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Año II Número XIX Edición de diciembre del 2009

Daniel Rojas Pachas / José Martínez Fernández / Amanda Espejo/ Jorro Rojas /
Luis Cermeño / Daniel Carrillo / Guillermo Fernández / Carolina Opazo / Violeta
Valencia / Carlos Marchant / Carlos Henrickson / Ignacio Uranga / Rolando
Gabrielli / Ashle Ozuljevic Subaique
Cinosargo
Contacto: carrollera@gmail.com
Web: www.cinosargo.cl.kz
Milvia Alata tejedo y Daniel Rojas Pachas © 2009. Todos los derechos reservados.
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Editorial Cinosargo by Milvia Alata y Daniel Rojas Pachas
Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile
Editorial.
Estrenamos esta edición de Cinosargo con
gran alegría no sólo por tratarse del número
XIX de nuestra publicación y ser el cierre del
2009, sino porque nuestro proyecto sigue
creciendo con fuerza y rapidez. Destacamos el
estar a puertas de celebrar nuestro tercer
aniversario y el que LaSantísima Trinidad de
las cuatro esquinas, publicación a cargo de
Violeta Fernández dedicada integramente a la
literatura nacional como anexo de Ediciones
Cinosargo, haya alcanzado la docena de
ejemplares y siga madurando junto a un fiel
público.

Por otra parte en los meses recién pasados
presentamos tres nuevos títulos, en poesía el
libro Respirar puede ser un fracaso de la
autora argentina Yamila Greco, la novela
Aguante Barreda de Alejandro Coliard también
porteño y la Antología Nueva Nortinidad,
nuevos narradores de Arica y Antofagasta,
labor que nos llena de orgullo ya que abre
puertas a innovadoras propuestas y estéticas
de autores emergentes y consagrados de la XV
y II región de Chile y también del extranjero,
ávidos por presentar al mundo sus creaciones
y dialogar extensivamente a través del arte.
Visión que se condice con la médula de
Cinosargo, compartir con los amantes de las
letras y otras disciplinas lo mejor de autores
de todas las latitudes y mantener viva la
llama de la creación.

Este 2010 que recién comienza, esperamos
seguir mordiendo el arte para ustedes.
Cinosargo tiene la palabra!!!

Milvia Alata Tejedo
Editora y coordinadora de Cinosargo
Diciembre del 2009
"Aguante Barreda" - Crónica roja y ficción como parte

“Aguante Barreda” es una novela corta del escritor
y artista argentino Alejandro Colliard, es una obra
dinámica que utiliza como principal estrategia
textual la concisión de los capítulos para exponer a
través de su brevedad y precisión léxica una
versión absurda y esperpéntica de lo que podría
ser la vida de Ricardo Barreda tras su liberación.
Colliard se apropia de manera efectiva y con gran
comicidad, especialmente con humor negro y
mucha ironía del hecho verídico. Abarca
tangencialmente tanto el crimen ocurrido hace 16
años como la situación que vive hoy su principal
actor.

A la fecha Barreda cumple su condena con arresto
domiciliario en la calle Belgrano, lugar en que está
ubicado el hogar de su nueva pareja Berta André
“Pochi”. La conmutación de la pena que favorece al
autor de la sangrienta masacre desplegada en
contra de su mujer, suegra e hijas un domingo 15
de noviembre de 1992, es producto de su
avanzada edad y otros beneficios que contempla la
ley penal Argentina. En el 2012 el odontólogo
platense podrá optar a libertad condicional pese a
haber sido originalmente sentenciado a cadena
perpetua.

Partiendo de este hecho, Colliard realiza una proyección satírica de la sociedad Argentina y porque no,
latinoamericana, aglutinando factores culturales, mediáticos y políticos. En este último apartado aparece un
importante elemento que vincula a la novela con el mundo externo a la ficción, el Dr. Carlos Ruckauf,
Gobernador de Buenos Aires, que a lo largo de su carrera ha ocupado numerosos cargos incluso el de
vicepresidente durante el gobierno de Menem. Esta figura pública aparece en la historia como un gatillante
de la acción, movido por ansias de poder caricaturizadas al extremo. Ruckauf es un manipulador de los
medios y partidario acérrimo de las estadísticas por encima de cualquier implicancia ética. Colliard aprovecha
esta condición y diseña una agenda ficticia en la cual Ruckauf muestra interés en la popularidad de Barreda
para así explorar los mecanismos psicológicos de la masa. Cual bandada de palomas, el pensar colectivo se
expone en todas las aglomeraciones que rinden pleitesía, apoyo y conmiseración a Barreda.

En forma individual, la policía y los taxistas son usados en la narración como barómetros del sentir general el
cual eleva al psicópata a la categoría de ser mítico y heroico, que amparado por juicios de aprobación a
causa de su espíritu trágico, de su travesía de dolor y supuesta purificación, se torna digno como epónimo
Hércules o Jason capaz de arrasar sin el menor reparo a toda una comunidad gracias a lo que se comprende
como una razón legitimada, en este caso, la defensa de su hombría.
e del ideario de masas en latinoamerica.

El sentir gregario tal como Colliard lo expone, ve en este personaje de la crónica roja, con una sobre
exposición que nada tiene que envidiar a Charlie García; a un icono que rescata los derechos del oprimido,
del ninguneado por su propia familia, y que actuó en defensa de un valor superior, la unión familiar
erosionada por la crueldad de la suegra, el abuso de la esposa y el irrespeto de las hijas. El tema toma
ribetes de misoginia y falocentrismo cultural, otra lectura presente en el texto y que es coherente con la
actitud de Barreda y la revisión del peritaje de psicólogos a cargo del caso.

Estos discutieron durante el proceso acerca de una posible homosexualidad reprimida o crisis de identidad
sexual no resuelta: “como Barreda no pudo matar a la mujer interior, la del subconsciente, asesino a todas
las mujeres de su vida diurna” El tema por tanto tiene proyecciones insospechadas y aparece una figura del
pasado, el padre abusador del dentista, un militar que marco a fuego la infancia de Barreda. Estamos
entonces ante el producto de una patología social generalizada que muchas veces acepta en sus productos
culturales, cine, literatura, pornografía, modelos de violencia difuminando la frontera entre victima y
victimario.

Sin hacer juicios de valor o tomar partido con una mirada moralista, Barreda se presenta en la novela como
un producto postmoderno, propio de una sociedad cosificante, capaz de generar entes implosivos y
abusadores, en los lugares menos deseados, los colegios y el hogar. Lo paradójico de esta situación y que le
da al signo la capacidad de atentar en contra de los discursos fuertes de nuestra sociedad, son las
motivaciones que subyacen al crimen.

Barreda arrasa a su familia por su deseo de preservarla, lo cual relativiza el tema al ubicar a las víctimas de
la masacre en la posición de antagonistas, ya que estas juegan el rol de ofensoras del hogar, al frustrar con
ignominia los intentos genuinos del odontólogo por mejorar el vínculo hogareño.

Colliard usa este tema cruzando pequeños argumentos con la trama principal. Se muestra así la
fragmentación de las bases fundantes de la sociedad, la familia y el matrimonio con ejemplos como el fin de
la relación del dentista con Pochi, la que abandona a su pareja para irse con la foto de un muerto del cual se
enamora. También está la promulgación de una ley que Barreda, en un punto de la historia en su calidad de
senador realiza al promover el matrimonio inter-especies. Hombre con hamsters, perros con sus dueñas, sólo
que de distinto género. “Tan progresista no se puede ser”. Estas situaciones absurdas contribuyen a construir
al paradigma de hombre finisecular.
Otra contradicción digna de ser mencionada y que refuerza esta idea de desfiguración de los conceptos y
valores a ultranza, recae en la imagen pública que tiene Barreda. Colliard utiliza ese factor para proponerlo
en su historia como un candidateable, de modo que al ser satanizado o explotado como producto por los
medios, el criminal alcanza gracias a las circunstancias relativas a su acto de sangre y posterior juicio, la
categoría de personalidad. Ser de culto e incluso de confianza por la sinceridad de su proceder. Como se
mire, Barreda en su calidad de ciudadano está mas cerca del hombre del día a día que los artistas y los
llamados lideres de opinión y su transparente artificialidad, pues el dentista actuó empujado por su cólera,
quizá no se midió pero no es algo que ni siquiera el más santo no haya pensado cuando ha sido puesto al
límite por sus pares. La situación está en que los discursos políticamente correctos censuran estos actos,
pero ante la caída de esos discursos, Barreda tal como Colliard lo presenta a los ojos de Ruckauf, es la
imagen de la transparencia real.
Lo cual explica el fandom que en el mundo no
novelado tiene este personaje, su popularidad,
grotesca para algunos, anecdótica para otros no
es menor, lo llaman ídolo y lo hacen cercano al
fenómeno Charles Manson que llegó en los
setenta a tener camisetas con su fotografía.
Estas aún se venden.

