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AUDIENCIA PROVINCIAL DE BARCELONA

SECCIÓN DECIMOQUINTA
Rollo núm. 226/2014 – 1ª
Incidente de oposición a ejecución núm. 408/2013
Juzgado Mercantil núm. 5 de Barcelona

AUTO núm. 21 / 2015
Componen el tribunal los siguientes magistrados:
JUAN F. GARNICA MARTÍN
JOSÉ MARIA RIBELLES ARELLANO
BLANCA TORRUBIA CHALMETA
En la ciudad de Barcelona, a 19 de febrero de dos mil catorce.
VISTOS en grado de apelación por la Sección Decimoquinta de esta Audiencia
Provincial los presentes autos de incidente de oposición a la ejecución despachada,
tramitados con el número al margen expresado por el Juzgado Mercantil número 5 de
Barcelona por virtud de demanda de Barna Steel, S.A. contra Liberbank, S.A.,
pendientes en esta instancia al haber apelado Liberbank, S.A. la resolución que dictó el
referido Juzgado el día 17 de febrero de 2014.
Han comparecido en esta alzada la apelante Liberbank, S.A., representada por
el procurador de los tribunales Sr. Badía y defendida por el letrado Sr. Orive, así como
Barna Steel, S.A. en calidad de apelada, representada por el procurador Sr. Montero y
defendida por el letrado Sr. Cano.
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO. La parte dispositiva de la resolución apelada es del tenor literal
siguiente: «Desestimo la oposición a la ejecución formulada por el Procurador de los
Tribunales Don Carlos Badía Martínez, actuando en nombre y representación de la
entidad Liberbank S.A., acordando que la ejecución siga adelante. Se imponen las
costas de este incidente a la entidad Liberbank S.A.».

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SEGUNDO. Contra la anterior resolución interpuso recurso de apelación
Liberbank, S.A. Admitido a trámite se dio traslado a la contraparte para que lo
contestara, tras lo cual se elevaron las actuaciones a esta Sección de la Audiencia
Provincial, en la que señaló para el día 4 de febrero votación y fallo.
Actúa como ponente el magistrado Juan F. Garnica Martín, presidente de la
Sección.
RAZONAMIENTOS JURÍDICOS
PRIMERO. Antecedentes de los que trae causa la resolución recurrida
1. Grupo Celsa formalizó con sus acreedores bancarios, en el año 2010, una
primera refinanciación de su deuda mediante dos contratos denominados Contrato
Jumbo Original y Contrato Marco Original. Mediante el primero se pactó una espera
hasta el año 2013 para el pago de la deuda dimanante de los contratos de préstamo.
Mediante el segundo, Grupo Celsa y una parte de los acreedores financieros
formalizaron una novación modificativa de una serie de contratos de financiación,
fundamentalmente operaciones de comercio exterior y de descuento de efectos
comerciales, denominados Contratos Bilaterales. Esa novación consistió en modificar
determinados extremos, tales como tipo de interés y comisiones aplicables,
condiciones de disponibilidad de la financiación, las causas de vencimiento anticipado
y su plazo de vigencia, que se fijó para todos en fecha 6 de junio de 2013.
2. Llegado 2013 Grupo Celsa negoció una nueva financiación de la deuda, a la
que se adhirieron la mayor parte de los acreedores bancarios, con la salvedad de
algunos disidentes (Natixis, Royal Bank of Scotland, ING, BNP, IberCaja, Liberbank,
Kutxabank y Grupo Caja 3). También esta nueva refinanciación se articuló mediante
los dos contratos antes citados (Contrato Jumbo y Contrato Marco). Pero, dada la
existencia de acreedores disidentes, Grupo Celsa solicitó del Juzgado Mercantil 5 de
Barcelona la homologación de sus acuerdos y la extensión de sus efectos a los
disidentes.
3. Por Auto de 28 de junio de 2013 se acordó la homologación de los acuerdos
de refinanciación de Grupo Celsa con el siguiente contenido:
«1.- Acuerdo la homologación de los Acuerdos de refinanciación suscritos por
el Grupo Celsa tal y como se ja definido en el encabezamiento con una gran mayoría
de entidades financieras y recogidos en las escrituras públicas números 2928 y 2929
otorgadas ante el notario de Madrid Don José Miguel García Lombardía el día 5 de
Junio de 2013.

