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LA GUERRA ESPIRITUAL, UN DESAFÍO A LA MISIONOLOGÍA ACTUAL

1. Lo que en los últimos 7 años se ha conocido con el nombre de "guerra espiritual" o «victoria espiritual» es
una articulación teológica sobre "deontología" aplicada a la doctrina y práctica de la misión de la iglesia o
Misionología. Se trata, por tanto, de un con junto de creencias acerca de cómo está constituido el universo, quiénes
lo pueblan y qué entidades lo dominan.

«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas»
(2 Corintios 10.4)

A este conjunto de creencias la antropología la conoce como «cosmogonías» y forman parte de los "sistemas de
creencias" estudiados antropológicamente como «ideología», no en el sentido de "falsa conciencia", como quiere la
escuela dialéctica, sino en el de "sistema de ideas o de creencias". La ideología sería así una especie de enlace entre
la ciencia y la religión.
Bernardo Campos, conocido teólogo pentecostal, en una apretada síntesis de un artículo original de catorce páginas,
nos entrega evaluación teológica de la Guerra Espiritual, que creemos será muy útil al pueblo evangélico. Con lo que
yo llamo la «teoría de la guerra espiritual» estamos ante un "nivel" de conocimiento, que no se juzga por los cánones
de la racionalidad científica positivista, sino por su poder simbólico, metafórico, es decir, por su capacidad de
remitirnos a realidades o ámbitos de nuestra "realidad" que intuimos que están allí, pero que nuestros instrumentos
físicos de observación, por sus limitaciones y por sus reduccionismos, no nos permiten "ver" y nos impiden aceptarlas
como reales.
Para mi análisis he leído con detenimiento los libros, artículos o conferencias de Peter Wagner, Cindy Jacobs, John
Dawson, Thomas Wite, Dean Sherman, Bill Payne, Harold Caballeros, Victor Lorenzo, Bob Beckett, Kjell Sjoberg,
Rebeca Brown, Jorge Miranda, Humberto Lay, Robert Barriger, entre otros.
He tenido la gracia de escuchar conferencias sobre el tema de boca de sus especialistas aquí en el Perú y, hasta
donde el tiempo me ha permitido, he conversado con miembros y líderes de iglesias que han tenido enfrentamientos
con el diablo para escuchar sus interpretaciones de esos fenómenos.
Confieso que al tema no llego simplemente como investigador, ya que como ministro pentecostal, me he enfrentado,
durante mi ministerio, a entidades espirituales de maldad que la ciencia no reconoce como válidas, pero que son más
reales de lo que queremos aceptar y están modificando a diario el comportamiento de la gente, produciendo
patologías que ni la misma psiquiatría puede modificar y para las cuales las ciencias sociales, incluida la de las
ciencias de la religión, tiene limitaciones.
Lo que digo es determinante, porque creo que existe una "hermenéutica del espíritu", sostenida sobre una feliz
combinación entre principios de exégesis bíblica y la experiencia, que nos permiten hacer aproximaciones al mundo
de lo espiritual que sólo mediante la metodología teológica, crítica y racional, no podríamos acceder.

2. LA TEORIA DE LA GUERRA ESPIRITUAL
¿Qué plantea la Teoría de la Guerra Espiritual?

1. Los mentores de esta teoría a quienes, para abreviar llamaremos "guerreros espirituales" (GE) sostienen que
ante todo debe distinguirse entre la "guerra espiritual" como estrategia misionológica y la lucha ordinaria de los
creyentes contra los demonios. La "guerra espiritual estratégica" es la aplicación de una serie de «técnicas»
orientadas a "atar" a las potestades satánicas, según su jerarquía, para que la evangelización tenga los frutos o
resultados esperados.
Esta debe distinguirse de la "lucha espiritual a ras del suelo" que libramos cada día cuando nos enfrentamos a los
efectos de la maldad (obras de pecado) que existe en el mundo desde que este cayó en las garras de Satanás. Desde
entonces, una serie de demonios mantienen oprimidos a los hombres que no conocen a Dios, causando paulatina y
sutilmente su muerte y destrucción. Todos los días nos enfrentamos a estas realidades, a lo más las percibimos como
pecados, o bien como patologías sociales, pero no las identificamos con los espíritus del mal porque no estamos
ejercitados en esta técnica o porque no los discernimos espiritualmente.

