“Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” Mateo

5.20
El gran conflicto resuelto en la Palabra de Dios podría ser expuesto mediante la siguiente pregunta: ¿Cómo puede ser justificado el hombre pecador frente a un Dios santo? Este es el resumen de toda la cuestión. De una u otra forma, todo el esfuerzo humano, tanto religioso como intelectual, se resumen en la tentativa de solucionar este conflicto cósmico. Podríamos llamarlo el conflicto de la reconciliación. Si analizamos esta tentativa humana para llegar a alcanzar dicha reconciliación, veremos distintas vertientes. Los idealistas (aquí me refiero a los idealistas de todas las edades, pongámosles el título que les pongamos), convencidos de la existencia de la verdad, y por ende, de la virtud, tienden buscar la solución al conflicto mediante el conocimiento y la educación. Hacen un gran esfuerzo por escapar de las tinieblas de la ignorancia a la luz salvadora del conocimiento. Como un ciclo continuo, el idealismo da lugar al cinismo caótico. En vista del siempre demostrado fracaso de los idealistas, llegan los cínicos que, incrédulos de toda verdad y virtud, intentan responder a la misma pregunta mediante el escepticismo y el caos. No buscan respuestas, sino que se jactan de la irracionalidad. El caos bestial provocado por esta cosmovisión tiende a despertar a nuevos idealistas que, una vez más, buscan la respuesta en sacar lo bueno que esta en el hombre mediante la educación. Este ciclo viene repitiéndose en el occidente desde la Grecia antigua. Podemos ver esto en la transición de la modernidad a la postmodernidad. Mientras la era moderna era idealista, positiva y tenía mucha fe en el hombre, la postmoderna es escéptica, negativa e incrédula. Aquí vemos la constante búsqueda del hombre para resolver dicho conflicto. ¿Qué decir de esta búsqueda en el ámbito religioso y moral? Todo lo que se podría llamar de religión visa elevar la condición moral del hombre en la tentativa de resolver el conflicto. Para alcanzar este objetivo se enseñan leyes y normas a seguir, y se hace un esfuerzo muchas veces sobre humano para cumplirlas. También existen en la mayoría de las religiones ciertos sacrificios que pretenden servir de expiación para los pecados del hombre. Nuevamente aquí vemos el intento humano por alcanzar la justificación. Si algo esta fuera de toda duda es la terrible necesidad del corazón humano de ver esta cuestión resuelta. Los fariseos eran las personas moralmente más correctas de la época de Jesús. Estudiaban la Torá, oraban todos los días, daban sus diezmos, y muchos de ellos seguían las tradiciones religiosas de la época. Por eso, cuando Jesús dijo que era necesaria una justicia mayor para entrar en el reino de los cielos, debe haber sido impactante para sus oyentes. Pero el punto en cuestión aquí es la referencia usada para medir la justicia necesaria para alcanzar la reconciliación. El Doctor Sproul dice que si contemplamos a la raza caída, siempre veremos a alguien “peor que nosotros”, y nos consolaremos en nuestra iniquidad. Por lo tanto, la única forma por la que podemos entender nuestra verdadera condición es al tener una revelación de la santidad de Dios. Es bella la claridad de una luna llena en la noche; pero cuán más potente es el sol del mediodía. Jesús era conciente de esta verdad y por eso hace esta declaración.

Sólo un sacrificio fue capaz de satisfacer la demanda de esta santidad. Sólo un sacrificio es capaz de resolver el problema cardinal de la raza humana. El Padre, por su gracia, ha provisto del sacrificio necesario para que esta justicia, que es superior a la de los fariseos; la justicia por excelencia, nos es otorgada gratuitamente por confiar en el Señor Jesucristo. Recibe hoy mismo la gracia que es en Él. Amén.