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Seminario de Foucault, 2013.

Comentario al texto:
El orden del discurso, escrito por Michel Foucault en 1970.
Por Miguel Cerón Becerra
Entre Hesíodo y Platón se establece cierta separación, disociando el discurso verdadero y el
discurso falso; separación nueva, pues en lo sucesivo el discurso verdadero ya no será el
discurso precioso y deseable, pues ya no será el discurso ligado al ejercicio del poder. El
sofista ha sido expulsado.1
En el siglo V, en la antigua Grecia, se dio una modificación en el ordenamiento del saber; del discurso
como instrumento para el ejercicio del poder (el del sofista) se pasó al discurso diferenciado en su
interior, a partir de la distinción entre discurso verdadero y discurso falso. De esta forma quedó oculta
la voluntad de verdad que se actúa en el discurso.
De pronto dejó de importar quién pronunciaba los discursos para centrar el asunto de la verdad en el
qué del discurso: el enunciado. De esta forma el enunciado se convirtió en el terreno de la lucha de
poder. Desde este momento el discurso se ordenaría según ciertas reglas que regirían el acceso a la
verdad y al poder. El discurso detentaría sus propias reglas y su propia coacción.
Al paso de los siglos se han modificado las reglas del discurso, se han establecido distintos discursos
(doctrinales, disciplinarios, literarios, etc.) que implican sus propias reglas y han delimitado sus propios
accesos. Cada uno implican sus propias herramientas y técnicas que es necesario dominar para entrar
“en la verdad”. Se establece como lugar de la lucha por el poder lo enunciado en el discurso. Éste rige
su propia ley.
La voluntad de verdad queda oculta por la ley del enunciado (el que pertenece en distintos
ordenamientos discursivos). Y más aún: las instituciones de verdad se ocultan por dicha ley. El
enunciado se da a sí su regularidad y su identidad por medio del comentario y del “principio del autor”.
La voluntad de verdad, en el ordenamiento del “discurso verdadero”, es voluntad de domesticación de
la multiplicidad de discursos y de su discontinuidad. Es principio de exclusión y de separación.
Este orden discursivo, que rompe con el deseo y el poder, se centra en sí mismo y se autoconstituye
como el lugar de la verdad; implica el sostenimiento de un poder legítimo y perdurable. Implica la
perpetuidad de las instituciones de verdad a partir del intercambio de la voluntad de verdad por el
discurso verdadero que presupone la continuidad e identidad del discurso. Implica que el discurso se
ritualice dentro de una red de instituciones que se autolegitiman.
Foucault en El orden del discurso hace una fenomenología del poder, no para descubrir el carácter
oculto de éste (al contrario, Foucault busca quedarse con el carácter externo de éste, las redes que lo
hacen posible, etc.), sino porque asume una forma particular de situarse en el interior de la lucha de
poder que abarca toda práctica y todo discurso. La labor crítico-genealógica es una lucha por la
sobrevivencia en medio de una guerra arbitraria, disciplinaria y doctrinal. El ámbito del discurso es un
campo minado.
1

Michel Foucault. El orden del discurso. Tusquets: México, 2009, p. 20.

aquél que expulsó al sofista de la antigua Grecia y que sigue replicando un ordenamiento del saber en la actualidad (el filósofo del sujeto. preguntar.El principal enemigo en esta lucha (o un posible enemigo) es el filósofo. El orden del discurso. Finalmente. el del significado): oculta la voluntad de verdad que está presente en todo discurso. promete la liberación definitiva? No se pretende tanto. . con relación al pensamiento crítico y genealógico de Foucault: ¿se pretende un tipo de “redención de la humanidad” por medio del conocimiento? ¿Este modo de concebir el poder y el discurso. Se pretende. Una estrategia posible frente a esta lucha sería la de analizar la forma y el modo en que persiste el discurso “verdadero” (discurso de control) en distintas prácticas y ordenamientos del saber a lo largo de la historia: de la clínica. en principio. Michel. cabe hacer la pregunta. etc. el de la conciencia. Puede servir para saber qué pie poner en el juego y para interactuar en él. de la sexualidad. sino para mostrar la complejidad de la lucha presente. no para liberar. describir y desarticular mecanismos de control. Bibliografía: Foucault. 2009. Tusquets: México.