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Ulloa, F.

- Novela clínica psicoanalítica
Capítulo V: La difícil relación del psicoanálisis con la no menos difícil circunstancia de la salud mental

1. La salud mental, un desafío para el psicoanálisis en su siglo de vida
El abordaje psicoanalítico en el contexto de la articulación entre salud mental y pobreza supone trabajar con
organizaciones institucionales en tanto estas obtienen los bienes necesarios para la organización y subsistencia
de las gentes. Llega así el psicoanálisis al ámbito de la pobreza, donde el sujeto está en máxima emergencia.
Aquí, el abordaje clínico debe entramarse en el tríptico salud mental / ética / derechos humanos.
Es todo un síntoma que justo las instituciones más pobres deban ocuparse de los sectores empobrecidos, aunque
no necesariamente psicoanalistas pobres encaminan estas prácticas.
En este abordaje clínico resulta importante que haya una tensión benéfica entre la abstinencia y la no
neutralización del operador. En fin, todo lo anterior pretende ilustrar la forma en que un psicoanalista que se
proponga enfrentar al sujeto en emergencia, deberá presentar un equipamiento conceptual y metodológico nada
pobre, capaz de representar la agonía del sujeto coartado. Así podrá asumir la responsabilidad de enfrentar las
situaciones de mortificación.

2. Cultura de la mortificación y proceso de manicomialización. Una reactualización de las neurosis
actuales
La cultura de la mortificación permite explicar la disminución de las relaciones sexuales en la población. La
expresión ‘mortificación’ alude a mortecino, apagado, cansado, malhumorado, lo que se acompaña con diversos
grados de fatiga crónica, similar a las neurosis actuales citadas por Freud (neurastenia, hipocondría, neurosis de
angustia). Desaparece la valentía, merma la inteligencia, la autocrítica, no hay alegría, se resiente la vida erótica,
no hay transgresiones (a lo sumo infracciones). Es como una reactualización de las neurosis actuales
mencionadas.
La cultura de la mortificación puede compararse con la institución de la ternura, que se asocia con debilidad,
invalidez infantil y aspectos débiles del amor, pero en tanto producto del vínculo materno-infantil, es el motor
primerísimo de la cultura, de una cultura que se imprimirá en el sujeto infantil. La ternura es abrigo frente a la
intemperie, alimento y sobre todo buen trato como escudo contra la violencia del vivir.
Esta comparación nos ayuda a entender más la mortificación sobre todo en un aspecto terminal: el maltrato
máximo que es la manicomialización, que conjuga dos cosas: locura y maltrato. La locura suele promover el
maltrato, y este incrementa el sufrimiento de la locura. El maltrato comienza repudiando el porqué y como de los
síntomas, en especial los delirantes. No hay diagnóstico ni pronóstico salvo el mismo encierro. El manicomio,
institución del maltrato, inspira desalmados, cuerpos sin vida, el paradigma opuesto a la ternura. lo manicomial es
la forma terminal del maltrato, el cual empieza en ciertas protoescenas de maltrato previas que se dan en la
escuela, la familia, el trabajo, etc.
Hubo intentos por des-manicomializar, pero fueron fragmentarios y aislados. En la cultura de la mortificación, la
intimidación apaga la intimidad necesaria para que un discurso y accionar válidos sean escuchados. Pero es una
tarea urgente que debe realizarse en los programas de salud y los sociales.
Ulloa desarrolla a continuación su concepto del síndrome de violentación institucional (SVI), que lo relacionará con
el de encerrona trágica y con el de neurosis actuales.
Toda cultura institucional supone cierta violentación legítimamente acordada que permite su normal
funcionamiento. Se configura el SVI cuando esta violentación se hace arbitraria, adoptando distintos niveles de
gravedad. En estos casos, el trabajo empieza a perder sentido de vocación y se convierte en automatismo
sintomático perdiendo eficacia y habilidad creativa. Es común observar esto en los pacientes. También el SVI se
ve en el personal del hospital, y como consecuencia se produce un maltrato del paciente.

en una suerte de ‘estabilidad mortificada’. tanto psíquicos (disminución de la inteligencia y el deseo) como corporales (desgano). se puede ejemplificar con la mesa de torturas. donde puede hacerse un rastreo histórico de las causas (en oposición a las causas actuales de las neurosis actuales). Si bien puede reconocerse en algunas circunstancias institucionales una auténtica cultura de la mortificación con sus SVI. no debe dejar de operar porque se trata de sujetos en emergencia. sanarse y hasta tener una muerte asistida. El SVI se manifiesta en tres síntomas: fragmentación del entendimiento. Finalmente. por su lado. Estos síntomas van entrando luego en procesos adaptativos. sus encerronas tráficas y su actual neurosis. sin hacer una exploración histórico-genética del problema. La cultura de la mortificación es una cultura de las neurosis actuales. El psicoanálisis aquí. fueron conceptualizadas por Freud en términos de falta de descarga sexual (neurosis de angustia) o exceso de descarga (neurastenia). por lo que la cura pasaba por suprimir la conducta patógena. Todo ello produce un dolor psíquico infernal. este énfasis en la supresión de las causas que originan la mortificación resulta legítimo. Las neurosis actuales. depende de algo o alguien que lo maltrata o lo destrata. que lleva a un aislamiento que atenta contra la cooperación solidaria. . el clima de hostilidad. Es un cuadro tumultuoso que suele dar paso a la resignación. El analista corre el riesgo de quedar atrapado allí. y el ejemplo es el manicomio y su maltrato de los pacientes. esto no es tampoco universal. y ha de tener en cuenta la dimensión social y política del problema. un repudio que impide ver el contexto. Desde el punto de vista institucional. más allá de la individualidad de los miembros.Esta violentación institucional implica la presencia de una intimidación que conspira contra la necesaria intimidad para investir de interés personal la tarea desarrollada: hay un desinterés por lo propio. Se trata de atender los efectos tóxicos de estos cuadros. La encerrona trágica. sin tomar en cuenta su situación de invalidez. Es toda situación donde alguien para vivir. también hay un desdueñamiento del propio cuerpo tanto para el placer como para la acción. Una institución donde lo instituido obstaculiza los dinamismos instituyentes configura una neurosis actual. trabajar. También hay renegación. puesto que aborda la subjetividad. Se trata de neurosis no transferenciales. por su parte.