DADÁ

Alberto Sánchez

C uando un grupo de artistas y literatos
reunidos en el Cabaret Voltaire de Zurich (1.916), deciden abrir un diccionario de francés con un cortapapeles, además del hecho de asesinar el libro y la palabra, inician un movimiento estético en el que nada es lo que es , ni pretende serlo. La repugnancia, el horror de la I GM y el triunfo de la brutalidad camuflada en grandes ideales es lo primero que pretenden atacar. Y se hace desde una postura alejada del resto de críticas al conflicto y plena de hastío hacia esas matanzas: desde el absurdo y la iconoclastia, destructiva de todos los valores aceptados (patria, religión, cultura) y agresiva hasta el extremo de insultar a quienes visitan sus exposiciones. Esto es Dadá: “El arte no es serio, os lo aseguro, y si os enseñamos el crimen para decir doctamente ventilador, es para daros gusto, buen auditorio, os quiero tanto, os quiero tanto, os lo aseguro y os adoro....” (Tristan Tzara, Manifiesto Dadá). Esta subversión, esta rebelión, libera al artista de toda traba, interna o externa, toda consideración hacia la historia, la cultura o la crítica. También lo libera de su propia existencia razonable, proponiendo lo absurdo, el sí y el no al mismo tiempo. Todo es arte y nada es arte. ¿Qué es lo que confiere a las esculturas o a las pinturas su condición de obra de arte?: la mera intención del artista. El artista decide que es arte: una rueda de bicicleta es arte o un urinario es arte, si él así lo quiere. La escala de nobleza de los materiales y de procedimiento artístico es derrotada. Cada cual puede usar, para expresarse, lo que le venga en gana: diarios, cerillas, clavos, enchufes, objetos de mil clases: objetos Ready-Made.
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Escultura de Marcel Duchamp

1.916 parece muy lejano, pero ahora, cuando la incomprensión figurativa se cierne de nuevo sobre el arte contemporáneo, podemos decir que el espíritu de Dadá no ha muerto: la acumulación de objetos diversos y ambientaciones propio de la abstracción en técnica mixta, las celebraciones de hechos destructivos, son aun brotes de dadaísmo. Seguimos en un mundo tan absurdo, que rebelarse con el arte y contra el arte es solo una afirmación de nuestra independencia de pensamiento. “Somos directores de circo y silbamos entre los vientos de las ferias, entre conventos, prostituciones, teatros, realidades, sentimientos, restaurantes. Hohi, hoho, bang, bang ...”. (Tristan Tzara, Manifiesto Dadá).

El urinario de Marcel Duchamp

Para hacer un poema dadaÌsta

Coja un periódico. Coja unas tijeras. Escoja en el periódico un artÌculo de la longitud que cuenta darle a su poema. Recorte el artículo. Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa. Agítela suavemente. Ahora saque cada recorte uno tras otro. Copie concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa. El poema se parecerá a usted. Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

Por Tristan Tzara

Ada Marcos
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1ºB (BACH)
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