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ANEXO I (1

)

ANEXO II (2)

La nave del olvido

El informante

La nave del olvido
Martes, 30 de diciembre de 2014 | 9:15 am

El BUQUE. El Simón Bolívar recién pintado, cuando prometía maravillas en el mar. Pero
los desperfectos aparecieron luego.
El Simón Bolívar, lanzado pomposamente a la mar por Hugo Chávez,
fue donado a la Marina de Guerra por infracciones aduaneras en el
Perú. Pero Nicolás Maduro quiere su barco. Humala en un
compromiso.
Ricardo Uceda
“¡Tremendo barco!” dijo en un discurso el presidente de Venezuela Hugo Chávez
cuando el Simón Bolívar, un buque pesquero con capacidad de 2,200 toneladas
de almacenamiento, arribó a un muelle estatal en Cumaná, Estado de Sucre,
procedente de Alemania. Era mayo del 2010. El barco, pintado bonitamente de
rojo en La Habana, se sumaba a la flota de siete naves de la empresa socialista

Pescalba, creada un año antes para abastecer de atún y jurel a Venezuela y al
resto de países del ALBA.
Chávez, que no cabía de entusiasmo, dijo que el Simón Bolívar contaba con todo
lo necesario para la pesca en alta mar. Era de bandera cubano-venezolana, porque
Pescalba misma era una sociedad entre ambos países. Añadió: “Al Pacífico nos
vamos a pescar con esto. Y al Atlántico también. Podemos pescar en las costas del
África”.
Era el barco más grande de Pescalba. Lo tripularían 101 personas: 51 venezolanos y
49 cubanos. Poco después llegó el José Martí, de similares dimensiones. Según el
diario cubano Voz Rebelde, ambas embarcaciones costaron 75 millones de dólares,
aunque Chávez señaló la mitad de esa cifra en 2010. La flota prometía 25,000
toneladas de producción anual, cuyo 60% sería comercializado por la cubana
Alimport. Lo restante se quedaría en Venezuela, para ser distribuido por las redes
de alimentación popular Mercal y Pdval.
Algo imprevisto ocurrió, sin embargo, con estos planes.
EL INGRESO AL SIMA
Cuando el Simón Bolívar partió de La Guaira hacia Panamá, los tripulantes notaron
que las excelencias del buque mencionadas por las autoridades no eran tales.
Gilberto Salazar, un tripulante, lo dice así: “Los baños no servían, tampoco los
botes salvavidas, los insectos corrían por la nave”. Considerando que las
condiciones adentro no eran sostenibles, un sector de los trabajadores se bajó en
Panamá y no regresó al barco. Fueron despedidos. En el período que siguió se hizo
evidente que la embarcación tenía problemas estructurales mayores. Después de
Panamá terminó inmovilizado en Ecuador. Fue entonces que Pescalba decidió
repararlo en los talleres de Servicios Industriales de la Marina (SIMA), en el Callao.
El barco arribó en junio de ese año, y las reparaciones comenzaron en setiembre.
De acuerdo con el contrato, SIMA debía haberlo entregado en septiembre del 2013.
Pero ciertos repuestos demoraron en llegar, algunos seguros se vencieron y
aparecieron desperfectos no descubiertos inicialmente. Todo lo cual demoró la
culminación de los trabajos unos meses más. Cuando el buque estuvo reparado, la
cuenta había subido, tanto por las reparaciones como por una permanencia mayor
de la prevista. Aparentemente Pescalba canceló los servicios de SIMA, pero no así
la extensión del alojamiento, una cuenta de trescientos mil dólares.

