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Antología Solidaria

20 Pétalos
de Amor

1ª edición: diciembre, 2014
Copyright © Autoras Románticas Independientes, 2014
Corrección: Mimi Romanz, Tamara Bueno y Bea Magaña
Maquetación: Juani Hernández
Coordinación: Sheyla Drymon
Ilustración de cubierta: Alexia Jorques
Imagen: depositphotos
Impreso por CreateSpace
ISBN: 1505363969
ISBN-13: 978-1505363968
Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico,
queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la
reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la
reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler
o préstamo públicos.

INDICE
Prólogo por Ángeles Ibirika
Corazón de muñeca por Juani Hernández
Bailando sola por Leila Milá
Amar desde las sombras por Sheyla Drymon
Una nueva vida por Emma Gigán
Aquelarre por Ro A. Ochoa
El Editorial por Cris Tremps
Todo el tiempo en un instante por M. C. Sark
El coleccionista de noches vacías por Lorraine Cocó
Entre las sombras por Yolanda Revuelta
Espejismos del ayer por Mar Fernández
Anclada a ti por Raquel Campos
Eres mi vida por Claudia Cardozo
Solo mía por Mimi Romanz
Regresa a mí por Kathia Iblis
El amor que nunca existió por MEG Ferrero
Recuerdo de un amanecer por Julianne May
En África por Aileen Diolch
Nuestra historia por Caroline March
Spiritus por Lola P. Nieva
Eléctrico por Cristina Oujo
Nota de agradecimiento por ARI
Nota de agradecimiento por Samy S. Lynn

Prólogo
por
Ángeles Ibirika
Vivimos en un mundo deshumanizado. Nos lo muestra la televisión, la
prensa, las redes sociales. Cada día, cuando nos asomamos a estos medios,
nos descorazonan noticias de millonarios enriqueciéndose aún más a costa
de pobres, mandatarios que viven escandalosamente bien a la vez que
dictan leyes para multar a quienes busquen en la basura algo para
sobrevivir, guerras estúpidas, genocidios que no parecen importar a nadie.
Violencia contra las mujeres, contra los niños, contra los animales…
Indiferencia total ante el sufrimiento del prójimo. Y con todo esto muchas
veces llegas a pensar que la tierra estaría mucho mejor si desapareciéramos
los humanos y dejáramos que fueran los animales quienes la habitaran. Al
menos ellos matan solo para alimentarse. No utilizan la crueldad, se
ayudan unos a otros, no contaminan el aire, ni el mar ni la tierra…
Pero siempre ocurre algo, a veces, muy pequeño y otras, inmenso, que te
recuerda que hay otra parte de la humanidad por la que merece la pena
seguir habitando este planeta. Es la parte más grande e importante, pero la
que menos se ve porque la bondad siempre es silenciosa. Incluso menos
interesante para los medios de comunicación, que apenas la muestran como
una anécdota amable de vez en cuando. Como el obligado cuento de
Navidad de una vez al año. Pero lo cierto es que el mundo está lleno de
personas silenciosas que apoyan, que aman, que van por la vida
provocando sonrisas, dedicando su tiempo, y a veces hasta toda su
existencia, a mejorar la de otra gente.
Hay muchas maneras de contribuir a que este sea un mundo mejor, más
justo. Y este libro es una de ellas. Por eso me emocionó que me
propusieran prologar el que era su proyecto. El proyecto de un maravilloso

grupo de escritoras que han reunido sus historias con el fin de ayudar a Alex López. humildemente. O. y la investigación médica para descubrir. cuando la medicina debería utilizarse exclusivamente para curar. Pero. Te van a encantar. además. aportar ese granito de arena tan insignificante y a la vez tan trascendental para dignificar la vida del pequeño Alex. Gracias por tu cooperación. gracias por hacer de este mundo un lugar mejor. es una de esas enfermedades para la que apenas se investiga porque no hay los suficientes enfermos como para que resulte «rentable». dicho de otra forma. como dice Ewing en la novela El Atlas de las nubes. un niño dulce y cariñoso que a pesar de llevar sus siete años de vida en hospitales conserva intactas sus inmensas ganas de vivir. «Y. ¿qué es un desierto sino una multitud de granos de arena? Por eso te animo a que compres este libro y leas las interesantes historias que contiene. Por suerte. sin embargo. Porque. de David Mitchell. ¿qué es un océano sino una multitud de gotas?». Con mayor motivo cuando la enfermedad es rara y desconocida. y este libro pretende. . sentirás la satisfacción de ser uno de esos silenciosos y simples granitos de arena que componen el desierto y que enriquecen este planeta al que llamamos Tierra en el que Alex sueña con vivir y jugar como un niño más. Alex tiene la enfermedad de Sturge-Weber. Una de esas enfermedades a las que denominan «raras». cada uno dentro de sus posibilidades. Lo que. en este mundo «deshumanizado» viven millones de seres muy humanos dispuestos a ayudar.

era el Mayor más joven de las filas confederadas. sin embargo. Por el contrario. era un segundo destacamento que se hallaba más al sur. salvando aquella indómita barrera natural. se encontraba apostado. porque las tropas del ejército norteño. pero que serviría como apoyo en caso de que alguno de los puntos estratégicos importantes fuera atacado. la ciudad fortaleza donde el grueso de su ejército. acampadas al otro lado de aquel puente. en la retaguardia. El que Hugh comandaba. impidiendo el paso del ejército de la Unión hacia la ciudad. no parecían tener intención de movilizarse. cercano a aquel puente para custodiarlo. como había hecho hasta entonces. principalmente. No le importunaba no estar en primera línea de batalla. El río Mississippi serpenteaba de norte a sur dividiéndolo. comandado por el General Pumberton. afueras de Vicksburg (Mississippi) Hugh extendió sobre su mesa un mapa de la región y comenzó a estudiarlo cuidadosamente. Aquel campamento. Dejó caer el puñal sobre la mesa y recostó su cuerpo en la silla con cierta apatía… . más bien debía estar orgulloso: a sus veintiocho años. Con la punta de su cuchillo fue dibujando el verdoso cauce hasta llegar a una doble línea que lo atravesaba: el puente del ferrocarril situado cerca de la ciudad y que unía los dos condados. y separando los condados de Madison y Hinds con un curso especialmente caudaloso y violento a la altura de Vicksburg. aquellos hombres.Corazón de muñeca Juani Hernández 4 de julio de 1863. estaban bajo su mando y los llevaría a la lucha con honor cuando su General lo considerase oportuno. El General había emplazado un regimiento a orillas del río.

no había hecho otra cosa que luchar. en el silencio de la noche. Sin embargo. Era extraño. todas esas muertes a su espalda… a veces pesaban tanto que. parecía sentir en su propio cuerpo el dolor que la muerte les producía. él no estaba hecho para matar… Cada vez que manchaba sus manos de sangre. pero parecía prometedora. ostentando ya un cargo de oficial siendo tan joven. lo sabía. asegurándole que había nacido para eso. la guerra terminaría. Dirigió la mirada a sus manos y las halló vacías. casi hasta fanfarroneaban. lo que conllevaba elegir la violencia como la vía para hacer valer y defender los principios e ideales. y a veces. él sentía una tristeza y desesperanza infinitas.¿Por qué. lo que lo había llevado a escalar tan rápido y tan alto en su carrera. En esos años de enfrentamiento. ese vil acto se grababa en su alma como un estigma indeleble. Observaba a los muchachos tras una batalla y reían orgullosos. lo consideraban un buen estratega y con un don para tomar buenas decisiones. más que un cargo de conciencia. Pero él bien sabía que no había nacido para la guerra. avergonzado. contando y apostando sobre la cantidad de enemigos que habían abatido. y tarde o temprano. hermanos. de acuerdo. eso era lo que conllevaba la guerra. hijos… maridos… y cada vez que blandía su fusil contra ellos o caían bajo el acero de su sable. Se encerraba en la soledad de su tienda tratando de olvidar aquellas caras contraídas por el dolor. para bien o para mal. incapaz de soportar aquella pesada carga. en cambio. parecía llevar un mundo de pesadumbre sobre sus hombros. Y. entonces. Sí. No podía evitar preguntarse si habría algo más después de todo aquello. claro. Y todos lo felicitaban. En su Texas natal no quedaba ningún afecto que aguardara por él. aunque aquellos hombres fueran enemigos. volvían a su memoria los rostros de los soldados que cayeron en batalla por sus propias manos. Sus padres habían muerto años atrás y no había ninguna . también eran padres. como lo estaba en ese punto del camino su vida. no estaba satisfecho? Su carrera militar apenas estaba comenzando. llevando a sus hombres a la victoria en cuanta batalla habían intervenido. Hugh suspiró hondamente. y lloraba como un niño. marcándolo porque. sus quejidos desgarradores antes de morir.

Tomó el puñal de la mesa y lo guardó en la funda que llevaba en el cinturón. ―Hemos recibido un despacho urgente del General Pumberton ―le informó. deberíamos atacarles ―añadió. moviendo la cabeza. con irónica seguridad. ―¿No vamos a hacerlo? ―demandó Martin. sin duda. Tras esa guerra. no ―lo corrigió―. Han destruido las comunicaciones e imposibilitado que el batallón enemigo situado al otro lado del río pueda recibir órdenes. pensativo. ―Los muchachos dicen que ha llegado un circo y se ha instalado a las . alargándole un sobre lacrado. lo único que les proporcionaba. confuso. ¿están sitiados? ―cuestionó el soldado. y comenzaba a enrollar el mapa cuando alguien llamó desde el exterior. leyéndolo con interés. pudiendo morir a la vuelta de la esquina. ―El General Lee ha tomado Pennsylvania ―leyó en voz alta. Tú dirás. sonriente ante tan grata noticia―. Pero podemos acercarnos a la ciudad un rato. este. «Mayor Fergusson. ―Pasa. Martin ―le invitó a entrar. es un triunfo digno de celebrar. ―Descansa ―le indicó Hugh―. El joven se cuadró ante él. ―El General prefiere que aguardemos ―le aclaró―. Tampoco valía la pena pensar en aquello. Brinde con sus hombres a la salud de la Confederación» ―citó textualmente. ―Prácticamente ―asintió Hugh con recelo―. no tenía lugar donde ir ni tampoco al que regresar. era un futuro incierto.mujer que lo esperara en alguna de las tantas ciudades que habían recorrido en todo ese tiempo. Se levantó de la silla. expectante. La guerra. ―¿Quiere decir eso que nos da la noche libre? ―preguntó con entusiasmo. dada la situación. Hugh lo abrió. ―Tanto como la noche. ―Mayor Fergusson. y Hugh rió con su reacción. saludándolo. ―Entonces. en cualquier momento. Y.

para variar ―aceptó. Sin embargo. con rimbombante gesto. ¿Quieren visitarlo? ―Sería divertido. ―Yo me encargo. Apartadas. Dejaron los caballos a cargo de un mozo y se acercaron a la taquilla. Pero alguien debe quedarse en el campamento ―le advirtió. Se alcanzan a ver las carpas a lo lejos. le acompañó un pequeño grupo de hombres. Hugh rió para sus adentros ante su actitud. Mayor ―se ofreció con ánimo. tigres y leones y. Finalmente. esta vez más alegremente que cuando había entrado. órdenes eran órdenes. a un lado. un tanto contrariado. un gran cartel colocado en alto sobre una inmensa carpa. y a ninguno le vendría mal salir de aquel campamento. . conduciéndolos al interior―. Pasen. Seguía pensado que lo mejor era atacar. con elefantes. encogiéndose de hombros. aunque inmediatamente al verlos. señalando su uniforme militar e invitándoles. Era cuanto menos pintoresco. Estaba lleno de caravanas teñidas de vivos y brillantes colores y adornadas con toldos coloridos y banderines. llamativo frac rojo y chistera negra. al fondo. Cruzaron a caballo varios campos de algodón abandonados por el paso de la guerra y. pasen y vean el espectáculo ―les pidió. Volvió a cuadrarse. mientras el resto había preferido permanecer en el campamento con una buena botella de vino como compañía. No le atraía especialmente la idea del circo. un hombrecillo de bigotes puntiagudos. aunque fuera por unas horas. ―Lo sé ―asintió―. se veían las jaulas de las fieras. ―Está bien ―decidió―. y se marchó. dispuestos a comprar la entrada. Disfruten del maravilloso mundo del circo.afueras ―le dijo. arribaron al lugar. a alejarse de la taquilla―. se les acercó con amplia sonrisa. ―Pocas veces contamos con unos invitados de excepción como ustedes ―los alabó de forma exagerada. en pocos minutos. a franjas blancas y rojas. les daba la bienvenida al circo. pero al instante volvió a posar su vista en el papel. pero mucho menos aquella otra alternativa.

sin duda. era el lugar privilegiado del circo: frente a la escena principal y a pie de pista. de repente. El anciano la guiaba. platillos y trombones resonó al fondo del escenario y una orquesta se abrió paso hacia la arena. y los malabaristas hacían piruetas imposibles sin dejar jamás caer sus bolos de madera al suelo. encabezando una comitiva. Había domadores con sus látigos. casi resignada. aunque Hugh reparó en ella por su expresión triste. no despegaba la mirada del suelo. quien los llevó hasta el que. la vio alzar su rostro. sonriente y saludando al público con gestos de cabeza. payasos con rojas y grandes narices. Las gradas no tardaron en llenarse. afligida. portando su mano en alto con delicadeza. por primera vez y dirigiendo su mirada directamente hacia él. al igual que ella no los apartó de él hasta que desapareció de nuevo tras la lona. las gentes del contorno buscaban un pequeño escape a esos tiempos tan difíciles. los payasos. Las fieras fueron atemorizantes. Una repentina música de bombos. No fue capaz de apartar sus ojos de la joven ni un instante. Al parecer. pero Hugh los observó sin interés alguno. ¿Era una simple sonrisa capaz de hacer que un hombre quedase prendado de una mujer? Hugh jamás lo habría creído hasta ese momento. Hugh miró hacia ambos lados. El público comenzó a aplaudir mientras los saludaban los artistas. mas a fe suya que esa afirmación era cierta. En un principio. y aquel lugar lleno de una atmósfera de fantasía y colores hacía posible olvidarse de la guerra que discurría tras la tela de aquella carpa. sin embargo. muy divertidos. no era posible que lo estuviera mirando a él. Llamaba la atención por sus delicados rasgos y su piel pálida en contraste con su pelo negro. pero cuando volvió a fijarse en ella. Hugh comenzó a preguntarse qué motivo podría entristecer a una muchacha tan bella como ella cuando. Ansiaba que sus números concluyesen cuanto antes para volver a ver a aquella chica de . pero se dejaron guiar por aquel personaje.Hugh intercambió miradas extrañadas con sus muchachos. Ella. un par de muchachos que iban haciendo juegos malabares al ritmo de la música… un largo desfile que quedaba cerrado por un hombre de pelo cano y una linda joven vestida de bailarina. una hermosa sonrisa nació en sus sonrosados labios.

sus giros y piruetas eran gráciles. Otro cañón se dirigía directamente hacia el fondo. en silencio. mientras el anciano se posicionaba. La sincronía entre los movimientos del anciano y la danza de la muchacha eran sorprendentes. vacía. moviéndose al antojo de aquel hombre. con una larga falda de tul rosa y un corpiño bordado con centenares de brillantes lentejuelas plateadas. ―Danza para mí ―exclamó entonces. alzando en sus manos aquellos listones. dando la sensación de que. y por allí se abrió paso el anciano. Una inexplicable tristeza se apoderó de Hugh. Sin embargo. parecía sin vida. como si verdaderamente fuera una simple muñequita de trapo. quiso saltar a la arena. tensando así los hilos que llegaban hasta la muchacha. portando a la muchacha en sus brazos. Supo que el momento llegaba cuando comenzó a sonar una suave música. fluyendo como una suave brisa perfumada. comenzó a obedecer las órdenes del que parecía ser su hacedor. cautiva de la voluntad de aquel anciano. aunque sin luz. lo único que le otorgaba vida era la oscilación de aquellos hilos. y con maestría tiró de las varillas y la hizo ponerse en pie. en efecto. Dejándola allí. acompañada por aquella melancólica melodía que sonaba siguiendo sus pasos. y por un momento temió que hubieran anulado su parte del espectáculo. etéreos como la gasa de su vestido. tornándose el brillante y coloreado ambiente en una tenue penumbra a excepción de un resplandeciente haz que iluminaba el centro de la pista. subió hasta la plataforma. donde habían colocado una pequeña plataforma y una silla. a la lona. y darle así la libertad a aquella . viendo que. y cortar aquellas ligaduras que la apresaban. Su cuerpo yacía inerte. Por segundos. El público contuvo el aliento. perdiendo así la posibilidad de contemplarla otra vez. el laxo cuerpo de la joven respondía a los movimientos de los hilos. Sus ojos seguían abiertos con la mirada perdida y su cuerpo. y que iban a enlazarse a un par de maderas que el anciano extrajo de la parte trasera de su pantalón. Y su mirada seguía apagada. El hombre la dejó con delicadeza en la silla.mirada gris. como si fuera un títere en sus manos. y sus ojos permanecían abiertos. puñal en mano. y fue cuando Hugh se percató de los hilos que colgaban de su vestido y de algunas partes de su cuerpo. hasta ahora inerte. Asemejaba una linda muñeca vestida de bailarina.

De repente. obligándola a danzar. la muchacha corrió hacia el público. con premura.preciosa marioneta. rota la última de las ligaduras. lanzando el público una exclamación de asombro. El público exclamó impactado. el momento en que la muchacha posó sus ojos en los de Hugh. Entonces. Y. y . sobre la arena. de nuevo laxo. contagiados por la desdichada historia de aquella muñeca y sintiendo que ésa era la forma en la que escaparía de su cruel destino. justo cuando ella lo soltó. la música se alzó. solo lo miró a los ojos. cayendo su cuerpo. tratando de controlar a su creación. Con sorpresa. quien contuvo la respiración. con una expresión de angustia en su rostro. no creyendo que. la joven observó que una de sus cadenas se quebraba y. el hálito de vida que le había permitido escapar para entregárselo desapareció. esta vez. quien la observaba con una mezcla de sorpresa y expectación. animando a la bailarina en sus infructuosos intentos de escapar. pero la muñeca seguía buscando con sus ojos mientras giraba. Al llegar hasta él. Su hacedor respondió a esa rebeldía con decisivos tirones en los hilos. a mirar a su alrededor. ese trágico fin fuera lo único que el destino le tenía preparado a la pobre desdichada. tomó un pequeño broche plateado en forma de corazón enganchado en su pecho y lo observó durante un instante. finalmente. la muñequita de trapo cobró voluntad propia y comenzó a luchar contra aquella danza que la maniataba. directa hacia Hugh. ―¡Tira con fuerza! ―se escuchó desde lo alto de la grada. Hugh alargó la mano. tras lo que se lo entregó. No le dijo nada. volviéndose más rápida e intensa. comenzó a romper todas las demás guiada por el ritmo de la música mientras el anciano lanzaba improperios al cielo viendo que no conseguía dominarla. lo que sonó fue una exclamación de alegría y alivio cuando se rompió la primera cuerda. Su cuerpo continuaba obedeciendo a la danza que el anciano le definía mientras que sus ojos comenzaron a buscar algo. y la mirada de aquella muñeca pareció tornar a la vida. Como si esa hubiera sido su única intención al querer soltarse. suplicante. Otra inflexión en la ya potente melodía marcó el instante en que encontró lo que buscaba. rogándole que lo guardase y lo protegiese. aceptando aquella ofrenda y.

observando a la luz de las velas aquel brillante broche. ―¡Mayor Fergusson! ―escuchó. el público rugió en aplausos. volvieron a él aquellos sueños ya perdidos y lo invadieron los deseos de cumplirlos pero. y en cambio. no era una efímera quimera. pero sin su corazón. fue el hombrecillo de bigote puntiagudo el que. que estaba entregándole su bien más preciado. Rio para sus adentros soltando el broche sobre la mesa. percibió. que repentinamente había nacido en él. Sin embargo. salió a despedirlos. y él no dudó en aceptarlo. aunque para Hugh no había sido tal. en cada una de las funciones. Había esperado que. y marchándose Hugh de allí sumido en una extraña desazón. al ritmo de una muy animada música. que ahora Hugh aferraba en su puño. Encontró en sus ojos toda esa luz que necesitaba para guiar sus pasos.Hugh se levantó. Era ridículo. el anciano se acercaba a ella y la tomaba entre sus brazos. estaba convencido de que sí. inexplicablemente. Volvía a ser aquella muñeca de trapo inerte. los artistas volvieran a desfilar para despedirse del público. Se dejó caer en el respaldo. uno como ése acababa en las manos de alguien. despertar en él sentimientos tan intensos? ¿Acaso era posible enamorarse así de alguien con quien ni siquiera se había cruzado ni una palabra? Y. angustiado. invitándoles a volver otra vez. a Martin gritar fuera de su . de mirada perdida y ausente. Ya de nuevo en la soledad de su tienda. teniendo así otra ocasión de verla. para Hugh. confiándole su vida. transcurrió el resto de la velada sentado a su mesa. en la mirada expectante de la joven. lanzando un resoplido mezcla de impotencia y turbación. de pronto. Solo una mirada le bastaba para saber si esa ilusión. que apenas había visto una vez. significó mucho más. sentía que debía hacerlo a su lado. Cuando desaparecieron tras la lona. Descubrió que daría cualquier cosa por volverla a ver y decidió que al día siguiente visitaría aquel circo en busca de esa mirada que le hablase de su destino. su corazón. por irracional o disparatado que pareciera. ¿Cómo podría una mujer. al terminar la función. con paso solemne. Por absurdo que pareciera. sin embargo. impresionados por aquel número. No era más que una parte del espectáculo. Seguramente. mirándola mientras.

―El puente del ferrocarril ha caído. con el pecho atravesado por las balas y su exagerada sonrisa convertida en una mueca de muerte. frente a ellos. Hugh sintió sus entrañas licuarse al ver ese desfile de cadáveres adornando las calles que momentos antes habían estado engalanadas de cintas y banderines de colores. y con seguridad habían acudido a Vicksburg a reunirse con su General. Al mando de todos sus hombres.tienda. a su paso. quedaba lo poco que lo había soportado. que habían perecido también. levantándose con rapidez. Sus compañeros no habían conseguido detener el ataque enemigo. la batalla se estaba desplazando cada vez más cerca de la ciudad y. Hacia allí guiaron sus caballos. Ahora. casi llegando. yendo a su encuentro. creyendo estar acercándose a uno de los flancos enemigos cuando. cuando empezaron a escuchar el ruido de cañones en la lejanía mientras los fogonazos iluminaban la oscuridad de la noche. y ambos salieron de la tienda. señor. acompañándolo en su suerte… Todos aquellos que horas antes les habían contagiado su alegría a cambio de unos pocos aplausos habían recibido finalmente la muerte como cruel recompensa. se dirigió al campamento que custodiaba el puente. «Lo sabía». Ahora. ―Debemos ir en su ayuda. tomando nuevas posiciones para repeler así su ofensiva. se percataron de que. para encontrarlo vacío. entonces. Cambiaron de rumbo. Reconoció al hombrecillo pintoresco de bigotes puntiagudos. . El General Grant ha conseguido cruzar y están atacando a nuestro ejército allí ―le explicó con premura. en realidad. no quedaban más que cenizas. Donde hacía solo unas horas se levantaba aquel circo que traía magia y fantasía con su mundo. sintió deseos de gritar. ―¿Qué sucede? ―exclamó. para llegar a la ciudad. enseguida ―le dijo. el Ejército de la Unión iba arrasando con todo. uno de los domadores yacía cercano a una jaula habiéndole sorprendido la metralla antes de poder liberar a sus animales. el único color que las adornaba era el de la sangre que corría por ellas. pero no era momento para lamentaciones.

tratando de encontrarla. aunque no en aquellas circunstancias. y lleno de rabia e impotencia. La mayoría estaban vacíos. Salió y siguió buscándola por todo aquel maltrecho lugar sin encontrarla. sin conseguirlo dado el panorama que se veía en las calles. Comprobaré si hay algún superviviente. se encontró de frente con Martin. se marchó de allí blasfemando al cielo por haber perdido lo que apenas había tenido un segundo. Volvió a montar su caballo. Momentos antes había decidido acudir a ese circo a encontrarse con ella. para su pesar. Inconscientemente. en algún lado tenía que estar. pero continuó insistiendo hasta dar con su caravana. Que el Cielo le perdonase. Como si quien hilvanaba el hilo de su sino lo hubiera escuchado. el ataque debía haberlos sorprendido dormidos y habían tratado de escapar. ―Avanzad ―le pidió a Martin―. derrumbándose el mundo ante él. Cuando lo hizo. echó mano al bolsillo de su casaca. señor ―obedeció el joven. que cabalgaba hacia él. y habiendo recorrido cada rincón sin éxito alguno. aunque no había rastro de ella. sintiendo cuanto más se alejaba de aquel circo que nada había que lo impulsara a luchar. Hugh. pero el honor que le implementaban aquellos galones en sus hombros poca importancia tenía ya. No tardaré en alcanzaros. halló a aquel anciano que la había hecho danzar esa misma tarde. a su lado. dirigiéndose hacia Vicksburg. tratando de alcanzar a sus compañeros. buscando aquel broche que ella le había dado. La falta de aquel corazón detuvo al suyo durante un doloroso segundo. y que yacía ahora muerto en el suelo de madera mientras que. que lo había dejado olvidado en la mesa de su tienda. o lo poco que quedaba de ellos. y su imagen entre aquellos cuerpos vino a su mente como dolorosa posibilidad. picando espuelas y guiando al resto de hombres. estaba el vestido de bailarina. sin encontrarlo. destrozado y lleno de sangre.Hugh no pudo evitar preguntarse qué había sido de su pequeña muñeca de trapo. y recordando entonces. Ahora sí que la había perdido del todo y para siempre. desmontó y. . sin embargo. con rapidez. mientras escuchaba a lo lejos los cañonazos y disparos que le ilustraban lo cruenta de la batalla que estaba teniendo lugar. ―Sí. comenzó a recorrer cada uno de los carromatos.

Buena suerte ―le deseó. y era hermoso. Hugh miró. señor. aceptándola. la certeza de que no todo para él estaba perdido duró lo que aquel espectáculo. señor ―contestó a su vez. en ese instante. tarde o temprano. y nadie puede culparle por no querer hacerlo. Las tropas enemigas estaban muy ocupadas atacando la . había visto ese futuro que deseaba. a Martin. les llevaría a perder también la guerra. habiéndose rendido Vicksburg. se lo habían arrebatado todo de un plumazo. pero esa mirada había marcado en su vida un antes y un después. atónito. Espoleó a su caballo con brío y puso rumbo de nuevo hacia el campamento. No siga. En aquella tarde de circo. la Confederación perdía el total dominio sobre el río Mississippi y eso. señor. de estar esa misma tarde celebrando una victoria. ―¿Tú a dónde vas? ―le preguntó. pensó de repente. ¿Cómo. ¿Y usted. Ya nada se puede hacer ―le dijo Martin con resignación―. señor? ―Aún no lo sé ―repuso con resignación―. «Aunque tal vez no todo…». jamás recuperaría su vida. El ejército de la Unión ha tomado Vicksburg. ―Escape. desvaneciéndose como humo en el aire. Ir hacia Vicksburg es un suicidio. y despidiéndose así ambos hombres. ¿qué haces aquí? ―inquirió―. ¿Dónde están los demás? ―Huyen. Sin embargo. ―Igualmente. viéndose reflejado en los ojos de esa muchacha. En algún punto del camino se había extraviado y ahora no sabía cómo volver. el General Pumberton se ha rendido a su implacable ataque y hemos perdido la ciudad. Hugh lo observó alejarse y. pero tampoco sabía cómo trazarse una nueva. extendiendo la mano. ―Trataré de volver a casa con mi esposa. habían pasado a sufrir aquella derrota? Y sabía que.―Deténgase. ―Martin. a Alabama ―respondió―. Mayor ―le pidió―. Para el resto del mundo no sería más que una utopía. que añoraba. llegó el momento que durante tanto tiempo había temido.

aunque no tuviera ningún motivo para seguir estándolo. temiendo que fuera una mera ilusión a punto de desvanecerse. Y. apretando los puños a causa de esa emoción extraña. ―¿Cómo has llegado hasta aquí? ―susurró sin apenas creer que fuera cierto. hasta que llegué aquí. ―No lo sé ―respondió cobijada entre sus brazos―. rodeándola entre sus brazos. la notó elevar sus manos hasta su espalda dejándose acoger por él. que te había perdido para siempre ―admitió. una voz dulce y angelical. Desmontó de su caballo y. sintiendo su respiración pausada. . tirando de ella con delicadeza. al llegar a su altura vio a su dulce muñeca de trapo vestida con un camisón blanco lleno de barro y sentada con los brazos rodeando sus rodillas. sintiendo un impulso que me obligaba a salir en tu busca. contenida. despacio. No sabía hacia dónde iba cuando. Estaba helada. el único testigo de que todo aquel sueño había sido verdad. Vio cómo ella le tendía la mano y él la tomó sin dudarlo. seguiría en pie. se adentró en el campamento. llenos de alivio y turbación. empezaron a sonar cañonazos y disparos de fusil. y lo seguí. Desperté en mitad de la noche. tras de mí. con la certeza de que ese gesto era lo que había esperado durante toda la vida. Sin embargo. no fue así. Hugh sintió su corazón palpitar de esperanza. La ayudó a levantarse y. ―Creí que no te encontraría nunca… ―murmuró con temor. como si ella también estuviera convencida de que todo volvía a su lugar. por primera vez en todos esos años. así que se permitió abrazarla con mayor intensidad. con un poco de suerte. Llegaba a su tienda cuando divisó una figura sentada frente a la puerta.ciudad como para haber acudido allí y. comprobando que estaba desierto. ―Y yo. así que me oculté como pude en un campo de algodón y comencé a caminar. hasta que alzó su vista hacia él y lo miró con brillantes ojos. y su corazón casi escapó de su pecho al ver de quién se trataba. se dirigió hacia ella. por si las tropas enemigas habían decidido finalmente pasar por allí. Debía volver a su tienda y tratar de recuperar ese broche que era lo único que le quedaba de ella. Con cautela. para su fortuna. y Hugh pudo escucharla por primera vez. la llevó hasta su pecho. Entonces. Hubiera jurado que estaba aterrorizada. y que le ayudaría a no olvidarlo nunca. Venerar su recuerdo le haría saber que aún estaba vivo.

Había vuelto sobre sus pasos creyendo no tener nada y. Pero tú… ―Adonde quiera que vayas. él bebió de ese soplo de vida. los galones y los botones. encontrando sus viejas ropas y cambiándolas por las suyas. y con ella perderemos la guerra. tomando Hugh su mejilla e inclinándose despacio sobre ella hasta alcanzar sus labios con los suyos. hundiendo de nuevo su rostro en su pecho. sus destinos estaban ligados. y salió de nuevo a la estancia principal. deshaciéndose así de su uniforme. o tal vez un beso en la mejilla. desde entonces. Tras eso. a partir de ese instante. sintiendo ambos con su caricia que ya no eran dos. sabiendo que ella alimentaría sus días y él velaría sus noches. ―¿Qué hacemos ahora? ―preguntó ella. Y cuando de los labios femeninos escapó un trémulo suspiro. adentrándose él tras una lona que separaba el lugar donde dormía del resto de la estancia. iré yo ―asintió ella con firmeza. Luego. mirándolo. ―La batalla está perdida ―declaró―. Candice enredó sus finos dedos en el cabello de Hugh mientras él los deslizaba hasta su nuca acercándola más a él. Abrió su baúl y rebuscó en el fondo. ―Hugh ―repuso él. ―Ven conmigo ―le pidió. Aguarda aquí ―le pidió después. lo tenía todo. Necesito buscar algo. que. tomándola de la mano para guiarla al interior de la tienda―. cabría esperar un simple apretón de manos. Debo huir de aquí. diciéndole con sus palabras y sus gestos que. mirándolo sonriente al verle acercarse. habiéndose presentado dos desconocidos como eran.―Bendito ese impulso ―musitó con alivio. casi necesitaba tocarla presa del miedo a que fuera a desaparecer. serían solo uno. ―Me llamo Candice ―le dijo entonces. Candice se había acercado a la mesa y sostenía entre sus manos el broche en forma de corazón. en cambio. ―Había vuelto aquí con la intención de recuperarlo ―le aclaró Hugh . tomó su abrigo y le arrancó las insignias. en un gesto dulce y casi familiar. Hugh acarició su mejilla esbozando una sonrisa. Pero Candice alzó su rostro hacia él con naturalidad.

Y Candice le correspondió. sí. besando su frente en un gesto que le diera sosiego.caminando hacia ella. Hugh la rodeó entre sus brazos. ayudándola a montar. mi corazón te ha traído de vuelta hasta mí ―declaró con ojos risueños e inocentes. ella alargó una mano hasta él y le acarició la mejilla con dulzura. hacia su nuevo destino. su pasado. tal y como hiciera con sus ropas. tomó a Candice de la cintura. La joven giró su rostro y alzó la mirada hacia él. . ―¿Lo harías? ―preguntó con candor y esperanza. dejó la montura de su caballo desprovista de cualquier seña que lo vinculara a su vida militar. Después. pero recorrerían juntos esa nueva senda. en busca de la suya. entregándole el alma entera en ese beso que no quería que terminase nunca―. ―Entonces. apoyándola contra su pecho. Una vez lo hubo hecho. Y tenían frente a ellos un futuro incierto. Será mejor que nos vayamos de aquí ―susurró Hugh cuando se separaron. colocándose tras ella. depositando un dulce beso en la yema de sus dedos y luego en los labios. caminando hacia un nuevo horizonte. y agitó las riendas del caballo que comenzó a alejarse de aquel lugar. Sin embargo. y ambos sonrieron. Sentí que me encomendabas su cuidado ―reconoció con la cabeza gacha. ―Sentí… ―titubeó. ―Siempre. azorado―. Sin echar ninguno la vista atrás. y Hugh la cubrió con el abrigo. mi preciosa muñeca ―prometió. Salieron de la tienda cogidos de la mano. dejaron en ese paraje su antigua vida.

sin embargo. facciones viriles. él había cambiado. luciendo un aire de pícaro rebelde. te lo prometo.Bailando sola Leila Milá La empresa había organizado una fiesta en la discoteca más prestigiosa de la ciudad. y no me había dado cuenta de la gente que se acumulaba hasta que al volver la vista.» ¡Y una mierda! No había una. de un tiempo a esta parte. la camiseta gris pegada a su cuerpo esculpido a la perfección. «No hay otra. había sido una estúpida al no verlo y aceptar que. No debería importarme. únicamente le importaba su ego y la satisfacción de su polla. y ahí estaba yo. viendo a mi ex besando a una rubia explosiva con la que trataba de bailar sin mucho éxito entre movimientos más propios de una alcoba que de un lugar público. Abby. con mi mojito. seguía ahí de pie con la canción de Robyn sonando de fondo. el codo sobre la pulida superficie horizontal. labios de . así conservaría los añicos de mi corazón. no tendría ni que mirarle. Este estaba ladeado frente a la barra en una pose indolente. a punto de llorar por el abandono de mi supuesto amor y ni siquiera estaba bailando. lo que era lo mismo. La teoría era sencilla. A uno de los lados se había formado un considerable barullo. descubrí al chico en la barra que capturó por entero mi atención. Barba de tres días. Inspiré buscando fuerza en aquel simple acto cotidiano y aparté la vista del espectáculo que se llevaba a cabo abajo o. sonrisa sexy y mirada irresistible. sino todas las que pudiese camelarse. apoyada contra la pared. de mi ex con la rubiales. me sentía demasiado identificada con aquella letra que estaba perforando mis sentidos junto a mi coraza a marchas forzadas. cuadradas.

me dije para tranquilizarme. los ojos entrecerrados. Era alto. le vi venir hacia mí con un botellín de cerveza helado en la mano. aparté la vista. era que no dejaba de observarme. mis defensas saltaron respondiendo con más brusquedad de la necesaria. arrogante y terriblemente arrollador. A ti no te suceden cosas así y él no es de tu liga». Parecía poder devorar hasta mi alma con ellos. lo más curioso. seguro. La boca se me secó al oír su voz oscura. y el cabello negro por el que se podía hundir los dedos y aferrarlo sin problema. las manos empezaban a temblarme. parecía un depredador al acecho. su tono tenía una cadencia sensual que te envolvía como terciopelo. y. y aunque no sudase. pimienta y la suavidad del bambú. como si hubiesen mezclado limón. que cosquilleó. piernas y brazos fuertes. de espalda ancha donde poder agarrarse. y a la que vio que yo le prestaba atención. seguro que no es por ti. «Calma. Olía a fresco y desenfadado. llevándome una mano a la boca del estómago. barbilla alzada y la sonrisa ladeada de un modo devastador. era mucho más alto que yo.pecado y ojos de un penetrante azul. nerviosa. Tragué varias veces. su cuerpo casi eclipsaba el mío. no pensaba que hubiese perdido encanto tan pronto. que resaltaban gracias a su tono de piel. eres de las que muerden. pero ya lo tenía plantado frente a mí. por Dios. Abby. pensé pasándome la palma por la tela de la falda. avanzaba con gracia felina. que estaba tremendo. ―Hizo pasar el aire entre los dientes. ―Lo miré alzando la vista. ―¿Por eso has venido? ¿Eres de los que rescatan chicas tristes en las fiestas? ―Podría ser. Un calor tremendo me subió por los pies al ver cómo me recorría el cuerpo con sus magnéticos ojos. ―Se supone que la noche es para divertirse. y me humedecí los labios en un acto reflejo. Bebí aturdida y casi me da un pasmo cuando se me acercó tanto que pude oler su piel. y no mantenerse apartada en un rincón. ―Ya. ―Torció la sonrisa acompañada de otra mirada descarada. . ―Vaya. «Magnífico». me sentí fundir por completo. tenía la sensación de hacerlo cuando el pulso se me disparó.

Él me miró casi como si mi reacción lo sorprendiese o divirtiese. no sabría decir. con la pajita de mi copa golpeándola contra el hielo. ¡¿pero qué te pasa?! Deja de pensar en eso. ¿cierto? ―Dirigió su mirada a mis ojos. ¡Me estaba abrasando! Si aquello no era tensión sexual. y yo volví a tragar al ver esos labios cerrarse en torno a la boquilla de la botella. algo en su comentario me hizo reaccionar. Él volvió a torcer la sonrisa acercándose el botellín a los labios. casi hipnotizada. Cuando regreses a casa. No era el momento. gracias. La tela vaquera se amoldaba a sus piernas de un modo delicioso. ―¿Equipo? ¿Debería conocerte? ¿Eres nuevo también? ―Fruncí el ceño mirándole con la cabeza medio ladeada. Joder. . ―Premio.―Será que conozco a muchos buitres de la misma calaña. yo negué tratando de asociarlo a algo conocido y os juro que mi mente estaba haciendo horas extras. Sonrió lánguido como el depredador que me había parecido. he tenido suficiente. ―Cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra. Llevaba botas moteras y aunque por norma general no era muy aficionada a ellas. ―No ves los deportes. así que presté atención obligando a mi mente a relegar las imágenes de él tendido en mi cama. solo te espera el silencio. y se pasó la mano por el mentón sin que mis ojos dejasen de seguir ninguno de sus movimientos. que me partiesen en dos. A pesar de todo. te han hecho daño. había mencionado al equipo. todo él estaba para lamerlo de los pies a la cabeza sin prisa alguna. Sherlock. ―Ya veo. al tiempo que jugueteaba. pero… ¿qué había de mí? Me centré. menos cuando tenía a unos metros a mi ex pasándolo en grande. debía admitir que a él le quedaban de muerte. «Abby. ¿quieres una medalla? No estoy de humor como ves ―respondí a la defensiva casi a punto de bufar tal que si fuese una gata. el vacío y el frío de la noche». nerviosa. me recriminé. la soledad. ―Te han trasladado al equipo y es cierto que no sabes ni quién soy.

―Se inclinó un poco hacía mí. lo lamento. Él rio. me estaba poniendo nerviosa. estoy harto de tanta corrección. ¿Te trajo la escudería? ―Desplacé la vista en busca de su «séquito» para saber cuántos estarían. no atentos a nuestro pequeño encuentro. No sabía por qué. fuerte. Aquello era demasiado violento. pero el deber es el deber. me gusta lo real. y algo me dice que tú no eres de esas. seguía siendo una mano que desearías tener recorriéndote el cuerpo desnudo. me sentía estúpida y muerta de vergüenza. ―Me tendió la mano. menuda idiota. ¿realmente podía ver dentro de mí? Nadie más habría dado tanto en el clavo. ―Ya. ¿cierto? ―Sí. y a pesar de las palmas algo rasposas. el piloto.―Soy Ian Cross. se la cogí. Ian captó mi completa atención al decir aquello. rozando mi mano con sus dedos. ―Sonrió con franqueza―. en apariencia. ―¿Por qué? Has sido tú misma. Debía estar roja como un tomate. ―No pasa nada. yo… llevo una mala noche. Ian. menuda forma de conocernos. vine en mi propia moto. En serio. Parecías a punto de salir corriendo. y de paso ver si conseguía arrancarte alguna sonrisa. ―Me llevé la mano a los labios al darme cuenta del taco que había soltado. una risa sincera y vibrante que hizo mantequilla mi sistema. pero por primera vez en lo que llevaba trabajando en ese mundillo. qué más da. ¿cómo no le había reconocido?! Por eso aquel revuelo… ―Oh. ―Lo observé con fijeza sin el menor recato. su piel estaba caliente. él… ―Eres Abby Williams. haciendo chocar las uñas contra el vaso―. ―Intenté apartar la mano pero me lo impidió. No es que me gusten mucho estos actos. disculpa por como… joder. grande. Él sonrió tan tranquilo. ―No. cielos. firme. ¡Por Dios. Te reconocí y quise venir a saludarte. sin embargo. ya que el lugar . parece que esta es la noche de las disculpas. me alegra que todavía quede gente capaz de tratarme como a alguien normal. ―Lo siento. Me quedé mirándola aturdida y estupefacta.

estaba hablando con Ian Cross! Sonreí con picardía. pequeña. se hacía difícil escucharnos si no me hablaba cerca del oído. y yo parecía ser incapaz de ser inmune a su presencia. en él sonaba demasiado tentador. me reprendí una vez más en lo que iba de noche. lo bajé rápidamente tratando de sonreír como si nada. ―Bebió sin perderme de vista. ¿Por qué? Normalmente lo odiaba. ―¿Ya te dejan llevarla? ―dije refiriéndome a la moto. No les hace mucha gracia. desde luego seguía teniendo toda la pinta de ir de caza. desde luego era una paradoja que un piloto de Fórmula 1 fuese sobre dos ruedas. «¡Por lo que más quieras. empezó a enredar un mechón de pelo en él. y alcé los ojos hacia él observándole bajo las pestañas. evaluando el efecto de sus palabras sobre mí. . ¡Dios. no podía estar pasando aquello. ―Te hacía más de coches fastuosos. ―No negaré que tengo algunos ―me dijo confidente al oído sin perder la sonrisa―. ―Señaló el vaso que sostenía de forma precaria en la mano izquierda. ―Haces que me plantee mi trabajo como un posible negocio de riesgo. desobediente. y entre el griterío y la música. Abby. ―Sin él. sin embargo.empezaba a llenarse. está en el contrato. arqueando una ceja. pero no molestado que me llamase pequeña. pero es lo que hay. a otro ya le hubiera lanzado la copa encima con lentitud y a conciencia. a la que me di cuenta. ―¿Qué? ―Parpadeé. concéntrate!». potentes. rápidos y caros. Era magnético. Ian silbó. pero también te diré que prefiero la sensación de libertad que te da una moto. ―Mi dedo. ―Por un momento creí que ibas a echarme eso encima. ―Digamos que se me pasó por la cabeza. no hay gloria. Reaccionaba demasiado a la electricidad que se desprendía de su cercanía. Él volvió a dejar escapar una risita. Me estremecí en cuanto su aliento rozó mi piel. Desde luego me había sorprendido.

pensáis que estamos deseando tener a un hombre en casa. a las mujeres como tú no se las caza. Los tipos como tú creéis que lo conocéis todo de las mujeres. Solo me faltaba haber puesto cara de loba lujuriosa. pringoso y… ―Me interrumpí de golpe mordisqueándome el labio. Ian? ―Ni se me ocurriría. molesta―. Él volvió a hacer sonar el aire entre los dientes. no. ―¿Te estás ofreciendo? ―Levantó una ceja. yo di un paso atrás. ¿por qué? Estoy seguro que a otro lo hubieras bañado con… ―Con mojito ¿y quieres la verdad? ―Por favor ―dijo como todo un caballero sin perder esa sonrisita peligrosa de los labios. «¡Abby. eso sí. ―Casi sufrí un corto circuito cuando pronunció mi nombre―. pero no me tientes o terminarás empapado de arriba abajo. . no sigas por ahí…». ―¿Ah sí? Las mujeres como yo… ―Me llevé una mano a la cintura con una mirada retadora y desafiante―. solo divertido por mi arrebato. y que con cuatro palabritas tendréis nuestra ropa interior en las manos. atado y comprometido. ¿Por qué te pones a la defensiva? Ni siquiera te he atacado y eso que no he usado ninguna de mis técnicas especiales. Ian hizo una mueca. Eso ha dolido. ¡¿Pero qué me hacía ese hombre?! ―Es el efecto que suelo causar. no parecía sorprendido en absoluto. No tengo ningún problema con los revolcones sin compromiso. ―Sonó demasiado bien saliendo de tus labios. campeón. no voy de caza. Abby. arrancándome una carcajada. ¡¿Por qué tenían ese efecto en mí esos ojitos?! ―Lo siento. Me derretí. Yo no he usado ningún tópico contra ti. por eso te libraste. STOP!. divertido. se las conquista. simplemente es que todavía estoy… ―No terminé la frase. y no es así. no soporto que me vendan milongas para quitarme las bragas.―Pero no lo hiciste. insistí en mi cabeza. ―¿Estas cazando.

Con eso solo conseguirás que un buen día te levantes y te des cuenta de que la vida ha pasado delante de ti sin que la hayas vívido. ―La voz de Ian me trajo de vuelta a la realidad. distrayéndome de lo que hacían las manos de Ryan. ―Puede. Dime. ―¿Acaso tú tienes muchas? ―Sonreí quedando de nuevo atrapada en su influjo a pesar de que mis ojos seguían controlando a Ryan. me llamaban a gritos y yo no podía pensar con claridad. todo había dejado de existir y el mundo dejo de girar a mi alrededor. la herida estaba abierta y me sentía una idiota. inspirando. ―A ver si adivino. mi gurú particular o algo así? ―Medio sonreí divertida volviendo a mirarle. siseé estremeciéndome. Las manos de Ian apartaron un mechón tras mi oído. Desde ahí podía seguir viendo a mi ex bailando con la rubia. Hum. poniendo un pie sobre el otro con los brazos cruzados. mi ex pareja―. ―Tampoco es tan malo querer protegerse del mundo ―murmuré casi sin aire. ―¿Y tú quién eres. Su rostro estaba frente al mío y esos labios no dejaban de tentarme.mi ruptura era demasiado reciente. ―Siguió como si supiese que había acertado―. . ¿tú qué haces para divertirte? ¿Alguna locura en tu agenda? ―Apoyó la parte baja de la espalda en el murito. casada con tu trabajo. Por un instante. a que el suelo dejase de moverse bajo mis pies. ¡¿Qué me pasaba?! ―Sé bien lo que es querer proteger el corazón. Yo tragué a punto de sentir como me ahogaba deseando aferrarme a él. Cerré los ojos y esperé. ―Algo así. tal como si estuviese deleitándose con el tacto de mi piel. ―Rozó mi mejilla muy despacio. a la que su dedo rozó la piel de mi cuello. Ian rio. lo malo es que al final te das cuenta de que con eso únicamente te amargas y acabas solo ―dijo cada vez más cerca. Ian puso un poco de espacio entre ambos apartándome hacia la barandilla de seguridad que separaba el nivel superior de la sala inferior.

Me mordí el labio inferior mirándole sin apartar la mano que tenía sobre su cuello ancho y robusto y seguí moviéndome. ¿recuerdas? ―Yo… lo siento. Él enseguida se puso en movimiento llevándome hacia el piso inferior. tranquila. Ian me mantuvo firme para que no perdiese el equilibrio. ―¡Ah. Lo cierto era que era una provocación cómo se movía ese cuerpo. perdona. qué mal. ―Vaya. ni siquiera sabía por qué le respondía. Oye. aprovéchate. ―¿Muchos años? ―Se acercó la cerveza a los labios. ya en la pista. no deberías beber ―lo reprendí. ―Seguí su mirada. ―Me pasé el vaso frío por la frente. me gusta eso. ¿sueles hacer siempre de caballero andante? ―No. ―Qué amable.―Cada día me juego el tipo. haciéndome caer contra su pecho duro. . volví a reprenderme. ―No. Te aseguro que ahora mismo eres la chica más envidiada y deseada de este local. menudo honor. disimulada. sabía bailar. Vamos. ¿Alguien importante? ―Movió la cabeza hacia abajo. no! Solo… mi ex. ¿Quieres joderle un poco? Baila conmigo. es un halago. ―Eres toda una caja de sorpresas. solo contigo. ―Cinco. ―Se encogió de hombros―. ―Sonreí divertida aceptando su mano. señor Cross. ―Sus ojos me taladraron por completo. incluso la cúpula directiva estaba empezando a acercarse a la barandilla. ―Es una fiesta. ―¿Cómo? ―No has dejado de mirarle. Todo el mundo nos miraba al pasar. y no es por vanagloriarme. ―Me alargó la mano una vez más con la palma abierta―. Olía tan bien… ¿Cómo sería recorrer ese abdomen firme y esculpido con los dedos? «No deberías pensar en eso». Yo reía cuando me atrajo hacia él de un tirón. enseguida le seguí. Su rostro fue de absoluta comprensión.

pero no se sorprendió. ―Le miré sorprendida de que me hubiese respondido a eso sin perder la sonrisa―. nuestros alientos se mezclaron. no me moví. sin embargo. ―Por no decir otras piernas. El rostro se le había ensombrecido. ―¿Lo consigo? ―Dejó de sonreír mirándome muy fijamente. pareces el abogado del diablo tratando de tentarme. ¿quieres hacer una locura conmigo?. ―Es bueno saberlo. ―Fijé mis pupilas en las de él que parecía de pronto sumido en sus propios pensamientos. Ian hizo una mueca. ¿considerarías muy inapropiado que te besara? ¿Estaría aprovechándome? ¡Oh. Desprendía tanto calor… ―¿Qué pasó? ―preguntó refiriéndose a Ryan. ―Simplemente. me quedé mirando cómo bajaba su cara hasta la mía. Llegó un día de la noche a la mañana en que decidió que ya no me quería con él. en su expresión se leía la más férrea determinación. lo haré a menos que me detengas. ¿Te sientes frágil? Quiero decir. al fin y al cabo también era un hombre y entre ellos solían comprender esa especie de códigos secretos. hay que ser lo suficiente maduro para afrontarlo por el bien de ambos. . Me asusté. Siempre es mejor hablarlo. su mano presionó contra la parte baja de mi espalda pegándome a él. si no funciona. él sonrió poniendo una mano en mi cadera y otra en la cintura. Abby. nunca engaño a una mujer. me parece una cobardía. ―Eso dije. ¿Y ahora mismo tienes algo en mente? ―Sí. ―Me puse de puntillas para decir aquello muy cerca de sus labios. ―Respóndeme una cosa. me dejó. Seguro que tú has hecho lo mismo más de una vez.―No pensabas que supiera moverme ¿verdad? ―Puede. Dios santo! No estaba fingiendo… ―Si no me dices algo. venga… ―¿Qué clase de locura? Ian. así que decidí probar y cambiar de tercio―. ―Yo suelo ser muy claro con las cosas que quiero. quería descubrir cosas nuevas. Su cuerpo era un inexpugnable muro de fortaleza y arrogancia masculina. eres peligroso. dime.

exigente. ardiente. Mis uñas arañaron su piel. sus caderas presionaban entrando y saliendo. Mi sexo lo apresaba con fuerza exigiendo que se moviese. la vida seguía y no esperaba a nadie. le sentí empujarme hacia los servicios y cómo echaba a alguien entre protestas mientras yo seguía sumida en mi nube de excitación. ―Hazlo. A cada embestida me sacudía. ciegos y hambrientos que no veían nada más alrededor.―Nuestros superiores están ahí. Por primera vez en mi vida lancé la cordura por la borda junto al dolor. no tardó un segundo en pensárselo. estirando mi mojado interior. haciéndome jadear hasta que su boca se acopló a la mía tragándose cualquier sonido. Nuestras espaldas fueron chocando por las paredes hasta dar con el hueco apropiado sin apartarnos el uno del otro. le rodeé con las piernas. El deseo más primitivo y feroz nos devoró. soy tu enlace. El frenesí nos dominaba así como la prisa por alcanzar el éxtasis. listo y preparado. Habíamos . y todo ardió en llamas. no podemos hacer esto… ―¿Siempre obedeces? No he dejado de desearte desde que te vi en esa pared a punto de derrumbarte. y que no estaba guardando ningún luto por la relación terminada. Traté de abrir los ojos y alargar la mano a la puerta. el aire frío me hizo sisear y entró en mí. y una descarga de electricidad partía de mi centro al resto de terminaciones nerviosas. sus labios capturaron los míos. su lengua se abrió paso en mi boca. respondió: ―Siempre cuando lo tengo claro. caliente. casi parecía el motor de su monoplaza. Yo tampoco tenía por qué hacerlo. y en un instante apartó mi ropa interior. Y así lo hizo. Parecíamos dos desesperados. me aplastó contra la pared volviendo a besarme y gemí cuando su cremallera rasgó el aire. No merecía la pena perder un segundo más pensando en alguien que estaba claro que no me quería. Aunque puede que esta vez me estrelle y sea el único que tiene la sensación de que entre ambos hay algo muy potente. El pulso me latía desbocado. Sus manos me alzaron en vilo. ―Te gusta ir rápido ¿eh? Su sonrisa fue evidente.

empujo con suavidad la palma contra mi espalda. saboreando. en ellos ardía un intenso fuego que me robó el aliento. Mi frente se pegó a la de él un instante. el final se precipitaba en esa danza descontrolada mientras nos veía a ambos en el espejo. Mi cuerpo reaccionaba a él. tentando la mía a salir a su encuentro. implacable. Ian se aseguró de tenerme bien sujeta y avanzó hasta el lavamanos. el sudor empezaba a resbalar por la columna perlando mi piel. y protesté cuando salió de mi interior. reclamando y dejándose llevar al tiempo que nuestros cuerpos seguían hablando su propio idioma acoplados a la perfección. El pecho me subía y bajaba aprisa. La piel expuesta de mi trasero agradeció el frío del mármol. Me mordisqueó el cuello y siseé en cuanto tanteó mi entrada. Sus ojos me atraparon enseguida. A cada nueva acometida estaba más cerca de correrme. eché la cabeza atrás. la parte baja de mi espalda. cada caricia era un suplicio delicioso que me llevaba más lejos. Definitivamente. tenía los labios hinchados y enrojecidos. Le sentía moviendo las caderas. Todo pulsaba. se contraía y endurecía. eché el pestillo. Mis mejillas eran dos faros. arqueé la espalda y él volvió a tirar para que me pegase a él obligándome a incorporarme. justo en el aseo para minusválidos cuya puerta atrancaban nuestros cuerpos. descubriendo. llegando a rozar puntos que ni siquiera sabía que tenía. y me mordí el labio para no cerrar los párpados cuando volvió a enfundarse en mi interior. le pasé la mano tras el cuello y a la que volvió a empujar. nuestras bocas se fundieron exigentes. me volvió de cara al espejo para que pudiera vernos a ambos. Separé las piernas un poco más para darle mejor acceso. Sus dientes pellizcaron mis labios y su lengua salió después. Con una mano en mi mejilla volvió a besarme y tras romper el beso. y me incliné hacia delante apoyándome en la superficie del mueble. Y juro que grité cuando volvió a abandonar mi interior. porque no iba a poder contenerlo más. regresó justo al lugar donde le quería. su miembro rozaba. Me volvió. Como pude. al ritmo de mi respiración acelerada e irregular. No me podía creer que estuviese haciendo aquello ni quería pararme a pensar ahora. sabía manejarse más que bien.terminado en el servicio de mujeres. bajándome del mármol. Únicamente podía sentir el placer zarandeándome con fuerza. Me rodeó la cintura pegándose a mí. iba a . Mi piel vibraba. su peso me empujo contra el lavamanos y alzándome una pierna. duro. Ian bombeó y yo gemí.

perder así la cordura y dejarme llevar de este modo. No pares. La tensión era dolorosa. las piernas flotaban y. por favor. los pilotos estaban muy controlados y su salud era una prioridad. No pensaba ni en mi ex. echar un polvo? Lo dudo… ―Sonreí maliciosa. porque ni siquiera me importó la mirada oscura de Ryan ni la de su acompañante cuando la . ―¿El qué. Quizás. mi cuerpo se distendió y el placer se adueñó de mí como un tsunami imparable. en la escudería ni la directiva. ―No llevo protección. salvo que atravesamos la discoteca en dirección a la salida.estallar y él no estaba mucho más lejos. ―Me besó de forma salvaje empujando de nuevo. en vez de avergonzarme. No dudaba de la veracidad de sus palabras. ―Yo también. la deflagración me cogió por completo desprevenida. salí de la mano de Ian con la cabeza bien alta. ―Tomo precauciones. Al poco. Si pudiera. esa fractura era justo lo que necesitaba. el calor se precipitaba dentro. Me estremecí. Me tensé. y el pulso me ensordecía. ahora no… sigue. estaba claro que esa no era una práctica que tuviese en desuso… ―No. estaría gritándome por cómo había podido ser tan irresponsable y dejarme arrastrar así. no quería pararme a pensar y que la nube estallase por culpa de un arrebato. Abby. lo siento… ―¿Qué? ―Le miré atribulada sin comprender―. no te preocupes ahora por eso. Los labios me palpitaban. ―Joder. Podía sentir el intenso latido de su corazón contra mí. No sé muy bien qué pasó luego. hacía mucho que no hacía algo así ―jadeó con voz ronca junto a mi oído. Tanto daba si era una más de sus muescas o no. lo había disfrutado y era mi vida. hundí las uñas en su espalda y gemí al sentir cómo el espasmo nos sacudía a los dos. estoy sana. haciendo que él me acompañase y quedase con la frente apoyada en mi hombro. ―Le miré sintiendo cómo todo mi interior se preparaba para precipitarse.

me abroché el casco y me aferré a su cuerpo duro y fuerte. . porque para él todo se limitaba a eso. Podía volver a quererme y ser yo misma. tras darnos una ducha muy entretenida. no bailé sola y no me importaría si debía volver a hacerlo. fue caer con él entre las sábanas de la suite del hotel que tenía alquilada. Todo pasó como en un sueño. Sin duda. a poseer y alardear. Mi vida no se acababa con Ryan. Subí a su moto.apartó a un lado como si solo fuese mercancía. Lo último que recuerdo. Al final. la mejor noche de toda mi vida.

con cada noche en la que quedaba relegada en un rincón. Apretó con fuerza la tarjeta de baile y luchó contra las lágrimas que . Odiaba sentirse así. de aquel salón en el que estaba siendo humillada públicamente al ser ignorada por todos los presentes. soñaba con llegar una noche a una fiesta y poder sentir las miradas apreciativas de los presentes sobre ella. tedioso y un golpe a su autoestima. Era duro observarlas desde lejos. y con cada baile. incapaz de levantar la mirada del suelo. como losas que la hundían en la desesperanza. deseando que este se abriera en dos y la tragara para alejarla de aquel lugar. Abbie suspiró con pesar al ver que aquel baile iba a ser como los otros a los que había acudido. se sentía sola y desesperada. frágil. Y cada año que pasaba le pesaba sobre el alma. rodeadas de atentos pretendientes que se desvivían por ellas. sueños. se quedaba toda la noche sentada en un rincón viendo pasar las parejas de baile. anhelando ser admirada como lo eran muchas de las jóvenes del salón. poder ver el orgullo en los ojos de su padre y la envidia en los de las demás jóvenes casaderas como ella. Deseaba fervientemente poder ser como una de esas principiantes que llenaban sus tarjetas de baile con los nombres de los hombres que las pretendían.Amar desde las sombras Sheyla Drymon Desde las sombras. La realidad era dura. quebrando definitivamente sus deseos. viendo pasar a los hombres que ni se dignaban a dirigirle una segunda mirada. Pero los sueños eran solo eso. desprotegida. apenas espejismos que aparecían de noche y se rompían cuando se veían los primeros rayos del sol despuntando en el horizonte. sobre el corazón. a pesar de esforzarse por lucir hermosa. pues.

Se sentía prisionera en su casa. llenos de vida. Debería estar acostumbrada a los desaires de él. era la única familia que le quedaba en el mundo. Era una mujer con curvas. No miró atrás cuando se internó en la oscuridad y buscó refugio en medio del jardín con hermosos rosales que desprendían una fragancia dulce que la hizo sonreír con pesar. intensos. En cuanto llegó. Era consciente de que no tenía la belleza clásica que imperaba en Londres. el color de la temporada. que siempre hacía lo mismo: llegaba a la fiesta. que se apagaban cuando su padre le gritaba al llegar a casa que no se esforzaba lo suficiente para encontrar un buen pretendiente con el que desposarse. y él no se mordía la lengua cuando le echaba en cara lo que pensaba de ella. La hacía sentir una mujer inferior que no merecía nada de lo que poseía. Con un suspiro pasó las manos por el regazo alisando una inexistente arruga y se dirigió hacia una de las puertas que daban acceso a los jardines. pues. sin posibilidad de hallar una salida.pugnaban por brotar de sus oscuros ojos. Cada paso que daba alejándola de la mansión la adentraba en la desesperanza. Dejó a un lado la tarjeta y decidió salir de aquel sofocante lugar. mostrándole la realidad de su vida. encontrándolo al fondo del salón bebiendo y charlando animadamente con unos hombres que reconoció como socios de su padre en algunos de los negocios que tenía. antes de atreverse a dirigirse hacia los jardines. ni poseía una hermosa melena rubia que brillaba con vida propia ante unos impactantes ojos azules. a la espera de que un hombre se fijara en ella y deseara cortejarla. pero le hacía daño mostrarse como un trozo de carne embutido en un prieto vestido lavanda. poder formar la familia que con tanta añoranza deseaba. de su falta de éxito en su segunda temporada en Londres. eso sí. a la que su padre debía mantener. sin preocuparse de ella. Estaba más que entretenido. pero no podía dejar de sentirse dolida. no era alta ni esbelta. y dudaba mucho que se percatara de que se ausentaba. Era penoso ver que ni su padre se interesaba por ella. la dejaba en aquel rincón y se alejaba sin mirar atrás. con larga melena rizada negra y ojos como el carbón. agradecida por el frío de la noche. al fin y al cabo. la ascendencia hispana de su madre se evidenciaba en su físico. o aceptaba las limosnas de su padre o acabaría en la calle sin saber qué hacer o a . Por supuesto que quería casarse. respiró hondo. miró hacia donde estaba su progenitor. Perfecto.

poder formar su propia familia a la que cuidar. que había bajo un gran árbol. la cortejarán con todas sus armas. «¡Como si sirviera para mucho hacer eso!». la inteligencia en la mujer estaba mal vista. se la disputarán con ferocidad. siendo una espectadora en las sombras. Se sentó en uno de los bancos de piedra. se recordó para sus adentros. aguantándose las ganas de llorar. «¿Es tan difícil encontrar un buen hombre con el que desposarse y ser feliz?». Poco importa. convirtiéndola en un florero que en cada baile miraba con anhelo la pista. respetar y amar por encima de todo. que la ahogaban cuando veía la decepción y el desprecio en la mirada de su padre. Lo había comprobado muchas veces. tocar el piano y cantar como un ángel. antes de responderse a sí misma para sus adentros: «Sí que lo es». y su deseo estaba cada día más lejos de hacerse realidad.dónde acudir. desahogarse en aquel rincón. quieren una hermosa muñeca a su lado con la que procrear y presumir». No se aceptaba que esta pudiera responderte con coherencia y entablar una discusión razonable de economía o política. ironizó abriendo los ojos y alzando el rostro hacia el oscuro firmamento. cuando esta hable. derramar las amargas lágrimas que se agolpaban cada día en sus ojos. cuando veía que el tiempo pasaba y ella continuaba sola. Nada más. contempló las estrellas durante unos segundos. Cuando se iniciaba la temporada en Londres. pensó Abbie mientras dirigía sus ojos al cielo. cómo muchos acababan desposándose con las herederas más ricas del salón. Los años pasaban y los hombres se fijaban en las nuevas debutantes. apretando las manos entre sí notando cómo le temblaban. Quería llorar. aunque luego. cómo las perseguían como moscones revoloteando a su alrededor. pero parecía que el destino estaba en su contra. «Si una mujer es hermosa. y cerró los ojos. Estuvo contemplando el cielo un rato antes de ver cómo una estrella . era testigo muda de lo que movía al mundo: el dinero y la posición social. pero sí que fuera capaz de pintar. se note que no tiene muchas luces. con pesar. beberán los vientos por ella. Les movían el dinero. ansiando encontrar una salida que no podía alcanzar. Quería ser amada. la posición social o… «La belleza».

Esperó con paciencia a ver otra estrella fugaz para murmurar en alto su deseo. además. que sea. iba a ser imposible que se cumpliera su deseo. Abbie intentó huir a su cuarto para meterse en la cama e intentar olvidar todo lo que la atormentaba. agrandó los ojos recordando lo que decía su difunta madre. pero cerró los ojos y rezó en silencio. suspirar y añorar. el no decaer en la melancolía pese a que la vida te mostrara lo más amargo. que el deseo que le pidieses de corazón a una estrella fugaz se cumplía. algo que se pueda tocar. mi amigo y confidente. ante todo. Bien era consciente de que pedía demasiado y que viendo cómo transcurría cada fiesta a la que acudía. y cuando cruzó el firmamento velozmente. . No tardó en aparecer. me sea leal y fiel. avivar. Era infantil sentir el irrefrenable deseo de que aquel mágico cuento que le contaba su madre fuera verdad. con el que formar una familia». No quería levantarse un día y percatarse de que no deseaba nada. pero no quería perder la inocencia de la infancia. finalmente que su destino estaba ya marcado y que no podría luchar contra él por mucho que le costara. voy a considerar la proposición que me ha ofrecido el barón Rodelstein. con el que se pueda soñar. Deseo que el amor pueda ser real. el cual se sienta orgulloso de tenerme como su mujer. susurró: ―Deseo encontrar un hombre del que me sienta atraída y confiada de estar a su lado. llegando incluso a burlarse de su persona por la falta de interés que mostraban los pretendientes hacia ella. El regreso a casa siempre era doloroso. su padre no dejaba de increparle en el estrecho carruaje lo decepcionado que estaba de ella. pensó esto último. pero las palabras de él la dejaron paralizada y con el corazón latiéndole furiosamente en el pecho. En cuanto llegaron a las puertas de su casa. ―Ante tu falta de entusiasmo por encontrar un buen pretendiente. respetar. Deseo… ―«Deseo encontrar un hombre al que amar y que me ame. que me ame sin restricciones y. es inexcusable que a tu edad aún no hayas conseguido desposarte. que había aceptado. ansiando que por una vez en su vida tuviese suerte y pudiera encontrar un buen hombre que la liberara de la prisión en que se había convertido su existencia.fugaz atravesaba el firmamento.

pues. aún no terminó la temporada y… ―Se terminará sin que tengas a varios hombres golpeando la puerta de mi casa pidiéndome tu mano. le dolía la cabeza. Ese hombre era anciano y se comentaba en los cotilleos de sociedad que sus dos anteriores esposas murieron a manos de él por los golpes que les propinó. lo harás. que eres una decepción como hija y que no iba a conseguir una buena unión con un Lord a través de los lazos del matrimonio. padre. de aceptar la petición de ese hombre.. Abbie no durmió.«¿El barón Rodelstein?». sin dejar de pensar una y otra vez en lo mismo: en un futuro al lado del barón. que dejara de soñar y se enfrentara a la realidad: que era una decepción de hija y que su única posibilidad de desposarse era con el barón. además. lo asumí hace tiempo. A lo largo del día actuó como una autómata. él ya estaba decidido a entregarla a un monstruo con tal de perderla de vista. lloró. iba a condenarla en vida. podrás pagarme todos estos años que he tenido que mantenerte. hacerle ver que. sin prestar atención. enterrando el rostro en la mullida almohada y ahogando los sollozos y las lágrimas que brotaban de sus enrojecidos ojos sin control. Que tenía que estar muy agradecida al ser aceptaba por el Lord. el corazón. y estaba tan agotada física y mentalmente que apenas tocó el desayuno. pero no sirvió de nada. compartiendo cada día y. gritó y hasta quedó de rodillas ante él. Si te ordeno que te cases con el barón Rodelstein. Levantarse al día siguiente fue muy duro. su padre la despachó a su cuarto recriminándole que se estaba portando como una trastornada al rechazar una buena oferta de matrimonio de esa manera. . cada noche.. Estaba desesperada ante un oscuro futuro al lado de un hombre horrendo al que iba a ser ofrecida por su propio progenitor. no quiero casarme con el barón. pensó Abbie con auténtico terror. ―Pero. a su edad ningún otro hombre la querría a su lado. Le suplicó. moviéndose por la casa sin ser consciente de lo que la rodeaba. Fue inútil que intentara protestar. Aquella noche. Abigail. no precisa dote.

. Podía ser una ilusa. y me sentí atado y tentado a acercarme a usted y tomarla entre mis brazos… Detuvo la lectura y posó una mano sobre su corazón. después. ―¿Podrías dejarme sola. Sintió un nudo en el estómago ante la posibilidad de que fuera una invitación del hombre al que su padre quería atarla de por vida. Acaba de llegarle una carta.No fue hasta la hora del té que tuvo un respiro cuando su padre decidió acudir al club del cual era socio. Cerró los ojos unos segundos para disfrutar de la emoción que sentía en esos momentos. y cuando leyó las primeras líneas la dejó a un lado y miró a la mujer que esperaba paciente a los pies de su cama. y sus sentidas palabras derribaron las barreras de mi corazón. ―Y probar el sabor de sus hermosos labios. antes de continuar leyendo. Apenas una hora. lamento molestarla. momento en que aprovechó para retirarse a su alcoba e intentar descansar algo.. Su hermoso rostro y su dulce voz invadieron mis sueños. Soy consciente de mi impertinencia al haber escuchado. ―Verla a la luz de la luna y no poder acercarme fue una tortura. ―Señorita Abigail. momento en que Abbie se levantó de la cama y corrió hacia la ventana para poder leer la misiva con más atención a la luz del sol. sin revelarle mi presencia. y tomó la carta con manos temblorosas. pero se sentía exultante al saber que un hombre se había interesado de tal manera por ella por primera vez en su vida. Sarah? Esta asintió y abandonó el cuarto en silencio. el cual latía enloquecido en su pecho.. Espero que mi atrevimiento . asombrándose de las palabras allí escritas.. una agradable mujer que la trataba como a una hija protegiéndola en lo que podía y dándole el cariño que su propia familia no le daba―. Apenas tardó unos segundos en abrirla. pero su imagen me cautivó. cuando creía estar sola.que me acompañó a lo largo de la noche. un suave golpe en la puerta la despertó. Tuvo que releer una vez más el pequeño párrafo porque no creía lo que había leído. ―La puerta se abrió y apareció la vieja criada de la familia. ―comenzó a susurrar las hermosas palabras de la misteriosa carta― .

cada palabra de esas hermosas misivas en las que el misterioso admirador le contaba su viaje por el mundo. en el que los nuevos ricos se habían asentado levantando imponentes viviendas que mostraban el nivel adquisitivo que tenían gracias a sus crecientes negocios. por primera vez en su vida. ya que había conseguido emocionarla con sus palabras. Aquella carta había conseguido acallar durante unos momentos la angustia de convertirse en la mujer de un hombre que bien podía ser su abuelo y del que se decía que poseía un alma negra que disfrutaba al dañar a los demás. pero la curiosidad pudo más y al final optó por responderle. pero el riesgo de saber más del misterioso hombre bien valía la pena. «¿Debería responderle?». leyéndolas todas de noche a la tenue luz de las velas. quien la había hecho sentir. se preguntó a sí misma. La ilusión que sentía al saber que un hombre la adoraba desde las sombras era lo único que acallaba la amargura al ver que su padre había aceptado finalmente el compromiso con el viejo Lord.no la incomode y acepte responder mi misiva. ¿Y qué podía perder si lo hacía? Bien era cierto que su padre podía repudiarla o adelantar la boda que estaba planeando. Se las sabía de memoria. escribió una carta a diario obteniendo la respuesta al día siguiente. Se tumbó en la cama y cerró los ojos con la carta apretada contra el pecho. Cada carta que recibía era un regalo que atesoraba con emoción bajo el colchón de su cama. Quería conocerle. Dobló con cuidado la carta y cerró los ojos rememorando cada palabra. el barón Rodelstein. Escribirle o no escribirle. A lo largo de esas dos semanas. Su admirador secreto. emocionándose y enamorándose poco a poco del . hermosa y deseada. El corazón le latía con nerviosismo y la emoción que sentía se agolpaba en el centro de su pecho. La dirección correspondía a un barrio a las afueras de la ciudad. cómo acabó en Londres y cómo se enamoró de ella esa noche en que la vio en los jardines susurrando un deseo a las estrellas hacía ya casi dos semanas. A la espera de sus noticias. ¿Qué podía hacer? ¿Sería sensato? ¿O aquello no era más que una broma de mal gusto? Las dudas la carcomían por dentro. mirando el remitente.

