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CUIDADOS EN SALUD

En muchos de los enfoques tradicionales de la bioética liberal ha llegado a
imponerse la noción
de los recursos escasos en salud. La medida de la escasez o abundancia de
estos recursos se ha
realizado en términos económicos de los diversos componentes del llamado
gasto en salud. No cabe duda de que buena parte de las respuestas que
podemos dar a la situación de salud pueden traducirse en costos
económicos de bienes materiales y de servicios orientados a ese fin. La
expectativa de vida, por ejemplo, ha descendido fuertemente y se
encuentra debajo de los 55 años en países como Haití y en una gran
mayoría de países del África subsahariana, como Malawi, Mozambique y
Zambia, donde apenas se alcanzan los 37 años bajo la devastación
agravada por el sida. Es claro que en esas comunidades los recursos son
escasos en cuanto a medicamentos esenciales, alimentación, agua potable
y vivienda. Pero el problema ético radical en esos casos es la escasez de los
recursos que supone el cuidado de los seres humanos de unos a otros.
Cuidado que alude sin duda a una cuestión de justicia (en términos de
justicia global), pero que a la vez alude en su significado moral a unas
diferencias que han sido destacadas, entre otras, por las denominadas
éticas del cuidado.
Género y cuidado.
El estudio de adolescentes masculinos y femeninos en torno a diferencias
morales con sus padres mostró que mientras los varones ponían de relieve
cuestiones ligadas a los derechos individuales, las mujeres en cambio tenían
en cuenta los problemas ligados a la relación en sí. Los hombres enfocaban
las cuestiones morales principalmente hacia la justicia, mientras las mujeres
lo hacían hacia el cuidado. En casos de conflicto en los juegos de niños y
niñas, mientras los primeros reclamaban solucionar las diferencias
recurriendo al cumplimiento o incumplimiento de las reglas del juego por
uno u otro de los que estaban en disputa, las niñas en cambio intentaban
solucionar sus diferencias recurriendo al restablecimiento de los lazos entre
ellas. Todos los niños nacen en una situación de desigualdad en la que son
menos capaces que los adultos y niños mayores. Y desde esta experiencia
en la cual nadie sobrevive sin el cuidado de los otros, el niño descubriría la
responsabilidad que entraña la conexión humana. Desde la experiencia de
desigualdad el niño aprende el significado de depender de
una autoridad y el buen deseo de los demás.
Desde la experiencia de la unión y el cariño el niño aprende el significado de
cuidarse los unos a los otros. Los trabajos de Chodorow (1978) examinaron a
su vez los efectos del cuidado materno sobre la estructura del self en
relación con otros. Para los niños varones la identidad del género estaría en
tensión con la conexión madre-niño, lo cual no sucede en las niñas. La
división tradicional de la teoría de las relaciones objetales en
pensamiento/sentimientos, self/relación, razón/ compasión, justicia y amor,
etc., es posible a partir de la consideración de la madre misma como objeto
la unión entre teoría moral y orientación femenina hacia el cuidado puede
ser fundamental si se tiene en cuenta que la sobrevivencia humana puede
llegar a depender menos de un acuerdo formal que de una conexión
humana primigenia. Y el lugar de la mujer en la concepción moral de los

Incorporando esta perspectiva. La ética del cuidado se alimenta de las tradiciones comunitarias que refuerzan los lazos sociales y no puede dejar de ser considerada una parte relevante en la reflexión de una bioética regional. Cuidados prolongados . el problema de las respuestas posibles a los problemas de salud-enfermedad no consistiría meramente en una cuestión de recursos escasos (materialmente hablando) y justicia.) resulta ser fundamental para una visión más rica y profunda de los mismos. sino también en una cuestión de cuidado interhumano.ciclos vitales (v.