EL PAISAJE INTERIOR
MERVYN PEAKE
J. G. BALLARD
BRIAN W. ALDISS

Título original: The inner landscape Traducción: Marta Muñiz Moreno
Asesor de la colección: Domingo Santos
Director editorial: Virgilio Ortega
© Ilustración portada: Tomás C. Gilsanz
© 1969 por Allison & Busby Limited, London, por la primera edición inglesa.
Boy in Darkness © 1956 por Mervyn Peake y © 1969 por Maeve Peake The Voices
of Time © 1961 por J. G. Ballard
Danger: Religion (esta versión) © 1969 por Brian W. Aldiss
© 1980 Librería «El Ateneo» Editorial, por la primera edición castellana © 1987 por
la presente edición, Ediciones Orbis, S.A.
Apartado de Correos 35432, 08080 Barcelona
Este libro se terminó de imprimir en el mes de Enero de 1987 en los talleres
gráficos de IMPRESIONES SUD-AMERICA, Atuel 666, Buenos Aires, y fue
encuadernado por HYSPAGRAFICA S.A., Perdriel 1175, Buenos Aires
ISBN: 950-614-618-7
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Impreso en la Argentina —
Printed in Argentina

NIÑO EN TINIEBLAS
Mervyn Peake

Las ceremonias habían terminado por ese día. El Niño se sentía extenuado.
El Ritual, como una carroza enloquecida, había sido echado a rodar, y la
verdadera vida de día yacía herida y aplastada.
Señor de campos almenados, no tenía otra opción que estar al servicio y las
órdenes de los funcionarios cuya misión era aconsejarlo y guiarlo. De
conducirlo aquí y allá través del laberinto del hogar sombrío. De celebrar, día
tras día, antiguas ceremonias cuyo significado hacía ya mucho se había
perdido.
Los tradicionales regalos de cumpleaños le habían sido ofrecidos por el
Maestro de Ceremonias sobre la tradicional bandeja de oro. Largas columnas
de hierofantes, hundidos en el agua hasta las rodillas, desfilaron ante él,
sentado durante horas y horas a orillas del lago infestado de jejenes. Todas
esas circunstancias habrían sido suficientes para hacer perder la paciencia al
adulto más sereno y ecuánime, y para el Niño habían sido un infierno
intolerable.
Ese día, el del cumpleaños del Niño, era el segundo de los más arduos del
año. El anterior había sido el de la larga marcha por la escarpada ladera hasta
el sembrado donde debió plantar el decimocuarto fresno del bosquecillo, pues
en ese día había cumplido catorce años. Y no era una mera formalidad, pues
nadie le podía ayudar mientras realizaba su tarea, ataviado con la larga capa
gris y el bonete similar al de los tontos. En su viaje de regreso por la empinada
falda de la montaña había tropezado y caído, raspándose la rodilla y
cortándose la mano, así que, cuando al cabo lo dejaron solo en la pequeña
habitación que miraba hacia la plazoleta de ladrillo rojo, hervía de furia y
resentimiento.
Pero ahora, en el atardecer del segundo día, el de su cumpleaños (tan pleno
de ceremonias idiotas que el cerebro le vibraba de imágenes incoherentes y el
cuerpo de fatiga), yacía en el lecho con los ojos cerrados.
Luego de un rato de descanso abrió uno de los ojos porque creyó oír el
aleteo de una mariposa contra el vidrio de la ventana. Sin embargo, no pudo
ver nada y se disponía a cerrarlo nuevamente cuando su mirada quedó
atrapada por la ocre y familiar mancha de humedad que se alargaba en el cielo
raso como una isla.
Muchas veces había contemplado esa misma isla mohosa con sus caletas y
bahías; sus ensenadas y el extenso y extraño istmo que enlazaba la masa
meridional con la septentrional. Conocía de memoria la ahusada península que
terminaba en un delgado arco de islotes como cuentas descoloridas de un
rosario. Conocía al dedillo los lagos y ríos y más de una vez había llevado a
buen puerto, después de azarosas travesías, a sus naves imaginarias y

impetuosa. un susurro que crecía en volumen e intensidad: . la primera chispa de incontenible rebelión. no contra alguien en particular sino contra la incesante ronda del simbolismo muerto. escapar de las metas prefijadas. Fue por las plumas más que por cualquier otro detalle por lo que advirtió que el rostro aquel era el suyo y apartó la mirada del espejo. Ansiaba (lo comprendió de pronto) transformar su furia en acción. proclamar su libertad. cada uno de los cuales le hacía recordar alguna obligación ritual. supongo . pero esa mínima parte se identificaba tanto con el insecto que el Niño advirtió oscuramente que el explorador era algo más que una palabra o el sonido de una palabra. . ¿Y qué diversiones tienes? Llenó de aire el pecho y lanzó un alarido feroz. mientras se arrancaba el absurdo trofeo que ostentaba como un collar. Por un día.decía -. . Llevaba en torno del cuello una cuerda de la que pendía un manojo de plumas de pavo real. hasta que terminó por golpear el lecho con los puños mientras gritaba: ¡No! ¡No! ¡No!. antes de marcarles nuevos rumbos hacia tierras ignotas. Pero ese día estaba demasiado irritado para perderse en divagaciones y lo único que hizo fue mirar a una mosca que recorría lentamente la isla.murmuró el Niño para sus adentros. Lo acechaba con expresión salvaje. al menos por un día. Era un rostro muy joven a pesar de tener la frente surcada por profundas arrugas.. El corazón le latía desbocado y con fuerza.Sólo por un momento .. y los malditos regalos que le habían presentado en la bandeja de oro (que doce horas después serían devueltos a las arcas) y vio un centenar de rostros familiares.navegado con ellas en pleno océano con mar gruesa. era algo único y rebelde.Un explorador. Sólo un mínima parte de sus sentidos seguían los movimientos de la mosca. Una suave luz dorada se derramaba desde la ventana en una especie de bruma y a través de la bruma se podía ver la doble hilera de pendones que en su honor flameaban al viento en las almenas. ¡Insurrección! De eso se trataba. Respiró hondo y recorrió la habitación con lenta mirada e inesperadamente un rostro cercano atrajo su atención. si bien no una libertad total... Después de todo no eres más que un niño. . Un inconmensurable día de insurrección..¡Maldito sea el castillo! ¡Malditas sean las Leyes! ¡Maldito sea todo! De un brinco se sentó al borde del lecho. Lo que en realidad hizo fue deslizarse fuera del lecho y pisotear la deslucida reliquia para luego arrojarla de un puntapié a un rincón lejano de la alcoba. y en el momento de hacerlo surgió en su mente el aborrecido contorno de la montaña y los catorce estúpidos fresnos.. ¿Era en realidad un paso tan drástico lo que estaba meditando? ¿Ya no recordaba los votos solemnes que había pronunciado en su infancia y en miles de ocasiones subsiguientes? ¿Ya no contaban los sagrados juramentos de fidelidad que lo ataban a su tierra? Y entonces oyó el susurro que le respiraba en la nuca como si lo quisiera incitar a volar. y sollozó hasta que la mosca recorrió de este a oeste la isla mohosa y continuó su lento paseo por la costa como si no tuviera intención de aventurarse por el techo-mar. Y entonces brotó. Era su obligación llevarlo durante toda la noche y entregarlo a la mañana siguiente al Gran Maestre Ancestral del Plumaje.

se detuviese cuando él se detenía. y eso era lo que anhelaba. y competiría con el sol . al eclipsarse los últimos rayos de sol. Partiría poco antes del amanecer. Si debía lanzarse a la libertad sin vacilar y a la luz del día o durante las largas horas de oscuridad no era fácil de decidir. su mente no era tan infantil. en un lugar alejado del centro del castillo donde. nuevamente ¡la excitación! La emoción de planear una posible huida. El sol no estaba muy por encima del mellado horizonte. eso era lo que temía. y marchar. por extraña paradoja. casi como si el castillo mismo o el espíritu del antiguo recinto se moviese cuando él se movía. y correría a la media luz de la aurora. no pudo dejar de comprender cuánto más temible sería para él encontrarse a solas entre las sombras de un distrito extraño a su ámbito familiar.. por las laberínticas callejas que tan bien conocía y desembocar en los amplios espacios barridos por el viento e iluminados por las estrellas para marchar. otras características. y meditaba.él en la tierra y el sol en el aire -.Pues. a solas. Y por ello un niño se acerca ansioso a lo que reconoce y sólo porque lo reconoce. y parecían apenas flotar en la atmósfera dorada. En un principio la elección obvia pareció ser la de esperar la caída del sol y. Un estremecimiento recorrió el suelo en sombras y el primero de los búhos nocturnos pasó silencioso más allá de la ventana. de pronto. cuando casi todo el castillo estuviese dormido. ¿Pero cómo soportar la noche fría y de paso tardo. Pues puede sentirse la necesidad de contar con las cosas que nos son odiosas. Levántate y vete. a pesar de que aborrecía a muchos de sus habitantes por lo menos se encontraba entre los de su propia casta. tomando la noche por aliada. nos es amado. Catorce años de edad: ya había tenido numerosas oportunidades de poner a prueba su valor en aquel castillo lleno de recovecos y subterráneos y en muchas ocasiones se había sentido aterrorizado. y odiar algo que.se oyeron las voces -. buscar la salida de la fortaleza en tanto los principales del castillo yacían oprimidos por el sueño y un manto de hiedra los ahogaba como un tenebroso velo. Bajó de la cama y se acercó presuroso a la ventana. El grito estalló demasiado a lo lejos como para . Pero no durante mucho tiempo. ellos dos. El sereno paisaje tomó. Pero si bien las ventajas de huir durante la noche eran evidentes e innegables. Eso sería una locura. y mientras el cuerpo temblaba y gemía. Deslizarse furtivo. ¿Qué esperas? Pero el Niño que estaba tan impaciente por partir tenía otra faceta en su personalidad.. no únicamente por los silencios y las tinieblas de la noche sino por la sensación de ser vigilado. Pero qué es la insurrección sin peligro. Muy abajo de la alcoba del Niño se oía gritar una voz. Una faceta mucho más fría. la noche interminable que le aguardaba? Dormir sería imposible. se habían convertido ahora. Las torres que un instante antes habían tenido un aspecto etéreo. No partiría en plena oscuridad. y todos los objetos flotaban en una pálida transparencia. Al recordar las veces en que se había extraviado. ¡ahora! ¡ahora! ¡ahora! . no dejaba de existir la siniestra posibilidad de perderse para siempre o la de caer en manos de las fuerzas del mal. El encontrarse a solas en una tierra donde nada le sería familiar.. Mas no. aunque lo necesitaba. entonces. en dientes ennegrecidos y cariados. ¿Huir adónde? ¿Y cuándo? ¿Qué momento sería el más propicio? ..Y. respirándole sin cesar en la nuca sin perder ni uno solo de sus movimientos.

hasta que muy a lo lejos una voz lenta y ronca se fue rodando por sobre los tejados y el Niño asomado a la ventana escuchó la última nota grave morir en el silencio. de un lado al otro. el Niño supo de pronto y sin meditarlo. y más tarde toda una banda se echó a volar. supo sin vacilar.descifrar las palabras. Toda su vida había sido devorada por el ceremonial y sus momentos de mayor felicidad eran cuando estaba a solas. Y saltando excitados. Quizá pensasen que una deferencia tal sólo podía causar placer a un niño.. Nunca se cansaba de oír las campanas.. Pues esa noche era la noche del gran festín. y todo tipo de vehículos. . pues no lograba comprender a qué se debía. Campanas discordantes y campanas melodiosas: campanas de miedo y campanas de cólera: campanas alegres y campanas lúgubres: campanas graves y campanas cristalinas. Entonces. No se trataba de lanzarse por interminables tramos de escaleras. que ése era el momento de huir: en medio de la barahúnda y el tumulto. Luego una a una el tumulto se fue calmando y veintenas de campanas se acallaron hasta tan sólo dejar un silencio inquietante. Por un instante se sintió atrapado por el conocido esplendor de todo aquello. ¿pero dónde? Algo que no estaba a su alcance imaginar. Era ágil. una multitud de pilluelos gritaban y se peleaban. Los antagonistas tenían el tamaño de una semilla de girasol. la asordinada y la vibrante. Más allá de la ventana la noche se cargaba de sombras. Lejos. Fueron esos gritos que se elevaban a través de las sombras de la noche los que trastornaron los indefinidos planes que el Niño había trazado y también su prudencia. mas esa sacudida se la hacía recordar. cuando se disponía a apartarse de la ventana. junto a la ventana. Por unos pocos momentos todas al unísono poblaron el aire: una plegaria con un clamor de lenguas que expandió sus ecos sobre el gran casco del castillo como un rebozo metálico. Otra voz dio la réplica. en mulas y carruajes. y bien que lo necesitaba. Una campana empezó a tañer. la exultante y la doliente. cuando el ritual bullía de campanas y hogueras: ahora. Ahora. Luego se oyó otro más y otro y cuando la decimocuarta dejó de tañer advirtió que eran salvas en su honor. y luego otra.. la abrió de par en par y echó a correr. con gritos que traían a la memoria el piar de los estorninos. Pero no era ése el caso del joven conde. pues el camino que se había señalado era riesgoso. y dentro de muy poco largas hileras de hierofantes se encaminarían hacia uno u otro sector del círculo. El Niño se inclinó sobre el alféizar de la ventana y miró hacia abajo. a pie. y allí. Por un breve instante había olvidado su condición. se oyó otro repique con un tono tan apremiante que su rostro adoptó una expresión ceñuda. en la cumbre de la decisión. Se trataba de algo más vertiginoso y más furtivo. pero no lo bastante como para ocultar la furia que lo saturaba. De un brinco estuvo junto a la puerta. por la espera. El castillo se vaciaría y los hombres marcharían a caballo. Eran todo lo estridentes que la exaltación de la infancia les permitía. ¿Solo? Eso significa lejos. Solo. No podía escapar de su mayorazgo. apenas horadadas por las chispas diminutas que titilaban a lo largo de la alta montaña que había escalado el día anterior y en cuya ladera había plantado su decimocuarto fresno. Esas distantes y luminosas cabecitas de alfiler o brasas no ardían únicamente en la montaña sino también en un amplio círculo. y era acatando la llamada de esas hogueras como la gente empezaba a reunirse en una veintena de patios señoriales..

pues el desván era muy grande. se escabulló por esa abertura fuera de uso y dejó balanceándose en el vacío la larga cuerda gris. y apoderándose de un resto de cabo que sobresalía del alféizar lo utilizó para trepar y transponer. Al frente se extendía un largo desván. Esto podía llegar a ser una tarea agotadora. Si existía un momento ideal para hacer uso de ese descubrimiento sin duda era ése. pues las tablas hacía mucho que se habían podrido y en su lugar crecía una hierba lujuriante y una miríada de toperas daba al recinto la apariencia de un antiguo camposanto. a lo largo del cual corría no dobló ni a la derecha en dirección al norte ni a la izquierda en dirección a la escalinata meridional que se alargaba hacia abajo. la comba de la manta no tocaba el suelo. Las cuatro puntas estaban sujetas por cuerdas a las vigas bajas. El único método era aplastarse contra el piso y avanzar sirviéndose de los codos y las rodillas. ni de caminar erguido. al final del corredor de doce metros en forma de T. En el fondo había una puerta . hasta que había llegado a descubrir una docena de caminos que conducían a la planta baja sin pisar la escalinata principal y sin ser visto por nadie.Durante muchos años el Niño. cuyas vigas estaban tan cerca del suelo que para atravesarlo no se trataba de agacharse.. Aún se veían en ella rastros de un desmedrado refinamiento. En un instante el Niño había saltado por la puerta . abajo. Pero la ventana enmarcaba un trozo de oscuridad grisácea que parecía escurrirse entre las espesas sombras agazapadas en la habitación. pero en la alta habitación rectangular se respiraba en ese momento una atmósfera de abandono y desolación. Si no hubiese sido porque la ventana estaba abierta de par en par hacia la noche. había recorrido las habitaciones invadidas por el polvo del. interminable hogar.trampa y había rebotado como un acróbata de la hamaca al piso.trampa que al hacerla girar sobre los goznes dejaba al descubierto una manta extendida allá a la distancia. al parecer. al Niño tal vez le hubiera sido imposible ver una mano delante de los ojos. en caracoleantes curvas de madera acribillada por los gusanos. una manta que parecía una inmensa hamaca azul. abajo. sino que saltó para encaramarse a un ventanuco sin vidrios que se alzaba por encima de su cabeza. En alguna época aquélla debió de haber sido una habitación bien cuidada. Cuando el Niño hizo su entrada en el lugar un sordo y confuso rumor insinuó que un tropel de pequeñas criaturas había sido perturbado en su paz y se apresuraban a buscar las guaridas. El piso de lo que alguna vez fuera un salón elegante ya no era tal en el sentido estricto de la palabra. Al cabo de lo que pareció un largo rato alcanzó una ventanita del enorme murallón. El Niño se acercó a la ventana con rapidez. Se encontraba en una especie de rellano y al instante empezó a descender ruidosamente tramos y tramos de escalera hasta desembocar en un salón ruinoso. . por pura curiosidad. y entonces empezó a descender reptando por treinta metros de tosca cuerda gris. trepó al alféizar y salió al aire libre.. así. pero el Niño había reducido todo el proceso a una rutina tan plena de ritmo que observarlo era como contemplar un juguete mecánico en funcionamiento.

Las antorchas fulguraban en la noche poblada de voces y su resplandor se espejaba sobre las frentes sudorosas y centelleaba en las pupilas. hasta que llegó un momento en que durante un cuarto de hora avanzó totalmente a tientas sin ningún signo o marca que le sirviera de guía. pero ahora su actitud había cambiado. y el único ruido que se oía era un lento gotear de agua y el intermitente susurro de la hiedra. el Niño oyó distantes voces infantiles. No había nadie a su alrededor. ¿Qué podía ser? Hacía mucho que el sol se había puesto. No era la clase de lugar que permitiese atravesarlo a la carrera. esta vez más fuertes. Para ese entonces ya se había alejado varias millas del castillo mismo y se internaba en territorio menos familiar. aunque no se alcanzaba a distinguir ni una sola de las palabras: y de pronto comprendió lo que sucedía.Por unos segundos. Un rojizo resplandor que recordaba el crepúsculo. y aprovechando un momento propicio dobló por un atajo donde los árboles crecían arracimados sobre altos montículos de mampostería y se encontró. pues en la decadencia y la quietud hay una cierta grandeza que impone aminorar el paso. o el movimiento en espiral que trazaba una rama por encima de su cabeza) se fueron espaciando cada vez más. y una marejada de terror lo arrolló con sus olas heladas. una saliente o una punta que asomaba al borde del recuerdo. recordó el eterno ritual de su hogar primigenio. recordó el cólera y su determinación de desafiar las sagradas leyes de su familia y su reino. pero ahora. un ejército de niños turbulentos. inadvertido. y pataleó enfurecido. una vez más. como si proviniese de otro mundo. Fue como si los batidores de su memoria lo hubiesen encontrado echado entre los altos pastos. sin saber por qué. Entonces volvió a oír las estridentes voces lejanas. Así el Niño caminó y caminó. pero aquellas formas que a causa de sus particularidades se grababan en su mente (una mancha que sobre la tierra adoptaba la forma de una mano de tres dedos. haciendo girar su antorcha a lo largo del camino interminable. le . para un lado y para el otro. Cuando se detuvo todo era silencio. se fue quedando rezagado. Entonces recordó sus motivos. hasta que los vio a través del portalón y cubrían toda la explanada que se extendía frente al castillo. entre las columnas hormigueantes. Se encaminó hacia la izquierda donde alguna vez había existido una puerta y en el extremo opuesto del corredor vio el cuadradito de luz del tamaño de una uña. Menos familiar pero aún reconocible gracias a la ocasional idiosincrasia de una piedra o un metal: una forma que se proyecta desde un muro. Pues a pesar de todo. permaneció inmóvil y escuchó. reparando que se dirigían a la Montaña de la Antorcha. Era su noche de noches y aprovechaban la libertad para corretear con sus antorchas llameantes: la voces aumentaban de volumen a medida que el Niño avanzaba. Se debatió en la oscuridad. así que no tuvo dificultad en deslizarse. Los niños del castillo andaban sueltos. la razón por la cual se encontraba donde se encontraba: perdido entre las fortificaciones. Y el Niño marchó con ellos hasta que. incendiando las telas de araña o cegando a una lagartija en su bajío de helechos. Pues había una luz en aquel extremo. a solas. Se movía con suma cautela. atrapando fugaces visiones de formas recordadas a medias y a medias olvidadas. eran tan tenues que al principio pensó que se trataba de un escarabajo restregándose las extremidades. Empezó a recorrer el pasillo.

