DOMINGO, 13 ABRIL 2008

INTERNA CIONA L

LA VANGUARDIA 7

E NT R E V IS T A

“Si se quiere castigar a China, no es justo utilizar los Juegos”
Juan Antonio Samaranch, presidente de honor del Comité Olímpico Internacional

ÀLEX GARCIA

Samaranch, ayer en el despacho de su domicilio de Barcelona

XAVIER VENTURA Barcelona

E

n un día muy especial para Juan Antonio Samaranch (Barcelona, 1920), en el que el deporte llega por fin a tener un ministerio, vieja aspiración suya desde hace años, el ex presidente del Comité Olímpico Internacional expresó a este diario su decepción por “la campaña” contra China que afecta al recorrido de la antorcha olímpica de Pekín. Usted siempre defendió que China se merecía unos JJ.OO. Nunca lo he dudado. Tiene una cuarta parte de la población mundial y se ha desarrollado de manera impresionante, también en el deporte. Es una gran potencia. Y un pueblo de 1.400 millones de habitantes tiene todo el derecho a organizar unos Juegos Olímpicos. Derecho cuestionado y que

causa protestas en todas partes... Lo que está sucediendo en el trayecto de la antorcha de Pekín'08 es una lección para el futuro. El recorrido de la llama olímpica ha de ser nacional, sólo en el país que organiza los Juegos, no internacional. Esta desmesura va contra todo. ¿La elección de China le obligaCAMPAÑA DIRIGIDA

“Actos violentos como los de Londres y París son inaceptables y no son una casualidad”
LECCIÓN PARA EL FUTURO

“El recorrido de la llama ha de ser sólo en el país que organiza los Juegos, nunca internacional”

ba a algún cambio en su política? No, en nada. La política es la política y el deporte es el deporte. Y si hay quejas contra China que se lleven al foro adecuado a exponerlas, como las Naciones Unidas. Un foro político, pero no a aprovecharse de los JJ.OO. por la repercusión que tienen en todo el mundo. Si se quiere castigar a un país por lo que sea, no se ha de utilizar el deporte ni los Juegos. ¿Por qué no lo hacen en la economía o el comercio? ¿Se merece China el castigo? De ninguna manera. Conozco el país desde hace muchos años y su transformación es extraordinaria. Y sobre todo en beneficio de su población, que vive ahora mucho mejor. De ser un país que sufría hambrunas y toda clase de calamidades se ha convertido en otro próspero, con un crecimiento de dos dígitos durante tantos años que lo ha cambiado por completo. Tengo un gran respeto por China. Cuando yo estuve en apuros –boicot comunista a Los Ángeles'84–, China me respaldó con su participación en aquellos Juegos. Cómo valora lo que sucede con el paso de la antorcha de Pekín'08: ¿reacción instintiva de la gente o algo preparado? Cuando hay actos violentos como en París y Londres es desagradable e inaceptable, y no son una casualidad. Espero que lo peor ya haya pasado. Yo diría que lo que hay es una maniobra contra China. ¿Cuestionan estos sucesos al COI post-Samaranch y a su sucesor Jacques Rogge? No. Desde mi marcha en el 2001 el olimpismo lleva una senda muy buena y tiene en Rogge a un gran presidente. Es un momento difícil pero saldrá adelante, y Pekín'08 será un éxito, sobre todo para él. ¿Qué puede hacerse ahora? Hay que conocer a los chinos para saber hasta dónde se puede llegar en pedir algo o para negociar con ellos. Son muy sensibles. Y, además, no necesitan ninguna lección en relaciones políticas internacionales. Esperemos que el recorrido de la antorcha, que no se puede ahora cambiar, acabe lo mejor posible. Cuando empiezan los Juegos todo se olvida. ¿Duele oír hablar de boicot? Es una palabra que ya no existe en el diccionario olímpico. Ya no sirve para nada, sólo para castigar a los atletas del país que boicotea. Y si lo hacen los políticos en la ceremonia inaugural, aparte de no tener sentido, tiene en verdad una importancia muy relativa. Si no van ellos, todo el mundo se quedará tan tranquilo. Lo importante de ese acto es tener allá a los 10.000 atletas participantes.c

Xavier Batalla

Tíbet, una china
ace cinco años, el editorialista de The New York Times descubrió una superpotencia en la opinión pública internacional, que entonces se manifestó contra la invasión de Iraq. Ahora, Pekín ha descubierto que tiene una china en el zapato. Tíbet ha logrado lo que no ha conseguido la ausencia de democracia en el gigante asiático, la tragedia de Darfur, la amistad de los dirigentes chinos con la dictadura birmana o la pena de muerte. Tíbet ha forjado una coalición contra la antorcha olímpica que puede ser una china en el zapato de la autocracia de Pekín. Lo que sucede en Tíbet tiene dos versiones opuestas. Coca-Cola ha sido criticada por entender que patrocina el viaje de la antorcha olímpica, pero sectores nacionalistas chinos también la boicotean después de que un blogger haya sugerido que uno de sus anuncios, en el que monjes budistas se lo pasan en grande en una montaña rusa, apoya la independencia de Tíbet. La prensa occidental critica la violación de los derechos humanos en Tíbet, pero los diarios chinos subrayan la violencia de los tibetanos. Los occidentales se refieren al Dalai Lama como un hombre de “paz y reconciliación”, pero un dirigente chino ha dicho que es “un monstruo de rostro humano”. En Occidente se critica a Pekín por lavarse interesadamente las manos en Darfur, pero los dirigentes chinos contestan con lo que sucede en Iraq. Un creciente número de personalidades políticas occidentales se declara a favor de boicotear la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín, lo que es una manera de boicotear sin hablar de boicot. George W. Bush, sin embargo, ha dicho que no, respuesta que simboliza la cautela con la que la mayoría de los gobiernos observa el creciente poder de China. En Occidente, unos consideran que con Si la respuesta china China se puede es más nacionalismo, repetir el éxito de Alemania y Japón, que de ene¿cómo las minorías pasaron a renunciarán al suyo? migoscampeones ser en el mundo desarrollado y democrático. Pero otros proponen para China, al suponerla agresiva, una política de contención. ¿Quién, entonces, tiene las de ganar? El nacionalismo chino. La legitimidad de las autoridades chinas ya no descansa en la ideología comunista sino en los logros nacionales, y las críticas occidentales provocan una fiebre nacionalista susceptible de ser instrumentalizada. China le debe mucho a la globalización, por lo que no es fácil que opte por la cerrazón y la agresividad. Todo dependerá de su evolución interna y del trato que se le dé desde el exterior. Pero la tentación nacionalista existe. Ahora bien, la demonización del Dalai Lama, que significa negarle como interlocutor, es un juego peligroso que puede disparar otras tensiones. Los dirigentes de Pekín deberían invitar al Dalai Lama a la cita olímpica, ya que si sólo responden con nacionalismo chino, ¿cómo convencerán a las minorías para que renuncien al suyo?

H

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