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Libertad: don y responsabilidad

Enrique Vega Dávila, profesor de Teología en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
cenveda@hotmail.com
A todos y todas nos ha afectado de algún modo el atentado contra la agencia Charlie Hebdo.
Quienes han intervenido en el tema han tomado una posición. Al comienzo un grupo se
abanderó con “Je suis Charlie”, la reacción opuesta fue la de “Je nen suis Charlie” y un tercer
grupo se adscribió al “Je suis Ahmed”, cada uno con posiciones diferentes. Unos y unas
abogando por la libertad de expresión, otros y otras sintiéndose heridos y heridas por las
imágenes que la famosa revista había colocado; por último, un grupo no se quiso colocar de
ninguno de esos lados y abogó por una tercera vía. Los opuestos -aunque a ciertas personas no
les guste admitirlo- siempre generan una tercera posibilidad, el problema –en muchas ocasioneses que no optamos por la capacidad de encontrar cuál es el motivo de crítica de unxs y otrxs.
De hecho, en una sociedad como la nuestra también nos movilizamos con ambos polos opuestos
en varios temas. Y el de la libertad ha sido uno de aquellos que toca muchas sensibilidades
debido a lo que exige y las consecuencias que tiene, aunque temo que de esto último poco se ha
hablado y, mucho menos asumido.
La libertad es definitivamente un don inherente al ser humano, la libertad es una cualidad
esencial que nos define como tales. Ha habido en la historia de la humanidad una serie de peleas
por ella. Se ha peleado por la libertad de elegir, por la libertad de votar, por la libertad de casarse
entre clases diferentes, por la libertad religiosa, por la libertad de expresión. Cada generación ha
tenido su propia pelea por alguna expresión de la libertad.
Un gran problema que percibo guarda relación con una comprensión absoluta de la libertad (Je
suis) que fomenta una defensa también absoluta de tal. Quienes abogan por ello afirman que
todo es posible porque somos libres, y claro, no es tan burdo en ser afirmado pero en grandes
líneas se apela a la posibilidad de no coaccionar jamás en esta posición, cualquier acto en contra
de ella es una amenaza, un atentado. Y claro, existen, pero me pregunto ¿qué defendemos? ¿La
vida humana como un valor sobre todos o la posibilidad de expresar lo que quiero sin pensar en
los demás?
Este problema es debatible totalmente, de hecho quienes prefieren una libertad así ven en la otra
posición un recorte de sus posibilidades. La religión es una serie de subjetividades que no
denotan ninguna relación con quienes no la practican desde esta otra perspectiva (Je ne suis), no
se puede aceptar de ningún la trasgresión de elementos religiosos. Aún recuerdo la nota
“periodística” de cierto medio que reaccionó ante la publicación de los jesuitas franceses (y su
respectivo posteo peruano) que valoraban el humor de Charlie Hebdo como aleccionador; para
este segundo grupo (Je ne suis) afirmar aquello era alarmante porque implicaba relativizar lo
más sagrado. (Aunque a veces este mismo grupo actúa con lo que se llama “la ley del embudo”:
para lxs demás siempre lo angosto).
Es difícil abordar el tema sin hacer notar que en medio de ambas posiciones existe la posibilidad
de cerrazones que imposibilitan alguna forma de diálogo y, al mismo tiempo, evidenciar el
aporte que cada una puede ofrecer.
La libertad es un don preciadísimo que ha costado sea reconocido y valorado por todas las
instancias necesarias. Entiendo muy bien las reacciones que existen cuando algo acecha la
posibilidad de quitarla, pero es importante admitir que en sociedades como la nuestra la libertad
como don nos ha llegado sin la humanidad necesaria para ejercerla. Libertad para vender
pirotécnicos quieren cerca a Navidad muchxs ambulantes y se sienten amenazadxs porque el
Estado vela para erradicarles. Libertad exigen los conductores de combies para manejar y
libertad quieren las empresas para hacer lo que les da la gana en las calles. Ejemplos hay
múltiples. La libertad es una realidad que no puede ser negada pero en la que se debe educar

pero tampoco en nombre de lo sagrado podría restringirles su libertad o imponer el pensamiento cristiano. los cristianos y cristianas también los hemos tenido y los seguiremos teniendo. es imposible en esta temporalidad) sino que nuestra gran batalla es porque el ser humano sea pleno. el mensaje cristiano es claro: amen.para ejercerla. en el sentido pleno incluído en el mismo cristianismo la verdad no es poseída sino custodiada. en este sentido no poseemos la verdad sino que somos poseídxs por ella. Pienso que con aquello debemos tener aún más cuidado debido a que el fundamentalismo es siempre una tentación latente ya que podríamos caer en lo mismo que estamos criticando y no se necesita solo violencia directa para corroborarlo. Por eso es un imperativo revisar nuestras categorías religiosas. aquello exige que aprendamos a relativizar nuestras propias posiciones porque ni uno ni otro tiene la verdad absoluta. sin argumentación. Es un buen tiempo para formar en libertad y en las consecuencias de nuestros actos. además. pero nuestra libertad está restringida por un bien mayor que es la vida humana. Somos libres para pensar. Siempre tendremos errores. . parafraseando a Ireneo de Lyon: la gloria de Dios es que el ser humano viva no la autosatisfacción de humanxs que se matan por Él o pelean por Él. la violencia indirecta está presente en la formación sin autocrítica. para actuar. Por otro lado. sin posibilidad de aceptación de críticas. pero no damos más gloria a Dios construyendo en contra de la humanidad sino más bien buscando todas las posibilidades de desarrollo sostenible para ellxs. para reflexionar pero ¿para qué es esa libertad? ¿para generar más libertad? ¿para fomentar la vida? ¿para plenificar la existencia personal y comunitaria? Pienso que mientras más concienticemos las consecuencias de nuestras libertades podremos construir una sociedad sana. Confieso que a mí también me han afectado en algún momento las caricaturas de Charlie Hebdo porque me parecen agresivas contra lo que considero sagrado. Somos libres sí. Sé que para muchxs es ofensivo el uso de las imágenes que Charlie Hebdo ha presentado pero no peleamos por Charlie Hebdo ni por la libertad absoluta (que. sea plena. no vaya a ser que hayamos hecho un ídolo de nuestras propias convicciones religiosas y nos olvidemos que la persona es lo que ama Dios.