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ANTIOQUEÑO:
TERRITORIO EN DISPUTA

Entre la acumulación del capital y la alternativa campesina

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NORDESTE

ANTIOQUEÑO:
TERRITORIO EN DISPUTA

Entre la acumulación del capital y la alternativa campesina

Freddy M. Ordóñez Gómez
Autor

Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz
del Nordeste Antioqueño - CAHUCOPANA

Bogotá, DC. Julio de 2011

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ISBN: 978-958-8341-31-6
Julio de 2011
Bogotá, Colombia
Coordinación editorial
Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño, CAHUCOPANA
Autor
Freddy Ordóñez Gómez
Colaboradoras
Ángela Castellanos
Catalina Quiroga
Cristy Lozano
Francys Cárdenas
Corrección de estilo
Saúl Gómez Mantilla
Diseño y diagramación
Doris Andrade B.
(Apoyo Editorial GMJL)
Fotografía de la portada
Catalina Quiroga
Impresión y terminados
Gente Nueva Editorial
© Freddy Ordóñez Gómez
© Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño, CAHUCOPANA.
Carrera 10 No. 15-39. Oficina 507
Telefax (57 1) 334 03 80
Página web: www.prensarural.org
E-mail: cahucopana@gmail.com
Impreso en Colombia – Printed in Colombia
Esta publicación es un subproducto del proyecto Diseño de un Plan de Ordenamiento Territorial Alternativo para las
comunidades rurales en resistencia de los municipios de Remedios y Segovia, que contó con la financiación de Misereor
y el apoyo académico del Instituto Latinoamericano para una Sociedad y un Derecho Alternativos, ILSA. Las opiniones
expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de Misereor,
ILSA y CAHUCOPANA.

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Dedicatoria
Este texto está dedicado a todas y todos aquellos
que han participado en la región del Nordeste Antioqueño
en el sueño de construir un territorio campesino.
Pero especialmente a aquellos que no están, su ausencia,
tiene diversos orígenes, algunos de ellos nos los arrebató la guerra sucia,
el crimen auspiciado por el Estado y sus grupos paramilitares...
a ellos nuestro reconocimiento, como parte de esta historia.
Las líneas que así se encuentran,
son el resultado de pasos de campesinos y campesinas,
que creen en la organización política y comunitaria,
que creen en la Corporación Acción Humanitaria
por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño,
CAHUCOPANA, y quienes a través de sus aportes,
están construyendo el sueño de la alternatividad territorial
y un modelo de desarrollo diametralmente diferente al del capital
y que hemos materializado en la Zona de Reserva Campesina
del Valle del río Cimitarra.
A todos ellos dedicamos estas letras inconclusas
para que continúen haciendo historia.
CAHUCOPANA

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Contenido
Prólogo ................................................................................................................. 11
Presentación.................................................................................................... 21
1. Introducción.................................................................................. 23
2. Conceptos y elementos previos............................................... 27
Espacio y capital............................................................................................ 27
Lecturas sobre la tierra y el territorio....................................................... 34
3. Proceso de construcción territorial del
Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista...........
El Bajo Nordeste Antioqueño....................................................................
El capital inglés y el nacimiento de la Frontino Gold Mines ..............
Finales del siglo XIX y consolidación de una geograf ía regional de
acumulación...................................................................................................
La construcción territorial capitalista en el siglo XX y expresiones
organizativas del proletariado....................................................................
La violencia y los intereses económicos en el Nordeste.......................
La garantía para la acumulación de capital: creación y
consolidación de un modelo paramilitar.................................................
El final del siglo XX: violencia paramilitar y circulación de capital...
Antioquia: desplazamiento, despojo y concentración de la tierra......
Profundización en la acumulación ligada al capital minero................

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4. Alternativas y resistencias territoriales del
campesinado: Cahucopana y la Zona de Reserva
Campesina......................................................................................... 107
El Plan de Desarrollo Integral de Derechos Humanos para el
Magdalena Medio......................................................................................... 108
La Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra............... 114
La defensa de los derechos humanos y el surgimiento de
CAHUCOPANA........................................................................................... 118
5. A manera de conclusiones . ....................................................... 123
6. Bibliografía.................................................................................... 127

7. Anexos............................................................................................... 139
Anexo 1. Condiciones socioeconómicas subregión Nordeste

Antioqueño.................................................................................. 141
Anexo 2. Marco Normativo de las Zonas de Reserva Campesina..... 144
Anexo 3. Regiones de Antioquia y coeficientes de Gini.

Año 2004...................................................................................... 147
Anexo 4. Gini municipal Nordeste AntioqueñoAño 2006.................. 148
Anexo 5. Desplazamiento Forzado Nordeste Antioqueño.

Período 1998-2011...................................................................... 149
Anexo 6. Veredas de Remedios pertenecientes a la Zona de

Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra................... 150

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Prólogo
Jairo Estrada Álvarez*
El libro Nordeste antiqueño: Territorio en disputa, representa un
muy importante aporte a las investigaciones que se han venido realizando
en el país con el propósito de identificar y caracterizar las configuraciones
asumidas por el proceso de neoliberalización en nuestro país, y de avanzar
hacia un mayor entendimiento de los rasgos adoptados por la formación
socioeconómica capitalista durante las últimas décadas. Se trata de manera
específica, en este caso, del nordeste antioqueño: un territorio que condensa
de manera ejemplar tanto la tendencia histórica de la acumulación capitalista,
basada en el ejercicio abierto de la violencia, como formas de resistencia y
de construcción local de alternativas y de poder popular, que tienen como
soporte los acumulados de la organización obrera y del movimiento campesino de la región.
De ello da cuenta precisamente CAHUCOPANA, una organización
popular que ha logrado, en medio de la más intensa guerra, no sólo sobrevivir
y resistir, sino ante todo elaborar y proyectar la idea de que aún en las condiciones más adversas, cuando se tiene la firmeza, la voluntad y la decisión
política, es posible trabajar creativamente desde la cotidianidad para contribuir a superar las estructuras que pretende imponer la organización social
y espacial capitalista y, al mismo tiempo, para atender las preocupaciones,
*

Profesor asociado del Departamento de Ciencias Políticas de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia y Director del Instituto Latinoamericano
para una Sociedad y un Derecho Alternativos, ILSA.

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las limitaciones y las carencias del día a día, con fundamento en el potencial
dispuesto y desplegado por la organización, la cooperación y la solidaridad
de los sectores populares. Se trata de una auténtica experiencia de poder
localizado, que enaltece la historia del movimiento campesino y resalta el
indiscutible lugar que éste tiene cuando se quiere pensar con seriedad la
historia colombiana de las últimas décadas, bien sea a nivel nacional, o en el
ámbito local.
Justamente ahí se encuentra el valor académico y político de este
libro. Nos encontramos frente al relato, la voz y las propuestas analíticas
y de teorización, formulados desde el campo de las clases subalternas. En
ese cometido debe reconocerse la comprometida y juiciosa labor del joven
investigador Freddy Ordoñez.
Los alcances del libro pueden dilucidarse con mayor fuerza, cuando
hacemos un acercamiento a algunos de los tópicos de las transformaciones
del capitalismo colombiano durante las últimas décadas. Por las características del trabajo preparado por CAHUCOPANA, quiero hacer énfasis en la
reorganización geográfica del proceso de acumulación, apoyándome en algunas reflexiones de mi libro Derechos del capital. Dispositivos de protección e
incentivos a la acumulación en Colombia, publicado en el año de 2010. Allí
constaté que durante las últimas tres décadas el país ha vivido un incesante
proceso de cambio y reconfiguración de su formación socioeconómica, en
el que se ha interrelacionado la intensificación con la expansión geográfica
de la relación social capitalista, y que tal proceso se encuentra inmerso y es
parte a la vez de nuevas dinámicas de la acumulación que trascienden (y
hacen estallar) la frontera nacional para adquirir dimensiones regionales y
transnacionales.
La conjunción entre la lógica capitalista y la lógica territorial transcurre a través de una doble vía, interrelacionada, y en diferente escala, en la
que se encuentran las dinámicas externas con las dinámicas internas de la
acumulación. No se trata simplemente de la imposición de una exterioridad
(aunque también lo es). En sentido estricto, es un mismo proceso –complejo,
contradictorio, conflictivo, desigual y diferenciado– que da cuenta, por una
parte, de nuevas formas de constitución y de reproducción de la relación
social capitalista, de una especie de racionalización forzada, arbitraria, del
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Prólogo

modo de producción. Por la otra, de la renovada estructuración del proyecto
hegemónico, de la (re)conformación específica del poder clase.
La imposición de una nueva lógica territorial de la acumulación ha
traído consigo el surgimiento y el despliegue, no concluido, de una nueva
espacialidad capitalista. Tal espacialidad se fundamenta, por una parte, en
la extensión de la relación social capitalista a territorios anteriormente no
sometidos en forma directa o abierta a las dinámicas de la acumulación; por
la otra, en la redefinición del papel de territorios ya vinculados a ellas. Ambos
procesos se encuentran interrelacionados contradictoriamente, y articulados,
en forma desigual y diferenciada, a los circuitos transnacionales de la acumulación capitalista. La producción de nuevas dinámicas regionales, no sólo ha
transformado el proceso de acumulación en su conjunto, sino la forma como
éste se inserta en el proceso general de transnacionalización y desnacionalización. En Colombia se está asistiendo a una transformación profunda del paisaje
social regional, en diferentes escalas, incluyendo los paisajes urbanos.
Dado que la tendencia de la acumulación se encuentra vinculada
con el abandono del proyecto político económico de la industrialización dirigida por el Estado y que la propia dinámica de este proyecto entró en crisis
y no pudo responder a las demandas por nuevas formas de acumulación, la
producción de una nueva espacialidad se encuentra asociada con la reorganización geográfica de los circuitos de la acumulación. En efecto, mientras
que en la fase capitalista anterior el eje de la reproducción se encontraba en
la región andina, en el triángulo Bogotá, Cali y Medellín, con salidas a los
mercados internacionales por Barranquilla y Buenaventura, en la fase actual
se observa un desplazamiento hacia nuevos lugares del territorio nacional,
hacia la Amazonia, la Orinoquia, el Pacífico y el Atlántico, así como un
ensanchamiento de la región andina a esa nueva dinámica de la acumulación.
Esa transformación del paisaje ha producido (y continúa) produciendo una
nueva economía1, que ha socavado y prácticamente liquidado el viejo aparato
productivo y de prestación de servicios, para provocar la emergencia de algo
distinto que ya no se fundamenta en la producción nacional y mucho menos
1

La expresión nueva economía no se usa en consideración a que se estuviese asistiendo a un tipo de
organización de la producción-reproducción basada en el cambio científico-técnico. Simplemente,
lo que se busca es registrar una ruptura frente al tipo de economía de la fase capitalista anterior.

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en la organización nacional estatal de la actividad económica. Se ha tratado
de la muerte del proyecto político-económico del capitalismo productivo y
del mercado interno.
Las bases de esa nueva economía descansan sobre la inserción plena
y sin condiciones en las dinámicas transnacionales actuales de la acumulación
capitalista. Esas dinámicas vienen produciendo, entre otros, una demanda
creciente por energía y por materias primas de origen natural, presiones para el
acceso a fuentes de agua y recursos de biodiversidad, exigencias para la generación de oxígeno, nuevos requerimientos a la disposición de la producción
agrícola dado el cambio climático, y nuevas articulaciones con las empresas
transnacionales criminales. Asimismo, exigen una organización distinta de
los procesos de producción (industriales) y de prestación de servicios. Así
como una creciente disposición hacia la lógica especulativa que impone el
capitalismo financiarizado.
En consideración a lo anterior, lo que se ha venido observando
durante las últimas décadas es un alistamiento del territorio, organizado,
en gran medida, en función de esas dinámicas transnacionales, que vienen
produciendo un reordenamiento territorial a escala planetaria, imponiendo
una nueva división internacional capitalista del trabajo, con fundamento en
los dispositivos de poder y de dominación activados por lo que bien ha sido
caracterizado por Samir Amín como el imperialismo colectivo.
Para tal alistamiento se ha conjugado en el caso colombiano, el diseño
de las políticas de neoliberalización, con la preparación del marco jurídicoinstitucional correspondiente, y el ejercicio de la violencia. Nueva economía,
alistamiento del territorio y acumulación violenta han ido de la mano.
Todo indica que la nueva economía, la que está emergiendo de las
dinámicas territoriales de la acumulación, posee en lo esencial los rasgos de
una economía de enclave, es decir, de una economía cuya disposición responde más a la nueva organización del capitalismo transnacional que a su
articulación de acuerdo con una lógica de reproducción nacional.
Múltiples son los pilares de esa nueva economía en el caso colombiano: a) Energía (hidrocarburos, hidroenergía, agrocombustibles); b) recursos
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Prólogo

minerales; c) fuentes de agua, recursos de biodiversidad y vuelo forestal; d)
agronegocios; e) producción de cocaína; f ) plataformas para la exportación
de bienes y servicios; g) economías de aglomeración en centros urbanos de
alta densidad2. Esa nueva economía despliega sobre el colchón de la sobreexplotación y la precarización de las condiciones de vida y de trabajo de la
población, el deterioro de la economía campesina y del trabajo rural, y la
expropiación de bienes comunes al conjunto de la sociedad. Todo ello, inmerso
en la tendencia financiarizadora de la acumulación capitalista.
La constitución específica de los pilares de la nueva economía se ha
venido llevando a cabo a partir de múltiples dinámicas de la acumulación. Si
tales dinámicas se examinasen por separado, pareciera ser que responden a
un principio de desenvolvimiento autónomo y conducen a una nueva organización social local de la reproducción capitalista. Aunque esa perspectiva
resulta útil para comprender algunos de los rasgos de la historicidad reciente
de la acumulación capitalista, es insuficiente para una comprensión más
compleja del proceso que se encuentra en curso. En realidad las dinámicas
regionales son las piezas del nuevo rompecabezas del proceso de acumulación
transnacional que se viene llevando a cabo durante las últimas décadas en
nuestro país. Es cierto, eso sí, que al tratar de dilucidar el lugar de esas piezas
dentro de la tendencia general de la acumulación, resulta más fácil develar
su articulación con procesos específicos de alcance transnacional, que la
interrelación entre ellas mismas.
En el corazón de la acumulación regional se ha encontrado la lucha
por la tierra. Su fundamento ha sido una redefinición sustancial de las relaciones de propiedad en el campo basada en la expropiación (y el desplazamiento
forzado) de millones de campesinos, de comunidades negras y de pueblos y
comunidades indígenas3. Tal expropiación ha desnudado cuando menos la
candidez de posturas intelectuales y políticas que de tiempo atrás, aduciendo
2

3

En el caso de las fuentes de agua, los recursos de diversidad y el vuelo forestal, aún están por
desatarse con toda fuerza las dinámicas de acumulación. En el caso de los otros pilares, pese a sus
trayectorias históricas distintas, es evidente que ya se han erigido como tales y que se encuentran
en procesos expansivos.
De esa forma se ha incrementado dramáticamente el ejército industrial de reserva en las ciudades
receptoras de los continuos flujos de desplazamiento forzado, generando una presión adicional
sobre las ya precarias condiciones del mercado de trabajo.

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mayores niveles alcanzados del desarrollo capitalista, desdecían de la cuestión
agraria y de la existencia de movimientos asociados con ella. Evidentemente
las dinámicas de la acumulación transnacional, al tiempo que han redefinido la
cuestión agraria, han puesto la tierra y en el territorio en un lugar central. En
los territorios en disputa y objeto de expropiación se encuentran justamente
las fuentes de la nueva economía que se está constituyendo. Ello explica en
gran medida el papel del paramilitarismo en la historia reciente colombiana
y, en general, la tendencia del conflicto social y armado.
La nueva geograf ía del capital, la que ha emergido de la mano de las
nuevas dinámicas regionales de la acumulación, ha demandado la ocupación
de nuevos territorios, así como la desocupación o la reocupación de otros.
La conformación de esa geograf ía, la necesidad de transformar radicalmente
el paisaje social a fin de dar respuesta a la dinámica expansiva del capital, de
dar cuenta de su lógica territorial, explica, en buena medida, el núcleo duro
de la fase actual de la violencia capitalista. Desde allí, se explican también la
imbricación del ejército estatal con grupos narcotraficantes y fuerzas paramilitares, de éstas con empresas transnacionales, la intervención imperialista a
través del Plan Colombia y la instalación de bases militares estadounidenses
en el territorio nacional; asimismo, algunos desarrollos legislativos, para darle
un cauce institucional al proceso. El ciclo de violencia de los últimos treinta
años, además de producir una mayor concentración de la propiedad sobre la
tierra, ha provocado más de cuatro millones de desplazados forzosamente y
decenas de miles de víctimas. En general, ha se tratado, sin duda, de genuinos
procesos de acumulación por despojo.
Aún faltan elementos para una reconstrucción de la verdad histórica
sobre las dinámicas regionales de la acumulación y el ejercicio de la violencia
que las ha acompañado. No obstante, la evidencia existente permite afirmar
que ésta se fundamentó en acuerdos políticos y alianzas entre el Estado, el
paraestado, el capital transnacional, y el paraguas de la ayuda estadounidense.
Tales acuerdos y alianzas se llevaron a cabo a través de diversos mecanismos,
con sus especificidades propias, de acuerdo con las particularidades económicas, políticas, sociales y culturales de las respectivas regiones.
En la producción y activación de una maquinaria del terror, de la
muerte y del exterminio f ísico y moral, es decir, en el disciplinamiento y el
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Prólogo

control social basado en la violencia, se encuentra una de las claves del cambio
en el balance de poder clase y de la tendencia de la acumulación capitalista
en Colombia.
El alistamiento y la nueva disposición del territorio han demandado
igualmente una nueva geograf ía de la infraestructura. La reducción del tiempo
de circulación, es decir, la tendencia a la anulación del espacio por el tiempo, se
ha convertido en la actualidad en una de las claves de las nuevas posibilidades
de la valorización capitalista. La infraestructura producida históricamente por
el capitalismo colombiano estuvo concebida, en lo fundamental, en función
de una organización del proceso de producción-reproducción basada en el
mercado interno, aunque con salidas a los mercados internacionales. Tal disposición cumplió una función histórica; pero se agotó. Uno de los principales
límites de la actual valorización capitalista se ha encontrado precisamente en
la insuficiencia de la infraestructura existente.
La dinámica actual de la acumulación que, como se ha visto, articula
la escala regional con el nivel transnacional, demanda corredores infraestructurales que garanticen circulación de las mercancías y, sobre todo, que aceleren
la velocidad de rotación del capital. Pese a que hay un retraso evidente en el
desarrollo de tal infraestructura y ello genera malestar en algunas facciones
capitalistas, lo cierto es que en materia de infraestructura se encuentra en
curso una transformación sin precedentes. Ese sector se ha convertido en
uno de los espacios de salida a la sobreacumulación de capital.
Si se juzga por los planes gubernamentales y los diseños preparados
por diferentes instituciones, en ellos se aprecia un despliegue infraestructural
encaminado a darle salida a la producción al exterior, más que a la búsqueda
del mejoramiento de la comunicación interna. Las nuevas carreteras, los ejes
multimodales, las líneas de ferrocarril, los oleoductos, los gasoductos, los
puertos (secos, fluviales y marítimos), los nuevos aeropuertos, están concebidos en gran medida en ese sentido. La expansión y modernización de la
infraestructura se ha convertido en otro de los escenarios de los procesos
de privatización, dado que la modalidad contractual predominante para la
financiación de los proyectos son los contratos de concesión.
Por otra parte, es importante resaltar que algunos de los megaproyectos infraestructurales se encuentran incorporados dentro de una estrategia
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más compleja, de alcance suramericano, con la que el capital transnacional
busca un mejoramiento de las comunicaciones entre los mercados de la región
y la conexión del Atlántico con el Pacífico. Desde esa perspectiva, la estrategia de desarrollo infraestructural de la actual fase capitalista en nuestro país
también debe ser comprendida como parte de la Iniciativa para la Integración
de la Infraestructura Suramericana, IIRSA.
Durante los últimos lustros se ha asistido igualmente al ensanchamiento de la infraestructura energética, con miras a evitar situaciones como
la presentada al inicio de la década de 1990, que condujo a la racionalización
de energía y afectó en forma sensible las condiciones de la reproducción
capitalista. De acuerdo con los proyectos de inversión en curso, el capital
también se ha dispuesto para cubrir la creciente demanda de energía. La
actividad energética se encuentra conectada con los circuitos regionales (latinoamericanos) de transmisión de energía. Estos circuitos, como la generación
misma de energía, tienden a ser controlados por empresas transnacionales
con presencia en la región. El país también se ha erigido como un exportador
de energía generada.
Las demandas por la modernización de la infraestructura también se
han extendido al sector de las telecomunicaciones. En este caso, las transformaciones ocurridas durante las últimas décadas en país son igualmente significativas. Del monopolio estatal se transitó a un negocio mayoritariamente en
poder del capital transnacional. En el mismo sentido deben interpretarse, los
impactos que las dinámicas regionales de acumulación han generado sobre
el negocio financiero. Las demandas por una creciente financiarización en
el nivel regional son evidentes.
En suma, como se ha visto, la tendencia de la acumulación capitalista ha tenido en los escenarios regionales unas expresiones inusitadas. Ello
se explica en buena medida porque es en una nueva geograf ía en donde se
encuentran las fuentes de la acumulación transnacional y las nuevas posibilidades de la valorización capitalista. Esa nueva geograf ía, unida a los desarrollos infraestructurales y de abastecimiento de energía, al ensanchamiento de
las telecomunicaciones y el negocio financiero han producido una profunda
transformación del espacio social. Se trata de procesos en pleno proceso de
desenvolvimiento, no concluidos.
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Prólogo

En este punto es conveniente señalar que la producción de una
nueva espacialidad no se ha circunscrito a los espacios rurales. También las
ciudades vienen siendo sometidas a una nueva hechura. Para eso se concibieron justamente los planes de ordenamiento territorial. Las redefiniciones
del espacio urbano vienen operando con la lógica que aquí se ha expuesto.
Un buen número de nuestras ciudades ha estado o está actualmente en
obra negra. El capital ha desplegado y continúa desplegando su potencial de
inversión. Los espacios urbanos también contribuyen a resolver problemas
de sobreacumulación.
En igual sentido deben considerarse las zonas especiales de comercio
exterior, especialmente las zonas francas. Ellas son una expresión radical de
cómo el capital viene reorganizando el espacio rural y urbano. En este caso,
resulta novedosa la imposición de un concepto de espacios deslocalizados,
pero crecientemente transnacionalizados.
Después de la normalización impuesta por la violencia capitalista a
las dinámicas de la acumulación regional, está por verse cómo se configurarán y desatarán los nuevos conflictos sociales y de clase. En muchos de esos
territorios que hoy conforman la nueva espacialidad del capital apenas se está
en el alba de las nuevas conflictividades.
Las dinámicas aquí expuestas me llevan a aseverar que resulta
insuficiente la caracterización de la tendencia de la acumulación capitalista
en términos de un proceso de reprimarización de la economía. Aunque a
primera vista pareciera ser así, dado precisamente al carácter histórico de
la acumulación, no hay retorno a formas de la organización capitalista de la
producción y del trabajo existentes en otra época. A lo que hoy se asiste es
al surgimiento y consolidación de una nueva división capitalista del trabajo,
basada en una también nueva organización trasnacional del proceso capitalista de producción-reproducción. Tal organización le imprime su propia
especificidad a la dinámica de la acumulación de capital.
Las configuraciones que asume la formación socioeconómica no
pueden ser explicadas de manera exclusiva considerando la lógica capitalista
que se ha expuesto hasta aquí. Al mismo tiempo, resulta imperativo tener
en cuenta la tendencia de las luchas sociales y populares, la manera como
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las clases subalternas se organizan y, a través de diversas formas, resisten
y confrontan el proyecto del capital, y propugnan por la construcción de
alternativas. La acumulación capitalista, para ser comprendida, tiene que ser
estudiada al fragor de la lucha de clases.
El libro Nordeste antiqueño. Un territorio en disputa es precisamente
una breve historia de la sangrienta acumulación de capital a escala regional
y, de manera simultánea, el testimonio fundamentado de la resistencia y el
poder popular, ilustrados especialmente a través del movimiento campesino.
El libro permite entender a partir de un caso específico cómo se constituyen
y consolidan proyectos de dominación de clase a escala regional y, en oposición a ello, cómo se organiza y despliega el proyecto de las clases subalternas.
En este último aspecto, se trata de una investigación que aborda en forma
sistemática la experiencia de construcción de una territorialidad campesina
en el nordeste antioqueño para oponerla a la territorialidad capitalista. Esa
territorialidad campesina se ha enmarcado dentro de aquellas construidas en
la región del Magdalena Medio y, a su vez, dentro de las que se dan en el Valle
del río Cimitarra. Se trata también del encuentro de experiencias propias y
compartidas al mismo tiempo. Me refiero a las experiencias de la Asociación
Campesina del Valle del río Cimitarra, ACVC y de la Corporación Acción
Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño, CAHUCOPANA, en sus luchas por la zona de reserva campesina.
Para los estudiosos de proyectos alternativos y de la constitución del
poder de clase, la experiencia examinada en este libro es muy ilustrativa. Aquí
se da cuenta, a escala local, de la posibilidad real de procesos de construcción
de poder popular, de lo que representa el despliegue de la potencia del poder
de resistencia y de transformación inmerso en las clases subalternas, en este
caso, en el movimiento campesino.

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Presentación
La Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz
del Nordeste Antioqueño, CAHUCOPANA, es una organización campesina
surgida en el año 2004, orientada a la defensa y promoción de los derechos
humanos, cuyo origen se relaciona directamente con los niveles de afectación
al campesinado a partir de la dinámica regional del conflicto y del modelo de
desarrollo impuesto en el campo colombiano.
La lectura sobre los derechos humanos elaborada por la Corporación
a lo largo de estos años, implica el entendimiento de éstos como una construcción histórica, determinada en gran medida por los avances del movimiento
social en su exigibilidad, de allí que tengamos como apuesta organizativa el
reconocimiento y respeto de los derechos humanos del campesinado, tanto
aquellos establecidos en los instrumentos internacionales de derechos humanos, como aquellos innominados.
Dentro de los derechos que son propios de las comunidades campesinas, se encuentran el derecho a la tierra y al territorio, tanto por su garantía
para ejercitar otros derechos (como la vivienda, la alimentación, el mínimo
vital, etc.) como por su esencialidad para la reproducción ampliada de la vida
y el desarrollo de aspectos como la economía, la sociedad y la cultura propia
de los campesinos. Estos aspectos en un espacio histórico-social determinado
por la vida campesina, configuran lo que podría llamarse un territorio campesino, que por estar construido en una lógica diferente a la de la acumulación
de capitales (determinante del territorio del capital) nos lleva a señalar al
territorio como un derecho de los campesinos y campesinas.
El accionar de estos años nos ha permitido diversificar nuestros
campos de acción hacia procesos de sensibilización de la comunidad nacio-

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nal e internacional, formación a dirigentes campesinos, interlocución con
autoridades y la adopción de rutas de justiciabilidad de derechos. Más recientemente, hemos visto la necesidad de generar espacios de investigación que
se traduzcan en herramientas útiles para el quehacer de la Corporación, así
como para el campesinado y el movimiento social nacional.
En línea con lo anterior, CAHUCOPANA, presenta la publicación
Nordeste Antioqueño: Territorio en disputa. Entre la acumulación del capital
y la alternativa campesina del investigador Freddy Ordóñez, libro en el que se
recogen algunas de las más recientes reflexiones abordadas en nuestra accionar cotidiano en defensa de los derechos de las campesinas y campesinos del
Nordeste Antioqueño, y en el cual se intenta evidenciar la construcción de
nuestro territorio a partir de la dinámica de circulación del capital y el uso de
la violencia contra los sectores populares en el marco de esta, pero también
las apuesta organizativas del campesinado orientadas a la generación de una
territorialidad alternativa a la impuesta.
Finalmente queremos agradecer a la agencia de cooperación Misereor por aportar los recursos necesarios para el desarrollo de esta investigación
y del proyecto en el cual se enmarcó, de igual forma agradecemos el apoyo
brindado por el Instituto Latinoamericano para una Sociedad y un Derecho
Alternativos, especialmente por su director, Jairo Estrada Álvarez, para la
materialización de esta publicación.
CAHUCOPANA

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1
Introducción

L

a construcción y configuración del espacio y el territorio hacen referencia a elementos no solo f ísicos, diversos factores sociales, económicos,
políticos, culturales, etc., participan en la estructuración de lo territorial. En el caso de los factores económicos, la geograf ía crítica ha afirmado
que el capital circula en el espacio y en el tiempo, creando su propia geograf ía
histórica, produciendo y reconfigurando las relaciones espaciales capitalistas; siendo el capital y los centros de poder, creadores y transformadores de
espacios y determinadores de territorios, de acuerdo a sus propios intereses
y lógicas (Segrelles, 1999). Es tal la magnitud del capital en la transformación
geográfica, que la búsqueda de su acumulación máxima, “es el motivo central
en el relato de la transformación histórica y geográfica del mundo occidental
en tiempos recientes, y parece destinado a engullir a todo el mundo en el siglo
XXI” (Harvey, 2007, 137).
Ejemplo de lo anterior es el hecho de que en la actual fase del capitalismo, se adopta desde la banca multilateral, específicamente desde el Banco
Mundial, el concepto de Nueva Geograf ía Económica, para designar, de esta
manera, lo espacial y sus transformaciones en esta fase del desarrollo y cre-

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

cimiento económico, que estaría construido a partir de las aglomeraciones
urbanas, la movilidad de los factores de producción y la integración económica; reflejos de las dimensiones de densidad, distancia y división, bases de
la propuesta que sostiene el crecimiento económico por aglomeración y la
equidad social por convergencia.
Como una consecuencia de las intervenciones en lo espacial del
capital, se tiene también que las definiciones de territorios, hechas por y para
el capital y su acumulación, son contrarias con las propuestas emanadas de
quienes habitan los espacios y tienen sus propias configuraciones territoriales,
como son los campesinos, afrodescendientes e indígenas1, lo que en últimas
se puede asumir como apuestas diferenciadas de clases contradictoras.
Las lógicas capitalistas de definición territorial incluyen la reproducción y expansión del capital, por medio de la acumulación originaria,
en su modalidad de acumulación por desposesión, realizada en múltiples
ocasiones por medio de la violencia y de la guerra, como ocurre en el caso
colombiano.
En el país, la fijación de los asentamientos urbanos y su posterior
constitución en entes administrativos territoriales, ha estado marcada por los
flujos de capital y los intereses particulares de las élites y la clase dominante,
quienes estructuran su propuesta de territorio. Municipios enteros se han
levantado a partir de la explotación petrolera, la producción agroexportadora,
el comercio internacional, las llamadas “economías ilícitas” y la extracción
de metales preciosos. Estas modalidades han permitido aumentar las tasas
de beneficios de los sectores privados regionales y nacionales, las empresas
transnacionales, las élites políticas regionales (gamonales) y del narcoparamilitarismo, en detrimento de sectores populares como el campesinado, quienes,
por el contrario, han visto amenazados y vulnerados sus derechos a partir de
este afán de lucro privado y de construcción territorial capitalista.

1

Particularmente se hace referencia a aquellas sociedades cuya estructura interna y organización
corresponde con las “precapitalistas”.

