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UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL

LICENCIATURA EN INTERVENCIÓN EDUCATIVA.
5º FORO REGIONAL DE LIE
LA INTERVENCIÓN EN EL CONTEXTO DE LA POLÍTICA EDUCATIVA ACTUAL
“INTERVENIR EN EL SIGLO XXI”

REGIÓN CENTRO - OCCIDENTE
12, 13 y 14 DE NOVIEMBRE DE 2014
UNIDAD 061 COLIMA

“El quehacer profesional del interventor educativo”.

Dr. Neftalí Secundino Sánchez1
neftalisecundino@gmail.com

Como cada uno de nosotros era varios,
en total ya éramos muchos.

Deleuze y Guattari.

PRESENTACIÓN

El título de la conferencia, a primera vista, remite a la idea de esbozar un conjunto
de rasgos que harían lo específico, y por tanto lo unitario, de lo que los/las
Licenciad@s en Intervención Educativa, realizan en los ámbitos laborales
concretos. Cualesquiera que estos sean, por definición se espera que sean
estables.

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Doctor en Educación; docente investigador en UPN Acapulco, Gro.

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Sin embargo, el subtítulo del Foro “INTERVENIR EN EL SIGLO XXI”, me obliga a
ser muy puntual en lo que les voy a proponer. En principio reconociendo que las
expectativas que el evento propone, son como en todos los casos suficientemente
generosas, para quienes asisten, aunque quizá también muy genéricas.
De manera que he optado, por plantearles algunas cosas específicas, admitiendo,
que lo que hacen los/las LIEs, laboralmente hablando, darían cuenta de lo que está
pasando en estos momentos, no para todo el siglo XXI, lo que supondría asumir, un
per saecula saeculorum, un así será por los tiempos de los tiempos, del hacer LIE.
Lo que sostengo es que el quehacer profesional del interventor, se ve expuesto a
una reinvención y diversificación permanentes, si bien puede presentar
características perdurables por cierto tiempo.
Como ha planteado, Bauman (2007) en nuestros tiempos nada dura para siempre;
la “líquida vida moderna es una escenificación cotidiana de la transitoriedad
universal” (p. 126). Así que hay razones suficientes para sostener que las propias
carreras profesionales son hijas de esta vida tan sui géneris que nos plantea
Bauman; Pues como él nos sigue diciendo “un espectro se cierne sobre los
moradores del líquido mundo moderno y sobre todas sus labores y creaciones: el
espectro de la superfluidad” (Bauman, 2007: 126).
Por lo tanto lo que les voy a comentar es qué hace un grupo de LIEs, que laboran
en lo que podríamos denominar educación no formal, en contextos de la práctica
poco estructurados (ONGs, Asociaciones civiles, fundaciones); primero, y
seguidamente, lo que hace un egresado, que trabaja también en educación no

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formal, pero teniendo como lugar un ambiente estructurado, institucionalmente
hablando; se trata de un hospital público.
Los quehaceres actuales de los/las LIEs.
En el primer caso, entrevisté a un grupo de 5 egresadas. Las primeras cuatro
trabajan en una Fundación con sede en el distrito Federal, pero que lleva a cabo
proyectos en Acapulco, a partir de las inundaciones dejadas por los ciclones Manuel
e Ingrid, el año 2013. Dos de ellas son egresadas de la línea de Educación Inclusiva,
dos de Educación de Personas jóvenes y Adultas, todas egresaron en junio del año
pasado.
La quinta interventora, por su parte, labora en una Fundación en el Distrito Federal,
que trabaja con personas con discapacidad, pero donde el elemento distintivo es
incluir en el proceso a la familia. Ella es cofundadora de la misma.
Por su parte, el del hospital es un caballero, integrante de la tercera generación de
la línea de Educación Inclusiva.
Excepto una de las entrevistas, la de la interventora del DF, las restantes las hice
acudiendo a los lugares de trabajo.
Me interesaba conocer cómo ingresaron a cada uno de sus ámbitos laborales. La
clave para acceder al mundo de una comunidad de práctica, sostienen Lave y
Wenger (2003) es el acceso. Estos autores plantean que “para transformarse en un
miembro completo de una comunidad de práctica se requiere el acceso a un amplio
rango de actividades, a los veteranos y a otros miembros de la comunidad; a la
información, recursos y oportunidades de participación” (p. 77).
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A su vez, me propuse conocer, considerados en su conjunto, qué hacen como parte
de sus actividades cotidianas, cuáles son los artefactos2 principales de trabajo; si
existe relación entre las exigencias laborales y lo aprendido en la LIE; qué
demandas específicas son propias del trabajo. Esperaba con ello, con su
participación, asistiendo a escenarios concretos de la práctica, derivar lo que
llamaríamos el quehacer profesional activo del interventor.
Las lies, de la primera fundación, trabajan en una instancia, de “Asistencia privada
cuya Misión es promover el desarrollo de las familias mexicanas mejorando la
calidad de la vivienda y de su entorno, creando HOGAR”. Trabajan en desarrollos
habitacionales de vivienda de interés social para promover el desarrollo comunitario,
a través de un programa denominado Desarrollo Social de Hogares, que tiene como
objetivo crear comunidades autogestivas, propositivas y responsables”.
El ingreso de las chicas lie a esta fundación, estuvo precedida por la iniciativa de
una de ellas, de inscribirse a una página en internet, en una bolsa de trabajo,
relacionada en exclusivo con organizaciones civiles y subir su currículum vitae.
Luego de lo cual le llamaron, y particularmente les interesaba a los empleadores
indagar si tenía experiencia en trabajo de campo y se conocía en la práctica qué era
un proyecto de intervención. Dada la juventud de la interventora, y de su recién
egreso de la licenciatura, le preguntaron, en sustitución de la experiencia, qué
actividades de intervención había realizado como estudiante. La contrataron. Una