Amor mío. gracias a ella. y de prácticas de alcoba aberrantes que hacían acallar y mirar hacia otro lado a las criadas que se cruzaban en su camino y que cuchicheaban a sus espaldas como si ella no fuera capaz de oírlas. enamorarme cada día.misterioso hombre con cada una de sus palabras. . ver caer tu melena por tu espalda y poder pasar mis dedos por las sedosas hebras…» «…Deseo besar cada rincón de tu cuerpo. que su futuro estaba atado a un anciano del que circulaban oscuros rumores de maltratos y abusos. Pero ya no podía ocultarlo por más tiempo. venerarte cada noche. «Fue el destino el que me empujó a acudir a esa tediosa fiesta. Sueños cálidos.» «Ruego cada día que en el momento en que nos veamos no dudes de mis sentimientos y me des una oportunidad para mostrarte que eres la dueña de mi corazón. Con pesar. nunca se atrevió a confesarle que su padre iba a casarla con otro. pues. pero a la vez tan lejos. tus brillantes ojos y tu perfecto cuerpo. me habría gustado conocerla y agradecerle.» «Eres la mujer que me acompaña cada día mientras debo atender a mis negocios. al día siguiente iba a salir publicada en el periódico una crónica de su futuro enlace. eres la mujer apasionada de ahora. pues estaba segura de que él iba a ignorarla nada más se enterase de que ya estaba comprometida con otro hombre. espero que me perdones el atrevimiento al confesarte que sueño contigo. dulces y ardientes. agradecerle al destino el haberte conocido…» Y a lo largo de ese tiempo. para conocerte. escribió la última carta. para poder poner el mundo a tus pies y colmarte cada día de felicidad. pero no quiero asustarte con la pasión que siento al recordar tu hermoso rostro. maldiciendo al saberte tan cerca. esa noche.» «Adoro la pasión con la que describes los recuerdos de tu madre.» «…Me despierto en la noche deseando retirar las horquillas de tus cabellos.

―No pierda la fe. Su mirada le transmitía el amor maternal que sentía por ella. y quien se suponía que se la entregaría al misterioso admirador―. desde el temor inicial que sintió al recibir la primera carta. Ya aceptaba que su destino estaba sentenciado con un matrimonio en el que no quería pensar. Pero. antes de cerrarla con cera y marcarla con su sello personal para. este hombre ―levantó la carta que iba a entregar al mozo que esperaba cada noche en las puertas de entrada a las cocinas. a continuación. hombre? Mi padre ha sido muy claro. su confidente. las lágrimas se deslizaban. Hacía días que la esperanza se esfumó de su vida. Le confesó todo. no pierda la esperanza. desde el primer día fue su cómplice. no me quiere en casa.Mientras la escribía. pues temía ahogarse con la pena. empapando el perfumado papel. despidiéndose en silencio del misterioso admirador que consiguió enamorarla con sus dulces palabras. deseaba sentir al menos una vez en su vida estar enamorada. ―Tu fe en el amor es de admirar. Esta estaba cerca de la puerta aferrando la carta entre sus viejas manos. Era la niña que nunca tuvo. mi niña. llena de tristeza. la salvará del destino que le espera.. Sarah. por donde entraban y salían los criados de la casa. señorita. quien la animaba a continuar con aquella locura cuando la cordura la hacía tambalear en su decisión de si escribirle o no. cuando la pierda. pero la realidad es que dejará . aunque este tuviese su misma sangre. aunque fuera a causarle problemas si se descubría que se carteaba con un extraño. Abbie se limpió las lágrimas con una mano y respondió: ―¿Cómo voy a tener fe. se dará cuenta de lo equivocado que está al haberla despreciado así. Abbie soltó una carcajada apenada. Sarah apretó la carta contra su pecho y asintió: ―Su padre no es consciente de la suerte que tiene al tenerla como hija. si en una semana voy a estar casada con ese. entregársela a Sarah. silenciosas. ―La rasposa voz de la criada la devolvió a la realidad. Sarah. la pequeña a la que quería proteger de todo mal. me entregará a ese monstruo por dinero.. Dobló con cuidado la carta cuando la terminó. por sus mejillas. a que se decidió a escribirle sabiendo que no había un futuro para ellos y.

si estuviese interesado realmente por mí habría solicitado una audiencia con mi padre. no he sido más que un juguete con el que divertirse mientras está en la ciudad.de escribir. pero para eso tendría que ponerse la bata de seda y estaba agotada. Eres una mujer de buen corazón. La anciana negó con la cabeza. pequeña. Apenas faltaban unas horas para que todo Londres supiera de su destino y no deseaba levantarse de la cama. La luz de la luna penetraba con delicadeza a través de las suaves y aterciopeladas cortinas. ―Quizás solo fue un sueño ―murmuró volviéndose a recostar. Dios te ayudará. o al menos me habría dicho de vernos. Prefería quedarse con el recuerdo de las cartas. de interesarse por mí. No lo creía. se haría más daño. se sentía a punto de desfallecer a causa de la presión que estaba soportando dentro de su corazón. Esta vez sí . Cerró los ojos e intentó alejarse de todo sumergiéndose en el mundo de los sueños. Aquellas cartas que escondía bajo su cama se convertirían en su refugio cuando no pudiese soportarlo más. ―Sus motivos tendría. Creo que fui una tonta al responderle la primera misiva. o despertarse y ver que todo había sido una terrible pesadilla. mi niña. ojalá pudiese acostarse y dormir para siempre. que seguir atormentándose. pero de nuevo un ruido la alertó. no podía sentir esperanza cuando su destino ya estaba sellado. pues allí era libre. pero no iba a vivir en un continuo sueño porque. iluminando levemente el cuarto. No fue consciente de que se quedó dormida hasta que escuchó unos ruidos provenientes del balcón de su alcoba. mirándola con pesar. El susurro de los árboles rompía el silencio de la noche. Debería levantarse y mirar. la angustia la abrumaría y acabaría con ella. abrazando el almohadón mientras escuchaba cómo su querida Sarah la dejaba sola cerrando la puerta con suavidad. Abbie se giró y se tumbó en la cama. tirará las cartas y seguirá su viaje. aunque fuera una vez. aunque a veces sospechara que no fueron más que un engaño. Abbie se sentó en la cama y miró hacia la cristalera de la terraza. cuando le tocara el momento de despertar.

con una nariz aguileña que le daba un porte aristocrático. su brillo peligroso. le sacaba dos cabezas. se levantó de la cama y se acercó a la cristalera con pasos dubitativos. olvidando el decoro y la bata encima de la silla cercana a su cama. azotándole el rostro. acariciándole la espalda y envolviéndola con su calor―.que lo había escuchado con claridad. pero desechó enseguida esa posibilidad. Rozó con los dedos la suave cortina y la apartó. Eres mía. con su fuerza. Delante de ella. estaba el hombre que la visitaba en sus sueños desde hacía unos días. Miraría a través del cristal y. suaves cejas que enmarcaban sus misteriosos y candentes ojos. y cuando te vi bajo la luz de la luna. con largos cabellos azabaches que se movían peligrosamente siguiendo al viento. en ese momento el mundo se detuvo y supo que había perdido el corazón para siempre. y provino de nuevo de la terraza. finos labios rojizos que se curvaban en una sonrisa sincera con la que mostraba sus blancos dientes. me perteneces. desde esa noche en que te encontré en los jardines. El hombre sonrió y abrió la puerta de la terraza. ―Soy tu destino ―murmuró con voz enronquecida y grave. así que se apoyó hacia delante en el cristal memorizando cada detalle de él. el magnetismo de su mirada. Abigail. me convertiste en tu esclavo. ―¿Quién eres? ―preguntó con voz temblorosa una vez que se sintió capaz de hablar. Estuvo tentada a preguntar en alto si había alguien fuera. . como un golpe. de haber alguien. pero ahora que lo veía sabía que era él. y un mentón cuadrado en el que se veía un hoyuelo que daban ganas de acariciar y besar. Con el corazón bombeando con fuerza por el miedo. Su rostro era masculino. me atrapaste. mirándola con una pasión arrolladora. no lo pudo reconocer hasta ese momento porque en sus sueños no podía vislumbrar bien su rostro. era un ruido seco. Sus ojos del color del carbón fueron los que la paralizaron en el sitio. Era alto. Tu olor me llevó a ti. sorprendiéndola al atraparla entre sus brazos. sería absurdo. Estuvo a punto de caer al suelo de la impresión. los que le robaron el aliento y el corazón. saldría corriendo en busca de ayuda. de porte elegante pero a la vez salvaje.

devorando sus labios. como si fuera su destino estar con él. su mujer. que esperara unas semanas antes de hacerla suya para siempre. Retomó su discurso tras mirarla fijamente a los ojos mostrándole duda. pero sus ojos estaban decididos. . la maldición que pesa sobre mí y… ―Sabes que no me importa si no tienes dinero. hasta que se sentía en sus brazos como en casa.. probando finalmente su sabor antes de responderle: ―Mi dulce. Llevaba dos semanas luchando contra sí mismo para no acudir a la mansión de su amada y raptarla sin importarle nada. si aceptaba ser suya para siempre. Temo que los habitantes de esta casa descubran que no estás sola y que me des la espalda. con un gran corazón y una belleza extraordinaria. intentando asimilar todo lo demás. y antes de caer en la tentación se obligó a separarse de ella y continuar: ―Eres tan pura. Pero su familia le retuvo recordándole que debía ser paciente. que no podía cometer esa locura cuando estaba cerrando unos negocios importantes para el clan en la ciudad. que lo había esclavizado. temor. quien tenía en sus manos el poder de convertirlo en el hombre más afortunado del mundo si le seguía. la única que había logrado capturar su corazón. me enamoré de tus palabras. ―¿Mi olor? ―preguntó con curiosidad. desde que creía que le pertenecía. que no soy como los otros. me quedo sin palabras cuando te tengo delante. nunca más.Abbie se separó un poco para mirarle a los ojos. pero apenas tenemos tiempo. que renuncies a conocerme cuando sepas la verdad. de la pasión con la que describías la vida que íbamos a tener si te concedía el honor de aceptarte y… Él la acalló con otro beso. Podría conocer a otras mujeres. No encuentro las palabras con las que contarte qué soy. Ella era suya. pasión a través de su mirada―. pues no podía soportar tenerla tan cerca de él sin poseerla. o… ―Negó con la cabeza como si no encontrara las palabras con las que expresarse. pasando una mano por sus cabellos. o posición social. he de confesarte que no soy un hombre corriente.. sin hacerla suya en cuerpo y alma. una cálida caricia que apenas duró unos segundos. deseo explicarte tanto. Marcus Byron se rió en alto antes de besarla con pasión. se veía afectado. pues para él no habría otra. que… ―Negó de nuevo con la cabeza.

y ahora su alma en cuanto le miró a los ojos. la terrible confesión que le susurró mirándola a los ojos. Eres la luz que iluminó mi existencia. hasta que la muerte me reclamara. Lo que no se esperaba fueron sus palabras. que mostrara que él era suyo y que así lo consideraba. que yo era tuyo para siempre. Intentó apartarse. Ahí estaba lo que fallaba. pese a lo que te pueda parecer. que tienes mi vida y mi corazón en tus manos y que. al ser el alfa de su clan. su misterioso admirador se creía una criatura mítica que salía en las leyendas y en los cuentos infantiles. su compañera―. ella valoraba más el amor que le mostró a través de sus cartas que todo el oro de mundo. los Ancianos llevaban años presionándole para que tomara una compañera con la que procrear. deseando tranquilizarlo. que agradeciera al destino por no haberme empujado a una vida de oscuridad si hubiera aceptado la mano de otras mujeres que… ―Al ver cómo ella entrecerraba los ojos. Ya le había entregado su corazón con las palabras que le escribió. a coquetear con ella―. no puedo creerte. Yo. mirando esta vez el suelo. supo que debía cambiar de tema. te amé desde la primera vez que te vi. en ese instante supe que tenías que ser mía. que no le importaba que no tuviese dinero o una posición social. soy un hombre lobo. es así de simple. no quería que viera la decepción y la desilusión brillar en sus ojos. con pasión y devoción. Te amo. quien consiguió que los años de soledad se esfumaran de mis recuerdos.. por ese motivo le dolía ver que… .pero ninguna de ellas sería la única. y le rompería la cara al hombre que se atreviera a sonreírle a su mujer. hacerle ver que fuera lo que tuviese que decirle lo iba a aceptar. ―La voz de él hizo que le mirase a la cara de nuevo. no podía informarle aún de que. ―¿Cómo puedo hacerlo? Me estás diciendo que eres un ser que sale en los cuentos.. pues él se sentía igual con ella. y cuando eso ocurriera te seguiría amando desde el cielo. ―Estaba a punto de llorar. le gustaba que fuera celosa. moriré si me rechazas. esperando su reacción: ―Mi amor. La amaba con locura. ―No me crees. Abbie alzó un brazo para tocarle el rostro. con todo su ser. Solo espero que me des una oportunidad para mostrarte que soy sincero. Esbozó una sonrisa que apenas duró unos segundos al ver los celos brillar en los ojos de ella.

―Dio un paso hacia atrás alejándose de ella. Aquel hombre. ―Puedo demostrártelo. mi cuerpo y mi corazón. solo percibió curiosidad y sorpresa―. y con mi sangre juro mis palabras. Rey de los hombres lobo de Europa. al que apenas conocía tras un tiempo compartiendo hermosas misivas cargadas de sentimientos. Negó con la cabeza. su cuerpo se volvió más fuerte y atemorizante..«No». ―Se hizo un corte con sus garras en la muñeca. Me llamo Marcus Byron. sus uñas se alargaron convirtiéndose en garras. mi dulce. y sus dientes asomaron por sus finos labios―. la entrega absoluta en sus gestos. sería desgraciada al lado de un padre que no la amaba y solo esperaba desposarla para asegurarse un lugar en la sociedad. Si se iba con él. Seré el hombre más afortunado si aceptas mi juramento y me acompañas como mi compañera hasta que la muerte nos separe. Su futuro incierto se evaporó delante de ella. No podía temerle. no era tan atemorizante cuando se transformó. y ante los asombrados ojos de Abbie. acariciándola agradecido al no sentir temor por parte de ella. El temor ante la sola idea de que fueran verdad sus palabras se esfumó cuando le miró a los ojos. no podría soportar temerle. No podía ser verdad. perdidamente enamorada de un hombre que decía ser el malo de los cuentos que se contaban a los niños para entretenerles antes de irse a dormir. besándola con pasión. Soy un hombre lobo y tú eres mi compañera.. sino el hombre que la enamoró con sus palabras y al que entregó su corazón cuando la tomó entre sus brazos. No tenía ni idea de qué . ―Se adelantó y le cogió las manos con suavidad. Además. si aceptaba su juramento. manchó con su sangre sus dedos y dibujó una pulsera sobre la muñeca derecha de ella―. No era el lobo sanguinario que describían los cuentos. de aceptar que era uno de esos monstruos que siempre perseguían a los niños en los cuentos. desde esta noche te entrego mi alma. le había robado el corazón. Estaba enamorada de él. cuando comprobó la sinceridad de sus palabras. no quería creerle. Además. apenas se percibían rasgos animales en su rostro y en su cuerpo. el color de sus pupilas cambió. Si permanecía en aquella casa. pues de hacerlo. no cuando sus ojos la hacían sentir la mujer más deseada y hermosa del mundo.

Su destino estaba a su lado. Poco importaba que no supiera a dónde la llevaría o qué sería de ella. pues esta noche nuestras almas se han unido. asintiendo a su vez con la cabeza. te acompañaré allá donde vayas. sus gemidos acallados con sus labios. ―No me tocará. Marcus la tomó en brazos y la besó. Marcus mostraba los dientes y sus pupilas se habían agrandado dándole un aspecto más salvaje. pero es apremiante que salgamos esta noche. caminar a su lado aunque el mundo se disolviera a sus pies. alzándola del suelo. ―Durante un segundo. ser su compañera. apretándola contra . pues amar era riesgo. sus pequeños temblores. Marcus la atrapó en sus brazos. y esta noche me entrego a ti como tu esposa. Abbie lloró de pura dicha antes de responder con voz rota. no podemos esperar. la duda regresó con fuerza. era confiar ciegamente. y nada ni nadie nos va a separar. entregándole a tu ser amado el mayor de los poderes: tu corazón. pero luego se dijo que era mejor enfrentarse a un destino incierto al lado del hombre que le robó el aliento y el corazón. ¿vendrás conmigo? Abbie se puso de puntillas y le besó en la mejilla con dulzura antes de responderle: ―Por supuesto que sí. ―Mi amor. Eres mío. pero… No lo dudó ni un segundo. al igual que yo soy tuya. me haces el hombre más feliz del mundo. Se arriesgaría. mi padre anunciará mañana mi compromiso con el barón Rodelstein y… Un gruñido la asustó y la acalló. sí quiero. demorándose unos minutos. ―Ese barón está muerto si se atreve a acercarse a ti. Se iría con él. eres mi compañera. No podía imaginarse una vida sin él. Me enamoraste con tus cartas. que quedarse y desposarse con el barón. era lanzarse al vacío sin saber las consecuencias.futuro le deparaba. deseaba acompañarle el resto de su vida. saboreándola a fondo. Lamento mucho tener que pedirte esto. pues se iría lejos del único hogar que conocía. memorizando su sabor. enfatizando cada palabra: ―Sí. como él la llamó.

fue como secuestré a vuestra abuela y la convertí en mi esposa. podían ver el amor que le tenía el abuelo a la abuela. La única persona que pasó por su mente mientras su amado saltaba desde el balcón para aterrizar de pie en los jardines que rodeaban la mansión fue su querida Sarah. agárrate bien. mi dulce. el viaje será movido. a su abuelo. seré el hombre más envidiado del clan y el más afortunado al tenerte a mi lado. Sonrió con pesar para sus adentros. 35 años después. algo de lo que no dejaba de hablar el avaricioso de su progenitor: ―Mi hogar estará donde tú estés. Prefería que las encontrara su padre y supiera que había huido por amor. Pero ahora. estaba segura de que la anciana estaría dichosa al ver que lo que ella con tanto cariño le aseguró se había cumplido. ―Mañana te presentaré a mi familia. ni siquiera las cartas que con tanto amor escondió bajo el colchón. Marcus había acudido a ella para salvarla de su destino. Los pequeños sonrieron y aplaudieron desde el suelo donde estaban sentados escuchando. absortos. niños. sin indicar posición o las riquezas familiares que poseyese. tengo el carruaje cerca de aquí y nos iremos al puerto. . que nos llevará hasta tu nuevo hogar en… Abbie le calló con un beso suave en sus labios sin importar dejar todos sus recuerdos atrás. Islas Skye ―Y así.su pecho. a quien llamaba mi dulce o mi amor y abrazaba con cariño cuando la tenía cerca. ni ropas ni joyas. donde nos espera el barco de mi familia. No necesitaba nada. que le había deshonrado porque había entregado su corazón a un hombre que firmaba como tu eterno admirador. Habían escuchado esa misma historia cientos de veces. pero cada vez les gustaba más.

cómo cubrió el suelo de pétalos de rosas para que la abuela pasase por encima y… ―Niños. que cuente la boda. . ―Escucharon la dulce voz de la abuela. pequeña ―respondió Marcus. la frialdad de su progenitor para con ella. ―Que no os mienta este viejo lobo. a pesar de que cedió el cargo a su hija mayor. Los años no consiguieron borrar el haber sido vendida por su padre a otro hombre. ―Dejó la bandeja en la mesa y le tendió la mano a su amado esposo. sabedor de que a su dulce mujer aún le dolía el haber sido rechazada por su padre. niños. a su vez. ―Porque era un imbécil que no vio el verdadero valor que tenía tu abuela. con el que vivió grandes aventuras. pero él no me secuestró. Vuestro abuelo me salvó de una vida desgraciada. quienes. No quería que sus hijos e hijas no sintieran cada día que eran sus pequeños milagros. se habían desposado y llenado la casa de niños. a quien todos consideraban su héroe.Habían formado una familia numerosa con seis hijos y tres hijas. ―¿Por qué tu papá te quería casar sin tu consentimiento? ―preguntó una de las niñas. ―¿Puedes volver a contarla de nuevo. ―Sí. Era algo que la marcó y la hizo volcarse en sus hijos e hijas con celoso empeño. ahora. ya os contará todas esas historias otro día. los cuales disfrutaban los días del verano en la casa de campo de los abuelos. abuelo? ―rogó otro de los pequeños. el mayor de los regalos que le concedió la vida. seguía siendo respetado y amado por los suyos. y cuando la salvaste del vampiro que la quería para él cuando estuvisteis en París. no. pues fue un gran Rey entre los hombres lobo y. ―O cuando la secuestraron los del clan de los colmillos para chantajearte y… ―No. Me gustó mucho la parte en la que luchaste junto al clan contra los vampiros en el cementerio de la ciudad ―dijo otro de los niños mirando con expectación a Marcus. calmaos. y le estaré eternamente agradecida por haberlo hecho. quien en esos momentos entró en el gran salón portando una bandeja con dulces que olían maravillosamente bien―. no atosiguéis al abuelo. me salvó. por favor. toca merendar.

amor mío. por supuesto. . Eran dichosos. pero cada día a su lado le confirmaba que su elección fue la correcta. pequeños diablillos ―dijo Marcus antes de salir del salón de la mano de su esposa. ―¿Ya te he dicho hoy lo hermosa que estás y cuánto me vuelves loco. Habían vivido una vida llena de felicidad. en esta vida y en la siguiente. ¿qué matrimonio no peleaba?. seré tuyo. pues no les hacía falta decirse más. dejando atrás a los pequeños que devoraban las galletas recién horneadas sin control. y lo que ahora defendían con entusiasmo sus nietos. El amor era el motor que movía su mundo. y lo seguirían siendo hasta que la muerte les reclamase. ―Pues tendré que remediarlo. mi lobo. que les dio fuerzas para enfrentarse a las dificultades que se presentaron en sus vidas a lo largo de los años. se tenían el uno al otro. ―Y yo seré tuya. mi dulce? Abbie sonrió y se rió en alto. mi dulce. ya lo sabes. Y con un beso acallaron las palabras que brotaban de sus corazones. abrazando a su esposo. acostándose cada noche en la cama y abrazándose en la oscuridad. pues se había entregado en cuerpo y alma a ese hombre y había sido correspondida con total devoción. siempre lo haré. ―Haced caso a vuestra abuela. Te amo. con muchas sorpresas. Los años habían pasado para los dos. alejándola de Londres para siempre. pero para ella seguía siendo el hombre imponente que la rescató. Cierto era que la vida era apenas un suspiro en el que se lucha por ser feliz. con pasión. que acallaba el cansancio para disfrutar del cuerpo del otro cuando la noche les daba la oportunidad de encerrarse en su alcoba durante horas hasta que la pasión los consumía y los saciaba. siendo bendecidos con una gran familia unida cuyos miembros se apoyaban y se protegían con ferocidad.Hubo peleas. y ellos lo consiguieron. agradeciendo cada día la oportunidad de haberse conocido. ―Creo que hoy solo me lo has dicho dos veces. Amor fue lo que inculcaron a sus hijos.

quien. lejos del terror que había vivido.Una nueva vida Emma Gigán Karen esbozó una sonrisa al contemplar. junto con el calor que acompañaba a la densa nube que ascendía desde el fondo del acantilado. le habría bastado para que acabara de forma brutal con su vida. por lo que se vio obligada a retroceder unos cuantos pasos. no volvería a pasar una noche más en vela por . Pero esto sería lo único que la haría retroceder de ahora en adelante. A un monstruo como ese jamás lo hubiera detenido una denuncia y la posterior orden de alejamiento. el vehículo explotó con gran estruendo. Era libre. A partir de ese momento. desde lo alto de uno de los famosos acantilados blancos de Dover. Tenía treinta y tres años y ansiaba volver a acariciar la sensación de libertad perdida tras años de abusos. El fuerte olor a quemado. Se había acabado la pesadilla en la que se había visto inmersa en los últimos tres años. Aún era joven para comenzar de cero. Fingiendo su propia muerte en un accidente de coche. el dolor y el miedo. sin duda. hicieron que a Karen le resultara prácticamente imposible respirar. eliminar de su vida los castigos. había sido su marido. sobre todo. Karen quería huir de ese calvario. su ciudad natal. Un instante después. se acababan los abusos y las palizas recibidas de Albert. formando una enorme masa de humo negro que se elevó hasta donde ella se encontraba. podría rehacer su vida en algún otro lugar. Algo que. Desde ese mismo momento. hasta entonces. cómo su coche se precipitaba hacia el fondo rocoso bañado por las aguas del Mar del Norte. Olvidar lo que era sentirse vigilada las veinticuatro horas del día y.

Nunca podría agradecer lo suficiente a sus amigos la ayuda que le habían prestado. Tampoco tendría que soportar la desagradable sensación de aquellas manos. sin lugar a dudas. cerrando sus ojos. Estaría eternamente en deuda con ellos. prepararon la ejecución de aquel plan para que abandonara su mísera vida. Sobre todo con Nicholas. a la vez que nerviosa. Durante meses.temor a que la golpease sin ningún motivo aparente. sobre su cuerpo cada vez que quería tener sexo con ella. Cuando los volvió a abrir. el hermano mayor de su mejor amiga Alice. en incontables ocasiones. Solo eran unas cuantas fotografías antiguas en las que aparecía con sus padres. tomar de nuevo las riendas de su vida. amigo de su marido. Revisó también el sobre guardado en su interior. se involucró de manera personal en el caso. Apartada del horror y de un maltratador que. Volvió a comprobar que dentro de su mochila se encontraban los escasos recuerdos que se permitiría llevar. Desde entonces. y su colaboración había sido trascendental para la concesión de su cambio de identidad y lograr hacer desaparecer a Karen Alwine. Recordó la ocasión en la que había presentado una denuncia de malos tratos en la comisaría y cómo un policía. Las marcas y lesiones que le había causado la habían mantenido sin salir a la calle alrededor de una semana. seguiría viviendo inmersa en aquella interminable pesadilla. con esa seguridad. Caminó llena de optimismo. que tanto la asqueaban. sin más familiares a los que recurrir. Al ser policía. había vagado sola por el mundo. Inhaló despacio y profundo. jamás la olvidaría. lo que más necesitaba era recuperar la confianza en sí misma y. que contenía un billete de tren y el dinero en efectivo necesario para poder llegar a su destino. quienes habían muerto hacía ya diez años. Nunca tuvo el coraje de volver a presentar una denuncia contra él y si no hubiese sido por Nicholas. Se abrazó a su mochila mientras notaba cómo lágrimas de alivio y felicidad resbalaban por sus mejillas. se giró y dio la espalda al acantilado y al infierno con el que había convivido aquellos últimos largos años. había roto la denuncia delante de sus narices. lejos de todo lo que conocía. La paliza que recibió al llegar a casa. Aberdeen. Pero. hacia el coche en el que su amiga Alice la estaba esperando para conducirla a la estación donde comenzaría una nueva existencia. .

E igualmente extraña. habían planeado pasar la noche juntas. significaba mucho. antes de que sus obligaciones profesionales acapararan su tiempo por completo. Aquel viernes era muy especial para Karen. de su nuevo yo. aquello. partiendo hacia un lugar desconocido. por mucho que le habían asegurado . Era libre. por tanto. el castaño. Albert siempre la había obligado a llevar el pelo muy largo y teñido de rubio platino. a tan solo diez minutos andando. Su nueva identidad como Jocelyn Galbraith había sido su único y gran quebradero de cabeza.había dejado impresas las huellas de la violencia en su cuerpo. Aún desconfiaba. Ese nombre aún le resultaba extraño cuando lo escuchaba. no muy lejos de allí. Pero nunca más. pudieron con el temor y la duda de que su plan no hubiese salido tan bien como se imaginaban y Albert la siguiera. Para ella. Tenía que acudir ese fin de semana. por motivos de trabajo. la obligaba a seguir adelante. Lo consideraba como la manifestación física de su cambio interior. Ocho meses después… Karen no podía creerse que hubieran pasado tantos meses desde aquella noche en la que rompió con su pasado. Las ganas de que se produjera aquel encuentro. le resultaba la imagen que veía reflejada de ella cuando se miraba en un espejo. Se sintió ligera por haberse librado de aquella gran angustia que la había acompañado durante los últimos años y cómo la esperanza la empujaba. y se había cortado su larga melena. Había cambiado su aspecto físico. Había vuelto a teñirse el cabello de su color natural. a una convención que se celebraba en Stonehaven. Aberdeen se encontraba a solo veinticuatro kilómetros de allí y. Adoraba su nuevo aspecto tan alejado del modelo de mujer ideal de su odiado esposo. Alice la había llamado hacía unos días para decirle que llegaría a Aberdeen ese día. en sustitución de un compañero que se había puesto enfermo. Ahora trabajaba como ayudante en la Biblioteca Central de Aberdeen y vivía en un pequeño apartamento.

―Sí. quienes eran incapaces de pronunciar palabra. Como se encontraba de espaldas a la puerta de entrada. ―Me hubiera gustado enviarte una foto. entrelazó sus manos alrededor de su cuello. no se percató de su llegada y. se giró y. Cuando dejaron de abrazarse. ―De repente. rectificando―. delante de ellas. Jocelyn. se fundió en un fuerte abrazo al reconocer a su amiga. se encontraba Nick. para sorprenderla. su amiga la urgió a darse la vuelta y añadió―: Jocelyn. a sus treinta y siete años.sus amigos que todo había salido bien y debía sentirse a salvo. ―¡Hola. Era alto. con sigilo. K… ―Llevándose una mano a la boca se refrenó. donde pasaría la noche Alice. como si de alguna manera creyesen imposible volver a encontrarse después de tanto tiempo. Sonriéndole. y encontró a su amiga hablando con el recepcionista. Al llegar al hotel Bauhaus. pero ya sabes que no puedo. se colocó detrás. no me lo podía creer. recorrió con la mirada el hall. medía alrededor de un metro ochenta y cinco. Te he echado tanto de menos que no creo que unas cuantas horas sean suficientes para ponernos al día. Lágrimas de felicidad asomaban en los ojos de ambas mujeres. ―Dios mío. Aún no me creo que estés aquí. no he venido sola. De pie. abrazándolo fuertemente mientras le daba un beso en la mejilla. el hermano mayor de Alice. te queda genial el pelo así. ―¡Holaaa! Alice. Ojalá pudieses quedarte mucho más tiempo. grandullón! ¿Qué estás haciendo aquí? ―Era incapaz de dejar . Siempre le había parecido muy atractivo. a mí también me gustaría. estás tan cambiada. sobresaltada. y su cuerpo era fuerte debido al entrenamiento recibido en la policía y por tantas horas que sabía que pasaba en el gimnasio. Ali. sin perder ni un solo segundo. Pero todo ese aspecto de duro se veía suavizado por los dulces rasgos de su cara. se miraron durante un largo instante. tenía tantas ganas de volver a verte. Cuando me lo dijiste. enfatizados por el color azul claro de sus ojos y su pelo rubio que le hacía parecer más joven de lo que era.

La coartada elaborada para enmascarar su supuesta muerte había sido perfecta. lo de ángel no me hace sentir cómodo. Jocelyn soltó una fuerte carcajada. No sé cómo hubiera conseguido esto sin ti.. pero nada en esta vida era seguro. Quería asegurarme de que nadie pudiera seguirte ―hubo una pausa y. Había ocultado en lo más profundo de su alma y de su corazón los sentimientos que albergaba por esa mujer. decidí acompañarla. no creo que te falten oportunidades cada vez que lo desees. siempre tan protector con su hermanita pequeña ―se quejó Alice. así que deja de hacerte el ofendido. Aunque las palabras habían sido dichas en tono de broma.de sonreír. le dijo: ―Hola. ―Siempre serás nuestro ángel guardián. Los tres sabían perfectamente a quién se refería Nick.. Cuando Alice me dijo que venía a verte. A veces creo que se le olvida que ya no soy una niña. ¿Hay alguien especial en tu vida? ―Sí: tú. ―Por favor. ―Prefiero lo de héroe. cuando volvió a hablar. había dejado que ese secreto saliera de sus labios. Él la atrapó por la cintura e hizo que los pies de Jocelyn se despegaran unos centímetros del suelo para poder devolverle el beso y. por primera vez. Esto es muy arriesgado. ―Jocelyn le miró dulcemente―. como si no quisiera mostrar su debilidad por ella. y no podía dejar que Alice viniese sola. Pero sabes que no he venido solo por eso. Él le rozó por un segundo la mejilla y. Nicholas había sido sincero y. Tenía muchísimas ganas de comprobar por mí mismo que te encuentras bien. se colocó entre ambas y posó sus manos en los hombros de las dos mujeres mientras se dirigían a la salida del hotel. ―Ya le conoces. negándose a soltarla. Nick. su expresión se volvió seria―. Mi héroe particular. preciosa. pequeña. ―Para mí siempre serás una mocosa ―se defendió él―. . después. Ya sabéis lo que se dice: que los ángeles no tienen sexo. Jocelyn. fingiendo estar enfadada―.

Las expresiones de sus amigos se tornaron serias de golpe. de Albert? ―incluso ella misma se sorprendió al pronunciar esas palabras. . ―Después de tu supuesto entierro. moviendo su silla para estar más cerca de ella y poder estrecharla contra él―. puede pudrirse en el infierno. Al finalizar la cena. grandullón ―se obligó a decir ella. cómo lloraba en tu entierro. Le he visto en alguna ocasión por la calle. una sensación de bienestar. fue inevitable que la imagen de su marido emergiese en su mente. Lo siento. pero a veces se hace difícil no pensar en ello. donde estuvieron durante horas charlando y riendo sin parar. deseó que aquella confesión fuese cierta. ―Vamos. Por un instante. ―¿Habéis vuelto a saber algo de él…. pequeñaja. Nick alargó un brazo por encima de la mesa y tomó su mano. ―Eh. ―Tenías que haber visto a ese… ―Alice tuvo que morderse la lengua para evitar el insulto que afloraba de sus labios―. tan ligados a su vida pasada. y Jocelyn notó cómo en su interior se extendía un extraño hormigueo. quizás ocasionado por las cervezas o por el hecho de reencontrarse con ellos. Estás a salvo. En la policía no hemos recibido ninguna denuncia a su nombre y. además. no hemos vuelto a saber nada de ese desgraciado. ―Tienes razón. Por mí. deja de tomarme el pelo. y no vimos nada sospechoso. Quizá la pena que sentía era porque la muerte había acabado contigo antes que él. pero no sé nada más. Jocelyn agarró a cada uno de un brazo al salir del edificio y pasearon por las calles de Aberdeen hasta que fuera la hora de cenar. ―A veces no puedo evitar pensar que ha descubierto el engaño. vamos.Ambas comenzaron a reírse. tranquila ―dijo Nick. apartando la mirada para no mostrar cuánto le habían afectado sus palabras―. fueron a tomarse unas copas al BrewDog Bar. te puedo asegurar que se le estuvo vigilando algún tiempo después de tu desaparición. Todo salió a la perfección y no existe ningún motivo que le haga sospechar nada. eso no va a suceder. Tengo pesadillas en las que se me aparece en el trabajo o en plena calle y me apunta con una pistola. Pero en un momento de la noche.

No tengo que reincorporarme a mi puesto hasta el lunes. ―¡Buenos días! ―dijo Jocelyn cuando se acercó a la mesa donde estaban sus amigos. no estoy de muy buen humor que digamos. y en vez de marcharme hoy lo haré mañana. Jocelyn se presentó temprano en el hotel para desayunar con ellos y poder despedirse. no te vas a arrepentir. pero es sábado. ¿vale? Siguieron hablando hasta bien entrada la noche y cuando se marcharon. así que iban a aprovechar al máximo cada instante.he hecho que os preocupéis. Alice miró extrañada a su hermano. ―¡Gracias. ―Sí. Entre lo poco que hemos dormido y las pintas de cerveza de anoche. contigo. ya sentados. Nick las observó divertido. ―¿Cómo que a estas horas? Ali. la acompañaron hasta su casa y quedaron en que volverían a encontrarse en el hotel por la mañana. Pero lo que vio en ese instante fue la neutra y fría expresión que adoptaba cuando estaba de servicio. ―¡Genial. ―¿Cómo puedes tener ese buen humor a estas horas? ―Alice arrastró esas palabras mientras apoyaba los codos en la mesa y descansaba la cabeza entre sus manos. antes de que se marcharan. Estaba ocultándole algo y no sabía el qué. no sabía a cuento de qué había decidido cambiar de planes de esa forma tan repentina e inesperada. Me encantará hacerte de guía y enseñarte toda la ciudad. son las nueve. Ninguno sabía cuándo sería la próxima vez que volverían a verse. con solo mirarse se entendían a la perfección. ―¿Sabéis una cosa? He cambiado de idea. Debería estar prohibido madrugar los sábados. Cambiemos de tema. Le lanzó una mirada de las que siempre habían compartido como hermanos y que les conectaba de una manera muy especial. y prefiero quedarme un día más aquí. grandullón! ―exclamó Jocelyn mientras le estrujaba contra ella alegremente―. Es preciosa. hermanito! Ahora sí que no me apetece en absoluto . No les hacían falta las palabras.

Al llegar la noche. escuchando cómo los nuevos avances que se implantarán en la compañía nos harán obtener mejores resultados. prometiéndose que se mantendrían en contacto. Poco a poco. Las dos amigas se abrazaron fuertemente. Estoy quedando como un tonto. Encontró a Nicholas bastante nervioso durante la cena. y ahora con más motivo. Siempre deseé que hubiese algo más que amistad entre nosotros. ―Para mí no solo eres la amiga de mi hermana. como la conocida zona de Castlegate y Old Aberdeen. Aún lo sigo deseando. incluso. tenía infinidad de sitios de interés. y los tres se dirigieron al coche de alquiler que estaba aparcado a la entrada del hotel. ―No sabes cuántas veces he tenido ganas de matar a ese desgraciado por tratarte como lo hacía. cogía una de sus manos―.marcharme a la dichosa convención. ¿verdad? . Jocelyn estaba entusiasmada por hacerle de guía mientras visitaban sus lugares favoritos. pero lo achacó al cansancio. quedaron para cenar en un restaurante cercano al hotel. continuó acariciando la mano de ella. Yo allí. Alice recogió el equipaje que había dejado en recepción. ―Jocelyn. sino también mi amiga. Me había ido enamorando de ti. ya que. comenzaron a planear las visitas que harían durante el día. a la vez que. que seguía entre las suyas. aburrida. Alice se montó en el coche. indeciso. mientras que vosotros os lo pasáis a lo grande por aquí. no volvería a tener una oportunidad como esa. me fui dando cuenta de que mis sentimientos no eran solo de amistad y preocupación. Eres alguien muy importante en mi vida. Nervioso. un local muy íntimo. Quería estar contigo a solas para decirte… bueno… que… Inhaló una gran bocanada de aire para armarse de valor. Aunque Aberdeen no era una ciudad muy grande. apretó con más fuerza de la debida la mano de Jocelyn. moderno y acogedor donde poder charlar y reponer fuerzas tras ese largo y agotador día. con seguridad. tenemos que hablar del motivo por el que decidí quedarme contigo un día más ―comenzó a decir. Eso hizo que su mandíbula se tensara e. Una vez terminado el desayuno. Recordó las conversaciones con Alice cuando le contaba el estado en el que la encontraba en algunas ocasiones. y al quedarse a solas.

los enterré en el fondo de mi corazón para que Albert no se enterase de que comenzaba a sentir algo por otro hombre. ¿cómo podía imaginarme que un hombre como tú se fijaría en alguien como yo? ―¿Alguien como tú? ¿Qué quieres decir con eso? Eres una mujer maravillosa que cometió la equivocación de casarse con ese desalmado. aunque no tenga demasiada experiencia. Tenía más miedo por ti que por mi propia vida. Esperaba su rechazo y que Jocelyn se . pero solo iremos a hablar. Subieron a la habitación del hotel y hablaron de cosas banales como sus quehaceres en la vida diaria. ―Eres una malpensada. Además. Era ya de madrugada cuando la cercanía de sus cuerpos y las conversaciones susurradas.―Nick. ¿Por qué iba a ser si no? Bastantes problemas tenías ya como para encima contarte cuáles eran mis verdaderos sentimientos. sus obligaciones laborales hasta que el ambiente creado entre ellos se fue volviendo más íntimo y personal. Ella comenzó a reírse a carcajadas. Claro que. Es solo que jamás me di cuenta de que pudieras tener esa clase de sentimientos hacia mí. pero no dejé que esos sentimientos crecieran. quiero que sepas que estoy dispuesto a lo que tú quieras. hicieron que Nicholas se arriesgara a besarla. Tan solo fue un tímido roce de sus labios con los de ella y analizar su respuesta ante aquel atrevimiento. ―Le devolvió la sonrisa―. no eres ningún tonto ―negó ella. pero nos queda mucho por hablar. para no molestar a quienes habitasen las habitaciones cercanas a las suyas. sé leer entre líneas. ―Acepto. ―¿Sabes. ¿Por qué nunca me lo dijiste? ―Por tu matrimonio. ―¿Me estás proponiendo que vayamos a hablar a tu habitación? Soy mayorcita y. Solo quiero que hablemos. Hemos terminado la cena. y me gustaría poder continuar esta conversación en otro lugar más íntimo. ¿Quieres que sigamos en el hotel? Jocelyn le sonrió con picardía. y al final acabé aceptando que aquello que había empezado a sentir no había existido. si después te me echas encima. Nick nunca aprendería a hablar en serio. Nick? No eres el único que sentía eso. emocionada―.

perdóname. Nick. Nunca había sentido algo parecido. No es posible que vuelva a entregarme a un hombre en cuerpo y alma como ya lo hice una vez. lo que quiero en mi vida. Sin embargo. no me apartes de tu lado. ―No. colocando un dedo sobre sus labios―. que no quería derramar. Ojalá pudiera seguir con esto adelante. ha sido perfecto. ―Notó cómo las lágrimas. Las lágrimas resbalaron por las mejillas de Jocelyn cuando le imploró con la mirada que se quedase con él. pero sabes que para mí esto no ha sido solo una aventura de una noche. le costó reconocer el lugar donde se encontraba. ella se mostró tranquila y serena y le sorprendió devolviéndole a su vez un tímido beso en la boca. por favor. Lo más seguro es que sea incapaz de volver a estar con alguien. La única mujer de la que he estado enamorado de verdad y a la que he visto sufrir más que a nadie. Tú eres perfecto. no puedo. pero no hay futuro para nosotros. alguien que te ame sin traumas del pasado. ―Lo siento. lo comprenderé. le quemaban en sus ojos―.levantara corriendo y se dirigiera a la puerta para no volver a verla jamás. ―¿Te arrepientes de lo que hemos hecho? Ella negó con la cabeza mientras se volvía hacia él con una dulce sonrisa. destrozó mi corazón. . Has hecho que me sintiera feliz y amada. al final había pasado la noche entre sus brazos. aunque no puedo. besándola con dulzura en el hombro―. Te mereces una mujer mucho mejor que yo. ―Es cuestión de tiempo ―dijo. Sin embargo. recordó que. por mucho que dijera que solo hablaría con él. No me dejaste ayudarte hasta que casi fue demasiado tarde. Por favor ―le rogó mientras la besaba con suavidad en los labios―. pero no estoy preparada para esto. ―No. Estaba amaneciendo cuando Jocelyn entreabrió los ojos. Le acarició la cara con su mano. Dame una oportunidad… danos una oportunidad. quiero más de ti. al notar en su espalda una cálida caricia. ―No digas eso ―dijo. Él mató una parte de mí. Necesito más de ti. Eres lo que necesito. No quiero presionarte. Si no quieres volver a saber nada de mí como amiga. Durante un instante.

Al llegar a su casa. de nuevo. Aunque. cada vez que se encontraba sola en su apartamento no paraba de recordar las horas que había pasado junto a él y sus palabras cargadas de sentimiento. se despertó por el sonido del timbre de la . Además. pero cuanto más insistía ella. entre sollozos. aunque no tuviese a nadie con quien compartirla. tras servirse una copa. más se cerraba Jocelyn en la idea de permitir que. Intentó convencerla para que le diera una oportunidad a su hermano. cogió su móvil y comenzó a ver las fotografías que se habían hecho los tres.Jocelyn le besó en los labios a modo de despedida. abrió la botella y. A la mañana siguiente. Se bebió de un solo trago la copa y. Nicholas no le había vuelto a sacar el tema. pese a que hacía un gran esfuerzo por olvidar lo ocurrido con Nick. frías y distantes. Ver a Nick sonreír felizmente en su móvil hizo que el recuerdo le llenase los ojos de lágrimas. existía un gran problema que parecían obviar ambos: ella jamás podría volver a Dover y. ella se lo había sonsacado. No solo había dejado pasar la oportunidad de quedarse con un hombre maravilloso para el resto de su vida. empezar una relación con alguien tan cercano de su pasado. En las pocas veces que habían vuelto a hablar por teléfono. más que decírselo. Se vistió y salió de la habitación. en realidad. Sin apenas darse cuenta. meses atrás. entrase otro hombre en su vida. Al día siguiente recibió una llamada de Alice. Compró una botella de champán para celebrar la ocasión. ella había acabado llorando. llegó el día en que se cumplía un año de su desaparición. Las semanas fueron pasando y. porque entre ellos jamás había existido un secreto hasta ese momento. mucho menos. Nick le había contado lo que había ocurrido. pero las conversaciones se habían vuelto mucho más cortas. antes de que pudiese acabar con el contenido de la botella. sino que también sabía que había perdido su amistad. se quedó dormida en el sofá.

en esos momentos. mientras se frotaba los ojos como una niña pequeña. . Jocelyn se sentó en el sillón. a la vez que abría completamente la puerta para permitirle entrar―. Era sábado. Nicholas. delante de ella. No podía salir de su asombro al ver quién estaba allí. vio cómo la mano de ella se posaba sobre la suya. de pie. incapaz de reaccionar ante lo que acababa de escuchar… ―¿Te vienes a vivir a Aberdeen? ¿Has hecho eso por mí? ―No. Era incapaz de seguir viviendo tan lejos de ti. ¿puedo pasar? ―¿Cómo que eres nuevo en la ciudad? ―repitió Jocelyn. Me dejaste muy claro lo que pensabas. y no esperaba visitas. con gesto serio y afectado por el rechazo que intuyó ver en los ojos de ella. ―Soy nuevo en la ciudad. ―He pedido el traslado aquí. Se dirigió a la puerta. el dolor de cabeza que estaría sintiendo sería espantoso. Esta vez no. pequeña.entrada. y soy consciente de que venirme a vivir aquí no significa que tú vayas a cambiar de idea. deteniéndolo… Clavó su mirada en él y. No te entiendo. no quiero que te vayas de mi lado. No quiero presionarte ni nada parecido. un instante después. decidida. Miró de reojo la botella que se había quedado a medias la noche anterior y agradeció haberse dormido antes de terminarla. y me lo han concedido. Entreabrió los ojos y los volvió a cerrar. ella detectó cierto nerviosismo en su actitud. y esta vez. lo besó en los labios. Aceptaré que solo puedas ver en mí a un amigo si eso te hace feliz. ya se marcharía. Quienquiera que fuese. le dio la espalda para marcharse. Nada más coger el picaporte. ―¿Nick? ¿Qué estás haciendo aquí? Aunque Nick estaba sonriendo. se levantó a ver quién llamaba. De lo contrario. Pero no me apartes de tu vida. Lo que te dije acerca de mis sentimientos hacia ti no ha cambiado en absoluto. temprano. por favor. Ella le miró sin saber qué decir y. ―Quédate conmigo. Lo he hecho por mí. sin pensárselo dos veces. Volvió a sonar el timbre.

Nicholas aprovechó tenerla tan cerca para estrecharla contra su cuerpo. Pero como Jocelyn. No he parado de pensar en ti desde la noche que pasamos juntos. Sabían que no iba a ser fácil derribar todos los muros que Karen había construido alrededor de su corazón y de su mundo. ¿verdad? Haremos que esto funcione. esas barreras se tornaban débiles. lo sabes. Cogidos de la mano. pequeña. se dirigieron hacia la cocina. ―Te quiero mucho. ―¿Estás segura? ―No del todo. Todo lo que te pido es que tengas paciencia conmigo. y solo era cuestión de tiempo superarlas. . pero quiero intentarlo. Te quiero. porque voy a intentarlo con todas mis fuerzas. abrazándola por la cintura. y eso es de lo único que estoy segura. ―¿Te apetece algo para desayunar? Necesito un café y tenemos mucho de qué hablar. Aunque sigo creyendo que no estoy preparada para una nueva relación.

no es un ángel. ya que araña la mirada de quien se atreva a posarla más tiempo del necesario sobre él. ―Mi cuerpo se ha pegado al suyo. sabemos diferenciar a la perfección esas características. que realmente lo es. áspera. Un gran tatuaje le cubre parte del cuello y llega hasta su rostro. sin duda un ser humano. No. y su aspecto no es mucho mejor.Aquelarre Roser A. Ochoa Sigo observándola en la distancia. la punta roja incandescente se apaga tan pronto entra en contacto con el agua. me encantan esas motos. acariciando el pezón por encima la fina capa de la camiseta. me mira sorprendido―. Doy la última calada al cigarrillo y lo tiro al charco que hay justo al lado de mi pie izquierdo. ―¿Se puede saber qué haces en mi moto? Su voz es ronca. ―Lo lamento ―digo desabrochando dos botones de mi camisa―. definitivamente la belleza no es la mejor de sus cualidades. irradia lealtad. es de ese género indeterminado. No. No he podido resistir el impulso. doy una calada al cigarrillo mientras me dejo caer hacia adelante en esa Custom. y una barba incipiente termina de esconder sus facciones. pero Dios se tomó muchas molestias al crearla. las de mi especie. con las dos maletas cerca de ella. no solo es preciosa. La chica se amolda en ese incómodo asiento de la estación de autobuses. . huele a altruismo y generosidad. pero mucho más me gustan los motoristas que las manejan. pero consagrado con su gracia divina. nosotras. Lo lamento… ―Mi mano derecha se detiene en su torso. Cuando veo una de estas ―muerdo mi labio―. sino que exhuma bondad por cada poro de su piel. no lo puedo evitar… me encantan. ―Paso una pierna por encima de la custom descabalgando de ella―.

relamo bien su polla para no dejar ni rastro en ella. he tardado más de lo esperado en encontrarla. beso sus labios y me voy. Resigo sus labios con mi lengua hasta terminar atrapando el inferior entre mis dientes. y doy gracias por no lucir ese precioso vestido rojo. Cuando ese infeliz se levantó por la mañana. sino unos simples vaqueros. preludio de una inminente tormenta.mientras la izquierda acaricia su nuca. Sonrío cuando me levanto. lo único que nos alumbra es un fluorescente tintineante. sabe a tabaco y café. dejándolo aturdido y desconcertado. ahora yo luciría un precioso vestido rojo. Si esto fuese una película de serie B. Mi lengua recorre su polla con maestría. y el olor a sudor que desprende su cuerpo. un relámpago. Pero esto es la vida real. y nos envolvería un bello paisaje. apretando lo justo para hacerle notar un puntito de dolor. actuando ajenos a lo que ocurre a nuestro alrededor. por qué no. y sí. mis hermanas estarán . de esas que programan para los domingos al mediodía. pero inmensamente satisfecho. Parapetados en ese recoveco del parquin. Mis rodillas se clavaban en el suelo. y lo único que llega hasta a mí. No pasa nada… si quieres… puedo llevarte a dar una vuelta. Puedo notar cómo cierta parte de su cuerpo ya se ha abultado por iniciativa propia. el hombre al cual estoy masturbando sería un galán descamisado. de fornido torso. y en esta apartada esquina del parquin de la estación central de autobuses. pero ni así es capaz de dulcificar su voz―. no hay anuncio de ninguna tormenta inmediata. con maestría hago saltar el botón del pantalón y mi mano se infiltra entre las líneas enemigas. Sus espasmos me indican que está próximo a correrse. Su semen sabe igual de mal que su lengua. pero trago con ansias ese líquido vital. ―Su cara es fiel reflejo del desconcierto. ―No… ―carraspea. sus gruñidos guturales son más propios de un animal que de un ser humano. Tan solo faltan tres días para el 23 de junio. jamás pensó que su jornada tendría ese dulce final. siento su erección clavándose en mi pelvis cuando lo atraigo más a mí. puede que una luna llena. Cojo su polla al tiempo que cuelo mi lengua en el interior de su boca. pero ahora que la tengo. son los gemidos roncos de este tipo horondo. Mi mano derecha inicia el descenso hasta la parte meridional de su cuerpo.

no puedan acceder a su preciado cielo. más poderosa. sí. ―asiente―. a pesar de morir con su virginidad intacta. instintivamente. mancillarlas hasta el punto de que. vamos. aunque reconozco que ese trabajo se ha vuelto más arduo en los tiempos actuales. me siento más fuerte. No voy a dejarte durmiendo en la calle. pero es tan divertido jugar con ellas. no entiendo cómo ha ocurrido. Siento cómo el semen de ese hombre obra un milagro en mí.. las maletas a ella. mientras me acerco a la zona de las butacas..contentas. es sorprendente lo fácil que puede llegar a ser vivir de mi talento oculto. No puedes pasar la noche aquí. ―Me levanto y cojo una de sus maletas―. Se fue hace una hora. cada vez debo buscar chicas más jóvenes. será un gran sacrificio a la madre Lilith. disculpa… ―La chica se incorpora un poco y acerca. ―Oh. ―Alzo la mano. me siento capaz de subir al Tourmalet. ―¿Crees en Dios? ―No me pasa inadvertida la ligera caricia que da a su colgante. yo venía con tiempo pero… no sé… ―Parece cosa de brujas. ―¿Quién no? ―me limito a decir. ―Ajá. una pequeña cruz plateada. tiene que ser el sacrificio de una virgen. Voy abrochando los botones de mi camisa y limpio la comisura de mis labios. situado en lo más alto de uno de los mejores edificios de toda la ciudad. ―Linda ―dice encajándola―. esa joven angelical que llevo horas observando va a ser perfecta para nuestro aquelarre. No es difícil reconocer a una virgen. saco un chicle de mi bolso. pues el hombre es . Y ¿qué me propones? ―Vivo a tres calles de aquí. cualquier desalmado podría hacerte daño. como un ciclista recién dopado. Sirvo dos copas de vino cuando llegamos al apartamento. ―¿Has perdido el autobús? ―Me siento a su lado mascando exageradamente el chicle. en el parquin había un tío en moto con unas pintas que daban miedo… Me llamo Tania. Tengo tan solo tres días para corromper a esta dulce jovencita. ―No es buen sitio para dormir ―le digo forzando la mejor de mis sonrisas. no sería cristiano.

―No bebo. voy introduciendo pequeñas ideas en su subconsciente. Los primeros rayos de sol impactan de manera directa sobre nuestros . Linda se apoya en la barandilla de cristal. Le acerco una copa de vino que. salgo tras ella y la cubro con un cálido chal. sonrío mientras acerco el preciado líquido a mis labios.el ser presuntamente dotado de inteligencia más fácil de engañar y manipular. parecen ser las dos profesiones favoritas de estas criaturas casi celestiales. degustándolo lentamente. pero gracias. y mucho conocimiento de qué y cuándo. ―No. sonríe contenta de tener una amiga nueva. el cielo se tiñe de tonos anaranjados. acercándosela a los labios. ―Le sonrío―. Debe hacerse de manera pausada. ―No tienes por qué. dilucidando el momento apropiado en que esa mente es más receptiva. pero ahora ya le toca volver a su pequeño pueblo natal. estás en tu casa. poco a poco. Supongo que no te importará que yo sí tome un trago. y pronto se deja vencer. Nos sentamos en el sofá. no sé cómo agradecértelo. no podía dejarte en la calle. pero no me sorprende su profesión. se necesita un buen don de palabra. y no sé por qué. Ha sido una suerte encontrarme con ese motorista en el aparcamiento. coge sin decir nada. mis recargas vitales están al máximo. su resistencia es mínima. y pronto amanecerá. y me siento con toda la fuerza del mundo para empezar a doblegar a esta buena samaritana. Sonrío satisfecha. por supuesto que no. algo fácil de manejar. Me explica su vida. has sido muy amable conmigo al permitirme quedar esta noche en tu casa. sin prisas. va a ser la maestra. atrayéndola hacia mí. me invento una propia. me explica su aventura en la gran ciudad. desde la terraza de ese lujoso apartamento las vistas de la ciudad son espléndidas. La noche va pasando. rodeándola con mis brazos. preludio de un día soleado. ya que nuestras listas de sacrificios están plagadas de maestras y enfermeras. Aunque eso se aparta un poco de la realidad. tras unos instantes de duda. no es como creen algunos. es un trabajo complicado. para que arraigue en un subconsciente una idea que no es propia. yo aplaudo la idea de ir a visitarla a su pueblo natal. dejando caer su espalda sobre mi pecho. dispuesta a absorber toda la belleza que le ofrece ese magnífico despertar de la cuidad. Hablamos durante horas y.

mirando sorprendida al interior del apartamento. ―Tranquila. ha sido una noche muy ajetreada en el hospital. poco a poco. bailaría. pienso para mí. Es un placer.rostros. ―Disculpad. no solo he ido soplando pequeñas ideas al subconsciente de la joven. ese ritmo que nos envuelve es la banda sonora de mi triunfo. el color coral de sus mejillas y la manera de bajar la mirada así me lo confirman. Los ojos de Linda siguen la estela de Adrián escaleras arriba. Sus manos se encajan con delicadeza. sin duda. espero que sigas aquí cuando despierte. la verdad es que el apartamento es suyo. una nueva amiga. es este. su rubia melena brilla con destellos de color miel. ―Sí. todavía dispongo de dos días. mis hermanas dirían que he nacido para esta labor. mis hermanas estarán contentas con mi excelente elección. sino que me he ido nutriendo de sus fantasías y anhelos. yo solo estoy de paso. es la puerta al abrirse y cerrarse de repente. no conviene precipitarse. Linda. . mi alma esta marcándose una danza triunfal dentro de mí. ―Eres médico ―dice con candor. soy un genio. es más. pero estoy cansado. se me da de lujo esto. En el trascurso de la noche. imprimiendo mi lascivia en su piel. mi hermano ―digo cogiéndola de la mano y acercándola a él―. Mi sonrisa se tuerce en una mueca sardónica que me obligo a disimular. Adri. de sus sueños y esperanzas. y sé que con Adrián he acertado de lleno. ―Eso me temo ―y la sonrisa de él sería capaz de deshelar hasta el corazón más frío de la más frígida de las doncellas―. chicas. Un breve ruido nos sobresalta. sin duda la dotaron de una gran belleza. y el mío. ―Claro… Si pudiera. los ojos de Adri destilan lujuria. Linda. Linda se aparta de mi abrazo. «¡Sí!». todas tenemos dones ocultos. perfecto… el corazón de Linda se acelera. Acaricio sus brazos por debajo del chal. ella es Linda. él es Adrián. y yo no puedo evitar sonreír plenamente satisfecha. ―No sabía que tenías un hermano. ―Encantado. el rubor sube a sus mejillas.

y me susurra que me estaba esperando. que necesito sentirle dentro de inmediato. La dejo descansando. las sábanas cubren la zona justa para insinuarme que está desnudo. Se ha acomodado en la habitación de la planta baja. la respiración acelerada y las caricias que le he propiciado a lo largo de su vigilia. pues estaba predispuesta a ello. me atrevería a decir que eres la mujer que visita sus sueños cada noche. ―Bueno. me susurra las ganas que siente por mí. pero el apartamento se mantiene silencioso. Abre los ojos. Beso sus labios y le dejo descansar. El sol está en lo alto. el candor de sus mejillas sigue vigente. Adrián esta tumbado en su cama. sin duda. que introduzca dentro de mí aquello que me da fuerza. por su hermana. venga… no digas eso… ―y de nuevo ese tono rosado en sus mejillas que delatan rubor. sus manos saben el camino a lo que me gusta. sin miramientos ni delicadeza. de un quiebro certero hace que mi espalda golpee contra la cama y situándose encima no me da tiempo ni a reaccionar. porque sabe que no es lo que deseo. ¿no has visto cómo te ha mirado? ―Oohh. musito en su oído que soy su mejor fantasía. no me lo concede. madre estaría contenta. la observo dormir durante un buen rato. dejando el espacio justo para introducirse dentro de mí. hacen que esté mucho más dispuesta a . vida. subo despacio las escaleras hasta el piso de arriba. tenerle dentro. clavando mis talones en sus riñones. no se lo pido. Se derrumba a mi lado después de haberse corrido. Alcanzamos juntos el clímax. no me quita la ropa interior. Repto despacio por el colchón. sangre de su sangre. magia. que le deseo. la humedad entre sus piernas. Aprieto con fuerza mis piernas en su cintura. solo la hace a un lado. Linda no es la misma chica que entró la noche anterior.―Sois ambos muy buenas personas. no creo que seas una extraña. para no dejarlo escapar. sonríe en sueños. me conoce a la perfección y es capaz de hacerme rozar el cielo con tan solo una simple caricia. y mi obscena imaginación hace el resto. no le ha molestado nada encontrar a una extraña aquí. y su respuesta no se hace esperar. necesito sentirle dentro. me sonríe. esta vez se han tornado de color rojo pasión. estoy segura que la idea que le he susurrado al oído de soñar con mi hermano ha arraigado con fuerza. sus sueños. Noto su aliento en mi oído. con ansias. siempre castos y puros.

otro logro. en un dulce y cálido beso. La noche es nuestra aliada. Esa misma mano desciende acariciando su espalda. por un instante. Derribar sus barreras y convicciones es difícil. dejando al descubierto el inicio de sus senos. que recobra la cordura. ―Gracias ―y sus ojos. ―¿Café? ―le ofrezco desde la barra que separa la cocina del salón. cierra los ojos. siempre he sido esa oveja negra. sabe tan dulce como cabía imaginar. dejándole notar el ardor de mi aliento. mi cuerpo y mi mente se mantienen despiertos y en alerta. y ella se deja llevar. muy cerca. poco a poco. pero no imposible. acariciando su nuca. que vuelve a ser ella misma. cerca. de manera dulce mi mano se posa sobre . El café va perdiendo temperatura a medida que nuestro calor aumenta. o por el bueno. muy. hacia donde duerme mi hermano. nuestro paraíso particular. parece azorada―. No me ha hecho falta dormir. frota sus ojos con el dorso de la mano. pero lo evito posando mis labios sobre los suyos. de esos que hacen soñar. si escuchamos mi versión de la historia. ―Yo no… Gracias ―dice cogiendo la taza que le ofrezco. que abrasa como mi piel y mis deseos. Escucho pasos por el pasillo y la veo aparecer por el hueco de la puerta. Os habéis portado muy bien. mi mano se cuela bajo su rubia melena. a dejarse llevar por el mal camino. mis labios siguen pegados a los suyos. con su rubia melena embrollada. ―Aún duerme ―le confirmo. y parece una preciosa muñequita. Yo nunca he sido como ella. ―Era lo mínimo que podíamos hacer… Doy la vuelta a la barra y me sitúo a su lado. y los sueños de los mortales.dejarse influenciar. me gustaría saber qué pensaría si supiera lo que hemos estado haciendo. obligada a vagar por las sombras. ―Su voz sigue siendo almibarada. siento cómo todo mi ser está acelerado. Me siento fantástica. como toda ella. ―Buenos días. Lamo la tersa piel de su escote. nunca he sido buena a los ojos de Dios. Por una milésima de segundo parece que se resiste. yo soplo en su oído. hago descender el tirante de su camiseta. se desvían a la planta superior. que se crea para nosotras en cada ocaso y desaparece al amanecer. Beso el hueco de su clavícula y.

y sin apenas esfuerzo. masajeándome. ya estamos en la cama. para saborear el dulce jugo de una hembra. Nuestras miradas se funden. la necesitamos virgen para el ritual del día 23. con ella. para besarlo y lamerlo. que mantiene los ojos cerrados y los labios apretados. lamiendo despacio su clítoris. lo he logrado. nuestra preciosa muñeca de trapo a tamaño real. mi hermano acaricia la piel de sus muslos. La respiración de Linda es dificultosa. ha llegado su turno. centrándose en la zona de las lumbares. la humedad empieza a crecer en ella. para hacerla mía. y aún ni he empezado a divertirme con ella. Adrián me sonríe. en una tierna caricia. Adri me penetra despacio. durante las siguientes horas su cuerpo se va a convertir en mi entretenimiento. para derrumbar todos esos altos muros de bondad y honradez. que lo intentó durante un tiempo. ya es mía. tan dorados como el sol. y es en ese instante en el que se abandona a mi voluntad. cuando éramos pequeños. y él lo sabe. Acaricio su entrepierna. pero él nació solo para complacer mis inquietudes sexuales. Sigo con mis labios hundidos en su sexo. Pero ahora debemos centrarnos en Linda. toda su integridad se va al garete cuando mi mano se cuela dentro de sus braguitas. él ha sido y será siempre mi hombre. le quiero. Solo me ha bastado una noche para doblegarla. Mi mirada se cruza con la de mi hermano en lo alto de la escalera. él mismo sabe de primera mano que no puede resistirse a mí. calmando así mi fuego. sabe que siempre logro derribar las defensas de cualquiera si me lo propongo.su mejilla. poder divertirse con nosotras. cede. sabe que a Linda solo puede tocarla. me sonríe. a pesar de que las mantiene apretadas. el que me sirve para dar rienda suelta a todo lo que me quema por dentro. Las manos de mi hermano acarician mi espalda. conmigo. a pesar de que no se lo he dicho nunca. huelo sus cabellos. sus piernas ligeramente separadas. jadeante. Ha caído en mis redes. mis ansias. poco a poco. Quince minutos después Cuatro manos desnudándola. cuando todas las hermanas nos . saboreándola.

pero eso no nos importa. su cuerpo se convulsione con otro orgasmo. se dirigen a su sexo. Lo estás haciendo muy bien. vislumbrando ya lo que preveo. la primera vez que acaricié un cuerpo de mujer fue el de mi propia madre. Linda… Sus manos se mueven torpes por mi cuerpo. Linda parece soñar. Déjala descansar un poco. las mías son diestras en estos quehaceres. pues seguimos disponiendo de su cuerpo. Y así se suceden las horas de ese largo día. que empieza a acariciar casi con violencia. son muchos años de práctica. Por qué conformarme con una aprendiz cuando tengo a la mejor de las amazonas. ―Sonrío contenta mientras empiezo un delicado vaivén de caderas enloquecedor―. ―Está lista ―afirmo mientras me muevo encima de mi hermano. ―Tania… ―Su voz es un jadeo―. a pesar de parecer dormida. ofreciéndosela a nuestra creadora. profundo y húmedo. Te amo… ―Lo sé. todo está bien ―susurro sobre sus labios mientras buceo en busca de su lengua―. sus manos. ―Siempre… Mis movimientos aumentan en intensidad. Un ligero quejido hace que ambos nos giremos. jugueteo con ella sin terminar de penetrarla. que me enseñó todo lo que debía saber. ―Ssshhhh. sin un ritmo constante hace que. como movidas por un resorte. ―Siempre logras lo que deseas ―dice Adri. Eres mío… jamás otra mujer podrá darte lo que yo te doy. Linda parece desfallecer de agotamiento. disfrutando de sentirlo dentro de mí. ―Tampoco lo deseo ―reconoce apretando fuerte mis nalgas―.unimos en sagrado vínculo. . el final de esa sofocante noche. moviéndolos por todo su sexo. sujetándome de la cadera. que precede a una noche con aún más sexo. mis dedos perdidos en la entrada de su cueva. elevando la suya para penetrarme de manera más profunda. ―Ven aquí ―digo tirando de mi hermano y montándome en su cintura―.

sangre. he sido poseída y he poseído. mi cuerpo ha sido profanado diversas veces. Yo misma he dejado a Linda en el altar. ha sido divertido. no ha opuesto resistencia. alzo la mirada y puedo ver los ojos de Linda clavados en los míos. pero sus brazos me recogen en un cálido abrazo. esas muchachas de dulce brillo en los ojos y cálido rubor en las mejillas. como para los católicos debe ser el nacimiento de su Dios. los gritos y jadeos poco a poco se van apagando. y pronto el calor del fuego llega a mí. sangre con sangre. dolor y sexo. El sol va despuntando por el Este. mis piernas apenas pueden sujetar el liviano peso de mi cuerpo. estoy próxima a desfallecer. bondadosas porque así las ha programado. a modo de despedida. ha aceptado su destino. como la dulce Linda agoniza entre las llamas. una sagrada comunión de sexo. . Eres mía… jamás otro hombre podrá darte lo que yo te doy. sabe que debe expiar los pecados de la carne con el fuego. aparta el pelo de mi frente.Sangre y dolor. y deposita en ella un dulce beso. como antaño hicieron muchas de nuestras hermanas. horas dedicadas al placer carnal. La pira se enciende. las piernas se niegan a sostenerme por más tiempo. ―Adri… ―mi voz es un jadeo―. Pagamos con la misma moneda. dolor y sexo. parece que quieran decirme «sin rencor» así que agacho ligeramente la cabeza. El 23 de junio es nuestra fecha más importante. la noche del fuego. la noche en que nos acercamos más a ella. Cuando me doy la vuelta. sangre y dolor. Linda. lamidas por las llamas candentes. El fin del ritual está cerca. noche de las brujas. 23 de junio. por distintos hombres y mujeres. Te amo… ―Lo sé. ―Sonríe feliz mientras carga mi cuerpo entre sus brazos―. Esas jóvenes puras y castas. Siento mi cuerpo entumecido. sin rencor. Me encanta el olor a carne quemada. y nos valemos de esas gráciles criaturas que ha creado para su deleite personal. nosotras. la noche se sucede como cabía esperar. la noche está agonizando en su final. juzgadas y condenadas por aquellos que decían hablar en nombre del señor. y el silencio nos envuelve. Nuestra madre estaría orgullosa de nosotros. Ahora deberemos esperar un año más.

