Título original inglés: Three Blind Mice.
© Agatha Christie Limited, 1950.
Todos los derechos reservados.
Agatha Christie® es una marca registrada de Agatha Christie Limited en todo el mundo. Todos los derechos reservados.
© Traducción de Alberto Coscarelli, 2005.
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2013.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
OBEO076
ISBN: 978-84-9296-645-5
Conversión a libro electrónico: Víctor Igual, S. L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución,
comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los
derechos reservados.

Índice

Tres ratones ciegos
Personajes
Prólogo
1
2
3
4
5
6
Una broma extraña
El crimen de la cinta métrica
El caso de la doncella perfecta
El caso de la guardesa
El apartamento del tercer piso
La aventura de Johnnie Waverly

La tarta de moras
Los detectives del amor
Notas

TRES RATONES CIEGOS

DRAMATIS PERSONAE
Relación de los principales personajes que intervienen en esta obra:
BOY LE:

señora de mediana edad, hospedada en la pensión de los Davis.
CASEY : portera del 7 4 de Culver Street.
DAVIS, Giles: comandante de marina retirado y dueño de una casa de
huéspedes.
DAVIS, Molly: joven esposa del anterior.
HODGEN : inspector de la policía de Berkshire.
KANE: sargento detective.
LY ON : mujer asesinada en su domicilio de Culver Street.
METCALF: comandante del ejército, huésped de los Davis.
PARAVICINI : otro de los hospedados en la pensión de los Davis.
PARMINTER : inspector de Scotland Yard.
TROTTER : sargento de policía.
WREN , Christopher: joven huésped de los Davis.

¿Viste en tu vida algo semejante a tres ratones ciegos?[1] . Corren tras la mujer del granjero. Mira cómo corren. Les cortó el rabo con un trinchante. Tres ratones ciegos. Mira cómo corren.Canción infantil inglesa Tres ratones ciegos.

en realidad. pues suba y llame. susurró: —¿Mrs. puede usted subir. Silbaba Tres ratones ciegos. todo lo que pensó fue que debía de tener un resfriado de caballo para susurrar de aquella manera. con las manos metidas en el agua del fregadero.PRÓLOGO Hacía mucho frío. Pero. jadeando un poco. bueno. Observó mientras él subía las escaleras cubiertas con una raída alfombra. Tocó el timbre y lo oyó sonar en el sótano. ¿Ella le espera? —El hombre meneó la cabeza lentamente—. Mrs. El hombre. rezongó con amargura: —¡Condenado timbre! Nunca la dejan a una ni un minuto en paz. Cuando el hombre llegaba al primer rellano. avanzó por Culver Street y subió los escalones del número 7 4 . comenzó a silbar suavemente. Los negros nubarrones que cubrían el cielo presagiaban nieve. Después comentó que «el individuo me produjo una sensación curiosa». la nariz tapada por la bufanda y el sombrero hundido hasta los ojos. Subió las escaleras del sótano. recortado contra el cielo oscuro. Un hombre con un abrigo oscuro. Oh. Casey. . algo que no era de extrañar con el tiempo que hacía. y abrió la puerta. Lyon? —Segundo piso.

Ella no paraba de descubrir nuevas virtudes en ese maridito suyo. Sin lugar a dudas. Sabía hacer tantas cosas. Giles iba a necesitar poner de manifiesto todas sus excelencias en su nueva aventura. Giles había hecho un trabajo maravilloso. tenía un aspecto muy profesional. Giles era muy. Él hablaba tan poco de sí mismo que Molly descubría por etapas los muchos y variados talentos que poseía. eso decía la gente. en conjunto. Un antiguo marino siempre es un «manitas» o. pero. Se podría decir que era casi profesional. Pues bien. pero que muy inteligente. Nadie podía ser más novato en el tema de dirigir una casa de . Monkswell Manor Casa de huéspedes Asintió complacida. al menos. La «a» de casa se escapaba un pelín hacia arriba y el final de «Manor» encajaba un poco justo.1 I Molly Davis dio un paso atrás para contemplar mejor el cartel recién pintado junto a la entrada de la verja.

Afortunadamente la casa está rehabilitada. pero que está hecho una pena desde la guerra. Pero aparecieron en el acto dos dificultades. porque solo queda un viejo jardinero». en estos tiempos. no se encontraban casas pequeñas ni pisos y. la reacción natural de la pareja había sido venderla. ¿no? El agente les aseguró que. Cuando falleció la tía Katherine y los abogados le escribieron para informarle de que su tía le había dejado Monkswell Manor. —Lo más probable —dijo el hombre— es que alguien la compre para transformarla en un hotel o en una casa de huéspedes. Primera. Había sido idea de Molly. Giles preguntó: «¿Cómo es?». en cuyo caso quizá quiera comprarla con todo el mobiliario. llena de muebles anticuados. todo los muebles eran enormes. —¡Qué se le va a hacer! —aceptó Molly—. Y Molly le había respondido: «Oh. Pero prometía ser muy divertido. Así que decidieron poner el caserón en venta y quedarse con los muebles necesarios para equipar una casa pequeña o un piso para ellos. Y les solucionaría el problema de la vivienda. muy grande y destartalada. una casa vieja.huéspedes que ella y Giles. La difunta miss Emory mandó hacer todas las reparaciones e instalaciones necesarias para modernizarla poco antes de la guerra y apenas ha sufrido . Supongo que se venderá. Con un jardín bastante bonito. Tendremos que venderlo todo. segunda. todo se vendía.

se mantiene en buen estado. Giles —concluyó—. pero Molly insistió: —No es necesario que tengamos muchos huéspedes. Pero allí donde fuéramos a vivir. —¿Quién se encargará de todo ese trabajo? ¿No sabes que resulta muy difícil encontrar servicio? —Oh. —Molly se perdió en el reino del cálculo mental de una manera un tanto optimista—. también nos tocaría hacerlo. calefacción central y una cocina de gas. era cierto. Insertaron anuncios en el . Piensa. que sería nuestra propia casa. admitió Giles. Ya buscaremos a una asistenta cuando la cosa esté en marcha. Fue entonces cuando Molly tuvo la idea. Oh. al menos al principio. —Giles. a siete libras por cabeza a la semana. sí. ¿por qué no la convertimos nosotros en una casa de huéspedes? Al principio. Habían pasado tan poco tiempo juntos desde su apresurada boda. Tal y como está el panorama. Así que el gran experimento se puso en marcha. Solo con que tengamos cinco huéspedes. tendríamos que hacerlo nosotros. Con nuestras propias cosas. su marido se burló de la idea.. Podríamos cultivar un huerto y criar gallinas y patos para tener huevos. que ambos anhelaban disfrutar de un hogar. Es una casa bastante fácil de llevar: tiene lavabos con agua fría y caliente en los dormitorios. me parece que pasarán años antes de que consigamos encontrar algún lugar donde vivir. Eso.. Ocuparnos de unas pocas personas más tampoco significa mucho trabajo extra.deterioro alguno.

le diría. ¿Habría llegado Giles ya a casa? ¿No se estaría preguntando dónde se encontaba ella? «Tuve que ir otra vez al pueblo para comprar algo que me había olvidado». Molly entró en la cocina. Siempre estaban comprando latas de conservas. Tenían la despensa bien surtida para un caso de emergencia. Miró su reloj. Giles no había regresado. No tardaron en recibir un puñado de respuestas. . Lo único malo era el tiempo. por su parte. dijo que iría al pueblo a hacer las últimas compras. Durante los dos últimos días había hecho un frío tremendo y ahora comenzaba a nevar. Giles se había marchado temprano con el coche para comprar unos rollos de tela metálica que vendían en unos almacenes en la otra punta del condado. Rogó para que las cañerías no se congelaran. Los grandes copos de nieve caían sobre su impermeable y su pelo rizado. Las predicciones meteorológicas no podían ser peores: habría fuertes borrascas de nieve. en este momento. Ya había pasado la hora del té. Molly echó una ojeada al cielo y se dijo que todo hacía prever que las emergencias no tardarían mucho en hacer acto de presencia. Molly. La casa estaba vacía. Las latas eran tema de broma entre ellos. Molly cruzó el jardín a toda prisa.periódico local y en The Times. Y hoy. y su marido le replicaría divertido: «¿Más latas?». esperaban la llegada del primer huésped. Sería una desgracia que todo fuera mal precisamente cuando comenzaban.

a más de tres kilómetros del pueblo. interpretando un personaje al que aún no se . Todas las habitaciones tenían un aspecto muy bonito. Molly arregló un cojín y bajó las escaleras. quizá durante días? Echó un vistazo a la cocina. De pronto. la casa le pareció muy silenciosa y vacía. de ninguna parte. como decía Molly. mientras una pinche sentada en el otro extremo de la mesa miraría a sus superiores con ojos asustados. aquí solo estaba ella. estaría acompañada de un ama de llaves entrada en años a un lado y por una doncella rubicunda al otro. ¿Qué pasaría si la nevada llegase a bloquear las carreteras y Giles no pudiera regresar? ¿Y si tuviera que quedarse aquí sola. la del mirador. Estaba muy oscuro. que parecía reclamar la presencia de una cocinera fornida y bonachona. pero nunca como ahora había sido tan consciente de encontrarse sola.después fue al piso superior y realizó un último recorrido de inspección por los dormitorios preparados para los huéspedes. a más de tres kilómetros del pueblo. Wren en la habitación este. Qué bendición que tía Katherine tuviera un surtido tan amplio de ropa de cama. Era una edificación solitaria. Boyle en la habitación sur con los muebles de caoba y la cama con baldaquín. una cocina amplia. acogedora. La nieve golpeaba suavemente contra los cristales con un sonido inquietante. presidiendo la mesa y moviendo las mandíbulas rítmicamente mientras comía bizcocho y bebía té muy cargado. Molly Davis. Mr. En cambio. Había permanecido sola en la casa en otras ocasiones. Desde luego. Mrs. El comandante Metcalf en el cuarto azul de roble.

había habituado. un periódico. estoy congelado. Una sombra pasó por delante de la ventana y Molly se sobresaltó. Ella estaba interpretando un personaje. —Oh. la ilusión se esfumó. —¿Has conseguido la tela metálica? —le preguntó—. Escuchó el chirrido de la puerta lateral. dejó los objetos sobre la cajonera y puso a calentar la tetera. un ovillo de cordel y la correspondencia de la mañana que había guardado de cualquier manera. Lo colgó en una percha y sacó de los bolsillos una bufanda. como era su costumbre. Has tardado horrores. bruscamente. Golpeó el suelo con los pies y se echó el aliento en las manos. un desconocido avanzaba por la nieve. un desconocido entraba en la casa vacía. sobre el arcón de roble. Molly recogió automáticamente el abrigo que él había arrojado. . cielo! ¡Vaya tiempo de perros! Señor. solo interpretando. El desconocido se detuvo en el umbral y se sacudió las ropas. Entró en la cocina. Entonces. Giles le parecía irreal. Giles —gritó—. toda su vida le parecía irreal. ¡Me alegro de que ya estés aquí! II —¡Hola. En este momento.

—El comandante envió una nota para avisar que no llegaría hasta mañana. la verdad es que no sabemos a qué nos enfrentamos en este negocio. —El comandante Metcalf y Mr. Tuve que ir a otro almacén. ¿Qué has estado haciendo? Supongo que todavía no ha llegado nadie. Boyle se dará cuenta —afirmó Molly—. aunque tampoco tenían la que necesitamos.—No era la adecuada. No nos hubiera servido. Boyle no vendrá hasta mañana. Giles. siempre podremos quedarnos con sus maletas. Es de esa clase de personas. Si no pagan. —No. ¿Cómo crees que será? Me he formado la idea de que será uno de esos funcionarios públicos retirados tan correctos. —Estoy segura de que Mrs. —En ese caso —opinó Giles—. traerán equipaje. ¿verdad? —Mrs. —¿Qué pasará si en las maletas no hay más que ladrillos envueltos en papel de periódico? Molly. me parece que lo mejor será cobrarle la semana por adelantado. —Entonces para la cena solo estaremos nosotros y Mr. Wren tenían que llegar hoy. —Oh. no. —¿Cómo lo sabes si no la has visto? . Wren. Espero que no se den cuenta a las primeras de cambio de que somos unos principiantes. Creo que es un artista.

—Eres una cocinera de altos vuelos —dijo su marido orgulloso. —Queso derretido en cerveza sobre tostadas al estilo galés —respondió Molly —. Esta me encanta. El desayuno es lo peor. —Sí. el beicon. tendríamos que tener otra radio aquí.Molly no hizo caso de la réplica de su marido. —El agua ya está hirviendo —dijo Molly—. Tienes que estar atenta como un gato escaldado para vigilarlo todo a la vez. Pero yo le agrego patatas y migas de pan. —¿Por qué? —Porque una tiene que organizarse muy bien: preparar los huevos. las tostadas se queman. Solo sé hacer las cosas de una en una. —Ya que parece que vamos a pasar la mayor parte de nuestro tiempo en la cocina. el beicon se reseca o los huevos se pasan. Me gusta el aparador y la vajilla. cogió un trozo de queso y comenzó a rallarlo. —Mañana por la mañana tendré que bajar a escondidas para ver cómo personificas a un gato escaldado. el café y las tostadas. Extendió una hoja de periódico sobre la mesa. —Lo dudo. y sencillamente me encanta la sensación de . —¿Qué preparas? —preguntó Giles. ¿Tomamos el té en la biblioteca y escuchamos la radio? Es casi la hora de las noticias. Creo que es lo mejor de la casa. La leche se derrama. Qué bonitas son las cocinas. la leche caliente. Preparar varias a la vez es lo que exige mucha práctica.

si cerraban. macizos y. un tanto recargados.. ¿Recuerdas aquel piso moderno tan elegante que nos prestaron? Todo empotrado y deslizante. solo que nada se deslizaba y todo se atascaba. —¡Vaya lata! —exclamó Molly y apagó la radio—. problemas en el extranjero.lujo que da disponer de una enorme cocina económica aunque. Recuerdo que tenías que empujar las puertas para que se cerraran y. El boletín informativo consistió. eso es lo peor de todos esos chismes modernos. agradezco no tener que cocinar en ella. Si no funcionan bien. en serias advertencias sobre la situación meteorológica. —Ven. estás perdido. los agrios debates en el Parlamento y un crimen en Culver Street. bueno. con espacio para toda la ropa que tienes y más. Pero piensa en todas las cosas que se han cocinado en ella: solomillos de buey y patas de cordero. No pienso . Está claro que. Mira los muebles del piso superior: grandes. en la época victoriana. en su mayor parte. —Yo diría que tienes toda la razón. Grandes calderas de cobre llenas de mermelada de fresa casera con libras y libras de azúcar. en el barrio de Paddington. Solo desgracias. entonces no podías abrirlas. —Sí. —Calculo que es capaz de consumir en un día el cupo de combustible de todo un año. y los cajones que se abren y se cierran con solo tocarlos. pero tan cómodos. vamos a escuchar las noticias. por supuesto. se vivía por todo lo alto..

—Llaman a la puerta principal —dijo Giles—. Es solo una manera cortés de decirlo. ¿Qué quieren que hagamos? ¿Sentarnos hasta quedarnos congelados? Me parece que no estuvimos muy acertados en abrir una casa de huéspedes en pleno invierno. Un timbrazo les hizo saltar de sus asientos. III . —Eso sería lo típico en una obra de teatro. significa que él es el asesino? —Creo que. Entra el asesino —añadió con un tono risueño. significa eso. Tendríamos que haber esperado hasta la primavera. Wren. Tiene que ser Mr. Ahora veremos cuál de los dos tenía razón. generalmente. Deprisa. Lyon? —¿Ese era su nombre? ¿Quién querría matarla y por qué? —Quizá tenía una fortuna debajo de las tablas del suelo. —¿Cuando dicen que la policía está ansiosa por entrevistar a un hombre «visto en la vecindad».hacer más caso de las recomendaciones para que ahorremos combustible. —Hizo una pausa y después añadió con otro tono de voz—: ¡Me pregunto cómo sería la mujer a la que asesinaron! —¿Mrs.

Wren entró con un remolino de nieve. El invierno inglés en su máxima expresión. de que fuera muy anticuado. a falta del latón de Benarés. La imaginaba. sabe usted. ¿No les parece? He tenido un viaje terrible por caminos rurales desde Gales. Wren se quitaba la bufanda y el sombrero. claro está. bufanda alrededor del cuello». Muy severa y memsahibish. Lo único que Molly. sencillamente delicioso. al tiempo que hablaba. dejaba la maleta en el suelo. Davis? ¡Es un placer! — Estrechó la mano de Molly brevemente con la suya. vio del recién llegado fue su silueta recortada contra el blanco mundo exterior. y aparecía iluminado por la luz del vestíbulo como un hombre joven con una larga cabellera rubia y ojos claros e inquietos.Mr. en cambio. de pie en la puerta de la biblioteca. me encantará este lugar! Tenía miedo. «Cuán parecidos son —pensó Molly— todos los hombres con las prendas de la civilización: abrigo oscuro. ¿Tiene flores de cera? ¿Aves del paraíso? ¡Oh. ¿Es usted Mrs. Tenía una voz aguda. el pequeño Tim y todo lo demás. pero lo que veo es por completo victoriano. Scrooge. No se parece en nada a como me la esperaba. —Es demasiado. Delicioso. Hay que ser muy duro para soportarlo. como la viuda de uno de nuestros generales de la India. Al instante. muy al estilo señorial. casi quejumbrosa. Pero. mientras Mr. una vuelta a Dickens. todo simultáneamente. es demasiado espantoso —comentaba—. sombrero gris. fuerte y huesuda—. es . Giles cerró la puerta contra los elementos. ataviada con baratijas de Benarés. sabe usted.

una gobernanta de armas tomar y alguien al que todos se refieren como «la pobre Harriet». la madre prolífica y apagada. —Desde luego.maravilloso. debes tener la familia adecuada sentada a su alrededor. de esa caoba color ciruela con frutas talladas? —La verdad —respondió Molly un tanto abrumada por tanta palabrería— es que sí lo tenemos. la auténtica y sólida respetabilidad victoriana. once hijos. severo y apuesto. Mr. . Dígame: ¿tiene uno de esos preciosos aparadores de caoba. miró a Molly con una expresión de reproche. —¿Cómo es que no hay una mesa de caoba grande? ¿La ha reemplazado por este montón de mesitas? —Consideramos que los huéspedes lo preferirían —replicó Molly. la parienta pobre para todo servicio y que está muy pero que muy agradecida por tener un buen hogar. Después. —¡No! ¿Puedo verlo? Ahora mismo. querida. ¿Está ahí dentro? Su rapidez resultaba desconcertante. Me he dejado llevar por mi amor a los muebles de época. tiene toda la razón. Molly le siguió. Si tienes la mesa. Mire esa chimenea. En un segundo había abierto la puerta del comedor y encendido la luz. piense en las llamas que casi abrasan la espalda de la pobre Harriet. El padre con barba. consciente de la expresión ceñuda de Giles a su izquierda. Wren pasó sus dedos largos y huesudos por las tallas del inmenso aparador con rápidas exclamaciones de entusiasmo.

tendría mucho ganado. pero quería saberlo. con lo que. y no solo quiénes son y qué hacen.—Le subiré la malera —dijo Giles—. Wren. Sí. se llevó las manos a la cabeza y se tiró del pelo. —Sí. —Me temo que no le caigo muy bien a su marido —comentó Wren—. Mis padres eran un par de románticos. Son mucho menos tolerantes que los soldados o los aviadores. —No —contestó Giles y desapareció de la vista. . ¿Cuánto tiempo llevan casados? ¿Está usted muy enamorada? —Quizá quiera usted ver ahora su habitación. —Eso me pareció. Soñaban que sería arquitecto. —¡Soy un desastre! Nunca hago nada a derechas. no se ría. —Supongo —preguntó Molly tímidamente— que usted es Mr. —¿Tiene una cama con baldaquín y rosas de cretona? —preguntó el huésped. soy Christopher Wren. Fue una impertinencia por mi parte. ¿no le parece? Lo que sienten y piensan. No. ¿Dónde ha estado? ¿En la Marina? —Sí. ¿Habitación este? —Sí —respondió Molly. según ellos. ¿verdad? El joven se detuvo bruscamente. Mr. así que les pareció una gran idea llamarme Christopher. Wren salió una vez más al vestíbulo mientras Giles subía las escaleras. por supuesto. Me refiero a que es interesante saberlo todo de las personas.

lo soy —respondió Wren orgulloso—. Al menos.. Pero soy un ejemplo muy notable de un sueño convertido en realidad. Giles murmuró algo que acababa en «botarate». Sin embargo. —Sí. Mr. Regresó al cabo de unos minutos. —Vamos. Wren.—¿Es usted arquitecto? —preguntó la joven incapaz de contener la sonrisa. Tenemos su carta. —Aceptó pagarlas. Pero. No estamos dando una fiesta.. eso no importa nada. Nunca seré como Christopher Wren. —No me gusta —la interrumpió Giles. estoy a punto de serlo. —. Giles. —¿Le llevaste tú la maleta a su nueva habitación? . Me falta colegiarme. —Tenía tantas ganas de tener una cama con baldaquín que le he dado el cuarto rosa. —¿Qué? ¿Le gustó el mobiliario de roble? —le preguntó Giles. en realidad. Te guste o no Christopher Wren. —Le enseñaré su habitación. Esto es un negocio.. el nombre podría ser un obstáculo. —Molly adoptó un tono severo—. Giles bajó las escaleras y Molly aprovechó la oportunidad. —Sí. Paga siete libras por semana y es lo único que importa. si las paga.. quizá las casas prefabricadas de Chris Wren lleguen a ser famosas algún día.

y a Giles no le hizo la menor gracia. mañana. «Bueno —se dijo Molly. explicó que aún no habían llegado los otros huéspedes. Los tres cenaron en la cocina y Christopher colaboró a la hora de fregar los platos. —Todo un detalle. Desde luego. mientras se quedaba dormida—. cuando lleguen los demás. por supuesto. nadie puede creer que lleve ladrillos envueltos en papel de periódico. a juicio de Molly. En ese caso. Molly tuvo la sensación de que aquello no era el mejor comienzo para una casa de huéspedes convencional. aquí llega —le advirtió Molly. Llevaron a Wren a la biblioteca. —Calla. dijo Wren. será otra cosa». De todas maneras. En respuesta a otra pregunta. Le informó que la cena se serviría al cabo de media hora. . lugar que. Aunque no hubieras tenido que esforzarte mucho. ¿qué tal si él iba a la cocina y echaba una mano? —Puedo cocinar una tortilla a la francesa si usted quiere —se ofreció en un tono encantador. Es tan liviana que creo que solo contiene aire.—Lo hizo él. resultaba muy agradable con los sillones y la chimenea.

Las carreteras todavía no están cerradas. que llevaba cadenas. desde luego. Boyle no ayudó en nada a animar el ambiente. Naturalmente. y el taxista les dio unos informes muy pesimistas del estado de la carretera. Boyle llegó en el taxi del pueblo. —No tiene usted ninguna obligación de quedarse si no está conforme. Boyle —afirmó Giles. Mrs. Giles mostraba una expresión grave y Molly estaba con el ánimo por los suelos.2 I La mañana se presentó con un cielo tan oscuro y tanta nieve como el día anterior. daba por hecho que se trataba de una casa de huéspedes con solera. Mrs. —Quizá. administrada con criterio profesional. y no pienso quedarme. quiera usted que llame al taxi. Mrs. El tiempo iba a hacer que todo resultara muy difícil. Era una mujer corpulenta y de aspecto severo. con una voz resonante y modales autoritarios. tal vez lo mejor sería que . Si se ha producido algún malentendido. no hubiera venido —comentó—. —No. Boyle. Mrs. —De no haber creído que esta era una empresa ya en marcha. —Ventiscas antes de que acabe la tarde —vaticinó.

Mrs. Boyle le comentó a Molly con un tono de evidente desagrado: «Es un joven muy peculiar». Aquella misma tarde. Espero que tenga reservas suficientes. Por cierto. Boyle se retiraba. si usted deja la habitación. . Sin embargo. —Cariño. no sin avisar que el próximo reparto. Quizá pueda usted facilitarme un toalla de baño grande. —Oh. ¡Cómo le has parado los pies! —Los prepotentes no tardan en amansarse cuando les haces probar su propia medicina. creo que sería conveniente que me deje un poco más de harina. dentro de dos días. Tenemos tantas personas en la lista de espera que. El panadero se presentó vestido como un explorador ártico y entregó el pan. La mujerona le observó con suspicacia. —Hay carreteras cortadas y atascos por todas partes —anunció—. Giles sonrió a Molly mientras Mrs. has estado maravilloso —dijo Molly—. quizá no llegaría. se la asignaremos de inmediato a otro cliente. Giles no se equivocó. —No se llevará. —¡Ay! Me pregunto cómo se llevará con Christopher Wren. Mrs. Davis. tenemos la despensa llena de conservas. No estoy acostumbrada a secarme con un pañuelo.se fuera usted a otra parte. —No crea usted que voy a marcharme antes de haber comprobado la calidad de la casa. hemos tomado la decisión de aumentar las tarifas.

Mr. qué se siente cuando te estrangulan? — le preguntó en voz baja. —¿Alguna vez ha pensado. Si las cosas se ponían muy mal. Miraba una reproducción borrosa del rostro de la mujer muerta cuando la voz de Wren sonó detrás de ella. ¿no le parece? Una mujer de aspecto vulgar en una calle vulgar. ¿no? Me pregunto —Wren extendió sus largas manos blancas— qué se siente al estrangular a una persona. Nadie podría creer que tuviera mucha historia detrás. Los asuntos internacionales habían pasado a segundo plano. Mrs.Recordó vagamente que había algo que los irlandeses llamaban pan de soda. Wren. El panadero trajo también los periódicos. Lyon ocupaban la primera plana. —Pero la estrangularon. Mr. —Un asesinato bastante sórdido. ¿verdad? —No me cabe la menor duda —manifestó Mrs. Boyle. —¡Por favor. El mal tiempo y el asesinato de Mrs. Boyle con cierto tono de desprecio— de que esa criatura solo recibió lo que se merecía. —Oh. ¿Así que usted cree que fue un crimen pasional? —No he sugerido nada por el estilo. —Wren se volvió hacia ella con una mirada de vivo interés—. Wren! El joven se acercó a la mujer. . intentaría hacerlo.

—Sí. II En su despacho en Scotland Yard. el inspector Parminter dijo al sargento detective Kane: —Haga pasar a esos dos hombres. señor. Wren! —repitió la mujer indignada. Un par de minutos más tarde. —De acuerdo. Parminter les clasificó de un vistazo. Molly se apresuró a leer la noticia para que las cosas no fueran a más: —«La policía desea entrevistar cuanto antes a un hombre de estatura mediana que vestía un abrigo oscuro. Un poco lentos en reaccionar. —¿Cómo son? —Trabajadores. El mismo aspecto que cualquier otro. Un par de tipo decentes. dos hombres muy nerviosos y vestidos con sus mejores prendas entraron en el despacho. —En resumen —dijo Wren—: el mismo aspecto que cualquier otro. —Sí —asintió Molly—. Se echó a reír.—¡Por favor. Mr. un sombrero de fieltro y una bufanda de lana». .

Joe. No teníamos ni una sola cerilla. Siéntense. señor. oigamos lo que han venido a decir. donde había ocurrido la tragedia. —No tenían ni una cerilla —repitió para ayudarles a seguir. ocurrió de esta manera —comenzó Joe—. —Ya lo puede usted decir. así que le pregunté a un tipo que pasaba: «¿Nos puede dar una cerilla?».Era un experto en conseguir que la gente se sintiera tranquila. Sabía que Jarman Street estaba muy cerca de Culver Street. —¿Dónde ocurrió? —En Jarman Street. —Así que creen tener una información que podría sernos útil en el caso Lyons —dijo—. El inspector asintió. Se me habían acabado y el encendedor no funcionaba. Más tarde se ocuparía de los detalles del lugar y la hora precisos. Estábamos trabajando en las canalizaciones del gas. —Verá. díselo tú —propuso el más grande de los dos. —No. —Bueno. Los hombres se miraron el uno al otro. No noté nada . —Venga. Les agradezco mucho que hayan venido. avergonzados ahora que había llegado el momento de hablar. —Un tiempo de perros. ¿Un cigarrillo? Esperó mientras los visitantes aceptaban los cigarrillos que les ofrecía y los encendían.

le grité. Le devolví las cerillas y él se fue muy rápido. pero él solo respondió con un susurro: «Sí. pero se la pedí a él. en aquel momento. ya era un poco tarde para hacer nada. con el sombrero echado sobre los ojos y el abrigo abotonado hasta arriba. «Gracias. ya casi era demasiado tarde para llamarle. señor. —Nos dio la cerilla. como un ladrón en una película». señor». señor». —Se largó por Harrow Road y no parecía que lo pudiéramos alcanzar. no se me ocurrió nada.especial en él. porque . Huyó como un conejo. no era más que una agenda y no una cartera o algo parecido. ¿No es así. Se trataba de una pequeña agenda que seguramente se le había caído del bolsillo cuando sacó las cerillas. tanto que. —Es curioso que dijera eso porque. cuando vi que se le había caído algo. Solo pensé que el tipo tenía prisa por llegar a su casa. Total. En cualquier caso. El tipo solo pasaba por allí como muchos otros. Iba tapado hasta las orejas. brutal». «Hace un frío de órdago». Bill? —Eso fue lo que dijiste —asintió Bill. «Eh. Quizá no era importante. sí. No dijo nada. le dijo Bill. Creo que tenía un resfriado de pecho. Parminter asintió una vez más. Se lo dije a Bill. «Un tipo extraño —me dije—. no a la velocidad a la que iba. Bill? —Eso es —confirmó Bill—. Pero él no pareció escucharme. «Se le ha caído algo». y no lo culpé. al menos entonces. Solo caminó más deprisa y desapareció por la esquina como un rayo. ¿No es así. dije.

«En Culver Street». y que la que chillaba llamando a la policía era su patrona. «Ve tú a ver qué pasa». «Eso está aquí mismo. El 7 4 de Culver Street y una mansión campestre. . y él me respondió que no se había fijado. Volvió al cabo de un rato y me dijo que había un montón de gente. «¿Dónde ha sido?». dije a Bill.menudo resfriado llevaba el pobre. señor. Y él va y lo lee en voz alta: «“Tres ratones ciegos”. me contestó. —Hay que ver cómo chillaba —continuó—. a la vuelta de la esquina. Cuando acabemos aquí. «¿En qué número?». dije a Bill. el tipo ese debe de estar majara». «Solo hay un par de direcciones». que estaba allí la policía y que a una mujer le habían cortado el cuello o la habían estrangulado. cuando escuchamos a una mujer que chillaba un par de calles más allá: «¡Un asesinato!». —Menudo —afirmó Bill. le dije a Bill. le pregunté. le pregunté. Joe prosiguió con su relato poniéndole un poco más de emoción ahora que le había cogido el tranquillo. se la llevaremos». —De postín —opinó Bill en un tono de crítica. —Así que le dije a Bill: «Echemos una mirada a esta agenda y veamos si es importante». dice. y fue en aquel mismo momento. que la había encontrado. «¿Qué es esto?» pregunté a Bill. señor. Joe hizo una pausa teatral. Así que le eché una ojeada. Entonces fue cuando vi una cosa escrita en la parte de arriba de la página. —«El 7 4 de Culver Street».

un abrigo oscuro abotonado hasta arriba. . bueno. Los visitantes se marcharon y el inspector se quedó mirando la agenda abierta sobre su mesa. y confío en que no le hayamos hecho perder el tiempo. una bufanda que tapaba la boca y la nariz. las manos enguantadas y una voz que era un ronco susurro. Consiguió todos los datos precisos. El inspector fue directamente al grano. y yo le dije que quizá sí que tenía algo que ver y. Los dos trabajadores le ofrecieron la misma que ya tenía de labios de la patrona histérica: un sombrero calado hasta los ojos. y cuando descubrimos que era el número 7 4 .Bill tosió y restregó los pies contra el suelo con la expresión arrepentida de alguien que no había estado a la altura de las circunstancias. —Han actuado ustedes correctamente —manifestó Parminter—. después de hablarlo y enterarnos de que la policía quería interrogar al tipo que había abandonado la casa más o menos a esa hora. en cualquier caso. Ahora... —Así que le dije: «Vayamos a echar un vistazo para estar seguros». ¿Han traído la agenda? Muchas gracias. En unos minutos la enviaría al laboratorio para ver si encontraban alguna huella dactilar. pero ahora su atención estaba puesta en las dos direcciones y la frase escrita en la parte superior de la página. y Bill dijo: «Quizá la dirección en la agenda no tiene nada que ver». lo discutimos. pues vinimos aquí y preguntamos si podíamos ver al caballero que llevaba el caso. Lo único que no obtuvo fue una descripción más detallada del hombre que había perdido la agenda.

No parecía estar asustada ni por algo ni por nadie.Volvió la cabeza cuando el sargento entró en el despacho. señor? —Sí. —Una locura. Lyon. De vez en cuando tomaba un par de copas y se sabe que una o dos veces recibió a un hombre en su habitación. Kane se acercó a su superior y silbó por lo bajo mientras leía. Mrs. era en realidad Maureen Gregg. La habían encontrado prendida con un alfiler en el vestido de la mujer asesinada. Kane silbó la melodía de Tres ratones ciegos. —Eso es. Parminter abrió el cajón y sacó una hoja de papel que dejó junto a la agenda. —Parminter frunció el entrecejo—. El asesino había escrito: «Este es el primero». Aquí está el informe del laboratorio. Salió en libertad hace dos meses después de cumplir condena en la cárcel de Holloway. Kane. No hay ningún motivo para pensar . La firma del asesino —comentó el inspector. —Venga aquí. —Se fue a vivir al 7 4 de Culver Street bajo el nombre de Maureen Lyon — manifestó el inspector con un tono reflexivo—. como se hacía llamar. señor. ¿no cree. Debajo había un dibujo infantil de tres ratones y un pentagrama con unas notas. Échele un vistazo a esto. ¿La identificación de la mujer ha sido comprobada? —Sí. —¡Tres ratones ciegos! ¡Que me cuelguen! —Sí.

señor?. le subió el té a su inquilina y descubrió que la habían estrangulado.. en los anuncios de hoteles y pensiones. ¿De qué me suena? ¿Sabe. Fue planeado con mucho esmero. La mujer volvió al sótano y no escuchó nada sospechoso. No pudo describirlo. usted cree. El periódico. No hay tiempo que perder. —Entonces. Un minuto. Kane. Más o menos unos diez minutos más tarde. —Sí. Espere un momento. Pero vamos a intentarlo. señor. ¿Usted no? —Podría ser. Un . Monkswell Manor. La última página. —Quizá solo haya una. Tampoco se enteró de la marcha del visitante. que parecía muy resfriado y que estaba afónico. Monkswell Manor. —¿Dónde? —Eso es lo que intento recordar. solo dijo que era de estatura mediana. El hombre tocó el timbre y preguntó por ella. El sargento volvió a fijarse en las dos direcciones escritas en la agenda: 7 4 Culver Street.. The Times. y la patrona le dijo que subiera al segundo piso. Sí. juraría que he leído ese nombre no hace mucho. —Eso sería demasiada suerte. —Hizo una pausa y después preguntó bruscamente—: Me gustaría saber cuántas casas hay en Inglaterra que se llamen Monkswell Manor. Este no es un asesinato casual.que se considerara en peligro.

—Cogió el teléfono—. Harpleden. —Monkswell Manor. . Mire aquí. señor. El inspector miró donde apuntaba el dedo de su subordinado. Póngame con la policía del condado de Berkshire.momento. — Salió del despacho a la carrera y regresó con el periódico—. señor. Yo estaba resolviendo el crucigrama. Berks. Era de hace unos días.

que al parecer había servido la mayor parte de su carrera militar en la India. se despertaron sobresaltados ante la insistencia de unos timbrazos. ¿Qué pasa? —Deprisa —dijo Molly—. El comandante alabó la calidad del café y la pareja se fue a dormir. si bien él y Mrs. cansada pero triunfante. Sus dos pesadas maletas de piel de cerdo complacieron incluso al carácter suspicaz de Giles. . Boyle no tenían amigos comunes. En honor a la verdad. ni errático como Christopher Wren. Llaman a la puerta. Se encargaron de cocinar. Pero. Boyle. a las dos de la mañana. «la rama de Yorkshire». debe decirse que Molly y Giles no tenían mucho tiempo para pensar en el carácter de sus huéspedes. Metcalf no era un tipo de carácter como Mrs. de servir la cena y de fregar los platos. Era un hombre de mediana edad. Monkswell Manor se acomodó a la rutina de una empresa en marcha. No puso reparo alguno a la habitación ni al mobiliario y.3 I Con la llegada del comandante Metcalf. baja a ver. Metcalf conocía algunos primos de amigos de ella. —¡Maldita sea! —protestó Giles—. sosegado y atlético. que se encontraban destinados en Poonah.

Vio a un hombre mayor con una perilla negra y cejas de demonio. se puso la bata y bajó las escaleras. Está más caldeada. Molly se levantó. —Qué suerte la mía —comentó el extraño cortésmente. Ha volcado con el coche en la nieve. Molly espió entre los barrotes. Escuchó algunos fragmentos de la conversación. Espere aquí mientras le preparo una habitación. —Otro huésped —respondió Giles con una sonrisa—. a pesar de tener canas en las patillas.. Giles ayudaba a un hombre barbudo a quitarse el abrigo cubierto de nieve. Giles cerró la puerta de la biblioteca y subió las escaleras de dos en dos. En el vestíbulo. —Pase.. Molly oyó el ruido de los cerrojos y el murmullo de unas voces en el vestíbulo. se levantó de la cama y salió al pasillo para asomarse a la balaustrada. Y los pies. Ha salido de allí como ha podido y caminado por la carretera. —Sonaron los golpes que daba contra el suelo para activar la circulación.Giles dirigió a su esposa una mirada de reproche. un hombre que se movía con un paso juvenil y atlético. Tengo los dedos tan helados que no los siento. —¡Brrr! —Era un vigoroso sonido extranjero—. Impulsada por una curiosidad incontenible. —¿Quién es? —preguntó. —Giles abrió la puerta de la biblioteca—. .

Es una de esas cosas en las que nunca piensas. Molly buscó las sábanas. —Tampoco aparecerán el carnicero y el cartero. Hasta cierto punto. ¿verdad? —Sí. —No estoy segura —replicó Molly que no las tenía todas consigo—. —Supongo que tendré que prestarle un pijama. —Nunca he intentado hacer pan. Me parece que a este paso acabaremos totalmente aislados. Todas sus cosas están dentro del coche. me parece que me la enseñó intencionadamente. llena de billetes. . resulta emocionante. Vi su cartera. cuando vio nuestro cartel. Se llama Paravicini. Tú eres capaz de hacer lo que sea —afirmó su leal marido.convencido de que acabaría por extraviarse con la tormenta que está soplando. Dijo que tuvo que salir por una de las ventanillas. ¿Crees que sabré hacer pan de soda? —Claro que sí. Dijo que fue como si hubieran atendido a sus plegarias. Solo hay que hacer la cama. Puede ser tierno o duro. pero es algo que trae el panadero. Pero si estamos aislados. —Es extranjero. No tendremos periódico y. las fundas de las almohadas y toallas. —Está cayendo con fuerza —comentó Giles mientras hacían la cama a toda prisa—. —¿Crees que es un hombre decente? —Cariño. esta no es una noche muy propicia para los ladrones. el panadero no vendrá. ¿Qué habitación le daremos? —La verde.

¿no? —Por suerte. —Habrá que ir con cuidado porque no nos queda mucho carbón. La nieve tenía un espesor de metro y medio. Me vuelvo a la cama. en cierta manera. —Al menos. La mañana confirmó los augurios de Giles. y resultaba. En la mesa vecina ya habían retirado el servicio del comandante Metcalf. Fuera. dejará de funcionar el teléfono.. La mesa de Mr.probablemente. amenazador. El mundo era blanco. deprisa. —Mañana tendrás que ponerlo en marcha otra vez y mantener la calefacción central a todo trapo. ve a buscar al señor Para.. Uno que se levantaba temprano y otro tarde. Boyle se sentó a desayunar. como se llame. —¡Vaya desastre! Giles. tengo la impresión de que las cosas se pondrán difíciles. Wren seguía dispuesta. silencioso. tenemos nuestro propio generador eléctrico. y se amontaba contras las puertas y las ventanas. Venga. en la radio nos dirán lo que debemos hacer. No había nadie más en el comedor. II Mrs. seguía nevando. Ella tenía muy claro que solo había una hora correcta para el desayuno: las nueve de la .

Sus subalternas habían corrido de aquí para allá. No estaba de muy buen humor. Siempre fue una mujer activa. requisada por el ejército durante la guerra. pero por ahora tenía que apañárselas. sus conocidos y las insinuaciones de la importancia y el secreto de los servicios que había prestado durante la guerra.mañana. Ahora toda aquella vida excitante se había acabado. El final del conflicto había dejado a la mujerona varada en una playa desierta. y las dificultades a la hora de conseguir personal de servicio hacían que el regreso fuera impracticable. solteronas ya maduras a las que impresionar con su posición social. necesitaba una rehabilitación a fondo antes de que pudiera volver a ocuparla. y proporcionado más de un quebradero de cabeza a sus jefes de sección. Había esperado encontrarse con partidas de bridge. La tarea que le encomendaron le fue como anillo al dedo. Sus amigos se encontraban dispersos. Monkswell Manor no se parecía en nada a lo que se había imaginado. Por supuesto. aterrorizadas con solo verla fruncir el ceño. aunque. que hablaba con soltura de eficacia y organización. Un hotel o una casa . acabaría por hacerse un hueco. siempre se entregó por entero a su trabajo. Su casa. Se había acabado la exquisita tortilla a la francesa y ahora trituraba la tostada con sus impecables dientes blancos. Había avasallado y doblegado al personal. Estaba otra vez en la vida civil y su anterior vida privada ya no existía. todo hay que decirlo. Su vigor y su empuje habían evitado que otros se preguntaran si era una organizadora capaz y eficiente.

la fastidiaba todavía más. Miró en derredor despectivamente. en aquella mirada un tanto burlona. era lo que más le agradaba. Se levantó con aire majestuoso y salió del comedor en el mismo momento en que entraba aquel joven pelirrojo tan peculiar. se dijo. «Ridículo —pensó Mrs. Boyle—. Sería conveniente dejar claro que esa era su butaca. También le disgustó que él la mirara de reojo. Le gustaba la comodidad. La habían privado de un motivo de protesta legítimo. Apartó el plato un poco más. Aquí las butacas eran muy cómodas. «No me extrañaría que fuera un desequilibrado». Había algo inquietante. Puso su labor . «No decirme que estaban empezando en el negocio ha sido un engaño por su parte». con las sábanas bordadas y una almohada mullida. Esto último. Respondió a la absurda reverencia del joven con una leve inclinación de cabeza y se dirigió a la amplia sala. quizá. inusual. absolutamente ridículo». Hoy llevaba nada menos que una corbata de lana de un color verde virulento. El hecho de que el desayuno fuera impecable. pensó. pero también le encantaba encontrar pegas. que el café y la mermelada casera no admitieran la menor queja.de huéspedes le había parecido la mejor solución y había decidido venir a Monkswell Manor. sobre todo la del tapizado rosa. La cama era cómoda.

en la butaca como una advertencia de que tenía propietario y después fue a apoyar la mano en uno de los radiadores. —No —dijo Christopher—. La mujer volvió la cabeza bruscamente. Vio pasar por delante de la ventana un montón de nieve que caía del tejado con un sonido apagado. y Giles no dejaba de agradecérselo a viva voz. Un tiempo horrible. Boyle dio un respingo. solamente estaba tibio. No se quedaría aquí mucho tiempo. no a menos que vinieran más huéspedes y animaran un poco el lugar. Miró a través de la ventana. francamente horrible. no creo que se quede. Alguien se rió con una risa aguda. Ahora tenía algo de qué quejarse. Mrs. Hay que hacer ejercicio todos los días. Trabajaba con ahínco. —Un buen ejercicio —afirmó Metcalf—. Los ojos de Mrs. El joven Wren estaba en el umbral mirándola con aquella expresión tan peculiar. III El comandante ayudaba a Giles a palear la nieve acumulada en la puerta trasera. . Boyle se animaron. Tal como había sospechado. no me quedaré aquí mucho tiempo. —No —dijo en voz alta—.

No era un hombre fácil de calibrar. Sin embargo. si él hubiera sido un huésped en su propio establecimiento. —Su esposa es muy amable al prepararme el desayuno tan temprano —añadió el militar como si le hubiese leído el pensamiento—. cincuentón. preparado el té y arreglado las mesas para el desayuno. Giles se había levantado antes de las siete para atender sus obligaciones laborales. Giles ya se lo temía. puede palear nieve hasta el aburrimiento». había deambulado por la casa. Probablemente. Se preguntó por qué habría venido a Monkswell Manor. Él y Molly habían hervido los huevos. Iba en consonancia con la petición de que le sirvieran el desayuno a las siete y media. . Un hombre que no soltaba prenda. nada le hubiese sacado de la cama hasta el último momento en una mañana como esa.Es muy bueno para mantenerse en forma. con una mirada que parecía siempre alerta. Todo estaba a punto. se dijo Giles. También es delicioso desayunar huevos fritos. Así que el comandante era un fanático del ejercicio. le habrían pasado a la reserva y no tenía nada que hacer. El joven se dijo que. «Bueno. aparentemente en busca de algo que hacer para desfogar sus energías. después. Duro. Miró de reojo a su compañero. el comandante se había presentado a desayunar a la hora en punto y.

