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Julia Latham

LA LIGA DE LA ESPADA, 02

EL ÚNICO
CABALLERO

ÍNDICE
Capítulo 1............................................................................3
Capítulo 2..........................................................................11
Capítulo 3..........................................................................19
Capítulo 4..........................................................................30
Capítulo 5..........................................................................44
Capítulo 6..........................................................................54
Capítulo 7..........................................................................61
Capítulo 8..........................................................................65
Capítulo 9..........................................................................74
Capítulo 10........................................................................86
Capítulo 11........................................................................96
Capítulo 12......................................................................108
Capítulo 13......................................................................117
Capítulo 14......................................................................124
Capítulo 15......................................................................133
Capítulo 16......................................................................142
Capítulo 17......................................................................152
Capítulo 18......................................................................158
Capítulo 19......................................................................165
Capítulo 20......................................................................174
Capítulo 21......................................................................181
Capítulo 22......................................................................190
Capítulo 23......................................................................197
Capítulo 24......................................................................206
Capítulo 25......................................................................214
Epílogo.............................................................................222
Nota de la autora............................................................224
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA...............................................225

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JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

Capítulo 1
Yorkshin, 1486
La última vez que la doncella Anne Kendall se había hecho pasar por una dama
noble, había terminado encerrada en los aposentos de la torre, en una mascarada
llevada a cabo con el fin de engañar a una única persona. Ahora se paseaba a lomos
de su caballo, entre los pabellones dispuestos para el torneo, a lo largo de enormes
extensiones cubiertas de hierba cerca de York; la cabeza bien alta y ataviada con sus
mejores ropas, hacía gala de la confianza propia de una mujer adinerada y poderosa.
Se estaba haciendo pasar por lady Rosamond Wolsingham, hija de un duque, viuda
de un conde y conocedora de demasiados secretos; el tipo de secretos por los que un
hombre desesperado estaría dispuesto a matar.
Anne no podía olvidar el peligro que implicaba la situación.
Pero tenía un pequeño retén de soldados a su disposición en todo momento, así
como a la doncella de lady Rosamond para ayudarla a mantener la mascarada. Fue
abriéndose paso entre una multitud de caballeros y escuderos, damas y sirvientes, en
dirección a las murallas de la ciudad y la posada en la que iban a hospedarse.
Para prepararse a conciencia para su papel de lady Rosamond, Anne había
pasado una semana con la dama en cuestión, y visitado el primero de los castillos de
la lista que habría de completar en su objetivo de cazar marido. Menos mal que a la
joven lady se le había ocurrido algo que justificara el viaje de Anne a Londres. ¿De
qué otra forma podría conseguir si no que todos los ojos estuvieran fijos en Anne en
vez de en el viaje secreto que la propia lady pretendía llevar a cabo?
Pero aquel torneo era algo totalmente inesperado. Allí habría gente que conocía
a la condesa y que, por tanto, se daría cuenta de que Anne era una impostora. De
modo que ésta decidió avenirse a los deseos de sus soldados y se puso un velo que le
caía desde el tocado para ocultarse el rostro. No pensaba correr riesgos presenciando
la justa, pero en ese momento atravesaron un campo rodeado por una multitud que
lanzaba ovaciones, y la joven vio a dos caballeros provistos de armadura
enfrentándose con la espada. La lucha tenía intensidad suficiente como para que se
tratase de una pelea a vida o muerte. Mientras ella miraba, uno de los caballeros
perdió el yelmo en un golpe. El hombre se tambaleó, pero se limitó a echarse hacia
atrás su cabellera cobriza, que relucía a la luz del sol, y, con una carcajada, continuó
atacando a su oponente a cabeza descubierta. Era un luchador brillante e
irresponsable a quien no parecía importarle demasiado su propia seguridad.
Anne lo reconoció al instante: sir Philip Clifford. Acababa de encontrar a un

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hombre que podría identificarla, incluso podría llamarla por su propio nombre sin
darse cuenta. Volvió la cabeza e hincó los talones en los flancos de su montura,
apresurándose para llegar a la ciudad. Pero por dentro, una abrasadora llama volvió
a prender, y se maldijo por su debilidad en lo que a Philip concernía. No podía
permitirse una distracción, y menos un sentimiento como la cólera que aquel hombre
le provocaba.

La taberna situada en la planta baja de la posada estaba a rebosar de hombres y
mujeres que bebían, reían y lanzaban vítores, y Philip Clifford estaba decidido a
disfrutar de cada minuto. En lo que iba del día, había superado a todos los caballeros
a los que se había enfrentado con la espada, y estaba gastando parte de las ganancias
recibidas en avivar la fiesta. Le satisfacía enormemente que su nombre fuera del
dominio público. Si continuaba con la buena racha de victorias, seguro que
terminaría llamando la atención del rey Enrique. Tenía intención de ser el hombre del
rey, tal vez su campeón, vivir en la corte y negociar un buen matrimonio. El monarca
había accedido al poder tan sólo un año antes, tras derrotar al rey Ricardo en una
batalla. ¿No necesitaría hombres de confianza? Philip podía ser uno de ellos.
Pero complacer a un monarca no siempre había sido su objetivo en la vida,
pensó Philip dando un sorbo de cerveza al tiempo que le tiraba de la falda a una
camarera rubia que pasó junto a él contoneándose. La muchacha lo miró por encima
del hombro riendo y le guiñó un ojo. Philip solía observar una estricta moralidad,
centrando sus esfuerzos en ser un hombre tan digno como los caballeros de la Liga
del Acero, el enigmático grupo que actuaba cuando se cometía algún atropello. Había
crecido oyendo las historias que le contaba su madre sobre aquella grandiosa Liga y
sus buenas acciones.
Pero se había dado por vencido. Después de los servicios prestados a su amigo
John Russell, casado hacía poco y ahora flamante conde de Alderley, Philip, al
contrario que John, no había sido invitado a unirse a los hombres de la Liga. De
modo que había decidido seguir con su vida, buscando aquí y allí la oportunidad de
mostrar su talento, ganar dinero y llamar la atención del rey.
En ocasiones, su camino era muy solitario. Siempre había formado parte de una
compañía, primero como soldado, después como caballero. Pero ahora no le debía
lealtad a ningún hombre. Alguna preciosa sirvienta lo había aliviado por las noches
más de una vez, pero ni siquiera en esos momentos se había sentido acompañado.
Philip quería que su vida tuviera sentido. Por eso, cuando la muchacha que servía las
mesas pasó por su lado y posó una mano en su hombro, él le sonrió, pero se abstuvo
de hacerle invitación alguna.
Hubo más mujeres que le rozaron al pasar como quien no quiere la cosa,
incluida la esposa de un mercader, pero él se limitó a seguirles el juego antes de
apartarlas de su lado entre risas. La enésima vez que notó que alguien le tocaba,
rodeó a la mujer en cuestión por la cintura y la sentó sobre sus rodillas. El público
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al tiempo que una oleada de deseo lo recorría por dentro: Anne Kendall. ésta se cubría con un velo la parte inferior del rostro. A continuación miró a Anne. Llevaba el negro cabello recogido en lo alto de la cabeza. —Pues no sabe lo que se pierde. caballero. y a través de la tenue gasa. ¿no creéis? Y se obligó a sumarse a las carcajadas generales. aunque mantenía la vista fija en el caballero. pudo ver unos enormes e insondables ojos oscuros. evitando así que su señora tuviera que casarse con él. era todavía un hombre joven. pero ésta siguió sonriendo con descaro.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO estalló en vítores de aprobación y Philip se inclinó hacia adelante sonriendo a su cautiva. tal como debía ser una mujer para haber logrado engañar a un vizconde durante días. Habían pasado semanas desde que la viera por última vez. mirando con gesto amenazador a su alrededor. Cuando la conoció. Todavía sonriendo. —Las manos quietas —lo advirtió el otro con un gruñido. bajo un pequeño tocado. Ella era delicada y fuerte al mismo tiempo. Era una pena que no fuera más que una doncella. sir Clifford levantó ambas palmas en señal de rendición. Philip sintió cómo las faldas de su vestido de seda se deslizaban por encima de sus piernas como si fuera agua. él negó con la cabeza. Posee riqueza -5- . y la forma de aquel trasero contra sus muslos mientras le ceñía la cintura en un abrazo de amantes. Parecía de mediana edad. Antes de que le diera tiempo a preguntar siquiera. pero poseía la constitución fornida de un hombre entrenado en la batalla—. uno de sus oponentes en el torneo. pero para su sorpresa. Murió en un trágico accidente. pero no pudo responder. amigo. vaya. pero su cuerpo aún la recordaba. ¿tratáis de meteros en mi cama? Philip arqueó una ceja sorprendido. —No tengo nada contra tí. Pero nadie puede poner freno a una mujer como ésa. Acto seguido. Cuando dos hombres armados la condujeron fuera del salón común de la posada. gracias a las finas prendas que vestía. —Tal vez ella opine lo contrario —respondió Philip. El hombre de la daga permaneció de pie a su lado. igual que en ese mismo momento. —Vaya. enfundó la daga y salió también. Lady Rosamond es viuda. éste arqueó una ceja. Sir Peter. Philip se quedó de piedra al reconocer a la mujer. como desafiando a los presentes a hacer alguna tontería. porque un hombre la apartó de sus rodillas al tiempo que le colocaba a él una daga en la garganta. Milady no es para los de tu calaña. según he oído decir. la mujer le puso un dedo en los labios y esbozó una sonrisa descarada. le gritó: —Sí lo sabe. Entonces. escuchando las risotadas de aprobación del resto de los parroquianos. —¿Quién era su esposo? —El conde de Wolsingham. Los compañeros de parranda de Philip se habían quedado con la boca abierta. Philip seguía sonriendo. creyó que era lady Elizabeth Hutton.

donde Margaret.. Él miró hacia la puerta por la que Anne había desaparecido. situadas una a cada -6- . los brazos cruzados sobre el pecho. Tal vez éste no la hubiera reconocido. y Anne no podía evitar preguntarse por la vida que llevaba. el torneo era algo totalmente imprevisible. con la cama. —Sí. pero las intensas lluvias nos han obligado a hacer un alto. un arcón con un segundo juego de ropa de cama y la pequeña chimenea. tras lo cual les pidió que no volvieran hasta la mañana siguiente. ahogó un grito y escondió las prendas de dormir detrás de su espalda. En la pequeña habitación.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO propia. y una sombra de barba parecía cubrirle siempre la mandíbula. —Pero el torneo. La Liga era partidaria del anonimato. Desconocía los apellidos de los caballeros que la escoltaban. de pelo castaño claro y rostro pecoso. sir David y sir Joseph. Llevaba su cabello color gris corto. —Debéis mostrar más cuidado en lugares públicos como éste —dijo el hombre con severidad. Cuando los caballeros se retiraban ya a sus habitaciones. Al ver que los tres soldados escoltaban a Anne hasta el interior. Cuando no estuviera sirviendo a la Liga del Acero. Sé que se suponía que teníamos que evitar pasar por York. —¿Qué queríais que hiciera. Sin embargo. con un gesto que trataba de ser igualmente severo. estaba colocando las prendas de noche sobre la cama. La muchacha. y por la mañana nos habremos ido. seguramente debía de ocupar una posición de mando. y he oído decir que está aquí en busca de marido. Sir Walter hacía tiempo que había pasado la juventud. apenas había espacio libre. se habían sentado en sendos taburetes. el capitán de su reducida guardia.. pero aún le restaban años para alcanzar la vejez. levantó la vista y abrió los ojos desmesuradamente. Por un momento pensó en mencionar a Philip. pero el gesto se esfumó en cuanto vio el cejo fruncido de sir Walter. la doncella de lady Rosamond. Los otros dos caballeros. pese a estar recién afeitado. Tenía los hombros anchos de un guerrero. voy adecuadamente cubierta. Los dos jóvenes sirvientes que subieron con la bañera y el agua caliente que Anne había pedido vacilaron un momento antes de pasar entre los dos malhumorados caballeros que custodiaban la puerta. Anne sonrió. pero finalmente optó por no hacerlo. ¿En qué lío se habría metido? Acompañaron a Anne a su pequeña habitación. sir Walter? —preguntó la joven con calma—. pero ella los obsequió con una sonrisa y una moneda para cada uno. uno a cada lado de la puerta. pequeña. He representado mi papel. ¿O acaso lo avergonzaba la forma en que la había tratado dos meses atrás? Deseó que así fuera. pero el hombre invadió el poco que quedaba con su corpulencia.

un objetivo. Lo cierto es que Anne pensaba que todo ello tenía sentido. Tenía que dejar de darle vueltas. —¿Necesitáis algo más antes de que me retire a mi habitación. Sir David rara vez sonreía: todos los compañeros de viaje de Anne se tomaban sus responsabilidades muy en serio. ni mostraran ningún tipo de inclinación al compañerismo. Te agradezco mucho la ayuda que me has prestado hoy. de nuevo era necesaria. Los miembros de la Liga habían aceptado a regañadientes. Si no existía la familiaridad entre ellos. tras haber ayudado a Elizabeth a evitar un matrimonio no deseado. rubio y tan alto que tenía que agacharse para pasar por la puerta. Pero ésta comprendía bien que Margaret la consideraba una pobre sustituta de su señora. furiosa consigo misma por las dudas que la asediaban. y le gustaba la sensación. y ella estaba furiosa y desorientada. Ahora.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO lado de la de Anne. poco a poco se había ido acostumbrando a la necesidad de hacerlo. haciéndose invisibles en su calidad de personas. —Muy bien. Margaret —contestó Anne—. milady? La muchacha era fría y distante. La Liga debía de entrenarlos para que sólo se concentraran en las tareas que tenían asignadas. tanto Anne como ella pertenecían a la servidumbre. Tenía una misión que cumplir. ¿recordáis lo que debéis hacer para que no os ocurra nada? Ella miró a su alrededor y divisó justo lo que necesitaba. nadie saldría perjudicado. ni bromeasen. Estaba decidida a no pensar en Philip. lady Rosamond. A cambio de sus servicios. Él pertenecía a su pasado. dijo: —Lady Rosamond. —Prometo atrancar la puerta con ese arcón. Margaret la ayudó a desvestirse. Resultaba difícil llegar a conocerlos cuando esquivaban cualquier trato social. y por tanto eran iguales. y compartió con él los sentimientos de una recién descubierta pasión. la doncella había solicitado disponer de su propia habitación. sin hacer caso de su sentido común. Pensarlo le recordó a Philip. siempre consciente de sus deberes. Cuando la chica se hubo marchado. atrancó la puerta por dentro con ayuda del pesado arcón. Aunque al principio se había mostrado vacilante a la hora de llamar a Anne «milady». sus padres la habían rechazado. Se recordó que todo había ocurrido porque se sentía débil y vulnerable. porque sabía que aquella mascarada tenía como objetivo ayudar a su verdadera señora. —Ya puedes irte a la cama. Después de todo. -7- . de ahí que nunca mencionaran sus apellidos. La última vez que habían estado juntos. la tremenda sensación de soledad había impedido a la joven pensar con sensatez. que en aquellos momentos se encontraría en algún lugar de la misma posada. Hubo un tiempo en que pensó que Philip la necesitaba. sir David. y sólo porque la necesitaban. a la época en que se dio cuenta por primera vez de que le gustaba ser útil. y de manera urgente.

aunque musculoso. y a los -8- . Su cuerpo. Me he librado por los pelos de que me cayera en la cabeza. sir Philip. al tiempo que la furia hacía presa en ella. Sus facciones se tornaron angulosas. el contenido de un orinal. pero no avanzó hacia el interior. Pero sí conocía el sabor de sus besos. pero deberíais marcharos. él avanzó directamente hacia el círculo de luz que proyectaba la vela. Y. cubriéndose el pecho con el paño de lavarse. y Anne se sintió agradecida. —¿Acaso no eres otra vez una prisionera. Se enjabonó a gusto y se reclinó hacia atrás para disfrutar un rato de la comodidad y la calidez de su baño. y en la posada habían sido generosos con la misma. ¿o sería de preocupación? Anne no lo conocía tan bien como para diferenciarlo. Un segundo pie se apoyó en el alféizar. —Pues por eso he venido. Inspiró profundamente para no dejarse llevar por los recuerdos. pensó. Ya antes había vivido una escena parecida. ¡Y no me estaba bañando! Philip se dejó caer al suelo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO La bañera era poco común. No era un hombre de rasgos suaves. —Igual que la última vez. pero no por eso dejabas de estar prisionera. El paño y el agua la ayudaban a ocultar su cuerpo. Lady Rosamond? Su voz adquirió un penetrante tono de sospecha. —Los soldados son mis guardias. hundiéndose en el agua lo máximo posible. —No llamé la última vez —respondió él. —¿Puedo entrar? —preguntó con una amplia sonrisa—. Los postigos vibraron de repente. Philip se sentó en el alféizar y asomó la cabeza por la ventana para dejarse ver. era más delgado que el de la mayoría de los hombres a los que se enfrentaba. Anne sabía bien quién era el intruso: Philip Clifford. Os agradezco la preocupación por mí. Y su traicionero corazón empezó a latir enloquecido. —Estoy aquí por deseo propio. Todo él estaba compuesto de aristas: pómulos prominentes. mandíbula recta y una frente despejada por encima de las cejas. Cerró los ojos y dejó vagar libremente los pensamientos. no porque te estuvieras bañando. por último. Aunque la luz de la vela no alcanzaba a iluminar la zona de la ventana. y la manera en que sus manos obraban magia en su cuerpo. a continuación. —La última vez estaba prisionera y desesperada por que alguien me hiciera compañía. no mis captores. Se sentó en la bañera con un gemido ahogado de sorpresa. aunque es una interesante bonificación. En vez de hacer lo que le decía. —¡Podrías haber llamado a la puerta! —siseó ella. La miró más abajo de la cara y ella se preguntó qué estaría viendo. lo bastante profunda como para que el agua la cubriera por completo. pero aun así se sentía peligrosamente expuesta. Anne frunció el cejo y miró justo a tiempo de ver cómo uno de ellos se abría lentamente. apareció una cara. un pie se apoyaba en el alféizar de la ventana. seguido de una mano que se agarraba y.

—No pongas en duda mi inteligencia. ¿Qué haría si se enterase de que la Liga le había pedido a ella su colaboración? Cierto que todavía no se había convertido en miembro de la misma propiamente dicho. haciéndote pasar por otra persona. se obligó a ignorar las sensaciones.. ¿o sí? Recordó su agitación y su desasosiego. en la bañera. Anne imaginaba que muchos de sus contrincantes creerían que una sustancial diferencia de peso les permitiría ganar el combate. De repente. como una insensata. delante de toda la taberna. puesto que había prometido guardar los secretos de lady Rosamond. de modo que se limitó a devolverle una fría mirada y. como si la negativa lo hubiera transformado de manera sutil. Elizabeth Hutton. Aunque aparentemente Philip había seguido comportándose como el mismo hombre divertido de siempre. observándola minuciosamente desde el rostro hasta las rodillas mojadas. —No estoy. — -9- .. aunque Anne había creído que buscaba algo más permanente..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO que engañaba con su aspecto. Pero Philip era fuerte y poderoso. sintió un embarazoso calor al recordar cómo la había cogido y se la había sentado en el regazo. Pero era un caballero. ¿Por qué la intimidaba de aquella manera? Sabía que para él sólo había sido una agradable diversión. Y también cómo la había perseguido durante días en el castillo de Alderley. Sin embargo. y allí. le había dado muchos besos íntimos que todavía le provocaban estremecimientos de placer con sólo recordarlos. él se inclinó sobre la bañera y apoyó ambas manos en el borde mientras la observaba. no podía contarle a Philip nada sobre ellos ni sobre su misión. mientras que a su marido. condesa. sí. Eso es lo que finges ser. y que se había casado con el mejor amigo de Philip. Philip ya conocía su cuerpo. Y ahora estaba desnuda en la misma habitación que Philip. Los convencería de que tenía talento suficiente para convertirse en la primera mujer miembro de la Liga del Acero. Anne había notado que algo había cambiado en él. pero cuando terminara la misión que se le había encomendado. No podía hundirse más en el agua de lo que ya lo estaba. le había dicho que a éste no le habían propuesto formar parte de la Liga del Acero. ahora lord Alderley. Tenía los ojos de un vivo color verde. Sin embargo.. y no se aprovecharía de la situación. cuando consiguió dar a su voz un tono desapasionado. la única parte de su cuerpo que sobresalía por encima del agua jabonosa. cuando por fin fue liberada de su cautiverio. la joven con quien Anne se había criado y a la que había servido como dama de compañía. dijo: —¿Por qué no te has ido aún? —Sabes que no puedo dejarte aquí así. Para frustración de Anne. como el de una colina cubierta de hierba en un día de sol. Y ahora lo tenía delante. jugando a un juego al que ella se había creído capaz de jugar. un ardiente escalofrío de excitación la recorrió entera. tenía planeado serlo.

como si fuera a apoyarse para ponerse en pie. lady Rosamond Wolsingham. Esas suntuosas prendas no son tuyas. clavaba en ella sus pupilas. y Anne trató de convencerse de que eso había sido un alivio. que sabía perfectamente cómo utilizar su mirada como arma sensual. Sintió un escalofrío que obviamente Philip percibió. Philip entornó los ojos. El agua se estaba enfriando y le costaba bastante mantener la compostura mientras la invadían una serie de sofocantes estremecimientos y un hombre. Tal vez Philip se conformara con algo de verdad. Philip se enderezó. —¿Y quién tendrá la culpa? —¿Me das tu palabra de que me contarás la verdad? —Sí. quiero decir lord Alderley. corrigió para sí misma. Ella frunció los labios y entornó los ojos. —Está bien. lo que estás haciendo? Anne vaciló y se dio cuenta de que estaba revelando demasiado. la vida de la condesa correría verdadero peligro.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Señaló su vestido colgado en una percha de la pared—. —Eso me habían dicho. Era un juego arriesgado. .. —Vas a morirte de frío si te quedas más tiempo ahí dentro —dijo él. pero después de todo no tenía nada que perder: ni dote. —¿Saben quién soy en realidad? —preguntó con sorpresa y creciente preocupación—. —¿Sabe John. Se suponía que nadie debía conocer mi identidad. ¿Qué podría hacer si no le contaba la verdad? ¿Podría arruinar la misión por accidente y con ello los planes de lady Rosamond? Si personas equivocadas llegaran a conocer la mascarada. —Se detuvo en seco. Esas ropas pertenecen a otra mujer. ni futuro. sólo lo que resultase del fingimiento que estaba llevando a cabo. «Parte». —¿Me estás desafiando a que me levante? —le preguntó colocando las manos en el borde de la tina. Buscó su mirada y se esforzó por sonar sincera. —¿Has elegido York deliberadamente? —No he sido yo. porque en ese momento se inclinó un poco más y le susurró: —Dejaré que salgas de la bañera si me lo cuentas todo..10 - .

Se quedó fascinado mirando el color de su melena. desvió la . Parecía como si el momento hubiera quedado suspendido en el tiempo. —Jamás te he mentido. Pero aun así podía oír sus movimientos. de piel blanca y deliciosa como la crema.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 2 Philip permaneció junto a la bañera. y en su profundidad se intuían toda clase de secretos. Cuando se volvió. donde estaban los establos. Ella todavía se agarraba al borde de la tina. el roce del lino que utilizó para secarse. mirando a Anne todavía cubierta por el agua jabonosa. —Estoy decidiendo hasta dónde puedo creer tus palabras. Sonrojándose. teñido de rosa tan sólo en las mejillas y los labios..11 - . —Ya estoy —dijo al fin. pero su honestidad había impedido que llegaran hasta el final en la consecución del placer. mientras las gotas de agua resbalaban por sus hombros y el torso hacia los montículos de sus pechos. —¿Vas a quedarte ahí mirándome? —preguntó ella con voz serena. Se estaba cepillando el cabello delante del fuego. consumiéndolo. Se detuvo cuando vio que Philip enarcaba una ceja. aguardando la oportunidad de desatarse. Philip nunca la había visto con el pelo suelto... su deseo por ella no había desaparecido. El cabello le enmarcaba el rostro. Anne mantuvo la vista recatadamente baja mientras se lo pedía. Unos labios muy jugosos. pero luego la alzó y sostuvo la de Philip estoicamente. iluminado con alguna que otra antorcha. y no pensaba permitir que lo supiera.. Él necesitó de toda su fuerza de voluntad para acercarse a la ventana y mirar hacia el patio de armas. Anne estaba sentada delante de la chimenea. —Date la vuelta. había llegado a separar aquellos muslos. Los ojos de la joven eran igualmente oscuros. ocultando la piel a su mirada. ataviada con un vestido de seda que ceñía suavemente sus curvas. el frufrú de la ropa cuando se vistió. borrosos pero distinguibles bajo el agua. aunque desde luego había soñado con ello. Philip sabía que la joven no era consciente de lo mucho que él podía ver. Le costaba trabajo mantener la vista fija en su rostro cuando podía vislumbrar la sombra oscura del triángulo donde se unían sus muslos. otra vez. Había saboreado su piel. Era tan negro que parecía azul bajo los reflejos del fuego. extendiendo la densa mata de rizos para secárselos. se había limitado a latir quedamente en lo más recóndito de su mente. Desde entonces. En su condición de sirvienta. tenía que llevarlo recogido mientras trabajaba.

La profunda mirada de Anne se clavó en él. que las dos eran más amigas que señora y doncella.12 - . dime. mi señora. como si nada pudiera alterarla. Philip se preguntaba qué tipo de educación tenía que haber recibido una doncella personal de una dama para ser como era Anne. De modo que o se trata de algo relacionado con su esposa. —¿La conoces? —Era una de las damas que hacían compañía a la madre de Elizabeth cuando empecé a servir en el castillo de Alderley. te mentí —continuó Anne—. tú también me mentiste. A cada pasada del cepillo percibía el aroma del jabón con que se había lavado. lo cual no hizo sino aumentar las sospechas de Philip. La joven sonrió de aquella forma serena y sencilla que siempre la hacía parecer dueña de la situación. Y que a él seguía atrayéndolo. —Así pues. los dos hicimos lo que teníamos que hacer por nuestros amigos. Pero tenía un buen motivo para hacerlo. ¿Serian ésas las intenciones de Anne? Apoyó la mano en la repisa de la chimenea y la miró con el cejo fruncido. —No se te daba mal hacer de secretario. cuando te he preguntado si sabía algo de esto. Pero ¿cómo vas a saber lo que podría complacer o no a lady Rosamond? —Me hizo una lista de requisitos. —¿Por qué habría de necesitar una dama de alcurnia que alguien la suplantase? Anne miraba el fuego en vez de a él. y creo que John sabe de qué se trata.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO vista hacia la lumbre y continuó con el hipnótico cepillado de su cabello. Y yo he de viajar hasta Londres. —Sospecho que en el fondo hay algo más. ¿o no? Además. haciéndome pasar por ella. motivo por el cual él . Él sintió la incómoda excitación que le provocaban sus lentos movimientos. encerrada en la torre para que ella pudiera moverse por el castillo y encontrar la manera de huir. Salvé la vida de Elizabeth. se acercó a ella. Yo también fingí ser otra persona. había algo en la chica que irradiaba confianza. Sería tan fácil olvidar que quería hacerle un montón de preguntas. —Sí. su prometido y tu amigo. Ayudé a lord Alderley.. —¿Y qué te hace pensar que lord Alderley está implicado? —Tu vacilación de hace un momento. Pero aun así. tan sincera que Philip quedó impactado. para poder hacerse pasar por alguien de una clase social superior a la suya. —Tiene sus razones —respondió finalmente—. aunque debería tener el sentido común de no dejarse atrapar. Sabía que se había criado junto a lady Elizabeth. —¿Entrevistándote con posibles candidatos a esposos? —repitió él con tono de mofa—.. Incapaz de contenerse más tiempo. ¿por qué te estás haciendo pasar por lady Rosamond? —Porque así me lo ha pedido ella. entrevistándome con posibles candidatos a esposos por el camino. —Vale.

y no le guardaba rencor por la oportunidad que le había sido brindada. o tiene que ver con la Liga del Acero. lady Elizabeth jamás te pondría en una situación tan arriesgada por propia voluntad. Pero ¿en qué demonios habían involucrado a Anne? Estaba seguro de que no sería algo inofensivo. pero había decidido abandonar el sueño de convertirse en uno de los Hombres del Acero. cierto. habría sentido un extraño vacío en el pecho al enterarse de que la Liga del Acero había pedido a otra persona que se uniera a sus filas. Philip había conocido por fin a algunos de sus miembros. se había entrenado con ellos. que él se quedó muy impresionado pese a sus sospechas. —Así que los Hombres del Acero te protegen en tu viaje a la caza de marido — resumió. hasta había luchado a su lado. El tono de falsa diversión que empleó fue impecable. no había negado sus sospechas. por mucho que Anne negara con la cabeza.. Ante la sola mención de la Liga. —Los hombres de la Liga. Creo que te lo pidieron y tú accediste. Anne era muy capaz. con sus palabras. —¿La Liga del Acero? —repitió ella. ¿Por qué si no se les iba a ocurrir pedirte que hicieras esto? —Elizabeth se lo dijo a lady Rosamond. Anne se dio cuenta de que. —Te haces pasar por lady Rosamond a instancias de ésta. En otro momento. Había creído que de ese modo les había demostrado que era digno de formar parte de su organización. Sin embargo. la Liga —respondió—. —Duermen en habitaciones contiguas a ésta. —Entonces. Ellos sabían que te hiciste pasar por lady Elizabeth. —Me refiero a los guardias —se apresuró a corregirse. Philip se percató de que había dado en el clavo. Le había resultado un duro trago. sin duda. ¿por qué tienes a dos guardias armados que siguen todos tus movimientos? ¿Dónde están en este momento? Ella alzó la barbilla con un gesto de obstinación.. —Eso he dicho. tanto.13 - . junto con John. Poco tiempo atrás. Ella suspiró sin dejar de cepillarse el pelo lentamente. —¡Es una especie de broma divertida! No se trata de nada peligroso. sólo habían pedido a John Russell ahora conde de Alderley. —¿De modo que los famosos Hombres del Acero no se han enterado de que me he colado aquí dentro? —¿Por qué iban a pensar que alguien se descolgaría desde el tejado hasta una habitación situada a cuatro pisos del suelo? Philip se limitó a sonreír con aire triunfal y. de la cual es miembro. No así a él. el aire de la estancia se llenó de una tensión que hasta el momento no había sido tan obvia.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO estaría enterado. —No. de pronto. porque ella no puede . que se uniera a sus filas. Se negaba a seguir tratando de alcanzar el nivel de valía establecido por una misteriosa sociedad.

y tomó aire profundamente—. He pasado unos días ensayando con lady Rosamond. —¿Cómo te atreves. apretadas en las suyas. acercándose más y le tomó el rostro con ambas manos. No dejaba de repetirse que se lo debía a John y a Elizabeth.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO o no quiere hacerlo en persona. —¿Y era necesario tanto ensayo para algo que no es más que una broma? Anne se miró el regazo y permaneció en silencio. Anne se apartó. —¿Igual que me manejaste a mí? La joven le lanzó una mirada iracunda y habló con los dientes apretados. y de la sensación de que se estaban aprovechando de su buena fe. aprendiendo su manera de comportarse. No vas a convencerme. Algunos hombres se sentirán muy ofendidos cuando se enteren de que han sido objeto de un engaño. —No debes hablar de esto con nadie —susurró con voz ronca. Tuvo que obligarse a pensar en lo que estaba diciendo. —No puedo creer que aceptaras hacer algo así sin conocer el resto de la historia. ¿verdad? Se lo debo a Elizabeth y a John. . Se dejó caer de rodillas ante ella para obligarla a mirarlo a los ojos. Y pensó también que se lo debía. —No lo descubrirán. pero Philip podía sentir el veloz latido de su corazón bajo sus manos. pero no puedo comprender por qué estás dispuesta a correr tantos riesgos. Philip le tomó las manos. y entonces le acarició la piel con suavidad. Se trataba de Anne. Lady Rosamond ha elegido a hombres desconocidos. El fuego iluminaba el rostro de la joven sólo a medias. —¿Hacer qué? —Se inclinó. También notó que temblaba levemente. déjalo ya —susurró Anne—. Anne abrió los suyos desmesuradamente al verlo tan cerca y entonces Philip le puso las manos en sus rodillas. —¿Qué está ocurriendo. pero necesitaba descubrir la verdad para poder protegerla. sus gestos. Percibió aquella calidez que le impedía concentrarse y notó que estaba temblando.? —Pero se detuvo antes de terminar.14 - .. —¿Y qué hay de los hombres que esperan encontrar a una viuda experimentada? ¿Cómo piensas manejarlos? Ella sacó las manos de entre las suyas. La joven asintió. Anne? No creerías que iba a dejarte así como así en una situación como ésta.. y no pueden hacerlo sin mí. —¿Cómo podía predecir cómo responderá ante ti un extraño? —Philip. Ambos se sostuvieron la mirada. Ella levantó la barbilla. —Igual que manejo a cualquier hombre que va demasiado rápido —contestó escueta. Se estaba aprovechando de la atracción que seguía vibrando entre ellos. pero en su interior sabía que se trataba de algo mucho más personal. después de las libertades que se había tomado con ella. Respeto tu capacidad para el trabajo. Esto es demasiado importante.

Entonces ella tendió una mano y la posó en su hombro. Pero no querían que diera la impresión de que había desaparecido de escena justo después de anunciar que buscaba nuevo esposo. En vez de sentirse apaciguada por el comentario. pasmado. pero poseía unas provocativas curvas femeninas perfectamente proporcionadas. lady Rosamond oyó por casualidad cómo tres nobles tramaban un complot contra el rey Enrique. —Hace unas semanas. durante un torneo en Durham. —Entonces acudieron a ti en busca de ayuda. y una sonrisa de agrado iluminó sus labios. así que algunos de sus miembros la acompañan en estos momentos hacia Londres en secreto. Para su sorpresa. Y dado que es la única que vio a esos nobles. —Sí. la chica lo miró con cautela. —Anne —murmuró él acercándosele—. Tú estás expuesta mientras que a lady Rosamond se le permite ocultarse. Es evidente que te gusta que te lo pidieran. Era alta para ser una mujer. Philip se quedó en cuclillas. —De modo que lady Rosamond te necesita para ella poder ir a ver al rey y darle la información. —Te juro que guardaré silencio —respondió él con solemnidad. sabiéndose muy cerca de conocer la verdad. viendo a Anne moverse con ágil soltura. todavía hay quienes creen que Ricardo era el heredero por derecho. —¿Eran hombres del rey Ricardo? A pesar de que Enrique lo mató en la batalla de forma legítima. Philip. La Liga no quiere correr riesgos. Ellos jamás me pondrían en peligro. frunciendo el cejo. ¿Te están utilizando para atraer a esos traidores? —¡No! —Anne se detuvo en seco y lo miró con sinceridad—. Philip también se levantó. pero no sabe quiénes son.15 - . Lady Rosamond está segura de que los traidores no la vieron. He entrado aquí a través de la . Ella asintió. —La vida del rey está en peligro. es la única que puede identificarlos. —Pero ¿no te das cuenta de lo peligroso que es? —continuó él—. la falda del vestido ondulando entre sus piernas. mientras sopesaba la cuestión.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Él asintió. No saben que ella lo sabe. Anne se levantó y se alejó de él. —¿Corre peligro de haber sido vista por esos hombres? —Philip se volvió nuevamente hacia la joven. Yo mismo podría ser uno de ellos. Se dio la vuelta para poder pensar con claridad. lentamente. le resultaba difícil concentrarse. entornando los ojos al pensar en lo que se había metido esa vez—. —Tienes que jurarme que nada de lo que te cuente saldrá de esta habitación. Tu talento debió de impresionarlos. Desconoces lo que esos traidores saben. —Lady Rosamond desconoce los motivos de esos hombres porque no los conocía de nada. Vio su rostro.

y tú no podrías haberme detenido. Y. recordó la frustración de sir Walter ante esa baja. sé lo que hago —dijo Anne. Le daban ganas de gritar de rabia sólo de pensar en tener que pasar con aquel hombre un día tras otro. Pero no puedo quedarme tan tranquilo sin saber lo que está ocurriendo. No podía hablarle de sir Philip Clifford a sir Walter. arriesgándose a repetir el comportamiento que había tenido en Alderley. —Me has dado tu palabra —le recordó con dureza—. Pese a no haber demostrado emoción alguna. Tendría que hablarle a sir Walter de su visita y dejar que fuera el hombre quien tomara la decisión. Anne se había dado cuenta de que le preocupaba la posibilidad de que no fueran suficientes para protegerla. por supuesto que no. . Yo sólo estoy aquí para distraer la atención sobre la desaparición de lady Rosamond. —Y se supone que yo tengo que hacer como que no he oído lo que me acabas de decir. sin embargo. al contárselo. Y. ¿Trataría de detenerla? —Tranquilízate. Philip asintió con el cejo fruncido. —Te equivocas. —Sí. Tenía que centrarse en la misión que le había sido encomendada y en su propósito de convertirse en miembro de la Liga. Pero cómo deseaba que sir Walter rechazara la posibilidad.. Y ahora allí estaba Philip. un caballero muy capaz que ya había colaborado con la Liga en una ocasión. Y eran cuatro. Suspiró. Ella apoyó una mano en el torso de él. Estaré aún unos días más. pero uno se rompió una pierna en una caída y lo enviaron de vuelta a casa. Sus fantasiosos deseos hacia Philip sólo serían un obstáculo en su camino.. Porque si Philip entraba a formar parte de su escolta. cuando sólo podía pensar en él mientras su mundo se derrumbaba a su alrededor. Sólo así demostraría que podía ser imparcial. Había dicho que contactar con otro miembro llevaría demasiado tiempo.16 - . —¿Te hospedas en esta posada? —le preguntó. si alguien resultara herido o muerto por falta de efectivos. Pues desde luego no había mostrado tanta preocupación por ella mientras la seducía. Philip. ¿Es que piensas incumplirla contándoselo a alguien? ¿Lo habría juzgado mal? —No. —¡Ni siquiera te han provisto de una tropa completa para tu protección! —¿Cómo iban a hacer tal cosa? ¿No crees que resultaría demasiado sospechoso y atraería hacia lady Rosamond una atención innecesaria? —Pero ¿tres soldados? —Tres caballeros entrenados de la Liga del Acero. podría descubrir su plan de entrar en la Liga.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO ventana.

lejos de él y recuperada la calma. y empezó a trepar con agilidad hasta perderse de vista. y se le acercó. —Estoy segura de que triunfarás en tu búsqueda de una esposa noble en la corte —continuó. desnuda entre sus brazos. se alzó sobre el alféizar. balanceándose en el aire. —Anne. imperturbable. o algo peor. Entonces. —Fuiste franco. pero terminó asomándose a la ventana y . —Lo tomó del brazo y lo guió hacia la ventana. sacó el resto del cuerpo fuera y se colgó de la soga. sabes que mi preocupación por ti no se debe sólo a lo que ocurrió entre nosotros. ¿verdad? Ella notó que la ira teñía sus mejillas de rojo. se alegraba de haber sabido la verdad antes de enamorarse perdidamente. A continuación. la revelación le resultó humillante. —Ya te dije que las aceptaba. Philip no dijo nada y Anne trató de liberar su mano. a punto de experimentar la satisfacción de la unión de sus cuerpos. Le hizo una inclinación con la cabeza antes de irse.. —¿Aceptarás algún día mis disculpas? —preguntó Philip. Fue un error por mi parte pensar que podría ser para ti algo más que una doncella bien dispuesta a pasar un rato contigo. ¿por qué siento que no es así? ¿Qué podía contestarle? Anne se quedó en silencio. —Avisadme si me necesitáis. y se había puesto furiosa. —Entonces. Anne esperó tanto como pudo. pero lo único que hizo fue enlazar las manos. Pero después. Philip asintió como si lo comprendiera. —Créeme.. sin embargo. —Ya lo sé. Philip apoyó ambos pies sobre el primer nudo. A ella le preocupaba imaginarlo suspendido en el vacío. luego. De espaldas a la pared. En aquel momento. sacó el brazo por la ventana y se agarró a la soga de nudos que pendía del tejado. —Tú no fuiste. sobre los cuatro pisos que había hasta el duro suelo.17 - . lady Rosamond. —Anne… —No debes hacerlo —le advirtió enfadada—. —Pues yo no me sentí un hombre honrado. él tensó el brazo y le retuvo la mano con fuerza contra su costado. te prometo que me pondré en contacto contigo en caso de necesitarte. pero él la apretó con más fuerza contra sí.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Entonces. pudo liberar su mano y retrocedió un paso. Cuando fue a soltarlo. Un manto de silencio cayó sobre ellos. te agradezco que tuvieras la honradez de decirme que no ibas a casarte conmigo antes de que consumáramos nuestra unión.

Anne se decía que era una viuda rica y con título. Ahora. La única vez que había podido disfrutar de tan raro privilegio fue mientras estuvo cautiva en la torre. pero no era lo mismo. Odiaba ese sentimiento de estar sola y desesperada. Formaba parte de su preparación para convertirse en lady Rosamond. hasta que también ésta desapareció de la vista. . Y si para ello tenía que tratar con Philip. No lo estaba. cada noche. Al principio le había parecido un lujo increíble estar sola. Lo único que vio fue el extremo de la soga mientras tiraban de ella desde el tejado.18 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO escudriñando las alturas. Tenía un objetivo en la vida y no había lugar para nadie más en ella. que así fuera. Le demostraría a la Liga que podía ser un miembro valioso y permanente. que podía hacer lo que se le antojara y dormir como se le antojara. Pero de pronto la habitación se le antojaba fría e inhóspita sin él allí. No había ni rastro del hombre. Cerró los postigos con pestillo y miró a su alrededor por la desierta habitación.

Si fueras tan amable de terminar tú. Anne retiró el arcón. —Sir Walter. —Sí. —¿Milady? —llamó Margaret. con el cejo fruncido. sonriendo al ver la expresión sorprendida de la chica. pero no podía hacerlo. —Por supuesto. aunque parecía que prefería mantener las distancias. la doncella. Margaret era una doncella muy diligente en sus tareas. Me importa muy poco lo que los demás opinen de mi comportamiento. ¿Podríamos hablar un momento en privado? —No sería muy adecuado que una dama noble. Se acercó a la puerta de al lado y llamó suavemente con los nudillos. Que ella misma hubiera sido la mejor amiga de Elizabeth además de su doncella no significaba que aquella joven quisiera hacer lo mismo con ella.. . después de contorsionarse para atarse los lazos que ceñían el vestido por detrás. si se os presentara la oportunidad de tener un sustituto para sir James.. después de la caída que había sufrido. Bastante antes del amanecer ya estaba levantada y vestida. Ya he empezado a empaquetar mis cosas. ya lo sé. ¿aceptaríais? El hombre parpadeó sorprendido mientras se frotaba el mentón recién afeitado. La habitación era más pequeña que la suya. Tengo que hablar con sir Walter. pero sir Walter la tenía para él solo desde que sir James tuvo que irse. milady. he madrugado. Anne estuvo a punto de pedirle que se ahorrara las formalidades. Sir Walter abrió de inmediato. La utilización de los títulos era básico para dar credibilidad a la representación y recordar a todo el mundo que era vital guardar las apariencias. milady. pulcramente hecha ya. —Por supuesto. estaré de vuelta lo antes posible. —Sí.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 3 Anne apenas durmió. y Anne estuvo a punto de retroceder. e inspiró hondo antes de hablar. Anne se quedó junto a la cama.19 - . Ella lo empujó a un lado y entró. tocando suavemente con los nudillos en la puerta. —Ya estáis levantada. —Pero yo soy una viuda acostumbrada a salirse con la suya. lo dejó en su sitio y abrió la puerta. Él cerró la puerta lentamente. enarcando las cejas. —¿Milady? —dijo él interrogativo.

podría tratar de averiguarlo por sí mismo. Vino a verme sólo porque le preocupaba que me estuviera haciendo pasar por lady Rosamond. ha colaborado con la Liga en otra ocasión.. bien podríamos estar ya en Londres. en el salón común? —Lo recuerdo. —¿Y cómo habéis reconocido a un miembro de mi orden? —No es miembro. —Intenté despistarlo. y fue cólera. sir Walter. pero mientras informamos a la Liga y éstos buscan un hombre disponible. lo que es más importante. me ha reconocido.? —Así es. Al final. —Lo conozco. Y. Fría cólera. —¿Y no gritasteis pidiendo mi ayuda? —No. Anne pensó que empezaría a poner inconvenientes. —No y no quiero que lo creáis así. Frunció el ceño aún más. Sir Walter ladeó la cabeza. Esperaba que el rubor que le teñía las mejillas se debiera a las palabras del hombre. Tendremos que arreglárnoslas con tres guardias. más que a la culpa y la rabia que ella misma sentía. lo habíamos hecho —lo atajó ella sin rodeos—. Se trata de sir Philip Clifford.20 - . La expresión de sir Walter se mantuvo imperturbable. —No. —Bajó la voz—. como ya os digo. ¿Recordáis al hombre que me sentó en sus rodillas anoche. Al fin obtuvo una reacción por parte del hierático caballero.. —¿Sois su concubina? Anne retrocedió de la impresión. ¿No habíamos hablado ya. con una actitud cada vez más reprobatoria. —¿Cómo lo sabéis? —Porque anoche vino a mi habitación. —¿Habéis oído hablar de él? —preguntó la joven con recelo. pero él se limitó a esperar. pero la joven percibió cierta dureza.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Por supuesto. —¿Y cómo pudo entrar si teníais un arcón atrancando la puerta? —Se coló por la ventana. —He oído hablar de sir Philip. sí —contestó con tono serio. porque lo conozco. me di cuenta de que si no le daba una razón. Era la mano derecha de lord Alderly. y. y también vuestra orden. Pero me pareció justo informaros de que hay un caballero en esta posada que ya ha colaborado con la Liga en otra ocasión. —Pero no es miembro. —¿Y qué le habéis respondido? Ella levantó la barbilla. Cuando me suministraron información sobre vuestro pasado. lo que . pero adivinó que algo no iba bien.

amigo suyo y ahora miembro de la Liga. Pero entonces se sintió un poco culpable. y no quería dejarla pasar. ¡Ahora lo estaba defendiendo!—. me acabáis de poner en un difícil dilema. —En un principio porque no demostró su valía —prosiguió sir Walter—. pero ahora se ha labrado fama de ser alguien que corre riesgos inaceptables. Ella no contestó. Ni siquiera sabe que he venido a veros. Que se haya acercado a vos esta noche lo pone de manifiesto. lady Rosamond. me preocupa que pueda traicionarnos. Sin embargo. que actúa sin pensar. y podría sernos útil en nuestro viaje. —Sois muy lista. Y así también me resultará más fácil tener vigilado a un hombre que sabe demasiado . sólo honesta. y Anne puso los brazos en jarras con gesto de frustración. El hombre tomó aire. y hay una razón para ello —dijo. —¿Y acaso os informan regularmente de lo que hacen todas las personas que conozco? Él no respondió. Anne hizo una mueca. Pero. Sir Walter cerró los ojos brevemente y luego se dirigió a Anne con los dientes apretados. —Él no haría algo así —respondió. Enviaré una misiva a sir Philip y le pediré que se reúna conmigo en Micklegate. El hombre suspiró. —Sabe lo que yo sé. sir Philip es un hombre inteligente y diestro con la espada. con la esperanza de que sir Walter decidiera prescindir de la ayuda de Philip. —Lady Rosamond.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO pondría nuestra misión en peligro. Os lo cuento porque me parecía justo que supierais lo que había pasado. —¿Y cómo sabéis todas esas cosas de él? —Porque lo sé todo sobre vos. —No pretendía ser lista. Sir Walter le dirigió una aguda mirada. intentando no imaginar las historias que sir Walter podía haber oído sobre Philip y ella. fuera de las murallas de la ciudad. y eso no es lo que caracteriza a un miembro de la Liga. Anne aguardó en silencio. Le daban ganas de gritar de rabia. que no es tanto —se apresuró a decir ella—. —No parece que os alegre su presencia. aquélla era su oportunidad de triunfar. Podría sernos de ayuda si accede a viajar con nosotros. Él ayudó en mi rescate cuando estuve cautiva. y a unir a lady Elizabeth y lord Alderley. Por un lado. consciente de cuánto había significado siempre la Liga para él. —Pero lo prioritario no es la satisfacción personal de ninguno de nosotros. deliberadamente o no. por otro. —Sir Philip no es miembro de la organización.21 - . —Así que ese desconocido lo sabe todo.

—A partir de ahora. ocultando sus afilados pinchos en el hueco que quedaba en lo alto de la torre de entrada. Si Philip accedía a acompañarlos. Mientras los hombres miraban a su alrededor en estado de alerta. y estaba preocupado por la seguridad de Anne. —Lo prometo. No le extrañaba que se la hubiera sentado en las rodillas en la taberna. se le caldeó la sangre y tuvo una incómoda erección. cuando tuvo la suerte de que lo nombraran escudero. guiando a su caballo. Se había pasado la vida luchando denodadamente por convertirse en alguien. la más alta de las dos mujeres se echó hacia atrás la capucha de la capa y él pudo distinguir que se trataba de Anne. todos a una. no se sentía emocionado ni ansioso. Lo único que esperaba era que no intentaran detenerlo. Si la joven había esperado dar una buena impresión ante la Liga. El rastrillo empezó a levantarse lentamente. ahora lo único que podía hacer era seguir adelante.22 - . primero como soldado. Cerciorarse de que Anne estaba sana y salva sería un comienzo. los hombres se llevaron la mano a las espadas. hirviendo de ira y profundamente humillada. ¿Por qué les había contado que había ido a verla? No les habría hecho ninguna gracia enterarse de que conocía su misión. llevando consigo otros tres caballos de carga. caballeros —dijo él. apretando los dientes. tres hombres y dos mujeres a caballo. La niebla que pendía sobre el río Ouse cubría de gris oscuro la alborada. Que lo nombraran caballero fue algo totalmente inesperado. y. Philip pasó por debajo. Una pequeña comitiva atravesó las puertas de la ciudad en dirección al exterior. mantendría las distancias. Cuanto antes pudiera continuar con su propio viaje. Siempre sabía cuándo la joven estaba cerca. Sólo tenía curiosidad.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO de nuestra misión. . tanto mejor. cerraréis los postigos y echaréis el pestillo. —Vengo en son de paz. porque aunque sus héroes de la niñez volvían a cobrar vida. aprovechó bien la oportunidad de servir a su señor. como si no hubieran sido ellos los que lo habían citado allí. y luego. Se preguntaba hasta dónde llegarían para protegerse. Philip guió hacia ellos su montura y. Le hizo a Anne una inclinación de cabeza—: Lady Rosamond. pero le sirvió para que cobrara conciencia de que todos sus sueños podían hacerse realidad si se esforzaba por conseguirlo. Todos menos el de pertenecer a la Liga. estaba fracasando. Philip era un hombre práctico y sabía que era hora de seguir con su vida. Ciertamente tenía que estar desvaneciéndose su deseo de pertenecer a la Liga. Sintió que todo su cuerpo cobraba vida ante su proximidad. Y aun así querían reunirse con él. y lo ayudaría a aplacar su sentimiento de culpabilidad. y jamás dejaría que las cosas volvieran a descontrolarse. imposibilitando la visibilidad. Se detuvo cerca de la torre y esperó. Ya estaba hecho. Asintió con la cabeza. Anne salió de la habitación de sir Walter.

porque sabía demasiado.. —Hace días. a campo abierto. Había un ligero deje de amenaza en su voz. Inadecuada. Debió de quedarse mirándola con demasiada fijeza. Resultaría incómodo. ¿Querríais uniros a nuestra partida de escolta de lady Rosamond? Philip no se tomó la molestia de ocultar su sorpresa. Philip ladeó la cabeza. —¿Cuál sería mi cometido? . Aunque él sabía a ciencia cierta que no le haría ninguna gracia que lo incluyeran en la escolta. la joven lo necesitaba. trotó en su dirección y desmontó. En Alderley ya se le había hecho difícil no tocarla. —¿Por qué no habéis buscado a otro miembro de la Liga? —No nos ha sido posible alertar a ninguno en este momento. como si su fachada inalterable empezara a resquebrajarse. sir Philip. Sus propios planes tendrían que pasar a segundo plano. mientras tonteaba con Anne..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Uno de los hombres. resultó herido uno de mis hombres. Me equivoqué al dar por supuesto que sabría protegerse en ese sentido. —¿Alertar? Sir Walter frunció el cejo. —Le he pedido a lady Rosamond que se acostumbre a cerrar los postigos con el pestillo. estando ella bajo techo de su mejor amigo. pero no miró a la joven. Philip asintió. y eso. Tal vez hubiera decidido contratarlo para poderlo vigilar. ¿Acaso le estaba advirtiendo que se mantuviera apartado de su protegida? ¿O la advertencia estaría dirigida a la propia Anne? Philip no tenía ningún deseo de dejarla seguir sola en esa situación. —¿Qué respondéis? —exigió saber el caballero. No volverá a pasar. —Soy sir Walter. Eso era que seguía muy enfadada. Os conozco. —Sabéis qué es la Liga y conocéis nuestra misión. Sin embargo. —Estaba preocupado por ella. Era el mismo que lo había amenazado con su cuchillo en la taberna. cuanto más allí. Sir Walter carraspeó. Lady Rosamond me ha hablado de su inadecuada visita a su habitación. para sir Walter. y no me resultó difícil colarme por su ventana. Philip miró a Anne. fuerte y ancho de espaldas. iban a tener que pasar mucho tiempo juntos. Pero no tenía intención alguna de decírselo a aquel orgulloso Hombre del Acero. Walter frunció el cejo. porque el cejo fruncido de sir Walter se volvió aún más evidente. Se lo debía.23 - . y Philip se lo debía por los errores que había cometido. pero ella no dejó traslucir ninguna emoción y tampoco protestó. emplearlo a él era muy poco mejor que utilizar a un absoluto desconocido. ¿Deseáis uniros a nosotros o no? Era evidente que. Iría tras sus pasos a cierta distancia y se aseguraría de que no le pasara nada.

Él sonrió.? —Ferrybridge. para defender a milady.. pensó Philip. Milady no desea ir hacia allí. —Ya veo. —¿Lamentáis estar tanto tiempo alejado de la excitación de los torneos? — preguntó sir Walter. pero lo pensó mejor y volvió a cerrarla. lo cual no hacía más que reafirmarla en el hecho de que los había defraudado.24 - . que se sostenía con una elegante postura sobre su caballo. Sus tres guardias iban concentrados en vigilar los alrededores y apenas hablaban con ella. Ésta era un enigma. Me reuniré con vosotros dentro de unas pocas horas. Os alcanzaré por el camino. Tardaré una hora en recoger mi armadura y pagar la cuenta en la posada. como si nunca hubiera habido dudas de cuál iba a ser su respuesta. —¿Y hacia adonde viajáis? —¿Y por qué os preocupa eso? Philip abrió la boca. Y con Margaret no era . Estaba claro que la verdadera lady Rosamond no era una mujer corriente. echando una ojeada a Anne. Acepto la oferta. ¿Y podría saber cuánto estimáis que durará el empleo? —Varias semanas. Tal vez no.. Sería mejor no entablar rivalidad con él. Sir Walter se limitó a rezongar. Así que había oído hablar de sus recientes aventuras. Allí atravesaremos el río Aire. pero se dio cuenta de que le gustaría mucho poder hacerlo. excepto cuando sea por causa de fuerza mayor. Iba a estar al mando de aquel hombre. con un castillo de la realeza. ya no vivía para lograr la aprobación de la Liga del Acero. A Anne el trayecto se le estaba haciendo interminable. pensó Philip. —¿Y os dirigís hacia. tal vez dos meses. —Tenéis razón —contestó—. —Comprendo —dijo—. sin utilizar silla de amazona. —Fui entrenado como soldado mucho antes de convertirme en caballero — contestó Philip—. es necesario asegurarse de no llamar la atención. no una aldea sin importancia donde una falsa condesa pudiera pasar desapercibida. Bueno. —Es obvio que os marcháis hoy —dijo Philip—.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Proteger a lady Rosamond en todo momento hasta que finalice nuestro viaje. Tampoco Anne. Para poder hacer bien el trabajo que se os ofrece. Comprendo las obligaciones que me habéis descrito y soy capaz de seguir vuestras órdenes. Y no parecía aprobar su comportamiento. con una nota de sarcasmo en la voz—. No se veía capaz de leer lo que ocultaba la expresión de la joven. una sirvienta capaz de hacerse pasar por un miembro de la nobleza con facilidad. Era una ciudad de tamaño más que decente. —¿En dirección a Pontefract? —No —contestó el hombre—. Sir Walter asintió con la cabeza.

Así que no le quedó más remedio que contemplar el paisaje de aquellas fértiles llanuras de Yorkshire. los otros dos caballeros y Margaret. ni tal alto como sir David o tan ancho de espaldas como sir Walter. observándola. enarcando una ceja. Se lo quedó mirando un momento. Durante el importante servicio que llevó a cabo para lord Alderley. Anne podía ver claramente su recelo y preocupación. como de costumbre. «¿Qué es esto?». Estiraron un poco las piernas en el pequeño claro. ¿El remordimiento que sentía no le bastaba como escudo frente a la conciencia sexual que provocaba en ella? Terminado el receso. porque él ya se había alejado. en que la joven se había arrebujado contra aquel torso y experimentado unas abrumadoras sacudidas de deseo como nunca antes había sentido por ningún otro hombre. No iba a pensar en Philip. —Así es. pero éste apartó la vista suavemente. fue la silenciosa Margaret la que se colocó junto a ella. Se preguntó si cabalgaría a su lado y se tensó mientras se formaban las parejas de viaje. mientras que Philip conducía a su montura hacia la retaguardia de la . congregados a su alrededor con cierta incomodidad. No era tan guapo como sir Joseph. Pero eso ya lo sabéis. se preguntó al cabo. aliviada. No podía pensar en eso. Anne se arrodilló a la orilla para beber agua en el cuenco de las manos. Decidida a comportarse de manera profesional. y las montañas que se elevaban en la lejanía. Sir Walter hizo un alto en el camino a media mañana para que los caballos pastaran un poco. Una prisa innecesaria. Hubo un momento. y Anne se apoyó en su hombro mientras pasaba la pierna por encima del lomo del caballo con soltura. pero titubeó al ver a Philip apoyado contra un árbol. pero sabía que eso levantaría sospechas. en el extremo opuesto del claro. Philip fue el primero en colocarse a su lado.25 - . Sin mediar palabra. así que se apresuró a estirársela bien y cubrirse las pantorrillas antes de que Philip pudiera ver demasiado. su mirada captó la de Philip. furiosa. Él también sabía interpretar el papel que le había sido asignado. La brigantina. pero la verdad era que sabía muy poco de él. acentuaba la anchura de su torso. Sir Walter asintió y le pasó un trozo de queso. en el pasado. Fue presentado al resto de los componentes de la comitiva. atrapada en una suerte de hechizo indefinible. hacia el oeste. Pero quedaba el problemilla de bajarse la falda. y ya controlaba bastante bien al animal. junto al arroyo. le ofreció las manos enlazadas a modo de estribo. No le había resultado complicado dominar la técnica de montar a horcajadas. como un hombre. Finalmente éste se unió a la comitiva. «Menos mal». aunque. y aprovechó para hacer las presentaciones. Se sentía totalmente consciente de su presencia. Philip echó una mirada a Anne. Anne quería ignorar la presencia de Philip. la armadura de viaje que le protegía el pecho y la espalda debajo de la túnica. nadie dijo una palabra. Tendría que acostumbrarse a no llamarla por su verdadero nombre. Anne cerró los ojos con un gemido de frustración. pensó ella. cogiéndose el bajo de la falda. Como siempre.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO fácil entablar conversación. —¿Conocíais a lady Rosamond con anterioridad? —preguntó sir Walter.

Que la presioné sería más ajustado a la realidad. Philip guardó silencio unos minutos mientras estudiaba detenidamente el grupo. veo que es una pregunta demasiado personal para un miembro de la Liga. a un pastor que cruzaba el camino con su rebaño. Ralentizó el paso de su montura y sir Walter lo imitó al darse cuenta. pero aparte de eso. Anne señalaba algo en la distancia a su doncella. —Nadie sospecha el verdadero propósito de nuestro viaje —comentó sir Walter en tono desabrido—. concentraré mi atención en la misión y no en los participantes. —¿Buscáis algún peligro? —preguntó sir Walter. riqueza e inteligencia. —Sir Philip. El caballero le lanzó un vistazo de refilón y volvió a fijar la mirada en el camino. ¿no os parece que ésta es una tarea peligrosa para encomendársela a una inocente doncella? Walter ni siquiera lo miró. observando el camino arriba y abajo. —¿Habéis visto algo? —le preguntó el hombre con cierta brusquedad. más adelante. Me preocupaba su seguridad. Se dirigían hacia el sur. Y hasta ahora se ha desarrollado sin problema. Sir Walter era un hombre acaudalado. —Lady Rosamond me contó el otro día algunos detalles de este viaje. El otro frunció el cejo. —Sólo responderé a lo que pueda. y sus modales denotaban gran dignidad. si no os importa.26 - . diez o quince años. Este viaje ha sido organizado a conciencia. —Ah. escudriñando con su aguda mirada la campiña. aunque no siempre ha resultado cómodo. —¿Os lo dijo libremente o la obligasteis a ello? Philip sonrió. así que decidió que debería dejar claro ese punto. con sir Walter. Asumiendo que recibís órdenes superiores. con alivio. —Mi curiosidad era demasiado fuerte. Es sólo que me ha parecido oportuno plantearos ciertas cuestiones. ¿Sería algo más que un caballero? Tratándose de la Liga del Acero nunca se sabía. y el reinado de nuestro monarca . Hacéis bien —convino sir Walter. éstos son tiempos peligrosos. Era de un tejido de excelente calidad. —Así es. —¿No se supone que debo vigilar en todo momento que no le ocurra nada a milady? —replicó él. Muy bien.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO comitiva. —No. Philip cabalgaba justo detrás de ella. lo admito. pero Philip también vislumbró el dobladillo de la camisa interior debajo del jubón. Lady Rosamond es conocida por su excentricidad. De vez en cuando. Philip echó un vistazo al otro caballero. Él no se veía capaz de mantenerse callado tanto tiempo. Anne exhaló lentamente. nadie decía nada. Vio la carreta de un granjero a lo lejos y. —Y vos estáis acostumbrado a las comodidades. pero Philip lo vio tensar la mandíbula. que le llevaba por lo menos. Las arrugas que rodeaban sus ojos y su boca eran indicio de su experiencia y su cuidado de los demás.

junto a la carreta del granjero que hemos dejado atrás. —De ahí el cuidado que se ha puesto en la planificación del viaje. a continuación. Pernoctaremos sólo una o dos noches en cada sitio. ¿Y cómo sabréis. Sir Walter se volvió ágilmente en la silla y. que ya podía callarse. Pero el otro no estaba de humor para hablar después del episodio. acaba de pasar un jinete solitario a medio galope en esta dirección. para así reducir los riesgos al mínimo. —Puedo hacer más de una cosa al mismo tiempo —contestó él. Éste se limitó a sonreír. Philip bajó la voz. miró a Philip. Nadie conoce la verdadera naturaleza de nuestra misión. —El velo no le sirvió de mucho conmigo. Especialmente los traidores. y estamos teniendo mucho cuidado de no revelar su identidad. utilizando el mismo tono desabrido del hombre—. Estaba claro que no se trataba de un viaje de placer. y determinará si el lugar es seguro o no. Si los traidores descubrieran el complot. Por ejemplo. el listado de nobles a los que va a visitar. —Eso es porque la estrechasteis contra vuestro cuerpo de manera muy grosera. oteando la campiña que se extendía ante ellos. os aconsejo que prestéis más atención al camino. —¿Y en qué consistirán nuestras obligaciones mientras lady Rosamond esté entrevistándose con los posibles candidatos a esposo? —Vigilar en todo momento que no le ocurra nada. —Eso no es asunto vuestro. —Probablemente sea sólo un mensajero —comentó Philip.27 - . —¿Y cómo va esa otra misión? Sir Walter lo miró con frialdad. Así que no era lo bastante «comedido» para aquellos caballeros. pero en este caso. —No todos en el reino poseen modales exquisitos. si alguno de ellos tiene visitantes inesperados? —Uno de mis hombres nos precederá a cada una de las mansiones para anunciar la llegada inminente de milady. el jinete los adelantó con un mero saludo. O. Philip contuvo las ganas de reírse. la estabilidad de la monarquía beneficiará a todos. por ejemplo. pensó Philip. sí. Los peligros para nuestra lady Rosamond no son más que los que entraña cualquier viaje a través de caminos públicos. Aunque sir Walter avisó a los dos caballeros de la posición de vanguardia que estuvieran alerta. —Ah. —¿Así que ni siquiera vos lo sabéis? —Sir Philip. dicho de otra forma. Y aunque una tropa grande . el único aviso que recibirían sir Walter y sus hombres sería un ataque. Un hombre más comedido no hace esas cosas. La Liga no suele pararse a considerar si la gente a la que ayuda es noble o no. —¿Y cómo sabremos cuándo el viaje deje de ser ya necesario? —Se pondrán en contacto conmigo cuando la otra misión haya sido completada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO acaba de nacer.

Sin embargo. Los caballeros se quedaron de pie. como si pudieran comunicarse en silencio mientras comían. Se le pasó por la mente que. y él había creído que lo que querían ambos era simplemente pasarlo bien.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO levantaría sospechas. así que se sentó en un extremo de la manta. Pero antes de tomarla tuvo un presentimiento. por su parte. y darse cuenta de que en realidad era la doncella de Elizabeth. después del daño que le había causado? —¿Queréis un poco más. se mostraba precavida. la responsabilidad de la misión se alzaba entre ellos como un muro. en su inocencia. al descubrir el engaño urdido por las mujeres. Anne no había comprendido el verdadero carácter de su relación. A lo largo de las semanas que habían pasado en Alderley. Philip observó cómo uno de los caballeros —no sabía si era sir David o sir Joseph— ayudaba a Anne a bajar del caballo. había podido comprobar que Anne era en efecto afectuosa e inteligente. porque no sólo lo había engañado a él. Había creído mejor no ayudarla esa vez. Ahora era un soldado a su servicio. Disfrutaba demasiado mirándola. como condesa. Aunque. Pero después de tantas horas sin hablar. él también sentía. algo que. Margaret extendió una manta en el suelo e instó a Anne a sentarse. él necesitaba utilizar las cuerdas vocales. que vio en su . La joven se había comportado como una mujer inusualmente apasionada. pero también había vislumbrado en ella una tristeza que no había sido capaz de comprender y sobre la que tampoco había preguntado. Dio un mordisco a una manzana y masticó mientras deslizaba suavemente la mirada sobre Anne. consternado. Era lo suficientemente vanidoso como para querer que la Liga no lamentase haberlo contratado. Más tarde.28 - . sino a un vizconde ávido de poder. todos juntos. una coincidencia de cualidades bastante inusual. inteligente y hermosa. La doncella lo miró con sorpresa y desconfianza. aunque. y tenía que respetarlo. a Anne deberían servirla. Unida a la tristeza había desesperación. la prometida de John. seguida de humillación. Anne. Cuando se detuvieron a comer. los traidores no tendrían reparos en contratar los servicios de hombres desesperados y altamente peligrosos. uno de sus protectores. Nunca olvidaría la expresión de sorpresa. incluso después de todo lo que había ocurrido entre ambos. sir Philip? —preguntó Margaret. Le había parecido una mujer afectuosa. junto a las dos mujeres. La primera vez que la vio. sacó los víveres del almuerzo: tortas de pan. tuvo que reconocer que ésa había sido su reacción inicial. sintió envidia de su amigo. aunque eso era exactamente lo que sentía. Incluso se movió para apartarse un poco. ahora podía admitirlo sin reparo. No estaría bien desear sexualmente a la dama a la que protegían. —Aún no he terminado mi parte —contestó. ¿Podía estar aún interesada en él. cuando se estaba haciendo pasar por lady Elizabeth. Philip observó divertido cómo ella y Margaret repartían entre los hombres las porciones correspondientes. manzanas secas y más queso. A continuación. la chica se le había antojado más fascinante si cabía. Y el resultado había sido una serie de apasionados encuentros que aún lo perseguían en sueños.