Estaban. un río que serpenteaba cerca de su casa. Pero estaba extenuado. irguiendo. tomando una especie de botador. con manos trémulas. la jauría le infundía menos miedo del que hubiera experimentado por estar a solas.. habitaban castillos olvidados y se echaban todos juntos para formar un único borrón de sombras. a diferencia del hierro y la piedra. como un oscuro manto. tan grandes en número como las hojas de otoño. los carroñeros. Rodeado por el aliento de las bestias subió al barquichuelo y. y pese al asombro que le causaba la extraña situación. surgían los mastines para reunirse en manada.asustaba lo que había hecho y le asustaba la noche. poseedores de una seguridad rayana en la insolencia. ¡Un río! ¿Cuál podría ser? Había. quien. si es que un color puede tener valor moral. Se congregaron en una media luna y. una indefinida. De la nada. Pero los ojos eran lo aterrador. Pero no se vio libre de los perros que. Mastines provenientes de alguna otra parte. por supuesto. bogaban en las aguas espejeantes de luz de luna. y el cansancio se sumó a la alegría de sentir aminorar la soledad hasta que ambas sensaciones estuvieron a punto de hacerlo quedar dormido. tenían vida y al igual que él sentían en sus pechos el latido vital y por ello el Niño elevó una plegaria de agradecimiento mientras hundía el botador en el limo del río. fauces centelleantes. mostrando los colmillos. volvió la cabeza y advirtió la presencia de los perros. Ni el más mínimo roce de aquella horda de colmillos tocó al Niño. un río. Entonces. lenta extensión de agua tétrica con la biliosa luz de la luna cabrilleando sobre su lomo.. Se había detenido bruscamente al verlo. sin embargo. hasta que arribó a un extenso campo abierto donde unos pocos árboles alzaban sus ramas como brazos separados. sin saberlo. finas cabezas grises en la oscuridad. Nunca en su vida el Niño había visto tantos. Pero esto era algo muy diferente.. orejas alertas. sus pasos resonaban sobre la piedra. hacia la orilla del ancho río. el rumor de la huida precipitada y luego nuevamente el silencio. perezoso curso de agua sin árboles en las márgenes. eran sus compañeros. Ellos. Asustado como estaba. pero éste era muy distinto: un ancho. La respiración de sus pulmones era profunda y salvaje. o a la luz de un hogar incandescente cubrían las piedras de los claustros. justo frente a él. y empezó a correr. . donde los perros parecían formar parte de la noche y el día. la sombra. eran de una maldad indeleble. saltando al agua. empezó a cruzar el perezoso río. eso le pareció. el gañir. Pero logró mantener los ojos abiertos y llegó el momento en que alcanzó la orilla opuesta y se deslizó por el costado de la barca hasta entrar en las tibias aguas iluminadas por la luna y los mastines viraron y se alejaron flotando. parecían empujarlo hacia el oriente. aunque no existía una amenaza inmediata. que de tanto en tanto se infiltraban en los pasillos de su casa. altaneros. se sintió impulsado a avanzar milímetro a milímetro hasta estar al borde del gran curso de agua donde una barca de fondo plano esperaba en su amarra. es verdad. sin tocarlo. desató la cuerda. arañando los muros. y mientras seguía su carrera la luna se escabulló por entre el espeso celaje de nubes y vio. pues tenían ese color amarillo claro y ácido que rechaza todos los demás colores y. Los perros. lo rodearon y una flotilla de cabezas caninas. y al inmovilizarse sintió que la oscuridad se cerraba a sus espaldas.

Su vista era más aguda que nunca.. Todo lo que sabía es que sería distinto. y luego se ocultaba y el reverso ocupaba su lugar. donde los muros y los tejados se enlazaban con los árboles y las ramas de los árboles. Cualquiera fuese el aspecto que había tenido la noche anterior. Y no tenía ni el más ligero indicio de qué se trataba. Había vestigios de algo semejante a babas de caracol. pues hasta en aquel siniestro curso de agua encontraba un cierto consuelo porque pertenecía al pasado y el pasado no puede ya infligir mayores daños. pues el amarillo limón había sido el color de los ojos. Le volvió la espalda al río ancho y serpenteante y. podía haberse vuelto a apoderar de él. daba aquella clase de luz que absorbe todos los matices. pero en su caso había sucedido lo inverso. como si le hubiesen arrancado una telilla de los ojos. que anhelara desde lo más profundo del alma recuperar algo que se había esfumado. brillaba sobre las piedras ocasionales o a lo largo de una brizna de hierba o se extendía como un rubor sobre la tierra.. Pero un rubor grisáceo. Las aguas bajo los rayos del sol parecían un aceite verdoso que se agitaba en las garras . pero cuando despertó era pleno día. pues el rubor era ahora aquella cosa oscura y viscosa y toda la tierra a su alrededor relucía como la piel de un leproso. En realidad había una cierta serenidad indisolublemente entretejida con la amenaza. En cuanto a los perros.. dejando la barca en aguas poco profundas. ahora que había vuelto la luz del día. al principio apenas perceptibles. se quedó incómodamente dormido.. que indicaban que se hallaba en terreno maldito. Matices de colores glaucos. Éste era un aire foráneo. De haberlo la luna imitado habría armonizado con la melancólica luz que irradia. Lo que hizo en realidad fue arrastrarse lejos de la baja orilla hasta encontrar una parte de terreno seca y entonces acurrucándose. ninguno lo había lastimado. ora aquí. aparecieron ante sus ojos. entrelazó las manos con fuerza. vio lo cambiado que estaba. pues no sólo le parecía estar lejos de su casa sino que una cualidad desconocida se interponía entre él y el sol. Miró a su alrededor y nada le resultó familiar. algo que no deseaba encontrar. Pero los ojos habían sido lo más perverso de todo. sino que más adelante algo le aguardaba. El sol que caía sobre su rostro era ardiente y reseco. el de ahora no era en absoluto acogedor.. ora allá. y un olor no parecido a ningún otro empezaba a imponerse a su olfato. Relucía con brillo horrendo sobre la tierra oscura. El color de aquellos ojos no existía. No era. pero lo que experimentaba era una sensación nueva. Y el río no le había hecho ningún mal. Algo húmedo y viscoso que se deslizaba de aquí para allá sobre terreno desconocido. aunque su respiración jadeante había sido aterradora.. El Niño apartó la mirada de algo que no comprendía para descansar los ojos en. El sol a pesar de su intensidad. no. de no haber sido por el cansancio. como buscando apoyo. No era del todo desagradable. y al erguirse apoyándose en un brazo supo sin lugar a dudas que todo andaba mal. el río. Ya la noche anterior se había dado cuenta de que estaba perdido.Estaba solo una vez más y el pánico. Le fue difícil calcular cuánto tiempo había dormido. Ése no era el aire de su país. Al avanzar fue descubriendo rastros. Entonces echó a andar con pasos rápidos y nerviosos hacia las suaves colinas que se recortaban contra el horizonte. Cuando el Niño se volvió al curso de agua a sus espaldas.

Era demasiado grande. la larga e hirsuta cabeza se inclinó hacia adelante y roló un poquito de lado a lado. En contraste con el río aceitoso el áspero perfil de la colina boscosa era como crujiente corteza de pan. Las sienes protuberantes y huesudas parecían querer asomarse por aquella pelambre con aspecto de peluca. saltando a un costado. . o inconcebible? Los ojos eran descoloridos y carecían. con aire de reverencia. Una vez más el Niño giró la cabeza y por un trecho corrió como si huyese de una bestia abyecta. sin embargo. Demasiado peludo. un poco como en gesto de rechazo) estaba vestida con un traje de tela basta oscura y de una amplitud grotesca. . en sí mismo. El Niño bajó los ojos por una fracción de segundo. Todo estaba mal y el Niño. La cabeza era larga y enorme. ¿Cómo te llamas? La figura vestida de negro se inclinó hacia atrás sobre sus huellas. ser repelente. Los almidonados puños de la camisa que alguna vez habían sido blancos eran tan largos y grandes que le cubrían las manos por completo. pero ¿qué importaba? La pupila existía. ¿qué era lo que hacía tan diferente a ese caballero? Tenía el pelo rizado y polvoriento. Con una sola mirada el Niño no fue capaz de captar todos esos pormenores. Y. Esa figura tan erguida (hasta el punto que parecía inclinarse hacia atrás. y sin duda no había ninguna necesidad de agrandarla. No llevaba sombrero. con el corazón latiéndole enloquecido.¿Qué deseas? . pero no había nada de monstruoso en ello. Los ojos horrendamente descoloridos y vidriosos tenían pupilas tan pequeñas que casi parecían inexistentes. Sin embargo.dijo el Niño -. y sin una sola mirada atrás el Niño se encaminó en esa dirección. Pero ¿cómo podía eso.de una voluptuosa enfermedad. pero por lo menos fue capaz de saber que aquel personaje que lo enfrentaba no podía haber sido jamás hallado en los ámbitos de su reino. En cierto modo parecía un ser de otra sociedad. desnudando los dientes en una sonrisa. de pupilas. Sobre la planicie se veía una espesa capa de polvo. Un conjunto demasiado macizo según los cánones del decoro. enfrentó al recién llegado. Entonces. miró fijo al Niño.¿Quién eres? . Habían transcurrido muchas horas desde su última comida y el hambre era ahora casi intolerable. pero ¿por qué? El caballero no había hecho nada malo. Se estremeció un tanto. Eso era un tanto repugnante. observó al recién llegado con desconfianza. Tal vez ese suave polvo blanquecino era lo que ahogaba el ruido de los pasos que se acercaban: porque el Niño no sospechaba que algo se aproximaba a él. Pero la sonrisa seguía abierta como una herida en su rostro. Demasiado largo. ¿Quién eres? El Caballero dejó de menear la cabeza. El rostro no era parecido a ninguno de los que viera hasta ese entonces. casi. pero una masa de ricitos polvorientos le cubrían el cráneo y se deslizaba por la nuca hasta desaparecer en el cuello de la camisa. pues el caballero había levantado un pie y se rascaba el muslo de la pierna opuesta con horrible deliberación. aunque diminuta.repitió el niño -. pues ciertas clases de desmesuras es mejor mantenerlas ocultas de la vista del público. Sólo cuando una ráfaga de aliento fétido le hirió el olfato se sobresaltó y. todo era diferente. .

Y otra de las cosas que necesitas es. ¿Te gustaría acariciarme las barbas? .dijo..Criatura . . un paso indecente.dijo el Niño -. No tiene nada que ver con ningún castillo.¿Adónde? . sí. criatura. no huyas de mí.dijo Cabro -. que caía al suelo sin cesar.Bueno decirme eso a mí es una maldad . Tú eres justo lo que ellos quieren. sin dejar de esparcir arena a su alrededor -. criatura . El Niño c. Sí. y el sonido brotó confuso por entre los dientes relucientes -. . y tenga algo para comer.Adonde pueda descansar .Oh.dijo Cabro -.Habrá un banquete para ti . Ese pie hendido no era algo que un hombre en su sano juicio se molestaría en exhibir a un desconocido. y luego. Si tú me cuentas cosas. criatura. pero entretanto no podía apartar la mirada del apéndice animal de aquella pierna. ¿A mi alcoba? ¿Adónde podré descansar? .Te propongo algo . adonde vas. y al alcanzar su límite máximo empezó a balancear un zapato . a darte la bienvenida. .El pan no es lo bastante bueno para ti .Yo soy Cabro . Pero Cabro no hacía otra cosa que sacudirlo de un lado para el otro. el suelo. Tú eres el primero. pero encuéntrame algo de comer o nunca haré nada por ti. .dijo Cabro -. . allí no . Entonces Cabro empezó a reírse y los grandes y holgados puños blancos aletearon sobre las manos mientras se sacudía los flancos con los brazos. ¡sí.preguntó el Niño -.. Estoy muerto de hambre . exasperado. ¿Qué te parece el trato? Cabro se inclinó hacia adelante y clavó en el Niño sus ojos vacíos de toda expresión. . . He venido a recibirte. Se realizará en el Salón de Hierro. sólo se detenía de tanto en tanto para observar con atención la arena suave. y te aborreceré aún más. ¿Quieres que te lleve en brazos? .. sobre todo teniendo en cuenta que yo soy el más amable de los seres. Allí es precisamente adonde vas.e retrajo maquinalmente.pezuña que al desprenderse el polvo blanquecino reveló una hendidura a lo largo de la vira en gesto casi gazmoño.. Tú necesitas bocadillos como los higos o las galletas .Ahí es.El primer ¿qué? . . te mataré por el hambre que tengo! ¡Tráeme pan! ¡Tráeme pan! .. Tú eres lo que hemos estado esperando durante tanto tiempo.dijo.susurró el Niño -. aprisionada en la hendidura.. como rumiando una reflexión tardía...dijo Cabro. .y pataleó. .¿Al castillo? .dijo Cabro -.gritó el Niño con tanta prontitud y en voz tan alta que la sonrisa de Cabro apareció y desapareció como el parpadeo de una luz. entonces tendrás que caminar. El hombre que se había dado el nombre de Cabro dio entonces un paso lateral en dirección al Niño.preguntó el Niño.No sé qué quieres decir .repitió el Niño -.. Apártate de mí. y te mataré. entonces yo te contaré cosas a ti.El primer visitante. .se inclinó sobre el Niño y la grasienta chaqueta tenía un leve olor a amoníaco -. Espera a conocer a los otros. furtivo.Muy bien .y entonces se sintió sacudido por un espasmo de furia y le gritó al Cabro funebrero y cabezudo -: ¡Hambriento! ¡Hambriento! .agregó Cabro -.dijo -.¡No! . . repitió las palabras -. .No . no. Creo que quiero volver a casa.dijo el Niño -. precisamente.

inmóvil como siempre. Allí estaba el Niño donde lo había dejado. levantando a su alrededor chorros de blanco polvo rocoso. la criatura que hemos esperado tanto tiempo.No terminó la frase porque al Niño se le doblaron las rodillas y se hundió en el polvo en un profundo desmayo. Para que me reciba en su presencia. Las colinas boscosas estaban ya mucho más cercanas. A veces parecía andar a cuatro patas... porque yo solito lo encontré. así antes que nada lo llamaré a través de las tinieblas. tal vez por la suave aprobación de su voz. Pero Cabro miraba en otra dirección y fue Hiena quien.... Y eso es verdad porque él así me lo ha dicho. la criatura hambrienta. pues él es el corazón de toda vida y de todo amor y eso es verdad porque él así nos lo dice. Así que Hiena no debe verme. Y seré recompensado. pero luego cambiaba y corría casi erguido.. Y es muy secreto y Hiena no debe saberlo.. levantándolo con una soltura que indicaba que bajo aquella holgada chaqueta se escondía una gran fuerza. Sus ojos saltones colmados con la visión de Cabro y de algo más. y así el polvillo reseco que le cubría los rizos se arremolinó y flotó a la melancólica luz del sol. y mientras Cabro se rascaba la cabeza. su amo. al regresar a galope tendido de alguna de sus excursiones depredadoras. Entonces volvió sobre sus huellas y escudriñó el horizonte donde los árboles y las colinas se anudaban unos a otras en una larga cadena... Un destello de luz mortecina que reflejaba al mismo tiempo el temor y el desquite relampagueó por un instante en el vacío de los ojos de Cabro. las orejas casi animales erguidas en actitud de alerta. Señor del rostro blanco como la nieve. se lo echó sobre el hombro como si fuese un saco de patatas y se encaminó hacia el horizonte con una extraña marcha lateral.. Hiena no debe saberlo.. Para hacerlo tuvo que depositar al Niño en el suelo y en aquel lugar se podía ver que unas pocas briznas de hierba asomaban por entre el polvo. Y mientras corría y corría por sobre el polvo blanco murmuraba para sus adentros: Antes que nada. que empezó a piafar. el Cordero. levantando nubes de polvo que se mantenían suspendidas en el aire.. y fue para rascarse el cráneo bajo la mata polvorienta de rizos vermiformes.. ¿Qué era esa forma que yacía en el polvo a los pies de Cabro? . ni a mí ni a la criatura. Su resistencia para la carrera parecía no tener límites. Y sin dejar de correr en su extraño estilo de costado.. y se arrodilló junto al Niño sacudiendo la cabeza como un lobo. Y mientras observaba. Mi presente para el Cordero. vio de pronto a su colega y se quedó paralizado. Cuando Cabro había contemplado la figura yacente durante un buen rato se puso de pie y dio unos veinte o treinta pasos laterales. nuestro soberano de la cabeza nívea. el Cordero verdadero.. mirando de tanto en tanto por encima del hombro para asegurarse de que no estaba equivocado. Sólo se detuvo una vez. El Cordero. La largas e hirsutas mandíbulas de Cabro se abrieron como las de un juguete mecánico. balbuceaba sin cesar sus pensamientos tan pronto se formulaban en su pobre cerebro alucinado y confuso. allí donde la frente y la coronilla le picaban como si tuviese la cabeza en llamas. Ni jadeaba ni boqueaba para llenar de aire sus pulmones. y esa visión ejerció sobre Cabro un efecto inmediato.. la criatura que había observado a la distancia hizo una vez más su aparición. Pero no. Luego regresó al trotecito junto al Niño y. descubrió muy lejos algo no mayor que un insecto a la carrera. como una figura metálica.

comenzó a temblar con una vitalidad sanguínea tan terrible que Cabro. era una especie de dandy. Hiena lo vigilaba con atención. pero no sabiendo qué medidas tomar. Y allí era donde se encaminaría. miró a su alrededor como si el tiempo hubiese cambiado o como si el cielo hubiese alterado su color. Al sentir el cambio. al contrario que Cabro. Sus mandíbulas eran muy poderosas y. Cabro reanudó la marcha. más cruel y con un impulso arrebatado y violento. no obstante lo horrible que cualquiera de ellos pudiera ser. Hiena pudo ver el contorno de un rostro humano. no obstante su vista aguda y perspicaz. un rubí rojo como la sangre. Pero sin duda lo que resaltaba en su persona era la melena. Al igual que lo que sucedía con Cabro. sacudiendo los brazos para que los puños le bajaran aún más. Pues. el aire que lo rodeaba resonaba con el crujir de huesos al ser triturados. Pero en Hiena había también una especie de amenaza. menos estúpido. La camisa que vestía tenía mangas muy cortas para que los brazos moteados pudiesen ser contemplados en cualquier momento en toda su fuerza. una brasa colgando de una cadena dorada. al verlo. Era menos pegajoso. al mascar. era difícil señalar el rasgo particular que originaba esa atmósfera. Cabro era un servil y un adulón. Al corazón de la comarca donde envueltas en un silencio profundo se encontraban las Minas. ponía al descubierto una región recóndita oscura y con la dureza de una roca. Una vez bajo la protección de la sombra de los árboles no era fácil rastrear a un adversario o encontrar a un amigo. porque nada se veía ni oía. una amenaza muy diferente de la bestialidad indefinida de Cabro. tanto era así que a menudo se lo veía apoyar en el suelo los largos antebrazos de los remos delanteros. se rasuraba con meticuloso cuidado cada cinco o seis horas con una navaja capaz de cortar un pelo en el aire.. Las piernas enfundadas en pantalones eran muy delgadas y cortas de modo que su espalda se inclinaba mucho hacia adelante. Hiena no lo ignoraba. La inmaculada camisa blanca.Por un momento no pudo distinguir qué era. pero luego. Por lo tanto Hiena aguardó durante un corto lapso y. En cuanto a sus largos antebrazos eran un asunto totalmente distinto. En realidad. menos sucio que Cabro. una fuerza bestial de orden totalmente diverso. muy abierta en la delantera. mientras observaba. pues Cabro se encontraba ahora a sólo unos centenares de metros de la periferia de las colinas boscosas. Pues las cerdas de su quijada eran duras y crecían con rapidez y era preciso tenerlas a raya. porque a Hiena le encantaba el tuétano y siempre tenía en el bolsillo una bolsita llena de huesos. Bamboleándose en esas tinieblas. . a través de una abertura de la camisa entre los omóplatos. y pese a la desenvoltura con que Cabro se había echado el Niño al hombro. ondulante. con la chaqueta negra revoloteando a sus espaldas a modo de capa y el Niño sobre el hombro.. Cubiertos por un manto abigarrado y espeso eran dignos de admiración. cuando Cabro se volvió hacia el Niño. se podían ver los músculos moviéndose entre las orejas y las mandíbulas todo esto se destacaba con toda nitidez porque Hiena. estaba seguro de cuál sería su ruta y su destino final. para recogerlo con sólo un antebrazo y colgárselo del hombro. Pero Hiena. y por ese motivo a Hiena nunca se lo veía de chaqueta. a lo lejos. Lo rodeaba una atmósfera muy abyecta. pero más sanguinario. aunque tomaba buena nota de la dirección que llevaba Cabro. que jamás se atrevería a desafiar las iras del Cordero. que se derramaba.