En la memoria anual 2012 de SIMA aparece registrada la reparación del barco del
Pescalba, como una obra en ejecución, por 11.665 millones de soles. Ese año, la
reparación con más alto presupuesto. En la memoria de 2013 siguiente no existe
ninguna anotación, ni como obra terminada ni en ejecución. Sin embargo, en el
listado de contrataciones de SIMA aparece para ese año una serie de trabajos de
reparación con su precio al costado y el indicativo “Proyecto Simón Bolívar”. De
acuerdo con una fuente de la Marina, cuando el trabajo estuvo terminado los
venezolanos se olvidaron del buque.
BUQUE ABANDONADO
—Demoraron el pago de los servicios y tampoco pagaron a su tripulación. Sus
trabajadores, impagos, abandonaron el barco y regresaron a Venezuela
—dijo la fuente.
En Venezuela, mientras tanto, empezaron a aparecer evidencias de que Pescalba
distaba mucho de convertirse en la gran promesa que se dibujaba en 2010, cuando
llegaron los grandes barcos. Por un lado, no eran embarcaciones nuevas. El Simón
Bolívar, por ejemplo
—para no referirnos al José Martí, que tiene su propia historia de decrepitud— fue
construido en 1988, en la antigua República Democrática Alemana. Se llamó
Angara, y antes Milan y Kapitán Orlikova. Se lo vendió al Pescalba una compañía
Posadas, registrada en Washington DC, Estados Unidos.
Uno tras otro, los barcos del Pescalba empezaron a paralizarse debido a
desperfectos y falta de mantenimiento. Desde el 2010 la empresa empezó a
despedir trabajadores, y mensajes de las protestas labores aparecieron en blogs
oficialistas. Se decía que el presidente Chávez había sido sorprendido con estos
barcos. Cuando el Simón Bolívar fue comprado ya tenía daños en la maquinaria,
fuselaje e instalaciones. Pescalba, por otro lado, empezó a afrontar graves
problemas de liquidez. Las metas de producción no se habían cumplido.
DESENCUENTRO EN LIMA
En Perú el Simón Bolívar seguía en la Base Naval del Callao. El 12 de setiembre del
2014, la Sunat publicó en el diario oficial El Peruano una notificación de abandono
legal. Decía que si en los próximos cinco días Pescalba no cumplía con sus
obligaciones, se dispondría del barco, de acuerdo a ley. El Código Tributario

establece que la notificación se realiza de este modo cuando el infractor es no
habido. La disposición implica que Aduanas puede asignar el bien a una entidad
estatal.
Treinta y nueve días después de la notificación, cuatro representantes del Pescalba
encabezados por su gerente general, Gonzalo Tovar, llegaron a Lima para
entrevistarse con las autoridades peruanas. En el Ministerio de Defensa los recibió
el comandante AP José Gianella, director de asuntos bilaterales, quien solo pudo
ofrecerles facilidades para contactos. Carlos Raygada, el jefe de SIMA, les dijo que
sus talleres ya no tenían nada que ver con el barco. Luego se entrevistaron con el
comandante de la Base Naval del Callao, Juan Zúñiga, quien habló más claro.
Tenían una deuda por concepto de muellaje, y el procurador de la Marina de
Guerra los iba a denunciar si no pagaban. El 31 de octubre, Pescalba pagó a la Base
Naval 878,120 soles, el total de su deuda pendiente.
Pero en otra reunión, el 7 de noviembre, el vicealmirante Edmundo Deville, jefe de
Operaciones del Pacífico, les dijo que la Sunat había donado el barco a la Marina de
Guerra. En la página web de la Sunat la donación aparece como una resolución de
la gerencia de la Aduana del Callao. Lo hizo el 22 de octubre, cuando los
venezolanos estaban precisamente en Lima celebrando sus entrevistas. Los de
Pescalba sintieron que habían pagado su deuda en vano.
QUIEREN SU BARCO
Consultados para esta nota, la Marina y la Sunat no aportaron información oficial.
Una fuente de la Marina sostuvo que el procedimiento de incautación y donación
posterior fue enteramente una acción de la Sunat. Extraoficialmente también, una
fuente de la Sunat dijo que el buque no tiene ningún adeudo tributario sino que
omitió registrar su ingreso al Perú en Aduanas, una obligación del armador.
Posteriormente la nave entró en abandono y fue donada conforme al Código
Tributario y la Ley General de Aduanas.
Por su parte, el gobierno venezolano no ha realizado ningún reclamo ante la Sunat.
Ha empezado informales gestiones diplomáticas, que irán de menos a más. El
presidente Humala habría recibido un mensaje de Nicolás Maduro en Ecuador,
durante la reunión de Unasur a comienzos de diciembre. En Venezuela lo que
decide el presidente lo ejecuta cualquier organismo, por muy autónomo que se