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2.- Acuerdo la extensión de los efectos de la espera pactada en el acuerdo de
refinanciación a las entidades financieras disidentes en cuanto no constituye para
ellas un sacrificio desproporcionado.
En consecuencia, los créditos que se encuentran sujetos al Contrato Jumbo
Original deben satisfacerse con arreglo al calendario de amortización convenido en el
Contrato Jumbo, extensión que afecta a las entidades financieras no firmantes Natixis,
Royal Bank of Scotland, ING, BNP, IberCaja, Liberbank, Kutxabank y Grupo Caja 3;
y los créditos que se encuentran sujetos al Contrato Marco Original deben
satisfacerse en la fecha de vencimiento final convenida en el Contrato Marco, esto es,
el 17 de Junio de 2018, extensión que afecta a las entidades financieras no firmantes
Liberbank, Kutxabank y Caja España de Inversiones.
En dicha extensión que se decreta judicialmente se acuerda la equiparación de
las cláusulas de amortización anticipada obligatoria parcial y total a los solos efectos
de que el crédito que ostentan las entidades disidentes se amortice en los mismos
plazos y formas que el crédito de las entidades que han suscrito los Acuerdos de
Refinanciación.
3.- Asimismo, se acuerda la paralización de las ejecuciones promovidas o que
pudieran instarse por las entidades financieras acreedoras contra el acuerdo
refinanciado durante el plazo máximo de tres años.
4.- En todo caso, las entidades financieras acreedoras, afectadas por la
homologación mantendrán sus derechos frente a los obligados solidariamente con el
deudor y frente a sus fiadores y avalistas, quienes no podrán invocar ni la aprobación
del acuerdo de refinanciación ni los efectos de la homologación en perjuicio de
aquellos.
5.- Acordada la homologación del deudor, no puede solicitar otra en el plazo
de un año».
4. Por Sentencia de 7 de agosto de 2013 se desestimaron por el mismo juzgado
mercantil las impugnaciones formuladas frente al referido acuerdo, entre otros, por
Liberbank, S.A.
5. Barna Steel, S.A., una de las sociedades integrantes del Grupo Celsa,
favorecida por el acuerdo de refinanciación, presentó demanda de ejecución del Auto
de 28 de junio de 2013 alegando que Liberbank, S.A. se negaba a acatarlo al impedir
que las entidades integrantes del Grupo Celsa pudieran hacer nuevas disposiciones
dentro de los límites recogidos en los contratos bilaterales sujetos al Contrato Marco
Original, cuyo vencimiento, como consecuencia de la homologación, había pasado a
ser el 7 de junio de 2018. También afirmaba que Liberbank, S.A. no estaba siquiera
manteniendo los límites dispuestos en la fecha de suscripción de los acuerdos de
refinanciación (15.000.400 euros), ya que la propia dinámica de financiación de
circulante contenida en los contratos bilaterales determina que, conforme los clientes