Anderson vivía en las cercanías. Anderson. por lo que decidió no volver atrás . coger el coche e irse de la ciudad de Ford McMurray un día antes de Navidad para poder entrevistar a Mrs. pensó que estaría bien que el editorial de la primera tirada estuviera dedicado a su trabajo. Le habían dicho que vivía a unas veinte millas. El GPS le indicaba que estaba a punto de llegar. sino que quizás con una llamada de teléfono se hubiera evitado el mal momento que estaba atravesando. Así aprendería que en su nuevo trabajo las cosas no se hacían en plan salvaje. Él se había instalado en esta pequeña localidad en busca de una nueva vida. Era una famosa diseñadora y fabricante de bolas de nieve.El Editorial Cris Tremps Alec Reeves maldecía el momento en que se le ocurrió salir de la oficina. Parecía una tontería. no le habían explicado que el camino que debería recorrer sería como hacer un rally aunque sobre la nieve. invirtió todo lo que tenía en abrir un periódico que se iba a dedicar a las noticias locales. Cuando averiguó que Mrs. así que quizás obtendría un viaje baldío. menos mal que su nuevo cuatro por cuatro respondía de maravilla. así que no podía ser tan complicado recorrer una carretera llena de nieve. Podía llegar hasta la puerta de su casa y que no estuviera o que no lo quisiera recibir. pero era conocida en todo el mundo. delicadas y preciosas obras de arte por las que la gente podía llegar a pagar verdaderas fortunas. Otro error que había cometido era no haber contactado con la mujer. estaba nevando y la visibilidad era bastante deficiente. Durante muchos años había sido corresponsal de guerra y la verdad era que había sobrevivido a circunstancias de lo más variopintas.

pero en aquella zona enseguida oscurecía. simplemente. Pero entonces las ruedas se deslizaron sobre una placa de hielo y no pudo corregir la dirección del coche. haciéndose una pequeña herida en la frente que sangraba.cuando ya estaba tan cerca de su objetivo. pero la verdad era que empezaba a sentir algo de náuseas y un incipiente dolor de cabeza. desde allí se veía una columna de humo que pensó debía pertenecer a la chimenea de la casa de la artista. se abrió ante su campo visual una casa. así que decidió aventurarse a salir del coche y llegar hasta ella. El airbag no se abrió y se dio un golpe contra el volante. Sus plegarias se cumplieron cuando finalmente se abrió. no era muy tarde. yendo directamente a chocar contra un árbol. y él. «Bueno. no cedía. cuando . a pesar del frío que hacía estaba sudando y la sensación de mareo iba en aumento. porque se sentía mareado de verdad. comenzó a caminar hacia la derecha de donde el cuatro por cuatro había quedado tirado. la cosa se estaba poniendo seria. con una mano apretándose la herida de la frente. mientras contenía la hemorragia con la mano y buscaba un pañuelo con la otra para taponarla. a pesar de ello. No tuvo tiempo de presentarse ni de decirle qué había sucedido. además del estómago revuelto. y ahora ¿qué hago?». pensó. y aunque al principio parecía que había sido un golpe un poco tonto. El coche nuevo con toda la chapa abollada. La nevada empezaba a ser más abundante. Caminó unos metros. por lo que cogió la mochila en la que llevaba el portátil y. A través de las ventanas de la casa se veía luz. el levantar un pie tras el otro y ganar terreno se le estaba haciendo difícil. ya que tras unos metros. Los pasos cada vez se le hacían más pesados. Había acertado acercándose a aquella zona. La casa de la mujer debía de estar casi delante de sus narices. no mucho. con un golpe en la cabeza y con los copos de nieve cayendo continuamente. maldijo más su mala suerte. sin embargo. Continuó caminando hasta que llegó a la puerta y llamó mientras rezaba para que le abrieran y lo dejaran sentarse en algún sitio. El frío que sintió en el exterior lo espabiló un poco. No había perdido el conocimiento.

le quitó el anorak. Intentando serenarse. poniéndose aún más pálido de lo que ya estaba. Pesaba una tonelada. y una vez limpia la herida pudo observar que no era muy grande. y ver si la hemorragia cedía. se levantó y cerró la puerta. tenía a un hombre herido encima de ella en el suelo de la entrada de su casa. que no paraba de sangrar ahora que no la comprimía con el pañuelo. con una copiosa nevada. pero que estaba en una zona muy irrigada.intentó abrir la boca para pronunciar la primera palabra. pero cuando observó que estaba herido no pensó en que podía ser un ladrón o algo peor. Utilizó el botiquín que guardaba en el cuarto de baño. entró en una especie de espiral perdiendo el conocimiento y cayó como un tronco encima de la mujer que tenía delante y que le había abierto la puerta. le colocó un cojín debajo de la cabeza y lo tapó con una manta de patchwork que tenía en el sofá. por eso no paraba de sangrar. así que no lo dudó y abrió la puerta. pero ésta se llevaba la palma. con cuidado. A un día de la Navidad. reaccionó en plan vamos a ayudar. Tal vez fuera una imprudencia. pero al oír la llamada se asomó a la ventana y vio a un hombre que se sujetaba un pañuelo lleno de sangre sobre la frente. . pero mejor así que no que se hubiera caído directamente al suelo y se hubiera hecho otra herida en la cabeza. Siempre le habían sucedido cosas algo extrañas. Con la toalla envolvió la cabeza para que el hombre y la alfombra no se mancharan más de lo que ya lo estaban. hacía un frío de mil demonios e iban a necesitar mantener la casa lo más caliente posible. Cogió al hombre por las axilas y haciendo verdadera fuerza lo arrastró hasta la alfombra que había delante de la chimenea para que entrara en calor y poder valorar la herida. Cuál fue su sorpresa cuando vio que el hombre iba a decir algo y. Emily no esperaba a nadie. Todo le parecía algo surrealista. apartó al desconocido dejándolo en el suelo. Fue a buscar una toalla y lo hizo rodar hasta acomodarlo como pudo. perdía el conocimiento y se desplomaba encima de ella. ni a esas horas ni ese día.

una pena para un coche que se veía tan nuevecito. Olía a nuevo. serían dos los desmayados sobre el suelo. la temperatura estaba bajando y probablemente las placas de hielo harían el camino intransitable. por lo visto.La desinfectó. si en un rato no despertaba. y más en un día como aquel. Se quitó la ropa y dejó los papeles encima de la mesa del comedor. Además. pero con esa nieve no le extrañaba que se hubiera producido el accidente. decidió forrarse de ropa y salir a ver si había algún indicio de lo que le había sucedido a su desconocido. pero su respiración era regular y no tenía tan mal color como cuando se había presentado ante su puerta. Menos mal que tenía algunos conocimientos de primeros auxilios y no se mareaba ante la visión de la sangre. Conocía la zona. sí. «¿Quién será?». Alexander Reeves era el propietario de un 4x4 que tendría que entrar en el taller de reparaciones muy pronto. Bien. Tenía que haber llegado en coche. Él todavía no había recuperado el conocimiento. Se la puso dentro del anorak para que no se mojara y volvió a la casa. porque si no. La curiosidad pudo con ella y miró el nombre que aparecía en la documentación. Su desconocido seguía inconsciente. La puerta del coche no estaba cerrada. porque no llevaba puestas las cadenas. . porque ahora era su desconocido. Bajó por el camino de la entrada y allí vio el gran 4x4 negro con la parte delantera aplastada contra uno de los árboles que se encontraban en la carretera antes de llegar al pequeño sendero que llevaba a su casa. le puso unas tiritas de aproximación y presionó unos minutos sobre la herida hasta que esta dejó de sangrar. registró la guantera y observó que tenía la documentación en regla. oh. así que buscó que no hubiera ningún objeto que no debiera quedarse allí. ¿Sería un suicida? ¿Estaría loco? ¿A quién se le ocurría meterse en la carretera con el tiempo que hacía en una zona aislada? Como el hombre estaba tranquilo y la herida ya no sangraba. ya que su casa estaba bastante alejada de la ciudad como para poder desplazarse andando. pensó. llamaría a los servicios de rescate para ver qué hacían. Debía tener poca costumbre de conducir bajo esas circunstancias.

eso resumía bastante bien lo que había sucedido. que nevaba y que. debía estar echando un sueñecito. pensó Alec cuando empezó a recuperar la conciencia. pero en cuanto se movió llevándose la mano a la frente. Sí. se encontraba recostada y con los ojos cerrados. con cuidado le . y a la izquierda había un sofá bastante grande en donde estaba la mujer sobre la que había caído. él la oía caminar con pasitos rápidos sobre el suelo de madera. Abrió los ojos y giró la cabeza inspeccionando el entorno. Recordaba haber cogido el coche para ir a entrevistar a Mrs. chocó contra un árbol. «Por favor. Es que tengo un increíble dolor de cabeza y es como si las bandas de instituto de todo un estado estuvieran resonando dentro de ella. que alguien pare todas las bandas de instituto del estado de Massachusetts que están sonando dentro de mi cabeza». añadió un par de troncos al fuego del hogar y se sentó en el sofá a esperar a que el hombre despertara. ―Bueno. tal vez sea algo metafórico. cuando debía estar a punto de llegar a su destino. a la derecha. estaba en el suelo. lo único que podemos hacer para eliminar a toda esa gente tocando es que se tome un analgésico. Caminó hasta una casa y se desplomó sobre una mujer. lo miró y bajándose del sofá se inclinó sobre él. se arrodilló a su lado y. Ella se levantó y fue en busca del calmante. poniéndole la pastilla en la boca. ―Se lo agradecería ―murmuró él mientras volvía a cerrar los ojos. ella se despertó. una preciosa chimenea tenía un crepitante y acogedor fuego. pero no entendía por qué las bandas de instituto resonaban en su cabeza con tanta intensidad. supongo que ahora que se ha despertado puede hacerlo. ―¿Cómo se encuentra? ―preguntó.Se preparó una taza de chocolate bien caliente. Cuando volvió sobre la alfombra. ―¿No les puede decir a los chicos de la banda que dejen de tocar? ―¿Los chicos de la banda? ―Perdone. Anderson.

no me había dado cuenta de que también tenía sed. ―Gracias ―dijo una vez terminó de beber―. ahora que su desconocido estaba tranquilo. prepararía un poco de sopa y después se pondría a trabajar. Así que. Pensó que cuando volviera a despertar. pero le gustaba cumplir con los plazos que ella misma se marcaba. y aunque era un contratiempo que ese hombre hubiese aparecido.levantó la cabeza y le puso un vaso con agua en los labios. ―Sí ―corroboró ella ―es muy posible. continuaría con su rutina. era muy minuciosa a la hora de invertir su tiempo laboral. se podría dedicar a su otra gran pasión. jugaba con las formas. ―Creo que podré. La época navideña era el tiempo en el que más ventas se realizaban. aunque ya suponía que era Mr. se había quedado de nuevo dormido. ―No beba mucho. las texturas y los colores. su pérdida de conocimiento le permitía no descuidar su trabajo. los chicos tocarán bastante fuerte. aunque supongo que hasta que me haga efecto la pastilla. . ―¿Cómo se encuentra para levantarse y echarse en el sofá? El suelo es de lo más incómodo ―comentó la mujer. Una vez hubiera cumplido con lo que estaba haciendo. ella le ayudó a incorporarse y a tumbarse en el sofá. Le encantaba meterse en el taller y diseñar sus pequeñas creaciones. no era que nadie la apremiara. Le acomodó el cojín debajo de la magullada cabeza y la mantita sobre el resto del cuerpo. supuso que el esfuerzo había sido mayor de lo que pensaban. no sea que le revuelva el estómago. pero al menos estará más cómodo. como ambos estaban de acuerdo. pero de momento se centraría en su trabajo y después vería cómo evolucionaba su invitado inesperado. Revees. Cuando Emily fue a preguntarle cómo se llamaba. tal vez tendría hambre. y aunque en lo que estaba trabajando sería para la temporada del año siguiente. la lectura.

la imagen que daba era divertida. Se encontraba calentito y con ese olorcito a sopa. Ella apareció por una puerta que había al fondo de la habitación a la izquierda. Delgada. pero debían haber pasado muchas desde que desayunó. solo pequeñas litografías diseminadas por la estancia. un enorme cuadro con una marina con un mar embravecido y un barco luchando por no hundirse. El salón era grande. Anderson sería una señora mayor. su cabeza ya no parecía un bombo golpeado y olía maravillosamente a sopa casera. Estas oscuras ropas contrastaban vivamente con su color de pelo. preciosa. parte de toda la casa. Intentó incorporar un poco la cabeza para poder ver dónde se encontraba su anfitriona. pero esa mujer no debía tener más de unos treinta años. había caído sobre ella inconsciente. se le disparaba en todas direcciones. Cuando vio que estaba despierto se acercó. ya no se sentía mareado y su estómago comenzaba a rugir. No esperaba que su anfitriona fuera tan joven. pero tampoco bajita. posiblemente. No sabía qué hora era. igual era su hija o su nieta. ―¿Tocan mejor los chicos de la banda? ―preguntó con una media sonrisa en la boca. pero tampoco era crema. Parece que si me . ―Sí. en la pared. Intentó incorporarse y. llevaba un gran jersey negro que debía ser tres tallas más grande de lo que le correspondía y unas mallas también negras. la verdad es que me encuentro un poco mejor. no había demasiados cuadros colgados. ahora que la miraba con más detenimiento. y caldeaba toda la estancia y. Se dio cuenta de que las paredes estaban pintadas de un color indefinido. rubio platino muy cortito. tipo medieval. Pobre mujer. No era muy alta. aunque parecía que se mareaba. controló la sensación y se pudo sentar. estaba con ánimos de levantarse. creía que Mrs. la chimenea era de piedra.Alec despertó de nuevo. lo que sí veía era al frente una mesa con cuatro sillas a su alrededor y encima una bonita escultura de cristal de Murano. le había dado analgésicos y dejado estar sobre su sofá. no era gris. Desde su posición no podía verla. una extraña combinación que daba sensación de calidez. Detrás del conjunto. le había curado la herida. debía estar en otra habitación. se sorprendió un poco.

iría al cuarto de baño. ven. no voy a hacer nada de lo que después me arrepienta. pensó en que ahora que lo había observado con más tranquilidad estando él despierto.incorporo. ―Antes. avísame. no sea que sea demasiado el esfuerzo y te marees de nuevo. le parecía un hombre muy guapo y muy grande. Mrs… ―Soy Emily Anderson ―continuó ella. que si no parece que soy mi abuela… jaja… ―comentó mientras lo acompañaba y antes de dejarlo entrar en el baño. delgado pero fibroso. ―Y con esta escueta contestación. pesas un montón y me cuesta mucho moverte. te traigo un poco. ―Solo Emily. Alec entró en el baño y Emily se fue a la cocina. ―Gracias por todo. ―Alec Reeves. ―¿Y tú eres…? ―preguntó ella. te acompaño al cuarto de baño. por favor. Era un hombre alto. aunque estaba bastante delgado. Emily puso la sopa calentita en un bol y lo colocó sobre la mesa. ―Lo siento. si puedo. Anderson. Ha sido muy generosa. mientras realizaba estos trabajos manuales casi automáticamente. y después puedo sentarme en la cocina ―dijo él mientras se incorporaba―. el olor a sopa me está resucitando. que si te caes al suelo. moreno. ―Es buena señal que haya desaparecido el mareo y la sensación de náusea. así que si te apetece. ―Muy bien. Alec. sacó una cuchara del cajón de los cubiertos y una servilleta limpia. estaré allí. ―Sí. Le sacaba un palmo y medio de altura. si ves que no te encuentras bien o te mareas de nuevo. ―No ha sido nada que tú no hubieras hecho en caso de haberte encontrado en semejante situación. gracias. al fondo está la cocina. Mrs. No le he dado las gracias por todo lo que ha hecho por mí. Una vez en la cocina. debía rondar los ochenta quilos. . medía cerca de un metro noventa y.

pero pensaba que le daba personalidad. ―Bueno. No gastaba movimientos en vano. pues. ya suponía que una persona que vive aislada era porque le gustaba la soledad. con el fresquito que tenemos no creo que dure mucho tiempo muy caliente. cuando terminó la sopa y comentó lo rica que estaba. ―Pero él hizo un intento. ―Es extraño que un hombre tome té en esta zona. ―Ah. le hizo un gesto con la mano para que entrara y tomara asiento. le dijo que prefería una taza de té. Acertó. ¿a qué se dedicaría? Bueno. No se había dado cuenta de que. Se la veía de una manera muy doméstica. largos dedos de pianista. Cuando Emily se dio cuenta de que él estaba esperando que le diera permiso para pasar. ella le ofreció un sándwich. también se la ofrecería a él. tenía pinta de estar acostumbrada a hacerse ella misma todo. ―De esta manera.con el cabello algo rizado que se le apoyaba sobre los hombros. los ojos azules. y con toda seguridad se encargaría de las cosas de la casa en general. observándola también. muy dulce. a lo mejor le gustaba. solo una cosa desfiguraba un poco su rostro y era que seguramente se había roto la nariz. entonces. Se había fijado en sus manos. mientras hacía estas cábalas. te saco el azúcar. ella volvió a moverse por la cocina con esa desenvoltura que a él le había gustado desde el principio. eso sí. porque la tenía torcida. he vivido en muchos sitios y sobre todo la época que estuve de corresponsal en la zona de Oriente Medio me acostumbré a él. pero lo rechazó. ―No te preocupes. él estaba apoyado en la jamba de la puerta. Ella había puesto el hervidor en marcha para prepararse una taza de té. y en la cocina se la veía fantástica. y como le gustaban las cosas hirviendo no tuvo problema en empezar a tomarla. ―Espero que no queme ―comentó ella. La verdad era que estaba muy sabrosa. se lo preguntaría y ya está. .

pero bueno. Debe ser un cambio muy importante en tu vida. ―Sí. Así que aquí estoy. el hambre. Choqué contra muchas murallas. ―Vaya. incluso en Oriente? ―preguntó con evidente curiosidad. Alec se echó tres cucharas en la taza. ¿eh? ―dedujo ella.Cuando le puso el azucarero delante. con lo que fui ahorrando. en muchas ocasiones hemos salido ilesos. Al principio fue muy difícil porque estaba solo. porque le daba la impresión de que era una mujer muy intuitiva y a la que creía que no le gustaría que le mintieran. muy interesante. ―Estaba cansando de todo. en una zona en conflicto en donde no sabes en quién confiar. gracias a los compañeros de profesión. las guerras. ―He sido corresponsal de guerra muchos años. ya te puedes imaginar. pero cuando se agudizaron los conflictos. los muertos. . bueno. estudié periodismo y entré en un diario de tirada nacional que me ofreció el puesto en el extranjero. ―Y ahora. ―Entonces. primero como reportero en diversas ciudades europeas. y al final tiré la toalla. lo que se lee en los periódicos o lo que sale en la televisión es una ínfima realidad de lo que está pasando en realidad. ―¿Fue muy duro? ―Sí ―afirmó con la cabeza ―. ―Así que periodista. me he venido a Ford McMurray a abrir un pequeño periódico local. ―Le contó las cosas tal y como las sentía. me ofrecí a ser corresponsal de guerra. pasar de viajar continuamente a estar parado en una pequeña ciudad como esta. pues. Dentro de un par de semanas espero poder poner a la venta la primera tirada. ―¿A qué te dedicas. si has estado en todas partes. ―¿Y ahora? ―continuó interrogándolo. ¿cómo es que has acabado en la puerta de mi casa en un día tan poco agradable como este? ―preguntó ella a la vez que levantaba la taza para tomar otro sorbo de su té. la juventud conlleva un punto de no querer ver el peligro. Tal vez hoy en día no lo volvería a hacer. como a todo el mundo.

¿no? ―manifestó Alec. cayéndosele encima. ―Vamos a hacer una cosa. por lo tanto. Todo parecía ir genial hasta que un día él llegó a la casa que compartían y comenzó a insultarla. tras una gran discusión. asintió. hasta el punto de hacerle una entrevista. te contaré cómo he llegado hasta aquí. Tenía una mirada franca. te pido que aceptes esta pequeña petición. Anderson de las bolas de nieve. no la había engañado con el nombre y había contestado a cada una de sus preguntas. ¿Qué iba a hacer? Quizás sí pudiera hablarle de su pasado. se había esforzado mucho en llegar a la cima. No me gusta hablar de mi pasado. valorando lo que veía y sentía. Porque tú eres la Mrs. así que lo consideraba sincero en lo que le estaba explicando. pero que en el artículo solo se hablara de su trabajo actual. Emily se reclinó en su silla. ―Pues sí ―corroboró mientras lo miraba casi sin pestañear―. Anderson. al final. Él le gustaba. Anderson me recibía y me concedía una entrevista para el editorial del primer número. pero solo quiero que hables de lo que estoy haciendo ahora. .―La verdad es que venía para ver si Mrs. soy esa Mrs. y valoro lo sincero que has sido hasta ahora conmigo. Curioso. Cuando menos se lo esperaba. Se sentía algo extraña. Ella también tenía un pasado y no se había parado nunca a pensar que alguien en aquella zona se pudiera interesar por ella o su trabajo. a pesar de que había aparecido de improviso en su casa. Le contó que había cursado estudios superiores en la universidad y que fue una mujer de mucho éxito en una gran empresa internacional. Entonces fue él quien se la quedó mirando. parecía valorar lo que le había dicho. él le pidió perdón y dijo que estaba muy estresado por el trabajo y que sentía haberlo pagado con ella. muy curioso. conoció a un alto ejecutivo de otra empresa con el que empezó a relacionarse y al final iniciaron un noviazgo que les llevó a una sencilla boda en unos meses.

Le costó más de dos años recuperarse. Cuando terminó su relato. ahora conocido. había visto y vivido muchos momentos infernales en su vida. intentando ayudar a las familias que dependían de sus ventas. hasta que decidió empezar de cero. fue al psicólogo y se divorció de aquel repugnante ser. su inversión creció y dio beneficios.Fue el inicio de la peor época de su vida. laboralmente estaba en la cima y parecía que su pareja no aceptaba de buen grado ese éxito. Decidió irse a Canadá porque allí era totalmente anónima. laborales y personales. las discusiones continuaron hasta que un día le pegó. Una paliza brutal que acabó con ella en el hospital y él detenido. cosa que le había costado mucho esfuerzo. tenía pedidos de todos los rincones del mundo. se publicitaba en todas las redes sociales y a la gente le encantaban sus creaciones. y en esos momentos solo quería abrazarla y matar al cabrón de su ex marido. y un día se le ocurrió un pequeño diseño. Su familia se volcó en ella y no la dejaron ni a sol ni a sombra. y con el dinero que tenía ahorrado montó la pequeña fábrica que había en el pueblo. En poco tiempo. aunque también se había dado cuenta de que esa misma fragilidad era su fortaleza. No se había movido desde que Emily inició su relato. Alec se quedó estupefacto ante la sinceridad de su interlocutora. se cambió el apellido adoptando el de su madre. y en esos momentos se encontraba tranquila y en paz consigo misma. sus constantes miedos a volver a ser agredida o a que le hicieran daño sentimentalmente condicionaron su vida. En esos momentos se la veía muy frágil. Llevaba allí instalada tres años. lo denunció en cuanto pudo. . así que buscó información sobre cómo se hacían y empezó una nueva vida. pero la sencilla declaración de la mujer lo había dejado noqueado. porque tenía muy claro que no podía quedar impune. Era coleccionista de bolas de nieve. bebió un poco más de su té y se esforzó por sonreírle a su desconocido. Toda esa situación le hizo replantearse muchas cosas.

además. contándole algunas de sus experiencias en los campos de refugiados y con los militares en zonas de batalla. Se había enamorado de ella. ―Sí. cuando todo pasara. será mejor que nos vayamos a la cama ―comentó Emily mientras se levantaba. si no tienes apetito. ―Si algo he aprendido también es que no todo el mundo es igual y que no se puede vivir en el pasado para siempre ―comentó a la vez que se levantaba para poner su taza en el lavavajillas. sentimentalmente hablando. no se volverían a ver. Pasaron dos horas casi sin darse cuenta.―Quiero agradecerte tu sinceridad y. Ambos eran supervivientes de sus pasados. muy probablemente. además. ―Lo siento. estaba que. un nexo que los acercaba. otra persona con tu pasado quizás no hubiera sido tan buena ―dijo removiéndose un poco en su silla. el artículo para el editorial tomaba forma en su cabeza. Tal vez. la sensación fue fulminante. esa sería la manera de trasmitir a los lectores la historia de una de sus vecinas. Pero a la vez veía a la mujer. veo que todos tenemos importantes mochilas a nuestras espaldas ―dijo ella cuando también dejó de hablar. que me hayas acogido en tu casa siendo un total desconocido. ella no estaría interesada en él. un poco para sanar mis propias heridas. y. lo atravesó como un rayo y pensó que no sabía muy bien qué hacer con esos sentimientos. fue entonces cuando él se sinceró todavía más con ella. tenía muy claro cómo enfocarlo. por eso también yo he venido a este lugar. ―Es tarde. la persona que había sido y en la que se había convertido. Conforme la estaba escuchando. a veces. así que tomarme un analgésico y acostarme en el sofá será como estar en el cielo ―aseveró a la vez que la seguía por el pasillo hacia el salón. ―No. la afición de una mujer a coleccionar bolas de nieve la había conducido a levantar un próspero negocio. . Una mujer que en un momento de su vida lo tuvo todo y que por un hombre perdió su seguridad y confianza. hasta que la cabeza empezó a dolerle de nuevo. lo único que siento ahora es un incipiente dolor de cabeza. la vida es complicada.

sentirse . tengo unos pantalones de chándal de uno de mis hermanos y algunas camisetas que te irían bien. por qué le había contado la historia de su vida. creo que puede ser muy incómodo para ti. La idea de la ducha le encantaba.―La verdad es que he pensado que tal vez quisieras darte una ducha y cambiarte de ropa. dormiremos en la misma cama. una y otra vez. y no estaba muy seguro de querer hacerlo. porque no estaba en condiciones de nada más. Sabía que esa noche solo iban a dormir. porque ese golpe en la cabeza podría traerte consecuencias. me haces sentir bien. mientras. Era consciente de que quería algo más de él. algo que no sé muy bien cómo explicarme a mí misma ―musitó mientras levantaba la mano y le retiraba un mechón de su cabello de la frente observando la herida que se había hecho en el accidente. Lo miraba dormir y se preguntaba. ¿te parece buen plan? ―preguntó con media sonrisa en la boca. voy a llamar al periódico para decirles que estoy bien. tanto física como emocionalmente. no sabía qué esperar de toda la situación. ―De acuerdo ―dijo mientras asentía―. Si te parece bien. y el sofá es muy confortable ―respondió tranquilamente. realmente le gustaba. al contrario. trabajaré un rato y te dejaré descansar ―asintió ella a la vez que seguía mirándolo fijamente. ―No es necesario. Se sentía muy próximo a ella. algo que le parecía bastante insólito. por eso he pensado que mejor te acuestas conmigo en mi cama. pero incomunicado. era Navidad. No me haces sentir incómoda. pero yo estaría más tranquila si te tuviera más cerca. ―Sí. que es grande ―dijo ella con una naturalidad que lo dejó estupefacto. pero al día siguiente ya no estaba tan seguro. después me daré esa maravillosa ducha que estoy seguro me hará sentir mucho mejor y después me acostaré. pero la de acostarse en la misma cama que ella le hacía parecer un intruso. Además. pero le gustaba. De todas formas. ―El sofá se puede convertir en cama. y eso lo había tomado desprevenido. no voy a dejar de vigilarte. todo esto era un regalo bastante inesperado.

Lo acompañarían con un buen vino tinto y de postre haría galletas. hacía frío y debían mantenerse calientes. además. Desde lo sucedido no había querido tener relaciones sexuales con nadie. así que. ellos nunca le recriminaban que no fuera a pasar esas fechas tan especiales con ellos. así que pasarían el día de Navidad juntos. durante unos segundos esa tarde pensó que la iba a besar. Se despertó al notar su contacto y sus ojos se abrieron muy lentamente. su respiración era pausada y no tenía rictus de dolor en la cara. Se dio una ducha ella también y se puso un pijama de franela que no invitaba a nada. pero el momento pasó. Llamaría a su familia para felicitarles las fiestas y tenía pensado ir a visitarlos en primavera. cuando mejorase el tiempo. Se tumbó en la cama y continuó observándolo. tenía las cejas bastante pobladas y esa nariz rota cada vez le gustaba más. el accidente no se podía tomar a broma y le daba gracias a Dios por estar allí tan cerca y que no le hubiera pasado en otro lugar más remoto. no pudo evitarlo y pasó un dedo por su nariz con una suave caricia.entre sus brazos y que la acariciara y besara. hasta que él había aparecido ante su puerta. Quizás era una reacción normal al estar los dos solos allí aislados. tenía helado de chocolate. había sacado del congelador un par de solomillos que cocinaría junto con una salsa de hongos y puré de patatas. Sabía que no le era indiferente. para ellos. una perezosa sonrisa apareció en su rostro. Pensando en lo mucho que le gustaba se quedó dormida. . Estaba segura de que estarían aislados al menos un par de días. ―Estoy soñando que duermo con una hermosa mujer que me acaricia ―susurró con la voz enronquecida. por lo que pensó que sería una improvisación para una cena que no esperaba compartir con nadie. porque sabían que la climatología no solía acompañar para realizar un viaje tan largo. Tenía aspecto de cansado y no era para menos. A mitad de la noche se despertó y comprobó que él estaba igual de tranquilo. la Navidad se celebraría en la siguiente estación del año. se había girado hacia su lado y lo tenía de cara. porque podía haber sido una situación mucho más precaria para su salud. Para celebrarlo.

en versión light ―respondió el hombre mientras sonreía. ―Buenos días. él tenía una mano sobre la suya y la otra estaba sobre su cadera. ―Bueno. veo que estás bien. Él volvió a su apacible sueño y ella no tardó en seguirlo. ―Parece que han cambiado la melodía y ahora suena «Love me tender» de Elvis. parecía que se habían buscado el uno al otro. Tenía buen aspecto a pesar de que en la zona de la herida había aparecido un hematoma que se había extendido por su frente. . recuerda que estás de una pieza y que todo volverá a su sitio ―comentó a la vez que se separaba de él. porque no estaba segura de querer empezar en esos momentos algo que no podría parar. hasta que se dio cuenta de que él se había despertado y la miraba. ―Porque la banda de música es la demostración de que en tu frente ha aparecido un pequeño cuadro de color ―respondió mientras sonreía al ver que se llevaba la mano a la zona afectada. ―¡Feliz Navidad! ―exclamó ella manteniendo una enorme sonrisa. ambos acercaron sus bocas para darse un beso suave y tierno. así que continúa durmiendo ―murmuró mientras le pasaba la mano por la mejilla. yo también sueño que duermo con un gran hombre. Sabía que se tenía que levantar. Llegó el amanecer y cuando se despertó. Levantó la cabeza y. Se volvió a acercar a él porque recordó que era un día especial y quería empezarlo de una manera feliz. ―¿Por? ―preguntó él. ―¡Feliz Navidad! ―contestó él sonriéndole también. ¿qué tal la banda de música? ―preguntó recordando el comentario de Alec del día anterior sobre su dolor de cabeza.―Sí. Durante el sueño se habían acercado y se habían colocado de esa manera tan íntima. como si fuera la cosa más natural del mundo. cuando te mires al espejo. y lo besó de nuevo. se dio cuenta de que su cabeza estaba sobre el hombro de Alec y su mano encima de su torso. pero estaba tan cómoda y a gusto junto a él que se quedó inmóvil durante unos minutos más.

Lo había cuidado y mimado tras desplomarse encima de ella después del accidente y se había abierto a él en casi todos los sentidos. y un olorcillo a comida se había extendido por la casa. porque tenía varias mesas en donde había diversos materiales para poder hacer las bolas de . así que fue en su busca. se había duchado. ella lo envió al comedor y sacó unas cajas en donde había un árbol de plástico y algunos adornos navideños y le dijo que los colocara y después. La encontró en una habitación que debía hacer las funciones de taller. Cuando insistió en ponerse con ella a preparar la comida. pero llegó un momento en el que desconectó de lo que sucedía a su alrededor y se centró totalmente en las palabras que. Así que tras montar el árbol y decorarlo. pero ella lo envió a la ducha mientras preparaba el desayuno y lo que parecía iba ser una comida muy especial para celebrar el veinticinco de diciembre. No supo cuánto tiempo había pasado hasta que se dio cuenta de que ya lo tenía acabado y se recostó sobre la silla mirando la palabra «Fin».Alec se encontraba mucho mejor y eso se tradujo también en su humor y su manera de actuar ante ella. Se preguntaba desde cuánto tiempo no se sentía tan especial y tan bien junto a una mujer a la que no hacía ni veinticuatro horas que conocía. salían de su cabeza y sus manos a toda velocidad. No tardó mucho en hacerlo. Escuchó que trasteaba en la cocina. dicho sea de paso. trabajara un rato en su ordenador. al final. Se había quedado un poco más en la cama pensando en cómo se habían despertado y en el inicio del día de Navidad. había lavado y puesto en la secadora la ropa. se sentó al ordenador y comenzó a escribir el artículo. solo quedaba uno y esperaba que ese día ocurriera. Al principio estaba pendiente de lo que ella hacía. no estaba en el salón. La verdad era que la sonrisa que tenía en la boca no lo había abandonado desde entonces. decidió levantarse y dejar sus ensoñaciones para otro momento y ayudarla. además de un maravilloso café que envolvía el ambiente de la casa. Se giró en busca de ella porque quería que lo leyera y le diera su opinión. puso algún que otro detallito por el comedor y recogió las cajas en una esquina para que ella las guardara de nuevo. así que enseguida estuvieron ambos sentados a la mesa comiendo tortitas con sirope de fresa y chocolate. así que. si le apetecía.

mientras ambos habían estado trabajando. tenía en los ojos lágrimas no derramadas y . ―Sí. ―He lavado tu ropa y ya está seca y planchada. estaba nervioso. ya que solo tenía la ropa del día anterior y lo que le había prestado ella. ―Has trabajado durante un buen rato ―dijo a la vez que le retiraba de nuevo ese mechón rebelde que siempre se colaba sobre su frente. y yo me pondré algo más acorde para la celebración ―contestó una vez llegó hasta donde se encontraba el ordenador de Alec y se sentaba delante de la pantalla. Le impactó la imagen de ella. se horneaban unas galletas que olían a gloria. ―No te preocupes. balanceándose sobre sus pies y con las manos metidas dentro los bolsillos del pantalón de chándal que llevaba. en ese preciso momento lo habría hecho. Entonces ella apareció en la estancia y se acercó a él. Estaba a punto de ponerse a dar vueltas por el comedor por la impaciencia. no podía evitarlo. Era una mujer maravillosa y. así le da tiempo a las galletas a enfriarse. ―Claro. si no se hubiera enamorado ya de ella. ―¿Nos vestiremos? ―preguntó un tanto confuso. me ha dado tiempo a hacer un montón de cosas y yo también he trabajado un rato ―aseguró a la vez que se giraba y se acercaba al horno apagándolo y sacando las galletas. espero no haber sido grosero por ello ―comentó a modo de disculpa. pero decidió dejarla un poco más. si te apetece ―anunció. he perdido un poco el sentido del tiempo. moviéndose sobre sus pies como si fuera un niño en espera de que le hicieran caso y gustara lo que había hecho. No pudo evitar quedarse detrás de ella. ―Me gustaría que leyeras lo que he escrito.nieve y un ordenador de última generación con los aditamentos necesarios para realizar diseños virtuales. su opinión era importante para él. cuando ella se levantó y se puso delante suyo. Después nos vestiremos para la ocasión y comeremos ―dijo trasladándose hacia el comedor. Estaba tan concentrada en su trabajo que no se dio cuenta de que la observaba desde la puerta. así que se acercó a la cocina y vio que ya tenía todo preparado y que.

fue un beso lleno de emoción y de pasión. Emily no podía ser más feliz. a la hora de sentarse. enmarcó su cara con las manos e hizo que se inclinara hacia abajo para besarlo. pero que le había llegado al alma y la había hecho sentir muy femenina. mantuvo la posición en la que se encontraban pero con la mirada la interrogó. un gesto que parecía algo anticuado. La abrazó y siguieron besándose hasta que se dio cuenta de que quería escuchar de su boca las palabras que lo mantendrían en el cielo durante mucho tiempo. Pero la contestación llegó en forma de gesto y no de palabras. con su artículo que la entendía y salvaguardaba a su persona y su pasado. se preguntaba mientras contenía la respiración esperando su respuesta. en donde le informaba lo mucho que le había gustado y le había hecho sentir. cuando había salido del cuarto de baño. hasta que ella anunció que ya era hora de arreglarse y rompió el hechizo que los envolvía. sin decir nada personal. Degustaron la . estaba sentada a la mesa del comedor con un hombre encantador que le gustaba y que le había demostrado. pero esta vez no fue una simple caricia. Alec había retirado su silla para que se sentara en un gesto galante antes de sentarse él en la que había colocado al otro lado. él la estaba esperando y la sorprendió cogiéndole una mano y llevándosela a la boca para depositar una pequeña caricia sobre el dorso con sus labios. has plasmado sobre la pantalla un afición y una pasión que ha llegado a ser una parte muy importante de mi vida y que está ayudando a mucha gente económicamente y dando pequeñas alegrías y satisfacciones a las personas que compran mis creaciones ―susurró muy cerca de sus labios mientras una lágrima traidora rodaba sobre su mejilla. Alec le ofreció una gran sonrisa y retiró la lágrima con un beso. entonces. ¿No le había gustado?. Había elegido un vestido negro de cóctel y se había maquillado con sencillez. Ambos habían llevado la comida a la mesa y. la abrazó y así se quedaron unos minutos. ―No tengo palabras para describir lo que he sentido mientras lo leía.contenidas.

improvisada comida navideña y él alabó que en tan poco tiempo hubiera
cocinado algo tan exquisito, y le aseguró que estaba encantado con esas
maravillosas galletas con helado de chocolate que habían tomado de
postre.
Había salido todo a pedir de boca y se sentía tan especial que su sonrisa
era permanente en su boca.
―¿Tienes equipo de música? ―preguntó él mientras le cogía la mano a
través de la mesa, desde la mañana no habían parado de tocarse en cuanto
tenían la ocasión.
―Sí, lo que pasa es que no lo ves porque está en el taller, pero tengo
hilo musical que llega a toda la casa. ―Le gustaba mucho la música y
cuando había acondicionado su hogar se había dado ese pequeño capricho.
―¿Por qué lo preguntas?
No contestó a su pregunta, con una sonrisa juguetona se levantó de la
mesa y la dejó allí sentada, lo siguió con la mirada y vio que se dirigía a su
lugar de trabajo, no sabía si esperarlo tal y como estaba o levantarse y
seguirlo, al final, se quedó donde estaba esperando ver qué era lo que iba a
hacer.
Tras unos minutos, Elvis comenzó a sonar por la casa, no recordaba que
tenía un recopilatorio de canciones típicas navideñas interpretadas por él,
así que un sentimiento de melancolía mezclada con una íntima alegría se
arremolinó en su corazón.
Alec volvió a la estancia y, haciéndole una reverencia, la invitó a bailar
con él, la risa burbujeaba en su boca y, con mucha parafernalia, ella
también le hizo una pequeña inclinación de cabeza aceptando su
proposición.
Fue un momento mágico, la música sonaba y bailaban abrazados
meciéndose al lento ritmo que escuchaban. Terminó la canción y se paró
ante él, la excitación de ambos era más que evidente, así que ella tomó la
iniciativa y lo condujo hasta la habitación que habían compartido la noche
anterior.
Se desnudaron e hicieron el amor, un acto íntimo que llenó sus almas y
sus corazones, no sabía qué pasaría al día siguiente, pero esa noche era de
ambos, para disfrutar el uno del otro.

Alec se despertó al día siguiente con una gran sensación de plenitud y
alegría que hacía mucho tiempo que no sentía, el cálido cuerpo de Emily a
su lado, todavía sin despertar, estaba totalmente pegado al suyo, su cabeza
reposaba sobre su hombro y una de sus esbeltas piernas estaba colocada
sobre las suyas.
A la vez, también sentía cierta aprensión a despertarla, ya que no podía
saber qué era lo que ella sentiría o qué se dirían. No quería que esto
acabara en un «ha sido una noche genial, hasta siempre», quería mantener
una relación con ella, pero con su pasado quizás no quisiera nada más con
él.
Notó cómo se empezaba a desperezar y levantaba la cabeza con una
brillante sonrisa en la boca.
―Buenos días ―susurró Emily.
―Buenos días ―contestó él mientras también sonreía.
―No sé qué hora es, pero no me importa, creo que pasaría el día entero
así contigo ―aseguró ella a la vez que le acariciaba la mejilla.
―Debe de ser tarde, porque la luz entra con bastante intensidad, a lo
mejor ha salido el sol ―comentó colocando su mano sobre la suya.
Entonces ella besó su hombro y se separó de él para levantarse, Alec
sintió una inexplicable sensación de pérdida y de que el momento íntimo
había pasado para iniciar el momento cotidiano.
―Voy a ducharme y después prepararé el desayuno, estoy famélica
―dijo mientras salía de la habitación.
Él se quedó todavía unos instantes recostado, saboreando esa
maravillosa sensación que le había dejado la caricia sobre su hombro,
pensando en cómo encarar una conversación seria sobre su futuro.
Finalmente, decidió también levantarse e iniciar con optimismo el nuevo
día, se puso los pantalones y se dirigió al salón para mirar por la ventana.
Sí, había salido el sol, y por lo tanto había dejado de nevar, había pasado el
día de Navidad y tendría que llamar a la grúa y volver al pueblo, a su vida
y su trabajo. Mientras pensaba en ello, no pudo evitar fruncir el ceño.
No supo cuánto tiempo estuvo así, hasta que ella se le acercó por detrás
con una taza de humeante café en las manos y se la pasó.

―Llevas un buen rato mirando a través de la ventana y sin moverte,
parecías muy concentrado ―dijo pasándole el brazo por la cintura.
―Estaba pensando en nosotros y en el futuro ―comentó girándose hacia
ella, quería que las cosas quedaran claras y saber a qué atenerse.
―¿Futuro? Umm, futuro, no había pensado en ello ―contestó
separándose un poco de él y mirándolo fijamente.
―Voy a llamar para que vengan a recoger el coche y, entonces, tendré
que irme al pueblo, pero me gustaría que pensaras en lo que ha pasado
entre nosotros y valoraras que iniciemos una relación, me gustas y quisiera
saber a dónde nos conduce todo esto. Sé que hace tan solo dos días que nos
conocemos, pero sé lo que quiero, y es estar contigo ―aseveró
manteniéndole la mirada y tomando pequeños sorbos del café que ella le
había entregado.
Ella no contestó, solo asintió.

Al cabo de unos días, cuando el periódico iniciaba su andadura con, en
portada, el editorial que había dedicado a Emily, recibió un paquete
cuadrado no muy grande.
Se había pasado horas pensando en ella y en si debía llamarla o no, pero
al final no lo había hecho porque quería darle tiempo para que pensara en
ellos dos, eso le estaba matando, pero sabiendo cómo ella se había
comportado con él, tenía la certeza de que en algún momento le llamaría
para decirle lo que había decidido.
El paquete que estaba en sus manos no tenía remitente y lo habían
entregado en el edificio del diario, así que fue uno de los colaboradores
quien se lo había llevado al despacho. Ahora estaba solo y decidió abrirlo.
Estaba muy bien envuelto y tenía varias capas de protección, tras
retirarlas todas, encontró algo que no se hubiera podido imaginar en la
vida.
Era una bola de nieve en la que se veía una imitación en miniatura de su
todoterreno empotrado contra un diminuto árbol y, al lado, una casa con
una veleta en su tejado en forma de corazón, todo el conjunto estaba
colocado sobre un paisaje nevado.

Miraba la preciosa bola a la vez que esbozaba una amplia sonrisa, la
movió, y la imitación de nieve empezó a caer sobre la escena. Ella se había
puesto en comunicación con él de una manera muy suya y única, a través
de su pasión. No esperó ni un momento y, con su regalo y el periódico en
las manos, se dirigió a la calle, en donde tenía un coche de alquiler
esperando aparcado cerca de la oficina para poder dirigirse a la casa de
Emily.
En esta ocasión, se aseguró de llevar cadenas, a pesar de que brillaba el
sol y que esperaba que no nevara hasta llegar a su destino, los brazos de
Emily.

Todo el tiempo en un instante
M. C. Sark
Impaciente por el encuentro que estaba por llegar, levantó la vista para
observar la enorme esfera que, colgada en la pared, informaba de la hora a
los viajeros. No contenta con ello, tuvo que volver a confirmarla, por
enésima vez, con su reloj de pulsera.
Suspiró.
Todavía quedaba media hora para que el tren entrase en el andén, pero su
impaciencia la había llevado hasta la recepción de viajeros demasiado
pronto, y aquellos malditos relojes se burlaban ante sus narices sin querer
avanzar.
¿Asustada? No. Más bien nerviosa por lo que llegaba a su ciudad a bordo
de aquel tren. Bueno, no era por «lo que» llegaba, más bien por «quién»
llegaba.
Tras dos años chateando con él por las redes, de cederle sus escritos para
que los revisara y corrigiera, veinticuatro meses de charlas, de confesiones,
setecientos treinta días de camaradería y amistad… Tras todo eso, por fin
iba a conocerle.
¡Qué absurdo era todo! ¿Por qué tendría que estar tan inquieta? ¿Acaso,
aun sin haberle visto nunca, no eran amigos? ¿No conectaban todas las
noches para charlar un rato contra viento y marea?
Aspiró hasta llenar del todo sus pulmones y soltó el aire muy despacio.
Cuando supo que venía de viaje a la ciudad, ella le había mandado una
foto, pero él no le había correspondido, alegando que así mantendría el
misterio hasta el final.
¿Y bien? Daba igual, ¿no? Esto no era una relación formal. Eran

Había encontrado lealtad. ella había visto en él una pared donde apoyarse. Casi le parecía escuchar sus carcajadas ante su estado de ansiedad. Lo sacó del bolsillo del abrigo. Moreno. Empezó a notarse trasiego de gente. destacaba una boca seductora de labios carnosos que hizo que sus ojos se detuvieran sobre ella más tiempo de lo . apenas sabía de su persona. una voz grave murmuró a su espalda: ―Tenía que asegurarme. Levantó el mentón y lo levantó un poco más. seguridad. De sobra sabía que para él no era lo mismo. una esponja alrededor de un sabio que. Sin pensarlo estiró el cuello para ver mejor. Habían hablado de tantas cosas… Levantó la vista y la clavó en el enorme segundero que avanzaba a paso lento. pero. Pero. pues la miraban con celo e intensidad. pero en realidad no era un desconocido. por motivos desconocidos. cariño en los malos momentos y risas en los buenos. Corrector y escritora. «¿Aquel? Demasiado joven… ¿Ese otro? Demasiado importante. apellidos y lugar de trabajo. Durante todo aquel tiempo. una gruta donde encontrar cobijo. sobre todo. muy masculino. Ella solo era una aprendiz. antes de que entonase la canción que daba aviso de llamada. había decidido compartir su conocimiento para ayudarla a medrar en su profesión. Muy lento. antes de que pudiera contestar. Conocía muy poco de su vida personal y aparte de nombre. Aunque intentara convencerse. Ella se giró despacio y. El tren había llegado por fin y los viajeros cargados de equipaje comenzaban a aparecer en la estación. nervioso. se enfrentó a las solapas de una chaqueta. de ojos grandes y oscuros que parecían traspasar el umbral de lo correcto. mentón cuadrado. Nunca le habría imaginado tan alto ni por supuesto…. firmeza. al hacerlo.profesor y alumna. no y no…» ¿Se habría equivocado de tren? Su móvil comenzó a vibrar. aquello no era del todo cierto. sobre aquella piel un tanto bronceada. Facciones duras y angulosas. tan atractivo. No. no. Suspiró de nuevo.

con educación. aunque solo iban a dejar la maleta. Le vio salir a los pocos minutos y dirigirse hacia ella con una cálida y . muy cómodo. pero tuvo que volverla a cerrar porque la garganta se le había obstruido y las palabras morían en sus labios.aconsejable. ―¿Eduardo? ―consiguió murmurar mientras. ¡Madre de Dios!. y solo al verle desaparecer por la puerta principal. ―¿Qué tal el viaje? ―Muy bien.. y en un cómodo silencio se encaminaron al hotel. pero deseando llegar y conocerte. un calorcito agradable comenzó a subirle por la columna vertebral.. Ana se permitió respirar en profundidad. ―Sí. nunca le hubiera imaginado así. Ella reaccionó levantándose sobre las puntas de sus pies para besar sus mejillas al tiempo que se ponía colorada. Subieron a su utilitario. aun enguantadas. Ana maniobró y aparcó con pericia. ¿No vas a darme un abrazo? O. Él bajó indicándole que volvía enseguida. claro. mejor. no te quedes ahí parada. hacía avanzar la mano para saludarle de manera formal. «¡Qué suerte! Una plaza de parking casi en la misma puerta…». trasmitieron calor y energía. que se hizo pequeño y asfixiante tan pronto como Eduardo se sentó a su lado.. ¿por qué no me das dos besos? Ana. ―El mismo. Abrió la boca en un intento de responderle. por supuesto ―le respondió intentando salir del desconcierto que le había ocasionado verle. Él la frenó tomándola entre las suyas que. pensó y. ¿Qué te parece si paso por mi hotel y dejo el equipaje? No me gustaría cargar con él mientras cenamos.. ¡Qué voz! ¡Qué cuerpo! ¡Qué mirada!. He recorrido quinientos kilómetros para verte. ¡Qué boca! A pesar del frío exterior..

solo metió la cabeza en el vehículo para decir: ―¿Quieres que cenemos aquí? El restaurante tiene una pinta estupenda y así aprovechamos que el coche está bien aparcado. Se tomaron esa copa mientras preparaban su mesa en el salón. En el postre. ¿o tenías pensado algún otro sitio? Podemos tomar una copa en el bar del lobby del hotel y después cenar. con la sabiduría de haber puesto todo su empeño en que ella no estuviera incómoda y que poco a poco su dulce carácter saliera a la luz. Ella se sonrojó y esperó a que el camarero dejase el último de los platos sobre la mesa para contestar. ―¡No! ¡Sí! Es decir…. él advirtió que la esquina de un paquete plano y rectangular sobresalía del enorme bolso de Ana. Ana tenía las mejillas sonrosadas y no titubeaba tanto al hablarle. pero no sé si podré con todo. Le daba igual cenar allí que en China mientras pudiera seguir escuchando su voz al tiempo que se miraba en aquellos ojos intensos y oscuros. me parece bien. y tras ella llegó una cena que destensó el ambiente gracias a una excelente conversación acompañada de un buen vino. Él alargó la mano y. se colgó el bolso y lo rodeó mientras él la invitaba con gestos a caminar a su lado. en un intento de despistarle en su interés por el paquete. ¿qué te parece? Ana se quedó boquiabierta mirándole. Cuando estaban esperando el postre. «¡Dios! ¡Debo parecer tarada! ¿Por qué no soy capaz de articular más de cinco palabras seguidas?» Como una autómata.franca sonrisa. bajó del coche. ―¿Es para mí? ―preguntó señalando el envoltorio.. exigió: . pero cuando abrió la puerta. Habían sido necesarias dos horas para que ella floreciera y saliera de su agujero de timidez. Eduardo la miraba como un gato satisfecho. ―Tiene una pinta estupenda. no entró. La cena ha sido fantástica ―comentó. con una sonrisa traviesa..

y cuando encontró algo que le resultó conocido. ―Tu último manuscrito. Eduardo dejó de interrumpirla para prestar atención. ¡por favor! Ana miró a su alrededor. ella sacó el paquete y se lo entregó. Ana sintió un brazo fuerte que avanzó por detrás suyo hasta rodearla. Eduardo se deslizó sobre el banco corrido y. En el pasaje que Eduardo había escogido. Ella le miró intentando averiguar sus intenciones. aunque en un principio parecía resuelto a no ceder.. mientras Ana leía. listo para llevar al registro y de ahí… a buscar editorial. sonrisas y comentarios. él rasgó el papel y sonrió al descubrir el regalo: una copia impresa y encuadernada con gusanillo de la novela que ella había escrito y que ambos habían compartido. alegando que se derretiría si no lo comían pronto. Se acercó y comenzó a leer también por encima de su hombro. él iba rellenando la cuchara para darle porciones de helado. Aclaró la voz y comenzó la lectura. Impaciente. su mesa estaba un tanto apartada.. y balbuceando que era una tontería. al final acababa por conquistar su corazón. Recorrió el texto.. La conversación entre ambos oscilaba en un tira y afloja en el que la mujer le recriminaba su actitud y reprochaba sus actos. lo giró para enfrentárselo a ella y pidió: ―¡Lee! ―Y al ver su desconcierto insistió―: En voz alta. . todo era tan familiar que continuó. lo que les daba cierta intimidad. aunque su lectura era interrumpida a cada momento con dulces cucharadas. Eduardo abrió impaciente sus páginas y lo hojeó con detenimiento.―¡Dámelo! Con timidez. pero sus gestos. ―Sí. y unos dedos que la sujetaron con firmeza por la cintura y que emanaban calor pese a estar por encima de la tela de su vestido. su sonrisa. y el hombre. los protagonistas habían discutido y parecían estar en un punto sin retorno. Cuando la trama se hizo más intensa y los personajes entablaron una conversación más profunda. A pesar de que estaban en un comedor. no abarrotado pero sí con bastante gente.

La voz comenzó a entrecortársele. Ella lo deseaba. el aire se convirtió en una pelota sólida y obstruyó su garganta impidiendo que continuase leyendo. pues podía continuar sin temor a equivocarse a pesar de sentir esa mano acariciando su talle. El calor que le trasmitían esos dedos a su cuerpo se hizo sofocante. Ella se atrevió a mirarle y en sus ojos vio deseo. todo un clásico: cítrico. ―susurró Eduardo a su oído―. Qué suerte que el texto fuese suyo y recordara ese fragmento casi palabra por palabra. ―Quiero que sigas leyendo. una promesa. En el texto. y cada frase parecía ser una caricia. y respirar para calmarse no hizo sino acrecentar la intensidad de las sensaciones que desde hacía rato la abrumaban. Todo se conjuró en su contra y cerró los ojos. en mi habitación. En ese instante. . A medida que avanzaba en la lectura. con naturalidad. pero tras el suave beso. y eso estimuló sus sentidos haciendo que deseara con todas sus fuerzas subir con él a su cuarto. La escena siguiente transcurría en el dormitorio y ambos lo sabían. Ana podía escuchar su voz aterciopelada y grave susurrando a muy pocos centímetros de su oído. Ana agachó la cabeza avergonzada y empezó a pensar en lo que podría pasar a continuación. fresco y a la vez amaderado. y ers que… le llegó su olor. cada vez se sentía más aturdida por su proximidad. Todavía quedaban notas de fragancia de Eau Savage de Dior. fue consciente de cómo el cuerpo cálido y protector de Eduardo la rodeaba. El relato fue subiendo de tono y el abrazo se intensificó al mismo tiempo. tratando de calmar su atolondrado corazón. la pareja sucumbía a sus oscuros deseos sellándolos previamente con un cálido y largo beso que Eduardo se encargó de materializar al hacerle girar la cabeza con la mano libre. pero continuó leyendo. apetito. un ruego… y con ello. y. él tomó el relevo para proseguir con la parte que ella había dejado a medias. aunque en realidad no lo esperase. ansia. y el beso le hizo replantearse su cordura. y a esos dedos traviesos se unieron unos labios que dejaron un beso suave bajo el lóbulo de la oreja...

y el tren. Y la besó. Intenso. Una vez los dos desnudos sobre el colchón. enfebreciendo aún más los ya de por sí acalorados sentidos de Ana. y aunque su turno hacía mucho rato que había finalizado. como si la vida le fuera en ello. Profundo. al igual que tantas otras veces. ―Deja que te mire ―susurró―. Soñando despierta todos y cada uno de los viernes mientras imaginaba su voz y fantaseaba con osadía distintos encuentros. Eduardo detuvo el frenesí de besos y caricias sujetándole las muñecas por encima de su cabeza. en los últimos dos años en los que había esperado ese tren. como si quisiera conocer sus más íntimos secretos. Suspiró. Se había quedado ensimismada. Ana parpadeó y volvió de nuevo a la realidad. Eduardo no pudo mantener sus manos quietas. Le había vuelto a pasar. daba por fin las siete. hacía su entrada por el andén dos. ella. Ana expulsó todo el aire y su quejido llenó la habitación. señalando que el tren había llegado a la estación. dejando un reguero de prendas hasta llegar a la cama. Con ellas recorrió sus contornos por encima de la ropa. Quiero memorizar tus secretos y recordar tu cara en este instante. con esos ojos que me miran como si me vieran por dentro. Ana seguía allí de plantón con la espalda cerca de la pared para tener una buena visual del vestíbulo. con el uniforme todavía puesto. situado en la pared de la estación. Lento. Con los nervios a flor de piel.En el ascensor. con las mejillas sonrosadas y los labios entreabiertos por el deseo. Entraron a la habitación y se fueron quitando la ropa el uno al otro con urgencia. Cuando la manecilla del minutero alcanzó la vertical. en el intento de dejar una huella imborrable sobre su piel. El gran reloj. Una nube de viajeros la envolvió. el esperado tren. empezó a moverse despacio como si estuviera limpiando los suelos .

Se apresuró a agacharse para recuperarlo y quitarlo del suelo. Ella se sonrojó y esbozó unas disculpas por haber sido tan descuidada como para haber tirado la fregona a su paso. ¿cómo iba a llamarle para tomar un café? . pero mirándole de soslayo pudo contemplarle. sin perder de vista a todo el que pasaba a su lado. cuando regresaba a la ciudad desde la capital. intentó memorizar el tono de su voz cuando dijo su nombre de forma tan seductora. como cada viernes. los de él sonrieron antes de decir: ―Cuando empiezo a ver caras familiares.de nuevo. Ana empezó a pasarse las manos por el uniforme intentando alisar arrugas imaginarias. Le vio alejarse unos pasos y después frenar en seco. Si en dos años no se había atrevido ni siquiera a mirarle. Apenas se atrevió a levantar el rostro. pero una mano masculina se le adelantó. y mientras que los de Ana se agrandaban hasta el punto de no caber apenas en su cara. ―Es Navidad y voy a pasar unos días en la ciudad. Me preguntaba…. Sus ojos se encontraron. le había hablado. Se puso nerviosa. y cerrando los ojos en el más absoluto silencio. significa que estoy a punto de llegar a casa. Sus negros ojos miraron la placa de identificación que ella llevaba en el pecho y con cierta satisfacción murmuró: ―Ana. sus ojos negros de largas pestañas. al tiempo que en silencio daba gracias a su herramienta de trabajo por ser tan inoportuna y haberle dado ese pequeño regalo. su rostro varonil y aquellos labios… Todo su tiempo en un instante. Él no solo la había mirado. Cuando vio aquellos zapatos lustrosos. y el mango de la fregona le resbaló entre las manos y cayó. supo que el momento había llegado y que él avanzaba en su dirección. golpeando el suelo con un sonido sordo y metálico que resonó en toda la sala. me preguntaba si tomarías un café conmigo un día de estos. un impoluto maletín de cuero marrón y el perfecto planchado de un pantalón de vestir. El intervalo en el que él recorría el vestíbulo de la estación. Su cabello oscuro.

se había atrevido a hablarle. en el que por fin. . mientras que sus labios vocalizaban: ―Te llamaré. Cuando abrió la puerta de la estación y notó el frío en la cara se dio cuenta de que no se había despedido siquiera y se volvió para encontrar a una Ana muy quieta. Sonrió y levantó su mano a modo de saludo. que parecieron acariciarla con la mirada. con el papel aún entre los dedos. ella le fue dictando dígito a dígito.Antes de que ella pudiera decir nada. Él no dijo nada. y cuando terminó. Arrancó de cualquier manera una hoja y garabateó su número en un papel. el sacó una agenda y una pluma. tras tanto tiempo. se perdió en sus ojos. no quería que viese cuánto le había afectado aquel encuentro. cogió el maletín del suelo y giró sobre sus talones para salir de la terminal. Con una voz que sonó a máquina de tabaco dando las gracias. Después sacó su móvil y se quedó quieto mirándola mientras esperaba a que ella le diera el suyo. justo en el lugar donde se habían hablado.

cuando ya no tuvo nada más en qué pensar. Se preguntó si también guardaría algunos secretos. un crujido. viga.El coleccionista de noches vacías Lorraine Cocó Subía los escalones despacio. Toda la casa se le manifestaba. de tiempo vacío. cada uno de aquellos soniquetes eran inapreciables para ella. sola y quejumbrosa. silencio. Por fin llegó hasta la planta de arriba arrastrando los pies y el final de la . de desidia. molestos. como una parentela inoportuna a la que tienes que aguantar. pero que a fin de cuentas es tu familia. bocinas hasta las tantas. no estaba dispuesta a escuchar. Estos. como ella. de desolación. roto de nuevo por el goteo. Cuando llegó. Aquella casa estaba agotada. los de la vieja casa. Eran sonidos conocidos. al principio. goteo. como un quejido roto bajo sus pies. Un compás reiterado de silencio. emitían un sonido seco. solo hablaban de soledad y abandono. pero formaban parte de su vida. de olvido. La casa tenía algo que decir y ella. a la vieja casa de sus abuelos.. Tan solo conseguía escuchar el zumbido de sus pensamientos ir de acá para allá. el camión de la basura en mitad de la noche haciendo sonar los contenedores de metal. diez días atrás. aquellos escalones. Y luego empezó a volverla loca. arrastrando perezosamente las zapatillas de felpa sobre la superficie envejecida de los escalones de madera. las vigas del desván que parecían retorcerse al llegar la noche. rama que choca contra el cristal de la ventana de su cuarto. a su vez. Al cabo de unos días. el goteo incesante del grifo de latón de la antigua bañera. Estaba acostumbrada a los ruidos de la ciudad. Pero aquellos sonidos. gente discutiendo en la calle.. silencio. otro silencio. se dio cuenta de que la casa le decía cosas.

los tamaños y formas eran desiguales. El desván estaba en penumbra. de distintos tamaños y materiales. No tardó en darse cuenta de su error. y una profundidad de al menos cinco metros. tan solo algunos rayos de sol entre los tablones de madera que protegían la ventana luchaban por abrirse camino entre las motas de polvo que lo cubrían todo. Cajas y más cajas. cada músculo agarrotado por el helor y. ahora tan solo se adivinaban entre el desgaste y el polvo. primero tímidamente y después con más fuerza. Estaba frente a la puerta del desván. puedes intentar encerrarlos. Las observó con detenimiento. Sujetó el pomo de la puerta. La perspectiva de pasar otra noche como aquella. también los materiales y colores de aquellas cajas. En algún momento. aquella era la letra de su abuelo. A una persona alérgica y asmática como ella. comenzaron a surgir al acercarse a ellas. las casas serían de una sencilla planta baja. justo lo que ella necesitaba. Si fuera por ella. Pero los monstruos no desaparecen.bata de paño de su abuelo. las etiquetas también habían llevado un código de color. le daba una excusa extra para no permanecer mucho más tiempo del necesario. que había encontrado en el armario. pero estaban perfectamente clasificadas por fechas y número de habitación a la que habían pertenecido. tampoco los sótanos. apolillaba su pasado o silenciaba a sus monstruos. con la apariencia del juego de construcción de un niño pequeño con mucho sentido del caos. intentando convencerse de que allí no había monstruo alguno. pueden estar un tiempo dormidos. Sí. hecha un ovillo en la cama. solo mantas y edredones en maletas y arcones. . haciendo el aire espeso y enrarecido. la animó a girar el pomo y abrir. unas cifras y letras. No le gustaban estos. eran los sitios donde la gente escondía sus cosas. pero tarde o temprano alguien abre la puerta y vuelven a hacer de las suyas. Intentó ajustar la visión a la escasa luminosidad de la estancia. de lado a lado. prometiéndose que al salir el sol se atrevería a subir allí en busca de alguno de los bonitos edredones patchwork que hacía años había tejido su abuela para los huéspedes. Las torres abarcaban del suelo al techo del desván. Recordó el frío que había pasado la noche anterior. Tardó unos segundos en empezar a vislumbrar las siluetas de las formas cúbicas de los residentes de aquella parte de la casa.

había echado de menos aquella antigua exigencia en los colegios. sin pensarlas. en ese momento. Aquella caligrafía impecable detonaba mucho más que un esfuerzo por hacer las cosas bien. En muchas ocasiones. Un escalofrío le recorrió la espalda. Una vez allí. Aunque las noches habían comenzado a ser frías. «Habitación 3. pues poco después de aquella fecha lo perdían para siempre. Del 23-04-91 al 30-04-91». como una bola de espinas desgarrándole la garganta. se detuvo unos segundos a la entrada de la casa sin saber a dónde ir. Sí. Aún se sentía desorientada. pues estaban a finales de septiembre. Aquella parecía ser la última etiqueta que había escrito el abuelo. A hablar sin escuchar sus palabras. los días aún eran soleados y tendría tiempo de sobra de disfrutarlo limpio y seco para la noche. se dio cuenta. Todo eran prisas y sinsentidos. un simple bolígrafo había sido siempre una herramienta para el arte. como la receta de su médico de cabecera. o lo que era peor.Había contemplado durante años esa letra de caligrafía perfecta. al recibir algún documento manuscrito. era la señal clara de dar un sentido a cada cosa que hacía. Llevaba demasiado tiempo realizando la rutina de ir de su casa al trabajo y de manera mecánica. Ahora la gente dedicaba más tiempo a correr que a ver por dónde caminaba. la última. Cuando lo tuvo tendido. ahora no se encontraba a sí misma en ningún otro lugar. . Cerró la puerta a su espalda y bajó las escaleras empujando el arcón por los escalones hasta el piso de abajo donde se encontraba su dormitorio. En la época de sus abuelos. En las manos de su abuelo. Limpió el polvo de la primera etiqueta que tuvo a mano con el dorso de la manga de la bata de paño. habían hecho mucho hincapié en elaborar una caligrafía elegante y legible. Tenía que comenzar a pensar de otra manera. los que habían tenido la suerte de estudiar. lo primero fue sacarlo y ponerlo a lavar. de que no había cogido el edredón y arrastró también hacia afuera el arcón de madera de la abuela. y se concentró en la tarea que la había llevado hasta aquel lugar tan poco deseable para ella. Tomó la caja y se dirigió a la puerta. Engulló la congoja que el pensamiento le confería. ¿Cuál habría sido la primera caja que había clasificado su abuelo? Un ataque de tos evidenció que su exposición al polvo había sobrepasado los límites desaconsejados.

siempre impecables. Rompió los precintos de cinta de embalar con los que el abuelo la había cerrado y la liberó de la tapa.Aquella era su nueva casa. ponerse la indumentaria adecuada: una mascarilla. A la fecha acompañaban otros datos. ¿Sin resultado de qué? No le encontraba ningún sentido. Las sábanas y edredones que utilizaba la abuela eran ahora auténticas obras de arte. pero no los almohadones. eran almohadas individuales. Tres estaban etiquetadas a nombre del señor Castle. ahora quedaba decidir qué sentido iba a darle. podía conformarse con subir y ver qué contenía la caja del abuelo que había dejado en su cuarto. El interior de la caja la dejó confusa. . Tenía que revisar el contenido del resto de las cajas. embasados al vacío y perfectamente etiquetados. No sabía qué iba a hacer. a nombre de la señora Romero. Cada uno correspondía a uno de los días que venían anotados en el exterior de la caja. y la última de la señora Carbajal. Recordaba bien esas almohadas. Una oportunidad de comenzar de nuevo. a clasificarlos de aquella manera tan extraña? La intriga le hizo realizar un acto impensable para ella. si no. unos guantes de látex y ropa desechable. Aunque no tenía que ser en ese instante. algo que le iba a llevar mucho más de los cinco minutos que aguantaba estar allí. Lo primero. Ocho almohadones en fundas de plástico. Y las armas necesarias: un martillo. de momento. Volver al desván. Entendía que aquellas exquisitas piezas estuviesen empaquetadas y enfundadas con sumo cuidado. una vida que no quería que tuviese nada que ver con la anterior. Revisó las fundas. Debajo de cada nombre una anotación más completaba la etiqueta: «Sin resultado». confeccionadas a mano con los mejores tejidos. normales y corrientes. tijeras y bolsas de plástico. a pesar de llevar décadas allí amontonada. El cartón no estaba muy deteriorado. cuatro más. pero sí que era el comienzo de su nueva vida. Las que habían tenido sus abuelos siempre en la casa de huéspedes. ¿Qué sentido tenía guardar aquellos almohadones? ¿Qué había motivado a su abuelo a no solo a atesorarlos.

y ya tampoco se lo podían decir. Después de una inspección superficial. forradas de madera. El abuelo debía tener un motivo para coleccionar aquellos almohadones de los que había esperado conseguir algo. hacían que fuese muy acogedora y era. «Sin resultado». era bastante alto. Nadie podía contarle nada sobre ellos ni sobre lo que había pasado allí. cada huésped había usado una nueva. Una vez expuesta la habitación a toda la luz y con el aire fresco y renovado del exterior. aunque inclinado. ¿dónde conseguir más información? Jamás había escuchado hablar a sus padres de aquella obsesión del abuelo por coleccionar almohadas. Pero. mucho más confusa de lo que había entrado. No había conseguido hacerlo con todas. que posteriormente había sido guardada celosamente a su partida. decididamente. con lo que no había tenido que agacharse en ningún momento. Estaba sola. se dedicó a hacerla de manera mucho más exhaustiva. Transcurridas las cinco horas que había pasado en el desván. bajaba las . Su primera tarea había consistido en quitar los tablones de la ventana para poderla abrir por completo. podía tener hasta un encanto especial. ¿Con qué fin? Tenía que averiguar por qué. muy amplio. Algo que no consiguió. la estancia no resultaba tan aterradora. y lo peor.Salió del desván tras cinco horas de masticar polvo. No había nada más. junto con una anotación al final que no variaba en ninguna. Al contrario. de ahí la reseña «Sin resultado». pero tampoco le hacía falta para saber lo que contenían las que aún seguían precintadas. El techo. Todo eran almohadones. Cada uno llevaba una etiqueta en la que se especificaba el nombre de la persona que lo había utilizado y la fecha en la que lo hizo. quería revisar el contenido de cada caja. Todo cuanto tenía sobre su familia estaba en aquella casa. Las vigas y las paredes. ¿Qué resultado había esperado conseguir el abuelo de aquellas almohadas? ¿Qué sentido tenía guardar las que habían utilizado los huéspedes de la casa durante décadas? No habían sido reutilizadas. Almohadones y más almohadones guardados y clasificados a lo largo de treinta años.

A pesar de ser una casa con mucho encanto. La planta baja era la zona de los espacios comunes. con ruedas en las patas. iba a tener que destinar gran parte de sus ahorros a la reforma y rehabilitación de la casa. no queriendo cotillear demasiado entre sus papeles. una cocina con comedor. había una razón. En los días que llevaba allí se había mantenido alejada de él. uno ridículo pues siempre sabían que podían encontrarla allí. sin embargo. Cuando la edad les impidió seguir llevando la casa de huéspedes. de camino a su casa. Entonces. Por fin llegó hasta la biblioteca. Se dirigió a la planta baja poseída por una resolución que hacía meses no sentía. Ahora. Por primera vez desde que llegó. Subiendo la escalera. tenía la necesidad imperiosa de saber. más parecidos a delirios que a reflexiones de una persona cuerda. no eran una sucesión de movimientos que se limitaban a desplazarla de un lado a otro. en una ciudad cercana. Si decidía quedarse allí.escaleras perdida en sus pensamientos. seis dormitorios y dos baños. y un baño. cerraron las habitaciones a las que ya no iban a dar uso y descuidaron el mantenimiento. su pasatiempo favorito consistía en coger un libro y meterse bajo el escritorio del abuelo a leer.. se le ocurrió algo que había visto en las series televisivas de misterio. ahora tenía un aspecto desalentador. y así conoció al abuelo. Si encontraba en aquel escritorio algo que la ayudase a entender lo que acababa de ver en el desván. En aquella ocasión. no iba a sentarse debajo. pasó la . Y eso fue sencillamente revitalizador. una gran sala. su habitación favorita.. una biblioteca. pero estaban cerrados con llave. En la biblioteca había estado siempre el escritorio de su abuelo. en lugar de eso. entonces. tenía que hacerse con ello. el desván. y arriba. de madera oscura y robusta. Aquella era una casa enorme. Intentó abrir los cajones del escritorio. Era su escondite. pero a ella le hacía sentir segura. La vieja casa era una herencia familiar de los bisabuelos. cada paso de los que daba tenía un sentido. y respaldo tan alto que le llegaba hasta el cuello. Iba a casarse con su novia de toda la vida hasta que vio a la abuela y ya no se marchó de allí. padres de la abuela. Lo había sido desde niña. que fue a hospedarse allí al regresar de un viaje de trabajo. iba a ocupar la silla de su abuelo. Ella la convirtió en casa de huéspedes al heredarla.

