EDITORIAL

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DOMINGO 20 DE ABRIL DE 2008

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El Siglo de Torreón

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AMLO
LUIS RUBIO

M

ás allá de los agravios que reclama, este es el discurso que yo quisiera escucharle al activista social que se ostenta como presidente legítimo y que en su cruzada golpea al PRD sin sumar adeptos a su causa y proyecto: A los mexicanos de todas edades, ideologías, posición social y nivel económico: A lo largo de los últimos veinte meses me he dedicado a reivindicar el triunfo que estaba convencido de haber logrado en las elecciones de 2006. He visitado todos los rincones del país y he conversado con mexicanos de toda la república. He escuchado posturas e ideas de compatriotas de todo origen y estatura social, desde los más radicales hasta los más conservadores. En este periodo he podido percatarme que los mexicanos somos un pueblo noble que, mayoritariamente, no quiere violencia ni quiere sacrificar lo que penosamente se ha logrado. En esta perspectiva, me dirijo a ustedes, a todos los mexicanos, tanto a quienes me han apoyado y se han solidarizado conmigo como a aquellos que reprueban las formas o el contenido del movimiento que encabezo y a quienes he atacado en repetidas ocasiones, para proponerles la creación de un movimiento nacional por la estabilidad y la paz, por el desarrollo del país y por su transformación para el beneficio de todos. Comienzo por renunciar a la pretensión de haber ganado la elección de 2006. Reconozco haberme equivocado al decidir por una estrategia contestataria que nos ha dividido, pero no por eso renuncio a mis convicciones y proyecto de construcción de un nuevo país. A quienes han estado conmigo y han sido activos participantes del movimiento reivindicatorio les aseguro que sigo persiguiendo los mismos objetivos, creo en la transformación del país y albergo la certeza de que juntos podremos construir algo mejor, mucho mejor que lo que hoy existe. A quienes se opusieron a mi candidatura, votaron por otras opciones y se sienten agraviados por mi discurso y acciones, les aseguro que reconozco los riesgos del activismo radical, me preocupa la posibilidad de que un paso en falso pudiera inflamar al país y les ofrezco un pacto de no-agresión; asimismo les invito a dialogar y encontrar