Molly hizo las camas a toda velocidad y de una manera que dejaba mucho que desear. quieren todos desayunar a horas diferentes? Resulta un poco duro. el frugal desayuno continental. Su marido tenía que abrir un camino en la nieve hasta el cobertizo de las calderas y el gallinero. Fregó la vajilla. ¿no es así? Molly admitió. Estaba limpiando los baños cuando sonó el teléfono. . pero después experimentó una sensación de alivio mientras corría escaleras abajo porque al menos el teléfono funcionaba. No estaba para muchos halagos a esas horas de la mañana. Primero maldijo al verse interrumpida. mientras metía los platos y las tazas en el fregadero—. Entró en la biblioteca como un rayo y atendió la llamada. Tomó café y una tostada. al tiempo que preguntaba: —¿Mi encantadora anfitriona? Estoy en lo cierto. que había acertado. Aquella mañana no podía contar con Giles. alisando las sábanas y remetiéndolas tan rápido como podía. Había sorprendido un tanto a Molly cuando ella entró en el comedor para servirle el desayuno y él se levantó para inclinarse de una manera muy exagerada. —¿Por qué —se preguntó en voz alta.IV Paravicini bajó tarde. con un tono un tanto desabrido. la colocó en el escurridor y subió a toda prisa para ocuparse de las camas.

—Pues no podrá llegar. —Habla con la casa de huéspedes Monkswell Manor. superintendente. así que he enviado a su casa al sargento detective Trotter.. No quiero decir nada más por teléfono. Soy Mrs. Eso es todo. dígale a su marido que escuche muy atentamente lo que Trotter le comunicará y que siga sus instrucciones al pie de la letra. diga. Se presentará allí en cualquier momento. —Oh. ¿Quién le llama? —Soy el superintendente Hogben de la policía de Berkshire. —Pero. qué. —Trotter llegará a su casa. Davis. Las carreteras están cortadas. —Mrs. . sí. Davis. Por favor. Delo por hecho.—¿Sí? —¿Monkswell Manor? —preguntó una voz animosa con un leve pero agradable deje local. Mrs. ha surgido un asunto urgente. Molly soltó una exclamación. Estamos bloqueados por la nieve. Diga. Davis.. No hubo ninguna señal de que se debilitara la confianza de Hogben en su sargento. por favor? —En este momento no puede ponerse al teléfono. —¿Puedo hablar con el comandante Davis.

¿Crees que será por las dos libras de mantequilla que nos mandaron de Irlanda? Giles frunció el entrecejo. Era obvio que Hogben había dicho todo lo que tenía que decir. Giles tenía nieve en el pelo y el rostro tiznado de hollín. o a un sargento. Se volvió cuando se abría la puerta.Se interrumpió al escuchar un clic definitivo. —¿La policía? —repitió Giles incrédulo. era la policía. Molly movió un par de veces la horquilla y después renunció. Yo tengo un abrigo menos. Supongo que no era correcto. Giles. Dejaré la caldera para el final. Giles. la vieja Mrs. cariño. envían a un inspector. —¿Qué pasa. Se le veía acalorado. —Sí. Pero era . ¿no? —Sí. ¿qué más cosas mal habremos hecho? —El otro día me salvé por los pelos de chocar contra otro coche. Después me ocuparé del gallinero. entonces. pero a mí me parecía justo. querida? He llenado las carboneras y he traído la leña. Bidlock me dio cinco cupones suyos por aquel viejo abrigo de lana. Molly? Pareces asustada. está guardada en el escritorio. estás aquí. ¿por qué no voy a tener yo sus cupones? Ay. —Giles. —Creo recordar que ya pagué la licencia de la radio. —Oh. —¿Por qué? ¿Qué hemos hecho? —No lo sé. ¿Te parece bien? ¿Qué ocurre. o a alguien así.

ahora todo está más o menos prohibido. Pero. —La besó en la frente un tanto distraído y después añadió con otro tono de voz—: ¿Sabes. Supongo que regentar una casa de huéspedes requiere una infinidad de trámites que desconocemos totalmente.evidente que toda la culpa la tuvo el otro. Permaneceremos aislados por la nieve durante días. —El problema es que prácticamente todo lo que hacemos en la actualidad es ilegal —manifestó Giles con un tono lúgubre—. ahora que lo pienso. tiene que ser algo muy grave para que envíen a un sargento de policía a pesar de toda esa nieve. Y por esa razón tenemos un sentimiento de culpa permanente. —Señaló el exterior con un gesto—. Molly?. todo el mundo estará de malhumor y se comerán toda nuestras latas de conservas. Creo que tendrá algo que ver con la puesta en marcha de este negocio. . —Yo creía que lo único importante era la venta de bebidas alcohólicas. Ya verás como todo se arregla. ¿por qué no podemos dirigir nuestra propia casa como nos venga en gana? —No lo sé. como te digo. se abrió la puerta y entró Mrs. Eso es lo que diría cualquier persona normal. —Hemos tenido que hacer algo —gimió Molly. No le hemos servido a ningún huésped nada con alcohol. Casi lamento haber empezado. Tiene que ser algo muy urgente. —Vaya —suspiró Molly—. Mientras se miraban el uno al otro. cariño. En cuanto a todo lo demás. Boyle. —No es para tanto. No es más que un tropiezo.

está usted aquí. Se llama Christopher. Mr. tiene usted alojado aquí a un joven muy peculiar. ¿Nunca se peina? —Es un joven y brillante arquitecto.—Ah. y no estoy dispuesta a morir congelada. Davis. —Ahora mismo trataré de solucionarlo —respondió Giles ruborizado. así que todo está en orden. Sé muy bien quién es sir Christopher Wren. Davis. Sus padres le pusieron ese nombre porque confiaban en que llegaría a ser arquitecto.. —Pamplinas —rezongó Mrs. —Si no le molesta que se lo diga. Boyle. siete libras —le interrumpió la mujer sin miramientos—. Por supuesto que era arquitecto. o casi. —Me refería a este Wren.. Boyle—.. A mí me parece un cuento muy . ¿Sabe que los radiadores de la sala están prácticamente helados? —Lo siento.. Ustedes los jóvenes están convencidos que la educación llegó con la ley de la enseñanza. Sus modales y sus corbatas son algo escandaloso. —¿Cómo ha dicho? —Christopher Wren es arquitecto y. Construyó la catedral de San Pablo. Boyle se encaró con Molly. Mrs. Y lo es. —Mi querida joven —exclamó la mujer indignada—. —Le pago siete libras por semana. Mrs. Vamos un poco cortos de carbón y. Salió de la habitación y Mrs.

. mi querida señora. me parece. —Cuidado. ¿Qué me dice de ese extranjero tan extraño? ¿Cuándo llegó? —En plena madrugada... Quizás usted no está al corriente de esa disposición. ¿Qué sabe de ese joven? —Lo mismo que sé de usted. que había entrado sin que ninguna de las dos mujeres se diera cuenta de su presencia en la biblioteca. o como se haga llamar. . —Lo único que puedo decir es que el tal Paravicini. Paravicini. haría unas cuantas averiguaciones. Debería agradecer los consejos de alguien con más conocimientos.. Muy peculiar. Boyle. cuidado. No es una hora muy normal. Mrs. Si yo estuviera en su lugar. Mrs. Eso es todo lo que necesito saber. No me importa en absoluto si me gustan mis huéspedes o si.. Boyle dio un salto como si de verdad fuera el demonio quien le hubiera hablado. —Negarle el alojamiento a los viajeros de buena fe va contra la ley.sospechoso. —Usted es joven e inexperta —manifestó Mrs. se echó a reír y se frotó las manos con una expresión un tanto satánica... o si no me gustan. ¿no es así? Y es lo único que me interesa. Mrs. Boyle —añadió Molly con sorna—.. y es que los dos me pagan siete libras por semana. Menciona usted al demonio y entonces. Boyle con el rostro enrojecido por la furia—. —Vaya. —Molly miró a la mujer de una manera muy significativa—.

—No sé qué quiere decir. Tengo que ir a recoger la labor. —¿Sí? —preguntó la mujer. Algunas veces oigo cosas. antes de que ella pudiera impedirlo. No tenía muy claro que le agradara Paravicini. —Mi encantadora anfitriona parece inquieta —comentó y. —Sí. —Es que he entrado de puntillas. ¿verdad? Claro que también puede hacer que sea muy fácil. La nieve lo hace todo muy difícil. algo pensativo—. Salió apresuradamente. Pero nunca olvido lo que oigo —añadió en voz baja. Molly miró a Paravicini intrigada. mi querida señora? Molly se apartó. Una . me parece muy divertido. —No. —Paravicini volvió la cabeza para mirar a través de la ventana—. le cogió la mano y se la besó—. La dejé en la sala. La miraba como un viejo sátiro. asustada—. hay muchas cosas que usted no sabe —señaló él. Será por la nieve. —Todo resulta un tanto difícil esta mañana —contestó sin darle mucha importancia—. ¿Qué ocurre. Él se acercó caminando como si diera saltitos. Boyle—. Eso también me divierte. No le he oído entrar.—Me ha asustado —dijo Mrs. Nadie me oye nunca entrar o salir.

—Admito que no. —Después de todo. Creía que la gente se alojaba y ya está. —Mrs. Davis? Usted y su marido no deben ser tan confiados. Molly levantó la barbilla en un gesto de desafío. —Siempre es recomendable saber algo de las personas que duermen en tu casa. ¿Qué sabe usted de mí? Nada en absoluto.de ellas es que no sabe cómo llevar una casa de huéspedes. bravo. —¿Me permite una pequeña advertencia. —Se inclinó hacia delante y le dio unas palmaditas en el hombro de una manera un tanto amenazadora—.. —Lo que está claro es que usted es una cocinera encantadora. —Bravo. «Vaya incordio que son los extranjeros». ¿Tiene usted referencias de sus huéspedes? —¿Es lo habitual? —Molly se mostró preocupada—. Mrs. Boyle. Aparecí en mitad de la noche. Fíjese en mi caso. —comenzó Molly al verla entrar con la labor en la mano. Quizá tampoco sepa nada de los otros huéspedes. Quizá Paravicini le leyera el pensamiento.. pensó Molly. no soy tan mala cocinera —afirmó Molly sin mucha confianza. Dije que mi automóvil había volcado. . pero se interrumpió. porque su actitud cambió inmediatamente. Pero estamos dispuestos a intentarlo.

mucho me temo que las cañerías —bajó la voz discretamente— del lavabo de abajo están congeladas. Se había fijado en que siempre procuraba estar de espaldas a la luz y.—En la sala hace mucho frío —anunció—. como lo había hecho la noche anterior. Paravicini se adelantó ágilmente. Se acercó a la chimenea. ¡Qué día más espantoso! Primero la policía y ahora las cañerías. Me sentaré aquí. que golpeó con gran estrépito la rejilla de la chimenea. Boyle interrumpió la labor. Molly. Dios! —gimió Molly—. creyó haber descubierto la razón. —Mrs. La enérgica entrada del comandante Metcalf la sacó de su ensimismamiento para devolverla a la desagradable realidad. ¿Así que el viejo idiota intentaba parecer más joven de lo que era en realidad? Pues no lo había hecho muy bien. Solo el andar juvenil resultaba chocante. ahora. que miraba al comandante. Era una expresión que no acababa de entender. —Permítame que avive el fuego. Davis. Paravicini dejó caer el atizador. al ver la agilidad de sus movimientos. se sintió intrigada por su súbita inmovilidad y la indescifrable expresión que adquirió su rostro. Mrs. Era como si de . Quizá también era simulado. Llevaba el rostro maquillado con mucha habilidad. Molly se sorprendió. —¡Ay. Aparentaba su edad y más. Mr. al verlo arrodillado junto al fuego.

detrás de aquella máscara. —¿Qué es eso de que ha llamado la policía? —dijo el comandante. Puede estar seguro de que nadie vendrá hoy aquí. Después añadió vivamente—: ¿Ocurre algo? El comandante se encargó de responderle. —Llamaron hace muy poco —le informó Molly— para decir que enviaban a un sargento. —¿Ha dicho usted la policía? —preguntó recalcando las palabras. pero antes de que ella pudiera responderle se abrió la puerta y entró Giles. esta vez su tono mostraba una leve curiosidad. Nadie conseguirá llegar hasta aquí con semejante ventisca. —Su mujer ha dicho que la policía esta en camino. —¿Por qué han decidido enviar a un agente? Metcalf se adelantó. .pronto se hubiera vaciado de toda emoción y solo quedara una máscara de madera. ¿Por qué? —No se preocupe. alarma o excitación. Pero no creo que consiga llegar —añadió esperanzada. «Este hombre —se dijo— puede ser peligroso». Fuera hay metro y medio de nieve y la carretera está cortada. había una emoción violenta. Molly fue consciente de que. pero había algo. —El condenado carbón parece piedra —dijo Giles furioso. —Miró hacia la ventana—. Podía tratarse de miedo.

En aquel momento. como si de un rotundo desmentido se tratara. se escucharon tres golpes en la ventana. .

y el rostro muy moreno por el sol—. —Usted no puede ser un sargento —afirmó con un tono desabrido—. Mrs. pareció molesto por la crítica y replicó irritado: —No soy tan joven como aparento. —Muchas gracias.4 I Todos se sobresaltaron. Llegaron con el énfasis y la amenaza de una advertencia fantasmal. Durante un par de segundos ninguno fue capaz de localizar los sonidos. señora. Entonces. que efectivamente era muy joven. Tenía una voz alegre y un tanto vulgar. El hombre. Boyle bajó la labor para mirarlo con expresión de crítica. señor —dijo el recién llegado. —Observó a los reunidos y se . quitar el cerrojo y abrir el ventanal. Soy el sargento detective Trotter. Allí había un hombre que golpeaba al cristal y el misterio de su llegada quedaba explicado por el hecho de que llevaba esquís. Molly gritó al tiempo que señalaba el ventanal. Giles se apresuró entonces a cruzar la habitación. Es demasiado joven.

Yo no lo hice.detuvo en Giles—. Paravicini se acercó a Molly. ¿Puedo usar su teléfono? —Por supuesto. —Pero si no la llamé —respondió a la defensiva—. ¿Es usted Mr. —Perdón. ese hombre es policía. Davis? Ella se encogió un poco ante la fijeza de su mirada maligna. Mrs. Davis —dijo Metcalf—. Boyle esperó a que se cerrara la puerta que comunicaba con el vestíbulo para añadir con un tono agrio: —Supongo que para eso le pagamos ahora a nuestra policía. . ¡Un policía esquiando! Lo dijo como si se hubiera producido la rebelión de las clases bajas. —Aunque cueste creerlo. Había un tono de amenaza inconfundible en su voz cuando le susurró: —¿Por qué ha llamado a la policía. Debe tener un optimismo tremendo. Boyle se escuchó por encima del ruido de las agujas. Este era un Paravicini desconocido. sintió miedo. acompáñeme. Por un momento. Davis? ¿Puedo guardar los esquís en alguna parte? —Por supuesto. Mrs. para que se diviertan practicando deportes de invierno. La voz de Mrs. comandante. ¿De dónde ha venido? Está cubierto de nieve. Mrs. —¿Quién es ese hombre que está en el vestíbulo? —preguntó Wren que entraba en aquel momento—.

Es muy divertido. sargento? —preguntó Molly intranquila. Mrs. ¿no les parece? Los policías siempre me han parecido muy atractivos. ¿verdad? —dijo Wren. desde luego —manifestó Mrs. y ahora llevaba en la mano una libreta y un lápiz. en el mismo instante que Wren comentaba: —Es muy guapo. de Christopher. Se acerca el poli.. Iremos al despacho. Entraron en una pequeña habitación al otro extremo del vestíbulo. el sargento Trotter quiere hablar con nosotros un momento a solas.Metcalf se acercó al aparato. . Boyle. Miró a Molly—. Giles entró con el sargento. —¡Hola! ¡Hola! —Metcalf golpeó la horquilla del teléfono enfadado. El sargento cerró la puerta. —Molly —dijo Giles—. —Se llevó un dedo a los labios—. Se interrumpió al escuchar la risa estridente. todos tuvieron la sensación de encontrarse en la sala de interrogatorios. —Pues a mí no me lo parece —afirmó Metcalf. —Así que ahora estamos aislados del todo.. casi histérica. De inmediato. Silencio. —Funcionaba hace un momento. Yo. —¿Qué hemos hecho. el teléfono no funciona. —No. que había guardado los esquís y se había sacudido la nieve. Davis. —Los tres salieron de la habitación—. —Es una broma particular —explicó Wren sin dejar de reír—.

lo miraron reclamando una explicación. Oh. Se trata de un caso de protección policial. Tenía antecedentes policiales y sus huellas dactilares estaban en el archivo. En la habitación reinó un silencio absoluto. —Sí —admitió Molly. —Nunca la había oído nombrar —respondió Giles. así que la identificamos sin problemas. que fue asesinada en Londres hace dos días. Maureen Lyon.—¿Hecho? —Trotter la miró sonriente—. Verán. Lyon —prosiguió Trotter—. No. muy suave. Mrs. Lamento si se ha creado un malentendido. Lyon no era el nombre verdadero de la mujer asesinada. Davis. eso era lo que suponíamos. —Está relacionado con la muerte de Mrs. Quizá leyeron la noticia en el periódico. Su nombre verdadero era Gregg. no han hecho nada. Su difunto esposo. Como ninguno de los dos tenía idea de lo que quería decir. es por algo muy diferente. No sé si me entienden. . Molly suscribió la respuesta de su marido. —Bueno. cuando una masa de nieve se desprendió del tejado y se estrelló contra el suelo. que no está muy lejos de aquí. Maureen Gregg. Solo lo rompió un sonido. John Gregg. No sé si recuerdan o llegaron a enterarse del caso de Longridge Farm. —Lo primero que quiero saber es si ustedes conocían a la difunta. señora. era un granjero que vivía en Longridge Farm. Mrs. Sonó como un susurro siniestro.

durante la huida. Mrs.—Tres niños evacuados fueron a vivir con los Gregg en Longridge Farm en 1 9 4 0 . agitada—. ¡Es extraordinario! . La otra dirección era Monkswell Manor. En 1 9 4 0 yo estaba de servicio como guardiamarina en el Mediterráneo. incrédulo. Encontraron una agenda cerca del lugar del crimen. —Sí. Davis. señor? —No. Mrs. Uno de aquellos niños murió como consecuencia de los malos tratos y el abandono. —¿Recuerda el caso. robó un coche y. Davis! —¿En peligro? —preguntó Giles. —Y ahora la han asesinado —comentó Giles—. —¿Qué? —La joven le miró atónita—. tuvo un accidente que le costó la vida. ¿De quién sospecha la policía? El sargento Trotter no era de los que se dejaban avasallar. George escapó cuando lo trasladaban a la cárcel. La primera era el 7 4 de Culver Street. —Me parece recordar alguna cosa —manifestó la muchacha. Gregg cumplió la condena y salió de la cárcel hace un par de meses. El policía miró a Molly. ¿Por qué ha venido a vernos? ¿Qué tenemos que ver nosotros con todo ese asunto? —¡Creemos que ustedes pueden estar en peligro. Murió en el acto. Mrs. señor. El caso causó un gran revuelo público y el matrimonio fue condenado a prisión. En una página aparecían escritas dos direcciones. —Se lo explicaré. —¿La casa donde asesinaron a la mujer? —preguntó Molly.

. —Efectivamente. —¿Qué razón podría haber para. eso es lo que cree el superintendente. decidió enviarme a mí para que hablara con todos los que están en la casa. le informara por teléfono de la situación y tomara todas las medidas que considerara oportunas para la seguridad de todos. señor. —Hay algo más que todavía no nos ha dicho. —Todo este asunto me parece una locura. —No hay nada. —¿Seguridad? —exclamó Giles vivamente—.. Pero precisamente porque parece una locura podría ser peligroso. Pero. pero sí. absolutamente nada —manifestó Giles—. Vamos. ¿no es así. no creerá que vayan a asesinar a alguien en esta casa. dada las condiciones meteorológicas y como soy un esquiador experto.—Sí. Por eso el superintendente Hogben consideró que era urgente averiguar si ustedes habían tenido alguna relación o si sabían algo que relacionara esta casa con el caso de Longridge Farm. Hubiese venido él mismo de haber sido posible. sargento? —intervino .? —Giles se interrumpió. Tiene que tratarse de alguna coincidencia. —El superintendente no cree que se trate de una coincidencia —señaló Trotter con un tono amable—. —Eso es precisamente lo que he venido a averiguar. —No quiero asustar a la señora —replicó Trotter con un tono de disculpa—.

. Uno de quince años. Tres ratones ciegos. Les. —Sí. Mira cómo corren. Mira cómo corren. una niña de catorce y otro niño de doce que murió. debajo. Fueron tres niños. El chico debe de tener ahora unos veintitrés.. En la misma página habían escrito: «Tres ratones ciegos». horrible. —Oh. Se interrumpió. Davis. Enganchada a las prendas de la mujer asesinada encontraron una nota que decía: «Este es el primero» y.Molly. señora. También le hemos perdido . —¿Qué fue de los otros dos? —Creo que la niña fue adoptada por otra familia. Molly canturreó: Tres ratones ciegos. No hemos podido dar con su paradero. ¿verdad? —Sí. el dibujo de tres ratones y unas notas musicales que correspondían a la canción que lleva ese nombre. es horrible. Corren tras la mujer del granjero. Mrs.

Paravicini.. Salió del despacho apresuradamente. el Comandante Metcalf.. Mr.. Usted declara. Boyle escribió desde un hotel de . que no tiene ninguna relación con aquel caso. —¿Qué sabe usted de estas personas. En cuanto descubramos la relación. Boyle. Davis? —Oh. El sargento los anotó en la libreta. —Giles hizo una pausa y después añadió sosegadamente—: La verdad es que no sabemos nada. Christopher Wren. sí. ¿Eso vale también para usted. Mrs. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada más. Se decía que estaba un poco trastornado.la pista. señor.guntó Giles—. sí. sabremos cómo actuar. Nosotros. —¿Criados? —No tenemos —contestó Molly—. Se alistó en el ejército cuando cumplió los dieciocho. —¿Creen ustedes que fue él quien asesinó a Mrs. ¿Que es un maníaco homicida y que puede presentarse aquí por alguna razón desconocida? —Creemos que puede haber una relación entre alguien de aquí y el caso de Longridge Farm. —¿Podrían decirme quién más hay en la casa? Le dieron los nombres de los huéspedes: Mrs. pero desertó. Eso me recuerda que debo ocuparme de las patatas. Según los informes de los psiquiatras militares no era normal. Lyon? —pre.. señor? —Yo. Mr. Mrs.

—Ya me ocuparé de verificarlo. ¿Por qué está tan seguro de que habrá otro? . —Hasta cierto punto. Paravicini. es una suerte que haga tan mal tiempo —opinó Giles—. Wren. —Así es. Todos sus huéspedes llegaron aquí después de cometerse el crimen. apareció en mitad de la noche. —¿Qué quiere decir. El asesino no podrá llegar hasta aquí. En cuanto a Mr. pero todos habían hecho sus reservas anticipadamente. Mr. sargento? —Tiene que considerar la posibilidad de que ya se encuentre aquí —respondió Trotter tras un fugaz titubeo. desde un hostal en South Kensington. Todos excepto Paravicini. Gregg la asesinaron hace dos días. —Estos crímenes fueron planeados hace tiempo —manifestó el sargento con un tono de cansancio.Bournemouth. —¿Crímenes? Pero si solo se ha cometido un asesinato. ¿no le parece? —Quizá no le haga falta enfrentarse a la ventisca. por supuesto. Dijo que había volcado con el coche cerca de aquí. supongo que todos llevarán sus carnés de identidad. El comandante. cartillas de racionamiento y todas esas cosas. desde Leamington. —¿Cómo? —A Mrs. En cualquier caso.

Algunas veces lamento profundamente que sir Walter Raleigh las trajera a Inglaterra. Davis se ha ofrecido a preparar el terreno. El policía mantuvo un silencio que suponía claramente un reproche. —¿Tiene usted una descripción del hombre? —preguntó Molly llevada por la . —Le agradecería.—Espero evitar que se cometa. si usted está en lo cierto —dijo Giles. —De acuerdo. pero estoy seguro de que el asesino lo intentará. Mrs. Mr. Davis. Me resulta tan fantástico. Solo tenemos un huésped con esa edad: ¡Christopher Wren! II El sargento Trotter se encontraba con Molly en la cocina. solo hay una persona que podría intentarlo. —No me lo puedo creer —añadió Molly a modo de disculpa—. que viniera conmigo a la biblioteca. pero permítame que antes acabe con las patatas. —Entonces. —No tiene nada de fantástico. excitado—. Quiero hacer un anuncio formal a todos los presentes. Solo son hechos.

—Sí —asintió la muchacha. así es —admitió Molly. De pronto se sintió muy joven. Davis. De hace dos días. que no se vio con ánimos de reprocharle la opinión . No sabe usted nada de los huéspedes que tiene en su casa. ¿verdad? —Solo un año. Alguien lo trajo aquí. Supongo que usted y su marido son nuevos en este negocio. Mrs. — Hizo una pausa y luego añadió—: Hay tres abrigos oscuros y tres sombreros claros en el perchero del vestíbulo.curiosidad. un sombrero claro. Podría ser cualquiera. —¡Qué curioso! —Molly recordó algo muy vagamente—. vestía un abrigo oscuro. —Molly se ruborizó—. —El Evening Standard del 1 9 de febrero. hablaba en susurros y una bufanda le ocultaba el rostro. —No creo que ninguna de estas personas viniera de Londres. ¿no es así? —Sí. Todo fue muy repentino. —Estatura mediana. delgado. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí? —No debe creer que estas personas sean lo que aparentan. tonta e inexperta. Davis? El sargento se acercó rápidamente al aparador y cogió un periódico. —Tampoco lleva mucho tiempo casada. —¿No. —Un amor a primera vista —opinó Trotter amablemente. Mrs.

Tengo veintidós y. Suponía que había sido infeliz. Sabía muy poco del pasado de Giles. —Su esposo no es de por aquí. El milagro de su encuentro se había producido en un mundo desquiciado. —Está todo preparado. —No lo creo. Les he puesto más o menos en antecedentes —dijo Giles—. ¿verdad? —No. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Mrs. Espero haber hecho lo correcto.—. —Son ustedes muy jóvenes para llevar un lugar como este —señaló el sargento. ¿Lista. —Nos ahorrará tiempo. Volvió a la realidad y se encontró con la mirada indulgente del policía.. Davis? III . —Se interrumpió al ver que entraba Giles. Es de Lincolnshire. Solo hacía quince días que nos conocíamos —añadió en una repentina muestra de confianza.. Sus padres habían muerto y él siempre había evitado hablar de su infancia. No tuvieron la menor duda. Recordó aquellas dos semanas de enloquecido romance.

Cuatro voces sonaron simultáneamente cuando Trotter entró en la biblioteca.
La más chillona de todas era la de Christopher, que proclamaba que aquella
noche no pegaría ojo, que todo era la mar de emocionante y que, por favor, le
facilitaran con urgencia todos los detalles.
La voz grave de Mrs. Boyle le hacía de coro.
—Esto es un escándalo. ¡Para que después hablen de proteger a los
ciudadanos! No hay ningún derecho a que la policía permita a los asesinos que se
muevan a sus anchas.
Las palabras de Mr. Paravicini, que no dejaba de gesticular con mucha
elocuencia, quedaron ahogadas por la voz de Mrs. Boyle. De vez en cuando, se
escuchaba al comandante que reclamaba «pruebas».
Todos callaron a un gesto de Trotter.
—Gracias. Mr. Davis les ha explicado la razón de mi presencia. Quiero saber
una cosa, solo una, y ahora mismo. ¿Quién de ustedes tiene alguna relación con el
caso de Longridge Farm?
Esta vez nadie abrió la boca y las miradas de todos se fijaron en el sargento.
Todas las emociones que se habían reflejado antes en sus rostros: indignación,
histeria, curiosidad, se habían borrado como trazos de tiza en una pizarra.
—Por favor, compréndanlo —insistió el policía—. Tenemos razones para creer
que uno de ustedes está en peligro... en peligro de muerte. ¡Necesito averiguar
quién es!

Todos permanecieron callados e inmóviles.
—Muy bien. Les interrogaré uno por uno —manifestó Trotter, y esta vez su voz
reflejaba la furia que sentía—. Mr. Paravicini...
En el rostro de Paravicini apareció una sonrisa fugaz, mientras levantaba las
manos como una expresión de protesta.
—Soy forastero en esta región, sargento. No sé nada en absoluto del caso que
usted ha mencionado.
—¿Mrs. Boyle? —preguntó Trotter, poco dispuesto a perder el tiempo.
—La verdad es que no lo entiendo. ¿Por qué cree que yo podría tener alguna
relación con un tema tan desagradable?
—¿Mr. Wren?
—Si saca usted la cuenta podrá comprobar que yo era un niño cuando ocurrió
aquel caso —manifestó Christopher con voz estridente—. Que yo recuerde, nunca
lo oí mencionar.
—¿Qué me dice usted, comandante?
—Lo leí en los periódicos —afirmó Metcalf con un tono brusco—. Por aquellos
años estaba destinado en Edimburgo.
—¿Esto es todo lo que tienen que decir?
El silencio volvió a imponerse en la biblioteca. Trotter exhaló un suspiro
rabioso.
—Si alguno de ustedes muere asesinado —anunció—, no culpen a nadie sino a

ustedes mismos.
Trotter se volvió y salió de la biblioteca.

5

I
—¡Queridos míos, qué melodramático! —dijo Wren—. Es guapo, ¿verdad? Me
gustan los policías. Tipos duros. Todo este asunto es muy emocionante. Tres
ratones ciegos. ¿Cómo era la melodía?
Comenzó a silbarla suavemente, pero se interrumpió cuando Molly le gritó sin
poder contenerse:
—¡Basta!
Christopher se volvió hacia la joven y se echó a reír.
—Pero, querida, es mi firma. Hasta ahora nadie me había tomado por un
asesino y pienso pasármelo en grande.
—¡No son más que pamplinas! —afirmó Mrs. Boyle—. No me creo ni un
palabra.
Los ojos de Wren brillaron como los de un niño travieso.
—Ya verá si son pamplinas, Mrs. Boyle, cuando me acerque a traición y ponga
mis manos alrededor de su garganta.
Molly se encogió al pensarlo.
—Está molestando a mi esposa, Wren —intervino Giles enojado—. Además, es

una broma que no tiene la menor gracia.
—No es cosa de broma —afirmó el comandante.
—Claro que lo es —protestó Christopher—. Eso es lo que es: la broma de un
loco. Por eso resulta tan deliciosamente macabro. —Miró a los demás y volvió a
reír—. Si pudieran verse las caras —añadió, y salió de la biblioteca.

II
Mrs. Boyle fue la primera en reaccionar.
—Un joven neurótico y muy mal educado —afirmó—. Seguramente es un
objetor de conciencia.
—Me explicó que había estado enterrado durante cuarenta y ocho horas en
una casa alcanzada por una bomba —comentó el comandante—. Yo diría que eso
explica muchas cosas.
—La gente siempre tiene mil y una excusas para justificar sus nervios —criticó
Mrs. Boyle—. Estoy segura de que yo lo pasé tan mal como todo el mundo durante
la guerra y no tengo problemas de nervios.
—Me alegro por usted, Mrs. Boyle —dijo Metcalf.
—¿A qué se refiere?

—Creo que usted fue la funcionaria encargada del alojamiento de los
evacuados en este distrito en 1 9 4 0 , Mrs. Boyle. —Miró a Molly, que asintió con una
expresión grave—. Es así, ¿verdad?
La aludida enrojeció de furia.
—¿Qué tiene eso que ver?
—Usted fue la responsable de enviar a aquellos tres niños a Longridge Farm.
—La verdad, comandante, es que no veo por qué debo tener responsabilidad
alguna en lo ocurrido. Las personas de la granja parecían muy agradables y
estaban muy entusiasmadas con la idea de acoger a los niños. No creo que se me
pueda considerar responsable o que tenga parte de culpa. —Su voz se apagó.
—¿Por qué motivo no se lo dijo al sargento? —preguntó Giles, enojado.
—No es asunto de la policía. Sé cuidar muy bien de mí misma.
—Más le vale —opinó Metcalf en voz baja.
Él también abandonó la biblioteca.
—Molly, ¿tú lo sabías? —Giles la miró desconcertado.
—La mansión del pueblo era suya, ¿no es así?
—La requisaron y me la devolvieron hecha una ruina —respondió Mrs. Boyle
con un tono amargo—. Devastada. Una iniquidad.
Paravicini se echó a reír, primero suavemente, pero después echó la cabeza
hacia atrás y se rió a mandíbula batiente.
—Tendrán que perdonarme —jadeó—, pero, desde luego, me resulta muy

Debo informar al superintendente Hogben. Quisiera usar su teléfono.. mi querido inspector. Quizá lo que pretende es parecer viejo. Davis.divertido. Trotter se encogió de hombros. Me lo estoy pasando como nunca. —Tiene toda la pinta de un delincuente —señaló Trotter—.. Me retiro con el rabo entre las piernas. Estoy estropeando el efecto de su solemne advertencia. salió con el mismo paso juvenil que Molly había advertido antes. No me fío ni un pelo de ese hombre. solo sargento. en lugar de eso. Pero. Mrs. —Oh —exclamó Molly—. —Discúlpeme. —Me humillo ante usted —dijo Paravicini—. ¿O no lo es en absoluto? Se maquilla y su andar es juvenil... Lo siento. Y no soy inspector. —Un tipo extraño —comentó Giles. ¿Cree usted. Sargento. Davis —la reprendió Trotter—. Mrs. .? —No iremos a ninguna parte con hipótesis sin base alguna. ¿cree usted.? Pero si es mayor. Dirigió una mirada de reproche a Paravicini. —Me alegro de que a todos les resulte tan gracioso —observó con acritud. El sargento entró en aquel momento. —He hecho todo lo posible por dejar clara la situación.

—¡Cielos! —exclamó Molly—. Salió a toda prisa. Giles titubeó un instante y le siguió. Supongo que la línea se cortó alrededor de las diez. No pienso pagar siete libras por esto. —Pero antes funcionaba. Ya es casi mediodía. No funciona. Usted recibió la llamada del superintendente Hogben. —¿No funciona? ¿Desde cuándo? —El comandante lo intentó antes de que usted llegara. Tengo que ir a la cocina o nos quedaremos sin comer. . El tono de alarma de su voz les impresionó. Habrá sido consecuencia de la nevada. —¡Chiquilla incompetente! ¡Vaya casa! —rezongó Mrs. Quizá no fue un accidente.Se acercó al teléfono. —¿Usted cree? —Iré a comprobarlo. —¿Qué? —Trotter se volvió bruscamente. —No lo sé —replicó el sargento con expresión preocupada—. —No podrá usarlo —dijo Molly—. Boyle—. ¿no? —Sí.

Trotter abrió la ventana y se asomó. levantó la tapa del teclado y comenzó a tocar con un solo dedo.III El sargento Trotter. Giles subió las escaleras de dos en dos. inclinado. —¿Hay un supletorio? —Sí. tirando la nieve que cubría el alféizar. IV Paravicini se encontraba en la sala. repasaba los cables telefónicos. Tres ratones ciegos.. ¿Quiere que suba y compruebe si está allí la avería? —Por favor. Mira cómo corren. . Se sentó en el taburete. en el piso superior.. En nuestro dormitorio. Se acercó al piano de cola.

Tengo que seguir con esto. Se llevó las manos a la cara y se echó a llorar. —Tengo que seguir —manifestó en voz alta—. Su rostro cambió de expresión. VI Giles se encontraba junto al teléfono del dormitorio. Se sentó en el borde de la cama. De pronto. Abrió la puerta y se quedó en el umbral por un momento. . silbando con energía. Giles lo observó mientras caía. Murmuró con voz infantil: «No puedo seguir». cayó un billete de autobús rosa. Se agachó para recoger un guante de Molly que estaba en el suelo junto al zócalo. Al recogerlo. Se levantó y cuadró los hombros. Entonces cambió de humor.V Wren estaba en el dormitorio. el silbido vaciló y se apagó del todo. Era otro hombre cuando cruzó el dormitorio como un sonámbulo. mirando hacia las escaleras. Iba de aquí para allá.

De pronto. salió al vestíbulo. Contempló la cocina como quien descubre que está en un lugar extraño. Todo estaba en marcha. Echó un vistazo al horno. Si tan solo pudiera recordar.VII Molly acabó de pelar las patatas. VIII . —Oh. no! Bajó las manos muy despacio. no —repitió por lo bajo. estremecida. Sí. Tan amplio. Caminó hacia la puerta con una enorme desgana. cómodo y acogedor. La abrió. Molly. con el débil olor de la comida. Sobre la mesa de la cocina estaba el ejemplar del Evening Standard de dos días antes. Frunció el entrecejo mientras lo miraba. El único sonido que oyó fue el de alguien que silbaba aquella tonada. se llevó las manos a las mejillas. ¡Oh. las echó en la olla y puso el recipiente en el fuego. Más tranquila. buscó refugio en la cocina. —¡Oh. todo estaba en orden y en marcha. no! —exclamó—.

abrió el armario empotrado en el hueco de la escalera y echó una ojeada al interior. Comprobó que no hubiera nadie a la vista. No le interesaba en lo más mínimo escuchar una discusión sobre el origen y el significado de las canciones infantiles. La puerta se abre sigilosamente a sus espaldas. impaciente. La mujer se volvió bruscamente.El comandante Metcalf bajó discretamente por las escaleras. —¿Qué otra cosa se puede hacer? Encerrada en una casa con un presunto . Era el momento oportuno para realizar lo que tenía previsto. Digamos que está usted solo en una habitación.. IX Mrs. —Ah. La puerta se abrió. Se detuvo un momento y oyó una voz culta que decía: «Hay que entender muy bien cómo funciona la psicología del miedo. ¡Los programas son malísimos! ¡No hay nada que valga la pena escuchar! —Yo no me molestaría en escucharlos. Mrs.». Esperó unos segundos en el vestíbulo.. es usted —exclamó más tranquila—. giró el dial de la radio que había en la biblioteca para cambiar de emisora. Boyle. Boyle.

Pero no hubo mucho ruido. El asesino era un verdadero experto.asesino. Las eruditas explicaciones sobre la psicología del miedo resonaron en la habitación y ahogaron los sonidos entrecortados de la agonía de Mrs. El volumen de la radio subió al máximo. Claro que no me creo todas esas pamplinas. . Boyle? —¿A qué se refiere? El cinturón de la gabardina le rodeó el cuello con tanta rapidez que ella casi no se dio cuenta de lo que aquello significaba. Mrs. —¿No. Boyle.

miró a los reunidos. en el momento en que iba a entrar en la biblioteca. abajo. —Acababan de matarla cuando la encontró usted. Davis.6 I Estaban todos reunidos en la cocina. a la izquierda. Mrs. Solo habían pasado cinco minutos desde que los gritos de horror de Molly les habían hecho correr a todos hacia la biblioteca. Cuatro personas espantadas se miraban las unas a las otras. le había servido a pesar de sus negativas. Molly. haga un esfuerzo y piense. Las patatas hervían. ¿Arriba. la quinta. Pero eso fue antes. con una expresión decidida y furiosa. El delicioso olor del pastel de carne y riñones era más fuerte que nunca. que oí cerrar una puerta muy suavemente en alguna parte. Mrs. —¿Qué puerta? —No lo sé. pálida y temblorosa. pero no estoy segura. bebía una copa de whisky que la sexta. Davis —manifestó el policía—. . ¿Está usted segura de que no vio ni oyó nada cuando cruzó el vestíbulo? —Un silbido —respondió Molly con voz desmayada—. —Piense. el sargento. Trotter. Creo.

Mrs. —No utilizo mi grado. —¿Otra? Tonterías. Me ocultó información. Como decía. señor. Mr.a la derecha? —Le digo que no lo sé —protestó Molly—. Hasta ahora. Si no llegamos al fondo de todo esto y cuanto antes. puede haber otra muerte. Está muerta. —Pero ¿por qué otra muerte aquí? —Porque solo había dos direcciones en la agenda. nadie se lo ha tomado muy en serio. quiero decir alguien más relacionado con el caso. —Muy bien. —¿Un muerto por cada uno de ellos? —preguntó Giles incrédulo—. ¿No ve que está asustada? —Estoy investigando un asesinato. Entonces tendría que haber una relación. Bueno. . sargento. comandante Davis. —Trotter hizo una pausa como si hubiese dado con un punto débil—. Solo había una posible víctima en Culver Street. Boyle no lo hizo. estoy investigando un asesinato. ¿Por qué? —Porque había tres ratones ciegos. Ni siquiera estoy segura de haber oído algo. Pero en Monkswell Manor el campo se amplía. Mrs. tendría que ser así. Todos lo han hecho. perdón. Boyle está muerta. —Sí. Davis. —¿Quiere dejar de presionarla? —intervino Giles enojado—.

sargento. —No sería una coincidencia si se dieran determinadas circunstancias. La misma tonada que Wren silbaba en el piso superior. —Mr. sargento. comandante. —Sonrió—. nadie le oyó tocar. Mr. Wren. —Miró a los demás—. —Mr. Mr. Ya he tomado nota de dónde se encontraban cuando asesinaron a Mrs. —¿Qué hay del cable telefónico? —preguntó Metcalf—. Vamos a repasarlo. Sería una coincidencia fantástica que dos personas relacionadas con el caso de Longridge Farm se encontraran aquí.—Tonterías. Trotter. Con un dedo. Boyle. Davis? —Sí. . Davis. ¿usted se encontraba en su dormitorio comprobando el supletorio? —Sí. —Es una canción horrible —opinó Molly. Es muy pegadiza. estaba en su habitación cuando oyó los gritos de Mrs. ¿Lo cortaron intencionadamente? —Sí. Paravicini estaba en la sala tocando el piano. Por cierto. Piénselo. Davis. —Tocaba muy bajo. Está cortado por el lado exterior junto a la ventana del comedor. —¿Qué tocaba? —Tres ratones ciegos. sargento. Acababa de descubrirlo cuando oí los gritos. ¿Usted.

Daba a una escalera. —Por supuesto. comandante. así que bajé. Una es «asesinato» y la otra «peligro». verifiquemos ahora sus movimientos. . como parte de nuestra formación. Mrs.—Esto es una locura. —Salió. Mr. ¿Quiere prestarme atención un momento. Investigamos un asesinato. —Quizá no le importa o tal vez está muy seguro de ser mucho más inteligente que nosotros. ¿Por qué? —Solo echaba una ojeada. ¿Es eso lo que oyó. Davis. un momento más tarde se oyó el suave chirrido de una puerta que se cerraba—. Solo hay dos palabras que nos interesan en este momento. Los asesinos son así. Miré en el interior del armario que está debajo de la escalera y vi una puerta en el fondo. Una mente esquizofrénica es muy interesante. Davis? Dejaré la puerta de la cocina abierta. Dijo usted que estaba en el sótano. Davis? —preguntó cuando entró de nuevo en la cocina. Tiene usted un sótano bonito —le dijo a Giles—. Ahí es donde debemos concentrarnos. Diría que es como la cripta de un viejo monasterio. —No nos interesan las antigüedades. Comandante Metcalf. —¿Podríamos evitar las palabras técnicas? —rogó Giles. Mrs. El sargento le observó atentamente. ¿Cómo espera el asesino salirse con la suya? —preguntó Wren con su voz de pito. Por supuesto. recibimos un curso de psicología.

seré sincero: propongo poner bajo vigilancia a la persona que aparentemente es el principal sospechoso. Giles miró fijamente a Christopher Wren. —Las mías ya están allí —comentó Metcalf. II . Usted está a cargo del caso. —Oiga. ¿No tendríamos que adoptar algunas medidas de precaución? —¿Qué propone. Quizá después de matar a Mrs. sus huellas dactilares estarán en el interior del armario. ¿no es así? —añadió con un tono suave. que cruzaba el vestíbulo. sargento —dijo Giles—. —Entonces —intervino Wren—. Pero tenemos una explicación satisfactoria para las suyas. Boyle.—Sonó muy parecido. Davis? —Bien. la oyó salir de la cocina y se metió en el armario. pero esta es mi casa y yo me siento responsable de mis huéspedes. Mr. —Era la puerta del armario que está debajo de las escaleras. —Efectivamente —asintió Trotter—. el asesino.