24

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Introducción

Según lo anterior, este texto intenta evidenciar la importancia de
los flujos y las lógicas del capital en la construcción territorial del Nordeste
Antioqueño, específicamente de los municipios de Remedios y Segovia2;
así como las alternativas a este modelo, enfatizando en la Zona de Reserva
Campesina del Valle del río Cimitarra, que los campesinos y campesinas han
estructurado a través de sus diversas apuestas organizativas, una de ellas es la
Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste
Antioqueño, CAHUCOPANA3.
Para lograr este objetivo, en primer lugar, se presenta el marco teórico que guía la investigación, realizando un acercamiento a la propuesta del
espacio como producto social y, por ende, como resultado de las relaciones
de producción, los intereses de clase y las lógicas del capital. Seguidamente,
se aborda el concepto de territorio como relación de poder, resaltando la
multidimensionalidad del mismo, los conflictos que éste presenta, la noción
de territorio campesino y la importancia de la tierra para su desarrollo. En un
tercer momento, se presentan las configuraciones espaciales y construcciones
territoriales del capital en el Nordeste Antioqueño y las valoraciones que
adquiere dicha región dentro de las lógicas capitalistas de acumulación. Posteriormente, se presentan las apuestas territoriales campesinas, enfatizando
en la Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra, que recoge
las principales propuestas contradictoras del modelo territorial del capital.
Finalmente se plantean algunas conclusiones.

2

3

Municipios que conforman la llamada “zona minera” (según Planeación Departamental) o “Bajo
Nordeste” (según CAHUCOPANA) de la subregión Nordeste del departamento de Antioquia.
En adelante CAHUCOPANA o la Corporación.

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2
Conceptos y
elementos previos
Espacio y capital

L

a geograf ía crítica presenta, como una de sus conceptualizaciones
fundamentales, el espacio como un producto social (Segrelles, 1999). Al
hablar de espacio, lo hacemos a partir de David Harvey, entendiendo
que la categoría se lee como espacio-tiempo; o como un espacio históricosocial, según Joan-Eugeni Sánchez, es decir, se toma como el medio natural
transformado por los hombres en el curso de la historia (Sánchez, 1979).
Al hablar del espacio, en términos de un espacio histórico-social,
se debe entender que los procesos (sociales, económicos, políticos, etc.) no
se dan en un marco espacial estático4, sino que, este mismo medio, debe ser
considerado también como un proceso, que varia (relativo y relacional), “un

4

En palabras de Sánchez, un medio natural (Sánchez, 1979).

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

campo de ordenamiento espacial activamente producido, que cambia, a veces,
de manera rápida y, a veces, muy lenta a lo largo del tiempo. El espacio debe
considerarse dinámico y en movimiento” (Harvey, 2007).
En línea con lo anterior, José Antonio Segrelles (2000), sostiene
que el espacio es dinámico y está sujeto a un constante movimiento, expresándose en él las relaciones socioeconómicas, lo que no lo convierte en un
simple soporte f ísico, sino en un producto social y económico, que expresa
y transmite significados económicos y sociales. En ese orden de ideas, las
definiciones sobre el espacio no obedecen a la casualidad o al determinismo
f ísico, sino que, en las relaciones que estructuran el espacio, están presentes
las relaciones socioeconómicas y la dinámica capitalista; existiendo una decisiva influencia, cuando no determinación, de la circulación del capital y los
centros de poder político-económicos, que crean y transforman el espacio,
a la vez que estructuran territorios en función de dichos capitales y de los
intereses de los centros de poder.
Dos ejemplos representan las más recientes propuestas de organización capitalista del espacio. El primero, las tendencias actuales de la acumulación en Colombia, que según Estrada (2010), dejaron de centrarse en la
industrialización y en la región andina, particularmente en Bogotá, Medellín
y Cali, con salida hacia el exterior por los puertos del pacífico (Buenaventura)
y el Caribe (Barranquilla), para desplazarse hacia la Amazonia, la Orinoquia,
el Pacífico y el Atlántico, lo que produce una nueva economía que rompe con
la fase capitalista anterior5. Esta nueva economía tiene sus bases en la inserción plena y sin condiciones de las dinámicas transnacionales actuales de la
acumulación capitalista, que demandan energía, materias primas de origen
natural, acceso a fuentes de agua y recursos de biodiversidad, bosques para
el mercado de carbono, producción agrícola y nuevas articulaciones con las
empresas transnacionales criminales.
El segundo ejemplo, es la organización capitalista del espacio que
presenta el Banco Mundial (2008), mediante la llamada Nueva Geograf ía

5

Fundamentado en la producción industrial nacional y en la satisfacción prioritaria de mercados
internos. Véase el prólogo de la presente edición.

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Conceptos y elementos previos

Económica, identificando como clave para el desarrollo, la necesidad e inevitabilidad de la interacción entre lugares avanzados y atrasados, lo que se traduce
en la perpetuación de la disparidad espacial del desarrollo económico del
capitalismo6. Como se mencionó anteriormente, tres son las dimensiones del
desarrollo según el citado informe, que además, se relacionan integralmente
con el acceso a mercados: densidad, distancia y división. En lo correspondiente
a la densidad, esta es leída no solo como densidad poblacional, también como
densidad de capitales, entendiéndose que una y otra van de la mano: a mayor
concentración poblacional, mayor producción económica se tiene. Siendo el
desaf ío “conseguir una densidad adecuada, encausando las fuerzas del mercado con el fin de alentar la concentración y promover la convergencia en los
niveles de vida entre aldeas y ciudades y grandes urbes” (Banco Mundial, 2008).
Es fundamental en la dimensión de la densidad el tema de la urbanización,
que sería la manifestación, a nivel local, de la concentración de la producción
económica a medida que los países se desarrollan.
La segunda dimensión, la distancia, se presenta como la más importante en el plano nacional, y hace referencia a la necesidad de acercar las
empresas y los trabajadores a los sitios de densidad, mediante la movilidad
de la mano de obra y la reducción de los costos de transporte con inversiones
en infraestructura (Banco Mundial, 2008).
Finalmente, el Banco Mundial plantea la división como un obstáculo
a superar, puesto que ésta, especialmente cuando hay impermeabilidad de las
fronteras, diferencias de monedas y reglamentos, se vuelve un impedimento
de la integración y de la circulación espacial del capital.
Diversas y fundamentadas críticas han salido a la Nueva Geograf ía
Económica7 y al informe del Banco Mundial. Frente a éste último, los cuestionamientos se han dado por ser el soporte académico de la especialización
productiva y de las disparidades regionales, la jerarquía de lo urbano y del
modelo centro-periferia del comercio internacional, además de creer que los
6

7

“El principal mensaje del Informe es que el crecimiento económico será desequilibrado. Tratar de
dispersar la actividad económica en el territorio significa desalentarla” (Banco Mundial 2008, xi).
“Las críticas de Martin y Sunley (1996), señalan que la NGE, no es nueva, ni es geograf ía, y que
contienen poco espacio y demasiada matemática.” (Rojas, 2009).

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

procesos de concentración, responsables del crecimiento regional, pueden
ser infinitos (Rojas, 2009). El Banco Mundial, de igual forma, deja por fuera
del análisis espacial del desarrollo las dimensiones social, política, cultural y
ambiental (Montory, 2009); y presenta, según José María Caballero (Montory,
2009), una escasa o nula consideración de cuatro de las dimensiones claves
para el desarrollo, anteriormente trabajadas por el mismo Banco: pobreza,
desigualdad, medio ambiente y descentralización.
José Rojas (2009, 337), de la Universidad de Los Andes, en Mérida,
Venezuela, difiere de la marcada diferenciación que el Banco Mundial hace
sobre lo urbano y lo rural, ya que asocia, al primero con el progreso y al
segundo con el atraso:
El supuesto que subyace a los economistas del Banco Mundial parece
ser que el mundo global es dinámico, progresivo, moderno, urbano
y conectado. En cambio, el mundo de los territorios de los países
en vía de desarrollo es rural, tradicional, lugarizado, conservador
y resistente a los cambios.

Es imperativo agregar tres elementos más, a los reparos hacia la NGE
y el informe del Banco Mundial, en primer lugar, éste plantea el mundo de lo
rural, como un espacio que para lograr su desarrollo, debe inequívocamente
construirse en función de los requerimientos del área urbana más próxima y
desarrollada, es decir, disminuir su densidad o facilitarla al centro urbano8 para
aumentar la de éste; reducir la distancia con lo urbano y eliminar las barreras
que impidan la integración y la extracción de recursos requeridos por la ciudad. Lo anterior, presenta al campo en un contingente atrasado de reservas,
en el que las políticas públicas deben ser focalizadas (a quienes por extrema
razón no pueden migrar) y orientadas hacia la integración con la urbe.
En segundo lugar, la espacialidad capitalista que se propone, reconoce claramente la prolongación en el tiempo de las divergencias entre los
ingresos concentrados en determinado espacio y los niveles de vida y salarios

8

Principalmente, mediante la migración hacia la ciudad con fines urbanísticos o mediante la producción - extracción de riqueza en áreas rurales para el desarrollo de la ciudad.

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Conceptos y elementos previos

de los pobladores, lo cual se acrecienta a medida que pasa el tiempo y se
aumentan los niveles de ingreso, esto se presentaría de manera mucho más
clara entre las zonas rurales y urbanas.
Finalmente, en el documento se presenta la falta de heterogeneidad
en la lectura que se hace del espacio geográfico, lo que implica, entre otras
cosas, que se dejen por fuera miradas territoriales. Aunque, los planteamientos del Informe que indican que la ubicación geográfica y lo espacial
son preocupaciones exclusivas de los sectores capitalistas, permiten inferir
la determinación de un modelo de territorio, a partir de la lógica del capital:
el territorio capitalista; con lo cual, mediante la pretendida proyección territorial de las políticas económicas y sociales, deja por fuera de la interacción
del territorio a múltiples actores en múltiples escalas, fundamentándose solo
en la maximización de la ganancia, en la acumulación, que es
el motor que mueve el crecimiento bajo el modo de producción
capitalista. El sistema capitalista es, por consiguiente, fuertemente
dinámico y expansivo; forma una fuerza permanentemente revolucionaria que, de manera continua y constante, remodela el mundo
en el que vivimos. (Harvey, 2007, 256).

La dinámica capitalista y el cambio espacial concomitante están en
estrecha relación con las características de la circulación del capital, cuyos
rasgos centrales, presentados por Harvey, son resumidos por Montañez
(2009):
(1) el capitalismo requiere circulación y expansión continua del capital; (2) la ganancia o el lucro, principal motivación de los capitalistas,
tiene su origen en la explotación del trabajo vivo; (3) la circulación
del capital se realiza en una relación de clase; (4) la producción
capitalista necesita de una intensa y cambiante dinámica tecnológica y organizacional; y (5) la circulación de capital es propensa a
frecuentes crisis.

Del primer punto señalado por Montañez, Harvey indica que la
expansión capitalista es, simultáneamente, intensificación (de los deseos, de
las necesidades sociales, del total de la población, etcétera) y expansión geo31

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gráfica, siendo ésta, clave para la superación de la naturaleza contradictoria
del capitalismo, que requiere nuevos espacios para la acumulación: “para que
el capitalismo sobreviva, debe existir o hay que crear nuevo espacio para la
acumulación” (Harvey, 2007, 275), lo anterior, está ligado a las formas de hacer
frente a las frecuentes crisis del capital reseñadas en el quinto aspecto, las
cuales llevan a ajustes espacio-temporales, debido a los excedentes de mano
de obra y excedentes de capital, que se pueden absorber mediante la
reorientación temporal hacia proyectos de inversión de capital a
largo plazo o gasto social [o] reorientaciones espaciales, mediante
apertura de nuevos mercados, nuevas capacidades de producción
y nuevas posibilidades de recursos y mano de obra en otro lugar; o
bien […] una combinación (Harvey, 2004) de las dos.

En lo que respecta a la acumulación de capitales, David Harvey
(2004), citando a Rosa Luxemburgo, afirma que esta acumulación, puede
tener origen en los sitios de la producción de la plusvalía, proceso entre los
capitalistas y los trabajadores asalariados, lo que implica que, en la acumulación, el derecho de propiedad se convierte en apropiación de propiedad
ajena; el cambio de mercancías en explotación; y la aparente igualdad entre
capitalista y obrero, en dominio de clase.
Por otra parte, señala Harvey (2004), siguiendo a Rosa Luxemburgo,
la acumulación se realiza entre el capital y las formas de acumulación no
capitalistas, proceso que se desarrolla a escala mundial, cuyos métodos son:
la política colonial, el sistema de empréstitos internacionales, la política de
intereses privados y la guerra. Básicamente, organizando las formas de actividad preexistentes, conforme a los métodos capitalistas, con el fin de penetrar
el capital en nuevas esferas de actividad. Es en este accionar mundial que
aparecen la violencia, el engaño, la opresión y el pillaje.
Para Héctor Mondragón, este nivel mundial de acumulación, es
simplemente “la repetición a una escala global y gigante, [de] la llamada ‘acumulación originaria’ que fundó el capitalismo”9 (Mondragón, 2010, 34), la cual
9

Sobre la acumulación originaria véase: Marx, C. (1986). El Capital. Crítica de la economía política.
Fondo de Cultura Económica, México. Capítulos XXIII y XXIV.

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Conceptos y elementos previos

eliminó la compenetración del trabajador independiente con sus medios de
vida e instrumentos de trabajo, al expropiar la tierra a la gran masa del pueblo,
al separar a los productores de los medios de producción y convertir estos
en capital, al destruir la propiedad basada en el trabajo, la cual se extendió y
se extiende mediante la acumulación colonial, usando toda clase de métodos
violentos (Mondragón, 2010). Lo anterior, ha sido estudiado por el ya citado
geógrafo David Harvey (2004), quien señala que no se estaría ante la superación de la acumulación primitiva u originaria, sino que la persistencia y
continuidad de las depredadoras prácticas acumulativas obligarían a hablar
de la vigencia y desarrollo de las mismas en lo que titula acumulación por
desposesión.
Es así como, no solo se expanden las lógicas capitalistas, sino que, se
intensifican mediante la reproducción de la desposesión, ya no únicamente
expropiando al trabajador de los medios de producción, sino mediante la
creación de nuevos mecanismos de acumulación por desposesión como son:
la mercantilización de la naturaleza en todas sus formas; la empresarización
y privatización de instituciones públicas y de bienes públicos; la cesión al
dominio privado de derechos de propiedad comunales; la captación y concentración de tierras; la expulsión de población originaria indígena, étnica y
campesina, entre otros mecanismos10 que se combinan con las instituciones
de crédito y capital financiero, que cuentan con el respaldo estatal, tanto en
su componente político como militar.
Mondragón (2010), ha titulado como acumulación mediante la guerra a estas formas de acumulación de capitales bajo el modelo de la desposesión y cuyas bases se encuentran fundamentadas en la guerra y la violencia.

10

Sobre la Acumulación por desposesión aclara Harvey: “Creo que, desde el principio, uno de los
objetivos de la nueva flexibilidad era encontrar nuevos campos para la acumulación de capital.
Uno de los mayores impedimentos para esta acumulación era el hecho de que el capital no se
podía introducir en la salud, en la educación, en la vivienda pública…, así que parte del programa
de flexibilización era convertir todo esto en una mercancía para que el capital privado pudiese
gestionarla. […] con el neoliberalismo, el capital utiliza a los gobiernos para privatizar […] Como
la privatización abre nuevas oportunidades para la acumulación, los capitalistas pueden decir que
tenemos una economía muy dinámica, pero el precio que hay que pagar por ello es que la gente
pierde sus derechos comunales en todos los dominios que se privatizan. Por esa razón yo le llamo
a esto “acumulación por desposesión” (Harvey, 2004, Jul.).

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

Por su parte, Jairo Estrada (2010), sostiene que en el país, las formas
de acumulación y la nueva espacialidad capitalista, a partir del proceso de
neoliberalización, se han presentado, mediante el despliegue de una nueva
geograf ía regional de la acumulación, tendiente a la explotación de recursos
naturales y energéticos y, a la creación de plataformas para la exportación,
basada principalmente en el ejercicio de la violencia y el exterminio, articulada
con la tendencia de la acumulación a escala transnacional. Esta tendencia, ha
tenido, según este autor, una orientación hacia la reorganización geográfica
del proceso producción-reproducción, surgiendo y desplegándose una nueva
espacialidad capitalista, que se encuentra fundamentada “en la [intensificación y] extensión de la relación social capitalista a territorios anteriormente no
sometidos en forma directa o abierta a las dinámicas de acumulación [y] en la
redefinición del papel de territorios ya vinculados a ellas” (Estrada, 2010).
La acumulación y sobreacumulación de capitales, como se ha indicado, implica el despojar y dejar a una gran cantidad de población disponible
como fuerza de trabajo a un precio muy bajo o casi nulo, a la vez que, organiza
y reorganiza el espacio11 y configura y reconfigura territorios.

Lecturas sobre la tierra y el territorio
El espacio geográfico comprende un todo multidimensional, al referirse no solo a determinadas condiciones f ísicas, sino también a relaciones
sociales; como se relacionó anteriormente, lo que identifica su articulación y
transformación desde lecturas particulares y desde escenarios de poder, que
remiten al concepto de territorio.
David Harvey (2007, 349) expone cómo, algunos capitalistas, por
medio de sus decisiones de localización determinadas, modelan la geograf ía
de la producción, dándole configuraciones espaciales específicas, estructurando coherentemente la producción y el consumo dentro de un espacio dado,
definiendo así, como territorio:
11

Una de las propuestas más recientes encaminadas a esta organización espacial funcional al capital es
la Nueva Geograf ía Económica, planteamiento contenido en el Informe sobre el desarrollo mundial
2009 del Banco Mundial y al cual, anteriormente, se hizo referencia.

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Conceptos y elementos previos

el espacio en el que el capital puede circular sin que el coste y el
tiempo de movimiento excedan los límites del beneficio impuestos por
el tiempo de rotación socialmente necesario. Una definición alternativa sería la del espacio en el que prevalece un mercado de trabajo
relativamente coherente (el espacio en el que la fuerza de trabajo
puede sustituirse a diario –con un rango de desplazamiento definido
por el coste y el tiempo del movimiento diario de los trabajadores–
es un principio de desagregación espacial muy importante bajo el
capitalismo). La coherencia territorial se hace aún más marcada
cuando está formalmente representada por el Estado. Las políticas
que regulan el proceso de trabajo, la organización del trabajo, el
nivel de vida de los trabajadores (políticas de seguridad social y
similares), la regulación y la remuneración adecuadas del capital,
etcétera, son aplicables a todo el territorio. La coherencia se refuerza
informalmente, aunque con fuerza similar, mediante la persistencia o
la creación de culturas y conciencias nacionales, regionales o locales
(incluidas las tradiciones de lucha de clases) que dan un significado
físico más profundo a las perspectivas territoriales.

Harvey nos presenta como elemento central del territorio, un proceso
productivo que permite la circulación de capital en un espacio con configuraciones específicas, de tal modo que, la movilidad de la fuerza de trabajo no
represente límites a la ganancia. El Estado brinda coherencia a ese proceso
productivo mediante la regulación y organización del trabajo, al igual que lo
hacen las configuraciones sociales y culturales. Harvey plantea un territorio
basado en la dominación de clases y en las relaciones sociales de producción
propias del capitalismo.
El investigador Bernardo Mançano, define el territorio como:
el espacio apropiado por una determinada relación social que lo
produce y mantiene a partir de una forma de poder. Ese poder […] es
concebido por la receptividad. El territorio es, al mismo tiempo, una
convención y una confrontación. Precisamente porque el territorio
posee límites, posee fronteras, es un espacio de conflictualidades
(Mançano, s.f.(a), 3).
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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

Por su parte, Fabio Lozano Velásquez (2009, 24), aludiendo a su
origen latino y a su uso histórico político-militar, presenta el territorio como
la interacción de poder ubicada geoestratégicamente, es decir, espacial y
temporalmente.
A partir de lo expuesto por Mançano (2009) y Lozano (2009), se
puede señalar que el conflicto y la convención contenidas en el territorio,
reflejan un ejercicio de dominio, un ejercicio de poder y un decisivo fundamento político del término (v. gr. lo que en la exposición de Harvey es
el territorio capitalista basado en la dominación de clase). Si bien, es cierto
que la relación sujeto-espacio f ísico, está dentro de su núcleo esencial, su
centro está en las relaciones entre sujetos, presentándose intersubjetividad
y confrontación, donde el territorio se construye con y de frente a otros y
otras12. Pero, también, donde unos dominan y definen, otros son dominados
y aceptan definiciones o resisten y buscan transformar el orden territorial e
invertir la relación de dominación, que se presenta, no solo en la dimensión
política, sino también, en la social, la ambiental, la cultural y la económica,
dando cuenta de un escenario multidimensional. En palabras de Lozano:
la delimitación de un territorio, más que el trazado sobre un espacio, implica la señalización de fronteras frente a otros. Se trata de
poner límites a la acción de otros y, en la práctica histórica, de regir
el comportamiento, la posibilidad y la forma de la vida de otros,
sus semánticas y su comprensión de la existencia. El dominio territorial es ante todo un dominio sobre poblaciones más que sobre
tierras o terrenos aún cuando implique a estos últimos. (Lozano,
2009, 28).

La multidimensionalidad se encuentra presente en el territorio, no
se habla solo de un espacio geográfico o f ísico y una única lectura sobre este
espacio, por el contrario, su conformación implica espacios inmateriales
(sociales, políticos, culturales) y diferentes lecturas a partir de las relaciones
12

Algunos autores manejan el territorio como una construcción colectiva que le da significado a
un espacio f ísico, desconociendo o restando importancia del elemento conflictual en la creación
y mantenimiento territorial, así como a los antagonismos que se presentan por la definición del
territorio. Véase Osorio, F.E. (2009), Rojas López, J.J. (2009) y Coronado, S. (2009).

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Conceptos y elementos previos

sociales y de diversos intereses. Es por esto que, se afirma que existen múltiples
territorialidades dentro de un mismo territorio, no solo se puede hacer una
lectura de territorialidad a partir del espacio de gobernanza y administración,
sino que, se pueden presentar “varios tipos de territorios, que están en constante conflicto. Considerar al territorio como uno es ignorar la conflictividad”
(Mançano, 2009, 43).
Basado en lo anterior, se puede afirmar que el capital define la
configuración de los espacios y construye y mantiene territorios, así como
reterritorializa y desterritorializa, de acuerdo a sus intereses. A manera
de ilustración, hoy en día “las grandes multinacionales de la minería y del
agronegocio están reconfigurando nuestros territorios rurales y urbanos”
(Zibechi, 2009, 323), con el objetivo de poder implementar proyectos como
el monocultivo extensivo de agrocombustibles y la minería a gran escala. En
Colombia las élites y los centros de poder político-económicos subordinan
a las comunidades campesinas a los modelos de desarrollo transnacional,
haciendo uso de la acumulación primitiva y, fundamentalmente, de la acumulación por desposesión.
En contradicción con este modelo territorial capitalista, el campesinado concibe otras significaciones de territorio, entendiendo que “la lucha
por la tierra [que adelanta] es la lucha por un determinado tipo de territorio:
el territorio campesino” (Mançano, s.f.(b), 2). Vía Campesina, movimiento
internacional que agrupa al campesinado de diferentes partes del mundo, ha
propuesto, en la Declaración de los Derechos de las Campesinas y Campesinos,
que se reconozca el derecho a la tierra y al territorio como derecho humano
de los grupos poblacionales campesinos (Vía Campesina, 2009)13, esto a

13

Indica el artículo IV de la Declaración: “Derecho a la tierra y al territorio. 1. Las campesinas y
campesinos tienen derecho a poseer tierras, colectiva o individualmente, para su vivienda y para
sus cultivos; 2. Las campesinas y campesinos tienen derecho a trabajar su propia tierra y a obtener
productos agrícolas, a criar ganado, a cazar, a recolectar y a pescar en sus territorios; 3. Las campesinas y campesinos tienen derecho a trabajar y a disponer de las tierras no productivas de las
que dependen para su subsistencia; 4. Las campesinas y campesinos tienen derecho a agua potable
y a instalaciones sanitarias adecuadas; 5. Las campesinas y campesinos tienen el derecho al agua
para el riego así como a una producción agrícola dentro de sistemas de producción sostenibles controlados por las comunidades locales; 6. Las campesinas y campesinos tienen derecho a gestionar
los recursos hídricos de su región; 7. Las campesinas y campesinos tienen derecho a la ayuda del

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

partir del entendimiento de la economía o agricultura campesina, como un
tipo de economía que no opera bajo las lógicas del capital, cuya finalidad no
es la reproducción ampliada del capital, sino de la reproducción ampliada
de la vida14. En este orden de ideas, la tierra no es concebida como un simple
factor de producción, sino, como la que permite la vida, como la que define,
incluso, la situación particular de ser campesino: “Una persona campesina es
un hombre o mujer de la tierra que tiene una relación directa y especial con la
tierra y la naturaleza a través de la producción de alimentos y otros productos
agrícolas” (Vía Campesina, 2009); además, la agricultura campesina no busca
la maximización de la ganancia y la acumulación de capitales.
La apropiación del espacio hecha por los campesinos, lo produce
y lo mantiene a partir de sus relaciones sociales y de una lectura de poder
diferente a la del capital. De la intrínseca relación campesino-tierra-territorio,
se deriva la necesidad de la categorización de la tierra y del territorio como
derechos humanos de las campesinas y campesinos.
En el país, las organizaciones agrarias –principalmente las campesinas– propusieron en el Mandato Agrario, programa político del sector rural,
la necesidad de garantía estatal del derecho a la tierra y al territorio:

14

Estado, en forma de instalaciones, tecnología y fondos, para gestionar sus recursos hídricos; 8. Las
campesinas y campesinos tienen derecho a gestionar, conservar y beneficiarse de los bosques; 9. Las
campesinas y campesinos tienen derecho a rechazar cualquier forma de adquisición y conversión
de tierras con fines económicos; 10. Las campesinas y campesinos tiene el derecho a una tenencia
de tierras segura y a no ser desalojados por la fuerza de sus tierras y territorios; 11. No se deben
de permitir los latifundios. La tierra debe cumplir con su función social. Se deben aplicar límites
de propiedad en la tenencia de la tierra cuando éstos sean necesarios con el fin de asegurar un
acceso equitativo a las tierras; 12. Las campesinas y campesinos tienen derecho a tierras agrícolas
regables para asegurar la soberanía alimentaria para una población creciente; 13. Las campesinas y
campesinos tienen el derecho de mantener y fortalecer sus diferentes instituciones políticas, legales,
económicas, sociales y culturales, al tiempo que conserven el derecho a participar plenamente, si
así lo deciden, dentro de las esferas y la vida política, económica, social y cultural del Estado”.
La economía campesina se enmarcaría más en lo que se concibe como economía social, que para
Coraggio produce sociedad y no sólo utilidades económicas, porque genera valores de uso para
satisfacer necesidades de los mismos productores o de sus comunidades –generalmente de base
territorial, étnica, social o cultural– y no está orientada por la ganancia y la acumulación de capital
sin límites”, tampoco basada “en la explotación del trabajo ajeno”. La lógica de esta economía es
otra: “contribuir a asegurar la reproducción con calidad creciente de la vida de sus miembros y sus
comunidades de pertenencia o, por extensión, de toda la humanidad” (Barbosa, s.f.). Véase también
Coraggio (2009).

38

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Conceptos y elementos previos

El derecho a la tierra y al territorio es parte fundamental de la vida y
la cultura de los pueblos y las comunidades rurales. Se garantizará
este derecho a las comunidades afrocolombianas e indígenas y a los
campesinos que han carecido de tierra o la tienen en cantidad insuficiente, así como a quienes la han perdido o a quienes teniéndola
estén amenazados de perderla como consecuencia de la violencia,
el latifundio o la quiebra de los productores. (Valencia, 2010).

Como se puede observar, el derecho al territorio se presenta íntimamente relacionado con el derecho a la tierra y, tal como afirma Mançano,
la reivindicación de la tierra ha trascendido a la apuesta por un modelo de
territorio y de lucha por este.
Aunque no hay un derecho humano a la tierra para pobladores rurales, en la discusión dogmática y jurisprudencial se han dado avances importantes orientados cada vez más a su nominación. Para las comunidades agrarias,
recientemente se han manifestado propuestas dirigidas a la consagración del
derecho humano en el sistema internacional, a partir de su vinculación con
otros derechos, en este sentido han girado las principales construcciones
teóricas y discursivas sobre este derecho15. Básicamente, la estipulación del
derecho humano a la tierra para pequeños agricultores o trabajadores agropecuarios, pastores y pescadores artesanales16, a partir de su vinculación y
condición para el ejercicio de otros derechos, desde una interpretación sistémica e integral de las disposiciones vigentes en los instrumentos de derechos
humanos, ha sido planteada por organismos especializados de las Naciones
Unidas, tales como el Consejo de Derechos Humanos, el Relator Especial
sobre el Derecho a la Alimentación y el Relator Especial sobre el Derecho a
una Vivienda Adecuada17.
15

16

17

A manera de ilustración, se citan los siguientes textos: Monsalve (2004: 41-57), Herreño (2004:
247-272), Mantilla (2002: 137-204) y Houghton (2007: 171-236).
Generalmente, los análisis incluyen a comunidades indígenas y étnicas, haciendo la distinción de los
instrumentos de derechos humanos que consagran particularmente el derecho a la tierra comunitaria
o propiedad colectiva de esta y su necesaria garantía y protección por parte de los Estados.
Dentro del más reciente informe del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación, Olivier
de Schutter, este señalaba: «El acceso a la tierra y la seguridad de la tenencia son esenciales para
asegurar el disfrute, no solo del derecho a la alimentación, sino también de otros derechos humanos,
incluido el derecho al trabajo (de los campesinos que no poseen tierras) y el derecho a la vivienda.

39

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

La particularidad del reconocimiento de la titularidad colectiva
del derecho de la que gozan los pueblos indígenas y tribales, ha servido de
modelo dentro de las aspiraciones de reconocimiento explícito del derecho
a la tierra para comunidades con relaciones similares, como son las de los
pequeños agricultores o trabajadores agropecuarios, pastores y pescadores
artesanales18 (Flórez & Ordóñez, 2011).
Para el caso nacional, la transformación de las zonas rurales generada
por la explotación capitalista de éstas, el desplazamiento forzado y el despojo
de bienes inmuebles, ha llevado a que “el problema contemporáneo del campesinado no sólo se [deba] a las expectativas frustradas de Reforma Agraria,
sino a las dinámicas de ordenamiento del territorio en las zonas rurales del
país” (CNRR - MH, 2009, 85). De allí que el modelo de desarrollo territorial
campesino, rivalice con el del capital:
Tenemos entonces una disputa entre el capital y el campesinado. Las
propiedades campesinas y las capitalistas son territorios distintos,
son totalidades diferentes, donde se establecen relaciones sociales
desiguales, que promueven modelos opuestos de desarrollo […] los
territorios del agronegocio y los de los campesinos y de los indígenas
son diferentes, se organizan de diferentes formas, a partir de diferentes relaciones sociales. Así, mientras el agronegocio lo hace para
la producción de mercancías, los grupos de campesinos lo hacen,
primero, para su existencia, para desarrollar las dimensiones de la
vida. (Mançano, 2009, 42, 46).