Estaba muy ofendida cuando la dejé para que bregara sola con esa actitud de su esposo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO rostro. Llevaba ya dos semanas haciéndose pasar por lady Rosamond. condesa? Anne ni se inmutó cuando Philip la llamó por el título nobiliario. aunque enseguida su orgullo acudió al rescate. —¿Qué piensan ellos de este viaje? Margaret cortaba queso sin molestarse en disimular la atención con que observaba y escuchaba. Anne vaciló un momento. Anne se detuvo y bajó los ojos para que él no pudiera ver la agitación que bullía en ellos. Sin embargo. hace poco que se lo propusieron —señaló ella—. No quería volver a hacerle daño de esa manera. —¿Comprender algo más que vuestra necesidad de ser útil? —la presionó él. Si seguía triste por algo. Sus ojos oscuros resplandecían a la luz del sol mientras daba un mordisco a su torta. Philip buscó un tema de conversación inofensivo. no se le notaba. Lo miró mientras meditaba la respuesta.29 - . Todavía no ha asistido a su primer entrenamiento. Qué buena noticia. —Como ya sabéis.. claro que sí. —¿Qué tal estaban las cosas por el castillo de Alderley cuando salisteis de allí. . Se ha vuelto excesivamente protector con Elizabeth desde que se enteró. siendo como es uno de los miembros de la Liga. —¿John también? Bueno. se reclinó y se apoyó en una mano. —No lo creo. —Comprendieron la necesidad que tenía de ser útil. —¿Sabíais que lady Elizabeth está esperando un hijo? Sorprendido. John estará henchido de orgullo. pareció comprender. pero no sonrió. —No lo sabía..

su amigo John. No tenía intención de dejarse arrastrar por el sentido del humor de Philip. No merecía saber que. Era natural que sintiera curiosidad por saber por qué había aceptado aquella misión y cómo había reaccionado el nuevo señor de Alderley. decepcionada. y Philip. milady. —comenzó. cuando le había bastado con mirarla para caldearle la sangre y hacerla arder en deseos de disfrutar de sus . Le dirigió una de las brillantes y descaradas sonrisas propias de lady Rosamond. —¿Que os aburríais? Me parece que no era eso lo que ibais a decir. —¿Quién ha dicho nada del vizconde? —preguntó él. Pero no quería hablarle de su familia. —Por supuesto. Sus cálidos ojos verdes le recordaban la despreocupación de los días de verano. que debería estar más en guardia que nadie. —Hablando del vizconde Bannaster. —Lord Alderley comprendió que me aburría.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 4 Anne se dijo que era absurdo molestarse por las preguntas de Philip. Se le hacía demasiado doloroso... A veces. —¿Ye importaría ir recogiendo? La chica asintió. pero no había hablado en voz alta. saber que aquellos cuatro caballeros y otra sirvienta tenían que obedecer sus órdenes la hacía sentir muy poderosa. Era un hombre simpático y cordial. Se le había olvidado que había estado pensando para sí. Cuando se hizo pasar por Elizabefh. —Sí. Pero tenía que encontrar la manera de distraer a Philip. Pero ninguno de ellos había tenido que mostrar una actitud servil hacia ella.30 - . hacerse pasar por otra persona era mejor que ser quien verdaderamente era. para ella. Anne seguía sin acostumbrarse a que los demás obedecieran sus órdenes como si de verdad fuera miembro de la nobleza. Anne enrojeció de rabia. adelante. capaz de conseguir que la gente se relajara. —Hablar de Alderley me lo ha recordado. Anne la miró de refilón. Incluso ella. sólo ésta y el vizconde Bannaster habían sido testigos de su interpretación. Él frunció el cejo. claro. curvando los labios en una amplia sonrisa. Margaret no podía ocultar su fascinación.

. por tanto. —Así es. Pero su presencia a su lado era tan sólida y reconfortante. gracias a que puse sobre aviso. pero no podía. —Estaba en la lista de candidatos en un principio. Aun cuando hablaban de otras cosas. y no lo haría. Sir Walter los sacó del trance. Anne sabía que debería levantarse y apartarse de él. vuestra sugerencia es inadecuada —le reprochó con tono severo—. —Vamos. echa de menos su antigua vida —murmuró—. Después de todo. la ayudaría a granjearse un puesto dentro de la Liga. No visitaremos a lord Bannaster. que su obligación es servir a otra sirvienta. el tono acariciante de su voz penetraba en su interior de una manera sorprendente y del todo inoportuna. ¿No te parecería gracioso que. Lo miró frunciendo el cejo. Para infundirse ánimos. y. —Yo siempre tengo razón. Supongo que aceptaría llevar a cabo su parte antes de venir. —¿Qué ocurre con el vizconde Bannaster? —la instó. Era evidente que no quería que nadie más lo oyera. puede que hasta semanas. intentando comprender todo lo que Anne no le estaba diciendo. Se le veía una expresión de tristeza. ¿Sabía Philip que la forma en que la había tratado él en el castillo de Alderley también le había servido para recordar que pertenecía a una clase inferior? —¿Acaso no estáis aquí las dos para servir a los propósitos de la Liga? — preguntó él—. No estaban solos.. Margaret ve claramente que ella y yo pertenecemos a la misma clase. se recordó que. El tono íntimo de su voz la cogió por sorpresa..? —Sir Philip. —Es una lástima. —El caso es que ahora ya no está en la lista. Dentro de poco. fracasó en su intento de casarse con Elizabeth. conseguirlo. Ella lo miró de refilón. Anne tendría que buscar la manera de aprender a ocultar sus emociones. ¿Cómo se las iba a apañar para ignorarlo? —Sí. pero de alguna forma era como si lo estuvieran. —¿Echa de menos a su señora? —preguntó Philip. No debía mirarlo. —Ya lo rechazaste una vez cuando te hiciste pasar por Elizabefh... Levantó la mirada y vio que sir Walter y sus hombres estaban ya ensillando los caballos para reemprender viaje. —No sonrió. lady Rosamond. a las personas que habían de saberlo. pero él ladeó la cabeza con un gesto de estudiada inocencia. sir Joseph se adelantará para anunciar nuestra llegada.. más bien se quedó mirándola atentamente. . Tienes razón. Iban a pasar juntos un montón de días. Margaret cerró la alforja y su mirada se perdió en la lejanía. —Estoy seguro de que le encantaría saberlo —se burló Philip—.31 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO atenciones íntimas.

consciente de que si quería formar parte de la Liga tenía que estar preparada para defenderse en cualquier situación. Pronto anochecería. —Y yo viuda. Philip y sir Walter tenían que . milady —le dijo sir Walter—. Sus ojos demostraban lo asustada que estaba. pero ¿cómo hacerlo cuando estaban a punto de ser atacados por una banda de ladrones? —Si nos ocurriera algo. finalmente. Tres salteadores de caminos se les acercaban por delante y otros tres por detrás. Los caballeros y ellos entablaron combate. los hombres debatían entre sí si sería mejor levantar un campamento o tratar de llegar al castillo. De pronto. —Le entregó su daga y Margaret se echó a llorar. sir Joseph tomó la curva del pedregoso camino. Ella se encogió de hombros. sir Walter envió a sir Joseph hacia adelante. dejadnos aquí y galopad en busca de ayuda. —Y también muy viejo. tenían a los atacantes encima. pero él no la estaba mirando. —Ése es el castillo de lord Milforth. Puso todo su empeño en tranquilizarse. todos guardaron silencio y los cuatro hombres echaron mano de sus armas. No puedo permitirme demasiados remilgos. Tomad. cuando sir Walter levantó una mano. Anne se arrebujó en su capa mojada sin decir una palabra.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Estamos ya cerca del castillo de Birkin? —preguntó ella mientras se levantaba. Ya había desenvainado la espada y tenía los ojos fijos en la distancia. con sólo una mirada. pasando por alto la mano que Philip le tendía para ayudarla. una vez que la lluvia había cesado. consternada. Al instante. Estamos a menos de una hora del castillo de Birkin. Sir Joseph se acercó a la comitiva al galope. Anne intentó calmar a su montura mientras los cuatro caballeros las rodeaban a ella y a Margaret en actitud protectora. Quizá podamos llegar antes de que caiga la noche. Unas horas más tarde. y el camino trazaba una curva a partir de la cual se estrechaba bastante. Miró hacia atrás en busca de Philip. —Aún quedan varias horas. Philip y sir David se colocaron detrás de ambas mujeres y. Aunque no logró desmontarlo. por si os veis obligada a usarla. —¿No es un barón? —preguntó éste—. y Anne ahogó un grito de pánico al ver que alguien saltaba sobre él desde un saliente no muy alto. se quedó inmóvil. Margaret ahogó un pequeño grito. sir Joseph lanzó al suelo a su atacante. porque su caballo podía percibir sus nervios. Con un codazo. ¿no es así? El hombre asintió con la cabeza ante la expresión de perplejidad de Philip. pero enseguida recobró la compostura. Anne insistía en que a ella no le importaba dormir a la intemperie.32 - . —Es muy rico —respondió Anne. a investigar. un hombre que rodó por el suelo y. Anne se quedó mirando el arma. De pronto. Pero Philip no parecía convencido. Un título bastante inferior al de condesa.

—Quizá haya pensado que coger al último de los ladrones garantizaría nuestra seguridad. hasta que sólo quedaron dos. poniendo en fuga a uno de los ladrones. uno tras otro. Cuando Philip espoleó a su caballo guiándolo tras los ladrones fugados. —¿Estáis bien. Todos fueron cayendo. Intentó abrazar a una sollozante Margaret. mientras que con la otra empuñaba la daga. y sir Walter tenía un ojo hinchado que empezaba a ponérsele morado. porque así le resultaba más fácil dominar su propia montura. demostraron no estar tan bien entrenados como los caballeros. Anne observó. Pero sir David se deshizo de su atacante y corrió en auxilio de Philip. Anne se volvió hacia los tres caballeros. Ella asintió con la cabeza y desmontó. El hombre frunció el cejo. observando la curva del camino tras la que había desaparecido Philip. —Valiente estúpido ha sido al dejarnos aquí de esa forma. El caballo de Margaret se encabritó y empezó a levantarse sobre las patas traseras. Ella lo miró con creciente aprensión. —¿Creéis que estará bien? —le preguntó en voz baja. pero no la miró. Sir Joseph tenía un corte en la parte superior del brazo. que aún respiraban trabajosamente mientras examinaban el estado de sus monturas y de sus compañeros. el aire vibraba con el entrechocar de espadas. Era la viva imagen del desamparo. ¿Se habría enterado alguien de que en realidad no era lady Rosamond? ¿O pensarían. Los ladrones. —Menos mal que no te han tocado tu bonita cara —le dijo a sir Joseph en tono burlón—. los gruñidos de los hombres y las exclamaciones triunfales o de dolor. cuando el ataque de los dos salteadores a los que se enfrentaba lo obligaron a abandonar el círculo de protección. Anne pudo entonces respirar de nuevo. cómo tomaba la cerrada curva y desaparecía de la vista. que permanecía un poco alejado del grupo. Fue una suerte que montara a horcajadas. milady? —le preguntó sir Walter. moviendo la cabeza a un lado y otro. aterrada. prácticamente tumbados sobre las sillas de montar. pero Philip no oía nada. pero la chica la apartó de un empujón. según el caso. rodeándose el cuerpo con los brazos. ¿Qué habrías hecho sino? El aludido se limitó a hacer una mueca. quienesquiera que fueran. por el contrario. que era la condesa y . Perdió de vista a Philip durante un momento. a menudo avanzando a dos patas para atacar a las monturas de sus oponentes. que terminaron huyendo al galope. —Eso si es que verdaderamente son ladrones. Los caballos relinchaban al ritmo de una danza marcada por la presión que cada combatiente imprimía a sus piernas. Anne agarró las riendas con una mano y tiró de ellas hacia abajo. obligando al animal a bajar la cabeza. pero no sangraba mucho. sir Walter lo llamó por su nombre. A su alrededor. Sir David se limpió con la punta de la lengua un poco de sangre que tenía en la comisura del labio. aunque a duras penas. Anne miraba a sir Walter.33 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO enfrentarse a dos hombres cada uno.

Conocen bien la zona. —Obedeceréis mis órdenes. No volverá a ocurrir. Sir Walter frunció el cejo. —Dirigió una breve mirada a sus dos compañeros de la Liga—. Sir Philip. El caballo del hombre estaba sin resuello y a él debían de haberle hecho un corte. Registrad los cuerpos. un poco por encima de la oreja. se acercó a él con un trozo de lino húmedo. Pero ambos estaban más ocupados en vigilar las distantes colinas que a ella. Tenía pinta de ser una tarea muy .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO que sabía que se estaba urdiendo una traición contra el rey? Philip regresó poco después. no a vuestros instintos. Se acercó lo bastante como para ver cómo los caballeros alineaban cuatro cuerpos y procedían a registrar sus ropas. Margaret. Ha sido como si se los hubiera tragado la tierra. sorprendido. —Espero que fueran ladrones. —No lo he pensado. Él se lo quedó mirando. Philip volvió a asentir. Tal vez nos den alguna pista de lo que querían. sacudiendo la cabeza a un lado y a otro. Largas sombras oscuras empezaban a recortarse contra el suelo a medida que se iba poniendo el sol. pero no puedo darlo por sentado. que había estado ayudando a Anne a curar las heridas de los hombres. nosotros dos continuaremos vigilando por si se repitiera el ataque. pero no podía hacerlo. como si alguien estuviera observándolos. que seguía temblando. —¿Nos han descubierto? —preguntó este caballero a nadie en particular. la mirada perdida en la distancia. quería ver qué información podían obtener de los cadáveres.. Deseó acercarse y exigirle explicaciones. Se dirigió hacia ellos sin dejar de mirar con cautela hacia donde se encontraban Philip y sir Walter. Saber que quizá fueran algo más que salteadores le puso a Anne la piel de gallina. Anne retomó la labor de vendar el brazo de sir Joseph. —Eso da igual. El alivio que sintió Anne fue enorme. —Iban bastante bien armados y han dado muestras de cierto entrenamiento. Pero quería saber lo que hacían sir Joseph y sir David. —No he podido alcanzarlos. Si alguien supiera la verdad.34 - . más que unos vulgares ladrones. —Seguirlos ha sido una temeridad —lo reprendió sir Walter con dureza. porque tenía sangre en el pelo. —Creía que queríamos conocer la identidad de nuestros atacantes. Agradecida. Terminadas las curas. Estas dos mujeres son nuestra principal responsabilidad. Anne sabía que debería consolar a Margaret.. desde luego —contestó sir David. Philip se inclinó un poco para que la joven pudiera examinarle la herida de la cabeza. ¿Y si su intención hubiera sido precisamente separarnos para lanzar a continuación un ataque masivo? Philip asintió inexpresivo. Sir Walter se le acercó mientras Philip se bajaba de la silla de un salto.

Philip se cruzó de brazos. se sentía muy vulnerable en pleno campo. tal vez no conozcan la misión. . los dos hombres se miraron el uno al otro y negaron con la cabeza. lady Rosamond. Anne contuvo la respiración. observando cómo portaban entre ambos el cuerpo del atacante. —No. parpadeando varias veces.. para que pensáramos que eran vulgares ladrones.. pero aun así. pero eso significa que hay alguien más buscándola. tanto moverlo y zarandearlo hizo que el bandido volviera en sí. —¿Quién eres? —exigió saber sir Walter. Lo rompió Margaret con voz temblorosa. El hombre no contestó. tan sólo miró a la joven y murmuró con voz ronca: —Pero. Ambos le dirigieron una mirada de admiración y. Finalmente. Tenemos que buscar refugio. teníamos que vigilar a lady. Anne irguió los hombros y trató de disimular el temblor de su voz.. Sir Joseph asintió. Margaret permanecía cerca de su caballo. —Pero como habéis dicho.35 - . —Emitió un extraño sonido ahogado y murió. pero este hombre es el único que ha llegado a verla de cerca. sir Joseph. El castillo está a sólo una hora de aquí. no debían de saber quién venía por el camino.. Todos se miraron un momento en silencio. zarandeando el hombro del herido. —Esperad —terció Philip—. pero por poco tiempo —dijo sir David. Anne en cambio se obligó a mirar al hombre. vos no sois.. —Buscaban a la condesa —susurró. cerca de los caballos. —Es cierto. creo que lo que significa es que todavía creen que yo soy tu señora. Debisteis de sorprenderlos. aturdido. echaron a correr camino abajo. y hasta por las orejas. y por eso se vieron obligados a atacar en vez de huir. acto seguido. Si sólo la estaban vigilando. Anne se estremeció. —Parece que nuestra misión no es tan secreta. Él nos dijo que. apoyándose contra el pescuezo del animal. Sir Walter asintió con expresión lóbrega..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO desagradable. Al acabar. después de todo. asustada. mirando en las zanjas y detrás de las matas de heléchos. Creían que era lady Rosamond.. Se estremeció. si sólo estaban vigilando. —Está vivo. y se rodeó el cuerpo con los brazos.. ella se obligó a mirar. Dieron un grito y Philip y sir Walter se unieron a Anne. —Y que vos sí corréis aún más peligro —intervino Philip. —Ha dicho que tenían que vigilarla —señaló Philip—.. —¿Y el que ha saltado desde el saliente sobre sir Joseph? —sugirió. con la oscuridad cerniéndose sobre ellos. De pronto. y por tanto el único que sabe que no lo es. Cuando pareció enfocarla a ella. —¿Significa eso que mi señora corre aún más peligro? Anne trató de sonreírle para infundirle ánimos. Lo posaron en la cuneta.. Vio que le salía sangre por la boca y la nariz.

Ella obedeció al final y Philip la examinó detenidamente con los ojos entornados. —Sir Joseph. No nos da tiempo a enterrarlos.. Philip tenía el cejo profundamente fruncido mientras miraba cómo los otros se aprestaban a hacer el trabajo. —Exacto. Intentó mirar más allá de él. Además. fijar la vista en los caballeros. Sir Walter asintió. —Del mismo modo que lo estaremos con nuestros nobles anfitriones —añadió el hombre—. —Sin embargo. adelantaos a avisar de nuestra llegada —ordenó sir Walter—. pero hay demasiado en juego. ¿Cómo podía un pequeño susto como aquél haberla dejado en semejante estado de confusión? —Mírame —dijo él en voz baja.36 - .. —Es más peligroso de lo que creíste que sería. Hay que darse prisa en ocultarlos. Anne estuvo a punto de ladear la cabeza y apoyar la mejilla contra la mano. todo son conjeturas.. Y menos aún cuando todo el mundo sabe que lady Rosamond está de visita. Entonces se acercó a Anne.. —Philip se le acercó aún más. Aprecio vuestra preocupación. —Estaré bien. Temía por su seguridad. sobresaltado un poco. . Pero entonces Philip le puso la mano en el hombro y le dio un suave apretón para infundirle ánimo. este soldado sí la conocía —objetó Philip—. —Estaremos atentos —dijo sir Walter. sólo para tocarlo. todos esos candidatos a esposo han sido cuidadosamente seleccionados entre los que no conocen a milady. pero comprendía que sir Walter no quisiera que hubiera menos de tres hombres para protegerla. Anne se quedó mirándolo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Pero os consideran sospechosa. La joven no quería mirarlo a los ojos y ver en ellos una preocupación que podía alterar sus emociones. no podemos confiar en que alguno de los nobles en nuestro camino hasta Londres no sea un traidor. El caballero asintió con un gruñido. —No podemos interrumpir el viaje —intervino ella—. montó y se alejó del grupo. incrédulo. —¿De verdad te ves capaz de continuar o sólo te estás haciendo la valiente? Anne esbozó una fría sonrisa. Es demasiado peligroso para A. Eso es todo. y añadió en un susurro—: Di qué es lo que quieres y te sacaré de aquí en un santiamén. —No serán tan estúpidos como para hacer algo dentro de sus propias murallas —dijo Philip con los dientes apretados—. No sabemos si puede darse un nuevo ataque. Me ha. Tened mucho cuidado. lady Rosamond. —¿Atentos? —repitió Philip. el rostro justo por encima del de ella. hasta quedar justo delante de ella. Ahora que sabemos que sospechan de lady Rosamond. Al menos. aunque brillaba en ellos una chispa de compasión. Este último miró a los otros hombres y dijo: —Depositaremos el cuerpo con los otros.

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Pensar. parecía pleno día. Deslizó la mano para desenvainar la espada y vio que los otros tres caballeros hacían lo mismo. Como si eso lo explicara todo. Anne se arrepintió. Philip se quedó impresionado y algo inquieto al ver el recibimiento que dispensaron a Anne —lady Rosamond— al llegar al castillo. A Philip le pareció una insensatez. pero entonces los soldados del castillo empezaron a lanzar vítores y a saludar con los brazos. apostados a lo largo de las almenas. tendría que aceptarlo y aprender de ello. Parecía a punto de caerse de la silla en cualquier momento. a solas con él. Pero tú acabas de llegar. e iluminadas con centenares de antorchas. Todos gritaban y saludaban como si lady Rosamond fuera su salvadora. pero lo único que vio fue a varias docenas de personas. Sin embargo. Pero si quería demostrar su valía ante la Liga. su mentalidad de soldado le dijo que podían ser arqueros preparados para lanzar sus flechas contra aquella falsa condesa. y no era la primera vez. algunas ataviadas como simples granjeros. Y si crees que va a ser demasiado para ti. que cabalgaba junto a él.. Philip lanzó una fugaz mirada a Margaret. Su tensión se incrementó cuando atravesaron el rastrillo. aunque sólo fuera brevemente.. su misión se había convertido de pronto en algo mucho más peligroso. —¿Tan desesperado por casarse está ese lord Milforth como para organizar todo esto? —preguntó en un intento de aliviar los temores de la chica. no distinguía sus intenciones. Se dio cuenta de que las puertas estaban abiertas para ellos. Anne intercambió una mirada con sir Walter y se puso a la cabeza de su pequeña comitiva. seguida de cerca por el caballero. listos para abalanzarse sobre ella y estropearlo todo. ¿Y si hubiera alguien más que conociera a la verdadera condesa y sir Joseph no se hubiese dado cuenta? ¿Y si lord Milforth la daba ya por muerta? Pero no. sus miedos seguían allí. Philip continuó escrutando a los presentes. En ese momento. pero en la oscuridad del crepúsculo. Una fila de caballeros y soldados hacían guardia. agazapados. Ella le dirigió una débil sonrisa y murmuró: —Hombres. ¿Habían sido víctimas de un solo ataque y ya se estaba cuestionando el compromiso que había adquirido? Decepcionada consigo misma y furiosa por la propuesta de Philip. se zafó de su mano. Estaba segura de que se manejaba mejor con las maneras bruscas y firmes de sir Walter que con la compasión de Philip. Aunque estaba anocheciendo. adornadas con lazos y flores. la disgustó profundamente. Él tenía razón. otros como sirvientes del castillo. el moribundo les había dicho que sólo estaban vigilando. de haberle contado a sir Walter lo de Philip. . Él puso los ojos en blanco y se alejó. en lo deseable que sería encontrarse en un lugar seguro. —Yo terminaré lo que he empezado.37 - .

A ella la ayudó un hombre del castillo. Philip lanzaba fulminantes miradas a todo aquel que se le acercara demasiado. debía de ser uno de los consejeros más cercanos del señor del lugar. Philip sabía que sir Walter estaría explicándole que habían sufrido un ataque en el camino. Pero muchos hombres eran capaces de comportarse como los demás esperaban que hicieran. y los demás los siguieron al interior. Ésta avanzó por el ajetreado salón mientras los músicos interpretaban una serenata en su honor. —¿El administrador? —murmuró Philip a Margaret. El otro hombre escuchó atentamente. Las mesas de caballete estaban ya dispuestas para la . Philip se aproximó a sir Walter. y que. Él ayudó a Margaret a bajar del caballo distraídamente. —Ya os lo he dicho. pero nunca se sabía. Se sentía como si estuviera a punto de entablar una batalla. La temperatura era más fresca en el interior y olía a los juncos nuevos esparcidos por el suelo. su interés por la condesa parecía evidente y por completo inocente. —En el último castillo en que estuvimos. por su sonrisa. Philip pudo constatar que no era cojo y que se movía a buen paso. Hombres —declaró la joven como si ésa fuera su última palabra sobre el tema. Philip no parecía capaz de relajarse. junto a la entrada al gran salón. sin apartar la vista de Anne en ningún momento. Este levantó un brazo a modo de saludo. aunque posiblemente tuviera treinta años más que él. él mismo la posó sobre su propio brazo para hacer su entrada en el castillo. «Lady Rosamond» permitió que el barón le cogiera la mano para besársela y. Detrás de ella.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO ¿Habría alguien allí que no se alegrara tanto de ver a lady Rosamond? Todos mantenían una respetuosa distancia y guardaron silencio al ver aparecer a su señor en lo alto de los escalones. y. Aunque poco a poco su vista se iba adaptando al cambio de luz. Philip arqueó una ceja en señal de incredulidad. Philip no creía que fueran a encontrar nada. a juzgar por cómo se comportaba. en vez de bajar al encuentro de Anne personalmente. También vio que. Ella respondió encogiéndose de hombros. con expresión consternada. En el interior del gran salón. vestido con hopalanda y calzas. Anne subió los escalones en dirección al barón. sir Walter se llevó aparte al administrador tras hacer un gesto a Philip y a David para que siguieran a Anne. Con la mano apoyada en el brazo del administrador —o quienquiera que fuera aquel hombre—. Sir Joseph también se acercó a Anne.38 - . y acto seguido llamó a varios de los soldados del castillo. a continuación. apenas tenía canas. el vizconde en persona la bajó del caballo y atravesó el enlodado patio de armas con ella en brazos para que no se ensuciara el calzado. ¿Sería cojo y no quería que se dieran cuenta? Philip y los demás desmontaron mientras un grupo de jóvenes mozos de cuadra se apresuraban a llevarse los caballos a los establos.

pero lord Milforth no llevó a la joven directamente a la mesa que presidía el salón. —Sir Joseph entrelazó las manos a la espalda y retomó la vigilancia. Aunque éste había empezado a atraer ya las miradas de admiración femenina de las mujeres presentes. lord Milforth. milady. ¿habéis visto algo fuera de lugar? —le preguntó en tono despreocupado. vigilando el salón. Era obvio que estaba bien entrenado. mi doncella y para mí? —Por supuesto.39 - . Ella le dedicó una amplia sonrisa. él las ignoró y se concentró en su labor de vigilancia. pero tal vez resulte demasiado sospechoso que los dos vayamos interrogando a los habitantes del castillo. como podréis imaginar. lo detuvo. Esperaremos a que regreséis. —Os ayudaría. —Sir Philip. no he podido interrogar a todo el mundo en tan poco tiempo. ¿Están preparadas las habitaciones para mis hombres. Philip se relajó un poco cuando vio aparecer a Anne. La gente que se encontraba cerca se rió disimuladamente del comentario. Gwen os acompañará. que ya estaba de vuelta después de hablar con el administrador. —Pero sí me gustaría asearme un poco para quitarme el polvo del camino — añadió—. lo que se añadía a un rostro casi demasiado hermoso para pertenecer a un hombre. Lord Milforth sonrió obviamente sorprendido. Sir Walter. Sir Walter y sir David la . y tampoco faltan soldados. milady? —le preguntó. —Cuando habéis venido a dar el aviso. A él no le hacía ni pizca de gracia que Anne contara sólo con dos guardias para su protección. —En efecto. Había ayudado a proteger la vida de Anne y Philip le estaba muy agradecido por ello. Seguiré haciéndolo mientras estemos aquí —concluyó el joven en voz baja. —¿Deseáis tomar un baño y descansar un rato antes de cenar. entrecerró sus ojos azul pálido y sometió a Philip a un detenido escrutinio que revelaba una inteligencia poco usual. Vos y sir Joseph os quedaréis aquí. Anne echó a andar detrás de una joven sirvienta en dirección a la escalera situada al fondo del salón y Philip hizo ademán de seguirla.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO cena. Philip asintió. pero estaba claro que alguien tenía que vigilar por si sucedía algo inesperado allí abajo. aunque. no han recibido visitas en los últimos días. sir David y yo escoltaremos a lady Rosamond. —No he visto nada raro. y así vos y yo tendremos ocasión de conocernos mejor. —Ya tendréis oportunidad de comprobar que no soy mujer que necesite mucho descanso. Sir Joseph lo miró. Philip asintió y miró a sir Joseph.

Anne caminaba con la cabeza erguida. Philip siguió a sir Walter hasta la mesa de caballete más cercana al estrado mientras reflexionaba sobre el papel que debía interpretar. Mi difunto esposo os tenía en muy alta estima. descendiendo lentamente los escalones. Bajaba la escalera como si flotara dentro de su vestido verde adornado con un vivo de oro alrededor del dobladillo y en las costuras. pero le gustaba el aspecto de la joven. No se . me siento honrado de que hayáis venido a visitarme habiendo tan excelentes candidatos en toda Inglaterra. vos fuisteis uno de los primeros a los que tomé en consideración. como era lo habitual. una que existía de verdad y a la que muchos conocían. A Philip eso se le antojó escandaloso. había un buen montón de sirvientas a las que seducir. como si disfrutara de la admiración que despertaba. y Philip era consciente de que él era uno de esos hombres. aunque éstos quedaban bien cubiertos pese a que no vio que sobresaliera el borde de la camisola. ¿Las palabras de Anne responderían a la verdad o le habrían dado permiso para adornarlas siempre que lo considerara oportuno? Meterse en la piel de otra mujer.40 - . un peinado casi tan informal como si se tratara de una doncella. Anne se había adornado la cabeza con un tocado del que caía un velo transparente con el que se cubría el oscuro cabello. lo distinta que era de la mujer a la que representaba? La joven se dirigió al encuentro de lord Milforth. —Milord. Nada en sus ademanes revelaba su verdadera identidad. en la mesa principal situada en el estrado. Algo todavía más escandaloso teniendo en cuenta que era viuda. Anne sonrió. y lo mismo podría decirse de los demás hombres presentes en el salón. un poco de coqueteo podía darle la oportunidad de saber más cosas sobre lord Milforth y los hombres con los que éste se relacionaba. Philip volvió a ponerse tenso. les llevaron recipientes con agua tibia para lavarse las manos y se percató de que podía oír la conversación de Anne desde donde se encontraba. ni nada daba muestras de que estuviera nerviosa. Sostenía las miradas de admiración de todos los hombres presentes sin amilanarse.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO seguían de cerca. El escote acentuaba sus pechos de manera tentadora. Philip vio cómo el barón reaccionaba con una sonrisa de embeleso. —Ya le dije a mi hijo que era buena idea —continuó lord Milforth. Desde luego. tenía que resultar de lo más difícil. —Lady Rosamond. ¿El hombre había tenido que convencer a su hijo de que la visita de lady Rosamond era necesaria? —¿Está aquí vuestro hijo? —preguntó ella un tanto desconcertada—. Cuando se hubo sentado a la mesa. ¿Cómo no admirarla cuando él sí sabía quién era Anne en realidad. El barón le entregó una toalla para que se secara las manos. recogido en lo alto de la cabeza desde donde caía en cascada.

—Me alegra que tengáis un hijo. lord Milforth —dijo luego—. Y vos aún sois muy joven. sin más. Aparentemente. De haber necesitado un heredero. porque lord Milforth sonreía complacido. mucho tiempo. y dio un largo sorbo de cerveza. un hombre no mucho más joven que él mismo.. como mi primer esposo. Miraba a su padre con el cejo fruncido. habríais estado en vuestro derecho de rechazar mi visita.. o su enfado tendría que ver sólo con el hecho de que su padre estuviera buscando nueva esposa? Habría que tenerlo vigilado. Anne le puso la mano al barón en el brazo con gesto amistoso. Anne se las apañó para redirigir la conversación hacia el hombre y alejarla de los detalles personales de lady Rosamond. ya han pasado muchos años desde la muerte de mi querida esposa. y parecía sincero cuando dijo: —Veo que os habéis recuperado bien de su inesperada muerte. —Creedme.41 - . a juzgar por su aspecto. ¿Estaría pensando que le prestaba demasiada atención a ella en vez de vigilar al resto de los invitados? Aunque tal vez . —Sí. Lo asombraba la confianza en sí misma que demostraba. no hay pruebas de que no podáis tener hijos. —Podéis asegurar a vuestro hijo que sólo nos estamos conociendo. Philip siguió el gesto del barón y vio a Charles. Disfrutaba escuchando aquel lenguaje tan procaz de labios de la doncella inocente que Anne era en realidad. Es obvio que sois un guerrero hábil. en caso de que llegáramos a casarnos. parecían formar parte del personal de alto rango del castillo. milord. Había aprendido bien su papel. milord. —Y lanzó una carcajada reclinándose en su asiento—. —Ah. El que queda necesita un tiempo. ¿Sería uno de los traidores? ¿Estaría furioso porque sus hombres habían sido desenmascarados. Se preguntaba de dónde la habría sacado. haría lo posible por demostraros mi entusiasmo. Charles está con sus hombres —contestó lord Milforth. —No. Aunque creo que vamos a tener mucho en común. para recuperarse. cómo sería su familia para haber logrado que una sencilla sirvienta fuera una mujer tan segura.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO encuentra en la mesa con nosotros. Pero sir Walter lo miraba con el cejo fruncido. A mi difunta esposa le costó bastantes años quedarse en estado. ¿verdad? —Lanzó una ojeada a los otros tres caballeros sentados junto a ellos. Todos los presentes prorrumpieron en risas y Philip no pudo evitar participar. Luego se volvió hacia el barón. una mujer sabe que la muerte puede llegar en la batalla o a causa de una enfermedad o de la edad. y señaló hacia un grupo—: He tenido que convencerlo de que vuestra visita era importante. sentado a una mesa con otros caballeros. pero morir inesperadamente a causa de una caída accidental por la escalera. —Milady. y que. pero evitaba mirar a Anne. pero eso no me preocupa en absoluto. los halagos de Anne lograban el efecto deseado. Y así. Anne sonrió al criado que le sirvió una selección de pescado asado. como vos bien sabéis.

Se trataba sólo de un joven inmaduro que no se sentía preparado para ver cómo reemplazaban a su madre. No le gustaba verlo coquetear con otra. Comenzaba a pensar que tenía más cosas en común con la nobleza que con las sirvientas como ella. No. El sencillo vestido le quedaba demasiado ceñido y el escote era demasiado bajo. que evidentemente se había sentado a otra mesa sólo para mostrarle su desprecio. pero cuanto más pensaba en ello más absurdo le parecía. Anne no pudo evitar pensar que si se ponía tan celosa por una criada. apretándose bien contra su cuerpo. a quien no le habrían pasado desapercibidas las miradas que la joven le lanzaba mientras servía cerveza a los presentes. La chica se apoyó contra su hombro al hacerlo. pero es inofensiva. al mando de su vida. Así pues. dirigió una de sus encantadoras sonrisas a la criada que pasó por la mesa a continuación. ¿Se habría dado cuenta sir Walter? No quería que pensara que no estaba interpretando bien su papel. Él no era tan serio como los hombres de la Liga. Maud está acostumbrada a que los hombres le presten atención. no quería estar cerca cuando cortejara a una dama de alta cuna. Pero no estaba tan segura. No había sido consciente de que su expresión fuera tan transparente. Aunque Anne únicamente estaba representando un papel. Estaba claro que le había echado el ojo a Philip. La muchacha se le sentó en las rodillas y le susurró algo al oído. Y no le gustaban las miradas que le lanzaba el heredero. no frunzáis el cejo —dijo el barón.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO el hombre no comprendiera lo que se proponía hacer. Anne se puso rabiosa y se odió profundamente por ello. Philip rodeaba con un brazo la cintura de Maud y su mano caía despreocupadamente sobre la cadera de la chica. —Lady Rosamond. cada vez le resultaba más fácil imaginarse en la piel de lady Rosamond. y no tuvo problema en levantar su jarra para que se la llenara. Al principio. Ella se puso nerviosa. Philip sabía que con ello podría demostrar su valía.42 - . Hablar y actuar con descaro era realmente agotador. ¿Qué estaba haciendo? . Se sentía defraudada consigo misma por haberse dejado distraer con el comportamiento de Philip. pero aún le resultaba fácil recordar cuando era ella el centro de atención de su intensa mirada. La criada gesticulaba exageradamente y más de un caballero miró a Philip con envidia por haber atraído su atención. —Vuestro caballero no está abusando de mi hospitalidad. ¿Por qué iba a mostrarle tan abiertamente su rechazo si de verdad tuviese intención de hacerle daño? Ese comportamiento atraería todas las sospechas. Anne dio gracias cuando lord Milforth decidió concentrarse en la cena. y él se encontraba a la altura justa para disfrutar de una espléndida vista. había sospechado que pudiera estar involucrado en el complot contra lady Rosamond. —Igual que sir Philip —se apresuró a contestar con una sonrisa. Atrajo su atención una pelirroja de expresión descarada.

cuando los músicos empezaron a tañer sus instrumentos y algunos hombres se pusieron a echar una partida de cartas. vio que el hijo del barón los miraba boquiabierto. expectante. lord Milforth se volvió hacia Anne. . él le puso una mano en la rodilla. volviéndose hacia el barón—. permitidme deleitaros después de tan grata cena. pero ella lo instó a tomar asiento de nuevo con un suave empujón y se alejó sonriendo con picardía. El hombre se dispuso a levantarse de la mesa —a saber qué idea se habría hecho de las palabras de «lady Rosamond»—. sonriendo de oreja a oreja. y aunque no podía rechazar al noble abiertamente. También Philip se fijó en lo que ocurría en la mesa principal y miró luego al joven Charles. Por el rabillo del ojo. su mirada se encontró con la de ella. tampoco podía dejar que la situación se descontrolara. Entonces. Para sorpresa de ésta. ¿Comprendería Philip que alguien tenía que aplacar el enfado de Charles? —Milord —empezó Arme.43 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Tras la cena.

De pronto. arrancando reflejos a su cabello ondulado. Ellos lo observaban todo y a todos con mirada seria. tocando. Philip se percató de que Charles estaba de pie. Después de varias vueltas por el recinto. en un lugar en el que no quería pensar. sonriendo con picardía. hizo un puchero de disgusto al ver que los hombres ya no le prestaban atención. Maud se colocó delante de él. A Philip lo impresionó profundamente la visión. Anne se acercó a los músicos y... tomó uno de los laúdes y comenzó a tañerlo con gesto de suma concentración. que reverberó muy dentro de él. Philip entregó a la doncella a sir David. Philip llegó hasta donde se encontraba el joven abriéndose paso ágilmente entre . Era tan hermosa. pero nadie osó tocarla. Maud. que daba palmas al compás de la música. Charles seguía de espaldas al jolgorio que se había montado en el salón y a su padre. cuya expresión estaba a medio camino entre el cejo fruncido y el alivio. lo invitó a levantarse. y. Menos los hombres de la Liga. acabaría mirándola con la misma adoración que los demás presentes en aquel salón. Tenía los ojos cerrados. que con seguridad pasaba por allí con intención de apartarse del camino de los bailarines. Su mirada recayó sobre Charles Milforth. con una voz grave y algo ronca. y Philip hizo lo mismo. ¿Le alegraba que Anne no estuviera cerca de su padre? De pronto.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 5 Philip y el resto de los invitados observaban con expectación el avance sinuoso de Anne entre las mesas de caballete. tomándolo de la mano. Y entonces empezó a cantar. pero Maud se quedó boquiabierta ante lo alto que era. tras intercambiar unas breves palabras con ellos. Sabía que los hombres de la Liga estaban tan a punto para salir en su defensa como él mismo. Una suave corriente de aire hizo que el velo le ondease levemente. Sonrió abiertamente y le tomó las manos. la joven hizo brotar una alegre melodía del instrumento y Philip se sorprendió de los inesperados talentos que poseía. como si una pintura cobrara vida. pero no equivocó las notas. El salón prorrumpió en vítores y subidos eufóricos mientras la chica bailaba a su alrededor.44 - . la criada con la que había estado coqueteando. Sabía que Anne los estaba mirando mientras cantaba. El caballero lo miró con cara de asombro. Si no se andaba con cuidado. Anne se paseó entre los invitados. de espaldas a la fiesta. Philip no tuvo más remedio que disimular y mecerla al son de la música con fingido entusiasmo. El centenar de velas que iluminaba el recinto hacían que resplandeciera su tez marfileña.

para ayudar a su señora a desvestirse. Margaret estaba ya en la habitación. Cuando llegó el momento de escoltar a Anne a su cámara. la diversión había empezado a decaer en el salón. en el pasillo. En cuanto las mujeres cerraron la puerta de la habitación. —Y yo os doy las gracias por esta cerveza. se dio cuenta de que sir Walter lo observaba con los ojos entornados. coquetea y sonríe de la misma manera en todos los castillos que visitamos. yo no lo vea. pues se había quedado traspuesto en su sillón. Aquello por lo que todo caballero se desvivía. como si hubiera estado pendiente de la conversación que había mantenido con el hijo del barón. lady Rosamond es rica. —El futuro de vuestra familia no tiene por qué incluir necesariamente a milady. Vaya. probablemente. y no le hace falta volver a casarse. sir Walter. —Pero no es así. o de quién. Empezó a cantar otra canción. No está desesperada por encontrar un marido. pensó para sí Philip con una pizca de amargura. —Un brindis por el futuro de vuestra familia. La elección le corresponde a milady y. y todavía nos quedan más nobles a los que visitar. Es una pena que. Sin apartarse del joven.. —¿Qué queréis decir? Si se casan. a lo que el caballero respondió lanzando una breve mirada a Charles y sonriendo luego débilmente antes de centrar de nuevo su atención en Anne. creedme. Philip se preguntó dónde la habría aprendido. —Os agradezco vuestra honestidad. —No. De pronto. más subida de tono y llena de dobles sentidos. Cogió una jarra de cerveza de la bandeja de un criado que pasó junto a él y la levantó en dirección a Charles. Anne apartó rápidamente la vista. le estaba dando su aprobación. Contrariado. El hijo de lord Milforth hacía rato que se había ido a la cama y al propio barón hubo que despertarlo. dijo: . se volvió para contemplar el desarrollo del baile.45 - . El joven lo miró con el cejo fruncido. que provocó las risas de todos los presentes. Philip ladeó la cabeza. —¿De verdad creéis que se le permitirá elegir libremente? —¿Quién podría impedírselo? Aunque el condado ha pasado a manos de su sobrino. Posee tierras y dinero. El chico lo miró como queriéndolo creer.. ¿no creéis? —respondió Philip con seguridad—. Philip levantó la jarra y la entrechocó con la suya.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO los invitados. si él tiene algo que decir al respecto. Philip siguió a los tres caballeros de la Liga encabezados por sir Walter a lo largo de los corredores iluminados por antorchas. Charles miró a su padre con inquina. ella entretiene. Como siempre. Charles reflexionó sobre lo que el hombre le acababa de decir.

No sería extraño que un par de nosotros desaparezca durante varias horas esta noche. y que yo hablé con la criada y me dijo que todo estaba como siempre.. inclinando la cabeza. —No podemos arriesgarnos a encontrarnos con varios soldados en mitad del camino cuando reanudemos el viaje. Ella casi hizo una mueca de frustración cuando vio la mirada inquisitiva de sir Walter. Y no encontraron a nadie.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Sir Philip. —Enviaré al siguiente hombre cuando se consuma la vela. —Por supuesto. No quería quedarse a solas con sus pensamientos. . Pero ¿cómo iba a rechazar la compañía de Philip y pedirle a sir Walter que la acompañara en su lugar? Aunque con reticencia. dentro de dos horas. pero la seguridad de Anne era más importante.46 - . Philip fue el primero en responder. —¿Han regresado ya los soldados que el administrador de Milforth envió en busca de nuestros atacantes? —Sí. Walter le dirigió una leve sonrisa. —Sir Walter miró a su alrededor. —No puedo dormir —admitió—. vos haréis el primer turno de guardia. Philip la observó con tal intensidad. Anne se dirigió a Philip: —Vos me serviréis. Sinceramente. —¿Qué os hace pensar eso? —Que sir Joseph no notara que faltara ningún soldado. repasando lo que podría haber ocurrido si sus escoltas no fueran tan diestros en el arte de la lucha como eran. —Es bueno saberlo —comentó sir Walter. no creo que el barón esté involucrado. Abrió la puerta y los dos hombres se dieron la vuelta. Iba a pediros que me acompañarais a dar un paseo.. —Claro. —Yo lo haré. comprobando que el corredor estuviera desierto—.. —No nos preocupan las puertas. No hemos encontrado nada sospechoso dentro de estas paredes. —¿A qué os referís? —susurró Philip. claro. que a punto estuvo de cambiar de opinión. aunque no dijo nada. Estaba demasiado agitada y nerviosa para conciliar el sueño. —Pero hace horas que cerraron las puertas del castillo. milady. Anne se apoyó contra la puerta. Ardía en deseos de preguntarle cómo tenían pensado salir. pero no alcanzaba a oír lo que estaban hablando al otro lado. Inspeccionaremos los alrededores para ver si hay algo que nos llame la atención.. Él asintió. Sir Walter lo estudió detenidamente.

pero notaba que estaba perdiendo la batalla. —Si permitís que os hable con franqueza. pero era reconfortante. —No veo cómo podría prohibírtelo —le contestó de manera cortante. —Anne se sonrojó. lady Rosamond? No se sobresaltó al oír la voz grave de Philip a su espalda. menos de sus sentimientos hacia él. Philip caminaba en silencio detrás de ella. cada vez estaba más furiosa consigo misma y menos con él. Anne inspiró profundamente. es sólo que una habitación puede resultar demasiado silenciosa. . rodeando el almenaje. cerniéndose sobre ella. Era evidente que lady Rosamond no tenía «señora». Lo único que sabía era que necesitaba tomar el aire para aclararse las ideas.. iluminando la oscuridad con pequeños círculos de luz que parpadeaban formando siluetas. ¿Cómo iba a culparlo de seguir los dictados de su deseo cuando ella tampoco podía pensar en otra cosa? Al llegar a lo alto de la escalera. estaba allí para protegerla de todo mal. y no quería oír más la pregunta de si lord Milforth estaba entre sus favoritos. —Me refería a mi señora —explicó. como si verdaderamente fuera su señora.. De pronto. sí. pero vio que se limitaba a enarcar una ceja en respuesta. mirando hacia los campos que se extendían fuera de las puertas del castillo. como si estuviera conteniendo la risa. Se veían antorchas desperdigadas aquí y allá. Sir Walter le dijo algo a Philip con la mirada. y cuando se dio la vuelta se lo encontró justo detrás. Philip dejó escapar un sonido estrangulado. El aire nocturno era más tibio que el que se respiraba en el interior del castillo. Llegaron a una escalera de caracol y subió los primeros escalones. En ningún momento había olvidado que estaba allí. milady. pero ahora echo de menos la reconfortante compañía de alguien por las noches. Anne echó a andar sin saber adonde ir. Anne observó a éste por encima del hombro. fiable y sólida. De hecho. Al principio. La luz de las antorchas le permitió ver la expresión de su rostro. La joven podía sentir su presencia a su espalda. ¿Por qué sentía que la rabia se le iba desvaneciendo poco a poco a fuerza de verlo en todo momento del día? Ella quería que ese sentimiento sirviera de muro de separación entre los dos. la voz de Philip le sonó todavía más cerca. —O a vuestras damas de compañía —la corrigió Philip. sin poner objeciones. —Sí. me pareció que sería un lujo dormir sola.47 - . furiosa. furiosa al ver que Philip no mantenía las distancias como correspondía a un escolta. La joven se mantuvo firme donde estaba. —¿Os preocupa algo. atravesaron un arco que los condujo al adarve. Allí reinaba una oscuridad absoluta. —No. —Cuando queráis. Echó a andar.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Él inclinó la cabeza y se colocó tras ella. tal como correspondía a un escolta. cómo enarcaba una ceja. y Anne se dio cuenta de pronto de que sus palabras podía tener varias interpretaciones.

¿no debería perder el tiempo? La joven se encogió de hombros. pero seguía sintiendo cierto recelo. Posó la mano en el borde de piedra y se asomó a la oscuridad. —Buena deducción. estás en tu derecho de mostrarte precavida. porque seguro que creería que. —Ya lo sé. —¿Te gusta hacerte pasar por otra persona? Anne se mordió el labio. Me impresiona tu talento innato para la imitación. Pero quería hacerte un cumplido. —¿Quieres decir que no esperabas que yo. una mera doncella. Ella lo miró con frialdad. No creo que hayas olvidado aquellos días que pasaste atrapada en la torre de Alderley. —¿Y contenta de estar lejos de Alderley? . No quería que los soldados que montaban guardia en las almenas la vieran tan cerca de Philip. por lo que habló con mayor dureza de la que había pretendido. y no sólo conmigo. Y no pensaba confesarle que su intención era pasar a ser miembro permanente de la Liga. aunque pertenecieran a la misma clase social. pero todavía no tan lejos como dictaba el decoro. —¿Acaso me culpas? —No. Ella se dijo que podía aceptar el halago. Él no estaba a su lado ahora. sino a milady. —Entonces.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Claro que podrías. —Veo que el cumplido ya no va dirigido a mí. Ahora vives con la tensión constante de guardar un secreto. vacilante. —Haz lo que quieras. pero yo sé que eres una mujer que disfruta con una buena conversación. preocupada por si se descubre o te atacan. su deber era protegerla de una decisión tan peligrosa. —Pues ya sabes por qué me hacía tanta falta este paseo. fuera capaz de hacerlo? —No tiene nada que ver con lo que seas o dejes de ser.48 - . —Gracias. Anne se dio la vuelta de nuevo. ¿Opinarían lo mismo los hombres de la Liga? —Ha sido un plan brillante para atraer la atención lo de recorrer el reino a la caza de un marido. El hecho de que Philip considerara que estaba haciéndolo bien debería tranquilizarla. protegiendo algo que tendría implicaciones para todo el reino. Confío en mis habilidades y estoy orgullosa de poder ser útil. La mayoría de la gente no podría hacerse pasar por otra persona. como hombre. El propósito de aquella mascarada era precisamente engañar a todo el mundo. No podía decirse que Philip gozara de su confianza. —«Gustar» no es la palabra adecuada —contestó muy despacio—. —Ya no es tan fácil hablar contigo como antes. Tu representación de lady Rosamond es asombrosa.

tendré oportunidad de mejorar mis condiciones. Ella intentó reírse. —A lo mejor. Ellos. —No se lo dije. Anne no respondió. . Quizá también a él se le dieran bien las imitaciones. y a ella no le había quedado más remedio que aceptarlo. mi familia creyó que con aquello di al traste con mis posibilidades de matrimonio. quiero hacer un buen matrimonio —contestó él. —Pero ella te lo pidió —contestó él sin dar crédito—.. le costara cerrar la herida sangrante del resentimiento.. porque un hombre de mi clase podría creer que me consideraba por encima de sus posibilidades. consciente de que sus padres la considerarían una mujerzuela. interiormente. aunque. —No hace falta que os preocupéis por mí. lady Rosamond. —Son gente simple con una única visión del mundo. pero el sonido le salió forzado. no reaccionaron bien cuando se enteraron de que me había hecho pasar por lady Elizabeth. En la corte. allí viven mis más queridos amigos. La chica se encogió de hombros. —¿Y qué me dices de tu familia? —continuó Philip—. Estás ganando torneos y labrándote un nombre. —Dejó las palabras en suspenso.. tratando de ver lo que se ocultaba bajo sus palabras. Sólo obedecías a tu señora. esto puede servirme para atraer la atención del rey incluso más que ganar un torneo. —Al parecer. Ahora Anne también tenía sus propios objetivos en la vida. ¿Qué podía decir? Tenía razón. Alderley es mi hogar. —Sí. Estoy aquí sólo para protegeros. ¿De qué otra manera podía ganar influencia y propiedades un caballero si no era a través de la dote de una dama de alta cuna? Él ya se lo había dicho.. Sabía que Philip la estaba observando. —Pero allí sólo eres la doncella personal de la señora del castillo y aquí en cambio eres el centro de atención. —¿Y a ti te van a compensar bien por el riesgo que vas a correr? Es posible que el de hoy no sea el último ataque. —Eso no tiene sentido. porque ella no creía en sus palabras. —Te refieres a que tratarás de hacer un buen matrimonio. —Me alegra saber que piensan compensarte por el riesgo que corres. apartando la vista para mirar hacia la oscuridad que se extendía por encima de las almenas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Ella le lanzó una mirada fulminante. —No creo que estés aquí sólo por mí —contestó con escepticismo—. pero no quería que él lo supiera. pero no lo miró. —Yo no he dicho eso.49 - . Si supieran que me están pagando por llevar a cabo otro fingimiento. ¿Saben lo que estás haciendo? Le dolía el alma cada vez que pensaba en su familia.

sólo poseo lo que me pague la liga.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Ella se preguntó si Philip tendría algún motivo más profundo por el que eso significara tanto para él. con la cadera apoyada contra el muro de piedra de las almenas. Dado que las tierras son de su propiedad. al tiempo que le lanzaba una penetrante mirada. No sabía nada de su familia. demasiado amargo. —No. Aquello había sonado demasiado personal. —¿Qué ocurrió? —le preguntó con voz queda. —Pues no. estudiándola detenidamente. —Entonces. —¿Y qué te hace pensar que una simple doncella personal debiera de tener una dote? Lo dijo de forma despreocupada. ¿Acaso no te estoy . —Anne giró la cabeza—. ése fue el motivo por el que aceptaste el trabajo. me dejaron sin ella cuando me negué a casarme con el hombre que habían elegido para mí. Les pareció que sería una buena manera de castigarme por mi desobediencia. y tampoco tenía intención de preguntar. —No fue por el dinero. pero se limitó a decir: —John me dijo que tu padre es un pequeño propietario rural. deja que lo adivine —dijo—. —¿Tú no? —añadió. Ella esbozó una resplandeciente sonrisa. —Das por hecho que habría alguien dispuesto a casarse conmigo. No se había sentido ofendido. Cuánto deseaba estrecharla entre sus brazos y reconfortarla. aunque el guardia más cercano se encontraba por lo menos a cincuenta metros de distancia. El matrimonio no estaba en la lista de prioridades de la joven. pero tendría que fingir lo contrario. Philip dejó escapar una suave risa. Y tendrá que ser suficiente. Observaba la postura rígida y orgullosa de la joven cuando se volvió para enfrentarlo. amenazando con liberar algunos mechones. Anne desanduvo sus pasos y se acercó a él. pero se dio cuenta de que Philip se quedaba donde estaba. —Ah. pese a la curiosidad que había mostrado él por la suya. ¿Volvemos dentro? Anne se dio la vuelta y echó a andar. es de suponer que tendrás una dote. —¿Y creías que yo no lo entendería? —le preguntó—. y él había tenido intenciones de alejarse de eso con ella.50 - . pero no funcionó. Sin dote no tenia ninguna posibilidad de contraer un buen matrimonio. pero Philip no pensaba dejarse engañar. No puedo creer que te lo esté contando precisamente a ti. —Era la oportunidad de ser útil en algo que me parecía importante. El viento le arremolinaba el cabello cubierto por el velo. Tus padres te la retiraron porque no les hizo gracia lo de la mascarada. Philip inspiró hondo. ¿Por qué tenía la impresión de que allí había algo más de lo que la chica le contaba? Aunque preguntarle sobre su familia ya era algo muy íntimo. Habló en voz baja. Se levantó un viento repentino y Anne se abrazó a sí misma para protegerse.

El anonimato no les permite llevarse el mérito. Susurró su nombre y la vio ponerse rígida. y Philip no tuvo más remedio que seguirla. ¿lo que dices es que busco notoriedad? —Esa es una palabra demasiado fuerte. —Define perfectamente tus motivos —le espetó Anne. no costaba recordar los esfuerzos que había hecho por quedarse a solas y disfrutar de la intimidad compartida cuando todo lo demás era dolor. Se había sentido desorientado y perdido. ¿Cuántas veces tendría que pedirle disculpas? ¿Y por qué era tan importante para él que lo perdonase? La siguió hasta su habitación y cuando Anne hizo ademán de entrar sola. igual que yo. . Philip la cogió del brazo cuando ella se dio la vuelta para marcharse. Era una piel cálida y suave al tacto. digna y distante como una reina. Una inoportuna corriente de deseo fluía entre ellos de forma constante. un brazo esbelto. —¿Y no es eso lo que hacemos todos? Excepto los hombres de la Liga. tal vez. dado que no estábamos casados? ¿Utilizándonos mutuamente para olvidar que la vida no era como querríamos que fuera? —Lamento mucho haberte hecho daño. no sería el primero. Los postigos estaban atrancados por dentro. en la oscuridad. así que se le acercó por detrás. miró detrás del biombo y hasta en el interior de los arcones colocados contra la pared.51 - . Tal vez lo que hicimos en Alderley hace unos meses fuera ayudarnos mutuamente. y se preguntó sí la joven se sentiría igual ahora. eso no significaba que a otra persona no pudiera ocurrírsele entrar por la ventana. —¿Ah. Anne se humedeció los labios y a él no le gustó nada la facilidad con la que su cuerpo reaccionó ante ese gesto. se dio la vuelta y vio a Anne de espaldas a él. como era su deber. —Conociendo a personas que puedan serte de provecho en algún momento. sí. Te vas a poner enferma.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO ayudando? —También lo haces por ti. tanto que sus ropas se rozaban. Por mucho que lord Milforth fuera inocente. A Philip le costaba creer lo destrozado que se había quedado tras el rechazo de la Liga. Entonces Philip le rodeó la cintura con un brazo y susurró: —Has cogido frío ahí arriba. ¿A cometer un pecado. Se quedaron mirándose y allí. era más importante tocarla que guardar las distancias. Finalizada la comprobación. Philip revisó cada rincón. La falda de ella se arremolinaba a sus pies. pero no intentó escapar. La joven pasó junto a él sin decir nada. él la colocó a su espalda y se adelantó. —¿Ayudándonos a qué? —preguntó ella—. aguardando el momento justo para desbordarse. de pie delante del fuego. —Entonces. ¿Sería la primera vez que se había encontrado en una situación de vida o muerte? De pronto. —No pretendía enfadarte —dijo—. y en qué sentido me estoy ayudando yo? —quiso saber la joven. rodeándose el cuerpo con los brazos como si estuviera asustada o triste.

y que no significó nada para ti. Sólo existía Anne y un constante deseo. sí. Entonces posó la boca sobre la suya y se la abrió. ávido de más. —¿Crees que te tengo en menor aprecio sólo porque te he besado? —Así es como me haces sentir. Depositó un tierno beso en su cuello. los labios. atajándolo antes de que pudiera disculparse nuevamente—. Le pesaban los párpados.. —¿Crees que no tengo experiencia en ese sentido? —replicó enfadada. Allí con ella. Lo que tienes que hacer es apartar a cualquier hombre que intente tomarse estas libertades contigo. no era capaz de acordarse de sí mismo ni de lo que quería en la vida. que tanto tiempo le habían estado vedados. —Tú tienes mucho más control sobre ti que yo. Philip frunció el cejo. Pero jamás tratarías a las lady Rosamond de este mundo como me trataste a mí. —Ha sido un error. Philip tragó con dificultad..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO La ayudó a entrar en calor proporcionándole el suyo propio. Puedes creer lo que te parezca. tanto que tenía los ojos casi cerrados. Ardía en deseos de deslizar la mano por su torso y más arriba. y bajó la voz antes de añadir—: Soy una sirvienta. —¿Esa es la opinión que tienes de mí? —¿Cómo denominarías tú el comportamiento que tuviste hace poco menos de dos meses? —Anne alzó una mano. yo debería haberte apartado —respondió con amargura. Se sentía incómodo. Podía oler el suave aroma floral que desprendía su cabello y hundió la nariz en él.52 - . —Hizo un gesto con la mano y se alejó de él —. —No. —Y yo he tenido la culpa. Philip sólo deseaba que el calor siguiera fluyendo entre ellos. Estoy acostumbrada a que los hombres crean que pueden utilizar mi cuerpo como se les antoje. volviéndose lo justo para no tocarla con la erección que ponía en evidencia sus instintos más primarios. le supieron a Philip más dulces de lo que recordaba. besando delicadamente aquellos labios suyos. Aquellos labios. Sólo te pido que dejes de utilizarme cada vez que no tengas ganas de enfrentarte a tus propios problemas. La rabia comenzaba a preponderar sobre el sentimiento de culpa. De acuerdo. por el contrario. Torso contra espalda. estaban entreabiertos. . girando un poco la cabeza y levantándola. pero la joven se apartó y se volvió para enfrentarlo. acepto que te sientes culpable y que lamentas lo ocurrido. —Anne. Anne seguía temblando. La oyó pronunciar su nombre en un susurro antes de apoyar todo su peso contra él. pero él no creía que fuera de frío. En sus ojos resplandecía esta vez una llama de fuego en vez de las lágrimas. y sus temblores se intensificaron cuando trazó con la lengua un sendero ascendente desde éste hasta la oreja. invitándolo a aceptar el beso que le ofrecían. pero ella retrocedió un paso. hasta el blando montículo de su pecho. Philip trató de abrazarla.

53 - . pero ¿qué tenía que ver aquello con el momento presente? —Puedes irte —añadió Anne—. Entonces no tendré nada que temer en esta habitación. la había utilizado en un momento en que su vida se le había antojado sombría y deprimente.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Y qué significa eso? —Exactamente lo que he dicho —contestó ella por encima del hombro. . Sí. Él había creído que se habían estado utilizando mutuamente.

Sir Walter ignoraba la conversación mientras se concentraba en observar las habilidades de Charles Milforth con la espada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 6 Cuando Anne se despertó a la mañana siguiente. diciéndose que lo hacía porque no quería que sir Walter sospechara nada. Lamentablemente. Había un deje sarcástico en la voz de Philip que a Anne se le antojó curioso. Pero en realidad se sentía como una cobarde. pensó en Philip. que insistían en mostrarle los telares. —¿Cómo es que habéis oído hablar tanto de nosotros? —preguntó sir David—. compartiendo el calor de su cuerpo. se quedó inmóvil. como siempre. Qué poco le costaría acostumbrarse a aquellos lujos. la famosa disciplina de la que tanto he oído hablar.54 - . atrapándola más y más. Anne lo dejó de buena gana para que atendiera asuntos personales con sus arrendatarios. Lo que era normal. Lord Milforth la estaba tratando muy bien. disfrutando de la sensación de yacer sobre un mullido colchón de plumas.. Echó a andar hacia la liza y buscó un banco donde sentarse a observar el entrenamiento de caballeros y soldados. la ira que sintiera al principio se había ido debilitando. aunque esa mañana le dio la impresión de que parecían fatigados. Ay. Todavía adormilada. se había dejado seducir. y salió a dar un paseo por el patio de armas. . de haber llegado a hacer el amor con Philip. Tras compartir el desayuno con lord Milforth. entre sábanas que olían a él. teniendo en cuenta que mientras ella dormía plácidamente. cuando sus pensamientos se desviaban constantemente por senderos pecaminosos. —Ah.. saboreando el tacto de las sábanas limpias y absorbiendo el dulce aroma de las almohadas. Con buenos modales. Antes de que se me ofreciera formar parte. el recuerdo de la carne enfebrecida y de unas caricias que jamás habría imaginado. La acompañaba su escolta. Rememoró las veces que había estado en su cama. había vuelto a besarlo. A veces se preguntaba si su imaginación calenturienta le daría descanso de haber completado el acto sexual. y en su traición. y ahora en su cabeza sólo había sitio para la intimidad que habían compartido. La joven miró por encima del hombro y dijo con voz queda: —Y yo ni siquiera había oído hablar de ella. yo creía que esta. Dios. Los caballeros estaban esperando ya abajo y le costó trabajo atender a la misa con Philip a su lado. tal como le pedía su cuerpo. algo que hacía a menudo. ellos montaban guardia delante de su puerta. se desembarazó de las sirvientas. sociedad era una leyenda. —Igual que yo —señaló sir Joseph. Evitó su mirada.

Anne esperaba no tener que competir por el puesto. aunque os dejamos bien protegida. Philip abandonó su puesto justo detrás de Anne y se dirigió hacia la liza. Eso le hizo pensar que era un hombre que conseguía lo que quería. al tiempo que decía en voz baja: —Será mejor que sepa lo que está haciendo. —Sir Philip no lo está desafiando —dijo sir David en voz baja—. Anne lo había detenido. Se dijo que tenía que ser objetiva. Era la primera vez que Anne lo oía hablar de su familia. sin embargo. Ellos sí reconocían la técnica de Philip. —Milady —dijo de pronto sir Walter en voz queda—. diciendo por encima del hombro: —Será mejor que le muestre a Charles Milforth los errores que está cometiendo. Sir Walter cerró la mano sobre el respaldo del banco. y. Ella entrelazó las manos fingiendo observar a los combatientes. con la esperanza de tranquilizar un poco al capitán. a su vez. ya no anda por las cercanías del castillo. tal vez fuera el primer paso en el proceso de estudiarlo como un posible nuevo miembro. Anne no podía quitarle los ojos de encima a su caballero. Quizá su sueño de pertenecer a la Liga no estuviera tan muerto como creía. ¿no? —Porque anoche. Es obvio que se está conteniendo. —Entonces. Le daba miedo moverse siquiera. pero estaba claro que sus caballeros no eran de la misma opinión. pero no sería así con ella. y a continuación era él quien atacaba mientras Charles respondía con habilidad. Podía ver cómo se movían los músculos de sus brazos a cada golpe de su espada y cómo el sudor hacía que se le ciñera la camisa. quienquiera que os estuviera vigilando. Quiero que sepáis que. ¿de dónde era? De pronto. Tal vez Philip estuviera teniendo los mismos problemas de concentración que ella. —¿Y cómo lo sabéis? Dos de nuestros atacantes escaparon. Para ella no había nada inusual en sus maniobras. no fuera a distraerlo. —Anoche trabó amistad con Charles —comentó la joven. Lo más extraño era que ambos combatientes parecían bastante igualados. Había una intensidad en su mirada que se le antojaba demasiado familiar: así la había mirado a ella mientras la seducía.55 - . que sólo debía fijarse en sus habilidades con la espada. realizamos una batida de . Durante el combate que entablaron a continuación. —No. comiéndoselo con los ojos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Una vez. junto al hombro de ella. Una que. y le buscó una espada roma. Charles embestía y Philip eludía la estocada haciéndose a un lado. un miembro de la Liga salvó a mi abuela —explicó Philip. Anne entornó los ojos mientras contemplaba el progreso de los dos hombres. cuando en realidad toda su atención estaba puesta en los caballeros que tenía detrás. le había dado una lección. allí estaba. también debería haber aprendido. —¿Era una dama de la corte? —preguntó sir David. El hijo del barón sonrió ampliamente cuando vio acercarse a Philip.

una masa sólida de músculo y hueso. Le demostraría a la Liga su valía. ¡Yo puedo hacerlo también!» Pero en vez de eso. aunque aprecio vuestra dedicación. un cuerpo fuerte. Anne abrió los ojos como platos. —¿Cómo conseguisteis salir del castillo en plena noche? —Somos hombres de recursos. La estrechó contra su cálido cuerpo. —Nosotros también lo creemos. y ella soltó un grito. Una hora más tarde. El hombre se tambaleó un poco. la diversión continuaba en el gran salón.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO inspección por los alrededores. atenta a cualquier palabra que insinuara que hubiesen jurado lealtad a otro que no fuera el rey. aparte de representando a lady Rosamond. «Enseñadme —pensó para sí—. como él mismo. y cuando uno de los caballeros la levantó en vilo para hacerla girar. la hizo girar y la pasó al siguiente hombre. pero creo que es inocente. su fibroso cuerpo tenso en medio de una maniobra de combate. De repente. Tenía el cabello empapado de sudor. Sus ojos verdes resplandecían y Anne notó la respiración fatigosa. Fue pasando de una pareja de baile a otra.. Cuando la dejó de nuevo en el suelo se sintió casi decepcionada. hasta que ella optó por jugar a su manera. El caballero tragó saliva con dificultad y asintió. deteniendo el golpe de Charles por encima de su cabeza y aguantándolo ahí. Anne aguantó la respiración un poco asustada. el comportamiento de lord Milforth se volvió más atrevido. Tenía acceso a todos los nobles de su lista de un modo que a los caballeros les resultaría imposible. Anne se daba cuenta de que podía ser de ayuda de otros modos. —Nada de levantarla en volandas —le advirtió con un gruñido. aquel hombre representaba una distracción demasiado grande. Dios. pero Anne se levantó disimuladamente de la mesa con la intención de desaparecer sin que lord Milforth se diera cuenta. El hombre la estrechaba con fuerza y la hacía girar por el salón con la energía de un joven. Quiero conocer todas vuestras técnicas. y había música y baile. Esa noche. dijo: —Intenté convencer a lord Milforth para que me contara lo que supiera. Anne se encontró en sus brazos con demasiada frecuencia y durante demasiado tiempo. Unió las manos con el siguiente hombre y se dejó llevar por el salón.. podría dejarla caer. había un montón de invitados y sirvientes entre . Se zafó de su abrazo y le lanzó una coqueta mirada antes de cambiar de pareja. Y entonces miró a Philip. La cogió del brazo. Si estaba demasiado borracho.56 - . Observaría su modo de hablar y de comportarse. arrebatándosela al caballero danzante que había bebido demasiado. estabilizándola contra su propio pecho. La bebida corría en abundancia. Pero allí estaba Philip para cogerla.

con «todo» me refería a otras cosas —murmuró él. entre la música y las carcajadas de la gente. —Milord. no está bien coger lo que aún no se os ha ofrecido —bromeó ella en un intento por aligerar la tensión. Lord Milforth la condujo a uno de los nichos que había en las paredes del gran salón. Tiró de un cordón y unas pesadas cortinas los ocultaron a la vista del salón. Sintió el cuerpo masculino y. Anne se resistió. —Una preciosa vista —murmuró el hombre. Además. ella disfrutaría de la fiesta. con voz pastosa y Anne se dio cuenta de que había bebido demasiado. Tenía una ventana. con la intención de hacerle comprender que no pensaba entregarse a tan burdo despliegue táctico. aunque adivinó que el barón no se refería al paisaje cuando notó el roce de sus labios en la garganta. amortiguando los sonidos del jolgorio. Lord Milforth aflojó un poco el abrazo. El malestar se tornó desazón. Ella mantuvo los labios firmemente cerrados. La estrechó con fuerza y a ella no le quedó más remedio que seguirlo. Hablaba muy despacio. —No iréis a retiraros tan pronto —le dijo el barón al oído. esforzándose por parecer contenta—. lady Rosamond no gritaría. Ella ladeó la cabeza. pero no la soltó por completo. lord Milforth le tomó el rostro entre las manos y le acercó la cara hacia sí para besarla. —También podríais disfrutar de otras cosas. a continuación.57 - . —Y lo estoy descubriendo estando aquí con vos. rezando por que su hijo no estuviera mirando. Notaba su cálida boca detrás de la oreja y trató de zafarse. pero la distancia entre ellos fue disminuyendo lentamente. Anne mantuvo la vista en la campiña que rodeaba el castillo y trató de sonreír educadamente. milord —contestó. Anne vio que tenia más espacio. —«Sobre todo en este momento». El barón sonrió. haciendo fuerza con las palmas contra el pecho del hombre. y trató de pararle los pies poniéndole la mano en el pecho. La boca del barón estaba húmeda y Anne tuvo que controlarse para no estremecerse de asco cuando le lamió los labios. estrujándola contra su cuerpo. —No. ¿Dónde estaban sus caballeros? Philip apenas le había quitado la vista de encima en todo el día y ahora que lo necesitaba no aparecía por ningún lado.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO ella y sus caballeros. No quería gritar pidiendo socorro todavía. desde la que se veían las nubes que cubrían la luna. y una desagradable sensación de malestar se alojó entre sus omóplatos. —Tengo entendido que sois una mujer que necesita saberlo todo de un hombre. aunque dudaba mucho que alguien pudiera oírla. —Ha sido un día muy largo y agotador. . Me habéis demostrado con creces lo mucho que disfrutaría viviendo aquí. pensó desalentada.