El rostro de Giles enrojeció de furia. —Creo que estás loca. Giles. muchacho —dijo el comandante. manifestó que el . —Tranquilo. Salió detrás de los demás. Sargento. cuando nos habló del caso de Longridge Farm. Giles. Nadie está contra usted. ¿de qué se trata? —Sargento. sargento. Me cargarán el muerto.. Chris. espera —le interrumpió Molly. Por ahora no hay ninguna prueba.. —No voy a arrestar a nadie. Molly —manifestó Giles—. Es una persecución. Calla un momento—. —Dígame. —Espera. —No entiendo qué te pasa. Para hacerlo necesito pruebas. —No. —Molly se adelantó y apoyó una mano en el brazo del joven—. ¿puedo hablar con usted ahora? —Me quedo —dijo Giles. sal por favor. —No pasa nada. Usted también. Molly. Dígale que no pasa nada —le pidió al sargento. dando un portazo. Solo hay una persona que encaja en el perfil y. Mrs. —Dígale que no le arrestará. Todos están contra mí. Davis. —Nosotros no le cargamos el muerto a nadie.Wren se adelantó bruscamente y su voz sonó como un chillido histérico: —¡No es verdad! ¡No es verdad! Ustedes están contra mí.

Realmente es muy difícil saber algo definitivo sobre lo que sea. no lo sé seguro. todo parece señalar a Christopher. —Es probable que si el hijo es un desequilibrado mental. ¿verdad? —No. Davis. Pero no lo sabe a ciencia cierta. —¿Qué pasó con él? ¿Dónde está ahora? —No tenemos información sobre su paradero. No he pasado nada por alto. Le licenciaron el año pasado. sobre todo en . —Lo sé y. la deserción del ejército y los informes de los psiquiatras. Se inquietó de verdad. Podría tratarse de una mujer. El comandante se alteró muchísimo cuando dije que había llamado la policía. el padre. también lo sea el padre.mayor de los muchachos podía ser el responsable de todo esto. ¿Los tres niños no tenían familiares? ¿Padres? —La madre había muerto y el padre estaba destinado en el extranjero. incluso la hermana. —Por lo tanto. pero todo apunta en ese sentido: el desequilibrio mental. —Por favor. el asesino podría ser alguien de mediana edad o mayor. Tengo muy claro todo este asunto. —Efectivamente. Tiene que haber otras posibilidades. He tomado en cuenta todas esas posibilidades desde el primer momento. Mrs. pero todavía no tengo datos concretos. Pero no creo que sea él. créame —manifestó Trotter en voz baja—. Jim. El muchacho. por consiguiente.

La gente acepta la palabra del otro. . Solo hay una cosa que quiero recalcar. Gente que se casa deprisa y corriendo por las razones que sean. se puso en cuclillas y abrió la puerta del horno. Eso es lo único que sé a ciencia cierta. Davis. El asesino se está divirtiendo con todo esto. Trotter hizo una pausa sin desviar la mirada del rostro de Molly. Mrs. Se casan sin conocer a los familiares ni a los parientes. Olió el apetitoso olor del pastel. noviazgos de un par de semanas que culminan en boda. Era como si de pronto el olor la hubiese trasladado al mundo de las cosas cotidianas: las tareas domésticas. —Sé muy bien lo que está pensando. o que se trata de un desertor del ejército. se acercó lentamente a la cocina. Se sorprendería de las cosas con las que nos encontramos. III Molly se quedó muy quieta con las mejillas encendidas. en especial en lo que se refiere a los matrimonios. Algunas veces tarda un par de años en enterarse de que es un empleado de banca que se ha llevado el dinero de la caja y que tiene mujer y un par de hijos. Un tipo dice que es piloto de combate o comandante. Se le alegró el corazón. y la novia se lo cree.estos tiempos. Después.

Esto no parece tener mucho sentido. El sargento está que trina. la vida tranquila y prosaica. —¡Vaya jaleo! —exclamó el joven—. En sus cocinas se esfuman los peligros. Boyle. Si quiere saber mi opinión —bajó la voz—. —A mí no. Y las mujeres se sienten seguras por siempre jamás. Se las tiene con el comandante y el viejo insiste en que no se fijó si estaban cuando miró en el armario antes de que asesinaran a Mrs. ¡Alguien ha robado los esquís del sargento! —¿Los esquís del sargento? Pero ¿por qué querría nadie hacer algo así? —La verdad es que no se me ocurre ninguna respuesta. Si el sargento decidiera marcharse. las mujeres han guisado para sus hombres. cualquiera diría que el asesino sería el más feliz de verlo partir. Se abrió la puerta de la cocina. —No diría eso —protestó Molly con energía— si hubiese sido usted quien la encontró. Todo es tan deliciosamente irreal. —Giles los guardó en el armario debajo de las escaleras. Desde que el mundo es mundo. —Pues ahora no están. Trotter afirma que es imposible que no se diera cuenta. Me resulta muy estimulante. Sigo viendo su rostro . la locura. ¿verdad? —Se echó a reír—. No consigo olvidarlo. Boyle. el sargento se ha visto superado por la situación. Vio entrar a Christopher que parecía agitado. Me refiero a Mrs. —A todos nos está pasando lo mismo. Desconcertante.guisar. planchar.

—Se apartó—. Tengo miedo de estar sola. Se estremeció. —Me hago cargo. —Lo sé. Wren se volvió un tanto asombrado. Lo siento. Christopher se sentó a la mesa. —¿Lo ha dicho en serio? —¿Decir qué? —¿Que no quiere que me vaya? —Ya se lo he dicho. —¡No se vaya! —exclamó Molly cuando él ya se disponía a abrir la puerta. se acercó a Molly una vez más. Christopher se acercó para apoyar una mano en su hombro. como una pesadilla. y ahora. el horror ha vuelto. No quiero interrumpirla. No tiene miedo. En el rostro de Wren apareció una expresión extraña mientras miraba la cabeza gacha de la muchacha. —Hace un momento todo me parecía cotidiano —dijo la joven sin mucha coherencia—. cerró la puerta del horno y después se sentó. Molly puso el pastel en la parrilla superior. —¿Qué? —Que no le dé miedo estar sola conmigo. . No quiero estar sola. Será mejor que me vaya. de pronto.amoratado con los ojos fuera de las órbitas. ¿verdad? —No. —Es muy interesante —comentó el huésped. Luego. no tengo miedo. Soy un idiota.

¿Eso era cierto? —Usted no disfruta con todo esto. Como si fuera un asesino hecho a la medida. ¿Qué pasa? Molly le miró como si le estuviera valorando. Christopher? ¿Dos días? . Molly. Mrs. —Sin embargo. no se mostró en desacuerdo —replicó Molly con voz pausada. Las discutí con el sargento. ¿Lo sabía? ¿Cómo podía saberlo? También había dicho que el asesino estaba disfrutando. —¿Estuvo de acuerdo? —Por lo menos. ¡Detesto a ese hombre! Te mete cosas en la cabeza que no son ciertas. ¿verdad? —le preguntó al joven—. Sobre todo aquella última frase: «Sé exactamente lo que está pensando. —¿Cuánto hace que le conozco. Davis». Molly? —No lo sé.—¿Por qué no tiene miedo. por supuesto. yo no lo dije. Christopher le apartó las manos suavemente. Hay otras posibilidades. —Oh. Algunas palabras volvieron a sonar en su mente. ¿qué es todo esto? —Su actitud ya no era histérica ni infantil —. lo dijo el sargento. —No. —Escuche. —No. A pesar de lo que acaba de decir. soy la única persona que encaja en el perfil. que no pueden serlo. Se tapó los ojos. Qué ocurrencia tan extraña.

como nuestro asesino anónimo —añadió Wren—.? —¿Por qué lo escogí? Me pareció un capricho agradable. —Su nombre verdadero no es Christopher Wren.[2] —¿Cuál es su nombre verdadero? —No creo que valga la pena entrar en el tema. La joven lo dijo en voz baja y su tono tampoco era interrogativo sino una afirmación. Solo por un instante. ¿no es así? —Sí. Supongo que por una asociación de ideas: Robin. No soy arquitecto. Está pensando que. Wren se dio cuenta. La verdad es que soy un desertor del ejército. . Era una afirmación. Hay una especie de sintonía entre nosotros. En la escuela se burlaban de mí y me llamaban Christopher Robin.—Más o menos. Es curioso. Quizá por las cosas que ambos hemos pasado. Se lo dije.. —Sí. Wren.. una expresión de alarma apareció en los ojos de Molly. parece que nos conozcamos muy bien. No era una pregunta. —No. Mi nombre no significaría nada para usted. —¿Por qué. aunque es muy poco tiempo. Soy el único que encaja en el perfil. ¿no? —No lo sé. Molly lo dejó correr.

Sentí la necesidad de regresar a casa inmediatamente y desenterrarme. hábleme de usted. Es usted muy joven. no más que cualquier otro. fue todo tan confuso. Luego.—No sea estúpido.. Era consciente de que no podría explicarlo. —Hundió la cabeza entre las manos—. ¿Por qué desertó? ¿Los nervios? —¿Se refiere a si tenía miedo? No. Desde entonces. Quedó sepultada entre las ruinas. de presentarme en mi regimiento. fue algo muy diferente. supongo que me volví loco. tuve miedo de regresar. Vagabundeé durante mucho tiempo en su búsqueda o en la mía propia. No lo sé —añadió con voz ahogada—. no tenía miedo. —Sí. A ella la mataron en un bombardeo. Venga. tenía fama de ser un tipo frío en el combate. solo he sido.. Fue por mi madre. No. No puedo explicarlo. por curioso que resulte. Le dije que no creía que usted fuera el asesino. . pero estoy al final del camino. Miró a la muchacha. —¿Su madre? —Sí. cuando volví en mis cabales. No sé lo que me pasó cuando me enteré. —No debe creer eso —opinó Molly gentilmente—. En realidad. Tuve la sensación de que yo era quien estaba sepultado. En su rostro delgado se reflejaba la más profunda desesperación. nada. Puede comenzar otra vez. —¿Es factible? —Por supuesto. Tuvieron que sacarla.

Molly? ¿Qué la asusta? Porque está espantada. ¿verdad. Estoy convencida de que todo el mundo tiene esa sensación al menos una vez en su vida. Molly? Seguramente la ha tenido porque. Era la novia de un piloto de combate y le mataron. Christopher la observó atentamente. que no puede seguir adelante. —¿Qué le ocurre. supongo que hay más. —Sí. Supongo que entonces apareció Giles. ¿no? . solo lo cree. Me crucé con algo cruel y bestial. no hablaría de ese modo. —Usted la ha tenido.—No. —Sí. Me predispuso a creer que la vida era siempre horrible. de lo contrario. —¿Qué pasó? —Lo que a muchas otras personas. ¡Giles! La sonrisa desapareció de su rostro para ser reemplazada bruscamente por una expresión de espanto. la convicción de que es el final. No lo está. —El joven vio la sonrisa tierna y casi tímida que asomó en su rostro—. —Lo sé. Viví una experiencia muy desagradable cuando era mucho más joven. Apareció Giles y todo se tornó seguro y feliz. —¿Eso es todo? —No. La muerte de Jack confirmó mi convicción de que la existencia era despiadada y traicionera. Se estremeció como si estuviera helada.

Parece mucho mayor. Oh. Molly permaneció en silencio. —¿Giles? ¡Giles! Sí. El joven le echó una ojeada. por supuesto. pensamientos que no sabía que pudiera albergar. Giles estaba con usted aquí el día que asesinaron a aquella mujer en Londres. le detesto. le detesto. ¿Paravicini? —No. —¿Hasta qué? Molly extendió la mano para señalar la fecha de la hoja del Evening Standard desplegada sobre la mesa. Al menos eso fue lo que me dijo..La muchacha asintió. las insinúa. —¿El sargento Trotter? —Sugiere cosas. no. ¡Es ese hombre horrible! —¿Qué hombre horrible? —Wren pareció sorprendido—. Christopher arqueó las cejas sorprendido. Fue al otro extremo del condado para comprar una tela metálica. y yo le creí hasta que. Pero oiga. todo esto no son más que tonterías. —Salió con el coche y estuvo fuera todo el día —manifestó Molly sin mucha coherencia—. El sargento Trotter. me hace pensar cosas horribles de Giles. él y yo debemos de tener más o menos la misma edad. —¿Tiene algo que ver con Giles? ¿Algo que dijo o hizo? —No es Giles. . pero supongo que no lo es.. Sí. Molly. Giles podría encajar en el perfil. —¿No estaba aquí? —preguntó Wren incrédulo.

. pero se interrumpió bruscamente. Es porque estamos todos muy nerviosos. Eso es precisamente lo que esa bestia de Trotter dijo o insinuó. —En realidad.—La edición de Londres de hace dos días. Christopher miró la hoja y luego a Molly. —¡No lo diga usted también! No puedo soportarlo. —Supongo que no le falta razón. Que sencillamente aceptamos lo que nos dicen. No lo haga. Que las mujeres a menudo no saben nada de los hombres con quienes se casan. ¿qué sabe de Giles? —No pregunte. en un estado de confusión tan grande que nos creemos las cosas más fantásticas. Desvió la vista y se dirigió a Molly. Giles entró en la cocina con una expresión grave. —¿Interrumpo? —Solo estaba tomando unas clases de cocina —respondió Wren mientras se levantaba. sobre todo en tiempos de guerra. No era el momento más adecuado para silbar aquella canción. —Estaba en el bolsillo del abrigo de Giles cuando regresó. Sin darse cuenta de lo que hacía. . ¡No es verdad! Yo. Tuvo que estar en Londres.. Se interrumpió al ver que se abría la puerta. escogiendo las palabras con mucho cuidado. comenzó a silbar.

lárguese.. pero de inmediato cambió la frase que iba a pronunciar—. —Manténgase lejos de mi esposa. —comenzó Molly. —Ya me preocuparé yo. Puedo cuidar de mi propia esposa.—¿Sí? Oiga. No será su próxima víctima. contaban con un significado evidente. Wren. dirigidas a Molly. Giles se volvió hacia Molly en cuanto se cerró la puerta. Giles aparentemente no las advirtió. Christopher. Si había alguna intención en las palabras. Venga. Sus palabras. Puedo cuidar de mí misma. Solo enrojeció un poco más. —Dios mío. —Por favor. váyase —dijo Molly con voz clara.. estoy en guardia. —¿Quiere largarse de una vez? Christopher soltó una carcajada infantil. ¿de acuerdo? —Oh. Manténgase apartado de la cocina. ¿te has vuelto loca? ¡Encerrada aquí sola con un peligroso maníaco homicida! —Él no es.. los tête-à-tête no son muy aconsejables en este momento. —Eso es precisamente lo que me preocupa. Molly. —No estaré muy lejos —anunció.. Wren. —A la orden. comandante. . El joven caminó lentamente hacia la puerta. En cualquier caso. Él no es peligroso. no creerá.

—Giles. —Puedo perfectamente sentir pena por un loco homicida. Quizá ya conocías a Mr. —Además. lo llamas por el nombre de pila. Tú lo sabes.—Lo mismo que Mrs. Christopher Wren. por favor. cariño. ¿Desde cuándo tanta confianza? —Oh. Ese condenado muchacho. —¿Sientes pena por un loco homicida? Molly lo miró de una manera curiosa. No seas ridículo. —Giles. No sé qué le ves. Pero estoy enfadado. —Lo siento. Quizá ya tenías planeado todo esto. ¿has perdido el juicio? ¿De qué demonios estás hablando? —Sugiero que Wren es un buen amigo. ¿No te parece un tanto curioso que decidiera alojarse en un lugar perdido como este? . —Me da pena. —¡Giles. que tienes con él una relación mucho más íntima que no quieres que yo conozca. el supuesto arquitecto. —¿Después de un par de días? Pero quizás haga más tiempo. Hoy día todo el mundo se llama por el nombre de pila. antes de que viniera aquí. estás loco! —Supongo que insistirás en que no lo habías visto nunca hasta que vino aquí. Giles. Boyle —replicó Giles sarcástico. Tal vez vino porque tú se lo sugeriste.

llevaba esos guantes cuando salí. Fui a Londres.—¿Es curioso en su caso y no lo es en del comandante y de la pobre Mrs. —¿No me digas? Eso es interesante. Este es uno de los guantes que llevabas anteayer. ¿no? El día que fui a Sailham a comprar la tela metálica. ¿cómo es que hay esto en el interior del guante? Sostuvo en alto el billete rosa con un gesto acusador. Por un instante. —El día que tú fuiste a Sailham a comprar la tela metálica —repitió Molly. —Sacó un guante del bolsillo y se lo enseñó—. No había visto a Wren jamás hasta que llegó aquí. Sí. —De acuerdo. debe de ser verdad. Boyle? —Creo que sí. —Fuiste a Londres —añadió Giles. —Molly levantó la barbilla desafiante—. . Y por lo que se ve. Giles. ¿Cómo le conociste? ¿Cuánto tiempo hace que dura esto? —Te estás comportando de una manera cada vez más absurda. reinó el silencio. —Dijiste que ibas al pueblo. que llevo semanas sin ir a Londres. Si solo fuiste al pueblo. Siempre he leído que los locos homicidas sienten una fascinación especial por las mujeres. Giles. —¿No fuiste a Londres hace dos días para reunirte con él y acordar que viniera aquí como si fuera un desconocido? —Sabes muy bien. mirándole fijamente—.

. —No. Y como no confías en mí.—Para reunirte con Wren. —Pues yo siento lo mismo. —Entonces. —¿Cuándo te he mentido? —¿Crees que me tragué esa historia de la tela metálica? Tú también estuviste en Londres hace dos días. —¡Claro! Necesitas tiempo para inventarte una buena historia. Es algo que ocurre con demasiada frecuencia en las riñas de enamorados. aunque casi lo desearía. Simplemente tengo la sensación de que ya no sé nada de ti. Ninguno de los dos advirtió que la puerta de la cocina se había abierto hasta que oyeron un carraspeo. —¡Riñas de enamorados! —exclamó Giles despectivamente—.. no te lo diré. —Supongo que me viste. ¿para qué? —De momento. Esa sí que es . Un hombre que me miente. Solo eres un desconocido. —¡Creo que te odio! —Yo no. no fui para reunirme con Christopher. —¿Confiar en ti? No volveré a confiar en nadie nunca más. —Perdón —murmuró Paravicini—. Confío en que no se estén diciendo cosas que lamentarán más tarde.

—Por favor. Se inclinó cortésmente y le sopló un beso. Paravicini. Sin embargo. Mr. mi querida señora? —Usted se viene conmigo a la sala. —Ahora que menciona la comida —dijo Paravicini mientras se acercaba ágilmente a Molly—. El sargento puede apañárselas sin mí.buena. Se suele decir que la policía tiene una pista. Paravicini se rió por lo bajo. Pero ¿una idea? Lo dudo mucho. Paravicini —exclamó Molly violenta. Tiene miedo de mis tendencias sádicas. ya sé como se siente. . Pasé por lo mismo cuando era joven. —Su marido está preocupado por usted. —Ve tú. Al parecer. —¿Debo quedarme y ayudarla. pero no creo que vaya muy sobrado de inteligencia. Paravicini —afirmó Giles. ahora vengo a avisarles que el inspector insiste en que debemos ir todos a la sala. no de las deshonrosas. ¿alguna vez ha preparado higadillos de pollo sobre una tostada con foie gras y una loncha de panceta muy fina untada con mostaza? —El foie gras no es algo que abunde en estos días —comentó Giles—. Giles. Algo natural. Yo tengo que ocuparme de la comida. No le agrada la idea de dejarnos a solas. tiene una idea —se mofó Paravicini—. —Oh. Vamos. El sargento parece una persona muy bien dispuesta y concienzuda.

. Se ríe y se burla. Se echó a reír. no puedo. No es nada agradable. o al inspector. El asesinato es más importante que la comida. es una canción siniestra. Paravicini. No sé si se han dado cuenta. —Es usted un joven muy prudente —dijo a Giles—. Comenzó a tararear alegremente. ¿Puedo demostrarle a usted. no lo haga —dijo Molly—. Ven. que no soy un maníaco homicida? No. A los condenados siempre les sirven una buena comida. Trotter debe de estar impaciente. Por supuesto. no tararee esa horrible canción —rogó Molly. Eso. Molly. —La tengo metida en la cabeza. No corre ningún riesgo. como un gato jugando con un ratón. La voz de la joven se elevó histérica. Ahora que lo pienso.El huésped meneó la cabeza. —Por favor. Es algo que resulta muy difícil de demostrar. al menos. Podría contarle cosas de los niños que le pondrían los pelos de punta. iremos todos juntos a la sala. pero a los niños les gustan las cosas horripilantes. Olvídate de la cocina. —No sé si estoy muy de acuerdo con usted —opinó Paravicini mientras seguía a la pareja con su paso saltarín—. a cualquier niño le encanta esa parte. —Tranquila. La canción es muy inglesa: la bucólica y cruel campiña inglesa: «Les cortó el rabo con un trinchante». —Por favor. Creo que usted también es cruel. es lo que dicen. Mr.

. —Muy bien —dijo el sargento cuando entraron—. Davis. —Sí. pero le recuerdo que hay cosas más importantes que la comida. Desfilaron hacia la puerta de la sala con Giles a la cabeza y Paravicini en la retaguardia. pero quiero que todos colaboren.IV Christopher se unió a ellos cuando cruzaban el vestíbulo. no los he encontrado —respondió Trotter ruborizado—. Piense que todos tendremos que comer en algún momento. Mrs. No diré nada más por ahora. sargento —protestó el comandante—. —¿Tardará mucho? —preguntó Molly—. Tengo cosas que hacer en la cocina. para eso. Dirigió a Molly una mirada ansiosa. a pesar de la mala cara que puso Giles. pero ella mantuvo la cabeza alta y la mirada al frente sin hacerle caso. —No. Pero creo saber quién es el culpable y sus razones para llevárselos. Me propongo realizar una reconstrucción y. En cambio. Boyle no necesitará otra comida. comandante. Mrs. —¿Ha encontrado los esquís. necesito la ayuda de todos ustedes. Trotter parecía muy animado. El sargento y Metcalf les esperaban. sargento? —preguntó Molly. Le agradezco su preocupación. —Por favor. podría decir las cosas con un poco más de tacto. Sin ir más lejos. —Lo siento. El comandante mostraba una expresión de malhumor.

—Ya está bien. . A la muchacha se le subieron los colores. Paravicini en esta sala. Está sucediendo aquí y ahora. Trotter se aclaró la garganta antes de dirigirse a ellos con voz solemne. Los demás la miraron asombrados. joven —intervino Metcalf—. Esto es real. —Está muy bien eso del último capítulo y de hablar como si esto fuese una novela de misterio. Pueden ser ciertas o no. no lo haga —intervino Paravicini—. Boyle. —El asesino se divierte —murmuró Molly. cuatro son ciertas y una falsa. Para decirlo sin rodeos. No tengo manera de verificarlas. hace muy poco escuché sus declaraciones sobre dónde se encontraban en el momento de cometerse el asesinato de Mrs. Resulta más emocionante. Davis en la cocina. El policía no pareció muy complacido con la cita. Mrs. —Esto no es un juego. —¿No lo es? Pues creo que se equivoca. —Solo repito lo que me dijo el sargento. Siempre me han gustado las explicaciones al final. Paravicini. Me parece que para alguien sí lo es. ¿Cuál de ellas? Miró uno a uno los rostros de los presentes. Wren y Davis estaban en sus respectivas habitaciones.—Por favor. El comandante en el sótano y Mr. señor. en el último capítulo. —Mientras no me pase a mí —manifestó Wren. Mr. acariciándose el cuello. Esas fueron sus declaraciones. El sargento va a decirnos lo que quiere que hagamos. —Como recordarán.

pero supongamos que todos tuvieran que repetir sus movimientos en el momento del crimen. Alguien podría mentir por alguna otra razón. ¡Vaya idea! —No se trata de la reconstrucción del crimen. —No necesariamente —apuntó Giles—. Cualquiera hubiera dicho que había cinco culpables en la sala. —¿Quiere usted que repitamos lo que hicimos? —preguntó Molly.—Cuatro de ustedes dijeron la verdad y hay uno que miente. Davis. Se me ha ocurrido un plan que quizá me ayude a descubrir al mentiroso. Si descubro al mentiroso. Mr. —¿Qué espera averiguar? —Como comprenderá no voy a explicárselo ahora. Davis. habré descubierto al asesino. Reinó un silencio cargado de tensión. «Es una trampa —pensó Molly—. —¡Bah! —exclamó Metcalf con evidente desprecio—. —Eso es. Mrs. —Veamos. —Lo dudo. sino de repetir los movimientos de unas personas. ¿cuál es la idea? Acaba de decir que no tiene manera de verificar nuestras declaraciones. aunque no sé dónde está». La reconstrucción del crimen. —No. comandante. en lugar de .

¡A mí me parece una tontería! —¿Usted cree. con muchas florituras. Paravicini dijo que estaba sentado al piano y que tocaba una canción — añadió Trotter—. haremos lo que usted dice. Christopher fue el primero en ceder a la tensión. ¿Tenemos que repetir exactamente lo que hicimos antes? —Sí. Cooperaremos. Todos espiaron de reojo al joven seguro y sonriente que les había propuesto algo en apariencia inocente. —Mr. Mr. Wren? —Por supuesto. cómo piensa descubrir al culpable solo con repetir los movimientos de cada uno de nosotros. Disfruta». . Paravicini se acercó rápidamente al piano y se sentó en el taburete. señor? —Por supuesto. sencillamente. La ambigüedad de la respuesta pareció provocar el recelo del comandante. Las notas de la canción crearon un ambiente siniestro en la sala. «Se está divirtiendo —se dijo Molly—. sargento —afirmó Giles—. Les mostró el índice y. ¿Tendría usted la bondad de mostrarnos exactamente lo que hizo. —No veo. repetirán ustedes los mismos movimientos.cuatro inocentes y un culpable. —El maestro interpretará al piano la rúbrica musical de un asesinato — anunció con tono grandilocuente. comenzó a interpretar Tres ratones ciegos. mi querido sargento.

—Muchas gracias, Mr. Paravicini. Supongo que es así como la interpretó
entonces.
—Sí, sargento. La toqué tres veces.
El policía miró a Molly.
—¿Toca usted el piano, Mrs. Davis?
—Sí.
—¿Podría usted interpretar la canción de la misma manera que Mr. Paravicini?
—Por supuesto.
—Entonces, siéntese al piano y prepárese para tocarla cuando le dé la señal.
Molly le miró un tanto intrigada, pero fue a ocupar su lugar.
Paravicini protestó mientras abandonaba el taburete.
—Sargento, acaba de decir que debíamos repetir lo que hicimos. Yo estaba
sentado al piano.
—Se repetirán las mismas acciones, pero no necesariamente por las mismas
personas.
—No lo entiendo —apuntó Giles.
—Para mí está muy claro, Mr. Davis. Es una manera de verificar las
declaraciones y, sobre todo, una en particular. Ahora, les indicaré dónde deben
situarse. Mrs. Davis se quedará aquí, sentada al piano. Mr. Wren, ¿tendría la
bondad de dirigirse a la cocina? De paso aproveche para vigilar la comida. Mr.
Paravicini, usted irá al dormitorio de Wren. Allí podrá usted ejercitar su talento

musical silbando Tres ratones ciegos. Comandante, usted subirá al dormitorio de
Mrs. Davis y verificará si el teléfono está averiado. En cuanto a usted, Mr. Davis,
se meterá en el armario y bajará al sótano.
Hubo una pequeña pausa y, después, los cuatro hombres se dirigieron a la
puerta. Trotter les siguió.
—Cuente hasta cincuenta y comience a tocar, Mrs. Davis —dijo por encima del
hombro.
Salieron y, antes de que Trotter cerrara la puerta, Molly escuchó el comentario
de Paravicini:
—Nunca pensé que la policía fuera tan aficionada a los juegos de salón.

V
—Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta.
Molly acabó de contar y, obediente, comenzó a tocar el piano. Se escucharon
en la sala las notas de la canción.
Tres ratones ciegos.
Mira cómo corren...

La muchacha notó cómo su corazón latía cada vez más deprisa. Tal como había
dicho Paravicini, era una canción horrible y cruel. Mostraba la incomprensión
infantil ante la piedad que resultaba tan terrorífica cuando la manifestaba un
adulto.
Apenas si oía la tonada que Paravicini, en el papel de Wren, silbaba en el
dormitorio.
De pronto, comenzó a sonar la radio en la biblioteca. Seguramente la había
encendido el sargento. ¿Entonces era él quien representaba el papel de Mrs.
Boyle?
Pero ¿por qué? ¿Adónde pretendía llegar con todo aquello? ¿Dónde estaba la
trampa? Porque, sin lugar a dudas, se trataba de una trampa.
Notó una ráfaga de aire helado en la nuca. Volvió la cabeza rápidamente. Era
obvio que alguien había abierto la puerta y se encontraba ahora en la sala. No, no
había nadie más. Pero de pronto tuvo miedo. Sí, alguien había entrado. ¿Y si fuera
Paravicini que ahora se acercaba al piano con aquellos saltitos suyos y sus largos
dedos apretando y apretando?
«Así que está interpretando su propia marcha fúnebre, mi querida señora, una
feliz ocurrencia». «Tonterías, no seas estúpida. Además, estás oyendo cómo silba
en el dormitorio, al igual que él oye cómo tocas el piano».
Casi apartó las manos del teclado cuando se le ocurrió la idea. Nadie había

escuchado a Paravicini tocar el piano. ¿Era esta la trampa? ¿Era posible que
Paravicini no hubiera tocado el piano, que no hubiera estado en la sala sino en la
biblioteca, estrangulando a Mrs. Boyle?
Paravicini se había enfadado, y mucho, cuando Trotter dijo que ella tocara el
piano. Había recalcado la suavidad de su interpretación. Por supuesto, lo había
hecho para justificar que nadie lo hubiera oído. Porque si alguien que no la
hubiera oído antes lo hacía ahora, Trotter se saldría con la suya: pillaría al
mentiroso.
Se abrió la puerta de la sala. Molly, expectante ante la posible aparición de
Paravicini, apenas contuvo un grito. Pero solo era el sargento que se presentaba
en el mismo instante en que ella terminaba la interpretación.
—Muchas gracias, Mrs. Davis.
Parecía muy complacido consigo mismo y su actitud era enérgica y confiada.
Molly apartó las manos del teclado.
—¿Ha conseguido lo que buscaba? —preguntó.
—Sí, por supuesto. —El tono de Trotter era triunfal—. He conseguido
exactamente lo que quería.
—¿Quién es?
—¿No lo sabe, Mrs. Davis? Venga, no es tan difícil. Por cierto, ha sido usted, si
me permite decirlo, extraordinariamente imprudente. Me ha dejado averiguar
quién será la tercera víctima. Como resultado, ha corrido un grave peligro.

—¿Yo? No sé a qué se refiere.
—Me refiero a que no ha sido sincera conmigo. Me ocultó la verdad, lo mismo
que Mrs. Boyle.
—No le entiendo.
—Claro que me entiende. Cuando mencioné por primera vez el caso de
Longridge Farm, usted lo sabía todo. Oh, sí. Estaba inquieta y fue usted quien
confirmó que Mrs. Boyle había sido la funcionaria encargada del alojamiento en
esta región. Usted y ella son de por aquí. Así que cuando me pregunté quién
podría ser la tercera víctima, comprendí que era usted. Conocía de primera mano
todo lo ocurrido en Longridge Farm. Los policías no somos tan tontos como
parecemos.
—Usted no lo comprende —replicó Molly en voz baja—. No quería recordarlo.
—Lo comprendo. —La voz de Trotter cambió un poco—. Su apellido de soltera
es Wrainwright, ¿no es así?
—Sí.
—Además, usted es mayor de lo que dice ser. En 1 9 4 0 , cuando sucedió aquello,
usted era maestra en la escuela de Abbeyvale.
—¡No!
—Sí que lo era, Mrs. Davis.
—No lo era. Se lo juro.
—El niño que murió se las arregló para enviarle una carta. Robó el sello. La

carta suplicaba ayuda, pedía socorro a su bondadosa maestra. Una de las
obligaciones de los maestros es averiguar por qué un niño no va a la escuela.
Usted no se ocupó de hacerlo. No hizo caso de la carta del pobre crío.
—¡Basta! —Las mejillas de Molly tenían el color de la grana—. Usted está
hablando de mi hermana. Ella era la maestra y no es verdad que no hiciera caso
de la carta. Estaba enferma, tenía una neumonía. No leyó la carta hasta después
de la muerte del niño. La trastornó muchísimo. Era una persona muy sensible. No
fue culpa suya. Pero soy incapaz de recordar todo aquello. Para mí ha sido como
una pesadilla que siempre me ha perseguido.
Molly se tapó los ojos con las manos. Cuando las apartó, Trotter la miraba
fijamente.
—Así que fue su hermana —comentó en voz baja. En su rostro apareció una
sonrisa extraña—. No tiene mucha importancia, ¿verdad? Su hermana, mi
hermano.
Sacó algo del bolsillo. Ahora sonreía, feliz.
Molly miró boquiabierta el objeto que Trotter tenía en la mano.
—No sabía que la policía llevara armas.
—La policía no —replicó el joven—. Pero verá, Mrs. Davis, no soy policía. Soy
Jim, el hermano de George. Usted creyó que era policía porque llamé desde la
cabina del pueblo y dije que el sargento Trotter venía de camino. Cuando llegué,
lo primero que hice fue cortar el cable telefónico para que no pudiera llamar a la

Este es el revólver de su marido. Molly se armó de valor. Tienes que distraerle». Davis. Mrs. La mujer del granjero fue muy cruel con nosotros y ustedes no quisieron ayudarnos. Jim. Todos creerán que él la mató. Ha sido muy gracioso desde el principio. horrorizada. Pero ahora soy mayor. Lo cogí de su dormitorio. Juré que los mataría a todos ustedes cuando me hiciera mayor. Tenía miedo de que me impidieran hacer lo que quería. los médicos me hacían preguntas continuamente. —Sí. de que era una sonrisa infantil. Tuve que largarme. Aquella espantosa mujer nos envió allí. y no grite. ¡Fingir! Aquella mujer en Londres. Los adultos pueden hacer lo que quieren. Él murió en la granja. a los tres ratones ciegos. la cara que puso cuando me reconoció. Molly se dio cuenta. pero después volvió a reír—. soy el hermano de George. No he dejado de pensar en mi promesa desde entonces. «Habla con él —pensó—. —Escuche. Si lo hace. Molly solo tenía ojos para el revólver que la apuntaba directamente. apretaré el gatillo. No es que me importe. —No se mueva. En el ejército no dejaban de molestarme. —El rostro de Jim se ensombreció por un momento.comisaría. Pero no creo que pase nada. nunca conseguirá salir de aquí. —Alguien ha escondido mis esquís. Continuaba sonriendo. También su voz comenzaba a sonar cada vez más como la de un niño. ¡Y la estúpida mujer de . —Frunció el entrecejo—.

muchacho —su voz adquirió un tono amable y bondadoso al dirigirse a Trotter. Soy el inspector Tanner.esta mañana! —Asintió enérgicamente. Me oculté detrás del sofá. Giles entró a la carrera con Christopher y Paravicini pisándole los talones. se lanzaba sobre Trotter. Sonó un disparo y la bala agujereó uno de los mediocres óleos que tanto habían gustado a la difunta miss Emory. Estarás muy bien. Al cabo de un momento. estaba escondido ahí desde el principio. para hacer todavía más espantosa la situación. Nosotros te cuidaremos. El comandante. Yo soy policía. vendrás conmigo. Entonces. Davis! Molly obedeció en el acto mientras Metcalf. sin soltar a Trotter. que acababa de aparecer por detrás del respaldo del sofá. . Sabía que no era policía. Mrs. que se mostraba muy dócil—. Arreglamos con Metcalf que yo le suplantaría. se oyó con toda claridad a alguien que silbaba Tres ratones ciegos. explicó lo ocurrido con frases concisas y claras. Ahora. aquello era un caos. Scotland Yard consideró conveniente tener a alguien aquí. —Entré mientras usted tocaba el piano. Nadie te hará daño. Trotter se distrajo. —¿George no se enfadará conmigo? —preguntó el joven con una lastimera voz infantil. el arma vaciló y una voz gritó: —¡Al suelo.

Les convenceré para que me lleven con ellos. que susurró a Giles cuando pasó a su lado—: El pobre diablo está como un cencerro. Paravicini tocó el brazo de Christopher. Iba a ser una sorpresa. —¡Es increíble! Yo también fui a Londres para comprarte un regalo y no quería que lo supieras. Estaba radiante.. Giles y Molly se quedaron solos. —Usted. Giles. no. estaba tan confundida. Salieron juntos. ah. querida. Se abrió la puerta y entró Paravicini con su andar tan característico. —Cariño. —Lamento interrumpir la reconciliación. George no se enfadará —le respondió Tanner. celoso de ese pobre neurótico. ¿estás segura de que no te ha hecho daño? —No. al siguiente. Casi llegué a creer que tú.. —Me comporté como un estúpido. una escena encantadora. amigo mío. Un coche de la policía ha conseguido pasar. fui a comprarte el regalo de aniversario para mañana. Se miraron por un instante y. debo despedirme.—No. Pero. se viene conmigo. Perdóname. Estoy muy bien. estaban abrazados. ¿Por qué fuiste a Londres? —Querida. —Se inclinó para susurrar misteriosamente al oído de Molly—: Quizá me encuentre en algún trance embarazoso en un futuro .

Davis. —¿Medias de nilón? —murmuró Molly—. algunas latas de foie gras. Otra cabeza asomó en la puerta de la sala. acéptela con mis saludos para una dama encantadora. . —Queridos míos. encontrará mi cheque en la mesa del vestíbulo. Molly salió a la carrera de la sala. Mrs. Besó la mano de Molly y se marchó. digamos con una oca. Paravicini? ¿Papá Noel? —Supongo que alguien que se dedica al mercado negro.próximo. Y si usted recibe una caja. ¿Debo hacer algo al respecto? Al grito de: «¡Mi pastel!». un jamón y algunos pares de medias de nilón. ¿Foie gras? ¿Quién es Mr. espero no interrumpir. pero estoy seguro de que arreglaré las cosas. Esta vez era Wren. pero hay un terrible olor a quemado que sale de la cocina.

UNA BROMA EXTRAÑA .

Como la gran actriz que era. gracias a los buenos oficios de la actriz. En los ojos de los dos jóvenes que. un gigantón de pelo rubio y expresión bonachona. Lo curioso era que la persona merecedora de tan elocuente presentación fuese un anciana solterona de aspecto amable y un tanto despistado.—Y esta —anunció Jane Helier para finalizar con las presentaciones— es miss Marple. era una grácil morena. ella es lo que se dice una maravilla —afirmó Jane en respuesta a la mirada—. Desvió la vista un segundo hacia la anfitriona. le dio el tono preciso para indicar que era el momento cumbre. —Querida. se reflejaban la incredulidad y la decepción. . acababan de conocerla. aunque la duda seguía presente en sus ojos. Será algo muy sencillo para usted. Formaban una buena pareja: ella. En su tono se mezclaban un reverente respeto y complacencia. —Miró a la anciana—. Sé que lo solucionará. Ya veréis como os lo soluciona. Charmian Stroud. La mirada de los ojos azul claro de miss Marple se fijó en Rossiter. y él. el gran final. —Estamos encantados de conocerla —manifestó Charmian. Edward Rossiter.

Se interrumpió. al vivir en un pueblo tan pequeño como el mío. ¡Nada de eso! Lo que ocurre es que. Edward y yo estamos en un aprieto. nos presentaría a alguien que era.. —¿Sí? ¡Promete ser algo emocionante! —Lo sé.. —¡Jane dice que usted es el no va más de los detectives. ¿Cuál es el problema? —Uno extraordinariamente vulgar: se trata de un tesoro escondido — respondió Edward.. no. llegas a conocer a fondo la naturaleza humana. ninguna indicación del tipo: «cuatro pasos a la izquierda. desmentido por el placer que se reflejaba en su mirada—. Ahora estamos discutiendo qué . Pero ahora me pica la curiosidad. Algo así como La isla del tesoro. No hay ningún punto marcado en el mapa con una calavera y dos tibias cruzadas. oeste cuarta al noroeste». —¿Lo han hecho? —¡Creo que hemos cavado nuestros dos buenos acres! Hemos dejado un campo arado listo para ser convertido en huerto.. Solo nos indica dónde cavar. Pero nuestro problema carece de los habituales toques románticos.—¿Me explicará alguien de qué se trata? —Jane es amiga nuestra —dijo Charmian impaciente—. no! —exclamó la aludida en un tono de modestia. Es condenadamente vulgar. Jane nos dijo que si veníamos a la fiesta. Rossiter acudió al rescate. que podría. miss Marple! —¡Oh.

Edward y yo eramos sus únicos parientes. contábamos con la herencia. Nos quería mucho y siempre decía que. Charmian empezó su relato en cuanto se sentaron.debemos cultivar: si calabacines o patatas. —¡Bueno. tío. Era muy viejo. —Entonces. En realidad le queríamos mucho. no te aprietas el cinturón e intentas salir adelante por tus propios medios. o mejor dicho. francamente. Ven. fue un golpe muy duro para ambos. Y eso. tío bisabuelo de nosotros dos. Quizá lo que acabo de decir suene un poco duro. —¿Quiere que se lo contemos todo? —preguntó Charmian con un tono un tanto brusco. Falleció el pasado marzo y dejó todo lo que tenía dividido en partes iguales entre Edward y yo. cuando muriera. Pero estaba muy enfermo desde hacía tiempo. repartiría su dinero entre nosotros. busquemos un lugar más tranquilo. —Por supuesto. Me refiero a que cuando sabes que te tocará una buena cantidad. No me refiero a que nos alegráramos de su muerte. Verá. Edward? —Efectivamente —admitió el amable Edward—. Abandonaron la repleta sala llena de humo y subieron las escaleras para ir a un cuarto pequeño en el segundo piso. querida. ¿no es así. vamos a lo nuestro! La historia comienza con tío Mathew. Edward. Estoy en el . —La muchacha hizo una pausa y después añadió con un tono un poco airado—: La cuestión es que todo lo que nos dejó resultó ser prácticamente nada.

pero que no da dinero. A medida que tío Mathew se hacía mayor. —Venga. Contábamos con hacer un buen matrimonio. es probable que tengamos que vender Ansteys. tendremos que venderla.ejército y no tengo más ingresos que la paga. en su momento. La iniquidad de la naturaleza humana es absolutamente increíble. un trabajo muy interesante del que disfruta. Trabaja como directora escénica en un teatro. todavía no hemos mencionado el punto importante —señaló Edward. desconfiaba cada vez más de la gente. otro que había acabado en la ruina por los trapicheos de un abogado estafador. La cuestión es que eso creía nuestro tío. que es la casa de la familia y que a los dos nos encanta. —¡Pues ahora resulta que no hay tal! —protestó Charmian—. —Charmian. Tenía un amigo que había perdido su dinero a raíz de unas operaciones bancarias. ¡Es algo que se nos hace insoportable! Pero si no encontramos el dinero de tío Mathew. miss Marple. —Quizás esté usted en lo cierto. —Se trata de lo siguiente. ¡No confiaba en nadie! —Algo muy sabio de su parte —opinó la anciana—. dilo tú. Para colmo. y él mismo perdió el dinero que invirtió en una compañía fraudulenta. disfrutaríamos de una situación holgada. Llegó un momento en el que proclamaba que la única cosa segura y sensata era convertir el . y Charmian no tiene ni un penique. sin tener muy en cuenta el tema del dinero porque ambos sabíamos que.

Esas eran sus palabras. Después señaló su ojo derecho y nos hizo un guiño. No os preocupéis». Llevaba varios días en coma. A mí me recordó . decía. compró oro y lo enterró. —¿Eso le dice alguna cosa? —preguntó Edward ansioso—. pero recobró el conocimiento minutos antes de morir. pero él proclamaba que eso era secundario. —Ah. hay que «tenerlo guardado en un cofre debajo de la cama o enterrado en el jardín». Nos miró y se echó a reír con una risa muy suave y débil. No lo hizo. mis queridos tortolitos. —Averiguamos que había vendido todos los títulos —añadió Edward— y que había retirado cantidades considerables de vez en cuando. ahora comienzo a entenderlo —apuntó miss Marple. apenas si dejó alguna cosa en títulos. —Se llevó un dedo al ojo derecho —murmuró miss Marple pensativa.dinero en oro y enterrarlo. aunque era millonario. cuando murió —explicó Charmian—. Por lo tanto. creemos que hizo lo que predicaba. pero nadie sabe qué hizo con el dinero. Dijo: «Todo está arreglado. —¿No dijo nada antes de morir? ¿No dejó ningún documento? ¿Ninguna carta? —Eso es lo más irritante de todo. Tuvo no sé cuántas discusiones con sus amigos. que intentaban convencerlo de que no sacaba ningún rendimiento del dinero. Todo apunta a que cumplió su palabra. Al segundo siguiente estaba muerto. —Después. —Sí. Pobre tío Mathew. El grueso del dinero.