descolgando su bastón de un árbol cercano giró de pronto sobre sus talones y se hundió en las sombras de los árboles del bosque inanimado que formaban una especie de telón ominoso. Luego se calzó un par de guantes amarillos (sin apartar los ojos de Cabro) y. entre el pelo de su abundante melena y dejando caer las patas delanteras al suelo empezó a galopar a través de la semioscuridad igual que un animal. o claro. Hiena se entretuvo en examinar sus largos. pues cada nuevo estadillo de carcajadas era como la herida de un puñal. marcaba una etapa o un mojón de su carrera. Un palpitar casi audible. Risa que rezuma ignorancia y crueldad. aparentemente inquebrantable entre los caninos. El Niño. es un frenesí: y. Y al correr. brama. un instante después se escuchó el rumor de algo que se movía entre el follaje y ahí. Carece de humor. maldad desnuda. los ojos fijos en Cabro con aquel Niño en los hombros. Hay una clase de risa que enferma el alma. lo acompañaba una suerte de latido. y se detuvo. que mientras corría por sobre los helechos y los pastos. Ruge. hasta que ese triste sonido fue cediendo por etapas su lugar a otro tipo de bestialidad. a la luz del sol. La que profana los santuarios. la visceral. en el confín del bosque. Pues. ocultando de la vista las manos que pudiese tener. Es simple ruido. Porque Hiena tenía una vitalidad tan desbordante en la sangre. colgaba laxo del hombro vestido de negro. porque haces de músculos se movieron a través de sus mejillas rasuradas y las comisuras de la boca se curvaron en lo que tal vez fuese una sonrisa o un sordo gruñido. Y mientras seguía de pie inclinó la cabeza hacia un costado y sacó del bolsillo trasero del pantalón una enorme articulación del tamaño de un picaporte. insertó el bastón. sino porque este espacio despejado. Una vez entre los árboles y las suaves colinas. de tanto en tanto lanzaba una mirada a una brecha que se abría entre los árboles. de cuerpo entero. un matiz verdoso que insinuaba su pobreza. poderosos y velludos antebrazos y lo que vio pareció complacerlo. no porque hubiese visto a Hiena. La risa descontrolada: cuando aúlla y patalea y hace resonar las campanas del pueblo vecino. una vehemencia tan brutal. Por supuesto que no tendría mucho que esperar. al mediodía. a descansar. porque confiaba (y no le faltaba razón) que Cabro se encaminaría hacia las Minas. por un reflejo involuntario. Risa que lleva en sí la semilla de Satán. reía al principio con una risa plañidera. Como nada apareció por allí durante un rato. cada silencio una nueva reprobación. adquiría.Allí seguía inmóvil. no se borraba la sensación de silencio. desmayado aún. tan oscura en las tinieblas. tiene la frialdad del hielo. sin embargo. Su marcha había sido muy veloz y no se sorprendió al descubrir que se había adelantado a Cabro. y empujando ese hueso. y a esa clase pertenecía la risa de Hiena. lo partió como si se tratara de una cáscara de huevo. . Por un momento Cabro permaneció muy quieto. La larga chaqueta. hasta que Hiena llegó a un claro entre los árboles y ya no se oyó ni el menor ruido. para mayor seguridad. Hiena se sentó muy erguido sobre un gran peñasco y empezó a arreglarse la ropa. Los largos y sucios puños se balanceaban de un lado al otro. un silencio más implacable que cualquier dilatada quietud. La luz del sol le caía sobre las protuberancias de la frente. en el profundo silencio de la espesura. estaba Cabro. a pesar de la risa monstruosa y estúpida. Pero paulatinamente la risa fue decreciendo y decreciendo.

derribado en el suelo de un amplio mundo desconocido. ese chasquido de látigo. sin mover un milímetro las manos despiadadas. Su alma se acongojaba al observarlos. Cabro! Alcánzame el bulto. incontrolada sacudió el cuerpo de Hiena con tanta intensidad que parecía querer hacerlo estallar en pedazos. . Cabro restregó el suelo lateralmente y luego exhibió la dentadura en la más presumida de sus sonrisas deslumbrantes. pero no podía hacer otra cosa si quería controlarse y no echar a correr.¡Tonto. Otra criatura: una criatura que surgía indefinida y vaga en la mente del Niño.¿Está muerto? . Hiena.dijo -. solo. el atlético Hiena cayó sobre Cabro y lo sujetó contra el suelo. Pero Cabro estaba mudando de hombro al Niño y Hiena pasaba todavía inadvertido. de arriba a abajo. . y quizá sobre otros más. . querido. Gracias a frases sueltas se había enterado de que había Otro. y manteniendo a Cabro de espaldas (sus manos lo aferraban por los hombros) lo pisoteaba.gritó Hiena -. querido . . maligna.. sino también sobre el impetuoso Hiena. Él no sabía y también lo ignoraba Cabro que el Niño los observaba por entre los párpados entrecerrados. señalando el cuerpo caído como un fardo sobre el suelo del bosque. De un gran salto. y también fue la causa de que dejase caer la preciosa carga. El Niño contemplaba la cruel escena con tranquilidad.. más que tonto! .Eso es lo que haré .¡Deja en paz mis antebrazos. ¡Qué bien se te ve! No me sorprendería nada que ya volvieses a ser el mismo. no habría podido huir del fogoso Hiena. el Niño. Cabro. que no se había movido de su peñasco.¿Llevemos? ¿Es eso lo que dijiste? . Pero no había dejado transcurrir los minutos sin obtener alguna recompensa.. No faltaba más y con toda seguridad. Aun en el caso de estar fuerte y bien.Hiena. Por el magnífico esplendor de tu melena. cuando un estallido similar al disparo de un rifle hizo girar a Cabro con los zapatos hendidos. Y Cabro se ciñó la mugrienta chaqueta al cuerpo como si sintiese frío y con sus pasitos de costado se acercó al lugar donde yacía al parecer inconsciente.dijo Hiena -. Ante aquel estado de cosas. Yo. Capricornio. cuyo cuerpo parecía encerrar la iracundia y energía del mismo Satanás. Pero sabía que no tenía ninguna posibilidad de escapar de aquellos dos. . Si es así te romperé una pata. Era un ruido que reconocía. colérico. . Yo fui quien lo encontró..Hiena. junto con el crujido de los huesos al partirse y el mordisquear. Tiene que estar vivo cuando lo llevemos allá. . Lo llevaré yo solo. no sólo sobre Cabro. si tú me permites decirlo.preguntó Cabro -. algo tan inseparable de la existencia de Hiena como las crines en el dorso de los antebrazos moteados. ese disparo.dijo Cabro -. me estás subestimando. se puso entonces de pie y una fuerza bestial emanó de cada uno de los gestos que hizo.dijo. Entonces la sangre abyecta hirvió en las venas del bruto. Una marejada de vitalidad nerviosa. Benditos sean tus largos antebrazos y tu espléndida melena. con sus piernas que le pesaban como el acero. pues era. pero un ente que poseía alguna especie de potestad. la mera idea de huir era ridícula. ¡Pringue! ¡Palurdo! ¡Y Cabro maldito! ¡Ven aquí antes de que agregue otro chichón a tu roñosa frente! Y trae ese bulto contigo .

pero antes de que estuviera a su lado Hiena voló por los aires y.Sí. Nada ignoro sobre esas cosas. . pero con un entusiasmo tan desbordante que de cada rincón de su anatomía se levantaron nubes de polvo y por un momento fue del todo invisible. lo que yo quiero es la gloria . Ante esa humorada Cabro se limitó a rascarse. Necesita un poco de aceite. no. no! .y su sonrisa relampagueó con dientes como losas sepulcrales.¡Trénzame la melena! . ¡Oh.dijo Cabro -. Fui yo quien lo encontró. Después de todo. no obstante lo musculoso que era. Hiena.dijo Hiena.dijo Hiena -. ay. ya estaba sentado muy erguido junto al Niño.¡Oh. cabeza de alcornoque. No ahora. . Pfu. La gloria del hecho en sí.. .. Al cabo Hiena se apartó de un brinco del Cabro maltrecho y reacomodó los pliegues de la camisa blanca. triturando un hueso nuevo con los dientes y escupiendo una nubecita de polvo blanco. hace años que te haces el matón conmigo.¡Trénzame las seis hileras! . se rindió a Hiena por completo.murmuró Cabro -.dijo Hiena -. y fui yo quien se arrastró hasta él y lo tomó de sorpresa. Repítelo conmigo. Hiena. es una vergüenza. qué bruto eres. Hiena.Y así será. . cuando Cabro llegó.. porque conocía a la bestia hirsuta desde largo tiempo atrás.No.dijo Cabro -. No te comprendo muy bien..Pero.Oh.¿Tu vil esqueleto se da por satisfecho? ¿Eh? Ignominia abyecta. Los rayos del sol bailotearon sobre la hoja. te arrancaré la piel a tiras .Cabro. .Ves mi melena ¿no?. pero antes de alcanzar el bulto aparentemente insensible.. querido. .exclamó Cabro que ahora estaba sentado -.¿Y después qué.dijo Hiena -.No hay nada que puedas hacer . Jamás hubo una boca tan desprovista de alegría. Deberías saberlo. encontró solo sobre el polvo blanquecino.. . querido? . Los ojos en su rostro largo y cenceño brillaban con un fulgor repulsivo.. . querido. ¿no? .¿Y qué es.. y sabía bien a las crueldades que podía recurrir si encontraba cualquier tipo de resistencia. Hiena! ¡Hiena! Tú eres más brutal que yo y siempre hay que hacer tu voluntad. Luego posó la mirada de los ojos melancólicos y casi carentes de pupilas de su compañero y con su inimitable trote lateral se aproximó al Niño. . . .¡Silencio! .Por supuesto que la veo . . Se alejó de Hiena y se encaminó otra al lugar donde yacía el Niño en silencio. No necesitas decírmelo.. Hiena? .Ja . ¡Haz lo que te ordeno! .gimió Cabro -..¡Trénzame la melena! . y sacó un puñal largo y fino. cucaracha. envuelto por una columnita de polvo blanco.. Sé que eres más fuerte que yo. se dio vuelta y chilló: . Todo fue obra mía y ahora debo compartirla con otro. . Así que poco me queda por hacer con respecto a eso.¡Qué! . ya tuve oportunidad de verlo . Eres tan afortunado que hasta te permito acompañarme.Si alguna vez vuelves a llamarme amor. sí.. .. Por qué él te soporta es algo que no alcanzo a comprender.Porque es ciego .dijo Cabro -. No te quepa duda .¿Bruto? ¡Eso no fue nada! Si. . mi amor..dijo Hiena.

En cuanto a mi fuerza. Hasta el suelo mismo se cubría con un manto de quietud. En verdad debéis estar orgulloso del poder de vuestros tendones y el granito de vuestros dientes. Pero un movimiento que sorprendió con el rabillo del ojo interrumpió el discurso de Cabro. tembloroso. En ese preciso instante Hiena dejó de mascar un meduloso nudillo y por unos segundos los tres guardaron una inmovilidad absoluta. oh. o de piedra en piedra. Pero el Niño sintió cómo crecía el silencio de sus meditaciones. Cabro . ¡Mis negras crines! ¿Qué estás esperando? . este frenesí de cabellera.En nombre del Cordero Ciego . ¿Caminaríais un poquito para mí. querido? . los mejores leones vomitan de terror y huyen despavoridos. ¡marica arrastrado! Correr como sólo yo puedo hacerlo. Trénzame la melena.Para atarlo a mí. El sol brillaba con un calor seco y oprimente. Lo llevaré ante el Cordero atado a mi espalda. excepto para ser peinada por los rayos de luna cuando los búhos cazan. o se oscurezcan con el sol del estío. Los miembros en tensión le temblaban.¡Y qué melena! ¡Qué orgullosos y arrogantes son sus pelos! Con qué negra. Eso complacerá al Cordero. El Niño. y había arribado a una o dos conclusiones. Más raudo que el más raudo de mis enemigos. Intuyó que debía continuar. ¡Oh.Yo solito lo encontré en las tierras polvorientas. El Niño volvió la cabeza en dirección a Cabro y aspiró. No había pájaros.Oh.. Ningún insecto trazaba caminillos entre brizna y brizna de pasto.. ¿Fue en este mundo o en el último? Recuerdo la franqueza de vuestra sonrisa y el sereno altruismo de vuestra mirada. una profunda bocanada de aire. y fue él quien rompió el letargo con su voz juvenil. Entonces podré correr. Parecía como si Hiena y Cabro hubiesen echado raíces en sus lugares Nunca habían escuchado una . débil y aterrorizado como estaba. . El corazón le latía con fuerza. y girando la polvorienta cabeza en dirección al Niño. sin embargo había escuchado cada una de las palabras. en aquellos días en que aún veía. No dejéis nunca que os la recompongan u os la alteren en forma alguna. Salve. Soy el corredor más veloz del mundo.¿Para qué. más que tonto! Me revuelves el estómago. Al parecer en ese bosque no había nada con vida. Que las máculas de vuestros magníficos antebrazos no palidezcan jamás con el azote de las lluvias invernales. Ya nos hemos conocido antes. como los negros vientos que soplan desde los páramos. ¡Oh. pero sin hacer el más mínimo ruido. torrencial marejada se derrama a través de la nívea camisa.dijo -.gritó -. Pero. vosotros dos . tal era la intensidad con que lo miraban. ... ¿qué sucedía con vuestro andar? ¿Qué era? Algo había en él que era tan absolutamente personal. espléndida criatura! Y qué mandíbulas para triturar. . Yo puedo correr a la par del viento.. Os recuerdo tan bien. y ahora tú. ¿Quién tiene brazos iguales a los míos? Hasta el propio Cordero los admiró hace mucho tiempo.. A su alrededor las hojas de los árboles se agitaron. Hizo una pausa.enfrentó a Hiena -.. lo vio ponerse de pie. tonto. ¿No caminaríais hasta aquel árbol para luego regresar aquí? ¿Seríais tan amable? ¿Para permitirme recordar? Por un minuto o dos no se oyó ningún ruido. Así que trenza mis crines y átalo con las trenzas. señor Cabro? Haciendo honor a la generosidad de vuestro corazón. sí puedo.

tan majestuoso...rugió Hiena. Era evidente que escapar ahora significaría morir por inanición. .. Todo el inmenso. ¡Ah.Haz lo que se te ordena . los músculos de la garganta tensos por la pasión con que había lanzado sus bramidos. ¿Qué estás esperando? Y le dio un gran empujón a Cabro y él mismo se puso a arrancar las ramas de los árboles cercanos y a entretejerlas..Al árbol que esté más cerca. y se preguntaba cuándo y cómo se podría librar de esas abyectas presencias.. Nunca habían estado tan asombrados. con vuestra originalidad increíble.. en su nombre . sino a Cabro. sin prestar atención a la pregunta del Niño -. El lujuriante hedor de vuestra cabellera. oh. señor Cabro. Ah. Cuando lo logró no podía expresarse y aunque sus mandíbulas se abrían y cerraban con movimientos espasmódicos ninguna palabra brotaba de su desagradable boca. ¿Qué sabes acerca del Cordero? ¡Del Cordero Secreto! El Cordero.Y también. demasiado fuerte. es extraña y fantasmal la forma en que recorréis la faz de la tierra. tendría sin lugar a dudas pan para comer y agua para beber. nuestro Emperador. ¿Cómo camina? No puedo acordarme. Quienquiera que fuese el ser ante el cual estaban decididos a llevarlo.preguntó Cabro.elocuencia semejante. Había dejado caer la especie de silla de montar que había estado haciendo y tenía. Haz lo que te ordena antes de que te parta el cráneo . Los latidos de vuestro corazón me demolerían. El que hayáis pensado en vuestra melena para que me sirviese de cuna demuestra vuestra gran inventiva. al parecer..gritó -. Al fin todo terminó. donde. Hacedme.. en un torrente brutal. Inclinado y de costado con la carga zafándose de sus ligaduras. . rascándose. Al cabo. porque entonces se transformó en un estallido de agudas carcajadas. . La cabeza de Hiena se volvió.¡Ramas! ¡Ramas! .¿A qué árbol te refieres? . mucha prisa por llegar hasta donde estaba el Niño. .. El Niño se había sentado y permanecía inmóvil. ¿Cómo te atreves a mencionar al Cordero. De pronto el aire se impregnó de una profunda tristeza al oírse muy a lo lejos un aullido. llevadme. tened compasión de mi hambre. de través. aborrecible. musculoso cuerpo se sacudía como si intentase arrojar la vida lejos de sí... Hiena echó la cabeza hacia atrás. El haz de debilidades sobre cuya forma yacente habían estado discutiendo se erguía ahora entre ambos. Basura insolente.gritó -.. La actividad de vuestros músculos sería demasiado para mí. No tengo fuerzas para nada de eso. y como tales os saludo en nombre del Cordero Ciego. pingajo y sucio alcornoque. . Hiena regresaba de su tarea junto a los árboles.dijo el Niño -..El Cordero Ciego .. pero sólo por un momento. una silla de ramas y llevadme ambos. ¿dónde me lleváis? .Hiena encaró al Niño -: Es más romo que calcañal de mula. así.repitieron los dos -.. Obsérvalo ahora. señor Cabro. pero yo moriría a causa de la proximidad. el Cordero que es la razón de nuestra existencia? Nosotros somos todo lo que . no al Niño. Sois tan imponente. Sin duda sois un par de seres únicos. Salve el Cordero Ciego. El ruido que hacían las ramas al ser desprendida poblaba el aire quieto de resonancias estentóreas y terribles..¡Tú! . observando a aquellas dos siniestras criaturas trabajando a la sombra de los árboles. así! Inclinado como un barco en un mar. La fiera cabeza se hundió al nivel de los hombros cubiertos por la camisa blanca. . carente de alegría.

cristalino como el tintinear de un carámbano. porque desde algún lugar muy remoto llegaba un sonido.. en los páramos expectantes. pero al decirlo la insulsa sonrisa de su rostro se petrificó en un gesto que gritaba su terror.. No estoy realmente aquí. donde no crecían los árboles y los pájaros no trinan. como atraída hacia un centro aunque al principio se notaba apenas. donde el tiempo se desliza inexorable por la enfermiza claridad del día y el ahogo de la noche. ¿Cómo es que has oído hablar de él. Pero nosotros no morimos. y mientras ningún otro movimiento se veía en el vasto anfiteatro. Ya no quiere reconocerme como suyo. Pero me he alejado.la quietud del aliento contenido y encerrado en los pulmones -.. empezaba a quebrarse en terrazas brillantes y yermas. Pues él cambió sus naturalezas y murieron.. Y por encima de eso la luz reverberaba con crudeza en el metal y la piedra. Un sonido casi imperceptible. había algo que se agitaba. no podía imaginar por qué un sonido de esa dulzura y diafanidad podía surtir ese efecto sobre las dos envaradas criaturas a su lado. . Dispersas sin orden ni concierto a través de ese campo.¿Qué fue eso? . Tenue. un sonido que parecía brotar de profundidades inimaginables.. que igual que los otros no había dejado de oír la llamada. .Tiene hambre .dijo Cabro. había un desierto gris cuya superficie relumbraba al sol. La cabeza se alzó. Algo solo y vivo.quedó de ellos. y como el nivel de las tierras circundantes se desplomaba. en el aire. esas terrazas eran cada vez más empinadas y anchas hasta que. ¿Por qué estáis tan asustados? Luego de un largo silencio ambos le contestaron al unísono.Ése es el balido de nuestro Amo.. la quietud del alerta y de la ansiedad horrenda. Mucho más allá de toda posibilidad de búsqueda. aquella faja de terreno. alerta. El Niño.Oh. cesaban las grises terrazas y ante la vista se extendía un inmenso campo de piedra desnuda. de los peces del salado mar y de los animales de presa.. de bocas de socavones. algo muy por debajo de la superficie. me he alejado de su mente inconmensurable.preguntó al cabo -. tú que provienes de las comarcas del polvo blanco? ¡Mira! No eres más que un niño. Estoy aquí porque él me obligó. El efecto que ejerció sobre Hiena fue tan instantáneo como el que tuvo sobre Cabro. y el color de los carrillos que siempre rasuraba con tanto cuidado cambió de un púrpura moteado a una palidez cadavérica. se veían lo que tal vez fuesen chimeneas o cañones de chimeneas de viejas fundiciones. Y en pleno corazón de esa comarca o región. vigas y cadenas. Cayendo en suave pendiente desde los cuatro horizontes. Llevadme a algún sitio donde pueda comer y beber y luego dejadme partir otra vez. existía una comarca de quietud absoluta .. Nos hemos convertido en lo que somos gracias a los poderes y a la terrible destreza del Cordero. Sus orejas puntiagudas se irguieron sin vacilar. lejano y cristalino. algo que sonreía muy suavemente . ¿Cómo es que has oído hablar de él? . y esparcidos en todas direcciones. justo cuando el foco de ese desierto parecía estar al alcance de la mano.dijo el Niño -. de todos los insectos y todos los pájaros.. Mientras tanto Cabro había reaparecido. de todas las criaturas del globo.. No por derecho propio. yo no soy más que una ficción de su mente . Y mientras el sol escarnecedor derramaba sus rayos. .