En el caso Barreda un ejemplo emblemático del
mass media y su influjo es la canción Barreda´s
Way del grupo Ataque 77, prueba fehaciente del
poder convocante y comunicador de esta entidad
mediatizada, Colliard consciente de estos signos
e imágenes, va generando una especie de
simulacro postmoderno en el cual se mezcla lo
vernacular y pop con lo formal, se privilegian los
llamados grandes relatos de la cultura, partiendo
por el hecho de que estamos ante una novela,
uno de los discursos más respetados en el
devenir del hombre, de modo que entretención y
morbo se conjugan en un consomé kitsch, auto
consciente y crítico en su hilaridad.

Pues al apropiarse del referente, en este caso Barreda, Colliard expone a la sociedad en su completitud como
una pantalla prefabricada, en la cual el mismo autor se ubica en una posición de descreimiento y de
complicidad con los mecanismos de falsación de lo real, Colliard no sólo es el autor, sino que también es un
personaje de la obra, aquí el creador juega una carta interesante, se satiriza como un escritor fracasado, que
ve su oportunidad al ser reclutado por la campaña de Ruckauf como mercenario de las letras.

El autor produce una mímesis, un salto de los niveles de narración desde lo extratextual a lo intradiegetico y
viceversa al incluirse en la historia como personaje secundario. Su rol en la obra reside en la tarea de escribir
los discursos del candidateable Barreda, y luego un libro que crítica curiosamente, la imagen de los hombres
que se destacan en la sociedad a causa de su creatividad, podríamos llegar a pensar incluso que está obra
que leemos, “Aguante Barreda” es otro producto de Colliard, personaje que nos envuelve dentro y fuera de la
novela como participes, como parte de ese fandom o pensamiento colectivo de masas que está ávido de leer
la vida y proceder de un asesino supuestamente rehabilitado y recibido con los brazos abiertos como hijo
ilustre por la sociedad. La novela se vuelve otro discurso mediatizado, estamos en un simulacro circular, del
cual todos somos cómplices, autores, y victimas.

En definitiva el merito de la obra esta en la re-escrituración testimonial que Colliard hace de lo ocurrido sin
suplantar en lo más mínimo la historia extratextual, no hace un palimpsesto o borra el como se dieron las
cosas, sino que toma la realidad y la inserta intertextualmente, de forma fragmentada y con gran sutilidad en
su ficción a través de deícticos que remiten al lector, a lo cubierto por la crónica roja y los medios de prensa
televisivos:
El auto de barreda, su Ford Falcon y la fachada del hogar llena de graffitis injuriosos o de apoyo para quien a
juicio de algunos es la verdadera víctima del crimen, el reivindicador de los oprimidos, de los underdogs, no
hay que olvidar el rifle español Calibre 16.5 que el odontólogo utilizó para el crimen y el rol que juega la
mentada “Pochi” su actual mujer, esos son sólo algunos de los elementos que se utilizan como anclaje para
aproximarnos de modo implícito al fenómeno mediático, logrando los efectos de una lectura abismante, llena
de ramificaciones para tan breve obra escrita con economía de palabras. La tarea del receptor por tanto
implica llenar los espacios en blanco y cooperar con la creación al actualizar la narración con una
enciclopedia que remite a la coyuntura que tuvo y tiene la figura del dentista asesino dentro de la realidad
Argentina y su cultura popular.

De cualquier modo, el destinatario no familiarizado con el truculento asesinato rápidamente puede captar la
historia en su calidad de fantasía y acercarse a la mente del psicopático personaje, Colliard construye un
doble código que comulga tanto con el lector aventajado producto de un conocimiento previo de la situación,
como con aquel que asume esto cual fantasía.

Algunos de los recursos también sugeridos por la prosa del creador, van perfilando una conducta errática e
insensibilizada mediante los vagabundeos que el dentista hace por calles con prostitutas y jóvenes que se
venden, su actitud hacia los gatos, por ser el animal familiar el único sobreviviente de la masacre de aquel
domingo del 92, eso sin contar el procedimiento maquiavélico desplegado para la eliminación de los felinos
en la historia, darles de comer vidrio molido, actitud que en la fachada de normalidad del personaje, y
ocultamiento de un depredador en potencia, recuerdan al proceder de Patrick Bateman de la obra el
Psicópata Americano del autor estadounidense Bret Easton Ellis, en conclusión el texto expuesto en la red
por el autor, específicamente en google books y hoy llevado a ustedes gracias a la generosidad y genio del
autor, Alejandro Colliard y la labor de Cinosargo Ediciones, resulta en extremo recomendable pues en su
sencillez narrativa, traspasamos la lectura fruitiva e impresionista, promoviendo una serie de mecanismos
interesantes de la narrativa actual sin obviar aquellas condicionantes que exponen al desnudo a nuestras
sociedades latinoamericanas y la calidad de los individuos en sus relaciones con el medio, el miedo.

Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en: Cinosargo Revista, Edición VIII de enero del 2009
Kish 3001
Por Jorro Rojas

Admito una prosa mediática y mercantil; a jugo de pacman y videos de 1943 ¿Dónde están
los pedazos de cabritas azucaradas con higo de un chaman de circo? Mejor, por la tarde
una película de Van Dame doblada en un aire de rosa y clavel de cloroformo - alucinante
paraíso desnudo a yerbas; nada que perder-. Para después, quitarme la ropa en una
marcha sobre exceso de impuestos, y que la gente se ría de los hongos de mis pies, de los
calzoncillos largos que traigo a cuesta... Debatir, los lunes, sobre el estado ebrio de las
moscas; la literatura fantástica; y, si mi paladar cree hacer mejor el amor a la pepsi o a la
coca-cola. Digerir un pan con queso en una mañana de fantasmas poli-divertidos, y hacer el
amor con la señora del kiosko a cada auto rojo que asome su nariz.
KISIERA que los altos no me quiten esa poezia local provinciana, olorosa a niño
divertimento. Que los cachorros me sonrían, apremien, idealizando una generación de
erráticos, marihuaneros, alcohólicos, payasos, risueños jóvenes pintores- de esos que gusta
escuchar el oído medio de la juventud-. Pero el diablo negro de la mar se honra con su
hocico en el ombligo; capturando ventas que llevan sólo a la compra. Capturando, así,
nuestra lentitud bajo tierra...Pero nuestra posición deja de ver una luz para la vitrina de las
vitrinas mas baratas. Para un publico a jugo de frambuesas; un publico Belcebú a cachos
extirpados; un publico bebé de prometeo; de los fantasmas románticos; de los pintores
anónimos.
Encrucijada por Guillermo Fernández
El encuentro ajedrecístico inmiscuye alguna vez en la vida, siendo un propósito desde que se le conoce. Los
fugaces reinos que sirven para la confrontación una vez establecidos en un tablero, por largo tiempo,
permanecen sustraídos e ignorados aunque hayan sido atractivos tras ser percibidos; porque la decisión que
conlleva a tomar un trono es pospuesta, mientras no haya el atrevimiento, pero cuando ocurre el fenómeno
detonante, la vorágine iniciada para que los dedos muevan las piezas, acorde a los pensamientos, puede
prolongar la fase experimental hasta su azaroso término o volver al juego parte de la personalidad.

