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EL SACRAMENTO DEL ORDEN
1. IDEAS IMPORTANTES
“No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os he elegido y os he destinado a que os
pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure" (Jn 15,15).

“Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he
mandado” (Mt 28, 19-20).
“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan
perdonados” (Jn 20, 22).
Los obispos y los presbíteros representan a Cristo y participan de su
sacerdocio. Tienen la misión de enseñar, de santificar y de regir al Pueblo de
Dios.
Los diáconos reciben el sacramento del Orden a fin de ayudar al obispo
principalmente en las funciones de caridad para con los más necesitados.

2. CATEQUESIS
La misión confiada por Cristo a sus Apóstoles.
Cristo, el Señor, para conducir al Pueblo de Dios y hacer que todos sus
miembros lleguen a la salvación, instituyó en su Iglesia diversos ministerios,
dándoles una potestad sagrada al servicio de sus hermanos. Los Apóstoles
recibieron directamente del Señor el poder de enseñar, santificar y gobernar en
su propio nombre y autoridad y, antes de morir, lo transmitieron a quienes les

sucedieron a través del sacramento del Orden. El Catecismo de la Iglesia
Católica define así este sacramento: “El Orden es el sacramento gracias al cual
la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia
hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico.
Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado”.
El sacramento del Orden se confiere por la imposición de manos sobre el
candidato y la oración de consagración, distinta según los grados.
Los obispos y los presbíteros representan a Cristo y participan de su
sacerdocio. Los diáconos son ordenados para el ejercicio de la caridad.
La presencia de Cristo en sus sacerdotes no debe ser entendida como si éstos
estuviesen exentos de todas las flaquezas humanas, del afán de poder, de
errores, es decir, del pecado. Ahora bien, al actuar en nombre de Cristo,
representan al Señor en la comunidad eclesial y confieren la gracia santificante
a través de los sacramentos.
Si bien todos los fieles cristianos están llamados a la santidad, los sacerdotes –
obispo y presbíteros-, en virtud de la especial consagración que reciben por el
sacramento del Orden, están llamados especialmente a alcanzar la perfección
evangélica, pues, aunque el Señor puede conceder su gracia incluso a través
de ministros indignos, la eficacia del apostolado de los sacerdotes depende
ordinariamente del ejemplo de su vida ante sus feligreses.
El ministerio de los obispos.
El concilio Vaticano II enseña que los obispos reciben la plenitud del
sacramento del Orden. Los obispos, en comunión con el Papa y siempre bajo
su autoridad, forman el colegio episcopal, en el cual se continúa la misión que
Cristo encomendó a los doce Apóstoles. El obispo de Roma es el Vicario de
Cristo en la tierra, en cuanto sucesor de San Pedro. Cada obispo por su parte
es sucesor de los Apóstoles.
El obispo es el principio de unidad y de comunión de los fieles en su diócesis.
Su misión principal, por consiguiente, es reunir en la comunión de la Iglesia las
distintas comunidades cristianas (parroquias, congregaciones religiosas,
movimientos laicales, etc.) para formar una diócesis o Iglesia particular. Como
representante principal de Cristo en ella, ejerce en nombre del Señor las
funciones de enseñar, de santificar y de regir a sus diocesanos.

Además, en cuanto transmisor cualificado de la tradición de la Iglesia, es el
maestro de la fe del pueblo de Dios. En cuanto sumo sacerdote, santifica al
pueblo celebrando las funciones litúrgicas más solemnes y administrando todos
los sacramentos. Igualmente, el obispo como representante de Cristo, gobierna
la Iglesia particular que se le ha confiado a través de sus enseñanzas, el
ejemplo de su vida y la autoridad recibida del Señor para servicio de su pueblo.
El ministerio de los presbíteros.
Los presbíteros, cooperadores necesarios y ayuda imprescindible del orden
episcopal, forman, junto con su obispo, un solo presbiterio, dedicado a diversas
tareas pastorales. Los presbíteros participan igualmente de la misión de
enseñar, de santificar y de regir al Pueblo de Dios. Por el Bautismo introducen
a los hombres en la Iglesia de Cristo; por el Sacramento de la Penitencia
reconcilian a los pecadores con Dios y con la Iglesia; con el sacramento de la
Unción alivian a los enfermos; con la celebración, sobre todo, de la misa
ofrecen sacramentalmente el Sacrificio de Cristo. En la administración de todos
los sacramentos, los presbíteros participan del ministerio del obispo, y así lo
hacen presente en cierto modo en cada una de las asambleas de los fieles.
La misión de los diáconos.
Los diáconos reciben el sacramento del Orden a fin de ayudar al obispo
principalmente en las funciones de caridad para con los más necesitados. En
las funciones litúrgicas, el diácono puede leer y explicar el evangelio, presidir
matrimonios y exequias y distribuir la comunión a los fieles. Con determinadas
condiciones pueden estar casados y ejercer las funciones propias del
diaconado de modo permanente durante toda su vida.

3. TEXTOS DEL COMPENDIO DEL CATECISMO

326. ¿Cuál es el efecto de la Ordenación episcopal?

La Ordenación episcopal da la plenitud del sacramento del Orden, hace al
Obispo legítimo sucesor de los Apóstoles, lo constituye miembro del Colegio
episcopal, compartiendo con el Papa y los demás obispos la solicitud por todas
las Iglesias, y le confiere los oficios de enseñar, santificar y gobernar.
328. ¿Cuál es el efecto de la Ordenación presbiteral?
La unción del Espíritu marca al presbítero con un carácter espiritual indeleble,
lo configura a Cristo sacerdote y lo hace capaz de actuar en nombre de Cristo
Cabeza. Como cooperador del Orden episcopal, es consagrado para predicar
el Evangelio, celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, de la que saca
fuerza todo su ministerio, y ser pastor de los fieles.
330. ¿Cuál es el efecto de la Ordenación diaconal?
El diácono, configurado con Cristo siervo de todos, es ordenado para el servicio
de la Iglesia, y lo cumple bajo la autoridad de su obispo, en el ministerio de la
Palabra, el culto divino, la guía pastoral y la caridad.
334. ¿Se exige el celibato para recibir el sacramento del Orden?
Para el episcopado se exige siempre el celibato. Para el presbiterado, en la
Iglesia latina, son ordinariamente elegidos hombres creyentes que viven como
célibes y tienen la voluntad de guardar el celibato «por el reino de los cielos»
(Mt 19, 12); en las Iglesias orientales no está permitido contraer matrimonio
después de haber recibido la ordenación. Al diaconado permanente pueden
acceder también hombres casados.
336. ¿Con qué autoridad se ejerce el sacerdocio ministerial?
Los sacerdotes ordenados, en el ejercicio del ministerio sagrado, no hablan ni
actúan por su propia autoridad, ni tampoco por mandato o delegación de la
comunidad, sino en la Persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia. Por
tanto, el sacerdocio ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo en grado,
del sacerdocio común de los fieles, al servicio del cual lo instituyó Cristo.

4. ORACIÓN
Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste
a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote, concede a quienes él eligió para
ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el
cumplimiento del ministerio recibido. Por N.S.J.C. Amén.