta personalizada, se enteró que no era
el favorito de Julio Scherer. Que el director de Excélsior
se inclinaba por Emilio Martínez Manatou.
Dice el documento, que tiene la leyenda “Información Confidencial”:
Directores de periódicos (Conversaciones tenidas conmigo en privado)
Julio Scherer. Excélsior… EMM.
Familia Lanz Duret. Universal…AOM (Don Nazario
Ortiz Garza los está trabajando para LE)
Santaella. La Prensa…. LE.
Martín Luis Guzmán. Tiempo… LE.
José Pagés Llergo. Siempre… EMM. Tímidamente incluso creo juega varias cartas.

JULIO SCHERER

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ulio Scherer alimentó, con su silencio, las historias, falsas o reales, sobre su historia. Su negativa total a conceder entrevistas, su obsesiva actitud de no hablar de él, resultaba un contrasentido si se
considera que desde los años sesenta se convirtió en el
periodista más querido y, también, más temido del país.
A Scherer los políticos le abrían las puertas de sus
oficinas, le concedían información privilegiada. Sus libros dan cuenta de su acceso a los primeros círculos del
poder, a los más relevantes.
La influencia que desde entonces ejerció, y creció
conforme pasaba el tiempo, lo convirtió inevitablemente en un blanco del espionaje del gobierno en turno. Los encargados de seguirlo y escucharlo se metieron en sus encuentros, citas, reuniones, e incluso en
su vida privada.
Le aplicaron el “programa completo”, como se decía
en la jerga de los aparatos del espionaje cuando se perseguía a alguien sin pausa y con todos los recursos humanos y tecnológicos disponibles.
Así que por más que Scherer se negara a abrir sus relaciones sociales y personales, éstas eran cuidadosamente observadas por la Dirección Federal de Seguridad. Él lo sabía. Lo sabía porque conocía el poder desde
dentro, porque vio, escuchó, supo de primera mano,
cómo operaban los aparatos del espionaje mexicano.

¿POR QUIÉN
VOTAN LOS
DIARIOS?
Echeverría
encuestó
personalmente
a los directores
de medios, entre
ellos a Scherer,
para saber
por quién se
inclinaban a la
hora de elegir.

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EL SEGUIMIENTO
Los agentes de la DFS seguían
sin descanso a don Julio.,
Aquí, a su llegada al aeropuerto.

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Conoció de primera mano y como resultado de las
investigaciones periodísticas que él mismo hizo o
encargó a sus reporteros el modus operandi de los
agentes de la DFS.
En una ficha (con fecha 14 de enero de 1973) se
cita una conversación de Scherer con el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, en la que el tema
del espionaje aparece como trivialidad: “En una parte de la conversación Scherer dijo que Miguel Ángel
Asturias le comentó que no existe la vida privada,
puesto que hasta en la regadera de baño le podían
instalar una grabadora, al igual que en su propio automóvil”.
No había manera de que Scherer no imaginara que
era foco de atracción de los aparatos del espionaje.
Las citas con políticos, funcionarios, embajadores,
las realizaba en lugares discretos (no secretos), y era
una de las formas en que buscaba evadir los “ojos”
y las “orejas” de los espías. Pero, de acuerdo con la
información que sobrevivió, no lo logró del todo.
Conocían sus itinerarios, revisaban su correspondencia e intervenían sus llamadas telefónicas. Colocaron micrófonos en su casa y oficinas, en los restaurantes que frecuentaba. Desplegaron fotógrafos tras
los árboles, en automóviles o detrás las ventanas,
capturando con sus telefotos los pasos de Scherer,
gestos, miradas, bromas, palabras al vuelo, frases
completas.
Un ejemplo del nivel de intromisión en su vida pública es el reporte del encuentro que tuvo el 9 de febrero de 1973 con el entonces embajador de Estados
Unidos en México, Joseph John Jova. El reporte se
elaboró la tarde de ese mismo día. No era cualquier reunión.
La cita tuvo lugar en el restaurante Chateau de La Palma, en la colonia Del Valle. Scherer llegó a las 13:45. El
embajador, un cuarto de hora después. Scherer acudió
solo. Jova, acompañado de dos consejeros de la embajada.
Ocuparon una mesa. Tomaron unas copas, “departiendo entre bromas y chistes entre sí, para posteriormente ocupar otra mesa en el jardín, donde se logró
captar que comentaban al parecer algunos chistes, ya
que constantemente se reían a carcajadas, no lográndose en el momento captar nada en relación a la plática
mencionada”.
Da risa la redacción de los agentes, los vericuetos para
salvar el reporte sin reconocer que lo más importante
del encuentro no lo habían grabado, que seguramente
los micrófonos habían sido instalados en las mesas del
interior del restaurante sin tomar en cuenta que a Sche-