La joven que quiere decir no al noviazgo considerado perfecto, por familiares y amigos, no ha querido mover
caballo alguno, tras aquellas tardes en la vivienda de la madrina que la enseñara, el joven novio había
aspirado a ser todo un mujeriego antes de que formalizara una relación, mas no cuenta con la experiencia en
el manejo de la pieza, cuya movilidad le daría la inteligencia para cumplir su meta. Inapropiado juego para
quienes objetan las reglas en la libertad. Es la conclusión ante un cielo nocturno que se despeja liberando la
luminosidad lunar, que mezclada con la urbana provoca las sombras de las negras y blancas piezas,
dispuestas en los respectivos recuadros.

Me encuentro con un contrincante, finalmente. Un triunfo se escapa de mis manos, luego otro, y otro más. No
puedo argumentar el tránsito de los observadores alrededor pues estamos en un andador público, ni
problema familiar o personal, la distracción proviene de adentro, y las puertas abiertas en las cercanías me
ofrecen un sinfín de ofertas culturales, para recuperar el ánimo esta noche. A sólo unos pasos, un brilloso
pasillo antecede escalones hechos con la piedra cantera que forma los suelos del patio, junto al techo que
cubre un piso con los asientos de los interesados en una conferencia, impartida por el hombre enmascarado,
hablando de la justicia y la importancia que debe tener para la convivencia armónica. Se le observa con sumo
respeto, y la nada discreta capa que tapa su espalda me produce una alegría que no desborda en risa, su
mirada, cruzando los orificios visuales, está fija en mi persona, y yo me vuelvo vapor de sudor y trasparente lo
envuelvo.

Vital información trasmite a los ciudadanos porque él siente necesario que se les recuerde cuales son las
funciones de los que cuentan con la madurez en la sociedad que defiende. No sé adonde se dirige tras
acabar su discurso, pero siendo un aura, lo acompaño. Aborda un vehículo descapotado color plata, cruza
algunas calles, y entra a la vía rápida, para disminuir la velocidad atrás de un camión que tiene una rampa, y
sube por ésta, y por esta señal de la cruz que luego de bajar del automotor, y salir de la caja que ahora es
estacionamiento rodante, se trepa al techo, mientras se corre a cien por hora, y entre risas lacónicas,
conservando el equilibrio, me pregunta si soy un espectro del mal porque ya detectó mi presencia, por lo cual,
deseo pasar a estas páginas, esperando ser humano nuevamente, para poder escribir al buzón del héroe y
explicar que su mirada me desvaneció, convirtiéndome en ser incorpóreo, pero que si le hayamos al truco,
podría yo ayudarle en sus misiones, aun sin que me pagara (quizá algunas lecciones de ajedrez).
Del purgatorio a los retretes

Si bien el capitalismo global parece un molde que cae
uniforme sobre todos los continentes, es casi seguro que
nadie más que un japonés podría sentirse en extremo
orgulloso de bautizar a su hijo como Tsutomeru (“Trabajar”).

Detalles como éste, en general sospechados en occidente,
pero que no dejan de sonar “llamativos”, son los que va
desmenuzando Amélie Nothomb en “Estupor y temblores”,
una novela de fuerte carga autobiográfica.

La protagonista justamente se llama Amélie, una joven belga
que, según confiesa, de pequeña deseaba convertirse en
Dios, pero al comprender que eso era pedir demasiado, opta
por ser Jesús. No obstante, su ambición sigue ajustándose a
la baja y acepta finalmente hacerse mártir. En eso está
cuando llega a Yumimoto, una gran empresa japonesa, con la
intención de trabajar como intérprete. Pero la caída libre sigue
y se convierte en contable de la compañía, para seguir
descendiendo sin freno y llegar a ser Madame Pipí, la
limpiadora de retretes.

A pesar de lo cruel que pueda sonar este descenso a los infiernos, la historia está contada con ironía y humor,
en una prosa sencilla y directa que hace de “Estupor y temblores” una novela que puede leerse prácticamente
“de un tirón”.

Sorprenden por una parte las absurdas órdenes que recibe la protagonista, que en un primer momento llega a
estar encargada de actualizar los calendarios de los empleados de Yumimoto. También llaman la atención las
humillaciones y la larga y claramente demarcada cadena de dependencias existentes entre los trabajadores y
las diversas jefaturas, ocupadas por seres pusilánimes o sádicos.

Punto aparte merece lo rígido de las ideas y costumbres que gobiernan la vida de los nipones, rigidez que
tiene botones de muestra en el machismo exacerbado y en el febril culto al trabajo. Esto termina llenando de
contradicciones la existencia: “Así pues, existía una incoherencia en el reglamento previsto para las mujeres:
comportarse de un modo intachable trabajando con empeño llevaba a superar los veinticinco años siendo
soltera y, en consecuencia, a dejar de ser intachable. El colmo del sadismo residía en su propia aporía:
respetarlo implicaba no respetarlo”, se cuestiona Amélie teniendo en mente el caso de su superiora directa,
Fubuki, quien ha podido ascender en la empresa a costa de inmensos sacrificios.

Claro que las reflexiones de la novela no sólo tienen que ver con la filosofía japonesa del trabajo, sino que
también pueden extrapolarse a nuestra propia realidad en donde los medios cada vez más ocupan el lugar de
los fines. “¿Y, fuera de la empresa, qué les esperaba a aquellos contables de cerebro lavado por los números?
La cerveza obligatoria con colegas tan trepanados como ellos, horas de metro abarrotado, una esposa que ya
duerme, el sueño que te aspira como el desagüe de un lavabo que se vacía, las escasas vacaciones en las
que nadie sabe qué hacer: nada que merezca el nombre de vida”.
Un cuento navideño

Un cuento de navidad
por Luis Cermeño.

Un arrebato sangriento sobre un montículo iluminado despejaba las tinieblas del lugar que se
habían apoderado de Domingo Klopstock. Adentro, en el bar, escanciaban culines de cerveza
entre los extranjeros. Se habían golpeado el mancebo Loreto contra Guisantes Barbarella.
En el fondo de la barra, un viejo polaco cantaba canciones de sus orígenes con un tono
aguardientoso y cansino. Como las infinitas fibras de un mango filoso e invasivo las venas de
Klopstock empezaron a ramificarse sobre la mesa. Le había mostrado su morcilla a la gorda
puta que lavaba los baños, noches antes, y ella le había sugerido que le faltaba más higiene.
No hubo oral aquella borrachera. Domingo trabajaba aquel invierno en un buque tanque
salmonero. El frío le hacía doler el instante siguiente de cada una de sus células. Como un
mango contiene los filos de cada una de sus fibras hasta el momento de la primer mordedura,
las venas de Klopstock se desangraban al primer trago de vodka.
Las truchas saltaban en manantiales cristalinos de una tierra reservada a la pureza
inmarcesible de los osos negros. Un zancudo cayó sobre su culín de cerveza. Su curtido dedo
sacó al bicho directamente del líquido y lo estampó en la tapa de la butaca. Una salchicha
más y vaciaría sus tripas sobre el pequeño gilipollas italiano que se pasaba la mano sobre su
grasoso cabello. Era el viento que provenía de la capilla. Allí se arrodillaban los muertos del
cementerio aledaño a clamar por sus risibles faltas.
Un lobo devoraba un trozo de carne fresco que le había arrojado la puta que lavaba los
baños.
La Figura del Antihéroe en el cuento “Ojo Silva” de Roberto Bolaño

Roberto Bolaño, nació en Santiago de Chile en el año 1953 vivió en México junto a su familia durante su
juventud, donde se convirtió en escritor, luego viaja a España donde reside hasta su muerte. Autor de
extraordinario talento, forzó los límites de la literatura en una serie de novelas con las que se consagró como
una de las voces más importantes y personales de la narrativa latinoamericana. En sólo una década, en una
suerte de carrera contra la adversidad, Bolaño dejó atrás la marginalidad y “se convirtió en un cuentista y
novelista central, quizás el más destacado de su generación, sin duda el más original y el más infrecuente”, en
palabras del también escritor chileno Jorge Edwards.