Esta apuesta territorial campesina tendría como elementos centrales
la presencia poblacional de hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños, que
viven en condiciones dignas, produciendo mercancías, cultura e infraestruc

18

Este factor hizo que el ex Relator Especial sobre el derecho a una vivienda adecuada llegara a la
conclusión de que el Consejo de Derechos Humanos debía “garantizar el reconocimiento de la tierra
como un derecho humano en el derecho internacional relativo a los derechos humanos”. El presente
informe confirma esa conclusión, […] Los organismos internacionales de Derechos Humanos deben
consolidar el derecho a la tierra» (Naciones Unidas, Asamblea General, 2010: párrs. 4, 43).
Véase Naciones Unidas, Asamblea General (2010: párr. 40, literal c [Recomendaciones]) y Houghton
(2007: 172-173).

40

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Conceptos y elementos previos

tura social, en un paisaje que se construye de manera heterogénea; su punto de
partida es la posibilidad del ejercicio de derechos humanos y fundamentales19,
iniciando por el derecho a la vida, y los derechos conexos con el derecho a
la tierra, como el derecho al trabajo, a la alimentación, al mínimo vital y al
desarrollo y el reconocimiento político del campesinado.
Este territorio campesino se ha identificado con la implementación y puesta en marcha de la figura jurídico-política de la zona de reserva
campesina:
En el caso del campesinado, la perspectiva jurídico-política se
manifiesta en los años noventa con la propuesta de creación de
la Zona de Reserva Campesina (ZRC). Esta propuesta no contaba
con normativas constitucionales particulares que lo favorecieran,
pero estaba pensada como un instrumento para la conservación
ambiental y de la comunidad campesina. La Zona de Reserva Campesina se propuso como una figura que más allá de asignar tierras,
constituyera una forma organizativa para la defensa del territorio
(CNRR - MH, 2009, 86).

En síntesis, se tiene que el territorio debe entenderse como un
todo multidimensional, en cuya definición se encuentran múltiples territorialidades, que contiene como elemento central la conflictividad, reflejo
de las diferentes relaciones sociales e intereses de clase. Conflictividad que
en lo rural se materializa en la oposición entre la apuesta de territorio del
capital y el territorio campesino, siendo parte esencial de este último, la
tenencia de la tierra como derecho humano fundamental del campesinado,
estrechamente ligado a lo que sería el derecho humano de los campesinos al
territorio.
19

La posibilidad del ejercicio de los derechos humanos por parte del campesinado y la garantía de éstos
por parte del Estado ha sido una constante en la lucha de las organizaciones campesinas, quienes
han construido documentos síntesis e instrumentos que consagran dichos derechos, como son
la Declaración de los derechos de las campesinas y de los campesinos, adoptada por la Comisión
de Coordinación Internacional de la Vía Campesina. Seúl, marzo de 2009; y el Mandato Agrario,
declaración final del Congreso Nacional Agrario llevado a cabo en abril de 2003 y que fue avalado
por las 14 principales organizaciones campesinas del país.

41

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

Finalmente, también se puede decir que el capital en Colombia,
durante su desarrollo, ha definido e implementado modelos territoriales orientados a la acumulación y sobreacumulación, haciendo uso de la violencia y el
terror como elementos garantes de la acumulación por desposesión, como es
el caso de la construcción territorial del Bajo Nordeste Antioqueño.

42

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3
Proceso de construcción
territorial del Bajo
Nordeste desde la
racionalidad capitalista
El Bajo Nordeste Antioqueño

E

l Nordeste Antioqueño es una subregión del departamento de Antioquia20, se encuentra ubicada sobre la margen oriental de la Cordillera
Central, al suroeste de la serranía de San Lucas y entre los ríos Porce,
Nechí, Nus y Alicante. Los municipios que integran esta subregión son: Amalfi,
Yalí, Anorí, Cisneros, Segovia, Remedios, Yolombó, Vegachí, San Roque y
Santo Domingo. Limita al norte con el departamento de Bolívar y la subregión

20

El departamento de Antioquia en la actualidad cuenta con 125 municipios y ha sido dividido en 9
subregiones, cada una con particularidades socioeconómicas: Valle de Aburrá, Bajo Cauca, Magdalena Medio, Nordeste, Norte, Occidente, Oriente, Suroeste y Urabá.

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

del Bajo Cauca; por el sur, con las subregiones Oriente y Magdalena Medio;
en el occidente, con la subregión Norte del departamento; y al oriente, con
la subregión Magdalena Medio y el departamento de Bolívar. El Nordeste se
encuentra dividido en bajo y alto21, aunque también desde la administración
departamental se suele dividir en cuatro zonas: Minera, Meseta, Nus y Río
Porce. (Ver Tabla No. 1).
Tabla No. 1
NORDESTE ANTIOQUEÑO
PRINCIPALES INDICADORES MUNICIPALES
Subregión
Nordeste

Zona
Minera

meseta

Nus

río porce
Antioquia
Nación

Área
(KM²)

Población
(2005)

Población
NBI
urbana Urbano
(%)
(%)

NBI
Rural
(%)

Municipio

Año de
fundación

Remedios

1560

2.008

22.914

36

37

54

Segovia

1869

1.246

35.095

79

36

66

amalfi

1838

1.224

20.482

54

26

69

vegachí

1950

518

11.086

58

29

70

yalí

1888

483

6.273

47

21

66

yolombó

1560

952

20.099

30

22

49

cisneros

1910

47

9.617

81

21

35

san roque

1880

446

17.958

33

28

43

santo
domingo

1778

274

11.418

19

18

32

anorí

1808

1.447

14.776

36

42

56

63.612

5.682.276

76,10

15

47

1.141.748 42.888.592

74,35

FUENTE: instituto geográfico agustín codazzi, gobernación de antioquia, instituto para el desarrollo de antioquia.
(2007). Antioquia. Características geográficas. Bogotá: imprenta Nacional, pp. 10, 18.

El Bajo Nordeste Antioqueño comprende los municipios de
Remedios y Segovia, estos presentan una gran influencia de la región del
Magdalena Medio, a tal punto que muchas de las dinámicas económicas,
21

Esta es la división que de la subregión hace Cahucopana y la cual será utilizada en este estudio.

44

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

sociales, culturales y de la confrontación armada, dependen u obedecen a
dicha región y a lo que suceda en la llamada “capital regional del Magdalena
Medio”, Barrancabermeja, más que al departamento de Antioquia como tal.
El Bajo Nordeste es una zona rica en producción minera y maderera, fue
poblada por colonos desde mediados del siglo XVI, quienes arribaron, en
buena parte, buscando la riqueza minera de Remedios; lo que se generalizó
más adelante con la presencia de la multinacional Frontino Gold Mines, que
llegó al Nordeste en 1852, lo que atrajo colonos provenientes del Bajo Cauca,
Córdoba, Sucre, Santander y Bolívar.
La subregión, a pesar de ser, desde finales del siglo XIX, determinante
en la producción departamental y nacional de oro, ha presentado, y presenta
en nuestros días, grandes contradicciones entre la riqueza de la tierra y las
condiciones de vida de los pobladores, siendo en la actualidad, una de las
tres subregiones más pobres del Departamento, junto al Bajo Cauca y Urabá
(Gobernación de Antioquia - Alianza de Antioquia por la Equidad [GA-AAE],
2008, 15). En la tabla No. 1, se pueden apreciar los altos índices de personas
con necesidades básicas insatisfechas, especialmente en las zonas rurales,
cifras que reflejan la cantidad de población que se encuentra en la pobreza
(38,9%) y en la miseria (45,1%) en el Nordeste.
El Censo poblacional de 2005, dio como resultado un Índice de
Condiciones de Vida, ICV, para Antioquia de 80,2 puntos22, siendo el cuarto
departamento que oferta las mejores condiciones de vida (después de Bogotá,
Valle y Atlántico); por otra parte, la subregión Nordeste tiene un promedio de
67,6 puntos de ICV, entre 1993 y el 2005, siendo la mayor inequidad aquella
que se “manifiesta en la diferencia de las condiciones de vida entre el campo
y los centros urbanos” (GA-AAE, 2008, 19).
La subregión presenta, según la Alianza de Antioquia por la Equidad
(GA-AAE, 2008), un porcentaje menor de niños con bajo peso al nacer que
el que se presenta a nivel departamental (7,28 y 8,97 respectivamente), igual
ocurre con la tasa de desnutrición global para menores de cinco años, que en
el año 2004, para Antioquia estuvo en 39,0% y para la subregión 34,3%.

22

En un rango entre 0 y 100, donde los valores cercanos a 100 indican mejores condiciones de vida.

45

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

El análisis de la seguridad alimentaria en el Nordeste arroja datos
particularmente interesantes. Si se considera el riesgo de inseguridad alimentaria, indicador que da cuenta de la percepción que tienen los hogares de su
estado nutricional, de sus hábitos y posibilidades del consumo de alimentos,
a nivel departamental, en el 2004, el 77% de los hogares percibían que estaban en riesgo de inseguridad alimentaria, mientras que en la subregión el
porcentaje fue de 74%. Los mayores porcentajes de este indicador –paradójicamente– se encuentran en las zonas rurales. Según el citado informe de la
Alianza (GA-AAE, 2008, 25),
el porcentaje de inseguridad alimentaria leve en la zona urbana
es de 46,3% y en la rural de 59,8%; el porcentaje de inseguridad
moderada en la zona urbana es de 20,9%, mayor que en la zona
rural, que es de 2,6%. La inseguridad severa es significativamente
mayor en lo rural que en lo urbano, los porcentajes de inseguridad
severa son respectivamente 5,7% y 1,5%.

Otro dato importante arrojado por el estudio de la Gobernación,
es el relacionado con las muertes maternas presentadas en la subregión, la
cual registra la segunda mayor tasa de muertes maternas del departamento23,
117 por cada 100.000 nacidos vivos, para el año 2005. A nivel municipal, en
el periodo 2002-2005, Remedios concentró la mayor cantidad de casos: 370
por cada 100.000 nacidos vivos24 (GA-AAE, 2008, 28).
En cuanto al empleo de calidad, el Nordeste presenta peores condiciones que las departamentales, perceptibles –parcialmente– en los indicadores de afiliaciones al régimen contributivo: 17,2%, frente a un 43,3% de
Antioquia. Otros datos de interés sobre las condiciones socioeconómicas en
la subregión se enseñan en el Anexo 1.
Por otra parte, el coeficiente de Gini, ha presentado una tendencia
al incremento, al pasar de 0,76 en 1996 a 0,784 para el 2004, lo que permite
23
24

La tasa departamental se encuentra en 64 casos por cada cien mil nacidos vivos.
Los otros municipios en que se presentaron decesos fueron Cisneros, 253 casos; Anorí, 180 casos;
Segovia, 168; San Roque, 72; y Amalfi con 59. En Santo Domingo, Vegachí, Yalí y Yolombó no se
registraron muertes maternas en el periodo señalado.

46

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

entrever tendencias a la concentración de la tierra en la subregión y, por
ende, la concentración de la riqueza, lo cual va de la mano del aumento en la
extracción aurífera, que no resulta ser garantía de mejoras en las condiciones
de vida de los lugareños:
El Nordeste Antioqueño se caracteriza por sus particularidades
socioeconómicas que giran en torno a la minería, constituyéndose
centros urbanos en los cuales se manifiesta la cultura propia de este
oficio, con su paradoja de región rica en el orden económico, pero,
abandonada en su infraestructura y en su vida social y cultural […]
El incremento en la producción de oro no ha correspondido a la
elevación correlativa en los niveles de vida de la población (Comisión
Andina de Juristas, seccional Colombia [CCJ], 1993, 20).

Estas precarias condiciones socioeconómicas de los habitantes,
reflejan lo que ha sido el proceso de configuración espacial del Nordeste
Antioqueño a partir de la acumulación de capital, acumulación que ha prolongado en el tiempo la divergencia entre la riqueza generada y la apropiada
privadamente, así como la baja calidad de vida de los pobladores, que se refleja
en lo concreto, en las diferencias presentes en las condiciones de vida entre
la población urbana y la rural.
En el mismo orden de ideas, los centros de poder político-económicos, han llevado a que espacios de producción capitalista, como el Nordeste
Antioqueño, sirvan de base para la construcción de nuevos espacios de acumulación y circulación de capital, como es el valle de Aburrá, también han
ocasionado que las prácticas acumulativas se presenten mediante modalidades depredadoras, de cooptación y eliminación de formas no capitalistas
de producción y a que se implementen nuevos mecanismos de acumulación
por desposesión.
El capital ha logrado la conformación de espacios de producción de
características particulares que llevan a hablar de construcciones territoriales
propias, pero, de igual forma, se han construido territorialidades alternativas
a partir de las propuestas campesinas en el Nordeste Antioqueño, estas dos
serán presentadas a continuación.
47

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

El capital inglés y el nacimiento de la Frontino Gold Mines
La extracción de riqueza con fines de comercialización internacional
fue un determinante temprano de la construcción territorial y las relaciones
socioeconómicas de Antioquia y de sus subregiones25, especialmente desde
inicios de la vida republicana del país. Antes de que esto ocurriera, en la época
de la colonia, el departamento26 se encontraba aislado, en una parte, por las
condiciones topográficas, aunque principalmente, por el poco interés capitalista en la región. A pesar de esto, la subregión del Nordeste inició, en el Siglo
XVI, su poblamiento con la fundación de ciudades entorno a los yacimientos
auríferos que atrajeron a los españoles, como fueron los casos de Remedios
y Yolombó en 1560. Esta colonización aurífera fue evidentemente lesiva para
los africanos confinados a la esclavitud27 y para la población indígena28, cuyos
modos de producción y territorios fueron alterados considerablemente a
partir de la acumulación originaria. A finales de dicho siglo, el proceso de
poblamiento de los municipios del Nordeste estaba más definido, ubicándose
éstos bajo la jurisdicción del corregimiento de Mariquita y por fuera de lo que
entonces era la provincia de Antioquia (tal fue el caso de Remedios)29.
Con la llegada de la República en el siglo XIX, se inició un proceso
de estructuración en el departamento y comenzó la circulación de capitales
con el interior de Colombia, así como con el exterior, fundamentalmente
gracias a la explotación del oro.

25

26

27

28

29

El departamento de Antioquia posee un área aproximada de 64.000 KM², en la actualidad cuenta
con 125 municipios y ha sido dividido en 9 subregiones.
El departamento de Antioquia fue creado en el año de 1830.
Se presume el arribo de afrodescendientes a Antioquia a partir del Siglo XVII. En la región existe el
Territorio Colectivo, asignado al Consejo Comunitario Porce Medio, en los municipios de Segovia,
Zaragoza y Anorí. Es necesario señalar que para la época en que en el país se abolió la esclavitud,
en Antioquia esta no tenía las dimensiones de otras zonas nacionales, incluso diferentes móviles
habían llevado a que desde la Constitución de Cúcuta, de facto, la esclavitud en el departamento
estuviese abolida.
Parte de los pueblos indígenas que habitaron Antioquia antes de la llegada de los españoles, eran
los pertenecientes a la comunidad Embera. Actualmente en Segovia se encuentra el Resguardo
indígena Tagual La Po de la étnia Embera Katio.
Remedios entró a formar parte de la provincia de Antioquia en 1757. Por otro lado, el oro también
fue el factor que motivó la fundación de Santa Fe de Antioquia en 1541, Cáceres en 1576, Zaragoza
en 1581 y Guamocó en 1611. (Jiménez, 2002, 6-7).

48

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

El capital inglés entró a la minería colombiana cuando recién Colombia se consolidaba como república. El vicepresidente Santander, aceptó los
ofrecimientos de préstamo realizados por el imperio británico, a pesar de que
éstos se presentaban en condiciones desfavorables para el país. Los banqueros ingleses recibieron “como seguridad de garantía para el crédito y como
contraprestación financiera, entre muchos otros gajes, el arrendamiento de
las minas de Supía y de Marmato” (Poveda, 1981, 50).
Según relata Gabriel Poveda (1981, 51):
El empréstito se firmó en 1825 con los banqueros ingleses A. B.
Goldsmith, y a estos se les entregó en alquiler las minas de Marmato.
Pero otros banqueros, Powells Illingworth y Co., se apresuraron a
enviar al ingeniero Eduardo Walker para que comprara cuantas
minas encontrara en la región de Supía. Walker se encontró con
Boussingault, juntos recorrieron la región y en pocos días Walker
compró todas las mejores minas de Marmato, Supía y Quiebralomo. El gobierno, finalmente solo pudo entregar a la Goldsmith las
minas más pobres o ya abandonadas […] posteriormente la Casa
Powells se apoderó de las minas que le habían sido arrendadas a
la Goldsmith.

Las minas de Marmato fueron explotadas durante todo el siglo
XIX por la compañía inglesa Western Andes Mining Co. Ltd. A partir de
1825, bajo la influencia del imperialismo británico presente en Antioquia, se
inició un incremento exponencial en la denuncia de minas, así como de la
implementación de desarrollos tecnológicos en la explotación del oro, lo que
se tradujo en una mayor circulación de capital a partir de la expansión y del
dinamismo tecnológico en el proceso de producción, esto llevó al liderazgo
departamental en la extracción de metales preciosos y, a la aparición, a nivel
nacional, por primera vez, de una minería de tipo capitalista, en lo que incluso
han sido calificadas como las primeras empresas capitalistas en el país30.

30

Gabriel Poveda (1981, 55) señala que las minas de veta constituidas a partir de 1829 en Antioquia,
serían las primeras empresas capitalistas en Colombia.

49

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

María Mercedes Botero (s.f.), indica que el departamento de Antioquia,
desde mediados del siglo XIX y hasta la década de 1880 (cuando se inicia
el cultivo de café), se constituyó en el principal productor y exportador de
plata y oro. En este periodo, según la autora, “desde el punto de vista de las
formas de producción apareció […] un sistema más heterogéneo y diferenciado que el del periodo colonial” (Botero, s.f., 21), cuyo principal beneficiario fue la economía británica, que mediante un proceso de expansión
atlántica, pretendió dar salida a los procesos de sobreacumulación y crisis
capitalista.
Poveda (1981), indica que a mediados del siglo XIX, llegan a la
región nuevas tecnologías para la producción de oro, particularmente para
la minería de veta. Estos desarrollos tecnológicos aplicados a la minería de
veta, tuvieron la posibilidad de implementación y despliegue –además, por
las características f ísicas y técnicas del proceso–, por la gran cantidad de
recursos económicos manejados por los empresarios, lo que les permitía,
fácilmente, hacerse a esta tecnología. Lo anterior denota no solo el dinamismo
tecnológico experimentado por el proceso de producción aurífera, sino la
inversión de capital requerida para implementar los cambios tecnológicos,
implementación que requirió, a sí mismo, encontrar medios para producir y
reproducir excedentes de capital y trabajo.
A los adelantos tecnológicos llegados de Europa, se debía sumar,
como otro factor que catapultó la minería, las modificaciones legales y las
reformas orientadas a facilitar la comercialización y exportación de oro. Es
sabido que la acumulación de capitales funciona mejor dentro de ciertas
estructuras institucionales de carácter fiscal, monetario, legal, jurídico,
constitucional, etc., que para la fecha en el país, significaron el inicio de la
adopción de dispositivos institucionales capitalistas. Dentro de ese nuevo
ordenamiento, se dio la libertad para exportar oro en polvo y en barras,
quedando la cadena de la producción, comercialización y exportación
bajo el control del sector privado, reduciéndose el papel regulador del
Estado.
Lo anterior llevó a que en la mitad del siglo XIX, se presentara una
nueva arremetida del capital británico en la minería antioqueña, de la mano
del político Florentino González, famoso por su abierta oposición a la gesta
50

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

del Libertador Simón Bolívar31, quien actuando como agente de compañías
inglesas, compró
algunas minas de veta en Frontino […] por $105.000 y una en
Remedios por $3.000, y así se creó la Frontino and Bolivia Company para explotarlas. La empresa se formó con un capital inicial de
$250.000 libras esterlinas e inició labores en Frontino, hacia 1855
pasó a trabajar en vetas de Remedios y, más adelante (1864), pasó
a Segovia. (Poveda, 1981, 64-65).

El recorrido del oro fue, en buena medida, británico de principio a
fin: extraído en multitud de minas dispersas a lo largo y ancho de Antioquia,
algunas de las más importantes de capital inglés y ubicadas en el Nordeste,
atravesaba el atlántico para llegar a su destino final, el Banco de Inglaterra,
contribuyendo así las remesas de oro remitidas desde Antioquia a engrosar la
corriente de metales que fluyó a Londres a partir de mediados del siglo XIX
y al crecimiento de la economía británica (Botero, s.f., 21).
La tecnificación y expansión fueron dos elementos constantemente
vinculados a la producción de oro por parte de La Frontino en el Nordeste. En
1865, en Remedios, la empresa instaló la primera máquina de vapor en sus minas
Bolivia, El Silencio, La Cecilia y El Tigre, para mover las bombas de agua. Esto
le permitió elevar la producción sustancialmente y acumular capitales; acumulación que también se elevó a partir del proceso de construcción del camino
Yolombó-Remedios-Zaragoza, que implicó una inversión en capital fijo y la
transformación del marco espacial de acuerdo a las necesidades del capital.
La llegada a Segovia de la Frontino se dio con la compra de los
minerales de Nemeneme. El crecimiento en mano de obra fue de tal magnitud que,
31

Florentino González, 1805-1875, fue un economista liberal colombiano, quien ocupó varios cargos públicos a nivel de Cundinamarca y del país. Participó de la conspiración septembrina contra
el Libertador, lo que le hizo merecedor de una condena de 18 meses en la prisión del castillo de
Bocachica, posterior a la pena, salió hacia Caracas, de donde regresó a la vida política en la Nueva
Granada de la mano de Francisco de Paula Santander. Fue designado Secretario de Hacienda durante
el gobierno del general Tomás Cipriano de Mosquera, viajando en 1848 como encargado de negocios
a Francia y a Gran Bretaña, promovió durante su permanencia en el gobierno del general Mosquera,
el libre cambio, sin ningún tipo de obstáculos, con las potencias europeas.

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

hacia 1885, en sus minas de Remedios ocupaba más de mil hombres. Por esos años la empresa producía, en unión de El Zancudo
la mayoría del oro de veta de Antioquia y de Colombia. En lo que
hace a la provincia, el oro proveniente de filones era como la cuarta
parte del total que se producía, o quizá un poco más (Poveda,
1981, 73).

de 1976.

La empresa pasó en 1910 a manos estadounidenses, hasta el año

Finales del siglo XIX y consolidación de una geografía
regional de acumulación
Así como hacían presencia en Antioquia compañías mineras inglesas, también estaban presentes las empresas estadounidenses y francesas,
cuyos países de origen, tenían para la fecha intereses expansionistas de índole
imperialista. Estas empresas se ubicaron en el río Nechí, tratando de montar
allí las primeras dragas.
Esa suerte de confluencia de intereses imperialistas y nacionales
apuntó a que Colombia ocupara, hasta la década de 1880, el cuarto lugar
entre los mayores productores de oro del planeta, con un 3,84% del valor total
mundial. Delante del país, y con porcentajes mucho más altos, se encontraban
Estados Unidos (33,30%), Australia (29,87%) y Rusia (27,40%) (Botero, s.f.).
Como se explicó anteriormente, la tecnificación del proceso extractivo fue
fundamental para ampliar la acumulación de capitales y mantener la dinámica
capitalista, así como lo fue el proceso de expansión de la industria de producción minera y la adecuación e implementación de medios de transporte,
como vías y, particularmente, la construcción del ferrocarril de Antioquia, a
partir de 1875. Los anteriores avances y desarrollos capitalistas se reflejaron
en el aumento del valor de las exportaciones de minerales preciosos desde
Antioquia, “que entre 1870 y 1875 eran del orden de 2.000.000 de pesos
fuertes o menos, y hacia 1888 superaron el nivel de los 3.000.000 de pesos
fuertes anuales” (Poveda, 1981, 78), llegando en 1891 a ubicarse en 3.380.432
de pesos corrientes de la época.
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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

La importancia que tomaron a partir de 1880 los capitales originados
en la producción de oro, se expresó, por una parte, en las olas migratorias que
ocurrieron en Antioquia en el siglo XIX, que tenían como destino principal
el nordeste del departamento, siendo estos flujos migratorios, anteriores a
la llamada “colonización antioqueña”, los cuales fueron claves para la expansión geográfica del capital, más si se tiene en cuenta que la estructuración de
los municipios del bajo nordeste ha estado –y actualmente está– ligada a la
extracción del codiciado metal, siendo, donde se ubican hoy en día éstos, el
lugar en que se dio el inicio a la explotación en el departamento, junto con el
valle medio del río Cauca.
Por otra parte, en el impulso y apoyo dado a otros renglones de la
economía y a otras dinámicas poblacionales:
La explotación aurífera posibilitó el surgimiento del comercio y de
las actividades agrícolas y ganaderas y fue alrededor de todo este
conjunto de actividades económicas que se reorganizó el territorio
antioqueño. A partir de ello se consolidaron poblaciones en el interior del departamento, que luego durante el siglo XIX colonizarían
algunas zonas de periferia, como el norte, el nordeste y el suroeste,
en desarrollos ligados al comercio, la colonización agrícola y la
explotación minera. (Instituto Geográfico Agustín Codazzi [IGAC],
Gobernación de Antioquia e Instituto para el Desarrollo de Antioquia, 2007, 79).

Las dinámicas poblacionales que se presentaron a finales de siglo
tuvieron dos variantes, la primera, migraciones orientadas hacia el sur, que
poblaron Caldas, Risaralda, Tolima y Quindío, que construyeron economías
agropecuarias en estas zonas y no tuvieron por móvil la explotación aurífera;
la segunda, pretendió la expansión del capitalismo minero hacia el oriente,
más allá de Santuario y Granada, e implicó la fundación de San Carlos, San
Rafael, San Luis y la apertura de vías como la que va de Santo Domingo a
Remolino.
Fueron la minería y el comercio los que marcaron la dinámica social
y la definición del territorio de Antioquia y la subregión Nordeste Antioqueño.
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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

A partir de una lectura de las lógicas globales de funcionamiento del capital,
se fueron definiendo las especificidades de los municipios y la geograf ía
regional de la acumulación, “vinculándose pueblos y aldeas dispersos en los
altiplanos y cañones hacia la explotación y comercialización del oro” (IGAC
et al., 2007, 3), tal fue el caso de Remedios y Segovia. De esta forma, “se fue
configurando un modelo cultural ligado al desarrollo económico” (IGAC et al.,
2007, 3), a partir de las dinámicas de acumulación de capitales, vinculadas a la
burguesía nacional, al imperialismo europeo (británico y francés) y norteamericano, que configuraron una espacialidad capitalista particular que moldeó
el espacio y construyó una territorialidad de acuerdo a las necesidades del
capital.
La presencia de capitales extranjeros en la región fue de tal magnitud
que, a finales de siglo,
la mayoría de las minas eran de propietarios antioqueños; pero las
minas más grandes del Nordeste estaban ya en manos de compañías
extranjeras. En 1880 operaban allí la Frontino and Bolivia Company,
en Remedios [y Zaragoza]; la Colombian Corporation, en Anorí; la
Compañía Francesa de Segovia, y la Compañía Francesa del Nechí
y sus afluentes, en Zaragoza. (Jiménez, 2002, 10).

A estas empresas, en 1890, se les podían sumar las compañías, también extranjeras, Western Andes Mining Company (inglesa), arrendataria de
las minas Marmato y la Pato Mines, filial de la Orville Dredging Company de
California, que trabajaba en el Nechí.
Del lado nacional, algunos de los empresarios del oro, gracias a las
experiencias de la extracción aurífera y a los capitales que amasaron, se convirtieron en los fundadores de las primeras fábricas y emporios comerciales
antioqueños, que comenzaron a surgir a partir de 1880 (Poveda, 1981), dentro
de los que se pueden contar: casas de cambio y de comercio internacional,
tabacaleras y cigarrerías, empresas de vapores en el Magdalena, latifundios
para ganadería y pastos importados, construcción de viviendas en Medellín,
importación de mercancías, agroindustrias cafeteras, industrias textiles y
cerveceras, mercados de víveres, industrias ladrilleras, molinos de trigo y
cacao, entre otros.
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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

De esta forma, el departamento y determinadas zonas irían adquiriendo importancia a nivel internacional como productores de materia prima
y de productos agrícolas (café y banano) y de minerales de exportación
(oro), como ya se refirió, dirigidos principalmente al mercado europeo y al
norteamericano.
La minería de oro del siglo XIX en el Nordeste Antioqueño se configuró, no solo como la primera empresa capitalista de Colombia, sino que,
a finales del siglo, constituía ya “una industria de tipo intensivo en capital,
de estilo moderno” (Poveda, 1981, 118), con una fuerza de trabajo del 46%
para 1870 y del 58% para 1906 del total subregional, permitiendo, además, el
desarrollo capitalista de Antioquia y del país32.
Como elementos para resaltar de este momento histórico-espacial
del capital, en el Nordeste Antioqueño, se pueden señalar: (i) una considerable
acumulación de capitales en la industria minera, fundamentada en la explotación del trabajo vivo; (ii) la continuidad y profundización de mecanismos de
acumulación por desposesión; (iii) la presencia de capital imperialista europeo
(principalmente británico y secundariamente francés) y norteamericano en el
país, por medio de empresas dedicadas a la extracción y exportación de oro;
(iv) el nacimiento de una clase burguesa fuertemente cimentada en la industria
y el comercio, que dirigió la fase de acumulación capitalista del siglo XX; (v) la
implementación en la industria minera de tecnologías foráneas, novedosas en
el país para la época, principalmente llegadas de Europa y que dinamizaron la
producción; (vi) la implementación de proyectos de infraestructura ligados a
las necesidades de circulación del capital; (vii) el nacimiento de legislaciones
y órdenes jurídicos funcionales a las condiciones emergentes del capitalismo;
y (viii) la construcción de una espacialidad capitalista, que incluyó la homogenización de espacios de acumulación, el surgimiento de identidades sociales y
culturales capitalistas, lo que permitió la configuración de territorios del capital
y la cooptación o desterritorialización de formas alternativas de producción,
como son la campesina, la afrodescendiente y la indígena.
32

Al punto que la riqueza generada en el proceso de extracción y comercialización de oro no se vio
reflejada en los municipios del Nordeste, sino que se concentró en Medellín: “No obstante todas [las]
transformaciones que experimentó Antioquia (1850-1890), la riqueza y los beneficios económicos
generados por el auge minero, se concentraron en gran medida en Medellín” (Botero, s.f., 24).