rer y Jova se les ocurriría conversar en el jardín y ahí no
habían colocado sus aparatos. Y sus oídos no registraban
nada. De lo que se habló en ese espacio, sólo deducían
que eran chistes por las risas, pero ni siquiera el contenido de las bromas.
Una media hora de angustia y sin información precisa.
Las cosas cambiaron cuando regresaron a la mesa de
la terraza, “donde tomaron sus alimentos, lográndose
captar las siguientes conversaciones”:
“Scherer García, dirigiéndose al embajador, le manifestó lo siguiente: ‘John me sobran muchas fotografías
a colores, cuando tú quieras te puedo proporcionar algunas’; el embajador le contestó: ‘Muchas gracias’,
agregando ‘como embajador es un problema para mí
declarar sobre la situación de un país’.
“Uno de los consejeros manifestó a los concurrentes
‘están pasando cosas muy raras’. El otro manifestó dirigiéndose a los presentes, algo relacionado con los

JULIO SCHERER

pondiendo Scherer García ‘sí, pero no muy malo’, soltando carcajadas.”.
“Entonces Scherer García le dijo ‘por que traes dos
relojes’, a lo que uno de los consejeros, rápidamente
contestó, ‘es que uno es como embajador y el otro es
personal’, contestando Scherer García riéndose expresó ‘por tres veces consecutivas John entendiste mi sarcasmo’, tanto el embajador como consejeros no contestaron; agregando de inmediato Scherer García ‘tú me
invitaste y yo pago, el único inconveniente es que tienes
que retirarte por lo que la cita que tienes a las cuatro’,
agregando uno de los consejeros ‘es la embajada’”.
En este caso es seguro que ni el espía ni los directores
de la DFS lograron entender de qué se estaba hablando.
Eran los riesgos de que las grabadoras no registraran bien
los diálogos y los agentes terminaran interpretando y
acomodando las ideas a su muy particular entender.
Unos párrafos más dedicó el agente a su encomienda.
“Por último Scherer García dirigiéndose a los presentes, dijo ‘el desprecio de Kissinger como lo hemos pagado nosotros’ respondiendo el embajador ‘no lo creo
sí, no lo hizo con intención’. Scherer García dijo ‘ojalá
que el próximo Presidente de Estados Unidos quiera a
Latinoamérica, ya que estamos sufriendo mucho’.
“A las 15:50 hrs. procedieron a retirarse del restaurante citado, despidiéndose y quedando de reunirse
nuevamente, esto manifestado por ambos consejeros…”.

L

***

os archivos contienen los reportes de otros encuentros, como el que Scherer tuvo con Carlos
Hank González, entonces gobernador del Estado
de México, con quien lo acercarían las circunstancias y
una amistad que el mismo Scherer reconoce en su libro
La terca memoria.
La DFS guarda al menos un reporte de sus reuniones,
como éste de fecha 19 de julio de 1973.
“A las 8.30 horas de hoy, el prof. Carlos Hank González, gobernador del Estado de México, llegó a su domicilio particular en esta capital, arriba indicado, a
bordo de una camioneta guayín, color verde, seguido
de dos automóviles de escolta, procedentes de la ciudad
de Toluca.
“Siendo las 8.35 horas, arribo al citado domicilio Julio Scherer García, acompañado de un individuo de
aproximadamente 50 años de edad, no identificado, a
bordo de una camioneta Ford, modelo 1969, color blanco, con placas de circulación del DF.
“Después de permanecer en el interior de la residencia a las 10.00 horas salieron el Ejecutivo Estatal y la
dos personas antes mencionadas, a bordo del automóvil Ford Galaxie, modelo 1972, color negro… se dirigieron por cuadras de Acultzingo hasta Paseo de la Reforma, hacia el Oriente, llegando a las 10.20 horas al No.
35 de las calles de Niza, donde se ubican las salas de
arte Luis Buñuel e Indio Fernández, habiendo sido recibidos por Gustavo Alatriste, con el que intercambiaron

