ENTRE TINIEBLAS

LOU CARRIGAN
MAQUINACIONES
Hubo tiempos, que no eran tan lejanos como a veces parecía, en que el doctor Aaron de
Arlington había corrido los cien metros en once segundos y algunas décimas, había
saltado cinco metros con la pértiga, y se había llevado alguna que otra chica a pasear en
su coche para «contemplar la Luna»...
Todo tenía lógica, porque el doctor De Arlington medía metro ochenta, era un atleta de
rubios cabellos y rostro virilmente atractivo, y, además, era simpático. Lo tenía todo.
Pero, como suele suceder cuando se tiene todo, uno busca algo más.
Al doctor Aaron de Arlington le dio, apenas terminados sus estudios universitarios, por
buscar cerebros. O, mejor dicho, por estudiar los cerebros... En el suyo se había
aposentado la idea de que algo no marchaba bien en el mundo: había demasiada
ansiedad, demasiada angustia, demasiada tensión..., demasiado stress, en definitiva. Y
todo esto, a juicio de Aaron, se resumía en una sola cosa: había miedo en la mente del
ser humano.
Este miedo convertía a los humanos en seres generalmente poco sociables,
desconfiados, huraños, y toda una serie de defectos más. Muy bien... ¿Por qué el ser
humano tenía miedo? ¿Dónde estaba el miedo dentro de él? La respuesta sólo podía ser
una: el miedo, como toda motivación, tenía que estar en el cerebro.
Ni corto ni perezoso, el buen Aaron se dispuso a buscar el miedo, con el
convencimiento de que, una vez hallado, tenía que ser fácil extirparlo. El punto de
partida era el siguiente: si cuando una persona tiene una determinada parte del cuerpo en
malas condiciones se le extirpa o amputa, y todo vuelve a funcionar bien..., ¿por qué no
podía hacerse lo mismo con el cerebro? A fin de cuentas, el cerebro era sólo una parte
del ser humano... ¿O no?
Total, que en poco tiempo, Aaron de Arlington se convirtió en un investigador de tal
magnitud en esas cuestiones que el gobierno de los Estados Unidos de América se fijó
en él. Poco después, el doctor De Arlington estaba trabajando para la N.A.S.A. Al
principio la cosa fue bien, pero llegó el momento en que De Arlington se encontró con
que no estaba satisfecho. Necesitaba más libertad personal. Estaba hasta las narices,
para decirlo en términos simpáticos, de ser empleado de alguien. Así que dejó su empleo
en la N.A.S.A., y se instaló en una casa cerca de Houston, en la pequeña localidad La
Farge, en la orilla de Galveston Bay, Texas.
Para demostrar que no tenía intereses ni intenciones ególatras, Aaron de Arlington no
hizo jamás un secreto de sus investigaciones, jamás ocultó qué era lo que estaba
buscando.
Y esto fue lo que le complicó la vida, lo que le creó problemas.
Una tarde, cuando estaba trabajando en su laboratorio con el último mico que le
quedaba, oyó, de pronto, una voz tras él:
—¿Doctor De Arlington?
Se volvió. Se quedó mirando estupefacto a los tres hombres que había en el laboratorio,
mirándolo entre amenazadores y divertidos. Tres tipos que le parecieron de cuidado.

—¿Qué quieren? ¿No ven que estoy trabajando?— gruñó.
Los tres sujetos cambiaron miradas de asombro. Habían entrado en la casa abriendo la
puerta con una ganzúa, estaban allí más bien en plan amenazador, y al doctor De
Arlington sólo se le ocurría preguntarles qué querían.
Decidieron decírselo, lisa y llanamente:
—Hemos venido a secuestrarlo, doctor — dijo uno de ellos.
—¿A mí? ¿Para qué?
—Hay unas personas que desean tenerlo como... colaborador.
—Ah. No, gracias. De todos modos, díganles a esas personas que si quieren venir aquí
ellas, estaré encantado. Buenas noches.
Y regresó toda su atención a su trabajo.
Los tres tipos volvieron a mirarse. Luego, se acercaron los tres a la vez a Aaron, sacaron
sus pistolas, y las acercaron al rostro del investigador. Este miró a derecha e izquierda,
frunció el ceño al ver las armas, y dijo:
—Bueno, pero sólo puedo concederles unos minutos.
Uno de los tipos sonrió.
—Oiga, usted es un tipo divertido... ¡Cojonudo, vamos! Me cae bien. De modo que le
diré la verdad: no va usted a volver por aquí.
—En ese caso, ya les he dicho...
—Usted no entiende, doctor. Si no viene con nosotros, lo vamos a matar. Aunque no
creo que sea necesario llegar a tanto: podemos perfectamente llevarlo por la fuerza.
Aaron miró de uno a otro, tras hacer girar su taburete de trabajo.
—¿Saben? — dijo—. ¡No me gustan ustedes!
—Lamentable. Ahora quítese esa bata, póngase una chaqueta, y salgamos de aquí.
Tenemos un coche afuera. No nos obligue a lastimarlo, doctor.
Aaron se quitó la bata, salió del laboratorio, sacó una chaqueta del armario, de la
entrada, se la puso, y salió de la casa. Tras él lo hicieron los tres sujetos. Efectivamente,
delante de la casa había un «Chevrolet» antiguo, en el cual entraron los cuatro
hombres... Dos de aquellos sujetos delante, y Aaron y el otro en el asiento de atrás. El
coche se puso en marcha.
—¿Y adonde vamos? — preguntó Aaron.
—Muy lejos de aquí. Nos está esperando una avioneta.
Aaron quedó pensativo. Volvió la cabeza, y vio cómo su casa, donde tanto y tan a gusto
había estado trabajando últimamente, iba quedando atrás. Luego, miró hacia delante. De
momento parecía que se dirigían a
La Farge, cuyas luces se veían muy cerca, pero, claro, no era así. Se lo iban a llevar en
una avioneta. Bueno... ¿Y con qué derecho?
Había una diferencia tan abismal entre Aaron de Arlington y aquellos tres tipos que
éstos sólo pudieron interpretar la actitud del investigador como pura y simple
resignación. Es decir, confundieron la serenidad, y hasta los buenos modales, con la
mansedumbre.
Seguramente fue por eso que Aaron pudo hacer lo que hizo.

Eso sí, con toda tranquilidad, sin alterarse...
Giró de pronto hacia el hombre que estaba sentado a su izquierda, y, sin más
explicaciones ni complicaciones, le atizó un puñetazo terrorífico en pleno rostro... El
hombre lanzó un berrido cuando su nariz, reventando como un tomate maduro, casi se
hundió en su cara, produciéndole tal dolor que le hizo perder el conocimiento.
Los dos tipos que iban delante respingaron sobresaltados, y el que no conducía metió su
mano derecha bajo la axila izquierda. No tuvo tiempo de esgrimir el arma, porque
Aaron, con la mano izquierda, le aplicó tal bofetón por detrás, que, además de llenarle la
cabeza de agudísimos silbidos, lo tiró de lado contra el montante de la portezuela, donde
recibió otro tremendo golpe..., que quizá no habría sido suficiente. Pero el tipo que
conducía, que vio la cosa inesperadamente mal parada para ellos, masculló una
maldición, quiso también sacar su pistola y volverse contra Aaron de Arlington..
Si hubiese ido en un coche de caballos de carne y hueso, seguramente Aaron habría
llevado la peor parte, pues los cuadrúpedos habrían continuado su camino; su buen
camino. Pero los caballos del «Chevrolet» obedecían rigurosamente las órdenes del
volante, y éste las del hombre que lo manejaba. Y como el hombre en cuestión dejó el
volante a su libre albedrío, el resultado fue lógico: el coche se desvió, y, apenas un
segundo más tarde, se estrelló contra un grueso árbol.
Dentro del vehículo hubo como un batido de carne humana cuando cuatro cuerpos
saltaron hacia delante y unos contra otros, quedando cubiertos de diminutos cristales.
Todo crujió, el árbol tembló, la plancha se arrugó...
Apenas cinco minutos más tarde, un automovilista que se dirigía desde La Farge a la
playa frente a la cual tenía De Arlington su casa, frenaba su vehículo a poca distancia
del accidente, y salía a toda prisa.
—¡Cielos! — exclamó —. ¡Vaya tortazo...!
Echó a correr hacia el coche..., en el momento justo en que uno de sus ocupantes salía
de éste. El afortunado quedó en pie junto al coche, colocándose bien la ropa, y miró un
poco aturdido todavía al automovilista cuando éste se detuvo ante él y gritó:
—¿Está usted bien?
—Sí, sí, gracias — replicó Aaron —. Hay tres hombres más dentro del coche, pero creo
que están bastante bien.
—¿Qué ha ocurrido?
—Querían secuestrarme-dijo Aaron.
El hombre quedó un instante atónito. Luego, aulló:
—¡Hay que avisar a la policía...!
—Sí, sí. Hágalo usted, ¿quiere? Yo tengo mucho trabajo en casa. Pueden encontrarme
allí: soy el doctor De Arlington.
Y el doctor De Arlington, cojeando durante, los primeros metros, regresó a su
laboratorio. ¡Ya había perdido demasiado tiempo!

***
El tipo de la nariz machacada dejó el periódico a un lado, y gruñó, con voz gangosa:
—La cosa se ha complicado: le han puesto vigilancia.

Los otros dos, que además de las visibles contusiones mostraban trozos de esparadrapo
en varios puntos del rostro, compusieron sendas muecas hoscas, casi siniestras. El del
bofetón en una oreja todavía oía de cuando en cuando tremendos silbidos en la cabeza.
El conductor tenía dos costillas rotas y una brecha en un pómulo. Y el de la nariz
golpeada, desde luego la tenía hinchada como un chicle soplado por un niño.
—La madre que lo parió —jadeó el conductor—. ¡Bien nos engañó ese tipo! ¡Y parecía
tan manso!
—¿Qué clase de vigilancia le han puesto? — preguntó el otro.
—Dos hombres armados dentro de la casa. No mencionan más hombres, pero puede ser
una trampa.
Los tres quedaron silenciosos, sombríos. Por suerte, habían conseguido escapar antes de
que llegase la policía al lugar donde se había estrellado el coche, que, naturalmente,
había sido robado para aquella acción, de modo que a este respecto no tenían
preocupación alguna de que significase una pista para la policía... Se habían dirigido a
Houston, donde, por separado, se habían instalado en un hotel. Y ahora, en la habitación
de uno de ellos, estaban pensando en el modo de resolver la situación. Porque tenían
que resolverla, o...
Como si los tres hubiesen pensado lo mismo, se estremecieron a la vez, y se miraron.
Estaban pálidos.
—¿Qué hacemos ahora? — musitó uno.
De nuevo un largo silencio, porque a ninguno se le ocurría, al menos de momento, qué
podían hacer. Lo que más les preocupaba era escapar. Pero no de la policía... Caer en
manos de la policía sería una divertida fiesta en comparación con «lo otro». Habían
fracasado, y sabían perfectamente que Hipócrates y Lucrecia debían estar muy, muy
enfadados con ellos.
Muy enfadados.
Tan enfadados que quizá optasen por echarlos al «cementerio», todavía vivos, si se
presentaban ante ellos.
Este pensamiento puso de punta los cabellos de los tres hombres, que parecían
conectados entre sí. Se miraron unos a otros con los ojos muy abiertos.
—Tenemos que largarnos...—jadeó uno de ellos—. ¡Y cuanto más lejos, mejor!
—Podríamos ir a México...
—¡No! ¡A México no, idiota! ¡Ellos tienen personal por allí!
—Canadá — sugirió el otro —. Podríamos ir tranquilamente hacia Canadá, sin prisas y
sin complicarnos la vida. Incluso seria conveniente que fuésemos por separado... ¡Por
mi madre, os juro que no pienso ponerme delante de Hipócrates después de esto!
Pues nos vamos a Canadá.
—¿Y dejamos las cosas como están? — preguntó el conductor.
—¿Qué quieres decir?
—Supongamos que nos vamos hacia Canadá, pero que, de un modo u otro, envían a
algunos de nuestros «compañeros» para cazarnos. No tendremos ninguna disculpa,
¿verdad?
—¿Quieres decir ante Hipócrates?

—Claro.
—Pues no..., no tendríamos ninguna disculpa, desde luego. ¿Adonde quieres ir a parar?
—Podríamos telefonear al «Astra Club» de Nueva Orleans, y explicar las cosas. Nuestro
contacto de allá pasará nuestro informe, y eso podría... tranquilizar un poco a
Hipócrates. Podemos decir que las dificultades para llevarnos al doctor De Arlington
fueron mucho mayores de lo que fueron realmente, decirles que estamos heridos, y que,
para evitar que nos capture la policía y puedan obligarnos a delatarlos, hemos decidido
pasarles el informe y escapar a Canadá, que sólo pensamos en evitarles problemas.
Los otros dos cambiaron una mirada. Luego, sonrieron como pudieron.
—A mí me parece una buena idea-dijo uno.
—Y a mí también, seguro — añadió el otro.
—Pues vamos a hacerlo... Nos inventamos toda una serie de dificultades, les pasamos
un informe completo de cómo está ahora la situación, y nos largamos, por separado y
muy sigilosamente. ¡Yo no vuelvo a la isla, desde luego!
—¿Te quieres callar, maldito? — le increpó uno de los otros dos—. ¡No menciones ese
lugar!
Otra vez se estremecieron los tres. El del periódico lo tomó de nuevo.
—Vamos a leer bien este periódico, y compraremos otros... Incluso podríamos dar unas
discretas vueltas cerca de la casa del doctor De Arlington, a ver si detectamos algo.
Cuanto mejor sea el informe y más les ayudemos, menos furiosos estarán con nosotros.
Comenzaron las maquinaciones.
Primero habían maquinado secuestrar a Aaron de Arlington, pero les había salido mal.
Ahora, no podían fallar. No podían fallar en estas maquinaciones, porque estaban
destinadas a salvar su propio pellejo.
Más que salvarlo. En realidad, a veces morir tiene mucha menos importancia de lo que
parece. Al menos, así pensaban los tres hombres cada vez que recordaban el
«cementerio» al que podían ir a parar si no se espabilaban.
Y se espabilaron. Estudiaron bien la situación, maquinaron sus mentiras, y, ya todo
decidido, todo bien urdido, llamaron al «Astra Club» de Nueva Orleans desde un
teléfono que, ciertamente, no era el del hotel en el que se habían alojado. Una vez
efectuada la llamada, los tres hombres abandonaron la ciudad de Houston. Ya nada
tenían que hacer allí. Ahora, todo era cuenta de la persona que había recibido el informe
completo por teléfono, allá en Nueva Orleans, en el «Astra Club».

***
En el «Astra Club» de Nueva Orleans, el hombre que colgó el auricular del teléfono
estaba todavía pálido. ¿Cómo iba a atreverse él a decirle a Hipócrates que los tres
hombres enviados a secuestrar al doctor De Arlington habían fracasado y que ahora
huían como ratas por temor más a él que a la mismísima policía?
¿Le decía la verdad a Hipócrates... o buscaba el modo de arreglar la nueva situación?
Porque una cosa era segura: si Hipócrates decía que quería que le llevasen a la isla al
doctor De Arlington, era que quería eso, y no otra cosa.

. —Siento molestarle. sí. giró hacia la mesa. pero estaba seguro de que un tipo capaz de manejar todos aquellos aparatos raros tenía que ser una lumbrera. —Lo dudo. A decir verdad. doctor: Tully. Tully — murmuró —. era lo que hacía el doctor De Arlington con aquellos animalitos. desde luego. Lo que no le gustaba. les ponía inyecciones. inmovilizada. . uno de sus acompañantes — apareció una expresión irónica en el rostro de Tully—. ¿Me recuerda? —Ah.. Además de que es muy bonita. —¿La envía el profesor Mason? — exclamó Aaron—. viene sola. —La Ciencia es la Ciencia — dijo en voz alta —.. y sus ojos relucieron intensamente.. Aaron. que había vuelto a ponerse los lentes. ¡El muy salvaje. ¡Prepárate a pasarlas putas. Discúlpeme: estaba muy abstraído en mi trabajo. Un tipo de cuidado. fuerte. velluda. que pase.. —¿Qué pasa? — respingó. desde luego. No entendía nada. Los redondos y negros ojos del animalito casi lo conmovieron. al final del fuerte brazo. el tal Tully. el anguloso rostro humano.. les hacía toda clase de pruebas. doctor — casi rió Tully. tras echar un vistazo alrededor. Recuerde que no sólo lo hacemos por su bien... hasta divisar. el contacto en su hombro izquierdo. para terminar abriéndoles la cabeza como si se tratase de la tapa de una cajita. —¿Una chica? ¡No me interesan las chicas! ¡Que se vaya! —Bueno. y volvió la cabeza. pero le escucho. sí señor. doctor. más impresionado que divertido. atada a cuatro grandes tornillos. ¿Viene sola? Quiero decir: ¿el profesor no viene con ella? —No señor. Vio la mano grande. Tully miró la cobaya que había sobre la mesa de trabajo de Aaron. —Lástima..! Primero los miraba y remiraba. sino que estamos haciendo nuestro trabajo.. Luego. ¡Por supuesto que le recuerdo! ¿Acompañante? ¡Querrá usted decir uno de los dos guardaespaldas que me han puesto en mi propia casa y contra mi voluntad! —Sea amable.. y una leve expresión de sobresalto apareció en su rostro. retirando la mano —. y se pasó una mano por los ojos. se quitó los lentes. y que éste la envía.. dice que es sobrina de su viejo amigo el profesor Mason.. ¿Qué ocurre? —Una chica pregunta por usted. ¡Que pase inmediatamente! Un momento. pero me ha parecido que era necesario. no me parece que eso resultase muy cortés por su parte. Aaron terminó de girar en el alto taburete. sí. —Soy yo. Tully salió del pequeño laboratorio. vio la cobaya. volvió a mirar al sonriente Tully. ¡Brrr! Por su parte.. como siempre entre impresionado y divertido. Sus ojos se desviaron más. Pero en fin..CAPÍTULO PRIMERO El doctor De Arlington notó el peso. amiguita! —¿Perdón? — oyó tras él.. ¡Y llevaba una enorme pistola en la axila! —Lo entiendo. los conectaba a electrodos.

. —Pero. Acto seguido suspiró profundamente....—¡Que las vas a pasar putas. sobrina de.? —Mi padre... —Sí. pero me gustaría presentar una tesis bien preparada. . —Ah.. no... no. doctor. sí! ¡Demonios. ¿sobre qué versará su tesis? —Había pensado titularla más o menos así: «Evolución del cerebro del ser viviente en general y del ser humano en particular desde el inicio de la vida hasta la era PosAtómica. Ha sido mi tío quien me dijo que viniera.. El me ha enviado a usted por si fuese tan amable de tenerme como invitada unos cuantos días. mi querido prof.. La muchacha se desconcertó visiblemente. señorita Mason? ¿Cómo está usted? ¿Cómo está su padre.. eso quería decir. ¿adonde? —¿No se va usted a ver a su tío? —Todavía no. sí. Estoy preparando mi doctorado. ¿Qué tal. —Feliz viaje. —¿Quién es usted? — exclamó Aaron. Se volvió de nuevo en el taburete giratorio. acaban de.. bueno. y que. —Sí. —Bueno. se pasó ahora las dos manos por los ojos. llevaba lentes. y que no tenía dudas de que usted me aceptaría como invitada.. sí..» La barbilla de Aaron de Arlington quedó colgando en el más genuino y expresivo gesto de pasmo. claro. señorita Mason.. Soy Eva Mason.. de anunciarle mi visita. señorita Mason. —Magnífico. y se quedó mirando a la muchacha que permanecía de pie ante él.. —¡Ah.. lo había olvidado! —Pero si sólo hace unos segundos que. comprendo. Es como si estuviera en otro mundo. —¿Es que doy alguna fiesta? Eva Mason soltó una carcajada. nadie más indicado que usted para ayudarme. y mi tío dijo que en el tema que pienso tocar para mi tesis. no hija.. sí. bueno. tenía los ojos verdes. Era pelirroja. doctor: mi tío. Ya sé que es como. ¿Y cómo está su tío? —Está muy bien. magnífico...... sino a trabajar con usted unos cuantos días. Soy sobrina del profesor Mason. y ataviada con un abrigo de entretiempo. como un atraco intelectual. Bueno.. y miró de nuevo a la señorita Mason. —Que yo sepa. —Lo haré cuando vuelva con él. Se volvió a quitar los lentes. Le deseo feliz viaje. ¿Dice usted que yo la he invitado? —No — rió Eva Mason —. —Perdóneme usted. sí. No he venido a ninguna fiesta. gracias. Aaron de Arlington quedó estupefacto... con un bolso en una mano. déle muchos recuerdos de mi parte. Bien. pero estas cosas suelen ocurrirme cuando estoy completamente absorto en mi trabajo.! No dijo más.