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

La construcción territorial capitalista en el siglo XX
y expresiones organizativas del proletariado
Durante el Siglo XX, a la especificidad territorial agrícola y minera
de Antioquia se sumaría la formación de territorios industriales en Medellín33,
así como territorios funcionales al comercio energético y ambiental a finales
de dicho siglo. Las condiciones hídricas y topográficas, se transformaron en
“objeto de nuevos intereses de aprovechamiento, desde la perspectiva nacional
e internacional para la producción de energía. Las desventajas físico-espaciales
se convirtieron en ventajas geoestratégicas” (IGAC, 2007, 3-5)34, fundamentales para la inserción antioqueña en los mercados internacionales. A la par del
moldeamiento del espacio para la producción de energía, las zonas boscosas
y los parques naturales con que cuenta el departamento, son contemplados
como objeto del biocomercio y de la venta de servicios ambientales en lo que
representan modalidades de acumulación por desposesión.
En lo que corresponde a minería, el nuevo siglo, trajo la supremacía
norteamericana en cuanto a capital extranjero presente en Antioquia, una
forma de lograrlo fue mediante la compra de las empresas inglesas presentes
en el departamento:
Alrededor de 1910, la gran corporación norteamericana International Gold Mining Corporation le compró a los ingleses todos sus
derechos en la Bolivia and Frontino Mining Co., simplificó su nombre al de Frontino Gold Mines […] pocos años después, la misma
International Gold Mining Corp. le compró a la Orville Dredging
Co. (californiana) su propiedad de la Pato Mining; compró otras dos
empresas inglesas menores; así como los derechos y propiedades
de la Compañía Francesa del Nechí (que estaba liquidándose); y
con todo ello formó la Pato Consolidated Mining and Dredging Co.
(Poveda, 1981).

33

34

Que se deben en buena medida, sino en su totalidad, a la industria minera del Nordeste, como se
explicó anteriormente.
Existe una presencia considerable de centrales eléctricas en el departamento dentro de las que se
tienen las correspondientes al embalse Peñol - Guatapé y a Porce II, y sus respectivas fases Porce III
y IV. De igual forma se encuentra en proyecto Pescadero - Ituango, que se convertiría en la mayor
hidroeléctrica del país.

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

Las compañías norteamericanas Frontino Gold Mines en Segovia,
junto a The Pato Gold Mines, cuyas operaciones se realizaron en Zaragoza,
extrajeron conjuntamente en 1920 cerca del 44% del total departamental de
oro y, entre 1900 y 1950, el equivalente a las tres cuartas partes de la producción departamental de oro para la época (Jiménez, 2002, 10-11). Entre 1900
y 1934, estas dos empresas exportaron una cantidad cercana a tres millones
de onzas de oro, lo que representa ventas del orden de los US$ 60 millones,
esto representa una tasa de ingresos brutos de US$ 2 millones promedios
por año, con un costo de producción y exportación no superior al 25% de las
ventas de oro y una rentabilidad anual de ingresos netos sobre inversión de
entre 15 y 20% (Poveda, 1981).
Tal como señala Gabriel Poveda (1981): “de todo ese capital acumulado nada permaneció en Colombia. Quedaron los socavones vacíos y
los enormes huecos en las playas de los ríos dragados”. La acumulación de
capitales producto de la minería contó con el apoyo gubernamental que
mediante legislaciones favorables a las inversiones extranjeras y al comercio
internacional, como el no pago de regalías y de impuestos de renta, facilitó
la apropiación imperialista de las riquezas nacionales, al igual que la facilitó
en el siglo XIX.
Para los años veinte, ya no quedaba casi ninguna empresa propiedad
de los ingleses, los franceses habían desaparecido desde inicios de siglo y los
estadounidenses no solo adquirieron empresas mineras en Antioquia, también en diferentes renglones de la economía, lo que implicó una dependencia
político económica hacia Norteamérica y el dominio de éste hacia el país, con
lo que: “Colombia se [ubicó] cada vez más dentro de la órbita del dominio de
los Estados Unidos al desplazarse las relaciones comerciales y financieras con
Inglaterra al país del Norte, especialmente después de la I Guerra Mundial.
La inversión extranjera se orienta hacia la industria extractiva (petróleo,
oro y platino) y hacia la agrícola (bananos) bajo la modalidad de enclaves de
exportación, desarticulados del resto de la economía. También está presente
en sectores de la infraestructura, ferrocarriles y servicios públicos, principalmente (Medina, 1980).
Para 1929, los EEUU tenían grandes inversiones en sectores como
petróleos (US$56 millones); transportes, comunicaciones y servicios públicos
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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

(US$25 millones); Agricultura (US$16 millones); y Minería (US$11 millones),
entre otros, para un total de 124 millones de dólares invertidos en el país
(Poveda, 1981).
Según Poveda (1981), la Frontino Gold Mines y la Pato Gold Mines,
entre 1930 y 1974, obtuvieron unos 7,2 millones de onzas troy de oro,
equivalentes a ingresos brutos de US$250 millones o más, a lo largo de ese
periodo.
Además de contar una legislación favorable, fue fundamental en las
primeras décadas del siglo XX, las inversiones estatales en infraestructura de
transporte para el capital, así como inversiones privadas que se dieron en la
materia. De estas últimas, se destaca el caso del Ferrocarril de Amagá, que
inició su construcción en 1924 y permitió en la región cercana a este municipio el desarrollo de la explotación del carbón, que fue el segundo reglón
de la minería antioqueña durante muchos años y movió buena parte de las
locomotoras de occidente hasta mediados de siglo, cuando llegan al país las
locomotoras Diesel eléctricas.
En los años veinte a nivel nacional, según Bernardo Tovar, la intervención estatal respecto de los transportes se inclinó hacia la construcción
de vías ferroviarias, que pasaron de 1.481 km a 2.434 km, entre 1922 y 1929.
A la par de estas, se inició la construcción de carreteras, que para 1930 llegaron a 5.743 km (Tovar, 1986). Posterior a este periodo, se dio prioridad a
las carreteras en la política nacional de transportes, al punto que en 1946 ya
las vías existentes en el país eran del orden de 17.970 km. Así, en el inicio del
siglo XX, el capital no solo encontrará una infraestructura de transportes que
permite su circulación a mayor velocidad, sino que, abre nuevos espacios para
la acumulación, mediante la explotación de los trabajadores vinculados a la
red de transportes y mediante la desposesión.
De igual forma, el nuevo siglo presenta una estructura capitalista
más homogénea y consolidada que se soporta sobre el antagonismo de clases
diferenciadas, particularmente evidente en la región andina, específicamente
en el triángulo Bogotá, Medellín, Cali y la zona cafetera, así como en los
puertos de Barranquilla y Buenaventura.
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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

La conflictividad social a inicios del siglo XX, tuvo como elemento
central (más no único) las relaciones antagónicas entre el capital y el trabajo35,
que se manifiestan, según Harvey (2007), en dos cuestiones relacionadas:
cuánto tienen que pagar los capitalistas para obtener los derechos
de utilización de la fuerza de trabajo y qué comprenden exactamente esos derechos. Los enfrentamientos por la tasa salarial y las
condiciones de trabajo […] son en consecuencias endémicos en la
circulación del capital.

Las condiciones de vida y trabajo de los obreros, problemas de
vivienda, de salud, educación, etc., fueron evidencia de una nueva realidad
social nacional que escapaba a los marcos legales e institucionales del Estado
tradicional y que llevó a que desde los años diez, irrumpieran los movimientos
huelguísticos (Tovar, 1986) y las primeras formas organizativas de los trabajadores en prensa obrera, movimientos y partidos políticos36.
Es necesario decir que al romper el siglo XX, el proletariado no
tenía mayores elementos políticos o formativos, sus conceptos políticos más
cercanos venían del partido liberal y del socialismo reformista; ya que, tanto
a inicios del siglo, como durante el siglo XIX,
el marxismo tuvo muy escasa o ninguna divulgación en la forma
de las obras de Marx y Engels […] su influencia viene a presentarse

35

36

El otro conflicto grueso que se presentaba es el relacionado con la cuestión agraria, particularmente
la propiedad y tenencia de la tierra. Efectivamente, desde mediados del siglo XIX y hasta 1930 se
gestó el desarrollo del problema de la tierra que persiste en el país, y su inicio está asociado con la
implementación de agricultura para la exportación que, soportada en el latifundio, requería de fuerza
de trabajo, para lo cual, el empresario agrícola reclamó derechos de propiedad sobre grandes áreas
de baldíos que estaban parcialmente ocupadas por colonos, cercando las tierras de los campesinos
o despojándolos de éstas, quienes terminaban forzadamente transformándose de colonos independientes en arrendatarios y jornaleros al haber sido separados de la tierra (Le Grand, 1986).
El desarrollo capitalista que tomó impulso en el país con el inicio del siglo XX, implicó el surgimiento
del proletariado como clase perfectamente diferenciada, lo cual, a pesar de la industria minera del
oro y la agroindustria del café y el banano en el siglo XIX, no se había dado. Fue la expansión a
nivel nacional del café, los procesos de construcción de vías de comunicación, la ampliación de los
transportes y de la explotación minera, el incremento de la actividad manufacturera y fabril, los
que dieron una lectura nacional del capitalismo y de la clase proletaria, permitiéndose que ésta se
destacara de la masa general trabajadora. (Medina, 1980).

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

a partir del triunfo de la revolución de octubre de 1917, pero con
escaso conocimiento de sus propósitos teóricos y programáticos
(Sánchez, 1983).

Entre los años 1910 y 1919, se da una serie de intentos organizativos
de la clase obrera, pero estos eran especialmente encabezados por artesanos.
Geográficamente, se sitúan estos experimentos, principalmente –aunque no
de forma exclusiva–, en la costa atlántica, teniendo alcances locales y regionales; su acción se desarrollaba de manera huelguística, tenían, en algunos
casos, órganos de comunicación (periódicos, boletines, etc.) y su perdurabilidad fue muy corta.
En el nordeste antioqueño, fue el 13 de agosto de 1919, que se votó
la primera huelga en Segovia, de los obreros de la Frontino Gold Mines. A
partir de ésta, el sindicato alcanzó un reconocimiento nacional que llevó al
apoyo de sus iniciativas por diversas centrales obreras del país.
Es en mayo de 1919, que en el país se formalizó la creación del Partido
Socialista, PS, el cual se puede decir rompe con la estructuración local-regional
de los procesos organizativos y constituye una organización de proyección
nacional. Lo anterior se evidencia en la participación de 15 organizaciones
regionales, además de 7 de Bogotá, en el primer congreso del Partido Socialista, celebrado el 7 de agosto de dicho año, así como en su Segundo Congreso,
realizado un año después, el 1° de mayo de 1920 (Medina, 1980).
Además, las deslocalización de las luchas y su estructuración nacional, se evidencia en el plano huelguístico:
que una huelga de 1919, en el ferrocarril del río Magdalena a
Bogotá se hubiera unido a otra de los navieros del río, a otra de
tranviarios en la capital e incluso de algunas fábricas, creando al
primer paro general de una región, paro del cual nace el primer
sindicato nacional de industria: La Sociedad Ferroviaria (Buenaventura, 1984).

La década de los veinte, en su inicio, significó una reducción de la
huelga como expresión del proletariado, así como también, la finalización
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del proceso del PS, especialmente a partir de la presentación en sus filas de
corrientes reformistas, que se acercaban al liberalismo y, por otra parte, de
corrientes radicales que se proclamaron a partir de 1923 como comunistas, la presentación de estas dos líneas implicó la ruptura y finalización del
proceso.
La tendencia reformista siguió los postulados del Partido Liberal,
al punto de adoptar buena parte de los planteamientos realizados por Rafael
Uribe y Benjamín Herrera, quienes son considerados, los dos artífices de la
modernización del partido liberal y su recomposición política entre las masas,
en lo que se llamó el liberalismo socialista (Sánchez, 1983)37.
De otro lado, los comunistas salieron triunfantes, en el año de 1924,
del Primer Congreso Obrero, el cual se proclamó como el Primer Congreso
Comunista de Colombia y se adhirió a la Internacional Comunista (Medina,
1980), este congreso significó:
La culminación de una etapa en la creación del Partido de la clase
obrera caracterizado por el predominio del reformismo y el comienzo
de un periodo de transición hacia un tipo de nuevo partido en que
tendrían cabida ya algunos principios del marxismo leninismo
(Medina, 1980).

Posteriormente, en el año 1925, se instala el Segundo Congreso
Obrero, del cual surge la Confederación Obrera, CON, primera central única
sindical de Colombia38. Este Congreso estaría influenciado por las ideas
anarcosindicalistas.
37

38

Para Sánchez (1983) el liberalismo socialista representa: «uno de los factores que ha permitido al
liberalismo colombiano tener un fuerte arraigo en las masas populares y desarticular las iniciativas y
propuestas de partidos obreros y socialistas. En la dialéctica de los procesos sociales y de los partidos
políticos en Colombia, el liberalismo ha cumplido eficazmente la tarea de impedir el surgimiento
de una conciencia de clase de obreros y campesinos organizados en su propio partido político
[…] El de Uribe, como el de Herrera y en general la línea del socialismo evolutivo y liberal, es un
“socialismo” para detener la lucha de clases. En palabras de Uribe: “Para prevenir el socialismo de
la calle y de la plaza pública, no hay más remedio que hacer bien entendido el socialismo de estado,
y resolver los conflictos antes de que se presenten”». (La negrilla es del original).
Medófilo Medina (1980), señala que la CON no podría ser considerada como una verdadera central
obrera nacional, ya que no tenía las suficientes bases organizativas de los sectores fundamentales
de los trabajadores ni en las diversas regiones.

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De este periodo se destacan como figuras que contribuyeron a forjar
el socialismo revolucionario nacional: “Tomás Uribe Márquez, Francisco de
Heredia, Pepe Olózaga Betancourt –conocido como Dimitri Ivanovitch–,
Neftalí Arce, Raúl E. Mahecha, Luis Tejada, Ignacio Torres Giraldo, María
Cano y el ruso Silvestre Savidsky, además del alemán, Rodolfo Von Wadell”
(Sánchez, 1983).
Es en 1925, cuando llega la influencia del Partido Socialista a los
municipios de Remedios y Segovia, por medio de la dirigente María Cano,
quien adelantaba una gira por estos municipios interesada en la situación del
movimiento obrero de las industrias mineras (Medina, 1980). El año siguiente
se crearía el Partido Socialista Revolucionario, como partido político con una
identidad más clara, en cuanto a su condición de partido obrero, desligado
de las visiones reformistas precedentes.
La profundización en las desigualdades sociales, la legislación
favorable a la acumulación capitalista, la infraestructura de transporte y la
tecnología, evidenciaron lo que fue una característica fundamental del Estado
colombiano durante el periodo comprendido entre 1925 y 1946: la orientación
de su accionar hacia “la creación de las condiciones de desarrollo capitalista,
es decir, en función de la acumulación de capital” (Tovar, 1986). Los frutos
se vieron en la incrementación de la producción aurífera. La Tabla No. 2,
muestra la producción de oro en Antioquia en diferentes periodos durante
el siglo XX, como se puede observar, posterior a 1930, la producción de oro
presenta un crecimiento constante hasta 1944, esto ligado a la intervención
estatal pro-capital ya señalada (legislación para la acumulación, vías para la
circulación de capital y tecnología para la producción).
Posteriormente, en la segunda mitad de los años cuarenta, se observa
cómo se presenta una reducción en la producción de oro en Antioquia, lo que
está relacionado con la confrontación armada desarrollada durante la época
de la Violencia, específicamente durante los años 1945-1949. El periodo de
la Violencia, que va desde la mitad de la década de los cuarenta y llega hasta
inicios de los años sesenta, y sus implicaciones en la construcción espacial
del capital será abordado a continuación.
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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

Tabla No. 2
ANTIOQUIA
PRODUCCIÓN DE ORO. 1918-1974
Periodo

Onzas Troy (Miles)

1918 - 1929

80

1930 - 1934

144

1935 - 1939

203

1940 - 1944

365

1945 - 1949

234

1950 - 1954

278

1955 - 1959

279

1960 - 1964

278

1965 - 1969

199

1970 - 1974

150

FUENTE: poveda ramos, g. (1981). Minas y mineros de Antioquia, medellín: Banco de
la república, pp. 148-149.
tomado de: jiménez (2002), p. 11.

La violencia y los intereses económicos en el Nordeste
La década que precedió a la Violencia, señala Paul Oquist (1978),
tuvo como correlato del conflicto político colombiano, el abandono forzoso
de los cultivos y la venta obligada de tierra a precios irrisorios, lo cual se
presentó en departamentos del nororiente del país, pero también en otros
como Antioquia. Para este autor, la Violencia tiene fuertes connotaciones
bipartidistas, pero la lucha por el control estatal entre liberales y conservadores, no es la única explicación de lo sucedido en este periodo, puesto que
existieron contradicciones en la sociedad colombiana, que se transformaron
en conflictos armados y llevaron a un derrumbe parcial del Estado, entre los
cuales se tienen “los conflictos agrarios de diversa índole, las pugnas por el
control de las estructuras locales del poder, las incursiones por venganza
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y el bandolerismo” (Oquist, 1978, 17). Algunos autores39, enfatizan en las
causas socioeconómicas de la Violencia, coincidiendo en el desplazamiento
forzado de la población campesina y el despojo de tierras, como una forma
de acumulación de capitales, lo que se reflejó, por ejemplo, en que durante
este periodo se presentó la más alta ganancia sobre la inversión, de acuerdo
con Diego Montaña Cuéllar (Oquist, 1978, 25). Como consecuencia de la
confrontación, se expulsó forzosamente a 2.003.600 personas, quienes dejaron
abandonadas 393.648 parcelas, en por lo menos 12 departamentos, lo que en
parte determinó el rápido crecimiento de centros urbanos regionales y locales
(Oquist, 1978, 83-84). La Violencia fue clave para la construcción de espacios
de acumulación urbanos, presentándose, a partir de la movilización forzada
de población rural hacia las ciudades, “un excedente de trabajo, un ejército
industrial de reserva” (Harvey, 2007), que pudo alimentar la expansión de la
producción, aumentándose la oferta de la fuerza de trabajo, la disponibilidad
de mano de obra para el capital.
Entre los años 1946 y 1957, Antioquia se encontró en el tercer lugar,
dentro de los diez departamentos más afectados por la Violencia, con un total
de 26.115 homicidios relacionados con la confrontación armada. Posteriormente, para el periodo 1958-1966, ocupó el cuarto lugar, dentro de los diez
departamentos más afectados, con un total de 2.127 homicidios (Oquist, 1978,
16, 19). En cuanto a las migraciones durante el periodo, el citado estudio de
Oquist (1978, 84), señala que estas se encuentran en el orden de las 116.500
personas, así como las parcelas perdidas oscilan en 16.020 en el departamento.
Las diferentes modalidades de crímenes presentados durante la Violencia en el
departamento antioqueño, posibilitaron que en éste se configurara una nueva
geograf ía del capital, basada en una suerte de violencia capitalista y cuyas
máximas expresiones fueran la industrialización fabril y la urbanización; la
ampliación de la fuerza de trabajo disponible, principalmente, en Medellín
y su entorno; la expansión geográfica del capital; la desterritorialización y el
despojo de tierras; y la concentración capitalista de la tierra.
Mary Roldan, en el estudio titulado A sangre y fuego indica que la
Violencia en Antioquia presentó detalles locales, contrastes y similitudes en

39

Como Estanislao Zuleta, Francisco Posada y Diego Montaña Cuéllar.

64

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

cada una de las subregiones, así como implicaciones políticas y económicas
diferenciadas (Roldan, 2003, 146). Para la subregión del nordeste antioqueño
y, específicamente, para los municipios de Remedios y Segovia, la confrontación tuvo como sustento y soporte principal los intereses económicos de
los terratenientes y de las compañías mineras. Al abordar el periodo de la
Violencia en los municipios objeto de análisis, se debe partir por señalar que
en el departamento, después de las elecciones presidenciales de 194940, la
disputa cambió su escenario espacial, en una descentralización que llevó a
que la confrontación se efectuara en las zonas periféricas de colonización,
economía extractiva y afiliación partidista liberal, como el Nordeste Antioqueño, los conflictos se presentaron con características más fuertes al punto
que “evolucionaron hasta convertirse en confrontación armada entre grupos
organizados” (Roldan, 2003, 145).
La presencia conservadora en el poder fue clave para que la dirección
regional de este partido, exigiera al Gobernador la destitución de alcaldes y
funcionarios públicos liberales, así como la presencia de la policía departamental, leal al partido Conservador. La condición mayoritariamente liberal del
Nordeste, así como su origen inmigrante interdepartamental, preocupaban
a los conservadores latifundistas y a las compañías mineras y petroleras, que
veían tambalear sus intereses políticos y económicos, debido a la capacidad
de movilización social y afectación económica por parte de los pobladores
ya que:
muchos de los pueblos del oriente antioqueño eran lo que podría llamarse company towns, es decir, lugares donde un gran porcentaje de
la población económicamente activa estaba empleada en la misma
actividad (la minería o la extracción petrolera) y por el mismo patrón
(generalmente extranjero), en una industria considerada crucial para
los intereses económicos tanto del departamento como del Estado
central. El pueblo de Segovia es un caso paradigmático. Se estima
que el 1939, un 40% de los 7.000 habitantes del pueblo trabajaba
para la Frontino Gold Mines Company y la mayoría eran miembros
de su sindicato, afiliado a la CTC. El pueblo también era el princi-

40

Estas elecciones las ganó el conservador Laureano Gómez, quien fue candidato único.

65

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pal productor de oro de Antioquia en 1941. Cuando los miembros
del sindicato local adoptaban una posición o se movilizaban para
protestar por las actividades del Estado o de sus funcionarios públicos, eran respaldados por el sentimiento unificado de casi todos los
habitantes del pueblo. (Roldan, 2003, 150).

Las compañías al sentir que sus capitales peligraban participaron de
la confrontación liberal-conservadora, variándola hacia una confrontación
obrero-patronal, es decir, hacia una confrontación clasista, donde la Gobernación (conservadora) y los militantes del partido conservador eran aliados
del sector privado, particularmente del extranjero. Por ejemplo, la Frontino
Gold Mines, a partir de 1949, empezó a contratar empleados antioqueños
y de filiación al partido gobernante, lo que fue rechazado por los mineros,
quienes “acusaron al gobierno departamental de confabularse con las compañías extranjeras en formas que fundamentalmente violaban sus derechos”
(Roldan, 2003, 156). La arbitrariedad de la policía departamental contra los
mineros y sindicalizados, la creación de “contrachusmas”41 y los abusos de los
funcionarios públicos conservadores contra los habitantes liberales, llevaron
a que en el Nordeste se presentara la creación de grupos guerrilleros liberales,
cuyos orígenes se encontraban en el departamento de Santander y Bolívar42, y
tenían por blancos a hacendados conservadores y los campamentos mineros
de las compañías extranjeras. Esta presencia guerrillera, a su vez, justificó la
represión generalizada contra los habitantes liberales del oriente de Antioquia,
incluyendo los municipios de Remedios y Segovia, que se expresó principalmente en violencia policial contra miembros de sindicatos y la expansión de
fuerzas paramilitares conservadoras a partir de 1952.
La intensidad con que se desarrolló la Violencia a partir de ese año,
implicó el desplazamiento de la población del nordeste, quienes vendieron
forzadamente sus predios, presentándose un aumento en los procesos de
escrituración y registro de inmuebles, que evidenciaban procesos de compraventas viciados, orientados hacia la concentración de tierras y la especulación
41
42

Grupos de civiles conservadores armados.
De estos departamentos provenían los grupos guerrilleros que atacaban esporádicamente en Antioquia antes de que se conformaran guerrillas liberales antioqueñas, cuyos dirigentes provenían de
agrupaciones santandereanas.

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

en el mercado de bienes inmuebles43, lo que en muchas ocasiones estuvo
garantizado con el empleo de la “contrachusma”, las administraciones locales
y la policía contra colonos y pequeños propietarios. La mayor cantidad de
registros se dieron, entre los años 1941 y 1958, en los municipios de Remedios,
Yolombó, San Roque y Anorí, en éstos, los incrementos en registros estuvieron
alrededor de los mil predios. Particularmente interesante el caso de Segovia,
municipio en el que en 1958 se registraron 1.684 predios y en 1961 el número
de predios registrados fue de 8.062. (Ver tabla No. 3).
Tabla. No. 3
NORDESTE ANTIOQUEÑO
PROPIEDADES REGISTRADAS POR MUNICIPIO. AÑOS 1941, 1958, 1961
Municipio

1941

1958

1961

Remedios

815

1950

1657

Segovia

2033

1684

8062

amalfi

1.928

3.542

2.873

yolombó

3.591

4.411

2.827

cisneros

1.922

2.154

781

san roque

3.154

4.133

4.065

santo domingo

2.763

3.314

3.390

771

1.923

1.752

29.883

114.006

87.617

206.853

417.746

363.643

anorí
medellín
departamento

FUENTE: daNe. panorama estadístico de antioquia, siglos XiX y XX, tabla 17.1.3.5, pp. 638-41.
tomado de: roldán, m. (2003). A sangre y fuego. La Violencia en Antioquia, Colombia. 1946-1953. Bogotá:
imprenta Nacional, pp. 372-374.

43

El temor ante las dimensiones que pudiera tener la compraventa de bienes impulsada por la Violencia
en el oriente antioqueño, llevó a que “el gobernador le pidiera al notario de Caucasia “en estos días
de pavor no formali[zar] escrituras para evitar los abusos que los audaces están deseando cometer
contra gentes sencillas y aterradas” (Roldan, 2003, 185).

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Los procesos descritos de compraventa y registro de inmuebles,
fueron procesos de acumulación por desposesión y acumulación por medio
de la guerra, que permitieron a los hacendados y a las grandes empresas
mineras ampliar sus capitales, homogeneizar el espacio hacia un territorio
rural vinculado al latifundio y la extracción de recursos mineros, principales
expresiones del capitalismo rural. Además, el despojo de la tierra al campesino,
implicaba la obligatoriedad de la venta de su fuerza de trabajo para sobrevivir
y, evidenció, lo que es la expresión política del capitalismo en las regiones
rurales, el gamonalismo44.
El crecimiento de los grupos paramilitares conservadores en el Nordeste se intensificó con la llegada a la gobernación, nuevamente, de Dionisio
Arango Ferrer a mitad de 1952, quien (junto a los comités conservadores
municipales, la policía y las fuerzas militares) encabezó una alianza orientada a desplegar una estrategia contrainsurgente en el oriente de Antioquia,
que se desarrolló, no contra grupos guerrilleros, sino contra la población
civil en general, sin distingo de militancia partidaria, lo que se vio reflejado
en las cifras de muertes violentas, desplazamiento forzoso y venta obligada
de bienes, siendo también la Violencia, un periodo que permitió incrementar el valor de la propiedad, posterior a su concentración. (Ver Tabla
No. 4).
En el Nordeste, los municipios que registraron mayor cantidad de
muertes violentas entre 1949 y 1953 fueron Remedios y Yolombó, en los
cuales, además, se presentaron cambios exponenciales en los valores promedios de la propiedad, que en el caso de Remedios, implicó un porcentaje de
aumento de 1.706% entre 1941 y 1958; y en Yolombó, durante este periodo,
de 698%.

44

Héctor Mondragón indica que el gamonal tiene como rasgos principales ser dueño de grandes propiedades de tierras, usadas principalmente en ganadería extensiva, lo que sobrepasa las relaciones
de propiedad y se proyecta sobre la política, mediante la participación directa en el poder político
local e indirectamente (por medio de congresistas o diputados cercanos) en la rama legislativa
nacional y departamental. La ligazón capital-política le permite ser un capitalista burocrático, en el
sentido de que la acumulación se apoya en dineros estatales (contratos, comisiones, cuotas, etc.). Y
finalmente, el gamonal, es un agente y aliado del capital extranjero y la economía capitalista delictiva
e ilícita (Mondragón, 2002).

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

Tabla No. 4
ANTIOQUIA
CAMBIO DEL VALOR PROMEDIO DE LA PROPIEDAD EN LOS 10 MUNICIPIOS
MÁS VIOLENTOS. 1941-1961
Muertes

Municipio

19491953

Valor promedio
de la propiedad
1941

Porcentaje de
Porcentaje de
cambio del valor cambio anual del
promedio
valor promedio

1958

1961

19411958

19581961

19411958

19581961

dabeiba

561

876

5.064

21.661

478

328

28

109

puerto Berrío

546

2.529

20.427

17.549

708

(14)

42

(5)

urrao

428

653

5.337

12.902

718

142

42

47

cañasgordas

368

1.065

4.539

6.721

326

48

19

16

Remedios

191

602

10.268

12.608

1.606

23

94

8

Frontino

170

842

1.687

25.063

100

1.385

6

462

Yolombó

156

1.273

8.893

11.135

598

25

35

8

Betulia

135

1.418

13.443

30.454

848

127

50

42

antioquia

129

1.054

3.498

6.383

232

82

14

27

caucasia

129

n.d.

7.498

9.085

n.d.

21

n.d.

7

FUENTE: daNe. panorama estadístico de antioquia, siglos XiX y XX, tabla 17.1.3.5, pp. 638-41.
tomado de: roldán, m. (2003). A sangre y fuego. La Violencia en Antioquia, Colombia. 1946-1953. Bogotá:
imprenta Nacional, p. 375.

En conclusión, el periodo de la Violencia en la subregión del Nordeste
Antioqueño, tuvo como motor para la acumulación de capitales, el despojo
y la guerra, lo que en la práctica se constató en la usurpación y ocupación
de las tierras y bienes que habían sido dejadas abandonadas por las personas
que huían de la confrontación45, los cuales, posteriormente, aumentaron
considerablemente su valor. Otra característica del periodo fue la garantía
45

Gilhodés habla de “una ofensiva por parte de los latifundistas, cuya intención era arrojar a los
campesinos de sus tierras.” (Machado, 2009, 255).

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de estabilidad brindada por el establecimiento a las inversiones adelantadas
por las compañías mineras extranjeras, de nacionalidad mayoritariamente
norteamericana, mediante el uso del aparato represivo del Estado, fundamentalmente la policía, grupos paramilitares y administración de justicia; además,
las compañías imperialistas presentes en el Nordeste se hicieron partícipes
de la confrontación armada orientándola hacia una confrontación obreropatronal. Por otra parte, la Violencia permitió la consolidación definitiva, en
el departamento, de nuevos espacios para la acumulación y una reterritorialización capitalista, fundamentalmente centrada en la industrialización y
urbanización del valle de Aburrá.
Es imperativo reiterar el papel fundamental jugado por la administración nacional, departamentales y las locales, que facilitaron, a la dinámica
de acumulación capitalista, una serie de dispositivos institucionales y aparatos
represivos, los que fueron básicos para la acumulación del periodo y la que
se generó de la Violencia. Dentro de estos aportes estatales está la creación y
consolidación de un modelo de accionar paramilitar garante de los intereses
de clase y de la acumulación de capitales46.

La garantía para la acumulación de capital:
creación y consolidación de un modelo paramilitar
El Frente Nacional47, como final del ciclo de violencia asociada al
bipartidismo, significó el cese de un alistamiento violento del territorio para
una nueva dinámica de acumulación capitalista, pero no implicó el fin de la
violencia del capital. La nueva geograf ía del capital que arrojó la Violencia,
señala Jairo Estrada, fue aquella de la
urbanización forzada, de la vía prusiana del desarrollo capitalista en
el agro, del mayor despliegue de la industrialización, así como del
asentamiento de las bases para el desarrollo del sector financiero y
para una organización de la propiedad capitalista en la forma de
grupos económicos (Estrada, 2010, Septiembre, 6).
46
47

Los grupos guerrilleros liberales se acogieron a la amnistía militar en julio de 1953.
Ocurrido entre los años 1958-1974.