¡Venga usted a Ansteys y después ya me dirá si es tan sencillo! Es posible que no pretendiera que la invitación fuera tomada al pie de la letra. —En ese caso. —No soy adivina. —¡Pues ya lo ve! —exclamó Charmian con un acento melodramático. sería muy sencillo. —¿Cree que lo sabría si fuera allí? —preguntó Charmian. No conocí a su tío. querida. —¡Jane nos dijo que usted nos diría en el acto dónde cavar! —rezongó Charmian desilusionada. —La verdad es que no se me ocurre nada en este momento. ¿no creen? —¡Sencillo! —exclamó Charmian—. máxime —añadió con una sonrisa de felicidad— cuando de por medio hay un interés amoroso. en la que había algo escondido en el ojo de cristal de un hombre. Habían estado . Pero nuestro tío no tenía un ojo de cristal. pero miss Marple. es muy amable de su parte. Siempre he soñado con buscar un tesoro enterrado. —Miss Marple sonrió—. La anciana meneó la cabeza. Acababan de completar un extenso recorrido por toda la finca. y tampoco conozco la casa ni el parque.una de las novelas de Arsenio Lupin. ni sé cómo era. replicó con un tono enérgico: —Vaya.

y habían contemplado con expresión triste los hoyos que salpicaban lo que había sido una vez una extensión de césped liso como una mesa de billar. —Han sido muy concienzudos. que tenía una asistenta que enceraba el linóleo hasta dejarlo precioso. esta se deslizó y la pobre mujer cayó con tan mala . donde no quedaba sin vaciar ni uno solo de los cofres y baúles. Como mi amiga Mrs. En la mesa de la sala de diario había una montaña de papeles: eran los documentos dejados por el difunto Mathew Stroud. donde se había cavado alrededor de cada árbol que destacara entre los demás. Eldritch salió de la bañera y pisó la alfombrilla de corcho. donde habían levantado todas y cada una de las baldosas. en exceso. cuando Mrs. con el deseo de encontrar una pista hasta ahora desconocida. Habían estado en cada uno de los bosquecillos. las invitaciones y la correspondencia comercial las veces que hiciera falta. Eldritch. Habían estado en el desván. Habían medido y perforado las paredes. En mi opinión. y Charmian y Edward estaban dispuestos a revisar las facturas. No habían destruido ni uno solo. y le habían mostrado a miss Marple todos los muebles antiguos que contenían o podían contener un cajón secreto.en el huerto. —¿Se le ocurre algún sitio que no hayamos mirado? —preguntó Charmian anhelante. Habían bajado al sótano. Siempre he dicho que uno debe tener un plan. querida. atravesado ahora por multitud de zanjas. pero era tan voluntariosa que enceró demasiado el suelo del baño y.

La solterona se sentó a la mesa y repasó metódicamente todos los documentos. —Vaya. Mientras los dejaba. . —¿Y qué me dice. Tengo tendencia a irme por las ramas —añadió miss Marple rápidamente—. Pero una cosa te recuerda otra y. No quiero ser una entrometida. que no haya algo privado. claro está. estaba cerrada por dentro con llave y el jardinero tuvo que coger una escalera de mano y entrar por la ventana. Eldritch. —Señaló el montón de papeles—. La anciana salió de su ensimismamiento. eso resulta útil. todo hay que decirlo. —Piense usted en uno.. Pero mucho me temo que no encontrará nada. Siempre. —No pasa nada. Por supuesto. que siempre había sido muy pudorosa.. los fue clasificando de manera inconsciente en varios montones. —Perdón. Si no le importa.fortuna que se rompió una pierna. se quedó mirando al vacío durante unos minutos. Cuando acabó. Edward se balanceó sobre los pies como muestra de su impaciencia. malhumorado—. echaré una ojeada a todo esto. sé que resulta agotador. Charmian y yo somos ya incapaces de pensar en nada más. Solo intentaba decir que si aguzamos el ingenio y pensamos en algún lugar probable. miss Marple? —preguntó Edward con cierta sorna. miss Marple —dijo Edward. algunas veces. Resultó muy embarazoso porque la puerta del baño. algo muy inconveniente para Mrs. vaya. por supuesto.

Edward se dijo que.—¿Qué? Ha sido muy útil. Pobre tío Henry. era verdad. En los últimos tiempos. —¿Ha encontrado algo importante? —No. El significado era inconfundible: «Chochea». y llegó al extremo de comer solo huevos duros. evidentemente. —Era muy aficionado a los retruécanos y. Había sido una persona muy alegre. pero poco dado a los compromisos. pero no siempre. para algunas personas. Pero ahora creo saber qué clase de hombre era su tío Mathew. Aficionado a las bromas y. por supuesto. Además. Un simple juego de palabras puede ser muy irritante. en absoluto. le dio por decir que los criados le envenenaban la comida. La visitante continuó hablando alegremente de su difunto tío Henry. Estaba convencido de que los sirvientes le robaban. . Decía que nadie podía meter nada en un huevo duro. Le encantaba el café después de cenar. era muy suspicaz. ¿Quizás algún desengaño juvenil? Un hombre metódico hasta cierto punto. Pero la cosa se fue agravando con los años. en lugar de decir que quería un poco más. Muy parecido a mi tío Henry. un solterón. si escuchaba una palabras más sobre el tío Henry. Me pregunto el porqué. ¡Típico de los solterones! Charmian aprovechó que miss Marple no la veía para hacerle un gesto a Edward. no hay nada más detestable que los retruécanos. Algunas veces. Siempre decía: «Este café es muy espeso». se volvería loco.

tenía guardado el dinero en otro lugar. no sé si me entienden. intentó librarse con el mayor tacto posible de la visitante que no les había ayudado en nada. —Ha sido muy amable de su parte venir hasta aquí e intentar ayudarnos. —Se lo tuvo bien merecido —opinó Edward. Dejaba bolsas de caramelos allí donde los niños no podían cogerlas. no era más que un viejo solterón y no estaba acostumbrado a tratar con los pequeños. Afirmaba que era lo más seguro. —¿Crees que no lo había pensado? Revisé todos los libros el martes pasado cuando fuiste a Portsmouth. Después. —No. pero le divertía incordiarles. Verán. ¿Echamos una ojeada a la biblioteca? Charmian meneó la cabeza con una expresión despectiva. Solía guardar mucho dinero en la casa y mandó instalar una caja de caudales. No había nada. ¡Dijo que nadie nunca cogía un libro de esos de los estantes! —Vaya. Los saqué uno por uno y los sacudí. Tanto habló del tema que una noche entraron ladrones en la casa y abrieron un boquete en la caja. Se lo dijo a todo el mundo. detrás de unos libros de sermones en la biblioteca. olvidándose de la cortesía.—También le gustaban los niños —añadió la anciana—. Edward exhaló un suspiro. . querida. Tampoco era un estúpido. —Pero es que allí no había nada —explicó miss Marple—. —¡Qué cosa más detestable! —exclamó Charmian. es una muy buena idea —exclamó Edward—.

—Sí. Será muy sencillo. como escribe Mrs. me refiero a su tío Mathew. Mr. Estoy segura de que hizo lo más obvio. Perdón. —Siempre dijo. Casi todas las recetas comienzan con: «Coja un cuarto de crema de leche y una docena de huevos». —Pero si aún tenemos que encontrar el dinero —protestó miss Marple—.Lamento que haya sido un fracaso y. querida. Beeton en su libro de cocina. ya tenemos la liebre. —No se puede guardar lingotes de oro en un cajón secreto —afirmó Edward con tono desabrido. —¿Sencillo? —repitió Charmian incrédula. —¡Lo mismo que mi tío Henry con su caja de caudales! Sospecho que aquello fue solo una pantalla. Iré a buscar el coche y la llevaré a la estación. sí. y ahora solo nos queda decidir dónde pudo esconder el dinero.. Podrá tomar el tren de las tres y media. Rossiter. por supuesto que no. aún más. un libro magnífico pero muy caro. Para ser exactos. Hay que perseverar. Creo que la solución es un cajón secreto. Primero coges la liebre. haber abusado de su tiempo.. ¿por dónde iba? Ah. No debe desanimarse a la primera. les diré que todavía no he comenzado. Bueno. no. —¿Quiere decir que seguirá intentándolo? —Claro que sí. Diamantes. por supuesto. Pero no hay ningún motivo para creer que se trata de oro. —No. Es mucho más fácil guardar diamantes en un .

Mi tío Henry tenía un escritorio idéntico. la enderezó. Llamamos a un carpintero para que revisara todos los muebles. Cogió una de las horquillas que le sujetaba el moño. No tuvo muchos problemas para abrir un segundo cajón que contenía un fajo de cartas descoloridas por los años y . —¿Eso hizo. Charmian se acercó al mueble y levantó la persiana para dejar a la vista los numerosos casilleros y gavetas. Hacían algo que llamaban el secreto dentro del secreto. Charmian lo sacó del todo y dejó a la vista un compartimiento totalmente vacío. aquí no hay nada. Se lo enseñaré. —Hemos mirado en todos los cajones secretos. —Supongo que el carpintero que llamaron era joven. El fondo del hueco central se deslizó hacia fuera.cajón secreto. Abrió una puertecita en el centro y tocó un resorte dentro del cajón de la gaveta izquierda. ¿Es aquel que está contra aquella pared? —Sí. —¡Qué coincidencia! —exclamó miss Marple—. —En cualquier caso —dijo Charmian—. Sugiero como escondite más probable el escritorio de su tío. No lo sabía todo. Los artesanos de aquellos tiempos eran muy hábiles a la hora de hacer los escondrijos. solo que el suyo era de nogal y este es de caoba. querida? Fue muy inteligente por su parte. e introdujo la punta en lo que parecía un agujero de carcoma.

Viven en un estado salvaje y pasan la mayor parte del tiempo nadando y bailando. Gray ha conseguido convertir a algunos. —Es una maldita receta de cocina. pero es un arduo trabajo y tanto él como su esposa se sienten desalentados. aunque nunca pensé cuando viajé a América que vendría a estas islas tan lejanas.un papel plegado. Intento mantenerme ocupada con las diversas tareas que me asignan y a menudo me digo que tengo mucha suerte de ver tanto mundo. Mr. Al joven le temblaban las manos cuando desplegó el papel pero lo dejó caer al instante. ¡Panceta curada al horno! Charmian deshizo el lazo que sujetaba las cartas. Cogió la primera y le echó una ojeada. debo confesar que el tiempo se ha hecho muy largo desde que recibí tu última carta. Hago todo . —¡Cartas de amor! Miss Marple reaccionó con entusiasmo. —¡Qué interesante! Quizá descubramos por qué no se casó su tío. y tapan su desnudez solo con guirnaldas de flores. en Hawái! Reanudó la lectura: Los nativos todavía están lejos de ver la luz. La joven hizo una pausa en la lectura y preguntó: —¿Dónde la escribió? ¡Ah. Charmian leyó en voz alta: Mi muy querido Mathew. Edward y Charmian cogieron las cartas.

P.D. Métalo en el horno a temperatura media. querido Mathew.lo posible por darles ánimos y alegrarles. La ausencia es una dura prueba para el corazón que ama. Que el cielo me perdone este pequeño subterfugio. pero también yo me siento triste por la razón que ya sabes. ¿Qué les parece? . leyó en voz alta: —Beicon curado al horno con espinacas. Se sobresaltaron al escuchar una risa. —Vaya. mirando las cartas—. Matilda Graves. miss Marple lo encontraba muy divertido. Acompañar con una guarnición de espinacas. Así que ese era el amor del tío Mathew. Coja un buen trozo de beicon curado. viajó por todo el mundo: la isla Mauricio y toda clase de lugares exóticos. como siempre. Betty Martin. Remito mi carta. Ahora y siempre tendrás mi fiel y devoto corazón. Tus palabras y muestras de afecto me animan. pínchelo con clavos de especias y cúbralo con azúcar moreno. ¿Por qué no se casaron? —Por lo que se ve —opinó Charmian. —¡Una misionera! —Edward soltó un silbido—. Supongo que murió de fiebre amarilla o algo por el estilo. a nuestra mutua amiga. Al parecer. querido Mathew. Tu verdadero amor. Al ver las miradas de la pareja. ¡Esto sí que es curioso! —comentó mientras leía la receta de panceta curada al horno. vaya.

—Muy cierto —admitió miss Marple—. —Opino que quizá lo están poniendo demasiado difícil. aquí podría estar la solución. Enciende la estufa eléctrica. Escucha. y sobre todo la firma. Charmian. los sobres son antiguos. Edward encendió la estufa y sometió el papel al tratamiento debido. —¡Charmian! ¡Ven aquí! Tiene razón. Vamos a calentarla. —Bien dicho. —Estoy seguro de que está escrita con tinta simpática. —¿Las cartas? —Sí. apenas si la escuchó. . Es muy significativo. —Solamente parecen viejas. que había hecho otro descubrimiento. Creo que lo importante son las cartas.—Me parece repugnante —dijo Edward. pero me refiero a qué les parece en su conjunto. —¿Cree que es un código. podría ser exquisito. Juraría que tío Mathew fue quien las falsificó. En la mente de Edward se hizo la luz. pero las cartas las escribieron mucho después. No hay ninguna razón para guardar una receta de cocina en un cajón secreto. —Efectivamente —aprobó miss Marple. La receta solo es una ayuda. pero no apareció ningún mensaje oculto. Edward. —No. no. Mira. un texto en clave? —Cogió el papel—.

que conoce usted la expresión: «Mi ojo y el de Betty Martin». ¿qué nos queda? ¡El beicon curado[3] y las espinacas! ¿Qué significa eso? Nada. —La firma. Su tío era un hombre muy sencillo. Como usted mismo acaba de decir. —¿A qué se refiere exactamente. Si quitamos los clavos de especias. —¡Betty Martin! —Por supuesto.—Todo el asunto es un fraude. Rossiter. el azúcar moreno y lo demás. —Supongo. nada más. o la loca es usted? —preguntó Charmian. ¿o está pasada de moda? Edward soltó una exclamación. ¿lo ve? Eso le da la pista. mientras miraba otra vez atentamente la carta. Las cartas las escribió su tío y supongo que se divirtió muchísimo. Por primera vez. Nunca existió la misionera. querida. Usted dijo que se tocó el ojo. pura tontería. La receta es una pista. —Me refiero a que ahora mismo tiene el dinero en sus manos. no es necesario complicarlo tanto todo. chicos. Por lo tanto. —¿Estamos locos. Ahí lo tiene. La . querida. Charmian miró la carta. miss Marple? —preguntó la joven. no existe tal persona. —Miren. debe tomar en consideración lo que hizo su tío momentos antes de morir. Quería disfrutar de su broma. Ahí tiene la clave de la superchería. le dedicaron toda su atención. que se usa para referirse a algo falso. Pero. está claro que lo importante son las cartas. Tiene que ser un código. Mr.

escritura de los sobres es mucho más antigua. ¿no? —A mí no —reconoció Edward. Supongo que los demás sellos son también raros y caros. Eso lo explica todo. Se sentó y se tapó el rostro con las manos. En realidad. Recuerdo que mi tío Henry le envió a su sobrina favorita un billete de cinco libras para que se comprara un regalo de Navidad. Solo que me aterra pensar que. —Hizo una pausa y después añadió recalcando las palabras—: Mil ochocientos cincuenta y uno. Un chiquillo encantador y un filatélico apasionado. Lo metió en una tarjeta postal.000 dólares. eso es lo que los viejos caballeros aficionados a las bromas nunca tienen en cuenta. Edward soltó un gemido. —Nada. de no haber sido por miss Marple. Recuerdo muy bien que mencionó un sello: uno azul de dos centavos de 1 851 . pegó los bordes y después escribió: «Con todo cariño y mis mejores . porque el matasellos de la carta que tiene usted en la mano es de 1 851 . podríamos haber quemado las cartas por respeto a la intimidad de nuestro tío. Se vendió en Estados Unidos por 2 5 . como dicen en las novelas de detectives. Fue él quien me habló de unos sellos raros y carísimos. —A mí tampoco me diría gran cosa —admitió miss Marple—. Lo sabe todo sobre los sellos. sino fuera por mi sobrino nieto Lionel. —Ah. los sobres no se corresponden con las cartas. Su tío debió de comprarlos a través de intermediarios con el propósito de borrar el rastro. y de que un nuevo descubrimiento saldría a subasta. —¿Qué pasa? —preguntó Charmian.

—Miss Marple. . Los sentimientos de Edward hacia el tío Henry habían sufrido un cambio brusco y radical. La pobre se enfadó tanto al ver la supuesta tacañería de su tío que arrojó la tarjeta al fuego. voy a buscar una botella de champán. Así que.deseos. por supuesto. tuvo que darle otras cinco libras. Brindaremos todos a la memoria de su tío Henry. Lamento no poder enviarte nada más este año».

EL CRIMEN DE LA CINTA MÉTRICA .

Desvió la vista un momento hacia la calle y vio a una persona que se acercaba con paso ágil. Tenía que probarle el vestido nuevo a Mrs. . gritó con su vozarrón: —¡Buenas tardes. Spenlow. labios finos y pelo gris. Miss Hartnell. Quedamos a las tres y media. También llevaba en la mano izquierda una bolsa de seda negra donde guardaba la cinta métrica. Spenlow esta tarde. El paquete contenía un nuevo vestido verde de invierno que traía para probárselo a Mrs. con la nariz afilada. un acerico y la tijera.Miss Politt levantó el llamador y golpeó discretamente en la puerta de la casa. alegre y curtida. Titubeó antes de usar el llamador por tercera vez. miss Hartnell —respondió la modista. Después de un intervalo prudente repitió la llamada. Miss Politt había trabajado años como doncella—. Perdone. miss Politt! —Buenas tardes. El paquete que llevaba sujeto bajo el brazo izquierdo le resbaló un poco mientras llamaba y lo acomodó en su sitio. una mujer de cincuenta y cinco años. pero ¿sabe usted si Mrs. La modista era una mujer alta y delgada. —Pues tengo un problema. Su voz baja sonó con un tono respetuoso. Spenlow está en casa? —No tengo la menor idea.

Además. No puede haberse marchado. pero no me han respondido. Supongo que Mrs. por si fuera poco. Spenlow no se habrá marchado sin acordarse de la cita. Spenlow estará durmiendo y que usted no ha hecho bastante ruido con esta cosa. La mujer cogió el llamador y dio varios golpes que hicieron temblar la puerta y. Echaré una ojeada a través de las ventanas a ver si hay alguna señal de vida. hoy es jueves. —Me parece que Mrs. Nos hubiéramos cruzado. así que me pregunto si Mrs. el día libre de Gladys. He llamado tres veces. por supuesto.Miss Hartnell miró su reloj. —¡Hola! ¿No hay nadie en casa? El silencio más absoluto fue la única respuesta. . —Así es. Spenlow se ha olvidado efectivamente de la cita y se ha marchado —murmuró miss Politt—. al tiempo que gritaba a todo pulmón. Volveré en otro momento. quiere el vestido para estrenarlo pasado mañana. —¿Por qué no atiende la llamada Gladys? —preguntó—. Miss Hartnell cruzó el jardín para unirse a miss Politt delante de la puerta de Laburnam Cottage. —Es un poco más de la media. No es algo habitual en ella. —¡Bobadas! —tronó miss Hartnell—. también la aporreó con la otra mano. Enfiló por el sendero hacia la verja. Ah.

y Mrs. miss Hartnell hizo una pausa teatral para permitir a su público que preguntara con tono morboso: —Diga. Spenlow preferían la sala de diario en la parte posterior. no vio ninguna señal de vida. «No perdamos la calma — le dije—. A través de la ventana. . Ya me iba cuando. Dijo algo de no querer quedarse sola. Spenlow tumbada sobre el felpudo delante de la chimenea: muerta. apareció Mr. por supuesto —manifestó miss Hartnell al contar la historia—. efectivamente. ¿qué aspecto tenía? —¡Sospeché algo en el acto! Mostraba una calma inusitada. —No perdí la cabeza. Quédese aquí mientras voy a buscar al agente Palk». Mr. la ojeada dio resultado. Pero aunque fuera rápida. pero no le hice caso. Miss Hartnell. contempló a Mrs. Hay que ser firme con esa clase de personas. En este punto. Disfrutan montando un escándalo.Celebró con una sonora carcajada el chiste que acababa de hacer y miró superficialmente a través de la ventana más cercana. No pareció sorprenderse en lo más mínimo. en aquel mismo momento. Spenlow. La pobre Politt no hubiera sabido qué hacer. Ya pueden decir lo que quieran. Todos asintieron a este comentario. Apenas se entretuvo porque sabía que correspondía a la sala que solo se abría a las visitas. pero no es natural que a un hombre le digan que su mujer ha muerto y no muestre la menor emoción.

quiero formularle algunas preguntas. El agente Palk se presentó en su casa. el viudo les pareció más sospechoso aún si cabe. La respuesta fue de una claridad meridiana para el policía. señora. cuando no había pasado media hora del descubrimiento del crimen.La policía también estuvo de acuerdo. la vieja solterona de expresión dulce —y según algunos. Spenlow. fue una de las primeras en recibir la visita de la policía. . con muchas ínfulas. Spenlow? —¿Puedo preguntarle de qué manera lo ha sabido? —replicó Palk sorprendido. En cualquier caso. —Tendida en el suelo de la sala —añadió miss Marple—. hojeando. Tan sospechosa les resultó la indiferencia de Mr. —¿Relacionadas con el asesinato de Mrs. Interpretó correctamente que el chico de la pescadería había dejado la información junto con la cena de la anciana. no lo encontraron junto al cadáver. Miss Marple. Estrangulada con un cinturón o una cuerda muy fina. dotada de una lengua viperina— que vivía en la casa junto a la rectoría. Spenlow era quien tenía el dinero y que su fortuna sería para el marido de acuerdo con las disposiciones del testamento redactado poco después del matrimonio. una libreta. —El pescado. Cuando descubrieron que Mrs. —Si no tiene inconveniente. que rápidamente investigaron cuál era la nueva situación del caballero como resultado de la muerte de su esposa.

que se relamió el bigote con evidente satisfacción. la doncella le informó que miss Marple se encontraba «ausente». ni a ninguna otra hora. volvió a poner cara de tipo importante y consultó la libreta. Spenlow sobre las dos y media? —Ni a las dos y media. hasta donde recuerda. recibió una llamada de miss Marple. tendrás suerte todo el día —citó. Spenlow? —Declaró. —Declaración hecha por Mr. Arthur Spenlow. —Confío en que sea cierto. ¿Qué quería preguntarme? Palk carraspeó.—Me pregunto cómo se las apaña Fred para saberlo todo —manifestó el agente enfadado. —¿Usted no llamó a Mr. Spenlow manifiesta que. además. marido de la muerta: «Mr. —Esa parte es cierta. que se presentó aquí tal como se le había pedido. Iba a añadir algo más pero miss Marple se le adelantó. —Tiene un alfiler en la chaqueta. —Si encuentras un alfiler y lo recoges. —¡Ah! —exclamó el agente. ¿Es eso cierto? —Por supuesto que no. Vino aquí. quien le preguntó si podía venir a su casa porque necesitaba hacerle una consulta». pero yo estaba en una reunión del Instituto de . El agente Palk se miró la chaqueta sorprendido. sobre las dos y media. Salió de su casa a las tres y diez y. al llegar aquí. —¿Qué más dijo Mr.

—¡Ah! —volvió a exclamar el policía. Le gustaba Mr. puntilloso y convencional en su lenguaje. Mi esposa tiene una floristería. Allí fue donde la conocí». Siempre me han gustado mucho las flores. Era un hombre pequeño. Había pedido consejo con un tono casi patético y había anotado cada una de las respuestas de miss Marple en un cuaderno. cuando era obvio que estaba habituado a la ciudad. con vivir algún día en el campo y tener mi jardín. pero que abría una puerta al romance: una joven y bonita Mrs. No tenía ni idea de semillas. hubiese intentado pasarse de listo. pero me parece como si alguien. de podar. . enjuto. —Dígame. Le confió el motivo a miss Marple: «Siempre he soñado. desde que era un niño. Spenlow. Spenlow? —dijo miss Marple pensativa.la Mujer. no sabía absolutamente nada de flores. ¿sospecha de Mr. ni de si las plantas eran caducas o perennes. Una declaración escueta. en un marco de flores. Mr. y no menciono a nadie. de plantar. —¿Mr. el colmo de la respetabilidad. Resultaba extraño que hubiera decidido venirse a vivir al campo. sin embargo. Spenlow? —No es a mí a quien le corresponde decirlo en este momento de la investigación. Spenlow. Solo tenía una visión: la de un pequeño jardín lleno de flores multicolores y dulces fragancias. agente. Spenlow.

porque no tardó mucho en caer enfermo y morir. Spenlow era una mujer con buen ojo para los negocios. quizás. La asesinada había comenzado a trabajar como criada en una mansión. y la pareja había abierto una floristería en Londres. La viuda continuó con el negocio cada vez más próspero y decidió venderlo cuando le hicieron una muy buena oferta. Después se volvió a casar. hizo que Mrs. Mary Mead. algunas de una manera sorprendente. Poco después de la boda.Era un hombre metódico. El negocio había prosperado. tal como le explicaba a cualquiera dispuesto a escucharla. Mrs. Mary Mead. un joyero de mediana edad. este detalle el que despertó el interés de la policía cuando encontraron asesinada a su esposa. vendieron la joyería y se trasladaron a St. Sin embargo. lejos de acentuar su creencia en el espiritismo. el éxito. muy pronto. Fue. que había heredado la empresa familiar que no iba muy boyante. esta vez con Mr. Los espíritus la habían aconsejado con mucho tino. Había dejado el empleo cuando se casó con el ayudante del jardinero. todo lo que descubrieron fue del dominio público en St. Spenlow se olvidara de los médiums y las sesiones. averiguaron muchas cosas de la difunta y. Todas sus inversiones habían prosperado. pero el antiguo jardinero no había tenido tanta suerte. para abrazar durante un breve. pero intenso . Con paciencia y perseverancia. «como guiada por los espíritus». Spenlow. Había invertido el dinero de la floristería.

Cuando tomaba una decisión. Pero. Por supuesto. cuando llegó a St. señor. participaba en las fiestas del pueblo y formaba parte del club de bridge. la llevaba adelante hasta el final. señor. Basta con mirarle. —¿Ni siquiera intentó hacerse el afligido? —No. un oscuro culto con afinidades indias basado en la respiración profunda. Regresó a la casa a sabiendas de que la mujer estaba muerta.período. es un tipo astuto. —¿Usted cree? —Estoy absolutamente seguro. volvió a la ortodoxia de la Iglesia de Inglaterra. Un vida tranquila y común. Mary Mead. . —¿Alguna otra mujer en su vida? —Si la hay. Este era el caso. Era clienta de las tiendas locales. Es culpable. jefe de policía. En exceso envarados. Hay caballeros que no saben fingir. El inspector era un tipo muy seguro de sí mismo. Nunca mostró la más mínima pena o emoción. Y. el asesinato. había llamado al inspector Slack. El coronel Melchett. Demasiado ufano consigo mismo. de pronto. —Lo hizo el marido. no hemos sabido dar con ella. Pasaba muchas horas en la vicaría y asistía puntualmente a los servicios religiosos.

Blade controla a todos los que entran. —No. Decidió matarla a sangre fría y vivir tan ricamente por su cuenta.. ¿verdad. señor. Ella tenía el dinero y era exasperante. Solo hay dos en el pueblo: una en la estación y la otra en la oficina de Correos. —Sí. Fue así. —¿La comprobaron? —le interrumpió Melchett. es un indeseable. eso es lo que parece —admitió el coronel. pero topamos con la falta de móvil. El tren llega a las dos y veintisiete. Los dueños ni siquiera se habían enterado. —Así y todo. No tiene nada que ganar. Tiene antecedentes por estafa.. siempre con una exageración u otra. No la hizo desde Correos. Trazó su plan cuidadosamente. y eso sí que es mentira. y a esa hora siempre hay un poco de jaleo. Mrs. La llamada no se hizo desde su casa y ella se encontraba en el Instituto de la Mujer. Pero lo importante es que dice que miss Marple le llamó. Tal como yo lo veo. . —No lo dude. Pero fue a ver a su jefe y admitió la estafa. señor? He estado trabajando en esa dirección.Ocultó el rastro. Quizá desde la estación. —No digo que no sea un granuja. el hombre estaba hasta las narices. —¿Ha considerado la posibilidad de que quisieran apartar al marido con toda intención de la escena del crimen? ¿Quizá la persona que asesinó a la mujer? —No estará pensando en el joven Ted Gerard. Eso significa que miente o que la llamada se hizo desde una cabina. Simuló una llamada.

las pagó todas. ¿verdad. Slack. No digo que quizá no lo hiciera llevado por la astucia. Debió de ocurrir cuando Spenlow estaba allí. señor? —Nada. Por cierto. pero. poco después de cometerse el robo. Me parece que se llama el Grupo Oxford —comentó el jefe de policía. —Hay otra cosa que me gustaría preguntarle. La policía opinaba que Jim Abercrombie. Estaba endeudado hasta las cejas. Consulté los archivos. un manirroto de cuidado.—Era de no se qué movimiento religioso. —No creo que consiga nada por ese lado. señor? Spenlow era un joyero de poca monta. aunque sería muy joven. Fue allí donde robaron una fortuna en esmeraldas. Usted no cree que estuviera implicada. Tal vez consideró que era sospechoso y se decidió por jugar la carta del sincero arrepentimiento. Dijeron que el dinero se lo había dado una amante rica. —Es usted un escéptico. pero es de esas personas que oyen cosas. cambiando de tema—. Aquel trabajo doméstico que la difunta desempeñó en la casa de sir Robert Abercrombie. pero yo tengo mis . Decidió volver al camino recto y reconoció haberse apropiado del dinero. ¿ha hablado con miss Marple? —¿Qué tiene que ver con todo esto. —Sí. Recuerdo el caso. La mujer ni siquiera conocía a Spenlow. estaba involucrado en el asunto. hijo de sir Robert. ¿Por qué no va y habla con ella? Es una anciana muy lista. el tipo perfecto para hacer de perista. señor —replicó el inspector. Nunca las recuperaron. señor.

—Es muy amable por parte del coronel. Digamos que es confidencial. —¿Eso significa que quiere saber lo que dice la gente? ¿Si hay algo de verdad en lo que se comenta? —Esa es la idea. pero no va a servir de nada repetir el chismorreo. El viejo Abercrombie hizo lo imposible para evitar la intervención de la policía. ¿verdad? —Esta no es una conversación oficial —manifestó Slack—. Miss Marple recibió al inspector Slack muy complacida. Mary Mead. por supuesto. se habla mucho y las opiniones están divididas. —Bueno. —La recuerda con gran afecto. —Siempre tan gentil. pero la verdad es que no sé nada. —Usted está al corriente de lo que se dice. Hay un grupo que piensa que lo hizo el marido. Me refiero a este asesinato. —Sí.dudas. No sabía que me recordara. Me dijo que usted lo sabe todo en St. La esposa o el marido siempre son los sospechosos . —Solo era una idea. sobre todo cuando se enteró de que le había enviado Melchett. señor.

un joven muy . La pregunta fue respondida con una sonrisa piadosa. Spenlow y.naturales. por supuesto.. ya sabe. con mucha frecuencia. resulta creíble que la estrangulara.. está el asunto del dinero. Por lo tanto. con la esperanza. por consiguiente. La criada. —Si nos basamos en el tema del dinero y confirmamos que no se llevaban bien. mucho me temo que las suposiciones más despiadadas a menudo están justificadas. —Así es. —Se llevaban bien —le interrumpió la anciana. —Los roces. —¿Es un hecho comprobado? —Si se hubieran peleado. Después. es su marido quien se beneficia de su muerte. —Quizá no se enteró —dijo el inspector más débilmente. —Hereda una buena cantidad. cruzara el campo para venir aquí. saliera de la casa por atrás. después. preguntara por mí con la excusa de una supuesta llamada telefónica y. de que el crimen se atribuyera a un vagabundo o a un ladrón. todo el mundo lo sabría. ¿no le parece? —Quizás —asintió el inspector sin comprometerse. Gladys Brent. —Después tenemos la otra escuela de pensamiento: Ted Gerard. Escuché decir que quien tenía el dinero era Mrs. regresara y descubriera a su esposa asesinada durante su ausencia. En este mundo tan malvado. lo hubiera proclamado a los cuatro vientos.

Muchas personas están convencidas de que Mrs. Pero. Spenlow iba vestida de una manera un tanto peculiar. después de una parrafada tan larga. pero ya sabe cómo es la gente. se comenta que Mrs. sin ir más lejos. produjo un efecto mágico. y Mrs. En el tren de las dos y veintisiete. y siguió: —Estoy segura de que no existe ningún motivo para creer que haya algo más en todo eso. ese joven. Son unas personas muy sinceras y bien dispuestas. La anciana hizo una pausa. . y muchas señoras mayores comenzaron a participar activamente en el trabajo parroquial. saltar la cerca y alejarse campo a través. Ted Gerard. se ha hablado mucho de él. »Vaya ya me he ido otra vez por las ramas. Spenlow se había enamorado del joven y que le había prestado dinero. Nuestro último vicario. Spenlow me dijo que Gerard era miembro de un movimiento religioso. le hubiese sido muy fácil bajar por el otro lado del tren.apuesto. que si no recuerdo mal se llama el Grupo Oxford. Spenlow estaba muy impresionada. De esta manera. Algo muy embarazoso para el pobre muchacho. También es cierto que le vieron en la estación el día del crimen. La propia Mrs. Me parece que eso influye más de la cuenta. por supuesto. sí. sin necesidad de pasar por la puerta de la estación. Además. Ni una sola de las jóvenes se perdía los dos servicios del día. No se imagina la cantidad de pantuflas y bufandas que le hicieron. Por supuesto. ¿Qué le estaba diciendo? Oh. Venía a verla muy a menudo. tampoco le hubieran visto acercarse a la casa.

—Miss Marple se ruborizó—. Es uno de esos hombres que no se dan cuenta de nada. —¿Cree que era natural? —Sí. —Sin embargo. El inspector estaba intrigado por la manera en que ella le miraba. él sería el primer sorprendido. dadas las circunstancias —manifestó miss Marple con una expresión reflexiva. —No.—¿Peculiar? —Llevaba un quimono. creo que este fue un asesinato a la antigua. Él fue el . Me parece que era muy natural. Mr. No un vestido. los criminales ya no dejan huellas dactilares ni cenizas de cigarrillos. acentuando mucho la pregunta. Si su esposa se hubiera marchado dejándole una nota en la mesa. Spenlow nunca hubiera tenido celos. —En la actualidad. —¿Qué quiere decir? —replicó el inspector con tono incisivo. —Creo que el agente Palk puede ayudarle —respondió miss Marple—. Ese tipo de prenda es sugerente para algunas personas. —Quizá nos dé otro móvil para el marido. —¿No encontró ninguna pista en la escena del crimen. inspector? —preguntó miss Marple. Tenía la sensación de que la anciana estaba intentando insinuarle algo que él no entendía. No lo creo. —¿Lo es para usted? —Oh. Los celos. no.

Es cierto que a ella no le gustaba vivir en el campo tanto como yo esperaba. Landrú». Mary Mead. —Quizá. A mí me ha parecido que era de la opinión de que yo había asesinado a mi querida esposa. —Es probable. por supuesto. —¿Usted cree que otras personas piensan lo mismo? —Más o menos la mitad de la población de St. pero estar de acuerdo en todo es algo imposible. mientras cortaba una rosa seca. Spenlow se irguió todo lo que pudo. Spenlow estaba sentado en una tumbona. Mr. Mi oído ya no es el que era. Pero creo haber oído con toda claridad a un niño que decía cuando pasé a su lado: «Adiós. no dio usted muchas muestras de que ese fuera el caso. —¿Cómo es posible que a un niño se le ocurra semejante idea? —Sin duda porque lo ha oído decir a sus mayores. .primero en presentarse en la escena del crimen. son suposiciones mías —comentó con su tono puntilloso—. —Mi querida señora. Pero si me permite decirlo. Parecía asombrado. Le aseguro que he sentido mucho su pérdida. —No hay duda de que esa era la opinión que quería transmitir —manifestó miss Marple. ¿cómo es posible que a alguien se le ocurriera una idea tan peregrina? Yo quería a mi esposa. Mr.

como si no hubiese pasado nada. Yo tengo que ir al pueblo. pero los habitantes de St. Después se marchó a la . que no son muy dados a la filosofía china. La gente de la ciudad se sintió muy impresionada por su fortaleza. Su lema era: «Nunca muestres tus emociones». —Mi tío Henry —explicó— era un hombre con un dominio sobre sí mismo fuera de la común. glicinas. con forma de estrella. ¿verdad? La anciana asintió. —No lo dudo. —Tengo un catálogo ilustrado muy bonito —le informó miss Marple con la misma voz que empleaba con su sobrino nieto que tenía tres años—. También hay unas flores blancas. —Estaba pensando —dijo Mr. que podría instalar una pérgola en el lado oeste de la casa. Spenlow con un tono que se acercaba al entusiasmo—. miss Marple. A él también le gustaban mucho las flores. han reaccionado de otra manera. Mary Mead. Quizá le gustaría echarle una ojeada. quizá. cuando perdió a su muy amada esposa. continuó tocando el batintín en la calle (supongo que ese debe de ser un pasatiempo habitual de los chinos). Dejó al viudo sentado muy contento en el jardín con el catálogo y se fue a su habitación.—Hace muchos años. cuyo nombre ahora mismo no recuerdo. donde envolvió un vestido cogido al azar. leí una historia sobre un filósofo chino que. —Pero usted lo comprende. Rosas y.

paquetes relacionados con la tienda que tenía montada en la oficina. cargada con un montón de paquetes. que me pareció prudente acudir a usted y no al inspector Slack. Primero. la modista. vivía en el piso superior de la oficina. pero siempre ha sido tan amable. La anciana se deshizo en disculpas en cuanto entró en el despacho. —Lo siento. Miss Marple se quedó sola en el local durante unos cuatro minutos. un minuto más tarde. la anciana subió las escaleras y le explicó a la modista que deseaba que le hiciera algunas reformas a su viejo vestido de crepé gris para ponerlo a la moda. Cuando la encargada de la oficina volvió a su puesto. Miss Politt. Era uno de los acontecimientos del día. Pero miss Marple no subió las escaleras inmediatamente. El jefe de policía se sorprendió cuando le anunciaron la presencia de miss Marple. Ordenó que la hicieran pasar. Era casi las dos y media y. porque no quisiera causarle ningún problema al agente Palk. siento muchísimo importunarle. el autocar de Much Benham se detuvo delante del edificio. . Miss Politt prometió hacer todo lo posible. La encargada de la oficina salió a toda prisa.oficina de Correos. coronel Melchett. libros baratos y juguetes. donde vendía golosinas. Supongo que no tendría que haber tocado nada. Sé que está usted muy ocupado.

—¿Palk? Es el agente de St. salió de la casa. Spenlow. coronel. Los venden por cajas y los usan las modistas. ¿qué más da un alfiler? Es cierto que lo recogió junto al cadáver de Mrs. pero ¿qué más da un alfiler? No era más que un simple alfiler como los que utilizan todas las mujeres. Desde la cabina de la oficina de Correos. Ayer vino a decírselo a Slack. Melchett miró a la anciana y en su rostro apareció una expresión de alerta. pero. quizá pueda parecerle un simple alfiler. —¿Fue miss Politt quien llamó a Spenlow? —Sí. a fin de cuentas. —No. Lo llevaba en la chaqueta. sí. —Sí. pero no lo era. cerró la puerta y comenzó a dar aldabonazos como si acabara de llegar. Me han dicho que resulta bastante fácil. ¿no? ¿Qué ha hecho? —Recogió un alfiler. a las dos y media. —Sí. por supuesto —insistió mis Marple—. La víctima vestía un quimono porque tenía que probarse su vestido nuevo. Era uno especial. no tuvo más que cruzarla y tirar. miss Politt le habló de tomar unas medidas. después. Spenlow. En aquel mismo momento me dije que lo más probable era que lo hubiese recogido en casa de Mrs. precisamente . Por supuesto que no tendría que haber tocado nada. le rodeó el cuello con una cinta métrica y. A mí me parece obvio. A un hombre. Pero el alfiler demuestra que ya había estado en la casa. Mary Mead. Fue a la sala. Luego.El coronel estaba cada vez más desconcertado. Supongo que usted le habrá inducido a ello. Ahí es donde se equivoca.

que el móvil se remonta a muchos años atrás. Pero a la otra. Por una de esas casualidades. Pero miss Politt no lo veía de la misma manera. ¿por qué? No hay asesinato sin motivo. La doncella y la asistenta. Unas esmeraldas muy valiosas. así que decidió acabar con el asunto de una vez por todas. A mí me vienen a la cabeza mis primos. coronel. la Bolsa o las propiedades. ya fueran las carreras de caballos. y yo diría que estaba muy dispuesta a hacerlo. —Pero mi querida miss Marple. las cosas le salieron siempre mal. Porque hay una cosa que no se explicó. pero después aparece Mr. Todo lo que hizo le salió bien. Spenlow ya tenía remordimientos de conciencia y se inclinaba cada vez más por la religión. ¿De dónde. Acabó convertida en modista de un pueblo. Mientras que a Anthony todo le salía bordado. Opino que las dos mujeres eran cómplices. —Creo. volvieron a encontrarse. —¿Cómplices en qué? —Del robo. Anthony y Gordon. por todo lo que yo he oído. sin duda.cuando llega el autocar y la oficina queda desatendida. Solamente veía que podía acabar en la cárcel por un robo cometido hacía años. »Mrs. cuando la asistenta se casó con el jardinero. al pobre Gordon todo se le ponía de punta. El dinero llama al dinero. Mucho me temo . Hace mucho tiempo. la animó a «dar la cara» y a «confesar». Gerard. Ted Gerard. Supongo que no tuvieron problemas al principio. sacaron el dinero para abrir una floristería? La respuesta es: de su parte del botín. la doncella.

En cuanto la eche en falta. Y había aprobado. No tendrá ningún problema. Es una mujer ignorante y pensará que servirá como prueba del crimen. Verificaremos si efectivamente miss Politt fue doncella en la casa de los Abercrombie. me hice con su cinta métrica. Además. Pero. en cuanto a lo demás. No creo que se le hubiera movido ni un pelo de su sitio si el agradable y tonto Mr. —Podemos comprobar su teoría hasta cierto punto —comentó el coronel con voz pausada—. —Sonrió para darle ánimos—. Spenlow hubiese acabado en la horca. se lo aseguro. Pertenece a ese tipo de mujeres que se derrumban en cuanto se las enfrenta con la verdad. tengo mis dudas. Lo dijo con el mismo tono que había empleado una vez la tía favorita del inspector para asegurarle que no fracasaría en el examen de ingreso en Sandhurt. creerá que la tiene la policía. . —Todo será muy sencillo —opinó miss Marple—. Me la llevé ayer mientras me probaba un vestido.que siempre ha sido una mujer malvada.

EL CASO DE LA DONCELLA PERFECTA .

así es. Miss Marple. Edna? —insistió la anciana para animarla. Estaba trabajando en Old Hall con las hermanas Skinner. ¿Qué pasa? Edna. pasa y cierra y la puerta. estaba hablando con su señora en aquel momento. se ha quedado sin empleo. entró. —Por favor. —¿Sí. cerró la puerta. se trata de mi prima Gladdie. señora. ¿podría hablar con usted un momento? Se podría decir que la solicitud resultaba absurda. —Vaya. Solo se trata de que se ha llevado un disgusto tremendo. ¿no? —Sí. se apresuró a responder: —Por supuesto. La pobre Gladdie está muy disgustada. señora. Edna. es una pena. lo está pasando . no. —Miss Marple pensó inmediatamente en lo peor. obediente. retorció una punta del delantal y tragó saliva un par de veces. dado que Edna. ¿No estará metida en algún lío? —Oh. Gladdie no es de esa clase de chicas. señora. no es nada de eso —replicó Edna apresuradamente—.—Por favor. la doncella de miss Marple. señora. conocedora de la forma de hablar de la muchacha. Verá usted. sin embargo. que suele ser la deducción más habitual—. —Vaya.

Es de las que nunca terminan de asentarse en una casa. señora. y no quiera saber cómo se puso Gladdie. —¿Cómo se comportó miss Skinner? —preguntó miss Marple con paciencia. Esta vez Edna se despachó a gusto. Entonces. porque lo trastorna todo. »Al día siguiente. se trata de cómo sucedió y de la manera en que se comportó miss Skinner. —Sí. sí. señora. apareció el broche metido en el fondo de uno de los cajones del tocador y Gladdie estaba más feliz que nadie. por supuesto. usted ya me entiende. En el rostro de miss Marple apareció una expresión de sorpresa. —Oh. Gladdie ayudó a buscarlo como la que más. señora. señora —añadió Edna—. Se armó un alboroto tremendo porque desapareció uno de los broches de miss Emily y. Recordaba a Gladys de las veces que había venido a su casa a tomar el té con su prima en la cocina. ¿no? —Oh. —Verá. Gladdie rompió un plato. a nadie le gusta que ocurra algo así. esta vez ha sido a la inversa —comentó miss Marple con un tono seco. fue un golpe muy duro para Gladdie. Una muchacha regordeta.muy mal. y miss Lavinia no dejaba de decir que llamaría a la policía. Pero ella siempre es la que se despide. siempre alegre y bien dispuesta. —Pero Gladys es de las que cambian de empleo con mucha frecuencia. y miss Lavinia se puso como una . —En cambio.