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van pagando los créditos descontados, Liberbank ve reducida progresiva y
paulatinamente su exposición.
En suma, exponía, Liberbank, negándose a que los ejecutantes pudieran hacer
nuevas disposiciones con cargo a las líneas de financiación abiertas y sujetas al
Contrato Marco Original está eludiendo la espera impuesta por la resolución judicial
que homologó el plan de refinanciación.
Por ello solicitó el despacho de la ejecución indicando como medida ejecutiva
cursar requerimiento a Liberbank para que, en cumplimiento de la espera dispuesta en
el auto de homologación, permitiera a las entidades del Grupo Celsa disponer de los
importes máximos previstos en cada uno de los contratos bilaterales sujetos al Contrato
Marco Original siguientes: (i) contratos de línea de financiación de importaciones; (ii)
contratos de líneas de descuento y (iii) contratos multiproducto.
6. El juzgado mercantil ordenó el despacho de la ejecución en los términos
interesados por la ejecutante por medio del auto de 18 de diciembre de 2013.
Considera el juzgado mercantil en la referida resolución que la Disposición Adicional
Cuarta de la Ley Concursal (LC), redactada por la Ley 38/2011, atribuye fuerza
ejecutiva al auto homologando el acuerdo de refinanciación.

SEGUNDO. Términos en los que aparece planteado en esta instancia el
conflicto que enfrenta a las partes
7. Liberbank se opuso a la ejecución despachada negando que la resolución
judicial ejecutada tenga el carácter de título ejecutivo y argumentando que se le
pretendía imponer el cumplimiento de una obligación positiva de hacer, que supone
concesión de nuevo crédito y entrega de dinero nuevo a la ejecutante, cuando lo único
que imponía el auto de homologación era una obligación distinta y consistente
exclusivamente en una espera, razón por la que el auto se extralimita y le obliga a
asumir un riesgo crediticio de nada menos que 20.600.000 euros, coincidente con el
límite conjunto de los contratos bilaterales extintos que se le ordena cumplir.
8. El juzgado mercantil desestimó la oposición a la ejecución argumentando
que el concepto “espera” que establece el auto de homologación implica
necesariamente, además del diferimiento en el plazo de pago de las obligaciones
vencidas y exigibles, el mantenimiento de las líneas de descuento en las mismas
condiciones inicialmente pactadas. Y argumenta que el mantenimiento de las líneas de
descuento no supone otorgar nueva financiación sino que entra dentro del concepto de
reordenación del pasivo. También argumenta que no es cierto que el auto
homologando el acuerdo carezca de fuerza ejecutiva porque la misma se la atribuye la
propia Disposición Adicional Cuarta de la LC en su apartado 3, pfo. 2.º cuando
determina que el juez podrá declarar subsistente la paralización de ejecuciones

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promovidas por las entidades financieras acreedoras. Y también se derivan esos efectos
ejecutivos, según la resolución recurrida, de lo dispuesto en el apartado 5.º de la Disp.
Adic. 4.ª antes citada.
8. El recurso de Liberbank insiste en sus dos alegaciones fundamentales con las
que se opuso al despacho de la ejecución y alega, en sustancia, que:
a) El auto de homologación no es una resolución judicial ejecutiva, de manera
que no cabe despachar ejecución con fundamento en el mismo.
b) El auto despachando la ejecución se ha extralimitado porque en el título
ejecutivo no existe la obligación que se pretende ejecutar.

TERCERO. Sobre el auto de homologación como título ejecutivo
9. El primero, y esencial, punto de discrepancia que enfrenta a las partes y que
conduce a la recurrente a cuestionar la resolución recurrida, consiste en si cabe la
posibilidad de acordar el despacho de la ejecución del auto de homologación para
imponer de forma forzosa a los acreedores el cumplimiento de lo convenido por la
mayoría de los acreedores con el deudor.
10. La resolución recurrida, en una muy prolija exposición sobre lo que se debe
considerar como título ejecutivo en nuestro derecho, a partir de lo que expone el
artículo 517 LEC, llega a la conclusión de que el auto de homologación del acuerdo de
refinanciación tiene ese carácter porque en sustancia se trata de un auto que aprueba
una transacción y porque así resulta de lo dispuesto en los apartados 4 y 5 de la
Disposición Adicional Cuarta de la Ley Concursal.
11. El recurso de Liberbank cuestiona esas conclusiones y sostiene que el auto
de homologación del convenio de refinanciación no constituye título ejecutivo, ya que
esta resolución no puede considerarse incluida en ninguno de los apartados del artículo
517.2 LEC; ni tampoco le otorga esa condición la remisión que efectúa el apartado 9.º
del artículo 517.2 LEC, por cuanto que la Disposición Adicional Cuarta no dispone
que tenga ese carácter. En opinión de la recurrente, el carácter de título ejecutivo de
una resolución judicial, que no debe confundirse con su eficacia, debe venir expresa y
positivamente dispuesto por las leyes, sin que quepa deducirlo de su espíritu y
finalidad, como ha hecho la resolución recurrida.
Valoración del tribunal
a) Sobre el principio de tipicidad y sus exigencias