70

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Esta nueva geograf ía del capital, particularmente en el Nordeste y
específicamente en Remedios y Segovia, implicó la expansión del latifundio
ganadero y la continuidad e intensificación de la extracción de oro por empresas nacionales y extranjeras, la explotación maderera, así como la puesta en
marcha de grandes proyectos de infraestructura funcionales a la circulación
de capitales, como oleoductos y vías.
La garantía para la implementación de estas apuestas, fue el despliegue de mecanismos contrainsurgentes por parte de las Fuerzas Militares
a partir del año 1966. Las diferentes configuraciones de la apuesta militar del Estado implicaron, desde entonces, variaciones: hasta el año 1978
se tiene
una acción represiva abiertamente institucional de un ejército móvil
y, de 1978 en adelante, un ejército más permanente combina formas
de acción militar institucional (incluyendo acciones cívico militares)
con formas no institucionales de represión, como la creación de
grupos paramilitares y acciones encubiertas. (Jerez, 2002b).

Los modelos de acumulación y territorialización capitalista encontraron oposición a su implementación en la región del Nordeste y, en general,
en el Magdalena Medio, en organizaciones sociales y populares, partidos
políticos de izquierda, y grupos insurgentes que después de la Violencia, se
estructuraron, crecieron o, en otros casos, se reorganizaron48 y hacia los cuales
se dirigió el accionar violento del Estado; cuya limitada y precaria presencia
“fue configurando espacio-temporalmente expresiones sociales de resistencia, en el marco de una enconada y legítima lucha de clases. [Opositores de]
la consolidación del modelo del Estado modernizante y de los proyectos del
capital nacional y multinacional” (Jerez, 2002).

48

César Jerez afirma que los mecanismos de aseguramiento de grandes territorios, con la finalidad
de la implementación espacial de la propuesta de desarrollo capitalista, lleva a la configuración e
identificación de partes (o lo que diversos sectores denominan “actores”) en el conflicto colombiano
y su expresión regional, que van más allá de las partes armadas, e incluye sectores sociales con intereses socioeconómicos, político-ideológicos y culturales, que atienden a relaciones de dominación
y a estrategias de emancipación (Jerez, 2002b).

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Entre estas expresiones divergentes del modelo de acumulación
capitalista se tienen:
(i) Organizaciones partidarias y movimientos políticos de izquierda. El municipio de Segovia es señalado como la primera localidad de Antioquia en
la que hubo presencia del Partido Comunista Colombiano, PCC, cuyo
origen local se remonta al año de 1936 y que presentó una reestructuración
municipal en 1958, lo que le permitió ganar militancia e influencia en las
masas. El MOIR ingresa a la región a partir del año 1977 y orienta su trabajo
en torno a lo urbano y lo rural, especialmente conformando núcleos de
estudio del maoísmo, entre estudiantes, obreros independientes y mineros
artesanales (Colombia Nunca Más, 2000). Entre los movimientos políticos
se destacan la Unión Nacional de Oposición, UNO, la cual fue conformada
por el PC, el MOIR y algunos sectores de la ANAPO, esta propuesta tuvo
gran acogida electoral en la región en los años setenta; también, la Unión
Patriótica, UP, que entró a la región del bajo nordeste, ganando militancia y
escaños en las administraciones municipales, tanto en los Concejos como
en Alcaldías locales de Segovia y Remedios en 1988.
(ii) Organizaciones sindicales. El Sindicato de trabajadores de la Frontino
Gold Mines, Sinfromines, conformado en 1935, a partir de los años 60’s y
70’s, comenzó a tener una marcada influencia de los partidos de izquierda
existentes en la zona, lo que implicó una profundización en la visión clasista del mismo y radicalización de su accionar.
(iii) Organizaciones sociales, agrarias y de pequeños mineros. A finales de los
años sesenta, surge en la subregión el movimiento agrario “Pan y trabajo”
(Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño [Cahucopana], 2006, 3), cuyo accionar estaba dirigido
a la exigibilidad de mejores condiciones de vida para los campesinos,
principalmente en lo que tiene que ver con infraestructura y servicios
públicos. Por otra parte, en la década de los setenta, surge el movimiento,
“los Barequeros”, conformado por pequeños mineros a quienes la Frontino Gold Mines, acusaba de explotar ilegalmente el suelo suburbano
de Segovia. Iniciando la década de los años 80´s surge la Coordinadora
Campesina del Magdalena Medio, como apuesta del campesinado que
buscaba la denuncia ante los crímenes cometidos por grupos parami72

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litares. Finalmente, las Juntas Cívicas, que fueron apuestas sociales que
reivindicaron mejores condiciones de vida en el Nordeste, y particularmente en Remedios, a mediados de los años 80´s, dentro de sus objetivos
se encontraban la organización barrial, la autogestión, la solidaridad y la
justicia comunal.
(iv) Organizaciones guerrilleras. A comienzos de la década de los setenta,
empezó a operar en la subregión el Ejército de Liberación Nacional,
ELN, por medio del frente “José Antonio Galán”, cuyo campo de acción
incluía (además de Remedios y Segovia) los municipios de Zaragoza, El
Bagre, Maceo, Yolombó, Amalfi y Anorí. En cuanto a las FARC-EP, en
1966, esta organización crea el Frente IV, cuyo accionar en el Magdalena
Medio le permitió el desdoblamiento y la consolidación de por lo menos
5 estructuras más49.
La respuesta dada por las empresas que implementaban megaproyectos en la región, como la Frontino Gold Mines, a estas organizaciones
que amenazaban sus intereses, fue la solicitud de protección al Gobierno,
solicitud que encontró como respuesta la creación de diferentes batallones
militares, cuyas instalaciones se encontraban en predios de las compañías, lo
que les suministraban condiciones logísticas a los uniformados, tal fue el caso
de la Frontino. Pero, la presencia de la fuerza pública no era suficiente para
la empresa, por lo cual “apoyaron la constitución de grupos paramilitares y
prohibieron los procesos organizativos de los trabajadores y cualquier tipo
de expresión de protesta.” (Cahucopana, 2007, 5).
En el Nordeste, finalizando los años 70’s, ganaderos latifundistas
iniciaron su vinculación con el narcotráfico y, posteriormente, ya en la década
de los 80’s, participaron en la conformación de grupos paramilitares50. Dentro
49

50

Entre estos nuevos frentes, surgidos principalmente en los años 80’s se tienen: el X, con radio de
acción en el Nordeste Antioqueño; el V, con accionar en Urabá; XXII con campo de operaciones
en el Carare y Puerto Boyacá; y el Frente XI, cuyo accionar se concentra en Yacopí, la provincia de
Río Negro y la zona esmeraldifera. (Molano, 2009, 43, 50).
Debe señalarse que la “legalidad” de los grupos paramilitares fue el estatuto orgánico para la defensa
nacional, que rigió desde 1965 hasta finales de los años ochenta, dicha norma preveía la “viabilidad
y licitud” de la conformación de “grupos de autodefensas” los cuales fueron promovidos por las
fuerzas militares.

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de las estructuras que se crearon en la zona y que trabajaron en alianza con el
Batallón Bomboná, se encuentra el denominado “Muerte A Secuestradores”,
MAS51, en el cual fueron reclutados, por integrantes de este batallón, los hermanos Castaño Gil. Los Castaño llegaron a Segovia, procedentes de Amalfi y
antes de ingresar al MAS ya habían organizado grupos de vigilancia privada
para su seguridad en Segovia. Fidel Castaño, era en el Nordeste Antioqueño
un reconocido narcotraficante, que tenía para 1978 como centro de operaciones el municipio de Segovia, (Colombia Nunca Más, 2000), durante su
instancia en el municipio, hasta el año 1985, cuando se traslada a Córdoba
(a apropiarse de las tierras del valle del río Sinú), amasó una fortuna superior a los mil millones de pesos, producto de “robar camiones de mercancía,
explotar una mina de oro en Remedios, robar madera, caballos y ganado,
destilar aguardiente en su propio alambique, conformar el grupo [Muerte
a Revolucionarios del Nordeste], tener negocios con Víctor Carranza y ser
socio de Pablo Escobar.” (Glenda, 2004, 94)52.
La apuesta de los paramilitares del MAS (del MRN, de las Autodefensas del Nordeste Antioqueño –ANA– y posteriormente de las AUC),
sería el propugnar por un capitalismo que respete y garantice la libertad de
mercados, la libre iniciativa empresarial y el derecho a la propiedad privada,
con un Estado al que excepcionalmente le competería la intervención en el
campo económico (Castaño, 1999). Para la consolidación de este modelo y la
nueva geograf ía del capital posterior al Frente Nacional, la violencia paraestatal sería fundamental, específicamente en Remedios y Segovia, entre los
años 1982 y 200553.
51

52

53

El MAS fue una organización constituida por 223 jefes de la mafia, quienes en 1981, aportaron
recursos económicos suficientes para armar a 2.230 hombres y se unieron en una lucha antisecuestro
(actividad de la que eran víctimas por parte de la guerrilla). El grupo, según Pablo Escobar, (quien
habría sido uno de sus líderes) a partir de 1982, se dedicó a realizar el trabajo sucio de quienes
defienden la ley. A partir de ese año, grupos de civiles armados en regiones rurales empezaron
a identificarse con estas siglas y, en 1983, el Procurador General relacionó a 163 personas con el
MAS, entre estos, 59 miembros activos de la Fuerza Pública. (Centro de investigación y educación
popular, Banco de Datos [CINEP, Banco de Datos], 2004, 69).
El paramilitarismo, propuesto desde las bases militares, estuvo, desde sus comienzos, directamente
relacionado con el narcotráfico. La apuesta de los efectivos estatales, se alimentó y expandió al aparato
armado de escoltas, sicarios y terroristas del narcotráfico que protegían los intereses económicos
de este sector.
Año en que se desmovilizaron los Frentes Nordeste Antioqueño, Bajo Cauca y Magdalena Medio
del Bloque Central Bolívar de las AUC.

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La territorialización paramilitar, tendría como método principal
la implementación de crímenes de lesa humanidad, “cuya comisión se da a
partir de intimidaciones, amenazas, asesinatos selectivos, masacres, expropiación violenta de tierras y ejecución de grandes operativos militares” (Jerez,
2002b), de estos, la masacre, sería la modalidad delictiva que, sobre la base del
terror, permite la configuración territorial para el gran capital extractivo y la
economía de enclave, en lo que Alfredo Molano ha llamado la función social
de la masacre (Molano, 2009, junio, 11). Es así como durante este periodo se
crea y se extiende el paramilitarismo en el Magdalena Medio, al igual que en
el Nordeste Antioqueño54, como una iniciativa local de parte de los mandos
del Batallón Bomboná.
La alianza entre ganaderos, militares, paramilitares y narcotraficantes
tuvo como finalidad principal, no la lucha contrainsurgente, sino la adquisición y acumulación de propiedades rurales, la apropiación de las fértiles y
ricas tierras del Magdalena Medio, en una estrategia de tierra arrasada que
despobló el campo: “pues no sólo se mataba al campesino por ser presunto
guerrillero, sino para arrebatarle sus propiedades cuando no quería venderlas a precio irrisorio” (Calvo, 2007). Como parte de la homogenización del
espacio, para garantizar la implementación de un territorio capitalista rural,
donde el que hasta ese momento fuera campesino, dueño de la tierra que le
permitía la reproducción ampliada de la vida, ahora sería mano de obra, cuya
venta de la fuerza de trabajo, permitiría a los capitalistas regionales y empresas
transnacionales, la circulación de capital, la expansión e intensificación de la
acumulación capitalista, en lo que representa una pugna entre dos modelos
territoriales: el campesino y el del capital.
Pero la acumulación realizada por los paramilitares no solo se limitó a
tierras y propiedades inmuebles, sino que incluyó centros médicos y emisoras,
54

Se ha optado por este periodo debido a que, durante el mismo, se presentan crímenes atroces
recordados por la población y cuya autoría recae en las fuerzas paramilitares y estatales. Memoria
Histórica, de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, plantea como fecha de inicio
de su estudio sobre Segovia, el año 1983, pero esta visión deja por fuera hechos significativos para
la población, como las masacres de mediados de 1982, la imprecisión podría contribuir al olvido
social de los sucesos y a la impunidad de los victimarios. Ver: Comisión Nacional de Reparación y
Reconciliación, Memoria Histórica (s.f.).

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adquiridas mediante apuestas organizativas del paramilitarismo regional que
servían para la canalización de recursos (Calvo, 2007).
El MAS, como una estrategia de sectores económicos para acumular
riqueza en la región, se evidenció en la constante negación de su existencia y
en la defensa a ultranza de los militares vinculados con esta estructura, que
realizaron los principales gremios económicos nacionales (Calvo, 2007), a
pesar de las múltiples masacres y los asesinatos cometidos.
Las primeras acciones delictivas realizadas por las estructuras conocidas como el MAS, ocurrieron entre los meses de junio y julio de 1982, en
la vereda Cañaveral, donde fueron ejecutadas por lo menos 11 personas, en
diferentes sucesos. Las víctimas fueron principalmente pequeños mineros,
militantes del Partido Comunista. Los diferentes hechos ocurrieron cerca a
la finca El Hundidor, propiedad de los hermanos Castaño.
A partir del año 1983, el proyecto paramilitar contó con la colaboración directa de los mandos militares de la Brigada XIV, establecida en Puerto
Berrío, desde el mismo Comandante de la Brigada, Farouk Yanine Díaz; lo
que le permitió extenderse por todo el Magdalena Medio, de igual forma
en ese año inicia la financiación a paramilitares por parte de los ganaderos
habitantes de la zona55. El 28 de julio de ese año, dos integrantes del Batallón
Bomboná, dirigidos por el Capitán Francisco Rey, dieron muerte a Gilberto
Gallego Copeland, dirigente regional del Partido Comunista y concejal de
Segovia por la UNO, quien además, era asesor del Sindicato de la Frontino
Gold Mines. Ana Teresa Madrigal, testigo de los hechos, fue encontrada sin
vida el 12 de agosto de ese mismo año.
El 1 de agosto de 1983, 35 hombres fuertemente armados, salieron
de la base militar de Segovia en dos vehículos, uno de ellos, propiedad de
la Frontino Gold Mines prestado al oficial Jorge Eligio Valbuena Barriga, y
tomaron rumbo a Cañaveral, recorriendo la región de Manila entre el 2 y el
12 de agosto, lista en mano, torturaron y asesinaron entre 30 y 40 personas,
55

Carlos Castaño indica que para el año 1983: “comenzó un crecimiento muy grande [de las autodefensas] y ya brotaron grupos allí, grupos aquí, grupos allá […] entonces comenzaron a ayudarnos
ciertas personas: ganaderos tradicionales del Magdalena Medio que tenía cómo aportar dinero”.
(Colombia Nunca Más, 2000, 391-392).

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

entre ellos mujeres, niños y ancianos, algunos de estos militantes del PC y
del MOIR e integrantes de las Ligas Campesinas.
Posteriormente, el 18 de noviembre de 1983, sería asesinado en
Remedios, el minero Evelio Herrera, a manos de un grupo paramilitar y, el
20 de enero de 1984, desaparecido en ese mismo municipio, el campesino
Jesús Soto Toro, participante de las movilizaciones realizadas para exigir a las
autoridades el esclarecimiento de los crímenes sucedidos a partir de 1982.
Entre el 20 de enero y el 2 de febrero de 1984, por lo menos 6.000
campesinos llegaron desplazados a Remedios, ante el temor por nuevos hechos
delictivos a manos de los paramilitares y el ejército, este desplazamiento llevó
a la formulación de una mesa de interlocución, de la cual surgieron varios
acuerdos, sobre la situación de los derechos humanos y las condiciones
socioeconómicas en el campo, con delegados de las administraciones local y
departamental, así como con el gobierno central, pero,
pese a que lograron ser escuchados, los campesinos fueron estigmatizados por el gobierno, cuyos representantes afirmaron que
el éxodo era una iniciativa de la insurgencia. […] las promesas
hechas por el gobierno a los manifestantes nunca se cumplieron.
Los crímenes no fueron investigados y las condiciones de vida de
los campesinos, lejos de mejorar, se agravaron con la represión
que se desencadenó contra ellos una vez volvieron a sus hogares.
(Cahucopana, 2006, 7-8).

En medio del despojo, el desplazamiento, las masacres y los asesinatos selectivos, irrumpe en el escenario regional la Unión Patriótica, que logró
en 1986, acceder a la mayoría del Concejo municipal de Segovia, y en el año
1988, hacerse a las alcaldías de dicho municipio y de Remedios, durante la
administración upeista se adelantaron en la localidad obras de infraestructura,
que beneficiaron a los sectores populares. El acercamiento y consolidación de
la UP dentro de sectores urbanos vulnerables, implicó que la guerra contra
los sectores alternativos, tomara fuertes matices urbanos (Colombia Nunca
Más, 2000).
En efecto, la urbanización del accionar militar y paramilitar contra los
sectores sociales y políticos, diferentes al bipartidismo y a la élite económica,
77

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se centró contra los militantes y líderes de la Unión Patriótica. Empezaron
a circular comunicados y aparecieron grafitis en los muros, amenazando a
destacados dirigentes de la UP. Esta vez, quienes firmaban era el grupo Muerte
a Revolucionarios del Nordeste, MRN, estructura paramilitar que tenía como
antecedentes al MAS y mantenía todavía su dirección: “los mandos militares
del Batallón Bomboná, Fidel Castaño, Alfredo Baquero y Benjamín Lopera”
(International Peace Observatory [IPO], 2006, 54), además del gamonal
regional, Cesar Augusto Pérez García. De igual forma, como ocurrió con el
MAS, bienes pertenecientes a la Frontino Gold Mines, fueron usados por el
MRN para llevar a cabo su accionar delictivo.
El 16 de marzo de 1986, fueron detenidos, torturados y asesinados
por integrantes del batallón Bomboná, el coordinador de la Unión Patriótica
en el Bagre, Luis Eduardo Rojas, junto a una mujer menor de edad y cuatro
hombres sin identificar, en hechos ocurridos en el municipio de Segovia.
Posteriormente, el 18 de noviembre del mismo año, fue encontrado sin vida,
Manuel Ceballos, su cadáver presentaba signos de tortura. El homicidio se
presentó después de que Ceballos, dirigente agrario de la UP, fuera retenido
por militares de la XIV Brigada. La tortura se convirtió en una modalidad
delictiva cometida frecuentemente por los uniformados: Según datos del
proyecto, Colombia Nunca Más, entre mayo de 1986 y julio de 1988, por lo
menos 22 personas fueron objeto de tortura a manos de militares que operan
en el Bajo Nordeste.
Paralelo a las torturas, los tratos crueles, inhumanos y degradantes,
los homicidios continuaron y se incrementaron, siendo su blanco, principalmente, los dirigentes campesinos e integrantes de la UP y del PCC. Quienes ejecutaban mayoritariamente las acciones eran integrantes del MRN,
estructura que declaró su guerra contra la UP en abril de 1988, mediante
la amenaza a los alcaldes electos de Apartadó, Yondó, Mutatá, Remedios y
Segovia, municipios de gran presencia de la izquierda (lo que se reflejó en
los comicios), pero también, de importancia geopolítica y económica. En
Segovia, además de amenazar al alcalde, también fueron objeto de amenaza
los siete concejales Upeistas.
Dentro de los asesinatos cometidos por los paramilitares, en su
exterminio a la UP en el Nordeste, se tiene el de los campesinos, Seraf ín
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Antonio Ruiz Villla y Jesús Abad Ruiz Villa, cometido el 21 de enero de 1988
en Segovia; el de Jorge Toro, ocurrido el 1 de febrero de 1988 en Remedios;
el asesinato de Francisco Vargas y Carlos Yace, el 7 de febrero de 1988 en
Remedios; el de Nohemí Rua, perpetrado en Segovia, el 20 de abril de 1988; y
el de Alfredo Gómez Doria, en Remedios, el 17 de septiembre de 1988 (Cinep,
Banco de Datos, 2004).
Uno de los crímenes más recordados y que mayor conmoción generó,
fue el homicidio del alcalde electo, Elkín de Jesús Martínez, hecho ocurrido
el 1 de junio de 1988, en la ciudad de Medellín y realizado por el MRN. El
asesinato generó “un paro cívico de vastas proporciones en rechazo de este
crimen.” (Colombia Nunca Más, 2000, 410).
Posterior a este delito, se realizó el 11 de noviembre de 1988, la
“masacre de Segovia”, crimen que fue anunciado mediante grafitis y comunicados, donde se indicaba la proximidad de una acción contra “comunistas
y guerrilleros”. Los hechos ocurrieron al atardecer, en el casco urbano del
municipio, estuvieron involucrados cerca de 30 individuos quienes se identificaron como integrantes del MRN. Los paramilitares dispararon indiscriminadamente contra la población civil, ejecutando a 42 personas y dejando
un número indeterminado de heridos. Según el Proyecto Colombia Nunca
Más, la masacre “fue planeada directamente en el cuartel general de la XIV
Brigada, en Puerto Berrío. La reunión de planificación estuvo presidida por
el propio comandante de dicha Brigada, Brigadier General Raúl Rojas Cubillos” (Colombia Nunca Más, 2000, 427), dentro de los asistentes, además, se
encontraban mandos del B-2, del Batallón Bomboná (quienes gestionaron
ante Francisco Uribe, Jefe de Negocios y finanzas de la Frontino Gold Mines
la impresión de volantes y comunicados alusivos a la masacre).
De igual forma, sobre la futura realización del crimen, conocía el
Comandante de Policía de Segovia, con quien el paramilitar, “Negro Vladimir”,
se reunió en la Base del Ejército, así como el gerente de la empresa Frontino
Gold Mines, quien dijo estar “dispuesto a colaborar en algo” (Colombia
Nunca Más, 2000, 428) para el desarrollo de la masacre, según testimonio
del paramilitar.
A la investigación adelantada por los hechos fue relacionado, el 13
de mayo de 2010, el ex congresista César Pérez García, quien fue vinculado
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en calidad de determinador, en el proceso por la masacre de Segovia. Pérez
García ya había sido vinculado al proceso en septiembre de 1995. La Fiscalía
Regional de Medellín indicó que no existían pruebas contra el ex congresista, pero, en 2009, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General
de la Nación, encontró meritos para su revinculación, por lo que remitió el
expediente a la Corte Suprema de Justicia, en donde se le investiga por los
delitos de homicidio múltiple agravado, terrorismo, concierto para delinquir
y lesiones personales (El Colombiano, 2010).
Los homicidios, en general, a finales de los 80´s tuvieron tales dimensiones que “al sacerdote de Remedios, en 1988, se le acabaron las tumbas que
tenía disponibles para ese año, pues las víctimas de los asesinatos con arma de
fuego fueron tantas que se debieron usar totalmente” (CCJ, 1993, 33). Durante
1989 y 1990, los paramilitares continuaron la arremetida contra los militantes
de la Unión Patriótica en Remedios y en Segovia, victimizando, por lo menos,
a diez de sus integrantes, incluyendo a quienes se desempeñaban como concejales y dirigentes de organizaciones sociales, particularmente mineras. Los
crímenes por motivos políticos en la subregión Nordeste durante 1990 llegaron a catorce y en 1991 a dieciséis. Una vez iniciada la última década del siglo
XX, se puede decir que el capital perfeccionó y consolidó una herramienta
que permitió la acumulación de capitales: el paramilitarismo.

El final del siglo XX: violencia paramilitar
y circulación de capital
La entrada de Brigadas Móviles y otros cuerpos de las Fuerzas Militares, como destacamentos orientados a la protección de vías e infraestructura
(como el oleoducto Colombia), en la subregión nordeste a finales de 1990,
trajo consigo la militarización de la vida rural y el aumento de atropellos por
parte del ejército hacia campesinos y pequeños mineros. Iniciando así, un
periodo en el que “la explotación minera y el paso del oleoducto van a estar
ligados a las relaciones de poder y a la comisión de crímenes de lesa humanidad” (Colombia Nunca Más, 2000, 445). En efecto, la extracción minera fue
uno de los factores que, durante el inicio de los años 90´s, generó conflictos
sociales y atizó la confrontación armada.
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En el año de 1991, los pequeños mineros entraron en un nuevo episodio del histórico conflicto con la compañía Frontino Gold Mines, tras la
expedición de la Resolución No. 1.518 de agosto 15 de 1991, del Ministerio
de Minas y Energía, en la cual se ordenaba el cierre de unas “explotaciones
ilícitas”56, las cuales eran trabajadas por mineros independientes y se encontraban, tanto en terrenos de Remedios como de Segovia, la medida favorecía
la acumulación de capitales de la Frontino mediante la desposesión a los
pequeños mineros:
Con esta resolución del Gobierno Nacional, quedaba el campo
expedito para que las minas municipales y otras de la Frontino, que
estaban siendo explotadas por mineros independientes, pudieran
ser adquiridas definitivamente por la compañía extranjera para
satisfacer su voraz apetito expansionista […] Este nuevo mecanismo,
utilizado para explotar en su totalidad el subsuelo del eje minero
del nordeste, estuvo avalado nuevamente por los intereses de César
Augusto Pérez García en alianza con empleados de la Frontino y
que, a su vez, son militantes del Partido Liberal (Colombia Nunca
Más, 2000, 446).

De esta manera, la empresa acumulaba más tierras en la región,
siendo propietaria, para la fecha de los hechos, de 2.800 Hectáreas57. El ejército
fue el garante del cumplimiento de la resolución ministerial. Se iba cerrando
así la construcción de una geograf ía económica acorde a los intereses de
sectores capitalistas transnacionales, terratenientes y élites regionales, que
llevaba a configurar un territorio capitalista acorde a la visión de esta élite
que, mediante procesos de acumulación por desposesión, se desplegó principalmente haciendo uso del terror, ejercido tanto por sectores estatales como
paraestatales; estos sectores continuaron desarrollándose en el bajo nordeste,
durante la década de 1990, para cuya potenciación fueron fundamentales

56

57

Aproximadamente, 40 minas sin título y algunas de las cuales se encuentran en predios propiedad
de la Frontino Gold Mines.
En la actualidad, a la Frontino Gold Mines, según información de la Dirección de titulación minera
de la Secretaría de Minas de la Gobernación de Antioquia, se le reconoce la propiedad privada sobre
2871,5 Hectáreas; tiene licencia de explotación de oro en veta o filón sobre 100 Has.; y licencia para
exploración de auro argentífero en 9,72 Hectáreas.

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dispositivos legales estatales, como la implementación de medidas normativas
tendientes a facilitar el porte de armas de uso restringido a civiles, así como,
el accionar mediante técnicas y procedimientos distintos a los establecidos
para empresas tradicionales de vigilancia y seguridad, lo que se tradujo en
la creación de las convivir y en el surgimiento de grupos paramilitares como
ANA58 y, posteriormente, las ACCU y las AUC.
La promulgación de los Decretos 2535 de 1993, “por el cual se expiden normas sobre armas, municiones y explosivos” y el 356 de 1994, “por el
cual se expide el Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada”, así como de la
Resolución 368 de abril 27 de 1995, de la Superintendencia de Vigilancia y
Seguridad Privada fueron el sustento legal de las cooperativas de seguridad
Convivir, estructuras que fueron claves para la consolidación del paramilitarismo en Antioquia y el Magdalena Medio, ya que “reconocidos paramilitares,
con múltiples denuncias, fueron autorizados por el Estado para dirigirlas”
(IPC, s.f., 11), logrando así hacerse de manera legal a un gran arsenal, incluidas armas de uso exclusivo de las Fuerzas Militares59. En el departamento
de Antioquia, un gran promotor y acérrimo defensor de estos grupos de
vigilancia privada, fue el ex Gobernador y ex Presidente Álvaro Uribe Vélez,
quien autorizó durante su gobernación, a pesar de no estar facultado para
ello, la creación de por lo menos nueve estructuras “Convivir”, dirigidas por,

58

59

Autodefensas del Nordeste Antioqueño, ANA. Fue el nombre con el que se conoció a un grupo
paramilitar que operó en el Nordeste Antioqueño entre 1991 y 1993. Su aparición en la zona se
encuentra relacionada con la entrada a la región de la Brigada Móvil No. 2, su accionar incluía la
amenaza e intimidación a pobladores, el asesinato de civiles y la realización de retenes en carreteras. Dentro de la población que tenían por objetivo se encontraban los afiliados al Sindicato de la
Frontino Gold Mines y a SINTRAMINERGÉTICOS. Los integrantes de este grupo manifestaban
que “su financiación la obtenían de Ecopetrol, ‘Mineros de Antioquia’ y otras compañías ricas de
la región.” (CCJ, 1993, 53).
Un reporte publicado por la Revista Alternativa en marzo de 1997, informaba que, “como consta en
las actas del Comité Consultor de la Superintendencia, de enero a diciembre de 1996 esta entidad
aprobó para las Convivir la compra de 422 subametralladoras, 373 pistolas 9 mm, 217 escopetas
de repetición, 17 ametralladoras mini uzi, 70 fusiles, 109 revólveres 38 largo, y 41 armas de uso
restringido que pueden ir desde fusiles Galil hasta ametralladoras M 60, lanzacohetes, granadas de
fragmentación, rockets y morteros, cifras más que apreciables para 60 CONVIVIR. Si en verdad
lo que busca es, como lo anuncia el programa impulsado por el Gobernador de Antioquia, Álvaro
Uribe Vélez, Bienestar, progreso y paz con la red Convivir la tenencia de semejante cantidad de
armamento con su respectiva munición significa un enorme potencial de violencia y dista mucho
de ser una contribución para la paz.” (Alternativa, Marzo 15-abril 15 de 1997, 11).

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

entre otros, los comandantes paramilitares Salvatore Mancuso, “Monoleche”,
“Cadena”, Julián Bolívar, “Chepe Barrera”, siendo finalmente buena parte de
estas estructuras, el lado legal del paramilitarismo, lo que el ex comandante
de las AUC, Éver Veloza, alias HH sintetiza en la afirmación: “no nos digamos
mentiras, todas las Convivir eran nuestras.” (Polo Democrático Alternativo,
2008).
La irrupción de estos mecanismos “legalizadores” del paramilitarismo llevaron al aumento de los crímenes en el departamento. Los asesinatos
relacionados con el conflicto, y en particular aquellos cometidos por grupos
paramilitares, sucedidos durante el periodo 1990-2000, tuvieron magnitudes significativas, que posicionaron a Antioquia en el primer lugar, como el
departamento con el mayor número de homicidios del país, viéndose también afectado el departamento por la gran cantidad de homicidios múltiples,
(masacres), que se presentaron (Ver Tabla. No. 5). El estudio citado de Torres
y otros, ubica dentro de las nueve subregiones, a la subregión Nordeste, como
la de mayor tasa de homicidios: 201,58 por cada cien mil habitantes (Torres
et al., 2002).
Tabla No. 5
ANTIOQUIA
NÚMERO Y TASA DE HOMICIDIOS. 1990-2000
1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

Número de
Homicidios

10.302 12.224 11.506 10.460 9.434

8.338

8.970

8.215

6.569

6.836

7.738

tasa de
Homicidios
por cada
100 mil
habitantes

234,13 270,22 244,75 247,52 192,98 167,17 177,09 159,71 125,79 128,97 143,89

FUENTE: torres et al. (2002) comportamiento de la mortalidad violenta en antioquia 1990-2000. Revista CES
Medicina. Volumen 16 No. 3, p. 53.