nada en absoluto. .. pues no se les permitía la posesión ni de una mísera vela. Allí. al cambiar las circunstancias. Vellón reluciente. blanco como un sudario fantasmal: oh. más distinguido sería el caballero. el ropaje del Cordero. en celdas oscuras y sucias.. sólo el Señor de las Minas. Él no hacía ningún ruido. el contemplarlo beber su vino.para sus adentros allí. Ni podían. sentarse a la mesa con el Emperador. en raras ocasiones. Estaba sentado sobre una silla. de que cuanto más se dejaran ver los puños. nunca dejaban de advertir. El vivir y dormir. No veían la razón de que. Pero a pesar del fulgor que esparcían las antorchas. blanco como el blanco del ojo de un niño. pues lo enriquecía entonces con un matiz de provocación. blanco como un vellón. los había impulsado una vez a rebelarse. y el recibir de tanto en tanto un hueso para partir o un «corazón» para mascar ¿no los resarcía de todos los castigos que ese mundo subterráneo pudiese infligirles? Toda la fuerza bruta y la bestialidad que afloraban en Hiena siempre que se alejaba de su amo.. Además ¿cómo lograrían sobrevivir los dos si no podían contar con aquella inteligencia? El permitírseles. sin duda. La mueca blanca y feroz que era la interpretación que Cabro daba de una sonrisa se convertía en un gesto casi permanente del rostro largo y polvoriento. los brazos los balanceaba con mayor libertad. Pero no había animales o insectos o pájaros. porque por detrás de todas las cosas se alzaba la siniestra omnipresencia de su deslumbrante señor Blanco. era capaz.. sentado en el trono de una gran cámara abovedada.. con un millón de rizos... Pero su prestancia disfrutaba siempre de una vida muy corta. Y Cabro. seráfico en su pureza y suavidad. por el hecho de ser menos inteligentes que su señor. El pasito lateral se transmutaba en un andar casi agresivo. o el rostro de un muerto. Muy cerca de él había una mesa cubierta con un paño de bordados exquisitos. ninguno de los dos entrar en esa cámara sin sentirse particularmente embargados por la admiración y el estupor. se transmutaban ante su presencia en debilidad y servilismo. Señor de los socavones desiertos y de una comarca hundida en lo más profundo del cuerpo metálico. ni siquiera fronda.. no obstante su falta de sensibilidad. se les negaran las comodidades que les podía ofrecer. El contraste que existía entre la luz cegadora y rutilante del mundo exterior con su resplandor ardiente y metálico y el claroscuro de esa Bóveda subterránea era algo que Hiena y Cabro. en actitud blanda y paciente. Blanco como la espuma cuando la luna llena se refleja sobre el mar. la mayor parte de la Bóveda estaba envuelta en espesas sombras. Y a su alrededor flotaban las tinieblas que danzaban al resplandor de los hachones. como lo hacían ellos. cuya personalidad Hiena avasallaba cuando se encontraban en la superficie. convencido. así que el fluctuar de las llamitas se convertía casi en un murmullo de voces. Pero eso había sucedido largo tiempo atrás y desde hacía muchos años no ignoraban que ellos pertenecían a una raza inferior y que el servir y el obedecer al amo en sí mismo era una recompensa invalorable. Pues era una gran Bóveda de solemnes dimensiones: un lugar que bostezaba de silencio. vellón. para hacer algún ruido. mullida y de un intenso color rojo sangre. alumbrada por una multitud de hachones. aunque el sentido de la belleza era una carencia lamentable de sus naturalezas. La alfombra sobre la cual estaba colocada la mesa era espesa. de convertirse en otra criatura muy distinta.

en el silencio que rodeaba al Cordero. formaban escaleras gigantescas que venían de la nada y llevaban a la nada. la excepción era muy particular y se relacionaba con los ojos. igual a las de los niños. Las pupilas estaban veladas por una membrana de un celeste apagado. nada más que la blanda. excitación y conjeturas alimentadas por los planes de cambiar el mundo! Pero esas épocas habían desaparecido más allá de la línea del horizonte. se transformaba en una vívida mancha.. o generasen luz en lugar de absorberla.. Un vacío. Y en medio del silencio las dos manos se separaron por un breve instante y luego las yemas de los dedos se tocaron en un gesto curiosamente clerical. Sólo quedaban ruinas. pues podían lastimarse. colgaban sobre inmensos pozos de oscuridad. cuya lana sólo se reflejaba a sí misma. un vacío infinito. por lo rollizas y diminutas. Allí estaban cruzada una sobre la otra como demostrándose amor recíproco. Ese leve sonido. los ojos eran como dos cuños de descolorido humo azul.un pequeño mar de rizos. Era un lugar patético. porque hundir la mano en aquel pecho obligaría a descubrir que no había allí sustancia. . que les haría perder algún dulce latido. no obstante su color desvaído. sin estrecharse con demasiada vehemencia. se dispersaban en ecos menores. Ese celeste. haciendo que todo ese reino subterráneo resonara con sonidos casi inaudibles como el aire se puebla de partículas de polvo. hacía marcado contraste con la angelical blancura de las facciones de ese rostro. ni costillas. Como si una gran marejada se hubiese retirado para siempre de las orilla. pero sólo por un segundo o dos antes de que sus palmas se volvieran a unir con el suspiro de un estertor lejanísimo. horrible inconsistencia del vellón interminable. Se curvaban. El pecho del Cordero era como un pequeño mar . abriéndose paso hasta los más remotos rincones de las desiertas galerías. pero de aterciopelada voluptuosidad al tacto.o como las suaves crestas blancas de las frondas bajo la luz lunar: frondas con la blancura de la muerte. Tendíanse en todas direcciones: pantallazos de metales ya olvidados.. Y no se encontraba ni se oía un corazón. ni órganos. yermas a la vista. lo bastante fuerte como para despertar una docena de ecos que. era. y también letales. Ruinas metálicas. con las manos blancas posadas en el regazo. de rizos arracimados . Pero los colores parecían no ejercer ninguna influencia sobre el Cordero. trepando por las gargantas de cañones portentosos y llegando a las grandes vigas y a las escaleras de caracol que se cruzaban y entrelazaban. ni con un roce demasiado leve. Un par de manos maravillosas.. El Cordero se sentaba muy derecho sobre su trono. Si se hubiera apoyado la oreja en ese pecho mortífero. como si los objetos iluminados ardiesen. ¡Tiempo hubo en que aquellas desiertas soledades bullían de esperanzas. Era difícil concebir las edades primigenias que yacían bajo el plumón de esos blancos miembros. tan ínfimo. la inmensidad de la nada. Engarzados en esa exquisita cabeza. se doblaban en grandes arcos. en razón de las velas y lámparas.perdido en esas tinieblas subterráneas. donde alguna vez tintinearan risas y voces. sólo se habría escuchado un gran silencio. se extendían en fila tras fila. sólo los rizos del Cordero. sin embargo. la falta de color del mundo al aire libre se transformaba no sólo en coloración sino en una sensación que era algo más que simple colorido.

prósperos días. Los había seleccionado a su gusto. renunciaran a su libre albedrío y empezaran a desintegrarse no sólo en lo moral sino también en lo visible. se asemejaban comenzaban a acentuarse y asomaban pequeños signos tales como un matiz que nunca habían tenido en la voz. el manchado. No había perdido esa destreza. el rayado. a pesar de que esa época se había prolongado durante varios siglos. era la prueba irrefutable de la vitalidad incansable de su maldad. también existía un hombre. él quería convertirlos en bestias mientras eran todavía hombres. No. o una manera de sacudir la . sentado en su alto trono con un esbozo de sonrisa sobre los labios. Entonces ejercía sobre ellos una presión diabólica que. el seno donde debía haberse alojado su alma estaba atacado por una horrible enfermedad. que se deslizaba por entre los grises matorrales. posturas y rasgos idiosincrásicos. Que el Cordero hubiese podido continuar con su pasatiempo diabólico. Pues su memoria era al mismo tiempo aguda y amplia y él podía recordar no sólo los tiempos en que en ese esbozo de infierno pululaban los suplicantes de toda forma y condición en distintas etapas de mutación y cambios radicales. donde la alfombra roja era como sangre. sin un murciélago. y en hombres cuando aún eran bestias. habían muerto y desaparecido. porque esos experimentos no habían jamás tenido precedentes. los arrastraba a un estado en el cual ansiaban cumplir lo que él quería que hiciesen y ser lo que él quería que fuesen. sino también cada una de las personalidades. pues podía palpar y percibir la estructura de una cabeza para diagnosticar.. Y en lo recóndito de Cabro. a solas en medio de la magnificencia de su cámara abovedada. por así decir. porque gradualmente habían muerto uno a uno. Sólo el Cordero. el animal.. a espaldas o en el interior de la forma humana. el chiflado o el amorfo. habiendo estudiado las distintas idiosincrasias (los delitos blancos habían revoloteado sobre los rostros huesudos de infinidad de trémulas cabezas). poco a poco. el que los cristalinos de sus ojos se hubiesen ensombrecido y velado no tenía nada que ver con esa actitud. el aspecto y la personalidad de las bestias a las que. y la risa aborrecible. nada de esa naturaleza era el motivo de tantas muertes. Pero aquellos día lejanos. una a una. en cierta forma. pues en aquellos pacíficos días el mundo pululaba de criaturas.moribundos. sus incautas víctimas. acercándose más y más con cada pasito lateral a los terribles socavones. Porque degradar era el más refinado de los placeres para el Cordero. el prototipo que se incubaba. y los muros estaban tapizados de libros que subían.. sin una rata. Moldear y transformar de modo tal que por medio del terror y las adulaciones rastreras entrelazadas con astucia. porque si bien su cerebro era límpido como el hielo. un volumen sobre otro hasta que las sombras los devoraban. sin una laucha. Así.. Porque cuando Hiena avanzaba con la espalda arqueada. aun cuando la ceguera había sumido el mundo que lo rodeaba en una noche eterna. sin una araña. Pero el Cordero no era feliz. su melena abundante o sus pelos ralos. sin vacilaciones. y él no tenía más que levantar un poco su dulce voz para que ellas corrieran a arracimarse alrededor del trono. los antebrazos y las rasuradas mejillas. y subían. avanzaba también un hombre cuyas facciones tendieron en un tiempo a asemejarse a la bestia que ahora poseía casi toda su persona. y la camisa blanca. Los había reconocido uno por uno. inmovilizados en miles de actitudes agónicas. cada uno de ellos con su conformación ósea particular cada uno con su textura. con sus gestos.

Por lo tanto. ¿Pero qué era ese olor raro y tenue que se infiltraba en las Minas junto al tufo acre de Hiena y Cabro? Al principio el Cordero no varió de postura. acentuando así la rigidez de su postura. Los más peculiares fueron los que. sino que un temblor visible le recorrió el rostro ciego. del que jamás se supo que hubiese manifestado un sentimiento. el primer latido de una nueva vida. al darse en ellos una curiosa amalgama entre la bestia y el hombre. El enigmático Cordero. ese blanco señor que ocupaba su trono con gesto arrogante y las manos plegadas. Algunas veces el Cordero se sentaba y clavaba los ojos en ellos. Mucho tiempo había transcurrido desde la última muerte: un Hombre . el cuerpo se paralizó. si bien la cabeza blanca se echó hacia atrás. se había acurrucado. pero luego. tan lúcido de inteligencia. el Cordero sentado a un lado de una mesita de marfil y la Araña al otro. un espectáculo semejante al que un enano brinda a su rey. se enfrentaban en largos encuentros intelectuales que tenían cierta similitud con partidas de ajedrez. Tan refinados eran su vista y olfato que. le proporcionaban a su amo una continua bufonada. Alrededor del Cordero. en criaturas de proporciones totalmente grotescas. murieron primero. fue incapaz de conservarles la vida. y había momentos en que. olía y olía a sus visitantes con absoluta nitidez. pero algunas de sus bestias se habían convertido. nadie podría decirlo. todo en un abrir y cerrar de ojos. como una úlcera. Pero el Cordero. o de agacharla como hacen las gallinas cuando se abalanzan sobre el alimento. su doble y equivalente no resultaba para él únicamente una diversión sino también odio. Las orejas blanco . . su verdadera naturaleza. aunque las dos criaturas y el Niño estaban aún a largas millas de distancia. entre las máscaras del mundo. Pero aquella criatura había muerto. Al parecer nada era capaz de exterminar a esos dos. Los ojos miraron con fijeza la oscuridad que se cerraba ante ellos. arrastrar a un alma humana al abismo para que allí encontrase.. el Cordero alimentase un fuego no sólo salvaje sino también punzante. uno tras otro. algo muy singular andaba en libertad. pero la verdad es que tan pronto como veía a un ser humano. bajo su terrible égida.cabeza que recordaba a un ciervo. No sólo eso sino que. se había descarnado ante la mirada del Cordero y de Cabro y se había convertido en cenizas. le era posible oír todo. y los sensibles ollares se agitaron con la velocidad de las alas de una abeja cuando revolotea en torno de una flor. su piel cambiaba de color. en los rincones más sombríos o donde la luz de las candelas se solazaba en trepar por las empinadas cordilleras de libros. y todo lo que restaba de su antigua corte eran Hiena y Cabro. Y la vida seguía incólume para ellos. un odio profundo y ardiente hacia todos los seres humanos. A qué se debía que. porque todo el proceso de transmutación era de naturaleza tan misteriosa que hasta al Cordero le fue imposible desvelar cuál era la causa de su muerte o de su supervivencia. Ese hombre había sido.leche se irguieron expectantes. traicionó por un instante. porque la Araña había conservado la capacidad de su cerebro. en algún lugar de su compleja estructura. una especie de compañero en las raras ocasiones en que el Cordero sentía necesidad de compañía.araña había gritado.. para el Cordero. un órgano ágil y sutil. porque no sólo hundió la cabeza entre los hombros. Pero el placer no era de larga duración. clamando ayuda. y aunque no podía ver nada. En la mayoría de los casos no tuvo la menor importancia. tan ingenioso.

susurró Cabro. pero no la tenías. . o te trituraré como si fueses una costilla. ¿Ves lo que te digo? Vuelve la cabeza para mi lado. Esto que estás haciendo me recuerda algo. Sin saber muy bien qué era lo que hacía trompeó a Cabro pero la debilidad y el cansancio hicieron que fuese tan leve que. . encabezados pOr Hiena. con tus ojos hermosos.. Niño. .. no.¿Qué pasa con ellos? . querido ¿no es como yo te lo decía? Tiene los ojos llenos de pedacitos de vidrio roto. Lo bastante atrás en el tiempo . El día se había ido enfriando y el hambre que atormentaba al Niño lo hacía llorar. sobre su compañero. Hiena sacudió. Hiena. Los tres.¿Cómo quieres que lo sepa? .? . No te acuerdas. la melena. ¿no. a pesar de alcanzar a Cabro en el hombro. Habían dejados los bosques inmóviles y alcanzado un cinturón de secados a través de los cuales avanzaban con gran dificultad. si ponerlo en guardia. querido? Hiena lanzó una nube de polvo de hueso por entre sus poderosos dientes. habían ya recorrido una considerable extensión de la comarca. aunque no podía comprender qué había querido decir Cabro con la palabra «arreglárselos». cuando nuestros miembros no eran de bestias. Hiena. El Niño sintió que un indefinido y secreto temor lo invadía. hijo de chápiro verde? ¿Y se puede saber qué? ¿Eh? . ¡Tócalos. ¿te recuerda algo. cornúpeta? .¿Qué es lo que estás haciendo con tus ojos. la criatura no sintió nada y continuó con su charla.Bastante atrás ¿qué? .Lo bastante lejos en el tiempo ¿para qué.dijo Cabro. una vez fuimos. Luego saltó. Hiena. y el polvo se levantó de su cuero como humo que se escapa por la chimenea -. .Ajá.Deténte un momento. sabes.Mira . las dos mejillas nadan en agua.moviendo sus rasuradas quijadas como un muñeco automático.Porque el olor de vida se acercaba y aumentaba minuto a minuto a pesar de que la distancia que se extendía desde las Minas hasta el tambaleante trío era aún de muchas millas. querido? .? . . .Una vez fuimos diferentes. señalando al mismo tiempo con lo que parecía ser el muñón de un manco. .gruñó Hiena . Ves.¿Qué sucede.Aquellas largas estaciones.Mira y ve tú mismo. porque los puños semialmidonados y mugrientos le llegaban más allá de la mano y de los dedos.. . Y tus largos antebrazos..¡Hiena.rugió Hiena. Me recuerda algo.dijo Cabro -. querido.. y mira. aquellos siglos. Tú no tenías melena en la espalda encorvada.¿Puedes recordar lo bastante atrás. ¿Qué es. no siempre fueron moteados. molesto.. querido! . Fuimos.. amor..Fuimos ¿qué? Habla.. Es muy hermosa..Lo bastante atrás en el tiempo.Bueno. aquellas décadas. Cómo le gustará al Blanco Señor arreglárselos. Cabro maldito. mi amor . mi dulce Hiena. . irritado. antes de cambiar. rascándose. . así tus superiores podrán gozar de la visión de todas tus facciones.siguió diciendo Cabro -.repitió. Puedo acariciarle los párpados. sagaces . tócalos! Son húmedos y tibios. cabeza de alcornoque? . .

Ah. ¡No! ¡No! Hiena.dijo Cabro . porque Hiena lo había derribado: .No debe morir antes de que el Blanco Señor lo vea.tronó.¿Para qué? . mientras yo me adelanto. Levántalo.Y puedo decirte algo más . ¡mira el Niño! . Una de las ventajas de esa actitud era que el hedor de la vigorosa semibestia se suavizaba un tanto. . cayó de rodillas como un arbolito talado.. a veces el otro. pero esa vez había en su voz una inflexión casi rememorativa. Cuando Cabro lo tocó. Patearlo no servirá de nada.Es acerca del Niño. aunque era dudoso que en su estado de postración el Niño pudiese apreciar ese alivio. con una voz que en cualquier momento podría transformarse en ese terrible grito melancólico que a su vez estallaría en la diabólica carcajada de un loco. amor. . querido.Silencio . Y así partieron de nuevo.Para prepararle algo de comer. El mar de malezas que habían vadeado durante muchas millas cedía ahora su lugar a una especie de manto de roca plateada. tienes una espléndida.dijo Cabro.Tráelo de vuelta .y le arrancaré la piel a tiras. querido. Tal vez esté agonizando. El Niño estaba demasiado agotado para advertir lo que sucedía a su alrededor. Ni siquiera sabía que Hiena lo llevaba con los brazos extendidos como quien lleva una ofrenda al altar de los sacrificios. Puedo recordar cuando mi frente era lisa y tersa. . lo recogió con su brazos moteados como si nada pesase. . gracias. Tú que eres el más noble. Bendita sea mi alma. cuya voluminosa camisa blanca flotaba como una bandera. Y en verdad el Niño se había alejado.¡Dije silencio! . pero durante casi toda la carrera marcharon a la par. volviendo junto a Hiena -. Eres demasiado feroz con tus amigos. . .Me estás lastimando las costillas .. y luego.dijo Cabro -.Yo tampoco .dijo Cabro -. Ten piedad.¿Y a quién le interesa eso? . tú que eres el más fuerte. Levántalo y galopa hasta las Minas.¿Qué pasa con él? . Yo le daré un coscorrón. ¿A quién le importa tu frente de mierda? ... pero sólo unos metros más allá.-. Míralo.¿De qué se trata? .dijo la Hiena . .dijo Cabro. casi sin detenerse. Extrañas pequeñas cosas.Yo puedo recordar bastante .chilló Hiena en un nuevo arranque de intemperancia -. Yo no quiero recordar. Debe tener listo su pan y su agua. ¿no es así? Con el rabo del ojo Hiena lanzó a Cabro una mirada maligna antes de acercarse al Niño caído. . Llévalo a las Minas. Cabro tramando adelantarse. A veces parecía ser uno el que se rendía.Es para nuestro Blanco Señor . sabes. querido.exclamó Hiena. Hiena y Cabro trotaban sobre él como si formasen parte de alguna leyenda . Pero puedo recordar pequeñas cosas. . Corrieron milla tras milla. pero no había tenido en cuenta el largo y poderoso galope que era capaz de adoptar su musculoso compañero.. Hiena.volvió a gritar -. Con un pie plantado sobre el pecho de Cabro.Silencio . Antes de que cambiáramos. Hiena.

. Así.Entonces. mis doloridos.. o... mientras el sol se hundía en el horizonte velado por una luz descolorida. nos.... Oh. .. haré.. Hiena al que rescataste del vacío de aquí arriba. su.... y otros mediohombres. Maestros consumados en la utilización del alfabeto de los sordomudos y también en la lectura de los labios..Y. un sonido semejante al de una tela de araña al caer o al paso de una laucha sobre el musgo.. con las largas sombras rebotando a su lado. y.. el... noche.. basura.... el... . Y sin asomo de duda.. Por.. supuesto.Es Hiena. adelante.... Al ver las chimeneas. Era algo que los dos sabían por amargas experiencias porque en días muy lejanos ellos. Se alejaron uno del otro. habían cometido el error de susurrar unos con otros.. cornúpeta.... advirtieron la primera señal de que el terreno entraba en pendiente y que habían llegado a las amplias terrazas de las Minas........ iré. nuestro. .. Así. casi corpóreas... Hiena querido. lomos.... a. Hiena. llevando al Niño en sus brazos extendidos.Blanco Señor de la Noche ¡salve! Las seis palabras rodaron. sería estentóreo a los oídos de su Amo.. insistes..... Por qué se detuvieron no era difícil de adivinar........ deslizándose hasta la enhiesta majestad del Cordero.. mí.. Salve. nosotros. Yo. supuesto.... y. Niño... revuelto.. con las aristas parpadeando a la temprana luz de la luna.Por........ por la garganta del tubo yermo... lecho. . estamos. que.... papilla. tarea.. pero al dar el diálogo por terminado cerraron la boca y en su santuario el Blanco Cordero oyó el ruido final. Hiena y Cabro hicieron un alto. llegaron por fin al Cordero. su... Pues desde ese momento en adelante cada ruido... mis pobres. Amo. de pronto. te. mi Señor. será. hasta llegar al pie de un tubo colosal más parecido a un abismo que a obra alguna del hombre.. Niño. Niño. mirándose fijamente a la cara.. Y entonces. solo. prepararé. lomos... supuesto. Y allí..Por.. .. al borde de ese enorme pozo de oscuridad. eligieron esta última forma de comunicarse. Yo. y darle.... los labios dejaron de moverse.Ahora. cuando la oscuridad empezaba a invadirlo todo.. Déjame... Hiena avanzó solo. puede... ya. ya.... aquí. ....... sin advertir que el suspiro más leve era absorbido por los grandes tubos y chimeneas y descendía por ellos hasta los recintos principales donde se retorcían y caracoleaban. ...Debemos.. al. semejante. que.. agua.inmemorial... . estómago. Ésa..... Tengo. lavarlo. nada. . ya estaban tan en presencia del Cordero como en la cámara del trono......... allí estaba esa extendida congregación de chimeneas vetustas y abandonadas... cena. con las orejas y las aletas de la nariz aguijoneadas por la percepción. y.Él sabe. con. reverberando en su camino subterráneo... esta. iré... . harás. tu. porque los bamboleantes puños de Cabro le tapaban los dedos. a. informaré... no importaba cuán tenue. alimentarlo.. que llega a vos para amaros y serviros en vuestros designios. formularon sus palabras en medio de un silencio de muerte. insensible y.No..... el.. mis lomos.... se arrodilló y uniendo las horribles manos susurró: ... oler.