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12. Creemos que la correcta resolución de las cuestiones que el recurso plantea
exige partir del concepto de título ejecutivo. La doctrina tradicional había venido
discutiendo si el título ejecutivo estaba integrado por un acto jurídico o bien por un
documento; actualmente esa discusión puede considerarse cerrada en torno a la idea de
que en el título ejecutivo existe siempre un acto jurídico, del que nace una obligación,
y un documento, que es la representación de la misma. Por tanto, el título ejecutivo es
en sustancia un documento que incorpora una obligación.
13. El carácter típico del título ejecutivo es indiscutido en la doctrina y significa
que los documentos que son título ejecutivo son exclusivamente aquellos a los que el
legislador les atribuye expresamente esa condición. De ello se deriva el carácter
numerus clausus que tienen los títulos ejecutivos, carácter que resulta de la dicción
literal con la que comienza el artículo 517.2 LEC (sólo tendrán aparejada ejecución
los siguientes títulos). Ese carácter cerrado no queda desmentido por el hecho de que el
apartado 9.º del propio precepto remita a «las demás resoluciones procesales y
documentos que, por disposición de esta u otra ley, lleven aparejada ejecución», ya
que esa remisión es también cerrada, esto es, se remite a normas de rango legal en las
que expresamente se concede el carácter de título ejecutivo de forma absolutamente
clara.
14. Esa misma idea la podemos expresar diciendo que el supuesto de hecho que
constituye título ejecutivo es típico y debe estar completo, de manera que no pueden
considerarse como tales otros supuestos de hecho más o menos similares o análogos.
La norma que establece ese carácter, ya sea de la LEC o ajena a ella, no puede dejar
lugar a dudas respecto de la claridad de la atribución de ese carácter.
15. En el caso que enjuiciamos estimamos que tiene razón la recurrente en que
no existe título ejecutivo que justifique el despacho de la ejecución al que se opuso la
recurrente porque no podemos compartir con la resolución recurrida que ni la
Disposición Adicional Cuarta de la LC ni ninguna otra norma legal atribuya al auto
homologando el acuerdo de refinanciación de la deuda el carácter de título ejecutivo,
esto es, de título que lleve aparejada ejecución. A continuación nos referiremos a las
diversas razones que fundan nuestra posición.
16. La primera de ellas es de carácter formal. Contrariamente a lo que ha
apreciado la resolución recurrida, no creemos que se cumpla la exigencia de tipicidad,
ya que la Disposición Adicional Cuarta no dice en ningún sitio que el auto
homologando el acuerdo tenga ese carácter. La resolución recurrida ha debido hacer un
extraordinario esfuerzo argumentativo para justificar lo contrario, lo que por sí mismo
pugna con el principio de la tipicidad. Si no se establece con claridad ese carácter de
título ejecutivo es que no se ostenta.