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Esas ubicuas estructuras mediadoras que organizan y limitan la actividad abarcan no solamente objetos
diseñados tales como herramientas, instrumentos de control y representaciones simbólicas como gráficos,
diagramas, textos, planos y figuras, sino también a las personas en sus relaciones sociales, lo mismo que a
aspectos e hitos del entorno físico (Pea, 2001: 77).

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vez abierto el espacio con su contratación, llamó a las tres lies siguientes a
incorporarse con ella, siguiendo el mismo procedimiento, aunque ahora con su aval
y recomendación.
Particularmente les piden “implementar el programa de la fundación, capacitando a
los vecinos de las unidades habitacionales, con el fin de crear comunidades
autogestivas, propositivas, responsables, que mejoren su calidad de vida y mejoren
su entorno”.
De aquí destacan dos ideas claras, que abonan a definir el quehacer profesional de
las interventoras en esta instancia laboral: por una parte, implementar un
programa, y, por otra, capacitar a personas de unidades habitacionales.
Por ejemplo en el caso de lo que hacen concretamente, ellas comentan que son
acompañantes en unas mesas de trabajo, conformadas por vecinos, quienes,
previamente a su ingreso a laborar en la fundación, habían realizado reuniones
comunitarias e identificado problemáticas a atender. Entre estas se habían
seleccionado cuatro: salud, espacios públicos, recreación y deporte, y educación,
que conforman lo que se denomina precisamente mesas.
Una vez convertidas en proyectos estas necesidades, las lies, trabajan con los
equipos comunitarios a elegir prioridades, orientarlos en las gestiones y en la
elaboración de oficios. Adicionalmente, elaboran perfiles de proyecto que sirven
como guías para no perder el sentido de la solución de la problemática. Estos
perfiles Incluyen tres momentos: un antes, un durante y un después. Establecen,
por otra parte, un programa de seguimiento, que consiste en visitar a los integrantes

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de las mesas de trabajo, al menos un día a la semana. Se le va dando seguimiento
al proyecto, dónde se quedaron, qué gestiones llevaron a cabo, y buscar a vecinos
que los puedan apoyar o a alguien fuera de la unidad habitacional, para el mismo
fin.
Como parte nuclear de sus funciones, las lies, llevan a cabo trabajo de campo,
visitando domicilios, aplicando encuestas, invitando a los vecinos a incorporarse a
las mesas. De ello deriva un prediagnóstico y se determina el área de trabajo a
intervenir.
Además de los aspectos comentados líneas arriba; las lies organizan sus principales
actividades alrededor de la planeación. Justamente a este respecto, señalan que en
la lie, revisan sobre todo planeación estratégica, aunque la demanda particular en
este tipo de trabajo es más bien el dominio de un tipo de planeación participativa.
Comentan precisamente, que la diferencia entre lo que hacen aquí con lo que
aprendieron en la lie, es que aquí no proponen soluciones, no deciden; más bien,
buscan que las personas, lo hagan participativamente. Ello incluye tratar con amplio
perfil social: personas profesionistas, jóvenes, adultos mayores, amas de casa,
funcionarios, políticos, entre otras.
De acuerdo con autores de la cognición distribuida, los artefactos son “Esas ubicuas
estructuras mediadoras que organizan y limitan la actividad (que) abarcan no
solamente objetos diseñados tales como herramientas, instrumentos de control y
representaciones simbólicas como gráficos, diagramas, textos, planos y figuras,