Sir Walter se adelantó un paso. aunque sir Walter no había tardado más de unos minutos en dar con ella. se dio la vuelta y les dirigió una sonrisa agotada. sir Walter. —Lady Rosamond. aunque le molestó que no hubiera llegado antes a rescatarla. Ella sonrió y miró hacia atrás. Ella lo detuvo con un gesto de la mano. Philip sería capaz de olvidar el voto de obediencia que había hecho a los Hombres del Acero y salir a darle a lord Milforth su merecido. con una expresión primero de curiosidad y después de satisfacción pintada en el rostro. Pero creo que es hora de que me vaya a la cama. Sus otros caballeros se colocaron detrás en fila. estoy demasiado agotada para discutir nada esta noche. Partiremos después de misa. como tal. —Lady Rosamond. Philip los miraba alternativamente con recelo. Por favor. volved. me doy cuenta de que me he equivocado. y me temo que eso ya no podréis experimentarlo. optó por hacer lo que ésta haría. ¿Dónde se había metido? Unos criados llegaron con varios cubos de agua para Anne. Lord Milforth levantó por fin la cabeza y la miró. como la madre pata con sus patitos... —Estoy bien. Se sintió aliviada. Los cuatro caballeros se habían separado para realizar la búsqueda y. Mi agradecimiento. No podía quitarse de la cabeza la sensación de terror que se había apoderado de él al no ver a Anne en el gran salón. Mañana.58 - . haciéndola disfrutar de veras. la estaba buscando. Ella se limitó a despedirse con un gesto de los dedos. Estoy deseando enseñaros otras técnicas. y él recordó la . Pero ¿habría querido la verdadera lady Rosamond que la rescataran de los brazos de un posible amante? —¿Lady Rosamond? —dijo el caballero con tono interrogativo. —Habéis actuado con diligencia esta noche. a Philip se le había hecho una eternidad. ¿no es así? Él asintió con la cabeza. —Es obvio que vuestro primer esposo no os besaba bien. De nuevo le correspondió a él el primer turno de vigilancia. a un lord Milforth totalmente aturdido. una vez los otros caballeros se retiraron a sus habitaciones. Anne se abrió paso hasta sus aposentos seguida por sus hombres. caballeros. pero Anne no quería decirle nada. El barón se apresuró a salir tras ella.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Una vocecilla interior le susurró con malicia que Philip la había besado con absoluta maestría. —No. Al llegar a la puerta. Descorrió las cortinas y se encontró con sir Walter a menos de medio metro de distancia. Evidentemente. y permitió que sir Walter la escoltara entre los numerosos bailarines hasta la escalera principal. Ella era lady Rosamond y. Se rió con tono gutural antes de decir: —A mí me gusta llevar la voz cantante cuando se trata del primer beso. y empezó a pasearse por el corredor arriba y abajo.

ella sabía lo que había significado para él.59 - . estaban preparados para abandonar el castillo de Birkin. muy cerca. Entre ellos no había habido más que «ayuda mutua». Entonces Margaret cerró la puerta tras de sí al salir y sonrió con aire de satisfacción cuando llegó a su propia habitación. Una mujer que había encontrado un motivo por el que vivir en vez de hundirse en la lamentación. ¿La distraería a ella también saber que lo tenía tan cerca. vio que Philip lo . al otro lado del corredor. Conseguir una dama acaudalada debería ser su único objetivo. vio el vapor del agua caliente elevarse a su alrededor. «Lady Rosamond» agradeció al barón su hospitalidad. El hombre trató de disculparse diciendo que había bebido demasiado. aún más si cabía después del último beso. Una hora más tarde. El tiempo quedó suspendido entre los dos. Estaba consternado por no poder apartar de su mente la seductora imagen. todo al mismo tiempo. No podía permitirse olvidarlo. besos que ninguno de los dos se había visto capaz de detener. el aire rezumaba una tensión que le hacía hervir la sangre. una doncella que tenía a mano. como siempre. Lo malo era que su cuerpo quería más. imaginándose a Anne dentro. estaba Anne. y a Anne inclinada sobre la bañera. Su éxito atraería la atención de las féminas de la corte. ella levantó la vista y lo vio. cubierta con un camisón de un fino tejido casi transparente. Para su consternación. La visión de la joven en la bañera invadía sus sueños sin descanso. y Anne no dejaba de lanzarle miradas de soslayo. Por lo menos. Estaba excitado. La vislumbró fugazmente. Pero allí. Philip se quedó como un pasmarote delante de la puerta cerrada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO última vez que la había visto en la bañera. frustrado y furioso consigo mismo. pese a conocer los peligros que entrañaba su misión. según decía él. Un devaneo amoroso. allí estaba. En su interior se mezclaban el arrepentimiento y la rabia. Anne vio a Philip durante el desayuno. preguntándose qué habría oído exactamente mientras ella estaba con lord Milforth detrás de la cortina. aunque se le sentaran en el regazo suplicando su atención. a la que había apartado de su lado. ni había logrado que se olvidara de las demás. Sir Walter se mostraba circunspecto. Cada vez que se abría la puerta. Entonces. y ella se obligó a dirigirle una rígida sonrisa. obligándose a pensar en la manera de ayudar al rey. A la joven le daban ganas de gritar de frustración. al otro lado de la puerta? Recorrió el pasillo de un lado a otro. y era incapaz de apartarla ni siquiera para concentrarse en aquella misión que había prometido cumplir. La última vez que se abrió la puerta. su obligación con la memoria de su familia. como si la estuviera protegiendo de cualquier otro que no fuera él. ignorando su expresión de bochorno. Ninguna mujer le había hecho sentir tal desesperación.

sabía que también la noche anterior habían salido a hurtadillas del castillo para asegurarse de que no se encontraban con sorpresas desagradables por el camino.. Al fin y al cabo. de vez en cuando. Por supuesto. El camino escondía peligros y se cubrió el rostro con el velo transparente. cerca de los Hombres del Acero. que incluso había trazado un mapa en el que iba marcando cada acontecimiento. ¿Habría cometido sir Walter una injusticia con él en vez de un favor invitándolo a formar parte de su séquito? Si de verdad había decidido abandonar todo intento de formar parte de la Liga. Ni siquiera sabía si estarían casados y tendrían hijos. nadie podía hacerle ninguna pregunta sobre su vida personal. entonces ella lo había apartado del camino que había elegido seguir. si serían nobles o simples caballeros. buscaba romper la monotonía del viaje tratando de entablar conversación con alguno de los caballeros. todos tenían la mirada perdida en la distancia. Finalmente se pusieron en camino. y eso incluía sus propias circunstancias. Pero ni una sola vez oyó a Philip hablar de la Liga del Acero. para poder descubrirlo todo sobre ellos. dotes. Y aun así. Quien no debería estar pensando en uno de sus escoltas. Los gritos de despedida de los habitantes del castillo se fueron difuminando en la distancia. pero no le preguntó nada. Elizabeth le había dicho que Philip conocía un buen montón de historias sobre esa sociedad. Sin embargo. le dirigió una mirada nerviosa. como si así fuera capaz de averiguar dónde estaba el puesto de mando en cada lugar. Era un alivio que nadie hubiera sospechado de la mascarada. pero no logró arrancarles ningún detalle sobre sí mismos. ella no era Anne. El cielo se fue cubriendo y lloviznó toda la mañana. por si se encontraban con alguien más. Sus caballeros formaban un cuadrado en torno a Margaret y a ella. llevaban una vida normal. . sino lady Rosamond Wolsingham. Anne se fijó en que Philip.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO había oído y ahora querría saber a qué se refería el hombre.60 - . Anne había dado por hecho que le gustaría estar ahí. cuando no estaban en una misión. la víspera había dicho que encontraría la manera de que se fijaran en él. Le habían contado que los miembros de la Liga juraban guardar el más estricto secreto. el sentimiento no duró mucho. El cielo abierto y la verde campiña en otro tiempo plácidos se le antojaban a Anne interminables. No quería que nadie se diera cuenta de que en realidad no era lady Rosamond. Anne suspiró y Margaret. ¿Y qué mejor manera que prestando un servicio al reino? Seguro que el rey Enrique le estaría tan agradecido que le ofrecería un buen montón de jóvenes damas de alta cuna con abundantes.. que cabalgaba a su lado. Confiaba en los hombres de la Liga. Ella podría haberle dicho que no le proporcionarían información personal.

la joven notó cómo se le calentaban las mejillas de vergüenza.61 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 7 Conforme transcurría la mañana y avanzaban hacia el sur. —Decid lo que tengáis que decir. Así que había oído el comentario del barón. Tuvo que soportar las obvias sospechas de Philip respecto a lo ocurrido con lord Milforth. y a continuación lanzó una ojeada a sus compañeros. Hoy tengo ganas de comer un poco de carne fresca. Nunca había tenido que cabalgar tanto en toda su vida. —Y yo no tuve problemas en mantenerlo a raya. Tenía el cuerpo tan entumecido que no pudo evitar un gemido de dolor mientras estiraba las piernas. —¿Ocurre algo? —Sin querer. Anne desmontó. vio que sir Walter dejaba caer su peso primero sobre un pie y después sobre el otro. Lady Rosamond sabría cómo tratar a un hombre fogoso. pero Anne vislumbró la curiosidad en su rostro. Se pasó con la bebida. Si ella quería convertirse en uno de ellos. —Lamento no haber llegado a tiempo de evitarlo. palmeándose la daga que llevaba a la cintura. y tuvo que admitir para sí misma que a ella le ocurría lo mismo. como si estuviera nervioso. Se separó del grupo con semblante inexpresivo. pero lady Rosamond no. Anne se puso tensa. El caballero inspiró profundamente antes de hablar. Una vez se hubo ido. pensó Anne con una mueca de . claro que la aventura formaba parte de sus vidas. Buscaron una zona bien protegida para detenerse a comer. —Anne no podía imaginarse situación más incómoda que aquélla. —Sois una doncella inocente. Ella sí sabría cómo besar a un hombre así. oí las insinuaciones que os hizo lord Milforth —dijo sir Walter. ¿Os apetece ir de caza? —Claro —respondió él. Para su sorpresa. —Es muy amable por vuestra parte. Anne empezó a tener dolor de cabeza de tanto escudriñar los alrededores en busca de señales de atacantes. tendría que aprender a mantenerse alerta y a ser cautelosa. Aunque intentó que no fuera así. ¿Cómo podían sus caballeros mantener la calma? Parecían comportarse siempre igual. pero innecesario. sir Walter. —Pero es que ése es el problema. los tres caballeros la miraron. —¿Sir Philip? —lo llamó sir Walter—. Los otros dos hombres clavaron la vista en el suelo. aunque no le preguntó nada delante de los otros caballeros.

Es posible que os encontréis en la situación de tener que besar a otro hombre.62 - . pero que en realidad sí sabía besar a un hombre. Philip había comprendido su dilema. . Lady Rosamond es famosa por tener una mente abierta a la hora de relacionarse íntimamente. obligándose a mirar a los tres hombres. De pronto. —Es una suerte que se me dé bien cazar —contestó él con tono afable—..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO fastidio. Con los ojos como platos. —Os prometo que lo haré mejor en caso de que vuelva a suceder —dijo. ¿No pueden limitarse a. — Le entregó el conejo a sir Walter—. pero ella no. puesto que tenéis alturas parecidas.. Anne sintió un enorme alivio al verlo. Philip emergió del bosque. Sir Walter empujó a sir Joseph hacia ella. Así que yo haré los honores. pero el caballero no tenía la culpa de que a ella le diera vergüenza contarle la verdad. Margaret disimuló su sorpresa ocupándose del fuego. —Creo que deberías recibir cierto entrenamiento al respecto —continuó sir Walter—. Porque entonces sabrían que no era la doncella inocente que pensaban. Anne gimió para sus adentros y se dio la vuelta. y no podemos permitirnos que la gente sospeche. pensó Anne con gran alivio. No podía confesarles que lo que había intentado había sido disuadir a lord Milforth de sus intenciones. ella se sentía impotente. por vuestro sonrojo he de suponer que sois un hombre casado. —Sir Joseph —continuó Philip—. y hacer muchas otras cosas.. Anne le echó un vistazo. pero no puedo. Pero ella siguió mirándolos a todos con el cejo fruncido. sí valoraba el poco que tenía. Ella lo miró boquiabierta. Philip los miró a todos y ella rezó por que no hubiera oído su conversación. Deseó poder enfadarse con sir Walter. ¿Cómo iba a besar a sir Joseph y seguir mirándolo después a la cara? —No quiero ofender a ninguno de ustedes —comenzó Anne con voz entrecortada—. —Y el resto sois demasiado mayores para besar a una damisela tan hermosa.. Su capitán carraspeó y dijo: —Pensamos que os resultaría más fácil besarlo a él. rescatándola de una situación bochornosa. y la estaba sacando de aquel apuro. sujetando por las orejas un conejo muerto. Aunque no gozaba de mucho respeto en su calidad de dama de compañía. —Qué rápido habéis sido —comentó sir Walter... El pobre caballero dio un traspié y se puso colorado como la grana. pero el joven no dijo nada. describirlo? Una mujer más atrevida sabría manejar una situación como aquélla. O de lo contrario me habría perdido una conversación realmente divertida. ¿Le estaba proponiendo enseñarla a besar? Si tenía la edad de su padre. no me parece adecuado.

Vamos.. os garantizo que no hay nada que temer. que creyeran. —Así que estáis casado —comentó él con satisfacción—. Anne tiró a Philip de la mano. Pero no os alejéis mucho. él la hizo callar poniéndole un dedo en los labios. —Y daos prisa —añadió sir Walter—. —Estaremos al otro lado de este bosquecillo —contestó Philip. para ir abriendo camino. —¿Porque está casado? —lo interrumpió Philip—. —Nunca sé lo que vais a hacer —respondió sir Walter con sequedad. pero no quería que supieran. El hombre la siguió. Se comportó con tanta normalidad que cuando llegaron a un pequeño claro con un riachuelo.. —No me parece una solución sensata. Cuando Philip se detuvo y se dio la vuelta para mirarla. lady Rosamond. —Entonces lo dicho.63 - . Y nada más que unos besos. Sir Joseph sabría controlarse... tomándola de la mano—. Él se puso la mano en el pecho. Abrió la boca. Superficiales. Le sostenía las ramas para que pudiera pasar y le señalaba dónde había barro para que no se ensuciara.. pero después se colocó delante. ella se sentía totalmente relajada. Anne le hizo una inclinación con la cabeza. Una joven inocente no puede aprender a besar delante de un grupo de hombres. —¿De verdad creéis que me aprovecharía de una situación como ésta? — preguntó. pero no consiguió articular palabra. ¿Queréis que se sienta como si estuviera traicionando a su esposa? —Yo nunca haría tal cosa —afirmó sir Joseph acaloradamente. señalando una arboleda justo detrás de él.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Sir Walter le pasó el conejo a sir David y se volvió hacia Philip. pero finalmente se limitó a decir: —Muy bien. Eso os deja fuera. Y como acabo de reconocer toda esta zona. Anne empezaba a sentirse un poco rechazada. Sé que debería haberles dicho que sí sé besar a un hombre. ¿queréis hacer vos los honores pues? El interpelado encogió los hombros y los miró como si quisiera que se lo tragara la tierra. como si temiera que alguien pudiera salir de entre los árboles. —Acabemos con esto de una vez. —Te agradezco que me hayas sacado de una situación tan incómoda. fingiendo horrorizarse y Anne tuvo que hacer un esfuerzo para no echarse a reír a carcajadas. —A un sitio más íntimo —respondió él—.. Pareció que sir Walter iba a poner alguna otra objeción. lo haré yo —anunció Philip. Para su sorpresa. Sir David. El contacto . pese a no dejar de mirar por encima del hombro en todo momento. —¿Adónde creéis que la lleváis? —preguntó sir Walter antes de que se dieran la vuelta y desaparecieran del claro.

—No soy tan buen actor como tú —añadió. tratando desesperadamente de aliviar el dolor sordo que palpitaba en sus pechos y entre sus piernas. Notó que sus manos descendían por su espalda. Resiguió con los pulgares el perfil de sus labios y Anne no pudo evitar que su cuerpo se adelantase al encuentro del suyo. después de haber tenido la oportunidad de besar a una mujer tan hermosa como tú. —Soy un hombre joven —continuó de una manera que parecía hasta razonable —. al tiempo que rozaba con sus labios los de ella. por una parte. Y diciendo esto. —¡Ya hemos hecho esto muchas veces! —Entonces piensa en mí. estoy segura de que te sobra talento para fingir. se sintió atrapada en la voluntad de él. Sus ropas se rozaban y la joven notaba que la piel le ardía de excitación. La besó entre las cejas y su barba incipiente le hizo cosquillas en la nariz. Ella le devolvió el beso.. Tiene que parecer que estoy lo bastante acalorado. Estaba demasiado cerca. —¿Qué haces? —susurró ella con la boca tan seca que tuvo que humedecerse los labios—. él le cogió la cara entre sus cálidas manos. breve pero muy revelador. él la miró con una intensidad que le hizo olvidar la última de sus muy razonables dudas. tiernos e inquisitivos.. ambos dejaron . Su boca estaba tan cerca que pudo sentir la calidez de su aliento. Cuando Philip profundizó el beso.64 - . porque la única sujeción que ejercía sobre ella era con las manos en su cara. contra el que ansiaba estrecharse más y más. ¡Sólo tenemos que fingir! —Tal vez ésa fuera tu intención —respondió Philip también en un susurro. El sol se filtraba entre las ramas de los árboles. Su voluntad de permanecer indiferente se vio seriamente afectada cuando Philip le besó la punta de la nariz. la besó. ya no le quedaban fuerzas para oponerse. Cuando sus lenguas se encontraron. Con los ojos entornados. de su cuerpo. Deseaba la febril invasión de su lengua. Revivió su sabor. Era la primera vez que la llamaban por su nombre en muchos días. Anne dejó escapar un gemido.. le rodeó la cintura con los brazos y se apretó contra él. como si no pensara detenerse nunca. pero Philip le impedía ver más allá de su rostro. y que sólo había experimentado con Philip. tocándola como si fuera una delicada flor. —Yo no puedo fingir que te he besado —murmuró. se sintió muy agradecida.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO la sobresaltó de tal manera que las palabras se le atragantaron. Anne sabía que podría haberlo apartado. ella no fue capaz de protestar. pero. —Estoy. sentir la manera en que exploraba su boca. se dedicó a explorar los labios masculinos con besos pequeños. —Anne —murmuró él en su boca. amoldando su cuerpo al de él. su olor. —Chis —murmuró Philip. De pronto. Al recordar los momentos robados en los rincones más oscuros del castillo de Alderley. el tierno beso que le había dado dos noches atrás con el fin de reconfortarla.. y.

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO escapar un gemido.65 - . .

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 8 Philip olvidó lo que era estar solo. Lady Rosamond es una viuda. Seguía deseándola con una fuerza incontenible. las manos que antes lo estrechaban contra sí. La oyó suspirar. como si no le bastara con toda una vida para besarla. y en cómo lo hacía sentir. No podía permitir que su debilidad por Anne interfiriera en sus planes. sueños que él había asumido personalmente. —Mujeres —masculló él. tan sólo en ella. Se lo debía a su madre. y está acostumbrada a esas cosas. y las curvas de su cuerpo se amoldaban a la perfección al suyo. Se detuvo. resiguiendo sus dulces formas. Tenía el aspecto de una mujer preparada para un buen revolcón en la cama. Era cálida y suave. . plantando firmemente las palmas en él. tan entregado a Anne. Ella se apartó y echó a andar con un gruñido irritado. y se alegró de que le cubriera hasta medio muslo. la joven a la que había hecho tanto daño coqueteando con ella de manera despreocupada. Philip la soltó de inmediato y ella retrocedió dando traspiés y mirándolo consternada.. y entonces Anne echó a andar nuevamente.. la oportunidad de prosperar. Se ajustó la parte inferior de la túnica. de pronto. tapando lo que sus calzas de lana por sí solas no habrían logrado disimular. Ella había albergado grandes sueños para su hijo. Siguió deslizándolas hasta que llegó al trasero y. Te van a besar tanto si te gusta como sino. Pero no se detuvo ahí. Creía que estabas disfrutando siendo ella. la atrajo hacia sí levantándola con ímpetu. lady Rosamond —se corrigió Philip al ver que no se daba la vuelta. Pero tenía los labios húmedos a causa del beso y se le habían escapado del tocado algunos mechones oscuros. Ella dejó escapar un gemido ahogado y. ahora trataban de apartarlo. No quería pensar en el futuro ni en el pasado. la dama a la que escoltaba. la firme musculatura de Anne bajo la ropa. ya que no podía ser miembro de la Liga. pero no se volvió hacia él. Su cuerpo anhelaba el de ella con una desesperación desconocida. para poder sentir mejor cómo su erección quedaba alojada entre sus piernas.66 - . Trató de convencerse de que aún más que eso deseaba un futuro mejor. de engrandecer el buen nombre de su familia. Aunque en realidad era Anne. una que ya has aprendido. —Tómatelo como otra lección —dijo entonces Philip—. —Anne. Se suponía que era lady Rosamond. Quería más. Dejó que sus manos vagaran por su espalda. siguiéndola a través de los árboles.

Philip estaba tan cerca de ella que vio el perfil de su rostro cuando sonrió al caballero. cerrando el convoy. finalmente. aunque sí pareciera dispuesta a besarlo. Sir Walter negó con la cabeza. Philip se preguntó sombrío si la joven habría memorizado la lista de nombres. —Me ha acusado de estar pasándolo demasiado bien a sus expensas. —Bien —contestó el hombre. pero él se adelantó antes de que ella pudiera decir nada. y evitarles pensar en si alguien los seguía. El caballero inspiró profundamente. hay ciertas cosas que deberíais saber sobre los nobles. frotándose el estómago. ensartado en un espetón atendido por Margaret. Sir Joseph tiró de las riendas de su caballo para ponerse al lado de Anne. cuando su rostro hacía que todas las mujeres se volvieran para mirarlo. . todos los ojos se volvieron a mirarlos. y sintió cómo la garra de los celos le retorcía las entrañas. —¿Y bien? —preguntó—.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Cuando emergió del bosquecillo justo detrás de ella. así que me ha dado un codazo para recordarme las buenas maneras de un caballero. ¿Para qué os ha servido esa intimidad que tanto necesitabais? —Para que me duelan las entrañas —contestó Philip. Y sólo he tenido que recordárselo cuando me ha parecido que se le iba a olvidar. Sir Walter tenía la mandíbula apretada y. apretó el paso para poder oír lo que decían. no trataron de entablar una conversación normal. Hasta que no retomaron el camino. Philip sabía que lo hacían por un acuerdo tácito. —Haremos noche en una posada de las afueras de Doncaster.67 - . Es una ciudad demasiado grande como para arriesgarse a dejarse ver en una posada elegante. Philip. El conejo despellejado se tostaba sobre el fuego. dirigió su imponente mirada hacia Anne. La comida pronto estará lista y luego podremos continuar viaje. Anne se dio la vuelta contemplándolo interrogativa. Ella asintió y se sentó delante del fuego. Ella ya nunca le sonreía así. La comida resultó incómoda y la conversación forzada. como si no se le diera bien hablar. sobre la manta extendida. —Lady Rosamond —empezó sir Joseph—. junto a Margaret. para distraer a Margaret y a Anne. un lord detrás de otro ansiosos todos ellos por complacerla y amenizar su estancia. Los caballeros se removieron con evidente incomodidad. sin molestarse en ocultar su alivio—. se dijo Philip. Esta los miró con un rostro que parecía desprovisto de expresión de tan impasible. Y para qué iba a hacerle falta hacerlo. me ha dejado controlar la situación todo el tiempo —respondió ella con firmeza—. —¿Llegaremos a la residencia de lord Egmanton antes de esta noche? — preguntó Anne. —¿Se ha aprovechado de vos? —No. Sir Walter se limitó a observarlos con los brazos en jarras.

sonriéndole de nuevo. —Podéis pensar lo que queráis. como recordándoles que el tema era serio. pero ése es el precio . Sir Walter frunció el cejo. —Sin ninguna duda. pero no es mi vida personal lo que importa. — Sir Joseph lanzó una mirada escéptica a Philip—. Sir Walter lo miró con su impasibilidad característica. o si no llegarían demasiado lejos. en vez de participar de la diversión. —Pondrá sus manos en vuestro cuerpo con absoluta libertad. —Entonces. —En sus intenciones de seduciros.. ¿Sería tan distante con todos ellos por culpa de un hombre? ¿La habría apartado de él la misión? ¿O tal vez sólo le preocupaba que volvieran a atacarlos? —No creo que esa actitud sea exclusiva de los nobles —replicó Anne—. Philip se preguntó con amargura si estaría pensando en él. —Philip dejó escapar un suspiro exagerado—. —Y será mejor que no os escapéis —intervino sir David por encima del hombro. Pero hay muchos hombres que tratan a las mujeres con respeto. ¿qué es lo que debo saber? —preguntó Anne. —Creo que esto os resulta incómodo porque es posible que tengáis hijas de la edad de lady Rosamond. —Debe de ser muy difícil aconsejar cuando no puedes dar ejemplo con tu propia vida. milady. Sir Joseph carraspeó. Philip le echó una ojeada. Margaret cabalgaba hundida en su silla. mirando al suelo en vez de disfrutar de la vista del valle del río Don. —No todos los hombres —dijo. Estaba demasiado ocupado tratando de recuperar el aliento después del golpe que me ha supuesto su rechazo. —No —respondió el aludido—. —Eso intento.. involucrada.68 - . sino la de lady Rosamond. —Como vos —dijo Philip. —¿Estáis diciendo que no habría que incluiros con nosotros. Tengo la impresión de que todos los hombres cogen de las mujeres lo que les apetece. He vivido entre ellos casi toda mi vida. Philip sabía hacia quién iba dirigida esa indirecta. A menos que sir Philip os lo haya mencionado ya.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Y qué es eso que no sé? —le preguntó alegremente—. esos nobles harán algo más que besaros. Philip notó que. Y entonces podríais veros demasiado. Captó la sonrisa de sir David y hasta sir Walter dejó entrever una tenue sonrisa. Ah. —Cualquier hombre deseará abrazaros —continuó sir Joseph. humildes humanos? —Yo no he dicho eso. Cuando Anne soltó una carcajada. —Y yo debería poner coto a esas libertades —respondió la joven.

—Es porque hemos jurado cumplir con nuestro deber —intervino sir Joseph—. —Antes de partir hacia Francia no. ¿no? Sir Joseph se echó a reír. —Aunque sí traten de llevarte hacia su terreno —opinó sir David. después de todo. Philip negó con la cabeza. respondió de todos modos. Era la primera vez que Philip presenciaba una demostración emocional por parte de un miembro de la Liga. aunque sir Walter le hizo una inclinación con la cabeza en señal de comprensión. decidido a no rehuir el tema. —Resulta relativamente fácil resistirse a ello. que cabalgaba al frente de la comitiva. y decidió que era mejor olvidar el pasado. Philip levantó la cabeza. Dejarían que fuera él quien decidiera la respuesta. Philip sonrió. de modo que sabemos que sólo tendremos que aguantar una determinada situación durante un corto período de tiempo. el anonimato es una buena cosa —contestó sir Walter lentamente—. Pero en caso de que nos ocurriera algo. Y nunca son misiones largas. Si los traidores supieran que alguien los había oído mientras conspiraban contra el rey. —Eso es porque sois un miembro de la Liga y debéis manteneros por encima del resto —opinó Anne. cuando marchasteis a Francia? —Cuando me marché no me quedaba familia —contestó él. Sir Walter vaciló un momento. Sus palabras fueron como una gélida racha de aire que los atravesó a todos. —¿Vuestras misiones son tan secretas que ni siquiera vuestras familias saben dónde estáis? —preguntó Anne. —Tomamos precauciones —dijo impávido—. que cubría la retaguardia con Philip. podéis volver a casa y comportaros como un mortal más. —A veces. ¿Acaso no hicisteis vos lo mismo. Tal vez sí fueran humanos. Pero se dio cuenta de que Anne lo estaba observando con suma atención. lo que ahora tenían motivos para creer que sospechaban. —Al cabo del cual. sir Philip. No era más que un pobre soldado raso. . —Así es. todos ellos corrían peligro de que «les ocurriera algo». propiedades que querríais dejar atendidas —continuó sir Walter. y sintió el aguijonazo de aquella vieja pena.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO de ser miembro de la Liga. —Entonces os preparáis para cada misión como si no fuerais a volver. —Seguramente tendríais alguna posesión. Nadie te obliga a tomar partido.69 - . Margaret lanzó un agudo suspiro y. Sir Walter se encogió de hombros. Tanto sir Joseph como sir David dirigieron la vista hacia su capitán. se les enviaría un mensaje que cada uno de nosotros lleva preparado para tal eventualidad.

pero lo cierto fue que un incómodo silencio cayó sobre ellos otra vez. Cada vez que alguien le pasaba cerca. Anne juraría que la segunda se combaba sobre la primera. Los gansos deambulaban por el patio. Tal vez no quieran interferir en el derecho de una condesa a contraer matrimonio. —Mi reputación me precede. y rodear los hombros de sus esposas en actitud igualmente protectora. que montaban detrás de las monturas. daba un respingo de inquietud. La mayoría de los viajeros con los que se habían topado habían continuado viaje hacia Doncaster. y parece que a los hombres que en cierto momento nos siguieron se los ha tragado la tierra. ¿Y si os ocurriera algo? Philip no miró a Anne directamente. cuida de todas mis posesiones mientras yo estoy fuera. Falsas sonrisas y asentimientos de cabeza por todas partes. y de buena gana se habría quedado así. Estaba a punto de ponerse el sol cuando Anne y su comitiva entraron en el patio de los establos de la posada La Trucha y el Ganso. cosa que la había tranquilizado. —¿Bastante solvencia? Eso es un cumplido viniendo de vos. mirándola y tratando de comprenderla. graznando cada vez que alguien se interponía en su camino.70 - . lord Alderley. —Y desde entonces —continuó Philip—. Oyó el suave gemido ahogado de la joven. y la reacción protectora —hasta el punto de llegar a desenvainar la espada más de una vez— de sus caballeros se había llevado más de una mirada furibunda. apartó rápidamente la vista. No temáis. sir Walter. Ya era algo que no quisiera imaginárselo muerto. Sin embargo. pero sabía que la actitud precavida de sus hombres era necesaria. —No nos va a ocurrir nada a ninguno —añadió—. —Pero él no puede saber dónde os encontráis en todo momento —objetó sir Walter—. Aunque era un edificio de varias plantas. Anne sonrió y los otros dos caballeros intercambiaron una mirada de entendimiento. No costaba imaginar por qué la gente prefería pasar de largo La Trucha y el Ganso. La gente había empezado a apartarse de su camino. mi amigo. situada sobre el río Don. Los mozos de cuadra tardaron en salir de los establos y luego se limitaron a . Nuestra misión «visible» es totalmente inocente.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Y desde entonces? Tengo entendido que disteis muestras de bastante solvencia en los torneos. La joven suspiró aliviada después de haber pasado horas muy tensas al haberse cruzado por el camino con varios viajeros. Miró sus ojos de obsidiana. Anne se había sentido un poco abochornada. llenos de misterio. a abrazar a sus hijos. en el extremo de un puente de piedra que parecía datar de la época romana. alguien sabrá a donde ha de enviar mi cuerpo. pero por el rabillo del ojo la vio agachar la cabeza.

y enfadada consigo misma por dejarse convencer tan fácilmente. ¿verdad. Servirá para una noche. —¿Confiáis en mí? —preguntó Philip. hay un banco en el patio. ¿Sabría lo mucho que sus besos la habían hecho pensar en él toda la tarde. Margaret miró a su alrededor. sino también con aquellos ojos verdes . Sir Walter estudió el edificio detenidamente. no pudo evitar pensar en las ratas. sin más. como le había sucedido semanas atrás. Aunque sabía que el capitán sólo había querido gastarle una broma. pero allí sólo había un abrevadero. Se recordó que cuando estuviera en la Liga tendría que acostumbrarse a que los hombres trataran de intimidarla. y su mano reposaba en la empuñadura de la espada. y desmontó. nada —respondió Anne vacilante.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO observar con cara de aburrimiento a los viajeros recién llegados.. Anne captó un pequeño movimiento por el rabillo del ojo. —No. el beso de lord Milforth no le había hecho sentir lo mismo.71 - . no os importará posar vuestra mano en mi brazo mientras os doy escolta. como comprendiendo su inquietud. Aunque en cierta forma también se sentía aliviada. Se dio la vuelta. Philip le tendió el brazo a Anne para ayudarla a bajar. Entonces se dirigió a sus hombres: —Vayamos a ver los caballos. porque comprendía que se había preocupado sin motivo al pensar que. No me fío mucho de los mozos de aquí. único signo de diversión. y así. Su voz se había vuelto más suave. debajo de un manzano. riéndose. —Lleva aquí desde que yo tengo memoria. —Entonces. De mala gana. Pero Philip no era de esos hombres. se recordó aplastada contra ese cuerpo. —No estaré muy lejos —contestó sir Walter con el cejo fruncido. Y mirando a Philip y Margaret. Y la miró una vez más. Philip le sonrió no sólo con sus labios. dijo: —Esperad aquí con lady Rosamond.. que la había hecho estremecer desde los labios hasta los dedos de los pies. cada vez que la besara un hombre. —¿Esta posada es segura? —preguntó la joven sin levantar la voz. reavivando los sentimientos que llevaba semanas intentando olvidar? Estaba furiosa con Philip por hacerla recordar. el caballero sonrió brevemente. en vez de apresurarse a ocuparse de sus monturas. abriendo y cerrando las manos como si los atacantes fueran a aparecer en pleno día. Pero su cuerpo era tan cálido. Anne apoyó la mano en el brazo que él le tendía mientras se repetía que no era más que un hombre. milady? Al ver la expresión de sorpresa de la joven. que no parece a punto de derrumbarse. —¿Ocurre algo? —preguntó Philip. No os asustan las ratas. —Vamos. Con toda seguridad. milady. recordaría que otro hombre había intentado obligarla a hacer su voluntad. más profunda.

—Condesa. —No voy a haceros daño. y nunca me pasó nada —respondió Philip. que rondaban por las inmediaciones del banco en el que Philip le había ofrecido que se sentara. Creo que me vendría bien pasear un poco. —Ah —murmuró—. . pero al mirar hacia atrás vio que éste no se había movido de donde lo había dejado.. —comenzó él. Ella hizo caso omiso de su llamada y se dirigió hacia los pequeños. La joven se preguntó si sería la corpulencia de Philip lo que los intimidaba. —Estoy demasiado entumecida como para sentarme. Anduvo hasta el final del patio junto a Philip y luego regresaron. Había mencionado detalles de su niñez dos veces en un mismo día. Oían las voces de los caballeros de la Liga dentro del establo. Y así podría ver mejor al niño. pero por algún motivo. Anne levantó una mano tranquilizándolos. Anne no creía que fuera eso. Esto es una posada pública. y llevaba dos palos atados a guisa de espada. Entonces miró por encima de su cabeza y ella se volvió a ver qué miraba. Tal vez también él había pensado que podía asustarlos. apartaba los ojos a toda prisa. Ya sabía yo que había visto algo. —Son demasiado pequeños para andar por ahí solos —comentó Anne en voz baja. echando miradas o señalando hacia la posada.. corría arriba y abajo del castillo. El niño iba vestido con una camisa y unas calzas llenas de polvo.72 - .. y que los observaba indiferente. Margaret se excusó y se dirigió a la parte trasera del edificio a paso ligero. A Anne la sorprendió que no pidiera que la escoltaran. —Estoy seguro de que ese niño sólo está jugando —dijo él—. Dejadlo y venid a sentaros. Ellos se cogieron de la mano y la miraron recelosos. —Tú estabas con gente a la que conocías —objetó ella—. Ambos pequeños se pusieron a discutir. y alguna carcajada ocasional procedente de la taberna en el interior de la posada. pero tal vez le diera vergüenza pedirlo. Cada vez que su vista recaía en los niños. —Cuando yo era pequeño. Philip parecía no querer ni mirarlos. Ninguno de ellos tendría más de cinco años. Confiados al ver que nadie los había descubierto. Al ver que los niños se ponían tensos como si fueran a salir corriendo. y no de la mejor calidad precisamente. Nadie ha salido buscándolos. Voy a hablar con ellos. un niño y una niña salieron por fin de detrás del abrevadero.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO suyos. Para sorpresa de Anne. en busca de las letrinas. La niña lucía un sencillo vestido ceñido a la cintura por una cuerda trenzada. No huyáis. y entre los brazos cargaba una muñeca de trapo de aspecto muy ajado. Esa vez sí vio algo: un piececito calzado con un zapato de fieltro sin adornos sobresalía desde detrás del abrevadero.. Anne lo miró intrigada.

que abrazaba contra el pecho. La niña abrió los ojos como platos y se escondió detrás de su hermano. —Ah —dijo Anne. —No le digas nada. no quería dejar solos a los niños por si se escapaban. lanzando una última mirada por encima del hombro. —Se va a enfadar. Lise ya no se escondía detrás de su hermano.73 - . Su hermana asintió con sus ojos azules muy abiertos por encima de la cabeza de la muñeca. pero en aquel momento. La niña bajó la muñeca. y los niños y él se miraban fijamente. a saber. El niño gimoteó. —¿Vuestra madre está ahí dentro? —preguntó ella. Está trabajando. aunque miraban a Philip con desconfianza. Encontrar a la madre de los niños. mientras voy a buscar a vuestra madre. La joven llamó a sir Walter y se apresuró a ir a su encuentro. Y le pareció extraño. aliviada—. Lise. una criada que se ocupaba de limpiar las . preocupada de pronto por la vida que debían de llevar aquellos niños. Philip se había sentado en el banco. ¿quién los ayudaría? Miró a su alrededor y divisó a sir Walter saliendo de los establos. Por lo menos. pero no quería señalarle el fallo que tenía su razonamiento. —Pues no deberíais volver solos. No nos conoce. Anne tuvo la impresión de que a él le pasaba lo mismo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Dónde está vuestro padre y vuestra madre? —preguntó. —¿Por qué se va a enfadar con vosotros? —preguntó Anne. —Pediré a sir Walter que me acompañe —dijo ella bajando la voz—. aquellos niños eran más importantes. —Y a continuación añadió en dirección a los niños—: Esperadme aquí. —¿Condesa? Ella quería preguntarle qué le ocurría. Anne lo miró con el cejo fruncido. El niño miró a la pequeña con el cejo fruncido. En su rostro había una expresión que nunca le había visto y le costó un momento reconocerla: incomodidad. La niñita se limitó a señalar la posada. Esperad aquí con mi amigo —señaló a Philip —. —No deberíamos estar aquí. y entonces. Philip? —No podéis entrar ahí sola. Creo que su madre reaccionará mejor ante mí que si te ve a ti. —No tenemos padre —murmuró el niño con gesto rebelde. ¿Se supone que tendríais que estar en casa? —Con mi tía —contestó el niño aún reticente. Iré con vos. ¿de acuerdo? Los pequeños asintieron con la cabeza. Anne miró por encima del hombro y se dio cuenta de que Philip se les estaba acercando. ya lo sabes. —¿Quieres quedarte aquí con ellos mientras yo voy a buscar a su madre.

Anne sintió que la invadía una extraña sensación de ternura al ver a un caballero tan fuerte como Philip tan tranquilo entre los pequeños. no fue difícil. Su hermano se apoyaba contra las piernas del hombre mientras éste le mostraba un movimiento con la espada de madera. Anne y sir Walter salieron de la posada con la criada y se detuvieron al llegar al patio. con la niña acurrucada sobre sus rodillas con la muñeca en brazos. ¿Por qué se habría mostrado tan vacilante cuando sabía exactamente cómo hacer que los niños se sintieran cómodos con él? . Philip estaba sentado en el banco.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO habitaciones. pues hasta le dio permiso para llevar a sus hijos a casa.74 - . Sólo deseaba que la amabilidad que demostró el hombre hacia la mujer no se debiera sólo a que ella estaba delante. Bastó con que Anne describiera a los dos pequeños al posadero.

Lo único malo era que ella no dejaba de mirarlo.75 - . —La mejor que tengo —dijo con orgullo. Philip permaneció al pie de la escalera mientras los otros tres subían. enseguida me reuniré con el grupo. —Sir Walter. tendrían que estar todavía más alertas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 9 Philip pasó el resto de la velada sintiéndose como el mayor idiota de Inglaterra. Y. No lo olvidéis. Philip quedó relevado de su obligación. Menos mal que su madre había aparecido antes. pero todos ellos eran conscientes de que en un lugar tan público como aquél. Y sin decir más. como si no pudiera creer que fuera capaz de firmar una tregua con los niños. Se había esforzado mucho por evitar el contacto con críos en los últimos seis años. Para variar era agradable poder relajarse un poco mientras comían. a él también le había preocupado. —Vuestro turno comienza dentro de unas pocas horas —dijo por fin—. pero los tres caballeros habían retomado su actitud taciturna y Anne lo seguía mirando con los ojos entornados. Intentó sonsacar a sus compañeros detalles sobre la Liga con el fin de distraerla. —No lo haré. El caballero se volvió en la estrecha escalera y estudió detenidamente a Philip con aquellos ojos que parecían comprenderlo todo.. Se alegró de veras cuando anunció que se retiraba a su habitación. En la taberna. lo que le había proporcionado un tema de conversación sencillo. Al final la niña había dejado de mirarlo como si estuviera a punto de echarse a llorar. Había visto cómo lo miraba Anne al salir de la posada. . en vez de preocuparse por los motivos que pudiese tener la gente para pasar demasiado cerca de Anne. como si fuera a quedarse dormida. Philip se había quedado atónito de que la pequeña se le encaramase sobre las rodillas.. El primer turno de vigilancia se le asignó a sir Joseph. —¿La fabricáis aquí? —Mi mujer. Esperaba que el capitán se diera cuenta de que su intención era pegar la oreja a alguna conversación y averiguar si alguno de los viajeros sabía o se proponía algo. La comitiva cenó en el comedor privado reservado para los clientes de categoría. el posadero le sirvió una jarra de cerveza. pero ahora me apetece una cerveza en la taberna —explicó. y el niño se había quedado maravillado al ver una espada de verdad.

agradecido de no tener a los caballeros de la Liga juzgando todos y cada uno de sus movimientos. de cara enrojecida a causa de la bebida. —Admito que me sorprende que una dama de su categoría se hospede en esta vieja posada. animándolo a hablar y a beber. a buen seguro. pero aun así no guardó la daga. pero el posadero ha dicho algo de que vuestra señora es lady Rosamond Wolsingham. No había nadie en la atestada . Tal vez no quiera que nadie sepa que está aquí. finalmente.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Philip la probó y alzó la jarra a modo de aprobación. Cruzaron la mirada varias veces y. pensó Philip con actitud hosca. Imposible desde luego con un posadero tan charlatán. —¿Por qué queréis saberlo? —¡Porque la conozco! —dijo él. A la segunda cerveza. ¿Es eso cierto? Philip valoró la necesidad de echar mano de su espada en vez de utilizar la daga. sin confirmar en ningún momento la identidad de lady Rosamond. Soy Lionel Fitzhugh. Philip lo ayudó a subir la traicionera escalera y lo acompañó hasta su habitación. inclinándose hacia adelante para apoyarse con los codos sobre la mesa—. Philip se sentía ya más relajado. —Felicitadla de mi parte. —Recaudaba impuestos para su padre. —¿Y cómo es que conocéis a tan refinada dama? El desconocido soltó una suave risa y le dio unas palmaditas a Philip en el brazo con expresión cómplice. Philip rompió el silencio: —¿Os conozco. El otro era un hombre corpulento. con la intención de saber si viajaba solo o había alguien más con él. La ha dejado viuda muy joven.76 - . Pasó la hora siguiente escuchando las historias del hombre. Pero en el momento en que sintió que se le ponía la piel de gallina. maese Fitzhugh. señor? El hombre lo tomó como una invitación. el viejo duque. estarían acostumbrados a ver en La Trucha y el Ganso. Un hombre sentado a una mesa cerca del fuego. y los pocos clientes que había estaban tan callados y tranquilos como él. porque al momento se acercó a su mesa con su jarra de cerveza y se sentó a horcajadas sobre un taburete. Lamento lo de la muerte de su marido. —No me conocéis —contestó pensativo. —Permitidme que os invite a otra jarra. Philip guardó la daga y le hizo una señal al posadero de que les llevara más cerveza. La túnica y las medias que vestía eran de mejor calidad que las que. Philip supuso que si fuera un verdadero enemigo no se presentaría abiertamente. Philip había desenvainado la daga y la mantenía oculta bajo la mesa. Cuando Fitzhugh estuvo tan borracho que se caía del taburete. supo que lo estaban observando. pero no notaba sensación de peligro. El lugar estaba tranquilo esa noche. sonriendo.

Vio que sir Joseph le señalaba el camino hacia la habitación que compartía con sir Walter. —Está en la cama —respondió el caballero—. pero Philip le hizo una señal disuadiéndolo. vestida con el delgado camisón que se pegaba a todas las curvas de su cuerpo. —No es necesario. orgulloso de sí mismo. Quería estar enfadada con él. Pero tal vez a ella no le fuese mal que le recordaran de vez en cuando adonde pertenecía en realidad. —Tengo que hablar con lady R-Rosamond —dijo Philip. Miró a Anne arqueando una ceja con gesto airoso. Sir Joseph lo contempló con ojos entrecerrados. Todo está en orden. Pero me he encontrado con alguien en la taberna que conoce a milady. Y está claro que a vos también os hace falta dormir. Ella se quedó mirando el corredor. no sin dificultad. y que a él no lo dejaba dormir recordando lo que había debajo. para así tener que manejar sólo a sir Joseph cuando. tratando de no llamar la atención. recorrió el resto del pasillo en dirección a la habitación de Anne. Había dejado que la doncella la convenciera para llevar a cabo un pequeño engaño. Frunció el cejo al comprobar que había hablado demasiado alto y bajó el tono—. Después de todo. si Philip afirmaba que se la veía disfrutar mucho haciéndose pasar por lady Rosamond. es que debía de ser evidente. Sir Joseph se llevó la mano a la espada. ¿qué ocurre? Sir Joseph suspiró.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO habitación y sólo unas alforjas en la mesa. aunque esbozaba una sonrisa de idiota.. aunque no incoherente. Anne hizo una mueca de fastidio. por lo .. de manera que ellos ya hubieran partido y estuvieran lo bastante lejos. Después. igual que haría con cualquier otra sirvienta. Esperaba que Philip desapareciera cuanto antes. Margaret apareció en lo alto de la escalera y se echó hacia atrás la capucha de la capa. —No estoy borracho —contestó él. Ni siquiera se tambaleaba. Philip parecía en bastante malas condiciones. y todo porque buscaba su amistad.. Por alguna razón le costaba pronunciar su nombre. —Creo que ha bebido demasiado. Al fin y al cabo. O tal vez él lo notaba porque le gustaba más como lady Rosamond. se abrió la puerta y Anne apareció en el umbral.. seguía usándola en su beneficio. El hombre se quedó dormido como un tronco nada más caer en la cama. Philip esperaba que no despertara hasta bien entrada la mañana. De pronto. pero Philip se apoyó contra la pared. o. Sus palabras dejaron a Anne preocupada e intercambió una mirada con sir Joseph. —Sir Philip.77 - . como si esperara más alabanzas por su hazaña. y he tenido que acompañarlo para asegurarme de que se emborrachaba tanto que mañana no se despertaría hasta bien entrada la jornada.

Y el hecho de que Margaret deseara salir de la posada. —Stephen y yo nos encontramos en el patio. Pero llevas puesta la capa.78 - .. Había visto la frialdad con que Margaret había reaccionado a la lección sobre cómo «besar». La miró y su rostro se relajó en la primera abierta sonrisa que veía en ella. —Tenía que usar el. Anne retrocedió un paso hacia el interior de la habitación. caballeros. —Ya me estaba arrepintiendo de haberte dejado ir a ver a tu amigo. aunque sólo fuera hasta el patio. —Sus palabras quedaron suspendidas en el aire al tiempo que se sonrojaba. ¡Estaba muy preocupada! Margaret le apretó ligeramente la mano en señal de agradecimiento. Margaret. . Doncaster no tiene secretos para mí. Esta noche me ha llevado a dar un paseo por la orilla del río y hemos hablado sin cesar. su respeto. —Yo le dije que íbamos a pasar por Doncaster. Anne se acercó a ella hablando en voz baja. por favor? La doncella se apresuró a pasar junto a ella. Y cerró la puerta. se acercó a la ventana casi corriendo. no sabéis cuánto os lo agradezco —dijo la chica. —Buenas noches. —Milady.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO menos. Supongo que sabrás lo peligroso que puede ser que te alejes de nosotros. Ella no creía que los hombres de la Liga fueran tan infalibles. —Ya os he dicho que me crié por aquí. —Claro. —¿Margaret? —dijo sir Joseph con el cejo fruncido—. milady. ¡Hacía muchas semanas que no lo veía! —¿Y cómo sabía él que habíamos llegado? Margaret se sonrojó. Y no creeréis que sir Walter decidiría que pasáramos aquí la noche si tuviera alguna duda. la doncella se estaba quitando la capa delante de fuego. es sólo que no te había visto salir. Esta tarde he pagado a un mozo de cuadra para que le llevara un mensaje a la posada donde me dijo que se hospedaría. había hecho que Anne se diera cuenta de lo mucho que significaba aquello para la chica. ¿No os dais cuenta? La joven se rodeó con los brazos. Cuando se dio la vuelta. El caballero carraspeó. protegiéndome. Aún les quedaban muchos días de viaje y quería llevarse bien con la única mujer que iba en su comitiva. incómodo. Anne envidiaba su alegría.. que se limitó a sonreír a los dos desconcertados hombres. Creía que te habías ido a la cama. —Temí que se pusiera a llover. —¿Puedes ayudarme. lo que la había hecho sentirse indigna de ser su señora. —Pero deberías haberte llevado a uno de los caballeros contigo. —Como si no pudiera estarse quieta. y abrió los postigos—. Se la veía muy feliz. —Pero mi amigo estaba conmigo. claro.

79 - . Anne sentía envidia y tristeza a la vez. ¿verdad? La chica abrió los ojos desmesuradamente. Él cree que viajo con lady Rosamond. Philip terminó su turno a la puerta de Anne y la escoltó hasta el comedor privado. como si pudiera ver el futuro que se desplegaba ante ella. y quien nos ha pedido que acortáramos la estancia ha sido su madre. —Gracias. Sir Walter dejó la cuchara junto a su tazón de gachas de avena con la sobriedad que lo caracterizaba. —Milady. Anne frunció el cejo. pero les expliqué que. dado que íbamos a llegar tarde. —¿Pasaremos una o dos noches allí? —Nos pidieron que nos quedásemos sólo una. jamás se casaría. Anne seguía asombrada de lo mucho que Margaret le estaba confiando. entrelazó las manos y se asomó a la ventana. Yo jamás pondría en peligro la vida de mi señora.. Margaret. lord Egmanton es más joven que vos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Anne se sentó en el borde de la cama. pero se apresuró a apartarlo de su mente. y ella no se consideraba el tipo de mujer capaz de entregarse a un hombre que sólo pensara en el presente. . milady. Antes del amanecer. donde desayunarían antes de partir. —Margaret. Ella sonrió. me ha prometido que le preguntará a su señor si puede casarse conmigo y llevarme a vivir con ellos.. El rostro de Philip se le apareció. No podían arriesgarse a que Lionel Fitzhugh decidiera bajar a ver a la hija del viejo duque. ni la vuestra. Era como si ahora que le había demostrado su confianza en ella ayudándola. la joven la considerara ya una amiga. La doncella asintió. —¿Cuándo llegaremos a la residencia de lord Egmanton? —A última hora del día. —¿Por qué nos han pedido que nos quedemos sólo una noche? Menuda falta de hospitalidad. —Pues claro que no. Pensó que si se unía a la Liga. Las campanas de la iglesia cercana dieron la hora. Anne se limpió la boca con la servilleta con pequeños toques y se volvió hacia sir Walter. aliviada. Ambos esperaban cosas diferentes de la vida. —Espero que todo te salga como deseas. no le habrás hablado de mí. —Ahora que hemos vuelto a vernos y nuestros sentimientos son tan intensos como siempre. no os quedaría demasiado tiempo para conversar con lord Egmanton. pero ese día faltarían a misa en aras de su seguridad.

él gruñó para sí. no abandonó el recinto del patio. pero dijo tan sólo: —Supongo que una viuda mayor como nueva hija no es lo que más le apetece en este mundo. De pronto. Philip se reclinó en su silla. Sir Philip se quedará conmigo. una afabilidad que no estaba allí el día anterior. ¿Adónde fue Margaret y por qué la ayudaste. había compenetración entre las dos. son sólo asuntos del corazón. No hagas que lo lamente. él le susurró a Anne: —Diles que no has terminado. —No me sorprendería que te hubieras prestado voluntaria a acompañarla. pero finalmente pareció pensárselo mejor. —Dime que no has cometido la estupidez de conocer a ese hombre. Ahora que por fin empiezo a ganarme su confianza. Margaret es tan eficaz que lo ha dejado ya todo listo para partir.. —Él estaba con ella. Margaret y Anne se miraron. —Dime lo que sepas —murmuró—. —No creas que anoche estaba tan borracho como para no darme cuenta de que estaba ocurriendo algo raro. Ella frunció el cejo y abrió la boca para quejarse. —No es nada grave. pero tengo que saberlo. Cuando se quedó a solas con Anne. —Así que ha conocido a alguien. —Philip. cuando sabes perfectamente que podrían haberla capturado o matado estando sola fuera de la posada? Ella hizo una mueca de frustración. no me hagas. —Comprendo lo difícil que es verse cuando ambos trabajan en residencias alejadas la una de la otra. Anne dejó escapar un suspiro y le resumió la historia del pretendiente de la doncella. —No. La doncella le dirigió una sonrisa tan resplandeciente que a Philip le entraron ganas de decirle que estaba despertando la curiosidad de todos.. —Sir Water.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO A Philip se le atragantó el pan con mantequilla. Cuando los caballeros se levantaron para ir a terminar de recoger sus cosas. Quiero decir que la relación no empezó aquí. Quiero hablar contigo. la miró con seriedad desde su lado de la mesa. —No aquí. . Al ver que Anne vacilaba. pero me parece que este Stephen puso en peligro a Margaret al pedirle que saliera de la posada sin protección. Hasta la noche anterior. de verdad. me gustaría tomar otra taza de sidra. pensó Philip con suspicacia. No voy a contárselo a nadie. Ella le lanzó una mirada fulminante.80 - . no lo conozco. —Tú cuentas con mi confianza.

sé que nunca podría ser lo mismo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Philip. —La echo de menos —susurró—. Pero fuera del comedor. Pero sí me gustaría tener una relación más. —Pues parece que lo has conseguido. —No. —Bajó la voz antes de añadir—: No soy más que una doncella. pese a haber tenido la mejor tutora en lo que a las costumbres de las nobles se refería: la hija del primer señor al que sirvió. tienes que entender que no estoy acostumbrada a que nadie se preocupe por mi reputación o por mi seguridad. —Se detuvo y lo miró enfadada. ¿Nos vamos? Me temo que si seguimos aquí juntos mucho más tiempo alentaremos las sospechas de sir Walter. y apartó la mirada. comprobar cómo le latía el pulso por debajo de la curva de la oreja. como si lamentara haber revelado tanto de su persona. Sus pechos subían y bajaban rápidamente.. —Prométeme que me lo dirás cuando Margaret sienta la necesidad de escabullirse otra vez. Es demasiado peligroso para las dos. y no en el sentido romántico de la palabra precisamente.. tu comportamiento sugiere que querías ser su amiga en vez de su señora. para poder contarle mis cosas. Philip cerró los ojos y sacudió la cabeza. Philip levantó la mano como si tuviera intención de acariciarle la mejilla. a bañar y. Ella lo miró a la cara. Deseaba sentir de nuevo la tersura de su piel. —Quería cogerle la mano. Se sentía casi como un chaval poco acostumbrado a estar cerca de las mujeres.. las pisadas de los huéspedes hacían temblar la escalera. Ella lo había enseñado a leer. Nuestra amistad se fue afianzando con los años. a saber qué decir a una dama.. Anne suspiró.. y de pronto la necesidad de ahuecar las palmas de las manos sobre ellos se le hizo abrumadora. Anne salió la primera en dirección a la puerta y se dio la vuelta para mirarlo. En cuanto a la chica. —Y yo me preocupo por tu seguridad. —Te lo prometo. Pero ése era un recuerdo triste y no . —No sé. lo más importante. pero se lo pensó mejor. hombres están interesados. igual que Margaret. demasiados.. ¿tal vez porque ayer me ofrecí a besarte y ahora estamos aquí los dos solos? Fue como si decir esas palabras en voz alta reavivara la tensión que chisporroteaba de forma constante entre ellos. Debía guardarse sus pensamientos para sí. Anne retrocedió y agarró el pomo de la puerta. —Se levantó y tiró la servilleta sobre la mesa—. —¿Por qué habría de sospechar? Ahora le tocó el turno a él de suspirar. afable con Margaret. —Y también eres lady Rosamond. Siempre estaba ahí para hablar. de modo inconsciente. La joven se puso rígida al oír el nombre de su amiga. Y estoy seguro de que también le ha importado siempre a lady Elizabeth. delatando su agitada respiración. para.81 - . en quien muchos. Tocarla hacía que se olvidara lo que quería decir—. y. —Y ahora intentas llenar con Margaret el hueco que ella ha dejado.

Pero no había ocurrido nada que hubiera que lamentar. —Me serviréis para distraerlos. sir Philip? —Margaret. como si comprendieran. y Philip dio por bueno lo que decía. Ésta se quedó mirándolo fijamente. —Lady Rosamond. Sin embargo. Philip sí demostró curiosidad. Debería hablar con él. pero necesito saber si tu pretendiente sigue por aquí. lady Rosamond. Aunque Margaret bajó los ojos servilmente. no. Cuando todos estuvieron acomodados sobre sus monturas. El resto podéis esperar aquí. No tardaremos mucho. ésta la conocía de toda la vida. señor! Ya se ha ido de Doncaster. la vigilaría de cerca a partir de entonces. Sin embargo. y probablemente ella hubiera cometido un error al dejar salir a la chica sola. no lejos de aquí. Sir David y sir Joseph ni siquiera se miraron. Philip se las ingenió para tener una conversación privada con Margaret. sir Walter les dijo: —He de hacer una parada en el establecimiento de un mercader. cuando estaba con Anne. Era comprensible que Philip estuviera preocupado. —¡Dios mío. —Pero ¡ella no tuvo la culpa! —se apresuró a decir la chica. y quiero que sepas que no me ha dado muchos detalles. de lo que estaban hablando. Entonces. Con todo. —Supongo que he de fingir que soy vuestra dama. la vista fija en el interior del comercio.. intranquilo. de modo que Anne dedujo que no era ella la única ignorante del cambio de planes. Mientras esperaban a que les llevaran los caballos. Anne abrió mucho los ojos. todas las lecciones sobre buenos modales se desvanecían. Algo no iba bien. Condujeron a sus caballos a través de las angostas calles de Doncaster hasta que sir Walter se detuvo bajo un cartel con la rudimentaria imagen de un sombrero. podía verse a varias personas siendo atendidas por el mercero. —Lo sé.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO soportaba pensar demasiado en ello. llevándola en volandas brevemente hasta dejarla donde no había barro. lo que la hizo sentirse tremendamente aliviada. El capitán la ayudó a desmontar. le he preguntado a lady Rosamond por tu salida nocturna. A través de una ventana abierta. y merecía el beneficio de la duda. ella le puso la mano en el brazo y echaron a andar hacia la tienda. y a continuación miró a Anne. —¿Sí. Pero la chica había sustituido a su madre al servicio de lady Rosamond. No le gustaba que un hombre se hubiera acercado tanto a un miembro de la comitiva. Sir Walter desmontó.. con un aguijonazo de culpa.82 - . Quiero que halaguéis los . Margaret la miró. ¿no es así? El hombre le dirigió una leve sonrisa. Anne los observaba y supo. Por eso no tuvimos más remedio que vernos anoche. se sentía. pero lo único que hizo la doncella fue sonreír y encogerse de hombros. me vendría bien vuestra ayuda.

con los brazos en jarras. que miró a sir Walter con curiosidad. que permaneceréis en la parte delantera de la tienda. —¡A un lado. dejando atrás la posada en dirección a la campiña. Empezó a lloviznar. y maniobró con las riendas hasta ponerse junto a sir Walter. No veo que haya muchos hombres aquí. Él negó con la cabeza y entró en el establecimiento delante. y me ha llamado la atención ese de piel de castor con una pluma que tenéis en el escaparate. Mientras el mercero le sacaba el sombrero para enseñárselo. pero sir Walter le sujetó el codo con una mano. y dejó que su montura sorteara los hoyos que había en el pavimento. buen señor —respondió —. Al verla con sus ropas elegantes. de pie junto a otros tres clientes. Al ver al caballero. Anne vislumbró a un hombre pulcramente vestido. sir Walter se acercó a ella. Anne podía ver a sir Walter por encima de su hombro. Al decir estas palabras. ¿En qué puedo serviros? —He oído hablar de vuestros sombreros de caballero. guiándola con firmeza hacia la puerta y su caballo. Sintió un aguijonazo de culpa al ver la expresión alicaída del mercero. ¿Podríais mostrármelo? —Cuando el hombre se le acercó. Tomó aquello como una señal de que le tocaba actuar y. —No puedo comprar algo que todo el mundo puede tener —dijo en tono caprichoso—. consciente de que él .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO sombreros y que atraigáis la atención del dueño y de los demás clientes hacia vos. Ya volveré en otro momento. Philip iba justo detrás. apártate. a juzgar por la sencillez de sus ropas de lana. Desde la puerta. por favor. limitándose tan sólo a hacer un pequeño gesto de asentimiento. un aprendiz. —¿Y no os importa cómo lo haga? —preguntó ella. se cubrió la cara con el velo otra vez. Una vez acomodada. al tiempo que los dispersaba como si fueran una bandada de pájaros asustados. bajó la voz y añadió—: Pero me gustaría poseer ese diseño en exclusiva. inspeccionándolo todo. los demás clientes se arremolinaron a su alrededor para echarle un vistazo más de cerca. se dijo. abrió los ojos desmesuradamente un segundo. «¡Confía en mí!». haciendo uso de la fuerza para apartar a la gente que se le acercaba demasiado.83 - . ensalzando sus méritos. como si el rey en persona fuera a entrar a continuación y hubiera que revisar cuidadosamente la seguridad del lugar. cuando tengáis menos público. El alboroto había hecho salir a otro hombre de la trastienda. pasad. levantándose el velo para que se le viera la cara. señor. —Vamos. Sir Walter puso algo sobre el mostrador —Anne no pudo ver lo que era— y el hombre lo cogió sin decir nada. A continuación. pasad. —Milady —saludó con énfasis—. Anne se dirigió enfurruñada a la puerta. a un lado he dicho! —ordenó. el mercero abrió los ojos como platos. y se hizo hueco entre el resto de sus clientes. entre tanto sombrero. pasó junto a su capitán. nerviosa y animada. pero ella se lo permitió. esperando para atacarme.

Pero no podemos detenernos. preguntándose con un súbito ataque de pánico si el caballero habría llegado siquiera. nadie les dio la bienvenida. como una montaña puntiaguda cerca del bosque. En esa visita.84 - . Sir David se había adelantado a anunciar su llegada. y tampoco aquí hemos encontrado prueba alguna de que nos estuvieran vigilando. pero hay lugares y formas de contactar. —Os he visto darle algo al aprendiz del sombrerero —dijo Anne—. mientras que hacia el este las amplias llanuras daban paso a las tierras pantanosas del condado de Lincoln. no dejaba de imaginar que unos jinetes emergían de la niebla con intención de atacarlos. le confirmaron que habían dejado entrar a sir David hacía menos de una hora. —¿Y lo conocíais? El capitán negó con la cabeza. o eso dijo sir Walter. —¿Cómo si estuvieran preparándose para un ataque? —preguntó Anne. Los soldados que montaban guardia en las almenas y la torre les dejaron paso. ¿Se habría perdido? ¿Lo habrían atacado? Anne echó un vistazo hacia atrás. pero yo les he enviado uno. cubiertos por la niebla. mirando hacia los campos festoneados de cercas de piedra. se pasó completamente tensa todo el día. —¿Y si alguien lo intercepta? —preguntó Philip. en un intento evidente de distraer a Anne con una lección de geografía. —No los conozco a todos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO sentía su misma curiosidad. —No lo sé. Durante el resto del día. balanceándose con el paso de su caballo. con el cejo fruncido. Como consecuencia. La Liga no nos ha enviado ningún mensaje. —Leerán una misiva a mi madre en la que se le informa de que sufro gripe. incluso aunque sus caballeros iban turnándose para hacer reconocimientos del terreno. ni nadie salió a saludarlos. tras dejar atrás el condado de York y entrar en el de Nottingham. Anne tenía tanto frío que no le importaba que tuvieran que moverse con precaución. ¿Trabaja para la Liga? Él asintió. Cuando sir Walter les preguntó. los árboles del bosque de Sherwood fueron dominando gradualmente el paisaje en dirección al oeste. ¿Y ahora recibiréis respuesta? Sir Walter se limitó a encogerse de hombros y ella creyó ver que al hombre casi le divertía mantener el suspense. —Anoche recorrimos Doncaster y los alrededores. Cuando la fortificación de Markham apareció en la lejanía. Tanta tranquilidad me inquieta. y la joven sintió que podía . Siguió lloviznando todo el día de forma intermitente y mientras ella se arrebujaba en su capa. detallando el ataque que sufrimos y nuestras sospechas. Pero entonces volvió la vista hacia la ciudad. —Un código secreto —exclamó Anne llena de admiración—.

complacida. No puedo creer el comportamiento de esta gente. Las inmensas puertas dobles del salón se abrieron lentamente y un agradable calorcillo les dio la bienvenida. —Lady Rosamond. Percibió el delicioso aroma a carne asada. y Anne se desanimó. con los brazos en jarras. Finalmente. temblaba incontrolablemente. había pensado demasiadas veces en el momento que habían compartido en el comedor.85 - . Este último esbozó una sonrisa sombría y ella apartó la vista de inmediato. vio que estaban desmontando las mesas de caballete. y la rodeó con un brazo. Parecía un lugar sombrío y viejo. Una docena de sirvientes estaban ocupados con sus diversas tareas. un hombre apareció a través de una de las arcadas que daban acceso al gran salón. ya húmedo. —¿Es necesario que pegue una voz para que alguien con suficiente autoridad muestre algo de interés? —¿Dónde estará sir David? —preguntó ella. mientras las gotas de agua le chorreaban desde las cejas. corriendo por sus mejillas. Sir Walter cogió a Anne del otro brazo. terminó de empapárseles por completo. puede que incluso a besarla. La lluvia formaba charcos por todo el patio de armas y la comitiva permanecía sobre sus monturas. tan pequeña y delgada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO al fin respirar tranquila. era incapaz de dejar de desear volver a perderse en sus brazos. El hombre le hizo una reverencia. Anne vio que Margaret. de nuevo. entre el castañeteo de sus dientes.. —Ya sabemos que a la madre de lord Egmanton no la emociona precisamente nuestra visita —replicó ella con pesar. El caballero asintió con gesto lúgubre y los tres subieron los escalones que conducían al gran salón. cuando parecía que iba a tocarla. La torre del homenaje era muy antigua y no tenía ventanas.. aunque aún se notaba temblorosa. el administrador de lord Egmanton. al contrario de lo que cada vez era más habitual en los castillos. Y ella se lo habría permitido. Soy sir Daniel. Miró hacia lo alto de la torre. pero ninguno se acercó a saludarlos. Anne miró por encima del hombro y vio que sir Joseph y Philip se colocaban justo detrás. El calzado. No me ha dado tiempo a recibir a sir . mirándose entre sí con incredulidad. para hacerse cargo de sus caballos. encogidos bajo la lluvia. llenándoseles de barro. Pero para su gran consternación. Philip se detuvo junto a Anne. La doncella le dedicó una sonrisa de agradecimiento. Anne suspiró. seguido de cerca por el alto sir David con cara de pocos amigos. Al final salieron varios mozos. Pese a saber que él sólo la quería para satisfacer un momento esporádico de placer. os ruego que perdonéis tan grosero recibimiento. Varias velas de sebo iluminaban la oscura tarde y el fuego ardía en las chimeneas dispuestas a ambos lados del salón. No habían comido nada desde el desayuno y estaba tan congelada por dentro como por fuera. permitidme que os acompañe dentro. y varios los miraron con curiosidad. Durante el día. después de la comida del mediodía. —Milady.