Sin embargo. todo.Es decir. de los módulos nocivos para el cerebro. que si conseguimos que un cerebro esté completamente sano. con lo que volveríamos al principio de perfección.. en definitiva. y asintió. esas enfermedades a las que no parece posible encontrarles explicación. Naturalmente. desde el cerebro. Eva señaló hacia la cobaya. todo lo recoge el cerebro. naturalmente. Por ejemplo. *** —.. pero muy cobarde. han convertido el cerebro humano en una masa llena de imperfecciones.. en un principio.. —Sí. ¡Ese es el principio del camino! —¿Y falta mucho para llegar al final? — preguntó Eva Mason. Aaron volvió un instante la cabeza. ¿no es así? Sin embargo.. maravillosas criaturas bondadosas e inteligentes. ciertas clases de parálisis. si comienza a temer por su hígado. y qué todos los módulos de éste que ahora funcionan mal e incluso no funcionan. que funcioné con la lucidez y frialdad de una dinamo.. usted está al corriente de las nuevas investigaciones sobre las enfermedades psicosomáticas.. provienen del cerebro. si se obsesiona. *** —. averiado puede aniquilar todo un cuerpo sano. —¿Qué? .. es posible que éste le aguante un montón de años. En cambio. evidentemente... puede estar segura de que lo dejará hecho papilla en unas pocas semanas. parten los impulsos que ocasionan todas las alteraciones en el resto del cuerpo. sino de su cerebro. ¿no es así? O sea. habremos conseguido el auténtico cerebro perfecto. ¿Y a qué conduciría eso? Pues. con la ayuda de usted.. un chispazo. o quizá deberíamos llamarlas involuciones. la angustia.. Es el cerebro el que recoge el miedo. y ya tiene usted el corazón del animalito latiendo a doscientas pulsaciones por minuto. Tiene usted ahí un animalito muy gracioso. ¿Y sabe por qué? ¡Pues porque provienen del cerebro! Supongamos que un hombre bebe diariamente una botella de whisky. habremos conseguido seres humanos equilibrados y sanos. Y desde ahí. Un ruido. Bueno.. de determinados lóbulos. Y por ahí hay que atacar.. con lo que. En realidad. ¿Sabe usted que un cerebro. —¿Cobarde? —Se asusta por cualquier cosa. el stress. de la eliminación.Lo que es lo mismo que decir que no hay absolutamente nada en todo el universo que pueda compararse al cerebro humano. si no piensa en el hígado. —¡Doscientas! —Más o menos... Incluso con las infecciones puede ocurrir esto. un cerebro equilibrado y sano en un cuerpo en las mismas condiciones nos proporcionaría seres humanos angélicos. un golpe. Esas mutaciones. ¿Usted se ve capaz de escribir sobre eso? —Había confiado en que podría conseguirlo. algunos tumores. pueden ser regenerados.. convertirlo en un vertedero de enfermedades? Mire usted.. ¿De dónde debemos partir para conseguir esa perfección? Pues.. y ya no hablemos de las perturbaciones en el propio cerebro. la ansiedad.. la base está en eliminar el miedo. el cerebro fue perfecto. ¡cualquier cosa!. un cerebro que no. Pero la culpa no es de su corazón. Para mí.. indudablemente.. es muy gracioso.—Atiza — jadeó por fin —. y no digamos ya las epilepsias. por tanto. Yo estoy convencido de que.. Ese hombre está poniendo en grave peligro su hígado. Ahora bien. si un sujeto aparentemente sano. en primer lugar. éste ha sufrido mutaciones regresivas que lo están poniendo en grave peligro.

¡Y yo tan ricamente sentado! —Ya he comprendido que no ha habido mala intención por su parte. La mayoría de científicos suelen mantener en secreto sus investigaciones. por el contrario. sí piensa. . ¿Le gustaría a usted ver un cerebro al desnudo? —Pues.. Sabe por instinto que no puede ocurrirle nada bueno.. esa es una pregunta clave. ¡Santo Dios! Eso es una brutalidad por mi parte. una desconsideración tremenda. Mírelo bien.. sean cuales sean éstas. doctor. ¿qué me dice? — sonrió Eva Mason. lo que experimenta son estímulos. se han escrito comentarios y artículos que usted ha facilitado. Eva Mason parpadeó. —Estoy intentándolo... sino para el ser humano. —¿Realmente cree que eso puede conseguirse? — murmuró.—Lo pregunto. Pero.. en la misma situación. señorita Mason. por supuesto. doctor. señorita Mason. yo diría que a su nivel. —Es usted muy amable.. hablando en términos generales.. usted habla de ellas con cualquier persona que le pregunte. divulgo al máximo la índole de mis investigaciones? —¿Por qué? —¡Porque yo soy muy inteligente! —Caramba. —¿Hace dos horas que estoy hablando? —Unos minutos más — Eva Mason sonrió—. ¡Oiga. y me encuentro un poco fatigada.. escuchándole. así que experimenta. —¿Pensamientos? ¿Quiere decir que ese animalito piensa! —Bueno. Parecía estupefacto. y estuvo reflexionando unos segundos. toda esta conversación me ha dado una nueva idea. —Precisamente. ahí sujeto. —¡Exacto! ¡Eso sería lo ideal! No ya sólo para las cobayas. impulsos.. —Hay una cosa que me tiene muy intrigada. porque hace más de dos horas que me tiene usted aquí. no experimente temor alguno. ¿Por qué? ¿Por qué no mantiene el secreto. —La he tenido dos horas aquí de pie. ¿Le gustaría presenciarlo? —¿Qué se propone hacer exactamente? —Voy a abrirle la caja de los pensamientos a la cobaya.. —Y lo que usted está buscando es que.. ¿Le molestaría que nos sentásemos? Aaron de Arlington parpadeó.. siente temor.. al menos. como hacen los demás? —Ah. de pie. me disponía a trabajar en esta cobaya... sino que. Por fin. micos y demás animales. la ansiedad. doctor De Arlington. Tiene miedo. movió la cabeza con gesto dubitativo... no se preocupe. En cambio.!. ¿Sabe usted por qué yo no mantengo ningún secreto. Está claro que el tema preferido de usted es el cerebro. Uno de esos impulsos es el miedo...

y le iré haciendo preguntas. de colaborar conmigo. y se quedó mirándola atentamente.. Aaron de Arlington se encargó personalmente de fijar la cabeza de la cobaya. y. mañana mismo empezaré a preparar el borrador.. miedo? —No suelo tener miedo casi nunca. —Tienes miedo. no me interesa eso. ¿le gustaría ver cómo abro una cajita de pensamientos. Pero. siguiendo sus instrucciones. Acto seguido.. Bien. parecía haberse aletargado. Por el contrario. dejando más perceptible su espléndido cuerpo juvenil. doctor.. lo haga. nada. se volvió hacia la cobaya una vez más. —Eso demuestra que usted también es inteligente.. ¿Me comprende? —Desde luego. ¿Y cómo habría nadie de ayudarme. quizá. y percibió el velocísimo latir del pequeño ser. miró su reloj de pulsera—. Simplemente. desde luego. pero debió presentir que de nuevo era objeto de la atención del ser humano. fatigado.. Pero básicamente es inteligente. le ayudó a inmovilizar completamente al animal con las tiras metálicas. —¡Desde luego que sí! He traído una máquina de escribir.. y una delgada sierra de pequeños y agudísimos dientes apareció. eso significa que su cerebro no me serviría para mis experimentos. pero no a la Humanidad. al que De Arlington ni siquiera concedió una mirada. ¿O prefiere instalarse en cualquier habitación de arriba? ¡La casa es lo bastante grande para los dos. o tiene. Le puso una mano encima.. Y por completo. —¿Generoso? Quizá. Y éstas son horas de trabajo. espero que mi rollo de dos horas le haya servido a usted de algo para su tesis. no. ¿eh? ¡Estupendo! Eva Mason se colocó a su lado. Si me acepta como invitada. y que si alguien puede aportar algo a mis investigaciones. . Bien... —Pero no en horas de trabajo — gruñó Aaron... A usted. de modo que ésta no podía moverla ni una décima de milímetro. no — rechazó Eva —. —¿A mí? ¿Por qué? ¿Porque en caso de conseguir mi objetivo sería el único en haberlo hecho? ¡Bah. Aaron de Arlington entornó los párpados. lo enchufó a la corriente eléctrica... si no supiese lo que yo estoy haciendo? No. Aaron vio sus relucientes ojitos. —Aguda observación. Prefiero compartir la Gloria Científica que no alcanzar nunca yo solo el objetivo. ¿en qué habría de beneficiarme eso a mí o a la Humanidad? —Supongo que en nada. El animalito... —Nada. —¿De veras? — Aaron sonrió —. Si yo mantuviese el secreto nadie sabría nada de mis investigaciones. Quítese el abrigo.. Eso es muy generoso por mi parte. vamos allá.! Yo prefiero que todos sepan lo que estoy haciendo. Yo no le he hecho perder a usted nada. señorita Mason. Vaya. ¿verdad? —¿Qué quiere decir? — respingó Eva.. tomó un pequeño aparato. y para muchos más! Eva Mason se quitó el abrigo. funcionando circularmente. Usted mismo ha dicho que ha tenido una nueva idea respecto a la cobaya. le he enriquecido con mi atención y con mis preguntas.—Juzgue usted misma. ¡Me ha hecho usted perder dos horas! —Ah. Bueno. —Me ha convencido — rió Eva—. y se espabiló inmediatamente. no. y sonrió. eso son vanidades egoístas..

—Observe — oyó la voz de Aaron —. —La. ¿Qué le parece? Haciendo un esfuerzo. cuyos chillidos eran aterradores. había como un leve latido en aquella pequeña masa blancogrisácea que parecía como envuelta en una leve tonalidad rojiza. no tenía ni el más leve temblor.... Pequeñas cantidades de pelaje flotaban sobre el animalito. cuando oyó el primer chillido del animalito.. a Eva le producían la impresión de taladros en sus oídos. Parecía que ni siquiera oía aquellos chillidos que. sobresaltadísima.. Saltaron unas pequeñas esquirlas de hueso.. —¿Cómo demonios habría de sentir miedo un animal dormido? — gruñó Aaron —. Con exquisito cuidado. inmutable.... —¿No? Bueno.. No podía moverse ni una décima de milímetro. se dio cuenta de que la cobaya ya no chillaba. La sierra proseguía su labor. Eva Mason cerró un instante los ojos.. Abrió los ojos. Era una mano hermosa. y luego miró sonriente a Eva. acerque el microscopio. Las pupilas estaban enormemente dilatadas..Aaron acercó el extremo de la sierra sin fin a la cabeza de la cobaya. telescopio. Agarró unas pinzas cortas y de agudas puntas aplanadas.. y miró los del animalito. quieto. sí. y captó el temblor de todo aquel cuerpo que pretendía zafarse de los flejes metálicos. más pelaje... y lo vio latiendo. ocupando prácticamente todo el ojo. como si fuese un.. no es que latiese. Eva miró el punto exacto que señalaban las pinzas.. y Aaron dejó ésta a un lado. y lo vio completamente absorto en su trabajo. nada. estuvo unos segundos mirando.... —Sí. Eva miró a De Arlington.. —Pero. De pronto. la verdad es que no veo.. lo que era completamente imposible. Era como. Más pequeñas esquirlas de hueso craneal.. se movía.. De Arlington lo utilizó sin la base. de una firmeza sorprendente... Eva Mason volvió a cerrar los ojos. .. e introdujo cuidadosamente uno de los extremos por la ranura. como un hongo sumergido. o. La mano de Aaron no vacilaba. en aceite sonrosado. Pero sí. Bueno. y se dará cuenta de que sí hay algo especial.. nada especial. Los abrió. efectuó una breve palanca. bien cuidada.. No. dejó de oírse el zumbido de la sierra. Vio los redondos ojitos relucientes como carbones. y sabiendo lo que están haciendo con él. —A veces lo utilizo así. —¿No la anestesia? — susurró Eva. en cambio.. como simples prismáticos. Miró el cerebro. Tiene que estar despierto. y hasta escalofriante. si lo prefiere. cerró las pinzas y retiró la tapa craneal. no había muerto. De pronto. ¿no morirá? —No inmediatamente... Eche una ojeada. era que.. ¿Qué le pasa? —Na.. Las diminutas y afiladísimas puntas de acero iban serrando el hueso como si fuese de simple mantequilla.. —¡Pues acérqueme el microscopio!— señaló Aaron.. Estaba como hipnotizado.

.. —¿Qué ha ocurrido. Dígale que nos veremos a la hora de la cena. Vamos.. La imagen que apareció ante su ojo no la impresionó demasiado. —Es usted poco observadora. Y es extraño. —¿Qué? ¿Se ha dado cuenta? —¿De. ¡Señorita Mason! La señorita Mason se había llevado las manos a la boca. doctor? —¡Y yo que sé. le echaban agua hirviendo al cerebro. ¿Entiendo que ella va a quedarse? —Depende del miedo o el asco que me haya cogido — sonrió Aaron. con un martillo y una escarpa le abrían la cabeza. Claro. y masculló : —Le subiré sus cosas a la señorita Mason. no creo que esta noche ella tenga mucho apetito. lo cual pareció sorprenderle. Aunque no. Me parece que se ha encerrado en un dormitorio. con un gesto interrogante en sus fuertes facciones. —¡Señorita Mason.Eva Mason obedeció... y. Según parece. Entonces. Pero por el microscopio sólo vio una masa sonrosada de cordoncitos que latían. y procedían a comérselo. como he hecho yo con la cobaya.. Y se dedicó muy seriamente a examinar el cerebro de la cobaya muerta.. no exactamente.. como usted comprenderá. alzadas las cejas. —¿Qué emperadores? —¿No conoce usted esa costumbre gastronómica? Pues cogían un mico... Tully apareció enseguida. lo cocinaremos para la cena. y salía a todo correr del laboratorio. más o menos. —Bueno — encogió los hombros Aaron de Arlington—. Ver la cobaya quieta.. y su cabeza «destapada» era lo impresionante. que se había acercado a recoger la maleta de Eva. . Naturalmente. No.. de qué? —¿No ha observado que en una determinada zona del cerebro hay más actividad que en el resto? —Pues. pero algo así. y luego miró al doctor De Arlington. echó un vistazo a la cobaya muerta sobre la mesa. porque preguntó: —¿La ha invitado a comerse el cerebro de la cobaya? —Bueno. y lo colocaban bajo una mesa que tenía en el centro un agujero del tamaño aproximado de la cabeza del mico.. Era el conjunto lo que impresionaba. Tully dirigió una torva mirada a De Arlington. En fin. ¿Qué tiene de malo un cerebro? Tully. es uno de los que me han durado menos tiempo con la cajita abierta.. con las pupilas dilatadas. Se retiró de pronto.. ya no hace falta: ha muerto. a la señorita Mason no le gustan las costumbres de los emperadores chinos. será mejor que le suba sus cosas. Se quedó mirando hacia la puerta. de modo que la parte superior del cráneo sobresalía del nivel de la mesa.. eche otra mirada.... hasta dejar al descubierto el cerebro. era una broma! No obtuvo respuesta. sus reflejos mentales eran más que buenos. el mico moría muy pronto. No.. silenciosa. no. amarraban muy bien al mico.. Vaya. una tontería! ¿Donde está esa asustadiza dama? —Ha subido disparada al piso de arriba..! ¡Bah. y verá que. Al parecer. y entonces.

y De Arlington se encerró en su laboratorio apenas amaneció. ella y Aaron no se vieron.. comprendo. me he expresado mal. comprendo. —¿Le gustaría que fuésemos al cine. sosteniendo una revista. de pie junto a una ventana con las persianas casi completamente cerradas. recuerdo — sonrió Aaron simpáticamente—... doctor? — propuso. Sí. Aaron aspiró el humo. ya qué no ha salido usted del laboratorio.. donde se veía el resplandor del sol en su ocaso. lo contemplaba a su vez.. ¡De modo que se ha quedado usted en mi casa! —Así parece. He querido decir que me gustaría verla al desnudo. y se quedó mirando estupefacto a Eva Mason. Pero no sé qué me pasó al ver latiendo aquel pequeño cerebro. Kramer. Espero que no me guarde usted rencor por haberla asustado. señorita Mason!— exclamó—. ¿Qué tal? —Muy bien. tiñendo de tono rosado el cielo por encima de las aguas de Galveston Bay. Eva Mason sonrió de pronto.. y no salió de allí hasta las seis y pico de la tarde. era grande. señorita Mason?: ¡me gustaría verla desnuda! —¿Qué? — exclamó Eva. la angustia. —Me alegro por usted. Había un gran silencio en la casa. —¿De modo que usted no suele tener miedo? — preguntó de pronto Aaron. Estoy segura de que no volverá a ocurrir. —No me asusté. Se dejó caer en un sillón. Tully se quedó mirando atónito a De Arlington. pero en lo que a su cerebro se refiere. Durante el día siguiente. en efecto.. reconozca usted que sería interesante para mí examinar un cerebro en el que no existiese el impulso del miedo.. gracias. eso sí. y quedó pensativo.. ¿Y usted? —¿Yo? Pues no sé.. y la llamita de un pequeño encendedor de platino y brillantes. y todo eso. Pero las náuseas. Tully estaba sentado en un sillón.. Yo soy la más disgustada. —Ah. Lo siento. . o casi nada.. ya que no suelo tener miedo a nada.CAPÍTULO II La señorita Mason se quedó. ¿Tiene un cigarrillo? Eva Mason le ofreció un cigarrillo. pero mirando de Eva a Aaron y viceversa. —Creo que ya se lo dije ayer. y yo no he hecho otra cosa que escribir a máquina sobre el «rollo» que me endosó ayer. Aaron movió las manos en el aire. —¿Quiere decir que se le ha ocurrido.. con aspecto agotado.. y Kramer volvió la cabeza. con gesto de pasmo. sí. ya recuerdo. que. la ansiedad. —Sí.. destapar mi cajita de los pensamientos? —Bueno — refunfuñó Aaron —. —¡Pues no la he visto en todo el día! —Lógico. dedicaba la mayor parte de su atención al exterior.. ¿Sabe. con un libro en las manos. —¡Caramba. —Me he expresado mal.. La casa. Me parece que estoy cansado. Sólo experimenté náuseas.

Eva? —¡No me diga!—exclamó la pelirroja con lentes. —Eso es más complicado — intervino Kramer—. Quienes vamos a salir a dar una vuelta somos Aaron y yo... sino Tully.. —¿Al cine? ¿Para qué? —Para ver una película.. Posiblemente. o algo así. y luego volver al laboratorio.... Podríamos cenar por ahí.. Aaron de Arlington no había estado tan sorprendido en toda su vida. —Y todo eso.. —No.. ¿para qué? —Bueno. Tully... Además. —Nada de paseos. y la propia Eva. Sólo quería ver su rostro sin los lentes.. sí! ¡Quítese los lentes! —¡Cielos! — exclamó Eva—. frente a la ventana. —¿Incluyendo las chicas? —¿Qué chicas? —Supongo que tiene usted sexo.. me parece. .. miraba con expresión divertida a De Arlington. —¿Destapando cajitas de pensamientos? —Dudo mucho que exista en el mundo mayor diversión para mí. riendo — : si estorbamos Kramer y yo. ¡No me diga que pretende usted que le haga una función de strip tease. Me importa un comino el cine y todo eso. que comentó: —Algo parecido le ocurre a mi tío. señor — lo miró Eva—. podemos irnos a dar una vuelta por ahí.¡Sí. Después de todo un día de trabajo es agradable divertirse un poco. simplemente.! ¿Sabe que es usted muy bonita... Kramer.. doctor! —Claro que no — masculló De Arlington —.—¿Adonde? —Al cine. tendremos que acompañarlos. ¿No? —Señorita Mason: yo me he estado divirtiendo todo el día.: si salen ustedes. ¡Seguro que es bellísimo! —Oigan — dijo Tully. ir al cine.. —Caramba — masculló el investigador—. ¡Me había olvidado de eso! Esta vez no sólo rió de nuevo Kramer. Iremos. pero él tiene ya sesenta y dos años. Aaron de Arlington quedó una vez más estupefacto. ¡Oiga. y luego ir a tomar algo a cualquier parte. soltó un refunfuño. —Sí. no pudo reprimir una risita.... ¿Cuántos tiene usted? —¿Yo? Me parece que treinta y dos.. Se quedaron mirando los tres a De Arlington. mi intención era descansar un rato mientras ceno. como desconcertado. Por fin. que iba mirando de uno a otro.