¿Cómo los puedo recuperar? Lo he estado meditando. Mientras se preparaba un par de sándwiches. Era un buen sitio para leer. Los ojeó por encima hasta que algo llamó su atención. Tendría que ingeniarse la manera de no pasar frío. también pasó por alto sacar el edredón de la lavadora.» ¿De qué hablaba el abuelo? ¿Qué había perdido al llegar a aquella casa? ¿Qué pretendía conseguir de los clientes? ¿Y tenía aquello algo que ver con su colección de almohadones? Era demasiado mayor para sentarse bajo el escritorio a leer. pensó en encender la chimenea del salón y enroscarse en el mullido sofá de flores que había enfrente. se le había olvidado. «He comenzado a clasificar los almohadones de los huéspedes. Hacía unas horas. Los cambio con cada uno. se acomodó y abrió el diario ya tan solo hambrienta de curiosidad. y no sé qué hacer. pero ¿cómo? Me niego a pensar que jamás volveré a tenerlos. y allí estaba. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no había comido en todo el día. ¿Diario? ¿El abuelo escribía un diario? Lo abrió sin otorgarse demasiado tiempo a pensar en lo que estaba haciendo. No he vuelto a tenerlos. «A los pocos días de llegar aquí. Cuando lo tuvo todo preparado. un cuaderno forrado en piel negra con unas letras labradas en verde que decían «Diario». pegada con un trozo de cinta. ya no estaría seco para la noche. me di cuenta de que ya no los tenía. No quiero que algo ponga en peligro poder . pero en aquel momento no le dedicó ni un par de segundos al problema. decidió coger el diario y seguir haciéndolo en su cuarto. ni esos ni ningún otro. en un segundo. lo que le preocupaba era no pasar otra fría noche como la anterior. Una pequeña llave dorada que recordaba colgada siempre en el llavero de su abuelo. quizás pueda obtenerlos de las personas que se hospedan en la casa. se encontró frente a todo tipo de documentación que había estado atesorando durante años. Quería averiguar qué había perdido el abuelo al llegar a aquella casa.mano por la parte baja del escritorio. La metió en la cerradura y. y he llegado a la conclusión de que si no puedo recuperar los míos. De camino a su habitación pasó por la puerta de la cocina.

obsesión.» Leer que el abuelo había pedido a su madre que no la dejara con ellos más de una semana seguida. Pero jamás se dio el caso. y así he conseguido averiguar que todos ellos los han perdido. He preguntado a Irene si ha notado algo extraño en el suyo. cuando llegan aquí. «He comenzado a hacer preguntas a los huéspedes. y no he conseguido progresar en mis averiguaciones en este tiempo! He esclarecido que Irene no los ha perdido porque nunca los tuvo. Ellos aceptan de buen grado mis preguntas. «¡Llevo tantos años investigando. Cuanto más leía. cada vez estaba más confusa. pero no he obtenido resultados. pero su madre le dijo que estos se hacían . Si con esto consiguiera volver a tenerlos. su madre comenzó a dejarla solo por unos días cada varios meses. Dentro de esta casa nadie los puede tener. también los pierden. Por esta razón he pedido a mi hija que no deje a la niña más de una semana aquí seguida. su comportamiento habría denotado anormalidad. sería muy afortunado. En algún momento. pero mi querida esposa dice que está como siempre. Empezó a temer que el hombre que toda su vida le había parecido la persona más cuerda que había conocido. le aclaró algo que la había inquietado durante muchos años. más necesitaba saber. cerca de sus ocho años de edad.» Aquella anotación era de unos meses después.» ¿Recuperar el qué? ¿Qué tenían que ver aquellos almohadones con lo que había perdido el abuelo? «Llevo meses haciendo pruebas. Todos ellos. Pero seguía sin ser aclaratoria. de repente. No dejo que sospechen. De niña había pasado grandes temporadas en la casa con los abuelos. Me da miedo que luego no pueda recuperarlos. al que consultaba cada vez que sentía tambalear su mundo. hemos tenido catorce huéspedes en este tiempo. Pasó la página en busca de la siguiente anotación que databa de años después.recuperarlos. pensó que había hecho algo que molestaba a los abuelos. ¿Es eso posible? El resto de los huéspedes. hubiera perdido la cabeza. No quiero que la niña viva sin ellos. excuso mis interrogatorios como mera preocupación por su comodidad y confort en la casa. Pero una cosa así se habría notado. ¿Es posible que solo los haya perdido yo?» Esa era la siguiente anotación del abuelo. desequilibrio.

Perdí los míos y no los pude recuperar a través de los demás. Fuera de esas paredes sí se puede. El abuelo tenía otras razones. En estos años he descubierto que. una bella familia y una colección de almohadones. las reservas se hicieron tan abundantes como para llenar la agenda de varios meses. ni propios ni prestados. Sin hacer honor a su nombre. noches vacías. Aun así. Pero no recordarlo no significaba no haberlos tenido. he seguido guardando esos almohadones. por lo visto. siguió teniendo dudas y.mayores y no quería darles trabajo. para muchos. La casa tiene algo mágico. y aquí son libres. porque he visto a muchas personas entrar con el alma agotada y salir recuperando las energías y soñando despiertos con un nuevo camino. ¿podía recordar haber tenido algún sueño? No. ¿verdad? Dos meses más tarde abría las puertas de la nueva casa de huéspedes «Noches vacías». «El desván está repleto. Hay muchas personas perseguidas cada noche por sus fantasmas. yo solo le respondo que otros coleccionan monedas. Primero me sentí el hombre más desgraciado del mundo. pero después me di cuenta de que podía seguir soñando despierto. son todo un homenaje a las noches vacías. Ella no había vuelto a tener sueños. en tributo a ellos. Yo tengo una bella casa. sus monstruos. y hace años que perdí toda esperanza. Hace años me resigné a vivir sin sueños. en cuanto la anunció en Internet ofreciendo el descanso especial que podía conseguirse allí. Lo que hacía que se despertase siempre con las energías renovadas y soñando . que aunque no pudieron devolverme los sueños. algo que hace que toda persona que pasa la noche en ella sea incapaz de soñar. esos son los sueños que queremos que se hagan realidad. ha sido toda una liberación. Todo el mundo debería poder refugiarse de su mente.» ¿Aquello era posible? ¿La casa tenía algún tipo de influencia mágica que impedía a las personas soñar cuando dormían en ella? El abuelo había perdido la cabeza. Aun así. ni buenos ni malos. De esta a la siguiente anotación también pasaron varios años. mientras pueda. Seguiré almacenando esos almohadones vacíos. por eso me siento feliz. pero dentro es imposible. Irene cree que son manías de un viejo tonto. Yo. bien fundadas. En realidad. esa influencia que ejerce la casa sobre ellos. no podía. ¿O no? Si se paraba a pensarlo. desde que llegó allí.

le había devuelto la ilusión por cumplir sus sueños. porque aquella casa que no la dejaba soñar. Aunque tampoco le hacía falta. .despierta.

opté por la primera. instintivamente. Todo . pero lo único que encontré fue un envase vacío de plástico. las monedas desperdigadas en el fondo de mi bolso mientras que la otra la encerraba alrededor del volante. Solté un improperio en voz alta digno de un camionero. aquellas tierras parecían estar llamándome en la distancia. sus rostros denotaban cansancio. Al igual que el mío. más cerca de mi destino. «No debes quejarte. levanté el pie del pedal. a pesar de todo. solo centrarme en mi presente. el calor era insoportable. no deseaba mirar hacia atrás. según mi entender por los bultos envueltos en mantas.Entre las sombras Yolanda Revuelta Estaba agotada. del norte de África. con él. esta vez lo hacía sola. Agarré con fuerza el volante y pisé el acelerador. solo cuando llegué a los ciento veinte kilómetros por hora y adelanté a varios coches. Un lugar que nadaba en mi subconsciente y que. con la única diferencia que ellos triplicaban mi kilometraje. No pude evitar observar los coches cargados hasta los topes de la gente que provenía. deseaba ver ya civilización. Un peaje más y estaría en Las Landas. no me hizo sentir mejor. Había llegado al peaje y. al final. Busqué. la botella de agua en el asiento del copiloto. Busqué. Conocía esa autopista porque un año antes había hecho el mismo recorrido. y ahora volvía. su paraje me atraía como un imán al metal: sin querer. pero al contrario de lo que me suponía. sin embargo. y eso que me habían dicho que en el suroeste de Francia el tiempo era más bien inestable. Pagué el peaje. Barajé varias salidas y. con la mano derecha. Mi vida en sí ya era complicada. pisé a fondo el acelerador y busqué alivio en la velocidad de la autopista. personas caminando o en bici. en el único lugar que quería estar en ese instante. me dije más para mí misma mientras entonaba con garbo la última canción de Sergio Dalma que daba vuelta tras vuelta en el CD. Martina».

mi novio. pero eso no sería de buena persona. volver a aquel lugar me ayudaría a dar carpetazo a mi nostalgia y quizás. no deseaba escuchar su nombre ni los comentarios de los recientes y babosos padres. hacerla realidad. varias sesiones con una psiquiatra habían hecho que mi vida tuviese algo de sentido. me pregunté si había salido alguna vez de él. si seguía así. hacía un año. claro que. Escuchar el sonido del viento entremezclado con las notas musicales de Galilea fue la vuelta a mi realidad. así que intenté que quedara en el olvido. sin embargo. no fue así y la idea fue cobrando más consistencia en mi mente como si pudiera. el momento en el que conocí al hombre que me la arruinó. No quería conocer a ese bebé. me amonesté a mí misma por tales pensamientos. bajé la ventanilla. con solo el pensamiento. se presentara ante la recién nacida y le echara una maldición para los siglos venideros. representando el papel de Maléfica. Esta vez no permitiría que los recuerdos . típico paisaje de Las Landas. a empezar de cero. César estaba felizmente casado con mi mejor ex amiga y muy pronto serían padres de una niña. no había podido encontrar aún mi norte. bastante había tenido con la dichosa boda. solo me apetecía olvidar. Esa era la única razón por la que había salido escopetada de mi provincia natal. Por un momento deseé que Angelina Jolie. Creí estar más fuerte. apagué el aire acondicionado y respiré con fuerza. y mi psiquiatra me aconsejó que la única manera de quitar los miedos era hacerles frente. El olor impregnó mis fosas nasales y mi cerebro recordó la última vez que había estado allí. su última película. beber una poción y eliminar los tres años anteriores de mi vida. Me adentré en una carretera estrecha custodiada por un bosque de pinares. ¡Por el amor de Dios. Si no fuera por el dulce. Ahora las cosas habían cambiando. era el mismo en el que había estado con César. con César. esta vez. solo quizás. iba a volverme loca! ¿Dónde estaba el resultado de tantas horas y dinero de mi tratamiento psiquiátrico durante estos últimos meses? Apagué mi ansiedad con un trozo de chocolate y avellanas perdido en mi bolso. mi vida sería el mismísimo infierno. En ese momento.con tal de salir de la monótona autovía. sin embargo. Encontré sin problema el camping que estaba buscando.

Avancé sin prisa. Había puesto distancia y eso era lo que haría ahora que había tomado la iniciativa de tomarme unas vacaciones donde todo giraba en torno a mí. Me deseó una buena estancia y me entregó las llaves. fue la amabilidad personificada. claro que un año era un tiempo más que prudencial para que germinase el olvido. Los árboles y la vegetación que lo rodeaban habían crecido. con su característico acento francés mientras me hablaba en español. de pronto me pareció entrar en otro mundo. No. Un puto año en los que mi novio se había estado acostando con la estúpida. El bungaló era de madera y tenía un porche con dos enormes vigas. de mi amiga. Me alegré de que tuvieran más destreza con el manillar que yo con el volante. no podía entrar con el vehículo hasta que tuviera las llaves de mi bungaló en las manos. conocía las normas. al menos por una semana. Percibí cierto nerviosismo en mi voz cuando pronuncié mi nombre y apellido. pero mis paranoias ya rallaban la locura. otra cosa por la que alegrarse. Entré por el estrecho sendero de gravilla. . Aparqué a las afueras y entré a la recepción del camping. eso era sinónimo de aislamiento y tranquilidad. con las llaves en mano. Busqué en el plano la ubicación de mi bungaló y me alegró enormemente que estuviera próximo al lago. a mi coche. Varios niños en bici sortearon mi coche. y tras varias vueltas algo más que perdida. por lo tanto hice caso omiso a esa sensación que se había instalado entre mis omóplatos y me dirigí. pudiera ser por el recibimiento de cientos de campistas ligeros de ropa o en bañador que iban de un lado para otro en busca de cualquier cosa que no fueran sus responsabilidades. y gilipollas cursi. Bien. Creía recordar que los amaneceres y atardeceres cerca de esa gran masa de agua dulce eran de película.del pasado vagaran a sus anchas por mi recóndito cerebro. Le di las gracias y no pude evitar sentirme observada. no podía. nadie parecía reconocerme. encontré lo que sería mi nuevo hogar. ¡¿Pero en qué narices había estado yo pensando para no percatarme de que era una mujer tan cornuda que hubiese podido triunfar como personaje principal en el circo de las criaturas extrañas y raras?! Necesitaba calmarme o la recepcionista pensaría que estaba conversando con una loca de atar. La muchacha. recordando el límite de velocidad de veinte kilómetros por hora en el recinto.

no superaba los cuarenta metros cuadrados. un pasado que persistía en vivir en mi presente. como si por arte de magia. Estaba desnuda. Necesitaba eliminar todo el cansancio del camino y. Era perfecto. el solo hecho de pensarlo. al menos físicamente. más aún. me ayudaba a disfrutar de mi estancia en uno de mis paraísos particulares. y ahora qué! ―exclamé más enfadada que resuelta a solucionar ese puñetero e imprevisto conflicto.construidas del mismo material. Volví al interior. y decidí darme una ducha. alguien pudiera resolver este inconveniente. Así que todo parecía ir perfecto hasta que decidí darme esa ducha después de varias horas bajo la el calor del sol. La ausencia de obligaciones hacía que mi cuerpo se relajase de tal forma que César ni la insulsa de su esposa podían perturbar mi paz. no era del todo cierto. me puso de un humor de perros. solo envuelta en una toalla. con sus contraventanas amarradas a las paredes y dejando entrar la luz a raudales en el interior. Dos días después. todo parecía ir sobre ruedas hasta que dejó de funcionar el agua caliente. con ayuda del agua. que se erguían como dos guardianes entre la puerta de entrada. pero tenía todo lo que necesitaba. Nadie me conocía y yo no hacía nada por conocer a alguien. Parecía una pequeña casa de muñecas. llené el frigorífico con algunas de las reservas que había traído para el camino. daba la sensación de ser una manta plateada sobre tierra firme. ―¡Joder. Quizá fue el . arrastrar de mi cuerpo. deshice la maleta. No había salido del camping y he de confesar que la distancia entre la hamaca y la piscina había sido mi habitual recorrido desde mi estancia. el simple hecho de tener que vestirme sudada y pringosa por la crema solar. solo esas pequeñas ondulaciones permitían apreciar la inmensidad de unos de los lagos más grandes de Francia. Salí del bungaló sin percatarme muy bien de mi atuendo. los patos formaban pequeñas hondas cuando sumergían sus diminutas cabezas en busca de algo que llevarse al pico. No lo recordaba tan hermoso ni tan sereno. Frente a mi bungaló se encontraba el lago. sin embargo. A su alrededor se alzaban cañaverales que servían de refugio a los animales que habitaban en aquel hábitat.

Hacía demasiado tiempo que esa sensación de atracción sexual me había abandonado. Me preguntó algo en francés y mis esperanzas se desinflaron. tipo a los que se utilizan en el campo de golf. Debía rondar los treinta años. ojos oscuros y una sonrisa que podía hacer descongelar los polos. ya que los franceses diferenciaban y separaban el retrete de las demás piezas de aseo. cuando mi entrepierna comenzó a rezumar. él sonrió. La providencia estaba de mi parte porque uno de los empleados había frenado con el utilitario que utilizaban para desplazarse por el extenso terreno que ocupaba el camping. supe que estaba más caliente que una olla presión a punto de explotar. parecía feliz de encontrar una solución adecuada a mi contratiempo. Más de diez minutos después seguía sin darme esa ducha. no pude evitar percibir cierta tirantez en la zona baja de mi vientre. abrí mi neceser. era que el hombre que tenía ante mí era puro músculo y testosterona― lo despertara y vamos que sí estaba mi libido en alerta. comprobé que estaba todo lo . me indicó la puerta que daba a la ducha y al lavabo. Fue entonces cuando me percaté de que ante mí se encontraba un hombre que podía quitar la respiración si se lo proponía. pero parecía que habían estado habitando en algún lugar recóndito de mi cuerpo a la espera de un macho alfa ―porque si algo tenía claro. Él pareció tomar una resolución ya que me pidió que le siguiera. Me percaté que no tenía mi neceser con el champú. sin embargo. moreno. me imaginé lo que podría ser tener a ese hombre entre las piernas. y me sonrió. no más. quise hacérselo entender con mímica. paró frente a mi porche. De pronto. estoy segura que sin entender una sola palabra ni gesto de lo que intentaba decirle. Por fin pareció comprender porque se hizo a un lado y me dejó pasar. Volé a mi bungaló. gel y demás potingues que utilizaba para mi aseo diario.simple hecho de verme solo envuelta en una toalla o mi rostro enjuto. ¿Cómo le iba a explicar lo que ocurría si no hablábamos el mismo idioma? ¿Por señas? ―¡Maldita sea mi suerte! ―protesté mientras le hacía señas para que entrase al interior en busca del inoportuno calentador. ya que un coche diminuto. daba la casualidad que el bungaló de al lado estaba vacío. Fui consciente que todos sus gestos denotaban amabilidad.

un ruido metálico llamó mi atención en la parte posterior de la vivienda que ocupaba. mi suerte no iba a cambiar de repente porque mi gozo cayó en pozo roto. Subió las escaleras que separaban la zona verde de mi porche. una camiseta roja con el logotipo del camping impreso en la parte superior y unos pantalones cortos. esperándome. pero. solo una mujer con más curvas de las necesarias y la autoestima rayando la suela de tus chanclas. le di las gracias en francés y me dirigí a la ducha. esperándome. Me miró despacio como si quisiera evaluar mi estado emocional. En mi vida había estado tan poco tiempo bajo el agua. Martina? ¿Qué cayese rendido a tus pies? No eres gran cosa. por supuesto. Cuál fue mi sorpresa cuando me percaté que el mismo empleado. y el problema de vivir en un lugar tan pequeño es que tropecé con la puerta. Solo pedía que cuando saliese de entre el vaho. que dejaban al desnudo unas piernas largas musculosas y sin vello. estaba cambiando la bombona y en su lugar colocaba una nueva.necesario y no pude sonreír pícaramente al encontrar. que había devorado con mi imaginación horas antes. tampoco su pequeño utilitario. ya ni siquiera mis palabras me podían dañar más. Ya no llevaba la camiseta roja ni los pantalones cortos. era toda su indumentaria. La cuestión era ¿querría él ponérselo? Volví y lo encontré en la puerta. se me cerró la garganta y quizá por esa razón mi pronunciación . pero mi autoestima ya no podía caer más bajo. El sonido de un motor eléctrico hizo que dejase la ensalada a medio hacer. él estuviera ahí. por lo tanto. Volví a mi bungaló más enfadada de lo que había salido por la falta de agua caliente. ¿Qué esperabas. en una de las esquinas. Vestía un polo azul y unos vaqueros que le sentaban de maravilla. un preservativo. pero. Él no estaba. Estoy segura que llevaba ahí más años de lo que cabría esperar. Soporté el golpe y no me quejé en absoluto. tuve que dar dos pasos atrás. Pasé a su lado. le sonreí y él me devolvió la sonrisa. ―¡Mierda! ―exclamé deseando llorar una vez más aunque me extrañase que aún me quedasen lágrimas en los ojos―. su atuendo me resultó hasta sexy. inmediatamente. encontré un destinatario. ¿Dónde estaba esa cosa que la hacen llamar destino? Dos horas no fueron suficientes para calmarme. De pronto. lo que me dio a entender que podía dedicarse al ciclismo.

lo que en un principio creí una superchería. como si fuera algo delicado que se pudiera romper. los acarició y pellizcó sutilmente. Lo siguiente que ocurrió quedará grabado en mi memoria como el mejor polvo de mi vida. lo tiró al otro lado de la habitación y no tuve más remedio que acordarme de respirar al ver sus anchos y musculosos . Le hice pasar y él no pareció dudarlo ni un momento. Con su lengua abrió despacio mis labios. y no tuve otra opción que responderle de la misma manera. no opuse resistencia. me perdía en ese estremecimiento que hacía que me volviese loca al contacto de su lengua! Abrió una puerta y entramos al dormitorio. casi con devoción. no sentí ningún tipo de vergüenza.francesa resultó ser más auténtica. ―Bonjour ―le saludé. Sentí cómo mis pezones se abrían a su contacto. me llevó abrazada. estaba tan húmeda y caliente que todo lo demás me parecía que pasaba a ser secundario. Estaba claro que los dos buscábamos lo mismo. y me perdí en esa sensación. ¡Dios. Entre dos personas adultas deseosas de sexo. le dejé explorar cada rincón de mi boca y escuché mi propio gemido entre sus labios. pero no suficiente para saber cuando alguien desea pasar un rato agradable contigo. le sentí acariciar mi espalda con la yema de los dedos de forma ascendente y descendente. que lo llevaba amarrado en una coleta con una cinta. Había oído a mujeres que habían tenido un orgasmo con el simple hecho de que amasaran sus pechos y se deleitasen con ellos. No pude evitar una sensación de cosquilleo en la nuca que proyectaba directamente con mi sexo. me dejó caer en la cama despacio. de tal manera que todas las conexiones nerviosas de mi espalda se confabularon en una sola. Él me respondió de la misma forma y casi me muero al escuchar su voz: grave y sensual. Soltó mi pelo. Me sacó la camisola por los brazos. Mi sujetador desapareció por arte de magia y mis pechos quedaron expuestos a él. las palabras podrían resultar insulsas e innecesarias. se quitó el polo. ahora lo confirmaba. y lo peinó despacio con sus dedos. provocando espasmos que no hacían otra cosa que acercarme más a su torso terso y musculado. Llevaba demasiado tiempo fuera del mercado. me besó de una forma urgente y casi desesperada.

me separó las piernas y su voz resonó de nuevo. Los siguientes empellones no fueron delicados. se acercó despacio.pectorales sobre mí. Sentí que los pantalones de él caían al suelo. rasgó el envoltorio de un preservativo. Dejó mis labios para besar mi mandíbula y perderse en mi garganta. se lo enfundó y me penetró en una sola embestida hasta sentir que mi cuerpo se podía partir en dos. frotó sobre ellos y escuché perderse mis propios jadeos a través de las finas paredes. signo inequívoco de puro sexo. saboreando cada resquicio de mi piel. saberlo tan cerca de mi entrepierna hizo que me sintiera perdida en mi propia esencia. Cuando creí que no podría más. escuché mis gemidos entremezclados con la respiración entrecortada de él. sabía que estaba siendo una locura. le escuché hablar en francés. recordé lo sucedido. Introdujo los pulgares bajo el elástico de mi tanga y los arrastró por mis piernas sin dejar de mirarme a los ojos. quizá por mi gesto. ¡Esos hombres existían y uno de ellos estaba medio desnudo en mi cama! Era impresionante. sino también duros y vigorosos. Sentí sus dedos sobre los pliegues húmedos de mi sexo. Le busqué a tientas por la cama y al . pero nada cauteloso. Me desperté sobresaltada. Ansiaba mucho más de lo que me daba. Estaba perdida en su mirada y él parecía ser totalmente consciente de ello porque se acercó y me devoró con la boca. En ese instante comprendí lo que me intentaba decir. Besó el contorno de mis pechos despacio. su cuerpo chocaba contra el mío con un énfasis que se perdía en el momento. No sé ni siquiera en qué momento terminó todo porque mis ojos se cerraron y quedé sumida en un profundo sueño tras el mejor orgasmo de mi vida. Asentí como si estuviera en una nebulosa. Él sonrió. solo con la intención de saber que no estaba soñando. Cerré los ojos y los volví a abrir. Nunca en mi vida había sentido algo parecido a lo que percibía mi cuerpo en ese instante. me dolía todo el cuerpo. deslizó su nariz por la concavidad de mi abdomen. Introdujo un dedo en mi abertura y el orgasmo me pilló desprevenida. las sombras bailaban caprichosas por la habitación. me recordaba a los protagonistas masculinos de las novelas románticas de mis autoras favoritas. no tenía ni idea de lo que intentaba decirme. Quería morirme en ese instante de puro placer. Solamente oía mi propio placer retumbar dentro de mis oídos y me daba la sensación de que iba a tardar en escuchar algo diferente en mí en mucho tiempo. En el fondo. no había sido un sueño. pero no podía parar. la verdad es que no me importaba en absoluto.

fue entonces cuando me atreví a sonreír. Él guardó silencio como si todo lo que dijese pudiese ser utilizado en su contra. .comprobar su cuerpo duro contra el mío. Tardé unos segundos en percatarme que había entendido mi pregunta en español. entre las sombras. No estaba enfadada. ―Podías habérmelo dicho antes y no hubiese hecho tanto el idiota. sin ese idiota de novio que trajiste la última vez. lo cual me indicaba que estaba despierto. Miré hacía el techo huyendo de su intensa mirada. ―Es uno de los requisitos primordiales para trabajar aquí. me tranquilicé. Me alegra que vinieras sola ―me dijo casi como un susurro―. Aunque me parecía de lo más inverosímil después de lo que habíamos compartido hacía unas horas. pero servía para romper el hielo. ―Hace trescientos sesenta y cinco días que estoy esperándote. ―¿Hablas mi idioma? Escuché su sonrisa amortiguada contra la almohada. Leo? La pregunta no era excesivamente perspicaz. pero mi voz sonó como tal. apoyó un codo sobre el colchón y con la palma de la mano sostuvo su cabeza―. ―¿Cómo te llamas? ―le pregunté en la oscuridad de la noche al percibir que su respiración no era pausada. ―¿Esperarme? ―le pregunté sin comprender y resuelta a aplacar mi curiosidad. ―Leo. por primera vez. ―¿Qué haces en Las Landas. Después de todo era real. sin embargo. ―Esperarte. ―Se incorporó.

aceptó la llamada. del bufete de abogados Caleb. ―Exacto. No había sido consciente de lo cansada que estaba hasta que su cuello dolorido protestó. ¿quién es? ―preguntó con cierta curiosidad. y se recostó sobre el sofá de cuero que ocupaba. en las últimas semanas habían tenido trabajo extra en la empresa de publicidad Albany & Connor por la llegada del verano. Se quitó la montura de las gafas y se pinzó el puente de la nariz.Espejismos del ayer Mar Fernández Aquella tarde de viernes la oficina era un hervidero de actividad. comprobaba que la cuatricromía estuviera perfecta para dar el realismo a los colores vivos que representaban el refresco de moda del momento. La llamo para comunicarle el fallecimiento de Isabella Wilson. y los trabajadores habían hecho más horas extra que en todo el año. . Cuando estuvo segura de que era lo que buscaba. El sonido de su móvil la sacó de su estado y alargó su mano con desgana hasta dar con él y así poder activar la pantalla táctil para saber quién llamaba. Faith Anderson estaba frente a la gran pantalla de su ordenador revisando la campaña Coleman. ―¿Nueva Orleans? ―repitió la joven. soy Tayler Peterson. cliqueó el ratón para pedir a la impresora una prueba. ―Señorita Anderson. pero. en Nueva Orleans. al final. Se sorprendió al ver un número que no estaba en su agenda y pensó en no cogerlo. ―Faith Anderson ―se presentó―. y por inercia.

que se comportaba más como un amigo que como jefe―. sus manos ya se situaban sobre sus hombros para darle un ligero masaje. nos conocemos desde hace mucho tiempo. intentando darle sentido a lo que aquel «abogaducho» le había dicho. ―Nada ―mintió mientras disfrutaba de la magia de sus manos. Dejó dispuesto que usted fuera su única heredera. irritada por las malas maneras que mostraba aquel hombre. pero no tengo ninguna abuela. le remitiré toda la información. si me da un correo electrónico. y sin usar un tono demasiado amable le dictó su email antes de colgar sin despedirse. pero suspiró varias veces intentando calmarse. ―Solo pretendía informarla de que la señora Wilson falleció hace un par de semanas. y .―Disculpe ―le cortó Faith sin comprender―. ―Señorita ―le cortó molesto―. si me dejara terminar acabaríamos antes. ―Por favor. Recostó su cabeza de nuevo en el cómodo sofá de oficina. Hacía mucho tiempo que no la recordaba porque le hacía sufrir. Faith ―la llamó la conocida voz de Andreu Albany. ―Usted dirá. parecía que el señor Peterson se sentía contrariado por su actitud poco receptiva. pero aquella llamada se la había traído a la memoria y una lágrima solitaria rodó por su mejilla. ―Perdone… señor Peterson ―replicó molesta por su insistencia―. pero no sé quién es esa mujer. Le hubiera gustado preguntar a su madre por aquella supuesta familia. pero hacía dos años que había fallecido por un cáncer que había minado sus fuerzas hasta llevársela. Faith apretó el teléfono con fuerza. La prepotencia de aquella voz masculina enervó a Faith. ―Eh. ―La señora Wilson era hermana de su abuela. Un suspiro sonó desde el otro lado de la línea. ¿Qué pasa? ―preguntó. Tengo otros asuntos pendientes. no me mientas. ―Pero… ―Mire.

Bien lo sabía su interlocutor. déjame adivinar. hay muchas flores en el campo… El gesto de la mano de Faith. intentando así que recuperara la fe en el género masculino. no pararía hasta escuchar salir de sus labios algo que lo convenciera. Los ojos de Andreu se abrieron y una sonrisa se formó en sus perfectos labios. ―Andreu. No era la primera vez que le concertaba una cita a ciegas con alguno de sus amigos. ―¿Sabes si aparte de ella queda alguien más? . instándole a parar. ―¿Una herencia? Deberías estar dando saltos de alegría con esa noticia. y si no le contaba la verdad. no quiero saber nada de los hombres. un admirador secreto que quiere una cita contigo ―comentó con humor. me acaba de anunciar que tenía una supuesta tía abuela que me ha dejado una herencia. sabía que con Andreu no se podía. esas lágrimas no son por nada. Siempre pensé que mi madre y yo estábamos solas en el mundo. pero no dudó en dejar el asunto por el que siempre acababan discutiendo. ―Un abogado. he recibido una llamada algo inquietante. ―Vale. Su aspecto de dandi había conquistado a la tierna joven. Faith decidió rendirse. un tal Peterson. aún le entraban ganas de estrangular el cuello de aquel cerdo por haber abandonado a Faith cuando su madre enfermó. y cuando tenía que ratificar todo lo que le había jurado. ―Está bien. sabes que desde que Robert se esfumó. pero debes contarme sobre esa llamada que te ha puesto de tan mal humor.―dijo girando el sillón quedando frente a frente―. ―Recuerda lo que te digo siempre. comportándose como el cobarde que siempre había supuesto que era. desapareció para no tener ninguna atadura. ―Espera. no vayas por ahí ―dijo levantándose para dirigirse hacia la ventana situada al otro lado del despacho―. lo hizo sonreír. ―Lo estaría si en algún momento hubiera sabido de la existencia de esa mujer.

Además. solo por hacer la maleta. como te digo. soy tu jefe y podría decirse que es una orden ―concluyó cruzando los brazos sobre su pecho. como jefe tuyo que soy. ―¿Y qué vas a hacer? ―interrogó Andreu apoyando su trasero sobre el escritorio en actitud relajada. ―¿Nunca has estado? ―no esperó a que respondiera y siguió hablando como si ella no estuviera allí―. y el ambiente… ―No vas a convencerme ―exclamó Faith resuelta. envuelta en un halo de misterio que te atrapa. por no decir que han pasado años desde la última vez que te cogiste unas vacaciones. al menos por tres semanas. ―Eso no pienso permitirlo. ―Espera… ―No hay peros que valgan. Mañana un mensajero te llevará lo que tengo planeado para ti ―finalizó con una sonrisa antes de salir por la puerta. ―Nada ―contestó llanamente. es en nueva Orleans. una vez fui con Suzanne y no queríamos volver después de conocerlo. pero la mirada azul que estaba clavada en su rostro le decía que no valía la pena discutir. ―Oh. claro que vas a ir. Faith bufó mientras cogía su gran bolso marrón para meter sus cosas en él. Su interlocutor suspiró. y lo colgó sobre su hombro antes de comprobar que todo estaba en su sitio. Sus calles son una mezcolanza de culturas. encantado de escuchar aquel nombre. No tienes que preocuparte por nada. ese maldito abogado era un prepotente. ―¡¿Tres semanas?! ―exclamó furibunda. Es una ciudad inolvidable. Su trabajo lo era todo para ella.―No pregunté. ―Ahora recoge tus cosas y vete a casa. era lo que llenaba las horas de su vida. te lo ordeno. mañana mismo irás… ―Andreu. ―No creo que sea buena idea… ―Llevas semanas sin descansar. Se dirigió a la sala donde ya esperaba su prueba en papel de la . y sin él no sabría cómo comportarse. Yo mismo haré las reservas.

había olvidado que el aire acondicionado del edificio se había estropeado el día anterior. alcanzó la caja de rayas multicolor donde guardaba los recuerdos de su madre. pero tenía que saber algo más. es lo de Coleman. Faith no pudo evitar sonreír a su vez. y se deshizo de las cómodas sandalias de piel marrón para poder disfrutar del frescor que irradiaba la fina baldosa bajo sus pies. una nueva oleada de fuego la embargó. y finalmente se dirigió al altillo de su dormitorio. De nada le había servido ponerse un fino vestido de lino crema. Te deseo un buen fin de semana. se dirigió hasta la mesa de Darcy. le recibió una oleada de aire caliente. ―Lo mismo te deseo. y sé buena ―apuntilló antes de guiñarle un ojo y dirigirse a la puerta del ascensor. contagiándose por la alegría de Darcy ante los próximos días de descanso. Tiró su bolso sobre el recogido sillón verde que ocupaba parte de su salón. intentaría evitar ese dolor lacerante en su pecho. nunca había tenido el valor de husmear en aquella caja de recuerdos que tan bien protegía su madre. que la recibió con una sonrisa. que mantenía una . era lo habitual en su querida Alabama. Subida en una silla. Tras una relajante ducha helada. y tras comprobar que estaba perfecta de color. Una sonrisa curvó sus labios al percatarse de por qué no quería abandonar la oficina donde la temperatura media era de veintidós grados.campaña Coleman. Mientras caminaba hacia el pequeño cuarto de baño se fue desprendiendo de la poca ropa que cubría su cuerpo y agradeció el potente chorro de agua fría que cayó sobre su cabeza. Los inviernos eran cálidos. el calor se adherida a su piel de una forma inclemente. la secretaría de la empresa. pero debía buscar entre sus cosas algo que le diera alguna pista sobre esa familia que desconocía poseer. y como consecuencia. ―Entrégale esto al señor Albany. Vagabundeó durante unos minutos por la casa. ―Por supuesto. abrasadores. Cuando salió al exterior. con reverencia quitó la tapa. Si era sincera consigo misma. La puso sobre la cama y. los veranos. se puso ropa interior y una amplia camisola de tirantes para evitar empezar a sudar de nuevo. aunque ni se le ocurrió protestar. Cuando giró la llave de su pequeño apartamento.

La acarició con sus dedos antes de dejarla a un lado y seguir cotilleando. sonreía alegremente mientras dos mujeres. Sabía que estaba mal salir de casa a escondidas. donde un sobre marrón descansaba como queriendo ser ocultado. Entre ellos cogió una banda de vivos colores que ella había logrado en la escuela primaria tras ganar un concurso de dibujo. No tenía nada escrito y lo sacó con cierto esfuerzo. y ni se molestó en calentarla. ya que era demasiado grande para entrar en la caja. En ella pudo descubrir a su madre cuando apenas era una niña. Lo dejó sobre el edredón y rebuscó un poco más. una situada a cada lado de ella. una intriga acuciante la atrapó. Finalmente. ¿Serían aquellas mujeres su abuela y la hermana de esta? ¿Por qué su madre nunca le había hablado de ellas? Ni una sola vez había escuchado sus nombres. llegó al fondo. Algunas invitaciones a cumpleaños de viejas amistades. como otras noches de su día a día. cuyos ojos marrones parecieran estar hablándole. una figurita de barro creada con sus propias manos… Todos los recuerdos estaban relacionados con ella y eso le hizo sentir un nudo en la garganta. su madre se recostaba sonriente contra un pecho masculino. para encontrarse con un sinfín de objetos. Frente al televisor. ponían sus manos sobre sus hombros. si su padre llegaba a . que había pedido dos días antes. a su pesar. Una sonrisa se formó en sus labios al ver que su madre lo había guardado con tanto amor.ligera capa de polvo. una bolsita con velas de sus cumpleaños. Guardó de nuevo todo en la caja y se dirigió a la pequeña cocina americana para rebuscar algo en la nevera para cenar. Cogió la lupa que tenía en un cajón de la mesilla para poder estudiar sus rasgos y comprobar que eran muy parecidos a los de su madre y los propios. Buscó una zona libre y vertió su contenido para encontrarse con un abanico de fotografías de varias épocas. Encontró restos de comida china. Sus dedos atraparon la que estaba arriba del todo. En ella. y. encontrando a cada paso su rostro en las diferentes etapas de su vida. Estaba a punto de guardarlas cuando localizó una en blanco y negro. que era el de su padre. cenó mientras disfrutada de su serie favorita quedándose dormida en el sofá.

no sin cierto esfuerzo. Ante ella aparecieron todos los consejos que le había dado Mercy. como tantas veces había visto hacer con los esclavos de su poder. pero aquello era otro de los tabús que pululaban por la plantación de la familia Wilson. que la había criado desde su más tierna infancia. No era la primera vez que escuchaba el rumor de que era la hermanastra de su padre. Se sentó en el viejo tronco que siempre utilizaba para tal fin y sacó de la cinturilla de su vestido el pequeño libro de poesía que siempre la acompañaba y que era el único recuerdo de su madre que conservaba. Estaba a punto de regresar al amparo de la gran casa cuando una mano tapó su boca y una voz le habló cerca de su oído. Mercy. dejando viuda y un hijo. poco después. Solo temía que su padre tomara acciones también contra la vieja mujer mulata que era como su sombra. pero necesitaba disfrutar de la cálida caricia del sol sobre su rostro y del aire que aliviaría su piel del intenso calor de aquel mes de verano. el carácter de su padre había empeorado. El tiempo pasó sin ser apenas consciente. y el sol siguió su camino al descender para. y llegó. y su hermano había fallecido en una de las contiendas. ―¿No va a chillar? ―le preguntó desconfiado. desaparecer como cada día desde que el mundo era mundo. Había logrado despistar a aya. y unos ojos azules como el cielo la miraban interrogantes sin apartar los dedos de sus labios. Desde que había empezado la guerra. el aire fresco y los sonidos de insectos y pájaros a su alrededor caldearon su corazón tanto o más que la lectura. y que ella había preferido ignorar. a una arboleda cercana donde sabía que su padre no la buscaría. Oteó a ambos lados antes de traspasar las modestas casas de los negros. laceraría su piel con un látigo. y como único miembro directo vivo de la familia. su abuelo había degustado siempre de los placeres de la carne con sus esclavas. ―No grite. no le haré daño ―le dijo una voz masculina que no reconoció.enterarse de su escapada. ella pagaba las consecuencias. Su rostro mostraba una oscura barba espesa. Como había deseado. Otra mano tomó su cintura y la hizo girarse para encontrarse frente a un hombre que le sacaba casi dos cabezas. .

pero ya no estaba a su lado.Savannah asintió con un gesto de cabeza. le habría dado un gran sermón sobre sus hábitos alimentarios. ―¿Qué quiere? ―preguntó ella con angustia. tras unos segundos de duda. ―¿Espera que le crea? ―dijo la joven apartándose temerosa de su cercanía. no dudó en llamar a un taxi. arrinconándola contra un alto árbol centenario. y sin molestarse en poner nada en su cuerpo fue hasta su cama para intentar descansar algo. el día que le esperaba sería duro y quería tener las fuerzas suficientes para enfrentarlo. se sentó en el sofá. perteneciente al ejército enemigo. no pretendo dañarla ―pronunció enfatizando sus palabras con un gesto de su mano herida. vendada con una rudimentaria gasa. ―Señorita ―la llamó con marcado acento norteño―. al que le entregó la dirección que Andreu le había dado para localizar el hotel que le había reservado. no le había pasado desapercibido el color de su ajado uniforme unionista. Era un compendio de casas de ladrillo rojizo adornado con amplias terrazas enrejadas con labradas celosías de hierro aderezados con vistosos . pero podía sentir la inquietud de aquella joven al verse acorralada por aquel atractivo soldado. si su madre hubiera estado con ella. El pareció contrariado y dio un paso hacia ella. Cuando salió de la estación. Faith se despertó con el corazón acelerado y el cuerpo cubierto de sudor. tranquilícese. en el que las paradas habían sido poco frecuentes. No se sorprendió cuando llegaron al conocido Barrio Francés de Nueva Orleans. la soltó. *** Faith descendió del autobús. el que había acabado con la vida de Graham. Se levantó resuelta y se dirigió de nuevo a la ducha. cansada después de casi cinco horas de viaje. No sabía por qué había soñado con aquello. Con cierto esfuerzo. y pensó que había sido debido a la cena poco sana que había degustado. y el hombre.

―Gracias. ―Buenas tardes. La joven tomó nota mental de su nombre y fijó su mirada en la pantalla del ordenador que tenía frente a sí. Faith dejó la maleta en el suelo antes de saludar. Como el resto del edificio. gracias a los focos que allí alumbraban. y lo encontró tan romántico que no le extrañó que Andreu hubiera conquistado en ese viaje a Suzanne. el nombre del hotel Philippe d’Orleans. Prefería llamar a las personas por su nombre para tener una mayor proximidad. que no era la común cabina con espejos. llegó hasta un refinado mostrador donde una chica. Tardó unos segundos. le pareció una obra de arte. habitación cuarenta y cinco. que había leído poco antes en la placa que presidía su camisa blanca. sobre ellas se podía distinguir. Unos escalones de piedra daban paso a una entrada de grandes puertas acristaladas de estilo francés. Cuando el coche arrancó. pudo disfrutar del estilo elegante que se vislumbraba por doquier. ¿en qué puedo ayudarla? ―Hay una reserva a mi nombre. Lesly ―pronunció recalcando su nombre. El taxista sacó su maleta de la parte trasera y se la entregó con una sonrisa en los labios. Faith Anderson. ―Así lo haré ―le dijo antes de dirigirse al ascensor situado al fondo del hall. situada en la tercera planta ―dijo entregándole una tarjeta magnética.maceteros de flores blancas que desprendían un fragante olor. no mucho más joven que ella. ―Sí. Faith la cogió y la guardó en su bolso. señora. estaremos a su servicio. Según pasaba los pisos. ―Un placer. señorita Anderson. En el interior. recibía a los visitantes con una sonrisa. ―Buenas tardes. Y si necesita alguna cosa. no dude en llamarnos. claramente. Cuando entró en la habitación y encendió la luz. Faith se quedó quieta admirando la entrada del pequeño hotel donde se hospedaría. podía vislumbrar los pasillos a través del enrejado del ascensor. asemejaba más a una jaula ornamentada que oscilaba en el aire. su .

―¿Señorita Anderson? ―Sí. pero no quería malgastar el tiempo. una extraña mezcla a base de pollo. pero cual no fue su sorpresa al descubrir la voz grave del abogado de su supuesta tía abuela. Faith ya tenía claro lo que iba a tomar: Jambalaya. situado en medio de las tiendas comerciales llenas de suvenires del lugar. que Nueva Orleans podía ser una ciudad muy especial. El camarero la recibió con una sonrisa y le entregó la carta antes de dirigirse a la siguiente mesa. Estaba segura de que ella nunca encontraría a nadie con quien compartir un amor tan grande como el que ellos dejaban traslucir. y el barullo que sonaba en el exterior presagiaba lo que tanto le había recalcado su amigo. Cuando regresó a su encuentro. donde la gente disfrutada del maravilloso espectáculo de los grupos de jazz que tocaban en cualquier esquina para diversión de los turistas. ―Soy Tayler Peterson. pero su estómago protestaba después de horas en las que solo lo había saciado con un sándwich vegetal. Sabía que quizás era demasiado pesado para cenar. marisco y chorizo. No podía negar que sentía cierta envidia por aquella pareja tan perfecta. Deshizo su escasa maleta. ―Le he reconocido ―contestó Faith con voz hosca. Estaba a punto de terminar con el plato cuando el sonido metálico de su teléfono hizo que abandonara el tenedor para buscar en el revoltijo que solía ser su bolso. Con el primer bocado notó el sabor que hizo que su boca salivara y. la misma. ―La llamaba para concertar una cita con usted. Estaba cansada. que abrían sus ojos asombrados por lo bohemio del lugar. Oteó los múltiples restaurantes de la zona y al final se decidió por uno pequeño. y decidió darse una ducha antes de salir y cenar algo en los restaurantes que había por los alrededores. Ya en la calle se dejó llevar por el gentío que iba y venía por la amplia avenida. a pesar de su primera impresión. que llamaba para saber si había llegado bien. .esposa desde hacía un par de años. degustó con felicidad el desconocido manjar. Pensó que se trataba de Andreu.

estaba segura de que sus manos acabarían en el cuello masculino. Daba gracias a los cielos de que solo fueran a encontrarse en un par de ocasiones como mucho. ―¿Le vendría bien mañana en la tarde? ―la atajó Tayler molesto. hace apenas… Él no dejó que acabara la frase. Faith soltó el aparato en su bolso con rabia. deme la dirección y allí estaré. ―Y yo a ti. mi amor. Richard rozó la suavidad de sus labios con deleite antes de contestar. ―A que no puedes amarme. Ella. señorita Anderson. pese a su reticencia. aquellos que había probado pocos días antes sin poder contenerse y sorprendiéndose de que ella no lo rechazara. Aquel hombre le hacía sacar lo peor de su persona y no le gustaba. ―Por supuesto. Al llegar a su altura no dudó en arrojarse en sus brazos y enlazar los suyos tras su nuca. Me gustaría acabar con esto cuanto antes. ―No me mientas ―suplicó ella sin creer sus palabras. y desde entonces se habían encontrado en el claro del bosque cercano donde él se ocultaba.―Supongo que para eso he viajado hasta aquí ―replicó con sorna. ―¿A qué te refieres? ―cuestionó él sin saber a qué se debían sus dudas. y con sus manos sobre la estrecha . *** Hacía dos semanas que sus cansados pasos lo habían llevado hasta aquella grandiosa finca y había conocido a la señorita. al final había limpiado su herida y alimentado su estómago. porque si no fuera así. ―Por supuesto. Le mandaré un mensaje con la calle y el número exacto ―contestó él antes de colgar sin esperar respuesta. ―Te he extrañado ―le confesó la joven con timidez. Esa tarde apareció una gran sonrisa pintada en sus apetitosos labios. estoy de acuerdo con usted.

pero esta vez el beso amenazó con incendiar sus cuerpos al igual que sus corazones. pero se había conservado tan exquisitamente que parecía que su estampa venía de otros tiempos. Estaba a punto de entrar en el amplio salón. recordó la cita que tenía con la señorita Anderson. Resignado a no dormir. Ahora es tuyo ―enfatizó sus palabras con una mirada cargada de intensidad que la apabulló. situado a la derecha. y menos con el trato que le había dispensado la susodicha. se maravilló de la madera de nogal que cubría las paredes. Tayler se despertó con el sudor surcando su cuerpo y aquellos ojos verdes esmeralda clavados en su corazón. pero desde el mismo momento en que mis ojos se posaron sobre tu persona. y cuando llegó la tarde. ―Sé que es una locura. Sus labios volvieron a unirse. No era la primera vez que tenía esos extraños sueños que le acuciaban en la noche desde hacía semanas y que no llegaba a comprender. No le apetecía nada. se levantó y se acomodó en el sillón situado frente al escritorio que había colocado en la habitación de su pequeño apartamento y decidió dedicar aquellas horas extras para revisar uno de los casos que tenía entre manos. El día fue más largo de lo esperado. subió las escaleras de dos en dos hasta llegar al dormitorio de donde procedía el sonido. Sin dudar. mi corazón dejó de pertenecerme. Se giró en el colchón y comprobó en el despertador que la luz roja indicaba que eran la cinco de la madrugada. cuando el sonido de unos muebles moviéndose en la planta superior le alertó. la introdujo en la cerradura y entró al amplio hall. La mansión seguía siendo tan señorial como recordaba. Sacó la llave que pesaba en su bolsillo. Se aflojó la corbata azul que apresaba su cuello y no dudó en desanudarla y meterla en la guantera del coche antes de dirigirse hacia la casa que la joven había heredado. Era una casa centenaria. pero era parte de su trabajo y él era un hombre responsable. cogió el .cintura le dijo la verdad que clamaba su corazón. No sin cierto temor. A tientas dio con la llave de la luz y cuando tubo visión.

―Mi amor.pomo dorado de la puerta y lo giró para entrar. y restos de sangre en la camisa azul que ella le había conseguido. Se había vestido sencillamente. pero no estoy seguro de que no haya dado la voz de . una simple tela de algodón color azul que solo usaba para estar cómoda en la casa. pero no pensaba dejar partir al amor de su vida para no verle nunca más. No sería difícil sacar de la cuadra dos de los caballos más rápidos de la yeguada y desaparecer en la noche. Había preparado un pequeño saco con lo imprescindible. pero le perdía en demasía aquel brebaje que los negros preparaban con la caña y estaba segura que pasada la media noche dormitaría sobre el heno. me ha costado dejarlo inconsciente. ―Tenemos que irnos ―contestó este apurado. no necesitaba nada más que estar junto al hombre que le había robado el corazón. ―¿Qué haces aquí? ―preguntó mirando con temor hacia la puerta. el viejo Tom era un buen hombre. que mostraba su rostro ensangrentado. Un delicioso olor a flores le atrapó y la respiración desapareció de sus pulmones cuando ante él se dibujó la imagen de la mujer que había aparecido en sus sueños en varias ocasiones. Savannah se levantó de la banqueta que ocupaba frente al espejo y corrió a su encuentro. ¿qué ha pasado? ―Uno de los hombres de tu padre me ha descubierto. y con parsimonia seguía peinando su cabello con un cepillo de plata y con maestría… Se había citado con Robert aquella noche para fugarse con él. Ella no parecía ser consciente de su presencia. Sabía bien quién se ocupaba de los caballos de la finca. Tenían todo planeado. Cual no fue su sorpresa al encontrarse bajo la luz de unos candiles que no recordaba que estuvieran allí cuando realizó las fotos para el informe de venta. Estaba a punto de colocarse la capa negra sobre los hombros cuando la puerta se abrió dando paso a Robert. y en aquel momento se cepillaba el cabello con la intención de recogerlo en una trenza para que no le molestara. Sabía que era una locura y que su padre los perseguiría hasta el fin del mundo.

Cual no fue su sorpresa al encontrar que había luz en el interior. tenemos que marcharnos antes de que… ―¡Ninguno de los dos saldrá de esta casa! Tronó una voz a su espalda. que los esperaba en la puerta de entrada con un rifle apuntando a ambos. ―¡Sucio bastado!. intentó evitarlo. se dirigió a la puerta. pagarás por haber osado tocar lo que nunca estuvo a tu alcance ―le amenazó apuntando a su pecho. . Había llamado en dos ocasiones al número del abogado para desahogar su malestar. Ella se tapó la boca con la mano. pero parecía no querer responder. sin ser capaz de reaccionar a sus palabras hasta que Robert la zarandeó. *** Faith estaba cansada de esperar a la entrada de la casa señorial donde le había dejado el taxi diez minutos antes. tienes que apresurarte. ―Savannah. resuelta. y. ―Señor… ―intentó hablar Robert. Notaba cómo el enfado iba creciendo por momentos. pero el hombre que le miraba con ojos llenos de odio se lo impidió. le miraba aterrorizada. Savannah sintió su corazón latir acelerado. Se trataba del padre de Savannah. La oscuridad le envolvía. y cuando intentó girar el pomo se percató de que estaba abierto. Un sudor frío surcó su rostro y sintió cómo sus pulmones se quedaban sin aire. pero llegó demasiado tarde. Una mancha carmesí empañaba ya la camisa azul de Robert.alarma. y cuando escuchó amartillar el arma no dudó en ponerse delante de su amado. y a pesar de que sus ojos querían cerrarse. que caía derrotado… Tayler sintió un dolor agudo que le hizo caer de rodillas agarrándose el pecho que parecía arder.

Entró con pasos inseguros, pero cogió soltura para subir las escaleras al
escuchar un estruendo que procedía de la segunda planta. El aire abandonó
sus pulmones al presenciar la escena que se presentaba ante sus ojos. Solo
llegó a tiempo de ver cómo un hombre, vestido con ropajes de otra época,
cayó herido sobre el suelo…

Savannah acunó entre sus brazos a Robert hasta que sus ojos se
apagaron a la vida. Su propio corazón se había detenido y sus ojos se
habían plagado de amargas lágrimas.
―Suelta a ese hombre ―le exigió su padre, con el arma aún humeante
entre sus manos―, has deshonrado a la familia.
La ira se apoderó de la joven y dejando a su amado inerte en el suelo, se
levantó para enfrentarlo.
―¡Te odio! ―vociferó, acercándose a su progenitor―. Y no me importa
nada el nombre de la familia. Amaba a ese hombre…
Una bofetada acalló sus palabras, pero Savannah ni se inmutó,
acostumbrada como estaba a los desmanes de su amo y señor. Volvió a
levantar su rostro con valentía para demostrarle que no le afectaban sus
golpes.
―Te has convertido en una perdida como lo era tu madre ―le
recriminó él con la intención de herirla―. Pero no me importa, igualmente
te casarás…
Savannah sonrió anchamente mientras se alejaba, acercándose a la
ventana abierta por donde se filtraba una tenue brisa.
―Nada me importa ya, y ni mucho menos serviré para tus tejemanejes.
Te maldigo por destrozar mi vida y mi amor, y espero que tu condena sea
recordar cada día lo que perdiste por tu egoísmo.
Sin mediar palabra se precipitó por el hueco de la ventana, dejándose
caer al vació de dos pisos de altura. Sintió que volaba, feliz al saber que se
reuniría con su amado en un lugar mejor que aquella hacienda maldita…

Faith salió del estado en el que se encontraba y fue consciente que había
vuelto a la realidad, y que frente a sí había un hombre vestido con un traje
actual. Estaba arrodillado a sus pies y se palpaba el pecho dolorido.
―¿Robert? ―preguntó inconscientemente.
Unos ojos oscuros se clavaron en su rostro con intensidad antes de dejar
de palparse el pecho y levantarse hasta llegar a su encuentro.
―¿Savannah?
No hubo respuesta por parte de ninguno, perdidos en el embrujo que los
envolvía a ambos. Sin ser conscientes de ello, sus labios se unieron como
si hubieran pasado siglos esperando ese contacto que hizo que sus cuerpos
sintieran una corriente eléctrica que les atravesó.
La madrugada los encontró agazapados entre las sábanas y abrazados el
uno al otro. No querían separarse por miedo a volver a perder algo que
había nacido mucho antes y que ahora retomaban en otros cuerpos, pero
con las mismas almas de antaño que llevaban buscándose décadas.

Anclada a ti
Raquel Campos
La famosa tienda del señor Peterson estaba repleta de cachivaches e
inventos de todas las formas y de todos los ámbitos que se podían conocer.
Leila sentía escalofríos cada vez que posaba sus pies en esa tenebrosa e
inhóspita tienda, pero Derek, su hermano, se empeñaba en ir de vez en
cuando, y podía ser muy persuasivo cuando quería algo. Él amaba mirar
todos esos inventos y se pasaba las horas dentro. Leila solía esperarlo
sentada junto a la ventana. Allí, compuesta con su pequeño sombrerito y
su sombrilla apoyada en una de las paredes, mantenía la cabeza baja
rezando para que su querido y raro hermano terminara pronto. A veces se
llevaba con ella algún libro para distraerse un rato.
Lo que nadie sabía, y menos aún su irreflexivo hermano, era que le
encantaba mirar esos objetos. Claro que lo hacía de forma disimulada para
que nadie se diera cuenta. Sería un escándalo si la hija del Doctor Stonner
llegara a ser encontrada en semejante lugar.
Nunca nadie se había dirigido a ella y siempre se encontraba sola, pero
esa tarde se acercó hasta ella un pequeño muchacho. ¿Sería el hijo del
dueño? Era muy pequeño y llevaba un libro en las manos. Leila sintió
curiosidad por ese niño y le sonrió. El jovencito se acercó a ella con una
sonrisa confiada en los labios.
―Hola. ―El niño nunca había visto una dama tan bonita como esta y le
enseñó su libro―. Yo también tengo un libro. Mire qué bonito.
Leila lo cogió y pasó las hojas, se sorprendió de su belleza, tenía unas
ilustraciones preciosas de inventos y científicos.
―Es un libro fantástico. ―Una sonrisa nació en el rostro del pequeño
que la miraba arrobado―. ¿Te lo has leído?

―Soy muy pequeño, mi papá me lo lee por las noches antes de
dormirme. ―Leila le señaló al estrambótico hombre que en esos
momentos hablaba con su hermano, el niño sonrió―. Ese es mi abuelo
Conrad, mi papá es más joven.
Desde el interior, Carmichael oía la voz de Hughes, ¿con quién estaba su
pequeño hijo? No era normal que hablara con la gente que entraba en la
tienda de su padre, siempre habían sido algo raros y la sociedad no los
estimaba en absoluto. La vida, para ellos, no había sido nada fácil. Se
asomó a la puerta que comunicaba con la vivienda y vio a su hijo
conversando con una mujer joven. Ella miraba al niño con auténtico deleite
y le sonreía. ¿Quién sería?
Era preciosa, su porte denotaba que pertenecía a una familia importante.
Toda ella derrochaba frescura y simpatía, dadas las risas de su hijo. Hacía
mucho tiempo que no le oía reír tanto, y sería dantesco de su parte
destrozarle esa incipiente felicidad. Desde donde estaba, no apreciaba los
rasgos de la dama, pero parecía un ángel.
Su padre estaba con ese muchacho que les visitaba de tanto en tanto,
¿había venido ella alguna vez y no había reparado en su presencia? Su hijo
comenzó a saltar y a gritar.
―¡¡¡Papá!!! ―El niño llegó donde se encontraba y le miró con rostro
pleno de felicidad―. He conocido a una señora muy simpática, le ha
gustado mucho el libro. ¿Verdad que es especial, papá? Ella dice que es el
libro más bonito que ha visto nunca.
―Ve y dale las gracias, tienes que ser educado. Es una dama importante.
―Es hermosa, padre, parece el ángel de la anunciación que ha bajado
del cielo. ―Esa efusividad no era normal en su hijo, esa mujer había
dejado encantado al pequeño.
―Ve y sé educado, que no tengan nada que decir de mi pequeño
mozalbete.
El niño se enredó en el cuello del hombre y volvió a salir, corriendo,
hasta donde ella estaba.
La joven buscaba al niño, pero no le veía, qué pena, lo había pasado muy
bien con él. Se hacía tarde y su hermano la estaba esperando para
marcharse. Una manita la sorprendió y se giró, el niño le hizo una

reverencia perfecta.
―Mi papá dice que tengo que ser educado pues usted parece una dama
importante, y debe serlo porque es muy guapa.
Leila sonrió de pura dicha, el niño se expresaba con garbo y el piropo le
había encantado.
―Luego le dices que eres todo un caballero y que ha sido un honor para
mí charlar contigo. Espero volver a verte.
―Yo también, señora, otro día le traeré otro libro que tengo.
―Me encantará verlo y conversar contigo. ―El niño se fue y ella miró a
su hermano, que llevaba un sombrero con unos extraños anteojos―. ¿Vas a
salir así a la calle?
―Perdón, no me acordaba de que lo llevaba puesto. ¿A que es un objeto
curioso?
Su hermana le miraba y al final empezó a reír a carcajadas.
―Espero que no te lo vean mamá y papá, o te reñirán.
Él le sacó la lengua.
―Sí, pero como tú no les vas a decir nada de nada… ¿Verdad?
Ella sonrió de nuevo mientras le alborotaba el pelo sabiendo que no le
gustaba.
―¡Cómo me conoces! Pero piensa qué vas a hacer para recompensarme
esta vez.
El muchacho dudó, ahora sí que estaba en un apuro.
Los hermanos se marcharon de la tienda, Carmichael salió de su
escondrijo y todavía pudo escuchar la carcajada de la muchacha. Había
dejado el aire impreso con su suave fragancia y él no pudo menos que
marearse por el rumbo de sus pensamientos. No se dio cuenta de que su
padre estaba a su lado.
―Una dama preciosa de verdad y un joven muy curioso.
―¿Quiénes son?
―Vienen de vez en cuando, a él le gustan los objetos… parece que ella
te ha causado buena impresión.

―Perdone. no pudo evitar comparar el tamaño de ambas y notar la calidez que emanaba de la masculina. Carmichael enarcó una ceja. unos ojos preciosos le miraban con curiosidad. se atusaba el vestido como si lo tuviera manchado de algo que no existía. sintió que algo caía sobre él. nada tiene que ver con nosotros. ―De todas formas. ―La joven miraba esa mano grande y curtida y. marchaba hacia la tienda del señor Peterson. Esa mañana no era distinta a otras. voy al mismo sitio. lo hacía allá donde iba. ―Muchas gracias por su ofrecimiento. Carmichael andaba deprisa hacia la tienda. a pesar de no querer llamar la atención. Leila no pudo evitar mirar al desconocido y ahogarse ante tal figura. la culpa es mía. se recompuso el vestido alisando su falda para hacer desaparecer las posibles manchas y así disimular su turbación. cuando alargó la mano. Se vio alzada sin el menor esfuerzo y cuando estuvo delante de él. Unos días más tarde. Sus ropas eran una de las cosas que incitaban a la curiosidad. cuando al pasar por la puerta de la librería. sus botas altas y su gabardina beige larga le daban un aire de aventurero que a las mujeres sobre todo les daba algo de pavor. La joven estaba nerviosa o se lo parecía a él. Volvía a la tienda. ―Puedo acompañarla. No ha sido mi intención que cayera… ―No pasa nada.―¿Qué dices? Es una dama. ¿La puedo ayudar en algo? Leila le miró a los ojos y descubrió que eran azules como el cielo de verano. Se aprestó con ligereza a ayudar a la desafortunada que había chocado de esa forma con su cuerpo y. que salía sin mirar. Milady. había ido a mandar una carta porque necesitaban unas piezas con urgencia para un pedido. . parecía un aventurero como los que salían en los libros de Julio Verne que ella había devorado hacía pocos años. cuando dejó caer la suya. perdone.

Perdone. si se da cuenta de que he venido a la tienda. que la observaba con detalle―. miraba más allá de la calle donde la gente paseaba―. ¿Por qué va a la tienda? Se puso roja del bochorno que le entró. ―Perdone. se parecía a ese hombre. gracias. las damas como usted no van a sitios así. El joven se alejó un poco y le dedicó una amable reverencia. pero así era ella. y más si la veía alguien conocido. Se giró y miró al hombre. ―La joven dudaba si mirar a ese hombre a los ojos y mantenía su mirada hacia delante. ―Estaría encantada. sin dudarlo. que no pudo evitar mirar al hombre y ahogarse en el azul de sus ojos. se dijo Leila. sonrió ante el parentesco del niño. ―Un niño muy inteligente y amable. Era una situación delicada. me llamo Carmichael Peterson. . Un silencio se empastó en torno a ellos y caminaron. Ahora la sorprendida fue ella. me meteré en un problema y… ―El rostro de él se ensombreció y apartó la vista. El apellido extrañó a Leila. ¿Quién sería el desconocido? Nunca lo había visto por el barrio y se daba cuenta del estupor que levantaba en todas las mujeres que se cruzaban con ellos. He burlado a la señora Doms.«Vaya casualidad». sobre todo si estaba entretenida. Leila estaba un poco nerviosa. hace unos días estuvo usted hablando con mi pequeño Hughes. ―¿Es usted pariente del dueño? ―Soy su hijo. ―Lo estoy y mucho. ―Perdone si le molesta mi pregunta. ―Eh… me dejé la sombrilla. Esa afirmación enervó a Leila. Debe estar orgulloso de él. es lo único que me ancla a esta vida. no quería decir eso… Yo… ―No hace falta que se excuse. había burlado a la señora Doms para escabullirse a la tienda y ahora caminaba junto a un hombre sin carabina. pero no le conozco a usted de nada. Su mirada triste y melancólica le llegó al corazón. despistada por naturaleza. ―No era muy usual que una dama se dejara sus cosas por ahí.

Si me perdona. voy a hablar con mi nieto. la dejé justo ahí. sobre todo. he recordado que tengo que recoger un paquete. No lo entiendo. perdone que le moleste. pero. Hace unos días me dejé la sombrilla justo aquí al lado. supo que esa imagen jamás le abandonaría. estaba llena de luz. ¿Le interesa el objeto? La joven se giró para encarar de nuevo al hombre. ella quedó encantada con todo. era perfecto y parecía de verdad. ―Leila conocía esa voz. apoyada junto a la pared. tal era su esmero en los detalles. ―Perdone. Todo le llamó la atención. señorita? La joven se giró hacia la voz y se tropezó con una versión más mayor de Carmichael y Hughes. era notable el parecido entre los tres varones a pesar de los años que se llevaban. Era imperdonable que antes no se hubiese dado cuenta. . Se paseó entre los cachivaches y trastos admirando cada objeto y mirando todo con suma curiosidad. ¿desea algo. Leila asintió. sus ojos bailaban acompañando a su sonrisa. ―El hombre hizo una reverencia y se marchó en sentido contrario. Se metió dentro cuidando de no ser vista por la joven más cotilla de la ciudad. ―Es una réplica del primer vagón de locomotora que se inventó. ―Buenos días. un pequeño objeto captó toda su mirada. pero en su fuero interno le encantaban. una voz la sacó de sus pensamientos. Se permitió acercarse hasta las estanterías ahora que nadie la veía y así satisfacer su interés. Carmichael se quedó de piedra cuando vio la mirada de la joven. conocía esa tristeza al hablar―. ―Miró el sitio donde tendría que estar y no la halló―. Sin decir nada. por favor. ―Espere un momento. A pesar de haberla escuchado muy poco. mientras el hombre cruzaba la puerta. Delante de su hermano hacía como si todos esos cacharros no le importaran. Los ojos azules del hombre la miraban con amabilidad. Se encontraba cerca de la tienda cuando vio a la señorita Craven doblar la esquina. Era una réplica a escala del vagón de una locomotora. Cuando más interesada estaba en el objeto. Leila se quedó parada en la calle observando sus andares.

Hughes. señora Doms. alguien me entretuvo en la librería y . señorita Leila? ―Oh. El niño miraba a los dos con los ojos muy abiertos. el señor Peterson se encaró a su hijo. ―Nunca. Leila caminaba deprisa hacia su casa. ―No te entiendo. había pensado ver de nuevo a la simpática dama. ¿me has oído?. Puedo sentir tu admiración por ella en tu mirada y eso que no está. ―¿Dónde ha ido? ―Se ha marchado cuando se ha dado cuenta de lo inadecuado de su visita. Leila se paró frente a él un poco molesta. padre. ―Yo no vivo de forma reprimida. cuando la señora Doms le salió al paso. perdóneme. ―Por Dios. ahora voy a leer contigo. ¿qué hace aquí? Él tenía razón. ―Es la primera mujer a la que te acercas. entra dentro. Su padre y su hijo se acercaban. soy muy feliz y… ―Entonces. todo lo ha dicho ella. Carmichael. Leila salió de forma improcedente de la tienda. ―¿Dónde se había metido. después de lo que pasó. ―¿Crees que no me he dado cuenta de nada? Carmichael miró a su padre. no podría vivir de forma tan reprimida. No había mirado nunca y… ―Me enorgullezco de no ser de su clase. Hizo caso a su padre. Cuando se aseguraron de que había entrado. nunca volveré a dejar mi vida en manos de una mujer. y menos de esa clase. nada la excusaba a estar allí cuando no era lo correcto. ¿qué le has dicho? ―Nada. dejando al joven anclado en el sitio y sorprendido.―Es un objeto muy interesante.

todo se le antojó falso. le daban un aire más humilde. la joven parecía sincera y feliz. nunca un hombre le había llamado tanto la atención. Vivía su vida anclada a unas normas y a un protocolo. Wells. ―¡Me asusté al no verla! ―Vamos a tomar un té. vengo un poco cansada. y pensaba explicarle unas cuantas cosas a ese engreído al día siguiente. quería ir a la tienda a primera hora y decirle unas cuantas cosas a ese hombre. No quiso bajar a cenar con todos. Su sencillo vestido de algodón y su cabello. ―No podía decir que venía alterada por lo que ese hombre le había dicho. Se vistió deprisa y bajó intentando no ser vista.cuando salí… no la vi. Leila se paró al ver a los hombres desayunando. Con ese pensamiento se quedó dormida. Le iba a dejar claro quién era Leila Stonner. deseaba hablar con el señor Carmichael. solo sujeto por una cinta. Y eso que no eran una de las familias más importantes. Para ella. ella no lo había hecho. a esas horas de la mañana era muy difícil que la viera alguien de su entorno y quería llegar temprano a la tienda. No era libre. El tintineo de la campanilla les sorprendió mientras desayunaban. Hughes se quedó dormido enseguida y él estuvo dando vueltas a todo y maldiciéndose por haberla conocido. De pronto. y recordó que. ―Perdonen mi intrusión. alegó un intenso dolor de cabeza y nadie fue a ver cómo se encontraba. La figura que apareció dejó a todos sorprendidos. Carmichael se iba a levantar cuando la cortinilla que separaba la vivienda de la tienda se abrió de forma rápida. con las prisas. Carmichael se arrepentía de lo que le había dicho. y de esa forma tan cómoda marchó a buen paso al encuentro de ese misterioso hombre que le había robado la tranquilidad. todos se miraron extrañados. esas aventuras se mantenían vivas en su imaginación desorbitada. Su mente estaba llena de su imagen. pues tan temprano no acudía nadie. pero . Y destruyó su felicidad con la cruda realidad. pues se había dado cuenta de que era verdad. No podía decir a nadie que había leído a Julio Verne y a H. Leila se levantó temprano. así que cenó sola en sus aposentos y se dedicó a pensar en todo lo que había hablado con ese hombre.G.

―Soy tan cínico como usted tan dama. que resplandecía al verla de nuevo. Carmichael. ―Querida señorita. me dijiste que era un bonito libro. Leila miraba el libro con el niño. ¿los ha leído todos? ―Sí. mis preferidos son «Viaje al centro de la Tierra» y «Veinte semanas en globo». ―¿Quieres ver mi libro? La joven miró al pequeño con profundo amor en su mirada y le sonrió. ―¿Ha desayunado. señor. ¿Qué se supone que hace aquí? ―¡Por Dios. Así que decidí leer todos sus libros.desayunen. El señor Peterson miró a la joven. que no podía apartar sus ojos de la joven. sentía la mirada del hombre sobre ella y entonces abrió los ojos sorprendida―. ―Claro. ―Dudo que una dama de buena cuna como usted conozca lo que es una aventura fantástica. ¡Hughes. ―¿Es usted siempre tan cínico? ¿O es que se siente desplazado en este momento? Carmichael se levantó y Leila no movió ni un músculo a pesar de estar algo cohibida por la altura del hombre. son unas aventuras fantásticas. jovencita? ―No. ―Se puso a leer con el pequeño bajo la atenta mirada del padre. era muy temprano y su atuendo no era el adecuado a una dama. no seas tan grosero! ―El hijo dirigió una . por favor. ¿Cómo demonios conocía ese libro? ―¿Es una de las lecturas dictadas a las damas? Leila se ahogó ante el comentario despectivo. quería venir temprano. y el señor Peterson no entendía por qué su hijo se comportaba con ella de esa forma. El hombre se levantó y le ofreció un asiento cerca de Hughes. tuve el placer de leer al señor Julio Verne hace unos años y me sentí intrigada por su obra. tu libro es una versión de «Viaje al centro de la Tierra»! Carmichael se atragantó con el café. quizás… ―No.