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17. No es equivalente a ello que se disponga (apartado 3, pfo. 2.º) que el juez
podrá declarar subsistente la paralización de las ejecuciones previamente promovidas
por las entidades financieras acreedoras, lo que nada tiene que ver con la cuestión que
aquí analizamos que es si esta resolución puede constituir título ejecutivo contra los
acreedores. De esa norma se puede deducir únicamente algo que es evidente, que el
auto homologando el convenio de refinanciación produce efectos directos, pero ello no
equivale a que tenga fuerza ejecutiva. Y nada tiene que ver que entre esos efectos se
encuentre la paralización de las ejecuciones promovidas contra el deudor a que pueda
constituir título suficiente para que el deudor pueda dirigirse contra sus acreedores, que
es lo que, en suma, ha estimado la resolución recurrida.
18. Y tampoco guarda relación alguna con el hecho de que en el apartado 5 (del
texto entonces vigente) se dispusiera que los efectos del acuerdo de homologación del
acuerdo de refinanciación se producirán en todo caso y sin posibilidad de suspensión.
19. Como bien afirma el recurso, una cosa es la eficacia de las resoluciones y
otra distinta su ejecutividad, lo que no se ha distinguido por la resolución recurrida.
Esas dos normas en las que se ha basado la resolución del juzgado mercantil no
guardan relación alguna con la ejecutividad sino exclusivamente con los efectos
derivados de la resolución que homologa el acuerdo de financiación.
Y no creemos que pueda confundirse la atribución de eficacia con la atribución
de ejecutividad, pues se trata de dos cosas bien distintas. Para que se cumpla con el
principio de tipicidad no es suficiente con la atribución de eficacia, lo que es
connatural a todas las resoluciones judiciales, sino que es preciso un plus que consiste
en la atribución específica de fuerza ejecutiva, lo que no ocurre en el supuesto que
consideramos.
20. Y tampoco podemos compartir que la ejecutividad de esa resolución pueda
proceder de la similitud o asimilación de esta resolución a las que homologan acuerdos
transaccionales o bien a las que aprueban el acuerdo alcanzado a través de una
mediación. Aunque el auto de homologación pueda presentar algún aspecto común con
esos supuestos, tiene también con ellos diferencias notables. La transacción alcanzada,
sea a través de la mediación o sin ella, sirve para poner fin a un previo conflicto
existente entre las partes. De manera que la razón por la que el auto que la homologa
goza de fuerza ejecutiva es porque, aparte de que lo dispone la ley de forma explícita,
cierra la controversia existente y determina que exista seguridad jurídica sobre la
existencia de una concreta obligación, que es la que ha de ser objeto de la ejecución
futura, caso de que voluntariamente no se cumpliera. En cambio, el auto de
homologación del acuerdo de refinanciación persigue una finalidad muy distinta, que
consiste sustancialmente en intentar evitar la situación concursal en la que podría
incurrir un deudor sobreendeudado y sin capacidad, temporalmente, para atender el
pago de su deuda financiera, permitiendo acuerdos con los acreedores financieros que