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miembros de Acción Católica, agregando que el
Sr. Ford atacaba fuertemente a los obispos, arzobispos y demás miembros del clero, a pesar de
que por otra parte él asistía con invitaciones a
convivios y demás por
parte de éstos.
“Con esto dio inicio
una plática sobre la política que prevalece actualmente en los Estados
Unidos de Norte América, con la actual sucesión
presidencial; hicieron
mención de Wallace, en
donde el sr. Scherer García manifestó que como
persona era su hombre, a
lo que uno de los consejeros le dijo: ‘Que bueno,
nomás que Wallace únicamente le faltan… (palabra tachada por los censores). Posteriormente se
refirieron a Humprey,
Ford y Jofrey Hacker, expresando el embajador
que era un magnífico orador y tuteando al embajador le dijo: ‘John, yo
quiero que me prometas
una cosa, si sale como
candidato y electo presidente Jofrey, me llevas
contigo’, a lo que el embajador contestó: ‘bueno
sí, pero todavía no sabemos si él esté’”.
“Scherer García inquirió ‘bueno, pero tú eres muy
buen amigo de Jofrey, puesto que los has entrevistado
un centenar de veces’, a lo que el embajador contestó:
‘bueno no tantas, pero si bastantes y no por eso puedo
decir que sea un amigo’. Scherer García volvió a repetir
‘bueno, yo sé que es muy buen amigo tuyo’, agregando
el embajador ‘bueno, sí’, entonces Scherer García repitió nuevamente ‘entonces prométeme que me llevas
contigo’. Uno de los consejeros dirigiéndose a Scherer
García le dijo: ‘pues no que estás con Wallace’ a lo que
Scherer García soltó una carcajada”.
“El otro consejero, dirigiéndose a Scherer García le
dijo: ‘tú ya nos has hecho hablar mucho de nuestro hombre, ahora te toca a ti hablar de tu hombre’, a lo que
Scherer García contestó: ‘ya está puesto, ahora lo ‘único que nos queda es estar prestos con él’.
“El embajador dirigiéndose a Scherer García le dijo
en plan de broma, ‘tú eres un hombre muy malo’, res-

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impresiones y a las 10.30 horas se despidió el prof.
Hank González, retirándose en otro automóvil.
“Julio Scherer García, su acompañante y Gustavo
Alatriste, entraron a la sala Indio Fernández para presenciar en forma privada el filme dirigido por el último
de los citados, denominado “QRR” (Quien Resulte Responsable)”.
El reporte lo firmaba el entonces director de la DFS:
el capitán Luis de la Barreda Moreno.

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el golpe a Excélsior, en los archivos y acervos hay
distintas versiones de los aparatos de inteligencia.
Estos son los apuntes de la ficha elaborada el 9 de
julio de 1976:
8 act. en la asamblea que efectuaron los cooperativistas
del Periódico Excélsior.- donde por mayoría de votos fue
destituido este elemento (en la mayoría de las fichas y reportes de los espías, a Julio Scherer se le denomina solamente como “elemento”) como director del Periódico
Excélsior.- Dicha destitución se debió a las diversas violaciones al reglamento y Bases General de la Cooperativa
mencionada.- A la mita de esas asamblea este elemento se
salió acompañado de 130 trabajadores, donde dirigiéndose a otras oficinas del local del periódico aludido dio una
conferencia de prensa a la Prensa Extranjera, no permitiendo el paso a la Nacional.- A las 18.20 Hrs., se retiró del
local mencionado y en las calles de Paseo de la Reforma y
Morelos, abordó el automóvil placas del Edo. De México,
notándose apesadumbrado y lloroso.-… *

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Y esta es la versión amplia (8 de julio de 1976):

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“De las 11.00 a las 16.30 de hoy, en el salón de Actos
de esta compañía y ante asistencia estimada en 800 de
los 1300 cooperativistas, se llevó a cabo una asamblea
a puerta cerrada, presidida por Jorge Castillejo, con objeto de someter a votación el que fueran destituidos
Julio Scherer, Hero Rodríguez…
“Se notó división entre los trabajadores asistentes, ya
que un grupo contrario a la destitución propuesta, comentaba que estaban siendo objeto de movimientos
políticos porque el Gobierno trata de apoderarse de la
empresa periodística, al no convenirle la inclinación de
izquierda que lo caracteriza.
“Se dijo que el grupo afín a la destitución de Scherer
García se presentó la madrugada de hoy en la rotativa
y destruyó la matriz de una plana, donde se incluía una
inserción de apoyo a Julio Scherer, firmada por la Plana
Editorial, acordando el Consejo de Administración no
publicarla y que no saliera en blanco.
“Se tuvo conocimiento que otro grupo, a las 8.00 horas de este día, estaba dispuesto a colocar bombas molotov en la empresa, como medida de presión para obligar a renunciar a Scherer García.