En cuanto a los crímenes cometidos por los grupos paramilitares, el
Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del CINEP (Cinep,
Banco de Datos, 2004), señala que, entre el periodo 1988-2003, el paramili83

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

tarismo fue responsable de 3.712 ejecuciones extrajudiciales en Antioquia,
el 30% del total nacional, siendo el departamento con más casos reportados;
de igual forma, estos grupos fueron autores, para el mismo periodo de 624
desapariciones forzadas, equivalentes al 29,4% de la cantidad total del país
(Ver Tabla No. 6).
Tabla No. 6
ANTIOQUIA Y COLOMBIA
EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES Y DESAPARICIONES FORZADAS
COMETIDAS POR LOS PARAMILITARES. 1988-2003

ejecuciones extrajudiciales
desapariciones Forzadas

Antioquia

Colombia

Participación
departamental
en el total nacional (%)

3.712

12.398

30

624

2.121

29,4

FUENTE: cinep, Banco de datos, 2004.

Significativos fueron los hechos presentados el 22 de abril de 1996
en Segovia, cuando un grupo de paramilitares que se transportaban en
dos vehículos, recorrieron las calles de la población, ejecutando a catorce
personas e hiriendo a un número indeterminado y la masacre ocurrida en
Remedios el 2 de agosto de 1997, en la que los paramilitares asesinaron a
siete personas, entre ellos al ex alcalde y dirigente de la Unión Patriótica,
Carlos Rojo, cuatro mineros, un profesor y una comerciante (Cinep, Banco de
Datos, 2004).
Esta agudización de los crímenes cometidos por los grupos paramilitares se dio a la par de un aumento de estas organizaciones (facilitado por
los ya referidos apoyos militares, políticos y legales), que se denominaban
a sí mismas como “Autodefensas”. Los principales fortines de estos grupos
estaban en el Urabá y el Magdalena Medio. En la primera región, operaban
las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, bajo la dirección de los
hermanos Castaño, serían éstas las que impulsarían y serían el eje articulador
de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, cuya conferencia constitutiva
se realizaría en Urabá, el 18 de abril de 1997.
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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

Con la estructuración del paramilitarismo en una apuesta nacional,
se daría inicio a un planteamiento de la guerra de su parte y de sus aliados, que
reflejaba las lecturas económicas de la geograf ía del país que tenía la extrema
derecha y la circulación y expansión del capital, que se proponía, garantizar mediante la guerra sucia en: “una continuidad territorial desde Urabá,
pasando por Córdoba y Sucre, internándose en el Magdalena Medio a través
de la depresión Momposina y las localidades ribereñas, continuando por el
sur del Cesar y la provincia de Ocaña en Norte de Santander, hasta la región
fronteriza del Catatumbo, Tibú y Cúcuta” (Jerez, 2002); y del departamento
de Arauca. Lo que se conectaría con posiciones más al sur, de influencia del
río Magdalena, como son Puerto Berrío, Puerto Boyacá y La Dorada.
Es decir, el paramilitarismo pretendía un control espacial del noroccidente al nororiente del país y del río Magdalena hasta su desembocadura,
proyectando consolidar de manera territorial, la acumulación capitalista a
través de negocios ilícitos (cocaína, tráfico de armas y contrabando) y su
articulación con negocios legales, y principalmente:
desempeñando dos funciones adicionales de mayor significado,
que muestran claramente como se conjuga la lógica territorial con
la lógica capitalista en la producción de una nueva espacialidad. El
paraestado ha propiciado una profunda transformación (violenta)
de las relaciones de propiedad, y ha incidido sobre la redefinición
de las relaciones entre el capital y el trabajo, también recurriendo
al ejercicio de la violencia. (Estrada, 2010).

La magnitud nacional del paramilitarismo, permitió la implementación del terror de manera generalizada en el territorio colombiano y la
continuación de los crímenes durante finales del siglo XX y comienzos del
XXI, claro está, que la expansión de las AUC no impidió que en regiones como
el Magdalena Medio, Antioquia y Córdoba, se intensificara y profundizara
el modelo paramilitar de presencia estatal y la guerra contra los pobladores,
lo que se evidencia en el número de ejecuciones extrajudiciales cometidas
por estos grupos en Antioquia entre los años 1995 y 2002 (Cinep, Banco de
Datos, 2004), y en la alta tasa de homicidios registrados a inicios de la década
del 2000.
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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

Buena parte de los diez municipios que conforman el Nordeste presentaron, durante los años 2003 al 2009, tasas de homicidio superiores a los
niveles departamentales, que incluso la duplicaban; de otra parte, Yalí, fue el
municipio que menos homicidios presentó por cada cien mil habitantes. Del
bajo nordeste, fue Remedios el que presentó unas mayores tasas de homicidio
a inicios del siglo XXI (Ver Tabla No. 7).
Tabla No. 7
NORDESTE ANTIOQUEÑO
TASA DE HOMICIDIO POR MUNICIPIO. 2003-2009
Municipio

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

remedios

257,3

225,4

122,8

70,7

37,55

28,47

63,46

segovia

67,13

49,06

54,18

39,3

58,12

76,4

72,67

amalfi

109,94

110,71

43,85

67,75

48,02

109,6

33,12

vegachí

56,28

49,79

44,28

63,18

18,36

93,46

28,52

yalí

64,62

64,45

77,58

12,8

63,43

125,71

124,64

yolombó

156,47

19,01

64,92

53,9

38,51

47,27

51,07

cisneros

28,67

19,09

30,99

72,75

10,45

42,08

52,97

san roque

224,19

30,1

33,05

16,62

27,93

45,04

79,44

santo domingo

246,27

152,93

121,03

61,19

17,67

44,56

36,03

anorí

90,41

89,62

179,81

151,42

136,3

76,9

25,3

Antioquia

79,37

47,95

41,81

37,75

34

38,41

47,52

Nación

52,83

44,62

42,23

40,27

39,15

36,31

35,17

FUENTE: vicepresidencia de la república. observatorio del programa presidencial de dH y diH.

Las tasas de homicidio de la subregión fueron mucho más altas
que las departamentales y las nacionales iniciando el periodo comprendido
entre los años 2003 y 2009, esta diferencia fue reduciéndose a medida que se
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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

acercaba el final de la década, en la cual, las diferencias no tenían magnitudes
significativas, sin embargo, durante estos años fue mayor la tasa de homicidios en el nordeste, que la departamental y la nacional (Ver gráfica No. 1:
Comparativo de tasa de homicidios 2003-2009).
Gráfica No. 1
COMPARATIVO DE TASA DE HOMICIDIOS 2003-2009

El proceso de acumulación no se vio afectado con los incrementos
en crímenes y muertes violentas, tanto en el departamento como en el Nordeste, por el contrario, se perciben beneficios de la violencia ejercida por
los paramilitares en estos años, como el despliegue de una nueva geograf ía
regional de la acumulación, basada en la extracción de recursos naturales y
energéticos; la intensificación de procesos extractivos de minerales, particularmente el oro; el aumento en la agroindustria legal (por ejemplo, cultivos
de palma africana en el magdalena medio) e ilegal (coca); la formulación e
implementación de dispositivos institucionales para la acumulación (leyes,
decretos, etc.); la presencia cada vez mayoritaria del capital financiero; la
incorporación al modo de producción capitalista de actividades que no
operaban bajo esta lógica (como agriculturas campesinas); la regulación y
87

Nordeste Antioqueño 17x24.indd 87

14/07/2011 16:30:26

Nordeste antioqueño: territorio en disputa

estipulación del mercado de suelos; y el aumento en infraestructura para la
circulación del capital, entre otros.
Buena parte de los beneficios para el capital del accionar paramilitar,
principalmente en las zonas rurales, están relacionados con dos modalidades delictivas íntimamente relacionadas: el desplazamiento y el despojo de
tierras.

Antioquia: desplazamiento, despojo
y concentración de la tierra
Las muertes violentas durante los años 90´s, también fueron el preludio a la catástrofe departamental del desplazamiento forzado. Antioquia,
según los sistemas de información y monitoreo de Acción Social y de Codhes,
es el departamento que mayor cantidad de personas expulsa por causa del
conflicto. Según el Sistema de Información para la Población Desplazada, en
el país se han presentado 3.700.381 personas víctimas del desplazamiento
forzado, de éstos, 670.057, el 18,1% del total nacional, son la población que
ha salido expulsada de Antioquia60.
El SISDHES de la Consultoría para los Derechos Humanos y el
Desplazamiento, CODHES, presenta las cifras de población desplazada por
sitio de llegada, en este sistema, Antioquia, figura como el segundo departamento en concentración de población desplazada, con 454.532 personas,
superado por Bogotá, que registra 467.820 víctimas del desplazamiento, en
un periodo que comprende los años entre 1999 y 2010. Por su parte, Acción
Social, indica que hubo un total de 649.994 migrantes forzados, recibidos por
el departamento, entre los años 1998 y 2011.
A nivel de la subregión, según Acción Social, en el nordeste antioqueño, la cantidad de personas expulsadas entre los años 1998 y 2011 asciende
a 32.505 personas, el 4,9% del total departamental. Los datos municipales
señalan que, en el periodo indicado, los municipios que mayores cantidades
60

Bien hacia otros departamentos o bien de manera intermunicipal dentro del departamento. La
fecha de corte de los datos de Acción Social presentados son del 31 de marzo de 2011.

88

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

de población han expulsado son Anorí, Remedios y Segovia, con 8.471, 5.047
y 4.989 personas respectivamente. Los tres municipios equivalen al 57% del
total subregional y al 2,8% del total departamental (Ver Tabla No. 8).
Por otra parte, los municipios que presentan menores registros de
población desplazada son: Yalí, con 886 personas y Cisneros con 320 desplazados expulsados, durante los años 1998-2011.
Tabla No. 8
NORDESTE ANTIOQUEÑO
CONSOLIDADO DE LA POBLACIÓN DESPLAZADA.1998-2011
Municipio

Número de personas*

Porcentaje del municipio
con relación a la subregión

remedios

5.047

15,5%

segovia

4.989

15,3%

amalfi

3.178

9,8%

vegachí

2.123

6,5%

886

2,8%

yolombó

2.750

8,4%

cisneros

320

0,9%

san roque

2.635

8,1%

santo domingo

2.106

6,5%

anorí

8.471

26,1%

32.505

100,0%

yalí

Total Subregión
total antioquia

670.057

total Nacional

3.700.381

FUENTE: sistema de información para la población desplazada - acción social. Fecha de corte: 31 de marzo
de 2011.
* incluye acumulado 1997.

89

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

Al analizar el comportamiento del desplazamiento forzado en el
nordeste por años, se evidencia un crecimiento constante entre el 2000 y el
2003, con un pico excepcional en 2001, año en el que se desplazaron 6.393
personas (principalmente de Remedios y Anorí). Durante estos cuatro años
el promedio anual de expulsión fue de 3.212 personas. A partir de 2004 y
hasta 2010, se presenta una reducción del desplazamiento forzado, dándose
un promedio anual de 1.447 desplazados; la constante a la reducción se altera
en los primeros tres meses de 2011, año en el que se han registrado 4.769
desplazamientos, mayoritariamente de Anorí. (Ver gráfica No. 2: Desplazamiento forzado en el Nordeste Antioqueño. 1998-2011).
Gráfica No. 2
DESPLAZAMIENTO FORZADO EN EL NORDESTE ANTIOQUEÑO. 1998-2011

FUENTE: sistema de información para la población desplazada - acción social

Esta expulsión de población va de la mano de los niveles de concentración y despojo de la tierra en el departamento, lo que significa la
implementación de modelos de acumulación por desposesión, que beneficiaron a capitalistas rurales. El estudio de Gaviria y Muñoz, señala cómo en
Antioquia
90

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

para 1996, el 86,4% de los propietarios poseían predios de menos
de 20 has, y ocupaban el 17,8% del área total, mientras que el
2,9% propietarios de predios mayores de 100 has, poseían el
51,2%; para el 2004, los propietarios de predios menores a 10
has, (86%), se reparten el 15% del área y los dueños de predios
mayores a 100 has, (3%), concentran el 55% del territorio. (gaviria
& muñoz, 2007, 22).

A nivel subregional, en el nordeste, los propietarios de predios
menores de 20 has, en 1996, representaban el 62,9% de los propietarios con
un 7,9% del área, mientras que los dueños de predios mayores de 100 has,
correspondían al 4,1% del total con un 46% del área. Para el 2004, los predios
menores de 20 has, se encontraban en manos del 66,7% de los propietarios,
con un área de 7,9%; por otra parte, los inmuebles mayores a 100 has, representaban el 47,8% del área total, siendo propiedad de 3,8% de los dueños de
tierras en el Nordeste (Gaviria & Muñoz, 2007). Lo anterior, deja ver que, entre
el periodo 1996-2004, se presentó, por una parte, la división en la pequeña
propiedad, aumentando el número de propietarios y conservándose intacta
el área de terreno; y de otro lado, la reducción del número de propietarios en
los bienes de más de 100 has, con un aumento del área ocupada por dichos
predios. (Ver tabla No. 9).
Tabla No. 9
NORDESTE ANTIOQUEÑO
RANGOS DE PROPIEDAD. 1996-2004
Rangos
Hectáreas

Propietarios

Área de terreno

1996

2004

1996

2004

entre 0 - 20

62,9

66,7

7,9

7,9

entre 20 - 100

33,0

29,5

46,1

44,3

4,1

3,8

46,0

47,8

100,0

100,0

100,0

100,0

más de 100
total

FUENTE: gaviria & muñoz, 2007, 39.

91

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

El aumento de la concentración de tierras, básicamente, ha beneficiado a los latifundistas ganaderos y a la gran minería, pasando a nivel subregional el Gini de 0,760 a 0,784 de 1996 a 2004, siendo una de las cuatro subregiones con mayores índices de concentración de tierras. (Ver tabla No. 10).
Tabla No. 10
ANTIOQUIA
EVOLUCIÓN DEL GINI POR SUBREGIONES. 1996-2004
Año

Valle de Bajo Magdalena
Nordeste Norte Occidente Oriente Suroeste Urabá
Aburrá Cauca
Medio

1996

0,701

0,611

0,710

0,760

0,692

0,800

0,686

0,759

0,766

2004

0,654

0,797

0,742

0,784

0,827

0,832

0,733

0,774

0,729

FUENTE: gaviria & muñoz, 2007, 35.

A nivel de los municipios de la subregión, la concentración de la tierra rural, para el año 2006, dejaba ver diferencias entre éstos, según los datos
expuestos por el Departamento Administrativo de Planeación de la Gobernación de Antioquia. Según esta fuente, el municipio con menos inequidad
en la distribución de la tierra es Santo Domingo, con un coeficiente de Gini
de 0,5942; seguido de Cisneros, con un índice de 0,6245. En el otro extremo,
se presentan Yolombó y Yalí, con Gini de 0,7795 y 0,7399 respectivamente.
Del bajo Nordeste, Segovia presenta mayor concentración de la tierra que
Remedios, teniendo cada uno un Gini de, 0,713 y 0,6746, respectivamente
(Ver Tabla No. 11).
Tabla No. 11
NORDESTE ANTIOQUEÑO
COEFICIENTE DE CONCENTRACIÓN DE LA TIERRA (GINI). AÑO 2006
Municipio Amalfi Anorí Cisneros Remedios

índice

0,6616 0,7118 0,6245

0,6746

San
Santo
Segovia Vegachí
Roque Domingo

0,7055 0.5942

0,713

Yalí

Yolombó

0,7053 0,7399 0,7795

FUENTE: gobernación de antioquia. departamento administrativo de planeación, dirección sistemas de
indicadores.

92

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

Gaviria y Muñoz indican que la población desplazada en el nordeste
entre 1996 y 2004, equivale al 4,7% del total departamental, siendo Segovia el
segundo municipio expulsor de la subregión (14%) en ese rango de tiempo,
posición que no difiere a medida que avanza la década del 2000 e inicia la
segunda del siglo XXI61. En cuanto a los predios abandonados, el Nordeste
aportó el 2,7% del total presentado en Antioquia, durante el periodo mencionado, 582 hectáreas. (Gaviria & Muñoz, 2007).
El registro de hechos atribuibles a grupos de autodefensa desmovilizados colectivamente, ha arrojado, en el departamento de Antioquia, un
total de 409 personas que manifiestan haber perdido bienes (equivalentes al
11,45% del total de 3.571 víctimas registradas en el departamento), de estos,
254 corresponden a población desplazada. (Acción Social - Proyecto Protección de Tierras y Patrimonio de la Población Desplazada, 2009).
Esta fuente, si bien no es representativa, ni da cuenta de la magnitud
de la pérdida patrimonial, si permite conocer, por medio de las víctimas, algunas de las modalidades emprendidas por las AUC, como son: compraventas
que bajo el miedo del vendedor llevaban a favorecer al adquirente del bien;
la ocupación de predio por integrantes del grupo armado o por personas
autorizadas por estos; diversas formas de despojo que evidencian el interés
de la apropiación formal y legal, más allá de la ocupación de un bien; y la
destrucción e incendio de los predios, como mecanismo para lograr desalojos
con fines ocupacionales; entre otros. (Acción Social - Proyecto Protección de
Tierras y Patrimonio de la Población Desplazada, 2009).
La escasa participación de las víctimas en Justicia y Paz, debido a la
inexistente credibilidad en el proceso y el temor por presentarse como víctima
reclamante de tierras, hacen que en el registro no se presenten mayores datos
sobre casos sucedidos en el nordeste antioqueño.
La importancia de la presentación de las magnitudes del desplazamiento forzado, de la concentración de la tierra y del despojo u abandono de
61

El desplazamiento forzado se ha concentrado en la subregión en los municipios de Remedios, Segovia
y Anorí. Este último presenta el mayor número de población desplazada a partir de la migración
forzada de 4712 personas en los tres primeros meses de 2011.

93

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

bienes, consiste en mostrar estos como parte de una definición y un dominio
territorial por parte de los grupos armados, específicamente los paramilitares,
que propugnan, como ya se refirió, por un capitalismo fundamentado en la
libertad de mercado y de empresa, y en la propiedad privada. Capitalismo,
que hizo uso del accionar criminal, para generar dinámicas de acumulación
y expansión, y proyectarse en el tiempo y el espacio.

Profundización en la acumulación ligada
al capital minero
Los empresarios, dedicados a la extracción de minerales preciosos
en el Nordeste, también vieron posibilidades de aumentar la acumulación de
capitales desde finales del siglo XX, a partir de la intensificación y expansión
del conflicto armado, de la desposesión y la guerra.
Varios fueron los factores favorables al empresariado, se resaltan las
medidas normativas diseñadas para atacar la “minería ilegal”, es decir, aquella
minería tradicional, que se alejaba de las lógicas capitalistas de acumulación y
cuya finalidad principal, era la subsistencia y no la generación de excedentes,
producto de la explotación del trabajo vivo y de la tierra. La normatividad
implementada apuntó a una política económica contra los sectores tradicionales del campo, esencialmente desterritorializadora, presentándose de esa
forma, la máxima conjunción entre la lógica capitalista y la lógica territorial:
que fueran el mercado minero-energético y las empresas las ordenadoras del
territorio rural.
En la actualidad, el Ministro de Minas y Energía, Carlos Rodado
Noriega, ha señalado la próxima presentación de una reforma al Código, la cual
pretende atacar a la minería artesanal, eliminando el articulado que refiere a la
legalización de explotaciones realizadas por grupos y asociaciones de minería
tradicional62, bajo el pretexto de que con esta figura se estarían encubriendo
diversas formas de minería ilegal. Si bien, la normatividad vigente permite la
legalización de las explotaciones, en la práctica esta no ha dado resultados, en

62

Entre otros, el artículo 165 del actual Código, Ley 685 de 2001.

94

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

parte por la cantidad de requisitos y exigencias para su alcance63. A manera
de ilustración, para mediados del año 2006
Los pequeños mineros radicaron 3.634 solicitudes que fueron evaluadas; 2.049 fueron archivadas y solo 986 consideradas viables
para visitas; se realizaron 617 visitas de las cuales solo 107 pasaron a elaborar sus planes de obra y de manejo ambiental; al final
solo 4 contratos habían sido firmados. (Observatorio Indígena de
Seguimiento a Políticas Públicas y Derechos Étnicos, 2008).

Otro aspecto contemplado en la anunciada reforma, es el endurecimiento de los requisitos para acceder a un título minero, para lo cual se
solicitará mayor capacidad financiera y técnica (El Espectador, 2011, Junio
20), lo cual evidentemente no solo perjudica al minero artesanal sino que
favorece al gran empresario.
Las retaliaciones se han realizado desde una estrategia de criminalización que ha incluido los señalamientos del presidente Juan Manuel
Santos sobre la minería ilegal como la nueva fuente de financiación de grupos
armados, principalmente de la guerrilla de las FARC, convirtiéndose, según
anunció el Presidente, la persecución a la minería ilegal en la nueva prioridad
de las autoridades (BBC Mundo, 2011, Marzo 11). Lo cierto es que, como
se ha evidenciado anteriormente, buena parte de los grupos paramilitares
han ejercido influencia y control territorial en zonas de extracción no solo
de oro, también de plata, carbón y esmeraldas, pero no precisamente de
minería artesanal, sino de gran minería, la cual, en un buen número de casos,
63

Uno de esos requisitos es contar con un Plan de Trabajo y Obras, el cual, según el artículo 84 del
Código, debe contener los siguientes elementos y documentos: (1) Delimitación definitiva del área
de explotación; (2) Mapa topográfico de dicha área; (3) Detallada información cartográfica del área;
(4) Ubicación, cálculo y características de las reservas que habrán de ser explotadas en desarrollo
del proyecto; (5) Descripción y localización de las instalaciones y obras de minería, depósito de
minerales, beneficio y transporte y, si es del caso, de transformación; (6) Plan Minero de Explotación,
que incluya la indicación de las guías técnicas que se utilizarán; (7) Plan de Obra de Recuperación
geomorfológica paisajística y forestal del sistema alterado; (8) Escala y duración de la producción
esperada; (9) Características f ísicas y químicas de los minerales por explotarse; (10) Descripción y
localización de las obras e instalaciones necesarias para el ejercicio de las servidumbres inherentes
a las operaciones mineras; y (11) Plan de cierre de la explotación y abandono de los montajes y de
la infraestructura.

95

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

ha estado vinculada política y económicamente con el accionar criminal de
estos grupos.
En el Nordeste, por ejemplo, se ha presentado en diversos momentos
una estrecha relación con sectores paramilitares, en lo que se califica como
una íntima relación entre el capital transnacional y el aparato militar-paramilitar, evidenciada además de en lo señalado anteriormente en este texto,
en el manejo y regulación efectuados por los autodefensas de Castaño de la
producción y venta de oro en la región; así como en la desmovilización de
la estructura militar del Frente del Nordeste Antioqueño del Bloque Central
Bolívar, realizada en diciembre de 2005, en una finca del corregimiento de
Santa Helena, municipio de Remedios, cuya propiedad pasó de los hermanos
Castaño a la Frontino Gold Mines (IPO, 2006 ).
El tema de la extracción de recursos naturales como fuente de recursos económicos de los grupos armados ilegales, dadas las múltiples formas de
relación que se pueden presentar, exige la realización de lecturas rigurosas y
profundas sobre la economía política del conflicto armado colombiano, más
aun, cuando el gobierno plantea una postura en la discusión, desenfocando
del narcotráfico el tema de la financiación de la guerra, lamentablemente –y
habrá que investigar las razones– mucho tiempo después de que recursos
como el oro han sido soporte de las partes armadas en confrontación.
Los dispositivos institucionales, además de atacar la minería artesanal, directamente favorecen a la gran industria, en lo que es claramente un
reto por desaparecer las formas de producción diferentes a la capitalista, como
la modalidad de acumulación por desposesión (Harvey, 2004). El Código de
1988 (Decreto 2655 de 1988), bajo el supuesto de legalización de las formas
mineras, escondía la intencionalidad de ordenar la industrialización mediante
una serie de exigencias y procedimientos técnicos y de infraestructura que solo
el gran capital podía cumplir. La Ley 685 de 2001, Código de Minas vigente,
fortaleció de forma explícita al empresariado, desapareciendo la protección
a la minería en pequeña escala.
El Código coloca como iguales ante la ley a la pequeña minería
y a la transnacional, de modo que contraen costosas obligaciones
técnicas y organizacionales similares a pesar de que los impactos
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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

socioambientales son claramente diferenciados, y las condiciones
financieras distan mares de ser equivalentes (Observatorio Indígena
de Seguimiento a Políticas Públicas y Derechos Étnicos, 2008).

Los favorecimientos a la minería capitalista no deben sorprender,
toda vez que la Ley 685 de 2001, fue proyectada, asesorada y reglamentada
por los abogados de las compañías cementeras Holcim, Cemex y ladrillera
Santa Fé (Observatorio Indígena de Seguimiento a Políticas Públicas y Derechos Étnicos, 2008).
La apuesta capitalista del Código de Minas, aparece en su objetivo,
contemplado en el artículo 1: “fomentar la exploración técnica y la explotación de los recursos mineros de propiedad estatal y privada; estimular estas
actividades en orden a satisfacer los requerimientos de la demanda interna y
externa de los mismos”64. En el mismo sentido apuntaban las reformas establecidas en la Ley 1382 de 2010, declarada inexequible por la Corte Constitucional mediante la Sentencia C-366 de mayo 11 de 2011, debido a la falta
de consulta previa a las comunidades étnicas tradicionales65.

64
65

El subrayado está fuera del texto original.
Señala en la Sentencia el máximo tribunal de lo constitucional como fundamento de su decisión:
“La Corte advirtió que si bien estas normas no reforman expresamente las disposiciones del capítulo
XIV del Código de Minas referente a los grupos étnicos, ha de tenerse en cuenta que este Código
no excluye la actividad minera en las zonas donde habitan tradicionalmente dichas comunidades,
antes bien, permite que en estas áreas se adelanten labores de exploración y explotación, solo que las
somete a determinadas condiciones y requisitos. Esto significa que el conjunto de las disposiciones
del Código de Minas, entre ellas las que fueron objeto de reforma por la Ley 1382 de 2010, son
plenamente aplicables a la actividad minera desarrollada en los territorios indígenas y afrocolombianos. Adicionalmente, existe un consenso en el derecho constitucional colombiano y en el derecho
internacional de los derechos humanos, acerca de la incidencia de la exploración y explotación
minera en los territorios ancestrales de los pueblos étnicos y a la salvaguarda de la integridad de su
identidad cultural. Por consiguiente, las medidas legislativas y administrativas que tengan aplicación en dichas actividades deben estar precedidas de la participación efectiva de las comunidades
tradicionales afectadas, so pena de vulnerar sus derechos constitucionales. […] Para la Corte, como
la Ley 1382 de 2010 contiene decisiones legislativas que inciden directamente en la exploración y
explotación de recursos mineros en los territorios de las comunidades étnicas, su expedición debió
estar precedida de espacios de participación para dichos pueblos, en los términos del artículo 330 de
la Constitución y los artículos 6º y 15 del Convenio 169 de la OIT. En consecuencia, por tratarse de
medidas legislativas que afectan directamente a dichas comunidades, debieron someterse al trámite
de consulta previa, de acuerdo a los requisitos y etapas que se han precisado por la jurisprudencia.

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

El marco normativo favorable, la guerra, la inversión en infraestructura, la tecnología aplicada al proceso productivo, la formación de un
proletariado sin tierras a partir del desplazamiento y el despojo, aumentaron
las posibilidades de expansión en Antioquia del capital vinculado al sector
aurífero, que ha contado, en las dos últimas décadas, con importantes participaciones dentro de la producción nacional, representando un 40,64% del total
extraído entre los años 1990-2000, muy por encima de otros departamentos
como Córdoba y Bolívar (Ver Tabla No. 12).
Tabla No. 12
ANTIOQUIA Y COLOMBIA
PRODUCCIÓN ORO. (Kg). 1990-2010
Año

Antioquia

Total Colombia

Participación de Antioquia
en el total Nacional (%)

1990

18.328,87

29.352,31

62,44

1991

16.779,15

34.832,69

48,17

1992

13.264,36

32.113,39

41,31

1993

8.526,88

27.468,63

31,04

1994

4.911,02

20.759,67

23,66

1995

5.899,77

21.135,99

27,91

1996

9.218,33

22.072,69

41,76

1997

8.744,92

18.810,52

46,49

1998

5.447,66

18.811

28,96

1999

14.495,77

34.598,63

41,90

2000

15.098,11

37.018

40,79

2001

10.021,99

21.812,57

45,95

Al no haberse llevado a cabo dicha consulta previa, como se pudo comprobar a partir de las pruebas
recaudadas en el proceso, la Ley 1382 de 2010 resulta contraria a la Constitución y por ende, debe
ser declarada inexequible en su integridad” (Corte Constitucional, 2011, Mayo 13).