En esta perspectiva, me dirijo a ustedes, a todos los mexicanos, tanto a quienes me han apoyado y se han solidarizado conmigo como a aquellos que reprueban las formas o el contenido del movimiento que encabezo y a quienes he atacado en repetidas ocasiones, para proponerles la creación de un movimiento nacional por la estabilidad y la paz, por el desarrollo del país y por su transformación para el beneficio de todos.
mejores formas de sumar esfuerzos y evitar que se nos parta el país. En retrospectiva, veo que mi campaña para la Presidencia adoleció de una imperdonable arrogancia. Las encuestas me decían que una amplia mayoría de la población votaría por mí y eso me hizo descuidar al resto de los mexicanos que, hoy lo reconozco, creían en mí y compartían el mensaje y los objetivos que yo enarbolaba, pero tenían la preocupación, y hasta el temor, de que mi proyecto de desarrollo pudiera traducirse en una nueva crisis económica que el pueblo de México no resistiría. Muchos también temían por la pérdida de sus bien ganadas libertades. Muchos se preguntarán por qué este cambio de perspectiva. Les digo, les afirmo, que soy hombre de convicciones y que, con la misma serenidad y optimismo que ha caracterizado toda mi carrera política, he estado observando la forma en que evolucionan las cosas, la manera en que tanto mis promotores como detractores entienden mis proyectos y tengo que confesar que la complacencia ha sido desplazada por la preocupación. En días recientes he podido observar la devoción con que se han comportado las brigadas que organizamos para defender nuestro petróleo (objetivo en el que creo fervientemente), al grado de no ser capaces de diferenciar entre actos legítimos y actos violentos, actos histriónicos y actos conducentes a la construcción de un mejor país. Yo no me voy a asociar con esas tácticas fascistas, yo no voy a ser un Tejero. Mi proyecto no cambia. Lo que cambia es la forma de lograrlo. Estoy convencido que México requiere un cambio de dirección. La política económica que se ha seguido en las últimas décadas no conduce al desarrollo. Lo único que logra es desigualdad y el imparable empobrecimiento de una parte creciente de la población. Mis convicciones no han cambiado. Pero sí reconozco que los métodos que seguí en una primera etapa eran inadecuados y no lograron sino polarizar al país. En esas condiciones, ningún proyecto de desarrollo es viable. El pueblo de México es uno y todos los mexicanos merecen un trato digno, cortés y civilizado. Esta convocatoria es una invitación a que todos los mexicanos nos sumemos en un gran proyecto común para el desarrollo en el que no haya perdedores sino muchos ganadores. Un proyecto del cual todos los mexicanos puedan ser socios y beneficiarios. México tiene que cambiar. Pero el cambio no puede ser a partir de la destrucción de lo existente, sino mediante ajustes trascendentes dentro de nuestro marco institucional. Ese marco tiene defectos, pero es el único capaz de garantizar un proceso de cambio como el que nuestro país requiere en un ambiente institucional de paz. Además, sólo en un entorno de transparencia es posible conducir los asuntos públicos y, por mi parte, reconozco que la conducción de mi Administración como jefe de Gobierno del Distrito Federal no fue ejemplar en términos de transparencia. Manifiesto que, de ganar las próximas elecciones, organizaré un Gobierno modelo en términos de transparencia y rendición de cuentas. No permitiré que grupos individuales se arroguen derechos y prerrogativas que se constituyan en privilegios particulares. México necesita una lucha a fondo contra los privilegios y las prebendas. Mi proyecto no es contrario al desarrollo ni se opone a los intereses de empresarios, sindicatos, agrupaciones o sectores. Todo lo contrario. Mi proyecto es incluyente y se propone eliminar aquellos mecanismos que no hacen sino beneficiar a unos cuantos a costa de la totalidad del país. No propongo nada que no sostengan quienes abogan por una

estrategia de mercados competitivos. Mis giras por toda la república me han enseñado que los mexicanos están hartos del abuso y de la falta de progreso. Planteo hoy ante la ciudadanía que yo asumo estas percepciones como la esencia de mi proyecto. Quiero un México en el que de verdad funcionen los mercados; quiero un México de instituciones fuertes; quiero un México en el que todos los mexicanos, sin distinción alguna, tengan la oportunidad de desarrollarse y progresar. Quiero, en una palabra, un México li-

bre de privilegios y abusos. Mis únicos enemigos son esos: el privilegio y el abuso. En el México de hoy hay muchos privilegios y mucho abuso. Tenemos que luchar contra estos males dentro de los marcos institucionales para defender las aspiraciones libertarias y de justicia del pueblo de México. Convoco a todos los mexicanos. Sumémonos en un movimiento que verdaderamente transforme a México en orden y paz. www.cidac.org

GUAYO

¿Qué hacemos con López Obrador?
JORGE ZEPEDA PATTERSON

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

Remolino
se. Podrían ser la única solución para el quebranto energético que se avecina. Pero el Estado mexicano hasta ahora ha sido incapaz de impedir los excesos y abusos de los grupos privilegiados cada vez que ha abierto al mercado ámbitos de la esfera pública. No es posible encarar la apertura de Pemex sin antes agotar la discusión de las maneras en que habremos de asegurarnos de que no se multipliquen los Carlos Slim o Roberto Hernández, o peor aún, los Bribiescas. Que tome 50 días o 100 ventilar estos asuntos es irrelevante si consideramos lo mucho que está en juego. Es desagradable ver a los perredistas convertir la tribuna máxima en un tianguis. Pero, bien mirado, es un costo menor si ello obligó a examinar con atención el futuro del petróleo, nada más y nada menos que el mayor patrimonio de este país. Hay un linchamiento mediático de López Obrador que muchos están “comprando”. Algunos se preguntan qué hacer con esta piedra en el zapato que constituye su movimiento. Yo diría que pese a su retórica y su populismo, López Obrador es imprescindible. No empareja el marcador, pero impide la goliza. Lo peor que podemos hacer es pretender que la inconformidad social no existe. ¿Nos parecen de mal gusto sus expresiones? ¿Y de qué gusto son las inequidades e injusticias que padece la mitad más pobre del país? ¿Qué creíamos, que iban a votar cada seis años y sentarse a esperar a que llegue un empleo, un abogado honesto o un programa de Gobierno? López Obrador no representa a los verdaderos pobres del país, se dice con frecuencia. Quizá. Pero canaliza la irritación que entre muchos mexicanos genera esa pobreza. Su desconfianza hacia la apertura al capital privado es la desconfianza de muchos. Antes de lincharlo y repudiar sus métodos habría que escuchar lo que nos está tratando de decir esa república olvidada que intenta hacerse presente. (www.jorgezepeda.net)

