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Alternativas de INTERVENCIÓN DE LOS

LATERALES en el inicio de la creación de

EL ANÁLISIS

ACCIONES DE ATAQUE
Autor: Oscar Cano
Entrenador del Betis B
Fotos: Gettyimages, Shutterstock

L

a irrupción del juego de
posición, con su ejemplo
más excelso en el F. C.
Barcelona de Pep Guardiola,
ha revolucionado la forma de
concebir el fútbol.
Un tornado de conceptos,
inspirados en las aportaciones
de sus predecesores y a
disposición de varios de
los mejores jugadores del
momento, relativos al uso
de la pelota en su inevitable
circulación, emergieron en
ese momento en el que el
panorama futbolístico se
reducía a dominar los espacios
por medio de la densidad,
pagar cantidades astronómicas
por esforzados y precipitados
centrocampistas, y conspirar
para que los ataques se
hiciesen con el menor número
de pases posible.
La cultura, sugestiva y
ganadora, se irradió de tal
manera que en todos los
rincones del país los jugadores
con “buen pié” volvieron a
considerarse trascendentes
para el rendimiento. Los
éxitos de la selección nacional
ayudaron sobremanera al
cambio.

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EL ANÁLISIS
Una de las revoluciones más significativas tuvo que
ver con el inicio de las acciones de ataque. El portero
comenzaba a elegir rutas de progresión, y los centrales
emprendían operaciones consistentes en eliminar
bloques de defensores conectando con alguno de esos
compañeros que yacían bien ubicados para seguir
dando continuidad a lo propuesto.
Los laterales debían reconocer lo que iban haciendo
los que inauguraban los acontecimientos, para posarse
de tal modo que fuesen una opción real de pase o, en
su defecto, permitir una conexión exacta entre otros
colegas.

Dani Alves y Abidal retrasaban a sus opositores
directos, haciéndoles replegar en exceso, otorgando así
espacios para que a Piqué, Márquez o Carles Puyol les
fuese más sencilla la entrega a los receptores interiores.
Xavi, Sergio Busquets o Iniesta, descifraban a la
perfección cuáles eran los momentos puntuales para
ocupar los espacios que dejaban a la espalda los
primeros acosadores. Sus desmarques, en gran medida,
eran posibilitados por las conductas de los jugadores
exteriores.

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Imagen 1: Laterales adelantados respecto a Centrales en el Barça.

En ocasiones, y
ante el refuerzo
defensivo sobre
los espacios
interiores, los
laterales eran
la vía de salida,
los receptores
libres de presión
y, por ende,
los encargados
de otorgar un
encadenamiento
exitoso en las
interacciones
siguientes.

La amenaza externa volvía a separar a los integrantes del equipo defensor y originaba nuevos intervalos para los de
dentro.

Imagen 2:

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Álvaro Arbeloa
se convierte en
referente para
prolongar los
ataques ante el
tipo de defensa
reforzando zonas
interiores de la
selección francesa.
Sus compañeros
más adelantados
fijan a sus pares
para posibilitar
dicho proceso.

Ese “dentro-fuera-dentro”, tan utilizado por el perfil diestro del Barça, producía opciones de penetración por el lado
opuesto tras fijar paquetes de defensores sobre un mismo lugar. Keita o Henry eran constantemente los recolectores
de todo lo sembrado lejos de si.
Por cuestiones estratégicas,
fundamentalmente en encuentros
frente al Real Madrid de Mourinho,
la configuración se modificaba y
uno de los dos zagueros exteriores
se adelantaba mientras otro se
alineaba a la altura de los dos
centrales para formar una estructura
de tres integrantes, creando así la
superioridad numérica y posicional
adecuada.
Esa asimetría tenía en
consideración, como no puede ser
de otra manera, las características
de los jugadores intervinientes, de
modo que era el brasileño Alves
quien avanzaba, aproximándose
a los centrocampistas, mientras
Abidal quedaba como central
izquierdo.
Todo el mundo ha sido consciente
de la función del Medio Centro
más retrasado como elemento para
convertir una defensa de dos en
una de tres, pero en ocasiones era
el lateral el responsable de dicha
operación.

Imagen 3: Abidal
conforma una
línea de tres
integrantes en la
salida de balón.