pinte. En el Perú esto es más difícil. ¿Puede la Sunat revertir una donación? El
buque, pintado de rojo, aún no cambia de color en la Base Naval del Callao.

ANEXO III (3)

Buques jureleros de la Empresa Pescalba
en buena faena
Dos barcos hermanos levan anclas y sueltan amarras en pos del ALBA, bajo el timón
seguro de pescadores cubanos y venezolanos
Juana Carrasco Martín
juana@juventudrebelde.cu
14 de Diciembre del 2010 20:45:35 CDT
LA GUAIRA.— Mar tranquila, cielo despejado. En nada se parece este día soleado a los
diluviantes que cerraron el mes de noviembre y abrieron diciembre en medio de derrumbes,
deslaves, inundaciones y sufrimientos humanos, en esta costa norte venezolana donde se
destacaban hasta hace pocos días, bellas y poderosas, dos naves pesqueras de envergadura,
la José Martí y la Simón Bolívar.
Ya estaban listas para salir a navegar rumbo al océano Pacífico, en busca del cardumen que
garantice alimento para dos pueblos hermanos integrados en el ALBA. Solo esperaban la
orden de «¡leven ancla, suelten amarras!…» que se dio apenas unas horas después de que
visitáramos la nave que lleva con orgullo el nombre del prócer cubano.
Por la escalerilla del pesquero José Martí —120 metros de eslora y 19,3 de manga, como su
gemelo— subían algunos de los tripulantes, cuando en la cubierta todo era ajetreo para
poner a punto la nave que el domingo 5 de diciembre fuera rebautizada en este puerto de La
Guaira por el presidente Hugo Chávez, acompañado del embajador cubano Rogelio
Polanco.
«Estos son los medios de producción que tienen que tener los trabajadores, para poder
desarrollar la economía, y desarrollarla en beneficio del pueblo, no para una minoría»,
había enfatizado el Presidente, al tiempo que afirmaba que los buques de Pescalba son
«para incrementar la pesca y socializarla en manos de nuestro pueblo».
Y de ello tienen plena conciencia los 52 cubanos y 49 venezolanos que, como una sola
tripulación —como los quiere ver el capitán de pesca Cándido Jorge Soto Reina— casi
acarician la mole de hierro de seis cubiertas y el enorme chinchorro que en su momento
recogerá los frutos del mar.
Les sobra el valor, el arrojo, y la intrepidez requerida para este viaje. Porque esa bravura se
necesita en la zona de pesca hacia donde se dirigen, que fue llamada océano Pacífico por el
explorador y navegante portugués Fernando de Magallanes.
Sin embargo, el Pacífico no siempre hace honor a su nombre, pues a menudo los tifones,
los huracanes y los sismos golpean las islas de este océano y los litorales continentales. Con