Ya puedo olerlo y debo decir que es como si una bocanada de aire fresco hubiese entrado en este lugar.¿Qué es lo que has traído de la abyecta región de la luz? ¿Qué has conseguido para tu Señor? Todavía estoy esperando. Por el momento. Asomó tanto la cabeza y los hombros por sobre el borde del abismo que cualquiera que ignorase la maravillosa cabeza que Hiena tenía para las alturas y lo ágil que era para moverse en la oscuridad y los lugares escarpados hubiese considerado imprudente. Sólo necesitaban que un pie los hollara para desintegrarse en la muerte insondable de un polvo macilento.¿Un Niño? .Creo haber dicho «¿Dónde está Cabro?». Era como el tintinear de una campanilla.Un Niño. una especie de lejano palpitar. y entonces se volvió a oír. Como la aguja que penetra en los tejidos podridos. o el susurro de la desnuda inocencia. Se produjo un largo silencio.ha hecho lo imposible por obstaculizarse el camino. mi Señor? . intacto.respondió Hiena . no había necesidad de elevarla. de latido remoto. Yo impediré que os moleste.. gorjeo tras gorjeo. donde entre las retorcidas vigas cubiertas de herrumbre rojiza los suelos silenciosos se henchían en mares de hongos purpúreos. o el balido de un cordero. Llegaba. . . ni una ráfaga los había perturbado durante un centenar de años. ¡Espera! ¿Es a él a quien oigo en la Galería del Sur? . . a las mazmorras del oeste. Pero la voz del Cordero era límpida y deleitosa y fresca como una cascada igualmente impasible.. Por lo tanto estoy seguro de que harás lo que te digo.. así ese dulce son penetraba en los rincones más remotos del Reino Subterráneo. ese mentecato estúpido. estoy interesado en saber por dónde anda.. o el canturreo de un infante... prenderé fuego a tu negra melena. con el agudo chasquido de una guadaña: . esa voz del cordero. alimentado y hecho descansar.¿Dónde está Cabro? .Sí. . Ha bajado a preparar pan y agua para el Niño. ¿Te has puesto en camino? No oigo nada. .dijo la dulce voz desde las profundidades -.. . durante el cual Hiena creyó oír algo que jamás había oído. ¿Puedo bajar. y te aguardo a ti. Ven de inmediato con tu agotado amigo y yo lo aquilataré.Cabro . Amo. Ni querréis ver a Cabro. no querréis verlo hasta que lo hayamos lavado.Tenemos un Niño con nosotros. Esta cosa imberbe se ha desmayado. ni un paso.Hay alguien contigo ¿no es verdad? El gorjeo de la vocecita trepaba desde la oscuridad. Cabro está descendiendo por la escalera de hierro. pues si te atreves a desobedecer. . tan muertos como el suelo que alguna vez los procreara. Con seguridad..respondió Hiena. Luego.De las tinieblas abismales llegó una voz. Se dispersaba en todas las direcciones. . El Cordero mostraba los perlados dientes. Amo .Aguardo tu respuesta.Hoy estás extrañamente amable .Sí. No me interesa saber si tú obstaculizaste a él o él a ti.

Fue una caída terrible y vergonzosa: y sin embargo. y mientras miraba a su anfitrión sabía que le estaba arrancando el alma. Al desplomarse con un último rugido..gritó Hiena. el Cuervo y aquel Pez único que cantaba como un jilguero. se habían ido apagando en el silencio y vacío de la muerte... Hiena se había colgado el Niño del hombro. sólo una generación atrás.. la melena de la gran semibestia como un aura. gota a gota.. porque bajo la égida macabra del deslumbrante Cordero el alguna vez rey de las bestias había sido arrastrado a la degradación. y cuando los hachones volvieron a encenderse no había allí más que una capa. . Pero el Hombre había muerto un siglo más tarde. en su ceguera. el Cocodrilo. se inclinó con el Niño al borde del pozo donde una cadena brillaba apenas a la luz de la luna. Para poder tener las manos libres y descender por la cadena de hierro. Pero todos habían muerto en una u otra fase de la transmutación por la falta de . Pues una década o más habría transcurrido desde que el último visitante se había sentado a su mesa. las piernas y los brazos temblorosos a pesar de su fuerza descomunal... sentado y contemplado los ojos velados del Cordero. se había derrumbado en medio de una parodia de poder... inclinando la gran cabeza cuando promediaba la farsa. sus enormes ojos apagándose en la caída. Y habían existido el Hombre . en tanto que las lágrimas brotaban de los ojos ambarinos y rodaban por los surcos de los dorados pómulos. Qué era lo que mantenía vivos a los dos últimos subordinados. flotando a lo lejos en la cerrada oscuridad de las Bóvedas de Occidente.Ya estoy en camino. que se estremecía de terror. esa horrenda gentileza. algo que tal vez estuviese relacionado con la tosquedad del alma y el espíritu.mantis. porque había descubierto una inflexión desconocida en la voz del Cordero. Lo llevaré ahora mismo ante vuestra presencia para que os pertenezca por siempre jamás. Amo. Y Hiena. porque la voz del Cordero parecía un cuchillo en vaina de terciopelo -. el corazón del gran gato dorado. Y también había existido el Hombre... en camino. a la altura perfecta de un brinco.. así que supo. Aún hablaba con su habitual gentileza. ¡En verdad. Aquel visitante había muerto como todos los demás. un escudo y una daga rutilante de estrellas y. El León. el cerebro huyó demasiado aprisa del cuerpo o el cuerpo brincó como una rana en busca del cerebro. había arrastrado la noche consigo. al igual que la maquinaria de las Minas. y no hay nada más vil que el desangrar.cerdo y los Perros. delicado y ágil sobre cuyo rostro el Cordero había deslizado los dedos. y la sensación era de oculta vehemencia. el Hombre . Habían sobrevivido a un centenar de bestias vigorosas cuyas metamorfosis los habían destruido desde adentro. Pero a Hiena esos gemidos no lo enternecían. pues él sólo sentía el cambio. La criatura gemía dolorida. Qué era con exactitud lo que daba a Hiena la impresión de que aquella voz había cambiado no lo podía decir. así se separaron y.. había razones para sentirse excitado! Otra criatura de menor calibre que el Cordero hubiese sido incapaz de controlar la horrible emoción de aquel frenesí. piadosa. el Cordero lo ignoraba. pero ahora había algo distinto en ella. por el tacto y un temblor del aire que no era más que gacela. Algo en sus naturalezas o en sus órganos les otorgaba a Cabro y a Hiena cierta inmunidad física. así pareció como si fuese un telón.

las manos plegadas. mientras él. los labios apenas coloreados por el más delicado de los malvas. década tras década. el Cordero. Todavía era el Señor de las Minas. Todo menos el beso mortal. Encontrar otro ser humano. criaturas de todos los tamaños. porque cuando el Cordero. blanqueados hasta rivalizar con los rizos del ropaje. pues había renunciado a la esperanza de obtener nuevas víctimas. formas e intelectos. incienso ardiendo en pebeteros de jade y sus marquesinas carmesí ondulando con las distintas brisas que subían por los respiraderos. épocas en que ese santuario se había poblado con sus hierofantes que. por así decir. a pesar de que hacía mucho tiempo que no usaba su corona. en ese mundo subterráneo de silencio y muerte. por faltarles aquello que por alguna razón desconocida poseían Hiena y Cabro.. gracias al tortuoso infierno que era el corazón de aquella joya. la corona de huesos delicados. en raras ocasiones. . Búsqueda: ¡búsqueda estéril! Ésa era la carga agobiante de sus vidas. Esa oscilación magnética. Épocas hubo en que su Bóveda secreta con sus ricas alfombras. Año tras año. para relatarle al Cordero la historia de su búsqueda cotidiana. el teclado al alcance de las manos. sólo le quedase por compañía un par de semiidiotas: la Hiena cobarde y prepotente y el Cabro adulador.algún componente. Esa corona estaba hecha con los finos huesos de un armiño y en verdad parecía que algo del temperamento voluble y terrible del animalito seguía agazapado en la médula de la afiligranada estructura. atónitos ante la magnificencia del lugar. aunque sí de ver. Todo menos la yugular. Y los únicos que le quedaban eran Hiena y Cabro. alguna carencia que les impedía sobrevivir. si bien su voz se mantenía tersa y calma como aceite derramado sobre el agua. los ojos cubiertos por la opaca membrana azul. cuando Hiena y Cabro se presentaban al caer el día. Para el Cordero era un veneno inagotable de mortificaciones que de todas las criaturas que habían pasado por sus manos diminutas. el creador. nada se oía excepto las voces de tanto en tanto. terrible en su intensidad. hombros de cuero rústico. descubrió su potestad de paralizar a una víctima hasta que la sangre de la criatura clamaba por ser aniquilada a manos del torturador. porque el Cordero ardía por reverdecer sus dones una vez más. ni siquiera el polvo. y en su cabeza. Hiena también. nada se había movido. si bien no había hecho ningún gesto. de un nuevo reino. entrelazados con sumo arte. el pecho engalanado con la sin par suavidad de su vellón. Porque al Blanco Cordero no le interesaban los cadáveres (aunque colmaban las tinieblas con sus huesos). hombros de escamas y plumas) para adorar a su Señor. Y sin embargo todavía convocaba a cortes. esa espalda rígida. Pues era como un pianista maniatado. presidía la corte desde el trono de alto espaldar. Y en verdad Cabro había tenido oportunidad de verlo en el Cordero. sólo le interesaban los juguetes. candelabros dorados. de una nueva especie. una mesa cargada de manjares. el corazón latiéndole contra su voluntad. níveas. nada se había agitado. se asomaban por sobre los hombros cercanos (hombros de pieles. entonces él era como la encarnación del oscilante armiño con su porte erguido y su beso mortal en la yugular. Pero todos aquellos suplicios habían terminado y al Cordero. hombros de crines. Ése era su único propósito. O un gourmet hambriento sin la posibilidad de alcanzar.. lo consumía una emoción perturbadora.

. ecos sin parangón.. un Niño. en el cercano cañón de chimenea por donde descendía. tan rapaz como el Cordero en aquel momento. La cabeza no se inclinaba a un lado. Porque el mundo había desertado de las Minas. una especie de servil arrastrar de pies.. a solas salvo por el ensordecedor ruido que hacían sus esbirros. ecos al acecho como oídos entre las sombras. el Cordero supo que había un Niño en el ventilador. La serie de olores se había reducido y ya no era motivo de conjeturas qué era lo que pronto palparían las suaves. sin embargo.. como si fuese arcilla. avanzaba arrastrando los pies. Ecos que aullaban como demonios. nunca hubo una criatura tan alerta. era suficiente para que hasta las vigas mismas de las Minas se retorciesen y despidiesen un polvillo rojo de herrumbre semejante a la arena. alguien a quien quebrar. mientras Cabro. a una buena milla de distancia hacia el este. las orejas no se alzaban expectantes. En tanto transcurrían los minutos. no más. ningún temblor recorría sus facciones. el lento jadeo del amplio pecho de la bestia.. Un Niño de la Otra Comarca.. eslabón por eslabón. el mundo regresaba una vez más a ellas: el globo en un microcosmos. salvo por las dilatadas y trémulas aletas de la nariz. y se originaba. Cabro. acercándose. uno de ellos provenía del gigantesco tubo del norte.. sin mencionar el tufo indescriptible de Hiena. Hiena y el Niño se acercaban cada vez más a la suntuosa Bóveda que se abría bajo sus pies. y otro centenar de olores. blancas manos del Cordero.. y el tiempo las había olvidado: sin embargo. descendiendo. todo su rostro tenía una expresión de alerta. Pues el aroma que llegaba a las aletas de la nariz del Cordero era ahora más específico. con absoluta certeza. había llegado a los amplios y despoblados ámbitos de las Minas. Un Niño en el ventilador. ninguna tensión era visible.. ¿Qué derecho tenía Hiena de llevarse todos los honores? ¿Por qué tenía Hiena que llevarse todos los honores? ¿Por qué tenía que hacer Hiena la presentación de la ofrenda? Había sido él. Un ser humano.. El Cordero. pues estaba amortajado en los efluvios que emanaban de la larga cadena. ecos de consternación... Era una amarga injusticia: la furia más ardiente quemaba en su pecho como una brasa al rojo. Eso. pues se sentía injustamente despojado. para luego reconstruirlo. murmuraba para sus adentros. en el ala occidental. pero inconfundible.. ecos bárbaros. Pero a cada metro del descenso esos distintos olores se iban separando unos de otros y llegó el momento en que. o amasar. Hiena con el Niño colgado del hombro hirsuto. y el olor de la tierra a través de la cual se había horadado el cañón de respiración. furtivo. El gélido horror volvía al santuario: el palpitante horror del deseo. Y al deslizarse... Palparían nada menos que carne enteramente humana Aún no podía determinar detalles tales como la edad del cautivo.. y el crujir de huesecillos al ser triturados. quien había encontrado al humano.El Cordero podía oír dos ruidos. ecos deliberantes. mucho más débil. No obstante los ojos velados y ciegos. y el otro. en su santuario. Tres sonidos lo precedían en su descenso: el roce y el chirrido de los eslabones de hierro. y con ese su horrible andar de costado. el hombro izquierdo adelantándose al resto del cuerpo. tan maligna. Era suficiente para despertar excitados ecos. ocupaba su trono con el cuerpo muy erguido.. ecos de exaltación. donde el Cordero aguardaba inmóvil como una estatua de mármol. El del norte era el más próximo.. por supuesto. Los puños de la camisa .

casi empezó a ver en el Niño un hermano en la desgracia: alguien que a causa de su odio por Hiena (y eso había sido evidente desde el primer momento) se había convertido. A los costados. prepararía . Pero nada podía hacer. Una o dos veces se había separado de los hombros de la semibestia. devoraba las distancias a un ritmo vertiginoso. Era evidente que la necesidad que tenía el Niño de descanso y alimentos prevalecía sobre toda otra consideración. en un aliado. ¿No podían los dos haberse presentado juntos ante su Emperador. y empezó a correr como nunca lo hiciera antes. pues ésa era una ocasión que no se volvería a repetir. En realidad era en prueba de frustración y odio. y desnudaba las lápidas de los dientes en lo que podía ser una sonrisa o una amenaza. subterráneos. inconscientemente. enroscándose en retorcidas escaleras que no llevaban a ninguna parte. Blandiendo lazos gigantescos. las abandonadas ruinas de las estructuras de hierro extendían sus brazos salvajes. un momento de importancia tan dramática para ellos tres que no debería haber planteado ningún tipo de rivalidad. El Niño había recuperado el sentido: su cabeza se había aclarado. automáticamente y por pura venganza. a igual que los indios. era muy injusto. Hasta los formidables músculos de Hiena habían sentido la prueba de aquel descenso. pero ahora ya estaba a sólo unos centímetros del piso subterráneo. llegó a las inmediaciones de ese centro abandonado donde en su Bóveda el Cordero imperaba y aguardaba. era un asunto de la mayor importancia que Cabro llegase lo más rápido posible al suntuoso santuario del Amo. el Cordero? ¿No podían los dos haber llevado al prisionero. pero el hambre era más aguda que nunca y le parecía tener agua en las venas. y un repugnante sudor le bañó la larga cara. y haberlo ofrecido juntos? Oh. Por lo tanto. por encima de su cabeza y a veces bajo sus pies. pues ¿qué ganaría el Cordero con ver a quien había esperado.se zarandeaban. pero la falta de fuerzas lo había obligado a apoyarse de nuevo en ellos. Al cabo el terreno descendió en una suave pendiente y Cabro. pero él conocía su camino desde hacía mucho tiempo y ni siquiera rozaba los fragmentos que cubrían el amplio piso. excepto acercarse a la Bóveda. sin dejar de correr de costado como si todos los diablos le pisaran los talones. aunque la . uno a cada lado. Lo conocía como los indios conocen los senderos secretos de los bosques. una bofetada en el rostro de Hiena . un odio de antigua data. Tanta era su mortificación ante esa actitud arbitraria que. La oscuridad era total. que no estaban lejos de ellas. ignoraba las vastas fortalezas que se alzaban a la vera del camino. donde cada sonido se amplificaba y cada eco rebotaba de muro en muro. y en sus húmedas habitaciones. en ese estado de agotamiento? El Cordero querría contar con una presa alerta y consciente.como un gesto. esperado durante tantos años. en su miserable condición. y. esas reliquias de otras edades desplegaban sus fantasías metálicas mientras Cabro corría. y haber hecho juntos su reverencia. y Cabro planeaba ser él quien le puntualizase esa necesidad.su propio lecho para el Niño y calmaría su hambre y su sed con pan y agua. y Cabro se golpeó los flancos con las manos. las húmedas cerdas a través de las cuales los ojos amarillos brillaban como pálidos cuños.

¡Oh vos por quien vivimos y respiramos y somos! Hijo de las profundas tinieblas: escuchad. y si no hubiese sido que ese ruido resonaría en los oídos del Cordero. Librándose del Niño que se deslizó al suelo. vestida de negro. Durante el último tramo de la fuga solitaria de Cabro por galerías y recovecos se le había ocurrido una idea. Al poner los pies en el suelo. por supuesto. Hiena se alejó de la cimbreante cadena y fijó los ojos en el muro más lejano de la Bóveda. . El musculoso Hiena. . ante el desconcierto de Hiena. De haber mirado por la garganta del vetusto respiradero hubiese visto . . como de alguien que se ahoga. el polvoriento Cabro. así que Cabro continuó diciendo: . y cuando se disponía a dar el primer paso hacia adelante oyó a la izquierda un apresurado rumor de pies y una criatura polvorienta. una cabecita de alfiler del color de la sangre.dijo. Aquí. lo obligué a ponerse de rodillas. cuando Hiena. no una mera mueca para mostrar los dientes. era una verdadera sonrisa.. La sangre se le había subido a la cabeza y los ojos brillaban enrojecidos. advertía a su enemigo con un horrible juramento que se abstuviera de hacer una cosa semejante y. holgazaneando al sol. se alejó de él y enfrentó el muro exterior del santuario y levantó la voz melosa.le indicó por rápidos signos cómo se proponía hacerlo picadillo en la primera oportunidad que tuviese. Hiena. sin embargo. sonreía. encontré a Hiena. por así decir.Lo encontré para vos en las planicies polvorientas. para liberarse de una invisible traílla.porque su vista era tan penetrante como la del águila . una idea nacida del odio que alimentaba hacia Hiena por la forma canallesca con que lo había despojado de la dorada oportunidad de complacer al Cordero. por el despiadado Hiena. para sorpresa de Hiena. Hiena. fueran cuales fuesen sus connotaciones. maligna cabeza. lo amarré y lo traje para vos hasta la entrada de las Minas. se infiltró en el cuadro y sólo se detuvo cuando estaba apenas a un metro de su irritable colega. y por eso tembló de rabia contenida mientras le dirigía a su vapuleado enemigo una mirada asesina.porque el susurro más débil hubiese sonado a los oídos del Cordero como el crujir y crepitar de un incendio en los bosques .. se estiró. el abyecto Hiena.melena sobre la que caía. le arranqué la daga del cinto y la lancé a lo lejos donde se hundió en el polvo como la piedra en el agua. de Cabro. que formulaba las palabras sílaba a sílaba con sus labios purpurinos. Allí lo sometí. era áspera y dura como cizaña. que. El Cordero no se hizo oír. a pesar de todo el aceite que Hiena le ponía. empleando el alfabeto de los sordomudos . Se trataba. sabía. irguiendo su larga. Hiena no tardó mucho en conocer la razón de esa alegría. o muerto. que no auguraba nada bueno. Ese granito carmesí era todo cuanto se podía ver del sol poniente. Pero a Hiena no lo atraía la contemplación de granitos carmesí. sino el hecho de que ahora estaba a pocos centímetros del Cordero. sin duda Cabro habría sido atropellado con brutalidad. ¡Pues yo he sido quien lo ha encontrado! Hubo un repentino ruido desgarrador.que un pellizquito de luz horadaba la oscuridad. aun ignorando el significado de esa sonrisa. Sabía que el imperturbable Señor escuchaba hasta el ritmo de su respiración.Señor Emperador y siempre deslumbrante Cordero . A su vez Cabro.