El hombre se mostró abochornado.... dando un paso al frente mientras se echaba hacia atrás la capucha empapada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO David con la suficiente prontitud. puedo proporcionaros todo lo necesario.86 - . Anne le dedicó una resplandeciente sonrisa. levantando las palmas para detenerla—. El hombre se despidió con una nueva reverencia y salió por la puerta. Era unos cuantos centímetros más bajo que ella. Philip se cruzó de brazos y la miró con aprobación.. si no se os secara la ropa. —Milady. ¿qué pretendéis hacer? —Saludar a nuestra anfitriona.... entiendo. sir Daniel.. La baronesa no puede atenderos en este momento. Pero estará aquí para la cena. ¿Me permitís que os conduzca a vuestras habitaciones? Puedo pedir que os preparen un baño caliente y. Sir Daniel asintió repetidas veces en señal de acuerdo.? —Impresionar tanto a su hijo que verdaderamente crea que soy la mujer . Yo me ocuparé de ella. dijo: —Os lo agradezco. Eso aplacó algo los ánimos de la joven. yo no he dicho. —¿Y tenéis intención de. —Algo lamentable. Es obvio que no está a favor de la unión de su joven hijo con una escandalosa viuda. Lady Egmanton está detrás de todo esto. —No veo razón para quedarme aquí y dejar que me insulten. pero ahora era lady Rosamond. ¿Quién es el siguiente de la lista? Sir Walter empezó a rebuscar en sus alforjas. se dieron cuenta de que nadie los había preparado para su llegada. —Milady. por supuesto —respondió ella—. —Me han hecho esperar una hora —dijo el caballero con una voz grave que delataba su enfado. —Con una mueca de desesperación añadió—: Pero no es él quien está al mando de este castillo. —¿Y dónde está lord Egmanton? —lo atajó Anne. Anne lo habría hecho personalmente. Lord Egmanton arde en deseos de conoceros. finalmente. Exigió que sir Daniel se presentara y le enseñó las habitaciones. y. —Ya. —¡Milady. Al llegar a los aposentos que les habían sido asignados. —La lluvia ha demorado su regreso del pueblo. Sir Daniel se quedó mirándola con la cabeza levantada. os lo suplico! —le rogó el administrador. «Lady Rosamond» se volvió hacia sus hombres y su doncella. asintiendo repetidamente como muestra de su gratitud. No hay razón para mencionar vuestro nombre a su señoría. Una vez hubo desaparecido. Nos informaron de que no llegaríais hasta esta noche. —No temáis. aunque no pareció sorprendido del todo. sir Walter miró a Anne con cautela antes de hablar. Sir Daniel la miró aterrorizado.

Es posible que los Egmanton no deseen vuestra presencia por una razón más siniestra. . —¿No es demasiado joven para estar ya en contra del rey? —preguntó Philip. Anne sintió que su cólera cedía al recordar su determinación de descubrir si alguno de los nobles de su lista era un traidor. milady —la advirtió sir Walter—. Prometo que tendré cuidado. Intentó aparentar serenidad.87 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO adecuada para ser su esposa. —Sir Walter tiene razón —dijo Anne—. pero Philip la miraba con suspicacia. ¿Os parece que a su madre le gustará eso? —Es preferible que estéis alerta que furiosa.

con sus ayudas de cámara pisándole los talones y un tocado que se agitaba a su paso como las velas de un mástil. A Philip no le pasó desapercibida su ira cuando cayó en la cuenta de que lady Rosamond no había aparecido aún. que ya era alto de por sí. Era más bien delgado. Un gesto de desprecio deliberado hacia la dama visitante.88 - . todo el mundo guardó silencio. hizo su entrada en el gran salón como el buque insignia de una flota. de edad casadera aunque todavía algo jóvenes. Se sentó a la mesa principal y lanzó a su hijo una mirada furibunda. Cuando Anne apareció en lo alto de la escalera. Philip estuvo a punto de unirse a ellos. visible gracias al profundo escote en forma de pico. Era evidente que su intención había sido la de hacer una gran entrada. Nada de . de apenas veinte años. Lady Egmanton frunció el cejo. viuda del conde de Wolsingham. apareció sir David en lo alto de la escalera que llevaba a la segunda planta. tan impresionante y tentadora se la veía. Mujer de pecho generoso y amplias caderas. Tal vez aquel tono de voz estridente fuera natural en ella. podía oír perfectamente a lady Egmanton. Finalmente. como si él tuviera la culpa del retraso que iba a sufrir la cena. A él y los demás caballeros del séquito de lady Rosamond los habían sentado a una mesa próxima a la de los criados. y tampoco se molestó en ocultarla. La chica le llevó una copa y Philip se fijó en el cuidado que ponía en mantenerse lo más alejada posible. y que no estaba acostumbrada a que le llevaran la contraria en su pequeño reino. el salón prorrumpió en vítores. como si no dedicara mucho tiempo ni esfuerzo a entrenarse en la liza. Le resultó preocupante ver su gesto de alivio cuando lord Egmanton se limitó a darle las gracias con un gesto de la cabeza y dejó que se marchara. —Lady Rosamond Wolsingham. visto desde allí abajo parecía un gigante. Sir David se dirigió a los presentes con voz rotunda. hija del duque de Morley. Cuando levantó la mano. El joven se limitó a encogerse de hombros y le hizo una señal a una criada. Pero a pesar de la disposición.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 10 Philip se percató enseguida de lo que la baronesa había planeado respecto a la cena. saludarla con un beso en la mejilla. Sus hermanas gemelas. No parecía poseer la fortaleza de carácter de un hombre dispuesto a oponerse al rey. Se había puesto un vestido color vino que resaltaba el tono cremoso e inmaculado de la piel de sus senos. eran dos chicas saludables y bonitas que tendrían que cuidarse si no querían terminar con las formas rollizas de su madre. Philip había visto a su hijo mayor. Lady Egmanton miró a su alrededor con la nariz bien alta. El caballero.

mi estado marital está. que había besado muchas veces aquellos labios rojos y deseaba seguir haciéndolo.. pero aquella mujer se merecía unas cuantas pullas. —Lady Egmanton. Una vez más. Os ruego que me perdonéis por no haber llegado a tiempo esta tarde. bajó del estrado y se colocó justo detrás de ella. y se había adornado la cabeza con un pequeño tocado con un velo. —Lady Rosamond. Utilizó el plural mayestático «nos» como si fuera una reina. —dirigió una recatada mirada hacia el hijo de la baronesa y añadió—: abierto a vuestra evaluación. La escoltó hasta la mesa principal. Philip.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO encajes que pudieran distraer la atención de la belleza de su cuerpo.89 - . y ansiosa por conoceros mejor. donde lady Egmanton permanecía sentada muy tiesa. casi como si fuera una invitación galante. Se levantó la falda innecesariamente para exhibir sus zapatillas rojas y sus delicados tobillos mientras descendía los peldaños como si flotara. No quería estar al otro lado del salón en caso de que Anne lo necesitara. sintió que se estremecía de deseo. Anne dejó escapar la ronca carcajada de cuando representaba a lady Rosamond. milord. a continuación. Tenía todo el aspecto de una mujer noble. —¡Buenas noches a todos los residentes de Markham! Más ovaciones. Su hijo ya se había puesto en pie y estaba rodeando la mesa para salirle al encuentro. Los ojos de la baronesa resplandecían de cólera. El joven barón se sonrojó y miró con gesto de culpabilidad a su madre. Philip se levantó para representar la parte que le correspondía en aquella función. El joven le cogió ambas manos y la instó a levantarse. a las que ella respondió entrelazando las manos delante del cuerpo y haciendo una inclinación de cabeza en dirección a todas y cada una de las mesas dispuestas en el salón. Philip le sostuvo la silla para que tomara asiento y. la joven sentía una poderosa confianza en sí misma rara en alguien de su clase social. pero no se sentía cómodo entre las gentes de Markham. Se la soltó al llegar al pie de la escalinata y miró a su alrededor con expresión complacida. Con Philip a su espalda y su entrada triunfal. —El viaje se nos ha dado mejor de lo esperado. pero se limitó a decir: —Nos complace tomar en cuenta vuestro estado marital. había optado por mostrar su pelo negro. Anne quitó importancia al hecho con un gesto de la mano. —Entonces sentaos para que puedan servir la cena —le espetó la mujer. Anne realizó una elegante y profunda genuflexión. es un placer conoceros por fin. aunque lo llevaba recogido sobre la nuca. y había aprendido a confiar en su instinto. No se propasaría en su propósito de enfadar a la baronesa. y se había puesto pendientes y gargantilla de esmeraldas. Pero ahora estoy aquí.. No le habían ordenado que lo hiciera. Y tendría que hacerlo de manera sutil si quería descubrir si lord Egmanton guardaba siniestras intenciones en la manga. . Puso un sutil énfasis en la palabra «ansiosa». Las mangas ajustadas realzaban la esbeltez de sus brazos.

Desde la inocente envidia de las gemelas hasta la satisfacción de lord Egmanton pasando por el disgusto de la madre. . lo que no la ayudaba en sus malas intenciones respecto a lady Egmanton. ella no era como las jóvenes inocentes que normalmente se paseaban delante de alguien como él. La baronesa arrancó el último resto de carne del hueso y dijo: —¿Cuántos años tenéis. Su hijo en cambio parecía muy manejable. Anne se sintió tentada de decir que la experiencia podía resultar de lo más placentera. ¿habéis estado en la corte? Sonrió a la chica. milady. Parecía muy joven. Tres más que Anne. milady —contestó en cambio con una sonrisa. sonriéndole con los ojos. sentadas al otro lado de su madre. Lo más importante es ser adecuada como esposa y madre. a su izquierda. Parecía decidida a que la condesa quitara a su retoño de su lista de candidatos. Anne siguió comiendo alegremente mientras el resto de ellos se miraban en silencio. Lady Egmanton continuó mojando el pan en la salsa de la carne como si nada. Lady Egmanton se estaba poniendo púrpura de rabia. como si hubiera que protegerlas. porque el chico parecía incapaz de apartar la vista de ella. como si no acabara de decir una crueldad. Eran casi idénticas. —Sois demasiado vieja para casaros con un chico tan joven —le espetó la baronesa con frialdad. No quería provocarle una apoplejía. Pero a buen seguro. lady Rosamond? —Veinticinco. Debió de conseguirlo. con la esperanza de que comprendiera que estar con una mujer de más edad tenía sus ventajas. milady? —preguntó Anne. parpadeando inocentemente. La contemplaban llenas de admiración. lord Egmanton se puso rígido como una vara. Anne oyó el grito ahogado de las gemelas y. —¿Y la dote no importa. Claro que importaba la riqueza de la condesa. pero su madre contestó en su lugar antes de que pudiera responder. —Pero ya sois lo bastante mayor como para no poder tener hijos. —Haber estado o no en la corte no tiene la menor importancia. Echó un vistazo a las hermanas del chico.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Sentía que debía andarse con más cuidado con la madre que con el hijo. Esta echó una ojeada a lord Egmanton. aunque vestían de distinto color. y muy interesado en Anne. —Yo no me considero vieja. —Lady Rosamond —dijo una de las gemelas cuando se sintió con coraje suficiente para hablar—. Vio cómo el recordatorio de la saneada situación económica de lady Rosamond afectaba a cada miembro de la familia.90 - . pero se contuvo. ya que éste se mostró exquisitamente educado durante toda la cena y permitió que fuera la baronesa la que condujera los temas de conversación. y mucho.

Recorría el salón con Egmanton. —No. había una estatua de una mujer con la mano levantada y un pajarillo posado en ella. Hay soldados por todas partes. —comenzó a decir Philip. El sol. Cuando un soldado lo miró con el cejo fruncido. No así Philip. él pretendió examinar la estructura con impresionada curiosidad. Sonreía a lord Egmanton. sentaos y terminad de cenar —ordenó ella—. en un nicho de la muralla. Avanzó a paso ligero hacia el lugar donde los había visto por última vez. y. Mientras Philip esperaba fuera de los establos a que Anne se alejara un poco más. si sabía algo de la verdadera lady Rosamond. pero sin decir nada. y se la veía preciosa a la suave luz del atardecer. —Milady.. ¿Adónde estaría llevando al chico y qué pensaba que iba a demostrar? Si lord Egmanton era un traidor. que sólo se había dignado aparecer cuando llegaron a la fortaleza. Con una silenciosa imprecación saltó por encima de la cerca baja y se ocultó tras los arbustos y los frutales envueltos en las sombras. Una vez en el patio de armas le resultó fácil ocultarse. tomó un recodo y vio las sombras oscuras del jardín privado de la señora que se abría ante él. Anne estaría en peligro.91 - . Philip dio rápida cuenta de su propia cena. parecía estar de un humor peligroso.. su madre los miraba con el cejo fruncido. En la mesa del estrado. Dice que la puesta de sol que se disfruta desde aquí es la más hermosa de todo el condado de Nottingham. que permanecía de pie a su lado. y reírse a continuación con algo que éste le habría dicho. arrojando sombras alargadas sobre todo lo que hallaba a su paso. la vio inclinar la cabeza de forma coqueta hacia el joven lord. Junto a ellos. dándole unas palmaditas a éste en el brazo—. pero ya no vio a Anne por ningún lado. pero se detuvo en la mesa de los caballeros y les sonrió. Esperó a que el soldado se hubiese alejado y sólo entonces se dirigió nuevamente hacia el patio. además. encendiendo antorchas y bajando el rastrillo para proteger la torre de entrada. Se agachó y separó las frondosas ramas de un helecho para verlos. Se dirigió a paso rápido al palomar. Seguro que mi señor no dejará que me ocurra nada. . como si ya hubiera hecho todo lo que estaba en su mano. él los siguió tras recibir el permiso de sir Walter. —Lord Egmanton me va a llevar a dar un paseo por los jardines del castillo — les informó. había descendido ya de manera que las murallas que rodeaban el castillo lo tapaban. Cuando Anne y lord Egmanton abandonaron el salón. El joven la miró con adoración y se sonrojó. Que utilizara el posesivo para referirse a él hizo que Egmanton se sonrojara aún más violentamente. La joven se asomaba a la muralla del castillo. levantándose.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Luego. Los criados iban y venían preparándolo todo para la noche. Se relajó un poco al oír la risa de Anne. Le incomodaba la forma en que coqueteaba. sin perder a Anne de vista en ningún momento. y las aves se removieron inquietas al sentir su presencia.

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—Mi madre dice que sois demasiado experimentada para mí —comentó
Egmanton.
Anne ladeó la cabeza.
—¿De veras?
Y entonces el chico se inclinó y la besó. Philip esperaba que Anne lo apartara,
pero ella no lo hizo. Se dijo que sólo estaba representando un papel, pero aun así, no
pudo evitar sentirse celoso y confuso.
Egmanton se pegó más a ella y con la otra mano empezó a levantarle la falda.
Philip se rebelaba contra lo que estaba viendo, pero tuvo que contener la ira que
burbujeaba en su interior. Cuando Anne apartó la mano del joven, supo que, por lo
menos, no estaba llevando el atrevimiento de lady Rosamond más allá de lo sensato.
Pero él enseguida empezó a subirle la falda de nuevo.
Philip reculó a gatas varios metros, entonces se levantó y volvió la cabeza para
amortiguar su voz.
—Lord Egmanton se ha ido por ahí. ¿Requiere su madre su presencia? —gritó
mientras se sacudía el polvo de las rodillas.
A continuación, armó todo el escándalo que pudo y llegó a grandes zancadas
hasta donde ellos se encontraban, uno frente al otro, mirándose con expresión
inocente.
Philip inclinó la cabeza y habló con aire sumiso.
—Milord, os requieren en el gran salón.
El joven cogió la mano de Anne y se la besó.
—¿Regresamos?
Pero entonces ella miró a Philip y negó con la cabeza.
—Id vos, milord. Me gustaría tomar un respiro del calor y el ruido del salón. Mi
caballero vigilará que no me ocurra nada.
Lord Egmanton inclinó la cabeza y pasó junto a Philip. Éste se cruzó de brazos y
la miró.
Ella se cruzó a su vez de brazos e inclinó la cabeza hacia él. Lo estaba retando a
protestar, y Philip tuvo que admitir que su osadía le caldeaba la sangre.
—¿A qué ha venido esa escenita? —le preguntó sin alzar mucho la voz.
—¿Acaso nos has visto hacer algo más que conversar?
—Pues sí. Alguien tiene que vigilarte, y quién mejor que uno de tus escoltas.
—Tengo que saber si un hombre tan joven está capacitado para ser mi esposo.
Estaba hablando con la osadía con que lo haría lady Rosamond. ¿Se estaría
comportando de aquella manera por si alguien los estaba observando?
—¿Y pensabas comprobarlo?
Anne soltó una carcajada y él se le acercó un poco.
—Sí, con un beso —contestó ella—. Parece que lady Egmanton no conoce a su
hijo tan bien como cree. Es bastante experimentado, pero puedo manejarlo.
—¿Igual que hiciste con el último lord? —preguntó Philip, intentando sofocar la
rabia que hervía dentro de sí. No le correspondía sentirse de aquella manera, tenso y
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encolerizado, viéndola pasar por las manos de un hombre tras otro. No tenía derecho
ni motivo para reclamarla como suya, se había repetido mil veces que no quería
comprometerse.
La sonrisa de Anne se desvaneció.
—Me las arreglé.
—Estás llevando esto demasiado lejos.
Ahora, él estaba muy cerca, a un metro escaso. A su lado, la estatua los
contemplaba en silencio.
—Habrá hombres a los que no podrás manejar tan fácilmente, hombres que se
tomarán tu actitud juguetona como una confirmación de que quieres seguir adelante.
—Entonces los sacaré de su error, igual que he hecho con lord Egmanton. —
Levantó la cabeza y puso los brazos en jarras—. ¿No es ése el tipo de mujer que se
supone que soy, el tipo de mujer que a ti te gusta, la que es capaz de besarte sólo
porque puede hacerlo?
Philip se puso tenso. Se sentía excitado y confuso al mismo tiempo. Entonces
Anne le agarró el jubón con ambas manos y lo empujó sin soltarlo. Él se dejó hacer,
dejó que lo apretara contra la muralla, con la estatua cerniéndose sobre ellos,
ofreciéndoles su cobijo. Quería comprender por qué la joven se encontraba de un
humor tan extraño, pero también reconocía que había una parte oscura y excitada de
él, a la que no le interesaba comprender y sólo quería sentir.
Anne lo rodeó con sus brazos, le agarró el trasero con fuerza y lo atrajo hacia sí,
de forma que el miembro duro y excitado del hombre quedó alojado entre ambos.
—Esto es lo que conocen bien todas las lady Rosamond del mundo —susurró
justo por debajo de él—. Y yo estoy empezando a aprenderlo.
—Si eso es lo que quieres —respondió Philip en voz baja y ronca—, deja que te
enseñe más cosas.
Intercambió posiciones con ella y la empujó contra la muralla cubierta de
hiedra, sintiendo todos y cada uno de los centímetros de su cuerpo pegado al suyo.
Se apoderó de su boca, obligándola a arquear la cabeza hacia atrás, de forma que no
pudiera hacer otra cosa que sucumbir a su asalto. Pero a él no le hacía falta seducirla.
Anne le rodeó la espalda con sus brazos, gimiendo en su boca, saliéndole al
encuentro con una lengua tan ansiosa como la suya.
—¿Te ha besado ese chico de esta manera? —le preguntó contra sus labios.
Ella jugueteó un poco con su lengua.
—Así es. ¿Quieres que te diga quién lo hace mejor?
Él soltó una áspera risotada.
—No hace falta.
Poseyó su boca nuevamente, perdido en la pasión de Anne. No existía nada más
que el calor que fluía entre ambos y las ropas que se interponían entre ellos. Subió las
manos por los brazos y los hombros de la joven, resiguió el contorno del escote de su
vestido hasta el pico inferior, e introdujo los dedos en el hueco cálido y profundo que
se formaba entre sus pechos. Ella se removió inquieta contra su cuerpo, y él no pudo
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resistirlo. Cogió uno de sus pechos con la mano y después le acarició el pezón con el
pulgar, que se irguió al contacto, marcándose violentamente contra la seda. Anne
dejó escapar un gemido que Philip acogió en su propia boca, notando cómo las
eróticas sensaciones la hacían estremecer.
Sabía que había sido el primero que la había tocado de aquella forma, el
primero en despertar su sensualidad. La oscuridad cayó sobre ellos y Philip sintió la
necesidad de llevársela de allí, a algún sitio donde pudieran estar solos y donde
pudiera hacerle todo tipo de cosas...
Pero no abusaría de su confianza. Acarició con ambas manos sus pechos
mientras rendía culto a su boca con la suya. Ella emitía los sonidos más tentadores
que cabía imaginar, desde lo más profundo de su garganta, mientras frotaba sus
caderas contra las suyas, inquieta.
Anne se sentía perdida en un mundo cálido y tentador del que Philip era el
centro; abrumada por lo mucho que lo deseaba y entusiasmada al comprobar que a él
le ocurría lo mismo. No le importaba a donde la llevara, sólo quería que lo hiciera.
Al acariciarle los pechos, había encendido un fuego en su interior que se abría
paso en el interior de su estómago y más abajo, hasta que un dolor sordo que no
sabía cómo apaciguar empezó a palpitarle entre los muslos. No era la primera vez
que la hacía sentir aquello, esa necesidad acuciante, pero no sabía cómo ponerle
remedio. Philip abandonó su boca para besarla detrás de la oreja, y en el hueco que se
formaba entre el final de su cuello y el hombro. Una de las manos del hombre
descendió por su cintura y su cadera. Con un empujón, le levantó el muslo. Aunque
la falda se enredaba a su alrededor impidiéndole moverse, Anne notó cómo Philip
hacía presión entre sus piernas, balanceándole las caderas, y dejó escapar un gemido
de aprobación. Quería que siguiera acariciándola ahí, que apagara aquel fuego
abrasador.
Pero de pronto, él levantó la cabeza; en su rostro se dibujaba una ávida pasión
en la creciente oscuridad.
—No es esto lo que quieres —le dijo, respirando con dificultad.
La cólera se apoderó de ella mientras liberaba la pierna que Philip le sujetaba.
—Tú no tienes idea de lo que quiero. Nunca lo has sabido.
Para su total asombro, estuvo a punto de confesar su intención de convertirse en
miembro de la Liga. ¿Por qué se le habría ocurrido pensar que podía confiar en él?
Philip deslizó el brazo por su espalda y la abrazó sin estrecharla demasiado, sin
amenazarla, sin prometerle más.
—No me creerás, pero no era mi intención que ocurriera esto otra vez. Te he
seguido hasta aquí sólo para protegerte, y en vez de eso he continuado la faena
empezada por ese estúpido lord.
Anne se apartó de él y de la estatua que se elevaba sobre ambos con gesto
impasible. No la condenaba y ella tampoco podía condenarse a sí misma. Quería
entrar a formar parte de la Liga, pero ¿qué más quería?
¿Ser como lady Rosamond? ¿Ser una mujer capaz de atraer a muchos hombres y
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saber que podía corresponderles con idéntica pasión? Ella nunca antes había
conocido el poder de la riqueza y la hermosura, ni la facilidad con que ambas cosas
podían transformar la vida de alguien.
Tal vez estuviera cambiando demasiado. ¿Quería ser como lady Rosamond por
sí misma o por Philip? ¿O tal vez por culpa de sus padres, que se habían aprovechado
tanto de ella? ¿Importaban sus motivos siquiera? Estaba experimentando muchas
cosas, actuando de un modo que tan sólo unos meses atrás ni siquiera se habría
imaginado.
—Háblame, condesa —susurró él.
¿Lo estaba poniendo a prueba? ¿Lo estaba utilizando para comprobar si era
lady Rosamond el tipo de mujer en que debería convertirse? No tenía que complacer
a nadie más que a sí misma, no la esperaba más futuro que el que ella se construyese,
y ese futuro pasaba por convertirse en miembro de la Liga del Acero. Quería vivir la
excitación y el peligro, saber que estaba colaborando en una empresa importante.
Quería que siguieran necesitando su ayuda, y si para ello debía mostrarse tan
atrevida como lady Rosamond, así lo haría.
Con un suspiro, se encaró con Philip, que aguardaba en silencio, observándola.
¿Estaría esperando a ver su transformación? Aunque hubiera decidido cambiar, saber
que él quería que lo hiciera, por alguna razón, le dolía.
—No sé qué me ha ocurrido esta noche. Habrá sido la luna —dijo alegremente
—. Deberíamos regresar a la fiesta en mi honor.
Él abrió la boca, pero pareció pensarse mejor lo que en un principio iba a decir.
—¿Es sólo la luna lo que te está afectando?
Ella dejó escapar una risa gutural y lo miró por el rabillo del ojo.
—Tú quisieras que se debiera sólo a ti.
Philip se quedó mirándola como si sus palabras y sus actos lo desconcertaran y,
de pronto, Arme sintió que no quería seguir soportando su escrutinio. Se dio la
vuelta y echó a andar, consciente de que él la seguía. ¿Seguiría haciéndolo, allí donde
fuera, hiciera lo que hiciese?
Por lo menos, en esa ocasión sí la siguió, aunque a ella se le hubiera pasado por
la cabeza que podría escapar. Cuando llegó al gran salón, vio a lord Egmanton
hablando con su administrador, sir Daniel, y a continuación ambos abandonaron el
salón y se alejaron por un pasillo. ¿Qué se traerían entre manos a esas horas de la
noche? Seguramente, los asuntos del castillo podían darse por terminados por ese
día.
Anne miró hacia atrás y vio que Philip se había parado a hablar con los
caballeros de la Liga. Se encontraba en la parte más alejada del salón, cerca del
personal de servicio del castillo, que pululaban por el recinto desmontando las mesas
de caballete. A la joven no le costó mezclarse con ellos, esconderse a plena vista de
todos, y después seguir a lord Egmanton. Aquélla sería otra oportunidad para
demostrarle su valía a sir Walter.
El corredor estaba a oscuras, exceptuando el círculo de luz que arrojaban las
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Tengo que conseguir quedarme a solas con ella otra vez. lo que debería haberla hecho sentir frustrada y muy enfadada. un brazo masculino le ciñó la cintura desde atrás. que no lo ha hecho! Está decidida a evitar que me case con lady Rosamond. Anne se detuvo y asomó la cabeza por el borde de la pared húmeda y rugosa a tiempo de verlos abrir una puerta. y sentir su dura erección alojada entre sus nalgas. Después. Anne oyó la voz de lord Egmanton. furioso—. Anne notaba el cálido brazo de Philip alrededor de la cintura. Se frotó contra él y oyó un gemido ahogado. Conforme avanzaba y la música y las voces se iban desvaneciendo. y dejó de forcejear. sujetándole ambos brazos a los costados mientras le tapaba la boca para impedir que gritase. más fuerte a medida que éste se acercaba por el pasillo. Seguro que podría oír algo si se. Lord Egmanton y su administrador tomaron un recodo un poco más adelante. sin ganas de oponer resistencia. —Milord. —No hagas ruido —le susurró entre dientes. pero era como si el peligro despertara en ella una audacia y una insensatez desconocidas. arrastrándola de espaldas contra su torso. Philip la mantenía atrapada entre sus brazos. pero le pareció que habían dejado abierto. pero en vez de eso. Entraron a continuación en la estancia. De pronto. ¡Me hace llamar y después va y me dice que es mentira. Él no la soltó. Ahora se lo oía perfectamente. la empujó hacia adelante por el pasillo y la obligó a entrar en el acceso a una escalera de caracol totalmente oscuro. Si Philip no la hubiera sacado de donde estaba. La tela de sus ropas era tan delgada que no suponía gran obstáculo entre los dos. —Estaba a solas con lady Rosamond —se quejó lord Egmanton—. ella sólo se preocupa por vuestros intereses —contestó sir Daniel.. pero aun así el corazón le martilleaba en el pecho y respiraba con dificultad por la nariz. Debía de haberse detenido justo al lado de donde estaban. sino que se pegó contra la pared. tan fuerte que no le costaba trabajo inmovilizarla. La hacía sentir lánguida y entregada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO antorchas diseminadas a lo largo de éste. Pero ¿y si se le ocurría tomar la escalera de caracol? —Madre es imposible —se quejó lord Egmanton. . Y todavía la enardecía más tener el trasero pegado a la pelvis de él. Podían ser descubiertos en cualquier momento. Era una suerte que nadie pudiera oírla a ella gracias a que sus delicadas zapatillas no hacían ruido.96 - . Era obvio que lo que habían empezado en el jardín seguía latente. Pero no podía oír tan bien lo que decían. lo que sentía era cómo la atravesaba una oleada de excitación.. La mano que le tapaba la boca era tan grande que le cubría toda la cara. el joven la habría descubierto. pero sí podía en cambio mover las caderas. Notaba el ardiente aliento del hombre en el cuello. Anne distinguía el eco de los pasos de los hombres delante. Reconoció la voz de Philip casi al instante. por lo que no le costó seguirlos. La forma en que la tenía sujeta le impedía mover la parte superior del cuerpo.

—¿Y de qué iba a distraerte? —quiso saber él—. a la espera de que echaran más leña al fuego. después. Philip ahuecó las palmas contra sus muslos a través de la ropa y Anne dejó escapar un gemido. tan sólo sentía su misma ansia por alcanzar la culminación. De pronto. Pero antes de salir. le tomó el otro pecho con la otra mano. sentándose sobre los escalones. ¡Sabía que serías una distracción! El silencio cayó sobre ellos un momento y Anne se preguntó si le habría hecho daño. deteniéndose al llegar al acceso de la escalera para cerciorarse de que no hubiera nadie en el pasillo. Anne se sintió poseída por el atrevimiento de lady Rosamond. La joven se reclinó contra el torso masculino. clavándose el borde del escalón en la espalda. Fue deslizando los dedos. le dijo por encima del hombro: —Para empezar. pero a ella no le importó.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO dormido. yo no quería que vinieras con nosotros. Le cogió entonces una mano y se la deslizó por el cuerpo. emocionado como un niño en Navidad—. mientras la mano que tenía en su pecho hacía lo mismo. Anne ahogó un jadeo. Pero en el calor de la pasión. cerró los ojos y se estremeció al notar que él la mordisqueaba. aunque ella sabía que no era de ira. Philip la agarró del brazo y pegó la boca a su oído antes de susurrar: —¿Quieres que vayamos a tu habitación y terminemos con esto de una vez por todas? Anne se volvió. ¿Qué te creías que estabas haciendo al seguir a lord Egmanton? —¡Comprobar que no fuera nada más que lo que parece ser! —Lo que parece ser es un chico atado a una madre demasiado dominante y el discursito de hace un momento lo demuestra.97 - . La fiebre aumentaba en su interior. que se meció contra ella al tiempo que jugueteaba con sus pezones. incapaz de controlar los sonidos que emitía. provocándole llamaradas de deseo con cada caricia. Se estremecía entre los brazos del hombre. Anne sintió el aliento de Philip contra su cuello mientras se frotaba con fuerza contra ella. mientras pugnaba por recuperar el aliento. presionando y formando círculos. Entonces le destapó la boca y bajó la mano hacia su pecho. apretando las caderas aún más contra las de él. haciéndola sentir débil y desamparada. ¡Perfecto! Sus pasos se perdieron en la distancia. se dio cuenta de que no podía permitir que la pillaran en aquella situación y se apartó de él. La expresión de Philip era implacable. —¡Una partida de caza! —exclamó lord Egmanton. —¿Y si la invitáis a ir mañana de caza? Sabéis que vuestra madre no os acompañará. y aquello no le bastaba. ¿Crees que los hombres de la Liga no se lo pueden figurar ellos solitos? . Se puso en pie a duras penas con un gemido y lo empujó a un lado para pasar.

Parecerá que queríamos estar a solas un rato. antes de que alguien nos vea y crea que te estoy arrastrando para seducirte. Miró por encima del hombro y la vio seguirlo tranquilamente. —No deberías volver ahí otra vez... —Pero sir Walter. Su cuerpo sentía una acuciante necesidad de ella. La condujo a su habitación. pero ellos sonrieron y le dedicaron una inclinación de cabeza a Anne. Además de que iría a buscarte para que no te metieras en problemas. Anne se disponía a entrar en el gran salón. Mientras Philip tiraba de ella. y serás más inofensiva en tu habitación. He hecho un breve reconocimiento del castillo antes de cenar. no conocía sus . —¡Oooh! Pero no tuvo oportunidad de decir nada. Él hizo caso omiso de ambos sirvientes. no deberías haber intentado escabullirte de él para perseguir a lord Egmanton. y Philip se vio obligado a soltarla. la que compartía con sir Walter.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 11 Philip aceptó la mirada de furia de Anne. Philip lo comprendía. por encima del hombro. contra la pasión que surgía entre ambos cada vez que se quedaban a solas. furiosa y con ganas de estamparle la puerta en las narices.. Iban vestidos de negro y llevaban unas misteriosas bolsas colgadas de la cintura. Así que deja de pelearte conmigo. se dirigió a la habitación contigua. Pero no sería hábil por su parte señalarlo. y le costó no cogerla y estrecharla de nuevo contra sí. y hacerlo desear más. pero él la sujetó del brazo y la arrastró en dirección opuesta. en las que todavía no lo habían invitado a participar. porque sabía que era su forma de defenderse contra él. situada en otra ala del castillo y una planta más arriba. Conque una distracción. porque en ese momento aparecieron por el corredor dos criados con unos cubos de agua caminando en dirección hacia ellos.98 - . Una vez la dejó dentro. en vez de al contrario. —¡Tú eres un problema! —Lo mismo te digo. Y es que aquella mujer conseguía sorprenderlo en muchos aspectos. preparándose para sus actividades nocturnas. por lo menos si quería dejar las puertas abiertas a otra sorpresa tan grata.. —¡Sólo quería ayudar! —Y eso es lo que yo le he dicho. Anne miró hacia atrás. —Si tanto te importaba su opinión. Allí se encontró a los caballeros. Había sido ella la que había empezado a frotarse contra su cuerpo con total descaro. Ven por aquí.

Habían escogido el rincón más alejado de la muralla exterior. de modo que no le costó descubrir el lugar que Anne había elegido para esconderse. Nos será más fácil escabullimos. a menos que entrara a formar parte de la sociedad. ¿En qué estaría pensando? Desapareció por la escalera. Pero había luna llena. Aquél. ¿Podréis hacer un turno largo en caso de necesidad? —Por supuesto. —Volveremos dentro de dos horas —dijo sir Walter—. Allí no había antorchas. pero la doncella no se movería sigilosamente. Philip sabía que. siempre sentiría curiosidad por las técnicas en las que eran entrenados. cuando él llegó allí. que Philip pudiera ver. Acto seguido. —Tienes tanta curiosidad como yo por saber cómo salen del castillo. Philip se hizo a un lado para que pudieran salir. al igual que muchos otros castillos. varias figuras vestidas de negro cruzaban hacia las almenas. al adarve que unía ésta con las murallas protectoras. Había que admitir que la muchacha tenía una vista excelente. . ni soldados. Philip dejó que Anne se acercara un poco más. al abrigo de las sombras que proyectaba la muralla. tratando de pasar inadvertida. Sir Walter arqueó una ceja y no dijo nada.99 - . Mientras los Hombres del Acero desaparecían en una dirección del corredor. Él se pegó a la pared a su lado y le susurró: —¿Cuántas veces voy a tener que seguirte esta noche? La joven levantó la barbilla con dignidad. y. Cuando los caballeros hubieron doblado la esquina. los tres saltaron por encima del muro y desaparecieron de la vista. a su espalda. pero ¿por qué motivos vais tan pronto? —Mientras la gente se acuesta. —¿Con la torre de entrada cerrada? —preguntó él. al menos. Y ahora cállate. Ni siquiera se sorprendió al verlo. echó a correr tras ella. por si tenía que rescatarla de sí misma. Vio con claridad cómo fijaban varias cuerdas a uno de los merlones con ballesteras que almenaban los lienzos de muralla a intervalos regulares. pensó que sería Margaret. ¿Es que ahora pretendía seguir a los hombres de la Liga? Salió al exterior al llegar a lo alto de la torre del homenaje. Creo que están allí —dijo ella señalando hacia un extremo del adarve. no se los contarían. Anne salía en la otra. Aunque ya no le importaba ser aceptado por ello o no. Los hombres se movían tan furtivamente sin salir de la protección de las sombras que hasta a él podrían habérsele pasado por alto. pero no se alejó de ella. alcanzó a ver el bajo de su falda. había dejado de ser una construcción puramente defensiva. fuera de la línea de visión de los soldados que montaban guardia en la torre de entrada. sonriendo. pero percibió la presencia de alguien junto a la puerta de Anne. Efectivamente. Philip apretó los dientes y miró hacía donde Anne le señalaba. los soldados estarán distraídos. Al principio.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO métodos secretos y.

—Dales un poco más de tiempo. —Entonces responde a mis preguntas —le dijo él—. quiero hacerlo. y Philip la siguió. Ninguno de los dos puede saberlo con certeza. —¿Y crees que demostrarles tu compromiso con la misión les bastará? —Sé que no. Anne respiraba agitada. Anne lo miró. —No me vengas con que no hay mujeres en la Liga. la falda ondeando al viento. Seguro que al acabar te lo van a proponer. irritado—. Dio un salto y se tumbó boca abajo sobre la honda tronera. decepcionada.. Él se cruzó de brazos. Él también podía hacerlo..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Cuerdas. Philip abrió los ojos como platos y vio la mueca de fastidio de ella. —¿Y por eso pensaste que podías arrastrarme hasta aquí contigo. ¿Por qué te importa tanto cómo te protejan? ¿Por qué has seguido a Egmanton? ¿Es que está todo relacionado? Ella no le hizo caso y tocó la cuerda a su espalda. La joven levantó la palma de la mano antes de que él pudiera decir nada. Elizabeth me dijo que no te propusieron que formaras parte. La muralla es alta y no querrás que te vean antes de llegar al suelo. No lo molestaba igual cuando un soldado estaba en la misma posición. o a ti te lo habrían propuesto ya —contestó ella suavemente—. como si le irritara haberle revelado la verdad. Él vaciló un momento. para retomar . —Nada —contestó ella. Anne reculó hasta que tocó el suelo con los pies. aunque se sentía mareado teniéndola tan cerca. —¿Puedo asomarme ya? —le preguntó. Pero mira cuánto los estás ayudando ahora. —En Alderley hablabas de ellos como si fueran la cúspide del paradigma caballeresco. Al llegar al merlón.100 - . —¿Qué ves? —le preguntó. Pero Anne echó a correr por el adarve. los ojos resplandecientes a la luz de la luna. Puede que nos lo propongan a los dos. confusa. —Ya no vibra. el viento empezaba a soplar. Se sintió casi decepcionado. Philip la sujetó por las caderas para que no se cayera. Philip. la joven se dio la vuelta apoyando la espalda contra el muro y lo miró con expectación. —¿Por qué haces esto? —preguntó Philip. —Van vestidos de negro. —Lo que la Liga piense de mí ya no me importa —dijo finalmente con voz queda. —No hace falta que seas tan condescendiente conmigo. igual que cuando gemía de pasión entre sus brazos. El último ha debido de llegar ya al suelo. preparado para lanzar aceite hirviendo sobre los hostigadores. ¿Qué te traes entre manos? —Que la Liga me proponga formar parte de la sociedad. Sus ojos eran como sombras oscuras a la luz de la luna. Puso los brazos en jarras y lo miró con el cejo fruncido. Puedo hacer esto.

Philip se la quedó mirando. Apártate. hasta que echó la cuerda de nuevo por el borde y se quedó asomado al exterior unos minutos. ¿Cómo decirle que se estaba empeñando en algo que probablemente no ocurriría nunca? Pero no le correspondía a él decidir. Con su peso. dos sentimientos que no tenía derecho a sentir. Nunca había visto una tan bien hecha. Mientras ella se tumbaba sobre el muro para mirar. David hace que el otro suba con rapidez. Justo en el momento en que lo hacía. Se quedaría allí acompañándola todo el tiempo que quisiera. —¿Qué mujer no desea casarse? —Una mujer miembro de la Liga del Acero. no con lady Rosamond. Pero ¿por qué quien sea no puede escalar por sí solo? — Echó un vistazo a la figura ascendente—. Philip la miró y vio cómo revoloteaba su cabello suelto. Pero espero poder convencerlos de que estoy dispuesta a hacer más. El caballero rebuscó en la bolsa que llevaba a la cintura en busca de algo y empezó a recoger la cuerda rápidamente. ¡Y alguien sube igual de rápido! —Es un sistema de poleas —explicó Philip con admiración aunque a regañadientes—. —Sólo una vez al año y por espacio de unas pocas semanas —recitó ella remilgadamente—. —¿Y qué le dirás a tu esposo? —De repente. oyeron gemidos de dolor y que alguien se detenía de golpe al llegar arriba. —Qué rápido baja —exclamó ella. la joven se puso rígida. Sólo quiero que penséis en los peligros a los que tendréis que enfrentaros si os piden que forméis parte de la sociedad. Philip se inclinó por encima del muro para ayudar y . Volvió la vista de nuevo hacia el campo. lo invadieron la furia y los celos. porque a él le gustaba estar a solas con Anne. Al cabo de unos minutos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO la causa? —la interrumpió él. enmarcándole la cara. al imaginarla en brazos de otro hombre. Al estar de espaldas a ellos. La joven ahogó un grito y corrió hacia allá con Philip. hacia los árboles acariciados por la luz de la luna y el resplandeciente riachuelo más allá. —No pienso casarme. Anne se había dejado el tocado en la habitación. Ambos miraron hacia la campiña que se extendía más allá de las murallas. Tengo cosas más importantes que hacer. Los dos retrocedieron hacia las sombras. —La cuerda se ha tensado. Después volvió a descolgarse por la tronera y desapareció de la vista. sir David se elevó por encima de la ballestera. asombrada—. Anne. más divertido que enfadado—. Ahora prefiero hacer otras cosas. él comprobó la cuerda. No os preocupéis por mí.101 - . lady Rosamond. Philip y Anne no podían ver lo que hacía. De pronto. En su rostro había una expresión tan intensa que Philip le puso una mano a Anne en el hombro para indicarle que no dijera nada.

Las brasas aún estaban tibias. separándose de la barra por la que corría la cuerda. Nuestra mejor defensa es evitar que esos espías puedan veros la cara de cerca. A la mañana siguiente. pero ellos iban a caballo y los hemos perdido al llegar a campo abierto. En cuestión de minutos. después de misa. Sir Joseph se dejó caer en el suelo del adarve y se derrumbó. —Hemos seguido sus huellas un rato —prosiguió Joseph—. y sólo entonces pareció percatarse de la presencia de Anne—. Sir David ayudó a sir Joseph a ponerse en pie y Philip se colocó a su lado para que se apoyara en los hombros de ambos. levantando las palmas en son de paz. pero Anne lo prefería así. mientras esperaba a que lord Egmanton terminara de tratar . —Pues entonces ayúdame. no habrían acampado fuera.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO se encontró con la punta afilada de una daga. y Anne empezó a sentirse culpable. —Me he lastimado el tobillo. De haber sido viajeros inofensivos.102 - . Lo miró. Nos vigilan. En la segunda batida hemos dado con un campamento que parecía haber sido desmantelado deprisa y corriendo. Él caballero lanzó un gruñido. Su madre las evitó en todo momento. Ahí es donde me he torcido el tobillo. soy yo —dijo. —¿Por qué no podías trepar? —le preguntó. A media mañana. El viento le alborotaba el cabello y tenía una expresión de verdadera preocupación en el rostro. —Tal vez fueran cazadores furtivos —sugirió sir David. Sir Walter miró hacia los campos. —Respiraba con dificultad. —De acuerdo. —¿Habéis descubierto algo? —preguntó Philip. Sir Walter entrecerró los ojos. Ayúdame a quitar las poleas para que los otros dos puedan subir. —Exacto —respondió sir Walter—. Philip le tendió los brazos y sir Joseph se agarró a él. Pero no saben si ella los oyó hablar o no. —Siguen creyendo que soy lady Rosamond —dijo Anne con voz queda—. —Mi instinto me dice que no. pero no quieren cometer el error de atacarnos de nuevo. Este último se quedó mirándolos con gesto adusto. las hermanas gemelas de lord Egmanton acompañaron a Anne a visitar los aposentos de las mujeres en el castillo. sino que habrían pedido protección en el castillo para pasar la noche. y nos hemos acercado bastante. —Joseph. —Hemos peinado la zona en círculos cada vez más amplios partiendo del castillo. sir David y sir Walter estaban también arriba. la sala de costura y los telares. ¿Nos estabais siguiendo? Philip se encogió de hombros.

y que. Margaret. milady. Anne se quedó mirando fijamente a la chica. y a buen seguro coincidiríais en la corte. y con dos niños pequeños a los que criar —continuó el juglar—. ¿Se suponía que lady Rosamond conocía a la mujer asesinada? ¿Era por eso por lo que Margaret estaba tan afectada? Como si le hubiera leído la mente. —Lamentablemente no. que se había puesto pálida. Lady Egmanton les pidió que la pusieran al día de las novedades. lady Egmanton iba a proporcionarles comida y abrigo durante todas las noches de divertimento que les pidieran que se quedaran. lady Rosamond? No era mucho mayor que vos. que en ese momento llegaba con una copa de vino para su señora. —Milady. —La conocía de vista. además. Se trata de una muerte horrible que.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO los asuntos del castillo con su administrador. lady Egmanton se volvió de pronto hacia ella. según se ha demostrado. —¿No fue muerte natural? —preguntó lady Egmanton con una avidez que a la joven le descompuso el cuerpo. coqueteos de la corte y compromisos entre miembros de la nobleza. fuertemente custodiados. Tanto sir David como sir Joseph se mostraban inusualmente circunspectos. Uno que tocaba el laúd se avino a los deseos de la baronesa mientras afinaba su instrumento para la velada. la miró a los ojos con expresión mucho menos alegre. Dicen que ha perdido la razón. . sobre todo después de ver lo preocupada y asustada que estaba Margaret. compartía con su esposo? —¿No sospechan de él? —preguntó lady Egmanton. volviéndose hacia el músico. —Tenía una daga clavada en el pecho —contestó el juglar. Anne se percató de que Philip escrutaba a sir Walter con suspicacia. —¿Un asesinato? —preguntó la baronesa con excitado interés. Después de todo. que se encontraba cerca de ellos. Es una tragedia —dijo y. añadió—: ¿Han capturado al asesino? El hombre negó con la cabeza. encontraron a lady Staplehill muerta en su cama —dijo el músico. ahogó una exclamación y derramó varias gotas del contenido sobre los juncos del suelo. —Hace dos semanas. después de los cotillos. —¿Conocíais a lady Staplehill. Anne intercambió una mirada con Philip. ¿Qué estaba ocurriendo allí? ¿Y cómo podría enterarse? —Su esposo está destrozado por la pena. Algunos de los presentes empezaron a comentar en voz baja. no fue accidental. milady —respondió ella con tono serio—. esto puede no ser tan agradable de oír. mientras Anne experimentaba una repentina confusión. Pero todo el mundo se hace la misma pregunta: ¿quién pudo entrar en sus aposentos. llegaron unos juglares ambulantes.103 - . sin dejar de observar el desarrollo de la partida. El hombre empezó con las noticias más ligeras. y. jugando una partida de cartas con sir Walter.

con un leve deje de enfado en la voz. —Estará ocupado casi todo el día —respondió. Mientras esperaban a que les preparasen las monturas en el patio de armas. —¿Lady Rosamond la conocía? La doncella bajó la vista y asintió. Me gustaría refrescarme un poco después de escuchar nuevas tan tristes. No tiene nada que ver con nosotros. me apetece mucho salir a disfrutar de un tranquilo paseo a caballo después de escuchar noticias tan lamentables. El bosque de Sherwood se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Margaret suspiró. ahora furioso—. como si quisiera contemplar la bucólica escena. Señores. sir Philip? Que una mujer ha muerto de manera trágica. Finalmente.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Podría tratarse de un amante? —Lady Egmanton. volviéndose hacia Margaret—. El hombre enarcó una de sus cejas grises. ¿Vuestro hijo está ocupado aún con su administrador? La mujer sonrió satisfecha. Tal . —Tal vez sí —objetó Philip. Confiaba en que se anulara la partida de caza. aliviada. atravesaron la torre de entrada con el rastrillo levantado. y menos aún con alguien espiando sus movimientos en alguna parte. pero ella la obligó a ir. Cuando los cuatro hombres las alcanzaron. esto no es asunto vuestro. pues temía que allí pudieran tenderles alguna trampa. —¿Qué sabéis del asesinato de lady Staplehill? —le preguntó a sir Walter. —¿Y eso qué importa? —preguntó el caballero—. tratando de no mostrar excesivamente su desagrado—. hazlo por tu señora. pero no lo hicieron. Anne se sentía segura. Philip fue el primero en hablar. Margaret. —Anne se puso en pie. En el camino que unía la fortaleza con el pueblo se fueron encontrando ocasionalmente algún carro y aldeanos que se dirigían al castillo para hacer negocios. Anne esperaba que los hombres de la Liga protestaran. —Es una lástima —contestó ella. También se veían ovejas pastando en la distancia. ¿vienes conmigo? La chica se mostró reticente a acompañarla. cuéntanos lo que sepas. Por favor. Lo último que quería era cabalgar. pero su intención no era internarse entre los árboles. Y lo sabíais antes de aceptar esta misión.104 - . Picó espuelas y puso su caballo a medio galope hasta alejarse lo suficiente de Markham. pero no veía otra forma de poder hablar sin tener que preocuparse de oídos curiosos. —¿Saber. —Sir Philip. Philip se volvió hacia Margaret. —Sabéis algo sobre este asesinato —contestó él. A su lado. pues no se alejarían del castillo. Entonces frenó y dejó que su montura fuera al paso. si no por nosotros. Se volvió entonces hacia sus caballeros—. Anne se quedó sorprendida al ver a sir Walter fruncir el cejo. Anne se le acercó y le susurró que no había de qué preocuparse.

—Independientemente de que lo que digáis sea cierto. o al menos así se lo parecía a sus superiores. mis superiores habrán pensado que los traidores deben de creer que han liquidado el origen de sus problemas. —Donde lady Rosamond oyó por casualidad las maquinaciones de los traidores —dijo. como si aquello no fuera asunto suyo. habrían enviado a alguien más eficaz. Anne miró a su alrededor con preocupación. La chica se rodeó el cuerpo con los brazos. cuentan con ejércitos. Y ella no quería que las cosas se pusieran . Anne pensó que para que sir Walter no llamara a Philip por su título de caballero tenía que estar casi desesperado. Sir Walter frunció el cejo.. piensa lo que haces —dijo el hombre. —Lo más probable. —Pero resulta que nos han atacado. yo estoy al tanto de muchas cosas que sólo competen a la Liga. ¿De verdad tendría aquella muerte algo que ver con lady Rosamond? —La Liga investigó el asunto —explicó sir Walter—. A solas.. —repitió Philip—. El crimen tuvo lugar en su casa. con unas pocas ovejas por toda compañía. —En aquel torneo había mucha gente —intervino sir Walter con calma—. —Sir Philip —dijo el caballero con paciencia—. —La última vez que vi a lady Staplehill fue en el torneo de Durham. cosas que la mayoría de la gente desconoce. pero desde luego sir Walter pensaba que no era asunto de ellos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO vez se dieran cuenta de que ocultarles la verdad sólo empeoraría las cosas. por lo que el hombre no tenía más remedio que obedecer. —Lo he explicado en una misiva —dijo sir Walter—. quiero hablar contigo. pero estaban solos en lo alto de una loma cubierta de hierba. También podría ser una prueba más de que los traidores saben que han sido descubiertos. Si quisieran ver muerta a lady Rosamond. nos habéis ocultado información —protestó Philip. Lo más probable es que el asesino buscara en realidad castigarlo a él. Anne. —Si eso es verdad. ¿Tratáis de decirme que se supone que tengo que confiároslo todo? —Estáis tergiversando mis palabras —objetó él—. A continuación miró a Anne con ojos ardientes—: ¿A ti te habían contado algo de esto? Ella negó con la cabeza. El marido de lady Staplehill tiene enemigos y deudas.105 - . —Philip. —Donde aún parece más improbable que una joven madre amanezca asesinada en su cama —le espetó Philip—. El viento se llevaba sus palabras. Los traidores forman parte de la nobleza. Allí no asesinaron a nadie. Philip asintió. ¿No os parece que eso es todavía más sospechoso? Anne no había visto antes a unos sir Joseph y sir David tan indiferentes. No sabía muy bien lo que sentía respecto al engaño.

estaréis en vuestro derecho si no queréis perdernos de vista. —¿Quieres ser tú el próximo cadáver que encuentren? Deberías acabar con esto. no era necesario que yo supiera. —Hasta la muchacha está preocupada —comentó cuando se quedaron a solas.. y lo sabes. ¿qué os parece si vuestros caballeros y vos os lleváis a Margaret de vuelta al castillo? Por supuesto. Lo que estamos haciendo es muy importante para el futuro de nuestro reino. rabia y confusión. —¿A qué precio. —Sir Walter decidió no darme una información que. ¿Me escucharías si te dijera que abandonaras al rey en mitad de una batalla? —No es lo mismo. —Philip. Aunque te enfades. creyéndola necesaria sólo por precaución. A Margaret se la veía pequeña e insignificante cabalgando entre ellos. El viaje que ha emprendido su señora es muy peligroso. Philip se inclinó hacia adelante y se apoyó sobre el pomo de su silla.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO realmente feas. aquí. tú eres uno de tantos. La joven dejó que la cogiera en brazos para depositarla en el suelo. Philip —contestó.106 - .. y habría que aplaudir su coraje por el riesgo que ha decidido asumir. la sujetó aún con más fuerza. Philip se debatía en un mar de preocupación. —A ningún precio. —No. —Anne. . Sir Walter. tienes razón.. ¡Te han mentido! Si hubiéramos sabido lo del asesinato de lady Staplehill puede que. —Es obvio que desconocen la identidad de ese alguien. —Margaret siempre está preocupada por lady Rosamond —respondió Anne con calma—. Tenemos pruebas más que suficientes de que los traidores descubrieron que alguien los había identificado. Anne? El caballo de él empezó a bailotear. Ambos animales bajaron la cabeza y se pusieron a pastar. permitiendo así que lady Rosamond llegara a Londres. No soy tan vulnerable. Necesitaba hacer que Anne entrara en razón. así que se bajó de un salto y le tendió los brazos a ella para ayudarla. —Tú también estás arriesgando tu vida. —Hablaré contigo. Philip no le soltó la cintura. Si cabe.. Los tres hombres volvieron grupas y regresaron al trote por donde habían venido. en opinión de la Liga. te presentaste voluntaria para llevar a cabo esta misión. Le sonrió algo tensa. —Te estoy muy agradecida por tu ayuda. pero él no le devolvió la sonrisa. inquieto. En la batalla. no me pidas algo así. ¿Cómo podían ser tan poco sinceros los hombres de la Liga? Aquello contradecía todo lo que creía saber sobre ellos. Tal vez lo lamentó tanto entonces como ahora. obligándose a hablar con calma—. pero por motivos equivocados. Tal vez la Liga también lo esté — añadió. yo podría ser la que confundiera al enemigo. Ya te he dicho lo mucho que significa para mí ser útil a la Liga. Anne se sentía conmovida por su preocupación.

Anne lo instó con voz queda. antes de dormir. Mi madre no era más que la costurera de lady Kelshall. sólo triste. pasándose la mano por el pelo al tiempo que le daba la espalda. —¿Philip? Creía que habías dicho que alguien de la Liga salvó a tu abuela.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Mi madre era la que necesitaba el agradecimiento de la Liga —soltó Philip de pronto. Perpleja. puede que fuera una simple costurera. De hecho. pero hubo un tiempo en que vivió en Londres. Y pensar que había creído que Philip y ella estaban socialmente demasiado lejos el uno del otro como para ser considerados iguales. Pero no eran iguales.. Como Philip no parecía tener intenciones de continuar. y la joven se estremeció. Recogía historias de este grupo de caballeros y me las contaba por las noches. salpicada aquí y allá por unas ovejas. —Soltó una áspera carcajada—. y no dejó de hacerlo hasta que murió. Hacia el oeste. En una dirección. Es increíble la cantidad de recuerdos que me van asaltando a medida que nos acercamos al lugar donde crecí. una vasta llanura de hierba se extendía hasta donde alcanzaba la vista. ella lo había tomado por el hijo pequeño de una familia noble.107 - . También escuchaba lo que contaban todos aquellos que pasaban por el castillo de Kelshall. y conocía a mucha gente. Era hijo de una sirvienta. con lady Kelshall. Él se había esforzado para convertirse en caballero y hacer que su familia se sintiera orgullosa. Anne lo miró sorprendida e incrédula. Ahora entendía mucho mejor por qué quería hacer un buen matrimonio. En todo momento. Por lo menos ya no parecía enfadado. —Debes de estar muy defraudada. el viento empezó a agitar las ramas de los árboles. Cuando en realidad había nacido y se había criado en un ambiente similar. —¿Recogía historias? —Sí. A Anne. ese nombre empezó a sonarle familiar. Anne fue a su lado y contempló el paisaje junto con él. un ladrón quería quitarle el dinero mientras hacía un recado para su señora. —¿Defraudada? ¿Cómo puedes pensar algo así después de todo lo que has conseguido en la vida? —Tras el rescate de mi abuela. mi madre empezó a adorar a la Liga. se recordó. .. —¿Tu madre? Él suspiró. o por lo menos por un primo lejano. al suyo. al ser dueño de su propia parcela de tierra. su propio padre entraría en una clase superior. nunca se habría atrevido a esperar que el hijo de una sirvienta pudiera llegar tan lejos. Menos mal que se había dado cuenta a tiempo de que él nunca estaría incluido en los objetivos que ella se había marcado. ¿Tan agradecida estaba tu madre que quería que te invitasen a formar parte? —Ella no albergaba la más mínima esperanza de algo así —contestó en voz baja —. a lo lejos se veía el pastor que las cuidaba.

una noble en busca de marido. Entonces. Te convertiste en soldado. —El señor del castillo se fijó en mí. ¿no? Philip asintió. si aún necesitas mi permiso para abandonar la misión. tenéis un gran destino. Pero yo no puedo abandonar. observando cómo entrenaban los soldados. que sólo aspiraban a una parcela de terreno que trabajar y a tener una esposa decente. quiero que sepas que lo tienes. —Recordaré tus palabras. mi madre había muerto. condesa. Anne se encogió de hombros y apartó la vista. —Pero ése no era mi camino. Al final.108 - . Quería ser uno de ellos. Anne no habría creído nunca que Philip le confesara algo tan personal. Anne vislumbró el fuego de la ira dentro de él. Pero yo no soy más que lady Rosamond. pero ya había dicho todo lo que tenía que decir. Philip la agarró del brazo antes de que pudiera darse la vuelta. pero aun así yo continué el camino que ella había trazado para mí. Tenía un don para las palabras: conseguía que las historias que contaba cobraran vida. El rey me necesita. No me di cuenta hasta que conocí a los hombres de la Liga en Alderley y comprendí que había dejado de necesitar su aprobación. —Haces que suene dramático —dijo ella secamente. Aunque puede que ahora piensen que la busco. No olvides que las personas son capaces de muchas cosas cuando están desesperadas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Me metió en la cabeza sueños de caballeros y aventuras por tierras lejanas que a mí solo jamás se me habrían ocurrido —continuó en voz baja—. tanto si crees que tenían motivos justificados para hacerlo como sino. Eso me hacía diferente de los demás chicos. Ella quería discutírselo. viajé con él como su escudero y luego me nombraron caballero en Francia. aunque él no lo sepa. porque no me debes nada. rompió el silencio diciendo: —Tu madre quería un futuro mejor para ti y lo has conseguido. Las comisuras de la boca de Philip se levantaron hasta esbozar una sonrisa. esos hombres te han mentido. —Anne. En mi opinión. han engañado a una mujer inocente. Y cuando al final de esto obtenga la gratitud del rey. Están desesperados por que no te vayas. —Entonces. me quedaré contigo hasta el final —añadió. tal vez me haya ganado mi lugar en el mundo. algo que debería ser indigno de ellos. —Ah. Yo en cambio estaba siempre cerca de la liza. y me hizo creer que yo también podía aspirar a entrar en ese mundo. ¿Qué era lo que no le estaba diciendo? —Philip. . tratando de enmascarar su alivio—. No quería hablar ni respirar por miedo a romper el hechizo de intimidad que sus palabras habían tejido entre los dos. La miró serio.

109 - . la joven fue pensando en las cosas que le había contado Philip sobre su vida. Anne se estremeció al oír que Philip dejaba de dirigirse al capitán por su título de caballero. La mirada de sir Walter era indescifrable. Después de todos los obstáculos que había superado. Sir Walter asintió sin abandonar su expresión. —Nos quedamos los dos —dijo Philip escuetamente—. Pero no se me olvida que nos has engañado. Walter. tanto como lo deseaba ella. Pero eso no le impedía seguir deseándola. Ahora sabían demasiadas cosas el uno del otro. . Durante el camino de vuelta al castillo de Markham. y Anne también creía que podía conseguirlo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Él la ayudó a montar y se reunieron con el resto de la comitiva. Philip tenía su propio destino. Su madre había deseado un futuro mejor para él. comprendía por qué le resultaba tan importante hacer un buen matrimonio digno de su título de caballero.

tenían incluso la edad adecuada.110 - . Con avance irregular. A ninguna de las tres les gustaba ver los sangrientos rituales con que se recompensaba a los perros por haber cobrado la pieza para su dueño.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 12 Esa tarde. El montero soltó por fin los perros y Anne sonrió al verlos escabullirse entre los árboles en busca de liebres. sir David o sir Joseph se interponían entre los dos. y casi olvidó la caza llevada por la euforia de competir en aquella alocada carrera con sus caballeros. aunque suponía que no tenía nada que temer estando en una partida de caza grande como aquélla. Partieron del castillo acompañados por el montero. ver quién podía adelantar a quién. mientras oía los frenéticos aullidos de los perros que tenían a su presa acorralada. Lanzó la cabeza hacia atrás. bajo el sol. el viento se lo soltaba mientras ella se inclinaba sobre el cuello de su montura. . entre sus cuatro caballeros. Cabalgaron durante un tiempo a través del valle. a lo largo de caminos de tierra abiertos desde hacía tiempo y que parecían harto frecuentados. el administrador de Markham. esquivando los árboles. Sabía que no debería estar celosa. A menudo. Era un juego. Los que llevaban la delantera dieron un grito y Anne fue deteniendo su caballo. observándola. varios caballeros de las mansiones cercanas. y Anne se fijó en que las chicas se sonrojaban y reían con nerviosismo cuando les sonrió. Se internaron en la espesura del bosque de Sherwood. soldados de lord Egmanton y también sus hermanas. la presa del día. La persecución continuó cuando los cazadores lanzaron a sus caballos detrás de los lebreles. No le hacía gracia adentrarse en el bosque. Anne se recordó que ése sería el tipo de jovencitas a las que Philip cortejaría en su «caza» particular en busca de esposa. entre tremendos aullidos. lord Egmanton la invitó a ir con él de cacería y Anne pensó que finalmente el barón se las había arreglado para escapar a los tejemanejes de su madre. a juzgar por la forma en que se inclinó sobre el pomo de su silla al tiempo que decía: —¿Salís a menudo de caza con vuestro hermano. milady? Ambas asintieron vigorosamente. lo veía alcanzarla y quedarse atrás. no si le deseaba un futuro mejor. Él también se percató. y Anne disfrutó mucho mostrándoles a las gemelas lo fácil que era montar a horcajadas. Iban acompañados por más de una docena de personas. se quedó al final de la partida. Philip se acercó a ellas. riéndose realmente eufórica y se encontró con que Philip la seguía de cerca. Junto con las gemelas. Pese a haberse sujetado el cabello.

y Philip resignado. Sir Joseph todavía se resentía del tobillo. Los presentes estallaron en vítores y carcajadas. Muchos hombres han dicho que de ahí saco ideas antinaturales. humedecidas constantemente por el arroyo. Permitió que lord Egmanton la tomara de la mano. lady Rosamond —le propuso el barón. Macizos de prímulas amarillas y de aguileñas color malva crecían a la vera del lecho rocoso. apareció ante sus ojos cubierto por una sábana moteada de luz del sol. Este sería algo muy complicado de tener en la vida que tenía intención de llevar. Hay un riachuelo cerca de aquí. ¿Vuestro padre os permitía montar a horcajadas. El joven lord se mostraba inusualmente callado y le sudaba la mano. Los demás cazadores se echaron a reír. —Milady. había jovencitas con las que podía coquetear. donde se habían instalado unas carpas para comer al aire libre. Pero cuando le sonrió. —Venid a dar un paseo conmigo. tan sólo estaba siendo educado—. Anne se obligó a relajarse. No podía estar siempre con ella y. los cazadores extendieron todas las piezas en un claro del bosque. también sir David permanecía cerca de ella. lo mismo que sir David. preguntándose si pensaría volver algún día para cortejar a una de las chicas. como un hombre? —Así es. Lord Egmanton la ayudó a desmontar. Si quería formar parte de la Liga. Lo siguió con la mirada mientras hablaba con las gemelas — Philip no estaba coqueteando. las gemelas parecían desconcertadas. Primero oyó el riachuelo y. Incluso los músicos se habían desplazado hasta allí para amenizar la tarde. Además de Philip. además. al final. Vio que uno de los soldados de su señoría los seguía. como si fuera su turno de protegerla. levantando una neblina de gotas pulverizadas. al rodear el tronco de un viejo roble.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Pero lo estaba. vuestras habilidades como amazona me han dejado muy impresionado. sería mejor que aprendiera a disfrutar del placer. que a pensar en el amor. era ella la que podría tenerlo en su cama si así lo quisiera. Mis hermanas siempre dicen que es un paisaje digno de ser plasmado en un cuadro. porque no habían hecho más que sembrarle dudas. No se dio la vuelta para comprobar si Philip la había visto. —Un sitio encantador —dijo en voz baja.111 - . El agua caía desde una roca grande. Los cocineros se afanaban sobre el fuego y la joven observó cómo lord Egmanton entregaba formalmente las liebres para que las asaran en un espetón. como si no quisiera perturbar la . sonriendo de oreja a oreja—. él le devolvió la sonrisa con una avidez un tanto infantil que a ella se le antojó graciosa. No estarían muy lejos del alcance de un caballero. Dio comienzo una nueva cacería en otra dirección y. Sabía que sir David la mantendría a salvo. y tal vez no fuera muy sensato por su parte. alisada por la erosión y continuaba su descenso entre rocas más pequeñas. pero deseó no haber oído las críticas de Philip hacia la Liga. La brillante luz del claro fue perdiendo intensidad a medida que se internaban bajo las frondosas ramas de los robles y los espinos. Era ella la mujer a la que él no podía dejar de acariciar cada vez que tenía oportunidad. milord.

¿Habría seguido insistiendo el chico de no haber sido por la intervención de aquél? Lord Egmanton la condujo hacia una roca grande y lisa. era normal que una partida de caza se relajara por los alrededores del pabellón mientras se preparaba la comida. además. como sí le hubiera leído la mente—. —Pero hay tantas cosas que podemos hacer antes de eso —susurró el chico. estaba convencida de que tenía a lord Egmanton bajo control. en busca de su segunda esposa. estrechándola entre sus brazos al tiempo que le buscaba el cuello con los labios.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO tranquilidad de la escena. «Deja que te bese el cuello. milord. tal vez. Lord Egmanton la atrajo hacia sí. Cuando él la agarró de la mano. pero se reprendió en silencio. —Vuestra juventud engaña. Claro que la víspera.112 - . Varios eran bastante mayores que vos. se dijo ella para relajarse. —Sois el tercero. —Pero sois consciente de que. Sir David la oiría. Al fin y al cabo. y se apoyó en ella. pero no pudo evitar darse cuenta de lo poco que la conmovían sus caricias en comparación con las de Philip. pero ese día se mostraba mucho más atrevido. la cogió tan desprevenida que la flor se le cayó al suelo. si nos casamos. . milord. sonriendo con aire travieso. que te acaricie la espalda». No quería que nos molestaran. ¿o iguales. en el jardín de su madre había sido el grito de Philip lo que los había interrumpido. Anne se acercó a la orilla del riachuelo y se agachó para coger una prímula. —Y todos bien distintos. yo esperaría que vos me lo proporcionarais. —Los soldados están a una distancia prudencial. —Y me complacería mucho daros un heredero. Él la había dejado llevar la voz cantante en el beso de la víspera. Lord Egmanton la condujo hacia la orilla y un conejillo se escondió entre la maleza al verlos acercarse. Ella empezó a inquietarse.. basta con gritarles para que nos oigan si los necesitamos —dijo el joven. estaba a punto de descubrirlo. milord. en la búsqueda de la esposa perfecta? Ella olió la flor y se echó a reír. Anne miró hacia atrás como quien no quiere la cosa y la sorprendió no ver a nadie. Lord Egmanton deslizó una mano alrededor de su cintura y luego la subió hasta cubrirle el pecho. Y. milady? —preguntó. —Así es. —Distintos. en mi caso. y la inquietud de ella se incrementó. Al parecer. —¿A cuántos nobles habéis visitado hasta la fecha. y parecidos. —Por lo tanto ya tenían heredero. Anne le puso una mano en el torso y sonrió con firmeza..