! ¡Qué tontería! La conversación se alargó un poco más. —Vayan con ella. fue un fogonazo de un color azulado. francamente.. y casi simultáneamente. enseguida.—¡Pues vaya un programa!—protestó Eva —. ¡Me parece que voy a irme al cine yo sola! ¿Me prestaría usted su coche. Kramer masculló algo. Primero notó el fuerte impacto en el pecho. Por un lado de la puerta de la casa apareció el cañón de una pistola enorme.. fue a Tully. y suspiró profundamente. Justo entonces percibió el extraño olor.. Los dos hombres se quedaron mirándolo no poco irritados.. y a Aaron de Arlington había que tomarlo como era. ¡Ir al cine. que le hizo oscilar hacia atrás. que dormitaba tendido en el sofá. Lanzando una exclamación.. miró hacia la puerta. Alzó vivamente la cabeza. y enseguida rodó por el suelo. Aaron? —Claro que sí. se volvió. hacia el porche. desgreñado. alarmado el gesto. y pocos minutos más tarde salía de la casa. corrió hacia Tully.. Desde luego. Se metió en el coche y partió. esbozando ya una sonrisa. *** El coche se detuvo frente a la casa. y el significado de las máscaras antigás quedó claro en su mente.. ¡Kramer. Cada cual es como es. volvió la cabeza hacia Kramer. nos at. y también casi simultáneamente algo pasó cerca de su oreja derecha. mirando por el retrovisor hacia la casa. Acto seguido. Entonces. Sus ojos giraron en las órbitas. pero se dirigió hacia la puerta del saloncito.. tuvo por un instante la sensación de que él era un tornillo girando a toda velocidad. Luego. y dijo: —También a mí me gustaría divertirme un poco. —¡Kramer!—aulló—. Todavía estaba su cuerpo oscilando blandamente cuando Kramer apareció en la puerta del saloncito. pistola en mano. —Creo que será mejor que prepare la cena. hundiéndose en algo. crujiendo con fuerza. Tully encogió los hombros. y acto seguido cayó hacia la derecha como un plomo. Tully gruñó una protesta. —Ahí está la señorita Mason. se colocó de lado. Kramer estuvo mirando el coche hasta que se perdió de vista.. la señorita Mason tiene razón: ¿por qué no hay una mujer en esta casa? —Siempre he sabido cocinar — replicó Aaron —. y Tully. pero Eva ya había tomado su decisión. que tenía el turno de vigilancia ante la ventana.! No pudo decir más. y se arrodilló a su lado. llamándolo. ambos movieron la cabeza. otro. Kramer apuntó la pistola hacia la puerta de la casa. Cruzó el vestíbulo. Demonios. La cabeza le dio vueltas. osciló un instante a derecha e izquierda. Ve a abrir la puerta. muy abiertos los ojos. Lo único que vio. Así de sencillo.. se oyó un . de modo que. y se puso en pie. doctor. con las llaves del coche de Aaron de Arlington. y la abrió. no cuente conmigo para eso. si quieren — autorizó De Arlington. donde pudo ver a dos hombres cuyos rostros estaban protegidos por caretas antigás. Kramer disparó dos veces más. ¿para qué puedo querer a una mujer aquí? Kramer y Tully cambiaron una mirada. Lo primero que vio en el suelo. y apretó el gatillo en el momento justo en que los dos hombres desaparecían de la puerta. llegó ante la puerta.

apareció una luz azulada. y el que descendía hizo gestos negativos: no había nadie más en la casa. Casi enseguida aparecieron de nuevo los dos hombres. naturalmente. para regresar enseguida con la maleta de Eva Mason. y la tapa del portamaletas fue bajada. Cuando entraron en el laboratorio. Aaron ni siquiera se movió. descendía rápidamente. distinguió frente a él las siluetas de dos hombres... y se desplomó. empuñando asimismo una pistola idéntica a las de sus compañeros. Uno de los hombres apuntó su pistola.. y el resto del mundo no existía para él. quedó el coche del doctor Aaron de Arlington. como si fuese cera derretida que los fuese llenando: era el vuelo de un avión. y se lo cargó en un hombro con toda facilidad. El microscopio. El gas hizo su efecto en ese mismo instante. seguidos de un tercero. los lentes de Aaron recogidos del suelo. y pese a que todavía no estaba del todo recuperado. el hombre que había subido al piso destinado a dormitorios. Cuando llegaba al vestíbulo. corriendo por el pasillo hacia el fondo de la casa. Luego parpadeó pesadamente un par de veces. Luego. y uno de los hombres corrió hacia allí. Dentro de la maleta fueron metiendo todo lo que a su juicio era importante. Se miraron a través de los lentes de las máscaras. Corrieron los dos hacia la puerta. Vacío. abandonado. un block de notas. Los ojos de Aaron giraron.. y salieron a toda prisa. muy abiertos. y uno de ellos hizo señas al otro. Aaron de Arlington fue colocado cuidadosamente junto a la pelirroja ahora sin lentes. no hacía ni cuatro minutos que había llegado. y el que no iba cargado abrió el portamaletas. que saltó del taburete respingando y mirando a todos lados. Y acto seguido. Veinte minutos más tarde. dentro del cual estaba Eva Mason.. unas botellitas dentro de las cuales había cerebros de cobayas en formol. Aaron de Arlington identificó aquel sonido que parecía impregnar sus oídos. que se acercó inmediatamente a De Arlington. sus ojos vieron a los dos hombres. y otra pequeña granada de gas narcótico entró en la casa. Estaba examinando al microscopio la parte que le interesaba del cerebro de la cobaya sacrificada aquel día. El hombre señaló hacia la mesa que se veía en un rincón... echaron una veloz mirada a través de los redondos cristales de la máscara. igualmente protegido por una careta antigás. el hombre que había quedado allí estaba reuniendo sobre la mesa todo lo que le parecía conveniente. y completa. ambos sentados. El impacto de la cápsula junto al microscopio ocasionó un tremendo sobresalto en Aaron. Se dio cuenta de que estaba viendo las estrellas. Estos entraron en el saloncito.chasquido. *** Finalmente. A un lado de esta carretera. Este hombre fue el que se lanzó escaleras arriba. En un giro. y disparó. Los dos hombres guardaron las pistolas.. Los dos hombres volvieron corriendo al interior de la casa. Una operación rápida.. gracias al resplandor de . El otro regresó al piso de arriba. utilizando un tramo de carretera como pista. en posición de decúbito supino. ahora vacía. de pronto. Una avioneta. No. estrellándose contra la pared. Cuando el coche de Aaron de Arlington se alejaba de la casa. y volvieron velozmente hacia ellos. dormida. salieron a todo correr hacia el coche. de una avioneta. Cuando abrieron la puerta del laboratorio... una avioneta despegaba desde un lugar no muy lejos de allí.. y comenzó a abrir cajones y a sacar todos los papeles. como alucinado. colocada allí como acurrucada.

Más allá. si no hay contratiempos... y astucia. y entonces me dijeron: «Muy bien.. miró hacia los dos hombres.. recortada en éstas. —Señorita Mason. distinguía las luces de un panel de mandos. —¿Doctora Mason? — masculló—. Hace sólo unos minutos que he despertado. Les dije que era la sobrina del profesor Mason y que estaba en la casa para investigar con usted sobre una tesis. la silueta del piloto de la avioneta. Llegaremos justo antes del amanecer. ¿De qué. Ahora no llevaba lentes... doctor De Arlington — dijo uno de los dos sujetos sentados frente a él y Eva—. Me preguntaron que quién era. Nosotros hemos tenido más suerte. —¿Hipócrates? ¿Qué Hipócrates? —El padre de la Medicina y de la investigación médica — rió el otro sujeto. volando hacia un interesante destino. y si había más alrededor. y. naturalmente.? —Aaron. —¿Se están burlando de nosotros? —¿Por qué motivo. y quiere hablar con usted de Ciencia. Vio la forma de su rostro. desde luego.. A cada instante. aunque no desdeñará que le llevemos a una colega suya. —¿Se encuentra bien. —¿Entiendo que los dos estamos secuestrados? — murmuró. ellos entraron en el coche cuando yo acababa de sentarme al volante después de salir del cine — explicó rápidamente la señorita Mason—. doctora Mason.las estrellas que llegaba desde la pequeña ventanilla de su derecha. cuántos hombres había dentro. divertido —: Hipócrates de Cos. ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos? —Están en una avioneta. qué hacía en la casa de usted.. doctor. Aaron? — musitó Eva Mason. frente a él. el relucir de sus grandes ojos. —Así es.» ¿Qué podía hacer? Contesté a lo que rae preguntaron. doctor De Arlington.!.. Tuve que decirles cuántas personas había en la casa. Aunque debemos admitir que quizá no habríamos conseguido todavía nuestros propósitos de no haber sido por la doctora Mason.. Aaron de Arlington estuvo mirándola fijamente unos segundos.. con usted. y luego se toma las cosas con calma.. y el de Eva Mason. y luego me narcotizaron. —¿Por qué? ¿Para qué? —Una persona quiere tener el placer de conversar con ustedes. —¿Quién es esa persona y de qué quiere hablar conmigo? —Esa persona es Hipócrates. Miró a Eva. vio a la persona que tenía sentada a su izquierda. nos lo explica todo de nuevo con todo detalle. iba viendo mejor los rostros de los dos hombres. no le va a pasar nada si es usted buena chica. —¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que quieren? —Somos amigos de los hombres que fracasaron en él anterior intento de secuestrarle. . Especialmente.. doctor De Arlington? ¿Acaso no creé usted en la resurrección de los muertos? —Váyase al cuerno — masculló Aaron. Luego.. Aaron quedó desconcertado unos segundos.

la doctora Mason. —No insistas. la empujaron. Habían sobrevolado por la zona hasta que vieron las señales luminosas que les indicaban la pequeña pista donde debían aterrizar. —Pero. —¡Exacto! — rió el hombre—. nada se veía.. saltaron de la avioneta. —Bueno — sonrió el hombre—. no es que tenga miedo: simplemente. —Ya que se pone tan pesado. Fuese cual fuese aquella isla. se lo garantizo. —Vamos. Y nosotros estamos en un islote del Caribe. llegaron a destino antes del amanecer. y pocos segundos después la avioneta estaba de nuevo en el aire. ¿De modo que la doctora Mason nunca tiene miedo? —Eso dice ella. ¡Ya veremos! CAPÍTULO III Efectivamente. Aunque.. ¿No es así. ¡Justo en el lugar donde nació Hipócrates! —Hipócrates nació en Grecia — dijo Eva Mason —. —¿En la isla de Cos? — preguntó Eva. perdiéndose muy pronto de vista. Por su parte..! ¿De modo que es usted muy lista. doctor? —Si todo esto es una broma — se irritó Aaron —les aseguro que no le veo la gracia por ningún lado. doctor. Habían aparecido más hombres. Un destino sobre el cual tanto Eva como Aaron no hablan tenido grandes dificultades en obtener conclusiones: era una isla. no se preocupe.. simplemente. doctora? Bueno. Era como haber descendido del cielo al fondo de la tierra. cuando parecía que por el Este comenzaba a clarear. Vea qué quietecita y callada está. y estaban dando vuelta a la avioneta..: nace y muere para siempre. salvo estrellas y mar reflejándolas. . qué serena y tranquila. especialmente altas palmeras. alejándose en dirección opuesta a la salida del sol. No recibió respuesta. Simplemente. cerca de una pequeña playa de relucientes arenas y donde abundaba la vegetación.—¿Ni siquiera cree en la reencarnación? — insistió el otro. —Quizá sea cierto que nunca tiene miedo — gruñó Aaron—. Eva Mason ni preguntó nada ni hizo comentario alguno. nadie va a reprocharle aquí esa cualidad. enfilando la proa hacia el extremo de la pista recién utilizada. Distancia que podía ser cien millas o quinientas millas. hombre — intervino su compañero —: los científicos no creen en nada de eso. La materia. lo que más desea Hipócrates es hacer contacto con personas inteligentes. debería usted adivinarlo. vamos. Siga el ejemplo de su colega. Precisamente. —¡Ah.. que podrá seguir trabajando. no me gusta que me distraigan de mi trabajo. —¿Va a durar mucho esa tontería de Hipócrates? — farfulló Aaron. islote más bien. —Si es por eso. Por lo demás. En cuanto a mí. Aaron de Arlington preguntó dónde se hallaban. pero no tuvo respuesta alguna. Luego. ¿dónde estamos? — insistió Aaron. no pudieron ver de dónde. estaba lo bastante lejos de cualquier lugar habitado cuyas luces pudieran verse a determinada distancia. se lo diré — rió uno de los sujetos—. no se enfade.

se filtraba luz. y uno de ellos la señaló. como llantos. Quiero informarles desde el primer momento que sería una tontería por parte de ustedes que intentasen huir. Y cuando todo quedó en silencio afuera. Eso. como fondo. que los miraba inexpresivamente. se detuvieron ante una puerta. —Dios mío — susurró Aaron —. desplazó el brazo derecho lateralmente.. comenzó a oír los rumores de dentro. Pero no se oía en parte alguna el zumbido del generador.. Que descanse. ¿qué significa todo esto? — insistió una vez más Aaron.. Eva Mason quedó inmóvil. cosas que rozaban. —La doctora Mason descansará aquí. en algunas. por cuyos intersticios. iluminados por simples bombillas. y cerró la puerta. oyendo cómo afuera colocaban la barra de hierro que cerraba exclusivamente por el exterior. Luego. dónde ponían los pies.. Pero también oía como. Pero los dos hombres de la avioneta miraron con renovado interés a Eva Mason.. de carne. y se le proporcionaría. todo se convirtió en un intrincado laberinto de pasillos rocosos.. Pronto llegaron a un lugar donde los pasadizos se ensanchaban. de un modo deslizante. sino también a derecha e izquierda. doctor. sólo tendría que pedirlo. hechas con troncos de palmeras. oyó los pasos alejándose. Oía respiraciones y rumores en abundancia. Los rumores de dentro. Le llegó de pronto un profundo suspiro. ¿De acuerdo? —Pero. muy pronto pudieron comenzar a oírlos.Los dos hombres que habían saltado de la avioneta con Eva y Aaron estuvieron conversando un par de minutos con los que habían aparecido no se sabia de dónde. doctora.. estaba oyendo respiraciones. Aaron y Eva se miraron. ¿Qué es eso? Nadie contestó. Muy despacio. Los llevaremos a sus alojamientos. donde había elevaciones rocosas entre zonas de densa vegetación.. No había ahora luz en parte alguna. y comenzaron a ver puertas solidísimas. Sí.. la claridad del día iba siendo más y más intensa. escalofriantes gemidos apagados... Uno de los captores la empujó suavemente. todos por delante de ella. pero no sólo al frente. en cuyo rostro no había expresión alguna. y tanteó con los dedos hasta encontrar el interruptor de la luz. como de desaliento. hasta que la avisemos. Luego. de modo que lo verán ya avanzado el día... frotamientos. mientras caminaban hacia el centro de la isla. como base. Tocó la pared. ¿El Caribe?. al menos. y pudieron ver. Dentro de aquella estancia... A partir de ese momento. pensó Aaron: podía ser perfectamente una isla del Caribe. y. lento.. y en la isla muy pronto les daríamos caza.. Apareció un ancho hueco entre las rocas. De pronto. Sin embargo. de modo que no tendrá dificultad en trabajar aquí. ya que no podrían ir a parte alguna. y luego se dirigieron de nuevo a los secuestrados: —Hipócrates está descansando ahora. De cuando en cuando veían a un hombre armado. y la abrió. Y como sonidos.. El interruptor de la luz está a la derecha. ella se acercó a la puerta indicada. Respiraciones... —Ya lo sabrá.. o sollozos. chasquidos como de carne. Respiraciones. Y si necesitase algo. Las luces de la pista se habían apagado. desde luego.. Sí. Muchos de ellos eran de raza negra. de carne. Vengan por aquí. tenuemente. . Hemos traído muchas cosas de su laboratorio.

. cayéndose a pedazos. Muy bien. la estaban mirando. Ellos están cansados de hacerlo con nosotras. rompiéndose. agrietándose.. los camastros colocados con la parte de la cabecera hacia la pared casi circular de aquella «habitación». así que se aferró a este conocimiento. —Puedes ocupar esa cama.. como me hicieron a mí. o de nariz. y fue distinguiendo más mujeres. . «Son leprosos — pensó—. sino «una». Les gustará tu carne. porque te lo harán de todas maneras. Me han encerrado con un grupo de leprosos. Y de las manos. Mirar a aquellos seres desnudos.. La mirada de Eva recorrió velozmente el aposento. La leprosa señaló hacia uno de los pocos lechos vacíos. —Pronto serás como nosotros — dijo la mujer. Tuvo un brevísimo instante de deslumbramiento cuando la bombilla se encendió en el techo.» Intentó serenarse.. había tantas mujeres como hombres. pero no podía reaccionar ni siquiera en eso. Y Eva Mason estaba experimentando la sensación de que todo su cuerpo se estaba encogiendo debido al intenso frío que se extendía de pronto por toda su piel. Eva Mason cerró de pronto los ojos. Sólo podía mirar. No. y a derecha e izquierda. tras una pausa. Abrió los ojos. con voz cansada.Lo accionó.. sino qué pensaban hacer los leprosos con ella. El rumor se detuvo. No era «uno». Otros carecían de labios.. Casi todos los camastros estaban ocupados. acercándose a ella. Tampoco ahora supo Eva qué contestar. o con los sarnosos... para qué la habían encerrado allí con ellos.. y todo su cuerpo se tensó al ver ante ella a uno de los leprosos. Había entendido perfectamente. Ni siquiera pudo mover los labios para emitir un suspiro. Era una mujer. Les faltaban trozos de carne en varias partes del cuerpo. durmiendo.. Era como si acabasen de introducirla en un congelador.. Es inútil que te niegues a acostarte. Estaban mirando fijamente a Eva Mason. Era ya tan denso que Eva llegó a pensar que la sangre había dejado de circular por sus venas. en francés. se iba intensificando. Sabía que tenía los ojos desorbitados. vio frente a ella. o lo que quedaba de una mujer. producto del espanto. Y de la cara. otra idea: ¿durante cuánto tiempo pensaban tenerla allí? ¿Pretendían que aquél fuese su alojamiento mientras permaneciese en el islote? Oyó el rumor deslizante en el suelo. El intenso frío. o de orejas.. pero no supo qué replicar a aquella terrible aseveración. incierta—.. pero no todos los ocupantes estaban tendidos. Sabía que la lepra no es contagiosa. Eva no acertó a responder. Tanto los seres tendidos como los sentados en el borde de su camastro... parecía que nadie dormía allí. Aproximadamente. te violarán.. ¿Y qué? La cuestión no era estrictamente ésta. estaba con un grupo de leprosos. cuyos cuerpos parecían estar. Un instante brevísimo. —Eres muy bonita — dijo la mujer. Y de pronto.. Enseguida. congelada. En realidad.. Algunos no tenían cabello alguno.. y se estremeció fuertemente. Pero peor te iría con los sifilíticos.. Seguramente.. No se le ocurrió nada. a la horripilante perspectiva manifestada por la leprosa.

. por la punta.. y se acercó unos pasos. un «ji. Eva Mason se quitó los zapatos. y fueron a colocarse a su lado. y acto seguido como un resoplar múltiple.Miró de nuevo a la leprosa. de roca viva.. y continuó mirándola. casi un bramido. y regresó a su camastro. y acto seguido.. —No te acerques más — advirtió. ¡Que no se acerquen! El rostro de la mujer se estiró en una horrenda mueca que dejó al descubierto unos dientes sorprendentemente blancos y bonitos.. hubo como un intenso destello. Se oyeron maldiciones. que se había apartado de allí apenas quedó la estancia a oscuras. Otros dos se pusieron en pie. que se acercaron a los primeros. sorprendiendo a los leprosos con su gesto. y luego de nuevo su voz: —Ya te han oído.. Eva Mason.. inmóvil. ellos podían volver a encenderla en seguida.. Uno de los hombres se puso en pié. formando un frente amplio. Varios cuerpos chocaron contra la puerta al no encontrar en su camino el cuerpo de Eva Mason. pero no te harán caso. un par de caídas. El hombre dio otro paso hacia ella.. El hombre se detuvo. Hubo un breve retroceso en los hombres. gruñidos. mirando de uno a otro leproso. Te violarán. Otro hombre se puso en pie. Quedó de espaldas a la pared. y en seguida. La sola idea de quedarse a oscuras en aquel aposento lleno de leprosos la aterró. Te han oído perfectamente.. Simplemente. ji» chirriante. Uno de sus ojos casi quedó oculto entre los hinchados párpados. pero falló. Si apagaba la luz. Una voz dijo.. La mirada de Eva se desvió un instante hacia el interruptor de la luz. ¡Su carne está sana! . en español: —Sólo con tocarla sabremos que es ella. un jadeo. se tendió.. El zapato pasó a unos veinte centímetros. Eva se pasó el otro zapato a la mano derecha. oyendo el rebullir furioso de los leprosos. Se oyó un sonoro «pop». Eva no contestó tampoco esta vez. llegó allí rápidamente. alerta. mientras oleadas de frío recorrían continuamente su cuerpo. Sonó su risa aguda. que había calculado la distancia y e] camino hacia el fondo del aposento. pero ella ya no los miraba. La mirada de Eva fue velozmente hacia él. alzó el brazo derecho y lo llevó hacia atrás. De pronto. pero todo seguiría igual. ji. no los vería. se quedó esperando. dos más. ¡Esto está sano! Sonaron algunas risitas en el aposento. No somos sordos. se quedó allí de pie. La mujer volvió a reír. y fue a estrellarse en la pared del fondo.. No dijo nada.. —Diles que no se acerquen a mí — susurró—. Luego. Se oyeron los leves sonidos de los restos de la bombilla rota al caer al suelo. y enseguida se hizo la oscuridad. Además. y agarró uno con cada mano. los tres se fueron acercando lentamente. dándose algunos golpes con los camastros. de modo que el tacón se convirtió en improvisado martillo. —Mira — dijo—.. Simplemente. tensa. golpes. y lo tiró también hacia la bombilla. miró hacia la sucia y solitaria bombilla que pendía del techo. Lanzó el zapato hacia la bombilla.

las voces. oyó el rumor de respiraciones súbitamente agitadas.. No había dormido durante el viaje en avioneta. la. Notó el fuerte impacto. oyó el sonido de la puerta al abrirse. Comenzó a sentir sueño. Hubo roces de pies muy cerca de ella. CAPÍTULO IV Como lejano. empujando hacia delante. Luego: —¿Qué pasa aquí? ¡Doctora Mason! . Con una mano empujó al hombre. habíase relajado por breves períodos. Oyó algunas palabras en inglés. no quería golpear a nadie más. los golpes. y el resplandor de la luz eléctrica del exterior del aposento pareció barrer el suelo y llegar hasta sus brazos. Tan próximo estaba que su aliento casi llegaba a su rostro. Oyó el chasquido del interruptor de la luz varias veces.. lo mismo daría que estuviese dormida. eso haría. Eva oyó la proximidad de uno de los hombres. De cuando en cuando.. pero lo que más abundaba era francés. tropezones. pero fue suficiente para despertarla. el rumor de pies se concentró en esa dirección. No quería hacer nada más. El jaleo fue remitiendo lentamente..! Eva Mason alzó fuertemente la rodilla derecha. y sobre todo.. pero ella sentía como algo helado en su piel. tanteó hacia un lado. Con las manos. En el aposento. —¡Aquí está. situándose inmediatamente. golpes. otro animal del planeta Tierra? Estaba rodeada de animales leprosos. Cerró los ojos. recordándolo todo en una fracción de segundo. y acto seguido se dejó caer de bruces. Eva iba notando más y más su cansancio. midió la distancia entre el borde y el suelo. gritos del hombre golpeado. español. pues se despertaría en el acto y tendría que afrontar de nuevo la situación. gruñidos. Casi enseguida. El camastro bajo el que se había ocultado crujió al recibir un peso que lo hundió.. una maldición. Sólo eso. A medida que la calma se iba restableciendo. y apoyó la frente en ellos. todavía doblados bajo el rostro. Eva permaneció inmóvil. Eva Mason decidió dejar de luchar contra el sueño. Se durmió. el ruido proseguía. estremecida. si acaso. mientras a su alrededor seguían oyéndose voces. se oyeron caídas.. Mientras pudiese mantenerlos engañados permaneciendo bajo el camastro. gritos y exclamaciones groseras... ni mucho menos. pero ¿qué objeto tenía? Si la encontraban. y el berrido del hombre al ser golpeado en los genitales llegó esta vez con violencia a su rostro. una mano tocó su pecho por encima de la ropa.Comenzó a oírse ruido de pies. Se quedó inmóvil.. Sabía que podía controlarlo. Eva cruzó los antebrazos ante su rostro... Inmediatamente. y se desplazó lateralmente debajo del lecho. Eva se dejó caer de rodillas. De pronto. Así pues. y tocó el borde de un camastro. Allí dentro no hacía frío. qué rodó por el suelo hacia el centro del aposento. A fin de cuentas. de modo que la espalda de Eva quedó en contacto con el jergón. golpes. ¿qué es el llamado «ser humano» sino un animal. no quería complicaciones.

