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Introducción

Un siglo antes de Cristo, ya Vitrubio expresaba que los edificios debían construirse con atención a la

firmeza, la comodidad y la

hermosura
hermosura

[1], es el primero en hablar de los valores que deben contener

las obras arquitectónicas: la firmeza, lógicamente, es algo fundamental y preciso que debe cumplirse sin duda alguna; la comodidad trata, principalmente, de conceptos funcionalistas que pueden optimizarse con sistemas técnicos, pero la hermosura o belleza conlleva percepciones personales del arquitecto, así como conceptos dotados de alta relatividad y subjetividad.

Hoy, la interrogante respecto a las obras arquitectónicas es si poseen valor arquitectónico, y esto sólo podemos responderlo mediante un juicio estético de personas con preparación profesional y amplia cultura estética [2]. Resulta difícil emitir un juicio estético formal si no contamos con un conocimiento profundo de los conceptos que deben involucrarse en este proceso de valoración, cuya complejidad y uso adecuado facilitan precisar el alcance de una obra determinada.

Es importante elaborar y emitir un juicio respecto de una obra ajena, pero lo es mucho más, hacerlo previamente acerca de un proyecto propio, al final esto nos permitirá contar con una obra arquitectónica que trascenderá por la completa satisfacción de las necesidades motivo de su creación, pero también por resolver adecuadamente los aspectos estéticos.

El juicio estético respecto de una obra implica focalizar la atención en la estructura del valor arquitectónico, es, decir, identificar la aplicación y vinculación entre los conceptos esenciales que caracterizan y resaltan la valía o méritos de la obra. Por supuesto, es de carácter personal y será más profundo en la medida de nuestros conocimientos y sensibilidad para comprender la mejor forma de identificar los conceptos analizados, transfiriéndolos en la búsqueda de mejores resultados para nuestros diseños y obras terminadas, así como en la crítica a las creaciones de otros arquitectos.

Reiteramos, en la formulación de un juicio no hay reglas precisas, todo es percepción personal y puede sustentarse o no en la identificación de un gozo estético, mismo que será mayor en tanto la obra reúna una serie de concepciones únicas y distintivas de su estructura y funcionalidad, por ejemplo, en relación con su contexto y como respuesta a su cultura de origen [3], a las necesidades psicológicas, espirituales y estéticas, partiendo de los valores del usuario y, lógicamente los de su comunidad.

Introducción Un siglo antes de Cristo, ya Vitrubio expresaba que los edificios debían construirse con atención

Un factor esencial es determinar el concepto de Estética en que fundamentamos nuestras apreciaciones, y la mejor opción es partir de definiciones generalmente aceptadas, como es el caso de la propuesta por el Diccionario de la Lengua Española, donde la conceptualiza considerándola: “la rama de la filosofía que trata de la belleza y de la teoría fundamental y filosófica del arte”. Belleza es “armonía y perfección que inspira admiración y deleite”. Mientras que el arte “busca la expresión de la belleza”, y se percibe a través de la sensibilidad personal; a su vez, desarrolla el gusto y orienta la autocrítica.

Una vez que establecimos la definición de estética y sus elementos, procederemos a enunciar los conceptos que pueden integrarse al juicio estético.

Conceptos de juicio estético [4]

Concepción

Indudablemente, el primer aspec

espacial

to que percibimos en un proyecto o una obra arquitectónica es el concepto de espacios logrados, aquí podemos analizar las dimensiones espaciales internas y externas, su forma y armonía, así como la interrelación de su volumetría con la luz, todo esto siempre ubicándonos en nuestra particular perspectiva y aplicación de los conceptos fundamentales de belleza.

Estímulo

de

la

sensibilidad

Las percepciones iniciales de la obra arquitectónica nos dejarán experimentar algo emocional respecto

del

proyecto o

la construcción terminada, este sentimiento constituye el estímulo de nuestra

sensibilidad y puede llevarnos o no a percibirla de una manera natural. El hecho de apreciar fácilmente un sentimiento y una emoción y poderlos hacer conscientes para establecer aquello que nos agrada o

no, ayuda a definir la “cantidad” de estímulo presente en la obra.

Proporción

Debemos analizar el diseño u obra en cuestión, dentro del concepto de la proporción, misma que Vitrubio definió como la conveniente correspondencia entre los elementos de la obra, así como la armonía de cada una de las partes con el todo. Esta proporción habría que analizarla inicialmente en el ámbito estético a través de sus formas, de su escala, de conceptualizaciones generalmente aceptadas de belleza, para no caer en modas pasajeras o tendencias capaces de desvirtuar el análisis. Al hablar de proporción es necesario considerar todo el tiempo los factores del ser humano, ya que las obras están hechas para satisfacerlos no sólo en el aspecto físico antropométrico, sino también por el significado de las proporciones en los niveles emocionales y espirituales, en función del sentimiento

que produce y la relevancia de la obra para la persona.

