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sentido, cualquier hombre joven puede

,
eventualmente, prostituirse en
cuanto miché, sin necesidad de proceder a un corte
abrupto en la
apariencia masculina “normal”.3 Curioso comercio,
donde los “normales”
aparecen prostituyéndose para los “desviantes”.
Cabe inquirir, sin
embargo, en qué medida ese parodiar no es —como
dice Germán
García (1986) a propósito de Os-[12]valdo
Lamborghini— un para
odiar, o, en otros términos, qué grado de
minorización (de devenir
minoritario.) se desliza, acaso, en esa
sensualización sobrecargada del
paradigma masculino, bien al gusto de un público
homosexual; si ella
no develaría, en su impostura, cierta cualidad
intensiva presente
—aunque encubierta— en el patrón de hombre
dominante.
Si, como quiere Paul Veyne (1982), cada práctica
“lanza las objetivaciones
que le corresponden y se fundamenta en las
realidades del
momento, o sea, en las objetivaciones de las
prácticas vecinas”, no se
pueden desconocer ciertos mecanismos similares
entre el oficio del
miché y la prostitución de travestis y mujeres. Sin
embargo, estudiar
autónomamente la práctica de la prostitución viril
incita a deshacer la
asociación corriente entre la venta de favores
corporales y la femineidad.

nada más que por la guita.. a tratar exclusivamente de travestis al referirse a la prostitución masculina —a pesar de registrar el caso de cinco “pederastas activos” fichados por la policía en 1923. luego el viaje a casa (los trenes del suburbio son una cosa fascinante. o. lo que sucede es que cualquier chongo pide plata para disimular el hecho de estar encamándose con otro hombre”.. por ejemplo. Claro que si yo les tiro alguna onda y los invito a mi casa. Al final. Bruckner y Finkielkraut interpretan: Si la prostitución masculina se desarrollase entre mujeres. Sólo alcanzan esta abyección las mujeres. los enculados. seguirían siendo las clientas las tratadas de putas. pues es evidente que lo que consideramos prostituido no es tanto el cuerpo vendido como el cuerpo penetrado. ahí se puede ver cómo muchos obreros aparentemente machos acaban cediendo al toqueteo). después se van al bar. a falta de ellas. la prostitución viril —mucho menos institucionalizada que la femenina— parece carecer de los aires de fatalidad irreversible . los hombres parecen todos muy machos. al comisario Guido Fonseca.Asociación que lleva. pero seguro que se acuestan con locas. 3 9 su Historia de la Prostitución en San Pablo (1982). Pero ellos no son necesariamente michés. ellos pasan muy poco tiempo al día haciendo el papel de “marido ejemplar”: trabajan ocho a diez horas. en Una marica entrevistada explica así esta versatilidad: “En la fábrica donde trabajo. Correlativamente. dicen que sólo vienen si es por dinero.

que guarda relación con el diferente estatus atribuido a “machos” y “hembras”. compensada por la exaltación de la masculinidad del prostituto. Cabe inquirir. sino que también descargan sobre sus partenaires homosexuales el peso social del estigma. De un modo más global. en detrimento de la inferiorización del cliente maricón. No sólo suelen los muchachos encarar su práctica como provisoria. en qué medida ese parodiar no es —como dice Germán . eventualmente. un varónsentido. sin necesidad de proceder a un corte abrupto en la apariencia masculina “normal”.3 Curioso comercio. cualquier hombre joven puede. prostituirse en cuanto miché.que impregnan míticamente la condición de prostituta. el prostituto viril sería una subespecie dentro de un tipo mucho más difundido: el macho o chongo. Si la “explotación” de la mujer venal es socialmente validada. sin embargo. más estructural. A la habitual ausencia de proxenetas entre los chicos de la calle. hasta cierto punto. con la prostitución femenina. se le suma otra desemejanza. El hecho de no abandonar la cadena discursiva y gestual de la masculinidad les facilita esos recursos. en la prostitución de los muchachos la superioridad económica del pagador puede ser. donde los “normales” aparecen prostituyéndose para los “desviantes”.

acaso. como quiere Paul Veyne (1982). al comisario Guido Fonseca. no se pueden desconocer ciertos mecanismos similares entre el oficio del miché y la prostitución de travestis y mujeres. cierta cualidad intensiva presente —aunque encubierta— en el patrón de hombre dominante. o sea. en las objetivaciones de las prácticas vecinas”. Asociación que lleva. en esa sensualización sobrecargada del paradigma masculino. Sin embargo. ahí se puede ver cómo muchos obreros aparentemente 3 .García (1986) a propósito de Os-[12]valdo Lamborghini— un para odiar. ellos pasan muy poco tiempo al día haciendo el papel de “marido ejemplar”: trabajan ocho a diez horas. en otros términos.) se desliza. Si. qué grado de minorización (de devenir minoritario. bien al gusto de un público homosexual. en Una marica entrevistada explica así esta versatilidad: “En la fábrica donde trabajo. cada práctica “lanza las objetivaciones que le corresponden y se fundamenta en las realidades del momento. después se van al bar. por ejemplo. luego el viaje a casa (los trenes del suburbio son una cosa fascinante. pero seguro que se acuestan con locas. en su impostura. los hombres parecen todos muy machos. o. Al final. si ella no develaría. estudiar autónomamente la práctica de la prostitución viril incita a deshacer la asociación corriente entre la venta de favores corporales y la femineidad.

a tratar exclusivamente de travestis al referirse a la prostitución masculina —a pesar de registrar el caso de cinco “pederastas activos” fichados por la policía en 1923. pues es evidente que lo que consideramos prostituido no es tanto el cuerpo vendido como el cuerpo penetrado. sino que también descargan sobre sus partenaires homosexuales el peso social del estigma. o. El hecho de no abandonar la cadena discursiva y gestual de la masculinidad les facilita esos recursos. a falta de ellas. nada más que por la guita.machos acaban cediendo al toqueteo).. Bruckner y Finkielkraut interpretan: Si la prostitución masculina se desarrollase entre mujeres. A la habitual ausencia de proxenetas entre los chicos de la calle.. Pero ellos no son necesariamente michés. Claro que si yo les tiro alguna onda y los invito a mi casa. 9 su Historia de la Prostitución en San Pablo (1982). dicen que sólo vienen si es por dinero. No sólo suelen los muchachos encarar su práctica como provisoria. lo que sucede es que cualquier chongo pide plata para disimular el hecho de estar encamándose con otro hombre”. la prostitución viril —mucho menos institucionalizada que la femenina— parece carecer de los aires de fatalidad irreversible que impregnan míticamente la condición de prostituta. se . seguirían siendo las clientas las tratadas de putas. Correlativamente. los enculados. Sólo alcanzan esta abyección las mujeres.

con la prostitución femenina. Si la “explotación” de la mujer venal es socialmente validada. compensada por la exaltación de la masculinidad del prostituto. que guarda relación con el diferente estatus atribuido a “machos” y “hembras”. en detrimento de la inferiorización del cliente maricón. hasta cierto punto. un varón . el prostituto viril sería una subespecie dentro de un tipo mucho más difundido: el macho o chongo. De un modo más global.le suma otra desemejanza. más estructural. en la prostitución de los muchachos la superioridad económica del pagador puede ser.