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razón los pescadores cubanos de la tripulación, algunos de los cuales cuentan con siete
campañas pesqueras en ese piélago, lo llaman «el pantano».
Pero van seguros de sus naves y de su pericia. Pertenecientes a la Empresa Mixta Socialista
Pesquera Industrial del ALBA, más conocida por un corto y hasta sugerente nombre:
Pescalba, los dos barcos son una importante adquisición que se realizó a un costo de 73
millones de dólares para relanzar el desarrollo de la industria marítima de Cuba y
Venezuela, vista como una sola. Precisamente su marinería asegura que está en sus
propósitos no solo la buena captura, también la construcción de lazos indestructibles de
amistad.
Por supuesto, no olvidan la preservación ecológica del océano y sus riquezas, porque la
tecnología empleada en estos pesqueros no depredará el lecho marino del Pacífico sur, zona
en la que Cuba tiene derecho histórico de pesca por un convenio internacional que data de
la década de los 80.
El ingeniero naval Javier Francisco Aguiar Rodríguez, vicepresidente de la empresa, nos
dio las características de la nave, que podrá congelar diariamente 180 toneladas de jurel, la
especie que buscarán faenar en el enorme océano, y de la que podrán mantener refrigeradas
durante 60 días hasta 2 200 toneladas, por la autonomía operacional con que cuenta el
jurelero José Martí.
No se trata solo del pescado para el consumo en las mesas cubanas, venezolanas, y otros
países de la cuenca caribeña, y de la institución integradora: un aporte de entre 24 000 y 25
000 toneladas anuales, donde el 60 por ciento será puesto a la venta por la empresa cubana
Alimport, y el 40 por ciento quedará en Venezuela. Los barcos son una industria sobre las
aguas, pues aquellas otras especies que caigan en el chinchorro serán procesadas en la
planta productora de harina de pescado, importante componente en la alimentación animal.

Con los hombres de la mar
Sobre la cubierta, un grupo vestido de overol azul y cascos amarillos dispone los toneles de
petróleo, el combustible necesario para llegar al área y explorarla en busca de los
cardúmenes; mientras tanto, otros bajan vituallas por una de las compuertas abiertas que
permiten ver las entrañas de la nave, la enorme panza que tragará el pescado, y lo
empaquetará y congelará.
Pronto llega el capitán Soto, 43 años de veteranía iniciados tras los estudios en la otrora
Unión Soviética. Su experiencia comenzó cuando tenía 21 años, y está refrendada con el
desafío a las aguas del Atlántico norte y sur, y del Pacífico sur.
Ahora participa en el renacer de la flota pesquera cubana como parte de la integración del
ALBA.
«He navegado con suerte», asevera, y se siente seguro de que esa suerte seguirá
acompañándolo con esta tripulación. Tiene una primera tarea: adiestrar al personal cubano
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sobre lo que puede haber olvidado, y al venezolano que debe aprender la nueva técnica,
porque solo conocía la pesca de arrastre del fondo marino en el área del Caribe, que
degradaba la riqueza marina.
La pesca de arrastre de media agua, que practicarán en mar abierto, es una metodología de
captura de pesca pelágica, de carácter superficial. No depreda los recursos hidrobiológicos,
tampoco destruye los ecosistemas, como ocurre con la pesca de arrastre de fondo.
Sentado con algunos de sus hombres en uno de los camarotes donde hacen estancia y
desgranan narraciones de la mar inmensa, hablan también de su disposición: «Mientras
haya pesca, se cala. No nos preocupa que algunos llevemos varios años sin practicar la
pesca de altura porque lo que bien se aprende no se olvida», dice Andrés Duarte, maestro
de redes graduado en 1974 en la Escuela Andrés González Lines.
Y hablan de la composición de cada brigada de pescadores: un maquinillero, cuatro
marineros, un maestro de redes, que laborarán en turnos de ocho horas. Pero no son ellos
los únicos a bordo, están electricistas, mecánicos de ajuste, refrigeración, cocineros y el
médico, un lavandero, y los que garantizan la limpieza del barco.
Sobre esa ablución de higiene apuntan: «El barco siempre tiene que estar bien limpio», y
eso se respira en cada una de las seis plantas, y en las áreas de los camarotes y otras piezas
de la nave. «Este es el barco más cómodo y humanizado en que he pescado», dice uno de
los que participan en la tertulia.
Asienten con igual entusiasmo William Mata, nacido hace 47 años en Cumaná, ciudad
marinera del estado Sucre, con 25 años en la pesca de arrastre de fondo y ahora dispuesto a
entrarle con ganas a la nueva técnica, al igual que Alexis Narváez, de Punta de Piedra, en
Isla Margarita, quienes tienen muy malos recuerdos de un pasado reciente en que
trabajaban para un patrón privado, pues esta es la primera vez en la historia de Venezuela
que el Estado cuenta con dos grandes buques pesqueros especializados en este rubro.
«Se está uniendo de forma estratégica la experiencia pesquera cubana con la venezolana,
porque de esta forma es que seguiremos creciendo (...) Viva el Socialismo», les dijo Chávez
en la despedida de las naves pesqueras.
Horas después, cuando ya estaban a punto de partir. Solo cabía un deseo: ¡Buen viaje,
buena faena!