—Milord. —No va a venir —dijo el barón con una voz afable que contradecía la fuerte presa que mantenía sobre la parte superior de sus brazos—. Y si quería ser miembro de la Liga. —Deteneos ahora mismo o gritaré —le ordenó. aunque en aquella ocasión no era más que una sirvienta la que luchaba contra un hombre que se creía con derecho a casarse con ella. De pronto. Los refuerzos estaban cerca. Anne le pegó un fuerte pisotón en el pie y. pese a que le hizo daño y se quejó. Lord Egmanton sonrió. pero él era más fuerte de lo que sugería su delgada constitución. —Os he pedido que os detengáis —dijo con firmeza—. él la sujetó aún con más fuerza. Quedarás humillada ante la corte y ningún hombre querrá casarse contigo. bajo sus caricias. no habrá boda. El forcejeo que vino a continuación le hizo recordar otro momento de similar impotencia. Mi soldado tiene órdenes de dejarme a solas contigo.. la obligó a besarlo. No era rival para él. hasta que llegó un punto en que no recordaba contra quién estaba luchando. Obligarme a hacer algo que no deseo. Lord Egmanton puso fin al beso y le dijo: —Rosamond. Si su intención era tranquilizarla. puedo facilitarte mucho la elección. era como si el joven tuviera más manos que ella en su intento por mantenerlo a raya.. se mezcló con los sentimientos del presente. luego se volvió y la empujó contra la roca. Pero en vez de soltarla. no hará que os elija. El barón le tomó la cabeza y la inmovilizó para darle un beso rápido y profundo que hizo que casi se atragantara. tratando de razonar con él. Le dio asco sentir su erección. . La inquietud se tornó ansiedad.113 - . Cuando se enteren de lo que habéis hecho. me elegidas. el miedo y la vulnerabilidad que sintiera entonces. A continuación se pegó con tal fuerza a sus caderas que la obligó a separar las piernas. sobre todo al notar cómo se frotaba insistentemente contra ella. La tristeza. ¿Dónde estaba David?. Anne se retorcía. porque si se lo cuentas a alguien. incómoda. —No se enterarán. distaba mucho de conseguirlo. tan sólo unos pocos meses. Anne lo apartó con fuerza. Anne habló con toda la calma posible. no debéis tocar lo que no os pertenece. Si llevaras a mi hijo en tu seno. —¡David! —llamó de pronto. pensó ella en un ataque de pánico. vuestras hermanas están cerca. —Milord. pero siguió diciéndose que debía mantener la calma. tendría que demostrar que era capaz de solventar situaciones como aquélla. y Anne empezaba a sentir miedo. sin duda.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Anne trató de retroceder.

Philip salió corriendo y llegó al claro junto al arroyo. vio a David y al soldado de Egmanton rodando por el suelo. ¿Por qué necesitaría un barón más protección que la que David pudiera proporcionar? ¿Quién habría de atacar a un grupo tan numeroso? A menos que. Philip. En algún lugar recóndito de su mente sabía que bastaba con hacer público lo que el joven había tratado de hacer. Retuvo al barón contra el suelo y empezó a machacarle el rostro a puñetazos. Cerca de un roble. pero parecía imposible detener al soldado que había en su interior una vez liberado y furioso como se encontraba. rezando por que así lo hiciera. a cierta distancia de donde se encontraba. y Egmanton apretándose entre ellas. donde lo único que importaba era defenderse del enemigo. —¿Os gusta que os retengan contra vuestra voluntad? —gritó Philip. escuchando con gran satisfacción los gemidos de dolor . Dejó que lo apartaran. Philip echó una ojeada hacia donde se encontraba Walter y vio que éste también lo estaba mirando. Ella está a salvo. —¡Están ahí detrás! —gritó con evidente alivio.. Era David. encajando casi al mismo tiempo un puñetazo en la boca. moviéndose con sigilo pero con rapidez. oyó voces. y notó que alguien lo sujetaba por los hombros.. el hombre hizo un leve gesto con la cabeza. El otro trataba de resistirse. pero ahora parecía que el capitán supiera exactamente lo que pensaba Philip. Este señaló con la cabeza en dirección hacia donde Anne había desaparecido. seguido de un gruñido de dolor. Había intentado distraerse hablando con las gemelas. El contrincante de David también lo había visto. pero no lograba apartarlo. Ambos hombres se habían comportado con incomodidad en presencia del otro después de la revelación de aquella mañana. Respiraba agitadamente. y ahora forcejeaba con la intención de librarse. David le propinó una buena patada a su contrincante y entonces vio a Philip. Ya le había preguntado a una de las gemelas por la situación del arroyo y sabía cómo ir. Al final. porque no creía que fuera capaz de obedecer la orden de quedarse allí sin hacer nada. lo agarró por la cintura y lo lanzó al suelo. y esperó a que Walter asintiera.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Desde que Anne se había ido Philip estaba inquieto. El miedo que sentía por lo que hubiera podido ocurrirle a Anne dio paso a los sentimientos sombríos y resueltos que se experimentaban en el campo de batalla. Aún no había llegado cuando oyó el sonido de sobra conocido de un puño al entrar en contacto con la carne. pensó Philip atónito. —Ya basta. el soldado estuviera allí para mantener a raya a David. pero éstas eran demasiado jóvenes e ingenuas.114 - . Sus sospechas eran ciertas. Philip se lanzó a por él. Vio que el barón retenía a Anne contra la roca con las piernas descubiertas y separadas. pero el otro no lo soltaba. «Por todos los santos». Aunque con los ojos entrecerrados. Philip se internó al instante en la espesura. No dejaba de pensar en el soldado que había seguido a Egmanton.

mirando más allá de Philip. . Pero no era el momento de preguntarle. Él sintió una necesidad tan feroz de abrazarla que le dolía físicamente. si me dejaba encinta. —Has llegado justo a tiempo. el barón atravesó el claro y se internó en la espesura. Pero me temo que lord Egmanton no se lo va a tomar demasiado bien. Estaba intentando hacerse la valiente. El caballero se mostraba reacio a soltarlo. sola. Tenía los ojos secos y muy abiertos. No sabía qué decir ni cómo preguntarle. Entonces se volvió y vio a Anne de pie. y a continuación preguntó: —¿Qué ha pasado? ¿Lord Egmanton ha perdido el control y.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO del barón.. pero David lo sujetaba fuertemente por los brazos. Ha sido deliberado —respondió Anne. por si acaso se les ocurría atacar a David. —Ha dicho que. Yo iré a ver cómo está lady Rosamond. apartada de la roca. apesadumbrado—. preguntándose si tras aquellas palabras se ocultaría algo más que un simple comentario. —Os estoy muy agradecida a los dos —dijo Anne—. David se les acercó entonces y le hizo una inclinación a Anne. rodeándose el cuerpo con los brazos. Seguía teniendo en la mente la imagen de su falda levantada. —Nada grave. porque justo entonces oyó la voz de Egmanton a su espalda y se volvió. Philip cerró los ojos un momento. y en el rostro una expresión de calma. —Perdonadme —se disculpó el caballero—. seguido por su soldado. Este se dio la vuelta y vio que el soldado se acercaba cojeando a su señor.. Anne lo miró acercarse. Philip la estudió detenidamente con el cejo fruncido. mirándose los nudillos ensangrentados. —¿Cómo que deliberado? —preguntó perplejo. Philip intentó moverse. —¿Milady? ¿Os ha hecho mucho daño? Ella negó con la cabeza. Anne cerró los ojos. Creía que eso sólo les ocurría a las mujeres sin poder. y flaqueó. Philip no les quitó ojo a ninguno de los dos. los muslos al aire y a Egmanton entre ellos. con gesto de alivio. No he logrado deshacerme del soldado a tiempo. pero al final murmuró: —¿Estás bien? Ella asintió. te ha atacado? —No. Y nos encontramos entre su gente. Con el rostro ensangrentado y empezando ya a hinchársele. —Pero estabas ahí para quitármelo de en medio —le recordó Philip. a quien David ayudaba a ponerse en pie. pero al final lo dejó libre. —Ocúpate del barón —le dijo Philip—. la perfecta Mujer del Acero.115 - . —Podría cuestionar nuestra versión de los hechos —asintió David. lo elegiría como esposo —contestó ella con amargura—.

Anne no pudo evitar ahogar un gemido de consternación.. El administrador y los caballeros de Markham se volvieron hacia ella y sus escoltas con mirada furibunda. Si todo el mundo creía en sus palabras. Creía que no sería tan estúpido como para intentar nada teniendo al resto del grupo tan cerca.116 - . —¿Qué ha dicho el barón al llegar? —preguntó Philip. —Que lo habías atacado sin razón alguna. ¿Acaso el joven les había dicho que ella había tenido la culpa? Walter y Joseph se acercaron a ellos con los caballos. pero ahora no podía controlar los escalofríos que la recorrían entera. —Estás temblando —dijo Philip. en la pradera donde estaba reunida la partida de caza reinaba un humor sombrío. —Perdona la crudeza de mis palabras —le dijo Philip al capitán—. Por un momento. Walter lo miró. —Bastante bien. La mirada del hombre se suavizó. Walter entrecerró los ojos y miró hacia el lugar por donde Egmanton había desaparecido. Anne no quería ni pensar en lo que debía de haberles contado a sus hombres. Las hermanas del barón. pero cuando llegué. Egmanton ya estaba subido a su caballo. se había sentido protegida y reconfortada. sería como si no hubiese intentado forzarla. rodeándola con un brazo. Philip apartó el brazo. —No te culpes —dijo Philip—. milady? Anne sonrió débilmente. Los cocineros y los sirvientes estaban recogiendo ya el material de cocina y la comida.. Pero necesito con urgencia un baño caliente. Debía de dolerle la cara y se alegró de ello en silencio. ¿Qué le estaba pasando? Era . sus soldados ya me habrían arrestado. evitaron acercarse a Anne. Pasó por su lado sin mirarla siquiera. —Si lo hubiera atacado sin razón. Philip puso los ojos en blanco. —¿Cómo os encontráis. ya estaba encima de ella. —Pero eres tú quien podría acabar pagando las consecuencias. pálidas y asustadas. — Se rió con amargura—. Estás atrapada en una situación en la que tienes que comportarte de cierta forma.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —No debería haber dejado que me trajera a un sitio tan apartado. Cuando Anne emergió de la espesura. David cogió las riendas del suyo. Y pensar que creía que era un ingenuo. Ella se puso rígida cuando vio el cejo fruncido de los tres caballeros. —Su soldado me impidió llegar hasta lady Rosamond a tiempo —intervino David. Ella lo miró con preocupación.

Ella suspiró aliviada. Se le colocó un soldado a cada lado. —A las mazmorras. . No se veía a lord Egmanton por ninguna parte. donde todos los prisioneros esperan juicio — contestó el capitán—. milady. —Os lo agradezco. Os prometo que no se lo maltratará. milady —dijo desmontando. —¿Adónde lo lleváis? —exigió saber Anne. —Entendido. Odiaba sentirse tan débil. Lo único que ha hecho sir Philip ha sido rescatarme de un ataque indecoroso. tratando de ayudarla a montar. —No vais a hacer tal cosa —replicó ella con firmeza—. —Si le hacéis daño. os prometo que el rey tendrá constancia de ello. los soldados de Markham se dispersaron dejándola a solas con sus caballeros. Sir Martin le hizo una inclinación de cabeza. —Os prometo que será sólo el tiempo justo de hacer el equipaje. Si en algún momento iba a tener que hacer valer la fuerte personalidad de lady Rosamond era ése.117 - . —Son los efectos del ataque —le explicó Joseph amablemente—. capitán de la guardia. La joven asintió. Walter asintió. Un hombre dio un paso al frente. Os agradezco todo lo que estáis haciendo. Podemos llegar antes de que caiga la noche. Anne se alegraba de que los temblores hubieran dado paso a la ira. milady. —No temáis por mí. Tengo órdenes de llevarme a sir Philip bajo custodia. —Acataré mis órdenes a menos que me digan lo contrario.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO un caluroso día de verano. y que me apoyará. —Soy sir Martin. Se desabrochó el cinturón y le entregó a Walter la daga y la espada enfundadas. Walter se colocó a su lado y negó con la cabeza. pero él se limitó a sonreír. Pero al llegar a la torre de entrada. —Ojalá no tuviéramos que volver. —Milady. Anne tiró de las riendas y su montura bailoteó antes de detenerse. como si estuviera inválida. una marea de soldados les salió al encuentro. Desaparecerán enseguida. Cuando salieron del bosque. Como Anne estaba dispuesta a negarse de nuevo. podemos resolver esto pacíficamente en vez de entablar batalla en medio del patio. Newark no está muy lejos. Ella se dio la vuelta y miró a Philip con los ojos muy abiertos. Los hombres se arremolinaron a su alrededor. Anne se detuvo y observó el castillo de Markham. Una vez se llevaron sus monturas a los establos. —¿Qué significa esto? —gritó.

—Entramos y desenmascaramos a lord Egmanton. Pero mientras se dirigía a sus aposentos. sir Walter? —preguntó ella. —Encantada —contestó con determinación. Supongo que sabréis cómo interpretar el papel de condesa agraviada. no pudo evitar reprocharse lo que estaba sucediendo. él estaba en aquellas mazmorras por su culpa. Ahora. .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Y ahora qué.118 - . Philip le había advertido que un hombre podría malinterpretar su actitud juguetona y tratar de llevar el intercambio de intimidades más lejos de lo que ella se proponía.

—Anne tiró de los cordones mediante los cuales se unían el vestido y las mangas. —Vuestro caballero ha atacado a un barón —protestó la baronesa con su voz chillona. Sus hijas aguardaban de pie. que observaba el desarrollo de los acontecimientos con el mentón bien alto. —Vuestro hijo merecía más de lo que ha recibido. sus ojos hinchados y la sangre seca que le había formado una costra en una comisura de la boca. que Margaret le había aflojado bastante antes de bajar al salón. subió al estrado. Ella había sido rescatada. Pero cuando la mujer se volvió hacia ella. Se dio la vuelta cuando Anne entró en el salón y la joven pudo ver sus moratones. logró dejar de temblar. Anne agradeció las amables atenciones de Margaret. adornado con bastante oro y perlas como para brillar en la corte. Al llegar al salón. aunque Anne vislumbró cierta preocupación en sus ojos. no muy lejos. Se los mostró a la baronesa para que pudiera ver las heridas que tenía en ambos codos—.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 13 Cuando llegó a su habitación. Le lanzó una mirada furibunda que ella ignoró. hablando con su administrador. Parecían confusas. y también lo sabían los Egmanton. su madre. Anne vio una chispa de alivio en su . Esto es lo que me ha hecho y. Pero Anne vio que la mayoría de las sirvientas le dirigían miradas comprensivas. Sabía que tenía derecho a presentar cargos contra él ante las más altas instancias del reino. En vez de quedarse al nivel del suelo del salón. lady Egmanton miró a su hijo. Lady Egmanton abrió mucho los ojos. después de su cruel comportamiento. dispuesta a enfrentarse a la baronesa. Pero no se demoró mucho. sabía que la luz de las velas se reflejaría en la prenda. tenía planeado hacerme mucho más. pero tal vez aquellas mujeres no habían tenido tanta suerte. Lady Egmanton estaba sentada en uno de dos sillones situados en el estrado. Tenía que conseguir que soltaran a Philip.119 - . y gracias a él. Un baño caliente la esperaba. El barón estaba de pie delante de la chimenea. como si no hubiese esperado que Anne pudiera hablar de manera tan clara. —Vuestro hijo me ha humillado —dijo con un tono de voz frío y enérgico que resonó por toda la estancia—. y sus brazos quedaron al descubierto. Mientras Margaret recogía las mangas. Ha intentado obtener por la fuerza algo que yo sólo he entregado a un hombre dentro del matrimonio. y se dirigió directamente a la persona que dirigía aquel castillo. La muchacha la ayudó a ponerse el vestido más regio que había llevado consigo. de no ser por la intervención de sir Philip. cogidas de la mano. haciéndola resplandecer como si fuera un exótico tesoro.

Philip sabía que ahora se alzaba un muro entre ellos a causa de la información que la Liga había decidido ocultarles—. —El comportamiento del barón ha sido vergonzoso. —Y le explicó brevemente la confrontación entre Anne y los Egmanton. en su rostro una expresión rebosante de satisfacción. como si considerara que los actos del joven lord habían valido la pena. Nadie dijo una palabra mientras Anne subía la escalera de nuevo. Supuso que uno contendría agua salobre.120 - . A continuación.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO mirada. uno de los guardias de Markham le ordenó retroceder. ¿no me van a soltar? —Te van a soltar. Al fin y al cabo. voy a serte franco. quien le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. la celda se abrió. Pero pasó por lo menos una hora hasta que oyó a lo lejos un cerrojo que se abría. —Aunque aliviado de verlo. —Te pediría que te sentases en el camastro. pero no sé si soportaría el peso de los dos. tras varias vueltas de una de ellas en la cerradura. Y quiero que pongáis en libertad al caballero de mi guardia de inmediato. A través de las rendijas de la puerta.. Philip apretó los dientes. Sabía que la puerta era de madera maciza. Después. Él lo miró con cautela. era lady Rosamond. El capitán echó un vistazo a su alrededor. el tintineo de unas llaves y. Entonces. hija de un duque. Había un camastro de madera.. se parecían también a las de Alderley. puesto que los había librado de lady Rosamond. una manta que no se atrevía ni a tocar y dos cubos. —No quiero saber nada más de vos ni de vuestro hijo —concluyó. pero no tenía intención de probarla hasta que no estuviera desesperado. La tenía con las . para que podamos irnos sin perder un instante. —Unas dependencias muy cómodas. esposa de un conde. Pero sí captó la mirada de Walter antes de hacerlo. entró Walter y la puerta se cerró de nuevo tras él. en las que John y él habían pasado una noche mientras intentaban rescatar a lady Elizabeth. Por lo menos le habían dejado una vela. Y Egmanton no era más que un simple barón. Imaginaba que la constante oscuridad de aquel lugar podría hacer enloquecer a un prisionero al cabo de un tiempo. —No has visto lo que yo —respondió Philip en voz baja. atisbo la luz vacilante de una antorcha que se aproximaba. pero no dijo nada. —Antes de que salgas de aquí. así que no se molestó siquiera en ponerla a prueba. Aquella familia le provocaba náuseas. Simplemente lo están demorando lo máximo posible. Confiaba en que Anne se las ingeniaría para obtener su libertad. dándole la espalda a la baronesa—. Las mazmorras del castillo de Markham eran un agujero tan húmedo y frío como los calabozos que Philip había conocido en Francia. Pero en vez de decirle que podía salir. —No has sabido manejar bien la situación. fría—.

pero era obvio que ella no pensaba lo mismo. pero por ahora he de decirte que podrías haber puesto en peligro el éxito de nuestra misión con tu impetuoso comportamiento.. Había quedado claro lo peligroso que podía ser el deseo que ardía entre ambos. —La vida de lady Rosamond está en Alderley —contestó él—. puede que contigo. Philip apoyó el brazo en la rodilla doblada y cerró los ojos. Quedarás en libertad en cuanto estemos listos para partir. pero ahora ya no podía confiar en él. pero la última vez que una mujer lo había necesitado con tal desesperación. recordó sus sentimientos al pensar que el barón pudiera haberle hecho daño. Parece necesitar tu compañía. Quería decirle que Anne había decidido que su vida estuviera con la Liga. ¿Qué le habría sucedido? Anne lo necesitaba. Una vez se quedó a solas. —Lady Rosamond seguirá con su vida algún día. Walter bajó la voz. Temí que ya hubiera. —Créeme. La devoción que aquel hombre profesaba a la Liga tenía para él más importancia que cualquier otra cosa. independientemente de cómo termine todo. Hubo un tiempo en que habría creído a pies juntillas las palabras de Walter. —Sé que has estado a solas con lady Rosamond más de una vez. —Estoy en deuda con ella. Pero la verdad era que perseguían distintos objetivos en la vida. Philip apretó la mandíbula y aguardó a oír el resto de lo que el caballero tenía que decirle. las faldas levantadas mientras ella combatía su ataque.. ¿Había dicho lo que le había dicho simplemente para aplacarlo? ¿Haría lo que fuera para conseguir el éxito de su misión? Había comentado que Anne lo necesitaba. no pegarle. Si desea pasar tiempo contigo. Walter enarcó una ceja. nunca antes había experimentado un dolor tan horrible. No creo que nuestra misión se demore mucho más. —Se volvió hacia la puerta—. Philip trataba de contenerse. —Mi corazón. no conmigo. Pero sólo había que separar a lady Rosamond del joven. Recordó lo celoso que lo había puesto Egmanton. lo comprendo —lo atajó Walter con voz cansina—. pero lo único que conseguía era desear con más vehemencia poder besarla. pero no le correspondía a él hacer semejante revelación. su vida había cambiado. No puedes dejar que el corazón te domine.121 - . Rememoró la mirada de desesperación que había visto en sus ojos recordando sin duda lo que era ser una mujer impotente.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO piernas abiertas.. tocarla. Y parecía que a ella le ocurría lo mismo.. que existe cierta atracción entre ambos. él había llegado incluso a contarle cosas de su pasado. permitiré que así sea. Para que pudiera comprender mejor sus motivos. siempre y cuando parezca que actúas como su escolta. ¿Iba a permitir que eso volviera a .

122 - . sabía que la atracción que sentían el uno por el otro era real. pero esa sensación desapareció tan repentinamente que no le quedó más remedio que preguntarse si no se lo habría imaginado. sin dejar de dar vueltas en la cama. —¿Os ocurre algo. Por un segundo. Anne. deseando poder terminar lo que habían dejado a medias. Philip se acercó y se arrodilló junto a ella. porque sentía cómo la había caldeado por dentro. sin haberle causado daño alguno. Los caballeros se ocupaban de los preparativos para la vigilancia nocturna. dejándola en el mismo estado de languidez que si la hubiera acariciado. una vez más. atisbando de vez en cuando hacia el exterior. decidieron acampar en un refugio de caza abandonado. Finalmente. puesto que era mujer y. más un techo de paja. antes que arriesgarse a que los caballos se hicieran daño por andar a oscuras. Anne se acercó lo máximo posible al fuego. Estaba segura de que Philip se habría acostumbrado a acatar órdenes sin cuestionarlas durante su etapa de soldado. momento en que se encontró con la mirada de Philip al otro lado de la fogata. fue como si la intensidad de su mirada la abrasara. La mirada no había sido cosa de su imaginación. situado en las estribaciones del bosque de Sherwood. se sentó y se arrebujó en la manta para protegerse del frío. debía de resultarle difícil aceptar haber sido manipulado. Lo veía caminar de un lado a otro del espacio comprendido entre las dos ventanas con los postigos echados y la puerta. de modo que. Joseph había cazado varios conejos. le pareció que no iba a poder conciliar el sueño. por su parte. una sirvienta. Casi parecía que tuviese prisa cuando se volvió para hablar con Joseph. pero también entendía que una vez probada la libertad que confería ser caballero. Anne se encontró mirando a Philip. todo porque no podía dejar de preocuparse por ella? Se les hizo demasiado tarde para alcanzar Newark esa noche. Vio cómo se movían las mantas de Margaret mientras dormía. A ella. Apenas había logrado conciliar el sueño la noche anterior. Pero no. agradecida de que Philip se hubiera . No eran más que cuatro paredes y tierra pisada. intentaba no pensar en la tristeza que la invadía y procuraba distraerse observando cómo Margaret preparaba las camas improvisadas cerca del fuego. La joven comprendía que le hubieran ocultado cosas por no considerar que fuera importante que las supiera. condesa? —preguntó con voz queda. pero estarían más seguros allí que durmiendo al raso. Rebanó la carne del hueso y se chupó los dedos. La apenaba que se hubiera esfumado su actitud jovial hacia los tres caballeros de la Liga. oyó diferentes tonos de ronquidos. además. el ulular de un búho fuera del refugio y el correr del agua de un arroyo cercano. Nunca antes había sentido un alivio tan grande como cuando por fin lo soltaron.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO sucederle. atento a los posibles sonidos. Philip hizo el primer turno de guardia esa noche y Anne se acostó sintiéndose segura. Mientras se comían con los dedos la carne asada.

—Y eso no afectaría a mis decisiones —dijo ella. Cuando estábamos en el bosque. tú me has salvado. —No. Yo no llamaría a eso «sufrir».123 - . Anne vaciló un momento y finalmente prosiguió: —Cada vez me resulta más fácil. —¿Sufrir? Ha sido sólo un poco de frío durante un par de horas. cuando sepas que podemos protegerte. Él apoyó el peso de su cuerpo en los talones y la miró con expresión de sorpresa. Anne se puso a juguetear con su larga trenza. —¿Te acuerdas de lo que te conté hace unos días? Lo de que mis padres pensaban que había echado a perder mis oportunidades de casarme bien. —Pero ¿y si vuelve a pasar? Se supone que me siento cómoda con los hombres. —Lamento que hayas tenido que sufrir las consecuencias de mi coqueteo —le dijo torpemente. y no porque él lo sugiera. pero le debía sinceridad. Te dejaron sin dote cuando te negaste a casarte con el hombre que ellos habían elegido para ti. —Supongo que es una forma de dirigir tu experiencia. estudiándola detenidamente—. Juntó las manos y se quedó mirando la lumbre. ¿Acaso te ha hecho recordar algo? Estuvo tentada de negar que hubiera algún sentido oculto en sus palabras. Philip sonrió. para entender su forma de pensar. —¿En qué sentido? —No me cuesta imaginar que es a mí en realidad a quien desean todos estos posibles esposos.. Hasta creo que incluso empiezo a engañarme a mí misma. hazlo en tus propios términos. . —A ti no te gusta que tenga que hacerlo. has comentado algo sobre que creías que ese tipo de ataques no les ocurrían a las mujeres con poder. —Sonrió—: Además. como si de verdad me hubiera convertido en ella. esta tarde. Tengo una misión que cumplir. ¿Estoy haciendo algo mal? Él se frotó las manos en los muslos mientras observaba la lumbre. Me dijiste que ni siquiera les contaste lo de este viaje. Aún tengo que aprender a distanciarme del personaje que estoy interpretando. Entonces sí la miró. Soy. sí —contestó él. Sé que es una oportunidad para conocer a distintas clases de hombres. Así que has aprendido una lección sobre los lord Egmanton del mundo. —No lo estás haciendo mal. —Eso es porque ya no me consideran hija suya. lady Rosamond. Pero no me corresponde a mí poner objeciones. Saber esas cosas me permitirá servir a la Liga. excepto que eres demasiado confiada. Cuando creas que debes quedarte a solas con uno de ellos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO ocupado de que no se apagara. —Sí. —Lo sé. levantando las palmas de las manos en señal de disculpa—. Lo dijo sin mirarla a la cara y con los labios apretados en una línea..

—No debería haber responsabilizado al viejo molinero por la promesa que le hicieron mis padres. —Me crié con lady Elizabeth desde que cumplí los ocho años. Sólo esperaba poder dar mi opinión al respecto. me di cuenta de que sin dote mis posibilidades eran aún más limitadas. Aquí no soy sirvienta de nadie y estoy ayudando a gente. un hombre viejo y mugriento que ya tenía un montón de hijos. el poco respeto que mostraron hacia mí. porque mis padres habían comprendido que tuviera que asegurarse de que era una mujer fértil que pudiese darle hijos sanos para ayudarlo en el trabajo. participando en esos torneos y ofreciendo tu espada mercenaria. pero me hizo mucho daño esa actitud suya. Philip abrió los ojos como platos. —Sé de muchos aldeanos que no se casaban hasta que la mujer les daba pruebas de que podía dar a luz hijos. sentí más alivio que pena. Ella sonrió con creciente entusiasmo. ellos me dijeron que no volviera nunca más. de llevar una vida excitante. desde siempre he sabido que tendría que casarme. —Lo sé. —Me parece una reacción demasiado severa. —Una vida peligrosa —la corrigió él. Al fin y al cabo. pero lo pateé y salí corriendo. Es mi oportunidad de hacer el bien en el mundo. —Hasta que la Liga solicitó tu ayuda. —Puede que disfrute haciendo de lady Rosamond por el control que me proporciona. y que le entregaría algunas tierras a mi padre a cambio de que yo me casara con él. para conocer a un hombre que les había parecido bien. Yo obedecí. pero tú lo haces a diario ¿no es cierto?.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Philip vaciló un momento. igual que hoy ha hecho lord Egmanton. —Porque a partir de ese momento podías tomar tus propias decisiones —señaló Philip con gran sagacidad. —Inspiró profundamente y se volvió hacia él. Para mi consternación. Ver el gesto serio con que la miraba le dió ánimos—. Cuando llegué a mi casa a recoger mis cosas. Intentó tomarme por la fuerza. Me pidieron que me dejase cortejar por el molinero. No poseía ninguno cuando regresé a casa. que ya no era su hija. —No fue sólo eso. —Me abrió todo un mundo de posibilidades. —¿Tus padres dieron permiso a ese hombre para que te llevara a la cama? A Anne la sorprendió lo mucho que aún le dolía. así que se podría decir que eran como unos extraños para mí. Cuando presenté resistencia. —Pero ellos ya habían elegido por ti. dijo que se sentía confuso por mi negativa. Me pidieron que regresara a casa. Pero tras meditarlo. ¿Me negarías a mí la oportunidad? . Ella asintió. pero obligarte a pasar por ello me parece algo horrible.124 - . —Sí. eso pensé. puesto que eran mis padres y tenía una obligación hacia ellos.

la doncella. . —Lo comprendería si conociera los motivos —dijo Anne con suavidad. —Parece que soy incapaz de negarte nada. pensó mientras observaba la silueta del hombre. Había tardado horas. Bueno. A él no pareció sorprenderle que cambiara de tema. Oí que mi antigua señora había muerto hace unos años. Cada momento que pasaba con él. Como todo el mundo. —Philip. La estaba mirando otra vez. los dos seguirían jugando con fuego. Me entristece tener que engañarlo. Es nuestro próximo destino. pero jamás volvería a ser Anne. que se merece encontrar una mujer a la que colmar de cariño. con gran intensidad. Incluso en ese momento. sobre todo cuando sólo tiene una hija y ningún heredero para el condado. así que le pregunté a Walter. Le dio las buenas noches en voz baja y se acurrucó debajo de las mantas. merecían la pena. —Me preocupaba que te molestara saber que tu primer señor estaba en mi lista. no quería parar. —Ya lo sé. la atracción que su cuerpo ejercía sobre ella podría hacerla prescindir de toda precaución. eso no era cierto. su pasado dominaba en parte su vida. ya fuera hablando o perdida entre sus brazos. ¿Quieres que pida que pasemos por alto ese castillo? Philip negó con la cabeza. estuve dándole vueltas y ya recuerdo dónde había oído el nombre. echando pequeñas ramitas al fuego—. Pero no podía parar. por mucho que le doliera cuando tuviera que dejarlo atrás y seguir su camino sola. pero al final había recordado por qué le resultaba familiar el nombre. a secas. Pronto dejaría de interpretar a lady Rosamond y asumiría otro papel. pero Anne no quería obligarlo a cambiar. con los ojos entreabiertos. cuando me dijiste que tu madre había trabajado para lady Kelshall. que se recortaba contra las llamas. Es un buen hombre. Philip era. mientras echaba más troncos al fuego. —¿Qué quieres decir? —Estamos cerca del castillo de Kelshall.125 - . Sin embargo hasta entonces. —Entonces tendríamos que responder a las preguntas de Walter.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Philip sonrió débilmente. No temas. cada vez más. Lo siguió con la mirada. he dejado atrás el pasado. igual que tú. sobre todo después de los traumáticos acontecimientos del día. —No he tenido tiempo para pensar en ello —contestó él con una sonrisa irónica en el rostro—. su debilidad. Le había mencionado que su madre era costurera de lady Kelshall.

—Lord Hungerford y sir Robert Ludlow. y desde entonces había pasado de ser un chico a ser un hombre. Se dirigen a Londres a reunirse con el rey. Philip miró a Anne. rodeado por un foso.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 14 Hacía seis años que Philip había visto por última vez el castillo de Kelshall. como podéis observar por el gallardete que ondea en lo alto de la torre de entrada. la del centro era la torre de entrada. ambos procedentes de Northumberland. Antes de hablar. Le habría resultado más fácil ver a una familia feliz viviendo allí. por supuesto. como si llevara un rato esperándolos. Se había adelantado para avisar de la llegada de lady Rosamond. Al enfilar el sendero que salía del pueblo en dirección al castillo. Le dio pena ver que estaba abandonada. y más de una persona se asomó a verlos pasar. aunque. Se fijó en que Anne no le quitaba ojo. oculta tras el velo. Cinco torres sobresalían de la muralla que rodeaba la edificación. —¿Cómo se llaman? —preguntó el capitán. Al final del camino. con sus hijos jugando en el jardín. vio la vieja cabaña en la que había vivido con sus padres. la joven solicitó la opinión de sir Walter con la mirada. sobre todo cuando atravesaron el pueblo de camino hacia la entrada. Las ovejas pacían libremente por el prado del centro de la aldea. y finalmente preguntó en voz muy . y que no los esperase dentro del recinto del castillo intranquilizó a Philip. sir Joseph? El hombre asintió con la cabeza. Estaría encantado de conocer a lady Rosamond. la espesura se abría y el castillo de Kelshall se elevaba en todo su esplendor sobre su propia isla. que tenía una expresión vacilante.126 - . La puerta colgaba desencajada de los goznes y no había ningún animal en el corral. y ambos solicitan conocerla también. por extraño que le pareciera. pero en estos momentos otros dos nobles están aquí de visita. El puente levadizo estaba tendido y Joseph cabalgaba en dirección a ellos. lo veía más pequeño. Philip estudió a Walter con ojos entornados. aunque la cervecera seguía siendo la misma anciana de cuyo nombre no lograba acordarse. pero nadie se había molestado en retirarla. —Lord Kelshall está en el castillo. Nadie lo reconoció. La rama de un árbol había caído sobre el tejado de paja. Walter levantó una mano y la comitiva se detuvo esperando a que Joseph los alcanzara. Él se limitó a hacer un gesto de asentimiento y se volvió hacia la fortaleza que se vislumbraba tras la línea de árboles. El lugar en sí no había cambiado gran cosa. —¿Alguna noticia.

se sintió culpable por ello. Se ha labrado un buen nombre como hombre de honor. Philip estaba bajando de su caballo cuando vio a Kelshall en lo alto de la escalera. pero será mejor que extrememos la vigilancia de milady. independientemente de quién estuviera en el trono. Ahora. No podía imaginar que su antiguo señor fuera capaz de traicionar a Inglaterra. Tengo en cuenta la buena opinión que tienes de lord Kenshall. Era comprensible por qué empezaba a sentirse como si fuera la verdadera lady Rosamond. pero cuando entraron en el patio de armas. pero no dijo nada.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO baja: —¿Los habrán llamado a Londres junto con otros nobles. aparentando menos edad de la que Philip le habría echado. en gran medida. Philip lo había considerado siempre como un padre y mentor. Cuando se detuvieron ante la amplia escalinata que conducía al gran salón. —Y yo he oído lo mismo de lord Hungerford —comentó Walter—. por favor. Se colocó en cabeza de la comitiva y Joseph avanzó a su lado. No nos queda más remedio que entrar. aunque había perdido bastante pelo en la parte superior de la cabeza. se preguntó si le resultaría difícil aceptar honores que en realidad iban dirigidos a otra persona. muéstranos el camino. para que lady Rosamond pueda examinarlos a todos y demostrar su acusación ante el rey? Walter asintió y miró a las mujeres. vieron a los sirvientes allí agrupados. Debajo de la torre de entrada. Philip se preguntó si lady Beatrice estaría en el castillo. Él había visto el potencial que poseía el hijo de un herrero que siempre había aspirado a convertirse en soldado. Se lo seguía viendo ágil y saludable a sus cuarenta y tantos años. señalando y saludando. Kelshall bajó los escalones a buen paso. —Yo he oído hablar de sir Robert —dijo Philip—. para su sorpresa. Le había mencionado a Walter su relación con aquel castillo y ahora el capitán tenía en cuenta su opinión sobre lord Kelshall para saber a qué atenerse. Y el hecho de ver a su antiguo señor bastó para que se le formara un nudo en la garganta por la gratitud que sentía hacia aquel hombre. —¿Reconocéis alguno de los dos nombres de algo? Anne y Margaret intercambiaron una mirada y negaron con la cabeza al mismo tiempo. Los cascos de los caballos repiqueteaban al atravesar el puente levadizo. a bailar y a conversar con las damas. Dejando aparte sus logros en la liza. Philip enarcó una ceja. y. más que a su propio padre. el sol se ocultaba ya. Philip. ella era la responsable. Al verla ruborizarse. Algunos incluso llevaban rosas. Philip miró por encima del hombro y vio que Anne aceptaba algunos de los ramos que le ofrecían. David ayudó a Anne a desmontar.127 - . y ha demostrado ser un caballero de gran destreza. y el resto . visitando a su padre. Eran de la misma edad y él no había sido más que un hijo de campesinos iletrado hasta que ella le enseñó a leer. de que su padre lo hubiese tomado como escudero.

Le costó Dios y ayuda seguirla con el estoicismo de los otros tres caballeros.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO lo tenía canoso. Philip decidió quedarse allí para probar sus habilidades frente a los caballeros franceses —empezó a relatar lord Kelshall. Ella se volvió y miró a Philip. —Lady Rosamond —dijo Kelshall—. una enorme sonrisa iluminó su rostro. Me siento muy honrado de que hayáis decidido visitarnos en vuestro largo viaje a Londres. El hombre giró en redondo para echar un vistazo a los caballeros que la acompañaban y al llegar a él. ¿Dejaría luego que Anne se quedara con aquellos vestidos o le serían devueltos. por otra parte. he oído hablar maravillas de vos. Valiente tontería. Como me alegro de verte. y. cuando lo que deseaba era devorarla. Sonrió al ver a Anne y le hizo una reverencia. a la que ella respondió ofreciéndole gentilmente la mano. lo alegró que lo reconocieran. de modo que los condujeron a sus aposentos para que se refrescaran después del viaje.. aquella joven poseía una seguridad en sí misma que no tenía nada que ver con la ropa que llevara. Aunque. Philip se maravilló. ¿no es cierto? —Así es. ésta se había cambiado de ropa. —Sir Philip se muestra muy reservado en lo que respecta a su pasado. milord. sir Philip Clifford.128 - . de modo que tenía que venir. —A mi regreso de Francia. Philip abrió los brazos y se encogió de hombros. despojarla de cada prenda. Ella lo obsequió con aquella risa gutural que le recordaba a Philip en todo momento cuánto la deseaba. . —Siempre fue un chico muy modesto —contestó el hombre. no tenía noticia de tal cosa. —¡Philip! —exclamó. hijo. era natural que lady Rosamond quisiera mostrar sus mejores galas en su búsqueda de marido. una a una. aunque sólo recordaba unos pocos nombres. Dentro del gran salón. —Lord Kelshall. milord — respondió Anne. —Pues no.. ¿Sabéis que me salvó la vida? Por eso lo nombré caballero. Pero creo que mi visita todavía os complacerá más cuando os diga que traigo conmigo a vuestro antiguo pupilo. que caminaba detrás de ellos. Han pasado. Cuando todos se reunieron nuevamente a la puerta de Anne. de la increíble habilidad de Margaret para hacer el equipaje y poder llevar tantos vestidos en un solo caballo de carga. y no por primera vez. junto con su identidad. cuatro años. riéndose alegremente—. a su dueña? Le gustaba ver lo segura de sí misma que se mostraba con aquella ropa. más de un sirviente le sonrió. lo cual le recordó lo segura que también se había mostrado sin ella. Así que ahora escoltas a lady Rosamond en su gran aventura. —La tomó de la mano para ayudarla a subir la escalera—. Ahora lucía un precioso vestido de color azul. Servirían la comida después del mediodía. abrazándolo y dándole palmaditas en la espalda—.

¿Necesitas descansar o estás listo para fingir que me desafías? Él sonrió de oreja a oreja. Entonces el hombre miró a Anne. gracias a Dios. goza de buena salud y tiene a su hijo. Kelshall miró hacia la mesa de caballete a la que Philip se había sentado con los tres caballeros de la Liga.129 - . —Milord. milord —contestó él con cierta cautela. —¿Cómo está vuestra hija? —Está bien. Philip no pudo evitar preguntarse cuánto habría oído y qué conclusiones habría sacado. milord. Philip. ¿Sería el tipo de mujer que ignoraba a los hijos de los sirvientes? Teniendo . Lady Kelshall era así. Los presentes prorrumpieron en una ola de carcajadas de aprobación que pareció hacer temblar hasta las vigas del techo. Pero bueno. Después de la comida. —¿Qué opinas de lady Rosamond? —le preguntó con voz queda. —Tengo un grato recuerdo de ella. —En estos años no he dejado de oír incesantes historias sobre tu talento en la liza. a la sombra. a lo que vamos. La destreza de lord Kelshall era también digna de admiración. —Es una buena mujer.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Durante la comida del mediodía. disfrutando de la vista de Philip entrenando con otros soldados de su edad. Pero no le había pasado por alto la referencia hacia su hija. —Llevo años preparándome para este momento. Philip asintió. así como su capacidad para rodearse de hombres leales. que Dios la tenga en su gloria. —Me gusta su sentido del humor. —Pensé que preferiríais disfrutar de la compañía de lady Rosamond. pero gracias a Dios ella ha podido proporcionarle un heredero. Lo que diferencia a una buena mujer de otras es que ésta no necesita que el hombre centre su atención en ella todo el tiempo. Se dirigieron entonces hacia las puertas dobles que conducían al exterior. Kelshall buscó a Philip mientras los demás se dispersaban y le rodeó los hombros con un brazo. —¿Ha tenido más descendencia? —Su marido ya no es un hombre joven. Espero que me hagas el honor de acompañarme esta tarde. milord — contestó él. Ella sonrió. y al reparar en que Anne estaba más cerca de ellos de lo que creía. pero por esta vez haré una excepción. Anne pasó la hora siguiente sentada en un banco. normalmente prefiero ser yo el motivo de que los hombres se acaloren y enardezcan. —Mi Beatrice es igual. —Estoy seguro de que os gustaría asistir a un combate en vuestro honor. que debió de crecer con Philip.

Se veía el humo que salía por la chimenea y se oía el golpeteo de metal contra metal del martillo del herrero. —¿Te trae recuerdos este lugar? Él esbozó una media sonrisa. Murió cuando yo tenía nueve años. Vio cómo Philip renovaba en la liza amistades perdidas con soldados y caballeros. —Estoy segura de que no lo defraudaste convirtiéndote en soldado. y participó en las risas de los demás cuando el capitán de la guardia lo mandó a por agua. y Philip se alejó del campo de entrenamiento solo. era harto improbable que alguien hubiera sido tratado mal en sus propiedades. Le había comentado que también él tendría que ir pronto a Londres a petición del rey. —Es mejor no salir de las murallas del castillo. pero no. vestido con el jubón de cuero sin mangas. Él se quedó mirándola un momento. —¿Te importa que te acompañe? Philip frunció el cejo. Para sorpresa de la joven. Pero allí. Philip. Lo asesinaron en un intento de robo.. pero no le había dicho nada de su padre. y al final su curiosidad pudo más que ella. consciente de que David la vigilaba. imaginar el niño que había sido. Ella ahogó un gemido de angustia. como si no fuera más que el chaval de los recados. Sabía que su madre había sido costurera. Sólo deseaba que lord Kelshall no estuviera implicado en la traición.130 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO un padre tan generoso como lord Kelshall. Anne lo siguió a cierta distancia. —¿Y no elegiste seguir sus pasos? Philip bajó la vista. —¿Era el herrero? —preguntó sorprendida. —Mi padre trabajaba aquí. en el antiguo hogar de Philip. Philip se detuvo fuera de la herrería. debió de ser horrible para tu madre y para ti. —¿Philip? —¿Sí. —Anne quería verlo en su entorno. —No llegó a verlo —contestó. yo tenía mis propios planes. —Iba a ir a ver la cabaña en la que viví hasta su muerte. se sentía segura. apenado—. así que puedes quedarte con. Terminados los ejercicios.. los brazos brillantes de sudor. lord Kelshall volvió al castillo a ocuparse de ciertos asuntos con algunos de sus arrendatarios. —Pero ¡si el pueblo está pegado al castillo! Y estoy segura de que Walter y los demás se quedarán cerca. condesa? Anne echó un vistazo al interior de la herrería y notó el calor que salía de allí. —Sí. Parecía perdido en sus pensamientos. A menos que tú no quieras. —Dios mío. a echar un vistazo. —Él lo deseaba. .

pero la joven ladeó la cabeza con gesto inocente. lo impulsaría a mantenerte dentro del castillo. Philip.131 - . —Y darte así excusa para poner en práctica tus habilidades de Mujer del Acero. tumbándose sobre el cuello del animal. Cuando Anne cayó en la cuenta de que llevaban demasiado tiempo mirándose en un lugar público. —Voy a permitíroslo sólo porque está muy cerca. y una vez más fue como si no existiera nada aparte de ellos dos sobre la faz de la tierra. sujetando las riendas de los dos caballos. se dio la vuelta. Anne encontró al caballero en las naves de acuartelamiento de la tropa. Pero mis caballeros y yo os seguiremos. pero vendrán con nosotros. —Si no quieres que te acompañe. en tierras de Kelshall. porque el capitán la miró enarcando una ceja. Ella se dio la vuelta a toda prisa y regresó a los establos. —Cuando tú y yo hacemos algo juntos. —¿No querrás decir cuando me sigues tú a mí? Él terminó por apartar la vista. pero no sin antes decir en voz baja: —¿Y no lo encuentras excitante? Y con esas palabras. Miró hacia donde estaba Walter. —Ve a decírselo a Walter. Ella sonrió. El hombre la miró ceñudo. Le sonrió. También él se subió a su montura y salieron al campo uno junto al otro. —Creía que su preocupación ante la posibilidad de sufrir un nuevo ataque. Ella picó espuelas y lanzó su caballo al galope. lo que le hizo preguntarse con curiosidad por qué le permitían . satisfecha por lo mucho que habían mejorado sus habilidades como amazona en aquel viaje. En cuanto las palabras salieron de su boca. incluso aquí. dímelo ahora. —Pero no muy de cerca. siguiéndome. a menos de un kilómetro de distancia.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Él la estudió detenidamente. —¿Ha dicho que no? —No. Philip la alcanzó enseguida. ocurren cosas malas —continuó Philip en voz queda y ronca. Anne echó un vistazo hacia atrás y vio que los tres caballeros de la Liga los seguían a varios cientos de metros. se subió al montadero. donde Philip la esperaba. Mientras Philip ensillaba los caballos. y le explicó que pensaba acompañar a Philip hasta el pueblo. nunca sabemos lo que pasará. colocó el pie en el estribo y deslizó la otra pierna por encima de la silla. dejando a propósito que pudiera verle las pantorrillas antes de cubrirlas de nuevo con la falda. y el deseo que los atraía mutuamente. puesto que el pueblo apareció enseguida entre los árboles rápidamente. él la miró de nuevo. Philip levantó la vista y la miró con unos ojos que echaban chispas. —Y cuando me sigues. Anne lamentó haberlo dicho. pero su salvaje galopada llegó pronto a su fin.

—Podría repararse si alguien la necesitara —comentó—. quitándole importancia. A excepción de un cajón de madera roto en un rincón. Pero tenía tan poco cuidado que me quemé la pantorrilla con la punta de una espada que estaba fabricando. seguido por la muchacha. —Mi padre se sintió defraudado cuando no quise seguir sus pasos. Redujo la velocidad al divisar el chamizo abandonado que él se había quedado mirando al llegar esa mañana. perdiste a tu padre y también tu hogar a la vez. —Philip. Philip se acercó a la puerta destrozada y se quedó con ella en las manos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO tanta libertad con Philip. —Quería preguntarle cómo había sido su vida. —Ha sido mera deducción. Cuando murió intentando protegernos de los ladrones. La techumbre de paja había desaparecido en gran parte y una enorme rama había aplastado el resto. Él asintió y volvió hacia la puerta principal. La cabaña era mucho más pequeña de lo que Anne estaba acostumbrada a ver. —Has acertado. pero sabía que le contaría lo que quisiera. —Qué generoso por su parte. Se acercó a una ventana abierta al fondo de la cabaña y se agachó para poder mirar. —Suele ocurrir —contestó ella. —Mi madre no podía permitirse ni siquiera esta pequeña vivienda cuando mi padre murió. Philip la obsequió con una media sonrisa. viendo entrenar a los hombres siempre que quería. Al fin y al cabo. —Yo lo intenté. en parte porque un nudo de dolor le constreñía la garganta. —El castillo de Kelshall se convirtió en mi hogar entonces. no había más mobiliario. me sentí muy avergonzado. —Debías de ser muy pequeño. Anne lo siguió por el pequeño jardín y la pequeña parcela de huerto. Se bajó del caballo antes de que él pudiera ayudarla y anudó las riendas alrededor de un arbusto bastante crecido y descuidado. No tenía más que dos habitaciones y un altillo. Tal vez te resultara más fácil sentir rabia que pena. Philip se detuvo delante del gallinero y su tejado hundido. Anne se acercó y posó la mano en su brazo. —Recuerdo que pensé que un caballero habría sabido defenderse y habría matado a los asaltantes. Philip tenía la mirada perdida en las tierras de pasto que se extendían más allá del jardín.132 - . y fui mucho más feliz allí. Yo quería observar a los caballeros. Ella no dijo nada. Puede que el dueño se construyera una casa más grande. —Se encogió de . La dejó a un lado y entró. no eras más que un niño. Lady Kelshall nos proporcionó una habitación en el castillo. —Solía esconderme aquí cuando mi padre me buscaba —explicó con una sonrisa llena de amargura—.

. Me enseñó a conversar con las damas. Me convertí en su proyecto. entre otras cosas. porque la tarea de un escudero es atender a su señor. Tu precioso cerebro trabaja a toda velocidad intentando imaginarse cómo fue mi vida. Ahora era dueña de la situación. —Sé lo que estás pensando —continuó él—. Y Beatrice decidió que también había que educarme a mí cuando me pilló espiándola mientras le daban clase. Hacía que me sentara con ella en el jardín de la señora y nos pasábamos horas dibujando letras en su tablilla de cera. Era sólo una niña de diecisiete años. No podía tener a lady Beatrice. Philip se dio la vuelta hacia ella. Era amiga mía.. Pero al final ocurrió. Beatrice no era una joven experimentada deseosa de enseñar a un sirviente iletrado los placeres de la cama. Todo adquiría sentido. mirándola desde su altura superior. igual que intentaba hacer ella. controlaba su propia vida. a la que ofrecieron en matrimonio a un hombre que podría ser su abuelo. la prueba de sus humildes orígenes. como por arte de magia. Retiró la mano del brazo de él. Por un momento. pertenecer a una clase en la que jamás esperarías recibir lo que realmente deseas. No le extrañaba que deseara a una mujer noble por esposa. le dolió que el futuro de los dos no estuviera unido. aunque a mí me parecía ridículo. me enseñó a bailar. No. tal vez. Ya se lo había imaginado. —Cuando crecimos. pero ella seguía siendo lo que él buscaba. así que decidió educarla como si fuera un chico. Había decidido que conseguiría que fuera escudero.. Y ella no quería retomar una existencia en la que se viera obligada a depender de otros para sobrevivir.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO hombros—. —Me enseñó a leer. —No es habitual que la hija del señor y el hijo del herrero traben amistad. pero supongo que tú comprendes lo que es ser diferente del resto de los habitantes de un lugar. Anne asintió lentamente. Me enseñó.133 - . Aquella cabaña. —¿La hija de lord Kelshall es de tu edad? He oído que te hablaba de ella. Anne sentía tanta curiosidad que apenas pudo disimularlo cuando dijo con un hilo de voz: —Fue muy amable por su parte. Se había labrado un futuro. y de pronto estaba demasiado cerca. y ésa era una sensación vertiginosa. Lord Kelshall no tuvo hijos. Pero no podía renunciar a su único sueño con la esperanza de que. Jamás le había contado esto a nadie. le decía que estaba destinado a triunfar. se había convertido en el hombre que quería ser. —Sí. Entonces ya no tuvo motivos para ocultar que se estaba ocupando de mi educación. Debe de ser una mujer inusual. Anne se puso tensa. Philip cambiara de opinión y renunciara al objetivo que se había marcado en la vida. pero por dentro pensaba que había otra razón por la que nunca contaba que era hijo de sirvientes: había ascendido. terriblemente asustada.

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Anne inspiró profundamente. Éramos jóvenes y torpes y ansiosos. le daba mucha lástima. Ella había estado muy cerca de sufrir el mismo destino. La observaba como si se preguntara qué estaría pensando. Así que la llevé a mi cama. acariciándolo entre los dedos como si fuera un talismán. —Acudió a mí la noche antes de la boda —continuó Philip con voz ronca—. y me suplicó que le proporcionara un bonito recuerdo para que le hiciera compañía en un matrimonio que la aterrorizaba. . Beatrice estaba destinada al hijo. Entonces alargó el brazo y le rozó un mechón de pelo que se le había escapado. como si pudiera imaginarse en la piel de aquella niña asustada. En un principio.134 - . pero al morir éste a causa de la peste. Anne se sintió estremecer. Anne tenía el pecho encogido por la angustia. con la intención de unir a dos grandes familias. pero era mi amiga y me dio pena. —Lo decretó el rey. De repente. el padre ocupó su lugar. —Yo no la amaba como debería hacerlo un hombre. Después se casó con otro.

—He oído que lord Kelshall te decía que su hija no le había dado a su marido más que un hijo. Y ahora yo soy el objeto de mis propios prejuicios: si mi hijo llegara a saber lo que era. Su intención había sido mostrarle sus orígenes. —¿Se parece a ti? Philip cerró los ojos. Una lágrima se deslizó por la comisura de un ojo. Seguía acariciándole aquel pelo tan sedoso. sólo a Anne.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 15 Cuando las palabras salieron de sus labios. Tal vez fui yo quien la hizo madre y le dio un alegre motivo para vivir. Puede que haya dejado algo de mí en el mundo. El único hijo que ha tenido. —No quiero hacerlo. —No lo haré —susurró ella—. Le tomó el rostro entre ambas manos y dijo con tono apremiante: —No puedes contárselo a nadie. Él percibió su simpatía al notar que le ceñía la cintura con las manos. enseñarle lo lejos que había llegado. sin pensárselo. pero al decirme Kelshall hoy que no ha tenido más hijos. No la había llevado allí para que se entristeciera. se avergonzaría de mí. se había convencido de que el primero no era de él. Levantó la cabeza y miró hacia la cabaña. Tal vez no sea mío siquiera. Ya no veía el pasado. Le había parecido incontestable. —Nació a los nueve meses de la boda. —Yo ya estaba en Francia con lord Kelshall cuando me enteré de que estaba embarazada.. fue como si se rompiera un hechizo. y el dolor que llevaba enterrado en el corazón pareció cobrar vida. y la comprensión que había en el fondo de sus ojos. —¿Lo has visto alguna vez? —preguntó Anne. Y en su lugar le había revelado un secreto que podría costarle la vida a Beatrice. Anne tragó con dificultad. mientras Anne lo abrazaba por la cintura con más fuerza aún. Creo que escribió aquello para que yo lo supiera. Philip se la secó con un beso. que tenía su mismo pelo rubio.. como si no quisiera soltarlo. y. lo mejor que podría haber hecho. Tienes mi palabra. Mientras pensaba que ella ya debía de tener media docena de hijos. y me contó que Beatrice le decía en su carta que el pequeño se parecía a ella. —Siempre me avergonzó que mi padre fuera un hombre con un oficio de baja categoría en vez de un soldado o un caballero.135 - . . Su padre estaba muy orgulloso cuando el niño nació. Philip negó con la cabeza y pegó la frente a la de ella.

Philip reconoció vagamente la voz de Walter. y Philip sólo deseaba perderse en la calidez de aquellos labios. se abría un poco más a él. Ella le rodeó la cintura con una pierna y apoyó el pie en su trasero para atraerlo más hacia sí. No quiero que tu primera vez sea así. De pronto. La apartó del árbol y la reclinó con cuidado sobre la hierba crecida. Ella se inclinó sobre él y le acarició el torso. —Eras joven..136 - . lo cual no hizo sino aumentar la excitación y el fuego que lo recorrían por dentro. Y yo no pude ayudarlo. No parecía triste por ello.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Philip. alojando su miembro erecto en aquella cálida humedad. —Eres virgen. Con cada beso. Sentía sus pezones erguidos contra sus palmas. Philip se colocó entre los muslos de la joven. Ella no ofrecía resistencia alguna y Philip dejó que la pasión barriera aquellas otras emociones que no quería sentir. Se devoraron la boca el uno al otro con un hambre voraz. —Anne. Él se tendió encima de ella. gimiendo y contorsionándose mientras él le acariciaba el cuerpo. Le resultó de lo más natural inclinarse un poco y besarla con ternura. y. se elevó clavándose entre sus muslos. Anne. La empujó hacia atrás hasta que dio con la espalda contra el tronco del mismo manzano en el que tantas horas había pasado de niño. y murió por ello porque sólo era uno frente a muchos. Le acarició el rostro con los dedos y Anne se puso de puntillas. no hace falta que me digas que fue una locura —la atajó él. —Me llevó mucho tiempo madurar. Philip se las retuvo. que plantó cara a unos ladrones para proteger a su familia. arrancándole un gemido. Sus lenguas se entrelazaban con avidez y Philip notaba el martilleo del corazón de Anne contra el suyo. demasiado para comprender —insistió la muchacha. Cuando le echó las manos a los cordones de las calzas. rodó hacia un lado aplastando la hierba y se colocó encima. Acabaron hechos un ovillo de brazos y piernas. desmedida. —Y no habrá ningún marido para quien deba salvaguardar mi virginidad. —¿Lady Rosamond? La llamada provenía de la parte delantera de la cabaña.. pero era un hombre que se había hecho a sí mismo. Con un gemido. darme cuenta de que tal vez mi padre no fuera un caballero. —No. Pero debajo de ellas. bajando las manos del cuello de ella para posarlas en sus hombros. llenándose las manos con sus pechos. aunque sosteniendo casi todo su peso con los brazos y las rodillas. Anne sabía a sol y a miel. recuerda dónde estamos —susurró. —Tú vas a ser el hombre con quien lo haga la primera vez —dijo con voz ronca. hasta que la tuvo pegada a su cuerpo como si fueran uno. Anne quedó tumbada de espaldas y le tendió los brazos. paladeando el sabor salado de sus lágrimas en su boca. mirando arrepentido su hermoso rostro iluminado por la pasión y su cabello revuelto—. pero se sentía tan abrumado por el deseo que estuvo tentado de tumbar a la joven de nuevo en la hierba y taparle la boca hasta que se . finalmente.

Se había pasado la mayor parte de su vida demostrando su valía ante los demás. rubio y serio. primero. —Me temo que no sé jugar. Tenía la boca húmeda y sus pechos subían y bajan tan rápidamente que a punto estuvo de volver a perder el control. Y allí estaba Anne. pero confiaba en que. Al oír que Walter la llamaba nuevamente. se alineaban largas hileras de fichas redondeadas que Anne miró con pesar. los soldados de Kelshall. Por el rabillo del ojo. . charlando con alguien. Le costaba mucho acordarse del honor cuando ella lo miraba con aquellos ojos oscuros. A continuación. cuando dentro de él seguían ardiendo las emociones. y en el secreto de la pasión que ardía entre ellos. —Perdonadme. después. Philip no pudo por menos de admirar la serenidad que mostraba. no era más que Anne. Encima.137 - . abrasadores. vio que Philip hablaba con un hombre al que no reconoció. se distrajera de los recuerdos que aquel lugar despertaba en él. Y ahora intentaba mostrarse digno merecedor de una esposa de noble cuna a la que ni siquiera conocía aún. por último. Cuando sir Robert reclamó su turno. Anne se echó a reír y dejó que la apartara de la zona del baile. Anne logró resistir la cena. Trató de concentrarse en lo que había intentado ser. El hombre pareció muy sorprendido. ofreciéndose para su placer mutuo. Después de cenar. la condujo hacia un tablero. el conde y la Liga. su amigo John. —Os preguntaba si os apetecería distraeros con una partida. al mismo tiempo. pero a ella siempre le había parecido una frivolidad inadecuada para una sirvienta. la deleitó con una canción. Podía ser lady Rosamond y. milord. sir Robert Ludlow. se entretenía cosiendo. resignada. o preparando los vestidos que Elizabeth se pondría al día siguiente. Philip se levantó y vio que las manos le temblaban mientras se recolocaba el pelo y el tocado. —Supongo que volveremos escoltados al castillo —comentó ella. y. lord Alderley. —¿Lady Rosamond? Anne dio un respingo al caer en la cuenta de que sir Robert la había llamado varias veces reclamando su atención. sonriendo misteriosamente e intercalando aquella carcajada gutural que hacía que los hombres la mirasen de otra forma. lord Hugerford y lord Kelshall la sacaron a bailar por turnos. pensando en el secreto que Philip había guardado en su alma los últimos seis años. Él le sonrió y le dio unas palmaditas en la mano que llevaba entre las suyas. —Creía que todas las jóvenes nobles aprendían este juego. Anne se levantó como pudo y se alisó la falda.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO fueran. sir Robert. Después de la cena. el pasado y el deseo. Elizabeth había intentado enseñárselo.

pero al igual que el resto de los hombres. —Te quedaste abajo más que el resto de nosotros. notando que se le encogía el estómago. ¿dónde estaba Kelshall cuando subiste? —Se dirigía a su alcoba privada. —Así lady Rosamond podrá aprender viéndonos jugar —añadió. —¿Los tres juntos? —preguntó. ¿no es cierto? Él asintió. Y eso. —Le dio unas palmaditas en la espalda a su antiguo escudero—. Anne no podía perdonárselo. pero éste se limitó a sonreír y a hacer un gesto de asentimiento. Lady Beatrice le había pedido que hiciera un sacrificio y él había aceptado en nombre de la amistad. un monarca había perdido el trono y la vida. No quería imaginárselo en los brazos de otra. que en ese momento estaba de guardia al otro lado de la puerta. y le contó lo que pensaba. —Yo jugaré con vos. Tenía mucha paciencia. No dejaba de dar vueltas al hecho de que todos considerasen que lord Kelshall no podía estar involucrado en la traición sólo porque había contribuido a la educación de Philip. milady —dijo el caballero con paciencia—. —Mi hija Beatrice enseñó a Philip a jugar hace mucho tiempo —explicó—. le dolería tremendamente imaginarse siquiera que el hombre fuera un traidor. Pero a la vez. Lady Beatrice se había llevado consigo su inocencia al tiempo que le ofrecía la suya. Anne no lograba conciliar el sueño.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO La joven le dedicó una bonita sonrisa y se encogió de hombros. —Podrían ser los traidores. era imposible que fuera inocente a su edad.138 - . que entrara. —Philip se acercó a Anne por detrás. Nunca sabría si el niño era verdaderamente hijo suyo. sir Robert. lady Rosamond? —preguntó el caballero con recelo. Pidió a Joseph. Tal vez esté enseñando ahora a su hijo. Pero saben que alguien los oyó maquinar. —Entonces. se dijo Anne. Y a ella le costó una enormidad no sonrojarse de anhelo. por lo que no me parece muy probable que los . observando la escena con nostalgia. El año anterior. sin ir más lejos. Los dos caballeros se sentaron uno frente al otro con el tablero en medio y lord Kelshall se acercó. pero había aprendido a aceptarlo. —Ninguno en particular. Lo haría ella misma. ¿no crees? Anne observó a Philip. —¿Qué creéis que podemos hacer al respecto. tan campechano como siempre. con ello lo había hecho traicionar al hombre al que había querido como si fuera su padre. —¿Estabas vigilando el salón por algún motivo? Joseph apartó la vista. ¿Y si lord Kelshall había sido amigo fiel del rey Ricardo? ¿No se sentiría impulsado a vengarse? No podía pedirle a Philip que lo investigara. con Hungerford y Ludlow.

—Milady. y no te negaría algo que quisieras. Pese a su aparente impasibilidad. siempre puedo decir que estaba buscándolos. —¿Se lo has pedido como favor? —quiso saber ella. Quiere espiar a Kelshall para demostrar que no es. —Joseph se ha ido dejándome a solas contigo. carraspeó y dijo en voz baja: —A lo mejor tú eres capaz de hacerla entrar en razón. —Si me descubren. A los hombres les encanta eso. cruzándose de brazos. Anne pasó junto a él y abrió la puerta. —Walter cree que deberíamos pasar algún tiempo juntos. no puedo permitir que lo hagáis. Habría visto la atracción que hay entre nosotros aunque no perteneciera a la Liga. —Es demasiado arriesgado —contestó él. pero las posibilidades de que no. Philip? Él se acercó a la chimenea. Tal vez desde fuera podamos oír lo que traman. —Y tú no pareces sorprendido. Creyó ver que el hermoso rostro de Joseph se iluminaba con una sonrisa. —¿Qué pasa con Kelshall? —preguntó Philip. ¿qué estaba celoso? Empujó con fuerza contra el brazo de Joseph y sintió cómo le crujían las costillas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO tres decidieran correr el riesgo de reunirse. ¿Qué está pasando aquí.. Le puso la mano en el hombro para hacerle dar la vuelta y verle la cara.. y siguió a Joseph con mirada suspicaz cuando éste salió y cerró la puerta tras de sí. —Quiero ir a la alcoba privada de Kelshall. —¿Cómo sabemos que Hungerford y Ludlow no son algunos de los hombres que nos han estado siguiendo? —No podemos saberlo. —Anne. El hombre de la Liga la dejó en el suelo. cubriéndole la mano con la suya. Está en deuda contigo.. Philip. Anne lo conocía lo bastante como para percibir que se había puesto tenso y. Ella ignoró su pregunta. . —Y creen que te quiero a ti..139 - . Te lo prometo. notando cómo bullía de ira. El caballero le rodeó la cintura con un brazo y la levantó del suelo para detenerla. ¿Habría puesto Philip su posición con la Liga en peligro? Él negó con la cabeza. Anne permanecía de pie. Walter es un hombre inteligente. —Kelshall. Philip entró en ese momento y se detuvo en seco.. con los brazos en jarras.. —No nos pasará nada. La joven se apartó... apoyó la cabeza en la repisa y su mirada se perdió en las llamas. Él comprendió bien a lo que se refería su compañero cuando éste dejó la frase en el aire. pero se mantuvo fiel a sus órdenes.

No podía permitirse pensar así.140 - . Philip. como una piel demasiado tensa.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Philip se encogió de hombros y ella se apartó de él. pero a Anne le preocupaba la opinión que la Liga pudiera forjarse de ella. moviéndose con toda precaución. —Será mejor que te vayas. Tenía que descubrir la verdad. humillación. Si dejaba que la tocara. Aunque sospechar de su propio señor sabía que tenía que haberle resultado difícil. Anne sentía como si tuviera que estirar su interpretación más y más. acercándose cada vez más a Londres. empezaba a empaparse. sin pronunciar apenas una palabra. Tal vez fuese la responsable de haber levantado las sospechas de los hombres de la Liga respecto a su atracción por Philip. y sintió un gran alivio por él. ¿Cómo conseguían . —Ya me he ocupado yo de ello —contestó Philip con voz suave—. Estaba harta de la ternura que se apoderaba de ella cada vez que lo miraba. temblando a causa de sus sentimientos encontrados: ira. Tengo que demostrarles que estoy dedicada a su causa. Pero su vida personal no debería importarles. —Ya saben que eres una mujer dedicada. La capa con que la joven se cubría. no a perseguir un romance.. Por todos los santos. era como si le hubieran dado su permiso para que lo hiciera. La niebla y la lluvia no les dieron tregua. Hasta los caballos agachaban la cabeza con desánimo.. Joseph miró hacia atrás y clavó la vista en algo. A juzgar por la serena expresión de su rostro.. ¿Pensarían que necesitaba más un hombre que la reconfortara que trabajar para ellos? ¿O acaso estaba contando demasiado con que la aguardaba un futuro en esa sociedad? Una sensación lóbrega y sombría le oprimió el pecho. Siguió el curso de la mirada del hombre.. Margaret iba hecha un ovillo en su silla. con el cejo fruncido. Anne adivinó que no había encontrado nada sospechoso. Puedo moverme sigilosamente hasta su alcoba y. El tiempo no ayudaba. al final del viaje. La tensión de un posible ataque era agotadora. —Soy yo quien más puede acercarse a lord Kelshall.. Anne no tenía fuerzas ni para asustarse. No podía controlarse cuando lo tenía cerca. como si el peligro acechara en todo momento. —Esto no está bien. Por delante de ella. culpa. Se apartó. y conseguiría su objetivo. El gesto comprensivo de Philip no hizo sino acrecentar su furia. Ya había demostrado que era una mujer fuerte. pero no vio nada extraño. mojándole el cabello. —Anne. Prosiguieron su camino en dirección sur. y el agua traspasaba la tela. sucumbiría otra vez. Si se le antojaba convertirse en su amante. Tal vez Walter hubiera dado su permiso. Gimió de frustración. sólo a los otros tres caballeros..