Vaya. y frente a la cual había dos hombres armados. —Venga conmigo. pero no contestó. y se puso en pie. doctora? —Sí. agujeros en el techo. ¿Qué? ¿Cómo le ha ido? —La cama un poco dura — murmuró Eva. burlón.. ¡Ve a buscar una! Pasos alejándose. —¿De veras? Bueno. nosotros le parecemos deseables.. Hoogan le indicó que la dejara en el suelo. soy Hoogan! ¿Qué le pasa? ¿Está bien? La está esperando Hipócrates.. sino agradable. —Stimson. Había reconocido la voz de uno de los que habían llegado a la isla con ella en la avioneta. ¡Vamos. Sí. huecos. lléveme lejos de aquí! Stimson apareció. Espero que de todos modos no haya tenido demasiado miedo. conteste! ¡Y los demás. los que necesitó Hoogan para colocar la barra de hierro ante la puerta. el gruñido del hombre. Caminaron por pasadizos.Eva no contestó. En el centro del aposento. hasta detenerse ante una gran puerta más sólida que las demás. hasta salir. Enseguida. comparando. —¿Sigue sin tener miedo? Eva no contestó. Eva mantuvo los párpados entrecerrados unos segundos. pero sonriente. . Terminada esta operación.. y numerosos huecos de otros tantos pasadizos. esta gente ha roto la bombilla.. —Ha sido horrible... y oyó el crujir de los cristalitos. Había más puertas cerca. —La han violado — rió Hoogan—. —Ah — Hoogan amplió su sonrisa —.. permaneced en vuestros sitios! ¿Doctora Mason? Eva se deslizó por debajo del camastro. Hoogan se volvió a mirarla. mala suerte. —¿Doctora Mason? —Sí. Vio los pies sólidamente calzados. Por todas partes había pasillos. y señaló pasillo adelante. ¡Espero que eso le haya bajado un poco los humos! Bueno. —¡Doctora Mason. soy yo — murmuró Eva. sino que era obra de la propia Naturaleza. Stimson obedeció. portando una bombilla. y miró a Eva.. Hoogan captó el movimiento.. vamos allá. —Ha sido una estupidez echársela a los leprosos — gruñó Stimson—. junto a la puerta de los leprosos. pisando los restos de la bombilla.. con el ceño un tanto fruncido. ¡Por favor. pero no había sido hecho artificialmente. ¿No es cierto que. Aquello era como un nido de hormigas. ¿qué ha pasado? —Me han violado. —Ya cambiaremos luego la bombilla. ¡Eso debimos hacerlo nosotros! —Eso no habría sido terrible para ella. y miró hacia allí. Salieron los dos del aposento de leprosos.

velozmente.. suelo pasarme el tiempo pensando. doctora Mason. doctor. más bien. destacando en ellas los grandes ojos negros. en cambio. sino que la vamos a utilizar como material de laboratorio. es rápida y trabajadora.. y miró consternado a Eva. seguida de los dos hombres. de modo que no tiene objeto que la retenga aquí. —Soy un tanto perezoso — explicó —. —Está clara la buena intención de usted. como helada. atlético. Era hermosísimo. que habían girado para mirar a Eva y que la fueron siguiendo hasta que ella quedó frente a él. no la vamos a dejar marchar. Si mis hombres la trajeron aquí fue porque pensaron que también ella podría sernos de utilidad. con un gesto de reposo total. volvió a mirar a éste. Y al hacer el gesto. Se quedó mirándola atónita.. Cuando Eva volvió a mirar a Hipócrates. En realidad. Hermosa. Sus largas piernas estaban cruzadas. Vestía con gran elegancia. Llevaba los cabellos recogidos. y más huecos.. —Ella es Lucrecia — señaló el sorprendente hombre a la no menos sorprendente mujer vestida de negro moviendo sólo la barbilla—. —Ya le he dicho a usted que ella no es doctora — refunfuñó Aaron—. y a derecha e izquierda algunas puertas. relucientes. Eva había mirado asombrada alrededor. vio al otro personaje.. Era una silla de manos como las que habían usado los emperadores romanos para ser trasladados confortablemente instalados. a la americana. Los bellos ojos azules de Hipócrates se habían desviado hacia De Arlington.. Cerca de él había una mujer vestida de negro. con una especie de larga túnica. y sus facciones parecían de mármol blanquísimo. fornido.. Eva vio la silla de manos que hasta entonces había estado oculta por uno de los grandes sillones. Es sólo una estudiante avanzada que no podrá serle de utilidad. Hipócrates sonrió. Mi mente. como a otras personas. y se quedó mirándolo. Había una amplia estancia. y sus brazos descansaban en los del sillón.. Eva percibió el delicado perfume que emanaba de la mujer. Eva entró. Y yo soy Hipócrates. Aaron de Arlington estaba en un rincón de la estancia. su cuerpo grande. de una belleza fría. mirando a Eva. Era un hombre increíble. Luego. Aaron de Arlington palideció. Tenía una hermosa cabeza de rubios cabellos rizados. pero con sus palabras está perjudicando a la doctora Mason. vivamente. Cuando se fue acercando. que tenía tensas las facciones. pero siempre con las paredes de roca natural. pero de una hermosura. unos grandes ojos azules... Su rostro era hermoso. Estaba sentado en un sillón. ni más ni menos.. admirándolo. Hoogan cerró la puerta. Y de pronto. con un lánguido gesto en todo su cuerpo gigantesco... pero sólo de cuerpo. algo así como un diminuto trono con dos largas varas para facilitar el transporte a cuatro hombres. Aquello parecía un confortable apartamento.Stimson había abierto la puerta. como si hubiese tardado en captar todo el significado de las palabras de Hipócrates. como echado en él. y señalaba hacia dentro. Pero si no lo es. como usted parece desear. Eva miró a De Arlington. Era una hermosa mujer de unos cuarenta años quizá. .. uno en cada extremo de las varas. que contemplaba con el ceño fruncido a Hipócrates. inteligentes. persistía la sorpresa en su rostro. —Pase. y llevaba guantes blancos.

.. O sobre la sarna. —¿Y los utilizan como cobayas? . hasta ahora. Sea sincero: ¿nunca pensó en lo.—¿Material de laboratorio? ¿Qué quiere decir? —Para usted. ¿verdad? Pero aquí todo es diferente. sólo ha utilizado cobayas. la peste.. lo ha hecho porque no podía conseguir seres humanos. —No haré eso de ninguna manera. se terminó trabajar con conejillos de Indias. —Ahora sí puede ser. afectadas de sífilis para estudiar directamente en ellas? —Sí. —Vamos. —¿Qué clase de investigaciones? —Por ejemplo. trabajando directamente sobre el único material en el que se puede estudiar de verdad. piense solamente que es un investigador científico. —¿Está usted loco? — jadeó —. a una persona? —A una. Todo eso son. olvídese de reglas.... la locura en sus diversas formas y grados. Esto no habría estado bien visto ahí fuera. porque aquí. disposiciones. Nada más. investigaciones sobre la lepra — sonrió Hipócrates—.. leyes.. ¿Me está diciendo que espera de mí que.. doctor. gigantesco laboratorio privado que funciona desde hace casi cuatro años. —¿Tiene usted aquí personal capacitado para proceder a investigaciones sobre esas materias? — exclamó.. Olvídese de que usted es un. en este. Aaron de Arlington estaba pasando de la irritación y el asombro a la admiración... Mire. doctor. y que puede tener todo el material que desee para sus investigaciones. lo hacemos en serio.. —Efectivamente.. la rabia. podrá disponer de todo el material humano que precise para sus investigaciones. programaciones hechas en la mente de usted por la sociedad en la que ha estado viviendo. no: a las que necesite.. Olvide todo eso.. no nos andemos con hipocresías. Y además. Aaron estaba todavía más pálido. Ahora. la sífilis.. No le necesitamos para otra cosa. y de los conceptos del bien y del mal. que le abra la cabeza a. Cosas así. pero posiblemente. tenemos personal adecuado para el resto de las investigaciones que por el momento nos van interesando. A partir de ahora.. ser humano. sea cual sea este material.... ¿no es así? Usted. —Claro que lo he pensado — murmuró —. Hipócrates sonrió amablemente.. esto es. vaciló. ya no sirve. Estamos entre científicos. —¿Y también personas afectadas por las demás enfermedades que ha mencionado? —Naturalmente. vamos.. pero como algo que sabía que no podía ser. conveniente que sería utilizar personas en lugar de cobayas? Aaron de Arlington se mordió los labios. —¿Quiere decir que disponen de personas. ¿De acuerdo? —¿Qué es lo que espera usted de mí concretamente? —Tan sólo que siga con sus investigaciones.

quizá reflexione sobre eso. Bueno.... Claro. no sé — Aaron se pasó una mano por la frente—. todos se resistieron. una reciente conocida. vivo.. —¡Tengo que pensarlo!—casi gritó Aaron. que no suele tener miedo a nada. porque disponemos de otros científicos de investigaciones paralelas.. —Nosotros somos muy comprensivos. Todos sabemos que piensan más dos cerebros que uno. sí.. Al principio.... piense en ello.. el profesor Mason — murmuró Hipócrates —. como primer material. ella... creo que no lo haré — tartamudeó De Arlington.... otra. doctor De Arlington... y. doctor? —Sólo vino a pasar unos días. ella me ha dicho varias veces que.. —Bueno... aunque debo añadir que aquí no nos gusta perder el tiempo. Ella es solo una. hasta que usted se haga a las nuevas ideas que le ofrecemos. y otra. Piense en ello. al que podemos aterrorizar a gusto de usted. Ya lo ha tenido. —¿Por qué ella? — preguntó secamente Lucrecia —. y la han violado. con el que enjugó el sudor cada vez más abundante que perlaba su frente..—Por supuesto. —¿De veras? — la miró Hipócrates.. a su disposición para todo lo que usted desee! Y si esa cabeza deja de ser útil. pero acabaron por comprender que no debían desaprovechar la oportunidad que yo les brindaba. —No. pero enseguida miró a Hoogan. —Sí.. ya que esas ideas no son nuevas para usted: acaba de admitir que ya las había tenido. Pero dígame: ¿por qué quiere empezar por ella? —Bueno. Es sobrina del profesor Broderick Mason. Imagínelo: ¡una cabeza de ser humano aterrorizado abierta ante sus ojos. estaba en su casa. para que proceda a sus investigaciones. Ya dije eso. ¿Qué ocurre? —Creo que ella sí puede sentir miedo. Nadie le está presionando para que se dé prisa. doctor — intervino de pronto la enlutada Lucrecia—. como usted... para que la ayudase a escribir una tesis. Ha estado desde que llegó en compañía de los leprosos. lo. ¿Siente algo especial por la señorita Mason? —¿Especial? —Eso que llaman amor. Hipócrates. ¿No sabe qué decirme? De Arlington sacó ahora un pañuelo. No nos resulta demasiado interesante. Piense en un ser humano. Aunque nunca se sabe. ¿verdad? —Sí.. Claro que no... de modo que entendemos sus vacilaciones.. —Creo. —Naturalmente. claro.. que si me decido.. —Sí.. o quizá estaría mejor decir a las nuevas posibilidades. estaba pensando que. ¡No sé qué decirle! —¿No sabe qué decirme? Bueno.. y otra. En cuanto a la señorita Mason.... Eva Mason le contemplaba con cierta incrédula expectación. sí. lo comprendo. es todo cuestión de tiempo. no — negó precipitadamente Aaron —.. —Ah... En realidad.. quizá podría disponer de la señorita Mason como. con el que estuve estudiando en mis comienzos.. ¿no. ¡Salió de allí aterrada! .. —De todos modos. y ahora todos están entusiasmados. que había emitido una risita —.

Hoogan sonrió. por favor. a Eva Mason. —No me había fijado — gruñó Aaron. para asegurarse de que dispone de todo lo necesario. y por eso me. yo tenía entendido que un yacaré es un caimán. y comenzó a caminar.? —Para todo. que bajó la cabeza y fijó la mirada en el suelo. Y procure tener anotado todo lo que le falte para esta tarde. Hipócrates la miró con lento y renovado interés. —Efectivamente.. Entre éstas y las que ya le habíamos instalado nosotros. ¿De acuerdo? —Sí — masculló De Arlington. pídala.Aaron de Arlington miró. eso es bastante natural. porque es muy bonita — sonrió Hipócrates.. Aunque en realidad — sonrió alegremente — eso depende del tiempo que el doctor De Arlington tarde en. —Eso no es muy gentil por su parte. había instalado un laboratorio que hizo lanzar una exclamación a De Arlington. —Pues no lo comprendo. en efecto. utilizarla experimentalmente. Cualquier cosa que necesite. y Hoogan reaccionó.. demudado. ¿De verdad no siente usted nada especial por ella. señorita Mason. sería conveniente que fuese a echar un vistazo. Si no fuese así. De todos modos. —El yate de unos amigos nuestros — la miró con sonriente amabilidad Hipócrates—. —Esta es su vivienda.. y cosas así.. Bueno.. Pero no estamos aquí para hablar de tonterías. ¿verdad? Bien. al mismo tiempo. le tenemos ya dispuesto un laboratorio. Ahora. Stimson y Hoogan salieron de aquella especie de apartamento.. Afuera habrá siempre un hombre a su disposición. Pero insisto en que vaya a echarle un vistazo. y voy a concentrarme en mis pensamientos más elevados. pero creo que podremos aumentar los límites de terror de la señorita Mason.... ¿A qué se debe su interés... doctor. Señaló hacia la salida con un amplio gesto. y los dos últimos condujeron a los dos primeros a otro hueco rocoso donde. —Antes de eso — intervino rápidamente Aaron — quisiera someterla a una serie de pruebas preliminares: electroencefalogramas. . esperamos que tenga suficiente para trabajar a su gusto. Hizo una seña con la barbilla. ¿Tengo en mi laboratorio el material adecuado para. Espero tener más ocasiones para charlar con usted.. ¿Estaba entre locos. retírense: empiezo a estar un poco fatigado de tanta conversación. aprovecharíamos que hoy llega el Yacaré para hacer el pedido de todo lo que necesite. Parece usted una persona muy culta. doctor De Arlington? —De verdad — musitó Aaron. señorita Mason? —Bueno. —¿Qué es el Yacarét — preguntó Eva. Eva. doctor — explicó —. que por cierto es muy bonita. No sabía qué pensar. me he desconcertado. como hace ya tiempo que teníamos la certidumbre de que usted vendría a parar aquí. o entre gente a la que se podía considerar cuerda? ¿Estaba entre científicos que anteponían la Ciencia a los sentimientos y motivaciones humanas habituales.. o entre extraños seres dedicados a actividades que todavía no podía comprender bien? —Salió aterrada — repitió Hipócrates —. o algo así. al cual han sido llevadas todas sus cosas. ya se lo he dicho. Aaron. yacaré es una voz guaraní para definir el concepto de caimán. divertido.

. —Caramba — sonrió—. Se dirigieron hacia una de las mesas del laboratorio. apretando la cintura de la muchacha—. —Me alegro mucho de que no la hayan.. De todos modos — Eva se estremeció —.. Eva y Aaron escucharon.. Era una broma. Les he mentido. a divertirse entre ellos. La verdad es que yo no soy precisamente un héroe. fue horrible. Aaron de Arlington frunció el ceño.. ¡Claro que te sacaré de aquí! Pero me estoy preguntando cómo. nenita. al oír en aquel momento un sonido en la puerta.. . Eva se colgó del cuello de Aaron. de modo que cuando la puerta se abrió y entraron dos hombres. De pronto. Aaron miró de reojo a Eva... y cerraron la puerta de troncos de palmera. Es usted una chica valiente. y le besó brevemente en los labios. bueno. Uno de ellos portaba una bandeja. —Pues has de comer. y se fijó entonces en los descalzos pies de la pelirroja. según parece esta tarde va a venir un yate cuyo nombre es Yacaré. señorita Mason. —¿Qué? — exclamó Eva. Rompí la bombilla con uno de mis zapatos. y me escondí debajo de uno de los catres. y muy cerca un pequeño buró con algunos libros. como no sea de ser inteligente. querida. ambos miraron alrededor.... eso sería. En cuanto se hubo cerrado la puerta. —No me parece demasiado fácil —sonrió él. y una lámpara de pie. —¡Aaron. De todos modos. pero no oyeron el sonido de barra alguna que atrancase la puerta. Se separaron rápidamente... y acto seguido. un sillón muy confortable. bien pensado? ¡Este laboratorio es mejor que el que tengo en casa.. y el otro no parecía tener más misión que acompañarle. con los suyos un tanto temblorosos. Luego. que estoy segura de que se te ocurrirá el modo de salir de aquí.! —¡Aaron! —Bueno. ¡Huele muy bien! —No tengo apetito — aseguró Eva. De Arlington parpadeó. y musitó: —Siento lo que le ha ocurrido. Tú no tienes la culpa de nada. ¿no te parece? —Parece.Hoogan salió detrás de Stimson. Siento que por mi culpa. la bandeja fue depositada allí. En un rincón había un armario y un lecho.. y retiró la abombada tapadera. sin haber pronunciado palabra..! Eva Mason calló bruscamente. Espero que te hayas dado cuenta de eso. Aaron fue hacia la bandeja.. —¿Por qué hemos de escapar. —No digas tonterías — susurró —. como si te estuvieses tomando esto a broma. —Bueno. Nunca podríamos escapar si estuviésemos débiles. He pensado que podríamos marcharnos en él. Tanto. —No me ha ocurrido nada — murmuró ella—. ninguno de éstos pudo verlos abrazados. Se cansaron pronto de buscarme. ambos salieron.. lastimado... dispuestos a cualquier eventualidad. Tenemos que estar fuertes.. más.. El resto estaba destinado a laboratorio. y se dedicaron a.. más completo. cálmate.

capturan personas allá donde pueden: en las Antillas.. O sea.. para ser manipuladas. sarnosos. los espléndidos pechos de la pelirroja. la barbilla... donde más conexiones de electrodos había era en su cabeza.. Se me está ocurriendo que si tienen leprosos. Yo esperaría otra hora.. Pero no se preocupe por eso.. Aaron! —Leprosos. que se colocó junto a ella y dijo: —Calculo que han pasado tres horas desde que le pregunté la hora al tipo de ahí fuera... por fin.. Aaron. y en ambos lados del cuello. y en su rostro apareció una expresión de vivo interés.. —Le traigo los zapatos a ella. El Yacaré llegará hacia el anochecer. en Estados Unidos. Déjelos por ahí y salga de mi laboratorio. Aaron soltó un bufido. que deben ser las seis.. Esta se estremeció. —Está bien. las pastillas de conexión parecían adheridas a su piel.. así de pronto. Esto es como un.. con los ojos cerrados. Ese yate. —¿Qué demonios quiere usted? — farfulló De Arlington. la nuca. gran zoológico. y en ese caso. Apenas ésta se hubo cerrado. Claro que todas las enfermedades son desagradables.... —Te comprendo. En las sienes. —Ah. Eva estaba tendida en una camilla metálica. Bien. te explicaré el plan que se me ha ocurrido.. Pero antes comamos. Estaba desnuda de cintura para arriba. Y dijeron algo sobre sarnosos y sifilíticos. ¿Te dije antes que tienes unos pechos preciosos? . —No quisiera pasar por otra experiencia como la de los leprosos. Eva Mason abrió los ojos. Parece que hay muchas personas encerradas aquí dentro. Un momento: ¿falta mucho para que llegue ese yate.. Hoogan refunfuñó algo...Eva se acercó a él. sifilíticos.. que es de unos amigos de Hipócrates. doctor: si usted necesitase tiempo. y los hizo girar hacia De Arlington. —Estuve en un aposento donde había unos veinte leprosos. No siempre tendrías la misma suerte. cara al techo y completamente inmóvil.. sarnosos y sifilíticos. desagradables. llamado Yacaré.. Eva. se me está ocurriendo algo que quizá.. Hoogan llegó junto a la camilla. y se dirigió hacia la puerta. y quiero saber de cuánto tiempo dispongo para estar seguro. para intentar salir de estos laberintos. bueno. CAPÍTULO V Hoogan entró en el laboratorio con los zapatos de Eva Mason en una mano. pedirlo. Pero. sea como sea. que estaba manipulando en el tablero de mandos.. tendrán personas con otras enfermedades.. dejó los zapatos de Eva Mason en el suelo.. Localizó enseguida a la pelirroja. ¡Hipócrates! Me parece que estamos en un nido de locos. —¿Necesita algo ahora? —Sí: soledad y silencio. Seguramente. y se quedó mirando. Luego. el Yacaré? —¿Por qué lo pregunta? —Porque me parece que me falta material. —Está bien. ¡Tenemos que escapar. y de la isla... en Centroamérica. se le concedería. la frente. y en sus pechos había conexiones cuyos cables iban a una de las máquinas. Trabaje tranquilo.