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Los errores
más frecuentes
observados en
muchos de los
equipos que
imitaban estos
procedimientos,
tenían que ver
con la excesiva
cercanía de
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EL ANÁLISIS
los laterales respecto a los extremos o la invasión
inadecuada de los mismos sobre lugares que debían
ocupar otros jugadores. Regular esas circulaciones
y comprender con exactitud los instantes para fijar,
las coyunturas para recibir, y las oportunidades para
regular las distancias y contextualizarlas suponía un
gran aprendizaje para desenvolverse con garantía.
El traslado de Pep Guardiola a tierra bávaras ha traído
consigo novedosas pautas en este puesto específico
y que tenían como objetivo prioritario que la pelota
llegara en buenas condiciones a los jugadores con
mayor poder de desequilibrio.
Lahm, Rafinha o Alaba han ido durante la temporada
variando su emplazamiento para que Robben y Ribery
pudiesen entrar en contacto con el balón en aquellas
zonas y en circunstancias que les permitieran hacer un
uso eficiente de sus cualidades.
El principal y original reajuste tiene que ver con
la posición centrada de ambos carrileros y el
consiguiente efecto de ampliar de manera notable
la conexión entre Dante y Boateng y los extremos,
aunque los interiores, principalmente Kroos, también
han aprovechado dicha configuración de relaciones
para erigirse como conductores del fútbol de ataque de
los de Múnich.

Imagen 4: David Alaba, con su posición centrada,

permite la cómoda interacción entre Dante y Ribery.

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Si la forma
elegida para
contrarrestar
los primeros
pases del Bayern
era mediante
presión alta, esa
demarcación
de los laterales
podía servir
también
para ganar la
espalda de esa
primera línea
de acosadores.

Para ello, los
centrocampistas
deben estar
convenientemente
distantes del
portador del balón
y los compañeros
colindantes.

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Imagen 5: Alaba

se convierte en
receptor potencial
para superar una
presión adelantada.
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EL ANÁLISIS
Otra versión observada durante el ejercicio 2013 – 2014 era la disposición de ambos laterales como jugadores de
banda más adelantados.
En la última fase de la temporada, el dinamismo de los atacantes ganaba en utilidad para el colectivo por la
trascendencia que cobraba el hecho de separar en anchura a los diferentes rivales a los que iba enfrentándose el
cuadro alemán.

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Imagen 6:

Laterales
adelantados,
convertidos
en extremos,
acumulándose
por dentro varios
atacantes.
Otros equipos,
como el Real
Madrid o el Celta
de Vigo dirigido
por Luis Enrique,

preferían formar una línea de cuatro jugadores para comenzar a desarrollar el funcionamiento
específico ofensivo, creando así la conciencia de que determinados futbolistas, que en ese momento estaban por
delante de la pelota, necesitaban de unas condiciones espacio – temporales concretas para propiciar orden mientras
se consolidaba
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el traslado
simultaneo de
jugadores y balón
hacía campo
contrario.
En los blancos,
aislar a Özil,
Cristiano
Ronaldo, Di
María o Benzema
es abrillantar
la jugada,
puesto que
son futbolistas
que huyen de
la compañía
Imagen 7: Equipo dividido en dos grandes bloques, con laterales a la altura de centrales, para
excepto en el
garantizar mayor espacio de recepción a los atacantes.
último tramo del
campo. Necesitan
territorios
extensos para potenciar sus virtudes y explotar su devastadora energía.
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Las alternativas comportamentales de los
jugadores, con independencia del puesto
específico en el que intervengan, deben
estar contextualizadas con sus posibilidades
para con el juego. Lo que se les exige hacer
debe guardar estrecha relación con lo que
pueden llegar a realizar.
Para ello, es importantísimo establecer
las formas de interacción tomando como
referencia quiénes serán los compañeros y
rivales con quienes tendrán que interactuar
mientras compiten.
Que lo implementado tenga sentido
depende del potencial de quienes lo
desarrollarán sobre el rectángulo de juego.
Si, por ejemplo, Lahm o Alaba se adentran
en los resquicios internos del bloque
defensivo adversario es porque desde
esos lugares condicionan a los suyos
positivamente además de desarreglar los
sistemas rivales.
Afortunadamente, muchos entrenadores
empiezan ya a pensar en cómo aprovechar
todo ese patrimonio conceptual que
esconden sus plantillas.
Los laterales abrieron su abanico de
posibilidades y su participación en ataque
ya no se reduce a llegar a línea de fondo,
pasando a la espalda del extremo, para
enviar balones al área. Participan de
diversas formas en todo lo que construyen
sus equipos porque la mayor preocupación
defensiva pasa por proteger los puntos más
cercanos al eje longitudinal del campo de
juego. En infinidad de ocasiones, trazar con
coherencia ese trayecto que pueda poner al
equipo atacante en las mejores condiciones
sobre el terreno enemigo pasa por su
acierto, por elegir con determinación qué
hacer y cómo llevarlo a cabo.
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