“En el curso de la asamblea y por mayoría de votos,
fueron destituidos Scherer García y otros.
“A las 14.30 horas, Scherer García, acompañado de
aproximadamente 130 trabajadores abandonaron el
Salón de Actos.
“A las 17.00 horas Julio Scherer se retiró del inmueble seguido por Manuel Becerra Acosta y 40 trabajadores de los departamentos de Redacción, Fotografía,
Cables, Telex y Corresponsales.
“Los 40 trabajadores que acompañaron al exterior a
del edificio a Julio Scherer, se dirigieron a la esquina de
Paseo de la Reforma y Morelos, donde intercambiaron
sus teléfonos particulares a efecto de mantenerse en
contacto y realizar una asamblea a las 11.00 horas del
21 de este mes… a las 18.20 se despidió del grupo Julio
Scherer, abordando un automóvil con placas LGL-502
del Estado de México, notándose apesadumbrado y
lloroso. Se identificó entre éstos al periodista Gastón
García Cantú y al Ing. Manuel Pérez Rocha”.
Éstos son algunos fragmentos que el capitán De la
Barreda Moreno recibió esa noche en su despacho.

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uego vendría el largo peregrinar para publicar la
revista Proceso.
De este momento de la historia del periodismo
mexicano se seguirán escribiendo kilómetros de letras.
Pero quedarán para siempre las dudas sobre las causas
y razones de este conflicto. El académico Sergio Aguayo, durante la mesa de debate con la periodista Carmen
Aristegui del lunes 12 en la primera emisión de MVS
Noticias, confiaba que alguna ocasión escuchó una autocrítica de Scherer sobre el trabajo periodístico de Excélsior.
“Ya había publicado su Parte de guerra con Carlos
Monsiváis, ese extraordinario documento con el testamento político del secretario de Defensa de Gustavo
Díaz Ordaz, Marcelino García Barragán, y él se quejó
de no haberse dado cuenta de la importancia de la Guerra Sucia, de la represión que estaba sucediendo y no…
‘No le di la prioridad que merecía y creo que en ese sentido Excélsior no cumplió el papel que debió haber cumplido’.
“Por todo eso y por muchas otras cosas, por un lado
es una pena que se haya ido pero por otro lado una celebración de alguien que ejerció a plenitud y con enorme
congruencia, el muy difícil ejercicio de la libertad de
expresión independiente, crítica y autónoma”, afirmó
Sergio Aguayo.
En una conversación informal con el autor de este
texto luego de realizar una entrevista a propósito del
libro La otra guerra secreta, Fausto Zapata Loredo, el
hombre encargado de la comunicación en la Presidencia de Luis Echeverría aseguró que el presidente informaba de todo lo que estaba pasando a los directivos de
los medios.
Palabras más palabras menos, dijo a este reportero
que durante los años de la Guerra Sucia en México los

JULIO SCHERER

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directivos de los medos de comunicación
estuvieron bien informados de lo que
estaba pasando. Vehemente al hablar,
cuidando los gestos y los ademanes, afirmaba: “Yo, yo, yo mismo me encargaba
de reunirlos casi cada semana, a desayunar con los funcionarios que ellos quisieran, con el secretario de la Defensa para
que les dijera lo que estaba pasando en
Guerrero, en otro estados. Ellos estaban
al tanto de todo, con detalles. Nosotros
nunca les dijimos qué sí o qué no publicaran. Esa era decisión suya”.
Recuerdo que alcancé a interrumpirlo:
–No era necesaria la amenaza explícita…sabían lo que podía pasar.
–Pero nunca les dijimos que publicaran
o no lo que estaba pasando.

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os registro también dan saltos,
brincan de un momento a otro, sin
un una idea coherente del por qué
estas rupturas en la narrativa ni cronológica. Como si alguien hubiera extraído
partes de estos archivos, piezas del expediente público que no regresaron a su
lugar. 
De lo que sí permaneció en el archivo
destacan las copias de unas tarjetas informativas de “alguien” que hasta el último momento habría intentado persuadir a Scherer de no lanzar Proceso en
noviembre de 1976, a unos días de que
Echeverría dejara la Presidencia.
El contenido de esas tarjetas es el informe que mandó ese interlocutor al Presidente de la
República el 25 de octubre de 1976. Fue un lunes. De
acuerdo con el primer párrafo, la reunión ocurrió tres
días antes:
“Ayer no pude extenderme en mi relato sobre la plática que tuve el viernes pasado con el señor Julio Scherer, y ahora lo hago por este medio.
“Estuve con él en mi casa más de tres horas haciéndole ver que, con motivo de su petición, para que PIPSA
le otorgara papel, le quería comentar que estaba enterado de que la revista Proceso iba a ser dedicada a expresar su odio y rencor personales y el de su grupo contra las instituciones públicas y en especial contra el
Presidente Echeverría, y que esto, independientemente de otras consideraciones, merecía la de pensar en que
podría establecer un conflicto personal y familiar que
podía afectar a varias generaciones de mexicanos de
uno y otro lado.
“Le hice ver la conveniencia de que se pospusiera por
unos meses la aparición de la revista. Hablé con él en
tono claro y fuerte sin más límite que no caer en la ac-