. el tubo impactó con blando sonido en la parte posterior de la .. Eva se colocó detrás de ésta. yo también —le miró fijamente Eva. y entró en el laboratorio. Quizá todo lo que él había tramado era una gran imprudencia. —Sea tan amable de entrar un momento — gruñó —: necesito su ayuda. —Estupendo. Retiró una pieza de la camilla metálica. con lo que privó a Aaron de seguir contemplando en otra posición sus turgentes pechos rematados por el delicado pezón de tono rosado. y toda su atención estaba concentrada en una pantalla donde circulaba el gráfico de los impulsos cerebrales de Eva Mason... sí. Se puso los zapatos. No. En cuánto el hombre hubo rebasado la puerta de troncos. —¿Qué? —Que ya deben ser las siete. que volvió la cabeza y se quedó mirando expectante a De Arlington. y Aaron la abrió. —Bueno — dijo Aaron —. fuera había un hombre.. no.. Bajó fuertemente el brazo.. Caminaron los dos hacia la puerta. peculiaridades de tu cerebro? —Como quieras. que le había proporcionado otro aparato. Segundos más tarde.—Sí — murmuró Eva —.. ahora impresos. Echó una última mirada a los gráficos. ¿Tengo que estar más tiempo con todos estos chismes conectados? —¿Qué tiene de malo que mientras esperamos estudie realmente las. mirando a De Arlington. Se abstrajo tanto en esto que miró sorprendido a la muchacha cuando ella dijo: —Me parece que ya ha pasado la hora. Si fallamos. no sé qué va a ser de nosotros. y tras dejarlos a un lado procedió a desconectar a Eva de los electrodos.. sin recelo alguno. y volvió a los mandos. —Sí.. —Eso no es mi cerebro —dijo Eva... que ya tenía alzado el tubo metálico. Aaron emitió una risita. Aaron parpadeó.. y de allí saltó al suelo. —De acuerdo.. El hombre asintió en el acto. según parece. quedó al alcance de Eva Mason. No parecía muy convencido. y se la tendió a Eva. De Arlington acarició un pecho de Eva. Eva pudo sentarse en la camilla... Se decidió de pronto. hay que hacerlo.. parecía haberse olvidado de los bellos senos de la pelirroja. el cual le hizo un gesto de llamada. Vamos allá. —¿Realmente no tienes miedo? —No.. pero. y acto seguido se inclinó y lo besó. En pocos segundos.. que entraba de espaldas. Claro que no.. En efecto. —Ya te he dicho en qué parte de la cabeza tienes que golpearle. ¿Estás dispuesta? —Si tú lo estás. Aaron de Arlington todavía vaciló. con cierta expresión no exenta de temor. y acto seguido la ropa.

.. Frente al laboratorio había dos puertas.. Aaron salió cautelosamente del laboratorio. Aaron le quitó la pistola al desvanecido guardián. y de cuyas bocas brotaban espumarajos. Veinte pares de ojos que parecían humanos. —Bien. se desplomó en brazos de Aaron. Veinte pares de ojos los observaban. y éste. ¿no? —Debe haber subido. mientras Eva cerraba rápidamente la puerta. Y fueron estos seres los que comenzaron a mover violentamente la cabeza.. —Ah. que destacaban horriblemente en unos rostros crispados en horrendas muecas.. salpicando espuma a todos lados. Quedaron a la escucha. pero me quedo la pistola.. pero ningún hombre las custodiaba. en efecto. mirando a todos lados. —Será mejor que la lleves tú. y Eva salió. y se la tendió a Eva.. pero que por un instante permitían la duda. ¡vamos allá! De Arlington abrió de nuevo la puerta. No se veía a nadie. Aaron parecía como clavado al suelo. De pronto. la proximidad de unos cuantos hombres resultó ya indudable. Pero esto sólo les sucedía a los que estaban amarrados sólidamente a los camastros. Pero la cerraron completamente cuando. Los que no estaban amarrados se pusieron en pie. Aaron alzó la barra de hierro. presa del espanto más grande de su vida. como enloquecidos. y cerró. Si algo nos sale mal. y una voz sonó más alta: —¿Qué pasa? ¿Dónde está Betanzos? Debía estar vigilando al nuevo. y de nuevo se asomó. extraño. voces. y comenzaron a emitir gemidos. los pasos se detuvieron. —¿Qué pasa? — preguntó Eva. por la que brotó enseguida un raudal de luz amarillenta. y se asomó. escuchando. Eva señaló con la pistola hacia las dos puertas que se veían enfrente. acompañando cada espumarajo con feroces gruñidos. en caso necesario? —Lo intentaré — aseguró Eva Mason. Seguían oyendo sus voces a través de las junturas de la puerta de troncos. sobrecogedor silencio. Había un denso.. y la dejó a un lado. —¿Sabrás usarla.. para ayudar en la descarga de las provisiones — replicó otra voz. ¡Tienen la rabia! Tres o cuatro hombres rabiosos comenzaron a acercarse a la puerta. emitiendo un breve gemido. Luego. . Nadie. y detrás de él.cabeza del hombre. —Dios mío — jadeó De Arlington—. De pronto. Las pisadas y las voces se alejaron. Unos ojos fulgurantes... con la puerta entornada. Aaron se estremeció. —Será mejor que nos apresuremos — dijo otra voz —: el Yacaré va a llegar de un momento a otro.. sería una buena idea que no te atrapasen viva. Eva Mason lanzó una ahogada exclamación de espanto.. abrió la puerta. extraño silencio en las intrincadas grutas. De nuevo aquel denso. entró. —Me ha parecido oír voces de hombre aproximándose.. y caminaron rápidamente hacia allí. Sí. claro. gruñidos. Aaron esperó unos segundos. pocos segundos más tarde. Quedó inmóvil. Uno de los hombres que se acercaban abrió la boca. volvió a abrir la puerta. como todos los demás. —A mí no me parece muy buena idea. Hizo gestos.. retrocedió a toda prisa.

ni nosotros podemos hacer nada por ellos! Ha sido una idea descabellada esa de pensar que todos juntos podríamos dominar la situación. También allí había luz. es mejor que lo dejemos.. y lo sintió como un impacto espantoso en su olfato. ¡Pero dame esa pistola! Arrebató la pistola de la mano de Eva. llevándose ambas manos a la nariz. cierra! ¡CIERRA! Eva reaccionó. mientras la que habían cerrado temblaba y retemblaba con una violencia increíble.. pero ya demasiado tarde: el tufo de la muerte había penetrado en ella. mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. y comenzó a caminar rápidamente hacia donde habían oído dirigirse a los hombres que antes pasaron por delante del laboratorio de Aaron.? El grupo de sifilíticos se abalanzó hacia la puerta. apagados sus ojos. —Sí — contestó en el mismo idioma —. está bien.. y la abrió. y otros con extrañas llagas. Y también. y Eva se apartó rápidamente. y tiró de ella hacia la siguiente puerta. y. y de su boca brotó un espumarajo sanguinolento. ¿Quiénes son ustedes? —Podemos salir todos de aquí si nos ayudan. Se detuvieron. Dentro de aquel aposento también estaba encendida la luz. correr. se miraron. de cabeza sonrosada. La pelirroja retrocedió hacia el centro del pasadizo. y comenzó a toser.. quizá unas veinte personas. Eva Mason se dirigió a la primera puerta de la derecha. no vio nada extraño en ellos.. La tomó de una mano. rápidamente. —Eva.. Aaron de Arlington retrocedió.. Muy pronto encontraron un ensanchamiento en el que había cuatro puertas. sin problemas esta vez. todas ellas mirando fijamente a la pelirroja. y cerró la puerta y colocó la barra de hierro.. como fatigado. y la agarró por un brazo. Ninguno de los dos dijo nada. gritando..! Ella asintió con la cabeza. Junto a ella. retiró la barra de hierro.. vio quizá dos docenas de personas tendidas en los camastros.quiso hablar. no podrás. Aaron miró a Eva.. Comprendió de pronto. como de lejos.! —Está bien. Cuando se detuvieron ambos ante la siguiente puerta. que parecía alucinada. ¡Eva. los troncos crujieron.. Eva Mason retrocedió vivamente. creo que deberíamos. Un hombre se adelantó. De Arlington gritó: . —¿Son ustedes sifilíticos? — preguntó. en inglés.. pues ninguno de los apestados seres se había movido de su camastro. retiró la barra de hierro y abrió la puerta. y fue ésta la que... En una visión fugaz.. que. Quizá algunos calvos. —Estos no — jadeó—. De Arlington se acercó a ella.. sería horrible! La puerta retembló bajo el envite de varios hombres rabiosos. —¿Y quedarnos toda la vida aquí? ¡Yo no. colocando a toda prisa la barra de hierro.... y cerró la puerta. ¡Estos no podemos liberarlos. desistir — tartamudeó De Arlington.. dos a la derecha y dos a la izquierda. le llegó alterada la voz de Aaron de Arlington: —¡Tienen la peste! ¡Cierra. pero la pregunta estaba en sus ojos: ¿qué iban a encontrar tras aquella puerta? —Creo. de momento.. ¿Están en condiciones? ¿Pueden caminar. —No va a servirnos de nada todo esto — musitó Aaron—. ¡Estas personas no están aptas para nada! Sin replicar. ¡No podrán ayudarnos.

la impaciencia. con voz aguda. Sí. buscando la salida. su vientre. místicos. que ya corrían hacia donde se suponía que estaba la salida. efectuando violentas contracciones con el cuerpo. y enviar personal sanitario para liberar y atender a los demás. que la empujaron. como quebradiza—. y finalmente los epilépticos.. ayudada por Aaron. Hay de todo ahí dentro: locos peligrosos. fue la primera en ayudarle. pese a las advertencias de Eva y Aaron. Ustedes dirán lo que hemos de hacer. Caminaremos juntos.. —¡Oh. que estaba pálido como un muerto... puesto que no veo guardianes por aquí abajo: están descargando provisiones y material. ¡Silencio! Se hizo un súbito silencio. ¡Dios mío! La puerta fue cerrada. Señaló con la pistola gruta adelante. a informar de lo que estaba sucediendo. —¡Quietos todos!—gritó De Arlington. para que nos ayuden! ¡Entre todos venceremos a los nombres de Hipócrates! ¡Tenemos que abrir las otras puertas! Algunos de los sifilíticos. ante sus ojos. En cuestión de segundos. y los sifilíticos comenzaron a gritar. Unos minutos más tarde. uno de los cuales dijo a Eva y a Aaron: —Son los sarnosos y los epilépticos. El griterío era enloquecedor. Aaron aspiró hondo. Varias manos estrujaban sus pechos. y entonces jamás conseguiríamos salir de aquí. Dentro de poco. Aaron no esperó a terminar de oír las explicaciones del sifilítico. pero los sifilíticos. Todos lo hemos entendido.. o quizá ya ha llegado. Dios mío! — gimió la pelirroja—.. ¿Lo entienden? ¿Está claro? ¡No hablen en voz alta! Los tonos de voz que se habían alzado disminuyeron de volumen. abriéndose camino. O así lo creían... que parecía recuperarse rápidamente. sarnosos. silencio! Nos van a oír.—¡Tenemos que liberar a los demás.. las otras tres puertas fueron abiertas. Agarró a Eva por un brazo. y acto seguido a repartir enloquecidos golpes a todas partes. un yate va a llegar a esta isla.. —Lo han entendido todo. pero entre los cobayas humanos comenzaron a intercambiarse traducciones de lo dicho por Aaron en inglés... —Vengan detrás de nosotros en silencio — suspiró Aaron. y buscaban entre sus ingles. Un par de manos llenas de sarna pasaron rozando el rostro de Eva Mason. a las que se sumaron pronto las de dos de los sifilíticos. Eva Mason comenzó a gritar. De dos de las puertas comenzaron a salir hombres y mujeres. y la cerró cuando ya dos hombres se disponían a salir. la aplastaron contra la puerta. y empujaron con fuerza la puerta. En cuestión de segundos. comprendiendo el lógico razonamiento de Aaron. y volvieron sobre sus pasos al ver que otros iban hacia las puertas... Corrió hacia la última puerta. y muy pronto la alarma... al menos. Los de la otra celda son los locos. debe haber llegado ya. en silencio. ¡Quietos todos.. secundada por varios sarnosos y sifilíticos. ¡Estos no deben salir. comenzó a cundir en . —Tenemos que guardar silencio — dijo con voz más controlada—. paranoicos... un tanto indecisos. nos apoderaremos del yate. y se dirigieron hacia la salida... y miró a Eva. gritando como enloquecidos. nos lo estropearían todo! ¡Ya volveremos a por ellos! La propia Eva. el mismo sifilítico de antes recogió el conjunto de conversaciones.. se detuvieron. Un silencio increíble. no dejaban de presionar a Eva contra la puerta.. vacilaron. —¡Ayúdenme! — gritó Aaron —. Si podemos sorprenderlos.

mientras el sifilítico repetía las instrucciones en inglés. y se hizo de nuevo el silencio total. y vio el blanco yate anclado en la playa. Uno de éstos comenzó de pronto a aullar. y enseguida señaló hacia su derecha. Pero no veo a Hipócrates por parte alguna. comenzó a hablar en francés. epilépticos.el numeroso grupo de sifilíticos. Resultó cierto. de pronto. Una larga pasarela de troncos de palmera unía la borda del yate y tierra firme asentándose sobre las rocas. otros tropezando. no.. Eva salió unos pasos más. mientras los demás permanecían inmóviles. estremecida. unos cargados. y. unos ágilmente.. Entre los leprosos hubo otra traducción al español. y otros de vacío. apareció de pronto al fondo de una de las galerías rocosas. estaban ante la puerta de los leprosos. —Ustedes. En la playa. formando un arco. bellísima. al mismo tiempo que ya los leprosos caminaban hacia la puerta. sarnosos. de nuevo había luz. pero Eva movió negativamente la cabeza.. Y por detrás de ambos. el aullante sujeto se relajó completamente. ¿Dónde está el traductor de antes. enloquecidos... Eva Mason volvió la cabeza.. Todos corrían hacia la salida. Y el sol. tanto Eva como Aaron vieron la negra silueta.. rostros de carnes podridas.. para caer de cabeza. La bombilla rota ya había sido cambiada.. Quedó apoyado en el suelo sólo con la parte posterior de la cabeza y los talones. pero ya no volvió a hacerlo ni una sola vez más. dijo: —Ha muerto. Pero eso no importa. pero. más pesado. —Son los leprosos — consiguió decir. ¡Sigamos! Señaló uno de los huecos. Vieron el mar desde el agujero en la roca. como si con el vientre quisiera llegar al techo. que se apresuró a alejarse. el inevitable rumor de varias docenas de personas caminando. que reconocieron enseguida. siempre en busca de la salida. y lo sujetaron.. y tienen armas suficientes para.. Aaron se colocó enseguida junto a ella. —Es el sol — exclamó Eva—. y. Varios epilépticos se abalanzaron sobre él. gestos epilépticos. —No. sin esperar instrucciones de éste.. la salida. por ahí. y. hacia tierra firme. y luego caminaron lentamente.. salgan —jadeó Aaron —: vamos a.. otros arrastrando los pies. ¡Era lo más espantoso que le había ocurrido en su vida! Y de pronto. que Aaron abrió. deslumbrante. nada más ver sus ojos.. Eva y Aaron se detuvieron. y saltó hacia atrás describiendo una parábola increíble. —Ahí está Lucrecia — susurró Aaron —. y cabezas sin cabello. pero muy cerca de unas cuantas enormes rocas. Aaron corrió hacia allí. hacia el yate. ¡Todavía es de día! ¡De prisa! El rumor de pies se hizo más audible..? El sifilítico apareció junto a Aaron. Había visto aquel mar de ojos refulgentes. Una luz magníficamente roja. Aaron se acercó.. miró hacia el lugar señalado. junto a él...! . bocas desencajadas.. y con los ojos casi fuera de las órbitas. Y varios hombres caminaban por ella. Tan sólo un minuto más tarde. ¿Cómo demonios vamos a abordar ése yate? ¡Todos los hombres de Hipócrates están ahí. Aaron se estremeció. echando espuma por la boca. Eva Mason no pudo evitar un estremecimiento al recordar la noche anterior.. Por allí — señaló —: me trajeron por ese pasadizo cuando me sacaron de la celda de los leprosos.. algunos de ellos mirando con ojos encendidos a Eva Mason.

agitando los brazos.. donde les esperaba una muy desagradable sorpresa: cuatro hombres.! —¡Mirad! — exclamó un sarnoso —. uno de ellos negro.! —¡El yate. y disparó.. apuntando a la putrefacta masa humana. que llegaban ya a la playa del otro lado de la isla. el relucir de sus oscuros ojos. el negro. Uno de los sifilíticos que más corría. se detuvieron. ¡No salgan todavía! ¡Tenemos. Aún estaba en el aire cuando comenzaron a sonar disparos de pistolas. la mano armada con la pistola..! —¡El yate. . cegados por el sol. Pero fue inútil. apuntó. sino hacia el otro lado de las formaciones rocosas.. y comenzaron a saltar de roca en roca. por supuesto. no — exclamó Eva—. Tenemos una pistola.. que guardasen silencio. el yate. De pronto. ¡Nada había servido de nada! —Podríamos escondernos nosotros — dijo de pronto Eva —.Volvió la cabeza. estaban mirando hacia las rocas. ¡Esperen.! r— gritaban algunos.. Aaron vio cómo los labios de Lucrecia se movían. y.. todos los hombres de Hipócrates.. Para espanto e incredulidad de Eva y Aaron. Eva y Aaron echaron a correr.. —No. Luego. sus dedos se aflojaron. y si nos escondemos bien quizá podríamos abordar ese yate. los empujó rudamente. Eva y Aaron no podían creer lo que estaban viendo. todos ellos protegiéndose los ojos del resplandor del sol. Se entabló una escalofriante batalla entre los enloquecidos por la perspectiva de la libertad y los más cautos que querían que nadie se moviese de allí. Muy pronto dejaron de oír disparos en descarga.. separados. ni siquiera las oyó. Lucrecia había vuelto la cabeza. en cabeza del aullante grupo.. gritando. y cuando se miraron. y exclamó: —¡No! —¡No se muevan! — les llegó la voz de uno de los hombres.. Miraron hacia la playa... Luego. y la tripulación del yate.. —¡No se muevan! ¡Todavía no hemos. y fueron oyendo sólo alguno que otro.. ¡Ya lo tenemos! Eva y Aaron cambiaron una mirada desesperada. y se echaron los rifles al hombro. el yate. y saltó en el aire dando una vuelta completa.. realmente. bajando hacia la playa. pero no en la misma dirección que los insensatos seres recién liberados. tenemos que. pudieron ver su blanco rostro irreal. pues el griterío de los recién liberados era terrible. y hasta era posible ver en sus rostros los gestos de pasmo. se acercó rápidamente.. En realidad. Uno de los hombres. en español—. El sol hacía brillar el sudor en los rostros de Eva y Aaron. Los cobayas humanos comenzaban a salir de las grutas. y Aaron alzó la pistola. el yate! — gritaron varios cobayas más—. Eva y Aaron se detuvieron en seco.. la expresión de ambos era idéntica: incredulidad y fatalismo. dejé caer la pistola! Aaron se pasó la lengua por los labios...... y la pistola cayó en la arena. y todos armados con rifles. se lo echó al hombro. y se apoderó del arma.. —¡Vámonos de aquí! — exclamó Aaron. Aaron movió. aparecieron de pronto corriendo ante ellos. lanzó un alarido fortísimo. algunos de los más excitados se zafaron del grupo. aturdidos por la alegría. que debían llevar mucho tiempo sin ver. uno de los hombres que estaba en el yate mostró un rifle. ¡El yate! —¡No!—casi gimió Eva—. pero no entendió sus palabras. ¡Quédense donde están! ¡Y usted. pero Eva captó el gesto.