Sus novelas se destacan por el subgénero policial, la novela negra hispanoamericana, donde se parodia al
héroe-detectivesco e intenta fotografiar las vidas marginales, melancólicas, el lado oscuro y grotesco de la
sociedad. Entre sus obras más destacadas se encuentra: “Los perros románticos”, un recopilatorio de la obra
poética creada entre 1977 y 1990, la novela “La pista de hielo”.

En 1996 presentó “La literatura nazi en América” y “Estrella distante”, y en 1997 la compilación de cuentos
“Llamadas telefónicas”, que le valió el premio Municipal de Santiago de Chile, el más importante en su país. El
año 1998 publica la novela Los detectives salvajes, más tarde publica uno de sus más acabados libros de
cuentos “Putas Asesinas” (2001) donde se encuentra entre otros el cuento “El Ojo Silva” el cual trataremos a
continuación.

Un fotógrafo vive una experiencia lejos de su país natal que lo lleva a la melancolía más profunda. El
personaje del Ojo Silva es un personaje marginal que odia la violencia y que por eso muchos tildan de
cobarde, además su homosexualidad es escondida a causa de de sus ideologías políticas:

“… Me dijo que durante algunos años había llevado con ¿pesar?, ¿discreción? Su inclinación sexual, sobre
todo por que él se consideraba de izquierda y los compañeros veían con cierto prejuicio a los
homosexuales…” (Bolaño, 2001:13).
Por lo tanto, el personaje principal que más tarde se convierte en semihéroe es en realidad un homosexual,
artista (fotógrafo), socialista (en tiempos de dictadura en Chile) y considerado un cobarde, es decir Ojo Silva
es un marginal y un hombre desarraigado, un viajero producto de su profesión, y con ello se exilia apenas
empezada la dictadura en Chile.
Muy lejos de Chile, el personaje que narra y recuerda al “Ojo”, se vuelve a encontrar con él, y éste le cuenta
una historia que no había contado nunca antes a nadie. En un viaje de trabajo a la India debe fotografiar a las
prostitutas del lugar. Una noche el “chulo” le ofrece a una de sus muchachas :

“Una tarde lo invitaron a tener relación carnal con una de las putas. Se negó educadamente. El chulo
comprendió en el acto que el Ojo era homosexual y a la noche siguiente lo llevó a un burdel de jóvenes
maricas” (Bolaño, 2001: 12).

En esta escena la novela negra toma color pues se involucra el ambiente marginal y grotesco junto con los
personajes tipos que se destacan en la novela policial “la prostituta”, el “homosexual”, pero el personaje se
encuentra con algo aterrador y es ahí donde se transforma en un antihéroe, pues a pesar de su perfil de
fracasado social logra, en parte, ser un héroe.

Como dice Simunvic Díaz, sobre la novela negra: “El realismo del mundo narrado aumenta en medida
proporcional al abandono del juego lógico de las causas y los efectos. En todo caso se trata, como podrá
suponerse, de un efecto realista, como ha sido siempre todo realismo estético. Las acciones tienen, ahora,
resortes más ambiguos y éstos no se develan al final de la novela sino a través de todo el relato”.

Es así como a través de cuento se va develando el caso que cobra un sentido real y verosímil.

El burdel de “maricas” corresponde a un tipo de “basurero” de niños que son castrados producto de un ritual
religioso que dura un año, al término de la festividad, el niño pasa a ser de la representación de un dios, a un
castrado que no sirve.

El cuento cuando Ojo se da cuenta de esto salva a un niño que estaban a punto de operar y a otro más que ya
lo estaba. Sale de ahí escondiéndose, sin embargo, nadie lo persigue. Aquí surge nuevamente la figura del
antihéroe:

“Lo único cierto es que hubo violencia y poco después dejo atrás las calles de aquel barrio como si estuviera
soñando y transpirando a mares, Recuerda con viveza la sensación de exaltación que creció en su espíritu
(…) la sombra que proyectaba su cuerpo y las
sombras de los dos niños que llevaba de la mano sobre los muros descascarados. En cualquier otra parte
hubiera concitado la atención. Allí, a aquella hora, nadie se fijó en él” (Bolaño, 2001: 22).

El hecho de que nadie se fije en él refleja la poca importancia que tienen los tres personajes, la falta de interés
del resto del mundo por estas personas ocasiona que su preocupación posterior sea hasta ridícula:
“En sus pesadillas, no obstante, el Ojo soñaba que en la mitad de la noche aparecía la policía india y lo
detenían con acusaciones indignas…” (Bolaño, 2001: 23).

Si bien la imagen del Ojo como un semihéroe de estos niños que nadie quiere es conmovedora también
ocasiona la analogía de lo que sucede en Chile y en Latinoamérica, pues se transforma en un personaje
simbólico de las utopías de Latinoamérica, ya que intenta luchar contra la adversidad, la injusticia y la violencia
que envuelve cada entorno, como escribe el propio Bolaño al comienzo de este cuento:

“De la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la
década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte, cuando murió Salvador Allende” (Bolaño: 2001, 11).
Esa verdad homogénea, trasforma al antihéroe en un símbolo que endurece aún más el género de la novela
negra, pues los personajes y el ambiente provocan una insatisfacción cruda hacia el mundo real, el viajero
hace de este episodio en su vida, un episodio de injusticia que enarbola cualquier valor humano universal y
requiere de un espíritu que refleje dicha verdad.

Además a través del personaje del Ojo se vuelve importante una serie de detalles que en una diversidad de
factores que fluctúan en un puñado de guiños que llevan al personaje más allá de una marginalidad a una
incomprensión propia del espíritu latinoamericano y oscuro que representa el genero negro policial en esta
región.

Uno de estos detalles es el contraste de mundos y el espíritu viajero, lo mandan desde Francia, cuna de
artistas y refinamiento, a la india país de discriminación, pobreza, enfermedades y hambre, lo que el va ha
hacer es fotografiar, este recurso conlleva plasmar el dolor de las personas fotografiadas, es por esto que lo
primero que él hace al ver al “marica” de diez años tiritando de miedo es fotografiarlo y así perpetuar su
angustia y dolor.

El otro detalle importante es que el deja a su pareja en Francia por quedarse con sus “hijos” a los cuales ve
morir producto de una enfermedad que asota la aldea en la cual viven, es decir, que su vida personal se
transforma en algo distante y melancólico, lo cual se acrecienta aun más con el final del cuento donde se
profundiza la ideología que expresa la obra, la relación de soledad y de angustia por el mundo:

“… sin dejar de llorar por sus hijos muertos, por los niños castrados que él no había conocido, por su juventud
perdida, por los jóvenes que ya no eran jóvenes y por los jóvenes que murieron jóvenes, por los que lucharon
por Salvador Allende y por los que tuvieron miedo de luchar por Salvador Allende (…) su amigo francés le dijo
que se calmara. Y el Ojo se rió sin dejar de llorar y dijo que eso haría y colgó el teléfono. Y luego siguió
llorando sin parar”. (Bolaño; 2001, 25).

En conclusión, aquí se demuestra un dolor a todo, el antihéroe latinoamericano llora de angustia no por su
cobardía, sino por la falta de coraje del mundo entero. De esta forma su amigo francés pasa a ser una
persona que no siente del mismo modo porque no ha vivido lo que él, tal cual como las civilizaciones
“acomodadas” no ven, ni viven, ni sienten las crueldades y la violencia de los menos afortunados, sobre todo
de aquellos que nacieron en Latinoamérica en los años cincuenta.

Bibliografía:

Semunovic Díaz, Horacio Gabriel; artículo: “Notas sobre la novela negra chilena” .
Bolaño, Roberto: “Putas Asesinas”, cuento “El Ojo Silva” (2001).
LA DEFENSA DE LA PROPIEDAD PRIVADA EN EL HIPÓCRITA SISTEMA CHILENO
por José G. Martínez Fernández.

