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Razón y ciencias

Comentario 1
Eduardo Collard
La lectura hace bien en explicitar el aspecto sintético de la filosofía, pues ésta en su
relación de conceptos exige un esfuerzo intelectual enorme para desenmascarar las raíces
del pensamiento y revelar los supuestos que esconde; cosa que a mi parecer es la constante
búsqueda filosófica. Un avance en retroceso.
Me parece curioso cómo es que pone a la axiología como más fundamental y
comprehensiva que la ética o la moral, pues parece que la pregunta por el bien y el mal
presupone saber el valor del bien en general. Creo que esto es más bien un giro de la
pregunta que, de hecho, presupone ya una respuesta más originaria a la pregunta por eso
que es el bien, y que quizá pueda ser formulada así: ¿Y, no será que el bien es un valor? ¿Si
es así, qué será entonces el valor?
Por último me parece que hay una confusión muy grande con respecto a las preguntas que
responde o se hace tanto la ciencia como la filosofía. Se dice que la ciencia como la
filosofía se pregunta el qué, el cómo, y el porqué de las cosas, pero esto aunque en
apariencia es cierto, no lo es en su práctica o por lo menos no siempre. La ciencia no
responde nunca al porqué de las cosas, más aun lo ignora y esto puede ser visto en
cualquier explicación científica sobre algún fenómeno. Por ejemplo: uno puede
preguntarse, ¿por qué la orina es amarilla? Y el científico, en este caso el médico o biólogo,
puede responder que la orina es amarilla a causa de una proteína o componente llamado
urobilina, la cual, es la que le da el pigmento amarillo a la orina. Esto puede parecer como
una pregunta suficiente, pero no es así porque no está respondiendo al por qué la orina es
amarilla, sino a qué es lo que le da lo amarillo a la orina o dónde se ubica lo amarillo en la
orina. Si queremos ir más a fondo para responder a la pregunta el físico podría intervenir y
responder que lo que percibimos como amarillo en la orina es en realidad el producto del
reflejo de ondas de luz que chocan en la urobilina y son absorbidas a excepción de algunas
que rebotan y que al llegar hasta nuestros ojos son percibidas dentro del espectro de colores
como amarillo. Esto parece bastante más profundo y convencible, pero tampoco responde
del todo porque sólo está diciendo que lo amarillo de la orina no está en la orina misma sino
en la luz que refleja en el objeto y que interpreta nuestra vista, pero aun así se ignora el
hecho de por qué es amarillo y no de otra manera. La respuesta tanto del físico como del
médico responde sólo al qué y al cómo, qué es lo amarillo en la orina o cómo es que vemos
lo amarillo en la orina, pero no a un porqué profundísimo. Para ilustrar finalmente a lo que
me refiero es que una posible respuesta al ser-amarillo de la orina puede ser la voluntad de
Dios o que efectivamente hay algo en la orina que hace rebotar la luz de tal manera que
además nuestros ojos hacen posible interpretar esa luz con un color amarillo y no otro. Eso,
en su profundidad, es lo que la pregunta apunta, y que la filosofía ampliamente se hace y
busca. El porqué de las cosas exige un fondo filosófico que puede desarrollar una

.epistemología o cuestiones teológicas y hasta existenciales. pero ¡ay! de aquellos que caen fructuosamente en la trampa de una respuesta tecnificada e institucionalizada que con sus conceptos distantes confunde y aprisiona para sí la búsqueda del saber.