Un grito tan destemplado y tan imprevisto que Hiena y Cabro se acercaron el uno al otro no obstante el odio que se profesaban. dejaban al descubierto un mundo carmesí cercado de dientes.Aquí lo tenemos.. si estáis de acuerdo El de Hiena está tan sucio de pelos y cerdas de sus brazos moteados. Señor. Y entonces. Además.y así ese escape incontenible había rodado por las tinieblas -. y olvidad vuestras mezquinas pendencias..¡Mentiras! ¡Mentiras! ¡Alcornoque vil! ¡Todo mentiras.. niños. Sobre él se agigantaba la trémula oscuridad febril y musculosa de Hiena. El Niño no podría descansar en un lugar así.. Pero Cabro había ido demasiado lejos y de pronto se encontró con que Hiena lo había derribado al piso.Traedme al joven para que pueda palpar sus sienes. por la aflautada voz que se hacía oír una vez más: el Cordero hablaba. que había recuperado el pleno uso de sus facultades.Calma. ¿Dónde está el joven humano? Cuando Hiena se disponía a decirle al Cordero que el Niño yacía a sus pies.. sino el joven humano. ¿Está inconsciente? Hiena se arrodilló y miró al Niño. y le permitáis comer y descansar. Nunca habían oído.. .Inconsciente. a lo largo de las largas décadas. sintió una nueva congoja. así que puedo percibir cómo su juventud se opone a mí. proferir a su Amo un sonido semejante. un sonido tan arrullador como lluvia de primavera. Pero no se trataba sólo de que el sonido hubiese sido tan destemplado e imprevisto: ese grito tenía algo más.. lo vistáis.leche . pero por fin la criatura se puso de pie y habló a las tinieblas con voz queda. y soy muy joven. se detuvieron. los cuales en el momento en que se iban a cerrar con un estallido similar a un arma de fuego.Entonces. debía por sobre todas las cosas simular que seguía inconsciente o que estaba muerto. El Niño. Hiena no tiene pan para darle. mi marfilino Señor: tan indeciblemente vil. Sugiero que se le den alimentos y agua y luego se le permita descansar. mis preciosos camorreros. La proximidad de Cabro era inquietante. traedlo a mi presencia. No se trataba sólo de una cuestión de .. inesperadamente. Cabro interpuso su respuesta: . pues mis dedos ansían. y supo por intuición que. . No sois vosotros ni vuestros discordantes ruidos lo que me interesa. a pesar del control que el Cordero tenía sobre sí mismo. Todavía no se había repuesto de la sorpresa que las maquinaciones de Cabro le habían producido ni del consiguiente ataque de furia. Soy muy viejo. brotó de la garganta del Cordero un grito tan estridente que si Hiena y Cabro hubiesen estado vigilando al Niño no hubiesen dejado de notar que se estremecía como pinchado por una aguja. Hiena es tan bestial. Luego hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. de modo que percibo cuán cerca está de mi alma. Traedlo ahora ante mí antes de que lo lavéis. Sus mandíbulas. a mitad de camino. y cuando Cabro se inclinó sobre él para inspeccionarlo contuvo el aliento durante veinte largos segundos. Pasó mucho tiempo antes de que muriesen los agudos ecos y regresase el somnoliento silencio.. Yo le prepararé mi lecho. Traedlo ante mí. postrado en el piso de tierra. . abiertas al máximo. Insensible como mi casco hendido. en ese momento. mi Señor! Él ni siquiera.. temblando. y tan blanco del polvo de los huesos que masca. oh Cordero. . De las tinieblas surgió un suave balido. Era como si.. no hubiese podido regular la presión emocional que colmaba su cuerpo blanco .

os haré devoraros uno al otro. pues no llevaba en sí más amor que el que se puede encontrar en la lengua de un vampiro.gritó la voz ronca de Hiena -. . al igual que una cobra. en su aspecto exterior. En ese momento el Niño pasó por el más terrible de los infiernos: el profundo sufrimiento de su cuerpo. Fue sólo un instante. muy lejano. porque el trono desde el cual presidía el Cordero era una silla alta. Ya voy..y recorrido su perfil hasta la barbilla. no estaba dispuesto a ser superado. pero ese lapso insignificante le permitió ver que el santuario del Cordero estaba iluminado por numerosos hachones. se proponía atacar en cualquier momento.¿Por qué me hacéis esperar.Ya voy.. si eso era posible. era. Paso a paso se acercaron al Cordero. Ese sonido les era conocido (a Hiena y a Cabro) y se estremecieron. Había brotado del más profundo abismo de maldad. el Niño.. la única diferencia visible radicaba en que sus manos ya no se plegaban una sobre otra. mi Emperador! . olvidado o desapareció por alguna razón... y traed vuestro tesoro. Hiena y Cabro avanzaron.Lo he encontrado para vos . entreabrió los párpados una milésima fracción de milímetro y espió por entre las pestañas. caballeros? . que si le hubiesen ofrecido la posibilidad de morir la hubiese aceptado. sujetando al Niño por los brazos. . Si uno de los dos o ambos le perdéis en las Minas. Ninguna sensación normal se podía abrir paso por esa náusea todopoderosa del alma que lo arrollaba.. tallada. vamos. una enfermedad tan penetrante. .Entrad. más que nunca. Bajo su melena Hiena se puso blanco como los huesos que roía.. amo . y volvió a cerrarlos.. Las había levantado a la altura de los hombros en un gesto casi de súplica o en el de una madre que muestra a un niño invisible. mucho más alta que las comunes -.pulmones o cuerdas vocales. . sin poder resistir la tentación. una lanza. y cuando se encontraron a unos pocos centímetros del pesado cortinaje que cerraba la entrada oyeron un balido. una jabalina. un presagio siniestro.. Al trasponer el cortinaje. Puedo oler su fatiga. Todo cuanto el Cordero había ocultado durante incontables siglos surgía de las tinieblas a la luz.. Los ojos velados por su pálida opacidad azul parecían ver a través de la membrana. hasta que llegaron al muro que rodeaba el sector más secreto del santuario.se unió la de Cabro como un eco. entonces lleváoslo. no obstante. fue. tan horrible. a pesar de lo agudo que era. en cierta forma.continuó diciendo la voz dulce como la miel y alígera como el trino de un pájaro -. alimentadlo y hacedlo descansar. Pero el Cordero era. porque se sintió embargado por un dolor incorpóreo. el mismo y se erguía. . ¿Deberé ordenaros que os echéis al suelo y sufráis? Vamos.Una vez que haya deslizado mi dedo por su frente . Los índices curvados hacia adentro sugerían. queridos. ¿dónde está? Acercadme el mortal. . una llamada. ¡oh. y Cabro se hinchó de náuseas reprimidas. muy apagado.dijo la suave voz . La cabeza se inclinaba un poco hacia atrás y parecía que. era como un canto de inocentes o una queja de amor en medio de una pradera en primavera.la voz de dulzura sobrenatural flotaba desde lo alto.

se posó por fin. desde la línea del pelo hasta la barbilla. por la ceguera de mis órbitas. aunque sabía que el Cordero era ciego.y cuando se haya recuperado de su desmayo. permanecieron juntos mientras el cortinaje se cerraba y la proximidad de sus cuerpos sudorosos era casi intolerable para el Niño. ni de la cuchillería de oro. cuando haya sido alimentado y esté en posesión de sus fuerzas. Entonces llegó el momento en que el meñique de la mano izquierda del Cordero se adelantó como un gusanito blanco.. porque se encontraba flanqueado por las dos semibestias. y su alma por ser nutrida por el terror. los rizos níveos parecieron agrumados. como si la cabeza y la voz nada tuviesen que ver la una con la otra. Las redomas de venenos. No os olvidéis de nada. su piel por ser remoldeada. los cestos de hierbas frescas. algo joven y de categoría. Juntos acostaron al Niño en el lecho de Cabro (si es que se puede llamar lecho a una yacija inmunda) y lo alimentaron con pan mojado en agua que sacaban de una vieja escudilla de lata. y revoloteando por un instante cerca de la frente de la víctima.Lleváoslo de inmediato . La sanguinaria rivalidad había sido olvidada en aras de la terrible excitación: iban a ser testigos de una transformación. Alzó los brazos a los costados como un oráculo. Ese largo rostro con toda su vibración y sus emanaciones heladas estaba ahora muy próximo al Niño. y el Niño sintió un roce que hizo que el corazón le saltase a la garganta. Cabro y Hiena retrocedieron sin dejar de mirar a su Señor. el cuenco de ortigas.y no obstante contenida y prisionera en los contornos del largo e inescrutable rostro: porque aun en el momento de gritar. en un rubor que lo cubrió de pies a cabeza. Ni de mi corona. las especias. tremenda. Sin perder un segundo. Con el solo roce de su dedo había descubierto que lo que yacía ante él en la oscuridad era precioso. una especie de erupción codiciosa y salvaje se extendió por el vellón. para revelar al Cordero todo cuanto deseaba saber. . La actitud con que lo . su corazón por ser humillado. un mortal sin rastros de bestialidad. No os olvidéis de nada. y cuando el meñique dibujó el perfil dejó tras de él. Las manos aletearon igual que palomas blancas.y sin embargo febril y terrible en su vitalidad . ..Lleváoslo.Pues se acercaba cada vez más al aura gélida que rodeaba el rostro del Cordero. o. un rastro o estela tan fría que la frente del Niño se contrajo de dolor. os juro que os arrancaré el corazón. devolvédmelo. Todos sus huesos claman por ser reestructurados. La impresión en lo más íntimo de la estructura del Cordero debió haber sido. salieron torpemente de la Bóveda iluminada y los pesados cortinajes volvieron a cerrarse sobre la entrada. los sahumerios. Preparad un festín. Como era lo habitual después de una entrevista con su espantoso Señor. un ser orgulloso. porque su excitación no se manifestó en la forma en que se puso de pie y elevó el rostro ciego a las tinieblas de las alturas.murmuró . Y eso bastó. Porque el dedo del Cordero parecía prenderse a la sien como la ventosa de un pulpo. Lleváoslo. yerta y horrenda . Un aura parecida a la muerte. El Cordero estaba aún de pie. las costillas y los omóplatos. así. ese recorrido. en verdad. los cráneos y espinazos. que no se atrevía a levantar la mirada. sino que en el momento de apartar el dedo de la barbilla el Niño. ese rostro había permanecido inmóvil. Pues él es el que vuestro Blanco Señor ha estado aguardando.

elevados por instinto a la altura de la situación. con su sabiduría. las circunvoluciones cerebrales. La dedicación con que lo alimentaban era totalmente pueril. Para ese entonces. Un instante antes de quedarse dormido. La excitación intelectual que el Niño había despertado en el Cordero era de esa magnitud. aunque por lo menos adivinaban que se trataba de algo que estaba más allá de sus limitados y torpes cerebros. a refrenar. fuera del alcance de dos grupos de candelas era casi invisible. al aumentar su intensidad. y a los cestos de hierbas frescas y a todo lo demás que habría de intervenir en el gran festín. de pronto. Y entonces el cuerpo. Casi cinco horas después de que el Niño se hundiera en el sueño. Los lomos de los libros que tapizaban una de las paredes relucían bajo una alegre luz. y por lo tanto se retiraron en la forma más silenciosa posible. unió sus manos. Lo que Hiena y Cabro presenciaban no era más que eso. separándose. y en tanto Hiena. el Niño contempló con detenimiento a sus extraños ayos y un pensamiento cruzó como un relámpago por su mente: en caso de necesidad. los deditos blancos. se rascaba sin cesar la polvorienta cabeza. y empezaron. ¿Dónde estaba el Cordero? Entonces. rodeándose. lo vieron y lo reconocieron con un respingo de sorpresa.observaban levantar la cabeza hasta la cuchara de madera era casi tierna. si la necesidad se presenta. en el lugar donde estaba de pie. Estaba de espaldas a ellos y por un capricho de la luz. sentado a su lado. como en actitud de orar. el Cordero. corre en su auxilio. y se marcharon a las cocinas nocturnas y a la armería. Todo esto era incomprensible para los dos espías de detrás del cortinaje. Luego se dio vuelta en el lecho y cayó en el sueño profundo y sin ensueños mientras Cabro. otras descendía y otras planeaba como una bruma a la altura del pecho del Cordero. que apenas se podía ver. pero no encontró en él ningún indicio aclaratorio. excepto un borrón opalescente de luz que a veces se elevaba. a bruñir la vajilla de oro. los dos centinelas se pusieron de pie y se encaminaron a la Bóveda iluminada por los hachones. los podría embaucar a los dos. Cómo podían saber ellos que el fermento en el cerebro del Cordero había llegado a un punto en que era incapaz de tolerarlo sin ayuda del cuerpo. con un cúbito entre los dientes. dispuesto. porque se movían con tal rapidez una alrededor de la otra. relampagueando entre una constelación de conjeturas. y se envolvió en un manto negro. La suntuosa alfombra roja inundaba el piso: pero la alta silla estaba vacía. . Y. aunque todavía les quedaban muchas horas. Pero un instante después se movió un poco hacia el oeste y le vieron las manos. gracias a su rapidez. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué estaba haciendo? Hiena lanzó una mirada de soslayo a su compañero. corre el peligro de perderse en una maraña de palabras irrevocables. entrelazando y entretejiendo sus diez fantásticos dedos en tal frenesí de movimientos. que había conseguido dominar la velocidad de sus pensamientos. pero no eran tan estúpidos como para dejar de comprender que ése no era el momento de perturbar a su Amo. sin embargo. Qué era lo que éste hacía no lo sabían. mascaba en la oscuridad. mantenían a raya la locura por medio de su agilidad y velocidad. al mismo tiempo no las vieron. Al principio no pudieron ver nada. la corona y los omóplatos. pues llega un momento en que el cerebro. Cuando Hiena no recibió respuesta a su solicitud para entrar apartaron con suavidad el cortinaje y espiaron.

pero el estómago se le contraía de aterrorizada aprensión. querido? . . querido? . El Niño entreabrió los párpados y vio que Hiena se inclinaba sobre él... No se le movía ni un músculo.. Girando la cabeza.Lamento que te disgusten. y al despertar oyó que Hiena se ponía de pie y escupía una nube de blanco polvo de hueso..Ah.¡No! ¡No! ¡No! .El Niño durmió.. como el zumbido de una colmena en un árbol hueco.Él no es uno de los nuestros.Y tu vientre peludo. descansando por fin de sus tareas. .. Hiena miró con el entrecejo fruncido a su compinche y entonces.Sí. . sólo sacudió a Cabro y.¿Qué hará con él el Blanco Cordero. Hiena.Oh. levantó un brazo moteado y lo dejó caer con fuerza sobre la cabeza de Cabro. .¿Pero el Cordero? . Cabro mostró los dientes en una mueca al mismo tiempo zalamera y bestial.. yo me pregunto? ¿Eh. y durmió.Nuestro Señor lo convertirá en bestia.Él no es uno de los nuestros.. . . . Él es. ¿De quién era esa voz? ¿De quién era? No era la de ninguno de ellos y ¡no era la del Cordero! Las dos semibestias saltaron sobre sus pies y miraron a su alrededor hasta que sus miradas cayeron sobre el Niño.. . estúpido! ¡Cuatro! .¡Escucha! . no.¿O en un lobo marino? Tienen una piel tan suave. Hiena. .Ah.Entonces seremos tres.. . . querido. y las horas se deslizaron con paso tardo.Nuestro Señor el Cordero sabrá. .. ... ... y al cabo.Como era la tuya antes de que te salieran esas cerdas. Tenía los ojos muy abiertos.Aborrezco tus fofos labios púrpura.¿Qué? .¿Por qué me golpeaste. y el silencio de las grandes Minas subterráneas se transformó en ruido.Porque tenía ganas. mi amor. que podía haber matado a un hombre.. idiota! ¡En un gallito! . . para evitar la posibilidad de que Hiena repitiese el ataque. el Niño despertó.¿Cómo te atreves a decir que no? ¡Dije que en un gato! .¡En una liebre! ¿Por qué no.¡Cuatro.Oh. Lo convertirá en un fogoso gallito. sin ninguna razón aparente. Ese mazazo. aunque en realidad esa sonrisa se ocultó en la nube de polvo que brotó de su cabeza. ..¿O en un conejo? . cabeza de alcornoque? ¿En qué se transformará? Eh? .¡Silencio.. ¿te puedo decir lo que yo creo. mientras Hiena y Cabro.? . querido. querido. y en la penumbra parecían tan alertas y vigilantes como los ojos de un ave de presa. se sentaban a contemplar al mortal dormido.

. lo que es más importante. Es como el vendaval. Pero se escucha el rugir y el aullar y el ..¿Por qué no me miras a ml? . oh.Bueno. empezó a pronunciar palabras en absoluto silencio. ¿Qué es eso que dijiste acerca de los reyes? . Ah.dijo -. y vuestro largo morro.dijo el Niño -. tenéis músculos. Pero con una tozudez rayana en lo feroz volvió a repetir: «No es uno de los nuestros. ¿Qué me dices de mis ojos amarillos. escupiendo una rótula que rodó en las tinieblas como una moneda. En cuanto a Cabro.A la mierda con tus ojos amarillos . Es difícil para un cerebro funcionar con astucia cuando se tienen las manos bañadas en sudor y el estómago revuelto por el miedo y la náusea. También había algo en su cabeza.. Éste es un día de esperanza y venganza implacable. Os traigo palabras de oro. el índice sellándole los labios. hasta que. Un horror peculiar rezumaba de aquel lugar nefasto.Desde el primer momento en que Cabro lo había abordado el Niño había. hebra a hebra. entonces.¿La voluntad de triunfar en qué? .. . ¡Escuchad! . Observad mis labios con atención...repitió -. los labios y volviéndose al Niño -. fantástico y sacrílego. . una exclamación allá. ¿no son seductores? Mirad vuestra camisa de espuma y vuestra melena negra como la noche.. caballeros: personalidades por derecho propio.. Tenéis cerebro. Porque vosotros sois seres de excepción. tenéis recursos.dijo Hiena moviendo.¿Uno de nosotros? La idea es absurda. En verdad os digo que seréis reyes. Se hizo un largo silencio durante el cual las dos bestias no apartaron la mirada del Niño.La voluntad de triunfar en la lucha por vuestra libertad.Tengo grandes novedades para vosotros . . No me interrumpáis. Vuestra libertad de ser reyes . Mirad. por supuesto.dijo el Niño -. vuestra belleza.. caballeros. El cuerpo poderoso vibraba bajo la amplia camisa blanca. Debéis tener paciencia.preguntó Cabro. y. caballeros. Una luz maligna les brillaba en los ojos. le habían revelado con toda claridad que sería sacrificado. Mirad vuestra espalda. Soy un heraldo de otro mundo. . El Niño se puso de pie. Las frases sueltas. tejido un tapiz abyecto. Mirad vuestros brazos: moteados y largos como remos.protestó Cabro -. . . Mirad vuestras rasuradas mejillas poderosas como la muerte. Allá de donde yo vengo. contáis con un arma invencible.dijo Hiena. se había aproximado a su colega con su pasito de costado y escudriñaba al Niño con ojos color cáscara de limón. tenéis la voluntad de triunfar. no existe ya el miedo. hinchándose antes de estallar.Una cosa por vez . cuando casi los tocaba. Las manos se aferraban una a la otra como en un combate mortal.respondió el Niño -. . Somos demasiado inteligentes para confiar en un cordero balador. en el corazón del Niño había una astilla granítica.. Sin embargo. Una fibra de obstinación.Sí. pero ahora sabía con certeza que no era más que el mero escenario de un crimen sin nombre.? . Un cerebro.» Los labios de Hiena se habían separado para dejar los dientes al desnudo en un rugido silencioso y asombrado. El Niño gateó sobre el lecho para acercarse a la pareja. enfurecido.. una palabra aquí.¿Cuál? . sois hermosos . caballeros.