2. Existe, según los GE, una jerarquía satánica, muy parecida a los rangos militares y en parte parecida a la
estratificación social según la cual solemos distinguir estratos sociales diferenciados por razones económicas,
raciales, culturales, etc. Hay algo así como niveles de autoridad entre los ángeles caídos. Tomando como base Ef.
6.12, y Dan 10.13 y 20, los GE distinguen como una escala descendente : principados (gr.archai), potestades
(exousia), gobernadores (dunamis) y huestes espirituales de maldad (kosmokratoras). Para Thomas White, " los
archai son príncipes satánicos de alto rango que están sobre naciones y regiones de la tierra. La palabra exousía tiene
una connotación tanto de gobierno natural como de gobierno sobrenatural. Según entendía el apóstol, argumenta
White, había fuerzas sobrenaturales que "estaban detrás" de las estructuras humanas [lo mismo piensa Karl Barth].
Pablo sin duda está expresando la idea apocalíptica que tenían los judíos de la existencia de seres cósmicos que
tenían autoridad delegada por Dios para arbitrar en los asuntos humanos. 1
Se supone, dice White, que los dunamis operan dentro de países y culturas para afectar ciertos aspectos de la vida.
Los kosmokratoras son las numerosas variedades de espíritus malignos que comúnmente atormentan a la gente ; por
ejemplo, espíritus de engaño, adivinación, lujuria, rebelión, temor y enfermedad. Generalmente estos son los poderes
malignos que se confrontan y que se echan fuera en la mayoría de las sesiones de liberación. Aún entre ellos existe
un rango ; los espíritus más débiles subordinados a los más fuertes.
Según esta teoría habrían como distintos niveles de opresión, según cómo seamos gobernados por potestades
territoriales (estratos altos), el ocultismo (estratos medios) o atacados por demonios terrestres (estratos bajos).
La idea de una jerarquía y de una organización (planeamiento estratégico) satánicos ha sido abonada también por las
ideas de una trinidad satánica (Satanás, la bestia y el falso profeta) y una cosmología celeste atribuida a Is. 14.12-16
en la que se describe al lucero de la mañana (metafóricamente Lucifer) como caído del cielo y derribado hasta el Seól,
a los lados del abismo.

3. La idea de territorialidad de los demonios es una idea básica que se deduce de la jerarquía anteriormente
descrita. Los GE plantean que Satanás asigna "gobernadores" o "principados" a las naciones paganas.
Estos gobiernan por siglos a naciones y pueblos enteros, manteniéndolos en el engaño "para que no les resplandezca
la luz de Cristo", como dice la Escritura. El secreto para que una nueva misión sea eficaz en este terreno, gobernado
por Satanás, es discernir qué tipo de principado es el que tiene a cargo la ciudad o la región. En un trabajo de
evangelización, no se trata únicamente de liberar a la gente poseída por un demonio, sino de atar antes al "hombre
fuerte" de la ciudad y esto es posible mediante un discernimiento espiritual a través del seguimiento de una
metodología o procedimientos que más adelante describiremos.

4. Según los GE debemos diferenciar "Puertas" de ingreso de los demonios, de los "Medios" que utilizan para
oprimirnos y las "Ataduras" en las que caemos cuando no nos dejamos gobernar por el espíritu de Dios.
Puertas, medios y ataduras son como tres elementos constituyentes de la estrategia satánica. Puertas de entrada del
enemigo pueden ser pecados (individuales, colectivos o históricos), traumas(rencores, depresiones, enfermedades
mentales), abusos sexuales, masacres (genocidio, etnocidios o masacres de indios), injusticias sociales
(discriminación racial a negros e indígenas), rebeliones y revoluciones o desviaciones sociales como en las que se
encuentran los malhechores, niños de la calle, prostitutas y homosexuales. Los Medios por los cuales Satanás
gobierna a las naciones son las culturas y subculturas, las estructuras de autoridad (gobiernos, policía, centros
educativos donde no hay control), las religiones y sectas (sincretismo, y corrientes como la Nueva Era, la religiosidad
popular), y hasta por las ideologías y sistemas filosóficos (teoría de la evolución, comunismo, humanismo,
existencialismo, nazismo, etc.). Ataduras, en cambio, son las secuelas de los asesinatos, los efectos de la
drogadicción, los juegos de azar, la adicción a las novelas, la pornografía y hasta la mortalidad infantil causada por
abortos. En suma, casi todo que sea contrario al orden, puede ser un instrumento en las manos de Satanás.