Si un particular se toma una casa desocupada, poco problema; pero si un mapuche o un anarquista lo hace,
la justicia trabaja con rapidez, pero más rápida es aún la actuación de Carabineros. Todo con la
complacencia estatal. Inmersos estamos en un sistema estatal, judicial y policial hipócrita. Tanto los jueces,
como los funcionarios públicos y los Carabineros actúan de diferentes formas en torno al derecho de
propiedad privada (bien raíz), tan criticada por el filósofo francés Pierre Joseph Proudhon, considerado el
padre del anarquismo.

En Chile se actúa de diversas formas en torno a la ocupación ilegal de una propiedad. Cuando los
muchachos okupas –generalmente ácratas- se toman una propiedad, Carabineros va con revólveres y otras
armas disuasivas a sacar a los ocupantes ilegales de la misma. Para hacer valer los derechos del dueño de
la propiedad golpean a jóvenes que oponen resistencia. A veces van con orden judicial, a veces lo hacen por
el sólo hecho que el dueño del bien les informe. Lo mismo les ocurre a los mapuche. Si ellos se atreven a
tomarse una parcela o fundo, Carabineros está disponible para actuar precipitadamente. Aunque hay un
enfrentamiento violento de ambas partes, la policía es la que lleva las de ganar: está lo suficientemente
pertrechada de “elementos disuasivos” y –al final- cuenta con el apoyo de Fiscalías, Juzgados y el aparato
estatal justifica todo ello.

Pero si no es ni ácrata ni mapuche el ocupante ilegal de la propiedad… el dueño de la misma sufre el vía
crucis de ir a Carabineros que lo escuchan desanimadamente y le dicen con buenas palabras que vaya a la
Fiscalía o a un Juzgado. Se va allá y allá le indican que vaya donde un abogado. Un abogado cuesta dinero.
Mucho. Y mucho también es el tiempo que ha de esperar el afectado para que le restituyan su propiedad.
Hay tribunales que son verdaderas tortugas o pareciera que están de parte del ocupante ilegal y que son
–derechamente- corruptos. Golpes y muerte para los mapuche de ocupaciones ilegales de propiedad; golpes
para los anarquistas ocupantes ilegales también…pero, para el resto, trato con mano blanda.

¿Qué justicia es la que impera en Chile? ¿La justicia del ladrón detrás del Juez? ¿Por qué el Estado no hace
nada? Desde Pinochet, el gran usurpador, hasta los gobiernos de la Concertación se ha mantenido igual
línea de actuación. Incluso fue Pinochet quien en 1979 creó la ley de “saneamiento” o “decreto ladrón” que
ha permitido que Bienes Nacionales haga las mayores estupideces. Ese Decreto de Pinochet, oh rareza, fue
confirmado durante el Gobierno de Frei.

Quizás sean estas políticas extrañas las que hayan aportado un poco al mayor caudal de votos para el
candidato alianzista, porque quizás las víctimas de tomas de sus propiedades que estuvieron en juicios por
recuperarlas y las que aún lo están, esperan que Piñera cambie esto. Y puede que la gente esperanzada en
ello esté en un error.

Realmente no sé que va a pasar en dicho Gobierno, pero es obvio que si en el mismo no hay un cambio de
política en torno a quiénes son ocupantes “respetados” hoy por el lindo aparato estatal, judicial y policial,
entonces los esperanzados –una vez más- van a ver que el llamado “caos” –del que acusan sólo a indígenas
y a anarquistas- tampoco fue solucionado por el hombre que ha dicho que va a luchar contra la delincuencia.
Y los particulares que se toman una casa u otro bien son también delincuentes, según el sistema político que
rige en Chile y el mundo, pues la utopía de Proudhon no se ha cumplido. Por ello resulta muy peculiar que el
Estado chileno llame delincuentes sólo a ácratas y a mapuche. Los otros ocupantes, los aceptados por la
justicia, el Estado y la policía: ¿no lo son?
Parra, el ventrílocuo del habla popular
Por Rolando Gabrielli

Si yo fuera Nicanor Parra estaría preparando un Artefacto en la víspera de recibir el Premio Cervantes,
porque no creo que el jurado de ese prestigioso lauro, el principal del idioma español, vuelva dejar
pasar esta preciosa oportunidad de reconocer al último renovador de la poesía hispanohablante, que
ya frisa los 95, como diría el famoso autor del Quijote de La Mancha. Sería una Mancha indeleble si se
siguiera ninguneando, postergando, ignorando a un autor que dio vueltas de carnero a la poesía. La
vergüenza es que Parra no es un autor muy conocido en España, a pesar que su obra es reconocida
universalmente hace décadas. Si bien, mi memoria es arbitraria, perezosa, olvidadiza, no tengo
recuerdos frescos, hablo de años, sobre algún artículo escrito en la prensa española, importante
relacionado con la obra del Antipoeta y profesor de Mecánica Racional, el chileno Nicanor Parra,
conocido por muchos como el hermano mayor de Violeta Parra.

De Parra posiblemente se ha dicho casi todo, que su poesía está contra todo e inclusive sí mismo,
que bajó la poesía del Olimpo, que es un demoledor del statu quo, del establecimiento, de la pequeña
moral burguesa y uno de los mejores poetas de Occidente. Yo diría que es el nuevo ventrílocuo del
habla popular y que sus retratos son lo que vemos a diario en el mundo que habitamos,- no los
clásicos y maniqueos perdedores y ganadores- sino el vasto, rico, sorprendente muestrario del mundo
social real.

Parra es un clásico de la desolación sin anestesia, suele poner el dedo en la yaga como un testimonio
de vida y frente al huracán que provocan sus palabras, nos recomienda no tragarse todo el anzuelo.
Cada pez con su propio oxígeno y a ver que hacemos todos juntos en la gran pecera de la poesía.
Parra es el artista de la cuerda floja. Irónico y humorista, cómico, satírico y mordaz.

Parra, autor de Poemas y Antipoemas, Versos de Salón, Obra Gruesa, La Cueca larga y otros
poemas, Canciones Rusas, Artefactos, Hojas de Parra, entre otros libros, tuvo que recorrer un camino
largo, arduo, laborioso, áspero y rebelde. Se instaló, desde que vislumbró su papel en la poesía
chilena, en las antípodas de Neruda- vaca sagrada según Parra- y disparó como un francotirador sin
contemplación.

Parra es uno de los dos poetas históricos que marcaron la poesía chilena, latinoamericana y del habla
hispana en el siglo XX, dos voces mayores con Gonzalo Rojas, junto a Neruda, la Mistral, Huidobro y
Pablo de Rokha. Gonzalo Rojas es Premio Cervantes y ambos serán homenajeados en vivo el 2010
durante el V Congreso Internacional de la Lengua Española que se realizará en Valparaíso. Desde
luego, los grandes homenajeados serán los dos Premios Nobeles chilenos, Gabriela Mistral y Pablo
Neruda, con la edición de dos millones de ejemplares de su obra en ediciones populares.
Desde estas páginas hemos comentado en varias ocasiones la obra de Parra, la trascendencia de la
intrascendencia de su poesía que él aparenta significar, y como ha dicho Harold Bloom, merece hace
mucho el Premio Nobel porque su obra "es muy original, poderosa y emocionante" En un prefacio
hace cinco años, Bloom dijo: "A sus noventa años, Nicanor Parra lleva casi setenta siendo un poeta
original y vital". Parra, se ha dicho, le ha quitado solemnidad a la poesía. De alguna manera, digo, le
ha hecho aterrizar de narices.

La carrera por el Cervantes, a pocas horas de escribir este texto, es muy disputada por otros
escritores, como el poeta mexicano José Emilio Pacheco, el narrador argentino Ricardo Piglia, la
novelista chilena Isabel Allende, la mexicana Elena Poniatowska, entre otros. Pero sigue la mora con
el nicaragüense Ernesto Cardenal y el español, José Leopoldo María Panero, quienes no figuran en
el listado.