No le caía muy bien la alegre y animosa Gladys. Gladdie lo está pasando mal. estoy segura. le pagó el mes y la despachó. —Iré por allí esta tarde. y cree que. Old Hall era una mansión victoriana rodeada de un parque y un bosque. y eso es algo muy grave para una muchacha de servicio. que debió de ser por lo del broche. si se corre la voz. ¿verdad? —preguntó Edna con tono de anhelo—. pero estaba absolutamente segura de la honradez de la muchacha y bien podía imaginarse el trastorno que significaba para ella todo este asunto. no hizo. Como había sido imposible alquilarla o venderla. la tendrán por una ladrona. Lo que pasa es que Gladdie cree que no fue por el plato y que miss Lavinia solo lo utilizó como excusa. como si ella lo hubiera devuelto cuando se habló de llamar a la policía. Hablaré con las hermanas. a un especulador se le había ocurrido . —Supongo. La anciana asintió. señora. señora. que no podrá hacer nada por ella. cosa que. señora. Si no cogió el broche. como usted sabe. no. Gladdie nunca haría una cosa así. no tiene ninguna razón para angustiarse. —Muchas gracias. —Se correrá la voz —insistió Edna preocupada. que tenía opiniones para todo. de ninguna manera.fiera. —Dile que no sea tonta —respondió miss Marple con energía—.

La gente decía que si miss Emily padeciera aunque solo fuera la mitad de lo que proclamaba. La anciana sentía pasión por las aves y cada día presidía la comida de grandes bandadas. Solo miss Lavinia creía a pie juntillas en el martirio y la resignación de su hermana. y que el parque fuera de uso comunitario. Ninguno de los inquilinos se trataba con los demás. Mary Mead. Sin embargo. miss Emily. hacía tan solo dos meses. Miss Lavinia. pasaba la mayor parte del tiempo en la cama afectada de diversos males que. era de las dos la que llevaba la voz cantante. en opinión de los habitantes de St. cuando le insinuaban esta posibilidad. la hermana mayor de las Skinner. la menor. Una anciana rica y excéntrica y su criada ocupaban uno de los pisos. cerraba los ojos con . Miss Marple los conocía a todos. dado que no tenían nada en común. hubiera mandado a llamar al doctor Haydock sin tardanza. por lo que era frecuente verla ir de aquí para allá por todo el pueblo en busca de cosas que satisficieran los súbitos caprichos de la enferma. porque evitaba que los inquilinos formaran un frente común a la hora de plantear cualquier reclamación. aunque no muy bien.la idea de dividirla en cuatro pisos dotados con calefacción central. Miss Emily. En el tercero vivía una pareja de recién casados y el cuarto lo habían alquilado dos hermanas llamadas Skinner. Un juez retirado que había servido en la India y su esposa alquilaron otro. eran casi todos imaginarios. Se comentaba que al casero esto le parecía bien. El experimento había sido un éxito.

«Yo opino —manifestó miss Hartnell. No era posible que un simple médico de pueblo comprendiera su caso. continuaba tendida en el sofá. poco dispuesta a verse sometida a tan arbitrario tratamiento. por lo general difícil de encontrar. con su acostumbrada jovialidad. Miss Emily. El bueno del doctor Haydock. que se levantara de la cama y dejara de montar tanto escándalo. En la sala (una cuarta parte del antiguo salón. de unos cincuenta años. miss Lavinia se levantó para saludar a la visitante. Gladdie abrió la puerta a miss Marple con una expresión que era del más vivo desconsuelo. le diría que no le pasa nada. baño y armario de la doncella). negándose a comer cualquier plato que se le preparaba y pidiendo alguna otra cosa. ¡Pero eso es precisamente lo que no quiere escuchar!». Lavinia Skinner era alta.una expresión de suficiencia y murmuraba que su caso no era tan sencillo. que había sido dividido en comedor. . que los mejores especialistas de Londres no habían sabido qué hacer. rodeada de abundante surtido de píldoras. pero que ahora había dado con un médico que la estaba sometiendo a un tratamiento revolucionario que podría curarla definitivamente. sala. Tenía la voz áspera y sus modales eran bruscos. delgada y huesuda. que nunca se callaba nada— que hace muy bien en no llamarlo.

pero su situación no es fácil porque siempre se están peleando.—Me alegro de verla. porque el juez cree que sigue en la India y quiere su chota hazri. a las seis de la mañana. . Miss Marple respondió cortésmente. Miss Marple comentó que todos tenían que soportar cosas parecidas en estos tiempos. es una mujer muy desagradable y maltrata a la anciana. Janet. no le costó nada abordar el objeto de la visita. ¡Me compadezco del marido! Los Larkin también se han quedado sin servicio. Mary Mead. escuchan música toda la noche y. Los Devereux no han conseguido a nadie. —El miércoles de la semana que viene. Larkin es una mujer insoportable. No se puede tolerar —afirmó Lavinia. Como los sirvientes eran el principal tema de conversación en St. la criada de Mrs. pero hay ocasiones en las que es incapaz de ver a nadie. se marchaba. como lo llama él. Dijo que se había enterado de que Gladys Holmes. Carmichael. y Mrs. Emily está acostada. comen a cualquier hora. Rompe las cosas. además. una chica tan agradable. Aunque no me extraña. Estoy segura de que su visita la animaría. ¿Creía prudente miss Skinner despachar a Gladys? —Sé lo difícil que resulta conseguir una criada —admitió miss Lavinia—. Resultaba tan difícil conseguir muchachas dispuestas a trabajar en el campo. Esa joven no tiene idea de cómo llevar una casa. en mi opinión. La pobre tiene una paciencia admirable. hoy no se siente muy bien. pero. es la única fija.

—Me han dicho que usted echó en falta un broche —murmuró miss Marple. Miss Lavinia meneó la cabeza. Emily explicó. —Tengo mis razones —dijo con un tono concluyente. unas personas honradas a carta cabal. miss Marple. la abrió cuando se oyó la respuesta de una voz débil. ¿no está dispuesta a reconsiderar su decisión de despedir a Gladys? Es una muchacha muy agradable. al parecer disfrutando de la penumbra y sus imprecisos sufrimientos. Miss Marple siguió dócilmente a Lavinia. con los ojos casi cerrados y voz débil. Conozco a toda su familia. La habitación olía a colonia. quien llamó a una puerta. —Lo peor de tener mala salud —comentó miss Emily con voz melancólica— es saber que eres una carga para todos los que te rodean. Después se asustó y lo volvió a dejar en el cajón. Eso la animará. Estoy casi segura de que ella lo cogió. que hoy «era uno de sus días malos». y entraron en la mejor habitación del piso.—Entonces. Emily estaba acostaba. galletas rancias y alcanfor. Lavinia es muy buena . Era una criatura delgada y de aspecto débil. con una cabellera rizada gris amarillenta que se parecía a un nido en el que no viviría ningún pájaro que se respetara. Venga a ver a miss Emily. ¿quién ha estado largando? Supongo que ha sido esa muchacha. donde unas persianas entornadas impedían casi totalmente el paso de la luz. —Cambió de tema—. Claro que no se puede afirmar nada sin pruebas. —Vaya.

No. puedo pasar sin galletas. Lavinia murmuró algo sobre ir en bicicleta hasta el pueblo y salió de la habitación. soy incapaz de tomar té sin limón. querida. Dicen que las ostras son muy reconstituyentes. —Ya que vas a hacerlo ¿podrías llenarla otra vez? Supongo que no habrá galletas.conmigo. pero si pudieras llenar mi botella de agua caliente como a mí me gusta. Ayunaré hasta mañana. No. Lavvie. . puedo pasar sin té. Llena del todo me pesa demasiado. Tomaré un té flojo con una rodaja de limón. no importa. Aquella tarde. No importa. lamento molestarte. El caso es que me siento muy débil. miss Marple informó a Edna del fracaso de sus gestiones. No quiero leche con el té. pero si no tiene bastante agua. te lo agradecería. querida. ¿No hay limón? No. se enfría inmediatamente. La vaciaré un poco. Creo que la leche de esta mañana estaba un poco agria. Dámela. Miss Emily sonrió ligeramente a su visitante y comentó que detestaba causar tantas molestias. —Lo siento. No sé si no me apetecería comer unas cuantas. no creo que sea nada fácil conseguir ostras a estas horas. Le preocupó enterarse de que los rumores sobre la falta de honradez de Gladys circulaban por el pueblo.

quizá la hermana hipocondríaca tenga que levantarse de la cama y hacer algo. entonces. Desean estar en sus casas las tardes libres. —Trae referencias de los últimos tres años de servicios y todas la ponen por las nubes. —Mi querida Jane. ¡Para mí eso es muy significativo! Alguien me ha dicho no sé qué de un broche. Tendrán problemas para conseguir otra. St. le dieron una carta de referencia donde dicen que es voluntariosa. era la encarnación de la empleada perfecta. porque en estos tiempos nadie deja marchar a una criada. a través de una agencia. pero no se menciona para nada la honradez. a tenor de los informes.La primera que la abordó con el tema fue miss Wetherby en la oficina de Correos. las Skinner no encontrarán a nadie más y. No fue ese el caso. —Pues parece demasiado bueno para ser cierto —opinó la anciana. Creo que debe de haber algo de cierto. a una nueva criada que. y el pueblo se llevó una desilusión cuando se supo que las hermanas habían contratado. le gusta el campo y encima cobra menos que Gladys. Mary Mead decidió que la criada perfecta se echaría atrás en el último momento y no pisaría el pueblo. No hay muchacha que quiera ir a trabajar a Old Hall. a menos que sea algo grave. Ya lo verás. En esta misma línea. . Creo que hemos tenido mucha suerte —le dijo Lavinia a miss Marple cuando se encontraron en la pescadería. sobria y respetable.

Miss Marple comentó que se la veía mucho mejor. En la siguiente visita que miss Marple hizo a Old Hall. No sabe lo contenta que estoy de haberme quitado de encima a la otra muchacha. vestida de negro con un delantal blanco y cofia. Miss Lavinia parecía mucho menos atribulada de lo habitual y. que respondía al nombre de Mary Higgins. aunque lamentó no poder ocuparse de uno de los puestos de la feria porque debía atender a su hermana. con el propósito de reclutar voluntarios para la feria de la vicaría. fue recibida por Mary Higgins. hizo una donación considerable en metálico y prometió hacer un envío de limpiaplumas y peúcos. —El mérito es de Mary. Cocina bien. sabe servir y tiene el piso hecho una patena. Nadie podía negar que tenía el aire de una profesional. las mejillas rosadas y una figura un tanto regordeta. «Una criada como las de antes —comentaría miss Marple más tarde— y con una voz muy discreta y respetuosa. Aparentaba unos cuarenta años. cruzaba el pueblo en el taxi de Reed para ir a Old Hall. que no se parecía en nada al timbre fuerte y nasal de Gladys». con el pelo negro bien peinado. Además. Mary no tiene precio.Ninguno de esos negros presagios se convirtió en realidad y todos tuvieron la oportunidad de ver cómo aquel tesoro del servicio doméstico. ¡es fantástica con Emily! . Se vieron obligados a admitir que tenía el aspecto irreprochable de una mujer respetable y que iba muy bien vestida. le da la vuelta a los colchones todos los días.

desde luego. —La verdad es que la pobre lo está pasando muy mal con estos cambios de tiempo. Es un gran consuelo. —Es usted muy afortunada. Yo en su lugar no me fiaría tanto. pero a veces se hace un poco pesada. La mujer no pareció captar la verdadera intención del comentario. —Le aseguro que hago todo lo posible para que esté a gusto —afirmó—. —Sí. nunca llegará a ser como su Mary. dice que no tiene hambre. pero a Mary no parece importarle. —No creo que se marche hasta que llegue el momento —señaló miss Marple sin desviar la vista del rostro de la hermana mayor. pero al cabo de media hora lo vuelve a pedir y. No es culpa suya. por supuesto. No sé lo qué haría si se marchara. Tengo la sensación de que nos enviaron a Mary en respuesta a nuestras plegarias. ¿qué tal le va con la pequeña Edna? —Va aprendiendo aunque. cuando se lo servimos. como ya está frío. —A mí me parece demasiado bueno para ser cierto. Quiere que le preparen un plato y. hay que prepararlo otra vez. claro está. Pero .La anciana se apresuró a preguntar por la enferma. —Una se quita un gran peso de encima cuando no tiene preocupaciones domésticas. Es mucho trabajo. Dice que está acostumbrada a tratar con enfermos y que les comprende. ¿verdad? Por cierto.

una agenda. que se abrió desparramando todo su contenido. ¿verdad? —¿Quiere que lo tire. intentó recogerlo y. dos chelines. Es muy pegajoso. —¡Qué suerte que no se haya roto! —exclamó miss Marple. no lo olvide. . un tanto desconcertada. la ayudó a ponerse el abrigo y le alcanzó el paraguas con un estilo irreprochable. Bueno. procedió a abrirle la puerta a miss Marple. La anciana cogió el paraguas. déjelo. dígale a miss Lavinia que venga. Clement. muchas gracias. Cruzaba el vestíbulo cuando escuchó la voz de la enferma que se quejaba. Mary recogió cortésmente los diversos objetos: un pañuelo. Mary se agachó para recoger un último objeto. Debió de ponerlo dentro. Miss Marple cogió el caramelo. lo dejó caer.la ventaja es que lo sé todo de Edna porque es del pueblo. un viejo monedero. El doctor Allerton insistió mucho en mantenerla siempre bien húmeda. tres peniques y un trozo de caramelo de menta. La eficiente Mary salió del dormitorio y. después de decirle a Lavinia: «Miss Emily la llama. déjelo. tiene que ser del niño de Mrs. un espejito. y cuando salga. en el proceso. señora». se le cayó el bolso. hervido solo tres minutos y medio. Quiero una taza de té y un huevo pasado por agua. —La compresa está casi seca. señora? —Sí. Recuerdo que lo estaba comiendo cuando se puso a jugar con mi bolso. —Vaya.

Mary Mead experimentaron un .Se marchó mientras Mary permanecía un instante en el umbral con el rostro absolutamente inexpresivo y el trozo de caramelo en la mano. Fue el comienzo de la catástrofe. Mary Mead soportó estoicamente el canto a las excelencias del tesoro de las hermanas Skinner. un brazalete y cuatro broches de miss Emily. Pero no solo había desaparecido Mary. ¡Resultaba obvio que Mary. además de unas joyas carísimas. Con ella se habían ido dos broches y cinco anillos de miss Lavinia. Durante otros diez días. St. y su patrona tenía la costumbre de pasearse por el parque al anochecer para dar de comer a los pájaros. El juez y su esposa se habían visto despojados de las joyas y algo de dinero. el pueblo se enteró de la gran noticia. la criada perfecta. más otros tres anillos. Se había largado discretamente durante la noche. disponía de llaves para abrir todas las puertas! Hay que reconocer que los habitantes de St. ¡Mary. La joven Mrs. también guardaba en el piso una fuerte suma de dinero. había desaparecido! No había dormido en su cama y la puerta principal de la casa estaba entreabierta. un pendiente. la criada perfecta. Mrs. Era la noche libre de Janet. Al undécimo. Carmichael era quien más había sufrido por el robo porque. Devereux había perdido los diamantes que guardaba en un cajón sin llave y las pieles que le habían regalado para la boda.

y miss Emily estaba tan trastornada y su estado se agravó de tal manera que se llegó al extremo de llamar al doctor Haydock. Mary no solo se había evaporado. ansioso por saber qué opinaba el galeno sobre la . Miss Lavinia era la viva imagen de la pesadumbre. Nunca recuperaron el botín y tampoco dieron con ella. La verdadera Mary Higgins vivía ahora pacíficamente en Cornualles.cierto placer malsano. Hubo un caso muy parecido hace cosa de un año en Northumberland. Estoy seguro de que esa mujer forma parte de una banda. Poco a poco se conocieron interesantes revelaciones. que la Mary Higgins que se había presentado en sus oficinas era una impostora que se había adueñado del nombre de una criada que sirvió en la casa de la hermana de un párroco. Miss Lavinia había presumido tanto de su maravillosa Mary. El inspector era un hombre muy seguro de sí mismo. Todo el pueblo estaba en vilo. resultó ser una vulgar ladrona». con la consiguiente alarma. querida. Pero nosotros lo haremos mucho mejor en Much Benham». «Al final. sino que la agencia que había facilitado su contratación y garantizado sus antecedentes descubrió. Pero pasaron las semanas y Mary Higgins siguió campando a sus anchas por mucho que se esforzara el inspector en echarle el guante. «Todo el asunto ha sido planeado con mucha astucia —reconoció el inspector Slack muy a su pesar—.

pero puedo dedicarle unos minutos. Meek. —Se acumula el trabajo. Sin embargo. bastante agitada. ¿qué puedo hacer por usted? —Oh. consideraba más conveniente estar cerca del especialista de Londres que llevaba su caso. el ayudante del farmacéutico.mala salud de miss Emily. miss Marple. aceptó recibirla. —Buenas tardes. era el remedio habitual en el ejército para aquellos que se fingían enfermos. Meek. . Manifestó que así Lavinia no tendría que cargar con todo. había declarado que. pero como era lógico no se lo podían preguntar. mucho me temo que esté usted muy ocupado. Price-Ridley. sin rechazar la atención médica local. Fue entonces cuando se supo que el doctor Haydock había recetado una mezcla de asafétida y valeriana que. se presentó en la comisaría de Much Benham y preguntó por el inspector Slack. miss Marple. dado su estado de salud. Unos pocos días después de la marcha de las hermanas Skinner. la doncella de Mrs. según Mr. que cortejaba a Clara. Poco después corrió la noticia de que miss Emily. Sería faltar a la verdad decir que al inspector le caía bien miss Marple. la información veraz sobre el tema llegó a través de Mr. El piso se ofreció en alquiler. pero consciente de que el jefe de policía no compartía su opinión.

¿Tiene usted alguna idea? —La verdad es que sí. una muchacha un tanto impertinente y muy ufana de sí misma. algo que es muy importante que se reconozca. —No hay ningún cargo contra ella que yo sepa. No estaba mal.—Muy amable. quizá para usted no lo sea. ¿Puedo hacerle una pregunta? ¿Las huellas dactilares le . —Oh. sí. Ya sé que no hay ningún cargo. Confío en que seré capaz de decirlo correctamente. solo tuve una institutriz que me enseñó la cronología de los reyes de Inglaterra y los conocimientos básicos: lo del doctor Brewer y las tres plagas del trigo: el pulgón. el moho y el tizón. Es tan difícil explicarse. la segunda criada. —Miss Marple se apresuró a negar cualquier deseo de hablar del tizón—. Cómo se fabrican las agujas y cosas por el estilo. —No. ¿no le parece? No. pero honrada a carta cabal. que es lo quiero hacer. Se trata de Gladys. Me refiero a Gladys Holmes. que inmediatamente se ruborizó. Pero como no fui educada por el sistema moderno. Porque la gente continuará pensando cosas. —Mary Higgins. pero no te enseñaban a ceñirte al tema. qué mal me explico. Solo era un ejemplo. Lo que quiero decir es que lo importante es encontrar a Mary Higgins. —No. —¿Quiere usted hablarme del tizón? —preguntó Slack. pero eso lo complica todavía más. Oh. —Desde luego. no. la criada de miss Skinner.

Mucho me temo. pero ella no quiso hacer caso de la insinuación. complacida. ¿le servirían? —Quizá. . Las huellas de la criada están en la superficie. En su interior. —¿Consiguió sus huellas dactilares a propósito? —Por supuesto. y el servicio doméstico los exhibe con una rapidez sorprendente. Estoy seguro de que este no era su primer trabajo. sobre una base de algodón. ¿sospechaba de ella? —Verá.pueden ser de alguna utilidad? —Ah. La mayoría de nosotros tenemos nuestros defectos. a mí me pareció que era demasiado buena para ser cierto. inspector. ¡No hemos encontrado ni una sola huella en toda la casa! —Si tuviera sus huellas. Así se lo dije a miss Lavinia. que no creo en los seres perfectos. Utilizó guantes en todos los robos y tomó la precaución de limpiar el dormitorio y el lavabo. —Es el espejito que siempre llevo en el bolso. —Entonces. señora. Es posible que figuren en los archivos de Scotland Yard. Miss Marple asintió. Abrió el bolso y sacó una cajita. había un espejito. ahí es donde ha sido más lista que nosotros. El inspector la miró boquiabierto. Creo que se verán con toda claridad porque primero tocó una sustancia muy pegajosa.

Se interrumpió. pero cuando topas con una cosa peculiar te fijas en ella. inspector. Lo que digo es esto: es perfectamente . es una sensación que tengo desde el principio. Miss Marple había ladeado un poco la cabeza y lo miraba con una expresión muy significativa.—Le estoy muy agradecido —manifestó el inspector recuperado de la sorpresa —. pero era la primera hipocondríaca que no mandaba llamar a uno u otro médico. me comeré mi propio postizo. Aunque. Después advertí otra cosa anómala. En este caso. Miss Emily se pasa casi todo el tiempo en una habitación a oscuras y. —Supongo. a menudo. las cosas peculiares no son más que tonterías. que habrá pensado investigar un poco más cerca. ¿por qué miss Skinner creyó lo contrario? Miss Skinner no es ninguna tonta. miss Marple? —Resulta muy difícil de explicar. todo lo contrario. Entonces. miss Marple? —Sugiero que miss Lavinia y miss Emily son personas peculiares. ¡Pero no a miss Emily! —¿Qué está sugiriendo. A los hipocondríacos les encantan los médicos. ¿verdad? —¿A qué se refiere. si su pelo no es una peluca. ¿Por qué estaba tan dispuesta a despedir a una buena criada cuando resulta tan difícil conseguir servicio? Era algo fuera de lo común. Es una muchacha honrada. Me intrigó y mucho. ella no cogió el broche. Miss Emily era una hipocondríaca. Las enviaremos a Scotland Yard y ya veremos qué nos dicen. Me refiero a Gladys y el broche.

al día siguiente.posible que una mujer delgada. sea una mujer de pelo negro. ¡Buenas tardes! Miss Marple se marchó del despacho antes de que Slack pudiera reaccionar. Pero esta vez no se saldrán con la suya. ¡Me pregunto si no tendrá razón! No tardó en descubrir que miss Marple había acertado una vez más. pálida. Yo le diré dónde encontrarla. ¡En el sofá de miss Emily Skinner! ¡Consiga sus huellas dactilares si no me cree. Y si eso le parece poco. aparece en la estación como Mary Higgins. después. mejillas rosadas y robusta. »Tuvieron todo el tiempo del mundo para hacer copias de todas las llaves. de pelo gris y llorosa. Miss Emily sale a pasear una noche y. le diré que no he encontrado a nadie que viera juntas a miss Emily y a Mary Higgins. tiempo más que de sobra para conseguir información sobre los ocupantes de los otros pisos y. y miss Marple invitó a Gladys a tomar el té con Edna y habló con ella seriamente sobre la . Mary Higgins desaparece y todos se vuelven locos intentando dar con su paradero. inspector. —¡Vaya! —exclamó el inspector al cabo de unos instantes—. pero descubrirá que tengo razón! Las Skinner son un par de ladronas muy hábiles y no dudo de que trabajan conchabadas con algún perista o cómo se llame. ¡No voy a permitir que se ponga en duda la honradez de una de las chicas del pueblo! Gladys Holmes es honrada como la que más y todo el mundo tiene que saberlo. A continuación. en el momento oportuno. El coronel Melchett felicitó a Slack por su brillante investigación. para deshacerse de la criada local.

.conveniencia de conservar un buen empleo cuando lo consiguiera.

EL CASO DE LA GUARDESA .

—Lo que usted necesita. Lo que usted necesita es algo que la saque de su ensimismamiento. —Supongo que estoy un poco mejor —admitió—. Después de todo. Arrojó un sobre encima de la cama. Nadie me necesita. El médico la interrumpió con su brusquedad habitual. El tipo de acertijo que más se ajusta a sus preferencias. Tenía los hechos e intenté convertirlos en una historia. . —El resultado de mis esfuerzos literarios —respondió el médico. que se ruborizó un poco—. Tengo la sensación de que estaría mucho mejor muerta. —Sí. —Por si le interesa —añadió Haydock—. La anciana exhaló un suspiro y meneó la cabeza. —¿Un acertijo? Miss Marple se animó. ni se interesa por mí. da la casualidad de que le traigo el remedio. soy una anciana.—Bien. hundida en su almohada. es la secuela típica de la gripe. sí. Miss Marple le sonrió débilmente. pero me siento terriblemente deprimida. Un estimulante mental. ¿cómo se encuentra hoy? —preguntó el doctor Haydock a su paciente.

Miss Marple cogió el manuscrito y comenzó a leer: —¿Dónde está la novia? —preguntó miss Harmon con alegría. se lió con la hija del estanquero. sino victorioso. y más adelante contrajo deudas. la abandonó y se marchó a África. a través de sus portavoces.—¿Por qué un acertijo? —Porque la interpretación corre de su cuenta. —Haydock sonrió—. . trabajó duro y se casó con una joven anglofrancesa. Ya sentará la cabeza!». Todos se habían mostrado siempre indulgentes con Harry. todas viejas solteronas. Optó por el camino recto. Incluso los propietarios de las ventanas que habían sufrido la precisión del tirachinas de Harry olvidaban su enfado al ver la expresión de arrepentimiento del muchacho. El médico se marchó. había manifestado indulgentemente: «¡Ah. Y el pueblo. Quiero saber si usted es tan lista como aparenta. Había un sentimiento general de indulgencia en cuanto a que Harry —el pícaro tarambana— había tenido toda la suerte del mundo. no derrotado. el ardor de la juventud. Rompió ventanas. el hijo pródigo había vuelto. Ahora. robó en huertos y gallineros. poseedora de una considerable fortuna. Todo el pueblo estaba ansioso por ver a la rica y bella esposa que Harry Laxton había traído del extranjero. Harry Laxton se había convertido en un hombre de bien.

La casa estaba lista. Por último. de la manera más romántica. Luego apareció una legión de jardineros y. una caravana de camiones de mudanzas. La casa del guarda era un edificio sin pretensiones. había traído a su esposa a la casa de su infancia. Se trataba de una enorme mansión. no había nada que vinculara a Harry con el lugar. Un ejército de aparejadores y obreros se presentó en el lugar y. o comprarse una mansión en alguna zona elegante. Sin embargo. Llegaron los sirvientes. Derribaron el viejo edificio. Durante su infancia. el padre de Harry. con los jardines en un lamentable estado de abandono y cuyo bosque tenía el aspecto de ser el cubil de un hechicero. Un viejo guarda y su esposa vivían en las únicas estancias habitables. por lo tanto. La vieja mansión siempre le había fascinado.Harry podría haber vivido en Londres. y el comandante Laxton. la nueva casa blanca y reluciente se elevó entre los árboles. compró la finca donde estaba la casa en que transcurrió su infancia. Allí. Harry había correteado por toda la finca y conocía cada palmo de terreno. una lujosa limusina . la había alquilado. pero prefirió volver al rincón del mundo que era su hogar. en un tiempo sorprendentemente breve —maravillas del dinero—. El comandante había muerto hacía algunos años y. tras ellos. Kingsdean House llevaba desocupada casi setenta años. Poco a poco la mansión se había convertido en una ruina.

—Oh. Admito que se siente envidia cuando ves a alguien que lo tiene todo. Y es muy joven.. Belleza. Tiene unos modales tan distinguidos. Miss Brent olfateó el aire como un perro perdiguero. Es el colmo de la distinción... y miss Brent. —Querida. es encantadora. formuló su pregunta mientras se abría paso a duras penas por la atestada sala. y el querido Harry se muestra tan enamorado. que se consideraba a ella misma como líder de la sociedad local. querida.dejó a Harry y a su esposa ante la puerta principal... organizó una fiesta para «conocer a la esposa». otra solterona esquelética y de expresión agria. Varias damas estrenaron vestido para la ocasión. Price. —¡Tiempo al tiempo! —exclamó miss Harmon. El pueblo entero acudió a visitarlos.. Fue todo un acontecimiento. pero supongo que ahora. dinero y casta. —Sabíamos cómo era. una solterona curtida y animosa. dueña de la mayor y más lujosa vivienda de la zona. no creerá usted que. —Todas sabemos cómo es Harry. . no hay nada vulgar en ella. El que fue un tarambana lo será siempre. ¡Decían que todo aquello era como un cuento de hadas! Miss Harmon. —Los hombres no cambian. A todos les dominaba la curiosidad de ver a la fabulosa criatura. Se lo digo yo que los conozco bien. y Mrs. le facilitó la información.

Laxton comprara en la farmacia Boots de Much Benham. pobre. Era una muchacha alta. —Estoy segura —afirmó miss Harmon— de que el propio Harry se encargará de sugerírselo. guapa. . Me pregunto si sabrá algo de esa vieja historia. —Sería mucho más conveniente —añadió miss Brent— que Mrs. morena. Una vez más. creo que ella debería saberlo —concluyó miss Harmon. vaya. —Miss Brent parecía considerablemente más feliz—. indignada—. —Además. Me resulta tan injusto que no sepa nada. —¿Sobre Harry Laxton? —Sí.—Vaya. la sobrina del doctor Haydock. Alguien tendría que advertirla. diciendo esto y lo otro. ¡Algunas personas son despreciables! Su tío la miró extrañado. Sí. sobre aquella relación con la hija del estanquero. las dos solteronas intercambiaron una mirada muy significativa. —Todas esas viejas arpías. supongo que acabará teniendo problemas con Harry. Tan embarazoso. sobre todo cuando solamente hay una farmacia en el pueblo. afectuosa e impulsiva. En sus grandes ojos castaños brillaba la indignación. —¡Cotillas! —exclamó Clarice Vane.

pero verás. tienen muy poco de que hablar. Son jóvenes. Todos los jóvenes tienen esas aventuras. se les ve enamorados y viven una vida de ensueño. además. ¿A qué viene sacarla a relucir ahora? Son como aves carroñeras. —Acabo de hablar con él —añadió la muchacha—. a él solo le recordaba el estribillo de una vieja canción: Pobre niña rica. esta se acabó hace años. Tú la has visto. ¿qué opinas? Haydock tardó en contestar. —Parecen tan felices —respondió con voz ahogada—. Me refiero a los Laxton. Es como un niño con zapatos nuevos. bueno.. Para otras personas. así que no se olvidan de los viejos escándalos. En cambio. En cuanto a ella. ¿Por qué te molesta tanto que chismorreen? Clarice se mordió el labio inferior y se ruborizó. Louise Laxton podía ser un objeto de envidia. —A ti te lo parece. —Claro que sí y.. —Te comprendo. . Se le ve tan contento. querida. supongo que nunca ha sufrido el menor tropiezo en su vida.—¡Ah. Una niña mimada por la fortuna. Detesto pensar en que todo eso se pueda estropear por las murmuraciones y la envidia de unas cuantas viejas amargadas. emocionado y animado por haber conseguido su viejo sueño de reconstruir Kingsdean. Lo ha tenido todo. eso! —Haydock se encogió de hombros—.

después. Harry miró a su esposa con una expresión divertida. Louise comenzaba a estar un poco harta. muy aburrida —asintió Harry con una carcajada—. qué fiesta más espantosa! —sentenció la muchacha. —¿Tendremos que soportarlas con frecuencia? —¿Qué? Oh.. Esperaba que Harry lo insinuara en cualquier momento. Regresaban a casa en su coche—. No veía la hora de marcharse. tú les devolverás las visitas y. ¡Cariño.Una figura pequeña y delicada. La interminable retahíla de felicitaciones la había cansado. —Sí. Pobre niña rica. Louise hizo una mueca. Había que hacerlo. Olvídala. Vendrán a vernos. Todas esas viejas me conocen desde que era un niño. con el pelo rubio rizado y grandes ojos azules de mirada melancólica. ya no tendrás que preocuparte más.. no. cariño. Se hubieran llevado una gran decepción si no hubieran podido verte de cerca. —¡Uf! —exclamó Louise como si se hubiera quitado un peso de encima. Miró de reojo al joven alto y atlético que parecía estar disfrutando de esa fiesta horrible y aburrida. Podrás escoger tus propias amistades aquí o .

La gente del club. .donde quieras. se mostró muy resentida cuando derribaron la casa —le explicó Harry con el rostro encendido—. por supuesto. los perros y los caballos. Tuve que despedirla. —No se muere de hambre. —¿Por qué te amenazó con el puño? —Verás. como es lógico. Se quedó allí. Harry soltó una maldición al tiempo que daba un golpe de volante para esquivar por los pelos a una figura grotesca que apareció bruscamente en medio del camino. agitando el puño en alto y gritando a voz en cuello. —¿Quién era esa vieja horrible? —Es la vieja Murgatroyd —respondió Harry con el rostro sombrío—. Su marido y ella eran los guardas de la antigua mansión. Tú montarás. Trabajaron allí durante casi treinta años. ¿verdad? Louise tenía algunas ideas vagas y un tanto melodramáticas sobre la miseria. fuerte pero muy dócil. Hay un caballo en Eglinton que quisiera que vieras. Su marido murió hace dos años. Louise asió el brazo de su marido. Te gustará. aunque mucho me temo que los encuentres un poco sosos. Sus temas favoritos son los bulbos. El coche aminoró la marcha para cruzar la verja de Kingsdean. —¿No hay nadie medianamente divertido que viva cerca? —Claro que sí. bien entrenado. y dicen que ella se trastornó un poco. Un ejemplar de primera.

qué ocurrencia! —exclamó Harry. Su táctica consistía en permanecer junto a la entrada de la verja. escandalizado—. eso no solucionaba el problema. —Pero si era una ruina. le busqué una casa nueva y se la amueblé. —¡Por Dios. Llevaba viviendo allí muchos años. Harry frunció el entrecejo. Llamar . —Creo que nos echó una maldición —manifestó Louise. intranquila—. Louise. no lo sé! Creo que la vieja está loca. Se caía a trozos. ojalá no lo hubiera hecho! Louise tenía la sensación de que su nueva casa había sido profanada por aquella vieja loca y malvada. ¿a qué viene todo ese resentimiento? —preguntó Louise extrañada. recitaba sus imprecaciones.La riqueza impide a las personas el contacto con la realidad. ¡Oh. Murgatroyd nunca se acercaba a la casa. Encorvada y con un sombrero astroso sobre el pelo canoso. Harry. —¿Cómo voy a saberlo? ¡Está loca! Quería la casa. era prácticamente inhabitable. —Entonces. supongo que significaba mucho para ella. —Por supuesto. La muchacha se convenció de que su marido tenía razón: la vieja estaba loca. Sin embargo. siempre veía a aquella misma figura al acecho. Mrs. Le paso una buena pensión. montaba a caballo o salía a pasear con los perros. ¡Oh. En cualquier caso. tenía goteras. Cuando salía con el coche. tampoco la amenazaba abiertamente ni se comportaba de forma violenta.

Pero. En su opinión. aunque lo parezca. Harry no era partidario de hacerlo. Louise permaneció en silencio. Nos odia. incluso Prince Hal. que era un animal muy dócil. Tenía los ojos legañosos y el rostro moreno y . No le gustaban los perros. No se tomaba el asunto tan a la tremenda como su esposa. Desconocía todo lo referente a la jardinería. pero después se volvió bruscamente y se encaró con la arpía. solo serviría para que los lugareños se solidarizasen con la vieja. Nos maldice. —No. Louise se armó de valor. No le interesaba la vida rural inglesa ni sabía nada de ella. cuando él estaba ocupado. Recorría los bosques y los caminos. relinchaba inquieto cuando pasaba cerca de aquella vieja malvada. sola. Pasó junto a Mrs. excepto la última parte de «arreglar las flores». Harry. montada en el hermoso caballo que Harry le había regalado. Acabará por cansarse de ese estúpido juego de las maldiciones. —No te preocupes. a veces con Harry y. Estaba acostumbrada a la vida en Londres y en la Riviera. Un día. Salió a caminar. además. Ahora que había pasado el entusiasmo del traslado. —No es una bruja. Haz como si no existiera. como si no la hubiese visto. Le aburría charlar con los vecinos que encontraba. se sentía sola y perdida. Lo noto. Lo que más le gustaba era cabalgar. Solo pretende incordiarnos. cariño.a la policía hubiera sido inútil y. Murgatroyd. —¿A qué viene todo esto? ¿Cuál es el problema? ¿Qué quiere? La vieja la miró y guiñó los ojos.

—No. —¿Qué quiero? —respondió la vieja con una voz llorosa pero amenazadora—. Se interrumpió al ver a la bruja levantar los brazos. se quedó de piedra ante la reacción de Harry. Sé que acabará por pasar alguna cosa. «Tengo que irme de aquí — pensó—. —Deja que yo me encargue de Mrs. ¡Que caigan sobre ustedes todas las desgracias! Las desgracias. Me asusta. Fue una mala pasada echarme y solo les deseo la peor de las suertes a ustedes dos. Debemos irnos». —¿Marcharnos? ¿Vender la casa? ¿Por las tonterías que dice una vieja? Estás loca. Y en cuanto a usted y a su marido. ¡Que se pudra su hermoso rostro! Louise le volvió la espalda y se alejó a la carrera.astuto de los gitanos. la solución le pareció sencilla. Debemos vender la casa. Quiero recuperar lo que tenía y sentarme junto a mi chimenea como me senté durante todos esos años. ¡Vaya desfachatez! Quiero lo que me quitaron.. En aquel momento.. Louise se preguntó si no sería aficionada a la bebida. ¿Quién me echó de Kingsdean House? Viví allí casi cuarenta años. no lo estoy. Sin embargo. le digo que no habrá felicidad para ninguno de los dos en esa casa tan bonita que se han hecho. Murgatroyd —manifestó Harry con un . —¡No la quiero! —chilló Mrs. —Tiene usted una casa muy bonita y. Murgatroyd—. la muerte y mi maldición.

Louise encontraba en Clarice el apoyo que necesitaba. El bosque. . el espantoso silencio durante la noche. Clarice parecía tan sensata. —Es una estupidez —afirmó—. —Clarice aguardó algún comentario. Vivo con el corazón en un puño. Oh. y a la gente y todo lo demás. —¿Sabes. aunque no se parecían en nada en cuanto al carácter y los gustos. —Pamplinas. tan segura de ella misma. pero. Laxton se habían hecho amigas. Clarice?. Murgatroyd y sus amenazas. la casa. Tenían casi la misma edad. A ese montón de solteronas cotillas. el ulular de las lechuzas. al ver el silencio de su amiga. no debes dejar que te domine algo tan ridículo. Detesto estar aquí. preguntó—: ¿Qué te ocurre? —¡Odio este lugar! —estalló Louise—. —¿Qué han estado diciendo? —preguntó Clarice furiosa. a veces me siento muy asustada. ¿Qué gente? —La gente del pueblo. ¡Yo la pondré en su sitio! Clarice Vane y Mrs. pero Clarice pareció considerarlo como un asunto baladí aunque fastidioso. Ya verás cómo se cansará.tono adusto—. —La gente. Claro que para ti debe de ser un incordio. La esposa de Harry le comentó el tema de Mrs.

Tiene un hijo en Estados Unidos. qué maravilla! Creo que al final acabará por gustarme Kingsdean. —La voz de Louise se suavizó al pronunciar el nombre de su marido. Pero a Harry le encanta. pero tienen la mente retorcida. La visita de su nueva amiga fue un consuelo para Louise. a partir de entonces. pensó Clarice. «Le adora». —¿Acabará por gustarte? ¡Pero si es el lugar más maravilloso del mundo! Louise se estremeció. —No tendríamos que haber venido aquí. —Olvídales —dijo Clarice—. No sirven para otra cosa que chismorrear y la mayoría de lo que dicen se lo inventan. Clarice asintió. Harry se mostró complacido al verla más animada y. Hablas con ellas y te da la sensación de que no puedes confiar en nadie nunca más. No le resultaba tan fácil desprenderse de su temor supersticioso. insistió en que Clarice fuera por allí con más frecuencia. —Llamaré al chófer para que te lleve en el coche. —¡Harry. .—No lo sé. cariño. Vuelve pronto. mientras decía en voz alta: —Es hora de marcharme. —¿De qué se trata? —He arreglado el tema de la Murgatroyd. Un día anunció: —Tengo buenas noticias para ti. Lo he arreglado todo para que se vaya con él. Le pagaré el pasaje. Nada en particular.

¿no es así.Si las viejas cotillas de St. Bella? —Eso es lo que usted decía. Mr. vaya. mira quién está aquí! Pero si es Bella. Mrs. Mary Mead habían pensado en disfrutar informando a la novia del pasado de su marido. aunque había engordado y sus rasgos habían perdido parte de la lozanía juvenil. Louise —le comentó Harry a su esposa —. con el propósito de comprar naftalina y ácido bórico. cuando entraron Harry y su esposa. y seguía siendo una mujer atractiva. le devolvió la sonrisa. Edge. Había sido una muchacha morena y muy guapa. —Bella es una de mis antiguas novias. Harry se acercó al mostrador para pedir un cepillo de dientes cuando se interrumpió en mitad de la frase para exclamar alegremente: —¡Vaya. que había acudido apresuradamente para atender a la numerosa clientela. el placer les fue negado por la rápida intervención del propio Harry Laxton. Me alegro de volver a verle después de tantos años. Louise se echó a reír. —Así es. Estaba loco por ella. dejando a la vista su dentadura impecable. Harry —dijo con una mirada de afecto—. Después de saludar a las dos damas. respectivamente. Miss Harmon y Clarice Vane se encontraban en la farmacia y droguería de Mr. Edge. .

Harry le ha comprado el pasaje para que se . —Le tenía mucho cariño a Harry cuando era un niño. Es la pura verdad. pero me parece que no te creerá. que no dejaba de mirar la expresión desconcertada de miss Harmon. Cuando los Murgatroyd eran los guardas. —Dile que no se preocupe tanto. Clarice. pensó exultante: «Bien hecho. Tiene en vilo a la pobre Louise. La vieja está hecha una furia. Harry. —No es ninguna tontería. —No tardarán en librarse de ella. Harry —afirmó Mrs. no pararon de quejarse. Mr.—A mi marido le hace muy feliz reencontrarse con sus viejos amigos. nosotros no le hemos olvidado. agitando el puño y maldiciendo a sus nuevos propietarios? —le preguntó el doctor Haydock a su sobrina en tono brusco. —Se la ve muy guapa y rebosante de salud —dijo Harry. —¿Qué es toda esa tontería sobre la vieja Mrs. Edge—. y Mrs. Solo se quedaron allí porque Murgatroyd bebía y no podía conseguir otro empleo. No lo entiendo. —Se lo contaré —prometió Clarice sin mucha convicción—. Edge se rió complacida mientras le preguntaba qué marca de cepillo de dientes prefería. Las has dejado sin munición». —Ah. Murgatroyd rondando por Kingsdean. Es como un cuento de hadas pensar en usted como un hombre casado que construye una nueva casa para reemplazar la ruinosa Kingsdean House.

lanzando a Louise Laxton de cabeza al suelo.marche a Estados Unidos. —¿Cuál es el problema. pálido como un muerto. doctor Haydock? —replicó la anciana. vieron cómo se encabritaba el caballo. para llevar a Louise hasta la casa. Dos hombres que viajaban en la furgoneta de la panadería fueron testigos del accidente. Tres días más tarde. ¿cuál es el veredicto? —preguntó. Harry Laxton acudió a la carrera. Uno de ellos permaneció junto a la mujer inconsciente sin saber qué hacer exactamente. vieron a la vieja lanzarse al camino agitando los brazos y gritando.) Cuando el doctor Haydock se presentó al día siguiente. . que salió disparado. Falleció sin recobrar el conocimiento y antes de que llegara el médico. Vieron a Louise montada en su caballo atravesando la verja. a modo de camilla. Louise se cayó del caballo y se mató. Desmontaron una de las puertas de la furgoneta y la utilizaron. —Bien. (Fin del manuscrito del doctor Haydock. se alegró al ver que las mejillas de miss Marple habían recuperado el color y que estaba mucho más animada. mientras que el otro corría a la casa en busca de ayuda.