5. La oración es el arma indispensable para la guerra. Según los GE hay dos tipos de oración.
La «Oración de intercesión», que sirve para el discernimiento espiritual de cuales son las puertas que el enemigo ha
venido usando para entrar en las vidas de la gente. Y la «Oración de Guerra» por la cual se «reprende» al enemigo,
se le ata y se lo expulsa, para que no tome posesión de las personas ni del lugar donde ha hecho su morada o
territorio. Por medio de la «oración de Guerra» se producen las liberaciones de personas poseídas por los demonios,
pero muy especialmente por medio de esta «Oración de Guerra» el guerrero sostiene una pelea a nivel estratégico, es
decir con los principados o demonios de rango superior que dominan las naciones, las regiones o las ciudades.
Esto último no lo hace cualquier neófito ni tampoco algún versado en teología. Esto sólo es posible a personas,
cualquiera fuera su lugar en la organización eclesial, que están dedicadas a la oración y se disponen completamente a
los mandatos del Señor. Se trata de una especie de ministerio en el cual van entrando conforme van ganando
experiencia en las lides espirituales. Hay algo así como una teología testimonial, un conocimiento acumulado que se
transmite en forma de teología en los relatos de guerras sostenidas antes, durante o después de campañas
evangelísticas.

Estrategias Y Tácticas De Guerra
Gracias al conocimiento acumulado de muchos ministros de Dios, entre hombres y mujeres, se ha podido establecer
lo que podríamos llamar una metodología seguida en la guerra espiritual y que se presenta como estrategia y táctica
de guerra. Un paso previo a cualquier guerra espiritual es la sanidad interior del guerrero. Es necesario que el
guerrero se prepare espiritualmente y se santifique para la guerra. Este, para poder derribar fortalezas del enemigo
levantadas en la ciudad, debe primero derribar las fortalezas interiores que batallan contra el alma. La soberbia, el
orgullo, la vanidad, la ambición de poder, por ejemplo, son ataduras de las cuales el propio ministro debe librarse por
la oración antes de poder guerrear.
El primer momento de la GE es la investigación. Mediante este procedimiento un grupo de creyentes realizan un
trabajo previo de investigación histórica, antropológico-cultural y demográfica sobre la ciudad en la cual van a
desarrollar una guerra espiritual. Este procedimiento está orientado a identificar objetivamente mediante el análisis de
documentos y de monumentos la historia anterior de la ciudad, sus costumbres ancestrales, generalmente 2
supersticiosas y entregadas a la magia o a la hechicería (chamanismo) y a determinar mediante estudios
demográficos el tipo de población residente en el lugar.
La sospecha básica aquí es que los inmigrantes que han poblado un lugar, han traído costumbres antiguas que
podrían ser la explicación de las actuales perversiones de las normas de comportamiento socialmente aceptadas por
la población y tenidas como folklore o tenidas hasta por buena tradición. Los investigadores, que son los que se
especializan en este trabajo de gabinete y de campo, llegan a descubrir por la lectura de estudios arqueológicos y por
implicación de constantes en los patrones de conductas desviadas, lo que podría ser el tipo de espíritu territorial que
reside en esta o aquella ciudad. La aplicación de este procedimiento de los GE en Occidente, sobre todo allí donde
todavía perviven religiones ancestrales, ha llevado a los GE a señalar que determinados espíritus territoriales están
inmediatamente ligados a religiones primitivas. Muchos de los actuales traumas colectivos, podrían tener, según ellos,
una explicación de este tipo y por tanto, la solución a «esos males» no pasaría ni por la cultura ni por la política o la
economía, sino por librarse una GE.