Anne siguió al caballo del capitán en dirección a una cuneta invadida por la maleza y obligaron a sus monturas a atravesarla. la extraña sensación de que los hombres de la Liga conversaban entre sí sin palabras. Joseph salió a medio galope por donde habían venido y desapareció entre los jirones de niebla. un grupo viaja detrás de nosotros. No tardaron en oír el tintineo de los estribos de las monturas del grupo perseguidor. Ella miró hacia atrás y lo vio acercarse a Walter. desmontaron y aguardaron. decirle algo y que éste asentía con la cabeza. pero Arme supo que había llegado porque de pronto oyó hablar a los hombres en voz queda. nos apartaremos a un lado del camino y dejaremos que pasen. —Milady. pese a las órdenes que le enviaba a su cerebro de mantener la calma. a menos de media legua —dijo Walter finalmente—. como si no quisieran que nadie se enterara. como nosotros. —Pese a las dimensiones de su comitiva. por una vez. Por un momento. y la atravesaron. se ven obligados a no alejarse mucho para no perdernos. A su lado. Entonces. Las voces se oían ya con más nitidez. . puesto que no llevan caballos de carga. espabilándose de repente. Seguro que también se había enfrentado muchas veces a lo desconocido. Sir Joseph dice que son seis hombres a caballo. también pareció comprender. una vez más. y que deberían ir más deprisa. —Tal vez estén tan ansiosos por llegar a Stamford como nosotros —contestó ella. El sonido de las voces iba y venía. Walter? —preguntó. distorsionado por la niebla y el recodo que formaba el camino. que separaba la zona de pastos del camino. y Anne le rodeó los hombros con un brazo. Philip estaba de pie a su lado. Tardó varios minutos en regresar. viajan sin hacer ruido y aún están lejos. con este tiempo. Se irguió en la silla y tiró un poco de las riendas. Bien podrían ser los que nos están espirando. Se sentía el estómago revuelto. se enfrentaría a esa clase de peligros a diario. Tuvieron suerte de encontrar una portezuela en la verja de madera a unos cincuenta metros de distancia. Pero se irguió en la silla. Como miembro de la Liga. —¿Qué pasa. Margaret siguió avanzando mientras los caballeros se ponían a la altura de Anne. y. el hombre guardó silencio y ella tuvo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO aguantar la concentración tanto tiempo? Joseph tiró de las riendas y dejó que Anne lo adelantara. Margaret temblaba visiblemente. Philip los observaba y. A Joseph le ha parecido vislumbrarlos a través de un claro en la niebla. Como la niebla es todavía espesa. Fuera de la senda. hasta el punto de que hasta les era posible captar alguna frase.141 - . Anne sujetaba las riendas de su caballo mientras le acariciaba el morro. intentando calmarlo. —No está aquí. Un seto alto. les bloqueaba el paso. tan concentrado y hierático como los demás.

Cómo deseaba poder ser de alguna ayuda. Incluso el roce del cuero parecía demasiado ruidoso. ¿Tan absurdamente seguros de sí mismos estaban? —Fuiste muy valiente al aceptar este trabajo —le susurró Anne. no parecía una batalla. pero no acertaban a escuchar lo que decían. porque podrían tendernos una emboscada. —Sir Robert. se oyó el entrechocar de las espadas.. —Milady. no podemos dejar que nos adelanten. A continuación. Margaret agarró la mano de Anne con desesperación. No le habían dicho qué debía hacer en caso de que no regresaran. lo habría hecho en algún momento de ayer. al igual que los Hombres del Acero. —Lady Ros.. No temáis. milady. —¿Así que vais a atacar sin saber. —¿Cómo sabemos que dice la verdad? —Si quisiera haceros daño. Sin embargo. Dice que quiere pasar otra velada más en vuestra compañía. sir Robert Ludlow. Los cuatro se fueron por donde habían llegado.142 - . todos sus caballeros al unísono cogieron los yelmos de las sillas de montar. la portezuela de la verja se abrió y se asomó la cabeza. ¿Ocultaría un terrible secreto detrás de aquella apostura rubia? El hombre parecía abochornado. Cuando ella apareció en la carretera. Ante sus atónitos ojos.? —Así sabremos con seguridad si nuestra misión está en peligro. No sabía qué pensar de él.. . Alguien bramó una orden y las dos mujeres dieron un brinco. Philip se le acercó para contestarle hablándole al oído.. otro grito y después silencio. —Porque no quería que Hungerford o Kelshall supieran que quería pasar más tiempo con vos... —Hemos perdido. —Santo Dios —murmuró Margaret. subió a su caballo. sir Robert le hizo una profunda reverencia. guiando su caballo. —Podéis salir —dijo con voz calmada. Con el yelmo debajo del brazo. Es preferible tenerlo aquí. donde podamos vigilarlo. —¿Qué hacéis? —preguntó en un susurro. Anne se quedó mirándolo boquiabierta. —Si es a ti a quien buscan. —Y vos también. —Vuestro pretendiente. no correremos riesgos. os ruego me perdonéis por haberos dado un susto tan tremendo. ¿por qué no me dijisteis que partiríais al mismo tiempo que nosotros? —preguntó Anne.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Anne se puso rígida. Finalmente. Podían oír voces. —¿Quién era? —preguntó Anne.

avisadme a mí por lo menos. ¿podemos proseguir para que no tengamos que hacer noche al raso con tan terrible tiempo? Sin embargo. . —No voy a comprometerme dándoos una respuesta. —La próxima vez. Sería muy fácil subestimar a aquel hombre. Y ahora. —¿Habrá una próxima vez? —preguntó él tan expectante como un cachorrillo. —El cansancio de su voz le resultó patente incluso a ella—.143 - . la unión de las dos comitivas la puso nerviosa.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO La joven reprimió un gemido de resignación.

un nuevo esposo. ¿Y de qué sirven las riquezas si no puedes disfrutar de ellas con otra persona? Sir Robert se echó a reír. tomó la opción más sabia. con tres reyes diferentes. Deseo tener compañía otra vez. Los caballeros que formaban la escolta de cada uno. —Os habéis embarcado en un largo viaje. se trata de proteger las propiedades de uno.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 16 La posada de Stamford carecía de comedor privado.144 - . lo que la convenció de que los hombres de la Liga querían emborrachar a sir Robert y a su escolta. sí. Es fácil cuando uno no es más que un caballero que ha jurado lealtad a otro noble en vez de al rey. y. nueve en total. ¿Con la intención de dejarlos fuera de juego durante la noche tal vez? ¿O quizá para sonsacarles información? Pues ella también le sacaría lo que estuviera en sus manos a su acompañante. lady Rosamond. Sir Robert le sonrió mientras sumergía la cuchara en el cuenco de caldo de pollo. Al final. Anne miraba de soslayo a Walter sin poder dar crédito a lo que veía: el caballero sonreía como un bobo. —Ah. se habían repartido en torno a varias mesas unidas. —Merecerá la pena al final —contestó ella. Ha sabido capear los diversos cambios en el trono. más que cualquier otra cosa. Aunque fue capaz de adoptar una expresión soñadora. Debisteis de disfrutar mucho en vuestro primer matrimonio. de modo de que Anne y sir Robert cenaron juntos en una mesa del salón común. lord Hungerford. Anne vaciló un momento. —He intentado ser siempre lo más reservado posible y hacer lo que se me ordenaba. —Debéis de haber utilizado muy bien vuestras habilidades en la batalla. —¿Para no tener que tomar partido? —Tomar la decisión correspondió al noble al que juré lealtad. aunque por dentro se había puesto súbitamente alerta. el difunto conde era un hombre maravilloso. le costaba trabajo imaginar la paz y la seguridad que podía proporcionar un matrimonio. Fue eso. —Yo me he pasado la mayor parte de mi vida acumulando riquezas y tierras para poder proporcionar una vida cómoda a una esposa. El vino y la cerveza corrían libremente. y todos charlaban amigablemente. —Muchos hombres no tienen la suerte de saber colocarse en el lado correcto — . escarbando en el espeso guiso. —Estos últimos años ha sido difícil. Ella siguió sonriendo. —Sí. afortunadamente.

que caminaba a trompicones hacia la escalera. —No creo que mañana tenga mucha prisa por madrugar. antes tenemos que hacer otra visita. Sir Robert miró a su capitán. que aquél estaba más interesado en ella que en la cuantía de sus propiedades? ¿Sería sir Robert el tipo de hombre que buscaría una esposa divertida y con diversos talentos. milord. divertido. porque sir Walter querrá partir temprano. apoyándose en Philip. sonriendo. Anne suspiró. —¿Tocáis algún instrumento? Ella pestañeó varias veces. y para no estar sobrio del todo. sin importarle cuáles fueran sus orígenes? Los caballeros empezaron a alborotar demasiado debido a la borrachera. —No. entonces. Daba la sensación de ser alguien que había salido indemne de las guerras. —No lo conocéis. —Nos llevaríamos bien. Pero mi favorito es el laúd.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO observó la joven. no sonaba mal. Philip elevó la voz de repente. —Tal vez no lo sea para vos. Sir Robert lo miró. ¿Qué pensaría si supiera que esa vez no le estaba resultando difícil. Anne se rió y sintió la mirada de Philip sobre ella. Elizabeth solía pedirle que amenizara con su música las veladas del castillo. pero yo diría que aquellos que participamos en el . —¿Comparáis mi búsqueda con una batalla? —preguntó ella. sonriendo a su vez. ¿Para qué iba a arriesgarse un hombre como él a derrocar a un rey? —Seguro que ya habréis oído muchas cosas sobre mí —contestó Anne. —Otro rival en la batalla. varios. En el otro extremo de la mesa. sorprendida. y el posadero les pidió a Anne y a sir Robert que los enviaran a la cama. porque a mí me encanta la música. —Sí.145 - . Ella sabía que lo preguntaba para sugerir que viajaran juntos. Él asintió con gesto pesaroso y cambió de tema. —Pero contadme más cosas sobre vos. Sir Robert la obsequió con una nueva sonrisa encantadora y un poco aniñada. Ella se levantó. entonces. y su laúd le había hecho mucha compañía durante las semanas que pasó encerrada en la torre. —Y también sé cantar. Puede que mejor que vuestro caballero. —¿Os dirigís hacia Londres? —preguntó sir Robert. La había visto coquetear con un noble detrás de otro. el tipo de persona que no daría importancia a quién estuviera en el trono. —Yo también debería acostarme. El hombre puso cara larga y acto seguido se mostró caballerosamente resignado. entonando una canción.

Aunque quería estar enfadada con él. Se estaba preparando para acostarse cuando oyó que llamaban con los nudillos en los postigos. —No pareces borracho —dijo lentamente. —Anne se dio la vuelta. Todo esto sólo tiene lugar en .146 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO concurso lo sentimos así. y la cama. Y ahora deberías irte. —Y yo te conozco a ti. Philip? —preguntó ella en un susurro. Su primer impulso fue negarlo todo. A ti. —¿Y tus intenciones eran comprobar si esos caballeros ocultaban algo? —Parecen inofensivos. no te han pasado desapercibidas mis intenciones. Él se irguió una vez dentro de la habitación y echó un vistazo a su alrededor. —Sonrió—. —¿Tan malo es desear poder elegir mi propio destino? —susurró. pero no había más que un taburete para sentarse. sin embargo. Sólo que esta victoria es mucho más importante. La sonrisa de él se esfumó. —No he venido a eso. Como los golpecitos se repetían demasiado rítmicamente. —No temas. pero me preocupa que cuanto más tiempo pases haciéndote pasar por la atrevida lady Rosamond. Ella lo miró arqueando una ceja. ¿Puedo entrar? Anne abrió los postigos y retrocedió para dejarle espacio. dentro de aquella estancia tan pequeña. pensando que sería algún pajarillo. terminó por acercarse a la ventana e inclinó la cabeza para escuchar. Se puso la bata. no podía evitar desearlo con locura. —¿Qué haces ahí fuera. Tratabas de obtener información de sir Robert. pero yo no tengo por qué seguirte el juego. pero estaba hablando con Philip. suavemente. —Se me da de perlas ocultar mis intenciones. Él se le arrodilló delante con expresión preocupada. —Intentar no matarme. —Sólo es malo cuando te enfrentas a un rechazo. así que optó por el taburete—. —No sé a qué te refieres. Philip la observó detenidamente y por fin dijo con voz suave. tu reputación como hábil espía está a salvo conmigo. sí. condesa. —Sé que estás ahí —dijo una voz desde fuera. —Sé que tienes razón —contestó con voz queda—.. Parecía mucho más grande. Sabía que era mejor no sentarse allí. o el viento. más llegues a creer que convertirte en miembro de la Liga es algo que depende de ti. Anne notó que se sonrojaba. Ella cerró los ojos y apoyó la cabeza en ambas manos. intentando no pensar en abrasadores encuentros pasados. que empezaba a conocerla demasiado bien. Era el primer noble que había conocido bajo la apariencia de lady Rosamond cuya sinceridad la había conmovido. Puede que te hayan dado permiso para seducirme. Es sólo que te conozco muy bien..

—No estaba fingiendo. —Pero tomaréis vuestras precauciones. No quiero que te sientas decepcionada. sintiendo cómo se esfumaba toda su confianza. Sus palabras habían tocado alguna fibra sensible dentro de su ser. pero se sentía muy confusa. Por eso nos agarramos a ella con las dos manos y cogemos lo que queremos. Philip posó las manos en sus rodillas. Creo que ha disfrutado demasiado de la velada. Anne asintió. ¿No has visto nada sospechoso en sus caballeros? Philip se levantó. todos parecen lo que son. —Lo haré. Estaba harta. ¿Y si hacía algo desesperado y empeoraba las cosas? —Que pases una buena noche. . Ni siquiera recuerdo la última vez que ayudé a Margaret. Como les ocurría siempre. Él se encogió de hombros.. —El cortejo de sir Robert parecía sincero. Anne se apoyó contra la pared. El silencio entre los dos se estiró hasta hacerse incómodo. ¿Lo que la liga le había dado permiso para hacer. pensó Anne. Estoy decidida a conseguirlo. —O sea. Ambos se miraron. —Debería irme —dijo Philip por fin. Él se subió al alféizar. pero.147 - . Las débiles sonrisas desaparecieron a medida que aumentaba el grado de deseo. —Deseo tanto ser miembro de la Liga. —No lo parecen. —Ojalá pudiera decirte algo para darte ánimos. Una vez a solas.. —Sólo haces lo que se supone que tienes que hacer. La he mirado atenderme como si estuviera en mi derecho. o lo que podemos. y Margaret lo sabe. Y no te caigas. Philip —murmuró—. Ella no quería que se fuera. —Me ha hecho mucha gracia la interpretación de Walter de esta noche. He tenido que subirlo prácticamente a rastras. convertirse en su amante? Inspiró entrecortadamente y apartó la vista.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO mi cabeza. —En la vida siempre es posible sufrir decepciones. y también estaban haciéndole preguntarse si el motivo por el que Philip parecía conocer tan bien sus sentimientos no sería que también él estaba buscando un lugar en el mundo. Ya no me siento como una sirvienta. —Sí. Alguien llamó suavemente y le dieron ganas de gritar. Él sonrió. —Cierra los postigos cuando salga. —No. que no son traidores. ¿Qué iba a hacer al respecto?.

Yo estaba equivocada al principio. Tiene oportunidades de conseguir a alguien mejor en la corte. ese hombre al que viste en Doncaster. La doncella se quedó mirándola. pero me avergüenzo. a su lado. milady? Siempre habéis sido muy amable conmigo. —¿Y vos. milady. apoyado contra la pared. trabaja en el señorío del próximo noble de la lista. pero siento que te debo una disculpa. —Pero es que es lo que soy. No creía que pudiera decir que Philip fuera suyo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Se acercó a la puerta y. Margaret. Estaba enfadada por tener que estar aquí con vos en vez de con mi señora. Anne se sonrojó intensamente. porque cada vez me resulta más fácil tratarte como a una doncella. —Entonces las dos disculpadas. milady? ¿Tenéis a alguien? Ella abrió la boca. preguntó antes de abrir: —¿Quién es? —Margaret. . —He oído voces antes —continuó la chica con timidez—. milady. cerró la puerta. milady. Margaret. Anne hizo entrar a la chica y. Anne entonces le cogió la mano. Detrás de ella estaba David. —¿Por qué motivo. pero hizo lo que le pedía. Margaret sonrió. Ésta parecía confusa. Es a ella a quien estamos ayudando las dos ahora. La joven abrió los ojos como platos. haciendo su turno de guardia. Anne se rió. —Milady. Margaret frunció el cejo más confusa aún. —Ven aquí. milady. Ni siquiera recuerdo ya la última vez que te pregunté si necesitabas ayuda. —Él es un caballero y yo —bajó la voz—. ¿vas a poder encontrarte con él de nuevo? Margaret asintió tímidamente. Y dime. —Pero él os desea.148 - . invitando a la doncella a sentarse también. —Me preguntaba si querríais tomar un baño. Ese sir Philip siempre os está rondando. Abrió. estamos interpretando un papel —susurró la doncella—. Ella se sentó en el borde de la cama y dio unas palmaditas sobre el colchón. —¿De veras? Entonces tendrás que presentármelo. como un hombre desea a una mujer. tras dar las gracias a David por su servicio. tal como la habían instruido. —Y yo también —dijo Anne en voz baja—. pero al final negó con la cabeza. —Pero. —Gracias por decirlo. Anne le quitó importancia con un gesto de la mano. una doncella. —Sé que las dos hemos acabado en esta extraña situación de casualidad.

él sabrá cómo entrar sin que nadie se entere. como si compartir aquel secreto fuera una gran aventura. Anne se estaba poniendo la bata después de bañarse cuando oyó que llamaban a la puerta. La cogió de la mano y tiró de ella. Philip abrió la puerta del otro cuarto y entró llevándola consigo. a lo peor es sólo cuestión de tiempo que otro hombre insista en tomaros y no tengáis más remedio que aceptar. pero sí estaría bien ese baño que has mencionado antes.. Margaret. Igual que ha hecho otras veces. Los tres se volvieron para mirarla y ella intentó adoptar una actitud digna. No . —No. a continuación. Margaret miró de manera especulativa hacia la ventana y Anne confirmó su conjetura riéndose por lo bajo. y al ver también a David.. Realmente lo deseaba con verdadera locura. —¿Philip? —Ven conmigo a la habitación de al lado. las arrugas que se le formaron en torno a las comisuras de los labios se suavizaron y su rostro se iluminó de nuevo. Anne miró con indefensión a David. Ella se echó a reír. —Milady. con una expresión sombría en los ojos al recordar el dolor. éste se identificó.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Y vos lo deseáis a él? —continuó Margaret.. que los siguió tan impertérrito como siempre. Margaret no podía haber hablado con Philip todavía. Dile a sir Philip que venga a verme cuando termine su turno. —Pero. Dentro se encontraban ya Walter. Anne dejó escapar un suspiro de comprensión. —¿Y no os importa que lo vea entrar el caballero encargado del siguiente turno? —No. Era su hermano quien me deseaba y a ella le habría dolido mucho saber que me utilizó. —¿Es eso lo que te ocurrió a ti. —Lo siento. —Pero ahora tengo un hombre que pronto me llevará con él y me hará suya en la iglesia. ante los ojos de Dios. —Pero ¿por qué no te protegió tu señora? —No podía decírselo —contestó la chica retorciéndose las manos—. Pero cuando preguntó quién era. A Anne no se le ocurría objeción alguna.. —¿Queréis que le diga a sir Philip que venga? La doncella parecía muy animada. se cerró el cuello de la bata con incomodidad. Margaret? La doncella asintió. Ella no pudo por menos de asentir. Sin embargo. Joseph. La cosa será entonces muy diferente. y sir Robert. —Entonces debéis aprovechar la oportunidad y hacerlo vuestro. Abrió la puerta con el cejo fruncido.149 - .

Quería decir últimamente. —Como iba diciendo —continuó sir Robert como si tal cosa. por fin. —¿Philip? —dijo Walter interrogativamente. Tal vez empezara a confiar. —Todas estas mujeres asistieron al torneo de Durham. Ella se dejó caer en una de las camas. Sabemos poco más que eso. sir Philip. recibimos vuestra misiva. dirigiéndole una coqueta sonrisa—. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de por qué estaba allí. Había sido él quien había insistido en que la informaran de todo.150 - . mientras sir Robert se dirigía a la puerta. No sois los primeros que escoltan a una mujer noble e informan de curiosos acontecimientos. —Los hogares de dos mujeres nobles fueron invadidos misteriosamente por la noche. Miró a Walter inquisitiva. éste dijo: —Podéis hablar delante de ella.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO llevaba nada debajo de la bata. Porque no pertenecía a la Liga. pero no robaron nada. Sir Robert negó con la cabeza. Sir Robert asintió y su expresión se tornó grave. Anne inspiró profundamente y miró a Philip. —Sí —confirmó el hombre con voz cavernosa—. que le dirigió una débil sonrisa. Sir Robert pertenece a la Liga. igual que a los miembros de la Liga.. Yo diría que eso fue algo más que un ataque. —Ella también está involucrada —respondió él—. aún. La Liga cree que deberíais continuar con la misión. Otra dama afirma que la vigilan. Anne tragó con dificultad el nudo que se le había formado en la garganta. temerosa de decir nada en voz alta. atónita. Debería oírlo. Aquélla era una situación privilegiada y estaba nerviosa y excitada. Fue sir Robert quien miró a continuación a Walter con gesto de curiosidad. Anne los miró alternativamente y después se fijó en sir Robert. sir Walter. —Os agradezco la información —dijo Walter. —Tenéis razón. —Exceptuando a lady Staplehill —recordó Philip con sequedad—.. —¿Ella resultó herida? —preguntó Walter. Le entraron ganas de recompensarlo allí mismo. —¿Ha ocurrido alguna otra cosa? —preguntó Anne. Aunque no habían atacado a nadie antes. —No quiero interrumpir. Su esposo terminó matando a alguien que los seguía mientras viajaban. aunque logró enfriar su entusiasmo recordándose que no había sido decisión del capitán que ella estuviera presente. en sus decisiones. Aún no hemos logrado dar con algo que relacione la muerte de esa pobre mujer con el asunto que nos ocupa. y le supuso un esfuerzo contenerse para no arrastrarlo a su habitación. La joven le sonrió. que se mostraba cauteloso y también abatido. Pero no dijo nada. Lo sabe todo. . tal como os ocurre a vos. Los sentimientos de ella eran tan fuertes que no pudo seguir mirándolo.

En la oscuridad casi total.151 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Y buena suerte en vuestra búsqueda de esposa. pero en la habitación de Anne reinaba el silencio. Sin mirar a Philip. de cara a la pared. pero no cerró la puerta del todo. Una única vela ardía en su palmatoria sobre la mesilla. Pudo abrirlos y entrar sin problema. Se dio la vuelta para marcharse cuando la oyó susurrar. como si tuviera frío. a menos de dos pasos de la cama. salió de allí. Philip relevó a David en el turno de guardia y se dedicó a recorrer el pasillo de arriba abajo para mantenerse despierto. Anne apretó los dientes. Cuando Joseph fue a relevarlo. atento a los pasos de Joseph. Ya había salvado la parte más complicada. Él le dirigió una apreciativa mirada. Lo que fuera que quisiera decirle podría esperar a la mañana siguiente. tocándose el ala del sombrero. cerró sin hacer ruido y giró en un recodo antes de que su compañero pudiera verlo. Pasó el resto del turno en un estado de dolorosa excitación. que se apretaba la bata a la altura del cuello entre bostezo y bostezo. milady me pidió que os transmitiese un recado. Cuando éste se dio la vuelta y echó a andar hacia el otro lado del pasillo. Philip salió. fijándose en la escasa ropa que cubría su cuerpo. El hombre se limitó a hacer una inclinación de cabeza. por lo menos ahora tenía algo en que pensar y no se dormiría. Miró arriba y abajo del corredor y finalmente le dijo: —Sir Philip. Una puerta se abrió cuando él pasó por delante. Anne dejó que David la escoltara de vuelta a su habitación. Quiere que vayáis a verla cuando terminéis vuestro turno. —Agradezco que me hayáis dejado participar —le dijo. aunque sabía que no era a él a quien tenía que darle las gracias. Oía algún que otro ronquido. Estaba tapada hasta la coronilla. Después. —¿Se le ha olvidado decirme algo? Margaret se encogió de hombros. Se dio rápidamente la vuelta y se encontró con Margaret. si es que era cierto lo que me habéis dicho. miró a Philip y. vislumbró la curva que formaba su cadera tumbada de lado sobre la cama. Escuchó la respiración tranquila y regular de Walter y pegó la oreja a la puerta. No la despertaría. Buenas noches. ¿Tan palpable era su relación? Walter se quedó mirándola cuando se levantó. Se descolgó por la cuerda desde el tejado y encontró los postigos de la ventana de Anne sin el pestillo. Philip entró en su habitación. Bueno. Se preguntó qué se pondría para dormir y de inmediato se reprendió. —Era cierto. . —No me corresponde a mí saber esas cosas.

La perfección de su cuerpo invadía sus sueños cada noche. —Veo que te sientes valiente esta noche —susurró. Ahora vislumbraba el monte que formaban sus pechos. más abajo. que Philip no pudo contener un suave gemido. La voz de Anne sonaba grave y adormilada. Philip dio un paso adelante y se detuvo junto a la cama. Entonces Anne comenzó a estirarse. La joven alargó el otro brazo por encima de la cabeza y arqueó la espalda. giró la cabeza y la miró. Se le daba demasiado bien ocultar sus sentimientos tras una máscara. Anne se puso de espaldas sobre la cama y Philip contuvo el aliento. mucho más allá de lo que la joven hubiese imaginado. Pero se quedó inmóvil. el triángulo de vello negro en el vértice de sus muslos. atisbo la espalda color crema y la cascada de pelo negro extendido sobre la almohada. Entre otras cosas. de delicados pies y finos tobillos. Sin darse la vuelta. cerniéndose sobre ella. Pero no. Ni siquiera sabía qué había querido decir. Y mientras la miraba. muy despacio. la cabeza apoyada. Muy. Deslizó la vista contemplando las redondas caderas y la tentadora hendidura que se formaba entre ellas. incapaz de moverse hacia la ventana. Anne no contestó. tentándolo. —Anne. desafiándolo. El vientre plano y ligeramente cóncavo y. amoldar su cuerpo al suyo y subirle el camisón. No llevaba ropa alguna. con aquella aspereza que le erizaba el vello de la nuca. Ella le sonreía con los ojos entornados. muy lentamente. Pero si la obligaba a ir más lejos. —¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar? La expresión de ella delató su confusión. Philip se maldijo por lo mucho que delataba su voz ronca. largas y suaves. Se movía tan despacio y de forma tan sinuosa. su miembro se iba abultando cada vez más dentro de sus calzas. sobre un brazo. tan sólo le tendió los brazos. mientras Philip contemplaba anonadado cómo se iba separando del lecho y resbalaba por su cuerpo. que sería menos peligroso trepar por una cuerda a tres pisos de altura que quedarse allí dentro. Lo que más deseaba era meterse en aquella cama con ella. coronados por sendas areolas de color rosa oscuro. A la luz de la vela.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Philip? Se quedó de piedra. ella metió la mano debajo del cobertor y lo levantó a modo de invitación. tal vez éste se . Pero era tan inocente que quizá desconocía las consecuencias que podía tener aquello.152 - . Ella retiró el cobertor hacia la pared. aunque fue sólo un segundo. Una vocecilla le decía que ignorase la llamada y se fuera por donde había venido. Parecía que sus piernas no tuvieran fin. como si supiera exactamente cuánto poder ejercía sobre él y lo indefenso que estaba. sus pechos generosos.

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diera cuenta de que aquello había sido sólo un arrebato.
—Quiero ver más —le dijo en voz baja—. Separa las piernas.
Anne vaciló un momento. En su interior, Philip libraba una dura batalla: una
parte de él rezaba por que se terminara pronto aquella tortura, la otra, por hacerla
suya esa noche.
Finalmente, ella empezó a separar las rodillas y a Philip cada vez le costaba más
trabajo respirar. La vio colocar la mano en una de sus rodillas y, muy despacio,
levantarla y separarla de la otra.
Acababa de retarlo.

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Capítulo 17
Anne se quedó muy quieta, sin apenas respirar, abriéndose en más de un
aspecto ante un hombre en quien no sabía si podía confiar del todo. Ya se habían
encontrado en la misma situación en otra ocasión con anterioridad, y entonces había
sido ella quien lo había rechazado por su honestidad. Ahora ya no le importaba su
futuro. Philip se inclinaba sobre ella, con sus amplios hombros, su potencia física, su
expresión insondable. Pero cuando la vela iluminó temblorosamente los duros
ángulos de un lado de su rostro, no vio en él ni un atisbo de rechazo o vacilación.
Tenía los puños apretados y la miraba como si estuviera hambriento y ella fuera su
festín.
Le había pedido ver más y Anne había accedido sin pensárselo. Haría lo que
fuera para retenerlo allí, para sentirse parte de él.
Le había revelado los lugares más recónditos de su ser. Entonces extendió la
pierna y la levantó poco a poco. Creyó que Philip se iba a ahogar.
—Ya basta —susurró él.
Alargó el brazo y le tomó el pie con ambas manos, acariciándoselo suavemente
con sus palmas encallecidas. Deslizó los dedos a lo largo del tobillo y la pierna, y, al
llegar a la rodilla, se detuvo y, juguetón, empezó a trazar círculos. Anne sentía un
hormigueo ante el contacto y apenas podía dejar de retorcerse, desesperada por
moverse. Philip la hizo doblar la rodilla y bajarla, y, acto seguido, pasó el dorso de
sus dedos por la cara interna del muslo en sentido descendente, presionando un poco
para que separara las piernas un poco más. Ella notó que le faltaba el aire mientras el
hombre observaba hechizado el tesoro que se abría ante él.
Casi gimió de frustración cuando fueron pasando los segundos y Philip no la
tocaba. En vez de eso, se arrodilló junto a la cama y se inclinó sobre su cuerpo. Anne
no sabía qué se proponía. Entonces sopló sobre sus pechos y sus pezones se
contrajeron como dos pequeños botones. Ella gimoteó y empezó a jadear.
—Cierra los ojos —ordenó él.
Estuvo tentada de negarse. Le parecía que se sentiría demasiado vulnerable allí,
sin ver, en medio de la oscuridad mientras Philip sí podía verla. ¿Claro que no lo era
ya, vulnerable; desnuda mientras Philip seguía totalmente vestido, entregada a todo
lo que se le antojara hacer con ella?
Él la observó con ojos entornados, como si pensara que iba a negarse. En ese
momento, Anne cerró los ojos, y juraría que lo oyó suspirar de alivio.
Pero no era capaz de pensar; permaneció tumbada, inmóvil y temblorosa,
notando cómo la piel de todo su cuerpo cobraba vida de pura expectación. ¿Qué

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pensaba hacerle? ¿Dónde la tocaría?
Notó su cálido aliento un instante antes de que la besara en los labios. Con un
gemido, abrió la boca y dejó que Philip introdujera profundamente la lengua. Ella le
salió al encuentro con la suya, deseosa de probar su sabor. No la tocó de ninguna otra
forma, y Anne necesitaba sentirlo. Le acarició los brazos, pero él se apartó al
momento.
—Nada de tocar. Mantén los ojos cerrados.
La joven gimoteó de nuevo. Tenía demasiadas ansias.
Pasaron varios segundos en los que sólo oyó la agitada respiración de Philip, y
le resultó tan satisfactorio como si pudiera ver la pasión en sus ojos.
De pronto, notó su lengua en el ombligo y eso la hizo dar un respingo. Él se rio
quedo contra su vientre, arañándola suavemente con la barba sin afeitar. Acto
seguido, sus dedos juguetearon con el hueco que se formaba en la parte superior
interna del muslo y Anne se estremeció.
Los segundos se sucedían, incrementando su tensión. Entonces sintió la cálida
humedad de la lengua de Philip jugueteando con su pezón, y su cuerpo entero
tembló, mientras se mordía el labio para no gritar. Jamás habría imaginado que nada
pudiera ser tan placentero. No se le ocurría una sensación más intensa.
A continuación, sopló sobre su pecho humedecido y ella empezó a jadear.
—Sabes... a gloria —susurró él.
Anne sintió su aliento sobre el pecho un segundo antes de que se metiera el
pezón en la boca, utilizando la lengua y los labios para endurecerlo mientras ella se
retorcía frenéticamente. Con los dedos, le estimuló el otro pecho, hasta que sintió que
no iba a poder soportarlo más. Quería acercar la cara de Philip a la suya, pero para no
hacerlo se agarró a las sábanas con ansia desbocada.
De pronto, él la soltó y para ella fue como si le hubieran negado el sustento. Su
cuerpo lo anhelaba con locura.
—¡Philip, por favor!
Pero el hombre alargó la espera aún un poco más. Anne sentía la piel tensa y
vibrante como la de un tambor.
Entonces, notó que introducía los dedos entre su vello púbico y la joven ahogó
un gemido, con las piernas flojas y, muy abiertas. Dios, sí, aquello era lo que ansiaba,
lo que su cuerpo necesitaba; allí parecían concentrarse todas las sensaciones.
Con un dedo, Philip separó los labios de su sexo, provocando el más exquisito
placer en el centro de su ser. Ella misma notaba lo húmeda que estaba y le dio
vergüenza, pero él dejó escapar un gruñido de apreciación, como si aquella humedad
le resultara muy placentera. Sus dedos le invadieron más y más, hasta lo más
profundo, como si pensara penetrarla así en vez de utilizar su miembro. Lo hizo de
una forma juguetona y licenciosa, hasta hacerla estremecer de gusto. Pero aquello no
bastaba; no era exactamente lo que deseaba, aunque no sabía qué era lo que tenía que
pedir ni cómo hacerlo.
Entonces, Philip sacó los dedos y los deslizó ligeramente hacia arriba, para
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empezar a trazar suaves círculos en torno a un pequeño botón de carne en extremo
sensible. El cuerpo de ella reaccionó con una tensa quietud mientras se concentraba
en aquella nueva y fabulosa sensación. Él la incitó y atormentó, pellizcó y acarició. El
fuego se desató en su interior cuando los labios de Philip regresaron a sus pechos, y
ya no pudo seguir quieta ni un segundo más. Empezó a arquearse sobre la cama con
cada caricia de sus habilidosas manos.
Justo cuando ya pensaba que no podría soportarlo un segundo más, cuando
cada roce era como una punzada de doloroso placer, su cuerpo explotó por dentro,
desintegrándose en un millón de gozosos fragmentos, anegándola por completo. Se
estremeció, meciéndose al ritmo que marcaba aquella sensación, mientras Philip
continuaba acariciándola, aunque con movimientos más lentos.
Anne se derrumbó sobre el colchón, exhausta, y abrió los ojos para encontrarse
a Philip observándola, con la cabeza apoyada justo por debajo de sus pechos. Vio que
tenía la mano ahuecada sobre su centro femenino, ahora tan sensible, con gesto
posesivo.
Parpadeó varias veces y lo miró, obsequiándolo con una perezosa sonrisa de
complicidad. Él respondió de la misma manera, aunque la expresión de su rostro
parecía tensa.
—Me has hecho vibrar como si fuera un laúd —le susurró.
—Hum. —El tono de su voz lo estremeció.
—Quítate la ropa —dijo Anne.
Philip se incorporó y su sonrisa se desvaneció.
—No debería.
Ella abrió la boca para protestar, pero de pronto fue incapaz de encontrar las
palabras. ¿No quería que le diera placer? ¿La consideraba demasiado inocente? ¿O
pensaba, tal vez, que no iba a poder controlar la situación?
Pero sin darle tiempo a hablar, Anne susurró entre dientes:
—¡No te atrevas a decirme que no es lo que quiero!
—Ahora quieres que nos unamos, pero ¿no lo lamentarás mañana?
—¡Siempre te he deseado!
Philip se levantó con la lentitud de un anciano y se inclinó para acariciarle los
pechos con ambas manos, ahuecando las palmas contra las generosas redondeces. La
joven arqueó el cuerpo y suspiró complacida, ávida de más. Había elegido
entregársele y tenía intención de que él fuera consciente de ello. Se levantó muy
despacio y Philip retrocedió un paso, contemplando con fijeza su cuerpo desnudo.
No tenía el aspecto de un hombre que quisiera negarse a nada, y Anne
aprovechó la circunstancia. Le acarició el plano abdomen descendiendo hasta dar con
el cinturón. Notó cómo se le aceleraba la respiración mientras le desabrochaba la
hebilla.
—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó él con voz ronca.
—Sabes perfectamente lo que estoy haciendo.
Dejó caer el cinturón al suelo y, a continuación, deslizó las manos por sus
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—Anne. con voz más ronca esa vez. y.. Pareció que hubiera transcurrido una eternidad cuando. hasta que el rostro quedó alojado en la curva de su cuello. en seguir con los dedos la línea de la cinturilla de sus calzas. así que se concentró en tocarlo. Acto seguido.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO caderas y por debajo de su túnica. sino que siguió acariciándola y masajeándola. De pronto. Philip. no hacía esfuerzo alguno por sostenerla. Notó la tibieza de su cuerpo bajo la túnica. —Hazme el amor. No podría quitarle la ropa sin su ayuda. y la aspereza de sus dedos mezclada con tan tierno gesto la hicieron estremecer. Notó cómo le acariciaba la clavícula con los pulgares. Philip dejó escapar entre los dientes el aire que había estado conteniendo. pasando por encima de las costillas hasta alcanzar sus pechos. hundiendo los dedos en su sedosa melena. donde se sentó de manera un tanto abrupta. porque él no decía nada. Philip la sujetó de los hombros como si fuera a apartarla. Anne percibía la longitud y la dureza de su sexo y se moría por verlo.. ella dio un paso hacia adelante y se sentó a horcajadas sobre sus rodillas. los costados suaves. —Tómame. pero detuvo su avance el borde de la cama. buscando placer en largas y lentas pasadas. Resultaba tan placentero estrecharlo con sus muslos y sentir su duro miembro contra la entrepierna. porque él era bastante más alto. No sería capaz de resistirse. llevada por la desesperación. inmovilizándola. por fin. Él volvió a pronunciar su nombre. y un deje de desesperación. Anne lo oyó inspirar una profunda bocanada de aire. pero pareció que hubieran llegado a un punto muerto. Ella contuvo la respiración un momento antes de retomar el frotamiento. apretándose contra el vértice que formaban sus muslos. Pero Philip seguía sin reaccionar. Sujetándose a sus hombros. Podía oír la respiración entrecortada del hombre. Philip intentó retroceder y apartarse. Anne empezó a frotarse contra su sexo. que cesó por completo cuando ella bajó la mano y palpó su miembro erecto. se arqueó hacia atrás. Al final. Philip —susurró. le rodeó la cabeza con los brazos y lo atrajo hacia sí. Aquello fue el colmo. pero él no se lo permitió. Se deslizó entonces hacia su cuerpo hasta conseguir que sus caderas se apretaran contra las suyas. Philip temblaba tanto como ella. de firme musculatura. la boca muy cerca de donde a ella le gustaría tenerla. y esta vez él no la detuvo. levantándola. Por fin notó las grandes manos del hombre agarrarla por las nalgas para acercarla hacia sí. sintiendo el roce del rostro masculino al descender por su cuerpo. notó que él presionaba con su mejilla la curva superior de su seno. Ella gimoteó tratando de moverse.157 - . Deseaba con locura pegarse contra él. pero se contuvo. pero de momento tendría que conformarse con tocarlo. Embriagada por la oportunidad que se le presentaba. excitando sus pezones. pero al tocar su piel desnuda. Philip dejó escapar un gemido mientras deslizaba las manos por las caderas de Anne en sentido ascendente. .

Y. Se sentía inundada por una espiral ascendente de deseo. Philip succionaba con avidez. distrayéndola de su tarea. Notó el cálido aliento agitar los rizos que cubrían su sexo. porque se retiró. pero al segundo tuvo que morderse el labio para no gritar. de calor húmedo. frotándose contra él sollozando en protesta porque las calzas seguían interponiéndose entre sus cuerpos. Philip tuvo que apartar la boca de su cuerpo un momento. Con una imprecación entre dientes. y notó el vello que cubría sus muslos. Esta vez le mordisqueó los pezones mientras Anne se afanaba con la siguiente prenda. Cuando el hombre cambió la lengua por los dedos. Difícilmente la dejaría ahora. Anne se retorcía desesperadamente.. La incitó y atormentó repetidamente. La lengua de Philip exploraba. Al final. la boca abierta de Philip se encontró con su pecho y empezó a trazar círculos alrededor de sus pezones. —susurró. Se bajó las calzas y.158 - . para ello.. Philip le separó las piernas con los muslos y se arrodilló entre ellos hasta acercar la punta de su miembro a la entrada del sexo de ella. a medio vestir. Contuvo el aliento cuando Philip se volvió y la depositó de espaldas sobre la cama. se la sacó por la cabeza y. y la introducía allí. se lo acercó. de pronto. pero él se lo impidió. descendiendo por su cuerpo con los labios. se estremeció cuando pasó por encima de su ombligo y dejó de respirar cuando vio que usaba los hombros para separarle los muslos aún más. Intentó palparlo más abajo. . Al inclinarse hacia adelante. hasta que él la inmovilizó. y se deleitó trazando el perfil de los músculos de sus hombros y su espalda con las manos. esperando. un tanto insegura. Anne gimió cuando sintió el sendero que iba trazando desde sus pechos. desde su sensible botón hasta la hendidura que conducía a su interior. Anne tendió los brazos. la muchacha sintió el calor de su piel desnuda.. Ella cambió la queja por un gemido de satisfacción cuando notó su peso encima. ahogando la airada protesta femenina con su cálida boca. desplegando aquella magia que los envolvía más y más. —Philip.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO La joven se sujetó a la espalda del hombre y empezó a levantarle la túnica. uniéndolos mediante lazos invisibles. saboreaba y acariciaba mientras Anne ascendía hasta lo más alto de aquella ola de deseo. La agarró entonces por las caderas y se las elevó aún más hacia su boca. él se detuvo y se colocó sobre su cuerpo. sumiéndola de nuevo en la frustración. bochorno y excitación. aunque ella seguía tironeando de la prenda que se interponía entre sus cuerpos. Sus cuerpos eran muy distintos y sentía un placer inmenso en ello. Rodeándolo con los brazos. incapaz de quedarse quieta. sintiendo una primitiva satisfacción al oír cómo se rasgaba una costura. Cuando volvió a inclinarse sobre ella. lamiendo con suavidad a continuación para calmarla. cuando notó que trazaba un camino descendente con la lengua. él se irguió y se sacó la túnica por la cabeza. separándole las piernas con las rodillas. buscando. estaba sobre ella. La ayudó a arrancar la camisa. ella sintió la resistencia que ofrecía su cuerpo y también él la sintió. de pronto. pero sin detenerse demasiado tiempo en una acción concreta..

como si pensara que iba a rechazarlo en un momento tan crucial. Philip no necesitaba que lo conminaran. porque en cuanto encontró el camino de acceso. y Philip se inclinó besándola. Él se detuvo en seco. la joven sintió una punzada de dolor que la dejó sin aliento. Anne introdujo la lengua entre sus labios imitando lo que él estaba haciéndole. se hundió en su interior.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Sí —susurró Anne. El hombre empezó a mover las caderas y pronto el dolor cedió a una pasión que la inundó por completo. instándolo a continuar. excitada ante la idea de por fin hacerlo suyo.159 - . Para su sorpresa. Pero ella lo acercó. esperando. .

Anne cogió la palmatoria y acercó la vela. igual que había hecho él antes con ella. que lo sacudió con violencia dejándolo tembloroso y débil. le caía por los hombros. El corazón de la chica latía a un ritmo vertiginoso contra el suyo. Ninguno de los dos dijo nada durante unos interminables minutos. sólo en el allí y entonces. Philip permaneció inmóvil. Llevaba tanto tiempo deseando estar ahí. Su largo cabello. dejando escapar el aire entre los dientes. — Intentó cogerle la mano libre. bien dentro. Notaba cómo iba aumentando el placer dentro de ella. ondulándose evocadoramente por debajo de un pecho. Él continuó arremetiendo. y él ansiaba cubrirla con la suya como si fuera un dulce que le había sido negado durante mucho tiempo. mientras recuperaban la respiración y el sudor de su piel se secaba con el aire. a cada embestida un poco más cerca del paraíso que los dos ansiaban. caldeada por la temperatura de sus cuerpos febriles.160 - . —Quiero recordarlo todo —continuó ella. Philip se apoyó en un codo y contempló largo rato su voluptuosa belleza. que alzaba las caderas a su encuentro y se le aferraba con desesperación. La llama de la vela osciló suavemente. encerrados en una habitación a oscuras. y se abandonó al placer. —La luz iluminó la pierna de Philip y Anne frunció el cejo—.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 18 Entrar en la calidez del cuerpo de Anne fue como llegar a casa. Ahogó un gemido contra la almohada. junto a la cabeza de Anne. ¿Es ésa la quemadura que te hiciste con la punta de la . —No tengo que irme aún —respondió él—. disfrutando de la admiración que le provocaba. No pensaba en el pasado ni en el futuro. —Parece que soy yo la que vela por ti. Su boca sabía a Anne y a pasión. La joven levantó aún más la palmatoria. con sus manos jugueteando con sus pezones.. —Eres tan hermoso. contemplándolo con cálida apreciación en sus ojos oscuros. mientras le acariciaba la espalda. como si fuera incapaz de hartarse de su sabor. Se dobló para besarla. —murmuró. negro como el resto de la habitación. Philip se elevaba y caía una y otra vez. hasta que notó que se estremecía entre sus brazos y sintió cómo se contraían sus músculos internos en torno a él. Después se derrumbó a su lado en la cama y la abrazó.. alojado entre aquellos muslos que lo estrechaban con avidez. trazando sombras sobre su piel marfileña. deslizando los dedos a través de la larga cortina de cabello. Mi obligación es velar por ti.

me recuerda que hay que evitar movimientos torpes. Ella dejó escapar un suspiro mientras sus piernas se entrelazaban. Philip le separó los muslos y se metió entre ellos. aumentando la confusión de Philip—. —Quiero darte las gracias por enseñarme —le dijo con expresión seria. Anne se rió por lo bajo. pero torpe desde luego no lo eres —susurró ella. ¿Y no era eso lo que quería? ¿Acaso no deseaba seguir solo y sin compromiso hasta ver qué le deparaba el futuro? . Tal como estaban. Se estiró para cogerla y la colocó sobre él.. ¿Enseñarla? Anne no creería en serio que lo que acababan de compartir había sido algo tan simple y frío como una lección. Anne se tumbó de costado a su lado y se apoyó sobre un codo. pero la sola idea de que otro hombre la tocara lo ponía furioso. —Como bien habrás podido comprobar. revelándole de buena gana los secretos sobre cómo controlarlo. observando satisfecho cómo se encogía en respuesta al estímulo. Él resiguió el contorno del pezón con un dedo. Contuvo la respiración al notar el excitado miembro masculino empujando entre los dos. —Y tú tienes la experiencia suficiente para afirmarlo. —Lo único que he visto ha sido anhelo y pasión por tu parte.. y después se abandonó al placer de contemplar cómo se mecía sobre su cuerpo. claro. —¿Tenemos tiempo? —Si te das prisa. amante de Anne. Su amante temporal. sí. y. —Sí. Había sido escudero de lord Kelshall. entrando sin dificultad en el interior húmedo y cálido de la joven. Ahora comprendo por qué lady Rosamond quiere casarse de nuevo. Anne no era suya. caballero de refuerzo de la Liga. Y de pronto comprendió el significado de aquellas palabras. mano derecha de John. —Sí. milady. la redondez de sus pechos aplastada contra el torso de Philip la hizo temblar de renovado deseo. —Tú serás muchas cosas. —Quería que tú fueras el primero —continuó ella.161 - . Cuando ambos quedaron saciados. —¿Así? —preguntó ella sin aliento. devolviendo la vela a la mesilla. ahora.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO espada? Philip levantó la rodilla para que la joven pudiera verle bien la pierna. experiencia no tengo. ¿Por qué habría de querer prescindir de algo así? ¿Su primer qué? ¿Amante? En todo momento había sabido que era sólo eso. así. Sin embargo. Philip la enseñó a montarlo.

sin lamentar lo que habían compartido. pasaron por delante del posadero. —Buenas noches. Anne lo contemplaba con soñolienta satisfacción. Sus hombros se rozaban. Si por lo menos llevara puesto el velo. era alto y ancho de hombros. Anne había permanecido encerrada en la torre de Alderley más de una semana por su culpa. Portaba un sombrero muy llamativo bajo el brazo que a la chica le sonaba de algo. de pelo castaño oscuro. Era el vizconde Bannaster. Ya vestido. —Gracias —le susurró de nuevo. Sabía que se sonrojaría o que tartamudearía. ¿por qué resultaba tan decepcionante comprender que a la joven le importaba la Liga más que él? Se puso de rodillas y bajó de la cama. A la mañana siguiente. y se obligó a sentir alivio por que Anne no quisiera de él nada permanente. el hombre que había intentado casarse a la fuerza con Elizabeth. además. Cuando él la miró. y despertaría con ello las sospechas de los hombres de la Liga. Anne pidió a Walter y a Philip que entraran en su . con los ojos medio cerrados y una sonrisa soñadora en los labios. ¿Qué era lo que había entre ellos? ¿Cómo terminaría? ¿O acaso ya había terminado? ¿A él le habría bastado una noche para saciar su curiosidad? Cuando terminaron de desayunar. esperando que Bannaster no se hubiera fijado en ella. se quedó tan aturdida que no fue capaz de desviar la vista lo bastante rápido. le lanzó un último vistazo y la encontró maravillosamente desnuda. Sólo podía verlo de espaldas. y era tan consciente de su presencia que creía que empezaría a temblar. Ella se apoyó en ambos codos cuando él se subió al alféizar. Sin mirar atrás. cuando los otros caballeros y Margaret se separaron para terminar de hacer el equipaje. La vio abrir desmesuradamente los ojos al descubrir su erección. Pero entonces. Subieron al primer piso y. Había dormido a pierna suelta. Pero ahora. pero él le dio la espalda y empezó a recoger su ropa.162 - . acabó sentándose a su lado en el mismo banco. con ella había puesto fin a la frustración sexual de los últimos quince días. había dejado que una mujer inocente lo sedujera para su propio deleite. Uno de ellos en particular llamó la atención de Anne. cariño.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Mientras. Pero debido a un error. teniendo que guardarlo en secreto. Tumbada de espaldas. que estaba hablando con un grupo de hombres en el vestíbulo principal. con el brazo doblado debajo de la cabeza. No podía enfadarse por lo sucedido. Empujó a Philip para que se apresurara. Philip se inclinó y la besó en la frente. Y. aunque no sabía por qué. se lamentó. Anne no podía mirarlo a los ojos cuando bajaron a desayunar al salón común. se agarró a la cuerda y desapareció en mitad de la noche. Y Philip tenía ganas de tomarla de nuevo. se le antojaba algo monumental.

pero nos estábamos preparando para partir —contestó Walter. he reconocido a uno de los hombres que hablaban con el posadero. os conozco —dijo—. —Lo he visto sólo de espaldas. No podría olvidar aquella voz. pero ¿qué hace aquí? —¿Te ha visto? —Creo que sí. —Sé que estamos cerca de su casa. llamaron a la puerta. podéis decirle que la he visto abajo y que estoy preocupado. milord. señor. así que Philip y Anne sólo pudieron ocultarse detrás de la puerta. Me he enterado de que se encontraba por aquí y he venido a visitarla. Anne abandonó la protección que le brindaba Philip. ¿Quién era? —El vizconde Bannaster. —Lord Bannaster es el primo del rey —añadió ella. Conociendo a Bannaster y lo mucho que desea casarse con una mujer rica. pero se hizo atrás. pero . Walter enarcó una ceja. Bannaster había llevado a cabo todo tipo de artimañas para conseguir el condado que obtendría casándose con Elizabeth. —El viaje de lady Rosamond ha sido objeto de todo tipo de habladurías. De hecho. —Dejad pasar a su señoría. La habitación era pequeña. Era Bannaster. —Así es. —Walter —dijo en voz baja—. Se quedaron el uno junto al otro. Sus ojos brillaron al reconocer a Philip. De pronto. Philip entrecerró los ojos y Walter dijo: —Es el hombre que quitasteis de la lista. el posadero me ha indicado que ésta es la habitación de lady Rosamond Wolsingham. Ella asintió. inventaré alguna excusa —dijo Walter—. pero me parece que no me ha reconocido. y él giró un poco el cuerpo para protegerla.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO habitación. Anne reprimió una mueca de fastidio. sir Walter. mirándola indeciso. sin duda. —¿Puedo ayudaros en algo. Philip? Éste negó con la cabeza.163 - . y los tres se miraron. —Tengo que hablar con ella. —A vos. El vizconde entró en la habitación y miró a su alrededor. es posible que haya decidido salir en tu busca —aventuró Philip. Walter abrió. ¿No erais la mano derecha de lord Russell? —Ahora es lord Alderley —contestó él. No podían permitir que hablara de aquel asunto en mitad del pasillo. donde todo el mundo podía oírlo. milord? —Señor. El capitán se quedó entre la puerta y ella. Ella quería apoyar las manos en su espalda y enterrar allí el rostro. —Si es él. ¿Y tú. Escondeos.

no había motivo para que el hombre quisiera que lo destronaran. observándola. por el bien del monarca. . Y ahora estáis participando en una nueva mascarada. —¿Te contrató para que te hicieras pasar por ella? ¿Por qué? ¿Y qué tiene que ver eso con mi primo? Anne deseó poder pedirle a Walter que explicara la situación. —Una decisión inteligente. desconoce sus nombres. y a conocer a la valerosa lady Rosamond. entonces ésa es la razón por la que Enrique ha mandado llamar a todos sus nobles al palacio —reflexionó el vizconde en voz alta. —Lord Bannaster. pero la Liga prefería mantener su ayuda en el anonimato. el caballero hablaría. Al ser éste primo suyo. cruzado de brazos. —Destinó a Anne una mirada valorativa—.164 - . no era más que una doncella. y miró con expresión tensa a Walter y seguidamente a Philip. soy Anne Kendall. no lo había olvidado. El vizconde respetaba al rey. Por supuesto que no la conocía. debe acudir a la corte e identificarlos en persona. —Sí. y. El hombre le dirigió una sonrisa torcida. No le quedaba más remedio que convencerlo de que necesitaban que guardara el secreto. —Lady Rosamond oyó cómo tres nobles planeaban traicionar al rey. pues entonces podría perderlo todo. Juntó las manos para ocultar los temblores y dio un paso hacia él. —Es cierto. Él asintió mientras se golpeaba el muslo con los guantes. Estaba harta de disculparse por lo que era. estando como estaban a su merced. Por el momento. —¿Fingiendo buscar esposo? —Lady Rosamond había hecho pública su intención de volver a casarse antes de verse metida en esta peligrosa situación. Yo también iré a Londres a ver lo que tiene que decir mi primo. milord. Éste asintió. Gracias por la información. Aunque no recuerdo vuestro nombre. la joven trató de halagarlo—: Vos estabais en su lista. como si ser ella misma no fuera suficiente. la última vez que nos vimos os hacíais pasar por lady Elizabeth. Él arqueó una ceja. Anne así se lo confirmó. Aunque ella vio a esos hombres. La sonrisa de Bannaster se desvaneció. Lady Rosamond vivió con mi señora un tiempo y me contrató para que la ayudara en una importante misión en nombre del rey. —Ah. parecía darse por satisfecho con mantenerse allí.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO no era momento de recordárselo. pero decidimos no pasar por vuestro castillo porque conocíais mi identidad. —Entonces. Si lo consideraba necesario. y a continuación dijo: —Mi misión es desviar la atención de lady Rosamond mientras ella viaja a Londres en secreto. Vos no podéis ser lady Rosamond.

—Estoy segura de que Margaret ya se habrá ocupado de casi todo —contestó ella—. —Tiene dinero. —Os lo agradecemos. —Recuerda. —¿Crees que he cometido un error contándoselo? —preguntó ella.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Anne lo miró. El capitán asintió y se encaminó hacia la puerta. —No deliberadamente. Sorprendida ante la confianza que demostraba. sorprendida. —Y es primo del rey —añadió Walter—. —Philip. —Que paséis un buen día. pero si Walter cree que nos importa más lo nuestro que la misión. —¿Nos creéis así.. Anne lo siguió con la mirada cuando salió de la habitación. Milord? —¿Por qué no iba a hacerlo? Siempre me parecisteis una mujer muy inteligente. —Por lo que he visto. Cuando el rey Enrique accedió al trono. ¿Qué motivo tendría para arriesgarse a perder su único acceso al poder? —¿Dinero? ¿El condado? —sugirió Philip con sequedad. —¿Crees que yo haría algo que pudiera perjudicarte? —le preguntó el hombre impertérrito. no puedo dejar que esta aventura nuestra influya en la opinión que Walter pueda hacerse de mi trabajo. Cuando el vizconde se fue. —Nos veremos en el corredor cuando terminéis de recoger vuestras cosas. Tal vez era cierto. Anne miró a éste con el cejo fruncido. Anne se encogió de hombros. Tardaré sólo un momento. no teníais demasiadas opciones. Su futuro estaba en manos de aquel . cree que entre nosotros hay «atracción». El monarca se mostraba afectuoso con él. Walter no insistió en que Philip saliera.. lady Rosamond. ¿diréis que nos habéis visto? Bannaster frunció el cejo y contestó en voz baja: —Comprendo que os cueste confiar en mí. —Los vimos a los dos juntos en Alderley —comentó Philip—. Le resultaba curioso el cambio producido en él. —No pudo terminar la frase. El capitán suspiró. pero el rey es mi primo y yo jamás pondría su vida en peligro. Él suspiró.. Si estuvierais mintiendo. Parecía más... sería muy fácil comprobarlo. se obligó a relajarse. milord —dijo ella. sin más. milady. lady Rosamond..165 - . Walter miró alternativamente a Anne y Philip. —¿Y qué mayor poder hay que ser pariente del rey? —reflexionó Walter. afirmaba que su deseo de casarse con Elizabeth era contribuir a la estabilidad del condado de Gloucester. razonable. Ella percibía la tensión y la incertidumbre de Philip. pero lo único que dijo fue: —Milord.

pero Anne sabía que le había causado dolor. Anne.... —Dime qué es lo que quieres de mí. Espero que anoche no cometiéramos un error. La aterraba comprobar lo fácilmente que olvidaba sus planes de futuro cuando tenía que enfrentarse al malestar de aquel hombre. —Todo esto es nuevo para mí —respondió ella con un gesto de desamparo—. se rompe de dolor al pensar en no volver a tocarte. Me digo a mí misma que no deberíamos volver a estar juntos. Deseó rodearle el cuello con los brazos y borrar a besos el daño que le había hecho. y ver qué pasa? Philip asintió. Aunque sabía que estaba todo guardado. —No creo que sea así. Tenía miedo de estar enamorándose de él. Philip carraspeó. de poder hacerse daño a sí misma. aunque pudo ver su expresión. Cree que tenía motivos para actuar como lo hizo. . pero una parte de mí.166 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO caballero. trasteó con la hebilla que las cerraba para poder evitar la mirada de Philip —. ¿No podemos esperar.. Vio que él se ponía rígido. —Anne se dirigió a las alforjas que había sobre la cama. —No olvides que Walter se siente incómodo por haber guardado en secreto lo del asesinato de la amiga de lady Rosamond. Le estaba haciendo daño y no quería hacérselo.

Llevaba puesto el velo para proteger su verdadera identidad.. Jamás se le habría pasado por la cabeza lo mucho que le dolería. Margaret cabalgaba al frente de la comitiva. pese a todo. cada una de dos plantas. Anne tenía nuevos motivos para tener miedo. en lo único que podía pensar era en aquella cama. Pero ¿no era eso lo que también había estado haciendo él en aquel viaje. Pero Anne no podía entretenerse pensando en eso. Grandes comitivas de viajeros convergían en la ciudad. el retiro campestre del lord cuando éste quería huir de las presiones de la gran ciudad. algún día? Se habían vuelto las tornas. en medio de las dos alas. El estómago le dio un vuelco y tuvo que afrontar el hecho de que él cada vez se estaba involucrando más y más en su vida.167 - . Pensó por primera vez en lo que sería no verla cada día. hogar del penúltimo noble de la lista de lady Rosamond. y revivir la dicha de estar en sus brazos. con Anne. y ahora Anne le pagaba con la misma moneda. dirigiéndose a un futuro que no lo incluía. y ambas pasaron una hora de pesadilla. hasta que el padre de Elizabeth las encontró. muchas de ellas pertenecientes a los nobles que acudían llamados por el rey. y en cómo la había poseído sobre ella. La carretera del norte serpenteaba entre ondulantes campos de cereales que engordaban el ganado de Londres y de los que salía la harina para preparar el pan que alimentaba a la ciudad. La litera en la que Elizabeth y ella viajaban se separó del resto de la comitiva de lord Alderley en las ajetreadas calles de Londres. entre ellos. Se dio cuenta de que iba a echar en falta la . o de la peste. por mucho que intentara quedarse al margen. los traidores a los que lady Rosamond se proponía desenmascarar. pensando en la esposa noble con quien se iba a casar.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 19 Philip se quedó mirándola. Esa tarde. Habían compartido una noche de felicidad absoluta y ella ya lo estaba apartando de su lado.. Al principio de conocerse. En su segunda visita. Y aún le quedaban dos nobles a los que impresionar antes de llegar a la capital. Habían pasado muchos años desde la última vez que Anne estuviera allí y la transitada carretera le estaba recordando aquella espantosa última visita. había sido Philip quien la había rechazado. en dirección a Bramtield Hall. Y. Estaban a menos de cuarenta kilómetros de Londres. Bramfield Hall era una inmensa mansión. Estaba construida en forma de U y la entrada estaba justo en el centro de un precioso patio.

poniéndose en pie de inmediato. Anne se sentó delante de la mesa y se miró en un espejito de mano. Anne subió a sus aposentos a refrescarse un poco antes de la cena. creo —contestó ella. la doncella tendió sobre la cama el vestido que «lady Rosamond» se pondría aquella noche. Pero el hombre no estaba solo. llamaron a la puerta. —No. —¿Nos ha estado siguiendo? —preguntó Walter con brusquedad. y le quitó las arrugas con una plancha de hierro caliente.168 - . Anne cerró los ojos. milady. Walter la escoltó hasta el ala este. Margaret. Anne la observaba. sonriendo de oreja a oreja. Desconcertada. La chica asintió alegremente. y lleva varias semanas cortejándola. en la mansión de uno de los hombres de la lista de lady Rosamond? —preguntó Philip. Es un sirviente de lord Bramfield. La doncella resplandecía de felicidad y Anne reconoció el momento justo en que divisó a su pretendiente entre la multitud. Primero me ocuparé de vos. Anne replicó: —Sí. La doncella se había dejado un mechón suelto al recogerle el pelo. Philip miró a su circunspecto capitán. En el interior. sólo una mujer enamorada. volvía a casa.. La chica le apretó la mano cariñosamente. Pero esta vez no podía dejar de observar a Margaret.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO protección de las altas murallas de un castillo. Seguro que parezco una tonta. bastante íntimamente al parecer. Te envidio por ello. y justo cuando se disponía a colocárselo. —Pero lo veré después. tratando de no sonreír. mientras los demás caballeros se mezclaban con los sirvientes de la mansión. —¿Y casualmente vive aquí. Cuando las dos se quedaron a solas. Es el hombre que fue a verla cuando estábamos en Doncaster. ¿Cómo he podido ser tan tonta? . eres libre para ir a reunirte con tu hombre. Walter era quien estaba de guardia. En cuanto esté vestida. milady —respondió la chica. dándose cuenta para su consternación de que en ningún momento había pedido detalles. Se puso las manos en las mejillas sonrojadas—. —Así que está aquí —murmuró. así que ella le dio permiso para entrar. la aguardaba el caluroso recibimiento que siempre recibía de los criados.. Ambos la miraron con expresión adusta. puesto que David se había adelantado para avisar de su llegada. Philip lo acompañaba. —He venido a decirle a Walter que Margaret conoce a un hombre de este señorío. Después de que Margaret se fuera. Mientras lord Bramfield estaba en las casetas de los perros con sus amados canes. —No. estoy al tanto. ¿Me lo presentarás? —Encantada. —¿Qué ocurre? —preguntó. —No se me ocurrió. —Sé lo emocionada que estás.

Philip fruncía el cejo con gesto cada vez más ominoso. Walter asintió.169 - . se limitó a recorrer la habitación arriba y abajo. Hablamos de ello. sir Walter —dijo la joven. La chica miró a los dos hombres con actitud suplicante. Ella trató de tranquilizarla con una sonrisa. Yo le pedí a lady Rosamond que pusiera a lord Bramfield en la lista. dubitativa.. —Le temblaba el labio inferior—. —¿Y fue idea tuya? —Por supuesto —contestó ella. lo que la hizo sentirse todavía más culpable.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Los dos hombres intercambiaron una sombría mirada. y le explicaré la situación a David y a Joseph. el capitán llegó con Margaret. Pasó media hora según un reloj que había en la repisa de la chimenea. que parecía aterrorizada. tú espera aquí con lady Rosamond. Ahora me toca a mí ser feliz. —Sé que tu intención no era ponernos en peligro —le dijo ésta con tono tranquilizador—. —Bueno. Quiero saber cómo es que su pretendiente vive justo en la penúltima parada antes de llegar a Londres. —Está con él ahora mismo —respondió Atine. —Pero es que era un asunto privado. . —Esta situación cada vez me gusta menos —dijo Philip—. insegura—. Margaret? ¿Cuándo conociste a Stephen? La doncella se mordió el labio.. no te culpo. los caballeros quieren hacerte algunas preguntas sobre tu pretendiente. —Margaret. —Me resulta extraño que hayamos venido precisamente a la casa en la que él vive —comenzó Walter. sin decir una palabra. —Pero yo no. —Durante el torneo de Durham. Y como no lo conocía. ¡No se me ocurrió que pudiera importar! ¡Yo jamás pondría en peligro a lady Rosamond! —Nos tenemos que ir —dijo Philip. —Iré a buscarla —dijo Walter—. Ahora el capitán pensaría que era boba. no es tan extraño. ¿quieres. transcurrida la cual. accedió. Stephen y yo. confusa. y finalmente se dirigió a Anne. pero has cometido un error al no contárnoslo desde el principio —intervino el capitán. Philip. Luego. —¿Milady? —preguntó la chica. —Me temo que tal vez no sea lo que tú imaginas. Philip le puso una mano en el hombro. Vamos a ver qué podemos sacar en claro de esto. Y se sonrojó—. Creo que te manipularon para que pusieras el nombre de este noble en la lista. Sólo es por precaución. —Abrió los ojos desmesuradamente—. Él asintió. con su inexpresivo gesto de siempre. —Margaret. Hay que encontrar a Margaret.

milady. —¡Yo no se lo he dicho en ningún momento! —exclamó la joven. Me quiere. Contadle todo esto a mi señora. —Philip entrecerró los ojos en actitud reflexiva. Adiós. —Si no fuera así. Anne lo miró sorprendida y agradecida por que creyera en ella.. En cuanto la chica salió de la habitación. —Si me voy. ¿Estás segura. —Ah. doblando el vestido que se había puesto el día . Le dejaré caer al administrador que no estáis contenta... Ni siquiera he sacado las cosas de las alforjas. tapándose la boca para acallar los sollozos.. Decidle que espero ser feliz. milady. sabes que siempre puedes regresar —le dijo ella—.. Prometo no decir nada.. Anne la rodeó con los brazos. —Lo sabrá de todos modos cuando nos vea irnos a los demás —razonó Walter. —Me daré prisa —dijo Anne. Entiendo que quieras aprovechar esta oportunidad..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Vio Stephen a lady Rosamond en Durham? Y. pero no podemos correr el riesgo de que Stephen le cuente a lord Bramfield que no soy lady Rosamond. Pero la chica negó con la cabeza. ¿ha visto a nuestra lady Rosamond? Margaret rompió a llorar. —Era un alivio tener un plan.. La doncella se separó de ella de un empujón. Lo amo. —A lo mejor no es nada. Debo aprovechar la oportunidad porque él también me ama. —Me quedaré aquí. Informaré a Joseph y a David. Anne sintió un escalofrío de aprensión. Philip. secándose los ojos—. —Te mostrarás ofendida por el hecho de que a Bramfield le interesen más sus perros que salir a recibirte —prosiguió Philip lentamente. Estaba en el salón con los demás sirvientes cuando llegamos. pero aquí sí la ha visto. —Margaret. sabrá que ha pasado algo. Eso puedo hacerlo.170 - . —Él no haría algo así. Margaret retrocedió. —Es posible que ahora mismo sepa que yo no. —No sé si la vería en Durham. No puedo irme. —Y de repente se lanzó a los brazos de Anne—. Anne miró a Philip.? —Me tengo que quedar —repitió la doncella con firmeza. —Gracias. ¿No era más importante el porvenir que arriesgarse a que Philip cambiara de opinión respecto a su futuro? —Daos prisa en recoger —dijo Walter—. La doncella se aferraba a la posibilidad que le ofrecía el amor. —comenzó a decir Walter. aún más importante. Se volvió hacia Margaret—. Cuidaos mucho. pero ella simplemente no podía. El capitán asintió con la cabeza y salió. —Lady Rosamond puede dar una razón convincente del motivo de nuestra marcha.

sabía que era deseada. Permanecía cerca de la puerta. David y Joseph cerraron filas tras ella. unos perros son más importantes para vuestro señor que venir a recibirme. La capa ocultará que voy vestida de gala. como esforzándose por escuchar. lo cual la alegró. Anne se puso seria y se dedicó con más ahínco a lo que estaba haciendo. como si fuera de vital importancia para el señorío de lord Bramfield causar buena impresión a la rica lady Rosamond. si acabáis de llegar. Philip asintió distraídamente. tratando de quitarle hierro al asunto. —Milady —dijo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO anterior—. ¿Estaría el pretendiente de Margaret abajo. mientras Philip se mantenía a su lado. milady. con los ojos muy abiertos a causa de la perplejidad—. Era lady Rosamond. aun así. Walter. —¿Quién es el administrador de este lugar? —exigió saber con voz bien audible. ¿Queréis que vaya a buscarlo? —¡De inmediato! En cuestión de minutos. Philip la escoltó hasta su propia habitación a recoger las alforjas. —¿Esperas que sus soldados vengan a detenernos? —preguntó ella. milady! Él pensó que os gustaría prepararos un poco antes. Abajo. sabía que sería el centro de atención. los sirvientes estaban preparando las mesas de caballete para la cena. —¿Lista? —preguntó en un murmullo. Sintió cómo el personaje se apoderaba de su persona y se relajó. No me cambiaré de ropa. observándolos? ¿Sería lord Bramfield uno de los traidores? Anne inspiró profundamente y se concentró en su papel. inclinándose en una reverencia—. en el gran salón. —Pero.171 - . No se veía a lord Bramfield por ninguna parte. En pleno territorio enemigo. Le llevó unos pocos minutos guardarlo todo. Quiero que saquen nuestros caballos al patio. milady —empezó a decir él. —¡No era eso lo que quería decir! . confusos. Se toqueteaba la barba con nerviosismo. otro hombre llegó a toda prisa por un corredor que daba al salón. —¡Eso no es cierto. Ella asintió. se detuvo y la miró. Era una mujer rica y segura de sí misma. —No. Las conversaciones de los sirvientes callaron y todos se quedaron mirándose. la diferencia en número entre ellos y lo que se les podía echar encima era demasiado grande. —Como si no estuviera presentable a mi llegada. y eso sería mucho peor. En el rellano de la escalera que conducía al gran salón. con la cabeza inclinada hacia adelante. —Envié a mi caballero a informar de mi inminente llegada y. aunque el corazón le latía tan deprisa que temía que todos pudieran oírlo. ¿en qué os puedo ayudar? —Me marcho. pero podrían venir a hurtadillas para poder actuar sin ser vistos. —Está en su despacho. El hombre la miró horrorizado. Un hombre se quitó la gorra con nerviosismo.

y algún que otro granjero. y percibía lo mismo en los caballeros. ignorando las miradas de odio que le lanzaban. demasiado pequeño para tanta gente. se preguntó Anne. Anne se sentó en la cama y Philip a su lado. —¿Quién es? —preguntó. a una legua de distancia. Philip abrió entonces la puerta y Walter. Ella puso los ojos en blanco. Sin embargo. Cuando retomaron el camino. David y Joseph dejaron las bandejas en la mesa y empezaron a repartir la comida. ¿Tan fácil iba a ser?. Iban todos en silencio y Anne no podía dejar de mirar a su alrededor constantemente. Con suerte. pero Philip la interceptó y la miró con el cejo fruncido. y ésta obedeció con un suspiro de resignación. milady. —¿Preferirías que buscáramos un pajar para ocultarnos? —preguntó Anne en tono jocoso. y encontraron habitaciones en la segunda posada en que preguntaron. Trató de convencerse de que era normal que los sirvientes de lord Bramfield estuvieran disgustados por la forma en que había calumniado a su señor. la ciudad más cercana en dirección sur. —Como ordenéis. —Deberíamos haber intentado ocultarnos en algún sitio menos visible — comentó Philip. Le señaló a Anne un rincón. —Walter. David y Joseph entraron en el cuarto. Así que se quedaron en Waltham Abbey. Se saltarían al último noble de la lista para llegar a Londres al día siguiente. —Sí. Los demás se acomodaron en habitaciones contiguas a cada lado de la suya. Alguien llamó con los nudillos a la puerta y la joven fue a abrir.172 - . Ella se decía que estaba segura. He traído la cena. donde podrían contar con testigos en caso de que alguien intentara hacerles algo. no lograba deshacerse por completo de la preocupación y la incertidumbre. no lo hicieron por la carretera principal. sino que optaron por un camino que corría paralelo a ésta. Pero allí no había más que ganado en sus campos vallados. pero tampoco quería quedarse en Ware. Lo que no sabían era que tal vez éste fuera un traidor. Ni siquiera se habían molestado en disimular el alivio que sintieron al entrar en Waltham. Walter no quería dormir al raso. Anne rezaba por que todo aquello fuera sólo un error y que lo único que acabara sufriendo fuera el honor de lord Bramfield. atravesando el salón con la nariz bien alta.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Pedid que nos preparen los caballos de inmediato. mientras examinaba la habitación de Anne. . Pero ¿quién de ellos lo sabía? No había visto a Margaret por ninguna parte. Llegaron cuando ya caía la noche. mantendría a Stephen ocupado hasta que se hubieran ido. pues estaba todavía demasiado cerca de Bramfield Hall. Él se desinfló como un pavo al que están a punto de sacrificar.

