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LA EUCARISTÍA

1. IDEAS IMPORTANTES
“Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros...Este cáliz es la nueva alianza
en mi Sangre que se derrama por vosotros” (Lc 22, 19-20).
Cada vez que el sacerdote celebra la misa, está haciendo presente la última
Cena del Señor en medio de la comunidad cristiana.
“Este es el sacramento de nuestra fe”; “proclamamos tu muerte, celebramos tu
resurrección, ven Señor Jesús”.
“Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los
invitados a la cena del Señor”.
“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en
el último día”.

2. CATEQUESIS
La última Cena del Señor.
El origen de nuestras misas, que con tanta frecuencia celebramos en las
parroquias, se remonta, como todos sabemos, a la última Cena de Jesús con
sus discípulos, acontecimiento que año tras año recordamos principalmente el
día de Jueves Santo. Los evangelistas nos narran cómo el Señor, horas antes
de ser entregado, quiso despedirse de sus dicípulos participando en una cena
de Pascua, según el ritual de las fiestas judías.
En el momento en que el rabino o el padre de familia tenía que partir el pan,
Jesús cambió el sentido del rito y quiso significar sacramentalmente su cuerpo

que al día siguiente iba a quedar roto en la cruz. Y, al compartir la tercera copa
del ritual judío, quiso significar sacramentalmente, en el vino tinto mezclado con
agua, su sangre que el Viernes Santo caería a borbotones de la cruz. Tras ello,
mandó a sus discípulos perpetuar esta acción en conmemoración suya.
Cada vez que el sacerdote celebra la misa, está haciendo presente en medio
de la comunidad cristiana reunida la última Cena del Señor.
La celebración de la Santa Misa
La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman
un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación
y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la
presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las
palabras de la consagración, y la comunión.
Proclamamos tu muerte...
Nada más terminar la consagración, el celebrante dice en voz alta: “Este es el
sacramento de nuestra fe”; a lo que el pueblo responde: “proclamamos tu
muerte, celebramos tu resurrección, ven Señor Jesús”. Con estas palabras la
comunidad anuncia el sentido profundo de la misa. Sin la fe, no se pueda
entender el significado último del sacramento de la Eucaristía.
En efecto, en este sacramento celebramos el misterio de la muerte y
resurrección de Jesús. Por la fuerza del Espíritu Santo, el pan y el vino se
convierten en el Cuerpo y en la Sangre del Señor. Su Cuerpo partido y su
Sangre derramada en la cruz para remisión de los pecados son el sacrificio que
Cristo ofreció al Padre para la salvación del mundo. La entrega voluntaria de
Cristo a la muerte para el perdón de los pecados, se hace aquí presente en el
pan partido y en el cáliz consagrado.
No se trata de un simple recuerdo de aquellos acontecimientos decisivos, sino
de una real actualización de los mismos. Por ello decimos que la Eucaristía es
el memorial de la Pascua de Jesús, de su pasión, muerte y resurrección, en la
espera de su venida gloriosa al final de la historia.
La Eucaristía, unión con Dios.

Terminada la oración eucarística de la misa, el sacerdote nos presenta la hostia
consagrada diciendo: “Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del
mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor”. Aunque somos indignos de
recibir el Cuerpo de Cristo, confiados en su amor por nosotros, nos acercamos
a comulgar. Aquí ocurre algo muy importante en nuestra vida cristiana: por la
comunión, tenemos dentro de nosotros al Hijo de Dios. De nuevo la fe tiene
que iluminar nuestra vida: la hostia que comemos es el Cuerpo del Señor.
Jesús mismo nos prometió: “mi carne es verdadera comida, y mi sangre es
verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en
él” (Jn 6, 55-56). Quien recibe la comunión se une íntimamente con Cristo y,
por mediación de Cristo, con el Padre en el Espíritu Santo.
La Eucaristía, sacramento de inmortalidad.
La muerte constituye un enigma para todo ser humano. Hay algo en nosotros
que nos hacer rechazar vivamente la muerte, a pesar de que, como seres
biológicos, estamos llamados a perecer. A pesar de ello, no podemos admitir
que nuestra vida termine en el polvo del cementerio y, mucho menos, que
nuestros seres queridos desaparezcan para siempre de nuestro lado.
Frente al misterio de la muerte, Jesús nos ha prometido igualmente: “El que
come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día...Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros
padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre”
(Jn 6, 54.58). La unión con Cristo se convierte así en causa de vida inmortal.

3. TEXTOS DEL COMPENDIO DEL CATECISMO
271. ¿Qué es la Eucaristía?
La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús,
que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el
sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y
Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el
que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la
vida eterna.
280. ¿En qué sentido la Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo?

La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace
presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por
todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad...El sacrificio de la Cruz y el
sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el
oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz,
incruenta en la Eucaristía.
286. ¿Qué tipo de culto se debe rendir al sacramento de la Eucaristía?
Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la
adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como
fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las
Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas
imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne
adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y
adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.
291. ¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?
Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la
Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado
mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el
sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también
importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno
prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de
respeto a Cristo.

4. ORACIÓN.
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu
pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu
cuerpo y de tu sangre que merezcamos alcanzar el fruto de tu redención.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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