Estaban. desconcertados Pero al mismo tiempo excitados y boquiabiertos. donde vos. las formas de los tronos de oro. Ellos habían percibido algo en esa nota al parecer inocente . Ellos la conocían.. Yo os puedo dar poder a la luz del sol. y luego. Cuando estuvo muy cerca.¡Qué lugar para vivir! . aterrorizados por el Cordero y sólo el miedo les obligaba a someterse. . El prolongado balido había erizado las cerdas en los brazos y la espalda de Hiena. porque el aire se pobló con la voz del Cordero. mientras dormitáis en vuestros tronos. podáis enterrar vuestra magnífica cabeza en suave polvo blanco.crujir de huesos.dijo el Niño -. Éste es lugar para gusanos. Elijamos un lugar donde reina la libertad. el Cordero presidía como una estatua de mármol blanco. sí. dínoslo. vuestros esclavos os adoran. alguien sobrenaturalmente blanco. y en el momento en que los tres volvían la cabeza hacia el cortinaje lo vieron separarse y alguien trotó por entre los pliegues. Nunca terminó la frase. Pero para Hiena y Cabro esa nota tenía otras connotaciones. no para los hijos del hombre. Os puedo devolver lo que una vez fue vuestro por derecho. detrás del cortinaje.¿Qué es. Yo os puedo ayudar y vosotros me podéis ayudar a mí. hundidas ambas en la misma ciénaga de terror abyecto. Y también hay silencio cuando.. un lugar espléndido. provocó en sus cuerpos la úlcera de la rebelión.. sin duda. . excepto por el velo azul que cegaba sus ojos. Por favor. . el número de esclavos.algo que para el Niño carecía de significado.. El Niño no les había dado ni un momento de respiro. Pero algo sí comprendió el Niño: fue que las dos bestias. En cuanto a lo que vosotros me podéis dar a mí. Una vez más las dos bestias miraron por encima del hombro hacia el recinto donde. quien pudo verse reflejado en el ojo izquierdo de la bestia para comprobar que estaba temblando de miedo. querido? ..dijo el Niño -. señor (se dirigió a Cabro). y donde vos (se dirigió a Hiena) podréis cortar una porra. .Caballeros . aunque les era imposible entender lo que el Niño les decía.. hasta que.. Os puedo dar desiertos y praderas ubérrimas. puso su larga cara rasurada junto a la del Niño. . y aun así sólo porque el Niño les había tendido una trampa para que confesaran su miedo. ¡los interminables huesos! Y yo he venido a buscaros. los esclavos y los parásitos.. ¡Ah! los medulosos huesos que podrán triturar vuestras salvajes mandíbulas. ¿os lo diré? Hiena se adelantó hacia el Niño con algo más horrible que nunca arqueándole la espalda. y un centenar de otras cosas se atrevieron a mencionar al Cordero. donde habrían de vivir.. aparte de admirarlo por su retórica.Hiena formó las palabras con los labios. Pero los hábitos de tantos años no son fáciles de romper y después de que el Niño les dio infinitos detalles sobre el lugar al que se proponía llevarlos. pues ambos habían sido.. y Cabro se había paralizado allí donde estaba. ya no le serían de ninguna utilidad. los había estimulado para que lo siguieran de argumento en argumento. inmediato como un eco. Cabro y Hiena miraron por encima del hombro el cortinaje del santuario del Cordero. y también utilizarla... de tanto en tanto. Pues ellos tenían recuerdos. Éste es el hogar de los adulones. Pero hasta los gusanos y lo murciélagos y las arañas lo evitan. pero tampoco a su amo le servirían de nada.dijo Cabro -. porque él no conocía el dolor que lo acompañaba -. de pregunta en pregunta.¿Qué es lo que te podemos dar? .

dijo la voz. venid. Al ver esos cuerpos humillados retorcerse en el suelo. un arma mortífera y se la sacó de un manotazo. Con esfuerzo sobrehumano. tu espíritu te abandona..Cuando os bese . el ruido hizo que la mirada ciega del Blanco Cordero cayese de lleno sobre él.gritó el Niño . Venid a mí y recibid el beso. los dos se entregaron a la voluntad superior suplicando con los ojos ser aniquilados. siguiendo el camino de la mirada ciega. ya tus fuerzas te abandonan. y con la espada en alto se fue acercando al Cordero milímetro a milímetro. con un tintineo de campanillitas -..dijo el Cordero con la voz más suave del mundo . la muerte es demasiado generosa. Sin pensarlo.¡No! .dijo el Cordero -. No habéis preparado el festín. por lo tanto gritar es inútil. era ahora o nunca. Para el Niño. Mi imperio es hueco y vacío. Lo habéis tocado. el Cordero. Mira.. gritó al ver que no sólo los dedos se crispaban en forma .no moriréis. . el Blanco Cordero no tardó en llegar junto a ellos. Pero no había avanzado más que unos pocos centímetros cuando el Cordero cesó de mover los brazos y volvió la cabeza hacia un costado en actitud de profunda concentración. conteniendo la respiración. en cambio.¡No! ¡No. Y era el latido de uno de los corazones. tu brazo. él era mío desde la primera palabra. . El Niño. traspuso los cortinajes con la cabeza muy erguida y el cuerpo reluciendo como escarcha. Habéis hablado de mí: y en presencia del Niño. las aletas de la nariz dilatadas. no oía nada en el silencio hueco. y de inmediato percibió el olor de Hiena. así podrá comenzar el dolor. un metro de delgado acero. hacia el cual el Cordero dirigía todos sus sentidos. Lo que os daré es dolor. De pronto giró la lanuda cabeza y un momento después. Ya eran como una parodia de vida. escuchaba al mismo tiempo con las orejas alertas. el Niño sintió que el alma y el cuerpo se le contraían en espasmos de asco. La muerte es demasiado amable. se descalzó y se deslizó sin hacer ruido en las tinieblas que lo rodeaban. encerraba a las dos bestias en un círculo de gestos pomposos.. y eso es traición. el del Niño. las dos criaturas parecieron agostarse. para cumplir con su propósito se vio obligado a pasar muy cerca de Hiena y al hacerlo reparó en la hoja que la criatura llevaba al cinto. Porque habéis hablado con el Niño. pero en aquel instante se convirtieron en vestigios de esa parodia. ¿Dónde estaban los abominables esbirros? Cuando él. Porque mientras el Cordero continuaba gesticulando con mayestática afectación. pero el Cordero podía oír el latido de los corazones. Venid a mí.El Niño no llegaría nunca a saber que la furia que había organizado aquel balido era la mesa vacía.Tus gritos de nada te servirán . demonio tintineante! . Por lo tanto os infligiré dolor. A pesar de que el Niño caminaba de puntillas no sólo fuera del campo visual del Cordero sino hasta fuera del rabillo del ojo ciego. el amo siguió con horrible precisión los movimientos del cautivo. ya me estoy apoderando de ti.No creas que hay algo que puedas hacer . Avanzando con la agilidad y gracia de un bailarín. ¿Qué había sucedido con el festín? El festín en el transcurso del cual el Cordero había esperado iniciar la conquista del joven totalmente humano. y él era mío desde el primer roce. el Niño apartó los ojos del vampiro resplandeciente. la muerte es demasiado envidiable. .

el Niño manoteó la espada con su mano sana. al aire libre. pero las piernas no le respondieron. Sin embargo. y treparon por las gargantas de los tubos hasta que. se separaron sin decir una palabra. Por fortuna tenía varias monedas. emergieron dos ancianos. Subió a una barca y la jauría lo impulsó a través del agua. ni él a ellos. y por una pequeñísima fracción de tiempo el severo escudriñar del tirano se interrumpió. los despojos de la blanca bestia lo rodeaban como si en vez de matar a un cordero lo hubiese trasquilado. Ni uno ni otro se dirigieron la palabra: no le hablaron al Niño. las dos mitades cayeron al suelo No hubo sangre. sentía la cabeza libre y clara. pero nada sucedió. En esa fracción de segundo en que la atmósfera se aclaró el Niño sintió que las ligaduras que le atenazaban las piernas se aflojaban y que su paralizado brazo izquierdo vibraba. Uno tenía la espalda encorvada. Ese era el momento: el único momento que tendría el Niño para llevar a cabo su plan antes que las fuerzas del mal resurgiesen. pero sucedió lo mismo que con la cabeza: un vacío total desprovisto de huesos y órganos. el mortífero peso de la opresión se quebró en el aire. como si nada tuviese que ver con él o con su cuerpo Intentó levantar la mano. Encabezaron la marcha por las oscuras galerías.antinatural sino que todo el brazo se balanceaba de atrás para adelante. y cuando esa idea le cruzó la mente como un relámpago se inclinó en silencio total y depositó la espada sobre el piso de piedra. el otro caminaba de costado y arrastraba los pies. Cuando cayeron sobre el piso más allá del Cordero. que se partió en dos. No pasó mucho tiempo antes de que una patrulla de los que habían salido en su búsqueda lo encontrase perdido y cansado en un ruinoso patio y lo llevase de vuelta al hogar. FIN . El Niño anduvo perdido durante largo tiempo. La lana se esparció por doquier en deslumbrantes rizos. En realidad hasta el aire mismo pareció abrirse cuando. ni nada se vio que pudiese considerarse un cerebro. Las monedas cayeron con un inesperado repiquetear justo detrás del Cordero. tomó un puñado y las arrojó al voleo por el aire. supo que sólo una cosa le quedaba por hacer y era romper el sortilegio de la mirada con algún recurso insólito. El Niño acuchilló entonces el cuerpo lanudo. pero marchando como en un sueño llegó por fin a las orillas de un ancho río donde incontables mastines lo aguardaban. De la cerrada oscuridad en que Hiena y Cabro se habían postrado ante su señor. con la mano derecha tanteó el bolsillo buscando una moneda o una llave. excepto que al gritar de terror descubrió en su voz una nota desconocida La mirada ciega que caía sobre él lo agobiaba con un peso inmenso Trató de retroceder. y cuando el barquichuelo encalló en la lejana orilla opuesta el recuerdo de su aventura se había borrado de su mente. La dejó caer sobre el cráneo del Cordero. El Niño cayó de rodillas. y los brazos. bajo los arcos. por lo tanto saltó hacia adelante. espada en mano.

Siempre había tratado de estimular a los pacientes más inteligentes. pero Powers le pedía prestada la llave al supervisor y se introducía en la abandonada piscina. sin embargo. sobre todo el suelo de la vacía piscina. estaba descendiendo las pendientes física y mental simultáneamente: el letargo y la inercia embotaban sus ansiedades. había tardado todo el verano en completarlos. había hecho que se diera cuenta de lo insustancial de aquella conducta. Afortunadamente. Después de que Powers abandonó la Clínica. preguntándose qué debía decirle. y en los extraños surcos que el biólogo había trazado. un . y era obvio que no había pensado en otra cosa. En realidad. Powers le había observado desde la ventana de su oficina situada en el ala de neurología. Por fortuna. De una pulgada de profundidad y veinte pies de longitud. procurando incluso proporcionarles alguna explicación. Powers pensó a menudo en Whitby. Powers empezó a desearlos. Anderson. G. y cómo se llevaba los trozos de cemento en un pequeño cubo de lona. la última vez. para examinar el laberinto de pequeños canales. las mejillas sin afeitar. Pero. tratando de condensar toda la actividad que podía en las horas de lucidez. Anderson le había tomado la presión observando el relajamiento de los músculos faciales de Powers. Al principio tenía un despertador en la mesilla de noche. Después del suicidio de Whitby nadie se había preocupado de los surcos. Dirigió una amistosa sonrisa a Powers a través del escritorio. y un metabolismo cada vez más perezoso exigía la concentración para producir una secuencia lógica de pensamientos. ordenando su biblioteca. dirigiéndose cada mañana al laboratorio de Whitby para examinar los últimos lotes de placas de rayos X racionando cada minuto y cada hora como las últimas gotas de agua de una cantimplora. Inicialmente. trabajando incansablemente a través de las largas tardes del desierto. aparentemente al azar. las apagadas pupilas. sin hacer ningún esfuerzo para despertar más pronto de lo que era esencial. Pero Powers era demasiado difícil de alcanzar: neurocirujano extraordinario. sin querer. continuaba acudiendo a ella una vez a la semana para una revisión que era ya un simple formulismo. Powers estaba demasiado preocupado por completar su trabajo en la Clínica y planear su propia retirada final. Ballard Más tarde. había conseguido aceptar un difícil compromiso que le permitía contemplar su situación con el indiferente fatalismo que hasta entonces había reservado para sus pacientes.LAS VOCES DEL TIEMPO J. viendo cómo señalaba cuidadosamente el trazado con unas estacas y un cordel. casi llenos con el agua que goteaba del purificador. entrecruzándose para formar un complicado ideograma semejante a un símbolo chino. los intervalos cada vez más prolongados de sueño sin pesadillas resultaban casi sedantes. Después de las primeras frenéticas semanas de pánico. un enigma que ahora resultaba de imposible solución.

leyendo de nuevo a Toynbee y a Spengler? Powers se echó a reír. Anderson frunció el ceño. Sentado junto a él. Para recordárselo a sí mismo se quitó el reloj de pulsera.498. las puertas laterales. Podría instalarme allí de un modo permanente.preguntó -.Se interrumpió. dándose cuenta de que aquellas palabras llevaban implícitas una censura del desastroso trabajo de Powers en la Clínica. Se dirigió hacia su automóvil. Ahora exploraría los atajos. Mientras se ponía en pie y se despedía de Anderson. Tres meses podían ser una eternidad. De todos modos. Robert? . en los pasillos del tiempo. me gustaría olvidarme de todo. escapar de su inútil obsesión en lo que respecta al tiempo. mientras sus ojos repasaban los mapas anatómicos colgados en las paredes de la oficina. Tardo media hora en cruzar el lago.Siempre que puedo. En realidad. Estaba a punto de subir al vehículo cuando vio que alguien había dibujado con un dedo en la capa de polvo acumulado en el parabrisas: 96. Paul. . En su fuero íntimo pensó: Lo siento. Aunque no sé si tendré tiempo.¿Cree que es muy importante? Hasta donde se me alcanza..688.365. Robert. supongo. había una muchacha de cabellera negra y lustrosa a la cual había visto a menudo en el . Quiero olvidar a Toynbee y a Spengler. . Hacer correr el reloj más de lo normal: era exactamente lo que había estado haciendo. cabellos rubios y una alta frente cerebrotónica.Todo.hombre que siempre estaba en la periferia. A pesar de lo descuidado de su aspecto hacía una semana que llevaba la misma camisa sin planchar y los mismos zapatos de lona blanca -. ¿Sigue acudiendo al laboratorio de Whitby? . entre sus propias cosas. . el trabajo de Whitby era puramente especulativo. que le observaba detrás de unas gafas oscuras. como un personaje de Conrad más o menos reconciliado con su propia debilidad. reconoció el Packard blanco estacionado junto a su propio automóvil. Powers parecía conservar el dominio de sí mismo. y a veces me despierto tarde. dio unas cuantas vueltas a la corona para cambiar la posición de las saetas. ¿no sería preferible que se quedara donde está.Eso es lo último que deseo hacer. inclinó la cabeza y vio en su interior a un joven de rostro enjuto. . y luego se lo metió en el bolsillo. Powers asintió silenciosamente. ¿Cuánto puede olvidarse en tres meses? . Pero no trate de hacer correr el reloj más de lo normal. decidió repentinamente tirar su despertador.¿En qué pasa usted el tiempo. aunque Powers pareció ignorarlo: estaba examinando el dibujo de las sombras en el techo -. Mientras se dirigía al estacionamiento reflexionó sobre la libertad que aquel simple acto le concedía. ¿Qué puedo decir? ¿Que incluso el sol se está enfriando? Observó a Powers que repiqueteaba con las puntas de los dedos sobre la esmaltada superficie del escritorio. al volante.721 Mirando por encima de su hombro.. protegiendo con la mano sus ojos del deslumbramiento del sol que se reflejaba implacablemente sobre el parabólico tejado del salón de conferencias. que sólo se encontraba a gusto trabajando con materiales poco comunes. repitiéndose a sí mismo aquella última observación. si uno lo desea de veras. a pesar del despertador.

sus ojos se apartaron del rostro de la muchacha y se posaron en el de Kaldren. ¿Continúas siguiéndome los pasos? Kaldren asintió. y Powers recordó que los doctores más jóvenes se referían a ella como a «la muchacha de Marte».¿Qué tal te encuentras? . la mayoría de ellos chiflados con algún mágico remedio antinarcoma. o Anderson? .La mayor parte del tiempo. . en un tono ligeramente burlón -. jaquecas? . que no era utilizada desde hacía varios meses.Se dio cuenta de que la muchacha miraba a Powers con interés -. la muchacha se inclinó a través de Kaldren y dijo: . . para tratar de desplazarle a la cuneta.dijo. Luego.. Kaldren . A propósito. . Los dos se miraron unos instantes con expresión sombría.dijo.inquirió Kaldren secamente -.dijo Kaldren. evidentemente enojado por el hecho de que Powers se hubiera dado cuenta. Y espero que no se dejará deprimir por este bache. pidió la llave y cruzó las pistas de tenis para dirigirse a la piscina.Lo siento.Bueno.. o simplemente curiosos. últimamente no le hemos visto con demasiada frecuencia. . Le he prestado sus artículos del American Journal of Psychiatry. Se volvió hacia su automóvil. ¿Has tenido más. Anderson dijo que usted había dimitido.. ponte en contacto conmigo Entró en el ala de neurología. y hemos observado que su laboratorio está cerrado. impulsados hacia la Clínica por algún extraño instinto.¿Quién me atiende.Hola. tengo que ir a recoger algo .Precisamente acabo de leer la autobiografía de Noguchi. Kaldren consiguió dominarlo con un esfuerzo. el famoso doctor japonés que descubrió la espiroqueta. se detuvo con una sensación de alivio en el fresco vestíbulo y saludó a las dos enfermeras y al guardián armado en la oficina de Recepción. doctor . y luego se dijo que Kaldren probablemente le seguiría.dijo Powers. doctor? ¿Usted.Comprendí que necesitaba un descanso. Kaldren era capaz de cualquier locura. Tenía unos ojos inteligentes aunque algo oblicuos. La muchacha sonrió agradablemente a Powers. disipando por un instante la hostilidad latente entre los dos hombres. doctor. ¿Es ésa la clase de pregunta que tiene que formular? Powers hizo un gesto de desdén. dirigiéndose al joven -. Powers avanzó a lo largo del pasillo que conducía a la oficina del supervisor. Powers se encogió de hombros. el calor hacía refluir la sangre de su cabeza y se sentía cansado y deseoso de alejarse de allí.Quizás no .departamento de psicología.. y añadió con voz más firme -: Si puedes llegar hasta Anderson. . Coma le admira mucho. y un leve tic en la mejilla derecha del joven contrajo sus músculos faciales.preguntó Powers -. Cuando Powers le devolvió la sonrisa. los terminales que dormían en el bloque contiguo atraían hordas de visitantes. como animales emigrando a un preescenario de sus cementerios raciales. Usted me lo recuerda. ¡Hay tanto de usted mismo en todos los pacientes a los que ha tratado! Powers volvió a sonreír. . y se los ha leído de cabo a rabo. . Por algún motivo desconocido. aparte de un gran número de personas completamente normales que habían recorrido millares de kilómetros. . Se aclaró la garganta. o para bloquear la carretera y hacer que Powers tragara polvo hasta llegar al lago. sencillamente. .

aproximadamente.. Preguntándose qué habría inducido a Whitby a grabar el dibujo antes de su muerte.. «. . con cuatro proyecciones laterales romboides. Tal vez debería hablarle de mi propia situación. salió de la piscina y se dirigió a la oficina del supervisor. la vanguardia . un tosco mandala Jungiano. empañaban las terrazas del bloque de neurología de la Clínica. Detrás de él murmuraba silenciosamente el acondicionador de aire. Afortunadamente. y luego retrocedió de nuevo hacia el centro. pero a Powers no le resultó difícil capturarlo.» Apartando el diario a un lado. contempló el ideograma de Whitby. arrancó una pequeña taquilla de madera. y las recias membranas entre los primeros dedos de las patas delanteras. Por algún motivo que ignoro no parece aceptar de buena gana su aislamiento.Una vez más. Contempló los ojillos que parpadeaban ansiosamente. de la oxidada abrazadera que la mantenía sujeta a la pared. Powers miró a su alrededor y luego se dirigió hacia una de las casetas que rodeaban la piscina.No temas. pero los contornos se apreciaban claramente. Cubría casi todo el suelo de la piscina. Allí. enfriando las paredes de color azul claro medio ocultas en la empañada claridad.escribió Powers en su diario -. Utilizó la tapadera para levantarlo hasta la caja. arrastrándose sobre unas cansadas patas. Había ahora más de quinientos en la Clínica. con sus veinte pisos de altura.murmuró -. Entrando en ella. ondulando desde los macizos de cactus. Powers golpeó su macizo caparazón con los nudillos. detrás de las echadas persianas.. observando la cabeza triangular que asomaba por el borde como la de una tortuga. amigo . El animal pesaba tanto como un ladrillo. Sólo Dios sabe lo que puede pasar. pensando que yo tengo en exceso lo que él desea tan desesperadamente. Estaba cubierto de hojas húmedas y de trozos de papel. estaba hociqueando en el lodo. sobre la lejana playa. Cargado con ella descendió la escalerilla de metal que conducía al fondo de la piscina y avanzó prudentemente por el resbaladizo suelo en dirección al animal.Kaldren sigue estando enojado conmigo .. Su caparazón era articulado y recordaba vagamente el de un armadillo. y a primera vista parecía representar un enorme disco solar. No voy a hacerte ningún daño. Éste trató de alejarse. Powers se inclinó hacia adelante a través del escritorio y contempló fijamente el blanco suelo del lecho del lago extendiéndose hacia las colinas a lo largo del horizonte. y está elaborando una serie de ritos privados para reemplazar las horas de sueño perdidas. pero probablemente lo consideraría como el intolerable insulto final. en los silenciosos dormitorios. Tapó la caja. Powers observó algo que se movía a través de los escombros en el centro del disco. Al llegar al borde del disco se detuvo y vaciló. mirándole desde el fondo de la caja. destinada a guardar la ropa de los bañistas. En el exterior el aire era fúlgido y opresivo. represado en millones de parsecs cúbicos de éter. las visiones de pesadilla parecen haber remitido. los terminales dormían su prolongado sueño. Luego llevó la caja a su automóvil. de un pie de longitud. mientras Kaldren acechaba incansablemente el cielo. pudo ver la copa circular del radiotelescopio girando lentamente en el claro aire de la tarde. las oleadas de calor. A tres millas de distancia. al parecer poco deseoso o incapaz de cruzar el angosto surco. Un animal cubierto por un caparazón de concha negro.