Harry Laxton estuvo enamorado de Bella Edge. solía quejarse de todo cuando estaba allí. Pero no era su casa. —¿Sabe usted quién lo hizo? —Creo que sí. ¿Por qué se comportó de esa manera tan curiosa? A las personas les duele tener que abandonar sus viejos hogares. El accidente la asustó. La sobornaron. ¿tengo que decírselo? —Supongo que es la extraña conducta de la guardesa. significa que alguien le pagó para que simulara. no. ¿no es así? —¿Esa es su solución? —Si su comportamiento era fingido. De hecho. Siempre he advertido que los caballeros tienden a admirar el mismo tipo de mujer. creo que el enigma de la conducta de la guardesa se puede resolver con toda facilidad. —No. Sí. Consideró prudente irse allí a esperar que zarpara el barco. ¡Y también la asesinó por su dinero! —¿Asesinato? . —Ahora me he perdido.—Mi querida amiga. Su sobrina Clarice es del mismo tipo. una morena vivaracha. Sí. Y mucho me temo que el móvil sea el dinero. Por cierto. todo resulta muy sospechoso. Pero la pobre esposa era diferente: rubia y poquita cosa. Así que debió de casarse con ella por su dinero. ¿qué se hizo de ella? —Se marchó a Liverpool. —Todo muy conveniente para alguien. todo concuerda.

creo que tenía alguna droga potente a mano para administrársela antes de que usted llegara. Edge podía conseguirle algo adecuado sin que su marido se enterara. ¿qué razones tenía Harry para reanudar la relación? Sí. por supuesto. Pero no creo que sintiera nada por ella. Laxton salió despedida de la montura. . Sí. lo hizo en el momento en que el caballo cruzó la verja. pero él no podía estar seguro. Quizá lo vieron conversando con Mrs. —La caída pudo haberla matado. Me parece la clase de hombre que no deja nada al azar. Mrs. Aunque diría que le hizo creer lo contrario a la pobre mujer para conseguir sus fines. —¿Cómo cree que la asesinó? Miss Marple contempló el vacío durante unos minutos con expresión soñadora. Supongo que quería quedarse con el dinero de Louise y casarse con su Clarice. atribuyeron la espantada del caballo a su actuación. Edge. Atractivo para las mujeres y carente de escrúpulos. Pero yo diría que fue causada por una escopeta de aire comprimido o quizás un tirachinas.—Bueno. con los hombres de la panadería como testigos. era un experto con el tirachinas. me parece que cuenta con los atributos de un asesino. Frunció el entrecejo. presenta heridas graves y muere sin recobrar el conocimiento. Vieron a la anciana y. La anciana hizo una pausa. El animal se espantó y Mrs. —Todo fue cronometrado a la perfección. Después de todo. Supongo que la tenía dominada. Si una mujer se cae de un caballo. De lo contrario.

—¿Su sobrina lo ha superado? —Sí. cuando la interrogó la policía.ningún médico sospecharía. y la verdad es que lo sentía mucho por el tipo. miss Marple. Laxton tenía la droga en su casa. Ya casi vuelve a ser usted la misma de siempre. . cuando se dejó caer sobre el diván para hacer de marido desconsolado y una jeringuilla se le deslizó del bolsillo. ¿Por qué llevaba encima una jeringuilla? Realicé la autopsia buscando algo anormal y encontré estrofantina. —No fue ninguna brillante deducción mía —admitió el médico—. —La felicito. Harry Laxton no se drogaba. y me felicito a mí mismo por la receta. El doctor Haydock asintió. El médico recogió el manuscrito. —¿Qué le hizo sospechar? —preguntó miss Marple. Mrs. Solo se debió a ese hecho tan común de que el asesino se cree tan listo que no toma las debidas precauciones. Atribuiría el fallecimiento a las heridas. y Bella Edge. Lo demás fue sencillo. pero no había ido más allá. »La recogió en el acto y puso tal cara de miedo que comencé a pensar. confesó que ella se la había proporcionado. gozaba de buena salud. Le estaba diciendo algunas palabras de consuelo. se sentía atraída por el tipo. Murgatroyd también confesó que Harry le había pagado para que hiciera toda aquella pantomima de las maldiciones.

EL APARTAMENTO DEL TERCER PISO .

—Vuelve a mirar. ¿Qué haremos? —¿Qué es la vida sin una llave? —planteó Jimmy Faulkener. Creo que os la di a uno de vosotros dos. Comenzó a revolver. con una expresión cada vez más grave. Todos se encontraban delante de la puerta del apartamento de Patricia Garnett. Pero no le iba a ser fácil encontrar un cabeza de turco. Su voz agradable y su apacible forma de hablar hacían juego con su figura alta y morena. Jimmy —le reprochó Pat furiosa—. en el interior de algo que parecía un calcetín de seda y que ella llamaba bolso de noche. de hombros anchos y ojos azules de mirada apacible. —Si es que la cogiste —señaló Mildred Hope. Le dije a Donovan que la guardara. Esto es serio. Donovan negó rotundamente haberse hecho cargo de la llave y Jimmy le respaldó. —Es inútil —afirmó Pat—. Era un joven bajo.—¡Maldición! —exclamó Pat. No está. —Miró a uno de los jóvenes con aire acusador—. —No bromees. Tiene que estar en alguna parte. Pat —le recomendó Donovan Bailey—. . —Por supuesto que la cogí. Dos jóvenes y otra muchacha la observaban ansiosos.

Una estaba en el interior del piso. ¿no te gustaría trepar como un gato ladrón. Donovan. Pat meneó la cabeza. Solo había dos llaves. ¿verdad? Donovan declinó cortés pero firmemente hacer de gato. —Lo que no me explico es por qué las cosas no se caen todas a la vez — manifestó Jimmy. Se me ha caído un par de veces. —La cuestión es: ¿cómo entraremos? —preguntó Mildred. —Pues entonces. Era una muchacha con mucho sentido común. alguno de los dos la dejó caer cuando recogió mi bolso. colgada en la cocina. Es probable que tenga una llave maestra. aunque no tan atractiva como la impulsiva y quisquillosa Pat. podríamos forzar una ventana. Se te ha caído por lo menos una docena de veces y no cuento las veces que te la has olvidado. que iba directa al grano. Los cuatro miraron la puerta cerrada desconcertados. —¿No podríamos llamar al portero? —propuso Jimmy—. —¡Un par! —exclamó Donovan—. —Escalar hasta un apartamento en el cuarto piso no es cosa fácil —opinó .—Te vi meterla en el bolso —afirmó Jimmy. —Si el apartamento estuviera en la planta baja —comentó Pat—. y la segunda estaba —o tendría que haber estado— en el condenado bolso.

—No creo que esté cerrada —intervino Pat—. —La cocina de Pat seguro que no —manifestó Jimmy—. es inútil lamentarse. —Tendría que haberla —protestó Jimmy—. —Hay un montacargas de servicio —respondió Pat—. —No lo creas —dijo Donovan. —No te lo niego —dijo Pat—. ¡ya está! ¿Qué os parece el montacargas del carbón? —Eso me parece interesante —opinó Donovan. Un momento. Esta mañana saqué el cubo de la basura. . —¿Qué tal si probamos por la escalera de incendios? —sugirió Donovan. Oh. sí. como no hay. pero no es más que un cesto de alambre. Los demás rechazaron de plano esa posibilidad. Un edificio de cinco pisos está obligado a tenerla. —Estará cerrada —afirmó Mildred pesimista—. ¿Cómo haré para entrar en mi apartamento? —¿No hay montacargas? —preguntó Donovan—. Me refiero a la puerta en la cocina de Pat. Eso que utilizan los repartidores para subir las chuletas y las coles de Bruselas. Estoy segura de que no cerré la puerta y no he vuelto a acercarme el resto del día. Pero. —No hay. Ella nunca cierra nada.Jimmy.

Arrugó la nariz. pero qué vamos a hacerle —comentó—. —Vamos —gritó y salió corriendo escaleras abajo. —Un poco ruidoso. —Este cacharro hace un ruido espantoso —comentó Jimmy durante el ascenso en la oscuridad—. aunque deja que te recuerde.—Pues eso nos será muy útil esta noche —señaló Donovan—. y pasaron por una puerta que comunicaba con el hueco de los ascensores. —No puedes pesar más que una tonelada de carbón —dijo Pat. —En cualquier caso. Desaparecieron de la vista acompañados de sonoros chirridos. Se subió a la plataforma—. Los demás la siguieron y la muchacha los guió a través de un pasillo a oscuras. Supongo que el montacargas soportará mi peso —añadió con tono de duda. mientras tiraba de la cuerda. mi querida Pat. ¿Me embarco solo en esta aventura o alguien viene conmigo? —Te acompaño —dijo Jimmy. En la plataforma había un cubo de basura. que no tenía muy claras las tablas de pesos y medidas. no tardaremos en averiguarlo —manifestó Donovan alegremente. ¿Qué pensarán los ocupantes de los demás apartamentos? . Donovan lo quitó y se subió a la plataforma. que aparentemente servía de aparcamiento para coches de bebé. que tus malos hábitos te dejan a merced de los ladrones todas las noches. Se acercaron al montacargas de la derecha. Pat no hizo ningún caso de las advertencias.

El portero de Friars Mansions trabaja más de lo que sospechaba. se escuchó otro taco en la oscuridad. supongo. —Bueno. Si tenemos en cuenta cómo es Pat. La puerta se abrió con solo empujarla. Jimmy. como suele ocurrir. —La luz no se enciende.—En fantasmas o ladrones. me he olvidado. Por cierto. —Tendríamos que haber traído una linterna para este trabajo nocturno —dijo Donovan—. Estamos pasando por el tercero. . encenderé la luz de la sala. un segundo más tarde. Avanzó con infinitas precauciones y soltó un sonoro taco cuando una esquina de la mesa de la cocina se le clavó en las costillas. Supongo que la bombilla está fundida. tampoco pasa nada porque yo sí. El siguiente es el nuestro. muchacho. que estaba oscura como la boca de un lobo. —¿Qué pasa? —preguntó Jimmy. Tirar de esta cuerda es bastante pesado. Llegó al interruptor y. nos encontraremos con que Pat sí cerró la puerta —rezongó Jimmy. Pero estos temores resultaron infundados. Espera un momento. —Ahora. Donovan y Jimmy entraron en la cocina de Pat. todo estará por el suelo y romperemos no sé cuántas cosas antes de que llegue al interruptor. no te muevas hasta que encienda la luz. ¿vas contando los pisos? —¡Vaya! No.

Jimmy encontró el interruptor y se hizo la luz. —¿Qué ocurre esta vez? —No lo sé. —Mrs. ¡Que alguien se apiade de nosotros! ¿Crees que nos habrá oído? —Es un milagro que ya no esté aquí después de todos tus tacos y de todos los golpes que te has dado contra los muebles. los jóvenes comprendieron que sería muy difícil darle al propietario del apartamento una explicación aceptable. Ernestine Grant —leyó Donovan—. Apagaron la luz y. Se habían equivocado de piso. Jimmy oyó nuevas imprecaciones cuando Donovan abrió la puerta. espantados. ¡Maldición! ¡Aquí hay otra! Pero. salgamos de aquí cuanto antes. la habitación estaba el triple de abarrotada. cuestión que explicaba la patética sorpresa de Donovan ante los repetidos choques con los diversos muebles. Donovan cogió una. ambos se miraban horrorizados. Venga. Todo parece estar cambiado de sitio. Había una mesa redonda cubierta con un tapete verde en el centro y una aspidistra en la ventana. A la vista de cómo era la sala. Esta no era la sala de Pat. Para empezar. Él también cruzó a tientas la cocina. Creo que alguien embruja las habitaciones durante la noche. la pila de cartas que había sobre la mesa. de puntillas. Te topas con las sillas y las mesas donde menos las esperas. Al segundo siguiente. regresaron apresuradamente a la cocina. .La sala se encontraba al final del pasillo. en este momento. Miraron.

—Me gustan las mujeres que tienen el sueño profundo —comentó complacido —. efectivamente. —Me alegro de que no os pillara —comentó—. quiere verme para quejarse de no sé qué.Jimmy respiró más tranquilo cuando se encontraron otra vez montados en la plataforma sin más tropiezos. —Espero con toda mi alma que así sea —dijo Jimmy mientras se enfrentaba otra vez a la oscuridad—. Ernestine Grant se ha ganado toda mi estima. Escuchó con gran interés el relato de Donovan. Nos hemos salvado por los pelos de no acabar en comisaría como dos malhechores. —Ahora entiendo por qué nos equivocamos —manifestó Donovan—. Esta mañana me ha enviado una nota. Supongo que será por el piano. Las personas a quienes no . Mrs. —Sí que os lo habéis tomado con tranquilidad —protestó Pat—. Teníamos que haber contado desde el sótano. abrían la puerta para que entraran las muchachas que esperaban en el pasillo. Pat entró en la sala y se sentó en el sofá. —Tiró de la cuerda y volvieron a subir—. Pero se habían acabado los sobresaltos. Esta vez sí que estamos en el lugar correcto. se encontraban en la cocina de Pat. Estoy segura de que esa mujer es una cascarrabias. Mis nervios no resistirán otra sorpresa. Mildred y yo ya estábamos hartas de esperar. —Hemos tenido una aventura —le explicó Donovan—. Encendieron la luz y. Al minuto siguiente.

—¿Crees que tendríamos que volver a bajar y echar una ojeada? Ya sabes. bruscamente. te has herido en la mano. frunciendo el entrecejo—. Era obvio que ambos pensaban lo mismo. Donovan. La tienes cubierta de sangre. Jimmy fue el primero en manifestarlo. solo para comprobar que todo está en orden.les gusta tener un piano encima de sus cabezas no tendrían que vivir en apartamentos. —¿Qué hacemos con las chicas? —No les diremos nada. Donovan se miró la mano sorprendido. pensó lo mismo que ya había pensado su amigo—. llamó a Jimmy. ¿Estás seguro de que era sangre? ¿No se tratará de pintura? —Era sangre —afirmó Donovan y se estremeció. donde no se apreciaba corte alguno. Demonios. —¿Qué pasa? No te habrás hecho una herida grave. Ve a lavarte. has debido de mancharte en el otro apartamento. al cabo de unos instantes. Pat se pondrá un delantal y preparará tortillas a la . ¿verdad? —No tengo ninguna herida. Pero ¿de dónde ha salido? —Entonces. —Sí que es curioso —admitió Jimmy. El otro le enseñó la mano. Había algo tan extraño en la voz de Donovan que Jimmy le miró fijamente. Intercambiaron una mirada. —Pensó por un momento en las implicaciones de lo que había dicho —. Salió de la habitación obedientemente y. Había mucha sangre.

—¡Mira! Donovan miró hacia donde apuntaba el dedo de Jimmy y lanzó una exclamación. Jimmy dio un respingo y cogió el brazo de su compañero. Ya verás como al final no es más que un tontería. Grant. un pie de mujer calzado con un zapato de charol. Esta vez no tuvieron problemas para cruzar la cocina y encender la luz de la sala. La sala tenía un aspecto absolutamente normal y no se veía nada que sugiriera violencia. Miró a su alrededor. Se montaron en la plataforma y bajaron al apartamento de Mrs. Por debajo de las cortinas asomaba un pie. No toqué nada en la cocina. Jimmy se acercó a las cortinas y las descorrió. en medio de una charco de sangre. De pronto. —No lo hagas. Jimmy hizo lo mismo y ambos fruncieron el entrecejo. —De acuerdo. Supongo que no podemos hacer otra cosa. No había duda de que estaba muerta. No hay que tocarla hasta que llegue la policía. —Ha tenido que ser aquí donde me ensucié la mano —opinó Donovan—. Al pie de la ventana yacía el cuerpo acurrucado de una mujer. Pero lo dijo sin ninguna convicción. Intentó levantarla pero Donovan le detuvo. Estaremos de vuelta antes de que se le ocurra preguntarse dónde estamos. .francesa para todos.

Venga. Pat le abrió la puerta. subiré para llamar a la policía. En cualquier caso. —Escucha. vaciló cuando ya salían. hasta que llegue la policía. ¿qué es esto? ¿Ocurre algo? —No pasa nada. ahora saldremos por la puerta principal. Ernestine Grant? —Eso parece. o algo así? .—La policía. si hay alguien más aquí en el apartamento está muy callado. Jimmy asintió. Pat. sorprendida. Subió las escaleras de dos en dos y tocó el timbre del apartamento. Sin embargo. ¿Quién crees que es? ¿Mrs. —¿Tú? Donovan. —¿Qué te parece más conveniente? ¿Salir corriendo a buscar a un agente o llamar desde el apartamento de Pat? —Creo que llamar será lo mejor. Hay una mujer muerta. Solo que hemos hecho un descubrimiento un tanto desagradable en el apartamento de abajo. —¡Oh! ¡Qué horrible! ¿Tuvo un ataque. por si ocurriera algo. Le miró. Si tú te quedas. —Tienes razón. creo que uno de los dos debería quedarse. Qué asunto más desagradable. estaba preciosa con el rostro arrebolado y el delantal. por supuesto. —Donovan la cogió de las manos—. Sí. No podemos pasarnos la noche subiendo y bajando en ese ascensor que huele que apesta.

yo soy. ¡Oh! —La joven le miró. —Hercule Poirot. pero otras temía que su amigo Jimmy. Quizá. el aire. Pat y Donovan miraron a un hombre bajo. La pareja se encontraba en el umbral y miraron hacia el rellano. con bigotes impresionantes y la cabeza con forma de huevo.. Las había dejado allí. Una persona estaba unos escalones más arriba. Acabó de bajar y apareció ante ellos.—No. Se inclinó galantemente ante la muchacha. ¿El auténtico Poirot? . Permítame. Recordar que Jimmy montaba guardia pacientemente le hizo sentir culpable. la vista de Londres. Me gusta estar en lo alto. Por eso me aventuro a ponerme a su servicio. —Pat. sorprendida—. Alquilé el apartamento a nombre de Mr. La verdad es que tiene toda la pinta de tratarse de un asesinato. mientras esperamos que lleguen. Pero no soy irlandés. Vestía una bata resplandeciente y zapatillas bordadas. debemos llamar a la policía. Tengo otro nombre. ¡Es brutal! Las manos de Pat seguían entre las del joven. no sé si lo sabe. —¡Oh. pueda ayudarles en algo. Donovan! —Lo sé. Con un gesto versallesco sacó una tarjeta y se la entregó.. Estaba loco por ella. ¿Era correspondido? A veces creía que sí. el inquilino del apartamento de arriba. O’Connor. querida. —Mademoiselle. —Monsieur tiene toda la razón —dijo una voz a sus espaldas—. La preciosa Pat. incluso se las apretaba.

Soy un experto en forzar cerraduras. se lo ruego.. levantó un dedo para pedir silencio y escuchó. No dudo de que podría haberle abierto la puerta. y llame a la policía. Encontraron a Jimmy.¿El gran detective? ¿Está usted dispuesto a ayudarnos? —Esa es mi intención. —Bien. pero la luz no se encendió. Se dirigió a la cocina mientras hablaba y accionó el interruptor. a quien Pat le explicó la presencia de Poirot. relató al belga la aventura vivida. —Tiens! Voilà ce qui est curieux! —exclamó al ver que se encendía la bombilla —. Pat le acompañó. Todos oyeron un sonido lejano pero inconfundible: un ronquido. mademoiselle. a su vez. Estuve a punto de ofrecerles mi ayuda no hace mucho. Podría haber sospechado de mis intenciones. —Les oí discutir cómo entrar en el apartamento —le explicó el detective—. —¿Dice usted que la puerta del montacargas estaba abierta? Salieron ustedes a la cocina. La muchacha pareció desconcertada.. Jimmy. pero vacilé a la hora de proponérselo. Me pregunto. El detective le escuchó atentamente. Se interrumpió. Ahora funciona perfectamente. Entre. monsieur — dijo Poirot a Donovan—. Yo bajaré al apartamento. Pat se echó a reír. .

Estaba inclinado sobre la mesa. Poirot apagó la luz y se retiró discretamente. ¿verdad? Sin duda. —No se despertará. La abrió sin vacilar y encendió la luz. El cuarto. la respuesta la tiene ante sus ojos. lo hice. —Sí.—Ah! La chambre de domestique. era lo que los constructores de pisos denominan habitación de servicio. y los cuatro jóvenes permanecieron en el umbral. Es que. Solo miraremos. Entró en la sala. No me acerqué a la ventana ni una sola vez. donde había una puerta. Han dicho que no toquemos nada. Cruzó de puntillas la cocina y entró en la despensa. señor —dijo Donovan—. —La policía llegará de un momento a otro —informó—. —Hay algo que no entiendo. que no era más grande que una perrera.. Señaló una mancha oscura en . ¿Cómo llegó la sangre a mi mano? —Mi joven amigo. —No tocaremos nada —afirmó Poirot—. casi sin respirar. La dejaremos dormir hasta que llegue la policía. ¿De qué color es el mantel? Rojo. atentos a cada movimiento del famoso detective. Mildred había bajado con Donovan. —Donovan se interrumpió. Volvió a la sala donde los esperaba Donovan. Poirot asintió. Casi todo el espacio lo ocupaba la cama donde roncaba beatíficamente una muchacha de mejillas sonrosadas.. usted apoyó la mano en la mesa.

En un edificio como este. están en el mismo lugar en cada apartamento. Poirot se irguió para mirar lentamente a su alrededor. todo está en un sitio diferente. —Ya lo veo. —La verdad es que me llevé por delante más de uno —admitió Donovan con una sonrisa—. Exhaló un leve suspiro. así y todo. los baños. que en esta habitación hay demasiados muebles. —Me refiero —añadió el belga en tono de disculpa— a que algunas cosas son fijas. a la que no parecía .la tela roja. no tocó nada. Claro que la distribución no se parece en nada a la sala de Pat. Poirot asintió varias veces con expresión complacida. No se movió. los cuatro jóvenes tuvieron la sensación de que todos y cada uno de los objetos de aquella habitación mal ventilada revelaban sus secretos a la perspicaz mirada del detective. pero. —¿Qué ha visto? —preguntó Donovan dominado por la curiosidad. las puertas. —He visto lo mismo que ustedes. Después el asesino trasladó el cadáver. las chimeneas. Por eso no conseguía orientarme. Donovan le interrogó con la mirada. las ventanas. —Todo no —apuntó Poirot. —Aquí es donde se cometió el crimen —anunció con un tono solemne—. —¿No está hilando demasiado fino? —comentó Mildred.

. subirá a vernos y nos hará todas las preguntas que quiera. en el apartamento. La verdad es que soy muy buena haciendo tortillas. y casi .gustarle mucho el detective.. —Monsieur Poirot —dijo Pat—. Le prepararé una tortilla que se chupará los dedos. Jimmy le miró con curiosidad al advertir una leve nota de pesar en su voz. Me encantan. Poirot se mostró muy amable y dicharachero. cuando haya acabado aquí. Mientras usted hace su trabajo. —Escucharé sus declaraciones dentro de unos momentos —dijo—. Luego. pero que desgraciadamente no sabía cocinar. es usted un encanto. Luego. mademoiselle. Se escucharon pasos en las escaleras y tres hombres entraron en el apartamento. En una ocasión me enamoré de un bella joven inglesa que se parecía muchísimo a usted. monsieur l’inspecteur. nosotros volveremos al apartamento de arriba y mademoiselle hará lo que había prometido: tortillas a la francesa. miró a los demás. hay que hablar con la mayor exactitud posible. El inspector aceptó y Poirot se marchó con los jóvenes al apartamento de Pat. —Una sugerencia —le interrumpió Poirot—. —Hasta donde sea posible. El inspector reconoció a Poirot y le saludó como si de una ilustre celebridad se tratara. pero antes. Así que quizá no debería lamentarlo. No obstante. —Eso está muy bien. Es una de mis pequeñas manías. un agente y el médico forense. Eran el inspector de policía.

—No tendría que dejar la puerta del montacargas sin el cerrojo echado. La mujer muerta es Mrs. Es una imprudencia peligrosa. Alguien podría entrar y asesinarme como a esa pobre mujer.. Grant. —Todo parece estar muy claro. —¿Nos contará lo que ha descubierto? —preguntó Poirot. aunque quizá nos cueste atrapar al culpable. El inspector dirigió a Pat una mirada de reproche. Poirot —comentó el inspector—. Donovan y Jimmy relataron los acontecimientos de la noche. La víctima se desplomó hacia . —¡Ah! Pero el que lo hizo no entró por allí —manifestó Rice. los periódicos no tardarán en enterarse —comentó el inspector—.se olvidaron de la espantosa tragedia ocurrida en el apartamento de abajo. Tenía unos treinta y cinco años. Este crimen no está en su línea. La verdad es que no hay ningún secreto. —Précisément.. —No sé si debo. El portero la identificó. y estos jóvenes serán discretos. probablemente alguien que estaba sentado al otro lado de la mesa. —En cualquier caso. Habían consumido y alabado las excelencias de las tortillas cuando aparecieron el inspector Rice y el forense. pero tratándose de usted. El agente se había quedado de guardia. —No lo haré nunca más —prometió la muchacha con un estremecimiento—. Estaba sentada a la mesa y le dispararon con una automática de pequeño calibre. Me gustaría saber por qué encontraron el cadáver.

Eso demuestra que es poco probable que alguien oyera el disparo. que era hombre de pocas palabras. Verá. Creo que podemos aproximarnos mucho a . —Ahora son las doce menos cuarto. —Era su día libre. —¿Cómo es que nadie oyó el disparo? —preguntó Mildred. Pero continúe usted. quizá. Creyó que la señora dormía. ¿No es así? El forense. como les pasó a estos dos señores. pero había algo en ella que provocó una rápida mirada por parte del inspector.delante y manchó el tapete. El forense estima que la muerte se produjo hará cosa de cuatro a cinco horas. se limitó a asentir con un gesto. nadie oiría nada. ¿no le parece? La voz de Poirot sonó muy amable. ¿oyeron ustedes el alarido de la criada cuando le dijimos que su patrona estaba muerta? No. —¿La criada no tenía nada que contar? —quiso saber Poirot. —Quizá. Tiene llave del apartamento. pero no vio nada anormal. No. para dejar sobre la mesa el correo de la tarde. —La pistola llevaba un silenciador. el asesino se tomó el trabajo de ocultar el cadáver detrás de las cortinas. —¿No entró en la sala? —Sí. Todo estaba en silencio. —No quería que se descubriera el crimen hasta después de su huida. Regresó a eso de las diez. Por cierto. —Resulta bastante curioso. —La criada se fue a las cinco.

Probablemente creyó que lo había destruido. Le pasó a Poirot un pañuelo de seda blanco. —Eso es. Se veía con toda claridad. —Sacó un trozo de papel arrugado—. Seguramente lo perdió cuando corrió las cortinas. No hay huellas.. mientras devolvía la nota. Es un hombre extraño. J. Ahora ya sabemos el nombre de la persona que buscamos. mon cher. —Un documento demasiado comprometedor como para dejarlo de lado — opinó Poirot. Poirot alisó el papel.la hora exacta. no tardaremos en encontrarle. —El asesino no sabía que ella lo tenía en el bolsillo —replicó el inspector—. El belga leyó el nombre. por una parte cuidadoso porque marca los pañuelos y borra las . John Fraser. Encontramos la pistola debajo del cuerpo sin ninguna huella. F. El mensaje estaba escrito a máquina y en mayúsculas. J. Encontramos esto en el bolsillo del vestido de la víctima. No tenga reparos en tocarlo. —¿Cómo sabe que era de seda? —Porque lo encontramos —respondió Rice ufano—. F. En cuanto averigüemos algo más sobre la víctima y aparezca algún familiar. No obstante. algo me dice que no será fácil dar con John Fraser. las iniciales de la nota. ». No hizo falta que le señalara la marca en el centro. —No. «VENDRÉ ESTA TARDE A LAS SIETE Y MEDIA. tenemos pruebas de que es un hombre cuidadoso. —John Fraser. Las limpió escrupulosamente con un pañuelo de seda.

—¿No está usted satisfecho? —le preguntó Jimmy al ver su expresión pensativa. descuidado porque extravía el pañuelo y no busca la nota que lo incrimina. Alrededor de las siete. Sé la opinión que tienen de usted en la jefatura. ¿verdad? —Nos marchamos muy temprano —explicó Pat—. —Muchas gracias. Tengo dos. no lo estoy. —No. al mismo tiempo. —¿Puedo pedirle un pequeño favor? ¿Me permitiría visitar el apartamento? —Por supuesto. Poirot cerró la puerta y fue a reunirse con los jóvenes. . El inspector se levantó. Sí. La criada no ha querido quedarse sola y se ha marchado a casa de unos parientes. Poirot le acompañó hasta la puerta. ¿Le vieron entrar en el edificio? —A esas horas el trajín es tremendo. Estos bloques de pisos son muy grandes —respondió el policía. Lo encontrará vacío. —Es posible.huellas del arma homicida y. Supongo que ninguno de ustedes vio salir a nadie del apartamento. Donovan le miró intrigado. —Demasiada prisa por salir huyendo. Poirot. es posible. Le dejaré una llave. —Comprendo. Miró a los jóvenes—.

Hizo un gesto galante y una vez más deseó buenas noches a Pat e hizo lo propio con Mildred.—¿Qué le preocupa? Poirot no respondió. Al entrar en el . ¿Quieren acompañarme? Ambos aceptaron con entusiasmo. —Supongo que después fueron al teatro. Luego movió los hombros en señal de impaciencia. —Solo he preparado las tortillas. mademoiselle. Eh bien. no lo estoy. —Ha llegado el momento de desearle buenas noches. que iba a dormir en el apartamento. Donovan y Jimmy vinieron a buscarnos y fuimos a cenar a un restaurante del Soho. —Pat se echó a reír—. después de tanto cocinar. Poirot encabezó la marcha y abrió la puerta con la llave que le había dado hacía un momento el inspector. Los dos jóvenes acompañaron a Poirot. —Mis jóvenes amigos. ¿no? —Así es. —¡Ah! —exclamó Poirot—. ya que su amiga no se veía con ánimos de quedarse sola. Ya se despedían en el rellano. Ahora iré a realizar algunas investigaciones por mi cuenta. A ver Los ojos castaños de Caroline. Permaneció en silencio durante un par de minutos con el entrecejo fruncido. Seguramente estará cansada. los ojos azules de mademoiselle. cuando Poirot les detuvo. es verdad. Tendrían que haber sido los ojos azules. ustedes me han oído decir que no estaba satisfecho.

En el lavadero había un gran cubo de basura. Poirot levantó la tapa. Donovan se hizo con el frasquito y lo olió. Jimmy y Donovan no salían de su asombro.apartamento. ¿tendría la bondad de traer un poco de brandy? Vi una botella en la sala. estoy resfriado. se inclinó sobre el cubo y comenzó a rebuscar en el interior con el entusiasmo de un feroz terrier. cuando regresó. ¡A quién se le ocurre quitar el tapón sin tomar precauciones! ¿No vio con qué prudencia lo hice yo? Monsieur. En su mano sostenía en alto un frasquito. como habían supuesto los otros. estoy enrhumé. Se desplomó al suelo en el acto como alcanzado por un rayo. no se dirigió a la sala. . —¡Imbécil! —exclamó el belga—. que se levantó tambaleándose—. Eso no le libró de la reprimenda de Poirot sobre la necesidad de ser precavido cuando se olía alguna sustancia que podía ser tóxica. Ah. sino que fue directamente a la cocina. pero. pero no notó nada. Poirot se irguió con un grito de triunfo. Jimmy salió corriendo. —Creo que me iré a casa —declaró Donovan. Donovan ya estaba sentado y afirmaba sentirse bien. Quitó el tapón y se volvió a acercar el frasquito a la nariz antes de que el grito de advertencia del detective pudiera impedírselo. Solo la rápida intervención de Poirot evitó que se hiciera daño. De pronto. —Voilà! Lo he encontrado. —Lo olió delicadamente—.

Eso, si es que ya no me necesitan. Todavía me siento un poco mareado.
—Por supuesto, es lo más conveniente. Monsieur Faulkener, espéreme aquí.
Ahora mismo vuelvo.
Acompañó a Donovan y se quedó hablando con él en el rellano durante unos
minutos. Cuando volvió al apartamento, se encontró a Jimmy que miraba la sala
con expresión intrigada.
—Bien, Poirot, ¿y ahora qué?
—No hay nada más. El caso está cerrado.
—¿Qué?
—Ahora lo sé todo.
Jimmy le miró, desconcertado.
—¿El frasquito que encontró?
—Eso es. El frasquito.
—No entiendo nada. —Jimmy meneó la cabeza—. No sé la razón, pero no
parece estar usted satisfecho con las pruebas que apuntan al tal John Fraser,
quienquiera que sea.
—Quienquiera que sea —repitió Poirot en voz baja—. Si es que es alguien, cosa
que me sorprendería.
—No lo entiendo.
—Solo se trata de un nombre, nada más, un nombre bordado en un pañuelo.
—¿Qué me dice de la nota?

—¿Se fijó en que estaba escrita a máquina? ¿Por qué? Se lo diré. La letra
manuscrita se puede identificar. También se puede seguir la pista a una carta
mecanografiada con más facilidad de lo que usted cree. Pero si un John Fraser de
verdad escribió la nota, esas dos cosas no le hubieran hecho ninguna gracia. No,
fue escrita con la intención deliberada de meterla en el bolsillo de la víctima para
que la encontráramos. El tal John Fraser es una persona inexistente.
Jimmy lo miró como pidiéndole que fuera más claro.
—Así fue como volví al primer punto que me llamó la atención. Usted me oyó
decir que hay ciertas cosas en una habitación que siempre están en el mismo
lugar en ciertas circunstancias. Le mencioné tres. Podría haber mencionado una
cuarta, el interruptor de la luz, amigo mío.
El joven siguió con la misma expresión de antes.
—Su amigo Donovan no se acercó a la ventana —prosiguió Poirot—. Se
manchó la mano de sangre cuando la apoyó en esta mesa. De inmediato me
pregunté: ¿por qué la apoyó aquí? ¿Qué hacía caminando a tientas en la
oscuridad? Recuerde, amigo mío, que los interruptores de luz siempre están en el
mismo lugar: junto a la puerta. ¿Por qué cuando entró en esta habitación no
buscó el interruptor y encendió la luz? Eso hubiese sido lo natural, lo que haría
cualquiera. Según dijo, intentó encender la luz de la cocina, pero la bombilla no se
encendió. Sin embargo, cuando lo intenté, funcionó sin problemas. ¿Es que no
quería que se encendiera en ese momento? De haberse encendido, los dos se

hubieran dado cuenta de inmediato de que se habían equivocado de apartamento.
No hubiera habido ningún motivo para entrar en esta sala.
—¿Dónde quiere ir a parar, Poirot? No lo entiendo. ¿A qué se refiere?
—Me refiero a esto.
El detective le enseñó una llave.
—¿La llave de este apartamento?
—No, mon ami, la llave del apartamento de arriba. La llave de mademoiselle
Patricia que Donovan Bailey le robó del bolso en algún momento de la velada.
—¿Por qué?
—Parbleu! Para hacer lo que quería: entrar en este apartamento sin provocar
ninguna sospecha. Se aseguró de que la puerta del ascensor quedara abierta.
—¿Dónde encontró la llave?
—La acabo de encontrar donde la busqué —respondió Poirot con una amplia
sonrisa—. En el bolsillo de Donovan. Verá, el frasquito que simulé encontrar era
un engaño. Donovan picó. Hizo lo que yo esperaba: destaparlo y oler. El frasquito
contenía cloruro de etilo, un anestésico instantáneo muy fuerte. Le dejó dormido
durante los pocos segundos que necesitaba. Saqué de su bolsillo las dos cosas que
no dudaba encontrar. La llave era una, la otra...
Se detuvo un instante y prosiguió:
—Interrogué al inspector para saber el motivo de que el cadáver estuviera
escondido detrás de las cortinas. ¿Para ganar tiempo? No, había algo más.

Entonces, pensé en otra cosa: el correo, amigo mío. El reparto de las nueve y
media. Digamos que el asesino no encontró lo que buscaba, pero que bien podía
llegar más tarde. Por lo tanto, necesitaba volver, pero la criada no debía descubrir
el crimen a su regreso, o la policía precintaría el apartamento, así que ocultó el
cadáver detrás de las cortinas. La criada no sospecha nada y deja las cartas sobre
la mesa como de costumbre.
—¿Las cartas?
—Sí, las cartas. —Poirot sacó algo del bolsillo—. Esta es la segunda cosa que
extraje del bolsillo de Donovan mientras estaba inconsciente. —Le mostró un
sobre donde el nombre del destinatario aparecía escrito a máquina—. Hay una
cosa que quiero preguntarle antes de que abramos esta carta. ¿Está usted
enamorado o no de mademoiselle Patricia?
—Quiero a Pat, pero nunca he creído seriamente que me pudiera corresponder.
—¿Creyó que estaba enamorada de Donovan? Es posible que le interesara al
principio. Pero ahora le tocará a usted hacérselo olvidar y ayudarla a superar las
dificultades que la esperan.
—¿Dificultades? —exclamó Jimmy vivamente.
—Sí, dificultades. Haremos todo lo posible para mantener su nombre fuera del
caso, pero acabará por aparecer en algún momento. Verá, ella fue el motivo.
Abrió el sobre y sacó dos hojas de papel. Una era una carta de un bufete que
decía lo siguiente:

Muy señora mía:
El documento adjunto es perfectamente legal y el hecho de que el matrimonio se efectuara en un país
extranjero no lo invalida en ningún sentido.
Cordialmente, etcétera, etcétera...

Poirot miró el documento. Era un certificado de matrimonio entre Donovan
Bailey y Ernestine Grant. La fecha era de ocho años atrás.
—¡Dios! —exclamó Jimmy—. Pat mencionó que había recibido una carta de la
difunta en la que le solicitaba una entrevista, pero no imaginó que pudiera ser
nada importante.
—Donovan estaba al corriente —manifestó Poirot—. Vino a ver a su esposa
esta tarde, antes de subir al apartamento de Pat. Por cierto, que resulta una burla
del destino que la pobre mujer fuera a instalarse en el mismo edificio donde vivía
su rival. Él la asesinó a sangre fría y después salió con ustedes a cenar y al teatro.
Su esposa debió de decirle que había enviado el certificado a un abogado y que
esperaba respuesta. Parece obvio que él quiso hacerle creer que no era válido.
—La verdad es que estuvo muy animado durante toda la velada. —Jimmy se
estremeció—. ¿Por qué lo dejó escapar, Poirot?
—No se preocupe. Para él no hay escapatoria.
—Piense sobre todo en Pat. Usted no creerá que a ella le intereso en serio,
¿verdad?
—Mon ami, eso es cosa suya —contestó el detective amablemente—. Debe

lograr que se acerque a usted y olvide todo lo demás. ¡No creo que le vaya a
resultar muy difícil!

LA AVENTURA DE JOHNNIE WAVERLY .

En pie y con las piernas muy separadas. Cuando más tarde supe que era la hija de un magnate del acero de Birmingham que había iniciado su carrera como chico de los recados hasta escalar a su actual posición. Su esposa no hizo caso de la interrupción. Waverly era un hombre grande de aspecto jovial. tenía todo el aspecto del caballero rural. siempre comprensivo ante la maternidad angustiada. —Sí.—Debe usted comprender los sentimientos de una madre —repitió Mrs. —No quiero saber nada más de la policía. Poirot se apresuró a cortar la reiteración con un gesto elocuente. —La policía. sí. ¡Confiamos en ellos y mire las consecuencias! Pero me han hablado tanto de monsieur Poirot y de las maravillas que realiza.. Waverly. quizá por sexta vez.. comprendí que había heredado muchas de las cualidades paternas. Confíe en papá Poirot. . —comenzó Mr. Miró con una expresión de súplica a Poirot.. hizo un gesto tranquilizador.. Resultaba obvio que sus emociones eran genuinas. Los sentimientos de una madre. la comprendo perfectamente. pero no estaban en consonancia con su aspecto duro y astuto. Mi amigo. que presiento que nos ayudará. Waverly.

desde luego. Maldita sea. —Conozco. ¡qué cosa más sórdida!. de tres años de edad y heredero de Marcus Waverly. ¡Veinticinco mil libras. —Ada no me dejó en paz. con todo detalle. recibí otra: «A menos que pague. El autor tenía la desvergüenza de exigirme el pago de veinticinco mil libras. Cinco días después. monsieur Poirot? Sobraba la pregunta. monsieur Poirot! Si no lo hacía. Eso fue el veintisiete. El día veintiocho recibí la tercera carta: «No ha pagado. Hacía varios días que los periódicos publicaban la más amplia información sobre el sensacional secuestro del pequeño Johnnie Waverly. monsieur. Esquire. expuse el caso a Scotland Yard. su hijo será secuestrado el día veintinueve». —Supongo que todo esto comenzó hace unos diez días cuando recibí una carta anónima. veintinueve. Ada estaba preocupadísima. —No es una práctica habitual. por supuesto. tiré la carta a la papelera. a . una de las familias más antiguas de Inglaterra. los hechos más importantes. Nadie va por ahí secuestrando niños para conseguir un rescate. que no tenía ni pies ni cabeza. por favor. Nos llevaremos a su hijo mañana. convencido de que se trataba de una broma estúpida. pero le ruego que me relate toda la historia. Ellos tampoco parecieron tomárselo muy en serio y compartieron mi opinión de que era una broma ridícula. monsieur. ¿no es así. estamos en Inglaterra. Surrey.—Supongo que conoce todos los detalles del caso. me amenazaba con raptar a Johnnie. Por supuesto. pero fui incapaz de tomármelo en serio. así que. Waverly Court. Continúe. aunque me sentí como un tonto.

al mando de un grupo de agentes. probablemente. Alguien que vivía en mi casa estaba implicado en el asunto. me quedé atónito al ver una nota prendida en mi almohada. El inspector McNeil. a la mañana siguiente. Ordené que no admitieran a ningún extraño y que nadie saliera de la casa. llamé al doctor Dakers. Cuando volví a mi habitación. Si bien no se atrevía a sugerir que había sido envenenada. mi esposa se encontraba bastante mal.las doce del mediodía. Al parecer. alguno de los criados. deduje que eso era lo que pensaba. El resto del día transcurrió sin novedad. pero. vendría a Waverly a la mañana siguiente para hacerse cargo de la situación. Me puse duro y confesó. »Admito. »Regresé a casa mucho más tranquilo. monsieur Poirot. pero que tardaría un par de días en recuperarse. Estaba escrita por la misma mano que las cartas y se reducía a tres palabras: «A las doce». habría una intentona a la hora señalada. ya teníamos la sensación de estar asediados. Sin embargo. quien me informó de que había visto a la niñera de Johnnie alejarse por el camino de la casa muy temprano por la mañana. Había . la secretaria de mi esposa. fue miss Collins. Esta vez parecieron algo más impresionados. Me aseguraron que tomarían todas las precauciones. los síntomas que presentaba mi mujer le intrigaron. Nunca se acusan entre ellos. Fui otra vez a Scotland Yard. Me aseguró que no había peligro. que me enfurecí. Opinaron que las cartas eran obra de un lunático y que. Les reuní a todos y les apreté las tuercas. Preocupado por su estado. Le costará cincuenta mil libras recuperarlo».

el mayordomo. . Nunca me cayó bien. También es un ama de llaves muy eficiente. en la casa solo había dos personas de confianza: miss Collins y Tredwell. pero no podía asumir el riesgo de que la propia niñera formara parte de la trama. Es una secretaria de primera y dama de compañía incomparable. Waverly—. ¡Hay que ver! Negó haber dejado la nota en mi almohada. eso lo tenía claro. Acabé por perder los nervios y los despedí a todos. Les di una hora para recoger sus cosas y salir de la casa. incluida la niñera. monsieur? Quizá se arriesgó a ponerse en manos de sus enemigos. mirándome fijamente—. no lo sé. Uno de los criados estaba implicado.dejado al niño con la doncella de la guardería para ir a reunirse con un hombre. —¿Cuánto tiempo lleva con ustedes miss Collins? —Solo un año —contestó Mrs. Sus referencias son inmejorables. Telegrafié a Londres para que me enviaran nuevo personal de servicio aquella misma tarde. —¿Qué me dice de la niñera? —Lleva conmigo seis meses. El rostro rubicundo de Waverly adquirió un tono morado cuando recordó su justa ira. —¿No fue algo imprudente. Quizá dijera la verdad. Mi propósito era que se fueran todos. aunque Johnnie la quería mucho. —No estoy de acuerdo —replicó Waverly. Entretanto. que ha estado conmigo desde que yo era niño.

Contenía un poco de algodón y una botella de cloroformo. Los criados ya se habían marchado y el inspector se declaró satisfecho con mis medidas. —McNeil llegó sobre las diez y media. Llevaba drogas encima. Con la última campanada. Allí hay un reloj de péndulo y. Se acercaba por entre los arbustos. Tenía la sensación de que un hombre aparecería volando. »Ya le tenemos. Uno de los policías nos mostró el paquete abierto que acababan de quitarle al detenido. »Salimos corriendo a la terraza. se oyó el ruido de los engranajes y comenzaron a sonar las campanadas. si no se trataba de una broma. junto con el inspector. El inspector abrió la ventana y un agente se acercó corriendo. donde dos agentes sujetaban a un tipo con pinta de rufián y mal vestido que forcejeaba en un vano intento de escapar. Abracé a Johnnie. ya se había marchado cuando ocurrió la catástrofe. Había dejado a varios agentes en el parque para vigilar todos los caminos de acceso a la casa y aseguró que.—Sin embargo. nos fuimos a la sala que llamamos la Cámara del Consejo. me iba poniendo más nervioso. »Tenía a Johnnie conmigo y. McNeil cerró con llave. ¿quiere tener la bondad de continuar? Waverly reanudó su relato. a medida que las manecillas se acercaban a las doce. estalló una gran conmoción en el exterior: gritos y carreras. lo admito. señor —anunció—. De pronto. pillaría al misterioso autor de los anónimos. Verlo me . Monsieur Waverly.

pero entonces oí el motor de un coche y un grito. Ahora rescatar a su hijo le costará cincuenta mil libras. »Entonces hubo un sonido que nos sobresaltó: las campanadas del reloj de la iglesia. Todos nosotros estábamos allí: Tredwell. como le dije”. Por la avenida y en dirección al pabellón sur avanzaba un coche gris a toda velocidad. decía lo siguiente: “Tendría que haber pagado. Fue que vi los rubios rizos de Johnnie. El inspector sacó su reloj. salí corriendo con el inspector sin acordarme de Johnnie. »El inspector lanzó una maldición. A pesar de todas sus precauciones. Cuando el agente nos llamó. Poirot esbozó una sonrisa y arregló la alfombrilla que . Alguien lo había adelantado deliberadamente. una nota dirigida a mí. El niño iba sentado a su lado. además. Había. ¿Cuándo le vio por última vez. Nos echó una ojeada. una carcajada de alivio. ha sido secuestrado a las doce del veintinueve. »Solté una carcajada. Me volví. Waverly hizo una pausa. Llevados por la misma idea. Es como un cronómetro. Eran las doce en punto. pero no fue eso lo que me hizo estremecer. Mr.hizo arder la sangre. El grito lo profirió el conductor. Waverly? »Intenté recordar. porque nunca adelantaba o atrasaba. corrimos a la Cámara del Consejo: el reloj marcaba la doce y diez. miss Collins y yo—. La abrí. »—No hace ni un minuto que el niño estaba aquí —afirmó.