El segundo momento es la intercesión. Hay naturalmente distintos tipos de oración intercesora, como Cindy Jacobs
las describe, pero la idea básica es discernir espiritualmente cuáles son las «puertas» usadas por Satanás, cuáles
«potestades» y «fortalezas» influyen sobre las redes sociales hasta llegar, incluso, a conocerlos por sus nombres, de
modo de poder expulsarlos a cada uno nombre por nombre. Conocer el nombre de alguien según una antigua
tradición es tener poder sobre esa persona. Dar nombre a algo, es como crearlo. Por tanto llamar a los demonios por
su nombre es importante porque se tiene control sobre ellos. El tercer momento es el «mapeo o cartografía espiritual».
Este procedimiento consiste en «peinar la ciudad» para descubrir donde se sitúan las potestades, cómo se
manifiestan en los útiles de cultura, qué expresiones toman en las costumbres del pueblo o ciudad. Así por ejemplo,
caminando físicamente por la ciudad uno se da cuenta de cuántos lugares de perdición existen en la zona tan
visiblemente que ya hasta ni llama la atención a sus moradores, pero que los mantiene cautivos. La «cartografía
espiritual» permite tres cosas: una locación de las potestades, una determinación de las macro-tendencias de los
focos de perdición, porque a veces existen conexiones de tipos de vicios entre zona y zona, entre ciudades y entre
regiones, y una posesión de la ciudad por el GE porque según la promesa bíblica «todo lugar que pisare la planta de
vuestro pie, será vuestro».
El cuarto momento es la «guerra espiritual propiamente dicha». También se la conoce con el nombre de «Victoria»
espiritual, porque habiendo Cristo vencido a Satanás en la Cruz, la guerra ya no es propiamente guerra, sino una
victoria espiritual sobre el maligno. Se trata, visto de otro modo, de una cosecha y no de una siembra porque como
dice la Escritura «los campos están listos para la siega» y «el hacha está puesta a la raíz de los árboles».
En otras palabras el juicio de Dios sobre la tierra, ha comenzado. La GE se realiza mediante «Campañas de Oración
de Guerra» y mediante la «Liberación de Demonios» en las casas, en el barrio, sobre monumentos «paganos» y aún
sobre los templos. Sólo después de estos pasos, es posible realizar la obra misionera con gran fruto. Los GE
manifiestan que después de una GE todo el trabajo de evangelización es sencillo y no hay oposición que sea eficaz.
Las personas vienen solas en busca de liberación y salvación. Hasta aquí la teoría de la guerra espiritual, tal como es
sustentada por quienes la formulan.

3. HACIA UNA EVALUACIÓN DE LA TEORÍA DE LA GUERRA ESPIRITUAL

Resta por discutir la validez de la propuesta para la vida de la iglesia, para la cultura, y para la teología y la
misionología específicamente.

1. La Teoría de la GE es una ampliación de la teoría del iglecrecimiento. Por lo tanto mucho de sus
postulados y sus preconcepciones están matizados por los objetivos fundamentales de esta escuela, cual es
la búsqueda de resultados. El eficientismo que estuvo detrás de las aplicaciones de las técnicas cuantitativas, está
siendo ahora superado mediante el estudio de casos, y el recojo de los datos de la antropología cultural. Ojalá que la
búsqueda de conocimientos de estas realidades, anteriormente obviadas por las ciencias, lleve a estudios cualitativos
que enriquezcan tanto el campo de la misionología como el de las propias ciencias sociales.

2. La teoría de la GE ha mostrado ser eficaz en el desarrollo de una demonología. La dogmática
contemporánea había concentrado su atención en la eclesiología y la escatología, después de la teología
política y la teología de la esperanza. La propia teología latinoamericana, que redescubrió la espiritualidad en los
últimos años, no llegó a dimensionar con cabalidad este campo del espíritu. Apenas si insinuó una presencia
demoníaca en el presente sistema socioeconómico, pero el no poder llegar a creer desde la fe en la presencia real de
estas entidades, metaforizó el concepto dejándolo sólo en el umbral de la protesta simbólica, pero sin la fuerza
espiritual del mismo.
La teoría de la GE nos está obligando a un retorno a la antropología, pero releída a la luz de la doctrina de la
creación. Ya Paul Tillich en su Teología Sistemática nos había acostumbrado a una interpretación filosófica de la
demonología, en relación con la heterodoxia, como desviación de «aquello que nos concierne últimamente», pero nos
dejó en la penumbra de la «ambigüedad» de la religión. El mismo Bultmann nos invitó a releer la mitología, pero el
3
desafío de la desmitologización perdió de vista la riqueza del concepto de lo demoníaco en su dimensión
antropológica social. La teoría de la GE, en cambio, significa un avance en la materia.

No obstante para que sea eficaz, deberá abundar más en las limitaciones del dominio del demonio sobre la creación
que ha sido y está siendo redimida por Cristo. Es importante releer el poder de los demonios también a la luz de la
depredación y destrucción de los ecosistemas de nuestro planeta, cuidando en todo momento de no sobrecargar la
realidad demoníaca por sobre el poder y la gloria de Dios.

3. La teoría de la GE no puede reducirse a una técnica religiosa, porque caería en la magia. Aunque
varios de los mentores de la GE señalan que se trata de una técnica —que lo es— deben tener cuidado en no
mostrarla solamente como una técnica, porque la tecnología invita a la manipulación. El terreno en que se
mueve la GE es un terreno resbaladizo a los que no están preparados para ello, porque pueden deslizarse elementos
o prácticas propiamente usadas en las culturas primitivas por magos y shamanes. ¿Cuál sería la diferencia entre
magia y religión?