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iertamente no es Hitler o Mussolini, pero es sorprendente la capacidad que tiene Andrés Manuel López Obrador para provocar ronchas a muchos ciudadanos, particularmente entre los sectores conservadores. Una y otra vez reaccionan de tal manera que terminan por vigorizar la figura pública de El Peje. El spot de televisión transmitido en horario triple A en que se le compara a Victoriano Huerta, Pinochet y similar calaña por haber ordenado tomar el salón de sesiones de la Cámara, es tan desproporcionado y abusivo que ha resultado contraproducente. Para El Peje ha sido oro molido, pues confirma la noción de que existe una fuerte de conspiración de odio en su contra. De verdugo del Congreso ha pasado a ser víctima de la derecha todopoderosa. No coincido con varias decisiones de López Obrador y me parece que su estilo de liderazgo deja mucho qué desear. Pero estoy convencido de que AMLO y las causas que representa son absolutamente indispensables para la salud de la República. Cada vez que el tabasqueño habla en contra de las instituciones y convoca a la movilización, una legión de analistas y comentaristas se queja de su irresponsabilidad y primitivismo político. Como si se tratase de una anomalía trasnochada en una sociedad democrática. “Hay problemas, pero éstos deben resolverse mediante el diálogo”, se dice; “los bloqueos y tomas de instituciones no caben en una sociedad con Estado de Derecho”, se afirma, con la convicción que sólo podría tener un alemán o un sueco. El problema es que no vivimos en un Estado de Derecho, ni los problemas se resuelven con el diálogo, salvo que usted pertenezca al 20 por ciento de la población de mayores ingresos. Todos los días miles de mexicanos humildes son víctimas de tribunales y autoridades que operan a favor del poderoso o del que ofrece más. Háblenle del Estado de Derecho a Lydia Cacho, a las víctimas de

No coincido con varias decisiones de López Obrador y me parece que su estilo de liderazgo deja mucho qué desear.
Ulises Ruiz en Oaxaca, a los campesinos que suplican a un funcionario que ya vendió su caso. Más que un Estado de Derecho lo que padecemos es “el derecho al Estado” del que gozan algunos sectores privilegiados. ¿Cómo podemos hablar de “someterse al imperio de la ley” cuando los que se enriquecieron con el Fobaproa, el mayor robo en la historia de la Nación, lo hicieron legalmente? La reforma energética ofrece el mejor ejemplo. Si López Obrador y sus contingentes no hubieran irrumpido con sus sudores y malas maneras (cito a un crítico) la reforma habría sido acordada entre futuros beneficiarios, funcionarios federales y legisladores priistas. Fueron los gritos y sombrerazos, las denuncias fundadas e infundadas de El Peje, lo que obligó a definir esta reforma en un espacio verdaderamente público. No sé si al final de todo esto tendremos una buena reforma, pero estoy convencido de que será mejor de la que podría haberse firmado tras bambalinas. En todo caso habrá de ser más representativa del sentimiento de la comunidad en su conjunto y mucho menos cupular de la que tenían cocinada. ¿Qué no trata de eso la democracia? Desde luego, los métodos de AMLO no son democráticos, pero son comprensibles si consideramos que los acuerdos “democráticos” son los que tienen que pasar y ser resueltos por Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa a partir de los intereses muy poco democráticos que ellos representan. Insisto en que los mexicanos tenemos todo el derecho de desconfiar de la apertura al capital privado, habida cuenta de la cantidad de abusos que han generado privatizaciones y concesiones en el pasado. Eso no significa que debamos satanizarlas per