―Perdóneme.mirada al padre y este se abstuvo de decir algo más. Pero me parece que usted no va a superarlo nunca. por favor. ―Esas no son palabras para una dama… ―¡Deje de decirme lo que es correcto y lo que no! Esa joven tenía carácter. me duele no saber cómo reponer esa alegría que ha perdido desde que su madre nos abandonó. ―Suélteme ahora mismo. Gracias por su amabilidad. le había trastocado la vida tan solo con su mera presencia. Leila se levantó con el poco decoro que le quedaba. en la guerra. Sentía que esa joven lo desarmaba de una forma sencilla. vaya que sí. Me engañó y me dijo que me quería. Es verdad que por un momento me sentí desplazado. señor Peterson. y no pudo menos que seguirla. Un hombre como él abandonado por su mujer… Sin girarse para no delatar sus incipientes sentimientos por ese desconocido. jamás he visto a Hughes sonreír como lo hace cuando está con usted. Mientras estuve fuera. Esa declaración derribó todo lo que Leila había pensado sobre ese misterioso personaje. bruto. Al cogerla del brazo había sentido cómo cada poro de su piel estallaba en una fiera batalla contra la barrera que él mismo había colocado en su corazón. . Tan solo quería escapar de su familia y su deber para vivir libre de la opresión que obcecaba su vida. por lo que él supo que esta vez la había lastimado. pero cuando volví. le habló. Hughes. ―Me ha gustado mucho ver el libro contigo. Leila sintió cómo la atrapaban de un brazo. ¿verdad? ¿Odia a las mujeres? Un largo suspiro fue la respuesta de ese hombre. y Carmichael no podía evitar sentir que cada vez le gustaba más pelearse con ella. pero me tengo que marchar. La joven salió otra vez de forma rápida sin tan siquiera dirigirle una mirada de reproche. Como padre. cuidó del niño. Su brazo quedó libre y sintió cómo se alejaba. ―Es un niño inteligente y lo superará. pertenecía a una familia bien y yo era un don nadie. ―Ella era como usted.

encontré a mi hijo con mi padre y ni una palabra de ella. Nos dejó para seguir su vida y ser libre. ―Ella no es así. Eso acabaría con su vida y arruinando la del pequeño. en sus ojos y en su manera de hablar cuando se enfadaba. pero le había llegado al alma esa confesión. Milady? ―Como mujer sí. luego. hijo. nunca abandonaría a mi hijo. ―Buenos días. su corazón decidirá por los dos. y ante tal avalancha de sentimientos. ―¿Y cree que todas las mujeres somos iguales? ―¿Se incluye en el grupo. padre? ―Ve a verla y dile lo que sientes. si hasta tu hijo lo ha notado. ―Ella no los tenía. jamás había conocido a uno con tanto sufrimiento hacia algo. ―Esa no es la solución. y sinceras. ―Una mujer con principios nunca haría una cosa así. . sangre de mi sangre. Las semanas volaron y con ellas la amargura de Carmichael se fue convirtiendo en un anhelo desesperante de volver a verla. porque el hombre que sea su esposo será un hombre feliz. Primero. decidió marcharse lejos de allí. ―Leila se escabulló de la mirada de ese hombre y de su dolor. Había vuelto a caer como un quinceañero ante las artes de una mujer y se maldecía mil veces por ello. La felicito. Nunca nadie la había visto en ese estado. ―El hombre se daba cuenta del dolor en el rostro de su hijo. señor. ¿No ves cómo sonreía a su lado? ―¿Y qué hago. y segundo. porque estoy segura de que no haría una cosa tan vil. señorita. y durante todo el día estuvo pensativa y huraña. no engañaría a un hombre dándole un amor falso. ―Sus palabras son loables. su hermano tiene ficha de cliente. Debes enfrentarte a lo que sientes. Los síntomas eran claros. Voy a buscarte la dirección. No podía evitar pensar en su sonrisa. ―No soportaría otra traición. No sabía por qué. y todos se preguntaban qué pasaba por la mente de la joven.

―La mujer miró a su hija. No sabía cómo había sucedido. madre. Tráenos un té y unas pastas. ¿Esperas a alguien? ―No. La joven pareció salir de un sueño y miró a su madre. pero me he dado cuenta de que no verlo me duele más si cabe que discutir con él. La campanilla les interrumpió. ―¡Oh. hija. ―Leila.Leila parecía una autómata. ¿Estás enamorada? ―Ahí estaba la palabra que ella no había sabido encontrar para definir lo que sentía. sentimientos muy dispares. ―¿Y si fuera así? ¿Qué pasaría? ―Pues me agradaría saber quién es él. las semanas habían pasado y con ellas había crecido algo desesperante en su corazón. Su madre la miraba con preocupación. ¿Pasaría algo. ―¿Y si no fuera nadie? ―¿A qué te refieres. ―Estas últimas semanas estás como en otro mundo. Me puedes contar lo que pasa por tu cabeza. que caminaba de aquí para allá hecha un manojo de nervios―. madre! Estoy en una encrucijada en la que no encuentro mi camino. ―Hija. pero creo que todo eso lo induce el amor que sientes hacia ese desconocido. Las dos mujeres se miraron y el corazón de la joven comenzó a galopar con fuerza. estaba distraída. pero allí estaban esos sentimientos que le hacían imposible apartarlo de su mente. madre? ―Esta casa se ha regido por los matrimonios concertados. Algo le pasaba a su pequeña y tenía que averiguar lo que era. ¿Podría ser…? ―Haz pasar al caballero. hija? ―Me refiero a si no fuera de nuestra clase. te he llamado dos veces. ―Perdona. Pensé que era arrogante y descortés. ojalá fuera él. madre. hija. deseo que conozcas el amor. debes saberlo por tus hermanos. La doncella entró para decirles que había un hombre que quería ver a la señorita. le atenderemos aquí mismo. . Pero yo no quiero eso para ti.

Leila. y adoro el amor que siente por mi hijo. aunque fuera inferior a usted? ―Está hablando en un acertijo. había ido a buscarla. la doncella abrió la puerta y apareció la figura alta y desgarbada de Carmichael. ¿Amaría a un hombre que tiene un pasado difícil? ¿Aceptaría su amor. ―¿Me está diciendo que le gusta discutir conmigo? ―Eso y mucho más. señor Peterson. ¿Me permitiría hablar con ella a solas unos minutos? La mujer miró la cara de profundo tormento de su hija y supo que ese era el hombre que amaba. Los ojos de Leila se ensombrecieron unos instantes. Estas semanas sin lidiar con usted han sido horribles. señorita Stonner. ―Desde que la conocí. ―Señora Stonner. No se había cambiado de ropa para la visita y eso quería decir que no iba a dejar su identidad por nada del mundo. ―Cuando la amable mujer los hubo dejado solos. adoro y admiro su amor por los libros de Julio Verne. se acercó un poco más a ella. ―¿Qué hace usted en mi casa? ―He venido a preguntarle algo. ―Señor. adoro charlar con usted e intercambiar opiniones. ―El corazón de Leila martilleaba sobre su pecho de forma desbocada―. ―Leila ahogó un gemido al sentir su nombre. su hija. ¿cuál es la causa de su visita sin conocerlo? ―Si me permite decirlo. sobre todo cuando sus ojos bailan con su sonrisa una fiel danza de luz.En un momento. venciendo el temor de no ser admitido en la casa. señora. no le entiendo. La puerta estará abierta. ¿cómo lo sabía él?―. su corazón no cabía en sí de puro gozo. señor Peterson. Me llamo Carmichael Peterson. Adoro verla sonreír. no he podido evitar sentir cómo mi admiración hacia usted pasaba de la mera formalidad a un sentimiento casi rayando en la locura. ―Os dejaré solo unos minutos. ―Dígame. señora Stonner. Él. admiro su coraje ante la vida y la forma de criar a un niño . ―Gracias. ―Ella le miró a los ojos―.

―¿Crees que tu familia me permitirá visitarte? ―Ellos quieren mi felicidad. Por unos instantes. sobre todo. se acercó y le cogió las manos. Mi intención no era que lloraras. ¡soy tan feliz y te amo tanto! . ―No sé cuándo este sentimiento se hizo tan fuerte en mi corazón. y solo soy feliz cuando estoy contigo. adoro su forma de reír. adoro el modo en el que me hace sentir. pero solo sé que te amo y me gustaría que estuvieras siempre a mi lado. tal era la emoción que sentían ante lo que acababan de decir. aunque he disfrutado poco de sus sonrisas. adoro su manera de comportarse y. ambos se quedaron anclados en el sitio sin poder moverse. besándolas de forma correcta. ―Una lágrima rodó por la mejilla de Leila y se vio detenida por una caricia―. El joven ya no pudo estar por más tiempo lejos de ella.pequeño. ―No lo puedo remediar.

―Él empezó a juguetear con el tirante de su camisón. Retrocede al momento del quiebre. Un futuro. . ¿Futuro? Retrocede. para esbozar luego una sonrisa ladeada y con paso elegante situarse a su espalda. frunció ligeramente el ceño.Eres mi vida Claudia Cardozo Un hogar. Un matrimonio. te plantaste con las manos sobre las caderas. Pausa. No. Retrocede a esa mañana. el destino burlándose a sus espaldas e instándole a dar un paso más. ―Debiste reunirte conmigo. Sentada sobre el taburete y con el rostro ladeado. el corazón hecho un puño. y la esperanza al borde de un acantilado. ―Ella entrecerró los ojos e hizo una mueca triste que él no pudo ver. Regresa a ese momento cuando. La joven mujer se contemplaba en el espejo con aire ausente. cansada de rehuir la mirada. ―Desperté hace un momento. podrías haberme enjabonado la espalda. jugando con el cepillo entre sus manos. Al verla. parecía estar en un lugar muy lejano. dando paso a un hombre delgado apenas cubierto con una toalla alrededor de la cintura. ―Creí que aún dormías ―dijo enterrando la nariz en su cuello. Despertó de su ensoñación cuando la puerta tras de sí se abrió. cuando la embriagante ilusión del camino por recorrer era inocente y rebosaba esperanza. ―Prefería tomar una ducha rápida hoy ―descartó ella con voz seca y retirando la mano de su hombro con suavidad.

que había hecho ya el ademán de dar la vuelta para dejar la habitación. sí. ya recuerdo: «Considerando su origen. parecía más irritado. tanto como el medido movimiento con el que se puso de pie para mirarlo de frente. creí que habías entendido. no nos visitan muy seguido. sabes que no me gusta. no eres tonto y yo tampoco.El hombre se incorporó con lentitud. ―Ella no pretendía insultarte. ―Las palabras brotaron de sus labios antes de que pudiera contenerlas. Después de todo. ―No ocurre nada ―respondió ella bajando las pestañas para huir de esos ojos grises que parecían traspasarla. No puedes esperar que cambie sus . ―¿Qué ocurre? ―preguntó endureciendo su voz. si eso era posible. ¿no te has dado cuenta? Vamos. posando esta vez ambas manos sobre sus hombros y fijando sus ojos en los de ella a través del espejo. después de todo. ―Repite eso ―exigió con voz glacial. ―No mientas. ―¿Niña? ¿Yo soy infantil. ―¡Jamás dejaría que te ofendieran! ―Lo hacen y a ti no parece importarte. debemos reconocer que tiene sus destellos». El tono era desafiante. Él. ―¿Eso pensaste? Ya veo. ―Él no varió su tono. y la verdad era que. y yo no debo decir nada. ―¿Por qué debería? Sé que me oíste perfectamente. ―No lo estoy. Ellos también lo notan y lo encuentran muy divertido. entonces? Eso es gracioso viniendo de un hombre adulto que teme enfrentarse a sus padres. en el fondo. ¿de acuerdo? Actúas como una niña ―dijo él sin ocultar un suave tono de desprecio. ¿qué son unos insultos de vez en cuando? ―ironizó ella. creíste que tus padres pueden venir a nuestra casa y humillarme tanto como deseen. ¿cómo dijo tu madre? Ah. no deseaba hacerlo. ―No puedo creer que aún estés disgustada. se quedó estático y la vio con ira. es ridículo ―espetó alejándose con un movimiento cargado de tensión. ―Te lo dejé más que claro anoche.

que ni siquiera me mira. pero no soporto que a ti parezca no importarte. Puedo jurarte que no me afecta lo que piensen tus padres. Déjame terminar. ―Sabes lo que quise decir. lo acepto. porque no me interesa. ―No hay punto de comparación. ―¡Y ha hecho extraordinarios avances en casi un año! Por lo menos en eso le lleva ventaja a tu padre. me duele demasiado y no veo que esto vaya a cambiar. Porque estoy contigo y ellos se pueden ir al demonio en lo que a mí respecta ―casi escupió el hombre. Él la detuvo tomándola del brazo y pegándola a su cuerpo húmedo. ―No es lo mismo ―replicó él mordiendo las palabras.creencias de un momento a otro. . nunca te han tratado de forma injusta porque saben cuánto me lastimaría eso. Él pareció hacer un gran esfuerzo por calmarse. pero no creí que fuera a ser motivo de una rabieta cada vez que debieras tratarlos. Está bien. estamos juntos a pesar de todos los obstáculos que tuvimos que superar. ¿Puedes decir lo mismo de tus padres? ―lo desafió ella con la barbilla alzada. el tacto no es su fuerte. ni siquiera sé por qué me molesto ―dijo ella con voz cansada y pasando a su lado. Y supongo que la situación a la que te refieres es nuestro matrimonio ―mencionó la mujer pareciendo herida. ¿Acaso yo me quejo de las caras de desprecio de tus amigos en cuanto me ven? No. ¿qué. ―¡Por supuesto que no! ¡Ni siquiera lo digas! ―Él la soltó como si acabara de recibir una descarga eléctrica. apoyando el mentón sobre sus rizos rebeldes. se está esforzando por aceptar la situación. a ellos les importa que sea feliz y si bien no pueden fingir algo que no sienten. ―Claro que no lo es. un leve tono suplicante en su voz que ella no pudo o no quiso advertir. ―Te quiero. ¿Qué pasaría si algún día tuviéramos hijos? ¿Permitirías que los despreciaran también? ―le preguntó levantando el rostro para verlo con los ojos húmedos. no es eso suficiente? ―No podemos tener un matrimonio a medias.

no puedes ser tan irracional. En el corredor. se topó con la mujer encargada de la limpieza que lo observó espantada. aún no terminamos de hablar ―exigió. ¿Cómo podía siquiera pensar que estaba de acuerdo con la actitud de sus padres? Si los había mandado al demonio para estar a su lado. Tomó un traje del vestidor. ―Lo haría si ella no fuera tan testaruda ―musitó en tanto dejaba el adorno en su lugar. ―¡Abre ahora! ¡Lo estás complicando todo! Demonios. Vamos. ¿No tienes que ir a trabajar? ―le respondió ella con voz ahogada. ―¿Nunca había visto a un hombre medio desnudo? ¡Creí que era viuda! ―lanzó al pasar por su lado para encerrarse en la habitación destinada a los huéspedes sin dejar de maldecir entre dientes. pero se contuvo al recordar que alguna vez ella había dicho que romper posesiones no era la mejor manera de actuar cuando uno estaba disgustado. ―¡Maldita sea! ―exclamó furioso. abre ―dijo él. ―Yo no tengo nada que decir. Bien. haz lo que quieras. intentando sonar conciliador. buscó. entre maldiciones. Recorría el lugar de un lado al otro en tanto lanzaba la toalla al piso y empezaba a vestirse. que lo mejor era hablar primero. El hombre reaccionó cuando su esposa cerró la puerta del baño con furia. Justamente por eso era que trataba de ser tolerante con ellos. Solo entonces se acercó para comprobar que la había cerrado con llave.―¿Qué te horroriza más? ¿Lo que piensen tus padres o el tener hijos conmigo? ―espetó ella sin detenerse a esperar una respuesta. pero perdiendo pronto su escasa paciencia―. apenas estaban . Estuvo a punto de lanzar un pesado objeto contra la puerta. el resto de cosas que iba a necesitar para cambiarse y. es ridículo. salió del dormitorio dando un portazo. y creo que tú tampoco. no podemos pelear siempre por lo mismo. tras hacerse de todo. ―Escucha. Se golpeó con el tocador al intentar ponerse las medias y en represalia le dio una patada que terminó doliéndole más a él que al mueble.

Jane. Salió de la habitación dando otro portazo y con paso altivo. Busca a tu mejor amiga. dejar sus diferencias de lado y llevar una vida en común.restableciendo relaciones después de meses sin dirigirse la palabra. el . ¿Quizá fue demasiado? ¿Hiciste mal al permitir que la ira ganara la partida y explotara sobre tu rostro? Detente. de verdad eran felices. lo único que faltaba. Pausa. apenas dirigiéndole una mirada de reojo a su dormitorio. ella lo sabía. Te sientes perdida en un huracán de sentimientos encontrados y empiezas a preguntarte si cometiste un error. entonces. si él sabe lo que en verdad quisiste decir. ambos estaban aprendiendo a ceder. Busca a la única persona en el mundo que te dirá exactamente lo que piensa. ¿por qué lo hacía todo tan difícil? Cuando estaban solos. ―¡Testaruda! ―resopló mientras se acomodaba la camisa. susurró una vocecita en su cabeza. Busca ayuda. todo estaba bien. pero no cualquier vida. Lo último que vio antes de salir fue la figura de su mujer en lo alto de la escalera. No cualquier mujer. Quería a su madre y respetaba a su padre. Una mujer. Una danza con el rencor y los recelos cuidadosamente apilados en el desván de la memoria que empezaron a caer como cajas cargadas de resentimiento sobre la cabeza de los infortunados que se vieron presas del aluvión de recuerdos. «Como si no lo fueras tú también». La oficina estaba tan meticulosamente ordenada que un adicto al orden se habría sentido en el cielo observando cada objeto colocado en su lugar. Palabras hirientes. exasperado al reparar en que estaba hablando solo. bajó los escalones para encaminarse a la puerta. Se pasó una mano por el cabello. ella lo volvía loco y no de la manera que le gustaba.

―No me casé con él porque fuera atractivo. en todo caso ―ella hizo un gesto de frustración―. ―No sé a qué te refieres. ―Claro que sí. Sin embargo. lo mismo que todos. todo su interés estaba centrado en la figura sentada frente a sí. pero no tenías que casarte con él para disfrutarlo. ―Me refiero a si las cosas entre ustedes siguen difíciles ―replicó su amiga. aun no logro entender por qué decidiste compartir tu vida con él. Te lo he dicho muchas veces. ―En verdad no lo entiendo. que a su vez la observaba con expresión analítica. pero reconoce que esto es demasiado. no cuando se supone que tienen todo para ser felices. como si pretendiera defenderse con antelación de cualquier ataque que esperara recibir. esa menuda mujer de cabello rojo como el fuego. ―¿Y por qué te ves tan miserable ahora? No alcanzo a entender cómo puedes amar tanto a alguien y sufrir al mismo tiempo. ―Por supuesto que lo sé. bueno. ¿Por qué te casaste? ―preguntó con más curiosidad que malicia. ―¡Claro que no! ¿De dónde sacas eso? La mujer no pareció sorprendida por la rápida respuesta o el énfasis desmedido puesto en ella. eso no es lo más importante. la mujer no parecía interesada en empezar siquiera con la primera. recordando con un nudo en la garganta la charla de esa mañana. Sabes lo que pienso. ―Sabes que el amor es más complicado que eso ―su voz fue desafiante. y eso es lo que creo . es tan sencillo como eso. No es lo mismo que todo se confabule para que las cosas resulten difíciles a que uno mismo lo busque. no tienes que recordármelo. lo amo y él a mí. ojos azules y sonrisa fácil. y mucho. ¿Porque es atractivo? Lo es. ―Ella esquivó la mirada. ―¿Así de mal va todo? ―preguntó su oyente con interés. solo movió la cabeza de un lado a otro sin dejar de observarla. ―No estás preguntando eso en serio.imponente escritorio de caoba en el cual una serie de carpetas con títulos rimbombantes se apilaban una sobre otra en espera de ser revisadas.

sí. ―¿Has terminado ya? ―replicó ella. pero decidí apoyarte de cualquier forma. no lo voy a negar. . y jamás haría nada apresurado sin antes pensarlo mil veces o. ¿Explicación? ¡Lo amo! ―espetó con un resoplido. no tiene tan alto puesto en una empresa como esta si no lo fuera. dejar que yo lo vea como realmente es fue como arrancarse la piel. pero sí es sencillo. Hasta allí. aunque no lo parezca. todo bien. ha pasado casi un año y aún me miran como si me hubiera crecido otra nariz cada vez que nos reunimos. Vienes un día a contarme que estás saliendo con alguien. ―Puedo decir que sí. por ahora. Él es muy atractivo. al menos. porque eso fue. porque mi mejor amiga es una mujer sensata. Tiene mil defectos. Él me ha permitido ver cosas de sí mismo que estoy segura no ha mostrado a nadie más. ―¿Cómo puedes decir eso? ―exclamó su amiga. siempre reprimiendo sus emociones. No lo busqué. cualquier palabra que le ayudara a confirmar sus sentimientos. Lo amo. ―Sé que no resultó sencillo para ustedes comprenderlo. Calló al terminar. ofendida. para él.que pasa con ustedes. nos reúnes a todos para notificarnos. en espera de una respuesta. consultarlo con sus amigos. como si pretendiera ver dentro de sí misma y expresar así sus sentimientos con claridad. irónica. que ella se divierta. Considera el ambiente en el que creció. Al poco tiempo. una notificación. me dije. Aún puedo oír los gritos de nuestros amigos. Desde luego que me alegré. aunque no quisieras decirme de quién se trataba al principio. sorpresa! Decides de pronto tomar tus vacaciones e irte con él solo para regresar casados. las cosas se dieron así. no es que me haya despertado un día pensando en que iba a buscar a la última persona en la tierra con quien hubiera pensado siquiera compartir un café para empezar una relación y ver cómo nos iba. Sé que. y es realmente maravilloso. Pero ¡oh. no creas que no lo he notado. quién era ese alguien. no me extrañó. pero también muchas virtudes que se cuida bastante de ocultar. ―Solo piensa en cómo empezó todo. se lo tiene más que merecido. Jane suspiró y miró a un punto en la lejanía. siempre has sido muy discreta. y eso vale mucho para mí porque demuestra cuánto me quiere.

él sufriría si hiciera algo así y es lo último que quiero. tanto como se puede entender a un hombre tan complicado. bueno. Ellos son sus padres. ―Son sus padres. no se sacó precisamente la lotería con eso. ―Los amados suegros dando problemas. no. ―Por supuesto que no. Jane pareció reflexionar un momento y dudar acerca de si debía decir lo que pensaba. ¡qué sorpresa! ―Su amiga se encogió de hombros―. ―Su amiga tomó una de sus manos sobre el escritorio y le sonrió con dulzura―. He notado cómo se miran cuando creen que el otro no se da cuenta… Lo que ocurre es que me gustaría verte feliz. pero he notado que si algo lo saca de quicio. Tú misma lo has dicho. ―¿Crees que los prefiera a ellos? ―La verdad. él no es muy expresivo ni habla de sí mismo. es él quien no entiende lo difícil que resulta para mí el ver como no hace nada al respecto. tal vez no entienda. aunque no lo merezcan. como un hijo defendiendo a sus padres. ―¿Sabes? Te sonará muy extraño lo que voy a decir y tal vez luego te pida que me lleves a practicarme una lobotomía. pero creo que lo entiendo. No compitas con su familia porque solo resultarán ambos lastimados ―terminó la joven. Al final dio un suspiro resignado. ¿o me equivoco? Odió esa pregunta porque tenía toda la razón del mundo. es que odia que alguien ofenda a quienes ama.―Escucha. ―Tenemos algunos problemas. ―Eso pensé. . ―La mujer asintió. pero no te condeno. porque ahora no lo eres. no podría. desviando la mirada. ―Lo entiendes ―repitió la frase porque le pareció increíble. solo entonces parece más o menos normal. pero no dejan de ser su familia. No me aceptarán nunca. Pero no quieres ponerlo en esa posición. ―Ellos no me interesan. no importa lo que digas. No me digas que le das alguna importancia a sus tonterías. ―Sí.

pero llegó un momento en que miró el reloj con expresión desanimada y suspiró. La mujer llegó a casa apenas unos minutos después de dejar el trabajo. rendida. debía ser en privado. Seguro que seguía molesto por lo de esa mañana. y calentó una pequeña porción para ella que comió de pie. ella no se comportó mejor. Había pensado en pasar por las oficinas en las que él trabajaba. jamás le diría nada remotamente personal frente a otras personas. Al comienzo le molestaba un poco eso. molesta. pero luego llegó a acostumbrarse. ―¡Desde luego que lo vale! ―Entonces trataré de controlarme cuando quiera fastidiarte por haberte casado con él. La señora Phillips se había marchado ya. Esperó durante casi una hora a que llegara. pero le había dicho mil veces que debía dejar de huir a los problemas y atreverse a hablar cuando algo iba mal. Suspiró. Las palabras de su amiga. Dejas la pausa. De acuerdo. Futuro. Era lo usual. el que fuera tan parco para demostrar sus emociones frente a los demás. Solo ten un poco más de paciencia si crees que lo de ustedes vale la pena. su sonrisa. Matrimonio. Lavó los platos con su habitual pulcritud y dejó una nota para que él pudiera encontrarla si deseaba comer algo al llegar. él compensaba esa frialdad que mostraba en el mundo exterior cada vez que estaban a solas. Hogar.―Ya lo imaginaba. dejando la cena hecha y una nota sobre la mesa de la cocina. Subió los escalones y organizó sus cosas sobre una mesilla . Luego ella se encargaba de calentarla y cenaban en el comedor. Te aferras a esa esperanza y algunas palabras empiezan a recobrar significado. más calmada después de la charla con su amiga. dispuesta a hablar con él. bastaron para que la envolviera un súbito aire de tranquilidad y esperanza. pero sabía que si deseaba hablar con él. apoyada en la mesa de la cocina. era tan infantil. Reinicias.

solo la miró ir de un lado a otro de la habitación. ―¿Sabes lo que hice cuando llegué al trabajo? ―inquirió. ―Ella aseguró mejor la bata e . Con esa expresión autosuficiente que a veces le hacía suspirar de frustración. Él no se mostró dolido por su actitud. Él no le dijo nada. Casi dio un brinco del susto cuando se topó con la mirada gris de su esposo. dejó que la bañera se llenara mientras recogía algunas cosas lanzadas aquí y allá. pero el sueño la vencía. pero fue él quien habló primero. ―No estoy segura de querer saber. sentado sobre el sillón. Hubiera deseado quedarse un buen rato envuelta por el agua caliente. tanto como sonreír divertida. así que salió arropándose en una bata. sin moverse del asiento. Lo vio tal y como estaba acostumbrada. eres una tonta ―le dijo de pronto. Se hartó del silencio. bueno! Sus oídos estaban perfectamente entonces. Una lástima que en ese momento no tuviera idea de cuál era el caso. Lo miró boquiabierta. Se masajeó las sienes y fue desvistiéndose en el camino. ¿Pretendes competir con tus padres? ¿Averiguar quién inventa los mejores insultos? ―mordió las palabras. ―Es agradable ver que vienes con tan buen carácter. se dijo con sarcasmo. a veces. él la estaba insultando. confundida por semejante comentario. dispuesta a decir algo. temida por sus subalternos y admirada por quienes la conocían por su arrojo al enfrentar los problemas. hubiera deseado decir algo inteligente. indignada. ―A veces. Valiente mujer. dependiendo de su humor. Ella empezaba a ponerse nerviosa. ―Me oíste. eres una tonta ―repitió. ―¿Disculpa? ―No podía creer que le acabara de decir algo como eso. solo sonrió de lado.una vez que llegó a la habitación. preguntándose cómo pudo albergar esperanzas. pero no se le ocurría nada. en un extremo del dormitorio. ¡Oh.

tratándose de él. . Ella lo miró de lado. solo hablamos. ―¿Para qué? ―No pudo reprimir su curiosidad por más tiempo. ―Ella se puso a la defensiva de inmediato. ―La mujer se sentó en la cama. ―El hombre sacudió la cabeza―. Él soltó una carcajada burlona. relajando su expresión. y eso es difícil para mí. Otro comentario sorprendente. ―Él no parecía muy preocupado. aunque. pero no sirvió de nada. roto apenas por sus respiraciones pausadas.intentó respirar profundamente para calmarse. confundida. creo que claramente. ―No. pasmada por la confesión. ―Una mezcla de exasperación y ternura cruzó su semblante. ―¿Por qué me llamaste tonta? ―dijo lo primero que llegó a su mente. Eres increíble. Ella abrió los ojos al máximo. ―Intenté ocuparme de mil cosas. ¿Quién sabe? Tal vez vuelva antes de lo que espero. ―Es algo entre ella y yo ―respondió sin dudar―. y yo no te he dado nada. atacar todos los pendientes que pude encontrar. ―¿Qué quieres decir? ―Ella frunció el ceño. Pasaron unos minutos que parecieron horas antes de que ella tomara la iniciativa. Estuve pensando en todo lo que dijimos y fui a ver a mi madre. Él suspiró con expresión cansada y se levantó del sillón para sentarse a su lado. ―No puedo decir cuánto te amo todo el tiempo o lo importante que eres para mí. ese no soy yo. ―Ya veo. Tú siempre estás allí. ―¡No es por mi ego! Solo me pareció extraño. ―Te llamé tonta porque a veces no pareces darte cuenta de nada. Un pesado silencio se instaló entre ellos. ―Por supuesto que debías preguntar eso primero. me das todo. ya debería estar acostumbrada. Digamos tan solo que no la veremos en un tiempo. ―Se encogió de hombros―. ―¿Peleaste con ella? ―Ella dio unos pasos hacia delante.

―No. ¿Por qué no solo te dejas amar? No es tan malo. de verdad sé cómo eres. ―Le dio un suave codazo. ―Me parece justo ―aceptó ella.―¿Crees que no quiero abrazarte en público? ¿Besarte frente a tus amigos sin importar lo que piensen? Pero no puedo. No quiero perderte. con una sonrisa traviesa. por eso te llamé tonta. Recuerda que . No importa qué tan idiota sea a veces. dejando escapar una risa divertida. casi como si se criticara por ello. es solo que no estás acostumbrado a que te quieran del modo en que yo lo hago. ―Eres demasiado para mí ―dijo. envolviéndola entre sus brazos y hablando sobre su cuello. me quedaría solo. sé cómo eres. ―Hablo en serio. creo que lo soy. ha sido solo un momento de debilidad. haciendo una ligera mueca de dolor cuando él correspondió al agarre como si la vida se le fuera en ello. es el estar sin ti lo que me parece insoportable. y tú no lo ves. Ella recostó la cabeza en su hombro. seguro que tú podrías ser feliz sin mí. tal vez los demás no lo vieran. ―Hizo énfasis en la última frase―. para luego comentar con tono de chanza―. nada tendría sentido sin ti. No he hablado bien. siempre y cuando seas tú quien lo haga. no voy a dejarte solo nunca. ―No eres un idiota. ―No presiones. Él ladeó la cabeza. Te quiero así. aunque hagas todo lo posible por alejarme. tienes una suerte tremenda ―ella bromeó más tranquila. ―Él habló como si decir cada palabra le costara un esfuerzo sobrehumano. He pensado muchas veces en que lo más justo sería dejarte ir. Cuando nos encontramos de nuevo. pero soy muy egoísta. no lo es. ¿Sabes que nunca me habías dicho cosas tan bonitas? Debemos pelear con más frecuencia. haciendo que el suave aroma de su cabello llegara a su nariz. curvando la boca en una sonrisa al verla con su expresión tozuda. No. pero lo era. no me importa estar solo. yo era un desastre. ―Te conozco hace años. Ella extendió una mano y cogió la suya. ―Sí. e hizo un rápido movimiento para recostarla sobre la cama. Él la miró.

que cada segundo a su lado valían todos los momentos difíciles que pudieran pasar. Él se apoyó sobre los codos para mirarla con sus ojos grises. ¿Podrías? ―La verdad es que ya lo hago ―reconoció él. El camino da un rodeo y se abre frente a ti un sendero plagado de hierba fresca que roza tus pies y borra con su suavidad los recuerdos de los viejos campos áridos. ―Cada vez eres menos duro de lo que piensas. ―Tú eres mi vida. ella se había dado cuenta mucho tiempo antes. solo no lo digas ―confesó. Ella pestañeó con rapidez para despejar unas lágrimas que habían acudido a sus ojos y le sonrió. ―Podría vivir con eso. siguiendo su juego. para luego agregar:― Ahora. ―¿En serio? ―Ella lo miró. ―¿Cómo es eso? ―ella entrecerró los ojos. solo esperó con paciencia a que él lo descubriera también. Avanzas y no te detienes. yo lo soy también un poco ―habló con rapidez. Él no lo sabía aún. bajando suavemente para mordisquear el lóbulo de la oreja y susurrarle unas cuantas palabras. eres más blando de lo que te gusta aparentar ―le dijo ella entre risas. ya se lo diría en su momento. Dejas la pausa una vez más. pensando. reiniciando sus caricias.soy un tipo duro. mientras correspondía a sus besos. cambiando su expresión por una más seria. ¿podríamos dejar de platicar? Se me ocurren cosas más interesantes que hacer en este momento. ¿sabes? En verdad. pero él también era su vida. La esperanza gana terreno. . sorprendida―. lo que tú seas. Él se agachó hasta posar los labios sobre su sien. nosotros no acostumbramos decir palabrerías sentimentales ―susurró al tiempo que recorría su cuerpo con las manos.

cuando esa persona era el mismísimo Byron. un escalofrío recorrió su espalda y su piel se erizó con la cálida brisa que osó ingresar. Por una vez en su vida. como le habían dicho. impertinente. si era sincera consigo misma. ¿Cuánto tiempo más podía soportar?. Pero ¿a quién quería engañar? Ella no era una mujer por la que alguien pudiera sentir algo tan puro como lo era el amor. le hicieron una suave caricia sobre sus mejillas sonrosadas. Al igual que aquella primera noche. esperar? . solo hundirse más en ese mundo al que se vio arrastrada. el hijo de aquel que le diera cobijo. Entonces. en su delicadeza y sensibilidad hacia ella cuando su cuerpo no era más que para saciarlo? Vil destino y travieso azar que jugaban con ella. Aunque. la suerte estuvo de su lado. Como si sus oscuros risos quisieran seguir la danza que la fina tela de la cortina hacía. El corazón se le encogió en el pecho y unas tenues lágrimas intentaron escapar de sus ojos. ya lo había hecho y nada consiguió. Reprimió las ganas de desahogarse con ellas. y menos aun. por la ventana. después de todo. y conocer a Tessa le dio la oportunidad de no vivir en la miseria y llevar una vida un tanto más respetable que la que hubiera podido forjarse por sí misma.Solo mía Mimi Romanz 1 Tan inverosímil como el pulular de un pájaro en la noche o el aullar de un lobo a la luna en pleno día. Y maldita su memoria que no dejaba de traerle su recuerdo. no había sido tan malo. así se sintió Chantal una vez más. ¿por qué no podía dejar de pensar en sus bellas palabras. ¿cuánto más.

su cabello estaba recogido sobre su nuca en un entramado de rizos y más piedras. su interior rogaba porque así fuera. y borlas doradas se movían al compás de la fresca brisa que se atrevía a desafiar su peso. eufórica y temerosa. ―La mujer le acarició la mejilla―. Nadie va a hacerte daño. colocó la máscara sobre su rostro y salió al encuentro de aquello que desconocía. Tan negro como una noche sin luna. una vez más. pero solo logró morderse el labio inferior y suspirar con resignación. el tiempo corrió hacia atrás y el recuerdo la azotó como una sorpresiva tormenta de verano. con mejillas apenas sonrosadas. Las arañas del más puro cristal . esperaba su debut. Intentó poner una sonrisa en su rostro. pero tan cálido a la vez por sus tonalidades.Anhelar que aquella primera noche se repitiera era impensable cuando no lo había vuelto a ver desde esa única vez en que estuvieron juntos. Volvió a ser aquella joven que. El salón le pareció inmenso. Extensas cortinas bordó cubrían los ventanales. pero que anhelaba descubrir. expectante. Observaste decenas de veladas como la de esta noche. ¿y si siento pánico y me quedo tiesa sin poder moverme? ―Nada de eso sucederá. Solo debes dejarte llevar y vivir el momento. ―Ilusa ―se dijo a sí misma y meneó la cabeza para apartar los pensamientos. Chantal respiró profundamente. de nariz respingada y de labios gruesos en un tono carmesí. ―No temas. de ojos expresivos y color miel. Conoces los detalles. ―¿Y si no soy lo que esperan?. Su reflejo en el espejo le mostró a una joven de satinada piel. pequeña ―le dijo Tessa al acercarse con una máscara en su mano y que le entregó―. y pequeñas piedras nacaradas se unían en armonía para crear delicados dibujos que delineaban su cuerpo. Completaban su atuendo unos guantes de redecilla y unos botines igual de finos y elaborados que todo aquello que la tocaba. tan frío como el mármol del que estaba hecho. solo déjate llevar ―le repitió. Seda e hilos dorados la cubrían en una cascada de tela que iba desde su pecho hasta los pies. pero fue en vano. tranquila. Sin poder evitarlo. Sin embargo.

orgullosas. muy lentamente. se alejaron de la multitud y de los sonidos que los rodeaban. Sus mejillas se volvieron más rosadas y su corazón aumentó su. Era seducción. y que terminó por recorrer todo su cuerpo. Vagó y giró entre ellos. de sonrisas e insinuaciones. justo donde unas fuertes manos la asieron. al pasar. Sencilla y simplemente. aquel que la había elegido entre las muchas damas del salón. en una que poco tenía de propia.colgaban. Sincronizó sus pasos con los de él. lo que hizo que sus ojos se iluminaran aún más. Ya no había vuelta atrás. su vida dejaba de ser la de una inocente joven para convertirse en una mujer. Chantal no se movió ni giró. no había dejado de observarla. Se movió con delicadeza. acelerado ritmo. en lo alto y cientos de velas encendidas creaban halos de luz que centelleaban engrandeciendo la majestuosidad de la estancia. Un largo pasillo los recibió con sus matices de blancos y grises. Era magia. Se unió al gentío. el aroma de las rozagantes rosas rojas en su interior. . Las luces jugaron con las piedras sobre su vestido y pequeños destellos se desprendieron en torno a su cuerpo. aquel que. solo se pegó más al hombre que sintió a su espalda. con sus paredes que se elevaban hacia el alto techo y que presentaban enormes cuadros enmarcados en dorado. Sueños y deseos se convirtieron en fantasías. con delicados y grandes jarrones dispuestos estratégicamente para sentir. ya de por sí. toda ella brilló al son de roces y miradas. baile danzante de acordes embriagadores y melodías envolventes. sensualidad y carisma emanaron de su cuerpo como una invitación a ser vista. seduciendo. pero que le auguraba el más exquisito de los placeres. las máscaras ocultando los rostros no eran impedimento para dejar translucir lo que otras jóvenes como ella sentían o notar la experiencia adquirida de las mayores. contoneando sus caderas al caminar. un calor que comenzó en su cintura. lo intuía. El corazón le latía con frenesí en el pecho y una sonrisa logró dibujarse en sus labios. Se embriagó con la pasión impregnada en la atmósfera y venció sus miedos para comenzar a sentir. y lenta. y una caricia insinuante que traspasó su piel hasta hacerla sentir calor. Se sintió diminuta en cuanto sus pies la adentraron en ese mundo.

cada toque la encendía más. se encontró en una habitación apenas iluminada. Byron la despojó de este y la tendió sobre la cama. y sin siquiera notarlo. la consumía. un hombre que parecía imponente comparado con lo frágil que ella se sentía. y que enmarcaba su rostro anguloso. Chantal sintió que ardía más. para él. Las manos de Byron. Y ese sonido fue. seguramente. era él. tan cercanas a su intimidad. Un intenso calor se apoderó de su cuerpo cuando él comenzó a profundizar en las caricias y sus manos se adentraron por entre su ropa para sentir su suavidad. La dejó solo en ropa interior y apenas se separó de ella para observarla. inclinó la cabeza exponiéndose para él. Las piedras de su vestido repiquetearon unas contra otras al tocar el suelo cuando. intuía. que hicieron que sus latidos se acrecentaran aún más y que su respiración dejara de ser pausada y tranquila para convertirse en un tenue gemido que afloró en su garganta. bajo la tenue luz que emitían el candil ubicado en algún lugar de la habitación y el reflejo de la luna en la ventana. pero sin perder la delicadeza. lentamente. la atracción de cuanta joven en busca del marido perfecto. como el permiso que necesitaba para continuar. Ardía. No podía negar que la elegancia no solo lo hacía destacar por su vestimenta. ella descubrió al hombre. Como llamas acrecentadas por el viento. sin embargo. y él la hizo detenerse por unos segundos. su rostro. uno de los más bellos que había visto. ambos inspiraron profundamente. Era pasión que. eres tan suave como sus pétalos ―acarició su brazo descubierto―. tocó su blanca piel con los labios y la besó con delicadeza. de repente. la descalzó y le retiró las finas medias que le llegaban hasta el muslo. Por instinto. Llevaba el pelo corto. la hicieron gemir. y el perfume que emana tu piel es tan natural y embriagador como el de estas ―acercó el rostro a su cuello y aspiró esa fragancia que lo atrajo cual arena a las olas del mar. Chantal sintió su roce como una cálida caricia. se dejó llevar por el experto amante que. de . Con presteza. Así. tan suave y sensual. y Byron no desaprovechó el gesto. Enfebrecida. en un hábil movimiento.Al unísono. era. de un color que le asemejó a la corteza de los árboles en plena madurez. ―Compararte con una flor es un pecado ―susurró él cerca de su oído―.

y como esperando ver sus gestos ante cada uno de sus movimientos. ―Eres tan suave ―susurró junto a su oído al tiempo que bajaba la mano. acarició su cuerpo y terminó por dejarla desnuda frente a él. en un delicado toque que la volvió a la realidad. le acarició la mejilla y se inclinó más sobre ella para besar sus sonrosados labios en una casta caricia. Ya no hubo vuelta atrás. aunque dudaba haberlo lograrlo. Lo hizo con lentitud. . Pero ella nada hizo. Byron recorrió su cuello. hasta su intimidad―. lentamente. un interior que lo enloqueció aún más que a ella. Chantal solo atinó a morderse el labio inferior. Chantal se dejó llevar por lo que él la hacía sentir y. unos labios firmes y sensuales que ya la habían tocado. ¡Cielos! Se sentía tan indefensa y perdida que cerró los ojos en un intento por contener las lágrimas de la impotencia. tan bella. y comenzó a besar su satinada piel. llevó las manos hacia su pecho y las deslizó por su piel hasta entrelazarlas detrás de su cuello. Sintió que un temblor se apoderaba de todo su cuerpo y se dejó llevar por esa sensación mientras él comenzaba a adentrarse en su interior. aunque torpemente. Las palabras que con Tessa había intercambiado al respecto de lo que estaba por hacer con ese hombre se habían perdido en algún lugar de su mente al que ahora no podía llegar.pómulos prominentes. Un suspiro surgió de su boca en la milésima de segundo en que se separaron y tan solo eso bastó para que él tuviera acceso en su interior. tan perfecta para mí. Las caricias que él le hacía en su centro no la dejaban pensar con claridad. Chantal volvió a sentirse diminuta e insignificante como en el salón. una nariz que creyó perfecta. La distancia se acortó entre ellos cuando él se arrodilló en la cama. con la vista aún fija en ella. Byron pareció notarlo. y unos ojos de un verde intenso que no dejaban de mirarla. Gimió de puro placer y volvió a besarla y a rozar toda su piel. solo se mantuvo tan quieta como su cuerpo se lo permitió. puso una pierna a cada lado de sus caderas. Chantal casi se olvidó de respirar cuando él comenzó a desprenderse de su ropa. nada de lo que pudiera salir de su boca tendría sentido alguno en ese momento. El beso se profundizó hasta convertirse en un baile danzante de labios y lenguas. puesto que tan solo con observarlo respondía de una forma que jamás hubiera imaginado.

Necesitaba verla. sin embargo. Se adentró más en su intimidad y acarició todo su cuerpo a la vez que no dejaba de besarla. tenerla y sentirla otra vez junto a él. exhausto. Él no se hizo rogar. Si así. 2 Volvía. ―Mía ―volvió a decirle Byron como si hubiera escuchado sus pensamientos. él se hizo a un lado y no dejó de acariciarle el costado del cuerpo en ningún momento. Chantal se estremeció por el contacto. Si hasta le parecía cómico después de todo. necesitaba más para volver a tocar el cielo. sino también para evitar que las lágrimas surgieran tras comprender que el amor no era un sentimiento que ella pudiera algún día conocer. las palabras que él expresaba lograban dulcificar el temor que aún la invadía. Aceleró el ritmo con sus caderas. Chantal se acurrucó contra su pecho.―Quiero que seas mía ―le dijo al tiempo que introducía su sexo palpitante en el húmedo de ella―. que sus manos tenían vida propia y seguían el compás que él hacía entrando y saliendo de su interior. de su cuerpo. al mismo tiempo que ella. aunque tan solo fuera por una sola noche más. pero bien sabía que el azar solo jugaba con mujeres como ella y que el destino podía ser tan cruel como un traicionero juego de cartas. unidos. sin saber. fundidos uno en el otro y con el sonido de sus respiraciones agitadas que se iban acompasando. Chantal sintió que volvía a elevarse. no solo por el dolor que sintió. Y ese sentimiento se había arraigado muy dentro de su ser. Así se mantuvieron. . Suya. sin lógica alguna. Estar lejos no había logrado sacarla de su cabeza. ¿Realmente podía serlo? No lo creía posible. No cuando sabía en qué iba a convertirse su vida a partir de ese momento. pudiera ser su vida a partir de ese momento. Sin importar nada. de su corazón. solo con él. y él la encerró entre sus brazos. arremetió un par de veces más contra su centro para derramarse en su interior y acabar. a tal punto que vivir no tenía sentido sin ella. no quería cambiarla por nada. Al cabo de unos segundos. Suya ¿y de cuántos más? Cerró los ojos. solo mía ―repitió mientras empujaba más. la amaba.

Lo recibió el aire embriagador de la pasión mezclado con la elegancia que solo Tessa podía crear. ―Giró para verla a los ojos. ayúdame. pero no más que eso. ―Esta vez es distinto. esa era Tessa. Toda su concentración estaba puesta en dar con la única mujer que le interesaba: Chantal. sí ―sentenció segura de sus palabras. Ya se estaba poniendo nervioso por no encontrarla cuando la descubrió bajando por la escalera central. nada había cambiado en los escasos tres meses que había estado ausente desde la última vez que estuvo allí. ―Byron. Apenas daba alguna que otra inclinación de cabeza al pasar cerca de un conocido o de alguna joven que le sonreía.Se adentró en la casa en la que. ―Ya veo ―susurró ella―. desde aquella noche en la que volvió a amar. ―Entonces. . por favor. Esta vez te lo tomas con más calma. Recorrió el lugar con la única intención de encontrarla. hacía ya mucho tiempo. si alguien lo conocía bien. Sintió que su corazón volvía a latir y que todo a su alrededor se detenía. no me obligues a meter a tu padre de por medio. Sin embargo. Tessa. Estaba tan bella como la recordaba y tan sensual en su andar que no podía dejar de observarla. ―Me pides un imposible ―expresó él con voz neutra y volviendo la vista hacia la joven que lo había cautivado como ninguna otra. ―Solo soy prudente ―rebatió él a su comentario. cariño. ―Byron… ―lo nombró―. Él no se asombró por sus palabras. ―Te tardaste en volver ―lo sorprendió Tessa detrás suyo. pero su vista no lograba dar con ella. Era una tentación para su cuerpo anhelante de placer. ―¿Serías capaz de hacerlo aun sabiendo lo que siento por ella? ―Si es necesario. ―No puede ser solamente tuya. para que descubriera en ellos que así era. Tómala una noche más. se había hecho habitué de sus visitas. pero solo una. Sé lo que sientes por ella desde el primer día que la viste.

queriendo herirla. ―Ya no soy comparable con ellas. y en su borrachera. solo él tiene ese poder. Byron. su heredero. «Para tratar a mis mujeres como meras rameras. Pese a no ser tan joven. Byron. acaso. y sus labios eran el toque de color que. o también dejarás de ser mi hijo». Su elegancia. Apenas curvó sus labios.―No me desafíes. tú no. Sus palabras lo habían golpeado más que la traición de Catherine. su gracia y su encanto. Tenía el cabello recogido en lo alto con pequeños bucles cobrizos que delineaban su delgado cuello y hacían resaltar el blanco de su piel. casi diaria. Vete ahora. la mujer por la que habría dado todo. La luna era su única compañía y parecía iluminarle el . pero no la exclusividad. y respetarás a todas y cada una de las personas que aquí viven y trabajan o ya no podrás entrar. antes de girar nuevamente hacia ella. él solo pretendía olvidar a Catherine. Camile era la única que lograba distraerlo con sus curvas. distinción y discreción la habían llevado al lugar donde estaba.Pero sabes cuáles son las reglas para ti. sino su forma tan baja de comportarse. ―Esa joven no te conviene. levantó una de sus manos y le acarició la mejilla. atraía a cualquiera que la observara. su belleza. incluso el alcohol que tomarás allí te hará ver peor. Ser el primogénito de quien levantó este lugar te da ciertos privilegios. siendo la mayor anfitriona en las veladas que su padre solía organizar muy a menudo. Byron resopló. cariño ―le dijo con melancolía―. Su padre había sido muy duro en aquella ocasión. y no vuelvas a menos que cambies tu actitud. Esa noche vagó por las calles adoquinadas. ―¿Porque es como tú? ―expresó Byron con dureza. por favor ―le suplicó. junto a su estilizado cuerpo. en pleno silencio y con cientos de pensamientos golpeándolo a mil en su cabeza. Tessa. pues no era solo el hecho de serlo. le había dicho su padre. sus ojos podían ser tan celestes como el cielo o tan azules como el mar. Esta es mi casa. No hagas que te prohíba la entrada otra vez. no quiero hacerte recordar lo que pasó la última vez que quisiste que una de ellas ―retiró el contacto para señalar el salón― fuera solo tuya. Tessa conservaba su belleza natural. La respuesta había sido rotunda. no tenía privilegios por eso? No. cualquier burdel te sirve. ¿Por qué no podía quedársela para sí y desahogarse con ella? ¿No era.

3 . Tessa. Tessa lo vio caminar con paso seguro hacia la joven. solo mía. conocer a Chantal había trastocado una parte de su ser que. ―Tengo a quién parecerme ―dijo cortante―. desde que Byron había puesto los ojos en ella. Cualquier excusa era buena para no presentarla. Las jóvenes que llegan a mí. No me daré por vencido. ―Le dio la espalda para volver a mirar a la joven―. Y Tessa se lo ponía difícil con su negativa. Sabes que estoy en lo cierto. no me importa. Sin embargo. lo haría. Byron. Sin embargo. Aunque se nos engalane con las mejores ropas y nos ocultemos tras las máscaras. tres meses. él tenía razón. ya no sentía. ―Cariño ―lo llamó ella al notarlo perdido en sus pensamientos―. Me crié entre ustedes. sé lo que aquí sientes ―apoyó la mano sobre su pecho―. era mucho tiempo para mantenerla a resguardo―. no la dejaría entrar en este mundo. a mí. creyó. si así fuera. Byron―pronunció con un deje de nostalgia en su voz. aunque parecieran pocos. pero es con esto ―la subió hasta su cabeza― con lo que debes pensar. sin dudar. eres tan delicada con ella y la cuidas tanto que hasta pareciera que fuese tu propia hija. ¿lo olvidas? Tessa negó con la cabeza. Solo había algo que ella podía hacer y. Solo una reprimenda le había bastado para volver al cauce normal de su vida. No obstante. ―Eres muy testarudo. Pero no te confundas. solo… ―Chantal no es como ellas. a aquella que se había forjado a base de sacrificio y estudio. no dejamos de ser unas pobres mujeres que… ―Eso. No lo niegues. Chantal será mía para siempre.camino que había perdido. como lo será también esta noche ―agregó antes de alejarse y dejarla sola. he visto cómo la tratas. ―Qué más quisiera yo. intentó que Chantal no fuera como el resto. tal como su padre también lo había hecho y le había enseñado.

porque no podía llamarla de otra forma. Otra noche que debía disfrazar su cuerpo y su rostro con ropas y gestos que ya no quería. la puerta de la habitación que ocupaba le significó un nuevo dolor en su interior. sin embargo. y menos aún.Para Chantal. no pudo evitar llevarse con ella el recuerdo de Byron. pero su cuerpo hablaba por sí solo y más de una mirada se posaba en ella. pero no esperaba que ella pudiera tener el mismo sentimiento para con él. Así se mantuvo y esperaba poder quedarse así toda la noche. lo cual agradecía enormemente en su interior. Se unió al gentío y vagó entre ellos. Sabía lo que su corazón sentía por ella. su deseo no le fue concedido porque otra mano se posó sobre la suya para empujarla hacia atrás de forma posesiva y de tal forma que quedó pegada al cuerpo que estaba a su espalda. podía estar en serios problemas. Agilizó el paso y se acercó hasta uno de los ventanales. aunque estaba decidido a lograr que así fuera. Llevó una de sus manos a su pecho y con la otra se aferró al pesado cortinaje al tiempo que cerraba los ojos y ahogaba el sollozo que pugnaba por salir de su garganta. traspasar. . Para su suerte. pero lo cierto era que esa noche se sentía peor que en todas las anteriores. una vez más. ―Me recuerdas ―dijo él algo sorprendido porque así fuera. Se detuvo unos minutos antes de comenzar su descenso y ni siquiera alzó la vista como lo había hecho las veces anteriores para intentar encontrar su cara entre la multitud. Tania lograba captar más la atención con su cantarina risa y jovialidad. La suave brisa refrescó su rostro. No quería seducir ni sonreír ni sentir. si la descubrían. Esquivó a un joven que pareció interesado en ella. Uno a uno. cuando la luna llena no hizo más que acrecentarlo al rememorarle su perfecto cuerpo bajo su luz. Sin embargo. fue bajando los escalones. Su corazón se aceleró en un instante y la piel se le erizó cuando una tan conocida y esperada caricia rozó su cuello. Respiró hondo y apenas curvó sus labios en una imperceptible sonrisa cuando Tania pasó por su lado y la animó a seguir. ―Byron ―logró decir en apenas un susurro. y sus mejillas se colorearon por la osadía.

―La giró entre sus brazos y la besó con ternura―. pero no puedo dejar de pensar en ti. no podía ser real. Nada me importa si correspondes a mi amor. Esta vez no se . Chantal se estremeció por sus palabras. se encaminaron hasta su propia habitación. No es posible. ―Volvió a posar sus labios sobre los de ella y la besó como si la vida se le fuera en ello. ¿Él la amaba. Solo soy… ―La mujer que logra hacerme olvidarlo todo ―la interrumpió―. que es inadmisible. a la que amo como jamás creí que podía volver a amar. solo mía. hoy y siempre. jugó con su lengua y la apretó más contra su cuerpo que la reclamaba con fervor. Degustó su interior. como lo serás en esta y en todas las que vengan después. Chantal cerró los ojos y unas lágrimas escaparon de ellos. Serás mía. tú solo serás mía. ―Esto no es posible. a ella. Chantal. me robaste el corazón para hacerlo latir nuevamente cuando creí que ya no podría hacerlo. no obstante. ―Quise no hacerlo. Te amo. ―Aunque tenga que pasar muchos días sin ti. Chantal. conocía las reglas e intentó. se separó de ella y. aunque tenga que contenerme por tener que compartirte con otros hombres. Como lo fuiste en tu primera noche. Byron. Sé que es una locura. ―Pero… Byron acalló sus protestas colocando un dedo sobre sus labios. apartarse de él. Y no importa cuánto tenga que luchar por que estés siempre a mi lado. Y lucharé por que seas solo mía. en vano. ―Ellos no me importan. no puedo quebrantar su confianza considerando lo que hacen por mí. Debía estar soñando. Solo tú. ―No lo es cuando a mí me sucede lo mismo ―pronunció. la misma donde había sido suya por primera vez. Antes de hacer algo indecente frente a espectadores que no deseaban. la que me hace sentir como nunca antes había sentido. y me fue imposible ―se animó a pronunciar―. sin dejar de abrazarla. Tu padre… Tessa… ―negó con la cabeza―. Chantal. mi amor. pese a lo que era? ―No ―negó―.Chantal soltó la cortina y llevó la mano hacía atrás para posarla en su mejilla. Tú me devolviste a la vida.

y Byron abrió la boca para expresar aquello que ya le había dicho. antes de poder seguir adelante. Sin darle más cabida a sus pensamientos. se fundió en él y. la figura de su padre detrás de ella lo acalló. seguro de sí mismo y dispuesto a hacerle frente. Chantal se mordió el labio inferior de la emoción. Chantal giró abruptamente para verlo. pero era tan real como las mismas sensaciones que se volvían a repetir en su cuerpo como en aquella primera noche juntos. sin embargo. piel contra piel. Haciendo él lo mismo. ―Eres mía para siempre ―le susurró al oído desbordante de felicidad. la puerta del despacho de su padre se abrió de repente como si él lo estuviera aguardando. y Byron. ―Mía. Solo un gesto de asentimiento por parte de este bastó para que Byron comprendiera lo que eso significaba. temerosa por lo que ello implicaba. Ambos se paralizaron. . acariciaba su piel y comenzaba a besarla―. apenas le sonrió y animó a Chantal a que siguieran su camino en el más absoluto silencio. Todavía creía estar en un sueño. Chantal. solo sé que ahora me perteneces y nada ni nadie podrá alejarte de mí. volvieron a ser uno.detuvieron a oler el perfume de las rosas en los jarrones. La sorpresa en sus rostros al verla hizo que Tessa dibujara una tenue sonrisa en sus labios cuando la vieron salir de allí. pero antes de poder hacerlo. sus ojos reflejaban el desconcierto ante sus palabras. solo mía ―repitió al tiempo que la despojaba de su vestido. movió la cabeza. No me preguntes cómo ni por qué. se pegó al cuerpo que la reclamaba.

no dudó en correr en esa dirección. Cuando finalmente vio el claro. Con lo que no contó fue con la enorme raíz que apenas sobresalía del suelo del bosque.Regresa a mí Kathia Iblis Ignoraba a qué se debía. y extendiéndose por su espalda. estiró los brazos usando las ramas bajas y los troncos de los árboles como guía. la luz nunca parecía penetrar del todo entre las copas de los árboles como si estas la absorbieran para preservar la penumbra que abraza el suelo del bosque. sintió cómo su cuerpo era recostado con delicadeza sobre la suave hierba que aún preservaba la calidez de los últimos rayos de la tarde. y feliz de saberse segura a su lado. de inmediato la hizo saber que ya no estaba sola. le ofreció una sonrisa radiante. ―Viniste ―la voz masculina era apenas un susurro amortiguado contra sus cabellos. se preparó para el impacto… que jamás llegó. pero siempre era lo mismo. Por el contrario. sabiendo que se arriesgaba a caer de bruces en cualquier momento sin importar con que tanta lentitud caminase. Girándose en los brazos de su salvador. lo miró extrañada tan pronto las palabras se registraron en su mente. ―Yo… No estaba seguro ―lo escuchó murmurar mientras volvía a . El calor alrededor de su cintura. Teniendo cuidado de no tropezar. Cerrando los ojos. y que no tardó mucho en ser la responsable de hacerla tropezar y prácticamente catapultarse de cara hacia la dura tierra. ―Sabías que lo haría ―separándose apenas unos centímetros. A pesar de la luna llena.

acortar la distancia entre ellos, enterraba el rostro contra su cuello e
inhalaba hondo―. Cuando te marchaste… Pensé que iba a enloquecer si no
te tenía de nuevo en mis brazos.
―Yo me sentía igual, como si tuviese un enorme vacío adentro mío…
―le respondió de la misma manera, acariciando los cabellos azabaches
que tanto le fascinaban.
―Mi amor… Mi vida…―le besó las mejillas, luego rozó sus labios con
los suyos―. Mi mundo.

Ella siempre olía a chocolate, vainilla y canela. Estrechándola aún contra
él, dejó escapar un gruñido al sentirla envolverle las caderas con sus
piernas. No supo en qué momento había quedado en esa posición, pero de
esa manera su masculinidad estaba apretada contra su centro.
Pero en el momento en que, inesperadamente, el suave ondular de sus
caderas y sus gemidos cuando se levantó con ella y la apoyó contra un
árbol, le dejaron en claro que si no la detenía, se iba a enterrar
profundamente en ella.
―Amor… si sigues así, no voy a poder controlarme ―le susurró,
besándole el cuello y bajando uno de los breteles del vestido.
En cuanto vio el rosado pezón erecto pidiéndole una caricia,
simplemente volvió a gruñir complacido. Agachó la cabeza, lo tomó entre
sus labios y lo torturó deliciosamente; lo acaricio con la lengua y succionó
lentamente. Cuando ella lo mordió con suavidad en el hombro para
clavarle las uñas en la espalda, él simplemente bajó una mano y la metió
entre sus piernas para rasgar la minúscula tanga de un solo tirón.
―Por favor…
―¿Qué quieres, mi vida? ―deseaba escucharla. Necesitaba escucharla
pedírselo.
―A ti… ―Mientras luchaba por soltarle los botones del jean, algo
difícil dado lo duro de su erección, no dejaba de retorcerse en un intento
por intentar lograr su tarea, pero no queriendo interrumpir el contacto entre
sus cuerpos.

―Ángel, yo… ―Apartándose un poco, él se lo permitió, y cuando ella
sujetó su duro miembro en su pequeña mano, involuntariamente empujó
las caderas hacia adelante, haciéndola gemir al rozar ese punto tan sensible
entre sus piernas. El sentir la humedad dándole la bienvenida puso a dura
prueba su autocontrol. Quería ser suave, pero el animal en él quería abrirse
paso en su interior y poseerla hasta marcarla como suya.
―No quiero que te controles ―le susurró ella, guiando su miembro.
―Amor, eres tan pequeña… No quiero lastimarte ―Cerrando los ojos,
volvió a esconder el rostro contra su cuello. No quería poseerla como un
animal salvaje. Esa jamás había sido su intención. Quería cortejarla dulce y
lentamente.
―No me vas a lastimar. Por favor… ―El momento en que comenzó a
penetrarla y sintió la suave resistencia, sus palabras parecieron cobrar
sentido en su mente―. Solo quiero ser tuya.
¡Ella era virgen! Ningún hombre jamás la había tocado. Y ella se le
estaba entregando a él. Únicamente a él, y por completo. A él, a quien su
gente le temía y lo evitaba, y simplemente lo toleraban porque los protegía.
A él, que estaba tan quebrado que pensó hallarse más allá de toda
redención hasta que ella apareció en su vida.
Mirándola a los ojos, vio la verdad que sus labios aun no habían hablado.
Ella lo amaba.
Besándola apasionadamente, la penetró con un lento movimiento,
suavizando la incomodidad con besos y caricias. Jamás había sentido nada
como eso. La presión y el calor lo tentaban a perder el control sobre su
lado salvaje.
Mantuvo el ritmo lento y tortuoso, separándolos casi por completo para
luego volver a penetrarla de la misma manera.
―Por favor… Por favor.
Respondiendo a su pedido, aceleró sus embestidas. Quería escucharla
gritar su nombre, quería grabarse a fuego en su alma y que todos supieran
que ella le pertenecía. A él, y a nadie más.
A medida que su respiración se aceleraba, y ella le arañaba la espalda,
supo que estaba por darle su primer orgasmo. Entonces, él lobo lo poseyó,

haciéndolo clavarse aún más hondo.
―¡Dilo! ―Él gruñó, penetrándola, pero sin permitirle acabar―. Di que
eres mía.
―Por favor… ―Ella estaba loca de excitación, y el hecho de que él se
hubiese puesto medio salvaje solo la llevaba a nuevas alturas.
―¡Dilo! ―Podía ver la tensión que invadía su cuerpo, y no era
solamente por la situación. Necesitaba oír esas palabras de su boca.
―Soy tuya... Ahora y para siempre.
En el momento en que ella las dijo, todo su control estalló.
La sujetó de las caderas con tanta fuerza que supo que le dejaría marcas.
Comenzó a retroceder y clavarse más hondo en ella mientras no dejaba de
besarla apasionadamente, usando su velocidad sobrehumana.
Sus gritos retumbaron por el bosque, y el instante en que ella tuvo su
orgasmo, apretándolo con tanta fuerza que se sintió morir de placer, lo
llevó al cielo con ella, haciéndolo derramarse y llenándola con su esencia.
―Te amo, mi ángel. ―Besándola en los labios, la envolvió en sus
brazos, y aunque enterrado en ella, se dejó caer de rodillas sobre el suelo
húmedo del bosque―. Te amo. Te amo.
Fue cuando bajó a su cuello, que sintió el sabor metálico de la sangre y
notó que la había mordido. Sintió que el asco y el desprecio se retorcían en
su interior. La había lastimado con su brusca pasión.
Ella debió intuirlo porque, sujetándolo de la nuca, lo obligó a mirarla.
―Te amo. ―El alivio que sintió al oír esas dos palabras fue tan grande
que una lágrima solitaria rodó por su mejilla.
―Nunca imaginé que ibas a amar al monstruo ―le susurró
estrechándola con fuerza contra él y escondiendo el rostro en sus largos
cabellos―. Nunca me dejes. Jamás.
Sabía que sus emociones lindaban con lo enfermizo, pero eso no le
importaba.
Lo único que valoraba en todo el mundo, era ella. Su pequeño ángel que
había surgido de entre las sombras de las pesadillas y con una simple
caricia lo había hecho postrarse de rodillas ante ella, doblegando no solo al

hombre, sino también al lobo.
―¿Wolf? ―El miedo en su voz le encogió el corazón.
Apartándose para mirarla, sintió como si el mundo a su alrededor
comenzase a salir de foco, y un miedo helado lo invadió. El bosque, la
luna, el acantilado… lentamente todo comenzó a tornarse borroso mientras
las sombras parecían ir cubriéndolo todo.
La mujer en sus brazos también comenzó a volverse etérea.
Desesperado, intentó estrecharla entre sus brazos de nuevo, pero su cuerpo
parecía hacerse cada vez más inmaterial. El lobo aulló, desesperado, en su
interior.
―¿Wolf? ―Y el miedo en su rostro solo reflejaba el suyo propio.
No podía volver a perderla. Si ella se marchaba de nuevo,
simplemente enloquecería. Desesperado, miró a la luna llena. Ella era
guardiana y velaba por sobre todos ellos. Abriendo su corazón,
permitiendo que lágrimas de desesperación rodasen por su rostro,
suplicó.

él
su
y
le

―No te la lleves. Ella es mi todo ―susurró sintiendo cada vez más la
ausencia de su amada.
Haría lo que fuera para que le permitiese conservar a la joven, pero, de
alguna manera, supo que ya era tarde. Sin importar lo que hiciera, parecía
que siempre era tarde, que nunca nada de lo que hiciera fuese suficiente.
Bajando los ojos, miró sus brazos vacíos, donde instantes antes ella
había estado envuelta en las garras de la pasión; donde le había entregado
su virginidad y sangrado por él; donde le había dicho que lo amaba,
conquistando definitivamente al monstruo en él.
―¡Regrésala! ―Apretando los brazos contra su torso, le gritó al viento.
El sonido desgarrado, mezcla de grito y aullido, vibró en la noche.
El lobo tomó el lugar del hombre, y deteniéndose en el borde del
acantilado, aulló todo su dolor y su furia hacia la luna, la única testigo de
su amor y de su caída.

El amor que nunca existió
MEG Ferrero
La primera vez que le vi, solamente pensé que era un chico guapo… muy
guapo a decir verdad. Pero tampoco le di más importancia. De vez en
cuando se ve alguno y piensas: ¡Vaya, fíjate en ese chico!
Éramos un grupo de parejas que nos habíamos juntado para pasar unos
días de relax. Cada quién había invitado a sus amigos respectivos, así que
muchos no nos conocíamos entre nosotros y formábamos un grupo bastante
numeroso dentro del hotel. La mayor parte del día se la dedicaba a mi
pareja, como la mayoría, y luego nos juntábamos a ratos para charlar, reír
e, incluso, hacer algún tipo de actividad o deporte.
No fue hasta el segundo día cuando todo comenzó. Fue uno de esos
momentos que no se pueden explicar con palabras y que, todavía hoy, no
logro comprender. Yo caminaba sola por el borde de la piscina abstraída en
mis pensamientos. A decir verdad, acariciaba mi vientre ya que hacía
escasos días me había enterado de que estaba embarazada y todavía no
sabía si llorar o reír porque no tenía nada claro el rumbo que mi vida
estaba tomando a una velocidad que yo ni había imaginado. Un bañista me
salpicó y al levantar la cabeza de forma brusca por la impresión del agua
helada, todo sucedió. Pude ver de refilón su figura y, supongo que ahí se
habría quedado todo, si no hubiese sido porque al intentar volver a bajar la
cabeza y recuperar mi ensimismamiento, me percaté de que me estaba
observando y, sin saber muy bien qué hacía, supongo que casi por instinto,
volví a levantar la cabeza, quedándome paralizada, al encontrarme con su
magnética mirada en la distancia. Me observaba con los ojos perdidos,
como si estuviese intentando desvelar algún misterio atrapado en mi
interior que no atinaba a comprender y cuando, por fin, nuestras miradas se
cruzaron directamente, él no intentó disimular que me observaba y yo… no

Tal vez… Esa tarde me sorprendí arreglándome como no lo hacía desde hacía mucho tiempo. Su pelo negro como el azabache y rizado. Fue un momento fascinante y mágico que tan solo él y yo percibimos… De hecho. nadie parecía haberse dado cuenta de aquello. cuando una energía electrizante y avasalladora me envolvió por completo y mi corazón comenzó a bombear la sangre en mi pecho de una forma casi dolorosa. su mirada de mí para unirse al juego en el que estaba metido con sus compañeros. tal vez. pero fue la primera vez que le miraba en realidad. me alejé de allí diciéndome que todo había sido una ilusión de mi cabeza y que. de volver a la realidad. rodeada de unas largas y espesas pestañas que enmarcaban más aún aquellos magníficos luceros. Él apartó. de forma perezosa. vi la imagen de mi . Pero. él no había vivido ese instante como yo. mientras yo intentaba coger el aire que mis pulmones me habían negado durante ese breve instante y trataba. durante unos instantes. El mundo seguía como si nada y. de una manera casi hipnótica. infiel a mi pareja. una luz intensa y alegre. Podía sentir el fuerte retumbar de los latidos de mi corazón en mis oídos y. por un instante. Incluso me llegué a asustar por haberme sentido. Y sus labios. frenéticamente. Solo existíamos él y yo. en ese preciso instante. confiriéndole así.fui capaz de apartar la vista. sus espesas cejas que se elevaban hacia el centro de su rostro como preguntándose algo y. sin embargo. llena de vida. un cierto halo de tristeza que se veía rebatido por la luz de sus grandes ojos negros. entonces… el resto del mundo dejó de existir a nuestro alrededor y yo sentí que conectábamos de una manera sobrenatural. Mientras me maquillaba con esmero. Fue. y una especie de aura que nos envolvía alejándonos de la realidad y haciendo que todo aquello pareciese un sueño. y yo salí bruscamente de aquel aturdimiento momentáneo. cuando traté de continuar con mi paseo como si nada hubiese sucedido. sensuales y llenos. me sorprendió que. sus amigos le agarraron del brazo para reclamarle. atraían a las yemas de mis dedos. Enfadada conmigo misma por el rumbo absurdo que estaban tomando mis pensamientos. toda mi alma y mi cuerpo acababan de sentir la sacudida más fuerte de todo mi existir. Sé que ya le había visto. para que los tocase… para que los besase… En ese momento. tuve el miedo ridículo de que alguien cercano a mí pudiese llegar a oírlos.

«algo» que ni yo misma era capaz de explicar… Y esa tarde lo confirmé… Cuando nos juntamos todos en el hall para entrar en el salón a cenar. No necesitábamos hablar. me encontré a mí misma preguntándome por mis sentimientos hacia el hombre con el que compartía mi vida. cuando la gente nos mencionaba o esperaba nuestros comentarios despegábamos con dolor nuestras miradas para. Yo era consciente de que ya no me arreglaba para él y de que hacía tiempo que había perdido la ilusión… Ilusión… La ilusión que ahora mismo sentía…La ilusión por volver a ver a aquel chico y confirmar que realmente «algo» había ocurrido entre los dos. nuestra opinión. Él estaba tumbado en la cama viendo un partido de fútbol y. todo había cambiado. algo que solo él y yo sabíamos. después. Cuando salimos a la terraza. para mí. en cuanto teníamos la oportunidad.pareja reflejada detrás de mí en el espejo. ocurrió algo. nos buscábamos con las miradas… nos entendíamos con las miradas. como queriendo confirmar que nos entendíamos bien. algo que solo él y yo comprendíamos… pero algo que era real. Pero cuando llegó mi bebida. antes que nadie. Nos sentamos cerca pero no juntos. esperando que la del uno coincidiera con la del otro. como si tuviésemos miedo de que lo que sentía el uno por el otro no fuese más que una ilusión que ninguno de los dos quería que desapareciese. Él me miraba fijamente y yo era incapaz de apartar la mirada. Durante la velada. imperceptible a los ojos de los demás. De vez en cuando. para tomar unas copas. Levanté mis brazos para recoger mi bebida y algo ocurrió cuando mis . francamente excitante. ¿Por qué ya no sentía aquel bonito cosquilleo en la tripa cuando le miraba? Supuse que eran los crueles y devastadores efectos de la rutina porque lo cierto era que yo le quería…pero sentía mi vida apagada y atrapada en una espiral de acontecimientos que iban más rápido de lo que a mí me hubiese gustado. él se apresuró a cogerla. Era como si los dos tuviésemos miedo de que aquella magia pudiera romperse en algún momento si llegábamos a conocernos más. se hablaron de infinidad de temas dando. continuar con aquel recién descubierto sentimiento en secreto… oculto a los ojos de todos nuestros amigos y nuestras parejas. para acercármela mientras me miraba directamente a los ojos y me encandilaba con su sensual voz. «algo» que no había sido solo producto de mi imaginación. de repente. Era algo sutil.