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

Total Colombia

Participación de Antioquia
en el total Nacional (%)

Año

Antioquia

2002

10.998,19

20.823,4

52,82

2003

27.071,63

46.514,58

58,2

2004

22.878,73

37.738,64

60,62

2005

22.376,18

35.786,25

62,53

2006

10.724,24

15.682,84

68,38

2007

11.414,18

15.481,55

73,73

2008

25.995,60

34.321,02

75,74

2009

28.027,85

47.837,77

58,59

2010

18.898,47

53.605,66

35,26

FUENTE: ministerio de minas y energía. sistema de información minero colombiano, simco (2010). http://
www.simco.gov.co/

A partir del 2001 y hasta el 2009, se presenta en la producción departamental un crecimiento constante, que lleva a Antioquia a aportar más de
la mitad de la producción nacional de oro, llegando, en el 2008 al punto más
alto, con un 75,7% del total nacional. Durante estos años, la dinámica nacional
de producción se vuelve aún más dependiente de la producción antioqueña.
Posteriormente, el SIMCO registra un decaimiento en la producción durante
el 2009 y el 2010, con un 58,59 y un 35,26%, respectivamente.
En el nivel subregional, la producción de oro durante el periodo
2004-2010, tuvo como principales protagonistas a Remedios y Segovia, municipios que aportaron cerca de las tres cuartas partes del total del producido
en el Nordeste, llegando incluso Segovia a representar, en el 2009, el 55% de
la producción subregional, con 7.162 kilogramos de oro. Durante el periodo,
Remedios tuvo su pico más alto en el año 2008, con un total de 4.495 kilos de
oro extraídos. Interesante resultó la participación del municipio Vegachí en el
año 2009, con 1.034 kilogramos de oro, lo que equivalía a más de siete veces
su producción en el año inmediatamente anterior. (Ver Tabla No. 13).
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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

Tabla No. 13
NORDESTE ANTIOQUEÑO
PRODUCCIÓN DE ORO (Kg). 2004-2010
Municipio

2004

2005

2006

2007

2008

2009

714,093 4.495,919 4.250,768

2010

remedios

1.969,711 2.552,593 1.429,558

segovia

1.774,754 1.562,054 1.805,316 3.361,535 5.518,482 7.162,088 1.707,980

amalfi

101,546

299,021

113,226

62,109

vegachí

48,0723

1,422

0,123

0

yalí

11,196

0,554

0,630

0,061

113,448

6,551

60,006

yolombó

0,6182

0,151

0,136

0,179

4,012

15,588

3,143

cisneros

0,59995

0,127

0,556

0,236

0,290

4,777

1,637

san roque

31,6374

11,862

49,242

64,979

374,010

193,388

178,101

santo domingo

73,6996

2,053

0,094

0

0,474

9,559

5,167

anorí

612,417

482,828

19,971

37,775

16,552

211,582

254,224

total subregión

4.624,25 4.912,67 3.418,85 4.240,967 10.883,34 13.094,11 4.211,818

total antioquia

22.878,73 22.376,18 10.724,24 11.414,18 25.995,60 28.027,85 18.898,47

(%) de
participación
y producción
Nordeste en el
departamento

20,21

21,95

31,88

37,16

218,289

933,416

205,737

235,216

141,865 1.034,071

832,928

41,87

46,72

22,30

FUENTE: ministerio de minas y energía. sistema de información minero colombiano, simco (2010). http://www.
simco.gov.co/

La participación de la subregión con relación al producido departamental se incrementó durante los años 2004-2009, esto debido al aumento en
el Nordeste del oro producido y a la reducción en la producción del resto del
departamento. (Ver Gráfico: Producción de oro en Antioquia y la Subregión
Nordeste. 2004-2010).
100

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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

Gráfico NO. 3
PRODUCCIÓN DE ORO EN ANTIOQUIA Y LA SUBREGIÓN NORDESTE. 2004-2010

FUENTE: ministerio de minas y energía. sistema de información minero colombiano, simco (2010). http://www.
simco.gov.co/

Por otra parte, se tiene que Antioquia y, particularmente, el Nordeste
Antioqueño, se proyectan como un referente productivo nacional dentro de
los planes gubernamentales, profundizando y expandiendo el espacio geográfico de acumulación basado en la gran minería, lo que se refleja en: “La venta
realizada por el gobierno de los activos de la empresa Frontino Gold Mines
(en Liquidación obligatoria) a la compañía canadiense Medoro Resources,
desconociendo un acuerdo firmado en 1979, ante notario público en New
York (EEUU) por los entonces dueños, estadounidenses, y los empleados, en
el cual se hacía dación en pago de los activos de la Frontino a los trabajadores
por las acreencias laborales que los propietarios poseían con éstos.
La declaratoria de liquidación obligatoria, así como la venta de los
activos, se ven como una estrategia gubernamental para desconocer los derechos de los empleados y pensionados, y para dejar irregular e ilegalmente la
Compañía al capital transnacional, ya que adquirir la Frontino, a pesar del
pasivo pensional, es un buen negocio: durante 155 años ha producido 4.5
101

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

millones de onzas de oro, es poseedora de un título minero a perpetuidad
(de los cuatro existentes en el país con esa característica), tiene reservas de
por lo menos 5 millones de onzas, produce 55.000 onzas al año y con una
inversión relativamente pequeña podría subir rápidamente esa producción a
250.000 onzas/año (Gómez, 2010, septiembre, 2).
Por otro lado, se tienen las apuestas nacionales para el sector de los
metales y piedras preciosas, joyería y bisutería, desarrolladas en la Agenda
Interna para la productividad y la competitividad. El objetivo central es lograr
que, en el año 2015, esta cadena industrial se destaque como una de las principales promotoras del desarrollo socioeconómico del país, y que Colombia
se convierta en un líder regional en la fabricación y exportación de artículos
de joyería. Antioquia, dentro de su apuesta regional para el sector, busca
consolidar la actividad minera como la de mayor crecimiento por medio de
procesos sostenibles. Para lo anterior, se deberán solucionar los principales
obstáculos presentes en el sector: la poca calificación de la mano de obra (léase
minería tradicional, pequeña y campesina), la falta de asistencia técnica y
especializada y los bajos niveles de calidad y diseño de joyas. (Departamento
Nacional de Planeación [DNP], 2007(b)).
Ligado a lo anterior, se encuentran las apuestas productivas en
carbón, oro y calcáreos, desarrolladas en el Documento Regional Antioquia
de la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad, que señala
como prioridades, la necesidad de atraer inversión nacional y extranjera,
indispensable para promoverlo aún más; la inversión que debe realizarse
ante la insuficiencia en vías e infraestructura, insuficiencia causal de la no
integración de las nueve subregiones; la implementación de cluster, procesos
asociativos y sistemas productivos regionales; entre otras, que permitirán el
inicio de nuevos proyectos extractivos mineros en las subregiones, para aprovechar el contexto internacional de alta demanda de oro, extracción cuyo base
fundamental se concentra en las empresas, principalmente transnacionales,
que desarrollan minería a gran escala, que tienen alta capacidad de inversión e infraestructura tecnificada adecuada para la exploración, explotación,
transporte, embarque y control ambiental (DNP, 2007(a)).
Paralelo a lo anterior, la Agenda Interna Regional, presenta la minería artesanal como aquella que utiliza técnicas con efectos nocivos para el
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proceso de coNstruccióN territorial del Bajo Nordeste desde la racioNalidad capitalista

ambiente, indiscriminada, que está asociada a la ilegalidad y que simboliza
las deficiencias del sector minero del país. (DNP, 2007(a)).
Otro documento que deja ver las proyecciones hechas sobre la
minería en el Nordeste Antioqueño, es el documento marco “Colombia país
minero. Plan Nacional para el desarrollo minero. Visión al año 2019” en donde
se estipula que el Distrito Minero Nordeste Antioqueño sea el principal a nivel
nacional, en cuanto a producción aurífera, pasando de 21.977 Kg de oro en
el 2005 a 88.382 Kg en el año 2019. (Ministerio de Minas y Energía, Unidad
de Planeación Minero Energética, 2006, 33). (Ver Tabla No. 14).
Tabla No. 14
PROYECCIONES DE PRODUCCIÓN DE ORO (KG)
Año

Distrito Minero Nordeste
Antioqueño

Total Distritos Mineros

Total Nacional

2005 real

21.977

33.903

35.784

2006 p*

27.892

46.541

48.990

2007

30.889

51.118

53.808

2008

34.207

59.564

62.699

2009

37.882

68.005

71.924

2010

41.952

77.018

81.917

2011

48.458

84.141

90.264

2012

51.449

91.984

100.250

2013

56.977

105.624

116.783

2014

63.098

115.320

130.385

2015

67.497

123.536

143.873

2016

72.203

132.400

159.856

2017

77.236

141.960

179.034

2018

82.621

152.304

202.342

2019

88.382

163.472

231.023

* la proyección 2006 toma como base la producción más alta registrada en los últimos cuatro años.
FUENTE: ministerio de minas y energía, unidad de planeación minero energética, 2006, 33.

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

La etapa de consolidación de esta política minera se desarrollará en
la administración del Presidente Santos66, la cual buscará duplicar los niveles
de exportaciones mediante la actividad minera, lo que evidencia una de las
líneas de continuidad en materia económica del gobierno Uribe, donde el
departamento y la zona minera de la subregión Nordeste, tienen una importante participación.
Estos incrementos productivos despiertan los intereses de los empresarios locales, quienes esperan que “el Nordeste Antioqueño sea en el 2020
una región articulada al mundo, formada por ciudadanos educados, partícipes
del desarrollo sostenible del país, al potenciar sus recursos agroforestales y
minero energéticos” (Comité de empresarios ADHOC, 1999) lo que va de la
mano con la implementación de estructuras para la circulación de capitales
que, en clave de conectividad nacional e internacional, tienen una lectura del
espacio antioqueño como una posible salida de materias primas del interior
del país hacia el Caribe y Latinoamérica vía Panamá.
Lo anterior ha llevado al aumento en las solicitudes de titulaciones. La Dirección de Titulación y Fiscalización Minera de la Gobernación
de Antioquia, señala que en el municipio de Remedios, se han otorgado 90
contratos de concesión minera, 23 licencias de explotación, 16 licencias de
exploración y están en proceso 164 propuestas de contratos de concesión
minera. Por su parte, en CORANTIOQUIA, existen 31 trámites de licencia
ambiental para proyectos mineros en el bajo Nordeste: en Remedios 17 y en
Segovia 14, aprobándose 7 en cada uno de los municipios, estando aun por
licenciar 10 y 7 de los mismos, respectivamente.
El recorrido histórico realizado, permite identificar que el capital,
desde las primeras industrias del siglo XIX hasta el día de hoy, en Antioquia,
en su subregión Nordeste y en el Bajo Nordeste, se ha presentado con un
fuerte soporte en la acumulación por desposesión y la guerra. La extracción
aurífera del siglo XIX y comienzos del Siglo XX permitió la construcción
territorial del capital industrial y urbano en buena parte de Antioquia, así

66

Véase el programa de gobierno de Juan Manuel Santos en: http://archive.santospresidente.com/
pdf/plan-de-gobierno-juan-manuel-santos.pdf Recuperado el día 14 de septiembre de 2010.

104

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Proceso de construcción territorial del Bajo Nordeste desde la racionalidad capitalista

como estuvo directamente vinculada con procesos de migración hacia el
sur del departamento, abriendo nuevos espacios para la acumulación a
partir de la agroindustria cafetera. Esta brecha que en ese entonces se abría,
incorporaba modos de producción alternativos al capitalismo, añadia bienes
comunes a las lógicas del mercado y despojaba al productor agrícola de sus
tierras, con el fin de obligarlo a vender su fuerza de trabajo en las industrias
mineras.
Las nacientes industrias capitalistas alimentaron el imperialismo
británico y norteamericano, que, para el caso del primero, permitió darle
a la crisis capitalista europea del siglo XIX una salida espacial, mediante la
expansión geográfica a la circulación de capitales.
El Estado colombiano ha generado, a lo largo de la historia del capitalismo en nuestro país, una serie de dispositivos que permiten y facilitan la
circulación de capitales, en particular, con su normatividad, su infraestructura
ferroviaria y vial, y su seguridad.
A mediados del Siglo XIX, la Violencia fue clave para la activación
de un mercado inmobiliario en las zonas rurales, así como para la regulación
de los costos de la fuerza de trabajo en el Valle de Aburrá, mediante la construcción de un ejército obrero de reserva a partir de la migración forzada
y el aumento de la productividad en las industrias. En este periodo, lo que
se conoció como confrontación liberal–coservadora, se convirtió en una
confrontación obrero–patronal, debido a las evidentes intervenciones de las
empresas en la disputa política.
La producción de oro en el Nordeste modeló una geograf ía de
acumulación particular, la cual no refleja la magnitud de la riqueza que ha
sido expropiada de esta zona, considerada una de las más pobres del departamento, lo que evidentemente no cambiará y, por el contrario, se agudizará,
a partir de las proyecciones hechas sobre inversión minera y, la cada vez
mayor concentración de tierras, especialmente para el latifundio ganadero y
la especulación inmobiliaria. Esta geograf ía de la acumulación se ha basado,
en las últimas tres décadas, en la eliminación f ísica, el desplazamiento forzado
y el despojo de bienes. El Estado, los grupos paramilitares, las elites políticas
y las empresas transnacionales han victimizado a comunidades campesinas,
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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

pequeños mineros, obreros sindicalizados y militantes de izquierda, quienes
sufrieron la definición espacial y la construcción del territorio denominado
“Zona Minera” del Nordeste de Antioquia, en la ya célebre “condena de la
gente por la riqueza de la tierra”. Pero, no todo es tan fácil para el capital, a
pesar de lo anterior, sectores sociales resisten y construyen propuestas territoriales alternativas en el Bajo Nordeste.

106

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4
Alternativas y
resistencias territoriales
del campesinado:
Cahucopana y la Zona
de Reserva Campesina

S

i bien es cierto, que ha sido abrumador el impacto de la acumulación
capitalista en el Nordeste Antioqueño, a partir de su estructuración
sobre la desposesión y la guerra, ésta no ha logrado eliminar en totalidad a aquellos sectores que construyen espacios de resistencia y plantean
territorialidades alternativas a las del capital.
Al territorio capitalista descrito por David Harvey, basado en la dominación de clases y en las relaciones sociales de producción, el campesinado
del Nordeste Antioqueño, ha logrado proponer un territorio contradictorio,
antagónico, el territorio campesino, en términos de Bernardo Mançano. Este

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

se presenta como un derecho humano para el grupo poblacional campesino,
a partir de su ligazón inquebrantable con la tierra, la vida y otros derechos
humanos como el trabajo, la vivienda y la alimentación, siendo transversal a
éstos y exigible por sí mismo.
La territorialidad campesina de las áreas rurales del Nordeste
Antioqueño, se ha enmarcado dentro de aquellas construidas en la región
del Magdalena Medio y, a su vez, dentro de las que se dan en el Valle del río
Cimitarra. En ese orden de ideas, se presentan a continuación las experiencias más recientes que orientadas desde la resistencia al modelo territorial
del capital, significan una ruptura del modelo productivo dominante y sus
lógicas de acumulación, además, tienen como finalidad, tal como lo expresa
Coraggio, no sólo la generación de utilidades económicas, sino la generación
de sociedad, a partir de la reproducción con una creciente calidad de vida de
sus miembros y sus comunidades, el goce efectivo de derechos y el desarrollo
de las dimensiones de la vida. En estos procesos dos organizaciones locales
se destacan: la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra, ACVC y la
Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste
Antioqueño, CAHUCOPANA.

El Plan de Desarrollo Integral de Derechos Humanos
para el Magdalena Medio
Los procesos organizativos rurales surgidos a mitad de la década de
1990, recogen en sus apuestas, las diferentes iniciativas desarrolladas en la
zona desde mediados del siglo XX. Como se refirió anteriormente, la zona del
bajo Nordeste, especialmente el área rural, ha tenido una fuerte influencia del
Magdalena Medio, incluso las construcciones organizativas se han estructurado hacia esta región y no hacia el centro del departamento de Antioquia.
Tal ha sido el caso de las asociaciones campesinas.
Muchos de los líderes campesinos de los noventa, venían de las
luchas sociales y políticas que tuvieron su mayor nivel en los años 70’s y 80’s,
de allí que las reivindicaciones de las organizaciones y las comunidades sean
en los años 90’s, las mismas que en esos años. Las propuestas organizativas
que se estructuraban en aquella época, eran las Juntas de Acción Comunal,
108

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Alternativas y resistencias territoriales del campesinado...

las cooperativas67 y los diferentes tipos organizativos ya referidos (asociaciones sindicales, agrarias, de pequeños mineros, sociales, partidos políticos de
izquierda, etc.) cuyos principales requerimientos se orientaban al cumplimiento de los derechos fundamentales por parte del Estado, básicamente, el
respeto y la garantía del derecho a la vida y los derechos económicos, sociales
y culturales, como el “derecho a la salud, derecho a la vivienda, derecho a la
educación” (Associació Catalana per la Pau [ACP], 2007), así como la exigibilidad del derecho a la tierra, el reconocimiento político del campesinado y
el desarrollo comunitario.
Fue mediante el ejercicio de la movilización social que se hizo mayormente visible el abandono estatal y las necesidades de las comunidades rurales.
Particularmente, fueron las marchas campesinas de mayo de 1996 y el éxodo
hacía Barrancabermeja, ocurrido en octubre de 1998, los que evidenciaron la
ausencia del componente social del Estado (el componente coercitivo militar
estaba permanentemente en la región) y posibilitaron el planteamiento del
modelo territorial campesino, en la región del Magdalena Medio, así como
la del Valle del río Cimitarra y parte del Bajo Nordeste Antioqueño.
Las marchas campesinas de 1996, fueron la representación del
rechazo hacia los crímenes cometidos por los grupos paramilitares y la convivencia de las Fuerzas Militares con éstos. Los campesinos de los municipios
de Yondó, Remedios y Cantagallo, se movilizaron en mayo de ese año hasta
Barrancabermeja, donde permanecieron hasta finales de octubre, cuando iniciaron diálogos con los gobiernos municipales, el departamental y el nacional.
67

De este tipo de organización propia de las áreas rurales colombianas, es un referente en la zona
del valle del río Cimitarra la Cooperativa de Pequeños y Medianos Agricultores de Antioquia,
COOPEMANTIOQUIA, que surge en 1985 desde las Juntas de Acción Comunal como una tienda
comunitaria para beneficio de la comunidad, ubicada en Puerto Nuevo Ité. En un primer momento,
la Cooperativa se encarga de procesos de aprovisionamiento y comercialización en condiciones de
favorabilidad para el campesinado. Posteriormente, se proyecta como proceso organizativo, a su
vez, amplia su accionar comercial, llegando a tener una sucursal en La Congoja, sobre la carretera
que iba de Yondó a Remedios, y otra en Remedios. Las proyecciones para articular nuevos puntos
y sitios de bodegaje hacían que mayor cantidad de personas se vincularan al proceso organizativo.
A inicios de los años 90’s, se realizan recurrentes presiones por parte del ejército y los grupos
paramilitares, obligando a su cierre, finalmente en 1994. Un año después, en 1995, tras iniciativa
de la ACVC, nuevamente se abre la Cooperativa, hasta 1996, año en que, debido a las incursiones paramilitares, se cierra definitivamente. No obstante, en 1999, la ACVC nuevamente abre la
Cooperativa, funcionando en la actualidad con dos sedes (Asociación Campesina del Valle del río
Cimitarra [ACVC], 2000).

109

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

Los acuerdos logrados se orientaron a la garantía de condiciones de paz en
la región y a la elaboración de un Plan Integral de Desarrollo Agropecuario.
(ACVC, 2000).
Señalaba en ese entonces la Mesa regional permanente de trabajo
por la paz del Magdalena Medio (Mesa regional, 1999):
Cuando se organiza la marcha de 1996 con varias sub-sedes en
Puerto Rico, Barranco de Loba, Hatillo de Loba, Río Viejo, Morales,
y con sede principal en San Pablo, se integraron 17 municipios que,
representados por sus líderes comunitarios llegaron a formar 3
mesas de diálogos en torno a los ejes siguientes: salud, educación
y derechos humanos; infraestructura y saneamiento básico; producción agrícola, pesquera, minera y medio ambiente. Ya no fue un
listado de reclamos sino un principio de plan de desarrollo, según
fue aceptado por las mismas autoridades departamentales.

De lo acordado por las administraciones hubo un cumplimiento
parcial. A partir de esta movilización, de sus requerimientos organizativos
y de la necesidad de evaluar y recoger los acumulados del proceso, surge la
Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra, ACVC, como una
Propuesta orgánica de trabajo campesino a raíz de los incumplimientos por parte del Estado a los acuerdos firmados con los participantes en la marcha campesina en mayo de 1996; así como a
partir del incumplimiento de las administraciones municipales que
alcanzaron a recibir y clientelizar parte de las asignaciones fruto
de los acuerdos. Con estos antecedentes, y como reacción a estas
irregularidades, se reúnen inicialmente 56 Juntas de Acción Comunal
que conforman la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra.
Actualmente, la Asociación agrupa a 120 Juntas de Acción Comunal
de los municipios de Yondó, Remedios, Cantagallo y San Pablo,
comités de transportadores fluviales y comités de pescadores, que
representan unos 25.000 campesinos (Jerez, 2002a).

La continuidad de las violaciones a los derechos humanos por parte
de grupos paramilitares, no solo en la zona del Valle del río Cimitarra, sino
110

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Alternativas y resistencias territoriales del campesinado...

en las áreas urbanas de Barrancabermeja, Yondó y Remedios, así como el
inicio de fuertes operativos militares, lleva a que los campesinos decidan
desplazarse hacia Barrancabermeja el 21 de julio de 1998, en lo que se conoce
como el éxodo a Barranca, situación a la que se unirían posteriormente el
campesinado del sur de Bolívar, logrando conformar la Mesa regional permanente de trabajo por la paz del Magdalena Medio. De los acuerdos firmados
en esta ocasión por el Gobierno Nacional con la Mesa Regional, después de
103 días de éxodo, nace la propuesta del Plan de Desarrollo y de Protección
Integral de los Derechos Humanos del Magdalena Medio, el cual se formula
para 25 municipios de la región, desde escenarios participativos, gestados por
la ACVC “en el municipio de Cantagallo, el 20 y 21 de noviembre de 1998
[asistiendo] 700 campesinos provenientes de los municipios de Puerto Wilches, Barrancabermeja, San Pablo, Yondó, Cantagallo, Simití, bajo Simacota
y Remedios.” (Jerez, 2002a).
Claro está que, en aquel momento, las comunidades no planteaban
un modelo territorial particular, sino un modelo de desarrollo68 fundamentado
en los Derechos Humanos, alternativo al neoliberalismo autoritario que se
imponía principalmente desde el Estado y también desde sectores privados69
que habían hecho uso de la violencia para la acumulación de capitales, incrementando las desigualdades sociales en el espacio regional rural:
Pensar el Desarrollo en términos de la integralidad de los DD.HH.
implica, la superación de factores históricos y estructurales que han
mantenido a las comunidades de la región en el ostracismo político,
en el atraso económico, en la invisibilidad cultural, en condiciones de
miseria, de insalubridad; todo lo cual se agravó en la última década
por la agresión paraestatal que llevan a cabo grupos organizados
por sectores de las Fuerzas Armadas, las que no pocas veces actúan
de modo conjunto con los mismos. (Mesa regional, 1999).
68

69

Es necesario señalar que, aunque no se plantea explícitamente en los documentos de la época, la
alternativa planteada por el campesinado hacía lecturas que establecían relaciones intrínsecas entre:
desarrollo, economía, región (Magdalena Medio) y territorio.
Dentro de estos sectores privados se tienen: los narcotraficantes, los gremios económicos (agroindustriales, ganaderos y latifundistas), algunos miembros de los grupos económicos, los representantes
de las multinacionales con intereses en la región, los esmeralderos, e incluso, las organizaciones
delincuenciales comunes. (Jerez, 2002b).

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

La lectura que hacen las comunidades sobre la integralidad se
puede entender en dos sentidos: en primer lugar, como interdependencia
de los derechos humanos y, en segundo lugar, como interdependencia entre
los derechos y otros factores como el crecimiento económico, los recursos
financieros, técnicos e institucionales. El desarrollo estaba enfocado en el
documento como la plena satisfacción de los derechos humanos, es decir, la
realización de los derechos civiles y políticos, así como los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales:
Proponemos construir un modelo de Desarrollo Regional que busca
defender la vida y establecer condiciones dignas para la misma;
consideramos que un modelo de desarrollo no se mide únicamente
por el crecimiento económico, ni por la inserción de la región
en mercados regionales, nacionales e internacionales, sino por
el nivel de disfrute de los derechos civiles, políticos, económicos,
sociales y culturales de los habitantes de la región. (Mesa regional,
1999).

Pero el desarrollo, además, se planteaba como un derecho en sí
mismo, dado el enfoque de derechos que se proponía en el Plan, lo cual es
una lectura acorde con la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo y los
principales postulados sobre el tema que de ésta se han desprendido70.

70

Entre otros: (a) Se consagró un derecho humano inalienable al desarrollo, entendido éste como un
proceso global económico, social, cultural y político, que tiende al mejoramiento constante de la vida
de toda la población y de los individuos, sobre la base de su participación activa, libre y significativa
en la distribución de los beneficios que de él derivan; (b) Se acepta que la persona es el centro y el
fin del desarrollo, en una concepción de interdependencia e indivisibilidad de los derechos civiles
y políticos, de una parte, y los derechos económicos, sociales y culturales, de otra; (c) Se acepta
el desarrollo como un derecho que implica la plena realización de otro: a la libre determinación
y plena soberanía de los Estados sobre sus riquezas y recursos naturales; (d) Se sientan las bases
del principio de cooperación internacional consagrado en la Carta de las Naciones Unidas; (e) Se
atribuye al Estado la principal responsabilidad del derecho al desarrollo. Él es el que debe crear
las condiciones favorables para el desenvolvimiento de los pueblos y de los individuos; (f ) Hay un
proceso particular de “desarrollo económico, social, cultural y político” en el que pueden realizarse
plenamente todos los derechos humanos y las libertades fundamentales; y (g) El derecho al desarrollo
es un derecho humano en virtud del cual “todo ser humano y todos los pueblos están facultados
para participar en este proceso particular de desarrollo, contribuir a este desarrollo y a disfrutar
de él” (Herreño Hernández, 2010).

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Alternativas y resistencias territoriales del campesinado...

De otro lado, la propuesta reconoce la inviabilidad del desarrollo que
se propone a partir del capital, su lógica de acumulación y de expansión:
El modelo de desarrollo del capital no tendría objeción si su fundamento acumulativo no propiciara las desigualdades sociales, las
disparidades regionales y la exclusión; por el contrario, el capitalismo
exacerba la división territorial del trabajo, tendiendo a producir la
especialización extractiva de los ecosistemas, convirtiendo el uso del
territorio en una forma de incrementar las desigualdades regionales.
(Jerez, 2002a).

La geograf ía económica del capital y su tendencia a la especialización productiva y la disparidad regional, era claramente criticada y atacada
a partir de la propuesta presentada, que incluía dimensiones heterogéneas71
a partir de miradas territoriales.
Este Plan y los Acuerdos que le precedieron, exigían al Estado el
reconocimiento político del campesinado y de las comunidades, mediante la
participación en la planeación, formulación, ejecución, control y veeduría,
frente a las obligaciones estatales de implementación de políticas públicas y
de garantía de los derechos humanos. El texto incluye la parte baja del municipio de Remedios y, una de sus principales pretensiones, era el afianzamiento
poblacional en la región.
De igual forma, el documento propone el fortalecimiento a las
organizaciones sociales, económicas, comunales y culturales; la redistribución y titulación de la tierra; el impulso y apoyo a la economía campesina y
a la pequeña minería; la sustentabilidad ambiental del desarrollo regional; la
soberanía alimentaria y la creación de nuevas formas administrativas, basadas
en las elecciones locales y populares, en la participación ciudadana y en la
toma de decisiones desde las bases.
Los elementos esbozados contenidos en el Plan de Desarrollo y
de Protección Integral de los Derechos Humanos del Magdalena Medio,
71

Como son: Derechos Humanos, Economía, Educación, Ambiental, Cultura, Salud y Servicios
Públicos.

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

apuntaban a fortalecer un proceso de resistencia campesina frente a las definiciones capitalistas del espacio y frente a la acumulación de capitales en el
Magdalena Medio. Buscaban frenar procesos de expropiación y reproducción
de la desposesión, confrontando el modelo territorial capitalista, a partir del
planteamiento de nuevas relaciones sociales y nuevas relaciones de poder, en
la dimensión política, social, económica, cultural y ambiental, en lo que sería
una apuesta de desarrollo campesino, enmarcada dentro de un modelo de
territorio campesino en el Magdalena Medio, que abarcaba la parte baja del
municipio de Remedios en el Nordeste Antioqueño. El proceso presentado
se debe leer en relación de continuidad con la Zona de Reserva Campesina
del Valle del río Cimitarra.

La Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra
Las comunidades campesinas y sus organizaciones han adoptado
la figura de Zona de Reserva Campesina, ZRC, como el instrumento más
adecuado para garantizar sus derechos, especialmente la tierra y el territorio, y aquellos que se relacionan directamente con la seguridad jurídica de la
tenencia de la tierra.
La Zonas de Reservas Campesinas aparecen en la vida normativa
nacional en la Ley 160 de 1994, en el capítulo XIII “Colonización, Zonas de
Reserva Campesina y Desarrollo Empresarial” y se ha reglamentado a través
del Decreto 1777 de 1996 y de Acuerdos de la Junta Directiva del Incoder,
tal como se presenta en el Anexo 2. Es necesario señalar que la propuesta
surge de procesos de exigibilidad política del derecho a la tierra por parte
de colonos y pequeños propietarios especialmente, de los localizados en el
Parque Natural Serranía de la Macarena, quienes querían, entre otros, la
titulación de sus predios, el acceso a políticas sociales, créditos y asistencia
técnica (Fajardo, 2002).
Concretamente, el antecedente fáctico que da origen a la figura se
dio en la región, específicamente, a partir de que campesinos en
la cuenca del río Duda, entre la cordillera Oriental y la Serranía de
la Macarena, […] quisieron avanzar en el ordenamiento y estabilización de ese territorio […] para este efecto propusieron al entonces
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Alternativas y resistencias territoriales del campesinado...

gerente general del Incora, Carlos Ossa, que les titulara la tierra en
medianas extensiones a cambio de su compromiso de preservar los
bosques y demás recursos naturales existentes. Esta propuesta fue
incluida en la Ley 160 de 1994, capítulo XIII, con la denominación
de Zonas de Reserva Campesina (Fajardo, 2002).

Además, la propuesta reivindica la lucha contra el latifundio que
históricamente ha emprendido el campesinado en el país.
El artículo 79 de la Ley 160, estableció como finalidad de los procesos
de colonización que desarrolle el INCORA, fomentar la pequeña propiedad
campesina, evitar o corregir los fenómenos de inequitativa concentración de
la propiedad rústica y crear las condiciones para la adecuada consolidación y
desarrollo de la economía de los colonos; ya que se veía la necesidad de regular,
limitar y ordenar la ocupación, aprovechamiento y adjudicación de las tierras
baldías de la Nación, así como los límites superficiarios de las que pertenecen
al dominio privado, en particular en los procesos de colonización actuales y
futuros, en las Zonas de Colonización y en aquellas donde predominan las
tierras baldías, que en sí son Zonas de Reserva Campesina.
El Decreto 1.777 de 1996 reglamentó las Zonas, en el marco de la
presión política ejercida por campesinos mediante las llamadas “marchas
cocaleras” adelantadas principalmente al sur del país, una vez reglamentado
el apartado de la Ley, se establecen las primeras ZRC en Guaviare, El PatoBalsillas (Caquetá), y el sur de Bolívar; posteriormente se plantean otras
zonas en el Valle del río Cimitarra, en Cabrera (Cundinamarca) y en Puerto
Asís (Putumayo).
La Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra, fue creada
mediante la Resolución 028 de diciembre 10 de 2002, de la Junta Directiva
del INCORA72, comprende cerca de 184.000 hectáreas de los municipios de
Yondó, Remedios, San Pablo y Cantagallo. La Zona, aunque con reconocimiento legal, estuvo, desde el 10 de abril de 2003, suspendida por medio de la
Resolución 046 de abril de 2003. La decisión, según el INCODER, obedeció
a que
72

Hoy INCODER.

115

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Nordeste antioqueño: territorio en disputa

algunas autoridades, gremios y comunidades de los municipios
de Yondó, Cantagallo, Remedios y San Pablo, manifestaron su
inasistencia a la Audiencia Pública del 188 de agosto de 2002,
por la presunta falta de garantías y mostraron preocupación por
la no canalización y utilización de los recursos de manera correcta
(INCODER, 2011).