El Artefacto que yo escribiría si fuera Parra es este:

Les aplaudo con las manos de Lepanto
este Cervantes no es Manco,
pero el mundo es un espanto.

En 1962, hace 47 años, el mundo parecía ser otro, pero seguía siendo mundo y Parra escribió este
poema intitulado: Tres

Poesías
:
Ya no me queda nada por decir
Todo lo que tenía que decir
Ha sido dicho no sé cuantas veces.

2
He preguntado no sé cuantas veces
Pero nadie contesta mis preguntas
Es absolutamente necesario
Que el abismo responda de una vez
Porque ya va quedando poco tiempo.

3
Sólo una cosa clara:
Que la carne se llena de gusanos.
http://rolandogabrielli.blogspot.com/
Yamila Greco poeta argentina nacida en el 79 nos presenta en su colección de
poemas respirar puede ser un fracaso (Cinosargo 2009) una serie de códigos que
van construyendo a lo largo de todo el libro una imagen del organismo y la
existencia sometida a lo abyecto, a la crueldad del encierro con que la carne opera
sobre el ser, primordialmente sobre su libertad como ente vivo y aquella voluntad
creadora y salvaje que en potencia todos tenemos (en ese proceso también
debemos mencionar la inmensa capacidad de destruir que alberga nuestra especie
y ante la cual Greco no escatima referencias).

(…)fieras de mi alteración el golpe de los pasos y las puertas
que vienen por qué no se van ajenas a todo lo que se suicida(…)

El cuerpo en tal medida nos comunica sus limitantes y su necesidad auto
flagelante al querer romper con las cadenas de su materialidad castigadora. Desde
las cicatrices y con cada una de sus partes, vellos, párpados, lágrimas, sangre y
otros efluvios corporales se nos revela el sometimiento al que ha sido entregada
nuestra especie.

(…)yo no sé si levantar el nylon que cubre mis párpados
cuando el cuerpo se me revuelve en celo
atrevida en leche por mi nariz torcida en sangre
presagio del puño altivo que me descubre en asco (…)

En los poemas del libro el cuerpo asume el rol primordial de hablante, lo peculiar
es que la escritora no se coarta a la hora de edificar voces múltiples pues el texto
nos habla a veces desde una parte, uñas como cuchillos, brazos como abismos o
una lengua abierta, otras como un homúnculo y también desde la categoría de un
occiso por ejemplo comunicando la memoria tanto de manos atadas y laceradas,
ojos y piel relacionándose e interviniendo con la oscuridad y textura del plástico, lo
cual proporciona al cadáver violentado la posibilidad de interactuar como voz con
el bodybag que lo contiene o así mismo con la pulcritud clínica de la morgue o la
camilla de autopsia.
(…) lo que nos recuerda las manos son las cuerdas entonces manifiesto por los ojos
la angustia y la crueldad del plástico forzado por mi cadáver (…)

Esta serie de imágenes por tanto no sólo buscan impactar al lector o ser un referente ligado a una estética
escatológica que establece vasos comunicantes con clásicos como Lautréamont o Benn Gottfried de Morgue
y otros poemas, por el contrario a la luz de esta lectura se propone que la autora desarrolla toda una
percepción de la realidad desde la célula, desde lo somático, pues los significantes se van cargando de una
necesidad expresiva que se exterioriza no sólo por medio de una consciencia sino en cada manifestación de
la materialidad humana, incluso aquellas de las que se reniegan de forma habitual, la suciedad de la carne, la
deformidad, la herida, lo putrefacto, los hedores e incluso aquello que va quedando como restos de una
existencia, fragmentos de piel y uñas o partes de un código genético.
Es interesante como esas heridas, esos silencios y explosiones que demuestran los
vehículos de los sentidos, labios, dedos y extremidades en general, llaman a sus
ascendientes, padres, madres y abuelos, los que a su vez se exponen también
convertidos en carne desde visiones que nos hablan de un alimento en
descomposición, un fallecido progenitor, olores en la cocina, un gesto peculiar o
acción capaz de sintetizar el rol o a la persona, desnuda en su cotidianidad, en su
integra constitución.
(…) dónde estás papá dónde caíste en qué fondo te entierran mis manos(…)

También resulta importante destacar como la poesía en este sentido desafía
peculiarmente la idea de racionalidad además de la concepción unitaria y estructural
del sujeto en que las partes remiten al núcleo o inmanencia del sistema, hablamos de
la mente y su calidad de centro operatorio. En la poesía de Greco en cambio, cada
miembro, líquido o plaqueta busca expresar la ternura y violencia contenida en el
individuo, negando incluso la trascendencia del yo, su psiquis y los productos más
evidenciables de su supremacía, el lenguaje, sin obviar tampoco lo inasible, el factor
onírico y el éter misterioso del sueño que descubre su matriz en la pesadilla
configurada desde el encierro que emerge por causa y medio del cuerpo.

De lo expuesto, surge uno de los símbolos clave en está estructura y diseño poético,
el grito. Al cual me referiré en detalle pues asume en la obra dos dimensiones
prioritarias.
(…)sombra es el grito cuando limpio mis manos(…)

Por una parte el grito se prioriza como la expresión manifiesta del desarraigo y la
necesidad de romper con la tan mentada unidad, es una mirada irascible frente al
mundo y la pasividad de nuestras limitaciones, este grito encarna la libertad y
voluntad creacionista de la existencia, ese perpetuo e incesante cambio y movilidad
que afirma y niega, eleva y derruye. El cuerpo en esa medida aparece como una
cárcel o claustro del grito. El envase resulta una de las causas de toda postergación
y rango de contención.
(…)la cercanía limita el encaje
que es la carne mediante el grito que nos triunfa
en delirio acabado yo me postergo y me rebelo
contra la blanca solicitud (…)

En cuanto a las formas en que el grito se explicita, encontramos la risa, la mueca, babas que se retuercen,
códigos que van mas allá de la palabra y que se vinculan a lo kinésico, a formas de comunicación no verbal y
principalmente no lingüísticas, lo cual procura una vez más romper con la lógica, con las ataduras de la
libertad máxima incluso arriesgando el dolor y daño. Mas allá de un instinto de supervivencia el cuerpo busca
los cauces para desatar el afluente del grito, sin embargo este por las condiciones de regularidad a las que
somos sometidos desde la cuna, termina empozado en la garganta a mitad de camino como una aflicción
irresoluta.
(…)la gota seca de la rabia
marcando muecas
mi baba retorcida
en precipicios
a pleno diente roto
su garganta es mi depósito (…)

El cuerpo se debate de este modo ante la agonía e incapacidad de soportar su intrínseco salvajismo. La
fuerza se presenta por su parte encarnando el dolor con señas físicas y también de modo diferido,
incompleto, lleno de silencios abiertos a la sobre- y sub-interpretación del destinatario pues el tránsito del
cuerpo expone las expectativas y frustraciones que se han tallado en la carne como un mapa que forma la
geografía de lo que hemos sido en nuestro devenir. Ahora, si esto lo ligamos al poema y la concepción
estética de la autora, el quehacer de Greco se impone como una revelación hecha con bisturís, la memoria
tallada en los pliegues y las manchas, en las secreciones y las hendiduras.

La constricción de la carne y la tarea por abrir esta, deformarla, cambiar sus fronteras y escapar de ella
opera tanto en un sentido espacial como temporal, desde luego físico y también metafísico e inmaterial
como ocurre con el grito, siendo prioritario el sometimiento, el bondage y el fetichismo como una idea que
atraviesa por completo la obra.

Y es en ese punto que surge el segundo nivel en que encontramos el grito, también como un instrumento
simbólico que comunica el génesis de toda forma viva y su crisis.

(…)los gritos son el inicio de toda creación maldita(…)

Desde esta perspectiva, la voz podemos ubicarla fuera como una materialidad que pretende comunicar el
nacimiento y que procedimientos y conflictos intervienen en su origen y en la forja del pensamiento y la
sensibilidad. Aquí se refuerza la idea de los límites que nos atrapan y como la libertad se comunica con la
extinción propia del ser, el suicidio o la mutilación a fin de superar el mito de la unidad del individuo.