Pero llegó el día de la despedida. Mi cuerpo. mi alma… se habían llenado de una luz que hacía que me sintiese ridículamente feliz a todas horas y que hacía que afrontase mi. mientras entrelazaba imperceptiblemente sus dedos entre los míos.manos se posaron sobre las suyas. Y finalmente. En aquel momento todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo se concentraron en las yemas de mis dedos para entrar en contacto con aquellas suaves y firmes manos de dedos largos y poderosamente masculinos. Yo abrazaba y besaba a todo el mundo que. mi pecho. parecían una avalancha humana que me impedía llegar a él. Cualquiera que se hubiese fijado podría haberse dado cuenta de que aquel «inocente» contacto duraba más de lo necesario pero no fue así. Le busqué rápidamente con mi ansiosa mirada pero enseguida me encontré con la suya que me observaba casi con la misma angustia con la que yo bajaba. grisáceo futuro. debido a lo bien que lo habíamos pasado. Sentía que si le abrazaba toda la gente se iba a dar cuenta de mis sentimientos y tenía un pánico horrible a comenzar a llorar sin . Cuando llegamos abajo la gente comenzó a abrazarse y despedirse con los dos besos de rigor mientras todos nos prometíamos volver a repetirlo en breve. hasta hacía tan solo unos días. de repente. Toda la alegría de los dos últimos días se transformó en angustia y una sensación dolorosa y de ahogo en mi pecho. con otros ojos y con otras expectativas. y comencé a despedirme como si luchase contra todos ellos para que me dejasen llegar hasta mi objetivo. Se me hacía prácticamente insoportable el respirar y temía que en cualquier momento mis lágrimas comenzasen a salir. Cada uno volvía a su hogar y yo… yo no quería que aquello acabase nunca. sosteniéndome la mirada mientras me sonreía de una forma que hizo que mi estómago convulsionara de placer. que eran reticentes a soltar aquel vaso. sin poder hacer nada para evitarlo y me inquietaba que ya nunca más pudiesen parar. me quedé paralizada frente a él sin saber qué hacer. Mi único objetivo… Él… Cuando por fin llegó nuestro turno. soltó lentamente el vaso. A partir de aquel momento y durante todo el tiempo que duró nuestra estancia en aquel hotel mi corazón adquirió un ritmo frenético que fue incapaz de relajar. Algo en mi pecho se rompía por momentos y no era capaz de reaccionar. Nos reunimos en el hall del hotel para despedirnos y cuando bajaba por las escaleras él ya estaba abajo junto con su novia y otras parejas.

No podría decir cuánto tiempo estuvimos así. Y nadie miraba… Nadie se daba cuenta… Deslicé mis brazos alrededor de su cuello y me dejé llevar por aquel mágico momento. Un mes en el que no pasó ni un solo instante en el que no pensase en él. Tan solo nos quedamos unidos por las yemas de nuestros dedos mirándonos a los ojos. Tuve que llamar a varias de mis amigas para que no olvidasen que habíamos prometido volver a quedar todos juntos y me inventé excusas tontas para convencerlas de que debíamos quedar cuanto antes. Sentía que él estaba tan confundido y perdido como yo y no fuimos capaces de decirnos nada. Mi novio agarró mi mano. Él hundió su cara en mi pelo mientras nuestros cuerpos se amoldaban con una perfección que asustaba. él comenzó a separarse de mí. Él me agarró suavemente de las manos con las suyas y me acercó hasta su cuerpo deslizando suavemente las yemas de sus dedos por mis brazos para acabar acariciando mi espalda fundiéndonos en el abrazo más erótico y dulce que jamás pensé que pudiese existir. Todavía en la cama me preguntaba si él pensaría en mí… si yo entraría en sus sueños de la misma manera en la que él se colaba en los míos… Y llegó el día del reencuentro. y yo acabé por girarme… e irme… mientras mi corazón se quedaba en aquel abrazo y en aquella mirada… Y pasó un mes antes de que volviésemos a encontrarnos. con una gran sonrisa.poder evitarlo. Por las noches él se apoderaba de mis sueños y cuando la alarma del reloj sonaba no quería despertar. Me sentí protegida de todos los problemas que amenazaban con engullir mi vida. Me aferré fuerte a él. pero no debió ser mucho porque cuando. Tan solo aquellas miradas aturdidas que querían hablar pero no podían… no se atrevían… y nuestras yemas se fueron separando poco a poco mientras el bullicio de las despedidas volvían a cobrar volumen a nuestro alrededor para recordarnos dónde estábamos y qué era lo que ocurría.. para informarme de que nos quedaba un largo viaje de vuelta y que debíamos partir. al fin. nadie nos miraba. La ansiedad se había apoderado de todo mi cuerpo y un estado de excitación continua hacía que no fuese capaz ni . y el mundo se paró en aquel instante. apoyé mi cabeza en su hombro y aspiré su aroma durante aquellos breves instantes mientras sentía todo mi cuerpo exquisita y firmemente rodeado por sus poderosos brazos. Pasaba los días observando las fotos del viaje y dudando de que todo lo que allí había vivido hubiese sido real..

Habíamos tejido aquella complicidad de manera invisible. Quería aprovecharla al máximo ya que aquella vez solo serían dos días y sentía que tanto mi alma como mi cuerpo lo necesitaban con desesperación. pero no juntos. anunció en alto aquello que habíamos decidido no contar hasta que pasase algún tiempo… y quiso que todo el mundo le felicitase ante mi incipiente embarazo.. un peso que me aplastaba y ahogaba sabiendo. No tardamos en reaccionar y saludarnos entre todos como si nada fuera de lo normal hubiese sucedido y representando el papel a la perfección. se convirtió en el trayecto más largo de toda mi vida. en medio del delirio del alcohol. cerca. yo intentaba coger aire y excusarme con la mirada a aquel que no hacía ni el más mínimo gesto con la cara. al . una puerta se abrió a mi izquierda y apareció él. Pero todo cambió la noche anterior a la nueva despedida. Él se había sentado frente a mí y nuestras miradas jugaban continuamente en un baile de entendimiento y un aura de ternura.de probar bocado. Nuestras miradas se quedaron atrapadas la del uno en el otro y yo sentí que volvía a respirar profundo por primera vez desde aquella separación en aquel hotel. Yo me sentía nuevamente feliz y completa hasta que mi novio. jamás. Esta vez nos veríamos en una casa rural que no quedaba muy lejos de dónde mi pareja y yo vivíamos y aunque el viaje era corto. de repente. que nunca sabré cómo conseguí no derramar. medio achispado y lleno de orgullo. Mientras todo el mundo silbaba y vitoreaba. fascinados con la llegada del nuevo miembro del grupo. Estábamos todos sentados alrededor de una gigantesca mesa mientras cenábamos. Como siempre. con una desesperación asfixiante. y me giré enfrentando su mirada que se hallaba clavada en mi rostro. Incluso antes de enfrentar su cara pude notar su mirada acusadora cayendo sobre mí como un peso que no me dejaba moverme ni respirar. apenas podía respirar buscándole entre todos los que ya estaban allí instalados y. La estancia se convirtió en la misma intensa luz alegre que me había llenado y que había vivido durante aquellos cuatro días en el hotel. Me sentí mareada y luché contra las lágrimas.. Cuando llegamos. y yo. Necesitaba nuevamente aquella ilusión… la ilusión que él me daba. delante de nuestros amigos y parejas. Su rostro reflejaba un hondo dolor. que algo dentro de mí acababa de morir y que aquel sentimiento que me había devuelto a la vida durante el último mes. ya no volvería. a tener cabida en mi vida.

delante de todos nuestros amigos. Una incomprensión que mi novio achacó enseguida. Me fundí en aquel abrazo envolvente con olor a despedida y separación y no pude contener más el llanto que me desgarró cuando comprendí que todo había terminado y que él. volvieron a reír y tan solo él y yo supimos lo que aquello había significado. Cuando los abrazos y achuchones de la gente me empujaron hacia él y nos quedamos enfrentados mirándonos a los ojos creí que no me hablaría pero… su rostro cambió de forma sincera. lloró por mi cobardía y lloró por no haberme sentido francamente feliz con aquella vida que se desarrollaba en mi interior y que era todo lo que siempre había deseado en el mundo. de continuar cada cual con su camino. En el amor puro y verdadero que llegué a . avergonzada. Me gusta la vida familiar que llevo y sé que quiero muchísimo a mi marido. todavía en brazos de él. entre risas. Bajé mi mirada. en el fondo. abrazarnos y besarnos llenos de dicha. Primero me observó pensativo. y luego una ligera pero franca sonrisa se dibujó lentamente en sus labios mientras extendía sus brazos hacia mí para darme la enhorabuena. Tan solo él y yo supimos de la existencia de aquel amor… Han pasado muchos años desde aquello y jamás nos hemos vuelto a ver. todos se relajaron. hacia mis manos que reposaban sobre las piernas y mi alma lloró amargamente en silencio. Ahora que mi vida está establecida y es un remanso de paz. lloró por lo que acababa de perder. de hecho. casi como aquella primera vez. Aunque no hay una sola noche en la que no me acueste y piense en él y en todas y cada una de las sensaciones que despertó en mi interior. como si no le importase que nadie pudiese sospechar que algo pasaba entre nosotros. La gente comenzó a levantarse para felicitarnos. sé que soy feliz. durante aquel abrazo y aquel intercambio de miradas. Y… sé que no me arrepiento de la decisión implícita que aquel chico y yo tomamos aquella noche. Yo ya no era capaz de sentir nada en aquel revuelo que notaba totalmente ajeno a mí. a las alteraciones hormonales que me habían acechado desde el principio del embarazo. Todo el mundo se calló de repente al oír mis sollozos y sus expresiones se llenaron de sorpresa e incomprensión. él habrá sabido de mí. sentí cómo algo se desgarraba dentro de mí. He sabido de él igual que.verle allí quieto con aquella expresión y aquella mirada que no apartaba de mí. Allí. se sentía feliz por mí. algo que murió aquella noche en mi interior y que yo jamás fui capaz de recuperar. nunca dudé de que le quisiera. supongo.

sentir por él. Un amor que se forjó en silencio y sin palabras. Unos días que llenaron de significado mi vida y la cambiaron por completo… y para siempre… Un amor que sé que jamás olvidaré aunque solo fuese un amor.… nunca existió… . que a los ojos del mundo entero. de una manera sutil y en tan solo unos días.

perpetúa miles de pensamientos y. Sin embargo. más allá de la miseria o felicidad de cada ser. ayudaban a recordar la festividad. simplemente. a la vez. aunque inocente.Recuerdo de un amanecer Julianne May Siempre me he cuestionado qué es el tiempo. a cada instante. mientras solo él es quien se regocija del placer en su inamovible eternidad. Pero ella… ella no era de allí. hace de la juventud un sinfín de espacios agrietados sobre la piel de quien sea. durante muchos años. su rostro serio. por sobre todo.. Todo era igual a como cada año que se celebraba. ocultar las identidades de los bailarines. intentado. descubrí que ciertos recuerdos ―solo algunos y muy peculiares― son inmunes a su impetuosa fuerza… Así. ¿cómo olvidarlos? El club estaba atestado de gente y no se podía esperar menos en una noche de carnaval típica de la década de 1940. su efecto es tan indiscutible como su poder. Era una belleza tentadora que todo hombre intentaría conquistar si no me apresuraba. paisajes otoñales en vistas veraniegas. Es que. Pero. inútilmente. pero ¿qué iba a hacer? Su rostro serio .. y solo hoy me doy cuenta que no tenía sentido reparar en ello. Sin duda. por la inminente muerte. y su figura vestida al modo de una bailarina rusa eran un paisaje definitivamente nuevo para mis ojos. Su piel de porcelana.. que nuestra vida no es más que un efímero suspirar atentado. No obstante.. me remonté a sus dorados cabellos. ¿quién puede negar su poder? Convierte niños en adultos. recuerda. en mis últimos minutos. deja otros millares en el olvido del anonimato. pues sus efectos fueron tan o más reales que mi propia incertidumbre. lo respeté al modo de una divinidad incuestionable. y las risas. Los antifaces se movían de un lado a otro al compás de la música. desde su nacimiento.

no pude pensarlo de otra manera: era mi oportunidad. Sin embargo. y nuestra bella bailarina. y esto no agradó a nuestro simpático soberbio caballero que. dejando atrás aquella intensa escena. las manos me temblaban como un papel y el sudor corría incesante por mis sienes. gracias a la magia del carnaval. con su escandalosa gracia. un indefenso pichón de gorrión a punto de intentar su primer vuelo. luego de pronunciar varias intensas palabras. Pues bien. Sentí que el poder y la seguridad. El silencio duró unos segundos más. es verdad. desanimada y sola a la espera del fin de la noche. No tenía que hacer más que acercarme e intentar hablar. se hizo un breve silencio.denotaba una mujer temeraria que con solo verme acercar lanzaría una mirada. el tiempo se esfumaba y los hombres que se le acercaban eran. sino también con el lado derecho de su cara y el poco orgullo que le quedaba. está en un grave error. quien cree que ese tipo de cosas no ocurren. acabando no solo con sus esperanzas de conquista. el bullicio de la alegría retornó sin problemas. que solían . sin dudas. ¿Qué demonios me sucedía? ¿Dónde estaba el elegante sinvergüenza dueño de la noche porteña? Parecía mi primera vez. pero. Y allí estaba la inexperta bailarina rusa. tomó su antifaz de la mano del sorprendido y marchó a la otra punta del salón para sentarse y esperar tranquila a que su rostro. otros. volviera a su normal blanco inmaculado. Como si Dios lo hubiese puesto allí. unos tras otros. la joven bailarina rusa se dio la vuelta. con una risa nerviosa. Sí. sin éxito. como lo más divertido de la noche. y se estampó sobre la mejilla del frustrado. despachados sin consuelo. Sin lugar a dudas que logró estar más minutos que los otros. los resultados no fueron muy alentadores que digamos: la mano de la muchacha fue tan veloz como el giro que dio su cuerpo ―juro que cualquiera hubiera creído que era una bailarina real―. Luego de intentar. entre ellas la más delicada «desgraciado». pero yo. dándole la espalda. muchos lo vivieron como un momento incómodo. dejándome en claro que lo único que conseguiría de ella sería el pase de salida. un descarado joven apostó a su simpatía y descortesía como forma original de captar su atención. Sí. No tenía muchas opciones. Sin embargo. de una izquierda imbatible. rojo furioso. le arrebató el antifaz a la joven en busca de recuperar su imagen ya hundida en la ridiculez. aunque creo que no como lo hubiese deseado. mientras mi cabeza solo daba más y más vueltas en busca de una estrategia exitosa propia de la fantasía.

negando con la cabeza. señorita… Se sonrió y. ―Pues. Balbuceé y. No había opción. arqueó las cejas e hizo un gesto de indiferencia. Ella. sus movimientos. . Respiré profundo. si no se ofende. ―Increíble. intentando reprimir una sonrisa. Si lo desea. si usted lo prefiere. Amanda. puede llamarme. dejando a la vista aquellas hermosas piezas blanquecinas. ―Volvió a sonreír. eso depende de usted. ¿también tendré la fortuna de sentir su mano sobre mi mejilla? ―pregunté irónico y con mi típica sonrisa formadora de hoyuelos. levantó sus dos hombros de manera simultánea. y su rostro. no tengo inconveniente en llamarla señorita bailarina de porcelana. No ha dicho más que unas pocas palabras y ya pretende mi nombre. Mis pies decidieron por sí solos. Amanda.acompañarme cada noche. Bien… Comparto en que sería demasiado extenso. respiró profundo y levantó la vista. su carácter… Como sea. Aguardó unos segundos. tratando de esquivar mi mirada. estaba en ruinas… y a dos pasos de su mesa. No me deja opción. simplemente. apuntaba a mi figura. metí una mano en el bolsillo y con la otra señalé la silla vacía que estaba frente a sus narices. ya estaba allí.. clavando sus oscuros ojos en los míos―. extrañado. apoyó su cuerpo sobre el respaldo para volver a hablar. tal vez. ―Es más astuto de lo que su sonrisa anuncia ―dijo. habían sido absorbidos. me senté y traté de retornar a aquel hombre de fácil habla y conquista. por sus ojos. ―Pues. ―Si me siento aquí. me gustaría halagarla con una observación más ―dije. señor Ángel. Pero nada se comparó con su melodiosa y dulce risa que no hizo más que hundirme en la fascinación. aunque esta vez con la mirada baja y el rostro sonrojado. ¿no lo cree? Esta vez rio de tal manera que sus labios se abrieron. buscando nuevamente su mirada. Sus ojos se elevaron a los míos e. al notar que las palabras no saldrían. ―Bien. señor… ―Ángel. simplemente.. pero tal vez sea un tanto extenso. esperando alguna reacción de mi parte.

¿está usted bien? ―preguntó con los ojos inocentes como los de un pequeño venado. Es que me he quedado pensando en… De pronto. pero por más increíble que sea mi creatividad. se acercó permitiéndome sentir el delicado perfume que provenía de su frágil cuello. suspiró con un aire propio del fastidio y cruzó los brazos. Me acerqué hacia el centro de la mesa y la invité a que hiciera lo mismo para decírselo a modo de un secreto. Y mientras buscaba acomodarse y bajar el rubor de sus mejillas.Entrecerró los ojos. Y ahora. ¡Si hubiera sabido lo que me pasaba! ¡Qué bella inocencia! ―¡Oh! Perdone. y ella me miró sonriente. Pero mi imaginación iba más allá. segura de lo que había dicho. es que justamente estaba pensado en este tema musical. ―Tiene una izquierda increíble ―le susurré graciosamente. Noté que unas delicadas pecas decoraban dulcemente su piel y que las gruesas pestañas enmarcaban a la perfección sus enormes y almendrados ojos. de contenerse. con una inocente soberbia. Perdone. Amanda. sería imposible imaginarlo a usted bailando este ritmo ―aseveró con una sonrisa y elevando las cejas. al escucharlo. frunciendo el ceño―. no se me ocurre más nada que invitarla a compartirlo conmigo. ―Reí. Le había robado una sonrisa más. ―Humm… Señor Ángel. segura de que no le agradarían mis prontas palabras. Imaginaba e imaginaba hasta que su voz me regresó a la realidad. señor. yo no podía quitar la mirada de su rostro. Deseaba tomarla de la pequeña cintura para fusionar su cuerpo con el mío y sentir su calor y aroma hasta el fin de la noche. soñaba con ferviente locura desarmar y hacer a un lado sus bucles dorados para besar aquel fino cuello que se escondía misterioso. avergonzada. Cerró los ojos. señorita Amanda? ―¿Usted se refiere a bailar? ―expresó. ―¡Oh! ¿Pero quién lo hubiera dicho? Con un rostro tan dulce. . y rio tratando. ―Disculpe. la orquesta comenzó a tocar uno de mis temas favoritos de fox-trot y no tuve mejor idea que responder a su pregunta con una impulsiva y arriesgada invitación. jamás la hubiera imaginado dando ese tipo de opiniones. ¿Qué dice. Confundida con mi conducta. nuevamente.

No le di chances a que hiciera algún movimiento que no fuera guiado por mí. Reía. Miró hacia un costado. pero. ¿Quién iba a decir que me robaría. sin quitarle la mirada de encima. Sonreí y mi corazón latió más fuerte que nunca al tomar su delicada mano. Y sí. señorita. enderezó su figura mirándome directo a los ojos. ella no lo sabía. Impulsiva. le apuesto lo que usted quiera que soy capaz. volví a hablar. pequeña bailarina ―respondí sonriente. ―Pues. Y. Era claro que la victoria sería mía. la hice danzar como nunca en su vida. satisfecha y. y sus bucles saltaban de un lado hacia el otro. ―Sin dudas. Sí. extendió su mano derecha y aclaró. gozaba de una aparente victoria. en tan pocos minutos. Ella arqueó las cejas y sonrió superficialmente. Sin embargo. de bailar esta pieza ―aseveré con una mirada retadora. sorpresivamente. sin dejar de mirarme. es bastante desafiante. ambos clavábamos nuestros ojos en los del otro. le aseguro… no. negó con su cabeza hacia un lado y hacia el otro. Su sonrisa se extendió de tal forma que no pudo evitar emitir aquella carcajada dulce y divertida. ya veremos. en cuanto se presentaba la oportunidad. tantos suspiros juntos? Era una locura. O mejor dicho. crucé mis manos y. Y yo… Yo no podía hacer más que gozar de su alegría. ¿Cómo podía ser una criatura tan bella y salvaje a la vez? Apoyé mis codos sobre la mesa. luego de unos segundos.Se mantuvo en silencio y. y hasta mejor que usted. por suerte. Era uno de mis temas favoritos y encima de los más practicados con mi orquesta. Yo seguía inmutable a la espera de su respuesta. señor. Reía natural. Sus ojos se abrieron de par en par por la energía que le hice sentir en todo su cuerpo. mordió su labio inferior y. es de pocas palabras. por lo que veo. ―Le advierto que desde el momento en que pise la pista. no lo supo hasta que la tomé de las manos y. era una locura… . Sin lugar a dudas. Era única. Nerviosa. sin perder la sonrisa y el nuevo rubor en sus mejillas. no. pero contundentes. ya es hombre derrotado. libre. sin descanso y al compás de la música. Otra vez me había sorprendido y fascinado.

desconcertada con mi idea. El tema justo había llegado a su fin. perspicaz. No quería que notara el fastidio que me habían generado aquellas palabras―. sonrió nerviosa al ver al joven. tímida. ―Oiga. creo que no hace falta que se lo diga si lo puede ver con sus propios ojos… . Tragó saliva y me miró unos segundos sin poder decir nada. ―Disculpe. Pero bueno…. ―¿Pero qué cosas dices. sobre aquellos deseosos hombros blancos. continuó―: Salvador aún no es mi prometido… Quiero decir. Juana? ―cuestionó ofendida. usted. tomó su lugar. sin ningún problema. Tendrá que olvidarse de mi prima. Ella giró su rostro y. Bajó la mirada y. mirándome a mí y luego a ella que no quitaba sus ojos de los míos―. para evitar confusiones. de su estado ensoñador y parpadeó varias veces. Amanda despertó. Luego continuó―: Perdone por lo que voy a decirle. ¿Se siente bi… ―empezó a preguntarme Juana hasta que. ¿comprende? Al oír aquellas palabras. confundida. repentinamente. pero no tiene ninguna chance. Verá. su prometido llegó hace solo unos segundos y no le agradaría ver esta escena.―¡Amanda! ―expresó una morena asustada y con los ojos inquietos. sus orejas están demasiado rojas. Entiendo la situación y lo que menos quiero hacer es ponerla en un aprieto. De pronto. Suavemente. aunque la otra joven. Si no le molesta. Amanda soltó mi mano y su rostro cambió al de una jovencita en aprietos. puedo bailar con su amiga Juana. pero Amanda no podrá seguir bailando ―comentaba nerviosa. Un hombre apareció detrás de su frágil espalda y posó sus manos. Amanda ―interrumpí serio y rápido. Sus cejas se fruncieron y su mirada fue fulminante a la de la joven asustada. Acabo de escuchar que ese es su nombre ¿verdad? Amanda. Sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza con furia. la sangre se me hirvió hasta hacerme sentir el calor en todo el rostro. no es que no sea mi… ―Quédese tranquila. La muchacha me saludó con una sonrisa fugaz. y susurró en el oído a mi bailarina. su… sí. giró su rostro hacia donde estaba Amanda. al mirar mis ojos. de puro compromiso. aseveró tímida y se alejó hasta la mesa en la que habíamos estado sentados largos minutos debatiendo sobre mi capacidad en la pista de baile.

Luego. Juana. no hice más que dar innumerables vueltas a la manzana. Echaba chispas de la furia de solo saber que ella. pues allí estaba. Así que le voy a pedir que. la gran pregunta era. por lo que han dicho. en realidad.―finalizó. estaba con un hombre distinto a mí. Mis ojos solo ven a una inocente e insegura criatura acorralada por un buitre que aún. Claro. si de locos hay que hablar. por sobre todo. mi nombre era el primero de la lista. seguro y alegre. es más. ―Quédese tranquila. la alegre música había llegado a su fin. antes de despedirme. continué―. aquella impecable belleza dulce y salvaje. no fue una expresión meramente impulsiva. Tome mi palabra ―aseguré con una sonrisa poco confiable y que la joven develó al instante. como caballero. aunque asustada otra vez. Miré a Amanda una vez más desde lejos y marché. no había sido más que una joven que conocí . En cuanto salí del baile de carnaval. Le puedo asegurar que jamás molestaré a su querida prima. Pero. Ahora. *** Cuando dije que era una locura. el problema era que. ¿quién diablos era yo para cuestionar aquello? O. no debía molestarme. ni siquiera es su prometido. Tomé la mano de la joven con mis dos manos y. y si bien aún no era su prometido. sonriendo y levantando las cejas. No. señor ―afirmó indignada―. La joven abrió los ojos como dos platos y fulminó los míos. no. ―¿Usted escucha lo que está diciendo? ¡Ni se imagina lo que puede pasar si empieza a cortejarla con sus estrategias baratas! Y de más está decir que mi prima no es de esas chicas a las que usted está acostumbrado a conseguir. ¿cómo llegué hasta allí? Bien. pues aquel joven no era ni más ni menos que su novio. agachando la mirada. ―¿Ninguna chance? ―cuestioné. por más hermosa que fuera Amanda. volví a hablar. ¿por qué me había molestado si. pensando en qué hacer. desde ya tenía más derechos de lo que yo podía pretender para mí. muestre respeto y la deje en paz. Otra vez. Ella no es para usted. sentado en la confitería de la esquina a la espera de su presencia.

escuché cómo unas efusivas uñas golpearon el vidrio de la ventana. desesperanzado. a primera hora de la mañana. Amanda corrió con sutileza su fina boca hacia un costado. ―¡Oh! ¡Pero qué sorpresa! ―exclamé alegre al salir del local. desde ese entonces. tomé el último sorbo de café. junto a la ventana que me permitía. solo seguí lo que mi impulsivo carácter dictó. una confitería sería. Estaban solos. Gracias a Dios. Dejé de dar vueltas como un trompo y esperé en la esquina a que saliera del club. desaprobando mi presencia. eso es algo que no pude responder esa misma noche… Y. silenciosa. Mi corazón latió como nunca e hice lo mejor que se me había ocurrido. observar casi sin pestañar en dirección a su casa. El joven la miraba con fuerte intensidad en busca de una misma respuesta. comencé ese mismo día. sutilmente. pero Amanda. sin esperarlo. Y así fue. a punto de retirarme. ni un solo movimiento. eso hice… y pude ver lo que. incómoda. los tres marcharon hasta llegar a una casa cercana al lugar ―y a mi casa. por eso. sonrió tímida y fugazmente como forma de saludo de despedida. por cierto―. y menos haber visto a Amanda suspirar de alivio. Juana. Sonreí. al notar que Amanda aún miraba el suelo. en cuanto ella empujó suavemente la puerta para entrar. su vestido con ambas manos. Pero nada ocurría. café tras café. se alejó despacio para besarle la mano y retirarse sin palabras de por medio. el joven la tomó del brazo y. Sin embargo. me motivaría a seguirla sin excusas.efusivamente en la noche y con la que solo había cruzado unas pocas palabras? Bueno. Esperé una hora más y. en uno de esos fugaces instantes en los que volvía a pedir un nuevo café. El hombre abrió sus ojos y. a milímetros de apoyar sus labios. por eso. Me senté. Quizá. furiosa. Giré mi rostro y. No obstante. Amanda había salido sin darme la chance de volver a encontrarme con ella. ―¿Debo expresar que eso incendió mis orejas de rabia? Creo que no es necesario―. Al salir. No tenía por qué dejar pasar el tiempo sin sentido y. Sí. haciendo que este simplemente la besara en una de sus comisuras. miró a ambos y se despidió ingresando. mi punto estratégico para conquistar a Amanda. Jamás olvidaré ese momento. la acercó a su cuerpo para besarla. Juana frunció las cejas y apretó. unos asustados y furiosos ojos me miraban. llegando casi a la esquina y de la mano de enfrente. . Sin embargo. en adelante.

¿recuerda? Además. lentamente. señor? Si es por tomar café puede hacerlo en otros lugares y más cercanos a su hogar. simulando sorpresa―. finalmente. ―¿Yo? ―pregunté. pero no entiendo qué puede tener que ver este encuentro con lo que usted me advirtió. déjeme decirle que soy un ferviente amante del café y me es imposible abandonarlo por un simple. ¿no lo cree? ―expresó irónica. Tal vez sea algo que deba preguntarle yo a usted. La joven. volvió a mirar hacia la puerta de su casa y. señorita Juana. mirándome directo a los ojos y con una dulzura indescriptible. indignada. aunque esta vez más nerviosa y mirando constantemente hacia su casa. intentó acercarse a la puerta de su casa que. Ya le he dicho que no molestaré a su prima. abrió sus ojos y labios. con su cabeza―. se abría. Los nervios me carcomían. en cuanto levantó su rostro para ver quién la estaba ayudando. exaltada. emitiendo un suave y ligero suspiro de sorpresa.―¿Me puede decir qué hace usted acá? ―inquirió seria y nerviosa. señor. y sin sentido. sonriendo con astucia. la puerta se abrió. ―¡Lo que faltaba! ―expresó mientras negaba. . Juana. elevó la vista y puso los ojos en blanco al ver a su prima en tal estado. alterada. ―Disculpe. ayudé a que la joven se pusiera nuevamente de pie. Creo que fui más que clara ayer por la noche. capricho suyo ―dije. ―Volví a sonreír. Usted sí que no tiene vergüenza. aunque por dentro estaba reteniendo un enorme deseo de reírme. continuó―: En fin… Deje a mi prima en paz. Corrí y. ―¡Oh! ¡Juana! ―exclamó Amanda sorprendida al ver a su prima tendida en medio de la calle porteña. Amanda hizo lo mismo y. que no hacía más que maldecir al empedrado mientras sacudía su vestido. ¿o hace falta que se lo repita una vez más? ―cuestionó. Y. Asunto terminado. haciéndola caer sin remedio. Yo trataba de disimular el fuerte latido de mi corazón. ―Ángel… ¿qué hace usted aquí? ―preguntó. Al instante. ―¡Vamos! ¡Por favor! ¿Cree que nací ayer. Pero la calle empedrada y sus zapatos de tacón se volvieron mis más fieles aliados.

¿Cómo puedes interrumpir así a quien te acaba de ayudar? Ni si quiera le has agradecido… ―expresó con reprobación. sí. Juana se quedó sin palabras y se obligó a guardar su frustrada negación al escuchar a su prima. Verá… Es complicado de explicar… Es que yo… ―Estaba tomando café en la confitería de doña Cecilia. seria y segura. Luego.―Pues… Buen día. tendiendo mi mano hacia la suya. ―¡Claro! ¡Qué horror! ¿Cómo he olvidado tal cosa? ―dijo de forma exagerada―. haciendo que las dos jóvenes frenaran al instante. interrumpí. y adiós ―finalizó. continué como pude―. Será un placer. volví a actuar desde mi impulsivo carácter. Amanda parpadeó varias veces y miró hacia atrás para saludarme como pudo. señor Ángel. simplemente. ―¡Juana! Déjalo hablar. amagué a levantar la mano y a contemplar cómo se iba alejando de mí. ―¿Es molestia si las acompaño? Juana miró a Amanda de forma fulminante y. acomodando la garganta y el pelo. señoritas. ―Por supuesto. Amanda ―expresé. por favor! ―grité animado. Pues. ―¡Esperen! ¡Amanda! ¡Espere. ―¡Claro! Sí. señor Ángel. Amanda ―interrumpió Juana. eso es… Es que vivo cerca de aquí y me encanta degustar café. . por eso… ―Sí. dando la media vuelta y llevando consigo a su prima. ―Es que no puedo dejarlas caminar solas por aquí. Pero ¿en qué demonios estaba pensando? Después de todo el tiempo que había calentado la silla en la confitería. a punto de expresar un rotundo «no». Corrí hasta ellas y. Tomó a Amanda del brazo y tironeó con la intención de que ambas marcharan. gracias. Es peligroso y lo mínimo que puedo hacer es ofrecer mi compañía. no podía quedarme con el mero recuerdo de otras pocas palabras y la cómica caída de su prima. Yo. ya entendió ―volvió a interrumpir la joven del tropiezo.

déjeme decirle que no es la flor más adecuada para usted. ―Antes que nada. tomando la flor y acercándola a su pequeña nariz pecosa. Corrí rápido hasta allí y pude escuchar cómo Amanda me llamaba sorprendida.*** Así. Si digo que no es adecuada para usted. ―Usted sí que es atrevido. le ruego que no se preocupe. su prima ingresó sola al último. dejándonos ―afortunadamente― solos. pero sí. Ella rio sonrojada―. si usted lo cree así. Al instante. ―¿No? Pero ¿por qué? ―cuestionó preocupada y con la mirada triste. Ángel. ―Disculpe si la abandoné. paseamos un largo y extenso rato hasta que se hizo el mediodía. pero. Pero si usted me lo permite. su prima saldría del negocio. ―Lo de atrevido lo tomaré también como un cumplido ―dije gracioso―. pero no puedo negar que también es muy caballero ―respondió. No es que fueran las mejores horas de nuestras vidas. ―Pues bien. y muy pronto. las esenciales para lo que haría en adelante. . pude ver que en la vereda de enfrente yacía un milagroso puesto de flores. dígame ―dijo mientras observaba cómo. es con la intención de recordarle que este tipo de flor no es suficiente ni comparable con su belleza. puedo dar una explicación seria y real a esto. a lo que respondí con una sonrisa y un gesto con la mano para que aguardara unos segundos. Y no me pregunten cómo es que tengo tanta suerte. seguramente es porque es bastante humilde ―respondí con una mirada pícara. regresé y las mejillas de la jovencita se encendieron sin remedio alguno. Y luego de varias visitas a distintos comercios. De todas formas. Amanda. quizá. pero me fue imposible negarme a esta belleza ―afirmé empalagoso mientras le ofrecía una rosa colombiana de imponente rojo oscuro. ―Bueno. ―¿Debo aclarar que también es demasiado exagerado? ―inquirió divertida y levantando las cejas. mientras Amanda revisaba su bolso.

―Sí. No lo diga. Usted ya sabe que… ―No. ―Bien. Pues. No tenía más opciones. como sea. claro… la rosa…. Y. señorita Amanda ―finalicé sonriente y levantando la mano en forma de saludo. al notar que en cuestión de segundos su prima estaría nuevamente con nosotros. ¿qué es eso? ―¿Eso? ―repitió.―Mmmmh… Pero creo que es una explicación extensa y que no tiene desperdicio ―afirmé y. eso es… ―afirmó insegura. jovencitas ―dije resuelto y seguro―. sonriente. como quiera. a solas. ¿en qué demonios había pensado? Pues. regalándote una flor… ―dijo sarcástica y fulminándome con sus saltones ojos―. por favor. si . Ángel. la pregunta era. Ahora sí. hasta que recordó la rosa que sostenía―. pues…humm… Esta rosa me la acaba de obsequiar la esposa del florista de aquí enfrente… Sí. Entonces me despido. bastante atrevida. Tengo una mejor idea… ¿qué le parece si esta noche. resaltando la última palabra. Tal vez pueda explicárselo alguno de estos días y. vienen a disfrutar de nuestra música? ―finalicé. con el mayor de los respetos. Entiendo su situación. ¡Ah! ¡Esto! Sí. ―No creo que eso sea posible. ¡Ah! Eso sí. Amanda sonrió. ya es hora de marcharnos… y solas ―finalizó. con los ojos llenos de ansiedad y exagerada esperanza. las espero esta noche en la confitería Richmond. Permítame corregirme ―interrumpí arrepentido―. usted con su prima o novio. sin dar chances a una respuesta. Tomo su palabra. ―Amanda. así que volví a mi papel impetuoso. Juana ya estaba allí. no. Amanda quedó boquiabierta y su prima solo la miraba con el ceño fruncido. me marché rápidamente. por supuesto. por cierto. nuevamente entre nosotros. ―¿Música? ¿Usted es músico? ―preguntó confundida. y con la fría mirada clavada en la rosa. nerviosa. me apresuré―. Me imagino a la «esposa del florista».

pero mis malditos ojos. pensé en ella. quien desde pequeños compartíamos esta amistad y el amor por la música.. perfectos a la hora de buscar problemas. amante de la música y odioso del trabajo. seductora y vibrante. Estaba perdido. quizá. de a poco. en especial. «señorita tropiezo» con su infaltable simpatía… En fin. al menos su prima se encargaría de hacérselo saber. hubiera perdido en un suspiro lo descargué en la trompeta en el mejor solo que hubiera. No solo corría el riesgo de que Amanda no se acercara.padecía de algún tipo de problema con la ansiedad. quizá hasta olvidarme. por supuesto. pero ya no tenía opción. fue la segunda vez que más bella estuvo. por primera vez. me volvió a la realidad: el show comenzaba. Así. torturador. Así. por un momento. esfumándose gracias a la compañía de mis amigos. en mi mente. El resto dependía de mí. por supuesto. Sus tacos emitieron una música perfecta que resonó. sino también de que pensara que era un vago. allí estaba. tomé mi trompeta y practiqué un poco más para olvidar aquella preocupación. Todavía faltaban unos cuantos segundos para la intervención de trompetas… Y mi impulsivo corazón los aprovechó sin dar vueltas. Respiré profundo y todo el aire que. definitivamente. Recordé su perfume ―que apenas había podido sentir la noche en la que la conocí―. otra vez no lo pude evitar. más hermosa que nunca… no. había logrado calmarme. Lo único que quedaba era rogar que ocurriera un milagro… un pequeño y enorme milagro… Me vestí con mi mejor traje. Me sentía con una energía única y. Su pelo ondeado caía sobre sus frágiles hombros y su curvilíneo cuerpo vestía de un azul penetrante. Trataba de no mirarla y de solo concentrarme en mi trompeta… ¡Por Dios! ¡Jamás me hubiera imaginado lo difícil que era! Pero luego. Y sus ojos… ¿qué puedo decir de sus ojos si lo único que recuerdo es la velocidad a la que hicieron latir a mi desesperado corazón? Sí. de mi lacerante angustia. No podía quejarme. la ubicaron al instante. mi bailarina rusa… Y. Ella estaba allí y los nervios que tenía fueron.. en realidad. Y si ella no lo pensaba. aunque quisiera. con una fuerte y amistosa palmada en la espalda. alguna vez. el milagro había ocurrido. Mi musa. Los aplausos hablaban de ello y mis orejas. Allí estaba. a su lado. La Richmond me esperaba. se sonrojaron y no de rabia. A él no podía mentirle y. lo que había hecho era. sus bucles. podido hacer. sus labios y… sus ojos. fue él quien. siempre terminaba descubriéndome. Roberto. .

de vigor. . apunté con la trompeta varias veces hacia el joven que pronto llegaría a la mesa. logré captar su mirada. quien quedó perplejo por mi conducta. centro de mesa. como dicen las mujeres. Me sentía lleno de vida. pero. Eso causó fuertes carcajadas en toda la confitería… a excepción de Juana. se contuvo e hizo lo mejor que pudo haber hecho. aunque cortés. corrí rápido a la primera mesa más cercana a la orquesta y robé. pero tampoco sería tan necio de no reconocer su punto fuerte. Rápido. Aquella imagen de la puerta abriéndose jamás la olvidaría. guiñando un ojo y sonriendo más de la cuenta por lo nervios que su dulce rostro provocaba en mí. Sus ojos saltones parecían querer escapar de su rostro. le regalé la flor. de haber tenido un poco más de tiempo: Juana. Seguí cada uno de sus movimientos… hasta me acuerdo cómo había estirado su cuello en busca de Amanda. como podía. por supuesto―. enarcaba las cejas lo máximo posible para que la joven me observara. Así. acudí a lo último que hubiera elegido. pero poco entendía hasta que. Y. ya frente a sus sorprendidos ojos. Terrible detalle. volví lo más rápido que pude junto a mi amigo. ya cansado y a segundos de que ocurriera lo no deseado. incluso de alegría al ver la cara de Juana sorprendida. y Roberto me codeó sonriente mientras trataba. le sonreía. arrebató la flor a su prima ―desconcertada― y sonrió al joven que ya estaba frente a sus narices. pidiendo permiso a las señoritas que la ocupaban. Al instante. Mientras tocaba la trompeta. así. como pudo. trató de encontrar la mejor solución ―que no fuera escandalosa. buen mozo. abriendo los ojos de forma exagerada. Todo era perfecto… demasiado perfecto… hasta que llegó él. A falta de su atención.Dejé mi instrumento a Roberto. Por supuesto que no tenía nada que envidiarle. pero el tiempo era limitado. Su rostro se notaba despreocupado. Era. Para mi suerte. también. Veloz como un rayo. se dio vuelta y descubrió la presencia del soberbio hombre que. desesperada. Las risas y aplausos volvieron a estallar en la confitería. pasé entre las mesas de las que se escuchaba el cuchicheo por lo que yo estaba haciendo y. pero sonriente. Pero había un pequeño problema: mi bailarina aún no sabía que él había llegado y su mano sostenía firme la flor que yo acababa de obsequiarle. hasta con un toque de soberbia. empecé a apuntar con mi instrumento hacia ella. de seguir haciendo sonar su instrumento. Disimuladamente. no pude despegar los ojos de aquel hombre. Mi mente. tomé la trompeta y volví a hacerla vibrar como nunca. alegre. a quien de golpe se le borró la sonrisa. el pequeño clavel del florero.

movió despacio su cabeza hacia un lado y hacia el otro. impetuoso. Él suspiró.El show no duró mucho más… por lo que me sentí agradecido. ―¿Señores? ―inquirió. nos dirigimos a la mesa de los problemas. Roberto descubrió mi intención. Lo miré un instante más. de mi rendido pecho. Y así fue hasta que llegamos y no pudieron despegarse de los míos. levantándose de la silla. iluminado una vez más. Los integrantes de la orquesta se felicitaban entre sí. solo apuntaban hacia donde estaba lo único que me importaba: Amanda. Sus ojos trataban de evitarme. tragué saliva. a segundos de correr hacia su mesa e inconsciente de lo que podía llegar a hacer. hacia nuestras figuras recién llegadas. curioso. ―Claro que sí. pensando en lo que haría e. en cuanto más me acercaba.. por cada centímetro que me acercaba a ella. dando pasos hacia atrás. ¿no? ―cuestioné sonriente. ―Ohhh. Tocamos un tema más y los aplausos finales fueron el último sonido alegre del lugar. mi belleza. clavando sus ojos en los míos. apoyando mi mano sobre su hombro. Tenía que hacer algo y no me iba a quedar así. Al segundo. alegres y satisfechos. ―¡Estos son los caballeros de quienes recién te hemos hablado. Sin embargo. No… Ni lo sueñes. puesto que no sabía cuánto tiempo más hubiera aguantado ver a ese hombre pegado a su lado. sin más. eres mi amigo. mi corazón amenazaba con salir. Ángel… Que Dios se apiade de nuestras almas… Y si no… bueno… nos tendremos que ver en el infierno. haciendo que aquel hombre volteara. pero le era imposible. *** Cada paso que daba. hundidos en tristeza.. . Ambos reímos y. ―Dios mío… lo dices en serio… Ay. sonreí con picardía. la nerviosa Juana intervino. más veces me miraba. Y antes de que pudiera presentarme. pero mis ojos. No hubo palabras de por medio… Simplemente. pues no era para menos…. Roberto me tomó del brazo. Ángel ―expresó con los ojos abiertos.

―Y usted. Realmente. Roberto. ¿Quién iba a decirlo? Juana. ―Un gusto. Ha sido un show estupendo. Ahora sí. debe estar más que . Ángel. efímeramente. ―El placer es mío. Mi nombre es Ángel. sí. a segundos de intervenir para cambiar de tema. caballero… ―¡Oh! Disculpe la descortesía… Me quedé recordando la escena entre Juana y Roberto ―dije. debo ir a supervisar. Juana abrió sus enormes ojos que. agachó la mirada y. Amanda. mi difunto padre me ha dejado a cargo una fábrica que. de tanto en tanto. lo felicito. Pues. ―¿En serio? Pues es usted un hombre muy afortunado. usted se refiere a la parte en que mi amigo Roberto se acercó a regalarle la flor a la jovencita. Sin lugar a dudas. señor. Por lo menos tiene una fuente de sustento. Juana. clavando mis ojos en los de Amanda―. pero al menos no me he perdido de la última parte ―dijo. señor Salvador! Pero no. ―¡Oh! Claro. señor… ―saludaba mi amigo a la espera de la respuesta. No he podido ver el show completo. ¿verdad? ―cuestioné sonriente.Salvador! Han tocado unas piezas increíbles ―finalizó con una superficial alegría. sonriendo con picardía. ―¡Oh! ¡Qué más quisiera que eso. la rompecorazones ―finalizó. Es un placer conocerlo. no puede dedicarse a otra cosa más ―dijo en tono envidioso y con la intención de minimizar el efecto de nuestra actuación. ¿verdad? Con tanto talento. esa parte me la perdí. Ángel ―agregó. Desafortunadamente. perspicaz. para tratar de disimular el desafortunado comentario. si así debo decirlo. incómoda. acomodó su voz y trató de contener los nervios. Pero ya sabe… no es lo mío ―dije con una amplia sonrisa. inquietos. al principio boquiabierto. La joven entrecerró los ojos y sonrió. la miró una vez más y la distrajo para hablar. dándome la mano―. respondí. ―Pues. sinceramente. apuntaron a mi amigo. Seguramente éste es su único trabajo. Solo estábamos los tres. Roberto. ―Salvador ―dijo entre risas―. riendo solo.

mejor dicho. afortunadamente. Y a usted también. en forma de agradecimiento. Quiero decir. felicitándolo. señor Salvador. pero ¿La Maruja?… ―inquirí con un tono de preocupación. en contra de mis deseos. apreté la mano de Salvador. a felicitar a Amanda―. de lo que nos gusta hacer. Es por eso que.. Por supuesto. Pero. es que de la felicidad y ansiedad a veces olvido que no todos lo saben aún ―dijo. dígame. si me lo permite. eso es lo que queremos hacer. El silencio duró varios segundos hasta que saqué las manos de mis bolsillos y. ―Felicidades. usted debe saber de lo que hablo. en unos pocos días. Fugazmente. Ángel. cómodamente. ―Claro. con su padre ―mencionó con una falsa sonrisa tras la que ocultaba una ferviente rabia. perdone. señor ―dije al mismo tiempo que me disponía. miré a Amanda. pero antes debo ir a pedir su mano al padre. iremos allí ―finalizó. tratando de tragar la rabia y dolor. buscando la mirada de ella.. ―¡Oh! Espere. a punto de marcharme destruido. Ángel. sus ojos solo apuntaban al suelo. Luego. ―Tengo el orgullo de pertenecer a la Aviación Militar. ¿a qué se dedica? ―pregunté gentilmente. me encantaría poder disfrutar de un show más. Estaba agitada y nerviosa. ―Sí. señor. señorita. Luego y. Aunque. puesto que usted se dedica a la aviación. ¿verdad? ―Hummm… ―Acomodó su voz―. ―No esperaba menos. señor. mantengo vivo lo que hizo feliz a mi padre. Sin duda. Seguramente. Y. tomó la mano de Amanda y continuó―: Amanda y yo nos vamos a casar… Bueno. No muchos podemos vivir. Antes de irme de viaje. Salvador volvió a hablar. ―Oh. exagerando su sonrisa. no puedo quejarme. estoy agradecido con la vida. entiendo bien la idea de Córdoba.agradecido con la vida… o. maravilloso. menos ahora que. Aquello me había tomado por sorpresa. sinceramente. señor. yo soy uno de ellos y. ―dije superficial―. No puedo quejarme de la familia de la que provengo y claro está que hago lo que me hace feliz. ¿Cuándo volverán a tocar? . marcharemos a La Maruja para luego ir a Córdoba. no comprendo por qué a La Maruja. primero. Y.

me levanté y saludé a doña Cecilia quien. Me acomodé el pelo. desde hacía un largo rato. podemos venir aquí un rato antes así nos regala algún tema… ya sabe… de amor ―sugirió sonriente y ansioso. esa es mi especialidad ―finalicé con un dejo de tristeza y mis ojos clavados en ella. hubiera dudado. en cuanto acerqué mi mano para golpear. Aquí. como ya he dicho antes. Ya no sabía qué más hacer. su dulce rostro me observaba desde arriba con un temor propio de la inocencia. claro. Pero las horas pasaban y nada podía hacer. me había estado mirando con pena y preocupación. a punto de cruzar la calle. El tren sale esa misma noche. sin dar vueltas. respiré profundo y. pude ver cómo. Lo último que tenía ganas de hacer era tocar música para él. usando un mínimo de razón. sí podía… regalarle un trompetazo en la cabeza. *** Estaba perdido. Así. No lo pensé más: iría directamente a hablar. señor. Tomé mi último sorbo de café. ¿Debía dejarla ir. para que continuara con su vida? ¿O tenía que agotar hasta la última gota de esperanza? Bien. ―El próximo viernes. Aunque. al menos un poco. era su prima quien no salía por nada en el mundo y solo miraba hacia la confitería. mirando a la preocupada Amanda. por supuesto. Salí del lugar y. Si no era su tía o tío. la puerta se abrió un poco. así que. cualquier persona. dejando . La miré unos segundos con profunda determinación y. como si nada hubiera ocurrido. si no le molesta. sin más. tal vez. me dirigí hasta la entrada. al fin. En fin… Como pude. a la misma hora ―respondí seco y serio. ―¡Perfecto! ―exclamó. no soy de ese tipo. me dirigía directo a la confitería de doña Cecilia con la esperanza de verla salir. Tomé mis cosas y me marché. Pero. ―Claro. Me levantaba temprano y. Luego volvió a dirigirse a mí―.Sí. pasé tres días haciendo lo mismo. desde la ventana del segundo piso… Ya había pasado demasiado tiempo sin verla y mi paciencia se agotaba. me contuve.

Explicación pendiente. ―Usted está loco. ―Hummm… Vengo a hablar con Amanda.ver aquel ojo saltón. Ella ya tiene con quien casarse y está muy feliz… Váyase de aquí. firmes y serios. Entonces quiero hablar con sus padres. tomé el primer papel que encontré y escribí lo mejor que pude: «Mañana a la medianoche. Juana ―dije rápido. Mis ojos. Palpé mis bolsillos y. No moleste más. Quiso cerrar la puerta. Adiós. tragué saliva y dejé actuar a mi corazón―. ―¿Está segura de que su prima es feliz? Un profundo silencio hizo que el serio y pensativo rostro de Juana fuera el protagonista de aquella escena. acomodó su voz y me volvió a mirar. pero mi pregunta la detuvo al instante. parecía no estar sorprendida. volví a la puerta y se lo entregué a la vencida Juana. ―¿Ahora qué quiere? ―inquirió nerviosa. Verla ahora es imposible.» Agitado. Luego de un instante. Ángel. pero la detuve. abrió al punto de dejar ver su rostro. al notar que no tenía nada en ellos. Luego. tratando de disimular los nervios. No podía dar más vueltas. . Su ojo se movía de un lado a otro hasta que. ¿No se da cuenta de lo desubicado que está siendo? Váyase. ¡Al demonio con todo! ―Bien. ―¿Eh? ¿Con Amanda? ―exclamó. aunque en voz baja―. por favor. Así que. por favor. más tranquila. Se relajó. sabiendo esto. dígame qué demonios es lo que quiere. Y sea breve… cualquiera que pase por aquí no dudará en contar esta imprudencia a mis padres ―dijo mientras miraba que no hubiera nadie detrás de mis espaldas. Otra vez quiso cerrar. Quiero pedir la mano de su prima. ―Bien. crucé rápido a la confitería. callada. se clavaron en los de Juana quien. Es importante ―dije. volvió a hablar.

―Por favor, déselo. Ella entenderá.
La joven, desconfiada, leyó el papel. Me miró furiosa, pero, a punto de
regañarme, la interrumpí suplicante.
―Por favor, confíe en mí, Juana. Soy incapaz de perjudicarla. Créame…
Se lo ruego ―finalicé con la más profunda sinceridad.
La joven me miró una vez más y, sin decir nada, cerró definitivamente la
puerta.

***
Bien. No volveré a hablar de mi ansiedad ni de la necedad por la que me he
caracterizado…, pero… ¡Por todos los santos! ¡A mí solo podían
ocurrírseme esas ideas con tanto suspenso! ¿Le entregaría el papel?
¿Podría verla? ¿Me dejaría explicarle? ¿O me arrojaría cualquier cosa por
la ventana? ¡Y váyase a saber cuántas más preguntas han quemado a mi
cabeza! En fin… Tenía solo un día y lo único que hacía era practicar frente
a un espejo todas las conversaciones imaginarias que podía tener con
Amanda. Pero ¿tenía sentido aquello? Definitivamente, no.
Vencido, me recosté sobre la cama para relajarme y, cuando menos lo
esperé, la idea llegó fresca y pura a mi mente al ver aquellos discos de
pasta que tanto amaba. No necesitaba más nada… o casi más nada.
Sí. Sin duda alguna, la noche sería perfecta.
***
Tiré una piedra y luego otra, hasta que, finalmente, Juana abrió esquivando
la última lanzada.
―¡¿Pero qué le pasa?! ¿¡Acaso perdió la cordura!? ―exclamó indignada
y furiosa.
―¡Perdone, Juana! ¡Es que pensé que no me había escuchado!
―vociferé alegre.

―¡Shhhh! ¡Si sigue haciendo este escándalo, mis padres se levantarán!
Callé y, divertido, hice el gesto de cerrarla al modo de un cierre. Juana
puso los ojos en blanco y, despacio, llamó a su prima quien, bella, pero
nerviosa, se asomó deslumbrándome una vez más.
―Amanda…
Se hizo un silencio.
―Hola, Ángel… ―saludó poco convencida de lo que hacía.
―Recibió mi mensaje, ¿verdad?
Levantó las cejas, suspiró y respondió.
―Aquí estoy… ―y a punto de que comenzara a hablar, me interrumpió
seria y clara―. Pero si me he acercado, Ángel, es simplemente para
recordarle que pronto…
―No, por favor, no hace falta. Yo solamente quiero… ―decía con
desesperación.
―Sí, lo sé, la explicación, pero no creo que sea lo mejor porque…
Al instante, una voz distinta a la nuestra interrumpió.
―¡Shhhh! ¡Pero, Dios mío! ¿Pueden hacer silencio? ¿Acaso no ven que
quiero dormir en paz? ―inquirió Juana, acercándose a la ventana junto a
Amanda. Luego, continuó―: Basta. Se acabó. Baja de una vez por todas,
Amanda, y termina con esto. No te va a hacer nada y si intenta lo que tú ya
sabes qué, haces con el pie lo que ya te dije… ahí, entre las piernas, ¿sí?
No pude contener la risa. Juana bufó, pero enseguida empujó a su prima
hasta el interior del cuarto. A los segundos, Amanda ya estaba en la puerta.
Quiso hablar allí mismo, pero una nueva intervención de su prima me
ayudó a convencerla de que me acompañara a un lugar en donde
pudiéramos hablar tranquilos. Así, llegamos hasta la puerta de mi casa.
Ella me miró insegura, pero con la mirada le expresé que podía relajarse.
―Eso sí, cierre los ojos, Amanda. Confíe en mí.
Sonrió y, luego de unos segundos, los cerró. Apoyé mis manos sobre sus
hombros y, despacio, la guié hasta el patio de mi hogar.
―Ahora puede abrirlos.
Y lo hizo. Allí estaba, con los ojos abiertos de par en par y una sonrisa

propia de la sorpresa. Y no era para menos. Con mis propias manos, había
preparado ―por primera vez― una cena exclusiva para ambos. La pequeña
mesa, iluminada con dos velas, encajaba perfecta en aquel patio adornado
por el antiguo aljibe y mi infaltable vitrola. La tomé del brazo, corrí su
silla y la invité a sentarse. Estaba fascinada. Y yo también.
No hicieron falta las palabras. Y de más está decir que no probé un solo
bocado… Ver su boca sobre aquel tenedor, su cabello apenas moverse con
la brisa de la medianoche y sus ojos… Era demasiado. Me levanté, fui
hasta el aljibe y la llamé. Me miró y, con una sonrisa dulcemente
seductora, se acercó quedando solo a unos pocos centímetros de mi cuerpo.
―Mire, Amanda. ―Señalé a la luna―. Es noche de luna llena, ¿no es
hermoso?
Sonrió una vez más, mirando al limpio cielo de la noche… Y, sin
esperarlo, me tomó, delicada y temblorosa, la mano. Mi corazón estalló en
un desenfrenado galope. Así, antes de intentar cualquier locura, la solté por
un segundo y preparé la vitrola. Extendí mi mano y, con los ojos hundidos
en los de ella, la invité a bailar, en su versión más actual y romántica, mi
más amado tema: Moonlight Bay…
Suavemente, su cuerpo se fusionó con el mío y la dulce melodía guió a
nuestros cuerpos en un movimiento seductor y lento. Ella se dejó vencer y
apoyó su mejilla sobre mi pecho. Y yo… y yo no podía más.
―Ángel… ¡Su corazón va a estallar! ―dijo, haciendo resonar aquella
melodiosa risa.
―Hummm… Es que estoy un poco nervioso… ya sabe… por la
explicación…
―Oh… Cierto… Le debo una explicación por lo del otro día. Es que
yo…
―¿Qué dice, Amanda? Usted no debe explicarme nada ―interrumpí,
mirándola a los ojos. Luego, estiré mi mano hasta la vitrola y tomé la flor
que, hasta entonces, había escondido ―. Tome. Esta es la flor más indicada
para usted, pues, para mí, siempre fue, es y será la más bella.
Tomó la orquídea, la acercó a su nariz y volvió a mirarme.
―Usted sí que tiene un gusto exquisito.

La acerqué a mi pecho y, a centímetros de su boca, afirmé.
―Sin lugar a dudas, mi bailarina rusa.
Sus manos se apoyaron sobre mi nervioso pecho y su perfume se adueñó
de todo mi cuerpo, venciéndome al instante. Ya no había escapatoria. Era
suyo. Solo suyo. Aquella tierna boca estaba quemando mis labios como
nunca. Su dulzura y su sabor a miel me hundían en un sinfín de sensaciones
que, insistentes, reclamaban su compañía por el resto de mis días. ¡Por
todos los santos! ¿Cómo alguien tan frágil, y salvaje a la vez, había sido
capaz de apresar mi corazón en tan poco tiempo? No tenía explicación
racional, pues solo pude entenderlo allí, bajo la luz de la luna, fusionados
en el más puro y pasional beso que pude alguna vez haber tenido. Pero
debía frenar… Aquel fuego me estaba consumiendo. Así, posé mis manos
sobre sus mejillas y, muy a mi pesar, retiré mis labios de los suyos para
mirarla a los ojos y volver a hablar.
―No te vayas, Amanda. Quédate conmigo ―dije, con los ojos perdidos
en la pasión de nuestros cuerpos.
Despacio, se alejó de mí y, con los ojos llorosos, miró directo al suelo.
Luego, tapó su rostro con ambas manos para, después de unos segundos,
volver a mirarme apenada.
―Perdóneme, Ángel. Esto… esto está muy mal. Es que yo…
No hubo remedio. Sus ojos se llenaron de espesas lágrimas que,
impetuosas, bañaron sus rosadas mejillas. No pasó un segundo hasta que la
envolví con mis brazos.
―No llores, por favor, no llores… Lo que ha sucedido es lo más
hermoso que se puede vivir… ―e, impulsivo, continué―: Cásate
conmigo, Amanda.
De pronto, su llanto cesó. Se alejó nuevamente de mi cuerpo y, con el
rostro serio, dijo las últimas palabras de la noche.
―Esto fue un error. Le pido disculpas, señor. Que tenga buenas noches.
Y, sin darme espacio a reaccionar, echó a correr.
No pude hacer nada. Sus palabras me habían enterrado en las más
oscuras tinieblas.
Era mi fin.

***
Ya era viernes. No quería pensar en más nada; solo en mi trompeta. Pero
aquella noche había sido demasiado. No hubo segundo del día en que no
llorara. Y mi mente no había hecho más que recordar, de forma tortuosa,
aquel beso determinante en mi vida. Como sea, lo único que esperaba era
que no se acercara… estaba devastado… Y mi alma se sentía incapaz de
soportarlo…
Así, Roberto se acercó y, una vez más, me palmeó la espalda. Era la
hora.
Y todo hubiera sido normal de no ser por aquella maldita puerta.
Lentamente, se abría dando espacio para lo último que hubiera querido
ver… ¿Pero a quién quería engañar? Era ella. Mi bailarina… Mi Amanda.
Y, claro, el arrogante fortachón de los aviones a su lado, con esa sonrisa de
mequetrefe… Como pude, me tranquilicé y traté de no mirarla, pues sabía
que sus ojos se clavarían en lo míos, haciéndome cometer locuras como ir
corriendo para comerle la boca desenfrenadamente…, algo que, por cierto,
me hubiera hecho ganar varios moretones en los ojos. Así, solo hice lo
último que quedaba a mi alcance. En cuanto terminó el tema, dejé la
trompeta a un lado, tomé a Roberto del brazo ―cuyo rostro era propio de
la perplejidad― y llamé a un joven de la orquesta que también tocaba la
guitarra. Les susurré a los oídos lo que haríamos, acomodé la voz y, una
vez más, el impulso de mi corazón me llevó a actuar.
―Señoras, señores. Antes que nada, buenas noches. ―Todo el mundo en
la confitería se sorprendió―. Disculpen esta repentina interrupción, pero
cuando se trata de amor… ya saben… uno no se puede negar ―expresé,
clavando mis ojos en Amanda quien, nerviosa, me miraba sin pestañar―.
Es por eso que tengo el honor de dedicar el siguiente tema, improvisado
por cierto, para una joven pareja que pronto hará honor a esta fuerza
incontenible. Para Amanda y Salvador, aquí va…
Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. Y su rostro, hundido en
tristeza, era una clara señal de que mi voz, cantando mi canción predilecta,
la había transportado a nuestra hermosa noche de luna llena. Sí. Sus ojos
hablaban por sí solos… Ambos estábamos en el mismo recuerdo de aquel
beso que nos había unido en el más puro de los sentimientos… Mientras

No lo podía creer. simplemente. la salvaría de Salvador. sin dar ningún tipo de explicación. segundos después. quise ir tras ellos. grité su nombre con desenfreno estirando mis brazos. ¡Maldije la hora en que se me ocurrió primero ir allí! Agotado por la angustia que me generaba el sonido de las agujas del reloj que mi propia mente creaba. arrojé todo lo que estaba a mi alcance hacia la ventana de Juana. Sentía que nada tenía sentido en esta vida. Y no me importaba ―aunque. Y así fue. en el fondo. Amanda se levantó impulsiva y. Grité una y otra vez. pero nada funcionó… El tren arrancó y su infernal ruido tapó todos y cada uno de mis desgarradores llamados… Mi cuerpo no lo soportó más y. nuestro querido y corpulento aviador sonreía sin percatarse del estado de mi Amanda. recordé que tanto ella. me dirigí lo más rápido posible hasta la estación… El sudor me caía por las sienes de solo imaginar a Amanda marchar sin retorno… Y allí estaba el tren. aunque esta vez para obligarme a quedarme allí hasta el final del tema. Corrí y corrí como pocas veces en mi vida. un poco sí― si escogía estar a mi lado. Tenía que detenerla. la luz del sol naciente acarició mis mejillas.tanto. esperé un largo rato y. me dormí apoyado contra una columna. creyendo que así me escucharía. Ágil. se retiró del lugar. tratando de abrir mis hinchados ojos. en cuanto terminé de saludar al público. la rescataría de hundirse en la infelicidad con ese otro hombre. No tenía mucho tiempo… ¡Por todos los cielos! ¡Jamás odié tanto al reloj como en ese momento! Desesperado. Salvador ―y gracias a los avisos de las mesas contiguas…― se retiró sorprendido. se dejó caer sobre el mugriento piso de la estación. pensé que todo lo que había vivido . un pobre hombre… En fin… Sinceramente. como su tía y Salvador ya debían estar por tomar el tren a La Maruja. pero la mano de Roberto me detuvo una vez más. observé más de tres veces hacia todas las esquinas por si llegaba de algún otro lado. salí corriendo lo más rápido posible. no sé qué es lo que esperaba de aquella conducta mía… Pero lo obvio sucedió. Sin embargo. No quería más nada. Por un momento. En pocas palabras ―paradójicas. Sin dudas. vencido del dolor. por cierto―. Maldije una y otra vez hasta el hartazgo y. luego…. a punto de partir. De pronto. sin remedio.

incluso recuerdos. también. Su dorado cabello brilló más que nunca y sus labios. pues jamás podrá borrar lo sellado por esa fuerza más poderosa: el amor. ¡Te quedaste. en la maldita estación de tren. Amanda! ¡Te quedaste! ¡Yo sabía! ¡Yo sabía! Su risa volvió a sonar tan o más alegre como aquella vez en la noche de carnaval. será capaz de desvanecer este tipo de memorias. No era posible… Amanda… Sí.no había sido más que una pesada y cruel pesadilla… Pero no. lo único que reflejarían sería felicidad. Jamás olvidaría aquel rostro repleto de alegría ni aquella carcajada libre y natural… Jamás olvidaría aquellos ojos que. desde ese entonces hasta el día de hoy. rosados como siempre. quizá. Roberto que venía a buscarme… Sin embargo. tomándome del brazo… ―Amanda… ¿Cómo es que… ―señalé confundido hacia las vías del tren. No. Y sí. lentamente. ―¡Ángel! ¡Por Dios! ¡Te hemos buscado por todos lados! ―exclamó preocupada mientras me tomaba del brazo para levantarme. mi esposa. Así. se abrieron para dar espacio a aquel sonido dulce y reconfortante. Sin lugar a dudas. por qué y por qué! Hasta que una sombra me privó de aquella delicada luz solar que me había vuelto a la realidad. Y las preguntas volvieron a mi mente. Luego. mi bailarina…. la luz de aquel amanecer me permitió distinguir aquella figura. mi bailarina… ―expresé confundido y con los ojos mirando los suyos. dando vueltas de la felicidad―. Fregué mis ojos y traté de acomodarme. Jamás olvidaría a Amanda. ¿por qué a mí? ¿Qué había hecho para merecer todo aquello? ¿Por qué la había conocido? ¡Por qué. Amanda estaba allí. . esta vez había sido la oportunidad en que más bella había estado. ―Te quedaste. No eres más que un tonto ―repitió con una sonrisa y los ojos vidriosos. pero no podía ver bien… Tal vez era uno de los empleados del ferrocarril o. ―Tonto. impulsivo. allí estaba. por nada en el mundo. la tomé de la cintura y la elevé. Pero nunca. puedo decir que el tiempo es capaz de acabar con muchas cosas.

sino que el problema estribaba en que cuando por fin conseguí un taxi ―el coche se encontraba en el taller. tras la última llamada de socorro de mi hermana. No era su novio. ya no me necesitaba. de leones y de un sinfín de animales que solo había visto en los documentales del National Geographic ―cuando no dormía la siesta―. no es que fuera una mala hermana y no quisiera ayudarla. En un arranque de rabia. Siempre preocupándome por los demás sin poder hacer mi santa voluntad: . Estaba en África y todavía había momentos en que no me lo creía. Con cara de boba. Estaba de vacaciones y aunque estaba sola en mitad de la nada ―bueno… sola. su segundo hogar― y llamé a la puerta de Eva. Es por eso que había decidido que ya era hora de que pensara en mí. a pesar de la hora ―las tres de la mañana―. a pesar de que… No. quien decidió que necesitaba que fuera a consolarla a pesar de la lluvia. Rodeada de elefantes. sola…. me lo estaba pasando bien. no estaba del todo ya que formaba parte de un grupo muy variopinto de turistas que habíamos decidido que diciembre era un buen mes para cogernos unos días de descanso y que el mejor lugar para alejarse del frío invernal de España era la estepa africana―. a pesar de que vivíamos muy lejos la una de la otra. Y no me había llamado. de jirafas. a la caza y captura de un nuevo taxi. y me marché sin mediar palabra. Mi hermanita querida tenía compañía masculina. asentí cuando me dijo que no se había acordado de mí. sino otro chico… Uno de esos que conformaban la larga lista de candidatos que deseaban estar con ella.En África Aileen Diolch Estaba en África. ese que le había hecho tanto daño.

de pensar en Danielle. pero era mi oportunidad. algo torcida. su boca. Me había dirigido una sonrisa que podría haber paralizado todos los aviones que volaban sobre nuestras . y la trompa que emitía un sonido que podía despertar a medio Madrid en una mañana de domingo. con una barba incipiente sobre una piel morena. Pero no todo era de color de rosa. Había congeniado de maravilla con el resto de los integrantes del grupo de turistas. como las de Dumbo. intentando disfrutar de esas vacaciones que tanto necesitábamos. nos llevábamos más o menos bien. que si en el trabajo… ¡¡Basta!! Ya era hora de pensar en mí. ya que el grupo que había formado la agencia salía al día siguiente y había hueco para una persona más. y sus azules ojos formaban parte de un cuadro que podía hacer atraer miles de miradas femeninas y masculinas. no sabía cuánta ilusión me hacía estar entre animales salvajes hasta que estuve enfrente de un elefante con sus orejas enormes. seguro que al final me arrepentiría. Un viaje preparado. A pesar de las diferencias sociales. ahí estaba él. Ni siquiera había imaginado en ir a ese continente. Nuestro guía había sido como una piedra en el zapato durante los dos días que llevaba en aquel entorno paradisíaco. dejé a Misi. Cuando llegué al aeropuerto. Si tardaba un poco más. de esos packs que te llevan de la mano de un lugar a otro y no te dejan tiempo ni para mear. con la vecina y puse el despertador tres horas antes de la cita acordada con el guía. y de la edad. Y eso había hecho. palpables en las vestimentas o en el lenguaje. En un primer momento me había parecido atractivo ―muy atractivo―: con su cabello castaño. Bajé a la agencia de viajes del barrio y compré un billete para ir de vacaciones: un safari por África. su nariz aguileña. mi gata. que enmarcaba un rostro bello pero al mismo tiempo rudo. pero su educación brillaba por su ausencia.que si mis padres necesitaban que les acercara a algún sitio. y menos estar rodeada de animales ―no era muy amiga de los seres de cuatro patas― pero fue el primer viaje disponible tanto para mi bolsillo como en partir. un poco ondulado. que si mi hermana requería de un hombro donde llorar por la última desilusión de su novio de turno. En realidad. Por lo que preparé la maleta en un santiamén.

Fran no sé qué. pero cuando me aproximé a él y me presenté.» Ya estaba harta. Yo estaba de espaldas a la entrada. no me prestaba atención y no me dirigía la palabra a no ser que fuera para darme alguna orden. Tenía un apellido alemán que me había repetido muchas veces. ―¿Se divierte. Mis vacaciones de ensueño se estaban convirtiendo en una pesadilla. sí ―espeté sin molestarme en mirarle. pero en cuanto ese hombre insoportable se introdujo en mi órbita personal. Desde ese día. Nos encontrábamos en el bar del hotel.cabezas en ese momento. ―Hasta ahora. Fran me contaba un chiste que no tenía mucha gracia. su semblante cambió y la mano con la que estrechaba la mía desapareció con demasiada brusquedad. ―Le egstaba contando a Danielle un chigste de mi tierra ―dijo Fran sin . No me miraba. cuando nuestro guía apareció. Por lo general. le sentí. «Señorita Danielle. no pude evitar que una carcajada saliera de mi interior. Mi piel se erizó y el corazón me empezó a latir a mil por hora. rubio. La gota que colmó el vaso fue cuando me encontraba charlando con uno de los compañeros de viaje. no dé de comer a los animales… Señorita Danielle. pero entre su acento y los gestos que hacía para que pudiera entenderle. mi querido Peter había sido un desconocido. Esa voz profunda no podía pertenecer a nadie más. señorita? ―Era él. charlando sobre lo bonito y espectacular que había sido ver a todos esos cocodrilos en su hábitat natural. alto y con una sonrisa simpática que intentaba llamar mi atención sin mucho éxito ya que en mi cabeza solo estaba presente el rostro del exasperante Peter. después de un día de calor sofocante. no vaya sola al baño. Pero Peter lograba sacar mi peor carácter. era Miss Simpatías. todo lo contrario. no saque la mano… Señorita Danielle. no era borde con nadie. descansando de la última excursión que habíamos realizado. pero los idiomas y yo nunca habíamos sido muy amigos. Un chico muy atractivo.