El argumento para la suspensión fue percibido como una apuesta
más de los intereses económicos, políticos y criminales de la región, al desconocimiento de la propuesta campesina de cambio en el modelo regional
de desarrollo y territorial: “sectores políticos y económicos regionales, con
estrechos vínculos con el paramilitarismo, promovieron una comunicación
a la junta directiva del Incoder atacando la ZRC y a la ACVC como la organización campesina impulsora” (ACVC & CAHUCOPANA, 2009, Oct.).
En el año 2011, mediante el Acuerdo 240 del 22 de febrero, el Consejo Directivo del INCODER, levantó la suspensión de los efectos jurídicos
de la Resolución 028 de 2002, toda vez que, los argumentos invocados para la
suspensión de la Zona de Reserva Campesina, no se ajustaban a la realidad, ya
que se surtió un amplio proceso de participación en la constitución de la Zona
y su Plan de Desarrollo, tanto de parte del las comunidades, como de entes
territoriales, entidades públicas y privadas regionales (INCODER, 2011)73.
73

El Acuerdo indica: Al analizar los documentos soportes que sirvieron de fundamento para la constitución de la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra, se observa que su constitución
y delimitación, surtió un amplio proceso de participación social, político y ambiental ante el Estado
por parte de las comunidades rurales, e igualmente ante las instancias de planificación y decisión
locales y regionales, que se refleja en el acta de la audiencia pública del 22 de junio de 2001 […] Al
realizar un análisis y balance del estado actual de la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río
Cimitarra por parte del INCODER, se constató que existe un importante componente institucional,
reconocimiento del Estado y una amplia participación de las comunidades rurales, de las entidades
públicas, privadas, autoridades ambientales y de cooperación internacional, que han brindado
apoyo integral al Plan de Desarrollo Sostenible aprobado para la Zona de Reserva Campesina y que
igualmente se consideran aclarados y superados los hechos y motivos de inconformidad expresados
por algunos sectores de la región en el año 2002 […] El 24 de noviembre de 2010, en un acto público
de resonancia nacional e internacional, le fue otorgado a la Asociación Campesina del Valle de Río
Cimitarra, gestora de la Zona de Reserva Campesina, el premio Nacional de Paz “por resistir, aferrados a la tierra y a la tradición campesina y permanecer en sus territorios luchando por una vida
justa y digna” […] De conformidad con lo anterior, en criterio del INCODER han desaparecidos los
motivos que ocasionaron la suspensión de la Resolución 028 de diciembre de 2002” (INCODER,
2011).

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Alternativas y resistencias territoriales del campesinado...

Ahora bien, desde el surgimiento de CAHUCOPANA, esta se ha
vinculado con la promoción y la defensa de la ZRC,
porque entendemos que el acceso y distribución de la tierra, así
como la participación de las comunidades y organizaciones campesinas en la planificación y ordenamiento del uso de la misma,
son parte fundamental en la solución al conflicto militar y estructural que atraviesa nuestro país desde hace varias décadas. […] De
otro lado, porque reiteramos nuestra convicción de que el disfrute
y garantía de los derechos humanos de los campesinos y campesinas pasa por la consecución de una base material que lo permita;
así que asumimos que este debe ser nuestro territorio, en el cual
hemos trabajado, vivido y construido sueños, y cuya defensa nos
ha costado la vida, libertad y desplazamiento de varios de nuestros
compañeros. (CAHUCOPANA, 2010, Ago. 24).

El trabajo desarrollado por la ACVC y por CAHUCOPANA, deja
ver que a la Zona se le ha dado un enfoque más amplio que el de una figura
de control de la extensión de la propiedad rural, de ordenamiento territorial
rural y ambiental, para ser garantía de la apropiación campesina del espacio,
produciéndolo y manteniéndolo a partir de sus relaciones sociales y de sus
lecturas sobre el poder, llegando a considerarse la propuesta en el Valle del
Cimitarra como un territorio campesino, en los planteamientos realizados
por Bernardo Mançano.
La Zona de Reserva de esta subregión del Magdalena Medio es
un modelo en el cual se plantean y se estipulan las perspectivas
de la población pensando en la defensa de la tierra, el respeto al
medio ambiente y la vigencia de los derechos humanos […] es un
espacio de producción agrícola, desarrollo rural […] que se convierte
en una limitante para la compra de terrenos y por consiguiente la
propagación del latifundismo […] desde el punto de vista de tierras,
la ZRC otorga un título global colectivo para todos sus habitantes,
que permite parcelar y titular individualmente al campesinado, y
tener garantías de vivienda y productividad agrícola y ganadera
(ACVC, 2009, Abr.).
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En el mismo sentido, la Zona de Reserva se ha convertido en el dispositivo que permite la materialización de un derecho humano innominado:
el derecho a la tierra y los derechos conexos con éste. Además, se construye
una propuesta de desarrollo rural opuesta a la del capitalismo y que opera
bajo lógicas diferentes a la maximización de la ganancia a partir de la explotación del trabajo vivo, la cual, en buena medida, es el acumulado de la marcha campesina de 1996 y del éxodo a Barranca de 1998, cuyos documentos
programáticos todavía orientan el trabajo de los procesos campesinos de la
región y sus apuestas territoriales.
La Zona de Reserva Campesina ha representado para CAHUCOPANA la materialización del derecho a la tierra y la denominación
dada a la construcción territorial hecha por los campesinos del Nordeste
Antioqueño.

La defensa de los derechos humanos y el surgimiento
de CAHUCOPANA
A raíz de la magnitud de los derechos humanos amenazados o vulnerados a las comunidades campesinas (dentro de los que se destaca el cada vez
más creciente número de personas afectadas por el desplazamiento forzado y
las ejecuciones extrajudiciales), surge la necesidad para éstas de constituirse
como organizaciones o asociaciones, las cuales se han convertido en:
a) el principal medio que tienen los campesinos frente a las diferentes políticas públicas desarrolladas por el Estado para participar, ejercer vocería,
interlocución y seguimiento;
b) el mecanismo de articulación de iniciativas y reivindicaciones, así como
de reconstrucción de los colectivos sociales que la confrontación armada
ha deteriorado;
c) una forma de visualización y sensibilización a la sociedad sobre la magnitud de hechos violatorios de los DD.HH. y de infracciones al DIH;
d) una herramienta para la apropiación y el conocimiento de los derechos y
las políticas públicas; y tal vez lo más importante,
e) en la forma de desarrollar mecanismos de exigibilidad de derechos.
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Alternativas y resistencias territoriales del campesinado...

Las comunidades campesinas del Nordeste Antioqueño, se organizaron en el año 2004 en la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño, CAHUCOPANA, con el objetivo
de luchar por resolver la crisis humanitaria y de derechos humanos presente
en la región. Es así como desde el nacimiento, la organización campesina,
está inmersa en el tema de la defensa de los derechos humanos, accionar que
se concibe desde una perspectiva de integralidad, tanto sobre los derechos,
como sobre los campos para su defensa y exigibilidad.
El hecho de que una organización campesina se piense así misma
como defensora de derechos humanos, implica en ésta, una lectura sociojurídica, que identifica la obligatoriedad que “bajo los parámetros sociales,
políticos y económicos modernos, todo proceso reivindicativo de orden social,
sea éste colectivo o individual [cuente], al menos coyunturalmente, con una
dimensión jurídica”, teniendo las diferentes colectividades “que afrontar el
terreno de lo jurídico ya sea apelando a la aplicación de la ley para la defensa
de sus derechos, buscando la formalización de reivindicaciones convertidas
en derechos o apelando a la ley para resistir la represión utilizada comúnmente por los gobiernos en momentos de presión social organizada” (Burgos,
1996).
El discurso de los derechos humanos manejado por Cahucopana,
entiende que éstos son una construcción histórica, alimentada por las aspiraciones y demandas de los pueblos; cuya finalidad es la dignificación de la
vida –base para una sociedad diferente–; que responde a contextos sociales,
políticos, económicos y culturales distintos. Que los derechos humanos tienen
como características la universalidad, la generalidad, individualidad e inherencia, la indivisibilidad, la imprescriptibilidad, y la inalienabilidad; poseen
un carácter ético y jurídico y un marco legal y normativo que los legitima y
hace exigibles jurídicamente, más allá de su naturaleza: civiles y políticos;
económicos, sociales y culturales; y ambientales (Castro, 2008).
El trabajo de la Corporación se divide en diferentes líneas de acción,
las cuales han sido: fortalecimiento organizativo, incidencia política, formación y educación y la exigibilidad de los derechos humanos. Dentro del accionar desarrollado por Cahucopana en materia en el componente educativo, la
Corporación ha sensibilizado y concientizado en los derechos humanos como
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una forma de resistencia al modelo económico actual, partiendo de concebir
el discurso de los derechos humanos como praxis emancipatoria, esto es,
como parte de un proceso encaminado a la transformación de estructuras
políticas, institucionales, culturales y sociales que tengan como principal
referente la dignidad humana.
La educación en Cahucopana se ha implementado mediante talleres,
los cuales trabajan los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y la organización social y comunitaria.
Por otra parte, unas de las actividades de sensibilización a la comunidad nacional e internacional en derechos humanos que más representó a
CAHUCOPANA fueron las Acciones humanitarias, realizadas con la finalidad de hacer frente a la grave crisis humanitaria representada en bloqueos
económicos, humanitarios, alimentarios y sanitarios, la constante militarización, las indignas y precarias condiciones de vida que deben enfrentar los
pobladores de la región.
Para la Corporación una acción humanitaria es
una actividad que vincula a organizaciones regionales, nacionales e
internacionales, que busca realizar una labor de acompañamiento
a las comunidades campesinas, de visibilización y de denuncia de
la sistemática violación de los derechos humanos en el Nordeste
Antioqueño […] Paralelamente la acción humanitaria desarrolla
unas labores puntuales de atención y asistencia humanitaria. Se
presta atención médica, odontológica, psicosocial y alimentaria.
Las organizaciones participantes en la acción desarrollan labores de
capacitación en diferentes temáticas requeridas por el campesinado.
Igualmente se llevan a cabo actividades recreativas y culturales.
(Cahucopana, 2006, Mar. 7)

Las acciones humanitarias fueron actividades fundamentales para el
surgimiento y desarrollo de la Corporación, dentro de los logros alcanzados
a partir de la realización de éstas se encuentran (Cahucopana, 2006, Mar. 7):
(a) la constitución de una organización campesina de defensa y promoción
de los derechos humanos, Cahucopana; (b) la realización de procesos de
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formación en derechos humanos y derecho internacional humanitario; (c) la
presencia de acompañantes internacionales en terreno; (d) la garantía de asistencia jurídica a líderes y campesinos detenidos arbitraria e injustamente; (e)
los procesos de sensibilización nacional e internacional sobre la situación de
derechos humanos en la región; (f ) la realización de procesos de interlocución
e incidencia ante instituciones y organizaciones nacionales e internacionales;
(g) el inicio de procesos de solicitud de adopción de medidas cautelares ante
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La primera de estas acciones humanitarias se realizó del 23 al 29 de
febrero de 2004, en las zonas rurales de los municipios de Remedios (El Porvenir) y Segovia (Cañaveral)74. Posteriormente, en el año 2005, se realizó, del
8 al 12 de abril, la segunda acción humanitaria al Nordeste Antioqueño, en la
vereda Cañaveral; un año después se llevó a cabo la tercera acción humanitaria
del 4 al 11 de abril, en la vereda Lejanías75 y finalmente, la cuarta acción tuvo
como escenario la vereda Puerto Nuevo Ité (Remedios) y, su desarrollo, fue
del 15 al 19 de mayo de 2009. Esta última acción tuvo como finalidad específica dar a conocer las ejecuciones extrajudiciales cometidas por el Ejército
Nacional, particularmente por el Batallón Batalla de Calibío, perteneciente
a la XIV Brigada (CAHUCOPANA, 2009 Mar. 5)76.
También son destacables las comisiones de verificación que la organización ha realizado ante la ocurrencia de las vulneraciones a los derechos
humanos, los refugios temporales ubicados en áreas rurales de Remedios y
Segovia; y los “campamentos humanitario de refugio interno” desarrollados
en 2007 y en 2008, como respuesta a los atropellos de la fuerza pública en


76

74
75

El informe completo puede ser consultado en: CAHUCOPANA (2004, Abr. 14).
El informe final puede ser consultado en: CAHUCOPANA (2006, Abr. 12).
En la convocatoria a la cuarta acción, la Corporación denunciaba: “las ejecuciones extrajudiciales en
las que campesinos de nuestra región son asesinados y posteriormente presentados como guerrilleros
dados de baja en combate, como sucedió con los compañeros Heriberto Correa, Sigilfredo Castaño,
Pablo Emilio Agudelo, León Benítez, William Hernán Sánchez, Carlos Mario García David, Miguel
Ángel González Gutiérrez y Luis Horacio Ladino Guarumo, crímenes cometidos por tropas del
Ejército Nacional adscritas al Batallón Batalla de Calibío, perteneciente a la 14a. Brigada […] En el
periodo comprendido entre 2005 y 2009, son 14 los casos de campesinos víctimas de ejecuciones
extrajudiciales en el nordeste antioqueño, integrado por territorios de los municipios de Remedios
y Segovia, y que hacen parte de la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra”. CAHUCOPANA (2009 Mar. 5).

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la región, particularmente a los casos de desaparición forzada con fines de
ejecución extrajudicial. Los campamentos humanitarios se ubicaron en la
vereda Puerto Nuevo Ité, y contaron con la participación de un promedio de
400 campesinos (CAHUCOPANA, 2007 Abr. 27).
Dentro de los espacios formativos en derechos humanos propuestos
por la Corporación, se han adelantado discusiones y análisis sobre la importancia que, desde el escenario internacional, se da a los derechos humanos de
las campesinas y campesinos77, como el derecho a la tierra y al territorio, que
como ya se ha indicado, se materializa en la Zona de Reserva Campesina del
Valle del río Cimitarra, la que para el caso del Nordeste Antioqueño, incluye
parte del área rural del municipio de Remedios, específicamente las veredas:
La Honda Pescado, Buenos Aires, La Cruz, Cabuyal, Bóminas, El Puna, Ité, El
Popero, El Porvenir, La Gorgona, La Sonadora, Santa Marta, El Costéenla, El
Chiquillo, Paso De La Mula, El Recreo, Río Bagre, La Argentina, Cañaveral,
Chorro De Lagrimas y Manila.
La lectura de las violaciones a los derechos humanos en el Nordeste, Antioquia y el Magdalena Medio, se ha identificado con el ejercicio
del dominio territorial efectuado por medio de la violencia y el despojo de
quienes han construido a lo largo de la historia una geograf ía regional del
capital, ligada a la extracción de los recursos minerales, al latifundio ganadero, la agroindustria y las nuevas modalidades de apropiación de capitales
mediante la mercantilización de los bienes comunes y el bloqueo de formas
de producción agrícola que no sean intensivas en capital78. Para CAHUCOPANA, en estos cerca de ocho años de trabajo, una de las conclusiones más
importantes que se han podido establecer y la cual se ha convertido en un
horizonte de trabajo es que: la defensa del territorio campesino es la defensa
de los derechos humanos.
77

78

Véase: CAHUCOPANA (2011, Jul. 2). Los derechos humanos del campesinado: una lucha global y
local. Disponible en: http://www.prensarural.org/spip/spip.php?article6083
A manera de ilustración, los acontecimientos “más importantes ocurridos en toda la región del
Magdalena Medio, con énfasis en las montañas del Nordeste Antioqueño [como] las ejecuciones
extrajudiciales, las marchas campesinas a Segovia y Barrancabermeja a finales de los 90, los éxodos
campesinos, los refugios humanitarios en algunas veredas y en general la presencia paramilitar y del
ejército nacional” (CAHUCOPANA, 2011, Jul. 7) forman parte de las lecturas que sobre el conflicto
agrario, la disputa territorial y la tenencia de la tierra tiene la Corporación.

122

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5
A manera de
conclusiones

E

l sistema capitalista crea y configura espacios, construye territorios
de acuerdo con sus lógicas, intereses y dinámicas, siendo el principal eje de transformación histórica y geográfica del mundo. Para lo
anterior, se basa en modelos de acumulación de capitales, especialmente
en la llamada acumulación por desposesión, que es la manifestación de la
vigencia de la acumulación original de capitales y que permite dilucidar que
el capitalismo, no solo se soporta en el despojo de la fuerza de trabajo, sino
que cada vez más, busca nuevas formas de generación de riqueza, como es
la mercantilización y privatización de la tierra y el desplazamiento forzado
de la población campesina. La forma de acumulación de capitales en el país,
el Magdalena Medio, Antioquia y el Nordeste, ha sido un verdadero proceso
de acumulación mediante la guerra.

En el Bajo Nordeste Antioqueño, se puede decir que la construcción espacial y territorial ha obedecido a intereses capitalistas nacionales e
imperialistas, ligados principalmente a la gran minería, pero, también, a la

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agroindustria y el latifundio ganadero, para lo cual se ha recurrido a mecanismos como los anteriormente señalados; siendo ejercida la guerra, contra
el campesinado y los sectores populares por sectores estatales y privados, la
modalidad que permitió construir el territorio conocido como “Zona Minera”
del Nordeste Antioqueño.
La región ha padecido el capitalismo desde inicios de la década de
los años 30´s, en el siglo XIX; siendo, el bajo nordeste y el distrito minero
del Nordeste Antioqueño, donde se da inicio al proceso de industrialización
capitalista del país. El oro del Nordeste, alimentó y permitió la construcción
de la industria del valle de Aburrá, del triángulo industrial Cali, Medellín y
Bogotá, y los procesos de colonización hacia zonas que posteriormente se
incorporarían a la agroindustria cafetera.
Además, la población campesina expulsada de la región durante la
llamada Violencia, sirvió de mano de obra para las empresas del departamento durante la mitad del siglo XX, lo que a su vez significó el despojo y la
apropiación de tierras que fueron dejadas abandonadas.
La guerra fue, durante buena parte del siglo XX, la forma de construcción territorial regional, especialmente se buscó la negación y el silenciamiento
de las alternativas al modelo económico impuesto, con el uso de estructuras
militares y paramilitares, lo que disparó las violaciones a los derechos humanos y las infracciones al Derecho Internacional Humanitario. De los modus
operandi implementados por Fuerzas Militares y grupos paramilitares, la
población recuerda con terror las masacres, el despojo, el desplazamiento
forzado y más recientemente las ejecuciones extrajudiciales.
En la determinación de la geograf ía económica regional, ha sido
fundamental la participación estatal, mediante la implementación de mecanismos infraestructurales que facilitaron la circulación de capital, así como
de diferentes dispositivos estatales.
Las proyecciones hechas para el distrito minero del Nordeste
Antioqueño y las solicitudes de contrato de concesión minera, indican que
la extracción del recurso continuará para beneficio de empresas mayoritariamente extranjeras. Por otra parte, la concentración de la tierra en manos
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A manera de conclusiones

de latifundistas ganaderos, algunos ligados a sectores del narcotráfico y del
paramilitarismo, sigue presente en la zona.
A pesar de lo anterior, los pequeños mineros y el campesinado
organizado, han planteado modelos territoriales diferentes al que se quiere
imponer desde los centros de poder. Este territorio se configura como un
territorio campesino, y ejemplificaría que la lucha por la tierra efectuada por
las y los campesinos, es una lucha contra un modelo territorial impuesto desde
el capital, y es la lucha por la implementación de un modelo de territorio
alternativo: la Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra, que
es la cúspide de los diferentes momentos organizativos de los campesinos de
la región por la defensa de los derechos humanos, un modelo de desarrollo
divergente del impuesto por el capital y una alternativa territorial de paz.
El escenario actual, frente a lo territorial, se presenta para el campesinado como de cooptación y eliminación o de resistencia y alternatividad;
ésta última es la propuesta de la Zona de Reserva Campesina del Valle del
río Cimitarra, impulsada por la ACVC y por CAHUCOPANA. La disputa
territorial esta al orden del día.

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Anexos

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Anexo 1
CONDICIONES SOCIOECONÓMICAS SUBREGIÓN NORDESTE ANTIOQUEÑO*
Nordeste Antioqueño
INFORMACIÓN GENERAL 2009
extensión: (km )
2

veredas:

8.544

Notarías:

10

421

juzgados:

17

corregimientos:

17

inspecciones:

14

Fiscalías:

13

comisarías de Familia: (2009)

10

MERCADO LABORAL 2009
índice de dependencia económica %

0,63

población en edad de trabajar %

74,22

FUENTE: departamento administrativo de planeación, sistemas de indicadores, daNe - proyecciones
de población.

CALIDAD DE VIDA
POBLACIÓN POBRE
Y EN MISERIA 2006
Nivel

Número

%

POBLACIÓN VULNERABLE:
(NIÑOS, JÓVENES, MUJERES Y ADULTOS MAYORES) 2009
Sexo,
Nivel

0a5

6 a 13

14 a 26 27 a 59

60 y
más

Total

miseria
(Nivel 1)

79.390 45,1 Hombres 11.703

15.886

23.125

32.182

7.969

90.865

pobreza
(Nivel 2)

68.476 38,9 mujeres

11.125

14.865

21.760

31.360

7.485

86.595

22.828

30.751

44.885

63.542

15.454

177.460

Total
147.865 83,9 Total
Pobreza

FUENTE: Nuevo sisBÉN y
FUENTE: daNe - proyecciones de población y departamento administrativo de
departamento administrativo planeación.
de planeación.
*

tomado de: departamento administrativo de planeación de antioquia.

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

POBREZA POR NBI, 2010

VIVIENDAS POR ESTRATO 2009
Sin
información
de estrato

Área

%
NBI

Población
con NBI

urbana

30,6

26.899

urbana

0

3.768 6.080 4.385

rural

53,6

48.027

rural

0

4.524 1.470

Total

42,2

74.926

Total

0

8.292 7.550 4.586

334

20.762

%

0,00

39,9

1,6

100,0

Área

FUENTE: daNe, censo 2005,
actualizado a julio 30 de 2010
Nota: se asumen los % de NBi
2010 igual al 2009

1

2

3

36,4

4, 5
y6

201

22,1

Total

270

14.503

64

6.259

FUENTE: departamento administrativo de planeación.

COEFICIENTE DE CONCENTRACIÓN DE LA TIERRA ZONA RURAL (GINI) 2009:

0,74

FUENTE: departamento administrativo de planeación.

NIVEL

EDUCACIÓN 2009

Nivel
educativo
TOTAL

Alumnos
matriculados

EDUCATIVO

Tasa bruta de
escolaridad %
Urbana Rural

Completa
(%)

Total

Censo2005

ASISTENCIA
ESCOLAR

(Censo 2005)
Edad/
años

(%)

3-4

22,9

42.703

98,3

85,2

91,7

2.999

85,0

72,9

79,0

2,8

5-6

79,2

primaria

23.955

115,0

136,6

125,8

13,8

7-11

92,3

secundaria

12.318

99,9

57,4

78,6

12-15

84,8

Nivel media

3.431

61,1

24,6

42,7

16-17

56,6

10,2

6,9

6,0

2,3

18-24

13,6

18,5

25 más

2,2

preescolar

superior (2005)
Ninguno

12,5

FUENTE: secretaría de educación para la cultura y departamento administrativo de planeación.
NOTA: la tasa bruta de escolarización supera en algunos casos el 100% debido al cálculo de población en edad
escolar, la extraedad y el desplazamiento de la población estudiantil de una zona a otra o de municipio a otro.

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aNeXos

TASA DE ANALFABETISMO POR ZONA
(Población >= de 15 años) (E.C.V 2007)
Área

Tasa %

Analfabetas

urbana

8,1

4.878

rural

11,3

6.746

Total

9,7

11.624

FUENTE: e.c.v 2007

SERVICIOS PÚBLICOS 2009 (VIVIENDAS)
Cobertura %

Total

Urbano

Rural

acueducto

65,0

88,3

42,0

agua potable

23,8

45,6

2,2

alcantarillado

45,7

73,8

18,1

energía

87,3

97,5

77,3

6,8

60,2

97,4

23,5

densidad telefónica
aseo

FUENTE: censo 2005, sisBÉN 2004 y departamento administrativo de planeación.

AFILIADOS A LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD 2009
Concepto

Número

Cobertura

subsidiado

127.021

71,5

contributivo

34.514

19,4

Total

177.567

91,0

FUENTE: dirección seccional de salud y protección social de antioquia.

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Anexo 2
MARCO NORMATIVO DE LAS ZONAS DE RESERVA CAMPESINA
DISPOSICIÓN
LEGAL
ley 160 de 1994.
por la cual se crea
el sistema Nacional
de reforma agraria
y desarrollo rural
campesino, se establece un subsidio
para la adquisición
de tierras, se reforma
el instituto colombiano de reforma
agraria y se dictan
otras disposiciones.
capítulo Xiii, artículos
79-81 y 84.

TÍTULO

CONTENIDO

colonización, Zonas
de reserva campesina y desarrollo
empresarial.

 crea las Zrc, presentándolas: (i) como aquellas
Zonas de colonización y en las que predominan
baldíos nacionales; (ii) su orientación es regular y
ordenar las colonizaciones y las zonas de baldíos,
limitar la extensión de la propiedad privada, evitar
o corregir los fenómenos de concentración de
tierras; (iii) Busca igualmente crear condiciones
para desarrollar y potenciar la economía
campesina de los colonos.
 estipula que las Zrc serán seleccionadas por la
junta directiva del iNcora teniendo en cuenta las
características agroecológicas y socioeconómicas
regionales.
 indica que la acción del estado en las Zrc tendrá en
cuenta los criterios sobre ordenamiento territorial
ambiental, la efectividad de los derechos sociales,
económicos y culturales de los campesinos, su
participación en las instancias de planificación
y decisión regionales y las características de las
modalidades de producción.
 presenta como obligatoria la participación de
las administraciones locales en la formulación y
ejecución de los planes de desarrollo de las Zrc
y las organizaciones de los colonos.

decreto 1.777 de
octubre 1 de 1996.
ministerio de agricultura y desarrollo
rural.

por el cual se reglamenta parcialmente
el capítulo Xiii de
la ley 160 de 1994,
en lo relativo a las
Zonas de reserva
campesina

 mantiene la definición de las Zrc expresadas
en la ley 160 de 1994, incluyendo dentro de
la propuesta de espacios que pueden ser Zrc,
aquellas tierras de amortiguación del área de
sistemas de parques Nacionales Naturales.
 como caso excepcional se presenta la posibilidad
de constitución o ampliación de una Zrc a partir
de la sustracción de un área de Zona de reserva
Forestal.

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aNeXos

DISPOSICIÓN
LEGAL

TÍTULO

CONTENIDO
 señala cuáles son los objetivos de la constitución
y delimitación de una Zrc: (i) controlar la
expansión inadecuada de la frontera agropecuaria
del país; (ii) evitar y corregir los fenómenos de
inequitativa concentración, o fragmentación
antieconómica de la propiedad rústica; (iii) crear
las condiciones para la adecuada consolidación y
desarrollo sostenible de la economía campesina y
de los colonos en las zonas respectivas; (iv) regular
la ocupación y aprovechamiento de las tierras
baldías, dando preferencia en su adjudicación
a los campesinos o colonos de escasos recursos;
(v) crear y constituir una propuesta integral de
desarrollo humano sostenible, de ordenamiento
territorial y de gestión política.
 indica que la acción del estado será concertada y
preferencial a la población campesina, así como
las entidades gubernamentales que financiaran
o cofinanciarán planes, programas y actividades
en las Zrc y delega la coordinación de las
políticas del estado en las Zonas a los ministerios
de agricultura y desarrollo rural y de medio
ambiente, vivienda y desarrollo territorial.

acuerdo No. 024 de
Noviembre 25 de
1996. junta directiva
del instituto colombiano de reforma
agraria, iNcora

por el cual se fijan los
criterios generales y
el procedimiento para
seleccionar y delimitar
las Zonas de reserva
campesina de que
tratan el capítulo Xiii
de la ley 160 de 1994
y el decreto 1777 de
1996 y se dictan otras
disposiciones.

 reitera en la procedencia y los objetivos que
expone la ley 160 y el decreto 1777.
 presenta las siguientes excepciones de áreas
y regiones para la constitución de Zrc: (i) las
comprendidas dentro del sistema Nacional de
parques Nacionales Naturales; (ii) las establecidas
como reservas forestales, salvo los casos a que
se refiere el parágrafo 2º. del artículo 1o. del
decreto 1777 de 1996; (iii) en los territorios
indígenas, según lo previsto en los artículos 2º y
3º del decreto 2164 de 1995; (iv) las que deban
titularse colectivamente a las comunidades negras,
conforme a lo dispuesto por la ley 70 de 1993; (v)
las reservadas por el iNcora u otras entidades
públicas, para otros fines señalados en las leyes;
(vi) las que hayan sido constituidas como Zonas
de desarrollo empresarial.

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Nordeste aNtioqueño: territorio eN disputa

DISPOSICIÓN
LEGAL

TÍTULO

CONTENIDO
 estipula el trámite administrativo a surtir para la
selección, delimitación y constitución de las Zrc,
destacando el carácter concertado del proceso.
 indica la constitución del plan de desarrollo
sostenible como una propuesta concertada, con
punto central del ejercicio participativo en la
audiencia pública.
 contempla los requerimientos para la adjudicación
de tierras al interior de las Zrc, la finalidad y la
limitación de éstas.
 un aspecto importante es el referido a la
caracterización de los proyectos agrosostenibles
los cuales combinarán los componentes de
conservación, manejo, control y aprovechamiento
de los recursos naturales, infraestructura, pancoger,
producción limpia, educación ambiental,
comercialización y servicios, de acuerdo con los
lineamientos del respectivo plan de desarrollo
sostenible.
 el artículo 14 del acuerdo se muestra como de gran
importancia al abrir la posibilidad de evaluación y
seguimiento de la resolución, incluyendo en dicho
procedimiento a las organizaciones campesinas:
“con el objeto de agilizar y perfeccionar las
estrategias y mecanismos del proceso de
selección y constitución de las zonas de reserva
campesina.

Fuente: elaboración propia.

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Anexo 3
REGIONES DE ANTIOQUIA Y COEFICIENTES DE GINI.
AÑO 2004

N

Regionalización
coeficiente de Gini
en Antioquia
urabá 0.73
suroeste 0.77
occidente 0.83
valle de aburrá 0.65
oriente 0.73
magdalena medio 0.74
Norte 0.82
Nordeste 0.74
Bajo cauca 0.79 

Elaborado por Francys Cárdenas
a partir de Cartografía básica
IGAC 2005 y Gaviria & Muñoz,
2007, 35.

147

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Anexo 4
GINI MUNICIPAL NORDESTE ANTIOQUEÑO
AÑO 2006

N

Municipio
amalfi
anorí
cisneros
remedios
san roque
santo domingo
segovia
vegachí
yalí
yolombó

Gini
0.662
0.712
0.625
0.675
0.706
0.5942
0.713
0.705
0.74
0.78

Gini municipal
Nordeste Antioqueño
≥0.59 - 0.62
0.62 - 0.67
0.67 - 0.74
0.74 - 0.78 

Elaborado por Francys Cárdenas
a partir de Cartografía básica
IGAC 2005 y Gaviria & Muñoz,
2007, 35.

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Anexo 5
DESPLAZAMIENTO FORZADO NORDESTE ANTIOQUEÑO.
PERÍODO 1998-2011

N

Municipio
segovia
anorí
amalfi
remedios
vegachí
yolombó
yalí
cisneros
santo
domingo
san roque

No. de
Desplazados
4989
8471
3178
5047
2123
2750
886
320
2106
2635

Desplazamiento Forzado
Nordeste Antioqueño
≥320 - 886
886 - 2123
2123 - 3178
3178 - 5047
5047 - 8471 

Elaborado por Francys Cárdenas
a partir de Cartografía básica
IGAC 2005 y datos del SIPOD
2011.

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Anexo 6
VEREDAS DE REMEDIOS PERTENECIENTES
A LA ZONA DE RESERVA CAMPESINA DEL VALLE DEL RÍO CIMITARRA

N

FUENTE: esquema de ordenamiento territorial del municipio de remedios.

Convenciones
veredas de Zona de
reserva campesina del
valle del río cimitarra.
cabecera municipal de
remedios.
quebradas y lechos de
agua del municipio.

Nota: la vereda el recreo a
pesar de ser parte de Zrcvc
no se encuentra ubicada acá
por no poseer la localización
exacta. 

Elaborado por Francys Cárdenas
a partir de Cartografía IGAC
2005.

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