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e estado en los últimos días en El Paso, Texas, que en realidad es México en Estados Unidos, con la diferencia que aquí se respetan los semáforos y la gente se pone el cinturón mientras conduce. La tamaña desfachatez de cruzar un soberano puente para cambiar las costumbres, muestra que la proclividad a lo ilegal en nuestro país no es por razones inherentes a la idiosincrasia, sino simplemente por la asumida inexistencia de un enramado institucional mexicano que funcione y castigue, al amparo del marco normativo. Aquí –aunque sorprenda y resulte increíble— los semáforos tienen cámaras, las multas llegan por correo y la gente acude a pagarlas. Y la gente aquí hace lo que comúnmente se hace en este sitio: esperar el semáforo para conducir lento a la izquierda, ceder el paso a la H2 en turno, antes de estacionar y apagar el auto para entrar a cualquier tienda a buscar lo innecesario que quieran vendernos. Atestiguar la repetición de esa actividad a través de los días, aburrida en demasía, me obliga a buscar un pasto, una sombra y una espiga, para picarme los dientes lentamente mientras intento escribir estas letras. Los dos temas mencionados brevemente —respeto a la legalidad y consumo como polea de la economía estadounidense— son esenciales para el entendimiento de este país. Mas en particular no derramaré tinta sobre ellos. Prefiero intentar hablar sobre las opiniones de los mexicanos que aquí viven sobre el actual acontecer turbulento de México y sus soluciones. No he conversado con ningún politólogo ni economista experto (debo aclarar), mas la voz del ciudadano de a pie sorprende en su pragmatismo: ellos están aquí por que hay más salidas que en México, y en México nada parece solucionarse, y la política y la economía seguirán sin ofrecer trabajos. Sin sentimentalismos las respuestas básicas y tajantes. La nostalgia y la subjetividad segadas por un sistema que ofrece oportunidades y futuro para los hijos. El espejo crudo de un individua-

Los dos temas mencionados brevemente —respeto a la legalidad y consumo como polea de la economía estadounidense— son esenciales para el entendimiento de este país. Mas en particular no derramaré tinta sobre ellos.
lismo que desconoce nacionalismos o fronteras. La dramática realidad donde incluso –con reservas me atrevo a decir— se percibe una despreocupación generalizada, como si lo que ocurriera más allá de la frontera ya no tuviera importancia, y el destino de nuestro país fuera manifiesto. Lo anterior lo plasmo como lo he sentido. La conversación ha sido con mexicanos de diversas clases sociales y acentos, todos ellos viendo los toros desde este lado de la barrera. El común denominador es el siguiente: las oportunidades y la seguridad que aquí encuentran –los dólares que aquí encuentran— se colocan en un escalafón superior respecto a cualquier nostalgia o nacionalismo vacuo. Hablan de México desde una perspectiva lejana. Hablan de los que aquí están y de los que allá se quedaron, y su mirada perdida hace referencia obligada a la imagen de los muros de adobe que se pudren en vida en nuestros pueblos. Todos estos mexicanos aquí podrían pasar penurias –y discriminación y migra—, mas en sus ojos se percibe que regresar sería tal vez un paso atrás hacia un sistema al que ya no pertenecen, y un sistema donde no tendrían alternativas. Lo dramático es que ven y hablan de México desde alguna especie de memoria herida, como si la reiterada situación que los orilló a dejarlo los hubiera tatuado de insensibilidad. Todas sus respuestas me han dejado perplejo, confirmándome que el individualismo no conoce de nacionalismos o de fronteras. http://ciudadalfabetos.blogspot.com