. había una amplia franja de arena... como si fuese a dividirla en dos. no estaban allí por obra de la naturaleza. A un lado de esta franja.. en las que.. había una roca enorme. realmente. comprendieron cómo habían podido aquellos cuatro hombres llegar casi al mismo tiempo que ellos a aquel lado de la isla: entre las rocas. No se veía ni rastro de los cobayas sobrevivientes. Los ojos de De Arlington se abrieron en gesto de sobresalto. a unos cinco metros por encima de las transparentes aguas. Pero no la dividía. de pronto. Luego.—¡Caminen!—ordenó en español—. ¡Hoogan! Hoogan llegó corriendo.. Tocó en un brazo a Aaron.. Para ir al otro lado de la isla había que pasar por detrás de una de las dos pequeñas agrupaciones rocosas que había a los lados de la pequeña laguna. y vale la pena concederle otra oportunidad. y.. si es que había quedado alguno. se introducía en la isla. como uniéndolas. que pasaba justo por encima de la pequeña laguna. en la cúspide de cada grupo. ¡Quiero que Eva venga conmigo! . doctor. varios hombres armados estaban apilando algunos cadáveres. La lengua de mar terminaba en una pequeña laguna de aguas centelleantes.. ¿Verdad que han visto los tiburones de la laguna? CAPÍTULO VI Ni Aaron ni Eva reaccionaron en modo alguno. caminen! A los pocos segundos de caminar. Eva asintió. Habían sido apiladas. y ella fue volviendo la cabeza. Eva divisó aquella alargada forma oscura que se movía lentamente. de lado a lado de la laguna. y éste la miró. Y que esta vez no pueda salir de allí. Pero a ella. doctor. —¿Suya? Muy bien. sobre las rocas. sonriente. giraron hacia Lucrecia. como en equilibrio. el yate. mirando aquel tronco de palmera colocado horizontalmente. —Un momento — tartamudeó Aaron—. Vio a la enlutada mujer. ¡Caminen. como las que había en la playa. por el momento. De momento. de modo que. a su laboratorio.. Lucrecia miró de uno a otra. —A usted no vamos a hacerle mal alguno. y sus ojos. tras dejar otro cadáver en la pila de la playa. Y entre estas dos rocas colocadas en la cúspide de sus respectivos grupos. de unos cuatro metros de anchura. no la necesitamos para nada. miró adonde ella señalaba. ¿Comprendes? —Desde luego. En la playa... —Son tiburones. ¿De quién ha sido tan brillante idea? —Mía — se apresuró a decir Aaron. una lengua de mar. tras lanzar una llameante mirada a Eva y Aaron. Pasaron por detrás de uno de los grupos de rocas. Vamos. por detrás de ella.. había un largo tronco de palmera. —Llevaos al doctor De Arlington abajo. De pronto. —¿Sí? — inquirió.. pálida. en la que todavía se veían sus pisadas. Es muy valioso. señaló a De Arlington. unas agrupaciones rocosas que. refulgentes al sol de la agonizante tarde.. ¿Para qué era aquel tronco? ¿Por qué había sido colocado allí? La voz de Lucrecia le hizo mirar rápidamente hacia delante.. —¡De modo que han intentado esa estupidez!—chirrió la voz de Lucrecia—.

. El negro que había recogido la pistola al otro lado del islote se acercó a él por detrás. todo su entorno cambió.. pudo distinguir tres. y algo tiró de ella. Otros dos hombres se acercaron rápidamente. nos visitan con mucha frecuencia. pero. se abalanzó hacia uno de los hombres que empuñaban rifles. Dio un tirón. y sus manos se crisparon en el arma.. en los riñones. sus ojos se alzaron. y acto seguido todo el cuerpo se relajó sobre el del hombre. ya aclarada la visión. de modo que la pelirroja quedó encima. tosiendo. y Hoogan lo recibió en sus brazos. *** La frialdad del agua la hizo recuperarse bruscamente.. Abrió los ojos. —¡No la matéis! — aulló Lucrecia. Lucrecia miró de nuevo con fría.. Abrió la boca para aspirar hondo. Y como saben que periódicamente encuentran comida aquí. a la vez. de un modo brusco... cuatro formas oscuras en las aguas. no tuvo tiempo de nada. en un aterrador instante.. y vio.. Se agitó. y una densa bocanada de agua salada entró impetuosamente en su cuerpo. en veloz giro. Comenzó a girarlo rápidamente. Ella.. y. con el rifle entre ambos. sus piernas se doblaron... Quiso gritar cuando. la golpearon... con el rifle en las manos.. se acercaron a Eva Mason. a Eva Mason. realmente. como sea. enloquecida por la desesperación. pero uno de los hombres saltó sobre ella. y lanzaron la espantosa dentellada de costado.... Aaron de Arlington lanzó un gemido. De modo sorprendente. Con el respingo. que estaba suspendida de una cuerda sobre la laguna.. respirando dolorosamente.—No quiero discusiones. comprendió qué era aquella masa oscura. muy cerca de ella. que ya llegaba corriendo.. De pronto.. Llévatelo de aquí.—comenzó a decir. señorita Mason?: ¡está usted sobre el cementerio de la isla! . que cayó sentada en la arena. y otra gran bocanada de agua salada entró en su cuerpo. ayudó a su compañero. —¡Stimson!—llamó Hoogan—. giraron. con tal fuerza.. Por debajo de ella apareció la cabeza del tiburón.. Hoogan — dijo fríamente Lucrecia —. también aspiró agua por la nariz. Eva y el hombre que había caído sobre ella. sino ella.. la cabeza se abatió.. aquella enorme masa oscura que se movía. Todavía tosiendo. casi los desorbitó. no era el mundo el que giraba. sin sentido... doloroso. cuya transparencia era tal que. uno con el cañón del rifle. y ambos se dirigieron hacia la entrada a las grutas. ¡Ven a ayudarme! Stimson. Los ojos de la pelirroja Eva Mason mostraron la blancura de Ja córnea.. El mundo parecía girar en torno a Eva Mason. las enormes fauces se abrieron.. un instante más tarde. lagrimeantes los ojos. sumergiéndose en las aguas cristalinas tras el fallido ataque. aplastándola contra el suelo. Eva Mason lanzó un grito. distinguió perfectamente a los tiburones. y descargó un bien medido golpe en la cabeza de Aaron con la culata del rifle. ¿Sabe. con la culata.. expeliendo agua por boca y nariz.... —Tienen hambre —oyó—. hacia el cielo. Eva sintió un tirón en todo su cuerpo.. —Respecto a los tiburones. y el tiburón quedó abajo. Se encontró fuera del agua. con un largo paso.. maligna expresión. no. y el otro. Pero no. en lo alto de la cabeza. y eso fue lo peor que pudo suceder.. De Arlington se encaró con Hoogan.

la voz de Hipócrates—. formando espuma y burbujas. Un sueño en el que varios tiburones estaban destrozando cuerpos humanos y tragándolos vorazmente. En sus grandes manos. no.. se relajó. girando..! Su grito enmudeció bruscamente cuando todo su cuerpo desapareció bajo el agua. Eva pendía de una cuerda pasada por el tronco de palmera que se sostenía entre las dos rocas de las cúspides de sus respectivos grupos. Cuando oyó la voz. como una información lejana de que alguna parte de su cerebro estaba todavía en condiciones de recibir. mirándola desde el borde de la laguna. pero ante ellos sólo apareció una mancha borrosa.. —No se preocupe — oyó la amable voz —: usted está a salvo.. Otro tiburón emergió. con dolorosísimo tirón. Volvió la cabeza. y otra vez fue sacada al aire libre. engullidos por siete u ocho enormes tiburones. y no sintió nada.. Abiertos los ojos por el espanto... Durante un par de segundos. Como si fuesen un sueño. Hipócrates le sonrió. vio a Lucrecia. Toda ella era un latido de inmenso dolor. y su cuerpo volvió a sumergirse en el agua. Se atragantó.. vio a los dos hombres que sostenían el extremo de la cuerda para subirla y bajarla a ella. escupiendo agua. Las aguas eran transparentes. y los tiburones los hacen desaparecer en un abrir y cerrar de. ¡La quiero viva! ¡Ya basta! Todavía. bloqueada su mente por el más grande terror de su vida. con más cuidado. señorita Mason... ni de molestias en viajar mar adentro para tirar los cadáveres: los tiramos aquí. estaba girando sobre sí misma. pero ni siquiera eso pudo conseguir. volvió a aspirar. crispando el cuerpo.. que se cerraron un instante después de que ella fuese de nuevo izada rápidamente. Le dolían los hombros. Le pareció que esto estaba ocurriendo en una pecera.. NOOOO.. y lanzó un alarido. sus ojos se llenaron de lágrimas. Luego. y vio a Hipócrates. los impecables guantes blancos. —Bajadla. con las piernas separadas ahora. Aspiró hondo por boca y nariz. pero estaban ya considerablemente teñidas de color rosado. viendo la lengua de agua. Movió la cabeza.. comenzó a toser. Siempre girando. la irritación en las mucosas. la cabeza. Eva vio las fauces abiertas del tiburón. y notó el lacerante dolor en la garganta. Eva Mason intentó gritar de nuevo una negativa. La visión se aclaró. de pronto. de mandíbulas.. en un remedo de salto. —¡No! — le pareció oír. como procedente de otro mundo... Nada de tumbas. se llevó las manos al rostro. sentado en un sillón de aquel modo tan peculiar en él. y su cuerpo rozó un pie de Eva Mason. y los brazos lánguidamente colocados en los del sillón. Esta vez no pudo ver nada. Todavía eso. y miró hacia arriba. ¡No.Como un fruto de un árbol.. —Es un modo rápido y cómodo de deshacerse del material ya inservible — seguía explicando Lucrecia—. pensó que la voz de Hipócrates parecía sonar como en un altavoz... Eva Mason veía aparecer cuerpos humanos que rápidamente eran despedazados. Luego.. ¡Bajadla! —¡No! —gritó Eva—. se encogió. que chilló de nuevo. la cintura. . Sólo notó de nuevo el tremendo tirón.. De pronto. se quedó mirando aquellas imágenes como si no entendiera.. por la que llegaba otro tiburón. *** Abrió los ojos.

de los cadáveres. aparte de una personal simpatía hacia usted. el grueso cristal soportaba el peso de las aguas. visita «voluntaria» de su tío es enviarle noticias de usted. claro. terribles. Tuvimos que matar a muchos de nuestros invitados. ¿Verdad que se va sintiendo mejor. abrimos un canal hasta el mar.. pero por fortuna. Hipócrates señaló con la barbilla hacia una mesita. y lo fuimos remolcando hasta la laguna.. y volvió la cabeza para mirarlo de nuevo —.Ella también miró hacia arriba. sin mover más que esa parte de su cuerpo.. —Se terminó el espectáculo — sonrió Hipócrates —. Sobre ella. La. Lo colocamos ahí. cuando parte del techo se desprendió — oyó la voz de Hipócrates... tan.. el profesor Broderick Mason. Aunque eso es un decir: los tiburones nunca tienen bastante. pero no se preocupe: pronto los repondremos. de los tiburones. pero notó un terrible dolor en la garganta. Yo paso aquí ratos muy distraídos viendo cómo esas pobres bestias sacian su apetito.. señorita Mason? . —He pedido que le preparen una bebida que la aliviará. pero con dinero todo se resuelve. porque estaba tendida en un sofá.. que apenas veía sus sombras. He tomado una decisión que espero sea de su agrado: canjearla a usted por su tío. ¿Qué le parece? Eva no contestó. era hacia arriba. A partir de ese día. lentamente. señorita Mason. pero las aguas se iban enrojeciendo tanto.. Son terribles.. Aunque los tiburones todavía tienen comida para un buen rato. Parecía tener gusto de. todavía buscaría comida. nunca nos faltan tiburones para tener limpio el cementerio. de unos siete u ocho metros de diámetro. que de nuevo sonrió.. las rojas aguas impedían ya visión alguna.. ¿Qué le parece si le enviásemos una grabación con su voz.. es vitamínico. de aquel modo tan amable. Y en todo el Golfo de México. hay mucho material... Pero no era una pecera. Oh. lo olió. no. Eva miró hacia el cristal del techo. Todo parecía suspendido sobre su cabeza. en el techo.. y de nuevo miró a Hipócrates: ¿cómo un hombre tan hermoso y de aspecto tan inteligente podía ser tan cruel.. Se sentó en el sofá.. sádico? —Beba. Eva Mason volvió a mirar hacia arriba. Sí. He pensado que lo más indicado para conseguir la.. ¿Se siente mejor? Eva quiso decir algo. Estaba caliente. y comenzó a beber. necesito su colaboración. beba — insistió Hipócrates —. y en la costa de Centroamérica. ¿eucalipto? —Verá qué pronto se siente aliviada. incrustado en la roca del techo. Necesito que pueda usted hablar. La irritación producida por las enormes bocanadas de agua de mar era muy fuerte. y sólo entonces reparó en que estaba completamente desnuda. que parecía ya de color totalmente rojo. Es un descongestivo preparado por uno de mis científicos invitados.. Si uno de ellos se comiese una ballena entera. Por estas islas.. y era muy suave. Era espantoso. analgésico y estimulante. vertió en un vaso parte del líquido contenido en una jarra de acero inoxidable.. Y tiene otras muchas cualidades.. Era un cristal circular. —Fue una idea de ella. y cuando tuvimos nuestro primer cadáver lo hicimos sangrar mucho mar adentro. eran más y más oscuras a cada instante.. invitándolo a reunirse con usted en un lugar agradable? ¿Cree que él acudiría? Eva Mason se desplazó en el sofá. Y ello porque. Lo difícil fue conseguir el cristal. No hay problemas al respecto. Miró a Hipócrates. «pecera» estaba arriba. Los tiburones seguían comiendo. Por ejemplo.

—Ya es de noche. Pero ¿qué le pasa a usted? ¿Teme agotarse si trabaja un poco? —La comodidad es media vida.. vamos. Era ya imposible ver nada que no fuese color rojo en las aguas que antes habían sido transparentes como cristal. No era el mismo sitio donde Hipócrates la había recibido antes junto con Aaron. Terminó de beber aquel brebaje. como lo llamaban ellos. —Creí que lo había hecho bien — se sorprendió Eva que de nuevo miraba hacia la «pecera».. Sin embargo. Oh.. que no duraba más allá de dos minutos. Si él no viene.. señorita Mason. de no haber sido por la «pecera». la grabación está bien.. la estaba aliviando muchísimo de todos sus dolores y molestias. no me niegue el esplendor de su belleza. O el cementerio. Hipócrates sonrió de nuevo. ¿Lo ha comprendido? —Si... Claro que no: habría visto la «pecera». por eso lo ve ahora todo negro — dijo Hipócrates. y sus hermosos ojos azules se alzaron hacia la «pecera» que formaba parte del techo. Alzó la mirada hacia el techo. Espero que sepa manejarlo. pero cuando la vio a usted viva se tranquilizó. hasta que Hipócrates se mostró de acuerdo con lo que Eva decía y con el modo en que lo decía. y dejó el vaso sobre la mesita. para llevarla a Estados Unidos. con tal de convencerlo de que acuda a una cita que usted le solicita.. —¿No se siente mejor? —Sí — pudo decir Eva —. no se preocupe por él. —¿Qué tengo qué decirle a mi tío? —Ya le he dicho que eso es cosa de usted. señorita Mason. Mucho mejor. tras mirar también hacia arriba —. Me gusta verla así. —¿Lo ve? ¡Son las ventajas de tener alojados aquí científicos de primera línea! Pueden hacer cualquier cosa. —Sé hacerlo. Hipócrates se dio por satisfecho. muy completo — de nuevo señaló. ¿cree que podría hablar con su tío durante tres o cuatro minutos? ¿Podemos grabar ya el mensaje? —¿Qué tengo que decirle? —Lo que usted quiera. dijo: —Estoy muy enfadado con usted. Hipócrates con la barbilla—. Si él se presenta. Se puso un poco molesto. —¿Dónde está el doctor De Arlington? —Oh.. usted será cambiada. Pero él deberá estar dentro de tres días en un lugar llamado «Astra».Eva miró alrededor. —Pues allí tiene un equipo de grabación. Está trabajando. y de madrugada vendrá la avioneta a recogerla. en el muelle viejo de Nueva Orleans. Aquél era un lugar agradable. Bien. Conseguido el texto completo.. La grabación requirió casi una hora de pruebas. que. Me refería a lo de los leprosos. —¿Y mis ropas? —Vamos. . proceda a hacer esa grabación. y efectuada la definitiva grabación en una «cassette» nueva. a las nueve de la noche. Eva Mason palideció. sí. Por favor. efectivamente.

? —¿Por qué he de hacerlo yo? ¡Ya tiene usted a Lucrecia! El rostro de Hipócrates sufrió una brusca y horrible transformación.. Situación que no entendía. sobresaltó a Eva Mason. congestionado por una ira insólita.! Eva Mason miró a todos lados. ahora tan desconcertada como sobresaltada. señaló a Eva. no quiere complacerme! ¡Y ha dicho. —Venga con nosotros.. —Usted dijo que la habían violado. Cuando Stimson estuvo más tarde allí. Apareció en las bellas facciones una horrible mueca de rabia. madre. Sólo he dicho que.. arriba y abajo. acariciarme íntimamente para... —Ya.. que más que sorprender... todavía más pálida que habitualmente.!—chillaba. Hoogan volvió por fin su desorbitada mirada hacia Eva.. agitando la cabeza. Bueno — Hipócrates rió dulcemente —.. Lucrecia. ven aquí enseguida! ¡MADREEE... quién lo sabe....... —¡Ya estoy aquí! ¡Cálmate. ¿Quién la ha informado de eso. y encerradla allí! ¡Luego iré a visitarla! ¡Sacadla de aquí. Era una mueca espantosa en un rostro súbitamente pálido. ¡En cierto modo me alegro. cálmate. ha dicho.....? —Pe-pero no. madre... ¡Inmediatamente! —Pero si sólo he dicho..—No comprendo. —¡Sacadla de aquí! —aulló—. aullaba Hipócrates. demudado. ella me gusta.. —¡Madre! — gritó a voz en cuello Hipócrates —. y decidió no complicar más la situación. no entiendo. ¿O fueron ellos los que mintieron? —Fui yo.. ¡Llevadla a una de las celdas pequeñas. Pasé la noche debajo de uno de los camastros.... quién lo sabe? —Escuche. se enteró de que ninguno de los leprosos la había violado. —¡SACADLA DE AQUÍ! Eva Mason vio acercarse amenazadoramente a Hoogan y Stimson. y eso no es cierto. ¡Madre. cuyos grandes ojos parecían huevos incrustados en el rostro. Hipócrates seguía chillando sin parar.! Por la boca de Hipócrates comenzó a aparecer una espuma abundante. quién.. pero siempre completamente inmóviles sus miembros. increíble. y que la tenía todavía . —¡Se lo han dicho! ¿Quién vio algo. —¡Madre. porque usted me está gustando mucho! ¿Sería tan amable de. seguida por Hoogan y Stimson. salpicando a todos lados. y llevando detrás al negro del rifle. a recoger sus zapatos y cambiar la bombilla. hijo.. de furia inaudita. cada uno de ellos empuñando una pistola.... madre!—parecía escupir Hipócrates. salid todos! —¡Madre. mientras. pues movía la cabeza a derecha e izquierda.. madre. y Lucrecia apareció corriendo. se divertían entre ellos. —¿Quién se lo ha dicho? — gritó Hipócrates —. no pasa nada! —¡Madre. madre. Una puerta se abrió. pero no quiere hacerlo.