¿Acaso no es para ellos el pavo. Por supuesto. perdón. Gracias a la . Cuando McNeil me anunció que habían encontrado el coche y a sus ocupantes. con un hombre y un niño. Hicieron una parada y alguien observó que el niño lloraba y tenía miedo de su acompañante. estoy segura de que solo se puede hacer una cosa: pagar. Se distribuyó la descripción del coche y del hombre y. Puede estar segura de que lo cuidarán muy bien. que había recogido al chiquillo en las calles de Edenswell. Lo investigaré para usted con placer.! Los sentimientos de una madre. —Está sano y salvo.había movido el padre en su inquietud... parecía que todo iba bien. Poirot cambió rápidamente de expresión y volvió a mostrarse atento. señora. creí que estaba todo resuelto. Waverly—. al parecer hacia a Londres. un pueblo situado a unos veinticuatro kilómetros de aquí. y le estaba dando un paseo. —le reprochó Mrs. —Pero. —Un problemilla muy interesante. Un coche de las mismas características. oscuro y encantador —murmuró Poirot—. —Hemos interrumpido la historia de monsieur —se apresuró a decir mi amigo. —Supongo que el resto ya lo conoce perfectamente por los periódicos — continuó Mr.. La verdad es que fue planeado à merveille. al principio.. Opinaba lo contrario.. Ya sabe lo que ocurrió después. mi hijo.. el inspector dio aviso inmediatamente por teléfono. había pasado por varios pueblos. Waverly. El niño no era Johnnie y el hombre era un aficionado a los coches y amante de los niños. la gallina de los huevos de oro? —Monsieur Poirot. ¡pero ahora.

Waverly furiosa—. —Cálmese. De no haberse empecinado en la persecución de aquel coche. Pero por ahora no han conseguido desmentirla. habían desaparecido todos los rastros. El plan. estaba muy bien elaborado. En cuanto al hombre que capturaron en el parque. en su conjunto. Tengo entendido que también hizo cierta acusación. Miró a Waverly. pensativo—. que volvió a enrojecer. quizá ya hubieran encontrado al niño. tengo entendido que su declaración ha consistido en repetir una y otra vez la misma historia.estúpida presunción de la policía. Su error fue muy natural. Es una sarta de mentiras. El hombre que se los dio le pagó diez chelines y le prometió diez más si hacía la entrega exactamente a las doce menos diez. . —No me creo ni una sola palabra —declaró Mrs. «Solo que el tipo se ha afeitado el bigote». —En vérité es una historia poco verosímil —opinó Poirot. El cuerpo de policía está formado por hombres inteligentes y decididos. que nació en la finca! Poirot esbozó una sonrisa ante la indignación del caballero rural. ¡Tredwell. Insiste en que le dieron la nota y el paquete para entregarlos en Waverly Court. —Tuvo la impertinencia de decir que Tredwell era el hombre que le dio el paquete. Debía llegar a la casa por el parque y llamar a la puerta lateral. monsieur.

usted mismo sospecha que alguien de esta casa es cómplice en el secuestro. Dice usted que el coche iba en dirección al pabellón sur. Pasan muchos coches. la que llamamos del pabellón este. si es que alguien lo hizo. pero han muerto todos. cosa que no creo. Se ve desde el otro lado de la casa. El tipo ese dice que se lo dieron a las diez. señora? —preguntó Poirot. —A mí me parece extraño que nadie viera entrar el coche en el parque. A esa hora. El hombre aparcó el coche en un lugar conveniente y corrió hasta la casa precisamente cuando se daba la voz de alarma y la atención estaba puesta en otra parte. ¿Hay alguna otra entrada? —Sí. Tredwell estaba con mi marido en el salón de fumar. —No pudo ser Tredwell quien le diera el paquete y la nota a ese vagabundo. —¿Qué dice usted. —Existe un derecho de paso y un acceso por la capilla. . Al último lo mataron en la guerra. pero no Tredwell. —Todavía no estoy familiarizado con la finca de Waverly Court.—Sin embargo. monsieur? ¿Se parecía a Tredwell? —Estaba demasiado lejos como para verle el rostro. —Sí. —¿Sabe si Tredwell tiene algún hermano? —Varios. —¿Vio el rostro del hombre que conducía el coche. volviéndose bruscamente hacia la dama.

mi siguiente paso será ir a Waverly Court. Cada cosa a su tiempo. . Se accede por uno de los paneles del vestíbulo. ¿Hay algún lugar donde pudiera haberse escondido? —Lo cierto es que no registramos la casa de antemano. Waverly—. sí que hay uno. monsieur. —¿Tredwell? —Es posible que oyera hablar de él. —Demonios. ¿Existe algún escondite especial en la casa? Waverly Court es una mansión antigua y en algunas de ellas hay lo que llaman «el pasadizo del cura». por favor. Seamos metódicos. excepto mi esposa y yo. pero ¿quién pudo dejarle entrar? —Ya llegaremos a eso.—A menos que ya estuviera dentro de la casa —susurró Poirot—. —¿Miss Collins? —Nunca se lo he mencionado. —¿Cerca de la Cámara del Consejo? —Al lado de la puerta. Supongo que pudo haberse escondido en cualquier parte. ¿Tiene algún inconveniente en que vaya esta tarde? —¡Tan pronto como le sea posible. —Bien. Lea esto una vez más. monsieur Poirot! —gimió Mrs. No me pareció necesario. —Voilà! —Pero nadie lo sabe.

Poirot me ha pillado tantas veces que ahora me ando con mucho cuidado. bueno. Waverly había mantenido una dura batalla con el amor materno y que este último estaba ganando por fin el combate.Le entregó la última misiva del enemigo que habían recibido los Waverly aquella mañana y que se apresuraron a llevar a Poirot. la verdad. No supondrá usted. se me ocurre alguna idea. Poirot detuvo a Mrs. —De modo que a madame nunca le ha gustado el mayordomo. Era evidente que el amor al dinero de Mrs. ¿puede darme la dirección de la niñera? —Netherall Road 1 4 . por favor. Waverly para hablarle a espaldas de su esposo. solo de vez en cuando. Poirot se acercó a mí cuando se cerró la puerta. madame.. ¿verdad. Después de una preparación bastante elaborada. pero.. nos dirigimos a Netherall . monsieur. Siempre me tiende alguna trampa.. nunca me ha gustado. La carta contenía unas indicaciones explícitas para la entrega del dinero. ¿Comparte la fe que su esposo tiene en Tredwell? —No tengo nada contra él. Eso es interesante. nunca. algunas veces. —Otra cosa. —Madame. Solo empleo mis pequeñas células grises y. Hammersmith. Hastings? No quise morder el cebo. No veo cómo puede estar mezclado en esto.. —Yo nunca supongo. y finalizaba con la amenaza de que el niño pagaría con su vida cualquier trampa.

de unos treinta y cinco años.Road. No entendí el proceder de Poirot. Todas sus preguntas me parecieron irrelevantes. si es inevitable que use usted un alfiler de corbata. Me aburrí mucho y me alegré cuando Poirot se despidió. Estaba muy resentida por el modo en que había sido despedida. Pudieron secuestrar al niño con la mayor tranquilidad cualquier día durante los últimos tres años. —No veo que eso nos haga avanzar mucho —manifesté con frialdad. mientras paraba un taxi en Hammersmith Road y le decía al chófer que nos llevara a Waterloo—. ¡muchísimo! Hastings. algo bastante natural. capaz y orgullosa. Era la prometida de un pintor decorador que estaba trabajando en el vecindario y corrió a verle en cuanto le fue posible. apretó un resorte en la pared. —Au contraire. pero admitió la falta. Se referían principalmente a su rutina diaria en Waverly Court. restaurada hacía poco con gusto y cuidado. Waverly nos enseñó la Cámara del Consejo. la terraza y todos los lugares relacionados con el caso. En estos momentos lo lleva un dieciseisavo de pulgada descentrado hacia la derecha. Tuvimos la suerte de encontrar en casa a miss Jessie Withers: una mujer de expresión agradable. se deslizó un panel y apareció un pasillo que nos llevó hasta el . mon ami —comentó. Finalmente. por lo menos póngaselo en el centro exacto. Me era imposible creer que estuviera mezclada en el asunto. adelantamos mucho. —El secuestro es un trabajo fácil. a petición de Poirot. Waverly Court era una bella mansión antigua.

El pequeño cuarto estaba vacío y no se veía ni una pisada en el suelo. Me acerqué a Poirot. —Un perro. —¿Qué le parece esto. En el momento en que salíamos al vestíbulo y el panel se cerraba. Aquí no hay nada. Tenía el pelo rubio opaco y usaba gafas sin montura. —Más pequeño. Tendría unos treinta años de edad. Lo sabía. —¿Un grifón? —sugerí sin mucha fe.«pasadizo del cura». —Más pequeño todavía que un grifón. . Una especie desconocida para el Kennel Club. —Un perro muy pequeño. —Ya ve usted —dijo Waverly—. En su rostro se reflejaban el entusiasmo y la satisfacción. una joven salió al pasillo por una puerta situada un poco más allá de donde nos encontrábamos. —Miss Collins. amigo mío? Había cuatro huellas muy juntas. Vamos. que miraba atentamente unas marcas en un rincón. Le miré. Hastings. sus modales eran vivos y se mantenía alerta. —Un pomeranio. Waverly nos la presentó. Hastings. —Yo tenía razón —murmuró—.

Miss Collins declaró que había comido lo mismo en sus habitaciones sin experimentar ningún trastorno. señorita? —Hay dos perdigueros en las perreras. entramos en una pequeña sala. a un perro miniatura. Admitió conocer el escondite secreto. Tredwell era un tipo muy digno. yo hiciera lo mismo. La dejó marchar. me enfrenté a la mirada inquisitiva de Poirot. —El perro. Cuando ya se marchaba. no hay ninguno así. ¿Hay algún perro en la casa. me refiero a un perro pequeño. Es probable que. —No. —Ah. Después tocó el timbre mientras me comentaba: —Mademoiselle Collins miente. Waverly la noche del día veintiocho.A petición de Poirot. Narró su historia. digno hasta el final. a por el mayordomo. Hastings? . donde la interrogó a fondo sobre los criados y. —No. sobre Tredwell. toqué con el codo a Poirot. Cuando se retiró. especialmente. —Sonrió—. —¡Se da mucha importancia! Luego hablaron de la cena que tomó Mrs. que era prácticamente idéntica a la de Waverly. sí. —¿Qué opinión le merece todo esto. el perro. Ahora. con total aplomo. en su caso. Ella admitió que no le agradaba el mayordomo.

—En realidad. Ahora miremos la pregunta desde otro ángulo. ¿Por que salió el secuestrador por el pabellón sur y no por el pabellón este. Excelente. De no haber especificado el día y la hora. —Sí —admití poco convencido. cuando detuvieran al vagabundo. Así. —¿No cree poco probable que pagaran el rescate por una simple amenaza? —También fue una manera de centrar la atención en las doce del mediodía. —Eso no cambia el hecho de que trataran de complicar algo en apariencia muy simple. ¿Qué punto nos parece particularmente difícil? —Hay una cosa que me intriga. donde nadie le hubiera visto? —Una muy acertada observación. el otro saldría de su escondite para llevarse al niño sin que le vieran. Hastings. aquí se ha representado una farsa deliberadamente. Hagamos juntos nuestras deducciones. Intentaré estar a su altura. Todo señala la existencia de un cómplice . Pero no me burlaré de usted. ¿Por qué avisar a los Waverly de antemano? ¿Por qué no llevarse al niño y luego exigir el rescate? —Porque esperaban conseguir el dinero sin tener que pasar a la acción. nada hubiera sido más sencillo que aguardar su oportunidad y llevarse al niño en un coche cuando salía con la niñera un día cualquiera.—¿Y a usted? —¡Cuánta cautela! Nunca le funcionarán las células grises si no las estimula.

Hay un hecho adicional que quizás usted ha pasado por alto. —Usted dijo que mintió sobre el perro. Hay varios hechos sospechosos. el vagabundo declara que fue Tredwell quien le entregó el paquete en el pueblo. En primer lugar. Waverly. Por otra parte. Podemos descartar a la niñera. ¿qué? —Debemos proceder lógicamente. Tredwell y miss Collins. sí.en la casa. No tenemos mucho en su contra. Waverly. adelantar el reloj y barrer el escondite. Empezaremos por esta última. pudo envenenar a Mrs. »Ahora bien. Parece absolutamente imposible que participara en el secuestro del hijo de la casa. No había polvo en el escondite. salvo que sabemos muy poco de ella. que es muy inteligente y que solo lleva un año en la casa. enganchar la nota en la almohada. Lo habían barrido con una escoba. Cuatro personas: los Waverly. —Pero Tredwell tiene una coartada que lo desmiente. ¡No encaja en el cuadro! —Entonces. tenemos cuatro personas en la casa. Punto número dos: la nota prendida en la almohada. por absurdo que parezca. el perro! —Poirot volvió a sonreír de un modo peculiar—. Pasemos a Tredwell. Consideraremos . Todos ellos son trabajos realizados desde dentro. porque no hubiera barrido el escondite. Punto número tres: adelantar el reloj diez minutos. nació y se crió al servicio de los Waverly. aunque sí pudo hacer los otros tres puntos. Punto número uno: el misterioso envenenamiento de Mrs. —¡Ah. —Incluso así.

Tredwell. Es fiel a su amo y está dispuesto a obedecer sus órdenes.brevemente a Mrs. en cambio. Tredwell hizo su parte con la preparación del paquete y la nota que debía entregar un sujeto de aspecto sospechoso. Ella es rica. excepto por una razón muy justificada. Pero salta a la vista que Waverly es un bon viveur. Luego dejó un rastro falso hasta Londres. La posición del marido. Él era el tercer hombre. No vieron su rostro ni el número de la matrícula. Fue su fortuna lo que salvó a esta finca arruinada. Tres personas participaron en esto: Waverly. Digamos que tengo la leve impresión de que la dama no es muy aficionada a desprenderse de su dinero. No habría razón para que secuestrara a su propio hijo y se pagara a sí misma. No es lo mismo que serlo. Entró por el pabellón este y salió por el pabellón sur en el momento preciso. Su patrón puede facilitarle una coartada en el caso poco probable de que el hombre le . Mientras tanto. Tiene una esposa rica. Al mayordomo nunca le ha gustado Mrs. o sea que obviamente tampoco vieron al niño. el dinero es suyo. Ese es el error que cometió la policía: se despreocuparon del hombre que conducía el coche gris con un niño que no era el que buscaban. Tredwell y algún amigo de Waverly. saludando con la mano y gritando. un niño de rizos rubios. Waverly. Recogió a un chiquillo al pasar por un pueblo cercano. es diferente. Waverly. ¿Quién despidió a los criados? Waverly. adelantar las manecillas del reloj y establecer una magnífica coartada para su fiel ayudante. Él pudo escribir los anónimos. drogar a su esposa. —¡Imposible! —No tanto.

le fue fácil sacar al niño y llevarlo a un lugar seguro en su propio coche.? El rostro de Waverly adquirió un tono morado. aunque de juguete. Waverly tendrá una información exacta del caso. a pesar del bigote postizo que utilizó. ocultó rápidamente al niño en el escondite secreto y siguió al policía. hay algunos.. —Pero ¿qué hay del perro? ¿Qué me dice de la mentira de miss Collins? —Me permití una pequeña broma.. monsieur. Tiene veinticuatro horas para devolver el niño. Le pregunté si había algún perro en la casa y respondió que no. En cuanto a Waverly. Mrs. —Lo sé todo. Pero. —¡Pero esto es un papel en blanco! —Porque espero que usted la escriba por mí. Su ingenio estará a la altura de la tarea de explicar su reaparición. —¿Qué diablos. sin duda. Si no lo hace. cuando el inspector se marchó y miss Collins no estaba cerca. Más tarde. en la guardería. —Aquí está la dirección.reconociera. Waverly puso algunos juguetes en la cámara secreta para mantener a Johnnie entretenido y tranquilo. —Monsieur Poirot —Waverly entró en la habitación—. ¿ha descubierto algo? ¿Tiene alguna pista sobre dónde se han llevado al niño? El detective le entregó una hoja de papel. . en el momento que comenzó el alboroto en el exterior y el inspector salió corriendo.

—Lo tiene mi vieja institutriz.. Waverly. —Así es. Está feliz y bien atendido. Su apellido es antiguo y honorable. —Estoy seguro de que es así.Waverly se desplomó en una silla y ocultó el rostro entre las manos. Mr. Buenas noches.. ¡Barra siempre los rincones! . —El escándalo. a unos dieciséis kilómetros de aquí. Sé que en el fondo es usted un buen padre y por eso le ofrezco una segunda oportunidad. ¡Ah. No vuelva a comprometerlo. por cierto! Un último consejo.

LA TARTA DE MORAS .

señor —le dijo mientras los dos hombres se acomodaban a una mesa en un rincón—. le saludó como a un viejo amigo. Toda una belleza en sus tiempos. —¡Buena chica! —dijo en tono de aprobación—. —Buenas noches. También sabe cocinar y eso es mucho más importante. . la amable camarera. Hoy está de suerte. hay pavo relleno de castañas. Se enorgullecía de recordar cuáles eran los platos favoritos de sus clientes. ¿verdad? ¡Y un queso Stilton en su punto. Hay más de una que. Henry Bonnington. las mujeres hacen poco caso de la comida.Hercule Poirot cenaba con su amigo. Bonnington se recostó con un suspiro de satisfacción y desplegó la servilleta mientras Molly se alejaba a toda prisa. Chelsea. y «no un montón de platos que no sabes qué son». ni se entera de lo que come. en el Gallant Endeavour en King’s Road. posaba para muchos pintores. cuando sale con un tipo que le gusta. ¿De primero tomará sopa o pescado? Solucionado el tema de la comida y el vino. Molly. Por regla general. A Bonnington le gustaba el ambiente tranquilo del Gallant Endeavour y la comida «sencilla» e «inglesa» que allí servían. creo que es su plato favorito.

amigo mío. les falta coraje. —Es muy posible que lo hicieran. —Bueno. —¡Afortunadamente. y a ellos —añadió con estricta imparcialidad— les pasa lo mismo conmigo. sería interesante hacer una estadística de las muertes accidentales de personas mayores de sesenta. —Tout de même. Le aseguro que le llevaría a pensar en algunas cosas muy curiosas. ¡Quizá tengan razón! Aunque cuando les oyes hablar dan la impresión de que nadie mayor de sesenta tiene derecho a vivir. nervio. Tanto hacer de policía ha minado sus ideales. Poirot meneó la cabeza. los hombres no somos así! —exclamó Bonnington complacido.Pide lo primero que ve en el menú. —Bonita manera de pensar. de sus propios asuntos. ¡Cachorros! Los jóvenes de hoy en día son todos iguales. Pero hábleme. quizá cuando son muy jóvenes. ¿Cómo se porta el mundo con usted? —¡Un desastre! Eso es lo que le pasa al mundo de hoy. Tal como actúan. El detective sonrió. No sé qué hacer con ellos. Demasiados embrollos . —¿Nunca? En los ojos de Poirot brilló la picardía. —C’est terrible. te preguntas si la mayoría de ellos no ayudaron a sus parientes ancianos a salir de este mundo.

¡Pero no me creerá usted si le digo que la semana pasada vino el lunes! ¡Menudo susto! Creí que me había . ¡Las mujeres son indiferentes en lo que se refiere a la comida! —Echó una ojeada al local—. Los martes y los jueves son sus días. pero los caballeros siempre piden lo mismo. señor. —¿Qué le dije? —señaló Bonnington—. ¿las personas siempre piden la mismo? —preguntó el detective—. aquí no encontrará a nadie que sepa su nombre. A mí deme un buen filete de lenguado a la plancha y le regalo la salsa. dónde vive. ¿no es así.y mucha palabrería. Es como una de esas salsas demasiado picantes que enmascaran el hecho de que el pescado no es fresco. —Es un cliente habitual. Sin embargo. Molly apareció en aquel mismo momento para servírselo. La palabrería ayuda a disimular la confusión. Resulta bastante extraño si se piensa bien. ¿No les gusta cambiar de vez en cuando? —No a los caballeros. El mundo es un lugar curioso. ¿Ve aquel viejo con barba sentado en el rincón? Molly le dirá que viene todos los martes y jueves por la noche. Cuando la camarera les sirvió el pavo. —Así es. desde hace unos diez años. o a qué se dedica. y él gruñó su aprobación. —Entonces. señor. Es casi un símbolo. A las damas les gusta la variedad. señor? Es mi obligación saberlo. —Esa chica conoce exactamente mis gustos. Bonnington le comentó: —Veo que el Viejo Padre Tiempo sigue firme en su rincón.

Se condujo con su discreción habitual. —Una interesante desviación de sus hábitos —murmuró Poirot—. fue por lo que pidió. No toleraba los fritos ni las moras y nunca le vi tomar la sopa espesa. oigamos sus primeras deducciones. Me pregunto cuál habrá sido la razón. —¿Lo que pidió? —Supongo que se reirán de mí —Molly enrojeció—. creo que estaba preocupado o inquieto por algo. sabes todo lo que le gusta y lo que no. no fue su comportamiento. pastel de riñones y ¡tarta de moras! ¡Fue como si no se diera cuenta de lo que pedía! —Resulta fascinante —opinó Poirot. —Si le interesa mi opinión. —Prefiero oír primero las suyas. señor. —¿Por qué cree eso? ¿Su comportamiento? —No. . Molly le miró agradecida y se alejó. —Venga. señor. Nunca va más allá del «Buenas noches» al entrar y al salir. de modo que el lunes debió de hacer un extra. No. Pero también volvió la noche siguiente. pero cuando hace diez años que tienes de cliente al mismo caballero. una chuleta. Poirot —dijo Bonnington con una risita—. pero aquel lunes pidió una sopa de tomate bien espesa.equivocado de día y que estábamos a martes sin que yo lo supiera.

Se rió de su propia sugerencia. Esta vez el encuentro tuvo lugar en el metro. —¿Que se pasara a la sopa de tomate espesa. —¿Es esa la única solución que se le ocurre? —No. ahora en serio. Supongo que solo hay una explicación factible. balanceándose. se quedó muy preocupado. Probablemente tuvo entonces alguna sospecha de lo que iba a ocurrir. Ante tal afirmación. No me diga que ya sabe exactamente qué le pasaba por la cabeza. —Hizo una pausa—. Se saludaron con un gesto. —¿No? Los médicos son capaces de cualquier cosa. bien sujetos a las correas para . chuletas. Estaba tan perturbado que literalmente no se dio cuenta de lo que pidió ni de lo que comió. el viejo fue a ver al médico y el galeno le cambió la dieta. Quizás estaba decidiendo cometer un crimen. en aquel momento. su amigo le aseguró que esa idea era fantástica.—¿Quiere que haga de Watson? Ahí va. Hercule Poirot no se rió. pastel de riñones y tarta de moras? No estoy seguro de que haya médico que haga eso. Poirot y Bonnington volvieron a encontrarse por casualidad al cabo de unas tres semanas. Nuestro desconocido amigo estaba sometido a una emoción muy fuerte. Admitió posteriormente que.

mantener el equilibrio. pero no estoy seguro de si no iría a consultar a un médico y lo que este le dijera fuera una sorpresa desagradable. Los médicos deberían ser más cuidadosos con las cosas que dicen. Adiós. Los ojos de Hercule Poirot se encendieron mientras se erguía en el asiento. —Suelen serlo. un lugar tranquilo porque no había puerta. ni cómo se llamaba. En Piccadilly Circus hubo un éxodo general y encontraron asientos libres en el extremo delantero del vagón. su leal ayuda de cámara. . Es probable que el sobresalto acelerara su abandono de este mundo. le dio ciertas instrucciones a George. —Esta es mi estación —anunció Bonnington—. como si no creyera que fuera un mundo tan curioso. ¿recuerda a aquel viejo que vimos en el Gallant Endeavour? No me extrañaría que hubiera pasado a mejor vida. No aparece por allí desde hace una semana. —¿De veras? —¿Recuerda mi comentario de que quizás hubiera ido al médico y que le hubiera cambiado la dieta? Ya sé que eso de la dieta es una tontería. Supongo que nunca sabremos quién era el viejo. Eso explicaría que pidiera platos del menú sin darse cuenta de lo que hacía. En cuanto llegó a su casa. —Por cierto —dijo Bonnington—. Poirot se quedó sentado con el entrecejo fruncido. ¡Qué mundo tan curioso! Se apeó a toda prisa. Molly está muy preocupada.

pero le había visto de vez en cuando y sabía quién era. los vecinos llamaron a la policía. Las botellas de leche comenzaron a amontonarse ante su puerta.Poirot recorrió con el dedo la lista de nombres. Solía venir a verle una vez al mes. Se llama Ramsey. Llevaba una bata raída con el cinturón suelto. Un viejo excéntrico. Vivía solo en una de esas casas ruinosas que van a demoler para construir un edificio de apartamentos. Lo más probable es que lo pisara. También es médico. A última hora de la tarde. sesenta y nueve años. Vive en Wimbledon. un sobrino. Tenía roto el cuello. Algo muy sencillo: un accidente. —Henry Gascoigne. George Ramsey. —¿Tenía parientes? —Sí. eso es. No era uno de mis pacientes. El dedo se detuvo. . Había rodado escaleras abajo. El lechero fue el primero en sospechar. Al final. Poirot estaba sentado en el consultorio del doctor MacAndrew. Derribaron la puerta y lo encontraron. muy cerca de King’s Road. —Comprendo. —¿Gascoigne? Sí. Era el informe de los fallecimientos que habían tenido lugar en una zona determinada. Probaré con este. MacAndrew era un escocés alto y pelirrojo de expresión inteligente. —Eso es.

Pero. Bastante malo.—¿Cuánto tiempo llevaba muerto cuando examinó el cadáver? —¡Ah! Veo que la cosa toma un cariz oficial. —¿No tenía más parientes? ¿Solo un sobrino? —Tenía un hermano gemelo. Cenó unas dos horas antes de morir. Coincide con el contenido del estómago y los procesos de la digestión. No se veían desde hacía años. desde las diez de la noche del tres. el jueves tres. alrededor de las siete de aquella misma tarde. enviada desde Wimbledon aquella misma tarde. murieron el mismo día. Conozco el caso de otros mellizos que . Anthony. No menos de cuarenta y ocho horas y no más de setenta y dos. que debió de recibir sobre las nueve y veinte de la noche. El otro hermano. cosa que motivó que los dos hermanos riñeran. Esto establece la hora de la muerte después de las nueve y veinte de la noche del tres. Parece ser que siempre cenaba allí los jueves. Examiné el cadáver la mañana del seis y su estado era el de llevar muerto unas sesenta horas. curiosamente. Parece ser que. Llevaba una carta en el bolsillo de la bata escrita el día tres. Le encontramos la mañana del seis. Creo que no volvieron a verse jamás. —Todo parece muy consistente. Toda la historia es un tanto curiosa. Henry iba para pintor. por cierto. durante su juventud. El mellizo mayor murió a la una de la tarde del tres. Podemos precisarlo algo más. se casó con una mujer muy rica y dejó el arte. ¿Cuándo fue visto por última vez? —Le vieron en King’s Road. y cenó en el restaurante Gallant Endeavour a las siete y media.

Lo que yo pienso también es muy sencillo: un simple empujón. —En síntesis. Poirot no respondió. por lo que me dijo el doctor Ramsey. no me importa decirle. —Si sospecha de Ramsey. —¿Dónde vivía Anthony Gascoigne? —Tenía una casa en Kingston Hill. He contestado a sus preguntas como era mi obligación. que . Probablemente es solo una coincidencia. Es una mera suposición. una especie de ermitaño. el sobrino. —Tiene que haber algo —insistió el médico. pero así son las cosas. Eso es lo que usted dijo. murió hace años.murieron el mismo día y en distintas partes del mundo. aquí y ahora. —¿Vive la esposa del hermano? —No. —¿Qué le preocupa exactamente. El detective asintió pensativo. MacAndrew se sobresaltó. Era. a la vista de las credenciales que ha traído. monsieur Poirot? —preguntó sin rodeos—. ¡un asesinato! ¿Tiene alguna razón para creerlo? —No. —Un simple caso de muerte accidental —contestó Poirot pausadamente—. pero no tengo ni la menor idea de qué va este asunto. El escocés le miró con atención.

le está ladrando al árbol equivocado. Ramsey estuvo jugando al bridge en
Wimbledon desde las ocho y media hasta medianoche. Lo dijeron en la vista
judicial.
—Es de suponer que lo comprobaron. La policía es muy minuciosa.
—¿Quizá sabe usted algo que le comprometa?
—No sabía ni que existiera hasta que usted le mencionó.
—¿Sospecha de algún otro?
—No, no es nada de eso. Es un caso de los hábitos del animal humano. Eso es
muy importante. El difunto monsieur Gascoigne no encaja. Verá, todo está mal.
—No lo entiendo.
Poirot sonrió. Se puso de pie y el médico le imitó.
—Francamente —manifestó MacAndrew—, no veo nada sospechoso en la
muerte de Henry Gascoigne.
—Soy un hombre obstinado. —Poirot extendió las manos—. Un hombre con
una pequeña idea y sin nada que la sostenga. Por cierto, ¿usaba Henry dentadura
postiza?
—No, tenía una dentadura perfecta. Algo apreciable dada su edad.
—¿Se cuidaba los dientes muy bien? ¿Los tenía blancos y bien limpios?
—Sí. Es un detalle en el que me fijé especialmente.
—¿No los tenía manchados?
—No. No creo que fuera fumador, si se refiere a eso.

—No me refería a eso exactamente, solo es un disparo a ciegas que
probablemente no dé en el blanco. Adiós, doctor MacAndrew, y gracias por su
amabilidad.
Estrechó la mano del médico y se fue.
«Ahora —se dijo—, a por el disparo a ciegas».

En el Gallant Endeavour, se sentó a la misma mesa que había compartido con
Bonnington. La muchacha que atendió al detective no era Molly. La nueva
camarera le informó que Molly estaba de vacaciones.
Eran solo las siete y, como la clientela era escasa, Poirot no tuvo dificultad en
entablar una conversación con la joven sobre el viejo Gascoigne.
—Sí, llevaba años viniendo, pero ninguna de nosotras supimos nunca su
nombre. Nos enteramos del juicio por el periódico, y había una foto. «Oye —le
dije a Molly—, ¿no es nuestro Viejo Padre Tiempo?».
—Cenó aquí la noche de su muerte, ¿verdad?
—Eso es. El jueves tres. Siempre venía los jueves. Martes y jueves, puntual
como un reloj.
—Supongo que no recordará qué tomó para cenar.
—Déjeme pensar. Un caldo de pollo al curry y pastel de ternera... ¿o era
cordero? No, ternera, eso es, tarta de queso con moras y manzana. ¡Cuesta creer

que aquella misma noche se cayera por las escaleras de su casa! Dicen que la
causa fue que se pisó el cinturón de la bata. La verdad es que sus prendas eran
horrorosas: pasadas de moda y raídas, pero, así y todo, tenía cierta elegancia,
como si fuera alguien. Aquí tenemos toda clase de clientes muy interesantes.
Se marchó para continuar con su trabajo.
Poirot se comió su lenguado.

Provisto con la carta de presentación de un personaje importante, Poirot no tuvo
problemas para entrevistar al juez de instrucción del distrito.
—Un personaje curioso, el difunto Gascoigne —comentó el funcionario—. Un
viejo excéntrico y solitario. Aunque su fallecimiento parece ser objeto de una
atención inusitada.
Miraba con curiosidad a su visitante.
—Hay ciertas circunstancias, monsieur, que hacen deseable una investigación.
—¿En qué puedo ayudarle?
—Creo que está usted facultado para ordenar la destrucción o el archivo de los
documentos presentados en la vista oral. Encontraron una carta en el bolsillo de
la bata de Henry Gascoigne, ¿no es así?
—Efectivamente.
—¿Una carta de su sobrino, el doctor George Ramsey?

—Correcto. La carta se presentó para ayudar a fijar la hora de la defunción.
—¿Todavía la conserva?
Poirot aguardó ansiosamente la respuesta. Cuando escuchó que el juez de
instrucción guardaba la carta, exhaló un suspiro de alivio. En cuanto se la
entregaron, la estudió con cuidado. La letra era un tanto apretada. Decía lo
siguiente:
Querido tío Henry:
Lamento comunicarte que no tuve éxito en lo que respecta al tío Anthony. No demostró el menor
interés por tu visita y no me dio ninguna respuesta a tu ofrecimiento de olvidar el pasado. Está muy
enfermo y tiende a divagar. Diría que su fin está muy cerca. Apenas parecía recordarte.
Una vez más lamento el fracaso, pero te aseguro que hice todo lo posible.
Tu afectuoso sobrino,
George Ramsey

La carta estaba fechada el tres de noviembre. Poirot examinó el matasellos: las
cuatro y media de la tarde.
—Todo está en orden, ¿verdad? —murmuró.
Su próximo objetivo fue Kingston Hill. Gracias a su amable persistencia,
consiguió ver a Amelia Hill, cocinera y ama de llaves de Anthony Gascoigne.
En los primeros minutos la mujer se mostró distante y suspicaz, pero el
encanto de aquel extranjero de aspecto un tanto estrafalario acabó por dar
resultado. Amelia Hill se ablandó.

Tal como les había sucedido antes que a ella a muchas otras mujeres, se
encontró contando sus quejas a un oyente bien dispuesto.
Había estado al cuidado de la casa de Mr. Gascoigne durante catorce años y no
había sido un trabajo fácil. ¡De ninguna manera! Muchas mujeres se hubieran
acobardado ante las cargas que ella había soportado. El viejo caballero era un
excéntrico. Su apego al dinero rayaba en la obsesión y eso que su fortuna era
considerable. Pero ella le había servido fielmente, había soportado sus rarezas y,
naturalmente, había esperado por lo menos un detalle. Pero ni por esas, ¡nada en
absoluto! El finado había dejado un viejo testamento donde todo era para su
esposa y, si ella le precedía, pasaba a su hermano Henry. Un testamento hecho
años atrás. ¡No era justo!
Poirot la apartó pacientemente del tema de su codicia insatisfecha. ¡Desde
luego era una injusticia cruel! Nadie podía culpar a Mrs. Hill por sentirse
maltratada y sorprendida en su buena fe. Era bien sabido que Mr. Gascoigne era
un avaro. Incluso se había dicho que había negado asistencia a su único hermano.
Era probable que Mrs. Hill lo supiera todo.
—¿Por eso vino a verle el doctor Ramsey? —preguntó la cocinera—. Sabía que
era por algo de su hermano, pero supuse que solamente sería porque este quería
reconciliarse. Llevaban años peleados.
—Tengo entendido que Mr. Gascoigne se negó rotundamente a ello.
—Eso es cierto. —La mujer asintió con la cabeza—. «¿Henry?», dijo con voz

débil. «¿A qué viene ahora hablar de Henry? Hace años que no le veo, ni me
apetece. Siempre fue un pendenciero, nada más».
La conversación volvió una vez más a los agravios particulares de Mrs. Hill y la
muy poco comprensiva actitud del abogado del difunto.
Poirot tuvo que apelar a toda su simpatía para despedirse sin dar la impresión
de querer marcharse sin más.
Logrados sus propósitos, se presentó poco después de la hora de cenar, en
Elmcrest, Dorset Road, Wimbledon, residencia del doctor George Ramsey.
El médico estaba en casa. Poirot fue invitado a pasar al consultorio y, al poco
rato, entró el médico, que evidentemente acababa de levantarse de la mesa.
—No soy un paciente, doctor —aclaró el detective—, y quizá mi visita sea una
impertinencia, pero prefiero hablar claro y sin rodeos. No me gustan los abogados
ni sus sinuosos métodos.
Sin duda había despertado el interés de Ramsey. Era un hombre de mediana
estatura, bien afeitado, de pelo castaño, aunque con las pestañas casi blancas, lo
que daba a sus ojos una expresión desvaída. Sus ademanes eran rápidos y parecía
tener sentido del humor.
—¿Abogados? —Arqueó las cejas—. ¡Detesto a esos tipos! Ha despertado mi
curiosidad, mi querido señor. Siéntese, por favor.
Poirot aceptó la invitación. Después, le entregó una tarjeta y se inclinó hacia
delante en gesto confidencial.

Estaba preocupada por su marido. —Por cierto. El marido era tío de usted. ¿verdad? Haber llegado a cometer un crimen por nada. En esta ocasión. es algo natural. Prefieren la investigación privada. Las moras tendrán muchas vitaminas. veo que ha vuelto a comer tarta de moras. —¡Es mentira! —gritó Ramsey con el rostro casi morado—. Miente usted como un bellaco. —¿Mi tío? ¡Qué tontería! Su esposa murió hace años. La mujer trajo el certificado de matrimonio. —Como usted dice. aunque llevaban años separados. el difunto Mr.—Muchos de mis clientes son mujeres. Las mujeres desconfían de la policía. doctor Ramsey. Gascoigne. —¿El tío Henry? ¡Pero si no estaba casado! —¡Oh. No tengo la menor duda. —No me refiero a su tío Anthony Gascoigne. La cara del médico se puso roja. No les gusta que se dé publicidad a sus asuntos. . su cuello. han puesto la soga alrededor del cuello de un hombre. sino a Henry Gascoigne. pero resultan mortales en otro sentido. sí. Hace unos días vino a verme una anciana. lo estaba! —afirmó Poirot. —Es natural —replicó Ramsey con un guiño de complicidad. Es un hábito poco prudente. —Es una pena. —¿Un crimen? —A Ramsey le falló la voz y el pánico asomó a sus ojos claros. mintiendo descaradamente—. No lo creo.

En otras palabras. Si tenía razón. ¡la salsa había disfrazado el pescado malo! »Lo habían visto en King’s Road a las siete. pero sería su pijama. Se había saltado un martes y un jueves por primera vez en años. Un hombre sometido a una fuerte tensión mental no escoge ese momento para hacer algo que nunca ha hecho antes. de pronto pide las tres cosas para cenar. Un hombre alterado por algo podría bajar a cenar en pijama. Pero yo afirmo que un hombre que tiene algo en la mente ordenará automáticamente el plato que toma más a menudo. no el de otra persona. la carne con mucha grasa y las moras. ¡Estaba preocupado! Todo el incidente era erróneo. entonces. mon ami. »Eh bien. »Entonces usted me dijo que el hombre había desaparecido. Una curiosa hipótesis apareció en mi mente. Sus reflejos siguen la línea de menor resistencia. dos . Estaba muerto. el hombre estaba muerto. Eso me gustó todavía menos. —Poirot sonrió plácidamente a su amigo sentado al otro lado de la mesa—. »Un hombre que aborrece la sopa espesa.—Verá. Usted dice que está pensando en otra cosa. usted se equivocó en la premisa fundamental. muerto muy limpia y cuidadosamente. ¿qué otra explicación podría haber? No se me ocurrió ninguna una explicación razonable. Cenó aquí a las siete y media. Realicé mis averiguaciones.

el afectuoso sobrino tenía una hermosa coartada para la hora de la muerte. de modo que. la prueba de la carta. —Todo muy bien en teoría. »Pero hay un hermano. y el hermano se casó en su momento con una mujer rica. George quiere el dinero con desesperación. ¿Ve usted la secuencia? La esposa rica deja todo su dinero a Anthony. »El afectuoso sobrino era el pariente vivo. su esposa debió de dejarle todo su dinero. Una muerte harto sencilla: una caída por las escaleras. pero ¿hay algo que heredar? El tío era pobre de solemnidad. La cadena está completa. Pero ¿qué hizo usted? —En cuanto sabes lo que quieres. Anthony Gascoigne agoniza. El afectuoso sobrino heredará. ¡Demasiada salsa! ¡No se veía el pescado para nada! »El afectuoso sobrino escribió la carta. Pero su muerte debe ocurrir después de que muera . sino el almuerzo. Henry murió dos horas después de una comida. cuanto antes. pero su muerte no le sirve de nada. al parecer. no hay problemas para conseguir lo que se busca. Póngase ahora en el lugar de George. Así que Henry también tiene que morir y. Todo encajaba: la prueba del contenido del estómago.horas antes de morir. Anthony se lo deja a Henry y el dinero de Henry pasa a manos de George. ¿Un simple accidente o un asesinato? Todo el mundo se inclina por lo primero. y Henry puede vivir muchos años. El dinero pasará a Henry. Pero supongamos que la comida no fue la cena. mejor. ese fue el eje de la encuesta. El hermano vive en una regia mansión en Kingston Hill.

en el restaurante de marras. El matasellos estaba borroso. ¿Por qué? Porque cambiaron el dos por un tres con un poco de hollín. Luego. Viene a la ciudad el tres por la tarde. Llega el momento. —¿Las moras? . La coartada perfecta. eso fue la mar de sencillo. Un fuerte empujón y el tío Henry vuela escaleras abajo. No se notaba. visita a su tío y ejecuta su plan. primero ensaya su plan. una veloz transformación en un lavabo y rápidamente regresa a Wimbledon para una velada de bridge. Suplanta a su tío un lunes por la noche. Solo tiene que esperar a que el tío Anthony dé muestras inequívocas de estar a punto de palmarla. A las siete y media está en el Gallant Endeavour con la barba y las cejas postizas.Anthony y. tenemos las moras. Por último. el disfraz completo. »Todo va sobre ruedas. a menos que se buscara la falsificación expresamente. En el restaurante no dudan de que se trata de su tío. —¿Qué pasa con el matasellos de la carta? —Oh. El hábito que tiene Henry de cenar en un restaurante dos noches por semana le sugiere la coartada. Como es un tipo cauteloso. pero le pone fecha del día tres. George debe tener una coartada. al mismo tiempo. Es obvio que Henry Gascoigne está vivo a las siete y media. »George busca la carta que ha escrito y la mete en el bolsillo de la bata de su tío. Está satisfecho. Le escribe una carta a su tío la tarde del dos de noviembre.

Fui a visitarlo y le puse en aprietos. El cadáver tenía los dientes limpios y. Y George fue lo bastante idiota como para guardar la barba y el resto del maquillaje. pero se olvidó de comer como su tío. »Las moras manchan los dientes. . ¡Aquello pudo con él! Por cierto. Eh bien. Parecía su tío. Lo pregunté esta mañana. su voracidad le llevará al patíbulo. —Lléveselas —le ordenó Bonnington—. hablaba como su tío y llevaba la barba y las cejas de su tío. Pidió los platos que a él le gustaban. Henry Gascoigne había comido tarta de moras en el Gallant Endeavour aquella noche. a menos que yo esté muy equivocado. ¡Oh! Hay muchas pruebas cuando sabes lo que buscas. Un tipo voraz. había estado comiendo tarta de moras otra vez. ¡Nunca se es lo bastante precavido! Tráigame un poco de pudin de sagú. Una camarera les trajo dos porciones de tarta de moras y manzanas. Pero no encontraron moras en su estómago. muy preocupado por su comida. sin embargo. George no era lo bastante buen actor.—¡La tarta de moras! Como usted comprenderá. caminaba como su tío.

LOS DETECTIVES DEL AMOR .

Además conocían a las mismas personas y compartían sus opiniones reaccionarias sobre los nouveaux riches. Era toda una autoridad en cocina francesa. El coronel era un simple caballero rural con una única pasión: el deporte. en cambio. Eran casi las siete y media. Eran amigos principalmente porque sus padres lo habían sido. era un tipo de ciudad. Parecería. suponían para él un suplicio. porque al coronel no le interesaban los asuntos de sus vecinos y las emociones le inspiraban terror. por lo tanto. y Melrose describía una cacería del pasado invierno con el vivo entusiasmo del cazador. Satterthwaite.El pequeño Mr. Las pocas semanas que pasaba por fuerza en Londres. . Satterthwaite. le escuchaba con su invariable cortesía. como es costumbre en las antiguas casas de campo. la moda femenina y los escándalos más recientes. que el coronel Melrose y él tuvieran muy poco en común. La amistad entre los dos hombres era extraña. cuyos conocimientos sobre caballos se reducían a la tradicional visita a las cuadras los domingos por la mañana. Los dos hombres se encontraban en el acogedor estudio del coronel. Satterthwaite miró a su anfitrión con aire pensativo. Su pasión consistía en observar la naturaleza humana y era un experto en su especialidad: espectador de la vida.