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sino también a las personas en sus relaciones sociales, lo mismo que a aspectos e
hitos del entorno físico (Pea, 2001: 77).
Siguiendo estos planteamientos, podríamos distinguir, que las lies, en esta
fundación, tienen como artefactos principales a las personas con las que trabajan,
las relaciones que establecen con ellas, las unidades habitacionales donde realizan
su trabajo, las competencias adquiridas en la lie, y sus sonrisas juveniles hábilmente
dispensadas y contagiosas.
Por otra parte, conforman su estuche de trabajo cotidiano: un cuaderno para hacer
notas breves, observaciones. Elaboran informes cualitativos, descripciones
gráficas. Y aguzan la sensibilidad para situarse y ubicarte de lado de las personas.

La segunda lie, es una chica, de la primera generación de la Línea de Educación
Inclusiva, que a poco de egresar de la UPN Acapulco, regresó al DF de donde es
originaria.
Tan pronto reinstalada en el DF, fue contratada en la Asociación pro-personas con
parálisis cerebral (APAC).
Durante la entrevista y el proceso de ingreso, le pidieron integrar un reporte de
evaluación de una serie de informaciones y datos que tenían de personas que eran
pacientes en la institución; le solicitaron asimismo integrara con la información que
disponía un diagnóstico del caso, y finalmente elaborara un posible programa de
atención.

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Una vez superada esta etapa se cercioraron de que fuera capaz de entrevistar a
padres y de realizar planeaciones de diversas actividades que se llevaban a cabo
cotidianamente en el centro de trabajo.
Durante el año que estuvo ahí, su trabajo consistía en llevar a cabo todas estas
actividades: evaluar, formular diagnósticos, realizar planeaciones, entrevistar a
padres, y llevar un expediente con el seguimiento de diversos casos.
Posteriormente con las competencias afianzadas por la experiencia de ese año
laboral, en una institución que como APAC era ya muy conocida, se propuso buscar
nuevos desarrollos profesionales y se integró a la creación de una fundación, que
tiene por propósito “brindar apoyo integral a las familias de niños y jóvenes con
discapacidad severa para que desarrollen un mayor crecimiento personal, familiar y
social”.
En este proyecto de fundación se proporcionaba ya atención a familias de personas
con discapacidad, porque partían del hecho de que una familia estable contribuiría
a mejorar la atención de su familiar.
Al integrarse, su trabajo práctico de inicio incluía proporcionar atención a niños y
jóvenes que acudían a la fundación, y conjuntamente, elaborar el proyecto
institucional que buscara distinguir a esta instancia, de sus similares, que ya existían
y que dispensaban de cierto reconocimiento social.
La mayoría de los pacientes que acuden a esta institución representan a quienes,
sobre todo, por condiciones de salud ya no pueden ser atendidos en las instituciones
que los recibieron inicialmente, y que son remitidos a casa.
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Estas personas con evidentes problemas de salud, cuentan con un historial de
atención médica, generalmente invasivo y doloroso, que los hacía negarse a
continuar la atención.
Justamente una tarea inicial y muy importante de la interventora ha sido desde
entonces la de desarrollar, junto con los terapeutas de la fundación, una
metodología y un programa que evite las molestias al paciente y ganar su
colaboración.
Después de cinco años ahí desarrolla diferentes actividades entre las que figuran:
la coordinación general de todos los terapeutas con los que cuenta la fundación;
enseñarles a realizar programaciones individuales por cada persona que acude a
los servicios; evaluar conjuntamente con terapeutas y papás los avances
individuales de las personas; tomar acuerdos con padres, terapeutas, y con la
dirección de la instancia.
Debido a su rol directivo, encabeza además de todas las actividades señaladas, la
búsqueda de convenios, principalmente para canalizar a los papás de las personas
que asisten a la fundación. Asimismo, participa en actividades de promoción y
divulgación institucional de los diferentes servicios que ofertan.
En los últimos meses han estado empeñados en la fundación en tecnologizar el
seguimiento de los programas de atención buscando la eficacia de la intervención
de todos los pacientes, desarrollando y probando indicadores apropiados para cada
uno de ellos.