La escisión emerge como una especie de catarsis para así poder valorar como los fragmentos y la
deconstrucción del ser, opera cual respuesta ante el encierro. Lo cual revela lo miserable e inacabado de
una mal llamada naturaleza humana o del ser y por ende también del la realidad castrada y reducida en la
palabra, la voluntad diferida en el cuerpo y el grito depositado en la garganta. Cada forma de reducir y
confinar al mundo expone dentro de sí, el germen mismo de su autodestrucción.

El cuerpo como hemos visto no es la excepción, por tanto la autora nos presenta su diseño como un edificio
hecho para el desencanto, el fracaso y la amargura.

(…)iluminar los ojos con la hermosa sinceridad
de las manos en mis fósforos
cortar la carne es
permitir el hueso
golpe
silencio golpe
golpe
toda mano en la garganta entorpece
la tarea de los dientes (…)
En cuanto a las vertientes de escape por eversivas que
luzcan ante el filtro de la lógica al ubicar en un pedestal
categorías sadomasoquistas, hedonistas y dionisiacas,
estas sin embargo no dejan de revelar una necesidad en la
construcción del verosímil y la ansía de verdad que el
hombre desde sus albores ha perseguido y expuesto en sus
tragedias y dramas más reconocidos. Siempre ha estado en
primera línea la flagelación, lo vemos la ceguera que Edipo
se auto inflinge al reconocer su sino, también es revelador
el asesinato que llevan a cabo Orestes y Electra para
resolver su venganza y poner fin a su postergación o el gran
mito que ha marcado a occidente durante estos dos mil
años, la pasión del hijo de Dios, flagelado, muerto y
resucitado y así podríamos seguir nombrando casos que
tiñen de sangre y con partes mutiladas nuestra historia intra-
y extra-literaria.

En definitiva el cuerpo tibio como habitación y sus muros
constituyen el edificio, y son sus desechos los que
sostienen a la especie. Sus cimientos los encontramos en lo
abyecto y en cada rincón o escondrijo de la superestructura
humana, la carne, la materialidad y esa existencia que
devora y da cobijo a cualquier forma de esencialidad. Allí
percibimos el forzamiento, esa ansia de liberarse que
trasunta una violencia sobre los pliegues y hendiduras del
cuerpo, lo cual demuestra las falencias y miserias del
humano y la débil provocación a la que se someten sus
pasiones
(…)metástasis es mi hermana o el desequilibrio sin presencias deformadas
dentro de una habitación sostenida por la basura (…)

En cuanto a la lucha interna, esta se inicia no sólo de modo espontáneo al reconocerse, también emerge
desde el grito del otro, generalmente por medio de la presencia vinculante de animales, el ladrido del perro,
el aullido del lobo que en completitud comunican una existencia relegada, domesticada ante la cual al
hombre no le queda más que responder en celo, expresando su libertad de bestia encerrada en los dominios
de su cuerpo. Esto se ve en frases como: (…) pueden levantar los ojos porque es mi nombre tentado bajo el
grito de los perros (…) formó su sexo como tibia pero muerta en la vulva el lobo trepando mugre (…)
El otro elemento provocador es la lujuria que se atribuye a la sombra que Dios constituye; la culpa, la
represión el pecado, la flagelación y el placer del dolor en esa imagen de perfección y castidad que los
sistemas religiosos han provisto.

(…)es la lujuria de Dios con su hábito de sombra
arrastrando mi nacimiento contra las ventanas (…)

De este modo se establecen los vasos comunicantes del castigo con el deseo, lo cual revela también la
dimensión integra del grito y el punto de fuga tan anhelado. Por eso los elementos ya explicitados, uñas,
carne, vellos, juegan un doble papel, el de barrote y muro de contención y el de arma e instrumento para
proveer ese placentero y necesario dolor.
(…)colgando por las venas cuerpo y parte de algún balcón amable (…) o (…) masticar la angustia como
forzar los vidrios hasta que la uña arrastre columna y carne …)

En la poesía se realza un parangón entre lo que serían partes de un edificio/espacio de encierro, dientes-
vidrios, cuerpo-muro, espalda-columna, y en otras ocasiones herramientas para la autodestrucción, cabellos-
soga uñas-cuchillo, dientes-guillotinas, filosos, rotos.
Significantes con una doble cualidad, contradictoria, comunicada por el castigo y por la represión y la ávida
necesidad de libertad. Elementos iconoclastas que sin duda superan la aflicción.

El objetivo es festinar el cuerpo en todas sus cualidades, y principalmente como arquitectura salvaje,
reprimida por el control y aún así capaz de conectarse con las vías subterráneas de su deformación animal o
retorno al mundo y al vitalismo más puro, libre de las consideraciones y ataduras emocionales de la
supervivencia, sobre todo cuando el organismo encuentra su verdadera dignidad y trascendencia en la
emoción de vivir con todo lo que esos cambios, humores, hedores y filamentos implican.

En conclusión la visión somática que plantea el texto de Greco resulta en integridad, una búsqueda por la
iluminación del ser y su materia sin negar los mecanismos y artificios caníbales y animales, depredadores y
autótrofos que lo componen.

Búsqueda que en otros textos podemos hallar desde la lógica, la mayéutica, la meta-poesía y
metatextualidad de la llamada poesía autoconsciente, en el trabajo de Greco en cambio, el recorrido aparece
como una épica y canto a la escatología y las dimensiones más privadas y autenticas de la vida, no hablemos
del tigre y el cordero de Blake, sino del lobo y el conejo que la poeta argentina contrapone, figuras clave para
entender y adherir a la estética encarnada que propone, célula, materia, vitalismo, exhuberancia y grito, una
visión fuerte y anti-esterilizante de la creación lírica, que busca como bien dice en uno de sus textos:
“pegarse (yo diría poetizar) hasta confundirse con la sangre”.

Daniel Rojas Pachas.
Diciembre del 2009
VISITE Y LEA LA SANTÍSIMA T

DEDICADOS A LA LIT
TRINIDAD DE LAS 4 ESQUINAS

TERATURA CHILENA
Sobre "VUELO" de Rodrigo Arroyo
Por Carlos Henrickson
¿Qué ocurre con los poetas chilenos de la Generación del 20?
Escribe Carlos Amador Marchant

En más de una ocasión Jorge Teillier manifestó que al paso del tiempo han sido muchos los poetas
significativos que quedan silenciados mientras otros así no catalogados van ocupando
sistemáticamente esos espacios.
El rescate de éstos, sin embargo, llega en su momento, o mejor dicho, la mano de la verdad siempre
asoma en la vida de los humanos.

De la Generación del 20 fueron varios los poetas y prosistas chilenos que quedaron aislados en el
tiempo y sus nombres, más ahora que la tecnología ha permitido el afloramiento de cientos y cientos
de artistas de la palabra, a veces parecen estar recluidos en celdas impenetrables por donde el interés
de los lectores escasamente llega.

Es posible que también haya influido en esto la vida agitada de los comienzos del siglo 20, la
mundana, el desorden existencial entre ellos y la unificación al sufrimiento y la soledad. Por otro lado,
si bien es cierto ya había fallecido prematuramente otro de los inmortales como Carlos Pezoa Véliz
(1879-1908), y el apego y desapego a las normas estilísticas muchas veces juegan mala pasada. Lo
concreto es que este grupo hasta nuestros días es más conocido como El grupo de Neruda o bien
como lo denominara el poeta Pablo de Rokha: La banda negra, haciendo alusión punzante a este
parnaso que se reunía en cafetines y bares.