titud de amenaza que hubiera debilitado el alegato.
“De la plática concluyo que Scherer y su grupo están
intransigentemente decididos a publicar Proceso. Me
manifestó que emplearían el mismo tono analítico y
crítico del antiguo Excélsior, pero que de ningún modo
pretenden que sea una revista de desahogos. Scherer
afirmó: ‘Soy suficientemente inteligente para no pelear
con el Presidente de la República, quien como tal merece mi respeto’.
“Me aseguró que sólo un artículo de unas cuantas
cuartillas sería dedicado, en el primer número, al caso
de Excélsior, y que éste no sería tratado nunca más en
su revista. Agregó que el tono del artículo sería crítico
pero no irrespetuoso. Lo escribirían entre Scherer y Miguel Ángel Granados.
“Le dije que pensara en en los inconvenientes que
tenía el inaugurar una tribuna de frustraciones en el
último mes de gobierno. Quedó abierta la posibilidad
de volvernos a reunir solos o con Granados Chapa y
Leñero”.
Las tarjetas quedaron sin firma. El estilo y la estruc-

JULIO SCHERER

SCHERER Y EL EMBAJADOR
Los agentes documentaron
el encuentro de Scherer
con el embajador de EU.

Dolores: Lo de después de África.
Julio: Ah, pues yo no puedo ni creerlo…
todavía estoy asustadón. No… a mi… bueno, ya después de todo eso… solo morir.
Digo, yo me siento ahora como me pasa
siempre, con un miedo de los diablos.
Dolores. Ay Don Julio, que suave.
Julio: Pero mira… así pasa siempre… hay
que tirarse al agua y luego a ver qué pasa…

J

J

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ulio: Qué le parece el negociage?
Dolores: Ay, me da un gusto… ahora se me hace
casi un sueño lo otro.
Julio: Cuál otro?

* Una versión distinta y menos extensa de este texto
se difundió el lunes 12 de enero pasado en los portales
de Noticias MVS, Artículo 19 y emeequis. Algunos segmentos de algunas fichas incluidas en este texto fueron
publicados previamente en 2006 por Luis Miguel Carriedo en la revista etcétera.

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tura de los párrafos y el formato de las tarjetas de inmediato llevan a pensar en Mario Moya Palencia. Él dejó
muchas huellas semejantes en las cajas de la Galería 2
del AGN.
Una revisión del libro Los Presidentes del mismo Julio
Scherer lo confirma. “El 6 de noviembre de 1976 nació
Proceso entre intimidaciones del secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, y el secretario de Patrimonio Nacional, Francisco Javier Alejo. Moya dijo que
los hijos de Echeverría podrían vengarse en mis hijos,
Alejo afirmó que el buen nombre del presidente de la
República implica la razón de Estado”.
En Los periodistas, Vicente Leñero aporta más elementos: “Julio Scherer llegó tarde. Apenas entró buscó
a Miguel Ángel y a mí, y como Miguel Ángel no había
llegado me enjarró el brazo invitándome a un aparte.
Venía de una larga plática con Mario Moya Palencia;
feroz, la llamó”.

***

ulio Scherer fue observado y vigilado con cercanía. Sin embargo,
la información que guarda el acervo de la DFS es parcial, sin continuidad
en los temas, casos que se abren pero no
cierran. Como si alguien hubiera desarmado también este rompecabezas,
como ocurre con muchos otros expedientes.
Difícil armar algo más completo sólo
con los expedientes de la DFS. Lo mismo
ocurre con Scherer que con Gabriel García Márquez y otros personajes de esa
época. Una parte importante de los registros no llegaron.
Muchos se quedaron en el camino de las oficinas y las
cajas de los funcionarios de la Secretaría de Gobernación. Y esos habitan en otros acervos. En los de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales, en las
miles de cajas de la Galería 2 o en los fondos presidenciales de la Galería 3.
En esas cajas quedó más de lo que seguramente el
mismo Scherer imaginó. Con la mayoría de los casos
ocurrió así: los espiados no sabían hasta dónde llegaban
los cables y los micrófonos.
La historia de Scherer en los archivos se esparce,
en pedazos, por las cajas del Archivo General de la
Nación. Es una historia de vida intervenida por el espionaje.

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