You are on page 1of 1

CONFESIONES DE BLUES

René Ponce Clavijo
¡¡De aquí nadie me mueve!! De este estado, de este sitio, de este lugar que siempre estuvo y siempre estará, soy consciente de que todo
cambia, yo cambié y el orgullo es incesante. Pero mis ideales jamás cambiarán, mis búsquedas jamás cesarán, mis palabras nunca
callarán, y mi lucha nunca morirá, así como la cuántica idea de entender los sinónimos de la vida, o de dejar lo "Negro" por Bach, de
dejar un jugoso sueldo por la verdadera vocación, dejar a Dios por la Ciencia, el universo y lo verdaderamente infinito, y dejar a un lado
lo ridículamente efímero para soñar con lo valiosamente trascendental. Cada día voy conociendo gente increíble y desechando a gente
insignificante, cada día aprendo que la lucha no lleva años, sino más bien lleva generaciones, que aquella lucha no necesita ridículos
activistas, sino más bien de aquellos escritores, artistas y científicos que dan una verdadera solución al mundo desde aquel
enclaustramiento, desde aquel iglú con su íntima y amada soledad. Cada día me doy más cuenta que la verdad no es aquella que ven
mis ojos, sino aquella que idealiza mi cerebro, aquella que sueño y soñamos algunos cuantos "locos" quienes nos auto consolamos con
la idea de no ser los únicos gracias a las posibilidades multiversales. Cada día me doy más cuenta que la música no está hecha para
escuchar, sino más bien para ayudarnos a entender, a entender al mundo, de entender la materia o para dar una explicación infrasónica
o ultrasónica a la metafísica. Para ayudarnos a entender mediante lo puramente sensitivo o desde lo puramente racional que somos seres
humanos y que debemos construirnos una misión en ésta vida, aquella que nos da las pautas para enloquecer en un mundo de cuerdos
o ser el cuerdo en un mundo de locos. ¿La música tuvo una evolución?... lo dudo mucho... Las herramientas con las que se hace
“música” si evolucionaron, pero nuestras mentes se coartaron, se suicidaron, y nos entregamos al genocidio de la metralla cacofónica, y
hasta la cacofonía estuvo bien orientada, pero siempre tuvimos al gran enemigo del placer, me confieso culpable y debo confesar la idea
de “El sexo no es nada sin música”, pero hoy en día para las grandes empresas y para las pequeñas mentes “La música no es nada sin
sexo”, o la acusmática es la excusa del que no pudo estudiar, o llevar 50 años tocando Mozart no nos dejó vivir y disfrutar la verdadera
esencia del sonido y del ruido, o el serialísmo nos dio el poder de la “Lengua suelta”.
¿Qué nos depara el futuro? ... pues a mí no lo sé... pero si sé que el la humanidad estará en Marte el 2030, como también sabemos que
esa será la última tripulación al espacio de la humanidad. Lo que no sabemos es qué estaciones televisivas pelearán a guerra de billetazo
para saber quién tendrá los derechos de transmisión, o no sabemos quiénes serán los astronautas afortunados, o dónde estaremos
nosotros en ese entonces, si Bolivia será un país o un reinado o una dictadura, si El Illimani ya será completamente café, o si estaremos
limosneando en la calle o gozando de una de nuestras piscinas... ¿Quién lo sabe?... Mientras tanto no nos queda más que tener fe en
nuestro futuro y cosechar nuestro presente, dedicarse al 100% en aquella cosecha; de entregarse a la música, pero también al viento; de
saber que el sonido no solo es emanado por un violín, sino también por aquella naturaleza, aquella que nos regala hermosas obras de
arte y de manera gratuita; de saber que también podemos ser parte de la lucha pero dando soluciones y no solo exigiéndolas; de poder
leer y escuchar, poder sentir y pensar, poder equilibrarse con el universo entero, tomarse la molestia de conocerlo y conocernos,
desprenderse del “yo”, desprenderse de “ella”, amar a los animales aunque ellos no te amen, prenderse un cigarrillo pero también
plantar un árbol, interpretar a Bach pero también darse los modos de interpretar a Xenakis, de explorar los sonidos que nos regala la
naturaleza, de entender que la simetría es aquella que realmente rompió con la estética, y de que hubieron grandes asesinos que nunca
fueron condenados porque hicieron un bien a la humanidad, y no me refiero a asesinos como tal, sino a asesinos intelectuales que
tomaron una pala y enterraron nuestras anacronías, y nuestras arcaicas escuelas, y es ahí donde cosecharon su futuro, pero ahora no es
hora de agarrar la pala para buscar incansablemente qué asesinar o que violar o que romper, se trata de agarrar la pala para poder
cosechar nuevas ideas, ideas frescas que sirvan, que cambien y que enamoren al mundo y a la humanidad.