¿Quierre que se lo cuente. Señores… ―me despedí al mismo tiempo que me dirigía hacia mi habitación sin esperar ninguna contestación por parte de los dos hombres. no pude. Subí las escaleras que llevaban hasta la planta en la que me hospedaba mientras recordaba cada uno de los calificativos que había asignado al guía y que mostraban la persona tan vil con la que me había topado. ―Cansada o… ¿bebida? ―preguntó Peter mirándome. en voz alta. tenía que añadir a mi lista lo que habíamos protagonizado. en la misma habitación. Un gesto con el que me retó. ambos lo sabíamos: en cuanto estábamos cerca demasiado tiempo. creo que estoy más cansada de lo que pensaba ―anuncié mientras me levantaba de mi asiento. Quería comprobar cuánto aguantaría a su lado. Le miré con cara de pocos amigos. ahora. No podía dar crédito a lo que ese cretino había sugerido. ―Si me disculpan.notar la animadversión que nos profesábamos Peter y yo―. Míster Peter? Nuestro guía buscó mi mirada. Los nervios me atenazaron. ―Estoy cansada ―espeté―. por qué no. rumiando. Peter dejó que sus ojos vagaran a lo largo de mi cuerpo para enfrentar mi mirada. aunque intenté prestarle atención. sin darme cuenta. Él lo sabía. ―Se acomodó en un taburete próximo a nosotros y prestó toda su atención al alemán. Puede que no le hubiera escuchado bien. ―Perdón… creo que no le he entendido ―señalé. sin huir. . intentando transmitirle todo el odio que podía sentir hacia él. Y. yo salía corriendo. Me pareció apreciar que se divertía demasiado cuando llegué. si podría estar junto a él. Fran volvió a contar ese chiste tan malo y. ―Sí. ―Que quizás lo que le sucede es que ha ingerido más alcohol del que puede tolerar ―recalcó a medio tono―. Me encontraba enfrente de mi puerta. Mis pies se detuvieron. Elevó una de sus cejas y mostró una sonrisa prepotente.

lo que me permitió observar cómo una multitud de sentimientos se arremolinaban en ellos mientras esperaban una respuesta a sus palabras. No sé qué me ha pasado. ―¿Y quién eres tú? ―me sobresaltó. pero ya estaba cansada de intentar odiarle. en penumbras. Adelantó su pie hasta topar con la puerta y obstaculizó mi objetivo: cerrarla. Ninguno sabíamos qué decir. ―Solo pienso en besarte. ―Su mano revolvió su cabello mientras expulsaba el aire que retenía―. Nuestras miradas se enlazaron. ―Danielle… yo… ―titubeó―. Peter estaba a mi lado. y yo solo podía pensar en lo mono que era. por si fuera poco. Normalmente no me comporto así con nadie. ―¿Ahora se dedica también a espiarme? ―le increpé―. Peter se estaba disculpando. Le miré anonadada. Quiero disculparme por lo de antes. mirándome y. Ya estoy acostumbrada ―indiqué al mismo tiempo que abría la habitación para alejarme de él. ―No te preocupes. No podía creer lo que mis ojos me mostraban. me había escuchado. . Instintivamente. en mitad del pasillo.―La próxima vez… La próxima vez sabrá quién soy. pero impidió que lo hiciera. Peter me miró asombrado. Creo que esperaba que le insultara y le cerrara la puerta en las narices. ―Es por eso por lo que te pido disculpas. ahora solo quería que me besara. ¡A mí! Sus verdes ojos estaban fijos en los míos. La tensión se palpaba en el ambiente. ¿No tiene otra cosa mejor que hacer que molestarme? ―No ―anunció. ¿Había oído bien? Peter quería besarme. pero desde que te vi… El silencio volvió a asentarse entre nosotros. y la única forma que veo para no hacerlo es comportarme como un burro ―confesó. Estábamos los dos solos. El silencio nos rodeó. di un paso hacia él.

Mi mano se posó sobre la hebilla de su cinturón y tiró de él hacia dentro de la habitación. . yo también quiero que me beses ―sentencié mientras los dos nos introducíamos en mi cuarto buscando una bienvenida y una reconciliación desconocida hasta ese momento.Enfrenté su mirada. ―Peter.

en aquel país el tiempo cambiaba cada cinco minutos y era una seña de identidad: four seasons in one day. sino que era cercano y amable. ―Sí. a su magnetismo y seguridad. incluso simpático. Alto. era imposible resistirte a él. durante años. lo que no era extraño. hacia ahora cinco años. esto último siempre conmigo. sala de fiestas… una mezcla un poco extraña. Mi propósito fue claro desde el principio: conquistar a su hermano Marc. Pretendía que ahora. pero que todos los turistas deberían visitar en . y él era una de ellas. que me había convertido en una mujer. no adolecía de un profundo egocentrismo. restaurante. deportista y un estudiante brillante. Tenía una mirada atrayente y atractiva. Y yo. del que yo estaba enamorada desde mi adolescencia.Nuestra historia Caroline March Me detuve un instante frente a The Church. ―¿Es éste el restaurante?―pregunté a Isabel con un deje de incredulidad palpable en la voz. creando una imagen de travieso seductor. que nunca llegaría a ser para él nada más que una amiga. conocido principalmente por su curiosa ubicación. tuve la sensación de que no me tomaba en serio. Siempre lo llevaba corto. pero se adivinaba la independencia de sus rizos. en un viaje de fin de carrera con mi mejor amiga Isabel. con el pelo negro de textura suave y ondulada. Lo había visitado por primera vez. Sus ojos de ébano destellaban en contraste con su rostro siempre bronceado. Había comenzado a llover. Marc era un hombre difícil de olvidar. Sin embargo. Cambié mi peso de un pie a otro y dejé que la nostalgia me invadiera. Hay personas que nacen con el don del éxito. En realidad. es una iglesia reconvertida en pub. no me mirara solo como a la simpática compañera de su hermana pequeña. el famoso restaurante de Dublín.

Sentí unos ojos fijos en mí y desvié la mirada hacia el otro ocupante de la pequeña mesa junto a la ventana. dónde un guardia de seguridad nos abrió la puerta y nos saludó con una leve inclinación de cabeza. llamándonos. El corazón me dio un vuelco y casi dejé de respirar por un momento. es que tengo un hermano tonto de remate ―remarcó cogiéndome del codo―. entre divertida y enfadada. Marc la recogió y le besó la coronilla. Isabel y yo nos miramos sin saber dónde acudir. Me quedé apartada y algo cohibida. ―Si no lo hace. que una vez lo tuvo frente a ella. haciendo que éste volara alrededor de mi rostro arrebolado por la excitación. recogido en una pequeña coleta en la nuca. Venga. con el pelo largo. de la que se desprendían algunos rizos del color del trigo en verano. abierta y franca. las pequeñas mesas y las enormes vidrieras del piso superior conferían al lugar un ambiente mágico. me empujó hasta la entrada. Una vez en el interior. ―¿Tú crees…? ―Hice una pausa armándome de valor―. me dejé arrastrar de nuevo por Isabel. que llegamos tarde. La camarera. carta de la derecha: piso superior con mesas dispuestas para una cena con platos más elaborados. dándole una apariencia de ejecutivo despistado. para después levantarla y hacer que ella pataleara. acudió a ayudarnos y nos explicó el funcionamiento del mismo. hasta que vimos asomar la cabeza morena de su hermano por el otro lado de la barra. pues apenas estaba iluminada por velas situadas de forma estratégica en los salientes de piedra. Y sin darme tiempo a replicar nada más. Sin poder apartar la mirada de él. Era un joven de la misma edad que Marc. Me alisé el vestido negro y me ajusté la cazadora de ese color. Directa a producir un cataclismo en mi interior. Se había dejado crecer el pelo.Dublín ―afirmó ella sonriendo. Carta de la izquierda: piso inferior con acceso al espectáculo de baile tradicional y más informal. Su sonrisa seguía siendo la misma. ¿Tú crees que se alegrará de verme? Isabel me miró enarcando una ceja y después paseó la mirada por todo mi cuerpo. Sus pupilas verdes me . corrió a sus brazos. tuve que adecuar mi vista a la oscuridad. atusándome el pelo largo. que le caía desordenado. viendo nuestro desconcierto.

uno en cada mejilla. Él se levantó nada más verme y se acercó a mí. Llevaba un traje gris oscuro sobre una . invitándome a sentarme con un gesto de la mano. en la carta. ―¿He pasado el examen? ―inquirió enarcando una ceja. sin dejar de observar cada uno de sus movimientos. al que ya conocía por las numerosas veces que lo visitaba. Lo hice. el compañero de Marc. y unos vaqueros desgastados. Me dio un cálido beso en la mejilla y me indicó que me sentara. Llevaba un jersey negro de pico. soltándome de su mano. sin apenas mirarlo. Como si el cielo quisiera estar en consonancia con mis sentimientos. Marc se acercó a mí y me dio dos besos. aproveché también para maldecir mentalmente a Marc por citarme allí. Solo en ese momento levanté los ojos y me fijé con más detenimiento en aquel hombre. ―Hola ―pronunció en un castellano torpe con una profunda voz varonil―. Era nuestro lugar. Suspiré hondo y soporté la congoja que amenazaba con estrangular mi garganta. dirigiéndome con paso firme hasta la entrada del restaurante. como si fuera un pequeño diablillo. y me dirigí con decisión a la mesa en la que sabía que Marc me esperaba. en estos cinco años transcurridos. Sonrió con amplitud y arrugas de satisfacción le circundaron los ojos verdes. donde las hojas del árbol que daba algo de sombra eran golpeadas sin piedad por las gotas de lluvia que caían con furia sobre ellas. Me tendió una mano y yo se la cogí. con gesto divertido. Él se levantó y se acercó a mí. interrumpió mis devaneos mentales. ―Tú sí has pasado con nota ―murmuró con voz ronca.observaban con un punto de interés y de diversión. hasta que una voz grave. Le sonreí. ahora vacía. Pensé que nada. había cambiado. ―¿El qué? ―pregunté con cortesía. En ese momento. Saludé al guardia. ―Tú sí ―afirmó Patrick. En aquellos pocos pasos. Yo soy Patrick. Él cogió mi mano y me obligó a dirigir mi rostro hacia él. ya que sabía que aquel restaurante era en el que Patrick y yo celebrábamos nuestro aniversario de boda cada año. del que asomaba una camiseta del mismo color. y se concentró de nuevo. Me ruboricé y agaché la cabeza. Tú debes ser Paula. La mesa junto a la ventana que daba a una pequeña terraza.

y después. ―Dentro de cuatro horas cojo el avión de regreso a Madrid. Observé de refilón cómo varias miradas femeninas lo examinaban apreciativamente. Pero aquello no resultaba extraño. compartido confidencias como dos íntimos amigos. Seguía poseyendo esa seguridad de caballero victoriano que provocaba que te sintieras cómoda con él a tu lado. unos días llenos de esperanza en los que habíamos pasado juntos todos y cada uno de los minutos que su absorbente trabajo le permitía. Llevaba varios días debatiéndome entre el deseo de decirle lo que sentía y la tristeza ante la separación. Comprobó la pantalla y maldijo en voz baja. al contrario. Él se detuvo a solo un paso de mi mesa y resopló. Se han acabado mis vacaciones. a la vez que se alisaba el pelo despeinado. ―Bueno. por su cabello salpicado de pequeñas gotas de agua transparentes. Habíamos hablado. cuando en realidad apenas nos conocíamos. Cerré los ojos y exhalé aire con suavidad. Iba a hablar cuando sonó su teléfono. ya lo sabes ―respondí algo confusa. ¿y qué es esa cosa tan importante que tenías que decirme?―pregunté elevando los ojos de la cerveza cuando Patrick se acercó a mí. Su cabello seguía siendo negro como el petróleo y se ondulaba en las puntas. que había comenzado a llover. me ofreció una sonrisa deslumbrante. adorando ese gesto que se había convertido en familiar. ―Bueno. Sonreí de forma inconsciente. ―No puedes irte ―barbotó de forma rápida incongruentemente. Sonreí con levedad y ojeé la carta. ¿y qué es eso tan importante que tenías que decirme? ―pregunté enarcando una ceja en su dirección. reído. Sus ojos de color caoba se posaron en mi rostro y lo escrutaron con detenimiento. tengo que contestar ―murmuró. mientras le daba algo de intimidad. Escuché una exclamación sonora a mi derecha y giré la cabeza hacia la joven que reía en una mesa cercana. yo tenía la sensación de que nos habíamos encontrado después . ―Disculpa. distraída.camisa de un blanco inmaculado. Me agité algo nerviosa sobre la silla. Su mirada siempre había sido capaz de provocar que todo mi cuerpo se tensara. Percibí. Unos días demasiado cortos.

chocaron con los míos―. Lo principal era decirte que estás preciosa. Yo sonreí algo nerviosa como respuesta―. el anillo. ―Quiero que tengamos un hijo ―aseveró. Lo primero: besarla. ¿verdad? ―murmuró y se mostró compungido. sin saber cómo reaccionar. chispeantes. ¡Mierda! ―masculló entre dientes―. lo que provocó un gran revuelo a nuestro alrededor. No te importa que no haya anillo. Él asintió con la cabeza. ―A cualquiera de ellas ―sonrió confiado y guiñó el ojo a las mujeres que seguían cuchicheando y riéndose. ―Sacó una pequeña cuartilla arrugada del bolsillo trasero de su pantalón vaquero y la desplegó en su mano―. Tosí y lo miré estupefacta. ―Es que… no estoy segura de que hayas planteado ninguna pregunta ―balbuceé. Lo que me preocupaba era que él no sintiera lo mismo. ―Me lo vas a poner difícil. Y bien ―continuó él impasible―. Lo siguiente. como si hablara consigo mismo y después me miró confiado―. . después decirle que la quiero. Te he comprado un anillo ¿sabes? Quería hacer todo lo correcto ―afirmó y se palpó el bolsillo de la camisa y después frunció el ceño―. Y esta vez. Tenía. ―Sus ojos verdes. ―Sonrió algo atribulado―. Estás preciosa ―afirmó con convicción y se volvieron a escuchar risas a nuestro alrededor―.de una larga separación. ―Escuché risitas nerviosas provenientes de un grupo de mujeres sentadas en la mesa más próxima a la mía y abrí la boca totalmente sorprendida. tengo todo apuntado en este papel. Luego pedirle que se case conmigo. ¡Joder! Me lo he dejado en el despacho. Todo ordenado. ―¡¿Qué?! ―exclamé atragantándome con un sorbo de cerveza. en realidad. ¿Ves? Aquí está. su rostro se mostró serio. todavía de pie. ¿cuál es tu respuesta? ―¿A qué pregunta? ―acerté a decir cuando pude cerrar la boca. ―Levantó la vista un momento del papel y me lo mostró―. ¿no? ―Sin esperar mi respuesta. como si fuéramos almas destinadas a unirse. fijó la vista de nuevo en el papel―. ―No lo estoy haciendo muy bien. Incluso la música había bajado el volumen y los comensales y camareros se habían reunido para observar la escena. ¿verdad? ―pronunció con voz grave y procedió a arrodillarse.

hace un mes. ―Dime ―contesté y me masajeé el hombro derecho de forma inconsciente. lo siento ―dije y le cogí la mano para apretársela con fuerza―. Ahora voy a besarte. Siempre pensé que no habría otro hombre del que me pudiera enamorar que no fuera Marc. ¿estás aquí? Escuché la voz de Marc llamándome y parpadeé. y supe en ese instante que no te dejaría escapar. ―Mary y yo lo hemos dejado ―explicó mesándose el pelo con gesto cansado. Marc había acabado convirtiéndose en uno de nuestros mejores amigos. Lo demás es negociable ―respondí reprimiendo una carcajada de felicidad. Nuestra historia jamás se escribió. ¿Qué me dices? ―preguntó de nuevo sosteniéndome la mano e inclinando la cabeza como un caballero medieval. cuando lo recuerdo. hasta que conseguimos alquilar un pequeño apartamento cerca del centro. ¿Va a venir Mary? Su rostro se ensombreció y negó con la cabeza. alejando con ello mis recuerdos. quiero decirte que mi vida cambió cuando te vi aparecer aquí mismo. y yo estuve viviendo con ellos durante bastantes meses. hoy estás preciosa. Pero sobre todo. o tres si tú quieres. Conocía a Patrick porque compartían piso y trabajo. ―Solo a veces. Pero él me ignoró y se mostró todavía más persuasivo. todavía me asombra la capacidad de reinventarse del ser humano. sin embargo. pero él no de mí. él nunca mostró sorpresa ni desagrado por nuestra relación. A veces. ―¿Todavía te duele? ―inquirió con gesto preocupado. ―Sonreí restándole importancia―. y ello me descubrió que yo sí que estuve enamorada de él. ―Paula. lo que provocó nuevas risas alrededor. ambos eran analistas informáticos. ―Empieza por besarme.―¡Levántate! ―siseé ruborizada. ¿Quieres hablar de ello? . Patrick. o dos. ―Vaya. Con el paso de los años. pero antes quiero pedirte que te cases conmigo y también deseo tener un hijo contigo. ―Paula.

solo sabía que no me gustaba ese juego peligroso de seducción. Pero a mí siempre me quedó la duda de si bromeaba o escondía una verdad tras una máscara de falsa aceptación. me sentía incómoda cuando el tema surgía. Todo había comenzado el mismo día que Patrick me declaró su amor. ¿Sabes que me has robado a la chica de mis sueños?». no fue la única. mientras Isabel se enfureció diciéndome que cometía una locura. La diferencia no solo estivaba en los . sonriéndome a mí. Le dio un fuerte apretón en la mano a Patrick. Marc adoptó un papel indiferente. Nunca sabía con certeza si hablaba en serio o en broma. Ella era una compañera de trabajo. Cuando regresamos juntos al apartamento. nos esperaban Isabel y su hermano. Buscaban en mí una explicación que solo correspondía dar al interesado.Mary y Marc habían comenzado a salir juntos hacía ya más de un año. pero Patrick era mi amor. Para mí. Solté una brusca carcajada y él me miró con gesto hosco. Patrick afirmaba que no le importaba y se jactaba de haber sido el ganador. ¿Cuándo vas a sentar la cabeza de una vez por todas? ―Cuando la chica de la que estoy enamorado deje de darme esquinazo. otra cualidad loable de Marc. con sinceridad. que parecía congeniar a la perfección con el carácter apacible y sencillo de Marc. Sin embargo. lo denominó «campeón» y con posterioridad. Les contamos que habíamos decidido que viviríamos juntos y que no regresaría a Madrid. por fortuna. Marc había sido mi primer amor. ―La historia de siempre ―me disculpé sin disculparme―. situaciones parecidas se habían desarrollado en lugares y momentos distintos. Después de aquello. no había vuelto a suceder en el último año. Las reacciones de los dos fueron totalmente diferentes. Lo sabía porque yo solía ser su paño de lágrimas. que sabía desenvolverse en cualquier situación. se presentaba con una nueva conquista. Siempre que celebrábamos algo importante. Ella quería algo más serio y yo no estaba preparado ―masculló. ―Sonrió de forma sesgada y se formaron dos hoyuelos en sus mejillas. Hubo muchas mujeres en la vida de Marc en cinco años. Hice una mueca y solté su mano como si quemara. ―No hay mucho que decir. Una joven irlandesa pelirroja y alegre. le dijo de forma textual: «Eres un maldito cabronazo. Lo que. le palmeó la espalda. Y a todas acababa abandonando. Eso distendió el ambiente. Yo.

―Lee la nota ―le insté susurrando. yo me aproximé a la barra con el teléfono en la mano. mi vida. Él se acercó con lentitud. ―¿Hoy no entro a trabajar hasta dentro de tres horas? ―inquirió bastante extrañado. Me detuve un instante mirando con fijeza la fotografía que adornaba la pantalla de bloqueo de mi teléfono. ―Gracias. con una mirada oscurecida y expectante. Pedí dos pintas de Ghinnes negra y aproveché para llamar a Patrick. hablé con Marc y te ha conseguido un pequeño descanso. Frunció el ceño y se dispuso a leerla. ―Sabes que eres tú ―contestó y sus pupilas verdes brillaron con anticipación. ―Voy a pedir ―dije levantándome de pronto. Él entornó los ojos en mi dirección. ―Sí. me acabo de duchar y vestir. ―Me alegra que no vengas envuelta en nada ―murmuró mezclando . ―Pero. y lo miré con detenimiento desde mi refugio en la cama. Me percaté de su fina ironía y de su forma sarcástica de enarcar las cejas. Llevaba puesta la camisa que le regalé en su primer cumpleaños que celebramos después de nuestro enlace. ―Pues ven ―pronuncié de forma seductora―. Se inclinó sobre mí y me besó en los labios a la vez que se deshacía de su corbata. adivinando la sorpresa. Antes de que le diera tiempo a la camarera a acercarse a nuestra mesa. Últimamente trabajas mucho.tiempos verbales. Aparté las mantas y dejé ver mi cuerpo desnudo. y yo no pude evitar una sonrisa traviesa que me atravesó el rostro. Él suspiró y se reclinó en la silla. ¿Una camisa? ¿Cómo sabías que era eso lo que más deseaba? ―preguntó cuando le entregué el paquete antes de que saliera para su trabajo. y recoge tu regalo. ―¿Qué es lo que más deseas? ―pregunté yo a mi vez. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ―exclamó desconcertado. Patrick sonriéndome de forma sesgada desde su mesa de despacho.

tosiendo sin disimulo alguno. No era esa la explicación que esperaba y me atraganté. ―¡¿Qué?! ―exclamé indignada. Sé que Patrick lo entenderá ―afirmó. maldecirlo o directamente escupirle. me leyó el pensamiento. donde esperaba. soy Patrick. ―Te quiero.nuestros alientos. ―¡Eso es imposible! ¿Y Patrick? ―farfullé abriendo los ojos de forma exagerada. ―¿Me dirás ahora por qué me has citado aquí? ―pregunté dando un sorbo a la cerveza. ―No estoy loco. ―Me voy de Dublín. Marc. Él. deja tu mensaje y te llamaré lo antes posible. Por favor. pacientemente. ―Y quiero que te vengas conmigo ―aseveró. ―Hizo una pausa y me miró con algo de tristeza―.» Colgué sin dejar ningún mensaje y regresé a la mesa. pero la cerré con fuerza cuando él prosiguió su discurso. He estado enamorado de ti desde siempre y fui yo quien propuso a mi . al parecer. Ahora no puedo atenderte. ―Lo que más me importa de Dublín eres tú y no estoy dispuesto a dejarte aquí ―continuó él ignorando mis protestas. Abrí la boca para lanzarle un improperio. Es una oportunidad que no puedo rechazar ―explicó con voz serena. Paula. Regreso a España ―murmuró observándome con atención. Después marqué el contacto y esperé a escuchar su voz profunda. Respiré hondo y aparté ese recuerdo de mi mente. Enarqué las cejas con muda sorpresa y esperé alguna explicación más por su parte. ―No puedo dejar a Patrick ―murmuré preguntándome si se habría vuelto loco. ―Me han ofrecido un puesto en la delegación de Madrid. «Hola.

―Frunció los labios como si le doliera pronunciar esas palabras. buscando una solución. Nunca pude perdonárselo. ―No puedo abandonarlo ―expresé con seriedad. Marc ―exclamé comenzando a enfadarme. ―Todas tus bromas… Él no me dejó continuar. una explicación. quería ser el novio. ―Sí. Cuando pensé que podía conquistarte. Pero nunca te olvidé. ―No podía hacerlo. Tú y él compartíais algo especial y decidí apartarme. un sentido a toda aquella conversación. ―Y yo recuerdo que después me emborraché hasta conseguir olvidar todo lo sucedido ―contestó él con rapidez. ―Recuerdo que tu discurso de padrino fue realmente emotivo ―farfullé de forma incoherente. Se lo comenté a Patrick y él aceptó. ―Solo te estoy pidiendo una oportunidad. ―No eran bromas ―afirmó. ―En realidad. Sé que al principio será . Vi mi oportunidad. ―Fuiste nuestro padrino de boda ―musité con desconcierto. ―Dejé de ser una niña hace mucho tiempo. ―Sonrió de nuevo con bastante melancolía.hermana que vinierais aquel verano. y percibí la tensión en cada músculo de su cuerpo. ―Nunca dijiste nada ―rebatí de nuevo. Me froté las sienes con los dedos. ―Eras solo una niña ―se defendió él. Todo se torció cuando él no te dejó abandonada a ti y sí a mi hermana. y jamás lo hiciste ―le acusé. y entonces yo emigré a Irlanda para buscarme la vida. ―Tuviste infinidad de oportunidades de decirme que yo te importaba más que una simple amiga de tu hermana. apareció Patrick ―murmuró. Pero no lo conseguí. y ella solo puso una condición: que le buscara un amigo de confianza para no quedarse abandonada ese mes.

Lo seguí como si caminara entre la niebla. habíamos salido ya del tráfico de la ciudad e internado en la planicie irlandesa. Necesito hacerlo ―balbuceé sintiendo que toda mi estabilidad se tambaleaba. Marc no se detuvo. Oscureció rápido y las sombras de los pequeños bosques que colindaban la carretera se convirtieron en algo amenazante y aterrador. Al salir a la calle. ―Te acompañaré. pero conseguiré que te enamores de mí. ―Debo hablar con él. no. Sin embargo. Esta vez no lo haré. Fruncí los labios y comencé a temblar. El aire se volvió denso y sentí que . Conseguiré recuperarte. Solo había una cosa que escuchaba por encima del ruido de las conversaciones murmuradas y la música. sin embargo. ―Confía en mí. Me aferré con fuerza al cinturón de seguridad sin conseguir respirar. Me puse el cinturón con manos torpes y jadeé con nerviosismo. sus puños estaban cerrados y su gesto. el retumbar de mi propio corazón. ―No puedo ―susurré. Marc sujetaba el volante con serenidad. respiré aire como si me faltara y gemí en voz alta. Paula ―dijo y cogió mi barbilla para obligarme a enfocarlo. no ―dije de forma mecánica negando también con la cabeza y sentí que las lágrimas arrasaban mis ojos cansados―. Lo haremos los dos ―dijo levantándose con ímpetu y arrastrándome a mí con él. tenso. Asentí con levedad y me senté en el asiento del copiloto.difícil. ―No. ¿Cómo puedes hacernos esto? ―Porque tengo que hacerlo ―aseveró formando una línea recta con sus labios. ―Nunca me tuviste. Sus ojos marrones poseían una profundidad atrayente e hipnotizadora. Me guio hasta un aparcamiento cercano y abrió la puerta de su coche para darme paso. ―Esperé demasiado tiempo. sin percibir el contorno de los objetos que me rodeaban ni del hombre que me cogía la mano con firmeza. De vez en cuando me miraba de reojo y apretaba los labios con preocupación. Al poco rato.

Y parecía dormido. salí corriendo del automóvil y me paré. a unos metros. ―¿No es suficiente con que yo te quiera? ―inquirió todavía mostrando una sonrisa arrebatadora. y él me sonrió. ―Te equivocas ―murmuró y de improviso soltó mi mano y aferró el volante girándolo con brusquedad―. Solo recuerdo que vi el rostro de Patrick vuelto hacia mí. ―Ella te adora. Instintivamente intenté sujetarme al asiento ante el impacto que procedió al deslumbramiento por los focos de otro automóvil que venía hacia nosotros a gran velocidad. ―Para mí lo es todo. Él giró de forma repentina para coger una intersección a la izquierda que desembocaba en un pequeño restaurante de carretera. Hice un mohín y le cogí la mano para acariciarla con ternura. Tenía una expresión plácida y serena. ―¡Patrick! ―grité con voz ronca intentando deshacerme del cinturón de seguridad para acceder hasta él. que su frente tenía un profundo corte y sangraba con profusión. ―¿Crees que conseguiré caerle bien a tu madre algún día? ―Me volví hacia Patrick. y él prorrumpió en sonoras carcajadas. jadeando y sujetándome las costillas. que conducía con solo una mano de forma tranquila. No recuerdo si estuve inconsciente o si olvidé retazos de aquellos momentos robados a la vida. No me dio tiempo a pensar o a decir nada más. Al instante lo tuve junto a mí. Su mano serpenteó con torpeza . no quiero saber qué les dice y hace a los que odia. Detuvo el coche y apagó el motor. No necesito nada más ―afirmé con un nudo en la garganta. Antes de que le diera tiempo a preguntar nada. De improviso. Él abrió los ojos con lentitud y suspiró. como toda mi familia ―respondió. ―Bufé haciendo volar mi flequillo. sosteniéndome para que no cayera al suelo. los focos de otro coche que aparcaba me deslumbraron y emití un grito desgarrador. ―¡Para! ―supliqué.me estaba ahogando. Pero ¿qué demonios…? Me golpeé contra el respaldo y gemí. ―Pues si me adora.

―Su voz me llegaba lejana. ―Devuélvemelo ―supliqué. «Hola. Por favor.» Otra voz. Paula. Con un solo dedo desbloqueé la pantalla. mírame. como si no hubiéramos tenido un accidente―.hacia la mía y ambas se tocaron. Tú lo eres todo para mí. soy Patrick. Escuché la voz de mi marido. ―Mi amor. Cálmate. ¡Devuélvemelo! ―No lo haré. devolviéndome el eco de mis sueños perdidos. dejando mi vida atrás para enfrentarme a un nuevo destino con él. ―¡Tengo que llamarlo! ―aullé deshaciéndome del abrazo de Marc―. Su voz profunda hacía que. ¡Necesito escuchar su voz! Saqué el teléfono del bolso y éste cayó al suelo. Cerró los ojos y yo grité de nuevo pidiendo ayuda. ―No dejaré que sigas torturándote llamando a su teléfono una y otra vez. ―Te equivocas ―repitió de nuevo. ¿estás bien? ―pronunció casi sin voz. más suave. Ahora no puedo atenderte. Después. ―Sí ―afirmé sintiendo cómo las lágrimas se deslizaban por mis mejillas sin que pudiera reprimir el dolor que comenzaba a sentir en el hombro derecho. Por favor. Se rindió y dejó el teléfono en mi mano derecha. emití un gemido quedo quedándome de nuevo mirando con fijeza su fotografía y seleccioné su contacto. rebotando en una piedra. Escuchando una voz que nunca volverás a oír en vida. ―¡No! ―grité golpeándole con los puños―. aunque únicamente fuera unos instantes. casi acariciadora. mi mente y mi cuerpo se evadieran. como de un lugar escondido entre las montañas. estoy perdido. Marc lo alcanzó antes que yo y se lo guardó en el bolsillo de la americana del traje gris. deja tu mensaje y te llamaré lo antes posible. Una voz que . Sin ti. aquel que había llegado a amar por encima de todo. me devolvió con brusquedad a la realidad que me rodeaba. escuché. Levanté la vista y él me sujetó los hombros con sus fuertes manos.

Lo has sido siempre. entre sus brazos. Juntos lo superaremos y estoy seguro de que con el tiempo llegarás a amarme como sé que me amabas antes de que él apareciera ―susurró con voz ronca. ―Él lo era todo. ―¿Cómo puedes estar tan seguro? ―inquirí aspirando su olor tan familiar. porque no te dejaré ―expresó pasando su mano a lo largo de mi columna vertebral una y otra vez. ―No pudiste evitarlo. ―Me rendí ante él y ante el mundo.jamás regresará ―susurró y me cogió el teléfono para guardárselo en el bolsillo de su chaqueta del traje. relajándome por fin. sin descanso. vi un amor que no quise reconocer durante años. murió junto a mí y no pude hacer nada. ―Lo sigo amando ―confesé finalmente. No me alegro de que Patrick muriera. Y no puedes seguir castigándote y escondiéndote de todos. en otro tiempo tan querido. Y en sus ojos vi amor. ―Lo vi morir. como un caballero. vi a Marc. Ahora no lo voy a hacer. Él suspiró hondo y me abrazó con más fuerza todavía. ―Vendrás conmigo y empezaremos de nuevo ―contestó. ―Ya no sé qué voy a hacer ―dije perdiendo las fuerzas. Me aparté con suavidad y observé su rostro. Por primera vez. Marc. Tú no lo entiendes. Busqué a otra que te reemplazara durante años y no lo conseguí. escondido en una apariencia de eterno casanova. vi al hombre que se ocultaba tras un rostro de seductor y carismático triunfador. Sollocé. Por primera vez. ―Porque tú lo eres todo para mí. y él me acogió entre sus brazos. pero también me hizo un regalo: poder recuperarte ―aseveró cogiéndome con una mano la barbilla para que le mirara. En un instante mi vida se convirtió en un infierno y no fui capaz de hacer nada ―continué entre hipidos y gemidos. ahora ensombrecido por la preocupación y las dudas. Al Marc que había inundado mis sueños . sabes que era mi mejor amigo. ―¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no sé a lo que me enfrento? Una vez me aparté de la lucha. Nadie pudo.

Recogió una lágrima furtiva de una de mis mejillas y esbozó una sonrisa triste. . ―Yo… no sé si… ―balbuceé de forma incoherente. Se inclinó despacio y con incalculable ternura besó mis labios. sintiendo el calor que emanaba su cuerpo. solo para cogerme el rostro con ambas manos. Dos corazones que habían perdido. ―Una oportunidad ―repetí yo. ―Solo te pido una oportunidad ―murmuró. la seguridad que imprimía a cada gesto y acción. Apoyé mi rostro sobre su pecho y escuché su fuerte corazón retumbando al igual que estaba haciendo el mío. ―Sí ―susurré tan silenciosamente que no estuve segura de si él me escuchó. Dos corazones que vieron deslizarse su oportunidad diluida en el tiempo. Lo escuché suspirar hondo y se apartó unos centímetros. Él me acarició el pelo y su dedo índice recorrió mis labios. ―Déjame escribir nuestra historia ―pidió junto a mi boca.adolescentes de promesas incumplidas.

Ya no podía resistirse más a aquel reto ni a su cruel tormento. como si en aquellas letras de molde latiera una luz extraña y envolvente. era incapaz de apartar los ojos de la hipnótica grafía. Ya no solo se limitaba a denunciar . tentada estuvo de sucumbir al ofrecimiento que hizo el gran ilusionista. pero… nunca he visto o escuchado algo que pueda convencerme de que exista alguna posibilidad de comunicación con una persona muerta. un resplandor titilante que alimentaba la llama de la decisión que crecía en su interior de una manera apabullante.» Harry Houdini Por más que releía aquel párrafo publicado en The Sun. Y ella se había solazado por cada captura. Nieva 1 Londres. Harry era el azote de los médiums. aunque cumplía el mismo cometido.Spiritus Lola P. A finales del año 1919. hasta hoy. Yo estoy perfectamente dispuesto a creer. había logrado desenmascarar a un sinfín de oportunistas desalmados que jugaban con el dolor y la desesperación de los crédulos. cinco mil libras esterlinas al médium que lograra demostrar que podía comunicarse con los espíritus. 30 de Octubre de 1922 «Mi mente está abierta. La caza espiritista de Houdini había perdido su verdadera esencia.

su primera respiración fue dolorosa. Hermanos pequeños. No. no implicaba que ella lo fuera. Desde el primer aliento. Y lo haría como a ese hombre le gustaba hacerlo todo. con pompa y dramatismo. Y aun así. de rabia contenida y de frustración desesperante. la zona más marginada de todo Londres. y más cuando su familia malvivía a duras penas en East End. desde el primer día en que abrió los ojos a este mundo. de lágrimas amargas. Debía mostrarle al gran ilusionista. Sus siguientes bocanadas en los años que conformaron su niñez. . en el distrito de Whitechapel. carteristas y maleantes. no sirvieron más que para agravar aquel estado de amargura perpetua. Y ya era hora de demostrarlo. Aquel párrafo en el The Sun implicaba todo un reto para ella. nada la ataba ya. y solo eso. Y más en este momento en que el ofrecimiento del implacable mago ascendía a diez mil libras. y era lo que veía. Siempre supo que nada la anclaba a esa vida de lucha continua. que se pavoneaba orgulloso mofándose de la no existencia del más allá. transida y acre. eso. sino que usaba sus intervenciones como verdaderas representaciones de mofa y burla sobre el tema para acrecentar su fama. Sería todo un espectáculo digno de contemplar. que derrochaba en botellas de ginebra adulterada. Aquel teatral cariz enervaba su ánimo. De padre desconocido. Suspiró y cerró el periódico arrugado sobre su regazo. Solo una cosa la sostenía. un bebé de apenas tres meses. pálido y desnutrido que cuidaba aun sabiendo que un día más en aquel mísero cubículo nauseabundo en el que vivían rubricaría su sentencia de muerte. la llenaba de esperanza. su craso error. una cantidad nada desdeñable.ante el público a los inmorales estafadores para proteger a los incautos. y el último en llegar. haciendo crepitar en ella una sublevación que apenas lograba ya contener. madre alcohólica entregada al meretricio por unos pocos chelines. el dinero no suponía la principal razón de su inminente atrevimiento. Que la gran mayoría de médiums fueran tan solo unos vulgares embaucadores.

o mejor dicho. cada instante vivido junto a él. quién fue. aquel fatídico 5 de septiembre de 1666. y ya conocía el amor. Y eran esos recónditos recuerdos los que la mantenían con vida. de origen . pereció en aquella ingrata ciudad de la manera más ignominiosa. ya no solo con actos y palabras. a menudo con semblantes confundidos y tristes. Luego. Jason Davis. con formas humanas. Algunos le hablaban. Los que gozaban en la observancia del dolor ajeno. sumida en la embriaguez era lo más parecido a un monstruo infame escapado del ultramundo. injusta y atroz. dotada de un cariz tan inhumando que aterraba. Rememoraba. Si estando sobria era una mujer despiadada. blanquecinos y desvaídos. sino con indiferencia. eran como siluetas nebulosas que flotaban deambulando por las calles. y los que ultrajaban a mujeres indefensas. El amor que ella conocía no era de este mundo. se tiraba en el camastro y dormía durante horas. a través de sus sueños. Pero había tenido otra. como realmente fueron alguna vez pero de apariencia etérea. Solía vigilar su llegada para esconderse con el bebé en las sórdidas callejuelas de Whitechapel. Alice apenas tenía 16 años. Era a los vivos a los que más temía. Hasta llegó a pasar noches en el hediondo interior de un tonel de vino rancio. y de entre todos ellos. momento en que ella rebuscaba en los bolsillos de su vestido algún chelín huidizo para una hogaza de pan y una jarra de leche. No. y aquella expresión era significativamente literal. pues prefirió una paliza tras otra a ser entregada a un burdel como objeto de venta por su madre. Su amor había muerto hacía tres siglos. Su nombre había sido Sanne Drescher. pues desde muy niña comenzó a recordar quién era realmente. Ambos sucumbieron al gran incendio que asoló Londres. como la espesa bruma que se alzaba sobre la ciudad procedente del Támesis. Aquella era su miserable vida. su otra mitad. los que colgaban y apaleaban animales. En efecto. escuchando a su progenitora gritar desaforada amenazas de muerte contra ellos. los que disfrutaban con la tortura del débil. la que le causaba más espanto era su propia madre. para eso estaban los vivos. los que pateaban niños. No el físico. ninguno le inspiró jamás temor alguno. otros simplemente la miraban curiosos.Veía espíritus incorpóreos.

Algo realmente temerario teniendo en cuenta que se libraba una guerra anglo-holandesa. y lo recordaba tan vívidamente como si fuera ayer. Todo comenzó aquel aciago día. Solo alguien como él podía haberse fijado en ella. sintió cómo todo su mundo temblaba ante su sola presencia. y se extendió rápidamente. distrito a distrito. cuando aquel maldito incendió quebró sus vidas. perdió tiempo pidiendo la autorización de los convecinos para la demolición. actuó como la pólvora. la ineficacia e indolencia del alcalde Sir Thomas Bloodworth fue el agravante de la tragedia. poco después de la medianoche del domingo. Ambos planeaban una dichosa vida juntos. El pánico corrió tan . enarbolando un agudo desdén hacía sus iguales mostrando un carácter sombrío. las construcciones de madera y paja. Jason. adusto y recalcitrante en su trato. El único procedimiento efectivo era demoler edificios para crear un cortafuegos. Odiaba la intransigencia vacía y superficial de la alta sociedad inglesa. apuesto. miles de personas corrían intentando salvar sus pertenencias. como su corazón se encogía ante su cercanía. aunque refrescante. lejos de los convencionalismos sociales. El fuego se desató en la panadería de Thomas Farriner. Jason era un Lord inglés.666. Conoció a Jason en un evento social. La tormenta ígnea asoló la ciudad. decidió pedirla en matrimonio. sin embargo. Se entregó a él de la misma manera que él lo hizo con ella. como su cuerpo evidenciaba su debilidad por él. con un compromiso de amor eterno. En lugar de actuar con premura. nada convencional. un tiempo que ya no pudo recuperar. Y como era natural. una joven inmigrante de padres comerciantes que usaban sus gruesas alforjas adineradas para intentar integrarla entre el rancio abolengo nobiliario inglés. Lenguas de fuego lamían el cielo con voracidad. fue incapaz de resistirse a su implacable seducción. en Pudding Lane. y fue precisamente aquel origen el que condenó su destino. tan solo separadas por angostas callejuelas. se rebelaba contra sus normas. Era irreverente ante las rígidas costumbres de la nobleza y desafiaba la hipocresía con una descarada. el 2 de septiembre de 1. y desde que él puso sus negros ojos sobre ella. alto. aun a sabiendas de que se le arrebataría el título y toda brizna de herencia.holandés. sinceridad. en contra de los deseos de su padre.

donde demonios de fuego campaban a sus anchas ennegreciendo el cielo y robando un alma tras otra. remaron hacia la otra orilla con un plan. a bordo de cualquier buque mercante. Mataron a sus padres y lo habrían hecho con ella si Jason no hubiera aparecido con la cara tiznada. enemigos de la patria. Y fue uno de esos destacamentos el que los sorprendió subiendo a una goleta. con destino incierto. Allí. y se organizaron comitivas de rufianes en busca de justicia. el distorsionado reflejo anaranjado de una ciudad sacudida por una tragedia de dimensiones titánicas. contemplaron en la superficie rielante. A la mañana siguiente. Jason rebuscó entre los palés de un pescador. y se adentraron en las oscuras aguas remando hacia el centro de río. los lamentos y los gritos de agonía. pero también hicieron algo más. mató a tres de ellos con su pequeña pistola de percusión. esquivando la desolación. El puerto estaba atestado. muriendo en el trayecto pisoteado por sus congéneres. El calor era tan intenso que el aire ponzoñoso y denso quemaba sus pulmones en cada bocanada. Lograron llegar a la orilla del Támesis. enajenar el ánimo de los supervivientes que buscaban un culpable para desatar su ira y su venganza. la ropa mugrienta y un semblante de furia y terror desgarrando sus hermosas facciones. que había escondido con anterioridad. revelando una canoa estrecha y manejable. Corrieron huyendo de las llamas y de la muerte. que todas las fuerzas militares se habían desplegado en regimientos con diferentes funciones. Y la devastación de la ciudad fue tal. Jason la cubrió con una manta y. No obstante. el destino tenía otro plan para ellos. abrazados. pero juntos. Londres se había convertido en una pesadilla monstruosamente grotesca. Comenzó el rumor de que el incendio había sido obra de los holandeses. aquella era su única premisa. .veloz como el fuego. el único viable: Escapar de la ciudad. Se enfrentó con temeraria gallardía a los justicieros. sembrando el horror y la desesperación. la gente se atropellaba por llegar a las gabarras de los ríos Támesis y Fleet. dificultando el avance con toses violentas que los doblaban en dos. La guarnición de la Torre de Londres había utilizado pólvora como cortafuego. Y fue una de esas pandillas las que los sorprendió cuando huían.

No tuvieron ninguna oportunidad. es lo único que puedo ofrecer. apretó los dientes y agregó:― Iré en tu busca. intentaré que intercedan por nosotros. . ―Te esperaré ―gimió ella con voz rota. ¿lo oyes? ―Su voz enronquecida por el humo se quebró. El alguacil la arrastró hacia la salida. se besaron angustiados. lo juro por mi alma. pero no fue el caso. la devastación de la ciudad seá la máxima prioridad del Estado Mayor. ―No habrá juicio hasta que logren contener el incendio ―había musitado con los ojos enrojecidos e inflamados por el humo―. Unos dedos asomaron ciñéndose a las rejas del ventanuco superior. y fue que la dejaran en la celda unos minutos con él. te juro que escaparé de este infecta prisión y daré contigo. amor mío! Y quizá hubiera resistido si la hubieran llevado a otra celda. Ambos fueron conducidos a la prisión Fleet. Jason pidió solo un deseo. Tengo amigos en el alto mando. no se debatió. ¡Volveremos a estar juntos. ―Te encontraré ―prometió vehemente.Y puede que. una voz la acompañó por aquel lóbrego pasadizo. incluso después. Cuando la puerta del calabozo chirrió sobre sus goznes quejumbrosos. ―¡Resiste! ―gritaba―. Jason sostuvo su cabeza entre sus manos clavando en ella una profunda mirada enamorada. Fueron apresados. Se abrazaron temblorosos. pues el resto es tuyo. cerró los ojos. y con tan mala fortuna que uno de los soldados reconoció en Jason al agresor y asesino de aquella pandilla de linchamiento a la que se había enfrentado por salvarla. Ella se ciñó a su pecho y sollozó desconsolada mientras él acariciaba su espalda y susurraba palabras tranquilizadoras que decidió creer. Mantente con vida. solo había una pena posible para ese cargo. prendió sus ojos en los de su amante hasta que aquella tosca puerta de madera se cerró ante ella. se miraron desesperados. te sacaré de aquí amor mío. acusados de alta traición a la Corona de Inglaterra. afectado. si no lo consigo.

La vida. El espectro de Jason la visitaba. Aguardó a que aquel compasivo hombre remara hasta el tramo más caudaloso del río y. la ciudad era la misma. Infames lenguas de fuego se asomaban danzantes por los ventanucos de las celdas.Fue llevada a las dependencias de los soldados. Cayó de rodillas. Un hombre la levantó y la arrastró hacia la orilla. Los gritos desaforados de auténtico pavor se mezclaban con los agónicos lamentos de dolor y el nauseabundo olor de la carne quemada. un edificio anexo a la prisión. Y así fue. lo que significaba que él no había . de su pecho escapó un alarido infrahumano. Ya sangraba profusamente. Ultrajada. se lanzó por la borda. que todavía titilaba en su maltrecho cuerpo. la dejaron tirada en un camastro como un objeto roto. tan agudo y lacerante que la desgarró por dentro. la gente la empujaba en su afán por escapar del fuego. logró arrastrarse fuera de la estancia después de que los hombres salieran a trompicones ante el grito de ¡¡¡fuego!!! Apenas sin sostenerse en pie. ser de origen holandés. ya no tenía sentido. y ya anhelaba la muerte. aunque todavía en uso. Vejada. Sino cuatro soldados que la miraban con odio y lascivia. la metió en un bote y remó tranquilizándola. golpeada con virulencia. en un descuido. Pero no era un interrogatorio lo que allí le aguardaba. aunque no el siglo. la negrura envolvió a Sanne y el dolor pasó. Pero ella ya no era ella. rogando que la negrura del agua y del cielo apagaran su vida. Escuchó cómo decían que pasaría por ella toda la guarnición hasta que muriera de dolor o inanición. justo en la planta donde estaba Jason. Pero su sufrimiento despuntó tres días después. mancillada. y seguía esperando algo que no llegaba. Ahora era Alice. La sujetaron entre dos hombres mientras los demás se afanaban en forzarla y golpearla sin piedad. para un interrogatorio por ser considerada enemiga de la Corona. le habían arrancado el alma y el corazón. según el Alguacil Mayor. Luego se turnaron. Su único delito. A su lado. salió a la calle para ver con horror cómo las llamas devoraban la prisión. rota y casi desangrada.

La joven dama acudió presta al porche. Acechó en la esquina de enfrente hasta que la gran puerta de doble hoja se abrió. no solo de vida. le había enseñado hacía ya tantos años. Acto seguido. los sólidos y los incorpóreos. Vivía de caricias imaginarias. dejó a su hermanito envuelto en un canasto y corrió a esconderse. también de muerte. Caminó sin rumbo. Fue la primera vez en su vida que le dio buen uso al conocimiento de las letras que la buena de Dolly. Era hora de partir. Allí. Londres bullía a su alrededor. en sus gestos y en sus inquietudes que era incapaz de discernir cuál era real. Por la expresión de su rostro supo que no iba a hacer falta la suplica que adjuntaba en una nota… «Sálvelo de una muerte infame o. sonreír emocionada leyendo aquel sucio trozo de papel. tal vez en otra vida…. los había seguido hasta su domicilio. y una doncella miró espantada el canasto. una doncella bondadosa. Con mi más profunda gratitud. . de una vida ingrata. Había presenciado su gesto amable y bondadoso con los más desfavorecidos. pensó cogitabunda. Esa puerta se cerró. alguien que pronto será salvada. Ella veía ambos viandantes. tan similares en sus andares. deposito en sus gentiles manos mi mayor tesoro. Solo había un diferencia entres ellos. barrió la calle con la mirada y llamó a su señora. mi único. el anhelo se reflejaba en su mirada tan claro como el agua de un manantial. 2 Llamó a aquella suntuosamente labrada puerta un par de veces.logrado renacer en esta época.» Con lágrimas en los ojos vio por última vez a su hermano gorjear y revolverse en el desarrapado manto. ahora quedaba la suya. los muertos no lucían el orgullo en su expresión. Llevaba tiempo observando a aquella pareja joven de alta alcurnia. peor aún. en realidad. Fredy tendría un hogar en lugar de una muerte lenta y dolorosa. y a la dama. se inclinó con asombro sobre la cesta y tomó en sus brazos al bebé. soltó el aldabón. la compasible dulzura de sus ojos cuando veían un niño pequeño. de besos soñados y de esperanzas que se rompían cada día.

Alice. se dirigió hacia el hotel donde se hospedada el gran mago y consiguió que un chico de servicio le pasara una nota. que se comunicaba con los espíritus mediante la escritura automática. Era él. Hacía apenas unos meses que Houdini había participado en una sesión espiritista con la esposa de sir Arthur. ―Míreme. señor Erik Weisz. un sombrero aceptable y unos zapatos lustrosos. y sollozó durante casi toda la tarde. Había usado ese apelativo en la nota. en la calle lateral al hotel. Cuando se secó las lagrimas. y si lo hacía. Y así caminaba de un lado a otro hasta que algo la detuvo y la obligó a mirar tras su espalda. otra vida en la que él no estaba. ―Muchacha. trazó en el papel una cruz y . Se sentó en un banco en el parque St. ―No mucha gente conoce mis orígenes ―comenzó―. como si observar la desgracia ajena fuera tan contagioso como la peste. ¿de veras cree que puedo pagar un detective privado? ¿Cree que existe alguna forma de que sepa lo que sucedió en aquel hotel de Atlantic City con sir Arthur Conan Doyle y su esposa Jean? ¿Cree que alguien pudo contarme lo desdichado y decepcionado que se sintió cuando la esposa de su gran amigo lo engañó con un mensaje falso supuestamente transmitido por su madre muerta? ¿De veras cree que tengo los medios? La sagaz y asombrada mirada del hombre la estudió un instante. ¿eres tú la que acepta el reto? Alice observó la mirada aguda y perspicaz del hombre y asintió. Le habían asegurado que Jean sería capaz de contactar con la madre de Houdini. incómodos y molestos. ―Soy yo. sumida en su peculiar trance. James.sino más bien un humilde pesar. Le habían prestado un vestido decente. No obstante soy un personaje famoso. Otra vida desperdiciada. una médium reconocida. desviaban la vista con prontitud. El hombre parpadeó claramente sorprendido de que conociera su verdadero nombre. pero cuando la mujer. No albergó ninguna duda sobre que el gran Houdini acudiría a donde lo esperaba ella. nadie reparó en ella. no sería difícil averiguar sobre mí.

sería ella. las comisuras de sus labios se estiraron en una mueca sardónica. ―No. ―Intuyo que le urge el dinero. ―Lo que me urge es escapar. aunque parece muy joven. pero ya sabes que son otras capacidades las que a mí me interesan. ―Lo estoy. estranguló una sonrisa jactanciosa. su madre no sabía inglés a pesar de vivir en América. sin duda. en mi habitación de hotel ―concedió―. el mago entró en cólera. con perturbadora claridad. Houdini balanceó su elegante bastón. habrá testigos. ¿Le supondrá un problema a su… concentración. El hombre sonrió interesado y se acercó a ella con curiosidad. ―Solo confianza. La que realmente iba a disfrutar de aquel particular show. hasta el momento. Alice leía y veía en su mente. ―Veo que. Su madre era judía. señorita? Percibió la sorna en su tono. Pudo ver con somera claridad cómo las pupilas del gran mago se dilataban con creciente intriga. . será mi primera sesión pública. aquel suceso. no necesito concentrarme. derrocha experiencia y confianza. ―Mañana. ―¡Impresionante! ―¿Dónde desea que le ofrezca el espectáculo que tanto ansía? Houdini se atusó su rizado cabello y le dirigió una mirada incrédula. e impaciente además. no tienes lo medios económicos ―convino―. dígame. y esas. Alice detuvo su mirada en él. derrochando en ella toda su agonía.unas palabras en inglés. ¿por qué el mensaje que me transmitió la esposa de Sir Arthur era falso? ―Porque no utilizó su lengua materna. y porque el mensaje de escritura automática emitido por la señora Conan Doyle lo encabezaba una cruz cristiana. ―No se preocupe. prometen. todos tan incrédulos como yo. señorita. Así que. ―Parece estar muy segura de sí misma.

―¿No reservas nada para ti? ―No. inseguro y frustrado. no busco nada de eso en usted. de que existía un más allá. que la razón y el ingenio eran la única fuerza sobrenatural sobre la tierra. a pesar de su apariencia segura. solo anhelaba fervientemente a alguien que realmente lo convenciera de lo contrario. Arrugó el ceño. excepto tal vez… volver a vivir. ―Joven. de ensortijados cabellos oscuros y piel cetrina. de su firme aplomo y de la decisión de su mirada. repartido en los principales orfanatos del país. Indagó en el rostro de aquel hombre nervudo y fuerte. En realidad. Alice se encogió de hombros. no necesito nada. y supo que. como exigiré su palabra de caballero con respecto a mis deseos expresos de ingresar el dinero. señor Weisz. se siente en el corazón sin necesidad de pruebas. yo las necesito. en su fuero interno. Casi me apena liquidar su carrera antes siquiera de haber comenzado. una esperanza tras la muerte. la fe que perdí hace tantos años. solo era un espíritu inconformista y triste. ―Eres la primera persona que hace que destelle de nuevo en mí. ―¿Debo entender que lo rechaza? ―No. chasqueó la lengua en un gesto decepcionado. Intentando convencer al mundo que con tesón y esfuerzo todo era posible. incluso los hechos más asombrosos. Exigiré el premio. ni siquiera su dinero. señor Weisz ni simule compadecerse. ―Sin embargo. negó asombrado con la cabeza. no era el hombre que aparentaba ser. incauta y audaz ―murmuró―. Los oscuros ojos del mago se entrecerraron suspicaces. ―No finja aflicción. en su totalidad. Alice sacudió la cabeza esgrimiendo una sonrisa mordaz.Sus cejas se enarcaron con asombro. depositando en ella una mirada de sincera admiración. . Sin embargo. de expresión inteligente y mirada profunda. ―La verdadera fe.

El alba rompió sus pensamientos y fue entonces cuando el dolor surgió de nuevo. llegó hasta ella. casi asumido. Giró sobre sus talones y caminó lentamente alejándose de él. Estaba exhausta.Frente a él tenía a ese alguien. tal vez se cumpla. Un sufrimiento heredado. la que gemía en su interior. exigua y tan necesitada de amor que los minutos que la separaban de su liberación se alargaban eternos. era su alma. Había intentado soñar con él. nerviosa y enérgica. habitación 102! 3 Apenas había logrado dormitar tumbada entre cartones. pero créame si le digo que tretas más bajas han usado para engatusarme. Cecilia era la madre de Houdini. incluso. el infierno si fuera preciso. lo que tanto ansiaba. con semblante oscuro. una pesadumbre pesada y cargante que le arrebataba cualquier atisbo de nostalgia en la despedida a su joven vida. El hombre tragó saliva visiblemente incómodo. Su voz. y ya no era su cuerpo el que flaqueaba. ―Cuidado con lo que desea. un puñal conocido. atravesando dimensiones. a las diez en punto. ―No sé cómo ha descubierto el nombre de mi madre. Esta vez iría a buscarlo ella misma. Deambuló por los muelles con paso desganado. y más contundentes que un nombre o un alarde. susurrándole anécdotas. ―Cecilia y yo se las daremos ―aseguró ella. en una esquina oscura y fétida. con Jason. jovencita. Pruebas. embebiéndose de la sorpresa que destelló en el semblante del mago. pero no había conseguido evocarlo. transida y marchita. a su lado. . Gran Houdini. Estaba incompleta. cargada de impaciencia. miró a ambos lados con cierto desconcierto y clavó de nuevo su mirada en ella. mundos. purgatorios e. y mirando a su hijo con infinita ternura desde su tenue opacidad. viejo pero inagotable. Un gemido roto que reverberaba en los confines de su ser aullando como un animal moribundo. con mirada perdida. eternidades. ―¡Mañana. la que ahora estaba a su lado.

Se alisó el vestido y se atusó. mejillas flácidas. Sus pasos vagos la condujeron al hotel sorprendentemente a la hora exacta de la cita. soy Alice ―se apresuró a replicar antes de que la echaran a patadas de allí. alarmado. ―Houdini me espera. como si intuyeran que pronto sería uno de ellos. ―Creí que solo habría testigos incrédulos ―musitó mirando a sir Arthur―. El muchacho. Pienso desmontar hoy hasta la más mínima duda. agradezco su deferencia. asintió y la condujo al primer piso. Un botones. la antítesis de Houdini. Un hombre la abrió. malhumorado. frondoso bigote canoso. un prominente espiritualista. El eco de sus pasos fue absorbido por una mullida alfombra de colores sobrios y diseño elegante que cubría el largo pasillo punteado de puertas lustrosas. no sé cuánto le han pagado para que se preste a semejante vodevil. ―Acompaña a su esposa Jean. lo lamento por usted. de expresión bonachona. Acababa de publicar su último libro. Era sir Arthur Conan Doyle. se dirigió hacia él. La llamada de las Hadas. el dorado cabello que caía descuidado sobre sus hombros. pero le aseguro que será el único dinero . Respiró profundamente y se adentró en la suntuosa recepción. el afamado novelista. frente ancha y mirada compasiva. Se detuvieron frente a la puerta número 102. corrió hacia ella. Cuando localizó a Houdini entre el resto de asistentes. Alto y corpulento.Se percató durante su caminata de la creciente atención que despertaba entre los etéreos espíritus con que se topaba. exigí que ambos estuvieran presentes ―explicó lanzándoles una mirada recelosa―. sobre las controvertidas fotografías de dos niñas junto a unas danzantes hadas de arroyo en el pueblo de Cottingley. apática. sin dejar de fruncir el ceño. Un amplio e inmaculado hall se abrió ante ella. Supo al instante de quién se trataba. aunque no la necesito.

Observó a sir Arthur y a su esposa Jean. Mientras tanto. ofrecería su don. Denotó de inmediato la tensión entre ellos. sino los vuestros. Posó sus pálidas manos en el tapete de la mesa. Advirtió la presencia de varios periodistas y de hombres distinguidos que la miraron condenatoriamente. y a la de vuestros espíritus ―comenzó alzando teatralmente el tono. ―Adelante. Varias personas de pie aguardaban en silencio. Houdini se aprestó a tomarlas. su cuerpo y su voluntad a los entes que aguardaban su turno. al que evocaría con toda su alma. Bien. Tras el gran Harry Houdini. solo faltaba el ser más importante. Escuchó un rumor sorpresivo entre los asistentes. Acto seguido cerró los ojos. . ―Yo solo veo rencor y orgullo ―arguyó con voz pausada―. espero que resista el golpe de humildad que está a punto de sufrir. y algún pariente fantasmal más que acompañaba a alguno de los testigos. una cortina tupida matizaba la escasa iluminación de una mañana nublada. El gran ilusionista dibujó una amplía y condescendiente sonrisa en sus labios. junto a ellos. su madre Cecilia. No le faltarían informantes. como un telón gélido que los separaba indefectiblemente. ―No son mis espíritus los que ahora veo aquí. Alice. boca arriba. señor Houdini. Es usted un hombre pretencioso. le ofreció asiento e hizo lo mismo frente a ella. estoy impaciente. el pálido espectro de su hijo Kingsley muerto de neumonía durante la Gran Guerra.que verá. en clara invitación. pensó. mientras cerraba bocas y repartía humildades. Houdini la condujo hasta una pequeña mesa circular. La sala estaba en penumbras. ―Estoy a vuestra merced. las suspicacias y la recientemente amarga decepción sufrida a manos de su gran amigo. Le dedicó una sutil y aristocrática reverencia e hizo el gesto de invitarla a entrar en la sala contigua. penetrándola con una mirada profunda e inquisidora.

sus labios se entreabrieron mudos de asombro. a szív nem engem. (Tú tenías 8 años. De pronto. ―Igen. Dejó su mente en blanco. az én kis Erik? Houdini ahogó un respingo. ―¿Puede hablar con mi madre? ―inquirió el mago.) Aquella respuesta caldeó al ser que la ocupaba. ―Ne feledje. Apoya las manos en sus hombros. Su mirada cambió. Ya no la veía a ella. veía a su madre. sintió una caricia gélida. un temblor agudo y una presencia llenándola. Ese día comenzó tu vocación por la magia. un vacío vertiginoso. está tras usted. Tu padre me lo dijo). Una voz llana y suave salió de ella. Por alguna razón ella comprendió el idioma… Cecilia preguntaba si el pequeño Erik recordaba al Dr. Azon a napon kezdődött. ―Puedo verla ―admitió abriendo los ojos―. Lynn. (¿Madre?) Alice asintió. la mirada de Houdini se nubló con recuerdos emotivos. Entonces. Az apja azt mondta nekem. mikor utazott Svédországba. una fuerza invisible alargó sus labios en una desconocida sonrisa tierna. ―¿Anya? ―balbuceó conmocionado. ―Ni veo ni siento nada ―replicó el hombre con evidente desconfianza. respiró hondo y acumuló su energía en una luminosa invitación a entrar en ella a la primera invocación. reprimiendo un estrangulado sollozo. El mago cerró los ojos con fuerza. Cuando la miró de nuevo. hogy Dr. sintió su alivio. anya ―contestó afectado. Los asistentes dieron un respingo. ―Jól vagyok. madre. a tehetség a varázslat. Alice miró al espíritu de Cecilia y asintió casi imperceptiblemente. ―Volt 8 év. agrandó los ojos. (Sí. de nem . por fin.―Pregunten cuánto deseen ―empezó. Lynn.

Y la paz la invadió a ella. (Estoy bien. se incorporó y se dejó caer de rodillas frente a ella. Erik. a sus objetos personales. Nunca se fue de su lado. sus lágrimas son sus cadenas. cuando viajaste a Suecia. El hombre alzó su rostro. el corazón me falló. mientras lloraba con desconsuelo. és éld az életed békében. él la recibirá. y la impulsó en caricias rítmicas que arrancaron más sollozos. y no lo hará mientras lo llore. no sufrió. dejándola lánguida y cansada. sufriendo su propio y desgarrador anhelo. La neumonía se lo llevó. pero no estoy sola. ―Shalom aleijem. Deja de buscar respuestas y vive tu vida en paz. es hora de dejar tu cruzada ―murmuró Alice con dulzura. ―Se fue en paz. pero con una sonrisa. solo dejó de respirar. Erik. Guárdelo en su corazón. madre. Erik. (Que la paz sea con vosotros. Libérelo y sea feliz. Cecilia salió de su cuerpo. a abrazar al oso con que dormía de niño. Alice paseó la mirada por los paralizados y turbados miembros de aquella peculiar sesión y descubrió a la mujer de Conan Doyle. llorosa. Jean. Cuando llegue su hora.vagyok egyedül. que desea estar junto a los seres queridos que lo aguardan en el otro lado. anya. Se compadeció de ella. apoyando la cabeza en su regazo. . ―Gracias. ―Szeretlek. constreñido por la pena y el alivio a partes iguales y le sonrío entre lágrimas. Me pide que le diga que lo deje marchar.) Otra fuerza llevó la mano de Alice hasta la rizada cabellera del hombre.) ―Nagyon büszke vagyok rád. deje de aferrarse a su recuerdo.) Houdini se envaró en su silla. Állj keresi a választ. a sus buenas noches.) Finalizó en hebreo. ―Kingsley está junto a usted. (Estoy muy orgullosa de ti. otorgándole un solaz revitalizador. (Te quiero.

ya no soporto más estar sin ti ―confesó en un quejido lastimero y amargo. recíbeme!!!! Lo invocó con un alarido que escapó de su alma. despidiendo un amor tan grande. cerró los ojos extendió. sin duda la detendrían. Supo. Ansiosa de libertad. Su esposo se arrodilló junto a ella. lo vio. Sus rodillas flaquearon. Jason la contemplaba con desmedida dulzura. complacida. y ahora que te encontré voy a enlazar mi alma a la tuya para que renazcamos juntos. podía sentirlo. su expresión conmovida rasgó su alma.» ―Mi vida acaba aquí. Alice se puso en pie. la abrazó y acunó compartiendo su despedida. sintió la fuerza de su presencia con rotundidad. «No pude encontrar un cuerpo donde renacer. La cruenta necesidad de tocarlo. que él estaba cerca. Si alguno de los presentes llegaba a intuir su próxima acción. Jason avanzó hacía ella. buscándote sin descanso. A pesar de ser tan solo un esbozo blanquecino y nebuloso. mi amor». metió la mano en el bolsillo de su vestido y sacó una pequeña navaja que escondió sutilmente en la palma de su mano. Un silencio sepulcral invadió la sala. . los brazos y echó la cabeza hacia atrás. una veneración tan desbordante que sintió una oleada de calor acariciando cada rincón de su ser. su piel se erizó. mi amor. «He vagado por la tierra. mi Sanne. con pronunciado anhelo. sintió el frío penetrando en su interior. ¡¡¡¡Jason. se cubrió el rostro con las manos y se sacudió presa de un llanto violento y liberador. de dicha. de fundirse en su pecho era desgarradora. incorpóreo e ingrávido. Entonces. de solaz. La temperatura cayó. Los murmullos soterrados de su alrededor cesaron de pronto.La mujer cayó de rodillas. Apenas podía esperar un instante más a deshacerse de su esclava e ingrata envoltura. se disculpó. Los asistentes clavaron sus inquisidores y temerosos ojos en ella. su corazón se encendió de súbito. No volveré a perderte.

de congratulación y comprensión. hállenlos allí. sentenciados. Erik. Fijó sus ojos en Jason que aguardaba tan ansioso como ella. pero también de satisfacción y reverencia. descubriendo rostros de horror. eterno. Perfilen su papel con mimo y sabiduría. La miraron fijamente. aprovechen los salpicados intermedios que nos son concedidos para mejorar la función. emocionado y apabullantemente impresionado. vengados. Enlazó sus ojos con los del hombre que tanto amaba. adivinando el siguiente acto de su particular y breve función.Houdini siguió su mirada encontrando el vacío. alzó lentamente su mano derecha hacia la garganta y suspiró por última vez. pero aunque no podía ver a Jason. Alice miró en derredor con una sonrisa imprecisa. Solo pueden verse con el corazón. ni para ofenderlos ni para agasajarlos. Ella dedicó toda su atención al gran Harry Houdini. para que cuando llegue realmente el final. los crueles. ni los desdeñen ni los busquen. Un atisbo de conocimiento destelló en sus ojos. y el más allá. venérenlos allí. ―Les pido perdón por lo que están a punto de presenciar. ―Hay vida más allá ―comenzó―. No desperdicien el escaso descanso en esta larga obra de teatro. regalándole una sonrisa amplía. El hombre la contemplaba claramente arrobado. todos gozamos de una oportunidad tras otra para enmendar errores o completar carencias. Con rápida precisión sesgó la delicada piel de su cuello en un . puedan estar orgullosos de su intervención y reciban el único aplauso que se requiere… el de un alma pura que va al encuentro de su Creador. Pues la vida es breve. ―¡Alice! ―sollozó el mago. Todos renacemos. sincera y afectuosa. Respeten el mundo de los espíritus. ―He de partir. aturdidos y agitados. no consagren sus vidas a ellos. de temor. y los inocentes. observó con complacencia que sin duda creía que había alguien frente a ella. me esperan. El hombre asintió quedamente. Los burladores serán burlados. pero este es el momento que anhelé toda mi vida. preso de una afectación que demudaba su semblante con un velo fúnebre y desolado.

solo gozaba de un intento. iluminando su demacrado rostro. percibió una grácil caricia justo en el centro de su palma. un . expresiones aterradas. alzó una mano y acarició la mejilla de Houdini con ternura. cómo un sopor denso la invadía. el profundo corte abierto en su garganta. e intentó presionar fútilmente con su mano derecha. ―Nada podemos ya hacer por ella ―comprendió lloroso. brillante y cálida. afanándose por controlar el abundante y viscoso caudal de sangre que brotaba incontenible―. exitoso y vehemente. La sangre manó a borbotones. Nada quedaba ya de su arrogancia ni de su ambición ni de su ego. escandalosa. la figura de Jason cobraba consistencia. pero solo consiguió emitir un gorjeo espeluznante. Alzó pesadamente su brazo y estiró la mano hacia Jason desesperada por sentirlo. cómo el frío atería sus miembros. Aquel hombre orgulloso y confiado. sonrió beatíficamente. su vista se nubló. no puedo permitir que mueras! ―sollozó. Sintió cómo su cuerpo languidecía. alguien corrió a la salida. las mujeres gritaron. y habría de ser certero. un cansancio extremo tiraba de ella cubriéndola con una somnolencia gratificante. Y conforme la vida escapaba de su cuerpo. ¡Yo cuidaré de ti! Intentó hablar. Entonces. justo cuando ella se desplomaba la tomó en brazos. ―¡Alice. escuchó apremio y detectó movimiento a su alrededor.movimiento tajante y veloz. la acompañaría en su último aliento. Houdini la cubrió con su cuerpo. Comenzó a temblar. Las fuerzas de Alice comenzaron apagarse. Los concurrentes exclamaron impávidos. Negó lentamente con la cabeza como única despedida y fijó sus ojos en la figura etérea que se arrodillaba a su lado. Cayó de rodillas con ella en su regazo. impregnando la pechera de su vestido. Houdini fue en su auxilio. Su sonrisa se amplió. pero lo que quedaba era tan puro y noble que no necesitaba alabanza. evitando que nadie la tocara. De repente.

por fin. Giró la cabeza hacia Jason que la contemplaba afectado. la incertidumbre. la lucha. Delante… luz. Un estertor la sacudió ligeramente. su amor era imperecedero. Supo que era él. como el que se quita una túnica pesada. sintió cómo unos dedos se entrelazaban con los suyos. ni siquiera el estado. el anhelo. notó cómo una lágrima cálida surcaba zigzagueante su mejilla. pensó. inmortal. La veía. el cansancio. ―¡Por fin juntos. Y se enfrentó a la mirada turbia y sobresaltada de Houdini que la miraba con reverencial asombro. estaba donde siempre anheló estar. Se incorporó desprendiéndose de su cuerpo. Unos brazos la abarcaron. la soledad. Su amor. la esperanza. amor mío! ―susurró él. renacimiento y recompensa. Una luz surgió sobre ellos. eterno. la vida. Aquel era su destino.fugaz instante después. Cuando pudo abrir los ojos. estar junto a él. mojada y áspera. . su unión. Por última vez. la espera. todo había cambiado. la amargura. Se estremeció ante el suave tacto. vivos o no. su compromiso. profirió un gemido apagado. Apenas escuchó una ligera conmoción y llantos soterrados. no importaba en qué mundo ni en qué época. la miseria. ―¡Por siempre! Atrás quedó el dolor. sus párpados pesados cedieron y dejó de respirar. una oquedad luminiscente e hipnótica que destelló con un refulgor intenso y hermoso. un pecho la estrechó. Jason le rodeó la cintura. su sonrisa hizo vibrar su alma de júbilo.