empuñando una pistola especial. que retrocedió y la apuntó rápidamente. sobresaltando a su vez al negro del rifle. y quiso cerrar la boca. ¡Chop! Sí. pero tampoco pudo conseguirlo. Sólo el impacto. y le impedía moverla. ni tan siquiera podía mover el cuello. por cuya puerta del fondo entraban en aquel momento otros dos hombres armados con rifles. Intentó de nuevo cerrarla. Rodeada por cinco hombres que parecían una furiosa jauría. Se estremeció. sin conseguirlo. del que en aquel momento cayó una gota oscura. Eva se encontró rodeada por cinco hombres armados. ¡Chop!.sobresaltada. Eva Mason salió también de aquel aposento. ¡Encerradla! ¡Y echadle gas! —¡Salga! — empujó Hoogan a Eva. de modo que su rostro quedaba paralelo al techo irregular. y frío en la frente. pero debió recordar las palabras de Lucrecia. Y algo sujetaba su cabeza hacia atrás. y apareció Hoogan. ¡Chop! Giró los ojos a todos lados.. el recipiente de cristal del que caían las gotas oscuras. se abrió. disparó. salieron a los pasadizos. pero no podía ver más que el techo. cuya puerta fue cerrada inmediatamente. Un instante más tarde se desplomaba. alarmados por los gritos.. Por un momento pareció que Hoogan fuese a abalanzarse contra ella. obligada por algo que tenía dentro. Apuntó con ella a Eva. ¡Chop!. CAPÍTULO VII Abrió los ojos. Esta salió a otro aposento. un simple golpecito. y la parte superior de las paredes de roca. Quiso mover la cabeza. . apareciendo entonces en el que había visto la primera vez. cayó otra gota dentro de su boca abierta. La pelirroja recibió el impacto de la cápsula en el centro del pecho. tensa. Eva era empujada al interior de una celda de reducidas dimensiones. rápidamente. dormida por los efectos del gas narcótico. —¡NO LÁ MATÉIS! — vociferó Lucrecia —. y cerró la puerta. Tampoco logró mover la cabeza al siguiente intento. sonó blandamente la gota dentro de su boca. Un minuto más tarde. La puerta del aposento privado de Hipócrates fue cerrada. con la cabeza echada hacia atrás. tenía la boca abierta de modo forzado. Ya ha oído a Lucrecia. violentamente por Lucrecia. De allí. ¡Chop! Comprendió que estaba en posición forzada. tras caminar por una parte que no había visto en las veces anteriores. colgando del techo había un recipiente de cristal. que recorrieron en silencio. Pero poco después. porque tras apretar las mandíbulas. La encerraremos. que la miraban furiosamente. Encima de ella. pero no notó dolor. pero no pudo. gruñó: —Camine. Casi corrió hacia la puerta. Sentía como un agudo silbido dentro de su cabeza.

sólo sois carroña asquerosa... Se quedó mirando a Lucrecia. que habéis.¡Chop! Tragó el líquido. ¡Chop! —. ¡Ya estás pagando el disgusto que le has dado a mi hijo. nuestros socios.. de epiléptico.¡Escorias vivientes.. ¡Chop! —Tienes en la boca una pieza metálica. y estarás pagándolo hasta que mueras! ¿Por qué tuviste que decirle aquello? ¡Chop! —¿Acaso una buena madre no lo haría todo por su hijo? ¡Yo soy una buena madre! Y él. amarrada a ella.. pero aún resultó peor. ¡Chop! —Estarás así. Tú y todos los demás sólo sois escorias vivientes. absolutamente todos! ¡Escorias de la vida! ¡Todos vosotros. como las que utilizan los dentistas para mantener abierta la boca del paciente sin que éste se canse — dijo Lucrecia.. cayendo las gotas en tu boca. y otra imaginar... de sifilítico. ¡Chop! —En realidad — rió Lucrecia — es un cóctel: un cóctel hecho con sangre de sarnoso.. puerca maldita.. No podía paladearlo.. lo tragó. y con otras piezas metálicas sujetando tu cuello para que no puedas moverlo. ¡Todos! Tú.. ¡Chop! —Estás sentada en una silla. Una oleada de asco espantoso ascendió por su garganta.. Eva desvió los ojos como si quisiera verse la barbilla. Eva Mason se estremeció. no sabía qué podía ser: simplemente. ¡Chop! —¡Todos.. con los cabellos atados al respaldo. tú. Sentía en lo más profundo de su cuerpo el estremecimiento de las náuseas. eso es lo que sois todos! — insistía Lucrecia—.! . de leproso. ¡Chop! —Pero sobre todo. sus ojos se desorbitaron.... los científicos.. Cada pocos segundos.. Estarás así hasta que mueras de asco.. ¡Chop! ¿Qué podía ser aquel líquido oscuro que. él es el hijo más hermoso jamás nacido de madre humana. una gota se desprendía del recipiente y caía sistemáticamente dentro de su boca.. porque has de saber que esas gotas son de sangre. esos canallas que nos sirven por dinero.? De pronto. Una cosa era ver. viendo cómo van. pensar en lo que estaba tragando. mirando hacia arriba. ¡Chop! —Y aquí estarás hasta que mueras de asco. que es como te corresponde morir. y tragándolas. ¿No estás de acuerdo? ¡Chop! Eva Mason cerró los ojos. el rostro de Lucrecia apareció en su elevado y reducido campo visual.

¡Chop! Eva Mason perdió el conocimiento.. despacio... no pensar en el. desencajado por la furia. y malvada. intentó no oír a Lucrecia.? Notó de pronto el dolor en el rostro. pero hermosa. ¡en qué pocas ocasiones haba sentido miedo! Pero aquello no era miedo.. ¡Chop! Una explosión amarga se produjo en el estómago de Eva Mason.Eva volvió a cerrar los ojos. qué clase de hijo era que consentía que su madre le. Pero se conservaba joven y hermosa. la cabeza.. No podía soportarlo. el cuello.. Fría. ¡Chop! .! ¡Chop! . Por lo menos. Fue un dolor agudo y penetrante lo que la hizo regresar a la realidad total. Los pensamientos parecían etéreos. decidida.. Le dolió la boca. Y de pronto.. arrancada de su concentración mental que la había aislado de la sensación de recibir las gotas de sangre y de la voz de Lucrecia. pero el asco súbito fue tan intenso que todo el cuerpo de Eva se estremeció en violentísima arcada.. y que me escuches! ¡Chop! El dolor no importaba demasiado en aquellas circunstancias.. relució.... ni oír. Como un pequeño globo rojo. donde los cabellos estaban tirantes.. «cóctel» que estaba ingiriendo gota a gota. tuvo la idea. Era un asco tan profundo que..? En realidad.. a desprenderse. y abrió los ojos. Una gota comenzaba a desprenderse. pero no la del asco. ¡Chop! Apareció otra gota.. flotantes. donde se juntaron con la siguiente gota de «cóctel».! ¿Cuáles serían sus verdaderos nombres? ¿Qué pretendían con.. se movió. Diminuta primero. y los vapores ascendieron hasta la boca. escalofríos en todo el cuerpo. a desprend. ¿Lucrecia era la madre de Hipócrates? Bien. sobresaltada. ¿Y Hipócrates? ¿Qué clase de hombre era.. Siempre había sido una mujer valiente. ¡Chop! Eva Mason había rebasado ya la barrera del terror.. sádica. maquiavélica. —¡Te estoy hablando! ¡Quiero que me mires cuando te hablo. No quería pensar. muy abiertos los ojos. pero no era posible.. Intentó poner la mente en blanco. ni ver.. Se quedó mirando.. hinchándose. Ni siquiera terror. ¡Por fin se iba a librar de aquellas gotas. La visión se aclaró completamente... Y de pronto. ¡Chop! . supo qué era aquel dolor en su mejilla izquierda: Lucrecia le estaba clavando una uña.. muy cerca al de ella. era superior a sus fuerzas. pero con satánica ferocidad. cincuenta. que todo su cuerpo parecía a punto de estallar.. el rostro de Lucrecia. Fue adquiriendo tamaño. Allá estaba el recipiente de cristal. Sentía vértigos helados.Dispuesta a cualquier cosa. en ese caso no cabía duda de que debía tener más de cuarenta años. *** ¡Chop! Parpadeó. ¿qué clase de personas eran Lucrecia e Hipócrates? ¡Lucrecia e Hipócrates. Pero fue engrosando rápidamente... incontenibles. a desprenderse.. Realmente...

De pronto. Había oído la voz de Lucrecia. Cedió rápidamente.. ya no pudo hacerlo. Todo es relativo: después de la angustia y el asco de las gotas de sangre de sarnoso. Tuvo la impresión acongojante de que no iba a conseguir nada. como proyectándose hacia el techo. viendo formarse las gotas. Ante sus ojos quedaron sólo los pies femeninos.. Pero aquello no era nada. La estaban llevando sobre la silla. todavía amarrada a ésta. golpeando en éste de lado. pasadizos de roca. y la cabeza de Eva rebotó con fuerza contra el suelo. Se estremeció cuando la entraron en el aposento que había conocido la primera vez. Se sintió flotar. El golpe fue tremendo. .. lo demás no parecía tener demasiada importancia. todo el cuello. sin haber soltado sus pies ni sus manos completamente.! Y el cuello. Miró de reojo hacia arriba.. Otra gota de sangre cayó en uno de sus hombros.. Se dio cuenta de que la tensión producida por el tormento del «cóctel» la había agotado hasta un extremo increíble. cómo le dolían las y mandíbulas. fría. Le pesaban los párpados. porque le dolía la nuca. el de la «pecera».. oscilando. vientre arriba. Sentía que estaban manipulando en ella. pasadizos de roca. La estaban amarrando a un lecho. —. Intentaba moverlo todo a derecha e izquierda. tal como está.. Tenía sueño. pero no pudo conseguirlo. Vio el suelo. Quedó vientre abajo. pero debido a la posición de su cabeza. —Desatadla de la silla y atadla al lecho. pero sólo un instante. Otro poco. pero no le importaba.. La silla se estaba moviendo. En la frente. sifilítico y epiléptico. Los pies de Lucrecia. Luego. Se desplazaba. pero ¿y la silla? ¡Chop! Comenzó a hacer esfuerzos a derecha e izquierda. Todo se movió. El suelo se deslizaba bajo ella. desplazándose. leproso.. pero insistió. y de pronto. La colocaron en un lecho. La silla se ladeó hacia la derecha. ya no importaba. helada. y la vio. sentía el sudor. los pies a las patas de la silla. Todo su cuerpo se estaba relajando.. ¡Chop! Seguía mirando hacia arriba. Pasadizos de roca... Vio sus pechos colgando. Las sílabas pronunciadas por Lucrecia le parecían agujas taladrando sus tímpanos. sonó la gota de sangre en uno de sus hombros ¡Lo estaba consiguiendo! Insistió en sus esfuerzos. Continuó meciéndose. Pero no podía pensar en esto. Alzad la silla y llevadla entre los dos. Bueno. y desapareció. el camino que estaban recorriendo. Cuando soltaron sus cabellos y las cosas que sujetaban su cuello sintió un dolor horrible. Dios.. Abrió los ojos... Se durmió. pese al dolor. pues cambió inmediatamente de posición. veía hacia el frente. la tensión en sus mandíbulas cedió Un poco. Y finalmente. el otro. No podía mover el cuerpo..! ¡Chop!. se estaba moviendo.Tenía las manos atadas a la espalda.. ¡Sí. y cayó.. los cabellos al respaldo. ¡Aquello no era nada comparado con la sensación de alivio que experimentaba! Oyó caer la gota de sangre en el suelo. ¡Si pudiera cerrar la boca! ¡Oh. Vio pies moviéndose frente a ella. de un modo atroz. más hacia el borde que la anterior. Se sentía agotada. Quiso cerrar la boca..

muy bien! Abrió los ojos. Nunca ha querido tener contactos con ninguna mujer. lo que no es corriente. Era una escena. Pasó un minuto.. podía mover el cuello. paralela a ésta y separada algo más de un metro solamente. —No temas.. pero no pudo ver a Hipócrates. Oía voces. donde debían haber sido anudadas. La miraba sonriente.. se sentía bien. El cuello le dolía menos. sonriente. Tú también le gustas. ¡Oh. Ahora podía abrir y cerrar la boca. Estaba llorando. Y si sabes lo que te conviene. Se acercó a ella. Estaba llorando como quizá no había llorado en toda su vida. ¿Sabes?: ¡has tenido mucha suerte! Le has gustado mucho a mi hijo. y algo era algo. Algo líquido entró en su abierta boca. ni mover el cuello. Dentro de poco te sentirás mejor. guapísimo con sus grandes ojos azules y sus rubios rizos. que transportaban Stimson. se dio cuenta de que estaba llorando.. ¿Te satisface eso? Eva no contestó. esto no es sangre podrida — dijo Lucrecia—.. y comenzó a rociarla con el contenido líquido de un frasquito de cristal.. Sí. Estaba muy abierta de brazos y piernas. ¿comprendes? Eva miró alrededor. todo había pasado. Vio el rostro de Lucrecia inclinado sobre el suyo. —Es el que uso yo. a mi hijo le gusta — dijo Lucrecia—. —Evade mi corazón — dijo. sentía frío. y los cuatro . y miró hacia la puerta por la que había desaparecido Lucrecia. Las cuerdas que sujetaban sus muñecas y tobillos pasaban por debajo del catre. cariñoso—. No podía moverse. así que si tú no sigues mi línea de amor con mi hijo. Eva siguió con la mirada a Lucrecia.! Vio su cuerpo tendido en la cama. de intenso perfume. los malos ratos habían terminado. Bueno. sentía unos dolores espeluznantes. en silencio. y otro hombre blanco. un negro.. Luego. Lucrecia hizo señas. Sí. Ya no lloraba. vivirás horas muy amargas. tres... Se sentía de nuevo estremecida por las náuseas. buscando carne? —Sonríele y habíale dulcemente — insistía Lucrecia—: si lo haces así. Era un simple catre. Sentía las lágrimas deslizarse por los bordes externos de sus ojos y deslizarse por las sienes hacia las oreja. Ahora estaba de color negro absoluto. Lo que sí veía era el cristal del fondo de la laguna. todo irá bien para ti. acomodado en la silla de manos.. Tras ella. la «pecera». llegaba Hipócrates. No podía cerrar la boca.. de cuando en cuando. Incomprensiblemente mejor. Oyó las pisadas. considerando cómo se había sentido poco antes.Y de pronto. Hipócrates estaba recién afeitado.. Se sentía mejor. ¿Habría algún tiburón allí todavía. ¿A buscarlo? La vio desaparecer por una puerta. desahogaba sus furias. Su cuerpo desnudo. La imperial silla de manos fue depositada junto a la cama. Lucrecia apareció.. pisadas. muy bien peinado. dos. impecable. Alzó la cabeza. y sólo yo. Esta reapareció. Hoogan. se sentía mucho mejor. se sentía mucho mejor. serás cariñosa con él.. y entonces lanzó un chillido agudo y abrió los ojos.. Casi no le dolía. ¡Podía hacerlo. Notó que le limpiaban las lágrimas. ¡No abuses de mi paciencia! Todo lo hago por él. Lo que te ha ocurrido hasta ahora no ha sido nada. Voy a buscarlo. de modo que estaba claro que se le había pasado el enfado. que se alejaba. Vas a ser mi primera mujer. irreal.. En silencio.. Pudo cerrar la boca. el silencio.. para mi hijo. yo diría que ni siquiera es normal. pero torrencial mente. ¡Vas a tener un gran privilegio! Eva Mason cerró de nuevo los ojos..

y lo conseguí. —Madre — dijo Hipócrates—. ponme en la cama. Y no tenia. no eran los brazos. dejándolo ahora solamente en calzoncillos. hacen lo que yo quiero.. que parecían contener los brazos. cerrando la puerta. Algo estalló en la cabeza de Eva Mason. que por un momento parecía haberse olvidado de su hijo. carroña maldita. y los guantes blancos. yo me he pasado la vida ganando dinero hasta que pude conseguirlo que quería: tener un rebaño de científicos trabajando para mí. velludo. Por eso... solícita. Lucrecia se volvió a mirarla. pero no en mangas. . Se dedicó de nuevo a él.. tras dirigir codiciosas miradas al desnudo cuerpo bellísimo de Eva Mason. y luego por todo el mundo! Eva miraba fascinada a Lucrecia. de ojos azules. salieron del aposento. de unos diez o doce centímetros de longitud. me quedaré para siempre con Eva. Pero no se había olvidado. en los extremos de las mangas. Eva miraba de uno a otra. todo es mío. es decir. Miraba con aterrada fascinación aquel hermoso torso sin brazos. ¡Los científicos! Son todos escoria pura. mi hijo sea el ser más hermoso y más sano del mundo! ¡Eso es lo que quiero. estaba cosido. y luego la camisa. aunque fuesen cortas..hombres que la habían transportado.. miró la chaqueta. por cuyas aberturas se veían los pequeños y horrendos muñones. Donde debía haber mangas. pero no aparecieron los brazos.. y lo voy a conseguir muy pronto. —Sí. —Dios mío — gimió de pronto Eva. por favor. ¡Y lo que yo quiero es producir drogas que acaben con la salud de toda la Humanidad.. Lucrecia le quitó a Hipócrates la corbata. Lucrecia se colocó junto a la silla de manos. blanco. en camisa. ¿Por qué se quedaba Lucrecia? ¿Qué papel era el suyo en semejante situación. y le quitó la chaqueta a Hipócrates. como los de los hombros. ¿Sabes por qué mi hijo nació así? ¡Porque yo tomé determinado «medicamento» cuando estaba embarazada de él! Me juré a mí misma que tendría algún día mi propio laboratorio. cuando estén terminados los cultivos bacteriales que esparciremos primero por América. de la que colgaban los brazos con las manos y los guantes blancos. hijo — asintió Lucrecia. y las piernas a su hijo hermoso. Eva Mason lanzó una exclamación. Sencillamente. No comprendía. Lucrecia se había llevado las piernas de su hijo. hijo. era un relleno bien preparado para que pareciese que Hipócrates tenía brazos y manos.... No entendía nada.. palideció. —Lo que tú quieras. no comprendía. para que muy pronto. Eva sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas. Luego.? —Madre. Apareció un torso amplio... Nació así. brazos incluidos.. no tenía. Hipócrates había quedado en mangas de camisa.. Pero claro... —No fue un accidente.. de dorados rizos preciosos: con los pantalones. sus ojos se desorbitaron. yo soy quien dirige a esos «sabios» de la ciencia. su mirada quedó fija en la chaqueta de Hipócrates.. Era una camisa sin mangas. sólo unos diminutos muñones. y Eva lanzó un alarido cuando Lucrecia le quitó los pantalones. Ahora. No.

—¡Qué pechos tan hermosos! — exclamó Hipócrates. jadeante. —¿Eres virgen? — preguntó. Una atroz pesadilla de la que iba a despertar de un momento a otro... Bueno.. quiero saber qué es.La barbilla de Eva Mason comenzó a temblar... Eva quiso contestar. pero sé que es delicioso. Tienes un cuerpo tan hermoso. quiero.. y movió como pudo el cuerpo. —Yo sí. —¡Ven! — jadeaba Hipócrates—... Hipócrates. Ya que vas a quedarte conmigo. entre sus piernas. intentó hurtarlo a aquel contacto masculino que buscaba. Hipócrates comenzó a desplazarse. y. —Pronto podré besarte en la boca — jadeó Hipócrates—. —Quizá debí pedirle a mi madre que me pusiera bien sobre ti — dijo Hipócrates —. pero lo pensé bien y decidí que no. la miraba sonriente. naturalmente. y se las arregló para atraerlo al borde del asiento. Eva seguía la maniobra con mirada desorbitada. Todo su vientre se estremeció. ¡Dámelo. ¡Y tu boca es tan bonita! En el momento en que la boca de aquella serpiente humana reptaba por su cuerpo y llegaba a la de ella. sobre el cuerpo de Eva Mason. Eva Mason sentía otro contacto. grotesco.. ¡Qué dulcemente voy a llegar a ti! Lucrecia acarició la cabeza de su hijo. No quiero que lo veas. en este aspecto — dijo Hipócrates. —Gracias. Eva sintió como una corriente eléctrica helada recorriendo todo su cuerpo.. torpe. —Claro que sí. Y creyó que sus ojos le iban a reventar cuando Lucrecia colocó a Hipócrates boca abajo en el lecho. hijo mío.. y sintió sus labios en la barbilla. Utilizaba los pequeños muñones como cuatro extremidades. Lucrecia se inclinó hacia su hijo. Eva todavía no conseguía reaccionar. pero con una hermosa cabeza. alzando la cabeza... pero sólo consiguió unos cuantos tartamudeos.. en un alucinante viaje. ardiente. estaba ya casi tocando los senos de Eva. Pero Hipócrates reptó más. madre — dijo Hipócrates—. una pesadilla.. No te impacientes: ¡enseguida llego! El torso de Hipócrates ascendía. frenético.. y el chasquido del beso. salió del aposento... Era un sueño. cariño. y su boca llegó a la de ella. qué es eso. no era cierto. Los besó. y sus movimientos y su aspecto eran tan alucinantes que Eva tuvo que hacer un esfuerzo para no comenzar a gritar. La cabeza... Ponme con ella.. —Lo que tú quieras. y luego para alzarlo en brazos. no le estaba sucediendo a ella. hurtando el objetivo que buscaba Hipócrates con tenacidad. deslizándose sobre su vientre ahora. Pero pronto dejaré de serlo.. —Y luego déjanos solos... es mejor que yo mismo aprenda a arreglármelas solo cada vez que quiera poseerte. entre sus piernas. Estaba espantosamente fascinada contemplando aquel cuerpo sin brazos ni piernas... . sin más.! ¡Dámelo! Eva lanzó un grito cuando él comenzó a conseguirlo. comprendió: todo aquello no era real.. Pero de lo que despertó fue de su ilusión cuando la cabeza de Hipócrates se acercó más. En los pies de la cama. la hermosa cabeza del monstruo. Y de pronto. Nunca he besado a una mujer en la boca. mirando—..