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Antes de hacerse a la mar, todo era ajetreo para cubanos y venezolanos: una sola
tripulación. Foto: Yordanka Almaguer

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ANEXO IV (4)

¡Tremendos barcos compadre!
5.dic.2010 / 07:15 pm
Desde el Puerto de la Guaira, el Presidente Chávez despidió la tarde de este domingo, a los
buques pesqueros Bolívar y Martí, que hoy zarpan al océano pacífico con el objetivo de
incrementar la pesca y hacerla más social en manos de los pueblos, y que forman parte del
fortalecimiento de la Empresa Mixta Socialista Pesquera Industrial del Alba, (Pescalba).

“Tremendo barco compadre. Pescalba. Aquí tenemos dos tremendos buques pesqueros
adquiridos por la revolución venezolana y cubana en la alianza que tenemos, el Alba,
Alianza Bolivariana para incrementar la pesca y socializarla en manos de nuestros pueblos.
Alimento para nuestros pueblos, no para alimentar al capitalismo burgués y la riqueza de la
burguesía”, expresó el Mandatario Nacional al llegar al puerto.
Bolívar y Martí son los nombres de estos buques jureleros que fueron adquiridos en marzo
de este año a una empresa pesquera rusa por un monto de 33 millones de dólares. “Son de
fabricación Rusa, trabajados y acondicionados en Rusia pero le pusimos Bolívar y Martí y
salen ya a pescar a las aguas del Atlántico, del Pacífico, van a pescar jurel”, agregó Chávez.

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Destacó el Presidente venezolano el hecho de que los barcos sean operados por personal
cubano y venezolano, “Aquí estamos fusionando, uniendo la experiencia Cubana, pues
Cuba llegó a tener una de las flotas pesqueras más grande de este continente, y la
experiencia de los pescadores venezolanos, y estamos formado Pescalba, una de las
grannacionales, una empresa socialista de la Alianza Bolivariana”.
Además de Cuba, señaló Chávez que Venezuela está firmando convenios de pesca con
Ecuador, Bolivia, Dominica, San Vicente Granadina. “Una gran grannacional, el Alba”.
“Pescalba es apenas un signo de lo nuevo, del modelo nuevo, el socialismo, donde la clase
obrera junto al pueblo, los pescadores que son parte de la clase obrera, son los que deben
asumir progresivamente la vanguardia (…) Además Pescalba forma parte de su liberación,
porque son trabajadores dueños del barco. Ya no será el capitalismo que los convierta en
esclavos, ahora están liberados y ustedes son libertadores del barco, libertadores del mar”,
reflexionó.

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Los buques Bolívar y Martí zarpan con una tripulación mitad venezolana, mitad cubana.
Son además buques escuelas, porque será en ellos donde se formen capitanes y recurso
humano.
Ambas embarcaciones pesqueras tienen una capacidad de 170-180 toneladas de congelado,
mientras que de almacenamiento en bodegas suman una capacidad de 2200 toneladas. Estos
buques desplazan mil quienientas toneladas y tiene 4 mil millas naúticas de autonomía.
“Este es un buque de pesca de los más grandes del mundo (…) Bienvenidos a Pescalba
pues, que viva el Alba, que viva Simón Bolívar y que viva Fidel, viva Cuba y Venezuela.
Tremendos barcos compadres”, finalizó Chávez.

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ANEXO V (5)