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El interventor que trabaja en el hospital, después de laborar durante 7 años como
camillero los fines de semana; hace tres años, los médicos adscritos al programa
de estimulación temprana, sabiendo de su existencia y como profesional de la
intervención educativa, solicitaron que cambiara de servicios para apoyarlos. A su
favor contribuyó que su Mamá trabajara ahí, y él mismo pasara su infancia
retozando por todas partes, y conociera del ambiente hospitalario.
Particularmente una de las doctoras encargada de atender a niños de entre dos
años de edad hasta 10, sugirió que en aquellas situaciones en que durante la
atención resultaran con problemas de lenguaje le solicitaran su colaboración para
derivarlos con él.
Los casos canalizados por lo general cargan con el diagnóstico genérico de retraso
en el lenguaje o problemas de pronunciación.
Para descartar que efectivamente se trata de un problema de lenguaje, y no
expresiones de otras causas como autismo, déficits de atención o retraso
psicomotor, emprende por cuenta propia un diagnóstico; descarta factores clínicos,
de desarrollo psicomotor, ambientales, entre otros, a fin de puntualizar que se trata
de algo que él pueda trabajar desde su condición de interventor.
Si los resultados dan cuenta de un problema clínico los encauza a un área
específica dentro del hospital donde atienden los neuropediatras, paidopedriatras o
psicólogos, adelantando un diagnóstico tentativo. El diagnóstico está sustentado en
una evaluación del expediente clínico del niño, y de la revisión pormenorizada de
su historial.

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Con ello descarta probables factores vinculados más estrechamente a lo clínico
como algún incidente durante el parto, su gestación, o desarrollo, para aislar que se
trate de un problema propiamente de aprendizaje.
Dada la característica regional del hospital puede atender hasta cuatro niños al día,
a los cuales les realiza la entrevista de inicio, integra un diagnóstico, elabora la
estrategia de atención, con orientaciones específicas a las madres o a quienes
acuden como responsables de ellos, para el trabajo en casa.
Elabora también un programa de seguimiento, que revisa conjuntamente cada
quince días con las madres o los cuidadores del niño.
Algunas reflexiones, tentativas.
Lo que he intentado mostrar con los casos narrados, de lo que están haciendo estos
chavos/chavas lies, trabajando en diferentes lugares, con diferentes personas y
situaciones, representando historias distintas, dando cuenta de tantos artefactos en
uso, variadas disposiciones; me sugiere que hay que pensar el quehacer profesional
de los/las interventoras, desde lo diverso, desde un punto en que no hay origen,
sino continuidad. Por definición no es algo que estuviera ya y bastara adoptarlo, o
que esté ahí, para ser descubierto, sino algo que se extiende entre una entidad y
otra; entre esta o aquella situación; un algo que estalla en múltiples rasgos: evaluar,
capacitar, implementar, gestionar, coordinar, reír, tal y como nos dicen los/las
interventoras.
Si se me permite, y para culminar; no hay que buscar la raíz del quehacer del
interventor, sino seguir el canal como dice una canción de Patti Smith evocada por
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Deleuze y Gauttari. Los flujos en el canal se movilizan, son rizoma. “Un rizoma no
cesa de conectar eslabones semióticos (…) un eslabón semiótico es como un
tubérculo que aglutina actos muy diversos, lingüísticos, pero también perceptivos,
mímicos, gestuales…” (p. 13).
Por eso el epígrafe con el que inicio, cada uno de nosotros era varios, en total ya
éramos muchos; en realidad el perfil del interventor, se podría decir que no es uno,
sino una multiplicidad.
Muchas gracias.
Bibliografía referida:
Bauman, Z. (2007). Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Barcelona:
Paidós.
Deleuze, G., Guattari, F. (2002). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia:
pre-textos.
Lave, J., Wenger, E. (2003). Aprendizaje situado. Participación periférica legítima.
México: UNAM
Pea, R. (2001). Prácticas de inteligencia distribuida y diseños para la educación, en
Salomon, G. (Comp.). Cogniciones distribuidas. Consideraciones psicológicas y
educativas. Argentina: Paidós, 75-125.

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