—De acuerdo. —Creo que antes tendría que encontrar el orinal. ¿Iba a ser siempre así? ¿Seguiría pensando en él cuando se separasen? Los hombres compartieron una jarra de cerveza. deberías tumbarte. —Yo haré el primer turno de guardia delante de la puerta. Ella quería protestar. ni cómo pudiera afectar a su futuro. Controlarse requería de ella un esfuerzo inimaginable. milady. Notaba la calidez de su cuerpo. y como sólo había dos taburetes. lo vio tambalearse y apoyarse en la mesa. Ella se obligó a calmarse un poco. la excitación de la persecución. Después de todo. y vio que tenía una expresión rara mientras se apretaba el estómago con una mano. Casi no le dio tiempo a acercárselo cuando lo acometieron unas violentas arcadas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Ninguno de los demás lo miró con desaprobación. se dio cuenta de que todavía llevaba puesto el vestido con el que había pretendido impresionar a lord Bramfield. Walter se levantó. Necesitas ayuda. El cuerpo de Anne quería más y a su mente racional no parecía importarle lo que pudiera parecer. Cuando terminaron de cenar. Anne los siguió con la mirada cuando salieron en fila de la habitación dejándola a solas con Philip deliberadamente. decir que no tenía que ser él. El capitán lo recordaría. milady. sin saber qué hacer. Al final. —¿Philip? —No me encuentro bien —dijo.173 - . Anne rechazó el pichel que le sirvieron. miró hacia atrás por encima del hombro. Había cumplido con su deber sacándolos de Bramfield Hall. la presencia de Philip a su lado se le antojaba demasiado física. —¿Te importaría desabrochármelo? —La voz le temblaba y se maldijo en silencio por la debilidad que se apoderaba de ella en cuanto lo tenía cerca. Para mortificación de Anne. Joseph. —Philip. que era el más joven. —No me arriesgaré a dejarla sola —dijo Philip—. . Se dio la vuelta cuando Philip pasó a su lado. y se concentró en comerse el pastel de lamprea. Le tocó el brazo y notó que estaba temblando. Buenas noches. decidida a no pensar en sus manos en su cuerpo. Anne permaneció detrás de él. cualquiera podría hacerlo. —Aquí pasa algo. Al no sentirlo de inmediato a su espalda. tuvo que quedarse de pie. El colchón de paja se combó con su peso y tuvo que hacer un esfuerzo para mantenerse erguida en vez de apoyarse sobre él. si yo pude entrar por la ventana. pero Walter se le adelantó. con el cejo fruncido. Para su asombro. Él cerró los ojos. sólo conseguían que fueran aún más conscientes de la intimidad que habían compartido. Éste no dejaba de andar arriba y abajo. y sabía que evitaba mirarla a propósito. ¿También lo sentía? La preocupación de ser descubiertos.

No había nadie que pudiera ayudarla. Sed buena y os soltaré si me prometéis no correr. ¡No podía quedarse allí sin hacer nada! Iría en busca de Walter. Era alto y fibroso. —¿Eran tus hombres los que nos atacaron hace unos días? Él dejó escapar un exagerado suspiro. pero se obligó a mantener la calma. A punto estuvimos de estropearlo todo. ¿Dónde estaba Walter? El desconocido cerró la puerta. y cuando quedó libre. Anne intentó que siguiera hablando con la intención de entretenerlo allí. Aunque intentó golpearlo con los codos y las piernas. ¡No salgas de esta habitación! La orden pareció acabar con la poca fuerza que le quedaba. Y. pero el hombre le cortó la huida sujetándola por la cintura. —Ahora. —¿Lady Rosamond? —saludó con educación. entonces la abrió y se dio de bruces con un extraño que le sonreía. y eso fue mucho peor. como di por hecho que vos también beberíais y no quería acabar con vuestra vida. en sus ojos se veía una chispa de secreta diversión. quitándose la gorra. exagerando el título. Seguro que éste sabría dónde buscar un médico. —No hay nadie que pueda ayudaros. El gesto la hizo sentir un miedo atávico. Se paró junto a la puerta y escuchó. Mientras retrocedía varios pasos.174 - . de pelo castaño y con una ropa anodina. deberíais. Pero basta de preguntas. Entonces se quedó callado. pensó frenéticamente. pero su pecho subía y bajaba. Ella asintió con resentimiento. pero el hombre la sujetó con la mano y se coló dentro. él consiguió evitar todos los golpes. Enseguida trató de cerrar de nuevo. —Prometo que no morirán. —Un terrible error. a Anne le dio tiempo a ver que no había nadie en el corredor. retrocedió. Estaba húmedo y caliente. gimiendo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¡No! —Él levantó una mano—. Ella se hincó de rodillas y le puso la mano en la frente. Tuvimos que envenenar la cerveza. el veneno no era mortal. porque se derrumbó hacia un lado. os prometo . si me hacéis el favor de acompañarme a ver a mi señor. —Parece que vuestra guardia ha tenido que salir sin pérdida de tiempo en busca del orinal. —¿Qué le has hecho a mis hombres? —exigió saber con el tono de voz más autoritario que pudo. —Se inclinó para susurrarle al oído—. Hay gente que no tiene paciencia. milady —dijo. ¿O queréis decirme vuestro verdadero nombre? Ella echó a correr hacia la puerta. Ojalá fuera así. —¿Y por qué debería creerte? —Bueno. ¿Qué haría si se moría?. como si no hubiera un hombre inconsciente tumbado en la cama—.

175 - . Al fin y al cabo. Por mucho que intentó controlar sus emociones. Dos hombres más entraron por la puerta y fue consciente de que todos sus intentos de defensa serían inútiles. por no mencionar lo mucho que llamaría la atención. ¿Morirían Philip y los otros de una manera u otra? .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO que no haré que mis hombres se ocupen de los vuestros de forma permanente aprovechando su estado de incapacidad momentánea. ¿Y ahora qué iba a hacer? El desconocido se estaba esforzando por convencerla de que no iban a matar a los caballeros. Y dejar varios cadáveres quedaría demasiado sórdido. no creo que os mostrarais demasiado dispuesta a cooperar si hiciera que los mataran. la joven no pudo evitar ahogar un gemido.

176 - . donde encontró a los tres Hombres del Acero en diversas etapas de malestar. Al errar el golpe. Tambaleándose. Anne. clavándose en el suelo de madera. Walter era el que estaba más cerca de la puerta. —¿Dónde está lady Rosamond? Con los ojos desmesuradamente abiertos. Oyó a su espalda el silbido que hace un objeto al atravesar el aire y se echó a un lado por instinto. Philip no quería abrir los ojos por miedo a que la luz empeorase el dolor. Entonces volvieron los recuerdos. estaba mareado y seguía teniendo arcadas. —Dios mío. pero enseguida su rostro adoptó la circunspección de siempre y se puso en pie. El desconocido se quedó muy quieto. . aunque no le quedaba nada en el estómago. El olor que salía de allí hizo que se diera cuenta de cómo debía de apestar también la habitación de Anne. Entonces cayó hacia atrás y murió. Philip lo inmovilizó sobre la cama apoyando la rodilla sobre su espalda. como si no supiera quién era el que tenía delante. —La condesa ha desaparecido —dijo Philip. Él era quien estaba de guardia. y al final rodó sobre el estómago y se apoyó en las manos y las rodillas para levantarse. el hombre que tenia detrás perdió pie y la espada que blandía cayó de punta. La cabeza le colgaba. irguiéndose como una sombra por encima del dolor. Era una plegaria y una pregunta al mismo tiempo. —Nos han envenenado —dijo el capitán lacónicamente. gimiendo y revolcándose. se dirigió a la habitación contigua. pero algo en su interior lo conminaba a hacerlo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 20 El martilleo que notaba en el cerebro era tan insoportable que se despertó. el otro sacó una daga del cinturón y se lanzó desesperado a por él. tirado en el suelo. Consiguió ponerse de pie y cogió la espada. —¿Anne? No obtuvo respuesta. mientras la sangre salía a borbotones. Philip eludió el filo de la navaja. echándose las manos a la herida. Philip se sujetó a la mesa para recuperar el equilibrio soltando maldiciones. como si se hubiera caído nada más entrar en la habitación. —¡Walter! Éste gimió y se apoyó sobre los codos. Su atacante se volvió pero se encontró con la punta del arma en el cuello. pero con el forcejeo acabó atravesándole el cuello con la espada. Philip lo fulminó con la mirada. El capitán frunció el cejo.

Philip entrecerró los ojos con recelo.177 - . Se sentía mareado y débil. Quería interrogarlo. —No. Quieren sacarle la verdad. aunque no quería pensar en lo que le estarían haciendo. —Eso no es cierto —replicó Walter—. y puede que hasta el propio rey. —Comió lo mismo que los demás —dijo Joseph. Ahí debieron de echar el veneno. pero es Anne quien más peligro corre ahora mismo. Nos ha estado siguiendo. ¿Por qué se llevarían a Anne. Así que no nos queda más que una opción. Es posible que hayan decidido adelantar sus planes. Se puso en pie. Philip se dirigió hacia la puerta. —Al menos podía dar gracias por eso. si Bramfield y sus compinches están tan desesperados. Lady Rosamond ha desaparecido.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Eso es obvio. nos vamos a Londres. —Eso nos hace suponer que la verdadera lady Rosamond corre peligro. Eso pareció despertar un recuerdo lejano. —¿Cómo has dicho? —preguntó Philip en voz baja. Él creyó que no había oído bien. pero parecía que los efectos del veneno se estaban pasando ya. —No parece que estuviera indispuesta como nosotros —comentó. —Creo que le estaba advirtiendo que no saliera de la habitación cuando perdí el conocimiento. Sólo uno de los mozos de cuadra la había visto. Preguntaré al posadero si la ha visto. ¿Estamos de acuerdo en que fue Bramfield? —No podemos estar seguros —contestó Walter con voz cavernosa—. aunque no a propósito. pero no le harán daño. pero en ningún momento la vio de cerca hasta que llegamos a Bramfield Hall. a menos que hayan descubierto que no es la verdadera lady Rosamond? —El pretendiente de Margaret —dijo Philip. igual que a su llegada. —Nuestra obligación está clara. incapaz de seguir allí sentado—. He matado al hombre. Giró en redondo y vio la comprensión en los ojos de David y Joseph. Y después decidieron terminar lo que habían empezado. casi escupiendo las palabras—. Anne es quien menos peligro corre. —Pero no bebió cerveza —señaló Philip—. he tenido que defenderme de un ataque. Y. desconcertado. porque cuando he recuperado el sentido. —Iremos a rescatarla. Philip se sentó en la cama mientras los demás terminaban de poner en común lo que habían averiguado. al parecer. estaba ilesa cuando se la llevaron de aquí. Pero ésa sería mi primera conclusión. —Sí. en compañía de varios hombres. —¿La has buscado? Tal vez haya ido a pedir ayuda. sí. pero la expresión del capitán era de determinación. —Pero ¡si está en su poder! ¿Por qué no puedes enviar a un mensajero a Londres? . Los caballeros se asearon tan rápidamente como pudieron y se separaron para registrar la posada.

. ¿por qué habría de querer algo así? —Se le da bien hacerse pasar por otras personas. Tenemos que asegurarnos de que ésta le da su mensaje al rey Enrique. Con vuestra actitud me reafirmo en mi decisión. y ahora abandonáis a Anne porque ya no os hace falta. —Walter. Ah. No iré con vosotros. —Philip.. ocultáis información sobre un asesinato —dijo Philip. cuando la rescatara. Walter parecía dolido. faltan otros dos traidores más.. Cuando cumplamos nuestro objetivo. no revelaré nada de lo que sé sobre la misión. Demasiadas personas la han visto como lady Rosamond. dándole la espalda a Walter—. tendrás que aprender a ser más disciplinado y a obedecer órdenes por el bien común. Philip imaginó lo que sentiría Anne cuando se enterara de que el futuro que había planeado no era posible. y no temáis. No podría llevar a cabo otra mascarada más con éxito. volveremos y la liberaremos. donde la verdadera lady Rosamond puede reconocerlo. con su calma habitual—. Primero. —Anne comprendería la urgencia que ha cobrado la misión en este punto. No podemos arriesgarnos a que Bramfield no vaya a Londres. —Philip. en cuanto a lo de unirse a la Liga. Ignorando la súplica de David. No pienso dejarla sola y aterrorizada.178 - . Esperaba que quisierais seguir utilizando sus servicios. Está sola en manos de criminales.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Esos traidores quieren a lady Rosamond.. Y no posee ninguna otra habilidad que la diferencie de otras mujeres. Philip regresó a la habitación que había . No podemos dejar que ocurra cuando sólo ha pasado un año de la última batalla. Ella quiere unirse a la Liga y tú la abandonas a su suerte. Sería él quien se lo dijera. Que nosotros sepamos. Sólo seré un buen caballero que acude al rescate de su dama. Además. no iré. eso no puede ser —dijo el capitán con un deje comprensivo y frustrado en la voz—. —Y ya me había dado cuenta de mi error antes de acompañaros en esta misión. De otro modo. Y. —Pero ¡entonces podría ser demasiado tarde! Y no voy a correr ese riesgo. el país entero entrará en una guerra entre los nobles que están a favor del rey y los seguidores de sus opositores. y eso significa que necesitaremos a todos los hombres que podamos reunir. —He seguido órdenes toda mi vida —empezó Philip—. Bramfield podría haber enviado a alguien de avanzadilla para interceptar a lady Rosamond en Londres. —No la estamos abandonando. Si de verdad quieres entrar en la Liga. —No puedo creer que le hagas esto a una mujer que ha arriesgado su vida por aquello en lo que tú crees —contestó Philip con dureza—. Te has pasado la vida queriendo ser uno de nosotros. pero esta vez no lo haré. —No lo dirás en serio —intervino David. Te matarán si vas solo. escúchame —lo atajó el otro con severidad—.

Él tenía razón y era lo único que Anne tenía. comprendo tu dilema. Dejó un buen montón de dinero al posadero para que guardara las ropas de la joven. —No irás a acompañarme. preparado a defenderse. —Aunque debo seguir órdenes. pero entonces se dio cuenta de que era una moneda diferente. Las mazmorras de Bramheld Hall eran húmedas y frías. No podía permitirse pensar en algo así o se volvería loca.. Nunca había hecho algo así solo.. Puso una moneda en la mano de Philip.. Le pareció que el trayecto se correspondía con la distancia a la que se encontraba la mansión. hundió los hombros como si no pudiera mantenerlos erguidos ni un segundo más. éste pensó que no era más que una libra. incluso en verano. Cuando oyó la puerta que se cerraba a su espalda. y para que limpiara la habitación. He venido a darte una cosa. Se hizo un ovillo dentro del hueco que había en la pared. Ve a la mercería situada más al norte del Puente de Londres. No había logrado dormir en toda la noche. Tenía el estómago encogido de miedo por lo que pudiera estar ocurriéndole. ni si quedaría alguien vivo para ir a rescatarla. se dio la vuelta. —Hizo una seña hacia el cadáver—. siguiendo órdenes. O allí era donde creía Anne que estaba. no sabía si sería ya de día. —aventuró él con amargura. —No la malgastes —dijo el caballero en voz baja—. y se limitó a asentir con la cabeza. Había cadenas clavadas a las paredes de roca. Que Walter se ocupe de esto. sin mirar apenas el cadáver que había en el suelo. Buena suerte. —Lo haremos —murmuró—.179 - . ¿y en qué otro lugar la iban a encerrar sino en unas mazmorras. —Te lo agradezco. siempre había estado a la sombra de otro. Es tu llave de acceso a la Liga en Londres. Philip estaba demasiado furioso para desearle lo mismo. Al principio. De hecho. . Entrégala y podrás dejar un mensaje. Pero esta vez no. Philip la guardó en la bolsita que llevaba colgada a la cintura. Y un contingente de cuatro hombres solamente. Por lo menos le habían dejado una antorcha. donde nadie pudiera oírla gritar? Porque lo había intentado.. y se preguntó si las utilizarían. Cuando la puerta se cerró.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO compartido brevemente con Anne y se quedó mirando sus cosas. pero no tenía tiempo de pensar en otra cosa que no fuera regresar a Bramfield Hall. Philip y los tres caballeros de la Liga. no podrían intentar un ataque para salvarla. David negó con la cabeza. ya que le habían tapado los ojos nada más salir de Waltham Abbey. intentando no pensar en la humedad que le estaba empapando la ropa. Nosotros lo recibiremos. Pero sólo era David. pero no había conseguido nada. aunque estaba colgada de una abrazadera tan alta que no podía cogerla. A su espalda oyó que David vacilaba.

—Entonces tú debes de ser Stephen. igual que nosotros fuimos accidentalmente atacados en la carretera. para averiguar quién era la que había oído ese. . decidme. —Hablar con vos. podría haber explicado que de lo que hablaba era de lo que podría ocurrir si alguien estuviera en contra de nuestro rey. Vi a la verdadera lady Rosamond en York y en el torneo de Durham. Se levantó. —¿Dónde están mis hombres? ¿Qué vas a hacer ahora? Él ignoró la primera pregunta. lo que quiero saber es dónde está milady. y lo que habría que hacer para evitarlo. Aún no he tenido el placer. Anne se encontró cara a cara con el desconocido que la había raptado. —En eso no te puedo ayudar. por supuesto. la verdad. Así que. Mi señor se dio cuenta de que una dama noble los oyó por casualidad. Puede que lady Staplehill fuera la mujer a la que buscáis. me han dado el cambiazo. Stephen se encogió de hombros y extendió los brazos. —No sois un miembro de su corte —la interrumpió él con paciencia—. porque eso habría simplificado mucho las cosas. Anne entrecerró los ojos y no dijo nada. —Es una pena. Ahora. ¿dónde está lady Rosamond? —Dio un paso hacia ella. —Quieres decir que fue asesinada accidentalmente. y debí vigilar desde demasiado lejos porque. —Como yo no estaba allí no puedo afirmarlo con seguridad. malentendido. por supuesto. una vez más. —Entonces encargaron a otros hombres que se ocuparan de distintas damas — dijo ella lentamente—. Cuando el rey se entere de lo que le habéis hecho a un miembro de su corte. —¡Dios mío. el pretendiente de Margaret. No ha habido ningún cambiazo. no! Como ya os he explicado. Pero no sabíamos a quién buscábamos. Eso no hacía sino empeorar las cosas. ¿por qué no te ocupaste de ello? Stephen sacudió la cabeza con tristeza.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Por fin oyó dos tipos de pisadas fuera. Anne tragó con dificultad y juntó las manos para ocultar los temblores. a mí me tocó lady Rosamond. pero sólo la vio de espaldas.. pero no habría diferencia.. Anne le lanzó una mirada fulminante. Stephen y su «señor» podían tratar de tergiversar los hechos tanto como quisieran. Una llave giró en la cerradura y la puerta se abrió de par en par. de modo que con su muerte habríais acabado con vuestras preocupaciones. No había razón para continuar negando la verdad. aquella muerte fue un accidente. pero lamentablemente. y que seguía sonriéndole con amabilidad. para mi total asombro.. Me encargaron que me ocupara de lady Rosamond. y no sois ella. Yo soy lady Rosamond. No sé dónde está.. Si hubiera podido averiguar su identidad. —Eso sería fabuloso para lady Rosamond. Y si lo que te preocupaba era lo que vio en Durham.180 - . —¿Mataste tú a lady Staplehill? Stephen se llevó una mano al pecho.

JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

—¿Y qué te hace pensar que yo lo sé? A mí sólo me utilizaron con un propósito.
—Es lo que pensé, pero mi señor no lo ve de la misma forma.
De pronto, se oyeron ruidos procedentes del corredor y Stephen frunció el cejo
al tiempo que miraba hacia atrás por encima del hombro.
—Disculpadme, señora. Enseguida vuelvo.
No se molestó siquiera en cerrar la puerta por completo porque ¿adónde iba a
ir? Anne apoyó la mano contra la rugosa pared y hundió los hombros con un gesto
de impotencia al tiempo que todo su cuerpo empezaba a temblar a causa de unos
pasmosos escalofríos. Si les demostraba que no les serviría de nada, ¿qué impediría
que acabaran con ella para asegurarse de que no hablara? Decidió darse algo de
ventaja fingiendo que conocía el paradero secreto de lady Rosamond. Les llevaría un
tiempo llegar a Londres y volver para confirmar la información. Seguro que, para
entonces, Philip la habría rescatado. Stephen le había asegurado que no estaba
muerto y lo único que Anne podía hacer era aferrarse a esa esperanza como a un
clavo ardiendo.
En ese momento se abrió la puerta y se puso rígida cuando el hombre entró
nuevamente en la celda.
—Tenéis suerte, señora.
Anne miró a su alrededor y contestó con todo el sarcasmo que pudo:
—Es raro, pero yo no veo esa suerte por ninguna parte.
—Ya no hace falta que me reveléis el paradero de lady Rosamond, porque mi
señor lo ha descubierto.
Anne abrió la boca para contestar pero, por un momento, fue incapaz de decir
nada. ¿Cómo lo habría descubierto Bramfield?
—Entonces ya no es necesario mantenerme encerrada —dijo ella, intentando
ocultar el temblor de desesperación que teñía su voz.
Stephen ladeó la cabeza.
—Me apena tener que decíroslo, pero no podemos liberaros todavía. Aún
podríais sernos útil. Prometo que haré que os traigan comida y agua.
—¡Espera! —gritó Anne, corriendo hacia la puerta.
Pero él se la cerró en las narices y la joven oyó cómo giraba la llave en la
cerradura.
¿Y si se olvidaban de ella? No significaba nada para aquella gente. Moriría,
perdiendo así la oportunidad de decirle a Philip que lo quería, de ver si habrían
podido intentar encontrar un futuro juntos.
Pero, no, no moriría.
Si quería tener un futuro, tendría que esforzarse por conseguirlo. Empezó a
palpar la pared que tenía detrás, buscando algo que pudiera servirle de ayuda, una
piedra grande con la que pudiera golpear o, tal vez, un bloque de piedra que
estuviera suelto y pudiera apartarlo. Estuvo así más de una hora. Se rasgó el delicado
tejido del vestido y se rompió varias uñas, y todo para no encontrar nada.
Finalmente, oyó pasos otra vez, y se dirigió a un lado de la puerta. A lo mejor,
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JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

quienquiera que fuera entraría lo suficiente dentro de la celda como para que ella
pudiera escurrirse por el hueco que dejara. Se apretó contra la pared lo máximo que
pudo y trató de calmarse tomando profundas bocanadas de aire. La llave giró dentro
de la cerradura, Anne se tensó, pero la puerta no se abrió más de una rendija.
—¿Milady? —preguntó una vocecilla que reconocería en cualquier parte.
—¿Margaret? —preguntó ella a su vez sin dar crédito.
La puerta se abrió un poco más y la chica se coló rápidamente en el interior. La
seguía un hombre, y Anne se irguió echándose un poco hacia atrás, hasta que vio que
era Philip. Se quedó mirándolo boquiabierta a lo que él respondió con una
espléndida sonrisa. Se dio cuenta en ese instante del miedo que había pasado
pensando que no volvería a verlo.
Le echó los brazos al cuello. Su cuerpo cálido y fuerte le dio seguridad.
A juzgar por la ruidosa manera en que se sorbía la nariz, la doncella lloraba
desconsoladamente. Anne se volvió y la abrazó.
—¡Muchas gracias, Margaret!
—¿Cómo podéis darme las gracias, milady? —susurró la chica totalmente
desalentada—. Yo os traje aquí, a la casa del enemigo.
—No lo sabías —insistió ella, retrocediendo sin soltarle los hombros—. ¡Y me
has rescatado! Si creías necesario compensarnos por algo, ya lo has hecho.
—Tenemos que irnos —la apremió Philip, vigilando el corredor—. He tenido
que enfrentarme con el centinela que monta guardia en lo alto de la escalera, pero no
está muerto.
—Y una muchacha de la cocina sabe que estoy aquí —añadió Margaret—. Se
supone que tenía que venir a traeros una bandeja con comida, pero le daban tanto
miedo los «fantasmas» de las mazmorras que ha aceptado que viniera yo en su lugar.
—¿Cómo has logrado entrar en el castillo, Philip? —preguntó Anne—. Estoy
segura de que todos los soldados estarían alerta si había un intento de rescate.
—Sirviéndome del mismo truco de John: me he escondido en un carro cargado
de heno. Todavía me pica todo el cuerpo. He encontrado a Margaret en las cocinas. ¡Y
ahora tenemos que darnos prisa! —Le tendió un hato de ropa—. Te ha traído un
vestido de sirvienta para que no llames la atención. Póntelo.
Margaret la ayudó a soltar los lazos del destrozado vestido y a ponerse la
sencilla prenda de color gris. Philip hacía guardia en el corredor. Anne se disponía a
seguirlo cuando la chica le sujetó el brazo por detrás.
—Milady, yo no iré.
—¡Margaret! No puedes quedarte en un sitio tan peligroso como éste.
—Pero si desaparezco, Stephen sabrá que os habéis ido y que yo os he ayudado.
Me iré cuando sea más seguro hacerlo.
Ella le apretó cariñosamente las manos.
—Volveremos a por ti. Te lo prometo.
—Idos ya, milady. —La muchacha le colocó varias prendas más en las manos—.
Aquí tenéis dos capas. Podéis salir con los sirvientes que se dirigen a Ware a realizar
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JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

las compras diarias. ¡Buena suerte!

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JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

Capítulo 21
Philip no recuperó el ritmo de la respiración hasta que hubo sacado a Anne al
bosque de las afueras de Bramfield Hall, donde había escondido los caballos. Seguía
sin poder creer la debilidad que se había apoderado de él al encontrarla en aquella
celda, viva y aparentemente ilesa, y tan valiente como siempre. No quería que
volviera a correr peligro nunca más.
Aunque pronto todo volvería a la normalidad, porque la Liga no utilizaría de
nuevo sus servicios. ¿Cómo iba a decírselo?
—Iremos a Ware y buscaremos una posada —dijo tensando las cinchas de los
animales—. Tú quédate allí. Yo volveré en cuanto pueda.
—No creerás que vas a dejarme aquí sola, Philip Clifford.
Él la miró con el cejo fruncido.
—Te han dicho que conocen el paradero de lady Rosamond. Sólo la Liga lo
sabía, lo que significa que tienen un traidor en sus filas.
—¿Un traidor dentro de la Liga? —susurró ella, horrorizada.
—Sí —respondió Philip con gesto adusto—. Y no puede ser ninguno de los que
ha participado en esta escolta, porque ellos conocían la verdadera identidad de lady
Rosamond desde hace semanas. Tiene que ser alguien con quien Bramfield pudiese
contactar. Tenemos que encontrar a lady Rosamond antes que ellos.
—¿En un sitio tan grande como Londres?
—David me dejó algo por si tenía que localizarlos.
—¿Y dónde están ahora, por cierto? Me ha sorprendido que hayas venido tú
solo.
Philip vaciló un momento. ¿Cómo reaccionaría cuando se enterase de que la
consideraban prescindible?
—Partieron hacia Londres para poder proteger a lady Rosamond. —Le puso
una mano en el hombro antes de continuar—. Querían que yo también fuera, pero
dije que no.
Anne abrió los ojos como platos.
—¿Has... roto con la Liga?
—Afirmaban que tú no corrías peligro, y que, por tanto, su prioridad tenía que
ser lady Rosamond y el rey. Yo no podía abandonarte.
Ella le sonrió con ternura y levantó un brazo para acariciarle la cara.
—Gracias. Te prometo que intercederé en tu nombre cuando volvamos a ver a
Walter.
—Anne, hay algo que deberías saber.

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—¡No quiero que creas que ha sido por eso! Me dijo que te consideran una mujer valiente y hábil. Se recordó que era más afortunada que la mayoría de las mujeres. el rubor cubrió todo su rostro. pero. ¿cómo sabrás que no volverán a capturarme? Porque. lo hizo con voz queda. Las calles estaban tan atestadas que más de una vez la gente tuvo que apretarse contra las paredes para dejarla pasar. Philip. Philip..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO La sonrisa de la joven flaqueó. Los edificios. y quiero estar contigo. —Debes quedarte en Ware y aguardar allí mi regreso.185 - . Demasiadas personas te han visto como lady Rosamond. Anne se comportaba como se suponía que debía hacer. Su querida amiga . Por un momento. es algo que me dijo Walter. No pudo hacer más que asentir con la cabeza. y. —¿Han matado a alguien? —No. quiso que la joven intentara persuadirlo con besos. Ella no había montado nunca dentro de aquella enorme ciudad. Y no tenemos tiempo. lo único en lo que podía pensar era en que su futuro dentro de la Liga era imposible. Anne y Philip atravesaron las inmensas puertas de acceso de la antigua muralla de Londres. pero. Pero Anne se quedó esperando su reacción. Philip se puso rígido y cuando habló. puedes venir conmigo.. el humo de la lumbre sobre la que se cocinaba. —Así que tú también me consideras incapaz de ayudar. —Preferiría no seguir hablando de mi estupidez. —Está bien. Ella se quedó mirándolo confundida y. pero por dentro. En dos ocasiones. y por eso la Liga no puede proponerte que te unas a ellos. —Tienes razón. Él la miró a los ojos. —¿Es porque no le hablé del pretendiente de Margaret? Cometí un terrible error. —Es decisión mía. por encima de todo. finalmente. Philip tuvo que agacharse al pasar por debajo del cartel colgante de una tienda. pero los encontró vacíos de emoción.. Perdóname. pese a estar hechos de piedra y elevarse varias plantas. Tal vez consiguiera engañar a Philip haciéndole creer que se había recuperado. El hedor que emanaba de las cloacas se mezclaba con los olores procedentes del matadero.. podrían utilizarme en tu contra. contaban con techumbres de paja que se inclinaban sobre la calle. —Lo haré. cualquier cosa que le permitiera ver que podía superar el rechazo de la Liga. Pero si me dejas aquí. si así fuera. —¿Cómo puedes acusarme de algo así? Anne cerró los ojos brevemente. Deseó que ella no tuviera razón. pero prométeme que me obedecerás en todo momento.

—Muy bien. Pero tampoco tendría nunca un hogar propio. Anne suspiró aliviada. La ciudad era tan grande que aunque supieran dónde estaba lady Rosamond. El mercero se quedó mirando las monedas en silencio un momento y. señor. Anne apartó la vista de las cabezas de los traidores ensartadas en altas picas. Anne sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.186 - . Para su sorpresa. para que los viandantes pudieran contemplar los productos expuestos. porque el sueldo que le proporcionara la Liga en pago de sus servicios constituiría una dote bastante exigua. Sobreviviría a aquella desolación. señor. Philip enrolló el pergamino y lo ató con un pedazo de cuero. cogiendo la moneda de la Liga. —Muchas gracias —dijo Philip. Tras pagar a un muchacho para que les cuidara los caballos. . la ayudaría a criar a sus hijos y trataría de apartar las pequeñas punzadas de envidia que pudiera sentir. lady Rosamond seguía corriendo gran peligro. Anne fingió interesarse por los sombreros apretujados en varios estantes de pequeño tamaño. La desesperación la torturaba. Formaría parte de la familia de Elizabeth. —¿Tenéis pluma y papel? —preguntó Philip. en vez de cruzando por encima del agua. Nunca pasaría hambre ni frío. —Buenos días. En seguida divisaron la mercería que les había indicado David. les llevaría tiempo encontrarla con tanto tráfico. ¿Qué puedo hacer por vos? Philip puso sobre el mostrador la moneda que le había proporcionado David y otra para pagar al hombre por su servicio. entraron en el establecimiento. una pluma y un botecito de tinta. No quisiera Dios que la condesa acabara como lady Staplehill. Los postigos del escaparate principal se bajaban durante el día. ¿Y si el traidor que tenía la Liga estaba vigilando la tienda? Pero no contaban con otro modo de contactar con Walter y los demás. escuchando el rasgueo de la pluma y el sonido de los vendedores ambulantes que gritaban sus mercancías en la calle. El hombre le entregó un trozo de pergamino. Grandes edificios de tres o cuatro plantas se alineaban a lo largo del puente en ambos senados. Por el momento. aunque estaba tan nerviosa que preferiría poder prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Elizabeth retomaría sus servicios como doncella. —Me gustaría dejar un mensaje. Un hombre salió de la trastienda y les sonrió. La joven guardaba silencio mientras Philip escribía. Finalmente. Estaba acostumbrada a aceptar la realidad. el mercader sacó un recipiente de cera caliente e hizo un gesto para que lacrara la carta. Sintió como si estuviera en una calle. acto seguido. pero se negaba a darse por vencida. Al pasar por debajo de la puerta. El Puente de Londres se cerraba mediante unas enormes puertas de piedra en cada extremo y también en el centro. tal como lo hiciera en otra ocasión con Walter. los estudió detenidamente a los dos entrecerrando los ojos.

De pronto. —Oh. En el aire flotaba la mezcla del olor a pescado y a brea. —Anne lo observó. —Tú viste lo peor —contestó él. Philip pidió una habitación que estuviera en el ala norte de la posada. —En una posada cerca de los muelles. se dio la vuelta y la miró. sintiéndose tan acalorada que le daban ganas de desnudarse. —¿Cuánto tiempo crees que tardarán en ponerse en contacto con nosotros? —le preguntó mientras él dejaba la bandeja en el pasillo. La tensión entre los dos de repente se hizo palpable. Philip negó con la cabeza y se volvió hacia la puerta. Después cerró la puerta. en los que se sentaron a dar cuenta de una rápida cena en medio de una creciente oscuridad. Philip enarcó una ceja y sonrió mientras abría la puerta. Philip no se acercó. junto a la Torre. Elia asintió. Anne escudriñaba el rostro de él por encima de la llama de la única vela que iluminaba la mesa. Eso sí que sería sutil. lejos del río y del hediondo olor que despedía. pero no se le ocurría nada más que decir. Pero la situación era demasiado peligrosa como para poder ceder a la distracción—. A medida que avanzaban a lo largo del Támesis en dirección este. Anne observó cómo unas grandes grúas descargaban mercancías de los barcos. Lo deseaba con locura. Varios criados de la . sintiendo cómo se le derretían los huesos al pensar en las horas de pasión que pasarían juntos en una cama.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Luego. Suelen frecuentarla marineros y ese tipo de gente. temí que me hubiera mentido. y la ayudó a montar. y su voz sonaba ronca cuando dijo: —Supongo que mañana por la mañana como pronto. Era pequeña. tomó a Anne del brazo y la condujo fuera de la tienda. ¿Cómo te encuentras? Aunque Stephen me dijo que no morirías. de vuelta por el camino por donde habían llegado. aunque de vez en cuando la blancura pura de un cisne nadando con elegante tranquilidad le recordaba que existía la belleza. —No pueden ser ellos tan pronto —comentó Anne. Ella se lo quedó mirando fijamente. —¿Dónde les has dicho que podrían encontrarnos? —preguntó ella mientras guiaba su caballo lentamente a través de la multitud.187 - . Lo observaba con mirada anhelante. necesitaba que la ayudara a olvidar el futuro que la esperaba. Me he hospedado ahí en otras ocasiones. sabiendo que Philip hacía lo mismo con ella. alguien llamó a la puerta con los nudillos y los dos dieron un respingo. No es aconsejable que la gente ande por las calles por la noche. como si costara mucho trabajo respirar. Junto a la cama había una mesita y dos taburetes. Philip entregó otra moneda al chiquillo cubierto de hollín por haberles cuidado los caballos. —¿Quién es? —El mozo con la bañera que me habéis pedido.

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO posada metieron la tina en la habitación mientras otros hacían lo propio con unos cubos de agua caliente. Inspiró también y se dio la vuelta. se mojó el pelo y se enjabonó las manos. Humedeció un paño. he pensado que agradecerías el lujo de darte un baño. —Te aseguro que así es. Diez minutos más tarde. su larga melena fue cayendo sobre su espalda. se lo separó y Philip la ayudó a quitárselo por la cabeza. estaban solos de nuevo.188 - . A ella no le importaba. Anne metió los dedos en el agua y suspiró. en cuanto notó el vestido abierto. Al final. porque exponerse a su mirada hacía que se sintiera hermosa. —Qué considerado. Anne lo rodeó y se dirigió a la bañera. se aflojó las cintas de la camisola y se la quitó también. Poco a poco. echó la cabeza hacia atrás. Sacó una pierna para enjabonársela y. Él le dedicó una amplia sonrisa. empezó a lavarle el cabello masajeándoselo lentamente. a continuación. demorándose en sus pechos. —Bueno. si fueras lady Rosamond podrías darte el lujo de disfrutar de una bañera más grande y con más agua —dijo él con voz queda. descendiendo a continuación hacia los pechos. pero se limitó a asentir con la cabeza. Philip no decía nada. —Ésta está perfecta. Después. repitió la operación con la otra. Observó cómo Philip la contemplaba mientras se lavaba el cuello. La sonrisa que Philip le dedicó parecía más bien una mueca. Philip se sentó en un taburete. Philip. La mirada de él descendió por su cuerpo. La joven asintió. y después lo salpicó con los dedos de los pies. Philip se levantó. —Esto es maravilloso. asegurándose antes de dejar las toallas y el jabón a su alcance. —Después de lo que has debido de pasar en aquellas mazmorras. De pronto. lo frotó con la pastilla de jabón y comenzó a darse largas y lentas pasadas por los brazos. Después levantó una pierna y se metió dentro. Se hundió en el agua con un suspiro. Ella cerró los ojos y se abandonó al placer de sus cuidados. Detrás de ella. sólo miraba. desde donde siguió contemplando el espectáculo. mientras ella levantaba los brazos y comenzaba a quitarse las horquillas que le sujetaban el pelo. Anne se quedó atónita cuando él cogió el jabón entre las manos y. enjabonándoselas bien. Tocarse era casi tan placentero como cuando lo hacía él. Anne se puso de espaldas y. pero se sentía demasiado cohibida aún para eso. Después le tocó el turno a sus partes íntimas y se demoró allí un rato. A menos que sea una indirecta para decirme que mi olor podría ser más agradable. aunque ésta sólo le cubría hasta la cintura. oía las profundas inspiraciones del hombre. ¿Te importa desabrocharme el vestido? Vio cómo la mirada de él se oscurecía. .

pero tampoco podría asegurarlo. —¿En el agua que yo he utilizado? —No estabas tan sucia. no cuando lo tenía allí para ella sola. y cuando estuvo seca. le parecía que. lo que más le importaba era mantenerla a salvo. no podría sostener la cabeza.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Tengo mis virtudes. Una vez de pie. —¿Ya te aburre verme desnudo? —preguntó él. tras cerciorarse de que tenía la espada a mano. La envolvió en la tela y la secó con suaves toquecitos. Philip la cogió en brazos y la metió en la cama. Y eso significaba montar guardia. se le escapó un bostezo. Es que anoche no pude dormir y ahora que estoy aquí tan calentita —se arrebujó plácidamente bajo las mantas—. Philip! —negó la joven—. Philip no perdió tiempo en su aseo. Philip se tumbó encima del cobertor. No creía que los hubieran seguido desde Bramfield Hall. Ella dijo que no iba a dormirse. pero al final. Anne tenía los miembros tan pesados que casi no podía. a su lado. inclinándose para subirle el cobertor hasta la barbilla. Se sentía vulnerable sin su ropa y sus armas. con la excusa de lavarle el pelo. se vistió de nuevo y se acercó a la joven. sonriendo. haciéndolo él mismo. —Es hora de levantarse —dijo él con un tono de voz ronco. después de lo que le estaba haciendo. Philip le vertió un cubo de agua caliente por encima de la cabeza para aclararle el jabón y dejarla bien limpia. se me cierran los ojos. —¡Claro que no. No hacía más que repasar una docena de razones por las que podría tomarla esa noche. Ella se pegó a él. acariciándolo y levantando la . Y si era cierto que había un traidor dentro de la Liga. —Tú no eres la única que quería bañarse. Lo observó lánguidamente. —¿No se te habrá enfriado? —Mejor. disfrutando del juego de sombras de la luz de la vela sobre las curvas de sus músculos. Echó un vistazo a Anne. Anne se arqueó como una gatita bajo sus caricias. apoyada en los codos. Era tan tentadora. pero se lo impidió. Amaba a aquel hombre por la dulzura que le prodigaba. Ella no comprendió su respuesta. Ella le tendió los brazos medio adormilada. pero pronto se le olvidó mientras observaba cómo se desnudaba. Anne sentía el cuerpo lánguido de tan relajada como estaba. Philip la meció. el mensaje que había enviado podía ser interceptado y utilizado en su contra. que seguía sus movimientos parpadeando con gesto adormilado. Esta le tendió de nuevo los brazos y.. los labios curvados en una suave sonrisa. pero él retrocedió. —Pues entonces duerme —murmuró él.189 - . Ella intentó coger entonces la toalla. la acarició. Cuando terminó de lavarse. y lo cierto era que nada la habría conmovido y complacido más. Para su eterno bochorno..

tumbada a su lado. atrayéndola hacia su cálido cuerpo. Él apoyó la cabeza en un brazo y la miró a los ojos. Y ahora duerme. Anne no tuvo más remedio que ponerse el sencillo vestido que le había dejado Margaret. tenía que ver con. lo que hizo que se acordara de la doncella con cierta preocupación. Por el momento. pero su expresión se relajó casi al instante. lo oiremos. Tienes que estar fuerte para enfrentarte a ellos. Entonces bajó un poco la cabeza y la besó. sonriendo.. —Arriba —ordenó Philip. ¿Acaso sólo le habían parecido importantes porque era lo que deseaba su madre? ¿Y no querría su madre que ante todo fuera feliz? A lo mejor había sido un estúpido relacionando a Anne con su pasado. —Duerme —murmuró. la chica se removió un poco en sus brazos y abrió los ojos. —Buenos días —murmuró. —Buenos días —respondió él con idéntica sonrisa. tienes que descansar. —Philip. al provenir ambos de la misma clase social.190 - . El rostro de ella se crispó en una mueca ceñuda. Anne notó que alguien la zarandeaba para que se despertara. —Está claro que a estas alturas habrán descubierto ya mi desaparición —dijo . A lo mejor tenemos visita. pero consiguió besarla sólo en la frente. Anne. Antes del amanecer.. dándole una palmadita en el trasero cuando intentó acurrucarse más dentro de las mantas—. Él le alisó el pelo retirándoselo de la cara mientras pensaba en la ternura que le despertaba. Lo miró confusa un momento. Cada vez percibía con más claridad que sus sueños de llevar una vida noble y subir escalones dentro de la corte eran banales por completo. pero fue un beso muy breve. Aquello era lo más difícil que había tenido que hacer en su vida. —No has dormido —susurró. en cuanto se quedó dormida. Él se encogió de hombros. la emoción que lo invadía cuando dormía entre sus brazos? Aquello no tenía que ver con la pasión o el deseo. pensando en que cualquiera podría entrar en la habitación. mantenerla sana y salva era lo único que importaba.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO boca para que la besara. Abrió los ojos y vio a Philip inclinado sobre ella. Ella lo rodeó con un brazo y se durmió de nuevo. —No me ocurrirá nada. Pero ya era hora de dilucidar qué era lo que lo hacía realmente feliz a él. y al cabo levantó una mano y le acarició la mejilla. Al cabo de varias horas. No podía dormirse. ¿Sería amor? ¿El dolor de pensar que pudiera haberle ocurrido algo malo. Si alguien viene. —Jamás me perdonaría que te ocurriera algo.

habría ordenado que las matasen a todas. Ni siquiera a nuestros caballeros de la Liga les pareció rara la muerte de lady Staplehill. —¿Has venido solo? —preguntó. más bien se le vio aliviado. —¿Quién es? —preguntó. David —lo tranquilizó ella—. Es obvio que esos hombres no querían asesinar a las mujeres a menos que no les quedara más remedio. —¿Y no se lo has dicho a nadie. como los demás nobles. sonriendo débilmente. Recibí tu mensaje. pero Philip no pareció alterarse. —Ya lo sé. siguiendo distintos medios para no atraer sospechas. pero nos apenó enormemente tener que abandonaros. David. —Sin vuestra ayuda —terció Philip con frialdad. —¿En el último momento? —dijo ella. sí. Anne se percató del alivio del caballero al verlo. Los dos intercambiaron una mirada. porque eso lo haría parecer culpable. sosteniendo la espada donde el visitante pudiera verla. es cierto.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO mientras Philip le anudaba los lazos del vestido—. Philip se hizo a un lado para dejarlo entrar y revisó el pasillo antes de cerrar la puerta. pensó Anne. llamaron a la puerta. hay cosas de las que no me está permitido hablar. Me alegro de que lo lograra.191 - . agachó la cabeza mientras decía: —Sí. De haberlo deseado. —David. —¿Vas a decirles que sospechas que hay un traidor en sus filas? Philip vaciló un momento. Anne se sobresaltó. De pronto. y. No puede negarse. —Milady —dijo—. Lo único que podemos hacer es mantener la esperanza. Después de todo. Philip abrió la puerta una rendija. intercambiando una mirada con Philip. —¿Y si el traidor de la Liga la encuentra antes que nosotros? —Estoy seguro de que estará bien vigilada. tan alto y normalmente impasible. ¿Crees que Margaret estará bien? —¿Por qué iban a hacerle daño? Me temo que estarán más ocupados pensando en encontrar a lady Rosamond. —Creo que no hace falta arriesgarnos a menos que sea necesario. a continuación. Bramfield debe hacer acto de presencia ante el rey. tal como te pedí? —A nadie. Milady. Pero te ruego que olvides el trato . —Si no tenemos más remedio. Cosas de las que no le estaba permitido hablar. Le hizo a ella una señal para que se ocultara en un rincón de la habitación y desenvainó la espada. ¿Cómo demostrarlo? Nos tomaremos nuestro tiempo antes de tomar una decisión. Estaba empezando a amanecer. así que cogió la palmatoria con la vela. pero aún había poca luz. Philip me decía en su carta que os había rescatado. Y Bramfield asignó la vigilancia de cada una a un hombre. —Sí.

a salvo en un lugar seguro. —El caballero negó con la cabeza—. —¿Cómo va a estarlo? Ha viajado hasta aquí en secreto sin perder en ningún momento su coraje. Y no nos queda mucho tiempo. Me conoce por los años que vivimos juntas en Alderley. ¿Se encuentra bien lady Rosamond? —Sí. Anne se preguntó con preocupación si no la habrían coaccionado de algún modo.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO deferente. Aquí ocurre algo. con la esperanza de que Philip también creyera que era lo mejor—. Hasta que lord Bramfield y sus compinches sean descubiertos. Y ahora que casi ha terminado todo se echa atrás. o eso es lo que nos han dicho. —¿Podría hablar con ella? —preguntó Anne. nadie está a salvo en el reino. Vuelvo a ser Anne a secas. porque esta noche los nobles se reúnen en el palacio de Westminster. señorita —dijo David. —Íbamos a haberlo hecho ayer. —Tal vez esté asustada —sugirió Anne.192 - . —Puedes hacerlo. Ella sintió un enorme alivio. pero se negó y no quiso decirnos por qué. . —¿Ha ido a ver va al rey? —preguntó Philip. —No sé si puedo pediros ayuda de nuevo.

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 22 Al alba.. El edificio adonde David los condujo era como tantos otros de acaudalados mercaderes. pero no exactamente dónde. Dentro del vestíbulo había otros dos guardias. muros enlucidos y techo de paja. Lady Rosamond y una doncella estaban sentadas en un saloncito de costura. tres plantas. —Estoy aquí para proteger lo mismo que vosotros —contestó Philip impertérrito—. ¿Vais a negarme la posibilidad de hacerlo? —Ha pasado dos semanas con nosotros —dijo David—. Cuando la condesa alzó la vista. finalmente se internó en la casa. —No me importa que estas personas nos hayan ayudado ni cómo lo hayan hecho. La joven se preguntaba aterrada si Bramfield habría intentado violar la seguridad de aquel sitio. —No está aquí. leña para calentar la casa y ostras recogidas en el océano. Podéis confiar en mi palabra. los condujeron a las habitaciones situadas en el primer piso. Pero por el momento lady Rosamond seguía allí. Era . Con suerte. Preguntadle a sir Walter. miró a David con gesto frío. quiero que ese hombre deje aquí su espada. Aunque era evidente que el caballero no quería consultar a nadie más. Aunque no tardaría mucho. Finalmente. Anne no se había dado cuenta hasta ese instante de lo preocupada que estaba. Los vendedores ambulantes gritaban sus mercancías para el ama de casa: leche de la campiña. Estuve a su servicio hace varios años en el castillo de Alderley. su vacilante expresión se transformó en una sonrisa de alivio y se levantó rápidamente. y los dejaron entrar cuando David explicó quiénes eran. aún. Ella recordará el nombre de la doncella de la señora del castillo. Anne.193 - . el traidor de la Liga tal vez supiera solamente que lady Rosamond estaba en un lugar seguro en Londres. a las afueras del Strand. con la cara cubierta por una espesa barba que le ocultaba parcialmente una cicatriz antigua. bordando. ¿Cómo confiar en todos aquellos hombres de la Liga? El que estaba al cargo de la protección de lady Rosamond. preguntadle a milady —sugirió Anne—. lanzando la labor a una mesa cercana.. —Entonces. distribuidas desde la parte delantera a la trasera de la estrecha casa. Dos hombres montaban guardia en la puerta. Los condujeron a través de las puertas frontales hasta un pequeño jardín florido. ilesa. Anne y los dos hombres callejeaban por Londres para asegurarse de que no los seguía nadie.

nada más cerrar la puerta. Ella siguió a la condesa y se quedó totalmente aturdida cuando. habríais corrido verdadero peligro.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO tan alta como Anne y el pelo negro le caía libremente por la espalda. sin embargo. Hemos venido lo antes posible. —Así es. Que lord Bramfield y sus compinches hayan corrompido a uno de los hombres de la Liga. Sé que esto es peligroso pero ¿todavía queréis ir a ver al rey? —Ahora más que nunca —respondió la mujer con firmeza—. incluido al rey Enrique.194 - . comprendía su angustia. sin embargo vos no parecéis estarlo. debajo de mi cuenco de potaje. ¿Qué está pasando? —Milady. la mujer la agarró con fuerza por la parte superior de los brazos. —Cómo me alegro de verte y de que no te haya pasado nada. aunque la mujer la agarraba con tanta fuerza que le estaba haciendo daño. Aunque sus palabras parecían inocentes. Los hombres de la Liga han protegido mi secreto con sus propias vidas. —No. Ahora mismo no sabemos en quién podemos confiar. ¿Permitiréis que lo hagamos sir Philip y yo? . Decía que te habían apresado y que te matarían si hablaba con el rey. Será sólo un minuto. arriesgando así tu vida. Anne no se quejó. su expresión denotaba cautela. en su comportamiento que le daba mala espina. ¿Cómo iba a hacerlo? Habrían insistido en que fuera de inmediato a ver al rey. hasta el final —contestó ella tras hacerle una reverencia. milady. —Pero ¿cómo han podido enterarse? —preguntó lady Rosamond en un susurro. pero no dejaba de ser extraño que la estuviera postergando. porque al parecer han descubierto que estáis en Londres. —Eso es justo lo que tememos. caballeros. había algo en sus gestos. Tu viaje haciéndote pasar por mí ha debido de ser todo un éxito.. es cierto que lord Bramfield me secuestró. durante la comida. —No me han informado de que hubiera habido problemas —se apresuró a decir. No podemos dejar que este tipo de hombres nos amenacen a todos. y lanzó varias miradas hacia Philip y David. —¿No se la mostrasteis a nadie? —No. Ahora estoy bien. Anne. Tal vez sólo fuera el nerviosismo previo a su reunión con el rey. acompáñame a mi habitación. Pero la Liga no puede escoltarme. El encuentro con los nobles tendrá lugar esta noche. milady. como si no se hubiera molestado en dejar que se lo peinaran. ¿Podríamos hablar un momento en privado? Lady Rosamond giró la cabeza de manera que sólo la joven pudiera ver su expresión de urgencia. Anne —dijo cogiendo a la joven de las manos—. Da la sensación de que no hace mucho que ha conseguido la información. —He recibido una nota. —Milady —comenzó Anne—. alivio y verdadero pánico. dando vueltas alrededor de Anne—. eso es cierto. —Anne vaciló—. —Sí.. porque de otro modo. Pero. no os preocupéis por mí. pero fui rescatada. La encontré ayer.

mirando a Philip con gesto especulativo. —¿Dónde está David. Y. Lady Rosamond levantó una de las comisuras de los labios en una especie de mueca nerviosa.195 - . el esposo de lady Elizabeth. Él me ha protegido y guardado vuestro secreto durante estas dos semanas. No muchas mujeres nobles invitarían a un hombre a su dormitorio. Philip dejó de dar vueltas arriba y abajo cuando se abrió la puerta de la estancia. era la mano derecha de lord Alderley. anteriormente. —Hablando con alguien en la planta de abajo. Sólo hay un problema. Entonces. pero es imprescindible finalizar lo que hemos empezado.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Es de fiar ese caballero? —Ya lo creo. Philip? —preguntó. claro que puedo. Eleanor. Philip dejó pasar primero a la doncella. Tras oír toda la historia. lady Rosamond cerró la puerta y se apoyó en ella. y sabía que estaba desesperada. —Lamento que tengamos que utilizar a Anne de nuevo. —Anne. —A lady Rosamond le gustaría hablar contigo. —Entonces. fue Philip quien habló. Y contigo. quien enseguida tomó la palabra: —Lady Rosamond ha recibido amenazas de lord Bramfield. la doncella de lady Rosamond retomó su labor. pero hay algo que vos y yo sabemos muy bien cómo hacer. Lo haré aunque pierda la vida en ello. espada en mano. ¿Podríais llevarme ante el rey? —Sí. la chica le hizo un gesto. pero él había aprendido ya que la condesa era diferente. Philip lanzó una mirada llena de confusión a Anne. atento a cualquier sonido que proviniera de la puerta . no creo que otra mascarada sea la solución. Philip esperó en la antecámara de lady Rosamond. Pero debemos apresurarnos y salir antes de que regrese vuestro amigo. —Entonces iremos juntos —contestó la condesa con una determinación cargada de alivio—. Una vez los cuatro dentro. No tardaron en cambiarse de ropa. ¿tu plan es enfrentarte a diez hombres en una huida temeraria? —le espetó. —Pero ¿tú has visto cuántos centinelas hay? —Sí. milady. Lo mejor sería salir lo antes posible. Al ver que sólo Anne asomaba la cabeza. —No habrá que llegar a tal extremo —contestó la mujer—. sir Philip —dijo lady Rosamond—. ¿Cómo explicaremos que prefiero prescindir de la protección de la Liga? —Creo que no aceptarán ninguna explicación. milady.

con angustia. pero no se atrevía delante de un David tan . cuando Philip retrocedió. retorciéndose. ¿Por qué crees que vaciló a la hora de completar la misión? No tenemos manera de saber quién es el miembro de la Liga que os ha traicionado.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO que daba a la escalera. mostrándole la espada. —Philip no bajó la espada—. ¿cómo podemos confiar en esos hombres a los que debes lealtad? ¿Cómo puedes hacerlo tú? Philip casi podía ver los pensamientos de David en sus ojos. se frotó la garganta dolorida. —¡Eso es imposible! Él lo apretó un poco más fuerte contra la pared. Philip asintió. Oyeron los pasos de alguien que subía la escalera. Te estoy diciendo la verdad. O ya habrías hecho que la mataran hace tiempo.196 - . aparte de un miembro de vuestro grupo. —Baja la voz. Esta vez. cuando el caballero se dio la vuelta. y Anne tuvo que llevarse a la doncella casi a rastras. lady Rosamond había cambiado de ropa con Eleanor. —No he hecho tal cosa. Al abrirse la puerta. ¿te quedarás quietecito y me escucharás? El otro asintió y. —Lo sabías antes de venir. oyeron la voz de David. Y yo te he traído aquí. —¿Lady Rosamond? Philip cerró la puerta y. Llevaba el pelo oculto bajo un griñón. lo agarró por el cuello y lo empujó contra la pared. cuyos largos pliegues enmarcaban su rostro. Pero lady Rosamond recibió una misiva ayer por la mañana en la que amenazaban con matar a Anne si iba a ver al rey. un tanto perpleja. fue porque ya sabían dónde se encontraba lady Rosamond. Las mujeres parecían acongojadas y Eleanor bajó la cabeza y se puso a rezar. —¡Nos has traicionado! —exclamó con voz ronca—. finalmente. —Estamos listas. Quería envainar la espada. si no torturaron a Anne. ni ninguno de nuestros dos compañeros —contestó el caballero. acto seguido con perplejidad y. David era tan alto que Philip tuvo que hacer equilibrios para sujetarlo tan arriba. ¿cuál es tu plan? —preguntó finalmente. El otro lo miró mudo de asombro. —Entonces. su doncella. —Lo sé. Philip se dio la vuelta y encontró a Anne vestida exactamente igual que a su llegada. Philip les ordenó que volvieran a la habitación. —Si te suelto. —Vamos a sacar a lady Rosamond de aquí sin que se enteren los demás — explicó Philip. ¿verdad? —quiso saber David. Pero David. Philip no lo soltó. conocía esta información? —Tú sabes que no soy yo. mientras que la chica se había puesto la ropa de su señora. ¿Quién más. —Escucha.

—Lo haré. —Y con estas palabras se encaminó hacia la puerta más alejada y la cerró tras ella. milady. pero no puedo ofrecerte demasiada ayuda frente a tantos hombres. —¿Qué quieres que haga? —Baja conmigo como si no pasara nada. observándolo con frialdad—. No puedo seguir confiando en vosotros. oyeron que las dos mujeres discutían sobre los ingredientes que echarían al vino caliente con especias que le subirían a lady Rosamond para calmar su estómago. Philip se dirigió hacia la otra puerta. Lo conseguiremos. —Puedes quedarte en el dormitorio. David señaló hacia la parte trasera. —¿Por qué me cuentas todo esto? —quiso saber David. David se frotó el rostro con una mano. Anne. no prestaban demasiada atención a los que salían. Échate en la cama si no te encuentras bien. —Las cocinas están por allí. Esta vez le tocó a Philip el turno de mirar desconcertado. ya lo verás. —Yo la guiaré —lo interrumpió Philip—. Que Dios os acompañe. Yo no soy uno de vosotros.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO furioso y frustrado. —¿Listo? —No lo sé. ¿Dónde iba a estar más segura? —En cualquier otro sitio que no sea éste —respondió lady Rosamond. —No es un error. Puedo correr el riesgo. Anne y lady Rosamond irán detrás. —No tenemos intención de pelear —dijo Anne—. pero quiero que todo esto termine ya. Concentrados en evitar que alguien pudiera entrar. Te acompañaré. Nos iremos ahora mismo. Anne echó un vistazo a Eleanor. envainando la espada nuevamente—. —Y. —Porque confío en ti. Los nobles se hallan reunidos. En el vestíbulo delantero había dos soldados de guardia. además. —Eso es imposible. Debo ir allí con el rey.197 - . Pero tengo que cumplir con mi misión. Salieron al descansillo y empezaron a bajar el único tramo de escalera. Si no dejáis que os llevemos hasta allí. vigilando las ventanas. —Sólo había que convencerla. . —Te doy las gracias por la ayuda que nos estás brindando con lo de lady Rosamond —dijo David como quien no quiere la cosa. Sólo espero no estar cometiendo un error. no quiero que tengas que pelear contra tus compañeros —añadió Philip. pero echó una ojeada a David antes de abrir. perplejo.. y Philip contaba con ello.. A su espalda. La joven miró a su señora asustada. —Está en el palacio de Westminster —los informó David—. El caballero tensó la mandíbula.

—Estoy seguro de que la puerta de la verja estará cerrada —dijo Philip—. David asintió.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Sé dónde están las cocinas. Pero habréis de tener un poco de paciencia. Anne. y Philip se aprovechó de la circunstancia. Philip la ayudó a guardar el equilibrio y después observó cómo se tumbaba boca abajo sobre el primero para después sentarse. Entonces. Las mujeres entraron en las dependencias exteriores mientras él hacía lo propio en las letrinas. Vuelvo dentro de un momento. que también habían estado vigilando. Tal como les había explicado lady Rosamond. Sin pérdida de tiempo. En un rincón del patio. de modo que éste quedó entre ellos y la mansión principal. y no estaba permitido que las cocinas estuvieran en el interior de los edificios. Os ayudaré a subir. ¿Qué puedo hacer por vos? —Me han entrado ganas de probar un poco de ese vino del que hablabais. . Philip le puso la mano debajo del trasero y la impulsó hacia arriba. las cocinas se encontraban en un edificio separado. la joven le tendió el brazo a la condesa. milord —dijo lady Rosamond. con una voz más ronca. había un sauce de gran tamaño. —¡Estoy en lo alto del muro! —susurró. —¿Lady Rosamond? La mujer no era tan ágil y dio un respingo cuando Philip tuvo que impulsarla empujándola por el trasero. Aprovechó para salir a toda prisa al encuentro de Anne y lady Rosamond. —Las paredes parecen muy altas —comentó Anne. —Tengo que ir a las letrinas —dijo Philip—. Anne dio un paso al frente. vio que el soldado de guardia recorría el patio trasero y después seguía hacia la parte delantera. —Eh. ¿no es así? Philip necesitó de toda su fuerza de voluntad para mostrarse impasible. Quería llevarse la mano a la empuñadura de la espada. Os traeremos un poco. ¿Podrías traerme un poco? —Claro. Philip siguió a las dos mujeres hasta la parte trasera de la casa. y que serviría para ocultarlos. Londres había sufrido ya demasiados incendios. y rodearon el edificio de las cocinas. señor. pero con ayuda de Anne consiguió subir. Después se cruzó de brazos y agachó la cabeza para echar un vistazo a través de la misma ventana. —Sí. tú —gritó uno de los soldados—. Desde allí. donde quedó fuera de su línea de visión. señor —contestó ella. ¡Deprisa! Anne no tuvo problemas en poner el pie sobre la rodilla doblada que le ofrecía y después en el hombro. El soldado echó un vistazo por encima del hombro y siguió mirando por la ventana. cuyas ramas se cernían sobre ellos. porque sería una actitud demasiado amenazadora. porque tendremos que calentar gran cantidad. a horcajadas. sonriendo de oreja a oreja mientras lanzaba una ojeada a la tímida lady Rosamond—. pero no lo hizo.198 - . construido en el patio trasero de la casa.

—Sí.199 - . y. oyeron un grito a sus espaldas. se elevó lentamente hasta quedarse a horcajadas él también. Entonces se inclinó sobre el muro y la sujetó de los brazos hasta que la mujer estuvo lo bastante cerca del suelo como para llegar de un pequeño salto. a continuación.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Esto está muy alto —comentó. con la espada colgándole del cinturón. Podríamos alquilar una barcaza para que nos llevase río arriba. —¿Y el Támesis? —sugirió lady Rosamond avanzando con todo sigilo por el callejón—. Echaos hacia el árbol para dejarme sitio. —¡Lo hemos conseguido! —exclamó la joven. Cogió impulso y consiguió aferrarse al borde superior del muro al segundo intento. que la esquivó. Tendremos que alquilar caballos. procedente de detrás del muro de la casa custodiada por la Liga. Philip desenvainó la espada y la esgrimió contra el hombre. que era la que más cerca estaba. podía darse el caso de que creyeran que lady Rosamond estaría suficientemente amedrentada. No parecía que los hombres de Bramfield estuvieran vigilantes. En un momento en que el desconocido se movió para mirarlas. Dos edificios más abajo. —¿Era uno de los hombres de Bramfield? —preguntó lady Rosamond con voz queda. De pronto. —Aún no hemos acabado —le advirtió él—. Philip retrocedió dando traspiés. Philip se dio la vuelta y vio a las dos mujeres abrazadas a unos metros de distancia. agarró a ambas por el brazo y las apremió a continuar por el callejón. saltó él también. —¿Está muerto? Philip se arrodilló de espaldas a ellas y rebanó la garganta del herido rápidamente. Philip se acercó y sus espadas entrechocaron. Philip abría la marcha. El hombre cayó al suelo con la respiración entrecortada. Al otro lado se veía un callejón desierto entre los altos muros que cerraban el paso a los patios de varias viviendas. asomándose al otro lado. —Dadme las manos —le dijo Philip a la condesa. . —Os ayudaré a bajar —dijo Philip—. que se lo agradeció con una enorme sonrisa. Apretando los dientes. comprobando minuciosamente que las puertas de todos los patios por los que pasaban estaban cerradas. Después. no podemos arriesgarnos a sacar los nuestros del patio principal. aunque parecía concentrado en llegar a las mujeres. Repitió la operación con Anne. ¿Estaría aquel hombre simplemente protegiendo su propiedad? Entonces alcanzó a ver fugazmente la librea negra y azul de los criados de lord Bramfield. un hombre saltó por encima de un murete. No podrá contarle a Bramfield que hemos escapado de la custodia de la Liga. pero éste era más hábil y logró desenvainar también su daga y clavársela en el costado. consciente de que con el movimiento había tirado a las dos mujeres al suelo. Anne tiró de lady Rosamond para obligarla a avanzar.

Continuaremos en sentido oeste en cuanto salgamos de este callejón y después iremos hacia el sur. —El Támesis es nuestra mejor baza. en dirección al río. ¡Deprisa! .200 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Él asintió.