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permitan la continuidad de la actividad, dándoles a esos acreedores la garantía de que
esos acuerdos van a quedar a salvo de la reintegración concursal. Por tanto, ni el
acuerdo pretende resolver un conflicto sobre la existencia o inexistencia de una
obligación ni la homologación de ese acuerdo pretende evitar que el mismo sea
respetuoso con los derechos de terceros, como ocurre en la transacción. En este caso la
finalidad de la homologación es distinta y es de garantía de que se han cumplido los
presupuestos legales para la validez del acuerdo, a la vez que un juicio ponderativo de
que el sacrificio exigido a los acreedores financieros que no lo suscribieron no era
desproporcionado. Por ello, aparte de que la asimilación contraría el principio de
tipicidad de los títulos ejecutivos a que antes nos hemos referido, no creemos siquiera
que existan buenas razones que la justifiquen.
b) El título no incorpora una obligación contra el acreedor
21. Y aún creemos que existe otra razón añadida que milita en la misma
dirección de negar que el auto de homologación pueda constituir título ejecutivo contra
los acreedores disidentes: que en realidad el mismo no declara o contiene ninguna
obligación, en sentido estricto, contra los acreedores, sean o no disidentes. No deja de
ser un contrasentido que se pueda considerar a los acreedores como “obligados” por
esta resolución. Son afectados por ella, es cierto, pero el vínculo que resulta de esa
resolución no es el propio de una obligación en sentido estricto, esto es, en el sentido
que es necesario para poder considerar que existe título ejecutivo. De lo que estamos
hablando es de algo bien distinto, de un mero deber jurídico de respeto al contenido del
acuerdo homologado por la resolución.
22. El vocablo obligación es susceptible de ser utilizado en diferentes sentidos
que, aunque similares, no son siempre coincidentes. No es infrecuente que el término
se emplee como sinónimo del de «deber jurídico», si bien se trata de conceptos que
poseen un distinto alcance y significado. El deber jurídico puede concebirse como la
necesidad de que un determinado comportamiento se adopte o se realice, como aquello
que hay que hacer y la razón por la que es preciso hacerlo. La «obligación» constituye
un fenómeno mucho más amplio que el puro deber jurídico. De una misma obligación
pueden derivar varios deberes jurídicos. La idea de obligación se emplea para expresar
el enlace entre un derecho y un deber y se puede conceptuar como aquella situación en
la que una persona (acreedor) tiene un derecho, que pertenece a la categoría de los
llamados derechos personales o de crédito, de manera que se trata de un derecho que
permite exigir de otro (deudor) un determinado comportamiento, que soporta el deber
jurídico de realizar a favor de aquél un determinado comportamiento (la prestación).
23. En el supuesto que enjuiciamos, Liberbank, por virtud del acuerdo
homologado por medio de la resolución judicial de 28 de junio de 2013, tiene el deber
jurídico de soportar una espera de varios años para poder hacer efectivo su crédito.

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Ahora bien, no creemos que exista, además, una obligación en sentido propio a favor
de Barna Steel, S.A. (empresa del Grupo Celsa) contra Liberbank que se pueda
traducir en una prestación concreta a modo de contrapartida. La resolución judicial no
contiene esa obligación y eso es razón suficiente para negarle el carácter de título
ejecutivo.
24. La obligación contra Liberbank para exigirle que siga aceptando descontar
nuevos créditos no puede surgir del auto de homologación sino que surge de un título
distinto, los contratos suscritos entre esa entidad financiera y Barna Steel, S.A. El auto
ha afectado a esos contratos pero no ha absorbido su contenido obligacional. Por esa
razón, esa resolución no puede constituir título ejecutivo para imponer a la entidad
financiera el cumplimiento obligatorio de esos contratos en los términos en los que sus
disposiciones han resultado modificadas por el convenio de refinanciación
homologado judicialmente.
25. En suma, aunque la resolución judicial de homologación ha afectado a esos
contratos financieros y de ello se deriva que Liberbank está obligada a cumplir su
contenido, no por ello se puede imponer ese cumplimiento de forma coactiva de forma
directa. Si la entidad financiera incumple el contrato será responsable por su
incumplimiento y esa responsabilidad producirá las consecuencias legales oportunas,
que deberán ser exigidas a través de las reglas ordinarias, reglas que no podemos
considerar mutadas como consecuencia de la homologación del convenio de
refinanciación.

CUARTO. Sobre la eficacia de los acuerdos de refinanciación
26. Aunque las anteriores consideraciones son suficientes para estimar el
recurso y con él la demanda de oposición, aún creemos que es preciso hacer referencia
a otros argumentos que no hacen más que confirmar esa misma idea. Si analizamos el
régimen de efectos establecido en Disposición Adicional Cuarta de la LC creemos que
se debe llegar a la misma conclusión.
27. El apartado 1 de la Disposición Adicional Cuarta, en su inciso final,
establece que por la homologación judicial, los efectos de la espera pactada se
extienden a las restantes entidades financieras acreedoras no participantes o disidentes.
28. La cuestión está en determinar qué debe entenderse por “espera” a estos
efectos. Para el juzgado mercantil no se trata de un deber meramente negativo (de
simple inexigibilidad de la obligaciones durante un lapso temporal determinado) sino
que puede ser considerado como un deber positivo, el deber de mantener abiertas las
líneas de descuento en las mismas condiciones inicialmente pactadas y con la única