con Eva? —La está haciendo feliz — sonrió Lucrecia.. y estoy seguro de que le gustará.. está proporcionando a Eva una felicidad sin límites.... no. las utilizo personalmente de cuando en cuándo. Aaron la miró especulativamente mientras ella se acercaba a él.. así que voy a retirarme a descansar. te tengo.. Seguramente.... si alguien me.—Ya. —Es ya tarde. y Lucrecia entró. Seguramente. La he tenido un tiempo en una celda de torturas.. la está haciendo muy feliz —consiguió decir con voz natural Aaron —. no sé si me explico. y de nuevo el vuelco en el estómago. Lo siento. Tuvo que hacer un tremendo esfuerzo para no golpear a aquella mujer que parecía un trozo de hielo.. y qué es de ella. ¿qué? —Lo que están haciendo su hijo y Eva Mason.. ¿Necesita alguna cosa? —Sí — murmuró Aaron —: me gustaría saber dónde está Eva. no se preocupe por la muchacha! — exclamó —. ¿Me comprende? —No. es cierto.. Su mirada fue un instante hacia la puerta. Jamás he visto el rostro de una mujer en esos momentos... Y me pregunto: ¿qué puede expresar el rostro de Eva Mason en esos .! CAPÍTULO VIII Aaron volvió la cabeza cuando oyó el sonido de la puerta.. de ciertas tensiones. Bueno.. ¡Sería tan interesante para mis investigaciones! Imagínese: un cerebro al que deseo examinar en busca de informaciones sobre miedo y angustia debe estar ahora en plena motivación de felicidad... La puerta se abrió... a mi hijo adorado. ¿Usted se había acostado alguna vez con la señorita Mason? Aaron de Arlington sintió como un vuelco en el estómago. mi hijo se ha encaprichado de ella.. —Sí. doctor De Arlington — dijo Lucrecia —. —Bueno. el sonido de la barra de hierro que ahora habían colocado.. pero ahora está bien.. y de nuevo a los oscuros ojos que le contemplaban con expresión jubilosa.! —¿Sabe. ¡Ya. —¿Su hijo está ahora.. —Me he cuidado mucho desde que tuve a Hipócrates.. No la aparenta. Claro que sólo para aliviarlo.. Muy feliz. —¿En una celda de.... ¿No está de acuerdo? Aaron de Arlington parpadeó. Lucrecia? ¡Me gustaría ver eso! —Ver.. Por fortuna para la señorita Mason.. —¡Felicísima! ¡Mi hijo es tan hermoso.. Lucrecia sonrió jubilosamente. ¿Sabía usted que Hipócrates es mi hijo? Pues sí.. Ahora él está con la señorita Mason. hermosa. fría.. torturas? —Bueno. ¡Ningún hombre me ha tocado desde entonces! Y yo solamente he tocado a uno.. es decir. Aaron notó como una subida de sangre a la cabeza. no importa. Estoy pensando en su hijo.. —No — murmuró —.. —¡Oh. te tengo. Aunque sé que no aparento tener la edad suficiente para tener un hijo de la edad de él.—jadeó Hipócrates—.. disgusta en exceso.

a él no le importaba. y señaló la puerta del fondo... rápidamente —.. también estaba consiguiendo lo que quería.instantes de felicidad? ¿Qué órdenes debe recibir del cerebro para mostrar determinados gestos o muecas. —Allí dentro están — rió —. que la miró y alzó las cejas.. — de pronto Aaron hizo un gesto de dolor.. comprendo que no me estoy explicando bien y que. la mandíbula inferior. tiraba del hombre y giraba. sádico. más muerto que vivo. en un instante. tenía una idea en la mente que la divertía. Comprendo que es una petición insólita. ¿Qué tengo aquí? ¿Qué es esto? Mostró la mano a Lucrecia. Aaron pensó que fuese lo que fuese lo que estuviese tramando Lucrecia que tanto la divertía. ¿Qué podía ser? Pero. al mismo tiempo que pensaba en esto. desde luego j El era un prisionero. El hombre pareció echar a correr.. eso era! ¿Qué podía divertir tanto a Lucrecia? Ella estaba tramando algo. Debe ser un calambre. ¿quiere darme un tirón de la mano.. Aaron cerró con fuerza su mano derecha sobre la mano derecha del vigilante. Aaron comprendió que fuese adonde fuese él estaría en todo momento vigilado por aquel hombre.. Un investigador esclavizado. a fin de cuentas. que la había hecho reír. eso es. —Le voy a complacer.. jí. Sí. atraído por el fuerte impulso de Aaron. Por lo pronto. para caer de espaldas. Se estrelló allí con violencia espantosa. lo siento ahora en el antebrazo. Sí. Lucrecia se detuvo. —Yo no veo nada... Sí. y.. le sujetó por la muñeca.. y de allí pasaron al siguiente.. se machacó la frente.? Bueno. jí... por favor? Le diré cómo ha de hacerlo. y luego. Un extraño destello pasó por los ojos de Lucrecia..... y rebotó sangrando en gruesas salpicaduras.. doctor De Arlington... Llegaron pronto al aposento donde Lucrecia e Hipócrates le habían recibido la primera vez. Sí. Fue tremendo. junto a la puerta. Ahora. Había reído de un modo. se encontró corriendo hacia la rocosa pared. Naturalmente... Aaron comprendió que ella estaba tramando. Muy bien: ¿para eso había dejado de trabajar para el Gobierno? ¿Para que un tipejo patibulario lo vigilase como si fuese un delincuente? Aunque no era esto.. la nariz. Es decir. sin sentido. y. y éste partió en silencio en pos de ellos. Simultáneamente.. ¿No es así? —Pues.. salir de su laboratorio. Cuantas más experiencias.. todo lo contrario de lo que siempre había deseado. ya que. sorprendida. le voy a complacer! ¡Venga conmigo! Mientras caminaba hacia la puerta en pos de Lucrecia.. Oiga — miró al vigilante que les acompañaba—. y se miró la palma de la mano izquierda. sádico. —Sí. ¿De verdad quiere verlos?. Lucrecia le hizo una seña al hombre que había de vigilancia.. algo. con la izquierda. ¡Jí. El hombre había abierto la boca para gritar cuando llegó a la pared. —Pues siento como una tensión. Estaba divertida. . ¡Estaba divertidísima.. pero. se partió varios dientes..... Como si me estrechase la mano. —Veamos: usted quiere ver a la señorita Mason y a mi hijo mientras ellos..

MAAADREEEE.. Eva.. y vio lo que había en la cama.? Pero no hubo preguntas en aquel momento..! Pese a que de pronto la cabeza había comenzado a darle vueltas.. Pasaron corriendo junto a ella. Aaron de Arlington no comprendió lo que estaba viendo.. gritaba. y el hombre lanzó un alarido. que acabó con los últimos berridos de Hipócrates. aquel cuerpo rebotó fuertemente. Vamos a salir. pero la escena hasta aquí no tenía nada de nuevo ni sorprendente.. giró.. Acto seguido. Aaron le quitó la pistola al vigilante agonizante.. Aaron la sacó de la cama. y echó a correr hacia la puerta... El que gritaba era Hipócrates. que sentía impulsos desconocidos. madre. ¡Crack!. gritaba. La bala alcanzó a Hoogan en un muslo.. Aaron ya estaba a su lado. la empuñó. No era. esta vez no nos capturarán. Aaron disparó su puño derecho. y disparo su pie . Aaron la tomó de una mano. llorando. pistola en mano.. ¿dónde estaban las piernas y los brazos de Hipócrates? —¡Lo estoy consiguiendo por fin! — aullaba Hipócrates—. entró. acertando a Lucrecia en el centro del estómago en un impacto espantoso. todavía en una de ellas la pistola... Vio la expresión asesina en los ojos de Hoogan. y corrió hacia la puerta que había señalado Lucrecia. Veía a Eva presionada por el cuerpo de Hipócrates. Tenía los ojos llenos de lágrimas. por favor! Eva Mason no podía verlo.. ciertamente. no sólo había palidecido hasta un extremo que parecía increíble. ¡Eva. y cayó de bruces. ¡Eva.. saltones los ojos en su bello rostro. Quizá durante un par de segundos... no llores! Eva Mason seguía llorando. en el cual aparecía en aquel momento Hoogan.. La abrió de un golpe.. no llores. llorando. Cuando salieron al aposento siguiente. vamos a salir! ¡No llores más.. no llores. una angustia explosiva. quedando a la vista de Aaron. gemía. al mismo tiempo que se disponía también a gritar. disparó Aaron de Arlington.. Eva Mason había estallado en un estruendoso llanto. con tal fuerza que lo lanzó fuera del lecho. sino que había sacado una pequeña pistolita. que había respingado. Vamos a salir de aquí. miró a todos lados. esta vez sí que terminaré lo que... Eva continuaba llorando. querida. Cuando comenzaba a moverse.! Aaron de Arlington jamás se contestaría a sí mismo las preguntas que más adelante se formularía: ¿por qué disparó contra Hipócrates? ¿Por miedo a que lo oyesen y acudiesen más hombres? ¿Por piedad? ¿Por odio por lo que había estado haciendo o intentando hacer con Eva Mason.. Tenía los ojos casi fuera de las órbitas cuando empujó con ambas manos. pero Hipócrates gritaba. Aaron corrió hacia el lecho. le serenó.. con la que comenzaba a apuntar frenéticamente a Aaron. al monstruoso ser. que alzó a la mujer para derribarla sin sentido unos pasos más allá. alucinante. El estampido del disparo. Al otro lado. salieron al primer aposento... —¡Madre. Era como un manantial que jamás fuese a agotarse. y rodó. —Eva.. un tirador de primera. unos deseos enloquecedores de ponerse a gritar. ¡Ya eres mía. y se abalanzó hacia Eva. Se desentendió de aquel horrendo cuerpo. y envolvió el cuerpo de la muchacha. Lucrecia se movía en el suelo. comenzando a desatarla rápidamente.. arrancó de ésta violentamente una sábana. —Sujeta esto... por favor. a aullar. la expresión alarmada.Lucrecia. pero.

arriba. tambaleante. Eva? — susurró. ¿cómo había podido salir Lucrecia. así que. Pero. sí. La sorpresa fue tan grande para Aaron que no acertó a reaccionar.. Se quedó sorprendido al comprobar que. Lucrecia no había salido por donde habían salido él y Eva. dejó de sentir el dolor en el costado.. más pesadamente ahora.. Y de pronto. y viendo. Manejaba el rifle todavía peor que la pistola. Claro.... encogido. El negro se detuvo en seco. Eva Mason parecía una muñeca de cera que lloraba. lívido como un muerto. Junto a él. y miró hacia la salida. Se ahogaba. Ella no contestó. y continuó corriendo. pero se juró a sí mismo que nadie saldría por allí mientras tuviese balas. ¿por qué había dejado de practicar cualquier deporte?!».. se metió por él... y cogió el rifle.derecho. pese a todo. Ya un poco más lejos. «Si salgo de ésta. Era como una estatua.. También se estaba recuperando.. ¿Por qué no aparecía nadie? Recordó a Lucrecia recuperándose del tremendo puñetazo.? ¡¿Y por dónde había salido?! Esta pregunta fue como un impacto en la mente de Aaron de Arlington.. depositó a Eva sobre la roca. Eso era todo. —¿Estás bien. ¿Por qué había descuidado tanto su antaño magnífica forma física? Las piernas comenzaban a fallarle.. Dejó de llorar cuando la velocidad de la ininterrumpida fuga comenzó a dejarla sin resuello. se guardó la pistola en un bolsillo. todavía tenía una capacidad de recuperación bastante rápida. los alaridos de Hoogan. «¡Oh. y rodó hacia un lado. Desde luego.. pero no parecía ver nada.... preparándose para. La bala acertó al negro en el vientre. finalmente. y lo había utilizado. Ahora no lloraba... Aaron se la cargó en un hombro. saltando de una a otra..? Volvió a verla. hacia el otro lado del islote. tenía la pistola. lloraba. Y de pronto. ¡Lo juro!» Miró a Eva. lloraba. recibiendo el fresco aire marino. Hoogan emitió un berrido espantoso. Aaron se mordió los labios. Aaron tuvo que comprender: Lucrecia disponía de un medio más cómodo y rápido para salir al exterior. Y además. Caminó unos cuantos pasos más.. Le zumbaba la cabeza.. Mientras corrían por el pasillo. volveré a hacer deporte. las voces de otros hombres. maldito fuese. empuñando el rifle y apuntándolo hacia la salida. sentía como si el costado derecho estuviese presionado por unas enormes tenazas.. se encontró en el exterior. cómo era posible que hubiese corrido tanto? ¿Y por qué estaba sola. se increpó mentalmente a sí mismo. Ella debía estar reorganizando a su gente. soltando el rifle. el oscuro tapiz del cielo salpicado de estrellas. Ahora parecía una estatua sentada. Aaron llegó junto a él. y desaparecer de pronto. y lo hizo doblarse sobre sí mismo y caer de bruces. Aaron eligió uno de los pasadizos. todavía pudieron oír.. se ahogaba. Se sentó de pronto. entraban y salían todos. Ni lo miró. ¿O había visto una sombra que.. se echó el rifle a la cara. . por donde. acertándole de lleno en un ojo. Sólo eso.. advertencias. la vio. entre las rocas. al parecer.. Aaron disparó de nuevo.. Tenía los ojos muy abiertos. carreras. y vio aparecer a un negro con un rifle en las manos. durante unos segundos. y se dejó caer a su lado. El corazón se iba aquietando...

malditas escorias vivientes. Todo crujió en el momento en que Lucrecia parecía ser absorbida por la oscuridad de nuevo. para cortarles la retirada a él y a Eva. en pos de la roca desplazada con el tronco. ¡Todos. pero el tronco no estaba ahora entre las dos rocas. y miró hacia abajo. y se lanzó rocas arriba. todos vais a quedar en mi cementerio. ... que desaparecían enseguida en el remolino de aguas. En ese mismo instante se oyó un fuerte crujido... Aaron oyó el fortísimo chasquido de la enorme roca al caer en la laguna. Se puso en pie. Aaron bajó un poco más.. apareció más espuma. ¡Lo he conseguido.. Roca que ya no se veía. apareció un remolino. —¡Lo he conseguido! — gritó de pronto Lucrecia—.. se subió a la cima en la que faltaba la enorme roca. y vio relucir las espumosas salpicaduras. El nivel de las aguas había subido considerablemente.. Era como si el mar fuese engullido por un embudo. ¿Se había vuelto loca Lucrecia? ¿Qué decía de. Tres segundos más tarde.Pero... Las aguas se agitaron más. ¿por qué sus hombres no habían salido con ella. en pos de Lucrecia. las aguas.... no te muevas de aquí. que estaban a un nivel inferior al de la costa. y.. Se oyó como una fuerte succión.. debido al tamaño de la roca que había caído en la laguna...! ¡Pero todavía podía hacerlo. así que también vais a morir todos. y apareció brevemente el cuerpo del tiburón. por encima. Y un breve e intenso escalofrío recorrió la espalda del doctor Aaron de Arlington. Corrió hacia allí. escorias humanas! La voz había sonado a unos treinta metros de Aaron. amenazando con matarla si sus hombres les molestaban.? ¿Adonde iba Lucrecia. La enorme roca se cernía sobre la laguna. todos vais a. en lo alto. en ese casó. Pero ahora.! Tras detenerse un instante. o perseguirlos por la isla si ya habían salido. Aaron distinguía de nuevo la silueta de Lucrecia... utilizarla como contención. Aaron se orientó en dirección a la voz.. roces sonoros.. sino encajado verticalmente en la base de la roca de la cúspide de uno de los grupos. desaparecieron hacia abajo. todos vais a quedaros aquí. así que no importaría si sus hombres volvían a capturar a Eva! ¡Con Lucrecia en su poder. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? ¡Debió hacerse con Lucrecia. llegaban tiburones. Y con el mar. Aaaaaa! Se oyó el crujir de rocas. el mar llegaba por la lengua de agua que hasta entonces sólo había llenado la pequeña laguna. y el tiburón con el cuerpo de Lucrecia entre las mandíbulas...? —¡Pasto para tiburones! ¡En eso os voy a convertir.. aniquilaré a todo ser viviente. todos vais a morir! ¡Mi hijo ha muerto.. hubo otro crujido. Lucrecia estaba en lo alto de uno de los grupos de rocas que sostenían un tronco de palmera. con el cuerpo de Lucrecia entre las mandíbulas. de pronto.! —¡Todos moriréis!—oyó de pronto—.. haciendo palanca. mataré a todo el mundo. el tronco que flotaba.. y Lucrecia aullaba y presionaba con el tronco. —Eva... qué pretendía? Aaron se inclinó hacia Eva.. y desaparecía con fuerte gorgoteo hacia abajo. chispas de piedra contra piedra... toda el agua del mar pareció acudir ávidamente para rellenar el nuevo dominio de peces y tiburones: el mar se desplomaba sobre las grutas. Luego. y le tocó una mejilla. y entonces sí vio la reluciente aleta de un tiburón..

. el rumor del agua.. ahora que su hijo había muerto. esa pobre chica ha sufrido un shock tremendo. y escuchó. Todo había quedado inundado por allá dentro. y cómo él dominó al piloto de la avioneta cuando ésta llegó... los tiburones debían estar dándose un banquete. Lentamente.... En los días anteriores en que había visitado a Eva le había explicado cómo había terminado todo. Escuchó mientras se estremecía pensando en lo que había hecho Lucrecia: había ordenado a todos sus hombres que permaneciesen en las grutas. —Bueno. y Aaron.. De Arlington. y. ¿Posibilidades? No sé qué decirle. —¡El resto de la vida!—jadeó Aaron—. naturalmente. como hipnotizada. —Eva.. Y le . y se pasó una mano por la frente. a nivel del mar.Aaron de Arlington se dejó caer sentado en una roca. sorda y muda. O quizá menos. —Todo sigue igual — murmuró. para inundarlas y matarlos a todos. ¿sin posibilidades? ¿Nunca se recuperará? — preguntó con voz tensa Aaron.. Había quedado ciega. al amanecer. pero la muchacha no reaccionó en ningún sentido.. para recoger una cinta grabada a fin de llevarla a un club llamado «Astra» de Nueva Orleans. El resto no es propiamente cuestión médica. y estuvo como alucinado mirando las aguas y los tiburones que iban llegando y descendiendo al interior del islote. Lo mismo se recupera mañana mismo que se pasa así el resto de la vida.. ya todo estaba quieto. Desde el fondo de las grutas le fue llegando. Aaron se puso en pie. por aquellos pasillos definitivamente oscuros. poco a poco. si me permite la expresión..! —Usted sabe que hemos hecho todo lo que se podía hacer. había salido ella. Lo siento.. tras un titubeo. —Pero. Continuó en la misma postura. ni oírle.. ¡El resto de la vida flotando entre tinieblas.. Aaron la zarandeó un poco. Prefirió no decirle nada. —Eva. Aaron fue a sentarse junto al lecho. y luego distinguió su brillo unos metros más abajo. entró en la soleada habitación de la clínica a la que había sido llevada Eva Mason. La señorita Mason está ahora ciega. Fue entonces cuando se dio cuenta de la extraña expresión de la muchacha. hierática. Todo había sido demasiado terrible para ella.. Eso nunca se sabe. por el momento. El doctor Langdon se alejó por el pasillo. Era como si el cuerpo y el espíritu de Eva Mason hubiesen quedado inmersos entre tinieblas. pensando que ni Eva ni él habían conseguido salir. háblame! Aaron de Arlington tardó todavía casi un minuto en darse cuenta de que Eva Mason no podía hablarle. Aaron de Arlington regresó por fin junto a Eva. Es que una cosa es hablar de eso. como indiferente. y otra cosa es vivirlo. ESTE ES EL FINAL El doctor Langdon movió la cabeza con gesto ambiguo. ni verle... Y parecía que nada hubiese ocurrido. Es. que ahora estaba en la cama.. Se acercó a la salida de la gruta. y regresó hacia donde estaba Eva. Mire. como un vegetal. inmóvil. ¡Eva. a la que vio en el mismo sitio. sorda y muda. Cuando vino a darse cuenta. de escorias. ¿te encuentras bien? Eva Mason no contestó. y se sentó a su lado.

. ¡No quisiera para nadie lo que he pasado yo..había explicado que la gente del Yacaré había sido detenida. me ves... Por algo hay que empezar. de un lugar.! Pero lo has conseguido.. de este. ¡Pero es que. qué. tengo la impresión de regresar. y se quedó mirando con expresión desorbitada a Eva..! ¿Me oyes.. ¡Hace tantos días que espero esto! —¿Has dejado de trabajar en tu laboratorio? —¡Al demonio mi laboratorio! ¡Lo que me interesa más que nada en el mundo eres tú! —¿Significa eso que seguirás ayudándome a terminar mi tesis? Si lo haces...... ¡Dios mío. —¡Eva! ¡Has hablado! ¡Y me estás mirando... ¿todo lo que hay en mis recuerdos fue realidad o sueño? —Fue. ya todo está bien... ¡Olvídalo. abrazó a Eva Mason. y. lanzando una exclamación.. ¡Qué preguntas tan tontas. creí que nunca saldrías de este shock... —Olvídalo...! ¿Cómo estás.. —Naturalmente.. cómo te sientes.. Aaron! —Pe-pero. pero ella no se había enterado de nada.. que le contemplaba con expresión tranquila y risueña. de esta!... mi amor! Aaron de Arlington se sentó en el borde de la cama..! Aaron. qué piensas.. Pero todo pasó. y..? La pelirroja frunció levemente el ceño. terrible. una realidad de pesadilla.. FIN . tengo. —¿Estás preocupado por algo? Aaron alzó vivamente la cabeza. y la besó en la boca. Se lo había explicado todo. a cambio yo te ayudaré a seguir tus investigaciones. has logrado sobreponerte. que me creía tan valiente y.? —Aaron — los ojos de Eva se abrieron mucho..... y ojalá triunfes. tenebroso.. de pronto —...