Sus padres se han hecho amigos de los míos. me quedo a dormir en su casa para hacerle compañía. Medianamente es lo que se puede pedir. No suelo ser buena en los deportes a menos que me pongan de portera. la conocí cuándo se mudó aquí. no figuramos en ellos. notas muy buenas. de color rojizo aguado algo oscuro. Allie. Alice.. Dacy. esta última vive con nosotros. Vivo en un pueblo que ni siquiera sale en el mapa. estoy en el pequeño instituto del pueblo que parece haber sido juntado como una casa montada en bloques. con los ojos casi negros y el cabello. Tiene dos hermanas menores. cuando hace de niñera con ellas. ella y yo congeniamos enseguida por nuestras aficiones. es más corriente que me digan así. Mi mejor amiga. sé que nuestro pueblo se situaba en el extremo opuesto del mapa. gemelas. ¿no? Pero también es aburrido. a veces. solo lo sabía por referencia. un tío y una tía. yo no tenía interés por preguntar por qué habían venido aquí desde tan lejos.Eléctrico Cristina Oujo 1 Me llamo Alice. para poder indicar a alguien de dónde soy. ahí me luzco. Una vida normal. una madre. creo que de alguna forma mis padres . Un padre. tengo que hacer referencias a una ciudad más grande y después decir que vivo en un pequeño pueblo con un nombre que se les olvidará a los pocos segundos Hay muchos árboles alrededor como si fuera una fortaleza de madera y hojas oscuras. Ella había vivido en una ciudad de Irlanda que no recuerdo dónde está. y soy una chica bastante normalita: tirando a alta. largo y peinado con la raya al medio.. en un lugar normal. un hermano mellizo.

podría decirse también sexy. Esa rutina impuesta desde que tenía ocho años. con esa enorme venda cubriendo su nariz―. aún pienso en ello sin querer. empezaría a gritar como una histérica o haría algo mucho peor. seguramente. sacaría a colación lo que Bob había dicho y. siendo una anciana y sin haber vivido nada. Algunas veces. porque si no. te convertirás en la enfermera de nuestros padres. me ducho y me visto. Incluso. Ni siquiera lo hice con malicia. Entonces. sabemos que. ¿eh. no soportaría mirarles. Cada mañana cuando me despierto en mi pequeña habitación. pero mi tía Molly me castigó igualmente y Bob contraatacó después: ―Vas a quedarte aquí para siempre. ya que gimnasia bajaba su nota media. Dacy fue de vampiro y yo de caza vampiros. finalmente. este año no tuve tiempo para planificar. sabía que si lo hacía. No se puede tener todo en la vida. en realidad. ¿Una de nuestras compañeras va de profesora? Profesora sexy. pero más que nada sacamos la traducción. Los disfraces ya no son algo terrorífico. por ejemplo: si alguien dice que va de enfermera. Dacy y yo escuchamos todo tipo de palabrerías acerca de las fiestas. quizás quieran que te cases con alguien de aquí y. porque yo no quería acabar aquí.están sorprendidos de que yo no sea anónima para otro ser humano. me hago el desayuno. Fue un alivio porque no quería ir a la mía. por su forma de tocar el violonchelo y porque es muy bueno en los estudios. como cada año. mis padres lo afirmarían. y antes . irá de enfermera sexy. Esa noche me fui a dormir a casa de Dacy. aunque tan negado como yo para el deporte. limpio todo y voy al instituto.―Se inclinó un poco. «No se puede tener todo en la vida. intenta nublar aquel pensamiento de mi cabeza. Allie? Me había enfadado. la que va de calabaza. El que brilla es mi hermano Bob. El anterior. ¿eh. eso le dije cuando se rompió la nariz al hacer las pruebas para atletismo. y yo ya no voy a disfrazarme. 2 El instituto está siendo un hervidero con motivo de Halloween. estudiarás lo suficiente como para poder trabajar. Bob?». sus padres salían juntos y ella se quedaba con las gemelas.

que está bien si ella quiere salir con él. Aprovéchalo. así que la acompañaré durante la primera ronda. además. luego serán arruinados por las versiones adolescentes que este año. hombres lobo. supongo. ―Va a ser el primer Halloween que tienes con Izan ―susurro por lo bajo―. de hecho. pero este año ella tiene un novio y yo considero que tres son multitud. ella saldría con él.de ese. veo a sus dos hermanas de gato y princesa con las calabaza-linterna listas y sus bolsas para los caramelos. así que. yo estaré a mi rollo en cualquier sitio y volveré a la una a casa como cada año. Aunque eso ni es asunto mío ni me importa. Así que por este año voy a dejar de lado el disfraz de zombi. zombis. las cuales ya están dando el espectáculo. que me da a mí que la moda zombi va para largo. la primera fiesta a la que asistiría no quería fuera con personas como ellas. luego. Así que nos dispusimos a llevar a sus hermanas por todo el pueblo hasta las diez de la noche. momias. no es para nada un idiota como los otros. al parecer. empiezan antes. unas matonas . Planeamos mucho tiempo lo de ir como zombis de Walking Dead. Izan es buen chaval. pocos superhéroes. Nunca antes nos han invitado ni quisimos ir. Lo malo de esto fue encontrarnos también a Nathalie Horman y sus amigas disfrazadas de animadoras. yo también llevo una y Dacy igual. al parecer. Así que no están nada mal. podemos ser ya casi adultas. Siempre buscamos cómo ir de comparsa siendo solo dos. ―¿No puedo hacerte cambiar de idea? ―pregunta arqueando sus cejas rubias al verme llegar―. así que va a usarlas de excusa. Los niños y niñas sí llevan los disfraces típicos de Halloween: disfraces inofensivos de terror. Drácula. hay varios Frankenstein. porque aún no es el momento como para que sus padres sepan que lo tiene. veo algunos Darth Vader. la dulzura de conseguir el trato y la diversión traviesa de realizar el truco. en otro momento podemos hacer lo de los zombis. mientras ellos se van de fiesta. y luego de dejar a sus hermanas en casa. Cuando voy a buscar a Dacy. hay fiesta en su casa o algo así. ella de ladrona y yo de policía. donde ella vigila a las gemelas. pero aún tenemos la misma emoción de ir puerta tras puerta pidiendo el truco o trato.

pero son generosas con nosotras y nos dan dulces. ir a dormir donde Dacy es el único refugio que tengo cuando creo que explotaré si sigo en mi casa. Carter piensa que voy porque él es muy guapo. donde aprovecha para susurrarme. su hermano se puso muy pesado. para luego girarse y pedirles cinco minutos mientras dejamos a sus hermanas en casa. Carter y yo. y este es imbécil. Firmado: Dios». así que decidimos volver a casa. están empezando a comer las chocolatinas. le acompañaba su hermano mayor. hago un gesto hacia el disfraz de animadora extra corto y coloco mi dedo en la sien como si fuera la punta de una pistola. Miro hacia Dacy. Brianna y Gladys. Nuestras bolsas están muy llenas cuando casi dan las diez. ―Fue una buena colecta ―dice Dacy. Me contengo al ver la cara de petulante que pone mi cita de esa noche y me digo que le estoy haciendo un favor a Dacy. ―Cuántas bolsas. ―¿Cómo que los cuatro? ―Izan y yo. él y. ella se ríe por lo bajo y continuamos nuestra ronda.. . ―Izan lo siente también. Puse mala cara porque no viene solo. sin embargo. ¿no? ―dice Izan sobresaltándonos.. y se dan un corto beso mientras Brianna y Gladys no miran. tú. La cita comienza. Estoy a punto de negarme y mandarla al cuerno porque eso es una encerrona.superficiales que en realidad estan huecas por dentro y no saben mirar más allá de la ropa o de con quién me lo monto hoy. Sus hermanas. Si hace algo me largo ―le digo por lo bajo. ni tampoco me la espero de una amiga. así que decido ceder. por detrás sin avisar. Carter. cuando lo que me daban ganas es de ponerle una nota en la cabeza que diga: «Te debo un cerebro. al aparecer. ―Media hora. Dacy me mira nuevamente con gesto de pedirme perdón. pensó que podríamos salir los cuatro. Dacy e Izan.

quien retrocede asustado.Cada poco miro el reloj mientras Carter habla algo sobre heredar un negocio familiar y quizás buscar una afortunada con la que compartir su idílica visión del futuro. ahora mismo estamos pasando por delante del cementerio. por el otro tengo que cargar con Carter. todavía me quedan veintidós más de tortura. los grupos empezaron más temprano que otros años las pruebas de terror. ―Hagamos una prueba de valor aquí ―propone Dacy. 3 . se posa sobre mis hombros. puedo observar más linternas aparte de las nuestras. hay un leve resplandor dorado en su cara. y esta flota a mi alrededor. y al final se deja una prueba de la proeza. Es algo cotidiano en este pueblo: se trata de ir desde la entrada. sin más luz que la de la calabaza-linterna. señala detrás de mí y chilla retrocediendo. ¿dónde hay una pala cuándo se la necesita? Carter me mira. Entonces. La pequeña esfera se acerca a él. me doy cuenta que lo que había entre Carter y yo es un fuego fatuo. Por un lado van Izan y Dacy. Me pasa el brazo por los hombros. quien no lo consigue será cubierto de papel higiénico y restos de calabazas siendo tachados de tramposos y cobardes. al igual que a mis seis años. empieza a tornarse a un azul níveo que comienza a echar chispas. apenas van ocho minutos desde que inició esta cita. A escasos centímetros de mí hay una pequeña bola de luz con un leve resplandor. Izan estaba habla de algo con Dacy. habría preferido hacerlo sola. Asiento a la idea. ―Estamos solos ―me dice repentinamente. Se suele hacer a partir de la medianoche. ―Estamos en un cementerio ―le recuerdo. y caminar hasta el otro extremo del cementerio. Cuando escucho eso estoy a punto de reír pues todo el mundo en el instituto sabe que él cambia frecuentemente de novia. Meto las manos en los bolsillos tan pronto como noto que me roza la mano para cogérmela. pero no puse la oreja porque imagino que es cosa de ellos. o como las llamamos Dacy y yo: novias express. Cuando entramos.

te ayudo. me agacho a recuperar aliento y veo que lo que fueron dos monedas. él me hace un gesto para ir hasta las puertas del cementerio. Sé que él no es del pueblo porque en este sitio nos conocemos todos.. estoy fuera. una sacudida en las entrañas que no tuve nunca antes con nadie. electricidad. aunque no hace falta: el fuego fatuo flota a su alrededor. pero al menos serán muchas más manos para ayudar a levantar a Carter. No logro distinguir dónde están Dacy e Izan por lo que tendré que arreglármelas por mí misma. Pero continúa volviendo. pero tan pronto como lo hago. al ayudarme a salir. sé que tengo que estar asustada. Casi me caigo de culo al oír la voz desconocida. ―Fuera. . me giro apuntando con la linterna. Lo sigo porque tiene razón. racionalmente. dificultando mi tarea. A mi lado escucho cómo Carter sale corriendo hasta que hay un sonido fuerte. la sensación que siento es de curiosidad.. suficiente para que mi atención se desvíe y la polvareda cercana me indica que se ha caído en el hueco de una futura tumba. las agarro para dárselas. No espera a que le conteste y coge a Carter por las axilas. en un solo tirón. Algo tintinea al caer a la hierba. Me acerco para ver que es profundo y que él está inconsciente en el fondo. una vez que lo puede dejar sentado y apoyado contra una de las lápidas. fuera ―digo sacudiendo la mano para intentar alejarla como si fuera una mosca. algo como. ―Espera. seguramente. por lo que tengo que centrarme en sacar al idiota de ahí. ahí estarán Dacy e Izan o gente que pasa. las cuales agarro. a pesar de que. así que parece inofensiva. yo me deslizo con cuidado adentro de la tumba para ayudar a subirlo.Es un fuego fatuo igual que en las historias de nuestra niñez. Ignoro la luz que parece ir y venir constantemente. casi las suelto. cerca de él. pero nunca hace algo que pueda considerar un ataque. y no puedo dejar de mirarlo. Nosotros dos no podemos cargarlo hasta la salida ni de broma. apoyo el pie en la pared de tierra para coger impulso y. pero antes de poder hacerlo. por lo que lo sigo hasta reconocer la verja de hierro. Guardo la compostura y las agarro con más fuerza. la fricción entre ellas me provoca un vuelco en el estómago. el desconocido me tiende sus dos manos.

―¡Dacy! ¡Izan! ―grito para hacerme oír. con apenas un chichón y algunas lagunas de memoria. Al final. ―Yo no puedo salir de aquí hasta que se apaguen las hogueras ―dice. Carter salió ileso del cementerio. comenzó una serie de rumores acerca de mí que lo llevaron a engrosar la lista de sus novias express al jurar que fui yo la que me lancé contra él y por eso se cayó en la tumba. pero él se gira y adentra en el cementerio sin mirar atrás. porque como el desgraciado que es. algo que hoy en día ni yo misma me creo y no voy a exponerme a que me llamen loca por algo así. Pero me voy a acordar durante mucho tiempo. no tengo nada que hacer ahora mismo. Automáticamente. sobresaltándome. sobre todo con lo ocurrido en su taquilla. volví hace apenas unos minutos. es imposible evitar que la bomba explote. el chico desconocido a mis espaldas. me da asco tocar al imbécil. ―Hay que llevar a Carter a un hospital ―les digo cuando están frente a nosotros. soltando un suspiro al localizar a mis amigos a lo lejos.. les hago señas con la linterna para que vengan hasta nuestra posición. dejándome con la pregunta en la boca. pues había olvidado su presencia. gracias a las cuales me libré de dar explicaciones de lo que había sucedido. pero ahora me da miedo por si tiene una conmoción o algo peor. Estoy en este momento en mi habitación. pero ni modo. . todavía no se ha presentado. Le miro apáticamente a punto de preguntarle por el truco del fuego fatuo y el por qué soltó esa chorrada de las hogueras. repentinamente. Días después. una vez que se inicia la chispa.Me acerco a la puerta y miro a ambos lados.. Lo que me lleva a estar castigada en casa tres semanas. al menos nada interesante. alguien se la había abierto dejándola llena de papel higiénico y restos de calabaza. Intenté desmentirlo. normalmente.

corto y despeinado. ¿habrá vuelto al cementerio a buscarlas al notar su ausencia? Yo no lo haría por unas pocas monedas corrientes. esta vez con ojos desencajados.ya que no tengo ordenador a causa del castigo de mis padres. Abro un poco la ventana. ―No respondiste a mi pregunta. así que no me sorprende que esté en la ventana. Agarro las monedas que el chico desconocido se dejó en el cementerio no hay nada más con qué distraerme. ―¿Qué haces en mi ventana? ―Vine a buscar mi oro.. ―¿Cómo hiciste el truco del fuego fatuo? ―quiero saber. en parte. aunque no quiera. retiro la mano. Le bufo. es él. y supongo que el no tener nada que hacer me llevó a pensar en ellas. aunque sí me molesta.. el mismo vuelco al estómago. suficiente para poder pasarle las monedas. ―Si te lo digo. y sus ojos son de color verde grisáceo. haciéndome daño en los dientes. escucho su risa y sus pisadas mientras se aleja. Muerdo una. pero. tiene el pelo de color castaño añejo. no me creerías. y vuelvo a mirarlas. Mi cuarto está a pie de calle. esperaba que no lo gastaras. Relucen más que nada que haya visto nunca y son algo pesadas. pero no pensé en la posibilidad de que fueras a comértelo. nuestros dedos vuelven a rozarse. incluso su aspecto es distinto. por estas. tendrás una digestión muy pesada. Le miro una décima de segundo antes de bajar la persiana por completo. Las guardé en espera de poder devolvérselas en otro momento. los mismos colores verdes en ella y en la chaqueta. el mismo tipo de sudadera. ¡Es él! Al pie de la ventana. apenas unos centímetros. me olvidé de ellas. ―Me llamo Éamon. ni deberes. ¡Son monedas de oro de verdad! ―Si comes eso. . claramente. pues tengo que reconocer que. la forma de la cara. pero ahora puedo verle claramente. un momento que aún no se dio.

no sé qué me empujó a quedarme con aquel obsequio. pero él lo lleva a otro nivel de entendimiento. me resulta mucho más agradable de lo que pensé. No quiero decirlo en voz alta. Esa fue la mecánica los cuatro primeros días. junto a una nota. es una sorpresa querer llegar a casa y cenar para poder hablar los dos en la ventana. con el collar voy a ser mucho más cuidadosa. de libros y videojuegos. Al principio. compartimos intereses en común. lo miro detenidamente. en el fondo. Hablamos de series. fingí ignorarle. así que lo peor lo tengo casa y estar tanto tiempo encerrada me trastorna. aunque a veces temo que también me los quiten como parte del castigo. Éamon me parece un idiota encantador. ya que solo me hizo quedarme castigada sin recreo una semana. pues la comida me la traen y me dan veinte minutos para terminarla. y el collar me hace sentir que le tengo cerca incluso estando aquí encerrada. pero me hace ilusión y a estas alturas le tengo mucho cariño. está pegada. al volver a abrirla. los otros. Allie. con un adhesivo. ¿Qué tarado regala una moneda de oro o va con ellas encima? Bueno. Aquella noche. empecé a sentirme mejor.Por la mañana. es bonito. Éamon viene cada día desde que estoy encerrada. No te la comas. parece un regalo en cierto modo. tal vez porque. veo una brillante moneda de oro con una tira de cuerda negra trenzada haciendo de esta un collar. incluso disfruto de su compañía. y eso no es tan malo.. a pesar de que únicamente se me permite salir al cuarto de baño. en mi cuarto. le echo de menos durante mi rutina en las clases. pero él se quedaba sentado en la cornisa pronunciando un monólogo esperando a que contestara. sin ordenador solo puedo aferrarme a mis libros. hasta ahora. . ya no tan sola. a la cornisa. por eso.. El director fue más benevolente. de películas. Éamon. Dacy era la única con la que compartí tantos intereses.

me mira con ojos brillantes como si yo fuera lo más importante que tiene. pero nunca entra. me pregunto cómo será acariciar su mejilla. ¿por qué tengo que pensar en esas cosas? Nunca antes se me dio por eso. por supuesto. indecisa―.. algo que le falta a muchos de los de aquí. en esos momentos en que lo hace así y sonríe con la misma alegría. me traiciono al rozarle la suya con toda la . Quiero distraerme de otros pensamientos que no sean tocarle el cabello o cómo se sentiría si rozo mi nariz con la suya. viene para que charlemos y nada más. es trampa.―Hoy me gustaría. ―Básicamente. observo sus ojos e. me reprocho mentalmente. consigue que me sienta nerviosa. ―Entonces. ¿por qué tiene que ser ahora?. internamente. ―me muerdo el labio. aunque. algo en mí me impulsa a hacerlo y es una sensación muy reciente que me niego a atender. Mira quién habla. ―¿Qué quieres preguntar? Permanezco pensativa unos segundos. Para mí es difícil compartirlas. capaz de hacer trucos de fuego fatuo y va dejando monedas de oro por ahí. estamos muy cerca el uno del otro. casi puedo tocarle. básicamente. pero no me gusta dejar monedas. una persona que destroza taquillas. ―Ya la has hecho ―me responde con su peculiar sentido de humor.. solo es un amigo. ―Un regalo. no». La dejo en su mano. me gusta pensar que es porque es caballeroso. ¿por qué con él? ―¿Por qué destrozaste la taquilla de Carter? ―quiero saber. ―Imbécil ―susurro sabiendo que me escucha. ―Así que eres. Se ríe. ¿por qué me has dado esta? Rebusco en los bolsillos y le muestro la moneda a modo de collar. ―No se puede ir diciendo por ahí que has hecho manitas con una chica cuando ella te repele. «Ey. ¿Puedo hacerte una pregunta? Se apoya un poco más en el marco.

Durante la cena. esta vez. el chivato solo puede hablar que vio un hombre en la ventana hablando conmigo. Alice ―me dice mi tía Molly. no hasta que sepan quién es el que había ido a mi ventana. No lo sé. y eso fue más que suficiente para ellos. mi hermano dice haber visto a Éamon en el alféizar de la ventana de la calle. es una mujer amargada que parece disfrutar cuando me deja en ridículo o cuando consigue que mi vida sea más patética de lo normal―. ni siquiera quiero despedirme. ¿es compañero del instituto? Todos están atentos a la respuesta que voy a dar. pero no cita su nombre porque no le conoce. no sé cómo manejarla. 4 Dos semanas adicionales de castigo. entrega los deberes a mis padres y se va. Esa situación le sirve para dejarme una nota entre las hojas preguntando cómo estoy. . pero al menos le dejo la moneda. es difícil tomarlo en serio mientras Éamon tiene esa sonrisa. Dacy tampoco puede verme. ―Ya os lo he dicho ―sonrío a medias―. ni siquiera pisaré el instituto. Me acaricia la mano y soy incapaz de retirarla. Trago en seco e intento ignorar a mi corazón. mi corazón se acelera. ―¿Quién es? ―pregunta mi padre.intención. Siento un nudo en el estómago al ver su expresión entre triste y molesta antes de que la persiana lo cubra por completo. Me encojo de hombros. ―No se devuelven los regalos ―me dice a modo de crítica. soltándome de su mano con demasiada brusquedad para parecer educado. bajo la persiana a toda prisa. Baja de la cornisa al interior de mi habitación. hablando conmigo. él la atrapa. únicamente. Es cálida. esa sensación es intensa. Debe ser de aquí. ―No vayas regalándolas por ahí. ―No le había visto nunca ―miento. con esa mirada suya que da repelús. dejando de comer por unos minutos. ―Di la verdad. sigo sintiendo la sensación electrizante. se ve que son de valor.

más y más cerca de la universidad. tiene que ser durante las horas de estudio en casa. Voy de un lado a otro. Intentaré entrar a la más lejana que pueda conseguir. así que está baja todo el tiempo sin que se pueda ventilar ni nada. me llevaré todas mis cosas. Tampoco vi de nuevo a Éamon porque mi madre cortó la cuerda de la persiana de mi ventana. Un trabajo a media jornada y estudios. inmediatamente después de hacerlo. todavía sigo sin poder salir ni teléfono ni ordenador. sin embargo. Nunca se me olvidará cerrarla. Me aseguraré de no volver a esta casa nunca más. a menos que vuelquen la mesilla por alguna razón. los míos sobrepasan cualquier comportamiento normal. Tengo que esperar una . solo un poco.cuando yo hago mis trabajos pongo otra respondiendo a la suya. para ese momento. ¿qué tiene de malo que hable con un chico sentados en la cornisa? No lo entiendo. que hiciera un doble fondo en la parte de abajo de mi mesilla de noche. Pedí a Izan. volver a estar encerrada en mi cuarto. Es de locos. se lo daré de tapadillo a Dacy para que pueda enviármelo. Nadie castiga sin salir absolutamente a ningún lado. ir al baño. Un curso por año. que ayuda a su abuelo en el taller de carpintería. Al transcurso de dos semanas puedo volver al instituto. es el único argumento que me vale para estudiar con tanto afán. ni siquiera sin clase. buscaré un trabajo porque sé que pondrán todos los medios posibles para negarme beca. me vuelvo loca e imagino cómo será cuando pueda salir de este sitio. como señuelo. o a la cocina para limpiarla e. ella lo cree también. tendrán que echar antes la puerta abajo. pero si quiero estar con Dacy. decido buscar un trabajo y dejar solo un poco de dinero en la hucha de mi habitación. si hubiera algo que no me permitieran para asegurarse de que tengo motivos para volver. incluso. a un hijo por hablar con alguien a través de la ventana. el resto empezaré a esconderlo. ningún padre cruza la cara de un hijo hasta dejársela roja por mentir. Siempre llevaré la llave al cuello y nadie podrá saber que está ahí. ahí esconderé una pequeña caja fuerte que compré y dentro pondré el sobre lleno de dinero. Me dejan salir de la habitación si es para comer con ellos. Arreglaron la persiana cuatro días después de que mi castigo terminase y. incluso si tratan de traerme. yo no tengo a nadie en la familia que me defienda ni que indique que lo que pasa no es poco común.

unas pocas monedas sueltas. Ese dinero va directo al sobre en mi caja fuerte. en cuanto salgo. a las siete voy al instituto. el día antes de trazar esas ideas. Mentira. para poder hacerlo. no puedo evitar sentir un escalofrío ante esa sonrisa tan brillante. mi madre me sugirió que estudie enfermería en la ciudad más cercana al pueblo. pero no me importa. fregar y lavar los platos y vasos. ayudo a descargar cajas de fruta fresca que llegan de madrugada.semana más. sino por mi familia. ―¿Qué pasa ahora? ―ladeo la cabeza para evitar que vea mi rubor. cuando estoy de camino a mi casa. para mí es suficiente. porque estoy segura que mis mejillas están enrojecidas por la vergüenza―. ¿no puede decir otra cosa? ¿De verdad. incluso después de tanto tiempo. Alrededor de un mes después. aunque realmente solo me ocupo de tareas como limpiar los baños. recuerdo lo que me dijo Bob acerca de quedarme aquí y es como si ella afirmara la indirecta. tonta de mí. tanto tiempo sin vernos. barrer. trabajo como camarera en uno de los locales. me levanto a las cuatro y media para ir a trabajar a las cinco. solo se le ocurre eso? Será imbécil. Éamon ―le respondo enfadada. al señuelo. Él sonríe como un niño. Y vengo porque siempre quiero estar contigo. ―Hola a ti también. cuando solo estemos Dacy. pero estuve pensando en el por qué él no volvió a aparecer desde que arreglaron mi persiana. Aumenta mi determinación para marcharme. ―Es la primera vez que dices mi nombre. sé que no es aconsejable que me vean con él. Dos horas antes de entrar al instituto. Izan y yo en casa. Racionalmente. Éamon aparece al final de mi jornada. La ciudad de al lado no es lo bastante lejos. ―Pareces cansada. No es por los ladrones. ¿Me traes más colgantes con monedas de oro? ¿O vienes porque estás aburrido? ―No mientras tengas el mío ―me señala el cuello―. . Preguntaron por qué empecé a trabajar y yo simplemente aludo que quiero pagarme ropa o libros que me gustaría comprar.

Unas pocas. ni siquiera tuve muchas citas. más maduro. viene con una tarjeta sim con el número pin. exactamente. que miden quince centímetros y son buenos zapateros. hombrecillos con calderos de oro. y muchos menos besos. No hablamos nada más. tomándome por sorpresa. como cuando nuestras manos se tocaron la primera vez. asombrándome al encontrar el collar con la moneda que estaba segura de haberle devuelto. Por otra parte. Una sensación que me deja sin aliento. Cuándo la enciendo. Eso no te lo quitarán ―me susurra al cortar el beso. No existen los leprechaun. . con un vuelto en el estómago y la piel erizada. todo el camino intento pensar en por qué. él se inclina sobre mí y me besa. Increíblemente diferente. ―Mira debajo de tu cama al volver a casa. tal vez solo me está tomando el pelo. Me da igual lo que digan. mirándome directamente a los ojos. me cuesta confiar en los demás. nadie le hubiera dejado entrar en casa para que me entregara la PDA. aunque sus ojos parecen tan convincentes que subo la mano y me palpo el cuello. así que es sorprendente que esta vez la cosa sea distinta.. pero lo sentí distinto. ―¿Perdón? Mi mente se nubla y quiero preguntarle muchísimas cosas. No es ni de lejos la primera persona a la que beso.. si olvidó la medicación cuando su psiquiatra le atiborró a pastillas por creer que es una criatura de cuentos. Pero antes de que pueda hablar. trajes verdes.Yo no lo tengo.? ―Se me dan bien los trucos de magia. no son altos ni dejan una caja con una PDA de pantalla táctil bajo las camas. Nos pasa a todos los leprechaun.. La brillante moneda reluce como el oro bajo la luz de mi habitación. es. Yo no voy a tirarme en plancha con nadie. ni siquiera de camino a mi casa. solo son parte de los mitos del país. dijo que se le daba bien a todos los leprechaun.. eléctrico. hay una especie de interacción. entre ellas. a dos manzanas nos separamos antes de que alguien me vea con él. sonriendo al verme ruborizada y con el corazón a mil por hora. más íntimo. está configurada mucho mejor de lo que yo hubiera hecho. acepté el beso sin oponer resistencia ni pegarle. ―¿Cómo.

¿Cómo estás hoy? ¿Te sientes bien? ¿Eres feliz?» Es el primer mensaje.» «Suponía que sería difícil que me creyeras. Se pone a descargar cajas conmigo como si llevara toda la vida haciéndolo. Desde niño me dijeron que funciona así. Al cabo de un rato. deslizo hacia arriba la parte superior mirando las teclas negras que componen el teclado.» «¿Sabes que realmente no estoy entendiendo nada de lo que dices?» El resto de la noche sigo sin tragarme nada de lo que me dice. aunque realmente eso no significa nada.» «Intenté ignorar el nuevo vuelco en el estómago. ―Te quiero ―afirma. me doy cuenta que siempre lleva una parte de la ropa de ese color. Evado mis preguntas sobre lo de los leprechauns. su voz rompe el silencio cómodo que nos acompaña. no lo considero adecuado. .» «Lo notas. Al día siguiente. Te eché de menos todo este tiempo.. ¿verdad? La electricidad entre nosotros.» «Seguramente. Éamon está también cuando empiezo a descargar cajas. si no es en persona.¿Cómo lo hizo? Él no puede ser una criatura mítica.. no quiero hablarlo.» «Claro que sí. «¿Quién te dejó entrar en casa?» «Entré por mis propios medios a través de los túneles. ¿verdad? «Estaba deseando que la encendieras. con una chaqueta verde otra vez.

Primero. ―Señala con discreción la PDA en mi bolsillo. Me vuelvo a casa a toda prisa para coger la mochila e ir al instituto. por mi parte estoy muda y temblorosa mientras él vuelve a alejarse antes de que pueda decirle nada. Niego con la cabeza. lo sé. la verdad. Ella me da un codazo en el estómago. ―Lo sé. piensa que todo es rosa. aquí todos nos conocemos. ―Es tierno. o morado en su caso. le da una de sus monedas en forma de collar. ella es de las que en cuanto tiene un novio. Sonrío. Dacy. Éamon solo debe de estar bromeando. pero el regalo ―señala dónde está el collar y luego mi bolsillo―. consigo cogerla antes de que se caiga al suelo. además. Dacy sonríe como una boba. significa que le aceptas por lo que es él. ―¿Eres tonto? Fue difícil soltarlo. ―Los duendes no existen. ―Creo que está psicótico ―murmuro. Pero es adorable. quiero asegurarme que mis padres no me vuelvan a quitar el único medio de comunicación que me queda―. desde luego. Igualmente. ignorando los latidos.La última caja se resbala de mis manos. ¿recuerdas? El duende y la campesina. ―Para regalarte una cosa así. son por cansancio. apenas duermo seis horas. en especial cuando tengo la sensación de que el corazón se sale de mi pecho y por un lado no sé si quiero salir corriendo o chillar alegremente. es como en los cuentos. se la enseñé solo en el baño de chicas estando a solas. desaparece hasta que puede . Necesito sentarme porque el aire no me llega. Es un idiota completo de pies a cabeza. Creo que dejé de respirar y mis piernas tiemblan. ―Un poco. es su color ideal. La palabra leprechaun rebota por todo mi cráneo. ―En momentos como este cuestiono nuestra amistad porque se supone que no debería decirme eso. si la coges.

y yo me dedico a buscar entre los libros alguno que sea sobre trucos de magia. no importa lo que diga la historia del duende. Vuelve a reírse por lo bajo. así si es como en la historia. Me quedo en silencio. No existe. es absurdo. Dacy me mira divertida. te conozco lo suficiente para ver que estás loca por ese chico ―me susurra. la PDA para comunicarte. y. Durante el descanso voy a la biblioteca comiendo por el camino.ofrecerte algo que necesites. ya que te quitaron el ordenador y el móvil. le dedico una mueca. el profesor nos lanza una mirada severa que nos hace quedar en silencio unos segundos. ―Es muy pronto para eso ―replico. o leprechaun. Ya sabes. Perdona. sí tiene ropa verde y unas monedas que parecen de oro. porque le gusta. ―Entonces. incluso en la electricidad cuando estamos en contacto. ―Lo tienes muy claro. sí que eres pareja. es absurdo ―digo volviendo la vista al libro. Tengo ganas de que salgas conmigo. la PDA bajo mi cama? Tiene que haber algún truco extraño en todo esto. tal vez si Éamon no quiere . y la sirvienta. ¿cómo hizo el truco con el fuego fatuo.. lo que sucede en ese cuento me está sucediendo. ―Eso es muy bueno. nada de eso es real. por otra parte. Éamon solo es un lunático. ―Increíblemente mejor ―pronuncio sin pensar. Tú aceptaste las dos cosas sin pensar. Izan y un novio. ―Me estás haciendo el lío ―me quejo. él puede llevarte si quiere ―mira mi cara y se ríe por lo bajo porque estamos en ciencias―.. ya que se piensa que es un leprechaun que tiene monedas de oro y ropa verde. Eso no quiere decir nada. Tengo una sensación extraña en el estómago. Vale. Está loco. pero sigue sin medir quince centímetros. ―Sí. por ejemplo. pero cada vez me resulta más familiar. ―Me palmea el hombro con familiaridad―. nada más que eso. Dacy me acompaña para ver las novedades. como le pasa a la campesina. no es nada parecido conmigo. ―Es mejor que Carter. Lógicamente tiene que tener una explicación razonable.

. Aedan siempre se aprovecha de eso cuándo se mete en un lío y me salpica a mí de paso.decirme la verdad. ―Y forma humana. que te di la moneda. Tus trucos. ¿puedes venir un momento? ―dice mirando al aire―. que hace que mi pulso se acelerase. Aprieto los labios. le-pre-cha-un. no sabría decirte por qué exactamente. no llego a decir sí en alto. cada uno de nosotros andamos con uno. ―Si me dejas cogerte de la mano. Abro la boca y la cierro. pero sigue siendo muy intensa. capaz de derretir el hielo. Éamon no se enfada como lo habría hecho otro. pero se supone que yo soy la racional. diría Dacy. continúo con el interrogatorio. Me tenso y me niego. igualmente. aunque sí algo equivalente. te lo digo. ―¿Quieres preguntarme algo? ―Trucos. como si fuéramos dos corrientes distintas convergiendo en una nueva. ―El fuego fatuo. mi voz. Me ayuda a tirar las bolsas de basura en el contenedor y pregunta si puede cogerme de la mano. ―Quince minutos. de hecho parece divertirle que yo me muestre tan reacia. Toda mi familia sabe. La historia del duende y la campesina está cobrando significado. Pueden oír fácilmente. el muy manipulador debe tener una idea de cómo me siento cuando sonríe de esa manera. dónde sea. Aedan. ―Ah. gracias a él. ―¿Por dónde quieres empezar? ―me dice con una gran sonrisa. Necesito saberlo. es como una amistad de tiempos remotos ―se encoge de hombros―. Estiro la mano y él la estrecha con suavidad. ―¿Aedan? ―Es el fuego fatuo que has visto. puedo encontrar a por mí misma. Siempre es así. la electricidad ya no es tan chocante como al principio. Al salir del bar está ahí otra vez. ¿cómo lo hiciste? ―Los fuegos fatuos se comunican con los míos. que tiene nombre.

pero parece que se estaba chuleando. cuando la luz brilla a un tono verdoso. además. se transforma en un chico vestido de negro con el pelo de color rubio oscuro y los ojos del mismo tono de su ropa. tal vez. ―Vas a cumplir dieciocho. 5 Caigo redonda en medio de la calle al ver algo que es imposible. las mismas oportunidades.Me quedo con los ojos como platos cuando.? ―Quiero que vivas tu vida igual que tu hermano. y me desmayo. la esfera luminosa se mueve en remolinos iluminando más que las farolas. a unos pocos metros de nosotros. obligó a tu madre a cogerte parte del dinero para dárselo a Bob antes de que se mude. miro a Éamon. en su amigo rubio. aparece la misma luz que vi en el cementerio cerca de Carter. Repentinamente. Papá abrie la cartera y me da dinero. me da un abrazo muy fuerte. Exactamente en tres días y dos horas. pero ahora estoy en mi habitación. la tradición de que los hijos menores cuiden de sus padres y de los tíos que no han tenido hijos es un error ―dice mientras sacude la cabeza―. mi cerebro se marea si pienso en la luz convirtiéndose. nunca lo hizo tanto como en ese momento.. Le señalo con la boca abierta. Le miro entre sorprendida y enfadada. ―Tu tía Molly quiere que te quedes con ella. estoy segura de que no puede ser. una y otra vez. imagino que. mi padre entra. es casi el equivalente a lo que tengo en el señuelo. juro que estoy hiperventilando por la ira. ―¿Por qué. Eres mi hija y te quiero. pero no está en mi cuarto. pero . Nunca he creído en eso. tengo la sensación de que va a romperme. Estoy en blanco. Lo primero que hago es buscar a Éamon.. a esa persona que antes era una luz. me encuentro sola tumbada en mi cama. ―Le encanta presumir ―comenta Éamon. Éamon me trajo de la misma forma en que puso la PDA.

¿qué me estás diciendo? ―«Además de que os dejáis influenciar por mi tía. Jamás. es imposible llevarle la contraria. Quiero a tu madre. aunque no creo que pueda perdonarle por haber tardado tanto tiempo en ayudarte.la familia de tu madre sí. más viejo―. Me quedo mirándole como si hubiera dicho que los aviones bucean bajo el agua. Puedo aceptar las disculpas de papá.. aunque tenga que perderte. no me parece justo a pesar de todo. por tanto. así que no tienes que seguir quedándote aquí. ni por las ventanas ni por las puertas. ―Cuando tengas dieciocho. puedo ahorrarme las ganas de soltar una palabrota o de echarle en cara la infancia traumática en la que no me sentí querida. pero sí quiero que vivas feliz. Lo hará para que te sientas obligada a quedarte. ¿te puedes creer que nos hizo echar en la hoguera tréboles de cuatro hojas para proteger la casa desde que habías dicho que viste un fuego fatuo? Es absurdo. tanto que en cuanto sea mayor de edad. cada día que mi abuela parece más joven. Recuerdo que Éamon nunca entró a casa. Todas esas cosas injustas. no me vais a ver el pelo nunca más». ―Es el otro hermano pequeño de mi madre y él no está nada bien. de mí. es la mujer de mi vida. Me pidió que te dijera que si cumples dieciocho fuera del hogar familiar. ha hecho lo posible por guardar fuerzas hasta ahora para poder alertarte. pero ni por asomo puedo perdonarle.. mi tío. ―Eso es fuerte. todos los menores fueron educados para ser enfermeros y para mantener a los duendes alejados de su casa. no vas a sentirte obligada a permanecer aquí. eres legalmente adulta. ―Papá. ―Tu tío Simon ayer vino aquí. No creo en esas cosas. ¿será por la hoguera y los tréboles? ¿Para no coincidir con mi familia? No entiendo cómo es posible que mi tía crea en los duendes ni por qué mis padres pasaron tanto tiempo por alto esto. Plof.. pero a la vez. Me acaricia el cabello y me deja el dinero en la mano a pesar de que yo no quiero aceptarlo. ya que vas a tener que alejarte de esta casa y. pero tu padre te quiere. pero no voy a soportar más que destrocen tu futuro. . pero asegúrate de mudarte sin que tu tía te vea o no te dejará llevar nada ―dice haciendo una mueca―. pienso sin ser capaz de decirlo en alto.

―Me habían dicho que era algo inevitable. intento tragar todo lo que vi. dudo que pueda tener más conversaciones como esta voluntariamente. incluso sin los tréboles. su amigo pasando de luz a ser humano.Me desmayo nuevamente cuando veo la cabeza de Éamon salir del suelo de mi habitación y escucho su voz tras la salida de mi padre del cuarto. ¿Desplazarse en arco iris? Mito. Estoy creyendo. como si se preparase para saltar un abismo―. a la altura de los hombros. me pasa un brazo por encima de la manta. la verdad es que nunca pensé que pudiera sentirse tan literal. ―Te acostumbras a verlo con el tiempo ―me promete. mi corazón corre más rápido. ―Parece triste y me siento mal por mi reacción―. no tengo forma de entrar si no es por los túneles y de haberlo hecho te habrías asustado. ―¿Qué pasa con la electricidad? ―vuelvo a preguntar. Fue él quien me recogió del suelo y me tumbó en la cama permaneciendo a mi lado hasta que me desperté. intento asimilar todo lo dicho por la noche. Lo de la ropa verde ya me estás . así que el cementerio es el único túnel bien escondido ese día. quiero escucharlo. durante ese día. casi como ahora. Inspiro hondo. ¿Oro? Sí. ―No puedo mientras siga la protección sobre la casa con todos esos tréboles quemados. Si necesitaba saber más al menos que sea todo junto. mi padre hablando esas cosas raras. ¿altura quince centímetros? Mito. conseguimos hacerlo aparecer. somos bastante altos. ni siquiera Aedan puede volar por ese radio. es algo instintivo: no podemos evitar crear monedas ni tenerlas para nosotros. sin embargo. es el único sitio donde no hay ninguna hoguera. ―¿Por qué no has entrado nunca por la ventana ni la puerta? ―pregunto. es imposible pasar por el pueblo. complica más el uso de túneles porque estás más expuesto a que te vean usarlo. Nadie nos nota. así nos movemos mejor entre los humanos. simplemente. cómo su cuerpo salió del suelo. pero nos cuesta desprendernos de este. Tirito otra vez. ―Sonríe cálidamente. pero no lo escondemos. sentándose cerca de mí. Asiento y me siento fatigada mentalmente. Por eso el día de Halloween no podía salir del cementerio.

algo como. era tu instinto . me la dejaste. Es una estupidez. esto hace que todo funcione. los sentimientos. la agarraste de nuevo sin siquiera mirar. de lo contrario. Yo ni siquiera te puse la moneda en el cuello.. así que nos aprovechamos de ello. ―¿Por qué la PDA? ―Es parte de la pre-relación tradicional. su sonrisa se amplía―. Por esa persona. conservar el Ishta-Goule ―señala el collar―.. ―Corres mucho ―replico con reticencia. de algún modo. pero quiero un par de preguntas más. somos capaces de ser sinceros sobre nuestra naturaleza. bostezo. aunque no sepas por qué exactamente. es como decir que sí quieres casarte conmigo. que se sienta mejor. pero no se mueve más de unos pocos centímetros de mi cara. ―me toma la mano quitándola un poco de debajo de la manta. Si eres tú. Vuelvo a recordar el cuento del duende.viendo... ―Es la prueba.. el equilibrio del universo. ―La electricidad es una sensación innata cuando tocamos a nuestra pareja ―vuelve a hablar. Se inclina otra vez hacia mí. te quedarás la moneda. ¿Lo de los zapateros? Tampoco es así. Pero apenas lo hubieras hecho. pero cuando empezaste a cerrar la persiana. ni siquiera tengo dieciocho. Está justo aquí. ―Nunca haré nada que no quieras ―dice sinceramente. no es tan de sorpresa como la primera vez o tal vez estoy mirándolo todo desde otra perspectiva porque empiezo a pensar que. mis mejillas están ardiendo. se habría reducido a cenizas. aprieta su mano por reflejo cuando vuelve a besarme. ―Me diste una. pero él es real. pero en el siglo en que empezaron esas leyendas sobre nosotros. desvío la mirada de los ojos verdes. Pero la electricidad que sentimos cuando nos tocamos es. es inevitable creerle.. esta profesión era algo común. Conmigo. Fue una ilusión. Además. solo que no entero. Éamon es de verdad. ―susurro.. ¿recuerdas cuándo creíste que la habías devuelto? ―Asiento―. su aliento me cosquillea en la nariz―. incluso dar nuestras monedas. la habrías tirado o vendido ―dice.

podía hablar absolutamente todo contigo ―alza mi mano depositando allí un beso―. Se supone que ahora puedo llevarte conmigo. el universo sigue funcionando. ―sacude la cabeza―. empiezan a picarme los ojos. lo único importante para mí es que seas feliz. No necesitas saberlo.. creo que por hoy ya has tenido más que suficiente. En ese punto podía tomar la confianza de besarte y si la aceptabas. a pesar de que no quiero hacer daño a nadie. cuando estoy segura de que puedo dejarlo todo si es por él. un ordenador de bolsillo con sistema operativo y funciones de teléfono. Me ruborizo ante lo que voy a pedirle. Siento las lágrimas correr por mis mejillas. Allie? ―me pregunta angustiado. Se ve triste. solo . Te lo prometo. te irás de aquí en dos días. aunque no quiero. te he esperado durante años. el único motivo por el que me mantengo despierta es porque no quiero que se vaya. sé que me escucha de verdad y no cree que mi padre o yo estemos locos. Estoy más cansada de lo que creo. casi a punto de dormirme. esperé hasta casi la edad legal para irme con la ley de mi lado. justo las dos cosas que te prohibieron. Le miro directamente. tengo que abandonar esta casa en días. Has aguantado bastante por hoy. en parte hay alivio. y menos ahora. me cuesta verlo por las lágrimas. ―¿Qué he hecho mal. ―Acaricia mi rostro―. muy triste. aunque nada tiene sentido.queriendo conservarme. el túnel se abrirá para ti porque te reconoce como mi pareja. ―Tu tía Molly es. me siento mucho más segura. así que eso me permitía hacerte una ofrenda para formalizarlo. Le miro y le hablo de mi tía Molly y de lo que dijo mi padre. igual que mi cabeza. pero no el estudio ni a Dacy.. pero otra parte está aterrada. ―Quédate conmigo hasta que me duerma. necesitaba buscar algo que necesitaras y la PDA era justamente eso. un par de días más no serán nada si es lo que quieres. por favor ―le pido con los ojos entrecerrados. y eso hace que se me rompa el corazón. los noto vidriosos. Sería extraño que un leprechaun me llamara loca. El rostro de Éamon se deforma a causa de la preocupación. no puedo dejar el instituto.

Él sonríe acariciando mi rostro. tanto los libros que decidí llevarme como la ropa. estaré tanto tiempo como quieras. ―Por supuesto. poco convencional. ni siquiera habría confiado en él. Solo tenemos que esperar unos días. por la noche. bolsas que Éamon se llevó adentrándose bajo el suelo. y yo cierro los ojos creyéndole. me estremezco cuando lo veo. pero tras la conversación que tuvimos en mi cuarto. temo que en uno de los viajes se quede atrapado sin poder salir. cuanto menos. para los demás. Antes de ir a mi puesto a descargar las cajas de fruta. Y podremos ser una pareja como cualquier otra sin tener que escondernos. Dacy me ayuda a guardar mis sábanas ―las que yo compré para septiembre cuando fuera a la universidad― incluidas las polares. Me demuestra que es importante para él y va a estar siempre a mi lado pase lo que pase. Cuando vuelvo de trabajar en el restaurante. pero es así. ya que no puedo llevarme todos pues se notaría demasiado que faltan. Es extraño que en esas pocas semanas se hubiera convertido en alguien esencial en mi vida. Todo está embalado. aunque no me veas. retiro de las estanterías mis libros favoritos. Será un pequeño sacrificio. Nada más. aunque tengo mucho para perder. sin embargo.mantendré el contacto con Dacy. no . Nadie me miró nunca como él ni me provocó ese hormigueo en la piel cuando me toma de la mano. Sé que puedo confiar en él ciegamente. 6 La idea de Éamon es. me habría enfadado porque la tomaría como una broma pesada. estuve ocupada colocando mi ropa en bolsas. No te vas a deshacer de mí tan fácilmente ahora que te encontré. ―¿Te vas? ―me pregunta por lo bajo. quedándome con una muda para el día siguiente. ―Eso voy a intentar ―quisiera poder decirle la verdad. ¿sabes? Mantiene la sonrisa. todo ha cambiado entre nosotros. ella y yo estamos estudiando. hace unas semanas yo no habría querido ni oír hablar de ello.

Ahora sí se ve increíblemente vacía. Está bien.puedo. también quito el sobre con el dinero del doble fondo de la parte de abajo. Hay algo raro en mi habitación esta mañana. No quedé con Éamon en casa. sí. en el fondo sé que solo son nervios porque en realidad todo está saliendo según lo planeado. pues nunca se sabe quién puede estar escuchando tras las paredes―. Definitivamente. acepta mi decisión viendo que es por mi bien y para ser más feliz. no sé qué voy a explicarle después de esto. pero aún quedan tres horas para que oficialmente tenga 18 años. excepto que todo está bien porque. El bar está cerrado hoy por descanso del personal. nada de lo que alarmarse. aunque todo es muy raro. me vale con que me prometas que todo está bien. Confié todas mis cosas a él esperando que de verdad nada de esto sea mi imaginación. intento excusarme. Inspiro hondo y agarro la mochila volviendo a colgarla del hombro otra vez. me sugire mi cerebro. ya no queda nada en esa casa que pueda echar en falta si descuento parientes. no. pero ella me agarra por el brazo para llevarme de vuelta. no preguntaré nada más hasta que me lo quieras decir. y ella me abraza. por muchas ganas que tengas». mi conciencia pesimista no se atreverá a decir que he tenido alucinaciones. mi tía Molly insiste en que vaya a casa ya que no tengo trabajo. Dacy no lo creería y yo no quiero poner en riesgo a Éamon. pongo . no tengo una mente tan hábil para crear a alguien como él ni a su amigo la lucecita. porque ya no nada nada aquí dentro salvo mi mochila con los libros y la ropa que llevo puesta. no te portes ni corras como una loca. Asiento. Hoy es mi cumpleaños. la oportunidad que tengo para hacerme mayor de edad fuera del hogar familiar disminuye. ―Está bien. Así que eso es más que suficiente. tengo una mala sensación en el estómago. «Sal como una persona normal que va a estudiar a casa de su amiga y vuelve para la cena». «claro. cuando regreso del instituto. las últimas bolsas fueron llevadas por Éamon. como si hubiera algo distinto a lo habitual. ―Hay algo raro. Éamon es real y bueno para mí. no necesitamos más palabras y ella. Ayúdame a esconderlas en el armario. ¿no? ―No puedo darte detalles ahora mismo. igualmente. que me quiere como a una hermana.

y tía Molly también estaba. Bob. ¿por qué debería dejarte ir con ese sucio leprechaun? Me quedo helada mirando la puerta. en su habitación hablando por teléfono. por alguna razón. no pasa nada. mi garganta empieza a doler. la puerta está atascada. sé que lo estaban. ―¿Sucede algo. Vale. la puerta no se abre. por favor! ―¿Por qué? Golpeo la puerta de una patada. por eso soy el que se va y vivirá eternamente. ¡Papá! ¡Alguien! Continúo golpeando y gritando indefinidamente. ―¡Mamá! ¡La puerta está atascada! ―grito. como hace la abuela con tío Simon. puedo salir por la ventana. «Está de broma. ―¿Q-Qué? ―Sucio leprechaun. soy exactamente como ella.» ―¡N-No bromees! . Mi habitación está a pie de calle. Me cuelgo la asa en el hombro libre para apoyarla mejor y me dispongo a abrirla. sé que están en casa. pero mucho tiempo. ¡ábrela. y tú la que será enfermera hasta que consuma toda tu vida. a su lado. casi me parece transparente como la mente de mi hermano. ―¡Ábreme la puerta. empiezo a golpearla. tía Molly me lo contó hace mucho.mi padre mirando la tele. Alice? ¡Bob! ―Sí. Tiene que estar de broma.mala cara nada más veo que. la había visto en la cocina. sin embargo. golpeando más fuerte la puerta―. Bob! ―El pestillo está echado. ahora ya no puedo afirmarlo con tanta claridad. Mi madre estaba leyendo en el sofá cuándo llegué. Está atascada. No se mueve ni un ápice. Voy hasta la puerta y tiro reiteradas veces del pomo hasta que mi paciencia se va al quinto infierno. pero nadie viene.

¿cómo pudo haberlo sabido? ¿Por qué se calló?. Ven. no consigo pasar. «El túnel está bloqueado. pero eso ya lo sabías. al menos tu tía y tus padres sí. comienzo a mandarle también mensajes a Éamon. las chaín. que venga aquí por un túnel. me dijo el día anterior mientras revisábamos lo que iba a llevarse. Cómo tienes diecisiete. pero yo no. Ven..―Las chaín como tú no tienen derecho a escapar. pero que me saque de esta casa. hasta que recuerdo la PDA en mi bolsillo. Empiezo a morder mis uñas contando mentalmente cada minuto perdido. hacia la ventana buscando algún rastro de sirenas o algo. ¿verdad? ¡Hijo de p. entumecida. «es una familia con una pequeña línea mágica en la sangre como la mayoría de la gente normal. si son tres hijos. Los primeros. por eso necesitan una chaín a la que absorber para poder vivir para siempre. La PDA emite un pequeño zumbido. él tiene que sacarme. como tú. en todo este tiempo no la necesité tanto como ahora. «Tu familia». un hijo nace écade y otro chaín. el mediano siempre es normal. No se puede tener todo en esta vida. pero si son cuatro.! No puede ser real. Lo que sea. pero son muy conscientes de que lo son. a quién sea. que no sea idiota y deje de gritar. solo en un radio pequeño como una casa. En tu familia están los écade y las chaín. más se desgastan. Aedan no pudo ver con claridad. mi reflejo enturbia parte de la visión.. hermanita. como tu tía Molly. . Tía Molly está ahí fuera. aprenden a echar a los duendes y a manipular a las personas para que sean incapaces de desobedecerlas. creo que han plantado cenizas de los tréboles quemados de las hogueras en el suelo. la miro buscando el mensaje. tienen una capacidad sanativa muy codiciada para los écade que cuanto más usan sus habilidades.. Me acerco. ¿por qué todos lo hicieron? ¿Qué pasa conmigo? Golpeo la puerta repetidas veces. Envío un mensaje a Dacy pidiendo que llame a la policía. plantando algo que no alcanzo a ver demasiado bien porque solo observo con ayuda de la farola.» Me queda hora y media. Ven. Bob solo dice que me quedan dos horas más antes de encadenarme a la familia.

derecha. Veo las luces del coche de policía. ni siquiera raspones. Me sujeta en brazos. miro cómo se detienen. . pero será brillante como tú ―sonrió―. Reconozco la sensación de electricidad pasar por mi cuerpo como un rayo que impacta sobre la tierra. unas manos me sostienen el rostro y siento unos labios apretarse contra los míos con fuerza. ―No. Chaín y lepre-Chaun.» Pero no puedo protegerme ni de ella ni de mi hermano. golpeo la ventana intentando hacer algo de ruido. sobre todo. capto algo más. y tampoco pueden hacerles daño. pienso y me río sin querer. casi como una princesa. mucho amor. me agarro a su cuello sin conseguir evitar mirar de reojo. Entonces. no al hijo corriente. izquierda. sin la chaín más reciente. hay una pequeña luz moviéndose a ras del suelo hasta enterrarse. espero que no te marees. Estábamos predestinados. En el momento en que los agentes se dan la vuelta y suben al coche para irse. pero tiene su lado bueno. Me ha costado abrir este pasaje ―vuelve a besarme―. Eso es tu poder protegiéndote. ―Solo tenemos veinte minutos. derecha. solo fíjate en lo que tú eres y yo. pero. sin embargo.» ―¿Oro? ―le miré escéptica. «Idiota”. Solo se daña a la chaín. ya no veo mi cuarto. Es triste. izquierda. es como si no me vieran u oyeran. Es como si el mundo entero se hubiera vuelto majara. se abre una especie de boquilla que nos desplazaba hacia la derecha. Y algo tira de mí repentinamente. podrás hacer magia como yo. Es un pasillo alargado de tierra con pequeños flancos de luces que dan a la tierra un tono de color bronce. desesperación.habrá dos écade y dos chaín. similar a las arenas movedizas. se distinguen pequeñas motas de tierra que se pierden en la oscuridad. cuando golpea con sus piernas en una pared de este. Tu madre va a estar bien y tu padre también. apuesto a que tú nunca has estado enferma o te has roto algo. será incluso mejor cuándo tengas dieciocho. es la norma. debieron ser movidas por aquel punto brillante. abajo. Aguanta. empieza a correr por el estrecho túnel hasta que caemos igual que en la bajada de una montaña rusa. el corazón me da un brinco hasta que los observo hablar con mi tía Molly. ellos ya no tienen ningún vínculo con los écade.

Las écade. a pesar de todo el oro. . me abrazo al cuello de Éamon aún sin confianza de que mi cuerpo responda bien. como me aconsejó mi madre. sospecho que cogió una de mis prendas para calcular la talla. creo que me gustará probarlo otra vez.. fue el viaje al estilo montaña rusa premium más rápido y mareante que hice en toda mi vida. a pesar de su capacidad para el oro. me quedan los exámenes para tomar el título.. la ciudad que está más allá de los árboles que rodea mi antiguo pueblo.Repentinamente. Una leprechaun más. pudiendo portarse. gracias a ellos. la que Dacy vio en su camino cuando se trasladó al pueblo... demasiado alegre para su ropa oscura con manchas de tierra. sí soy parte de su familia. Éamon me regaló una chaqueta verde grisáceo. Dacy siempre conduce con Izan hasta más allá de los árboles para que podamos verles. en la pequeña ciudad. si me vuelve a llevar en volandas. pero. indirectamente. Mis padres arreglaron los papeles para ir a este instituto. ―Ey ―giro la cabeza automáticamente. pero esto es nuevo. como los padres que son y. como mi tía y mi hermano. Encontré un nuevo trabajo de dependienta de una pequeña tienda de comestibles ―no quiero que. aunque nosotros no vivimos exactamente como una pareja ―quiero decir que él tiene una habitación y yo otra de momento― no necesitamos apresurarnos. levantando una cerveza en nuestra dirección―. que se hizo mayor. localizo a Aedan en un sofá. Los leprechaun viven como humanos corrientes en casas corrientes. la casa de Éamon es agradable y cálida. ¡Feliz dieciocho cumpleaños! Varios meses después. de forma humilde. aunque no soy como él. por lo tanto. que parece sacada de Abercrombie. Aedan no vive con nosotros. tengo capacidad de libre albedrío. el mundo entero parece girar. Una forma en la que me dice que. nuestras cosas están ya mezcladas por todos lados. intentando protegerme. siento un movimiento de succión que nos tira hacia arriba. Éamon y yo estudiaremos en la universidad de aquí. a los pocos días de vivir juntos. no tienen permitido el paso ahí ni el de llevarse a una chaín como yo. al final. lejos de su terreno. Cuándo aparezco en aquel pequeño salón. lo pagara él todo y se queje cansinamente por eso.

―Te quiero ―sonrío y le abrazo con todas mis fuerzas dejando que la sensación de electricidad nos arrope. ya no es mía. con la persona que me demuestra que la magia sí es posible. me besa ahí. En cuanto a mi hermano. . aunque estoy infinitamente agradecida de que. aquella noche. Dacy me dijo que mi tía Molly se fue de casa de mis padres. No va a entender el chiste todavía. Una cama que. sino de los dos. pero yo sí. ya se fue de casa. supongo que no lo sabré. una habitación que va a ser para los dos. una etapa nueva para nuestra relación. las sensaciones siguen tan intensas como al principio. hay rumores que dicen que fue a la de mi abuela dónde también vive mi tío Simon. ―Te quiero ―murmura contra mi oído. por otra parte. de un intenso color verde grisáceo. Voy a sacar una foto y mandársela a Dacy. diciéndole que la nueva colcha de mi cama es igual que mi chaqueta y que los ojos de mi novio. Encontré un lugar en el mundo donde quiero estar. ella no me especificó dónde. Aedan escarbara la ceniza para que Éamon pudiera abrir nuevamente el pasaje y sacarme de esa casa. y la verdad es que no me importa.aunque sin los poderes de ellos. lo lamento por él. pero al menos espero que tuviera dos dedos de frente para no seguir la macabra tradición familiar. giro un poco el rostro depositando un pequeño beso contra sus labios. enlazando sus manos en torno a mi estómago. Esta vez no me da un mareo cuando me lo dice.

nos enviaron sus relatos a pesar de que sus compromisos apretaban sus agendas. Publicar de manera independiente es un gran paso que las autoras dan. Queremos agradecer con todo nuestro cariño a Ángeles Ibirika. pese a no tener editorial. esfuerzo. nervios. sin exigir absolutamente nada a cambio. dedicación. con el que quieren enamorar a las lectoras y lectores de todo el mundo. y se embarcaron junto a las demás autoras en una aventura llena de esperanza y solidaridad. por participar en esta Antología sin dudarlo. es un proceso con el que se entregan al cien por cien. gratitud. o bien porque no tienen otros medios o por convicción. una de ellas escribió el hermoso prólogo que contiene esta novela. pero. a Aileen Diolch y a Caroline March. tiempo. son grandes mujeres y profesionales de renombre que nos dijeron que sí en el momento en que les comentamos la idea de este proyecto solidario. además de ARI. somos lectoras. es ilusión. poco a poco. miedos. trabajando de forma conjunta y duramente para que este sello tuviera peso. Esta utopía se convirtió. en realidad gracias a las autoras que se animaron a unirse al Grupo ARI. ante todo. las admiramos y seguimos su trayectoria literaria. Nieva. Nos dieron el sí con convicción.Nota de agradecimiento por ARI Todo comenzó por un sueño. No os podéis ni imaginar la ilusión que nos hizo porque. grandes mujeres y grandísimas autoras a las que admiramos muchísimo y estamos orgullosas de contar . Desde ARI. Un sueño lleno de ilusión y esperanzas entre dos autoras que querían mostrar al mundo que. queremos agradecer en primer lugar a las autoras que se animaron sin dudarlo a participar en la Antología. para que el mundo conociera el sueño que las autoras integrantes compartían entre ellas. podían ofrecer calidad a las lectoras y lectores que se animaran a comprar sus novelas. da igual. ARI no son solo sueños. éxitos y mucho más. a Lola P. solidaridad. son pedacitos de los corazones de las autoras que escriben cada día por pasión. por ser como son.

Tiene mucha razón. en ningún momento desde que se lo propusimos. esperanza y amor juntos. vemos la calidad. Gracias por ser partícipe de este gran sueño. y en el que las autoras nos respetamos. En momentos así. un filósofo griego de la antigüedad: «Cuando pones fe. y deseamos de corazón que Álex pueda alcanzar los sueños que todo niño merece tener. puedes criar niños positivos en un mundo negativo». Y no podíamos olvidarnos de ti. Universo que es la Romántica.con ellas aquí y en el panorama romántico. Como decía Zenón de Elea. Los ingresos íntegros que se obtengan de las ventas de la novela en digital y ediciones impresas de esta Antología irán a la Asociación Todos con Álex. pero cercano. Han sido muchas horas dedicadas a ello. madre del pequeño Álex quien lucha diariamente contra una enfermedad considerada rara. la gran fortaleza humana y compañerismo que existe en el pequeño. una gran mujer y compañera de profesión. la cual. de todo corazón. Gracias a una madre. pero ahora mismo. y nos apoyamos. pues el amor inmenso de unos padres puede mover montañas. También queremos agradecer a Samy. nos leemos. Y todo esto no habría sido viable sin la colaboración activa de todas las integrantes de ARI que decidieron participar como correctoras. maquetadoras. y nunca hay que perder la llama de la solidaridad ya que con poco puedes sentir cómo tu corazón se llena de alegría y orgullo al poder ayudar en la medida de lo posible. por desgracia. Nombrar la colaboración especial de Alexia Jorques. no dispone de la financiación en investigación y tratamiento que debiera. mientras escribimos esta carta. Muchísimas gracias por decirnos que sí. Muchas gracias por todo lo que habéis hecho por nosotras. y autoras de los relatos. una mujer asombrosa que no dudó. Somos un género que poco a poco vamos siendo conocido y respetado. en ilustrar la portada y contraportada de esta Antología. a una compañera por darnos la oportunidad de colaborar con lo poco que podemos. llegando a convertirnos en grandes amigas con un fin común. nos damos cuenta de que ha merecido la pena. pues sin . lectora o lector de esta novela. a una autora.

Muchas gracias por ser fieles a este género. como el RA en Madrid por ejemplo. con la que compráis y sentís que nunca son suficientes. o apoyáis en los Eventos de Romántica que se celebran a nivel nacional. más que nada. en Amazon y otras plataformas de compra. La pasión con la que comentáis las novelas. este proyecto y todas las demás novelas del ámbito Editorial y la Publicación Independiente quedarían olvidadas en algún rincón de nuestras almas. reseñas en los blogs. por desear acompañarnos a través de nuestras novelas. Gracias por ser y estar. Gracias a todo el mundo que hizo posible que este sueño se convirtiera en realidad. comentarios en facebook. muestra la gran familia que somos. es un honor cuando tenemos a las mejores lectoras y lectores del mundo editorial.vosotros nada de esto sería posible. por enamoraros con nuestros protagonistas. en twitter. sin vuestro apoyo. con la que nos contactáis para comentarnos qué os parecieron. por dedicarnos vuestro tiempo. pero. Ser autora es un privilegio al poder cumplir nuestros sueños. Firmado: .

tuvo una crisis en la que cayó muerto. en el ojo y en toda la cabeza. las causas de esta no se saben aún. ingresó quince días por crisis convulsivas. aunque en América han descubierto que es una malformación que sucede durante el embarazo. Solo os pondré algo que explicara un poco cómo me siento y lo que es la enfermedad. no la había. y durante 5 años ha tenido entre dos y tres crisis anuales. y es que todas las veo insuficientes para explicar lo que siento. Si os dijera que he escrito y borrado sobre veinte veces esta carta. el que sufrimos. así como deficiencia en el desarrollo. él sufre más que nosotros. A los pocos días de su nacimiento. El síndrome de Sturge Weber es una enfermedad degenerativa denominada rara que afecta al cerebro y sistema nervioso.Nota de agradecimiento por Samy S. Hay muy pocos casos reconocidos y ninguna asociación de la enfermedad o. no me creeríais. la padecen 1 de cada 50 mil niños en España. ni palabras para agradecer el esfuerzo de todas las escritoras que han creado esta Antología. pudieron reanimarlo en poco tiempo. endocrinas o de órganos. pues nació con parada cardiorrespiratoria. Lynn ¿Cómo empezar esta carta? Realmente no tengo ni idea. mejor dicho. Otros síntomas asociados a Sturge Weber pueden incluir anomalías oculares. pero cuando me lo dieron vimos que tenía varias manchas en la cara. Esta enfermedad es no hereditaria. aquella fue la primera vez que escuchamos hablar de este síndrome. A la semana aproximadamente. conseguimos que lo viera un dermatólogo. Alex nació el 19 de mayo de 2007 a las 19h tuvo un nacimiento traumático. no hay palabras para dar las gracias a quienes estáis leyendo estas líneas. pero eso os lo explico más adelante. Alex lleva en control médico desde que era un bebé. os voy a contar un poco sobre la enfermedad y sobre todo cómo actúa en Alex pues no hay dos niños en los que actúe igual. . Os voy a hablar de Alex que es del que sé. lo mucho que debo daros las gracias. Con tres años. pero es cierto. Se caracteriza por una mancha de nacimiento facial congénita y anomalías neurológicas.

Después de una hora de crisis. muchos no sabréis que tipo de medicación es esta. en España. tuvo que venir el SAMU y la policía. Por lo que hemos podido investigar. pudimos cambiarlo de centro escolar y. y ahora lleva una válvula dentro de este. en Londres trabajan sobre todo con terapias y lo estabilizarían. Aquí. y dolores de oído en el lado afectado. pero si darle calidad de vida e . Dicho por ellos mismos. a pesar que en este colegio el trato es magnífico. Alex debería estar ingresado un mínimo de 15 días.Pero todo cambió el 29 de octubre de 2013. parálisis eventual en el lado derecho. aún tardó quince minutos en reconocerme… Ahora mismo Alex sufre de crisis. El 9 de enero de 2014 fue operado de urgencias porque perdía el ojo. que es el izquierdo. pues no duraba ni quince minutos allí. y le mandarían la medicación que mejor le fuera.5. fuimos de urgencias a su oftalmóloga. Concerta 18 1 cada 12 horas. no podemos curarle. pero con deciros que para sacarla de la farmacia debo dar mi DNI. dolores de cabeza que no aguanta. presión ocular con posibilidad de que tengan que volver a operarle. Tegretol 200 1 cada 12h. no hay nada. Depakine 400 1 cada 12h. El neurólogo le mando Risperdal 1. la ansiedad con tan solo seis años de edad subió a niveles inimaginables. son medicaciones demasiado fuertes que dan muchos problemas a la larga. el daño ya está hecho. Alex empezó a quejarse de que no veía. ningún médico especialista en la enfermedad. Las agresiones siguieron hasta el punto de que la enfermedad corriera a una velocidad de vértigo por la ansiedad que sufría. brotes psicóticos. pues Alex comenzó a tener seis crisis diarias. allí le harían todas las pruebas. terror a la gente. por lo tanto la única opción que nos queda es ir a Londres donde hay un hospital con un ala entera especializada para niños con Síndrome de Sturge Weber. Pero la seguridad social no nos paga ni el tratamiento ni el viaje y mucho menos la estancia. entre cuatro adultos no podían con él. y las crisis eran tan fuertes que lo dejaban en cama. creo que me explico. A primeros de diciembre de 2013. En el curso 2013/2014. Comenzó a llegar con heridas del colegio hechas por compañeros y adultos. Hace dos meses Alex tuvo una crisis que no esperábamos ver nunca. Al final. Alex fue aproximadamente 90 días al colegio. mi hijo no sale rentable para que se gasten un dinero en estudiar la enfermedad.

Crissi Sark. Mimi Romanz. Raquel Campos. http://www. Claudia Cardozo. por el prólogo. Yolanda Revuelta. En España hemos creado la asociación «TODOS CON ALEX – STURGE WEBER ESPAÑA» para ayudar a Alex y también a los demás niños. gracias por esas horas delante del ordenador para crear esta Antología.org/ . Para quien desee saber más de nosotros. Caroline March y Lola P. Cuando nos han hecho tanto daño y ves que alguien te da la mano y te ayuda. sí a ti. ayudarles de las formas que sean posibles. Mar Fernández. aunque te parezca poco.Ochoa. Kathia Iblis. Y todos vosotros. Cris Tremps. muchas gracias de corazón. Emma Gigán. como un pequeño ángel que llega en el momento adecuado para no dejar que caigas. Roser A. que me estás leyendo. os invito a pasaros por la Asociación. mil gracias. Por eso. de la lucha que tenemos día a día con esta dura enfermedad. Lorraine Cocó. Ángeles Ibirika. Nieva por escribir los relatos para apoyar esta Antología. Millones de gracias. Sin vosotras esto no sería posible. Meg Ferrero y Julianne May. Leila Milà. tanto las escritoras Sheyla Drymon. pues. También te quiero dar las gracias a ti. Y no puedo olvidarme de darle las gracias por su trabajo a la maravillosa ilustradora Alexia Jorques. si deben ir a Londres. Cristina Oujo.intentar evitar que muera por una crisis.todosconalex. el hecho que hayas comprado esta Antología es un granito de arena con el cual se está creando esa gran montaña para ayudar a Alex. por ser la cabeza de esto. para intentar guiar los pasos de los afectados por esta enfermedad y. y a mis niñas ARI Juani Hernández. es como una luz. Sois los ángeles de Alex. Aileen Diolch. y por pararte a leer estas líneas. de la Asociación.

121 Espejismos del ayer por Mar Fernández. 193 Recuerdo de un amanecer por Julianne May. 247 Eléctrico por Cristina Oujo. 201 En África por Aileen Diolch. 69 El Editorial por Cris Tremps. 175 Regresa a mí por Kathia Iblis. 301 . 131 Anclada a ti por Raquel Campos. Ochoa. 227 Nuestra historia por Caroline March. 297 Nota de agradecimiento por Samy S. 23 Amar desde las sombras por Sheyla Drymon. 55 Aquelarre por Ro A. Sark. 101 El coleccionista de noches vacías por Lorraine Cocó. 161 Solo mía por Mimi Romanz.Table of Contents Prólogo por Ángeles Ibirika. 79 Todo el tiempo en un instante por M. 233 Spiritus por Lola P. 9 Bailando sola por Leila Milá. C. 267 Nota de agradecimiento por ARI. 37 Una nueva vida por Emma Gigán. 187 El amor que nunca existió por MEG Ferrero. 7 Corazón de muñeca por Juani Hernández. 147 Eres mi vida por Claudia Cardozo. Nieva. 111 Entre las sombras por Yolanda Revuelta. Lynn.