Otros aspectos de esta proporción están en lo estructural, ya que si analizamos las dimensiones de los elementos constructivos en función de la resistencia de los materiales, debemos encontrar congruencia entre las dimensiones y dichas capacidades.

Verdad

Esta cualidad

es una exigencia

para todas las obras,

ya que

la apariencia percibida por nuestros

sentidos debe corresponder a la realidad. Mûller decía que el concepto de verdad es la relación del

pensamiento

de

la

imagen

con

el

objeto

[5]. Así, podemos decir que lograr la adecuada

correspondencia es producto de que el arquitecto proyectista estudió y resolvió correctamente el concepto.

Unidad

Frank Lloyd Wright definía la unidad como la relación de las partes con el todo, y de este con aquellas

[6], o dicho de otra forma; qué tanta congruencia tienen entre sí los diversos componentes de una obra en su totalidad; por supuesto, este análisis incluye los exteriores como parte del conjunto; éstos pueden ser plazas, jardines y elementos ornamentales de la propia construcción.

Originalidad

Este concepto, también llamado creatividad, constituye una de las aportaciones principales y de las más buscadas por el proyectista. Sólo puede alcanzarse como resultado o producto de un proceso creativo que dé respuesta a las demandas del proyecto, y no simplemente por audacia sin fundamento.

Identidad

La personalidad del entorno, mejor llamada identidad, resulta fundamental en el juicio, las obras no deben ser concebidas para cualquier lugar ni para cualquier ser humano. Es sustancial identificarse con el lugar, tanto físico (relieve, clima y vegetación, entre otros), como humano (aspectos étnicos, sociales, culturales, religiosos y de valores del hombre del lugar).

Congruencia

cultural

Hace referencia a las cualidades estilísticas de la obra, donde podemos apreciar cualquiera de las tres vertientes mencionadas a continuación, sin que sean excluyentes unas de otras: el estilo de época, cuando se encuentran las características de una cultura conforme a cierto periodo; el estilo local, conforme a las particularidades de la región; el estilo personal, es decir, la obra muestra las especificidades propias de la sensibilidad y creatividad del arquitecto.

Carácter

Constituye el punto más difícil de lograr, ya que requiere de una gran capacidad de análisis, síntesis y

conversión. Puede definirse como la significación o simbolismo de la obra con respecto a sus propios objetivos. Es la forma de concretar los conceptos subjetivos o valores que debe tener una obra, logrando su apreciación por los usuarios al satisfacer el nivel espiritual del ser humano. Requiere de un conocimiento profundo de lo que pueden significar en lo más profundo del hombre las formas, colores, texturas, ritmo y composición.

Calidad

de

ejecución

Aunque ya no corresponde a la etapa de diseño, este concepto sí influye en la estética de la obra terminada. Es más fácil de percibir y analizar para emitir un juicio, sobre todo si contamos con la información del proyecto y es posible determinar el grado de apego al diseño original, los cambios a favor o en contra de la obra, además del nivel de perfección en la construcción.

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Conclusiones

Identidad La personalidad del entorno, mejor llamada identidad, resulta fundamental en el juicio, las obras no

Es un reto para todos los arquitectos incluir en nuestro sistema de desarrollo de proyectos, los pasos o fórmulas adecuadas para cumplir satisfactoriamente con todos los conceptos definidos, mismos que darán mayor valor a nuestras obras. Igualmente, para los responsables de la formación profesional en el campo de la arquitectura constituye una exigencia lograr un adecuado aprendizaje y aplicación de los elementos de juicio estético, además de generar estrategias para que los estudiantes logren apropiarse de las mejores técnicas y procedimientos orientados a cuidar en cada uno de sus proyectos y obras la aplicación de esos conceptos, llegando a dominarlos y a mostrar la sensibilidad para resolverlos.

Identidad La personalidad del entorno, mejor llamada identidad, resulta fundamental en el juicio, las obras no

Por ahora, resaltamos la importancia de que los estudiantes conozcan y entiendan los conceptos, logren aplicarlos integrándolos adecuadamente en sus juicios estéticos de obras propuestas por el docente, además de propiciar discusiones grupales coordinadas y guiadas por el maestro, quien deberá confrontarlos con el propósito de contribuir al enriquecimiento de sus análisis. Por otro lado, es indispensable llevar a los estudiantes al desarrollo de estos conceptos en cada uno de sus diseños, involucrando dentro de la metodología del proyecto arquitectónico la mejor forma de apreciar el valor asignado a un concepto estético integral de la obra.

Los docentes debemos generar las estrategias y ambientes adecuados para que los estudiantes logren incrementar su sensibilidad y apertura estética, al tiempo de dominar con adecuado nivel de progresión la constante búsqueda y aplicación de los mejores conceptos estéticos para sus proyectos, mismos que seguramente dejarán satisfechas todas las necesidades en sus obras y contribuirá a alcanzar la excelencia.