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modificación del plazo. Consideramos que es dudoso que el concepto “espera” pueda
ser susceptible de una interpretación como la que ha hecho el juzgado mercantil,
aunque tampoco lo descartamos de forma rotunda cuando, como en el caso ocurre, se
proyecta sobre contratos de financiación tales como el de descuento. No nos cabe duda
que el mantenimiento de las líneas de descuento entraba dentro del concepto
“reordenación del pasivo” al que se refiere el Convenio de refinanciación.
29. Ahora bien, que esos contratos de financiación pueden considerarse
vigentes como consecuencia de los efectos del acuerdo de refinanciación puede dar
acción al deudor financiado para imponer su cumplimiento pero no con fundamento
directo en el Convenio de financiación sino en los propios contratos financieros.
30. La norma legal no regula cuál es la consecuencia del incumplimiento de lo
pactado más que en el caso de que el incumplimiento provenga del deudor, supuesto en
el que se determina que cualquier acreedor puede instar el concurso o bien iniciar las
ejecuciones singulares. Nada dice para el caso de que el incumplimiento procede de los
acreedores, probablemente porque parte de la idea de que los deberes que se imponen a
los mismos son de carácter negativo (la espera, y que no podrán instar ni el concurso
necesario ni ejecuciones singulares). Ante ese vacío legal creemos que no puede
ordenar el órgano jurisdiccional una actuación concreta que imponga deberes u
obligaciones de carácter positivo a los acreedores, como en el caso ha ocurrido. O, al
menos, no puede hacerlo como una simple actividad ejecutiva, que es lo único que nos
corresponde examinar aquí, tomando como título ejecutivo el auto de homologación
del acuerdo.
31. Y con ello no podemos decir que Liberbank no esté incumpliendo
realmente el convenio de refinanciación que le afecta. Nos limitamos a afirmar que,
aunque lo estuviera incumpliendo, como parece, no es posible proceder contra ella por
la vía que ha seguido el juzgado mercantil.

QUINTO. Costas
32. Conforme a lo que se establece en el art. 398 LEC, no procede hacer
imposición de las costas, al haberse estimado el recurso, razón por la que es procedente
ordenar la devolución del depósito constituido al recurrir.
33. Tampoco procede hacer imposición de las costas de la primera instancia,
aunque la demanda de oposición se haya estimado íntegramente, atendidas las dudas
de derecho que plantean las cuestiones objeto de este incidente.

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PARTE DISPOSITIVA
Estimamos el recurso de apelación interpuesto por Liberbank, S.A. contra la
resolución del Juzgado Mercantil núm. 5 de Barcelona de fecha 17 de febrero de 2014,
dictada en las actuaciones de las que procede este rollo, que revocamos y, en su lugar,
estimando la oposición formulada por Liberbank, S.A. contra el auto despachando la
ejecución dictada por el propio juzgado mercantil en fecha 18 de diciembre de 2013,
dejamos sin efecto la ejecución despachada y se ordena dejar sin efecto todas las
medidas que se hubieran podido adoptar a su amparo.
Contra la presente resolución no cabe recurso extraordinario alguno conforme a
la Disposición Final Decimosexta de la LEC.
No se hace imposición de las costas del recurso y se ordena la devolución del
depósito constituido al recurrir.
No se hace imposición de las costas del incidente de oposición, apreciando la
concurrencia de dudas de derecho.
Remítanse los autos originales al Juzgado de procedencia con testimonio de
esta resolución, a los efectos pertinentes.
Así lo pronuncian mandan y firman los ilustrísimos señores magistrados
componentes del tribunal, de lo que doy fe.

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