El fino oído de Satterthwaite captó una ligera reserva en la tajante negativa y trató de recordar todo aquello que sabía de los Dwighton. emocionado. Ahora hablaba el magistrado. Curtis. ¿Cómo dice? Su actitud cambió. Le agradeceré la compañía. Colgó el teléfono y se volvió hacia su invitado. Su tono de voz se volvió seco.El teléfono interrumpió a Melrose. —En absoluto. Satterthwaite. El que ha llamado es el inspector Curtis. Mucho me temo que será un asunto poco agradable. Iré enseguida. —¿Diga? Habla el coronel Melrose. —Debo ir a Alderway enseguida. ¿Quiere usted venir conmigo? Satterthwaite recordó entonces que el coronel era el jefe de policía del condado. Escuchó unos momentos y luego dijo lacónicamente: —De acuerdo. que se levantó para atender la llamada. —¿Qué? Satterthwaite estaba sorprendido. —Han encontrado a James Dwighton asesinado en su biblioteca. pero no demasiado listo. . no el deportista. —Si no tiene inconveniente. Honrado y trabajador. —¿Han detenido al culpable? —No —contestó Melrose con brusquedad.

No tiene nada de moderna.Sir James era un anciano orgulloso y áspero. Creo que a él lo vi solo una vez. —Supongo que usted les conoce —dijo de repente. Recordó los rumores. es una pura reliquia. Cinco minutos después. Un hombre que hacía enemigos muy fácilmente. —Una mujer hermosa. Satterthwaite se sentaba junto a su anfitrión en su coche deportivo. ciertos comentarios. Esa debía de ser la razón para el malhumor de Melrose. La primavera pasada actuó en una de esas funciones de teatro. ya sabe. En su mente apareció la imagen de una joven esbelta y cabellos cobrizos. tenía el pelo gris. —¿Usted cree? —Tiene un aspecto renacentista —declaró Satterthwaite. —¿Es que acaso había alguien a quien él no conociera?—. —¡Bellísima! —afirmó Satterthwaite. las insinuaciones. esas de beneficencia. Luego sus pensamientos pasaron a lady Dwighton. Melrose era un hombre taciturno. el rostro sonrosado y fama de ser un tipo raro. y me sorprendió muchísimo. —¿A los Dwighton? Por supuesto. Habían recorrido unos dos kilómetros cuando abrió la boca. acalorándose por el tema—. Se controló al ver que se estaba dejando llevar por la imaginación. Con algo más de sesenta años. pero a ella muy a menudo. Se la puede imaginar uno en el palacio del Dux o como Lucrecia .

El coronel dio un golpe de volante y Satterthwaite se interrumpió bruscamente. —Quisiera saber por qué lo pregunta. —¿No le cae bien? . —Yo diría que eso es lo que opinan las mujeres —gruñó el coronel. Si lo quiere saber. —Dwighton no habrá sido envenenado. —Pues no —replicó Melrose con tono lúgubre—. Le dieron en la cabeza con una figura de bronce. asintiendo con aire de sabihondo. —Con un objeto contundente —murmuró Satterthwaite. Melrose le miró de soslayo con cierta curiosidad. —No hable como una maldita novela de detectives. Se me acaba de ocurrir. ¿verdad? —preguntó Satterthwaite de improviso. Se preguntaba qué fatalidad había puesto el nombre de Lucrecia Borgia en su boca. en aquellas circunstancias. —¿Sabe algo de un tipo llamado Paul Delangua? —preguntó Melrose al cabo de un par de minutos.Borgia. —Sí. —¡Oh! —exclamó Satterthwaite y volvió a guardar silencio. Satterthwaite. Un joven apuesto. le machacaron el cráneo. no lo sé —respondió Satterthwaite turbado—. —Oh.

Conoce toda clase de trucos. ¿Qué demonios. —¿Por qué? —Me figuro que le encontraría haciéndole la corte a su esposa. El coronel. Corre el rumor de que sir James le echó hace una semana.—No. Veníamos por la carretera principal. No conozco muy bien esta zona y no hay ninguna señal que indique que se entra en la carretera principal. —Los cruces de carretera en Inglaterra son muy peligrosos —comentó Melrose —. El pobre Melrose era tan británico en sus puntos de vista. En cualquier caso. —Toda la culpa es mía —afirmaba el desconocido—. aplacado. Satterthwaite contuvo una sonrisa. —¿Ha estado por aquí? —Estuvo en Alderway con los Dwighton. Es un gran jinete.. Consciente de su complacencia por tener una visión cosmopolita.? Realizó una violenta maniobra. el tipo tendría que haber tocado la bocina.. seguida por el estrépito de un choque. deploró la postura insular ante la vida. Una figura se apeó del otro y se reunió con Melrose. Supongo que se habrá llevado la peor parte. —Como un extranjero en el rodeo. Bajó del coche. respondió adecuadamente. —Hubiera dicho lo contrario. Los dos se inclinaron sobre el . Fragmentos de la conversación llegaron hasta Satterthwaite.

Satterthwaite. —comenzó el coronel. estoy seguro de que me ha oído hablar muchas veces de Mr. —Una posada —le explicó Satterthwaite. pero asintió cortésmente. La conversación se centró en los desperfectos.. El coronel no pareció recordar tal cosa. . déjeme pensar.. aunque le interrumpieron. —No le había visto desde. se apeó con la agilidad de un pájaro y estrechó calurosamente la mano del desconocido.. —¡Lo es! Creí reconocer su voz —declaró excitado—. Quin.. ¡Qué extraordinaria casualidad! ¡Realmente extraordinaria! —¿Eh? —exclamó Melrose. —Mr. Pero no quiero entretenerle. Me alegro de ver que su coche no ha sufrido desperfectos. Hubo un tiempo en que las campanillas polícromas eran algo muy común en Inglaterra. Melrose. mientras su amigo Satterthwaite seguía charlando alegremente.. —La verdad es que. —Solo algo antiguo —manifestó Quin—. —Me temo que será cosa de media hora —dijo el desconocido—. —Un nombre curioso para una posada.coche del desconocido que ya estaba examinando el chófer. Harley Quin. muy entusiasmado.. —Desde la noche en Las Campanillas Polícromas —dijo el otro en voz baja. —¿Las Campanillas Polícromas? —repitió el coronel.

Después. Quin quien resolvió aquel problema y. Nos hace ver cosas que están ahí desde el principio. —¿Recuerda lo que le conté de nuestro amigo Derek Capel? ¿El motivo de su suicidio. los faros de uno de los coches y las luces traseras rojas del otro. Melrose miró boquiabierto a su amigo. El único inconveniente es el trabajo que debemos hacer. Satterthwaite? Satterthwaite se había convertido en una estatua. sí. Hay sitio de sobra para tres. Quin. se estremeció de entusiasmo. Las ideas se sucedían rápidamente. los descubrimientos los hizo siempre . ¡Tendría que haberlo adivinado! No hay casualidades cuando se trata de usted. conseguirá que me ruborice —protestó Quin. —Pero la voz del coronel reflejó cierta duda—. Por un curioso efecto de luz.—Lo supongo. ¿eh. Vendrá con nosotros. —Mi querido Satterthwaite. Hasta donde yo recuerdo. pero que no vemos. que nadie podía imaginar? Fue Mr. —No podemos dejarle abandonado en medio de la carretera —continuó Satterthwaite—. Es maravilloso. No ha sido un accidente que nos hayamos encontrado todos en este cruce. Parpadeó. Melrose? —Sí. el propio Quin por un momento pareció ir vestido con una extraña ropa polícroma. sonriendo—. ha habido otros. desde entonces. —¡No. que le cogió del brazo. no! —exclamó—. Pero solo era la luz. ¿no es así. sin duda tiene usted razón —dijo Melrose en tono vago.

carraspeando molesto—. —Bueno —dijo Melrose. Vamos. Enrojeció al decir la última palabra. Satterthwaite. Quin? —preguntó el coronel. —No exactamente los crímenes. —¡Demonios! —exclamó el coronel. entonces? —Preguntemos a Mr. —¿Qué. —¿Así que le interesan los crímenes. —Quin sonrió—. El coche era espacioso y los tres cabían sin grandes apreturas. Mr. . No debemos perder más tiempo. pero creo que Quin se interesa por los «amantes». que ningún inglés pronuncia sin sentir cierta vergüenza. —Se hicieron porque usted estaba allí —respondió Satterthwaite muy convencido. —Quizá me equivoque —manifestó Satterthwaite lentamente—. No le agradaba demasiado tener que cargar con el forastero debido al entusiasmo de Satterthwaite. Se sentó al volante. dispuesto a comportarse amablemente. pero no tenía ninguna objeción válida y estaba ansioso por llegar a Alderway cuanto antes. Satterthwaite hizo sentar a su amigo en el centro y él ocupó el asiento exterior.todos usted y no yo. Es un observador muy agudo. Satterthwaite la lanzó con un tono de disculpa y entre comillas.

Alderway. dándose importancia—. Estaba seguro. Sentado en la oscuridad. los dueños de Alderway no sufrieron penurias. al que las mujeres encontraban apuesto. Habló sin parar durante diez minutos. desde antes. Por fin. que era inglés hasta la médula. había definido a sir James. Con unas pocas pinceladas certeras. lo había estado todo el . según algunos. era su dueño. Satterthwaite dejó de hablar. pero sin la menor pinta de extranjero. y la sombría figura de Paul Delangua.La sorpresa le hizo callar. un Dwighton que era un descendiente directo de los antiguos De Witton. —Ahora —dijo Satterthwaite. la mansión que se alzaba desde los tiempos de Enrique VII. que hacía siglos habían sacado dinero de la tierra y lo habían guardado celosamente en sus cofres. ¿Qué importaba que solo fuera un simple espectador de la vida? Tenía las palabras. Le miró de reojo. Pensó que el amigo de Satterthwaite parecía bastante extraño. por lo que cuando todos los demás se arruinaron. tenía una sensación de poder extraordinaria. corriendo a través de la noche. el viejo granero y el estanque donde los monjes criaban carpas para la abstinencia de los viernes. podía unirlas para tejer un extraño tapiz renacentista. Todo esto contra el telón de fondo de Alderway. le contaré todo el caso. compuesto con la belleza de Laura Dwighton. Su aspecto era normal: un joven algo moreno. con los setos recortados. con los brazos blancos y el pelo rojo.

No hay huellas en el arma. Hacía varios minutos que habían cruzado la verja de la finca. —Hago lo que puedo. Melrose le saludó. donde un hombre alto de aspecto marcial le saludó con respeto. Luego hablaré con usted. . Pensar que alguien haya podido matar al amo. Cuando los tres hombres cruzaban el amplio vestíbulo. El inspector Curtis está en la biblioteca. Miles. señor. Melrose subió la escalinata seguido de los otros dos.tiempo. —Muy bien. —Sí. De pronto se mostró humilde. —Buenas noches. —Es usted un artista. No he tocado nada. —Buenas noches. aprensivo. el coche se detuvo ante la entrada y un agente bajó a toda prisa la escalinata para acudir a su encuentro. señor! Apenas puedo creerlo. Satterthwaite. un anciano mayordomo asomó la cabeza. Entró en la biblioteca. señor. El que lo hizo conocía bien su trabajo. Ahora esperó las palabras de elogio que serían su recompensa. sí —le cortó Melrose—. —¡Lo es. Llegaron. Ahora. —Un asunto muy desagradable. de la atención de su público. no puedo. señor. Un asunto muy penoso.

¡Así que lo mataron con una Venus! Acababa de encontrar material para la meditación poética. ya veremos. —Todas las ventanas estaban cerradas por dentro —informó el inspector. siguiendo la mirada del coronel—. —¡Una Venus! —comentó en voz baja—. No era agradable de ver. La víctima vestía prendas de golf y había una bolsa con los palos sobre el gran sofá de cuero. Muchos de los adornos estaban volcados y rotos. Satterthwaite se inclinó sobre ella. Entre ellos destacaba un gran reloj esmaltado. . —Para convertirlo en un trabajo interno —comentó Melrose con un tono desabrido—. Más tarde llamó a su ayuda de cámara para que le trajera unas zapatillas. Eso fue a las cinco y cuarto. El mayordomo le sirvió el té aquí. Melrose asintió y volvió a dedicar su atención al escritorio. caído de lado en el mismo centro de la mesa. El arma estaba en el suelo: una figura de bronce de medio metro con la base manchada y húmeda. —Acababa de llegar del club —explicó el inspector.Satterthwaite miró la figura sentada al otro lado del enorme escritorio y se apresuró a desviar la mirada. impulsado por la curiosidad. el ayuda de cámara fue la última persona que lo vio vivo. Bueno. Hasta donde sabemos. Le habían golpeado desde atrás con tanta fuerza que le habían partido el cráneo. Hizo una pausa significativa.

Muy conveniente. Eso nos da la hora del crimen. muy lentamente. . Miró a los otros dos. A las seis y media. muy conveniente. —¡Maldita sea! Es demasiado claro. —Hizo una pausa de un minuto y añadió—: ¡Maldita sea. está parado. —Como usted dice —observó—. Melrose le miró unos instantes y luego al reloj. Las cosas no suceden así. señor. inspector. Sus ojos buscaron la mirada de Quin como si quisiera pedirle ayuda. —¿Se refiere a que los relojes no suelen caer de esa manera? —murmuró Quin. El coronel miraba el reloj fijamente. demasiado conveniente! No me gusta. —¿Quién lo descubrió? —El mayordomo. Ya saben a qué me refiero. —¿A qué hora descubrieron el crimen? —preguntó Melrose tajante.El inspector carraspeó. que tenía un aspecto patético e inocente. señor —comentó—. el coronel volvió a colocarlo sobre sus patas y luego descargó sobre la mesa un golpe tremendo. Como usted ve. típico de los objetos que se han visto privados bruscamente de su dignidad. el reloj cayó hacia atrás. casi con desgana. —A eso de las siete. pero no se cayó. Melrose repitió la acción y. El reloj se tambaleó. Con sumo cuidado. —Esto sí que puede llamarse suerte.

Es su ayuda de cámara. señor. —¿Qué hora era? —Sobre las seis y diez. Satterthwaite guardó el fragmento de cristal en un bolsillo del chaleco y se volvió. —Bien. Contempló los humeantes troncos durante un par de minutos y entonces vio algo que brillaba en la parrilla. —Sí. me pidió que avisara a Jennings. El anciano esperaba en el umbral. Quin contemplaba pensativo la chimenea. Por cierto. todavía temblorosa y vacilante. —¿Deseaba verme. ¿dónde está lady Dwighton? —Acostada. Creo que su amo entró aquí muy poco después de las cinco. Se agachó para recoger un trocito de cristal curvado. Después. señor. Está usted temblando. —Pase y siéntese —le dijo Melrose bondadosamente—. Satterthwaite siguió su ejemplo. Su doncella dice que no puede ver a nadie. Melrose asintió y Curtis fue en busca del mayordomo. señor. —Desde luego. . cuando vine a retirar el servicio. Supongo que ha sido un shock para usted.—Vaya a buscarlo. Me ordenó que le trajera el té a la biblioteca. señor. Hablaré con él ahora. señor? Era la voz del mayordomo. señor. no le entretendré mucho.

—¿Qué más? —Le dije a Janet. bajando las escaleras. la doncella de la señora.. —Sí. señor. señor. —¿Entró aquí? Satterthwaite contuvo la respiración. Hasta las siete no vine a cerrar las ventanas y a correr las cortinas. y todos observaron la vacilación del mayordomo antes de contestar. Fue entonces cuando vi. Melrose le interrumpió. Su señoría ha permanecido en sus habitaciones desde que ocurrió la tragedia. —¿La vio usted antes? Esta vez el tono fue brusco. . señor. —No.. no necesita repetirlo. —Creo que sí.. Corrí al teléfono para llamar a la policía. que fuera a comunicárselo. señor.. pero el fino oído de Satterthwaite advirtió la ansiedad que escondían sus palabras. pero solo la vi un momento. —Sí. sí.—¿Y luego? —Le pasé el recado a Jennings. señor. no. —¿No ha visto a la señora en toda la noche? El coronel hizo la pregunta con toda naturalidad. señor. ¿No tocaría usted el cuerpo ni cualquier otra cosa? —¡Oh! No.

gracias. se preguntó Satterthwaite. Escuchó ansioso sus respuestas a las preguntas del coronel. —¿A qué hora dejó a su amo? —Debían ser poco más de las seis y cuarto. Satterthwaite.—¿A qué hora fue eso? Se hizo un silencio expectante. Jennings? —En la habitación del servicio. Lo he comprobado. ¿quiere? Jennings acudió al instante. Había traído a su amo unas zapatillas y se había llevado los zapatos. Un hombre. . —Es cierto. ¿Conocía aquel anciano la importancia de su respuesta?. Estuvo en la habitación del servicio desde las seis y veinte hasta las siete. Su historia parecía cierta. Era un hombre de rostro afilado y andar felino. Daba la impresión de ser un tipo ladino y misterioso. pensó Mr. el ayuda de cámara. Melrose le despidió con un ademán. Se oyó el resoplido de Melrose. capaz de asesinar a su amo si tuviera la completa seguridad de no ser descubierto. —Sobre las seis y media. señor. señor. Jennings? —Volví a la habitación del servicio. Envíeme a Jennings. Miró a Curtis. señor. —¿Qué hizo después. señor. señor. —¿Dónde estaba a las seis y media. —Eso es todo.

El coronel se acercó rápidamente. —¡Adelante! —dijo el coronel. Consciente de que le confería un estilo propio. —Desde luego. Lo llevaba recogido en la nuca en un moño. caído. Se quedó inmóvil. Una figura muy diferente apareció en el umbral. Vestía un túnica medieval de brocado azul oscuro.. Laura Dwighton parecía un ser de otro mundo. Su señoría ha oído que el coronel Melrose está aquí y quisiera verle. Llamaron a la puerta. una mano apartó a la muchacha. el otro. Apareció una doncella muy asustada. Llevaba el pelo cobrizo sobre las orejas y peinado con la raya en medio.. a decirle. Parecía.. —He venido a decirle.—Eso le deja al margen —dijo Melrose contrariado—. lady Dwighton nunca se había cortado el pelo. Uno lo utilizaba para apoyarse en el marco de la puerta. la madona de un lienzo del primitivo italiano. Sus brazos estaban desnudos.. . ¿Quiere acompañarme? Sin embargo. Iré de inmediato. pensó Satterthwaite. balanceándose ligeramente. sujetaba un libro. —Con su permiso. no tiene motivos. Se miraron los unos a los otros. Además.

ha sufrido usted una conmoción. Quin y Satterthwaite les siguieron. El tercero de ellos no hizo el menor ruido. No creo que se dé cuenta de lo que dice. La mujer se dejó caer en una otomana. El corazón de Satterthwaite se detuvo por una fracción de segundo. —¡Yo lo maté! Eso es lo que vengo a decirle. —Lady Dwighton —dijo Melrose—. Eso lo admito. Los tres la observaron. Laura Dwighton se inclinó todavía más hacia delante. Fui yo quien le disparó. ¿Se volvería atrás ahora que estaba a tiempo? —Sé perfectamente lo que digo. Satterthwaite estaba tan absorto en el dramatismo de la escena que olvidó que era real. apoyó la cabeza en un almohadón y cerró los ojos. Guardaba un abrecartas con forma de daga y la empuñadura engastada de joyas. Melrose la rodeó con el brazo para sostenerla y la acompañó a través del vestíbulo hasta una pequeña antesala contigua con las paredes cubiertas con tapices de seda. Satterthwaite lo recogió mecánicamente y lo dejó sobre la mesa mientras pensaba: «Es un juguete peligroso.Su voz era baja y bien modulada. lady Dwighton. Habló muy bajo. ¡Yo lo maté! Hubo un silencio angustioso. —Por favor. —¿No lo comprenden? Bajé y disparé. abrió los ojos y se incorporó. Dos de los presentes lanzaron una exclamación ahogada. está alterada. El libro que sostenía cayó al suelo. De pronto. Con esto se .

¡Oh! Ahora no lo recuerdo.. convencido de que podía desmayarse en cualquier momento. La doncella esperaba al pie de las escaleras y Satterthwaite le ordenó: —Cuide de su señora. ¿verdad? —No —admitió Quin—. Cuando se dirigía a la puerta. ¿Qué piensan hacer? ¿Arrestarme? ¿Sacarme de aquí? Melrose recuperó la voz con cierta dificultad. Luego. —La voz de la dama denotaba impaciencia—. ¿Qué más da? Apenas sabía lo que hacía. Ahora se la veía muy compuesta. La mujer asintió y se puso de pie. levantó la cabeza y salió de la habitación con decisión. No. Quin le preguntó: —¿Qué hizo con el revólver. Ella le miró perpleja. creo que lo tiré por la ventana. . yo lo dejé caer al suelo. daba la sensación de estar alarmada. No creo que importe mucho.. lady Dwighton? El desconcierto pasó fugazmente por su rostro. Debo rogarle que permanezca en sus habitaciones hasta que terminen los preliminares. —Lo que acaba de decir es muy grave. Eso no importa mucho.podría matar a un hombre». Satterthwaite salió a toda prisa tras ella. —Bien. pero ya había subido la mitad de las escaleras sin dar muestras de su anterior debilidad. lady Dwighton. grave y distante. —Yo.

—Sí. . señor.. Vaya y cuide de su señora. señor. no le haría daño a una mosca! —¿Jennings? No.. El coronel Melrose decía acaloradamente: —Bueno. claro que no. señor. Probablemente sería lo que ella oyó y la impulsó a bajar. La muchacha subió las escaleras y Satterthwaite volvió a la habitación con los demás. En el silencio se oyó una detonación lejana. Es como esas tonterías que las heroínas hacen en muchas novelas. —La muchacha se dispuso a seguir a la figura vestida de azul—. —Es irreal —afirmó Satterthwaite—. usted es un gran aficionado a los dramas —manifestó Quin—. ¡Oh. señor. Se interrumpió al oír al mayordomo que hablaba respetuosamente desde la puerta. —Parece un disparo —dijo el coronel—. Oh. Es un hombre que sabe apreciar una buena representación. Como una escena de teatro. que me cuelguen. ¿no sospecharán de él? —¿Sospechar de quién? —De Jennings. Habrá sido alguno de los guardas. No examinó el cuerpo y por eso llegó a la conclusión. Aquí hay más de lo que se ve a simple vista. por favor. señor. —Sí. Satterthwaite lo miraba fijamente. —Sí.

señor. —Buenas noches. —No comprendo. —¿Eh? ¿Cómo? —Mr. tienen mucho que ver.. . Delangua —dijo Melrose tajante—. Él y Laura Dwighton recordaban a la misma época.. señor. y sus ojos. le daban un aspecto renacentista. —Me doy perfecta cuenta. Paul Delangua apareció en la entrada. —¿Qué quiere decir? —Quiero decir que he venido a entregarme como autor de la muerte de sir James Dwighton. su rostro hermoso y moreno. tal vez algo juntos. había en él un aire extranjero: la facilidad de movimientos. Delangua está aquí. caballeros —dijo Delangua con una ligera reverencia algo teatral y afectada. pero si no tienen nada que ver con el que tenemos entre manos.. —Hágale pasar. Como el coronel había comentado. Los ojos del joven estaban fijos en la mesa. Mr. Delangua le interrumpió con una carcajada. —Al contrario. —¿Sabe usted lo que está diciendo? —inquirió Melrose muy serio. Desea hablar con usted. Delangua. —Ignoro qué asuntos le traen por aquí..—Mr.

—¿Por qué me entrego? Llámelo remordimiento.. Fue todo muy sencillo. —Señaló la mesa—. Él me daba la espalda. —Déjeme pensar. eso sería a las seis y cuarto. Le apuñalé. Oí dar el cuarto en el campanario de la iglesia. joven. Me marché por el mismo sitio. Estuve hablando con el guarda. Lady Dwighton tuvo el descuido de dejarla dentro de un libro y yo la cogí por casualidad. una herramienta pequeña pero muy manejable. Entré por la ventana. Tal vez ya lo había oído. bueno. —Un momento —dijo Melrose—. Una sonrisa torva apareció en el rostro del coronel.. Debían ser. pongamos que las seis y media. o como más le agrade. —¿Por la ventana? —Por la ventana. Veo que tiene ahí el arma. —Exacto. de eso puede estar seguro. —¿A qué hora? Delangua vaciló. —Exacto. claro. Las seis y media es la hora. ¿Debo entender que admite haber matado a sir James con esto? Levantó el abrecartas. ¡Pero este asesinato es muy particular! —¿Por qué? —¡Hay tantas personas que se declaran culpables! .

Delangua echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada un tanto forzada. . por fortuna para los dos. no murió de un disparo ni de una puñalada. —Hizo una pausa buscando palabras adecuadas—. Yo de usted no daría crédito a sus palabras. —Lady Dwighton está histérica. Ahora tenemos que volver a empezar por el principio. pero nunca vi que ocurriera. Le abrieron el cráneo de un golpe. —El ayuda de cámara —exclamó Satterthwaite—.. Se detuvo. Pero ya ve que. No le presté la menor atención en su momento. Se mordió el labio inferior. Pero una mujer no hubiese podido. lady Dwighton confiesa haber disparado contra sir James y usted afirma que le apuñaló. —¿Quién más lo ha confesado? —preguntó con una voz carente de firmeza. Seguramente hay un motivo que ignoramos y ella conoce. —Lady Dwighton.. Esa muchacha.. —¡Dios mío! —gritó Delangua—. Pero hay otra cosa extraña en este crimen.Todos percibieron su respiración anhelante. Tenía miedo de que sospecháramos de él.. —No lo haré. creyendo cada uno de ellos que lo había hecho el otro. —¿De qué se trata? —Verá. Melrose asintió sonriente. —Se lee a menudo. —¿Qué? —Que un par de jóvenes estúpidos se acusen de un crimen que no han cometido.

Después de todo. no se preocupe. Aborrecía las emociones y sentía horror a presenciar cualquier cosa que se pareciera a una escena. lady Dwighton. ¡Oh. ¿es cierto? Laura miró a Delangua.. Laura. —Si me lo permite. ordenó: —Haga el favor de preguntar a lady Dwighton si tendría la bondad de volver a bajar. Esperaron en silencio a que llegara. Delangua? El joven se le acercó. ¿por qué lo hiciste? —¿Hacer qué? —Lo sé. tocó el timbre. El mayordomo dice que usted entró en la biblioteca a las seis y media. le diré que usted y Delangua han tenido suerte. que hizo un gesto afirmativo. —La verdad. Al ver a Delangua. porque creías que yo. —No comprendo. lady Dwighton. supongo que era natural. Basta de circunloquios. Fue por mí. con el entrecejo fruncido.. —Laura. Delangua acaba de declararse autor del crimen. Laura. No se alarme.Melrose. —No ocurre nada. ¡él no ha sido! Pero nosotros queremos saber la verdad. eres un ángel! Melrose carraspeó. Eso es lo que queremos. Oh. ¿Qué está haciendo aquí Mr. Cuando atendieron a su llamada. se sobresaltó y alargó una mano para no caerse. Melrose acudió rápidamente en su ayuda. .

. ¿No tocó el cuerpo ni se acercó al escritorio? Laura se estremeció.. Lo recuerdo. —Perdóname. lady Dwighton. Eso fue el día que descubrí que te maltrataba. Paul —suplicó—. . lady Dwighton. la sangre. Salí corriendo. —Perdóneme. que usted volvió a subir y no dijo nada. —Se lo contaré.. Se desplomó en la silla que Satterthwaite se había apresurado a acercarle. Satterthwaite.. inclinándose. Se detuvo y tragó saliva. abrí la puerta de la biblioteca y. ¿Creyó que Mr... —Entonces.. Pero tú dijiste. —Vine aquí... dijiste. —Que le mataría a tiros como a un perro. debo entender. siga. Vi su cabeza..Ella exhaló un profundo suspiro. Delangua le había matado de un tiro? Asintió con un gesto. le dio unas palmaditas en la mano para animarla. —No. —Sí. ¿Qué vio usted? —A mi esposo inclinado sobre el escritorio. El jefe de policía se inclinó hacia delante. Melrose procuró que no se apartaran de la cuestión. ¡Oh! Se cubrió el rostro con las manos. No necesitamos preguntar sus razones.

y no puedo creer que fuera el mayordomo. Estos relojes son muy . Cosa muy desagradable para él. sir James ya estaba muerto. El reloj era una trampa. eso reduce los sospechosos al mayordomo y al ayuda de cámara. pero no creo que sirva de mucho. ¿verdad? Ya lo sospechábamos. Dígame. digamos. ¿No es posible que también dejase de funcionar al recibir el golpe? —Es una idea —admitió el coronel—. —Entonces a las.—¿Qué hora era exactamente? ¿Lo recuerda? —Eran las seis y media en punto cuando volví a mi habitación. a las seis y veinticinco... Jennings hubiera sido despedido sin buenos informes. —¡Ah! Ahora ya nos acercamos. —No diría un resentimiento. Pero me temo que. —Usted dijo algo sobre un reloj —inquirió Laura—. Le había sorprendido robando. pero James me dijo esta mañana que le había despedido. Nada más fácil que adelantar las manecillas. queda otra posibilidad: James debía llevar en el bolsillo su reloj. —Melrose miró a los demás—. ¡Curtis! El inspector salió rápidamente de la habitación. Volvió al cabo de un minuto. Si quiere usted saber la hora exacta. señor. junto a las bolas de verdad. pero cometieron el error de hacerlo caer de costado. En la palma de la mano traía un pequeño reloj de plata que reproducía una bola de golf. lady Dwighton. ¿tenía Jennings algún resentimiento contra su esposo? Laura apartó las manos del rostro.. de esos que los jugadores llevan en el bolsillo. —Aquí lo tiene. Bueno..

—¡Ah! El minutero señalaba exactamente las seis y cuarto. —Es un oporto excelente. Melrose —dijo Quin. pero pudo haberlo sido. —Nunca hubiera dicho que esas cosas ocurrieran fuera de las novelas —repitió el coronel por enésima vez aquella noche. No puede negarlo. Abrió la tapa y vio que el cristal estaba roto. —Tal como se desarrollaron los acontecimientos. Yo no hice nada. —Tenía yo razón. no fue necesario. . yo? Desde luego que no. Quin. —Está parado.resistentes. —¿Quién. —Me inclino a pensar como usted. Usted apareció ayer noche para salvar a una pareja de jóvenes absurdos que estaban a punto de meter la cabeza en un lazo corredizo. El coronel lo cogió y se lo acercó al oído. Nunca olvidaré el momento en que lady Dwighton dijo: «Yo lo maté». Eran las nueve y media y los tres hombres acababan de disfrutar de una opípara cena en casa del coronel. Nunca vi en el teatro nada ni la mitad de dramático. Satterthwaite estaba muy animado.

Del mismo modo. si ambos se hubieran limitado a decir que habían matado a sir James sin especificar cómo —prosiguió Satterthwaite—. Quin asintió mientras repetía: —Adelantar. Las cosas que uno lee vuelven a la memoria del modo más extraño. —Ahora bien. —Yo diría que de ahí sacaron la idea —afirmó Mr. —Todo esto es como una novela —opinó el coronel. solo porque dio la casualidad de que el puñal estaba delante de nosotros.. Lady Dwighton estuvo magnífica. —Posiblemente —manifestó Satterthwaite—. Fue una casualidad que lady Dwighton lo bajara junto con el libro. Delangua fue un tonto al suponer que debían de haberle apuñalado. —¡Maldición! Ha ocurrido esta misma noche. —¿Lo fue? —apuntó Quin. No debió de haber llegado a la conclusión de que su esposo había muerto de un disparo.—¿De veras? —preguntó Quin. realmente magnífica.. El reloj resultaba sospechoso desde el primer momento —continuó—. —Perdonen —intervino Satterthwaite—. No habría que olvidar nunca lo fácil que es adelantar o retrasar las manecillas. . —Miró a Quin—. Quin. pero cometió una equivocación. o retrasar. ¿cuál hubiese sido el resultado? —Que pudieran haber sido creídos —replicó Quin con una extraña sonrisa.

—Las adelantaron —dijo Satterthwaite—. —No es. presentando facetas inesperadas. —¡Rayos! —exclamó el coronel—. Eso lo sabemos. Es imposible.. —Resulta todo igual. Tenían la extraña sensación de que la tierra se hundía bajo sus pies. —comenzó Melrose. —Pero. Los hechos tomaban un nuevo giro. pero al revés. aparecía el rostro sonriente de Quin. —Al menos.. Esa es la hora en que el joven Delangua dijo que estaba hablando con el guarda. ¿Por qué acusarse cada uno del crimen? . ¡Oh. Se miraron mutuamente. —¿De veras? —insistió Quin. —Lo recalcó con interés especial —recordó Satterthwaite. En el centro de aquel calidoscopio. desde mi punto de vista. pero no puede ser! Esto es imposible. imposible —dijo Quin. El mismo plan. Sus ojos negros y brillantes miraron fijamente a Satterthwaite. solo que contra el ayuda de cámara. parece absurdo. Satterthwaite terminó la frase. ¿Qué ventaja tendría? —Solo la tendría para alguien que tuviera una coartada para esa hora.Lo dijo con un tono como si quisiera dar ánimos. en tal caso. —¿Quiere usted decir que retrasaron el reloj? Pero eso no tiene sentido.

como animándole para que reconstruyera la escena. Delangua salió por la ventana y ella la cerró por dentro. plácida y soñadora—: Usted dijo que era como algo sacado de una novela. Los dos hombres le miraron estupefactos. coronel. El otro aceptó el reto. Miró a Satterthwaite. luego atrasaron el otro y lo estrellaron contra el suelo para estropearlo. Diabólicamente inteligentes. Los dos tenían razón. Mató a sir James de un solo golpe y. ¿no es así? —Su voz continuó.—Sí —dijo Quin—. Naturalmente. No era real. He pensado en otra cosa. Pero hay una cosa que no entiendo. Sí. de modo que esperaba que estuvieran abiertas. Es lo que hacen siempre el héroe y la heroína. puso en práctica lo que ambos habían planeado. Hasta entonces usted había sospechado de ellos. eso le hizo pensar que eran inocentes por la fuerza de la tradición. de acuerdo con lady Dwighton. De ahí procede la idea. Han estado diciendo eso tantas veces sin saber lo que decían. —Dieron un golpe al reloj y lo dejaron caer de costado. —Por ahí entró Delangua —dijo Quin—. El mayordomo dijo que entró a las siete para cerrar las ventanas. ¿Por qué preocuparse por el reloj de bolsillo? ¿Por qué no atrasar sencillamente el de la . —Han sido muy inteligentes —prosiguió Satterthwaite con voz lenta—. Hubieran contado una historia mucho más verosímil si hubieran querido que les creyesen. Satterthwaite no ha cesado de decir que parecía teatral.

Satterthwaite le miró fascinado. ¿No se fijó en la doncella? No iba vestida de brocado azul. sino a los otros. No son como Satterthwaite. —No contamos con ninguna prueba —dijo Melrose con pesadumbre. la única persona que pudo pensar en el reloj era el ayuda de cámara. Fue pura casualidad que decidiéramos buscarlo. ni representaba un papel dramático. ¡Oh! No a ese par. —Pero pensar en el otro era algo bastante más rebuscado. .mesa? —Era algo demasiado evidente —señaló Quin—. —Satterthwaite la tiene. no! Recuerde que fue lady Dwighton quien lo sugirió. Quin sonrió. Creí que había aparecido usted para salvarles. pero es una muchacha muy bonita y creo que está enamorada de Jennings. Esa pareja no comprende la naturaleza humana. Ellos suelen saber mejor que nadie lo que sus amos llevan en los bolsillos. es probable que hubiera atrasado a su vez el de bolsillo. —Sin embargo —prosiguió Quin—. Cualquiera hubiera podido comprender que se trataba de un engaño. Espero que ustedes puedan salvarle de la horca. —Lo hice —afirmó Quin—. —Estaba equivocado —murmuró humildemente—. —¡Oh. De haber atrasado el reloj de la mesa.

—Con esto —afirmó grandilocuente—. salvaré a un hombre de morir ahorcado. No se fijaron. —¡Oh! —exclamó Satterthwaite. Metió la mano en un bolsillo del chaleco y sacó un fragmento de cristal curvado.—¿Yo? El aludido estaba perplejo. Aquel era su gran momento. volvió a cerrarlo y lo dejó donde estaba. . Alguien cogió el reloj. lo abrió. lo retrasó. —Usted tiene la prueba de que el reloj no se rompió. Inténtelo y verá. Es imposible romper el cristal de un reloj como este sin abrir la tapa. pero faltaba un fragmento. rompió el cristal.

superchería.NOTAS [1]Three blind mice / Three blind mice / See how they run / See how they run / They all run after the farmer’s wife / She cut off their tails with a carving knife / Did you ever see such a sight in your life / as three blind mice? [2] Robin y Wren son nombres de pájaros.) [3] La palabra inglesa gammon significa beicon curado y también engaño. del t. (N. . De aquí el juego de palabras.

Aunque la policía descarta que se trate de un asesinato. demasiadas rivalidades en su vieja mansión hacen pensar en un posible caso de envenenamiento. Pero lo que parecía un trabajo rápido y limpio acaba convirtiéndose en . 148) Cuando un viejo amigo le encomienda la tarea de entregar las polémicas memorias de un político balcánico a un editor de Londres.Títulos de AGATHA CHRISTIE en Serie Negra Por orden de aparición original El misterioso caso de Styles (SN. Anthony Cade ve la posibilidad de hacerse con algo de dinero. El secreto de Chimneys (SN. Poirot deberá emplearse a fondo y usar todas sus armas para llegar al fondo de su primer caso literario. 179) La millonaria Emily Inglethorp amanece muerta en su habitación sin indicio de violencia.

el propio Ackroyd aparece también muerto.una peligrosa aventura para Anthony. Ferrars aparece repentinamente muerta. muy afectado por la muerte de su heredera. el «Corazón de Fuego». que planeaba contraer matrimonio con la difunta. un regalo de un magnate americano del petróleo para su querida hija. El misterio del Tren Azul (SN. la viuda Mrs. 105) Prólogo de Enric González El Tren Azul con destino a Niza transporta el mayor rubí del mundo. Ferrars era la asesina confesa de su marido y que se había suicidado. 84) . El millonario Rufus Van Aldin. El asesinato de Roger Ackroyd (SN. Asesinato en el Orient Express (SN. declara que Mrs. 98) Prólogo de Soledad Puértolas En la pequeña localidad inglesa de King's Abbott. Pero al llegar a la Costa Azul. contrata al detective Hercule Poirot para que resuelva el estremecedor suceso. Las causas del fallecimiento se creen naturales hasta que Roger Ackroyd. Al poco. la propietaria de la joya ha sido brutalmente asesinada y que el rubí ha desaparecido.

Nadie da mayor importancia a sus temores. Asesinato en Mesopotamia (SN. Hercule Poirot coincide con Linnet y Simon. 168) En pleno desierto iraquí. en un campamento arqueológico. que repentinamente se topa con uno de los casos más desconcertantes de su carrera. en él viaja el detective Hercule Poirot. en el transcurso de un crucero por el Nilo.Prólogo de Maruja Torres En un lugar aislado de la antigua Yugoslavia. Procedente de la exótica Estambul. 113) . 231) Durante unas placenteras vacaciones en Egipto. Cita con la muerte (SN. Muerte en el Nilo (SN. Leidner da signos de una creciente manía persecutoria que le provoca aterradoras alucinaciones. la bella Linnet aparece muerta de un disparo en la cabeza. en plena madrugada. hasta que aparece muerta en su lecho con una horrible herida en la cabeza. El encanto de tan maravillosos días se rompe cuando una mañana. Mrs. unos conocidos que están de luna de miel en el país de los faraones. una fuerte tormenta de nieve obstaculiza la línea férrea por donde circula el Orient Express.

un placentero viaje y una ilustre comitiva formada por personalidades de buena posición social. 131) ¿Qué oscuro secreto esconde el pueblo de Wychwood para que muchos de sus habitantes estén muriendo bajo extrañas circunstancias? La señora Pinkerton. Matar es fácil (SN. son asesinados sin explicación ni motivo aparente. Uno por uno. una vecina de la localidad.Prólogo de Justo Navarro Un lugar de ensueño en Tierra Santa. Dichos ingredientes se convierten en el escenario idóneo para un crimen de difícil resolución. y sin haber conocido aún a su anfitrión. además de asegurarle que conoce la identidad del asesino. Guelbenzu Diez personas sin relación alguna entre sí son reunidas en un misterioso islote de la costa inglesa por un tal Mr. a partir de ese momento. El detective Hercule Poirot se enfrenta al reto de resolver un asesinato con más sospechosos que indicios. los diez comensales son acusados mediante una grabación de haber cometido un crimen. . Tras la primera cena. Diez negritos (SN. le cuenta al ex policía Luke Fitzwilliam los entresijos de los crímenes recientemente acaecidos allí. Owen. 85) Prólogo de José M.

decide acudir a su amiga Miss Marple. está dispuesta a remover cielo y tierra para descubrir la verdadera identidad del asesino de su padre.. Villa Ruiseñor. El misterio del jarrón azul.O. De repente. La hija de ambos. . fue condenada por ello.S.Cinco cerditos (SN. Testigo de cargo (SN. 112) Prólogo de Cristina Fernández Cubas Agatha Christie. al convertirse en víctima de habladurías. Un cadáver en la biblioteca (SN. reúne en este completo volumen nueve de sus más apasionantes relatos de misterio. 235) Una joven acude al detective Hercule Poirot para que resuelva un crimen cometido dieciséis años atrás. dispuesta a atajar cualquier duda. intriga y suspense: Testigo de cargo —que da nombre al volumen—. Carla. Accidente y El segundo gong. S. cuando su padre fue envenenado y su madre. la indiscutible «reina del crimen». La señal roja. Dorothy. 203) El merecido descanso del coronel Bantry y su esposa Dorothy se ve interrumpido por la alarmante noticia de la doncella: han hallado el cadáver de una joven en la biblioteca. Caroline. ¿Dónde está el testamento?. la vida del militar retirado da un vuelco.

181) Encabezados por la historia que da nombre al volumen. el conjunto de cuentos que el lector encontrará aquí hará las delicias de propios y extraños con sus tramas intrigantes. conviven en Inglaterra. 207) Cuando Giles y Mollie Ralston. ya que se sospecha que el culpable ha de ser alguien de la familia. El caso se complicará con más muertes y con el hecho de que nadie tiene una firme coartada.La casa torcida (SN. multimillonario griego. sus finales imprevisibles y la capacidad para fascinar. en una curiosa mansión. 132) Tres generaciones de la familia de Arístides Leónides. La ratonera (SN. un joven matrimonio. . poco pueden sospechar que su recién estrenado negocio se convertirá por unos días en el epicentro de un macabro juego criminal con un asesino suelto entre sus clientes. inauguran su nueva casa de huéspedes en las afueras de Londres. Tres ratones ciegos y otros relatos (SN. La paz hogareña se trunca cuando Arístides es envenenado. una versión alternativa de su popular La ratonera.

y un escenario. Nadie cree lo que oye.Las manzanas (SN. Tras cenar y disfrutar de los juegos. ya que la joven es conocida por su fecunda imaginación. 159) En este volumen se recogen diecisiete casos de uno de los detectives literarios más célebres del mundo. Joyce Reynolds cuenta a todo el mundo que en una ocasión presenció un asesinato. donde pasaría los años «más . 147) Durante los preparativos de una fiesta para la noche de Halloween. Hercule Poirot. Joyce aparece ahogada en un barreño lleno de agua y manzanas. EDICIONES ÓMNIBUS Poirot en Oriente (SN. El expreso de Plymouth. El misterio de Cornualles. la arqueología. desde sus orígenes en su Bélgica natal hasta sus mayores logros como investigador en Londres: El caso del baile de la Victoria. Primeros casos de Poirot (SN. Oriente Próximo. 65) Tenía 40 años cuando Agatha Christie descubrió la que sería una de sus grandes pasiones. Nido de avispas y Problema en el mar. entre otros.

Muerte en el Nilo (1937) y Cita con la muerte (1938) Los siete pecados capitales (SN. que se corresponden con los eternos vicios del ser humano: El misterio de la guía de ferrocarriles (la soberbia). Maldad bajo el sol (la lujuria). Noche eterna (la avaricia) y Cinco cerditos (la ira) PARA MÁS INFORMACIÓN VISITA www.serienegra. En el hotel Bertram (la gula). Cianuro espumoso (la pereza).es . Se anuncia un asesinato (la envidia). como las tres recogidas en este volumen: Asesinato en Mesopotamia (1930). En esa época brotaron algunas de sus mejores y más famosas novelas. 80) Siete obras maestras.felices e intensos» de su vida. siete retos para el lector.

Related Interests