4. La teoría de la GE es una recuperación del sentido de autoridad Al deliberar sobre niveles de
autoridad, tanto del terreno del mal como del bien, la teoría de la GE muestra indirectamente la necesidad de
recuperar el sentido de autoridad. Esto es natural en un contexto de repudio severo a las normas sociales, de
perdida de afirmación, producidos por la secularización y la modernización actuales. La caída de Satanás, tan
claramente descrita por los GE resulta en una advertencia sobre lo que le puede pasar a aquellos que desobedecen y
se oponen a las autoridades establecidas, sean estas civiles o religiosas. Obviamente, hay que hacer una lectura
socio-política e ideológica de las implicaciones de este planteamiento: ¿Qué es orden y qué es desorden? ¿Orden en
relación a quién o qué? Se trata pues de un reordenamiento de la vida, pero aquí el eje no puede ser un país o un
gobierno, sino el Reino de Dios.

5. La teoría de la GE es una cosmología porque busca el equilibrio entre el caos y el orden de Dios. Es,
para decirlo de otra forma, una cosmología que busca recuperar el orden en medio de una sociedad caótica y
desordenada. Limpiar una ciudad de los demonios, evidentemente es una forma de reimplantar el orden, pues las
consecuencias éticas y morales que este hecho produce todavía no han sido suficientemente estudiadas por las
ciencias sociales y políticas. Una ética social deberá tomar en cuenta la transformación de individuos y estructuras en
una ciudad como producto de una acción religiosa de liberación como la que presentamos.

6. La teoría de la GE haría bien en diferenciar mejor o «discernir» entre espíritus territoriales y
elementos positivos de la cultura, para no caer en el etnocentrismo. Tal como abordan algunos GE las culturas
tradicionales o propiamente las creencias y prácticas populares, tarde o temprano caerán en una cacería de brujas
como en la época de la «santa» inquisición si no terminan por crear en ellos mismos una paranoia o un delirio de
persecución. Esto sería literalmente un «pandemónium», pues muchos de los autores que leí, ven demonios hasta en
la sopa. No dudo que pueda haberlos, porque las condiciones en que vivimos en América Latina hacen que nuestras
sopitas no sean muy nutritivas y comporten en sí mismas el germen de la destrucción, pero no exageremos. Es
necesario un mayor discernimiento que, creo que vendrá con el tiempo, pues la misma teoría está todavía en un
período de formación y probablemente hayan exageraciones y fanatismos. Esto no es motivo, sin embargo para
desmerecerla. Una llamada de atención es que el mapeo, debe poder «mapear» también aspectos positivos del
desarrollo cultural de las ciudades que estudiamos; debe poder valorar la cultura en sus expresiones folklóricas,
porque lo popular no es malo por ser popular, sino por contener elementos a veces exógenos que lo pervierten. No
hay culturas ni naciones santas, ni en el norte ni en el sur, ni en el este ni en el oeste. Lo que hay son creyentes que
santifican al mundo, gracias al poder eficaz de la sangre de Cristo derramada en la Cruz.

7. La teoría de la GE debe cuidarse del deslizamiento ideológico para no caer en una especie de
mesianismo americano. Es curioso cómo se plantean como «medios» de dominio demoníaco al nazismo o al
comunismo, pero no se dice nada del capitalismo salvaje, del neoliberalismo que mata a millones de personas. ¿Por
qué? ¿Acaso, como cree Michael Novak, el capitalismo es el sistema casi perfecto consagrado por Dios para el
bienestar de la humanidad? Se pone mayor énfasis en la limpieza y liberación de naciones «paganas» de oriente
(Japón) o de las civilizaciones aborígenes (Haití), que en la limpieza de la civilización occidental como Nueva York o
Washington. Se critican la representaciones divinas de culturas ancestrales, pero casi no se dice nada de la
producción suntuosa de las culturas modernas y del derroche del armamentismo. Puedo hasta conceder que un GE
norteamericano piense así.
Pero que un GE latinoamericano diga, por ejemplo, que la conquista española era necesaria y estaba
justificada, porque los Incas eran malos y hacían sacrificios humanos ya que «Dios castiga el pecado de los padres
hasta la tercera y cuarta generación», no lo puedo aceptar de buenas a primeras sin sospechar que se trata de un
deslizamiento ideológico, sutil pero peligroso. Es peligroso porque pasa por alto el delito de la conquista y el genocidio
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de millones de personas, tras someterlos a trabajos forzados. Subyace a veces la idea de que la salvación vendrá del
Norte, cuando la Biblia habla de que de allí viene la destrucción.