—Pero necesario. puesto que es la única sala lo bastante grande para albergarlos a todos. si no. Pero ¿qué podía hacer? Tras ayudarlas a ella y a lady Rosamond a salir de la embarcación. Miró a la condesa que. El grupo había decidido apartarse del río hacia el norte del palacio y su patio. ay. y aunque Anne trataba de convencerse de que le iría bien un poco de descanso. Anne. el barquero habría disfrutado de una buena vista de sus piernas por debajo de la falda. cerca de una serie de pequeños edificios apiñados en torno a la calle. Anne deseó que hubieran podido perfilar los detalles de su plan en el viaje en barca. un monarca necesita una forma de salir de su propio palacio sin una escolta de soldados que vigilen absolutamente todos sus movimientos. la gente desea pasar desapercibida. —El rey se reunirá con sus nobles esta noche en el gran salón del palacio. es una larga historia. La alegró ver que la escala estaba algo retirada del río. Su mirada vagaba una y otra vez hacia Philip.. le resultaba imposible dormirse. —Hay una entrada privada —explicó lady Rosamond—. ¿Cómo se las arreglarían para entrar sin ser vistos en semejante lugar? Pasaba del mediodía y la zona bullía de gente que iba de un lado para otro. seguido por la condesa y. los soldados nos pedirán que nos identifiquemos. porque. seguía pareciendo decidida. —Suena peligroso —comentó Anne. los tres tuvieron que atravesar de puntillas un trecho cubierto de barro y porquería antes de alcanzar la escala por la que ascendieron al nivel de la calle. pariente lejano del rey.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 23 El barquero tuvo que remar durante varios kilómetros hasta Westminster. Estuvimos en Londres una vez y. aunque pálida. me desveló las palabras que garantizaban el acceso. —Lady Rosamond sonrió—. a veces. —Espero que nos ocurra a nosotros eso exactamente —comentó Philip con . Philip encabezaba la marcha. pero la presencia del barquero había imposibilitado la conversación. —Y algún invitado podría reconocernos —añadió Anne. A veces. Pero si tratamos de colarnos a través del patio del palacio. incapaz de imaginarse lo que sería recuperar su antigua vida sin él. Mi querido esposo. Seguro que los nobles habrían empezado a llegar ya con motivo de los festejos previstos para la noche. El caso es que. no importa. por último. Las gigantescas murallas de piedra amarilla del palacio de Westminster resplandecían a la luz del sol. —Tenemos que entrar —dijo Philip con tono dubitativo—.. No querían mostrarse todavía.201 - .

Comieron en el rincón más oscuro que encontraron. Pero en vez de tomar el camino que conducía al palacio. Pero lo comprenderá. Anne sentía los nervios tan tensos que parecían a punto de estallar. con la intención de hacer más verosímil su interpretación. seguro y valiente. —¿Podemos permitirnos esperar hasta tan tarde? —preguntó él—. probablemente porque hubo un momento en que ella había carecido de eso por completo. —Deberíamos hacerlo después de la cena. Le había hecho falta hacer ese viaje para aprender a creer en sí misma. Aguardaron hasta que no quedó nadie en la zona y entonces se escabulleron a través de un callejón. Sin antorcha con que iluminarse. de eso estaba segura. Las nubes ocultaban la luna y empezó a preguntarse cuándo llegarían. en dirección a unos edificios sólidos de poca altura destinados a almacenaje. guiados por lady Rosamond esta vez. aguardando el momento de regresar al palacio. Pero ¿qué pasaba con Philip? Él se preocupaba por ella. Se levantó a jugar una partida de dados con un grupo de hombres. Las condujo hacia una taberna situada nada más salir de la calle del Rey. sí. Merecía soñar con alcanzar la felicidad.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO sequedad. ¿podría llegar a amarla? ¿Sólo el amor podría hacerle abandonar sus planes de llegar alto en la vida para compensar a su familia? Quería casarse. la condesa regresó hacia el río. pero Anne apenas tenía una ínfima dote que ofrecerle. ¿No os esperaba el rey? —Ayer —se lamentó ella—. ¿Cómo era posible que la última parte de la misión se presentara como un obstáculo insalvable después de haber llegado tan lejos? Sin embargo. Anne oyó cómo la condesa contaba para sí conforme pasaban por algunos edificios.202 - . había matado al hombre de Bramfield y ahora se disponía a introducirlas en el palacio del rey. ¿Habría posibilidades de compararla con Philip? El rechazo de la Liga la había obligado a reconsiderarse a sí misma y lo que quería de la vida. ¿Es que no había nada que lo inquietara nunca? La confianza en sí mismo que demostraba siempre era uno de los motivos por los que lo amaba. más allá de su valor como doncella. sin hablar apenas. para averiguar lo que valía como persona. Por aquí. ¿Creéis que habrá una taberna por aquí cerca en la que podamos comer algo? —Me sentiré más seguro en algún lugar donde no estemos tan expuestos a las miradas —respondió Philip—. allí estaba Philip. El grupito abandonó la taberna al abrigo de la oscuridad del crepúsculo. templado. Tendría que buscar la manera de convencerlo de que el amor era más importante que la posición social. La condesa miró hacia el sol. . Las había sacado de la casa custodiada por la Liga. cuando la mayoría de la gente se haya ido a descansar. sin embargo. más allá de la mascarada o de lo que la Liga pudiera pensar de ella. ¿Cómo se le había ocurrido pensar que convertirse en miembro de aquella sociedad secreta podía ser más importante que encontrar a alguien con quien compartir la existencia? Se había centrado en aquello a falta de otras esperanzas.

parecieron tranquilizarse. El rey me está esperando. Anne detectó el refinado tono imperativo que emanaba de cada palabra de la mujer. Los soldados parecieron detectarlo también. Ella avanzó un paso hacia él. —¿La viuda del conde? —He viajado hasta aquí en secreto y tengo que entrar en el palacio. milady.203 - . mostrando a dos hombres. éste aguardaba tenso. Anne se preguntaba si los escoltarían o tendrían que pasar ocultos dentro del carro de los desperdicios. No llevaban arma alguna. que inclinó la cabeza. iluminada por varias lucernas. Llamó con los nudillos. No había ventanas por las que asomarse. —Aquí está —dijo con voz queda. una vez sólo en esta ocasión. El edificio constaba de una única estancia de gran tamaño. poniendo énfasis en el título con sarcasmo—. delante de una puerta. Os sugiero que me dejéis pasar o podemos discutir el asunto aquí fuera. pero su actitud indicaba que estaban acostumbrados a blandir espadas. —Lady Rosamond Wolsingham. lady Rosamond se detuvo. como si no la creyera. lo que produjo un sonido hueco al otro lado. . Cuando vieron que quienes habían llamado eran únicamente un hombre y dos mujeres. El rostro del hombre se crispó aún más. y fue su compañero quien tomó la palabra. —Adelante. Dejadme que hable yo. Cuatro hombres montaban guardia delante de una mesa rodeada de taburetes en el extremo más alejado. —Os facilitaré la contraseña. Lo que fuera que le susurrara al oído hizo que la expresión del hombre pasara del escepticismo a la sorpresa. Lady Rosamond sonrió. De pronto. Volvió a llamar. porque se hicieron a un lado para franquearles el paso. —¿Quiénes sois? —preguntó el más bajo y fornido de ellos. sonriendo con gesto desafiante. La puerta se abrió de inmediato. —¿A qué tendremos que enfrentarnos? —preguntó Philip. Anne miró a Philip con ojos como platos. Si conocéis esta entrada. sabréis también lo que hace falta para conseguir el acceso. Sir Humphrey se cruzó de brazos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO comenzarían a tropezar de un momento a otro. Debería de haber varios nada más entrar. como si todavía esperara tener que pelear. y decidla en voz baja. escudriñándolos con recelo. —Soldados. soy sir Humphrey. —Milady —dijo el soldado achaparrado. Aquella «entrada privada» estaba verdaderamente alejada del palacio.

administrador del palacio de Westminster. el ascenso pareció aún peor. —Algo impaciente. llegaron a otra escalera y. Anne intercambió una mirada de sorpresa con Philip. pensó Anne con gran excitación. La joven sentía como si le ardieran los muslos cuando llegaron al final. El soldado que los había escoltado hasta allí hizo una inclinación con la cabeza y se marchó. —Los festejos de esta noche son en vuestro honor. . El soldado más alto cogió otra antorcha antes de bajar también cerrando la marcha. ¿Cómo se las arreglaría para convencerlo de que sólo accedería a casarse si era con él? Sir Humphrey los condujo hasta un montón de cajones de madera rotos y. La escalera olía a tierra y a moho. ¿Y quién sois vos? —Soy sir Edward Colet. dejó a la vista una trampilla de madera en el suelo. —Sí. —Soy yo. Un túnel subterráneo. Su majestad os ha estado esperando. Todas las paredes estaban pintadas en tonos bermellón. A Anne le pareció que debían de estar justo por debajo del patio de armas del palacio. La embargaba sin embargo la tristeza de que eso fuera todo lo que le suscitaba. esta vez. Anne notó la mano de Philip por encima del codo y mientras caminaban detrás de la mujer. Permitidme que os acompañe a la Cámara Pintada. con el techo bajo y abovedado de las bodegas que se usaban como lugar de almacenaje en castillos y palacios. llegaron ante una espléndida puerta donde los esperaba otro hombre ataviado con un jubón sencillo pero de impecable factura. Llegaron al final al cabo de varios minutos y desde allí enfilaron un pasadizo de varios metros. Finalmente. ¿Iban a ver al rey los tres? ¿Se acordaría de ellos? El monarca había asistido al enlace de Elizabeth y John en el castillo de Alderley. y la temperatura iba descendiendo a medida que avanzaban. Ésta negó con la cabeza al tiempo que la condesa daba un paso al frente. tras apartar unos cuantos. El soldado asintió. y allí había conocido a Philip. otro soldado los escoltó a lo largo de un laberinto de pasadizos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Debemos darnos prisa —dijo la condesa con tono apremiante. hasta que Anne perdió por completo la noción de dónde estaban. milady. Sir Edward enarcó una ceja. los aposentos privados del rey. Sir Edward abrió las puertas y Anne entró en la estancia más opulenta que había visto en toda su vida.204 - . pensó que de verdad se preocupaba por ella. seguidme. aunque también podía ser que se encontraran más cerca de los cimientos del propio salón o de la abadía. Pero cuando vio el agujero negro como boca de lobo que se hundía en las entrañas de la Tierra y la escalera de caracol como única vía de acceso. Allí. Sir Humphrey encendió una antorcha con la llama de una de las lucernas e inició el descenso. empezó a reconsiderar su reacción. imagino —respondió ella. Finalmente. a la habitación en la que desembocaba. —¿Lady Rosamond? —dijo el hombre en dirección a Anne.

A continuación. pero a menos distancia de ellos se encontraban varios asientos con cojines y mesitas. agrupados en pequeñas formaciones decorativas. La mujer hizo una profunda reverencia y después se levantó. pero descubrieron nuestra mascarada y la amenaza que pesaba sobre la vida de mi compañera en la misión. ¿Comprendéis? . ¿Qué estaba haciendo allí? —Perdonad mi retraso. lady Rosamond. —Así es. os esperaba ayer —comentó el monarca con tono frío. Quizá no le interesaban en absoluto los detalles de lo que habían tenido que sufrir para llegar allí. me ha impedido venir antes. pondré en evidencia a unos traidores — comentó Enrique con voz cavernosa—. Todas las coronas y las armaduras estaban recubiertas de oro. cómo fue capturada por lord Bramfield y la nota de amenaza que ella había recibido en la casa donde la Liga del Acero la había ocultado. El rey la observaba sin expresión alguna en el rostro y lo único que dijo cuando terminó fue: —¿Bramfield? Ella asintió con solemnidad.205 - .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO verde y azul. El rey. impaciente. en vez de una celebración. junto con algún cortesano y algún clérigo. Dejaremos que su identidad permanezca en secreto esta noche. que brillaba a la luz de los centenares de velas dispuestas en arañas que colgaban del techo y en candelabros de pie. que permanecía al lado de sir Edward. la condesa de Wolsingham. Lady Rosamond hizo las presentaciones y Anne creyó que el monarca reconocía a Philip. Pero no en público. —Majestad —dijo sir Edward—. centró la atención en lady Rosamond. Reconoció algunas escenas de la Biblia y lo que debían de ser antiguos reyes de Inglaterra absortos en la batalla. a pesar de los ropajes de criada totalmente arrugados que llevaba. y fue entonces cuando Anne se dio cuenta de que el vizconde Bannaster estaba entre ellos. majestad. Sé que habéis hecho llamar a todos vuestros nobles. —Y ahora. —Lady Rosamond. Despidió a la mayoría de los hombres con un gesto de la mano. El hombre le hizo una pequeña inclinación con la cabeza y ella le devolvió el gesto con cierta reticencia. pese a sus dientes ennegrecidos. majestad —dijo lady Rosamond—. y que se reunirán aquí esta noche. —¿Quiénes son estas personas y de qué manera os han ayudado? —continuó el rey. de pelo rubio y bastante apuesto. Desconozco todavía la identidad de los otros dos hombres a los que oí conspirar contra vos. la condesa explicó el propósito de la treta que Anne había llevado a cabo. la señorita Anne. El rincón más apartado de la estancia estaba separado del resto por una cortina. —¿Mascarada? —repitió el rey. un hombre alto. De pie delante de una enorme mesa había varios hombres estudiando atentamente unos papeles. Anne y Philip aguardaban justo detrás de ellos. manteniendo la cabeza bien alta. seguramente se trataría del comité asesor del rey Enrique.

JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

—Sí, majestad —respondió lady Rosamond—. Desconozco sus nombres, pero
jamás olvidaré su aspecto. ¿Cómo queréis que proceda para identificarlos?
—Dado que esto es una celebración, he hecho que traigan mujeres a la corte,
para amenizar la velada.
Lo dijo con cierto malestar, como si su sentido moral no lo aprobara.
El nerviosismo de Anne se convirtió en miedo. ¿Amenizar? ¿Qué esperaba que
hiciera lady Rosamond?
Pero la condesa ni se inmutó.
—¿Podríais explicar con más detalle lo que deberé hacer, majestad?
—Las invitadas se disfrazarán y se cubrirán el rostro con una máscara. Aunque
no estaréis presente al final de la velada, cuando sus servicios sean requeridos, os
haréis pasar por una de esas mujeres, teniendo así la oportunidad de moveros
libremente por el salón en busca de los traidores. Mi primo, lord Bannaster, os
acompañará, como si estuvierais reservada para alguien específico. Hacedle saber a él
quiénes son los nobles a los que visteis.
—Por supuesto, majestad. —Lady Rosamond hizo una inclinación.
Anne estaba horrorizada. ¿Una condesa de Inglaterra haciéndose pasar por
una... mujerzuela? Habría cientos de hombres allí, todos ellos mirándola con
perversas intenciones, ¿y se suponía que debía estar a solas con ellos?
Y de todos sus consejeros, el rey había elegido a lord Bannaster. ¿Por qué?
La joven avanzó un paso y se colocó junto a lady Rosamond.
—¿Puedo decir algo, majestad?
Sabía que Philip se había puesto rígido, pero no intentó detenerla. El rey parecía
sencillamente irritado. Ella pensó que no se lo podía culpar, teniendo en cuenta las
amenazas que se cernían sobre él.
—Sí, muchacha. ¿Qué quieres? —contestó el monarca.
—Me gustaría acompañar a lady Rosamond para disminuir el riesgo que pueda
correr su vida.
Lady Rosamond abrió los ojos como platos, y le pareció que Philip lanzaba una
imprecación entre clientes, pero el rey se limitó a intercambiar una mirada de
diversión con algunos de sus consejeros.
—¿Y cómo podrás tú proteger a tu señora mejor de lo que pueda hacerlo el
propio lord Bannaster? —preguntó Enrique.
Anne se dio cuenta de que su ofrecimiento podía haber ofendido al vizconde, y
por ello le lanzó una mirada contrita. Pero en vez de mostrarse enfadado, éste parecía
también divertido, lo cual a ella le resultaba absolutamente desconcertante. Hubo un
tiempo en que habría dicho que era alguien que no permitía que nadie alterase sus
planes, pero ahora parecía... diferente.
—Quiero decir que siendo dos —se apresuró a explicar—, conseguiríamos
dividir la atención de los caballeros, y evitar que le hicieran proposiciones a lady
Rosamond.
El rey la miraba tratando de no echarse a reír a carcajada limpia.
- 206 -

JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

—Si conocieras a esos hombres, sabrías que eso no sería así. Pero eres una chica
muy valiente por querer ayudar.
—Entonces dejad que me quede a su lado, majestad. He arriesgado mi vida por
llevar a cabo esta misión con éxito. Permitidme que colabore hasta el final.
Philip estaba seguro de que todos los presentes podrían oír el golpeteo de su
corazón dentro del pecho. No podía creer que Anne estuviera dispuesta a seguir
arriesgando su vida de aquella forma. Jamás había conocido a nadie tan valiente, y a
la vez tan vulnerable, como ella.
El rey la estudió detenidamente un momento y al fin asintió.
—Creo que el lord chambelán podrá encontraros disfraz a las dos.
La joven le hizo una reverencia.
—Muchas gracias, majestad.
Entonces le tocó el turno a Philip de dar un paso al frente.
—Ruego que me permitáis proteger a las damas, majestad.
El rey aguzó la vista.
—Sir Philip, ¿verdad? ¿No erais la mano derecha de lord Alderley?
—Así es, pero dejé mi puesto con él para abrirme camino en el mundo por mí
mismo.
—Cuento con mi propia guardia para que cuide de las mujeres esta noche.
—Y me gustaría contarme entre ellos. He protegido a la señorita Anne, y ahora
a lady Rosamond, desde que comenzó esta misión, y lamentaría tener que
abandonar.
Enrique se encogió de hombros.
—Como queráis. Sir Edward —dijo a continuación a su administrador—,
buscadle ropa con el escudo real. —Miró nuevamente a lady Rosamond—. Sir
Edward os indicará todo lo que necesitáis saber. Nos encontraremos esta noche,
cuando terminen las celebraciones. Sabed que contáis con la gratitud de Inglaterra.
Philip siguió a las mujeres y a sir Edward a través de varios corredores de altos
techos, iluminados por cientos de velas. Había pinturas y esculturas por todas partes,
pero a él no le importaban las riquezas del palacio de Westminster. Toda su atención
se centraba en una mujer.
Finalmente, el administrador abrió una puerta que daba a un dormitorio.
—Lady Rosamond, señorita Anne, miembros del servicio de palacio os
aguardan para ayudaros a bañaros y a vestiros. Daos prisa, porque cuando terminen
los festejos, mandaré a buscaros. Sir Philip, podéis ocupar la habitación contigua.
Enviaré a un paje con la ropa y todo lo necesario para vuestro baño.
—Sir Edward, tengo que hablar con vos. Es con respecto a lord Bannaster —dijo
Philip mientras lady Rosamond entraba en el dormitorio, pero cogió a Anne de la
mano cuando ésta se disponía a entrar.
El hombre esperó con el cejo fruncido.
—Os seré sincero —empezó—. ¿Se puede confiar en él?
Sir Edward esbozó un amago de sonrisa.
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JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

—Entiendo que no sabéis demasiado sobre el vizconde, excepto el estúpido
error que cometió en su intento por conseguir la mano de lady Elizabeth. Su hermano
ostentó el título hasta su muerte, y este lord Barmaster fue educado para ser monje.
Philip y Anne intercambiaron una mirada de sorpresa.
—No hace mucho que es vizconde, y le queda mucho por aprender. Pero os
ayudará esta noche.
Una vez a solas, Philip miró a Anne.
—¿Monje?
Ella se encogió de hombros.
—Entonces supongo que no nos queda más remedio que confiar en él. —Y trató
de soltar la mano de Philip, pero éste la atrajo hacia sí.
—Tengo que hablar contigo —le dijo con voz queda—. Ven conmigo.
Anne asintió.
Por el corredor se cruzaron con varias doncellas seguidas de varios pajes
cargados con la bañera y cubos de agua. Los criados entraron directamente en la
habitación de lady Rosamond y Philip metió a Anne en la suya.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella cuando él cerró la puerta.
Philip le sujetó los brazos con fuerza.
—¿En qué estabas pensando al ofrecerte a cooperar otra vez? Ésta no es tu
guerra, tú ya has hecho tu parte.
—Ya has oído mi razonamiento —le contestó la joven con calma—. ¿Acaso no
harías tú lo mismo?
—Pero ¡yo puedo defenderme con la espada!
—Y yo te tendré a ti y a los hombres del rey para protegerme.
Anne le tomó el rostro entre las manos y Philip sintió su calidez.
—Philip, ya no soy la doncella que se limita a seguir órdenes sin cuestionar
nada.
—Nunca lo fuiste.
—Creo que, al principio, lo fui para ti. Era una criada, igual que tú lo fuiste una
vez, igual que lo fue tu familia. Tal vez hasta te recordara aquel tiempo.
—Anne... —Pero no pudo continuar. ¿No había dejado de preocuparse por
aquello?—. Todo eso ya no me importa.
—Y me alegro de corazón —le susurró ella.
Apoyó las manos en el torso de él y se puso de puntillas para darle un beso;
Philip aprovechó para besarla con todo el sentimiento que no había sido capaz de
expresar aún.
—Tenemos mucho de que hablar —insistió él con voz ronca.
—Lo haremos después de esta noche. —Anne retrocedió un paso, apenada—.
Pero ahora debo irme.
Philip se quedó mirando la puerta por la que la muchacha se había ido,
consciente de su estupidez. Aquélla era la única mujer que lo había hecho feliz y él
había necesitado todo aquel tiempo para darse cuenta de que la amaba. Y, ahora, ella
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JULIA LATHAM

EL ÚNICO CABALLERO

decidía arriesgar nuevamente su vida.
¿Estaría a salvo si llegara a conocerse el papel que había representado en
aquella tragedia? Lady Rosamond pertenecía a la nobleza y poseía un título que la
protegería. Anne no tenía nada.
Y él no quería que le ocurriera nada malo. Recorrió arriba y abajo la estancia,
dándole vueltas al asunto. ¿Lograría convencerla para que se casara con él? ¿Serviría
su nombre para defenderla?
Pero ¿cómo iba a convencer a la orgullosa Anne de que deseaba casarse con ella
no sólo para eso? Porque algo tenía muy claro, y era que él iba a ser el único hombre
en su vida y en su cama.

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—¿Os parece bien nuestra indumentaria. —¿Creéis que esto acabará algún día? —preguntó él. Lady Rosamond y ella iban vestidas de oro y rojo respectivamente. pero lady Rosamond sólo se limitó a reírse. Anne sintió escalofríos vestida con tan poca ropa. sir Philip? —Estoy seguro de que a los nobles se lo parecerá —contestó él. la condesa se echó a reír y finalmente miró hacia la puerta—.210 - . Estaba muy apuesto con su jubón y sus medias verdes. Ella contuvo el aliento avergonzada y excesivamente acalorada al mismo tiempo. parecía acongojada. La sonrisa de la condesa se esfumó y Anne. —Ese toque final ha sido una buena elección por parte del rey —comentó la condesa con sequedad—. pero a lady Rosamond se la seguía viendo decidida. ¿Dónde estará ese hombre? Tengo ganas de que termine todo esto. y Anne se encontró intentando imaginárselo de monje. —Sólo hay un sitio donde me gustaría verte vestida de esta guisa. con unos modelos que dejaban al aire sus brazos y la curva de sus escotes. Pasó una hora más antes de que lord Bannaster se presentara.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 24 Anne sabía que su aspecto era muy distinto al habitual por la forma en que Philip abrió desmesuradamente los ojos cuando entró en la habitación de las dos mujeres. —¿Quieres decir que no estabas bonita vestida como yo? —preguntó lady Rosamond enarcando una ceja. Aunque era verano. Anne ladeó la cabeza. estoy ansiosa por saber más sobre vuestra próxima aventura con la señorita Anne. pero por el momento será mejor que nos pongamos las máscaras y cumplamos con nuestra tarea. La condesa sonrió con un ápice de sarcasmo. ¿Acaso no ha sido como si lleváramos máscaras a lo largo de toda nuestra aventura? —Pero no tan bonitas —opinó Anne. —Sir Philip. pensando en las cuentas de cristal que iban cosidas a las máscaras. por su parte. Como la joven comenzara a balbucir. Ambas mujeres siguieron al vizconde por el palacio. con . Se anudaron las máscaras. —Haremos lo que debemos hacer. entrecerrando los ojos con evidente furia. —Pero entiendo que a ti no. que les cubrían la parte superior del rostro dejando a la vista los labios pintados de rojo. intrigada.

sin una sola columna a la vista que soportara el peso de la cubierta. también enmascaradas pero ataviadas con modelos aún más provocativos. segura del poder arrollador de su belleza. además. En algún lugar de la estancia. Aquélla era la señal para que lady Rosamond comenzara con la identificación. y su hijo. tenía intención de traicionar a su rey? La propia Anne vio algunas caras conocidas: el barón Milforth. los músicos tocaban. Sintió una oleada de miedo al recordar cómo había intentado forzarla. Así pues. que las escoltó lentamente al interior. dos veces más altas que Philip. encontraron ante ellas a dos soldados de guardia. sonriendo a las dos mujeres que llevaba del brazo. y una sensación de calma se apoderó de repente de Anne. Se suponía que era una mujer de moral disipada. que se dirigía a exhibir a sus acompañantes ante el rey.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Philip cerrando la comitiva. Otras mujeres. Anne le dedicó una lánguida sonrisa. Cuando llegaron ante las puertas dobles. «¿Sabrán las esposas de estos nobles lo que está ocurriendo aquí esta noche?». sonrió. tendiendo el brazo para tocar el de algún que otro noble. oculta tras su máscara. Esa noche sólo importaba el dinero que se recibía y el placer que se proporcionaba. impresionada con sus dotes para la interpretación. de los allí presentes. se preguntaba Anne. Era un hombre recién casado y se decía que su esposa estaba embarazada. Pero el tipo de mujer que se suponía que era no se preocuparía por ello. Caminaba lentamente del brazo de lord Bannaster. Fueron recibidos por una oleada de calor y ruido. Lord Bannaster se movía por toda la estancia. remarcando las curvas que sabía que admiraba el sexo masculino. pero no dejó que su mirada se demorara demasiado. —¿Has oído lo que he dicho. que se encontraba a gusto entre los hombres. El monarca las miró y asintió. que la besó. de modo que se permitió marcar exageradamente su contoneo al caminar. Anne sonrió al hombre que le hablaba. Lady Rosamond y ella se cogieron cada una de un brazo de lord Bannaster. y. se paseaban entre los hombres.211 - . No fueron las primeras en llegar. ¿Habría reconocido ya a alguno de los conspiradores? ¿Quién. La condesa se reía por lo bajo. sentado en su trono sobre el estrado. y se encontró cara a cara con lord Egmanton sin la supervisión de su madre. no tendría que . Tenía el estómago revuelto y la respiración demasiado agitada. Anne oía el sonido lejano de la música. chica? Desconcertada. que iba cobrando fuerza a medida que se acercaban. No podían verle la cara. Pero él no la había reconocido. Anne se quedó anonadada al contemplar la altura de los techos del gran salón. hablando. que seguía preocupado por el hecho de que su padre se casara con la mujer equivocada. de manera que se volviera a ser invitada. gesticulando y riéndose a carcajadas por todas partes. Habría fácilmente un centenar de nobles allí congregados. Éstos abrieron. exhibiéndose y deleitándolos con sus sonrisas y sus carcajadas.

extendiendo los brazos para tocarla..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO someterse a él. aunque con reticencia. y . —No ha sido ella quien ha presentado la denuncia ante su majestad. Bannaster sonrió con frialdad. —Milord. Aunque Anne vislumbró levemente al hombre que estaba señalando. que señalaba y sonreía y le susurraba algo al oído. —No obedezco órdenes tuyas —dijo. Pero al final negó con la cabeza y se alejó con una carcajada. Tal vez aquel hombre fuera algo más que lo que había visto en el castillo de Alderley. haciéndole señas de despedida con la mano. —¿Estás disponible esta noche? —le preguntó él. —No irás a creer las mentiras de una mujer. Ha llegado a sus oídos que habéis tratado de aprovecharos de una dama noble no hace mucho. Egmanton se quedó mirándolo boquiabierto. Lord Bannaster estaba inclinado hacia lady Rosamond.212 - . Lady Rosamond y lord Bannaster echaron a andar y Anne aflojó un poco la mano sobre el brazo del vizconde. —A lo mejor no deberías estar aquí —continuó lord Bannaster. Algunos de los hombres que se encontraban cerca se rieron del comentario y el joven se puso como la grana. —Tal vez obedezcas las del rey entonces. ¿Qué sabe él de mujeres? De repente. —Egmanton. más bien bajo. Los tres paseaban entre los hombres. Agradable a la vista. Lord Bannaster dirigió toda su atención al barón. Sonriendo a duras penas. y los grupitos ocasionales de mujeres. sorprendida. impertinente. como si no terminara de decidirse por un protector para esa noche. normal. le apartó juguetonamente la mano. como si estuviera considerando la posibilidad de quedarse con Egmanton. pero no creyó que el joven barón fuera a echarse atrás. Dirigió la vista hacia lord Bannaster con agradecida satisfacción. aunque sin articular ningún sonido. —De momento estoy con lord Bannaster. mientras Egmanton hinchaba el pecho como un gallito. Anne miró al vizconde con interés. Creo que recibirás noticias de mi regio primo en breve. es casi un monje. Egmanton no se había dado por vencido.. Anne contuvo el aliento. Dirigió la mirada hacia el hombre que había señalado lady Rosamond y le pareció alguien. se obligó. ¿eres tú? No se te reconoce fácilmente sin tu madre al lado. estaba distraída admirando el brillo de las joyas —contestó ella con voz queda y algo ronca. a concentrarse en Egmanton. —¿Qué tendría que hacer para que abandonaras al vizconde? Al fin y al cabo. cuando en realidad estaba identificando a uno de los traidores.

Anne respiraba ya con más facilidad. Ella miró hacia atrás y vio que éste la observaba con preocupación. pero estaba segura de que podría encontrar a lord Bannaster. apoyado contra una pared no muy lejos. dejando que su pareja disfrutara de su escote. y no precisamente al ritmo de la música. rígido y alerta. —Baila conmigo —dijo el desconocido. A continuación vio a lord Alderley. Le habló tan cerca del oído que Anne sintió su aliento ebrio contra la piel. De repente. . La joven se quedó tan atónita que soltó el brazo de lord Bannaster. Se dio cuenta entonces de que se movía en una dirección concreta. hizo una profunda reverencia. que no lograba enmascarar el olor corporal. Lord Alderley lo había visto. el joven miembro de la Liga que la había seguido desde el castillo de lord Kelshall. Pero sin darle tiempo a protestar. Finalizado el baile. la tomó en brazos. pero sin detenerse en ningún momento. —Buenas noches. ¿Quería decirle algo de importancia? John era miembro de la Liga. pero al final se alejaron.213 - . apartándose de él.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO todos les abrían paso. un hombre la cogió de la mano libre y tiró de ella. el marido de su querida amiga Elizabeth. demorándose en ellos. lord Bannaster la arrastró hacia el corazón de la multitud. y que lady Rosamond le decía algo. colándose por debajo del brazo extendido de otro mientras éste hablaba con alguien. Caminaba lo más rápido posible. —¡Espera! ¿Has elegido ya a alguien para esta noche? Ella lo despidió con un movimiento de dedos y echó a andar. Entonces se fijó en sir Robert. observando. Antes de que le diera tiempo a ver si hablaban o no. estirando el cuello al pasar junto a un hombre de amplia espalda. Pero ¿qué le sucedería al caballero si se interponía en los deseos de un noble? Lo mejor sería no dejar que Philip pensara que estaba en apuros. ¿Cuánto sabría de su huida de la casa custodiada por la Liga? Seguro que estaría allí para velar por que la misión llegara a buen puerto. y había sido él precisamente quien les había sugerido que contaran con Anne al saber que requerían la ayuda de una mujer. La levantó en volandas y la hizo dar vueltas. Su misión estaba prácticamente concluida. Anne sintió que se mareaba al captar el denso olor a jazmín. una mujer la agarró de la mano y tiró de ella. Aún quedaba un traidor por identificar. Anne no temía en absoluto que John pudiera engañar a su esposa. milord —dijo. El problema era que había otros hombres más altos. El salón era inmenso y estaba atestado de gente. Miró hacia atrás por encima del hombro y vio a Philip. La misión era más importante. Y Anne estaba sola en un océano de hombres. Nada malo le ocurriría mientras estuviera bajo su ojo vigilante. Anne sonreía mientras se tropezaba con él. Su pareja de baile se mostraba de lo más entusiasta. sonriendo con gentileza a las mujeres que trataban de llamar su atención. tirando de ella en dirección opuesta al vizconde. De pronto. John se abría paso con determinación entre la gente. Entonces se acordó de Philip. pero su pánico aumentaba al no ver a Bannaster por ninguna parte. Aquello no era tan complicado.

Lord Bannaster apretó el paso hasta que las mujeres tuvieron prácticamente que correr para no quedarse atrás. era obvio que sentía la urgente necesidad de regresar junto al rey. lady Rosamond suspiró aliviada y se dejó caer entre los confortables cojines de un sillón. —Ay. No se habían quitado las máscaras por si el rey aparecía acompañado por otra persona. entre los que se encontraba lord Bannaster. estos zapatos no son de mi talla —murmuró. Por alguna . Para sorpresa de ellas. —Ah. qué suerte la tuya —dijo la mujer. al mismo tiempo que Philip. junto a la condesa. Cuando abrió la puerta. consciente de que eso significaba que ya había señalado al tercer traidor—. al tiempo que cerraba los ojos. —Necesito ir al tocador de señoras —continuó la condesa—. Ya estoy comprometida para esta noche. Enrique entró en la estancia con su manto forrado de piel ondeando tras él. Philip tenía la cabeza apoyada entre las manos mientras la joven echaba una cabezadita recostada en su sillón. El vizconde se fue. Anne miró hacia atrás por encima del hombro y vio que Philip les pisaba los talones. con la esperanza de que Philip estuviera por allí cerca y pudiera pedirle ayuda. Le dirigió una amplia sonrisa que ella devolvió con gran alivio. las condujo de nuevo a la Cámara Pintada. Pasó con toda seguridad más de una hora. y tapándose la boca para ocultar un bostezo. Lord Bannaster y ella se acercaban y la joven tomó de buena gana el brazo que le ofrecía el vizconde. —Esperad aquí —dijo lord Bannaster—.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Cariño. qué dolor. tratando de soltarse—. ¡Me lo estoy pasando muy bien! La temperatura del corredor era agradablemente fresca y la música y demás sonidos de la diversión del gran salón se fueron desvaneciendo a medida que avanzaban. junto a una dormida lady Rosamond. La puerta se abrió y Anne se puso en pie de inmediato. y Philip se acomodó frente a las dos. —¡Querida.214 - . mientras que la condesa lo hacía mucho más lentamente. estás aquí! Anne se habría derrumbado de alivio al oír la voz de lady Rosamond. bajo la atenta mirada de dos soldados que se quedaron montando guardia junto a la puerta. No se le estaba dando demasiado bien encontrar a lord Bannaster por sí sola. soltándola por fin. Al ver que el rey no llegaba. dejándolas a solas y algo indefensas en medio de todo aquel despliegue de lujos. a esperar. Se detuvo ante los tres y los miró con expresión firme e impasible. Anne se sentó en el borde de otro sillón. Se dio la vuelta. apoyando la cabeza sobre el respaldo. seguido por varios de sus consejeros. ¿Me acompañas? —Por supuesto —contestó ella. Pero no tardemos en volver. ¿Cómo quieres que te elijan así? —No necesito que me elijan —respondió ella. te mueves muy rápido. He de cerciorarme de que el rey nos haya visto salir del salón.

Anne recordó que en un pasado no muy lejano. aun sabiendo que se ha convocado por ellos. Baste decir que contáis con la gratitud de Inglaterra. como si de pronto estuviera terriblemente cansado. eso podría instigar una nueva guerra civil. y cuando reúna más pruebas para presentar ante el Parlamento. los nervios que Anne había conseguido apaciguar un rato antes decidieron cebarse ahora en su estómago. en adelante. vos habéis hecho posible que los actos de estos traidores no quedaran en nada. ¿no creéis? Anne contuvo el aliento. Sin embargo.215 - . Soy consciente de que estoy hablando con demasiada libertad. arriesgando vuestra vida y las vidas de la señorita Anne y de . —Sólo de momento —contestó Enrique—. —No necesitáis conocer sus identidades —dijo finalmente—. Ahora parecía que sus intereses hubiesen cambiado. Enrique se limitó a inspirar profundamente antes de responder con un suspiro. manifestando el enfado que su regio primo no demostraba—. Esa es la razón por la que se han presentado tan tranquilos a esta reunión. —Esos hombres saben que han sido identificados —terció lord Bannaster. Se dirigió hacia una mesa y alguien se apresuró a ofrecerle una copa de vino. El rey alzó el mentón. de modo que la osadía de Philip podía atraer la ira del rey. Pondré en marcha una investigación que será llevada a cabo con total discreción. No volverán a hacer algo tan absurdo. majestad. —¿Qué vais a hacer? —quiso saber Philip—. Lord Bannaster me ha proporcionado las identidades de los tres traidores.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO razón. Anne aguardó. —Pero hasta entonces serán libres —señaló Philip con ironía. Eso pasará a ser asunto exclusivo del gobierno. —La celebración está a punto de concluir. los nobles de la corte no puedan contratar un ejército —añadió el rey—. Lady Rosamond. —Y además he decretado que. él le había manifestado su deseo de causar buena impresión al monarca. Fui coronado hace menos de un año. dejar correr el asunto pese a tener la información? —preguntó lady Rosamond sin dar crédito. pero nos hemos ganado ese derecho. ¿Qué estaba diciendo? —Bramfield y sus compinches saben que si actúo contra ellos. Philip preguntó: —¿Quiénes son? El monarca apartó la vista. —¿Vais a. y hay algunos que aún no se sienten muy seguros de mostrar su apoyo. pero Enrique no reveló sus nombres.. Sin embargo. Éstos podrían ver en esta rebelión una causa con la que aliarse. Tal vez no le correspondiera a ella conocer dicha información. los nobles y las intrigas de las altas esferas. Anne no comprendía. —Debéis comprender que éstos son tiempos convulsos para el reino. actuaré contra ellos. Philip le dirigió un vistazo al notar su mueca de dolor.. Tal vez ellos no fueran nada en el mundo de los reyes.

—Majestad. exasperada. Y también necesitaré un caballo. Anne se puso su ropa de criada a toda prisa y se cubrió el pelo con una cofia de lino. —Philip. os lo prometo. el administrador del palacio.. —Adelante. Anne se dijo que aún había posibilidades de que aquello terminara siendo beneficioso. Anne. el estatus dentro de la corte que le habría proporcionado el matrimonio con una joven noble. pero no dijo nada. —¿Pensabais que íbamos a echaros a la calle a medianoche? —preguntó sir Edward. pero éste lo miró. Un murmullo incómodo se elevó de entre el grupo de consejeros del rey. —¡Philip! —exclamó finalmente Anne. sir Philip —dijo el rey—. la recompensa que había perseguido durante tanto tiempo. ¿podría pediros un favor? —lo oyó preguntar de pronto. Ella no había tenido nunca tanto miedo como en aquel momento. sir Philip. Pero si algo había aprendido en su propósito de entrar a formar parte de la Liga del Acero era que no se le daba bien esperar. asintiendo con la cabeza. pero no descansaré tranquilo sin asegurarme antes de que estas dos mujeres están protegidas. Mis establos quedan a vuestra disposición. la . ¿Cuál es vuestro deseo? —Que permitáis que las damas pasen aquí esta noche. os ruego que no permitáis a las mujeres que abandonen el palacio. pero él había demostrado ser precavido al hablar delante de un montón de testigos. —Me tengo que ir. Lady Rosamond lo observaba pensativa. ¿Acaso lo había hecho para impedir tener que enfrentarse con su curiosidad? —Adelante. con tono de burla.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO sir Philip. La Corona no lo olvidará. tratando de imaginar qué habría planeado Philip.216 - . Él le dedicó una última mirada para decir a continuación: —Espérame aquí. Una vez las condujeron a sus aposentos. Anne deseaba pedirle explicaciones. a salvo entre las paredes de palacio. ¿Acaso se le habría ocurrido atrapar él solo a los traidores? No podía dejar que lo hiciera. Pero cuando lo miró. —¿Qué estás haciendo? —preguntó lady Rosamond con recelo. Tal vez Philip recibiera. Tengo que atender un asunto. y menos cuando ella sabía que había alguien en el palacio que podía ayudar. Philip necesita ayuda. finalmente. —Yo debo irme. vio que estaba frunciendo el cejo y parecía absorto. Él negó con la cabeza. Antes de que la condesa pudiera intentar convencerla de que era una locura. pero hasta entonces. —comenzó a decir Anne. —Espero estar de vuelta mañana a la hora de la cena.. —¿Qué crees que puedes hacer tú sola? —No iré sola.

Sir Robert asintió con la cabeza. ¿Sería sir Robert? Sin embargo. y. —Os acompañaré. y temo por él. Anne siempre había tenido un fuerte instinto para conocer a las personas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO joven salió de la estancia y recorrió los pasillos a la carrera. Con el salón medio vacío. de haber sido él. No sé cómo contactar con ellos. hizo las presentaciones y explicó el dilema. los soldados que estaban de guardia en la puerta no vieron nada raro en que una doncella entrara allí. —Y piensas que Philip ha ido a por ellos. Se acercó y esperó educadamente a que terminara de hablar con otro hombre. Alderley. pero no puede actuar de inmediato. Anne le imploró con los ojos desmesuradamente abiertos. mientras los criados empezaban a limpiar y a recoger. pero antes de que pudiera decir nada. La mitad de los invitados ya se habían ido.217 - . estaba solo. Tenía buen sentido de la orientación y recordaba cómo se llegaba al salón. estaba claro que. Y. Os lo presentaré si logro encontrarlo. ¿Habrá ido allí? —¿Y lo habrá seguido Philip? —se angustió Anne—. —Pero yo sí. milord —susurró ella—. Cuando él la vio. ya sabes que me propusieron entrar a formar parte. le resultaba difícil creer que lo fuera. —¿Bramfield has dicho? —preguntó sir Robert con voz queda. y entonces murmuró: —Anne. ella se le adelantó: —Y no me digáis que esto es demasiado peligroso para una mujer. El rey conoce a los traidores. Miró a su alrededor para asegurarse de que nadie los oía. además. Tenemos que involucrar a la Liga. le resultó fácil dar con sir Robert. —¡Se ha ido solo! Me cuesta creer que pueda ser tan imprudente. —Y yo —dijo la joven. —Tiene una casa entre Westminster y Londres —comentó lord Alderley—. Afortunadamente. Llevo varias . la saludó con una inclinación de cabeza. pero no lo sé. Condujo a lord Alderley hacia el caballero. podría haberla matado hacía tiempo. —Anne. Lord Alderley cerró los ojos e hizo una mueca. Me parece que es nuestra única opción. pero que aún no he recibido entrenamiento —contestó el hombre visiblemente apenado—. John se excusó y se dirigió a ella. De pronto. John la miró con el cejo fruncido. cuando sus miradas se encontraron. lo cual le facilitó aún más la tarea de encontrar a lord Alderley. ¿qué ocurre? ¿Dónde está Philip? —Se ha ido. De hecho. Había otro miembro aquí esta noche. parecía como si éste la estuviera observando. ella recordó que dentro de la Liga también había un traidor.

JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO semanas en constante peligro. —Mujer —lo corrigió ella—. ¿Nos vamos? . Podríais ser un hombre más de la Liga.218 - . —Y os habéis manejado muy bien —la elogió sir Robert con una sonrisa de admiración—. Pero ya no me interesa. Philip es lo único que me importa en este momento.

Había sacado a lady Rosamond a escondidas. atento a cualquier cosa sospechosa. —Tengo que ver a sir David —dijo con voz queda—. Anne y lady Rosamond estaban a salvo. —Confiábamos en vos. —¿Y os considerabais más capacitado para protegerlas que nosotros? — preguntó Walter con sarcasmo. Se iba guiando por las lucernas y el cuerno de la luna. burlando su protección. si Bramfield seguía vigilando. que asomaba entre retazos de nubes. caballeros. Philip no captó el sonido del acero que hacen las espadas al ser desenvainadas. desmontó al final del callejón y ató el caballo a un poste de madera roto. hasta el saloncito de costura. pero se quedó quieto. y dos caballeros más a los que no reconoció. —Podéis iros —les dijo a los dos guardias. Cuando por fin montó de nuevo y entró con el caballo en el patio delantero. tranquilas a esas horas de la noche. Philip observó a los dos desconocidos. pensó entonces Philip con amargura.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Capítulo 25 Philip conducía su montura a través de las calles de Londres. Pero os importaba más el rey que las inocentes mujeres que habían arriesgado sus vidas por esta misión. El rey no tenía intenciones de actuar. Había luz en el vestíbulo delantero y las cortinas estaban echadas. Ambos guardias lo condujeron al interior de la casa. pero ¿hasta cuándo con tres traidores sueltos? Cerca ya de la casa custodiada por la Liga. —Y yo en vosotros —le espetó Philip—. —Me gustaría que nos dejaran a solas. por el momento. pero tampoco lo sorprendía. No diré nada más delante de ellos. a excepción de algún borracho y alguna prostituta ansiosa. no lo estaba haciendo de manera obvia. David y Joseph. sir Philip —dijo el capitán con voz gélida. dos hombres emergieron de las sombras para colocarse a ambos lados del animal. donde estaban reunidos varios hombres. que salieron de allí cerrando la puerta tras de sí. Pensaba que. Walter se puso en pie. Comprobó concienzudamente la zona. ¿Para qué iba a hacerlo?. Los otros dos lo instaron a desmontar y moverse hacia adelante sin miramiento alguno. Vengo directamente del palacio de Westminster.219 - . . entre ellos Walter.

Philip miró. Philip asintió. Walter miró de soslayo al caballero con evidente decepción. —Y aun así has vuelto aquí a buscarnos.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Se quedan —contestó Walter. —El rey no va a hacer nada contra ellos por miedo a perder el control sobre los nobles cuando hace tan poco tiempo que ha sido coronado. al tiempo que apretaba la mandíbula. ¿Por qué otro motivo si no habría de llevarme a las dos de aquí? Por un momento. ¿Qué creéis que va a ocurrir? Walter observó a Philip. y éste suspiró con gesto implacable. —Pero hay más. —¿Tenías algo que decirnos? —Alguien de la liga está colaborando con Bramfield y los traidores —contestó David—. hasta que terminó accediendo con un gesto de la cabeza y los otros dos caballeros salieron de la estancia. observando a David con sorpresa—. —La liga se ocupará de que no les ocurra nada. ¿No se lo has dicho? —No nos hemos quedado a solas en ningún momento —contestó éste. —¿Cauta? Al hacerlo así deja a Anne y a lady Rosamond en una situación muy vulnerable. Lady Rosamond recibió una nota amenazadora mientras estaba aquí. —Y la única persona que podía saber que estaba aquí era un miembro de la Liga —añadió Philip con frialdad—. —¿La Liga? —repitió Philip. pero Walter continuaba estudiando a Philip detenidamente. y a continuación añadió con ironía—: Y además les pareció que no hice lo suficiente para detener vuestra huida. —Intentará protegerse deshaciéndose de los traidores —dijo.220 - . ¿Por qué? —Porque sólo puedo recurrir a vosotros. . bajo nuestra protección. deja que primero hablemos los cuatro. ¿no? —preguntó el capitán. —Philip se pasó una mano por el pelo con gesto cansino—. —Las escolté mejor de lo que vosotros podríais haber hecho —dijo Philip bajando la voz algo acalorada—. Anda suelto un traidor a la Liga que sabe que. uno de los nobles traidores conoce su identidad. por lo menos. —A mí me parece que la suya es una actitud cauta —opinó Joseph. Lady Rosamond ha identificado a los tres traidores. Dice que quiere investigar el asunto en profundidad. Joseph y David se miraron aliviados. Philip tenía la impresión de que iba a explotar de un momento a otro. pero enseguida recobró la compostura de siempre. El hombre miró a su compañero con la imperturbabilidad de siempre. porque ahora mismo están dentro del palacio. una llama pareció arder en los ojos de Walter. —Walter.

una inocente. será mejor que no miréis. volviéndose hacia la salida—. —Hemos llegado tarde. —Te debo una disculpa —continuó el hombre—. dado que el guardia de la puerta de la ciudad aceptó mi dinero para dejarme entrar. A lo mejor. Fue una equivocación por mi parte que lamento profundamente.. Lo único que nos ha movido siempre ha sido la voluntad de ayudar a los indefensos. Entonces Philip se había puesto en peligro para nada. sin embargo. Vamos. La Liga no se ha involucrado jamás en cuestiones políticas. —Una circunstancia que ni pintada para el traidor a la Liga —señaló Philip. ella comprendió tus motivos para abandonarla mejor que yo. pero no cumplí mi promesa en mi afán por ayudar al rey. no puedo hablar por Anne. ¿Y cómo podrá llevar una vida normal con un miembro corrupto en la Liga? —Bramfield posee una casa en el Strand —dijo Walter—. el rey ha planeado un castigo para los traidores del que no os ha puesto al corriente. bajo la luna llena. pero Philip le hizo al capitán un gesto de asentimiento en señal de aceptación. Anne estaba cada vez más . Él lo miró sorprendido. —Ha sido muy generoso por su parte. he de decir que. iluminada por una lucerna. Al llegar a la puerta de entrada..JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Me importa poco que Bramfield y sus compinches mueran —señaló él—. estoy seguro de que lo aceptará también para dejarme salir. Y me alegra que hayáis acudido a nosotros. sir Philip —lo interrumpió Walter—. pero no tendrían que preocuparse por atravesar las puertas cerradas. a toda costa. Dejaron los caballos cerca de la calle y se pegaron a las paredes de la mansión. —¿El guardia está muerto? —preguntó ella en un susurro. Pero si pudiéramos capturarlo antes de que haga algo peor.. Sir Robert cabalgaba a su lado. —Ni siquiera sabemos si ha sido él —le recordó John—.221 - . Sin embargo.. Bramfield poseía una casa que era casi un palacio a la orilla del Támesis. Anne montaba detrás de lord Alderley. —Estoy de acuerdo. sujetándose a su cintura con fuerza. lo único que me importa en estos momentos es su seguridad. Se hospeda allí en vez de en el palacio de Westminster cuando está en la ciudad. David y Joseph estaban atónitos. sir Robert se detuvo. El Strand corría paralelo a las murallas de la ciudad. —Acepto tus disculpas. Y. Prometí proteger a Anne. Aunque. soy consciente de que otra vez me he comportado como un soldado. El rostro de John se crispó en una mueca. —Señorita Anne. —Tenéis razón. Porque en lo que a mí se refiere. —Philip no lo habría matado si no hubiera sido imprescindible —dijo Anne.

No podía referirse también a Philip. Centró su atención en las estatuas. la luna entraba a través de dos ventanales situados en la pared frontal del edificio. pero la casa permanecía en absoluto silencio. La joven se quedó pegada a la pared.? No quería ni pensarlo. —Insistiría en que os quedarais aquí. —Tus amigos llegan tarde —dijo como quien habla del tiempo—. Anne estaba hecha un manojo de nervios. sigamos adelante. ¿Y si ha tenido que pelear con el guardia para entrar? Por favor. —Quédate en el vestíbulo de la entrada. —Y armada se sentía más segura. pero ella tenía la daga en la mano. El hombre le ceñía el cuerpo con fuerza por la cintura. dejando que sus rayos brillaran sobre los adoquines del suelo. Pero . pero estaréis más segura con nosotros que en la calle.. tal vez. despareciendo en la oscuridad. ¿Os han enseñado a utilizar esto? —Formalmente no. Pasaba de la medianoche.. orlado de estatuas antiguas. pasaron a inspeccionar la siguiente. Anne —le ordenó John—.222 - . Están todos muertos. Sir Robert y lord Alderley se asomaron al interior. Ella asintió. pero no había luz en ninguna de las ventanas. La construcción constaba de tres plantas. No podía estarse quieta. que parecía que la vigilaran amenazadoras. —Pero no lo sabemos. Aunque no podía verle la cara. justo al lado de la puerta de entrada. Sir Robert y lord Alderley se cercioraron de que no había nadie detrás de las estatuas y tras comprobar que aquella estancia era segura. Y justo en ese momento le pareció como si la más cercana se hubiera movido. sal de aquí sin perder un momento. Conforme se acercaban a la parte delantera del palacete se encontraron con otro cadáver. Un abrumador dolor en el pecho amenazó con dejarla sin respiración. la voz le resultaba familiar. ¿Sería uno de los traidores a la Corona que había ido a matar a Bramfield? ¿O sería. En el interior. aunque no hizo ninguna promesa en voz alta. iluminando un gran salón de dos alturas. y tardaron un momento en darse cuenta de que el hueco negro que tenían delante era una puerta abierta. pero me apaño. De vez en cuando. una nube se apartaba de la luna. Anne sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. el traidor a la Liga? Anne no podía hablar mientras tuviera su mano tapándole la boca. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos sin que se oyera ruido alguno. oculta entre los pliegues de la falda. —Sir Robert le entregó una daga—. —La falsa lady Rosamond —le susurró él al oído. un hombre saltó sobre ella y le tapó la boca al tiempo que la sujetaba con fuerza contra su cuerpo. Si oyes ruidos de pelea. ¿Y si Philip estaba.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO preocupada. Pero antes de que pudiera gritar. como si esperara oír gritos y entrechocar de espadas de un momento a otro.

—Y yo —terció sir Robert. poniéndose junto a lord Alderley—. dejándola exhausta. Philip la miró con el cejo fruncido y ella se defendió: —¡Te fuiste solo. de modo que vendrás conmigo para que podamos charlar agradablemente tú y yo. Entonces Anne se dejó caer como un peso muerto.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO aun así trató de mover la boca contra la mano que la inmovilizaba. —¡Zorra! —exclamó éste. Milforth se lanzó a por ella. —¿John? —preguntó sorprendido. pero sus zapatillas resbalaban sobre el mármol. la luz de la luna iluminó el perfil del hombre y Anne comprobó. Poco a poco. Philip tardó unos minutos en zafarse del grupo. La señorita Anne temía por vuestra vida y no tenía más hombres de la Liga a su alcance. Él aulló de dolor y ella sólo pudo rezar para que sus acompañantes hubieran oído el grito. con la intención de arrastrarlo al suelo con ella. Philip! ¿Qué querías que pensara? —¿Que me las apañaría para encontrar a otros miembros del grupo? . que se trataba de lord Milforth. —¡Anne! Cuando se dio cuenta de que era Philip quien había tirado el arma de su captor. el hombre tuvo que soltarla. Intentó morderlo. —Así no podemos mantener una discusión —prosiguió el hombre—. —¿Estás bien? —le preguntó él. vio a alguien en el umbral de la puerta. —¿Cómo has venido hasta aquí? —Con nosotros —contestó lord Alderley a su espalda. Milforth torció el brazo como si lo acabaran de desarmar. No puedo confiar en que no vayas a gritar alertando de mi presencia. Para su sorpresa. Rodó hasta quedar de espaldas y clavó los talones en el suelo para impulsarse y salir corriendo. La arrastró hacia el umbral de la puerta mientras la joven forcejeaba para evitarlo. desconcertada. que rodearon y sujetaron al barón. el barón que le había dicho que no sabía besar. En eso aparecieron más hombres en el salón. haciéndole un corte en la espinilla. De pronto. sintió que una oleada de alivio la inundaba. Arremetió con su propia arma. pero él le apretó la mano contra la boca con más fuerza. se fueron encendiendo velas por la estancia y Anne observó la expresión de Philip al reconocer la voz. Su atacante levantó un brazo en ese momento y Anne pudo ver el resplandor de la hoja de una daga a la luz de la luna. sujetándola por los brazos.223 - . alzando nuevamente el brazo con la daga. Colocándose con torpeza sobre manos y rodillas. Ella asintió con la cabeza y entonces Philip la apartó un poco de sí. espada en mano. pero Philip lo agarró por detrás. Se puso en pie y se alejó a trompicones del lugar de la pelea. Anne le sonrió temblorosa y se dejó estrechar contra su cálido pecho. Ella se escapó rodando de debajo de él al tiempo que oía un entrechocar de acero sobre su cabeza.

¿no es así. —Milady. . convirtiéndolo así. lord Milforth? Me temo que habéis dejado muy clara vuestra vinculación con este crimen. el sirviente de Bramfield. He venido aquí a ver a Bramfield y me los he encontrado muertos. Creía que la sirvienta era uno de los ladrones. Sólo espero que no le haya ocurrido nada malo. —Siempre fuisteis fiel a la tarea que se os había encomendado. —No es uno de los traidores —dijo sir Robert.. para sorpresa de ésta. en traidor a la Corona —dijo Philip.224 - . —Los miembros de la Liga no necesitamos la prueba de alguien de fuera de la sociedad. Aún nos falta encontrar a Stephen. —Yo pensando en buscar la manera de sacaros del apuro y te encuentro forcejeando con un traidor. —No tenéis pruebas de nada de esto —replicó el barón con altanería—.. Anne sintió que se sonrojaba al recibir tantas alabanzas. sí. —Walter. —empezó a decir ella. Nosotros nos ocupamos de nuestros propios asuntos. —Milforth fue su compinche hasta que no pudo seguir arriesgándose a que ellos lo señalaran como cómplice suyo. Walter. Un denso silencio cayó sobre los allí presentes. Anne observó cómo dos de los caballeros que la habían escoltado durante el viaje sacaban a Milforth de allí. Sois uno de los motivos por los que la misión ha sido un éxito.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Anne miró más allá de Philip y vio que eran Walter... El capitán cogió uno de los candelabros altos. que les devolvió la mirada lleno de odio. nos equivocamos al dejaros atrás y dar prioridad a venir a Londres. —Eres muy amable. frunciendo el cejo—. El hombre la miró con sincero pesar en los ojos. Me alegra haber ayudado. Walter le dirigió una gélida mirada. le tomó la mano y se la llevó a los labios. no es necesario que. además. Walter se acercó entonces a Anne y. como si alguien hubiera entrado a robar. Milforth es miembro de la Liga. John miró alternativamente a Anne y Philip. y nuestro comportamiento al final fue negligente. —Esto. Hemos encontrado a los tres nobles muertos dentro de la casa. —Y a Margaret —le recordó ella—. los tres nobles muertos no han hecho más que cosechar lo que sembraron. Philip negó con la cabeza. azorada. Anne y Philip se quedaron mirando a Milforth. buen razonamiento por tu parte. Joseph y David quienes mantenían sujeto a Milforth. —Registraré la casa. —¿Es ciertamente un crimen? A mi modo de ver.

pero después tengo que hablar contigo. El posadero gruñó cuando lo despertaron. él la miró a los ojos y le acercó las manos a su corazón. Nosotros ya no tenemos nada que hacer aquí. llevándose a continuación ambas manos de ella a los labios. Para su sorpresa. Vamos a buscar a Margaret. cuyo reflejo bailoteaba en su rostro haciendo brillar sus ojos. pero finalmente estuvieron a solas en una pequeña habitación. Él le cogió las manos y se puso frente a ella delante del fuego. Salieron al patio y allí él montó en su caballo y la ayudó a montar delante de él. Ella sonrió. Los asustados sirvientes terminaron por salir de sus escondites y encontraron a la doncella encerrada en un dormitorio. Por último. —No te he preguntado a donde querías ir esta noche porque me preocupaba que aceptaras el ofrecimiento de otro para escoltarte. y entonces reparó en la ternura y la urgencia que había en sus ojos. aunque por dentro estaba muerta de nervios y excitación. Resultaba algo muy íntimo y la joven pudo notar el roce áspero de la incipiente barba de Philip. —¿Aceptar el ofrecimiento de otro? ¿Crees que te dejaría ir así como así? Philip suspiró y cerró los ojos. Al principio. —¿Hemos terminado ya? Ella lo miró con sorpresa. Le giró las manos y depositó un beso en cada palma. Anne. no podemos —la contradijo Philip—.225 - . Anne sintió que Philip le tocaba el brazo. Philip encendió el fuego y Anne se colocó delante de la chimenea. Anne se sentía segura por fin. pero en vez de eso avanzaron río abajo hasta la posada donde habían dormido juntos. siempre y cuando estuviera con Philip. no encontraron a Stephen. antes de haber oído lo que tengo que decirte. —Anne. nunca le he dicho esto a nadie. sin importarle lo que ocurriera a continuación. sobre su regazo. el guardia apostado en las puertas de la ciudad los dejó entrar sin preguntar nada y Philip le lanzó unas monedas. pero ahora la necesidad de hacerlo arde . —Me he puesto celoso al ver cómo Walter te ha besado la mano. Anne la abrazó mientras la pobre chica lloraba. preguntándose sí volvería a entrar en calor alguna vez. y sólo la soltó cuando sir Robert se ofreció a escoltarla junto a lady Rosamond. —Se está haciendo rico a mi costa esta noche —comentó. y sintió que no podía negarle nada de lo que le pidiera.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —¿Queréis que sir Robert y yo informemos al rey de lo ocurrido? Sus hombres querrán examinar los cuerpos. Aunque registraron bien la casa. —No. haciéndola estremecer de expectación. —Podemos regresar al palacio con vosotros —dijo la joven. ella pensó que la llevaría a la casa custodiada por la Liga.

No tenemos que recriminarnos. —Apretó más la mano de Philip contra su mejilla—. Era como si huyera de mí misma. y tengo que pedirte otra cosa. Te quiero. . Las lágrimas que ella se había prometido no derramar empezaron a descender por sus mejillas. secándole las lágrimas y ahuecando la mano sobre su mejilla—. —Lo que sea —respondió la joven con un hilo de voz. —Pero tú no podrías hacerme daño nunca —susurró él—. No dejaba de pensar que tenía que avanzar yo solo. Philip. Anne? ¿Querrás compartir conmigo un hogar y mi corazón? Ella se puso de puntillas para darle un beso en los labios. ir en la dirección que los demás habían previsto para mí. Anne le echó los brazos al cuello y permitió que Philip la levantara del suelo. Fuiste tú quien hizo que me diera cuenta de que estaba permitiendo que lo humilde de mis orígenes me afectara. —¿A qué te refieres? —Yo sólo deseaba compartir mi lecho contigo. Enseguida me di cuenta de que no podría vivir sin ti. con la esperanza de que la Liga me permitiera ocultarme bajo la personalidad de otros toda la vida. —Siempre pensé que reconocería lo que el futuro me deparaba en cuanto lo viera —dijo él. —Sí. probándome ante ellos. —¿Cómo puedes infravalorarte tanto. ¿Querrás casarte conmigo. Cada caricia tuya me ha demostrado lo mucho que significaba para ti. y deberías estar tan orgulloso de ello como lo estoy yo. Él se echó a reír y la abrazó. Y así llevo años. Y he visto lo mucho que eso te dolió. amor mío. sería lo mismo que intentar vivir sin aire. hacerme un hueco en el mundo. —Dejemos que nuestra próxima aventura se limite a las emociones del matrimonio y la pasión de tener bebés. Te prometo ser digna de semejante don. —Dios mío. Trataba de convertirme en otra persona. y lo único que deseo es que ese lugar esté a tu lado. siempre tú. Perdóname por haberte utilizado del mismo modo que lo hizo lady Beatrice.226 - . viviendo a la sombra de todas esas personas. —Con mucho gusto. para poder tener un recuerdo feliz que conservar en el corazón toda la vida. Tú solo pasaste de campesino a escudero y de ahí a caballero. Con toda mi alma. pero entonces dio un paso atrás y trató de mostrarse serio. yo te quiero desde hace tanto que el sentimiento forma ya parte de mí. Pero tengo que buscar mi sitio. —Ah. Philip. Jamás había experimentado algo así con otra mujer. pero estaba demasiado ciego para verlo. aunque no me amaras. amor mío. Philip? —exclamó ella con voz queda—. pero también sonreía de alegría. No se me había ocurrido hasta ahora que lady Beatrice hizo lo mismo. de vivir una mascarada. hasta que tú llegaste y me mostraste lo que es el verdadero coraje. Eras tú.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO en mi pecho de forma irrefrenable.

el pasado verano. al volverse. A nuestra gente. La atrajo hacia sí y ella se acurrucó contra su cuerpo. Anne reconoció a Walter y a David. Ambos caballeros la saludaron con una inclinación de cabeza y ella les correspondió dándoles un beso en las mejillas heladas. —Ya ayudo a la gente. Y tener proyectos contigo ha reemplazado aquellos deseos infantiles. dejándolo que sintiera su vientre abultado y el bebé que crecía en su interior. —Parece contagioso. y Anne miraba por la ventana de la mansión que Philip había comprado. Todos se echaron a reír y Anne los invitó a acomodarse. pero para ella no constituía una amenaza. Mientras les servían comida y bebida caliente. Philip se llevó a Anne aparte para hablar en privado. En eso. cerca de su amiga Elizabeth. —Me han pedido que me una a la Liga —le dijo. Se acercó a ellos al tiempo que pedía a uno de sus sirvientes que la ayudara. profundamente satisfecha de saberse dueña de su propia vida. lo necesitaba —explicó Walter. —Es posible que este niño quiera hacer también las cosas a su manera —dijo ella.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Epílogo El invierno había llegado. —¿Y dónde está Joseph? Creía que siempre ibais los tres juntitos —bromeó. Philip la rodeó con los brazos y le puso las manos en el vientre. siempre has soñado con ayudar a la gente. en su estado. —Está con su esposa que. . Entonces fue ella la que sonrió. pero sin ser ya su sirvienta. —Por fin puedo hacer las cosas como me parece —murmuró Philip contra la sien de Anne. como le gustaba hacer. vio entrar en el salón a Philip seguido de varios hombres. mientras los recién llegados se sacudían la nieve de las botas y los mantos. sin rastro ya de sonrisa. a quienes no veía desde que terminara su aventura en Londres. Se sentía segura y caliente en su propio hogar. Una vez se echaron hacia atrás las capuchas. Les he dicho que me lo pensaría. Lo cierto era que su decisión la hacía feliz. pero no tengo ninguna prisa por tomar una decisión. riéndose suavemente. se abrió la puerta principal y.227 - . Posó la mano sobre el vientre que ya iba creciendo. —Philip. de una familia que pronto se vería aumentada. no muy lejos del castillo de Alderley. La nieve caía suavemente cubriendo las colinas del condado de Gloucester con un manto blanco.

*** . Desde que estaba embarazada lloraba a todas horas.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO —Pues entonces nos enfrentaremos a lo que sea todos juntos. se le llenaban los ojos de lágrimas. por fin. y se alegró de tener. un hogar.228 - . Sintiéndose más en paz consigo misma de lo que habría creído posible. pero a él no le molestaba. Cada vez que pensaba en que estaba a punto de concederle a Philip la posibilidad de ser padre que le había sido negada hasta ese momento. Anne miró hacia el mundo exterior cubierto de nieve.

No fui capaz de encontrar el nombre del administrador del rey. Dentro de poco llegará a las librerías la historia del vizconde Bannaster y la que será la primera mujer miembro de la Liga del Acero.229 - . pero necesité que hubiera uno para poder hacer que mis personajes llegaran al interior del mismo sin ser vistos. Sabía que en Roma existían ese tipo de túneles ya en el siglo II. Tampoco pude encontrar pruebas de que existiera un túnel subterráneo debajo del palacio de Westminster. Espero que me perdonéis las libertades que no he tenido más remedio que tornarme. aunque ésa es la parte que más me gusta de ser escritora. He tenido que llevar a cabo una intensa labor de investigación para escribir este libro. durante la cual numerosos reyes pasaron por el trono. *** . de modo que tuve que inventarme a sir Edward Colet. ¿así que por qué no en Londres? Gracias por vuestra comprensión y espero que hayáis disfrutado con las aventuras de Anne y Philip.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Nota de la autora Los últimos años del siglo XV fueron una época de grandes convulsiones políticas.

Para conseguirlo. Nombrada en 1999 la "Autora más destacada" ha ganado el Holt Medallion y el Laurel Wreath Award. Anne Kendall haría cualquier cosa por entrar a formar parte de la Liga del Acero. Taken and Seduced (2009) 5. se ha prestado a llevar a cabo una peligrosa misión: se hará pasar por lady Rosamond. fue finalista del National Readers Choice Awards.El engaño del caballero (2009) 2. Secrets of the Knight (2008) . Actualmente Julia vive en el centro de Nueva York con sus tres hijos.El secreto del caballero (julio 2010) 4. A pesar de que completarla con éxito es lo único que le importa en la vida. se dio cuenta de que su verdadero sueño era publicar sus novelas románticas. Sinful Nights (2010) *** . EL ÚNICO CABALLERO. cuando los caballeros eran caballeros y las damas tenían que domarlos. escribe novelas románticas inspiradas en la era victoriana. el más reciente como programadora informática. Entre Anne y el sexy guerrero resurge una atracción que confirmará lo que la joven ya sospechaba: Phillip es el caballero de sus sueños… y de sus fantasías. Thrill of the Knight (2007) . una condesa que corre un grave peligro. presidenta de la asociación de escritores de romántica de Nueva York y es miembro de los escritores de novela romántica de América (RWA). su perro Apolo y su marido.El único caballero (2009) 3. 1. Anne no contaba con que sir Philip Clifford se uniera a la expedición. Jim.JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO RESEÑA BIBLIOGRÁFICA JULIA LATHAM. ¿Será suficiente el amor para llevar a término esta misión? SERIE LA LIGA DE LA ESPADA. de Authors Guikd y Novelist Inc. One Knight Only (2007) . Wicked. Julia Latham siente pasión por la Edad Media. y recorrerá el país acompañada tan sólo por unos cuantos caballeros.230 - . Bajo el seudónimo de Gayle Callen. Después de haber desempeñado todo tipo de trabajos. el recuerdo de los besos y la pasión compartida con Clifford no dejan de distraerla de su objetivo.

ISBN: 978-84-08-08867-7 Depósito legal: NA. © Editorial Planeta S. 2009. 2007.A. 2.. © de la traducción: Ana Belén Fletes Valera. 2009. © Gaylen Callen.762-2009 .JULIA LATHAM EL ÚNICO CABALLERO Título original: One Knight Only.231 - .

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