Poesía hecha de sentimientos, no de razonamientos, expresa en una crónica Teillier. Estos fueron los
poetas que se formaron en las primeras Fiestas de la Primavera, siempre unidos a la Universidad de
Chile y su Federación de Estudiantes y al mismo tiempo en aquellas revistas de época como Juventud
y Claridad.
De acuerdo a estadísticas casi la mayoría de ellos
tuvo corta vida y sus obras no lograron consolidarse,
pero unido a esto la desilusión circundante y la vida
trágica gatillaron fuerte.

Se trató de una generación complicada. Baste para
esto citar a dos poetas: Alberto Valdivia (El Cadáver
Valdivia) y Joaquín Cifuentes Sepúlveda (El Ratón
Agudo).

Pero hubo más en esta lista: Alberto Rojas Jiménez,
Romeo Murga, Víctor Barberis, Rubén Azocar,
Raimundo Echevarría Larrazábal, Juan Egaña,
Armando Ulloa, Oscar Sepúlveda, Alejandro Galaz,
entre varios otros; lista interesante para comenzar a
estudiar y reactualizarla. Tenemos ante nosotros a un
grupo de hombres, de creadores que entraron en el
olvido, salvo algunos estudios tímidos que empiezan a
aparecer en improvisadas publicaciones o en diarios
de varios años atrás.
Pero todo queda ahí, en el intento, y todavía no se comienza a ejecutar un trabajo serio sobre estos
poetas. Joaquín Cifuentes Sepúlveda estuvo en esta tierra sólo 29 años y lo vivió todo, hasta la cárcel,
que al decir de muchos de sus pares correspondió a un encarcelamiento injusto. Poeta nacido en la
región del Maule fue tal vez uno de los más cercanos a Pablo Neruda, incluso al libro Crepusculario
del Nobel de Literatura, se le dictaminan muchos acercamientos al estilo de El Ratón Agudo.

Vida allegada al sufrimiento y al desamparo, Cifuentes Sepúlveda terminó sus días en Argentina. El
recientemente fallecido Premio Nacional de Literatura 2002, Volodia Teitelboim (fallecido el 2008), en
su libro Neruda editado por Sudamericana en el 2003 (Página 117) retrata a este poeta en una forma
más cruel que con deseos de rescatarlo del aislamiento: Es un maestro de la cantina, un rey de la
blasfemia, el que imparte a sus discípulos, como un apóstol del vino, las llamadas enseñanzas de la
hombría criolla. El hombre ha nacido para tomar, para fornicar, para desafiar lo establecido. Tenía algo
de anarquista primitivo. No dibujaba claramente la frontera que lo separaba del hampa. Era el
predicador de una terrible y envolvente hermandad. Manejaba el lenguaje flamígero. Era el bardo del
verbo insultante. El sucesor de todos los mal hablados de la historia, un fuera de la ley manejador de
cuchillos y de frases como relámpagos, un semianalfabeto que tenía la sabiduría que viene de abajo
cuando ésta se traduce en negación individualista, salvaje y sin destino.

Pero Neruda hace, sin embargo, de su amigo una defensa férrea en los momentos en que está
recluido: Joaquín Cifuentes Sepúlveda.su sólo nombre es un verso. Más aun, en su obra póstuma
rescatada por el verdadero amor de Cifuentes (en Argentina) El Adolescente Sensual prologado por
Jorge González Bastías, en el poema denominado Ausencia de Joaquín, el Nobel de Literatura dice:
Desde ahora, como una partida verificada lejos,/en funerales estaciones de humo o solitarios
malecones,/desde ahora lo veo precipitándose en su muerte,/y detrás de él siento cerrarse los días del
tiempo.

Andrés Sabella, por su parte, dice de Cifuentes Sepúlveda: Hombre armonioso, tuvo el don de cambiar
de lugar a las estrellas y reemplazarlas por rubíes calientes; hombre con vocación de fuego, su poesía
creció lo mismo que una garra de azufre contra las cosas. Era, entre nosotros, el esposo de la soledad
y nadie podía disputárselo. El poeta nació en San Clemente, en Talca en 1900 y a temprana edad
emigró a Santiago. Curiosamente desde el año 1920 al 22 publicó cuatro de los cinco libros que se le
conocen: Letanías del dolor, Esta es mi sangre, Noches y La Torre. En su corta vida el poeta viajó por
distintos lugares de Chile hasta desembocar, luego de salir de prisión, en el vecino país de Argentina,
lugar donde conoció a su amada quien le publicó junto a otros amigos el libro póstumo El Adolescente
Sensual.

Se concuerda en que, al paso de los años, comienzan a redescubrir a este poeta de mirada callada y
temeraria. Sus versos, tal vez bañados de un romanticismo lejano, lo retratan en su sensibilidad. Está
vivo, y en sus andanzas no sólo nos dejó el legado de las tragedias, depresiones y del amor
verdadero, sino también la posesión de ser y caminar como poeta.80 años después de la muerte de
Cifuentes Sepúlveda, que es más de una vida generacional en Chile, y aunque los libros de él no se
encuentran en librería alguna, lo único que hemos buscado es estrechar la mano de este creador del
Maule, y por qué no decirlo, caminar y auscultar las huellas por donde anduvo entregando su voz, las
amargas noches y la esperanza de reencontrarse con la vida, después de la muerte.

http://carlosamadormarchant.blogspot.com/
Poesía de Ignacio Uranga

Interacción comunicacional

Sí, dijo esa noche con el vaso de ron vacío, después de
la conversación que derivó en temáticas no adecuadas
para el fin sexual que la reunión tenía como propósito:
porque después del diálogo, después de comprar el diario
de madrugada al chico de 6 años, después de años de
no comer monedas de chocolate, después de ella y de mí
es decir después de nosotros que parecíamos para siempre
la idea de llegar hasta su cuarto a desordenar las sábanas
empezaba a convertirnos en objetos: quizá por eso la deci-
sión de tomarla de la mano en calle Mitre y caminar hasta
Alem, para subirme al colectivo y dejarla ahí en la esquina
parada, diciendo ahora con la mirada un auténtico sí, un sí
legítimo: el sí que había sido no empezaba, con sus íconos
gestuales o metalingüísticos, en el momento menos indicado
a ser sí: la palabra del otro, el habla ajena introducida en otro
contexto, sea cual fuere la exactitud de su transmisión, se ve
sometida, siempre, a determinadas modificaciones semánticas:
cuando yo recupero el sí que dijo, inevitablemente dejo fuera
una constelación de lo que también dijo con sus ojos: quiero
decir que el lenguaje nunca tuvo la facultad de ser la forma
absoluta del pensamiento: lo supe después, cuando ella quedó
sola en la esquina diciendo sí, mientras yo me preguntaba
sobre la ventanilla de la 500 cómo se lee una mujer
Mnémica emotivo-involuntaria o del azul imposible

Tus ojos
tus ojos, la puta, tus ojos

Sýmbolon

El último invierno, agosto, miércoles, 11 pm
ella partió, dejó, la ciudad, un pacto, el am-
or, roto en el café de las siete: un sím-
bolo de la antigua Grecia: la hospi-
talidad de sus ojos: la mitad de mi tristeza

Los poemas pertenecen a El ella real, editado en Hemisferio Derecho Ediciones, Bahía Blanca, 2009

Más información del autor en: elellareal.blogspot.com

"No creo haber visto, entre lo que se escribe hoy en la Argentina, una poesía más lúcida que la de
Ignacio Uranga, o, para decirlo con otras palabras, más realista. No porque se ocupe de eso que se
suele llamar “la realidad” (aunque lo hace también) sino por cómo cualquier posibilidad de ilusión o
idealización que uno pueda tener respecto de la relación entre uno y el mundo, o entre uno y las
palabras, o entre las palabras y el mundo, queda puesta amable, casi natural e irreparablemente en
crisis apenas uno entra en el juego –fascinante, a mi ver– que propone en El ella real, su primer libro.
Y por cómo se dedica empecinada, tranquila y no sé si hasta alegremente a eso, como si fuera lo
único que se puede hacer cuando se escribe un libro de poemas, y leyéndolo me da, efectivamente, la
sensación de que es lo único que se puede: me ganó.

Daniel Freidemberg extracto del prólogo de El ella real