8. La teoría de la GE puede dar luz para la elaboración de una hermenéutica del Espíritu. Por su misma
especialización, la teoría de la GE ayuda a pensar en una hermenéutica del Espíritu, según la cual determinados
pasajes de la Escritura adquieren una nueva luz, a partir de experiencias espirituales o enfrentamientos con
potestades y gobernadores de las tinieblas.
De la misma manera cómo la cultura contemporánea planteó nuevas preguntas al texto bíblico y obligó a
reinterpretar pasajes de las Escrituras, la confrontación con estas «realidades» favorecerá o promoverá el estudio de
otros pasajes como nuevos focos de sentido. Esta hermenéutica del Espíritu, cuya base sería entre otras 1 Cor 2,
deberá esclarecerlas posibilidades y limitaciones de la experiencia del Espíritu para una lectura de las realidades
espirituales. Una hermenéutica del Espíritu debe poder también privilegiar el desarrollo de una adecuada
hermenéutica de la cultura. La variedad de significados del texto debe poderse aplicar también aquí.

9. No se puede entender la teoría de la GE a menos que nos despojemos de ciertos prejuicios
cientificistas o de agnosticismo o incredulidades. Es inadmisible , aunque comprensible, que pueda haber
teólogos y misionólogos que no sean capaces de percibir las realidades espirituales al punto de poder desarrollar una
práctica misionera que responda a las demandas de una población cautiva por el Diablo. Que la maldad está
extendiéndose en el mundo, lo está. Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará, dice la
Biblia. Eso se dijo en un contexto escatológico y vale para nuestros tiempos. Muchas veces nuestras presunciones
científicas no son más que formas sutiles de incredulidad y hasta una falta de apertura, una falta de mentalidad
científica como para estar abiertos y advertidos para no hablar categóricamente sobre misterios y sobre asuntos sobre
los cuales no tenemos autoridad ni estamos autorizados por la Biblia para afirmarlos o negarlos.

10. La teoría de la GE amplía el concepto de liberación que redujo en parte la teología Latinoamericana de la
liberación. Que América Latina necesita liberación es una verdad a gritos. El problema es ¿cómo lograrla? Las
estrategias y tácticas militares y políticas, incluso hasta la misma democracia, han demostrado ser ineficaces sino
insuficientes para combatir males estructurales como la pobreza, la injusticia social o el narcotráfico. Necesitamos
métodos más cualitativos para erradicar desde sus raíces los males que nos aquejan. La teoría de la GE puede dar
una luz por dónde podría estar el camino para una liberación integral de los pueblos, sin menospreciar otros caminos
ya recorridos.

11. La teoría de la GE es una teoría de la época. Se explica en medio de esta «crisis de paradigmas» que vivimos.
Es de la época porque surge precisamente en un período de la historia mundial en que todos los sólidos se
desvanecen en el aire, una época en que la ciencia y la técnica buscan nuevos bases sobre la cual fundar sus
conocimientos. Es de la época además porque se da a puertas del fin de un milenio, una época en que —como en el
mil de la edad media— los pavores del futuro se desatan. La teoría de la GE escatológicamente debe entenderse a la
luz de la segunda venida de Cristo. Me temo que mucho de la Teología contemporánea ha vaciado sus contenidos al
discutir el milenio mas bien en términos políticos y económicos, más influenciados por la agonía de modernidad que
por la recuperación de antiguos sueños y visiones. No quiero sugerir un retorno a los terrores medievales. Sólo quiero
llamar la atención de una realidad espiritual que está siendo leída por los GE y que puede producir en la misionología
actual una revolución sin precedentes.

12. La teoría de la guerra espiritual haría bien en profundizar la idea bíblica del shalom, como
contraparte y salvaguarda de polarizaciones. La Paz de Dios no es sólo un evento del porvenir. Ella ya ha
comenzado en la cruz de Cristo, reconciliando a los pueblos y generando un Nuevo Orden Mundial pero no según el
mundo, sino según Cristo. Este Shalóm de Dios hará visible el Reino y Reinado de Dios por sobre el reino del maligno.
El jubileo como fiesta del espíritu debe ser una realidad entre nosotros, ya ahora hasta la instauración definitiva del
Reino de Dios.

El Autor, Bernardo Campos es Director de la Facultad Pentecostal de Teología y del Instituto Peruano de
Estudios de la religión, IPER.

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