H. una pareja de antiguos buscadores de oro estaban renovando el equipo abandonado hacía más de ochenta años. En realidad. Powers se sabía muchos de ellos casi de memoria. se retrepó en su asiento y contempló las estanterías de libros adosadas a la pared. Pensando en Coma. y creyó que lo había destrozado. como la grotesca rana acorazada que había encontrado aquella mañana en la piscina. Había allí ediciones AEC encuadernadas en verde que había sacado de la biblioteca de Whitby. escribió: Despierto a las 6:30 de la mañana. Eniwetok. lo había aplastado con una de las ruedas delanteras de su automóvil en la carretera del lago. en su interior.de un enorme ejército de sonámbulos reuniéndose para su última marcha. impaciente por ponerlo en un vivarium antes de que muriera. Su reloj estaba en su bolsillo. Se había dirigido allí después de desayunar. los había leído un centenar de veces. Toynbee sería mucho más fácil de olvidar. su hora de acostarse para la semana siguiente. cargado con el nuevo ejemplar. pero en el este estaban preparándose ya unos inmensos hospitales del gobierno para recibir a los millares de afectados que no tardarían en descubrirse. y no con él. pronto despertaría a su último amanecer. Recordó su decisión de no utilizar su medidor del tiempo. el caparazón del pequeño animal permaneció rígido. Habían observado el brillante color amarillo de los cactus. Ultima sesión con Anderson. aproximadamente. Sin embargo. ¿A dormir a las 8? (Esa cuenta atrás me aterroriza. Y. desde luego. otra de sus bromas demenciales . El único mutante blindado que hasta entonces había encontrado estuvo a punto de provocar un serio accidente. Alargó la mano hacia el diario pensando en la muchacha que estaba en el automóvil de Kaldren . En las colinas. a consecuencia del golpe. Powers se sintió repentinamente cansado y dirigió una mirada a su muñeca. tratando de captar las conclusiones finales de Whitby.) Hizo una pausa y luego añadió: Adiós. Sus ojos se nublaron momentáneamente mientras la alta pared negra en la parte posterior de su mente proyectaba su gran sombra sobre su cerebro. los monstruos del laboratorio no eran más que espejos fragmentados de la mente de Whitby. preguntándose cuánto faltaba para las ocho. más allá del lago. Echaba ya de menos el ocaso. Vio de nuevo a la muchacha al día siguiente en el laboratorio de Whitby. quedó hecho pulpa. Ha dado a entender que está harto de verme. aunque las concentraciones del suelo no pudieran trabajarse. y en la cálida sonrisa que le había dirigido.y en su alusión a Noguchi. Sólo habían transcurrido cinco años desde que fue localizado el primer síndrome de narcoma. el automóvil se precipitó a la cuneta. la comparación debió ser establecida con Whitby. y desde ahora estaré mejor solo.Coma la había llamado él. Un gran número de plantas y de animales estaban segregando metales pesados como escudos radiológicos. hicieron un análisis y descubrieron que las plantas estaban asimilando oro en cantidades remuneradoras. ¡Por fin Oak Ridge pagaba un dividendo! . Hacía un mes. artículos en los cuales el biólogo describía su trabajo en el Pacífico después de los tests . Powers había recogido el caparazón. a pesar de que el organismo. Más tarde lo pesó en el laboratorio y descubrió que contenía más de seiscientos gramos de plomo.

Un tipejo interesante. de 250 megamperios. pasó una hora empaquetando algunos de los libros de su biblioteca y poniendo etiquetas en los paquetes con la dirección de su hermano. Powers cogió un paquete de cacahuetes del escritorio y se acercó a una de las jaulas. pero en vista de su silencio. el vivarium con sus jaulas y sus tanques. Se lo presentaré dentro de unos instantes. su esbelta figura silueteada contra el cielo.dijo -. y una sucesión de luces de colores iluminó el tablero. Esperó que Powers dijera algo mientras buscaba sus llaves.dijo la muchacha. Llegó al laboratorio de Whitby media hora más tarde.Buen muchacho . Coma agitó una mano en su dirección.¿Qué lleva usted ahí? . y muchas de las plantas y animales que utilizaba para sus experimentos habían muerto antes de que Powers obtuviera el permiso para utilizar el laboratorio. añadió: . diez minutos más tarde que el día anterior. llenos de tanques de repuesto. Cruzaron la tercera sección.dijo Powers cariñosamente. Te estás volviendo demasiado listo para eso.Hola . El suelo estaba cubierto por una maraña de alambres y tubos de goma que dificultaban el paso. Dos de ellas eran almacenes. aparatos. No sé por qué le ha dicho eso Kaldren: sabe que puede venir aquí siempre que guste. Creo que empiezo a tener un aspecto algo descuidado. a una milla de la residencia de verano de Kaldren. al tiempo que sonaba una breve musiquilla.Si quiere. cada uno con su correspondiente rótulo. en la orilla occidental del lago. . de modo que he venido sola. descendió la escalera formada por poliedros de cristal y salió a su encuentro. puedo lavarle la camisa. El animal pulsó una serie de botones y teclas. .Un primo lejano nuestro que he encontrado. . señalando la caja de madera que portaba Powers bajo el brazo. Cuando se acercaba al chalet. y unos grandes bloques de hormigón semejantes a enormes ladrillos. He venido a visitar su colección de animales. Un pequeño chimpancé de pelo negro. profiriendo grititos de alegría. E. paquetes de comida para animales y otros utensilios. Powers sonrió. . Powers se había despertado a las 6:45. Dejando la caja sobre una silla. casi llena por un potente proyector de rayos X. Después de desayunar frugalmente. palmeando la espalda del chimpancé y ofreciéndole los cacahuetes en las palmas de sus manos -. vio a la muchacha de pie sobre la cúspide ribeteada de amarillo de la cúpula. .Aquella mañana. dio unos saltos de alegría y se dirigió rápidamente hacia un tablero de mandos en miniatura situado en la pared del fondo de la jaula. El laboratorio se encontraba en una cúpula geodésica construida al lado de su chalet. tocado con un casco de piloto. Kaldren me dijo que usted no me permitiría entrar si me acompañaba él. . colocado sobre una mesa giratoria.preguntó Coma. La cuarta habitación contenía el parque zoológico de Powers. Unos tabiques corredizos dividían la cúpula en cuatro habitaciones.Abrió la puerta -. El chalet había sido cerrado después del suicidio de Whitby. un gigantesco Maxitron G. ¿verdad? El chimpancé empezó a engullir los cacahuetes.No es mala idea . . con una sonrisa de bienvenida -.

intrigada. Juraría que está tratando de decirle algo. Es casi tan inteligente como un niño de cinco años. . sacó un paquete de pan y le entregó un par de rebanadas al chimpancé.dijo -. como los diafragmas del tímpano en nuestros oídos.. Todos sus predecesores. . ¿por qué? .. como si trataran de localizar algo. y se readaptaran a sí mismos para una existencia noacuática en un mundo estático de violentos contrastes de color. Señaló un cubo de plástico amarillo que estaba junto a la puerta de la perrera y del cual emergía un marchito geranio -. pero su caja vocal las embrolla todas. Abrió un pequeño refrigerador situado junto al escritorio. Mire.continuó Powers.explicó Powers -.Coma se echó a reír y cogió unos cacahuetes de las manos de Powers.. No está mal. Ha cerrado la cavidad convirtiendo el canal en una rudimentaria cuerda dorsal: es la primera planta que ha desarrollado un sistema nervioso. con la ventaja de que se basta a sí mismo en muchos aspectos.Es uno de los más listos que hemos tenido .le explicó Powers a la muchacha -. para protegerse. En realidad posee un vocabulario de unas doscientas palabras. .Es muy simpático . es un animal muy interesante. pero ya son sensibles al color. O lo era. Como si pudieran oír los colores primarios. Cogió el pañuelo de color violeta que Coma llevaba en el bolsillo de su blusa y lo agitó encima del tanque. los zarcillos se anudarán en un ganglio.. ¿verdad? -. . Levantó la tapadera de cristal de uno de los tanques y Coma vio que estaba lleno de agua hasta la mitad. . limpia la jaula. los zarcillos registran los cambios en los niveles de presión. .dijo. Avanzó a lo largo de la hilera de tanques. Los zarcillos se tensaron y luego empezaron a ondular lentamente. Powers asintió.Señaló un endurecido borde de tejido alrededor de la base -. Vamos a echar una ojeada a algunos de los otros inquilinos.Pero. En fin.¿Por qué lleva ese casco espacial? Powers vaciló. Coma sonrió. Cuida esa planta. . llevando a Coma a su lado.Es una anémona de mar . desconectando el tostador -. permítame que la sitúe en el cuadro.No se equivoca. . A veces sufre unas terribles jaquecas. luego se metió en una especie de perrera y se tumbó de espaldas. mordisqueando una de las tostadas.. .Él mismo se ha construido ese refugio .. Normalmente. Un metazoo simple con el cuerpo en forma de saco..Se interrumpió y se apartó de la jaula -. ejem. Coma sacudió la cabeza.¡Oh! Es para. introduciendo a continuación las dos rebanadas en las ranuras. .Empezaremos por el principio . En un montoncito de conchas y guijarros anidaba un pequeño organismo redondo provisto de delicados zarcillos..Un momento. . Powers pulsó un interruptor del tablero situado junto a la jaula y el tostador empezó a crujir suavemente. Éste cogió un tostador eléctrico y lo colocó sobre una mesita plegable en el centro de la jaula. Las dos rebanadas saltaron de sus ranuras y el chimpancé las pescó en el aire. . . Más tarde.Lo curioso es que son completamente insensibles a la luz blanca.

sacó la rana blindada y la dejó sobre una hoja de papel secante. Con la salvedad de que está compuesta por tejido nervioso. . Las escalerillas. el animal empezó a pensar. Su reloj de pulsera tiene saetas luminosas.comentó Powers -. pierde una característica. su sensibilidad óptica ha descendido hasta el punto de que sólo captan las radiaciones gamma. Esos ojos enormes que la miran están ciegos. . Coma se apartó de la jaula. el cual colocó una cafetera sobre un hornillo a gas y empujó una silla hacia Coma.Es algo parecido al rollo perforado de una pianola . en realidad.El diagrama de un gen clave en la operación.Parece agresiva . Encima de la primera había una amplia pantalla blanca de cartón con la microfoto de una especie de cadena y la inscripción: Drosophila: 15 roentgens/min. Una acertada disposición. epitelio y gálibo». Ahora. Las flechas estaban rotuladas bajo el título general de «Glándula linfática» y subdivididas en «músculos del esfínter. . esa mosca es solitaria. el cual hizo colgar en amplias lazadas del techo de la jaula. que el animal puede ampliar al tamaño que la situación exija. Sus enormes cromosomas la convierten en un útil vehículo de experimentación. Powers dio unos golpecitos a una ventanilla Perspex de la jaula.Es espantosa . Regresaron a la oficina de Powers. Cuando usted lo movió a través de la ventanilla. cambia la instrumentación. con las negras y peludas patas tan recias como dedos.¿Reconoce este animal? Es un viejo amigo de su infancia. Lo que pasa es que se ha construido un sólido caparazón. . ¿Qué es esa especie de escalerilla de cuerda que está tejiendo? Mientras la muchacha se llevaba un dedo a la boca la araña volvió a la vida y empezó a vomitar una embrollada madeja de hilo gris. aparentemente muy atareadas -. La IV Guerra Mundial le haría sentirse en su elemento. .dijo Powers -. Powers señaló una especie de flechas que partían de un eslabón de la cadena.preguntó Coma. un insecto nómada que se alimenta de carroñas. señalando un panal gris en forma de Y suspendido del techo.Es la mosca de los frutales. o a la cinta de una computadora. integrada en un grupo social perfectamente definido. Mejor dicho. Los protuberantes ojos parecían gigantescos rubíes. .¡Oh! No es tan terrible como parece. .. Coma estaba atisbando a través de la ventanilla de la jaula contigua y su rostro mostraba una expresión de desagrado. a prueba de incursiones aéreas. Golpeando un eslabón con un haz de rayos X. tocando la pantalla.Avanzaron a lo largo de una serie de jaulas circulares confeccionadas con tela metálica.Una telaraña .¿Qué es esto? .dijo Coma -. mucho mejor que la nuestra.Se inclinó. ha empezado a segregar un líquido dulzón parecido a la miel. Unas cuantas moscas salieron de las entradas y empezaron a revolotear. No me gustaría entrar en su salón ..dijo -. Luego abrió la caja. un cerebro hinchable. Powers vio que estaba contemplando un enorme insecto arácnido. Por encima de su hombro. la rana común. . forman un plexo nervioso externo. por así decirlo. . Normalmente. . tan grande como una mano. como usted dice.

el misterio de dos genes inactivos que se presentan en un pequeño porcentaje de todos los organismos vivos. y en parte en enfocar un haz luminoso de rayos X lo suficientemente delgado como para no dañar al resto del cromosoma. Powers hizo una breve pausa. y que no parece tener ningún papel comprensible en su estructura ni en su desarrollo. con una frecuencia que actuara selectivamente sobre el gene silencioso y no perjudicara al resto de los cromosomas. parecía haber más daño biológico .No hay ningún secreto. .Llevó al animal a un fregadero.La llamada «pareja silenciosa» es uno de los problemas más antiguos de la moderna genética. .terminó por preguntar. regresó al escritorio. . Powers hizo un amplio gesto en el aire con la mano.¿Tienen sus genes silenciosos activados? .A su alrededor puede ver usted algunos de los frutos de esa técnica de la resonancia. . ¿Ha oído usted hablar de la «pareja silenciosa»? Coma sacudió la cabeza. un mayor transporte de energía . Coma apartó un mechón de pelo de su frente y contempló a Powers con una expresión de curiosidad. Son únicamente unos cuantos de los miles de ejemplares que han pasado por aquí. estaría en condiciones de irradiar todo el organismo vivo. abrió el grifo y dejó que el agua fluyera suavemente sobre su concha. Powers encendió un cigarrillo. Coma asintió. detrás de ella. Lo que ocurría era que la capa de proteína de los genes estaba acumulando energía del mismo modo que cualquier membrana acumula energía . después de las pruebas. y como puede comprobar. y Whitby pensó que si podía identificar la frecuencia de resonancia crítica de las capas de los genes silenciosos. todos ellos. examinando un alto girasol con un tallo muy . Se puso en pie y se dirigió hacia allí.recuerde la analogía del puente hundiéndose bajo los soldados que lo cruzan marcando el paso -. asimilando el efecto que le producía siempre el primero del día. .del que podía ser atribuido a la radiación directa.Bueno. los resultados son muy dramáticos. cuyas capas sólo resonarían críticamente bajo otras frecuencias específicas. y no simplemente sus células germinativas. En la relativa oscuridad. el Doctor Whitby consiguió desarrollar con éxito una técnica de irradiación basada en sus observaciones de las lesiones radiobiológicas en Eniwetok. Secándose las manos en la camisa.Whitby se dio cuenta de que. Sin embargo. y la luz del sol había empezado a irritarle. después de casi diez años de trabajo. Coma observó un estroboscopio que parpadeaba lentamente en uno de los tanques situados al final del banco. Estaban sentados inmediatamente debajo de la claraboya de la cúpula. Los teratólogos han estado criando monstruos durante años.Sí. pero la dificultad reside en parte en identificar a los genes silenciosos en las células fecundadas que se sabe que los contienen. ¿cuál es el secreto? . Powers se puso en pie y corrió una persiana. Powers contempló su cigarrillo unos instantes.es decir. . Desde hace mucho tiempo los biólogos han estado tratando de activarlos.

observó Powers -. literalmente. tal vez como indica la muerte de Whitby.¿Por qué dice eso? .Vea esos discos blancos y húmedos en los sépalos . todos los experimentos realizados en este laboratorio conducen a una desalentadora conclusión. un mensaje divino que nosotros. . Con la chimenea de asfalto completa su ciclo anual en una semana.murmuró solícitamente -.000 de años.recio y un receptáculo muy ensanchado. Rodeando la flor de modo que sólo sobresaliera el tálamo. ¿Son esos los seres del futuro. cloruro de polivinilo: 6 meses. Es posible que sea verdad.observó -. . Levantó la mirada hacia Powers.admitió Powers -. Literalmente. Ignoro si el futuro implícito en esas plantas y animales llegará a ser una realidad algún día. Aparte del hecho de que sería calificado de suicidio. Powers sorbió su café.Algunas personas han sugerido que los organismos que poseen la pareja silenciosa de genes son los precursores de un salto hacia adelante en la escala evolutiva. Los ejemplares que usted ha visto hoy se encuentran todos en una primera fase de sus ciclos secundarios de crecimiento. . los organismos que han sido irradiados han entrado en una fase final de crecimiento completamente desorganizado. . si los experimentos realizados aquí sirven de punto de referencia. Pero a veces pienso que los nuevos órganos sensoriales desarrollados son parodias de sus verdaderas intenciones. llevamos para nuestros descendientes. con el cloruro de polivinilo en un par de horas.. su mundo deberá ser un mundo monstruosamente surrealista.Ve el tiempo . Nadie se ha prestado aún voluntariamente como sujeto de la nueva técnica de irradiación. ¿Acaso no duerme bien? . ¿Qué hay acerca del hombre? Powers se encogió de hombros. más evolucionados. o yo. las Drosophilas se comen unas a otras. Coma asintió. produciendo docenas de órganos sensoriales especializados cuya función ni siquiera podemos sospechar. Los resultados son catastróficos: la anémona estalla. o si estamos incurriendo en una simple extrapolación. Tal vez hemos descifrado la clave demasiado pronto. perfectamente unidas y etiquetadas: greda cretácica: 60. organismos inferiores. La muchacha se inclinó hacia adelante. la planta ve el tiempo. más lento es su metabolismo.. etiquetadas respectivamente: piedra arenisca devónica: 290 millones de años. sacó dos tazas de un cajón y las llenó de café.repitió Coma asombrada. que los genes silenciosos son una especie de clave. .No lo sé . doctor? . Sin excepción. mordiéndose el labio inferior pensativamente -.contiene la pareja silenciosa. Al lado había otras tres chimeneas.. asfalto: 20 años. .Bueno. El recapitular el trabajo del laboratorio le había agotado. Usted podría tenerla. apagando el fogón.. si lo son. la aventura sería salvaje y violenta.Está usted muy pálido . Es fantástico. había una chimenea de piedras grises. y así por el estilo.000. . Regresó al escritorio. En cierto sentido regulan el metabolismo de la planta.Un parque zoológico no está completo sin su guardián . Pero. Cuanto más antiguo es su medio ambiente circundante. Más tarde empezarán a ofrecer un aspecto muy distinto. sintiéndose cansado y aburrido.Uno de cada cien mil .el promedio habitual .

por ejemplo. Poniéndolo en marcha. empezando por la alteración de las rutas de emigración y terminando por unos períodos de hibernación más prolongados. y especialmente a aquellos donde la mortalidad infantil ha permanecido en un nivel estacionario... ganado. resonó por encima de un leve zumbido de distorsión. la cinta había sido cortada y vuelta a pegar. La población de Sumatra.Whitby y yo hablábamos a menudo de esto. WHITBY: . ¡Un porcentaje fabuloso! ¿Te das cuenta de que hace únicamente dos o tres décadas los neomaltusianos hablaban de una explosión demográfica? En realidad. La fatiga nublaba su cerebro. Tendrá que transcurrir un siglo para que los efectos de ese descenso de la fertilidad se dejen sentir en unas zonas donde el control de los nacimientos proporciona una reserva artificial. No creo que duerma lo suficiente. Se interrumpió. WHITBY: Las proverbiales ocho horas. Esto es el meollo del asunto. supongo.. alrededor de ocho horas. Lo he escuchado un millar de veces. Robert. Algunos de ellos pueden poseer los genes silenciosos. se acercó a la estantería que había detrás del escritorio y cogió un magnetófono. como no me he cansado de señalar. Cereales. La misma historia se repite a sí misma hasta la náusea. se trata de una implosión. y temo que el sonido no será demasiado perfecto. supongo que es preferible eso a ser un terminal. .. y la voz de Whitby. productos lácteos. y se preguntó si debía pedirle a la muchacha que se marchara. Dígame. echa una mirada a esas estadísticas de la FAO. ¿no valdría la pena ensayar esa técnica de irradiación en los durmientes de la Clínica? Podría despertarles antes del final. . La voz de un anciano. y la conclusión final resulta incontrovertible. Hace mucho tiempo que eso no es un problema para mí. tú duermes alrededor de diez horas y media. dime una cosa: ¿cuántas horas duermes cada noche? POWERS: No lo sé con exactitud. las cifras de población en Europa y en Norteamérica no disminuyen. Powers se encontraba profundamente cansado.Coma hizo una breve pausa y luego añadió -: De todos modos.. A pesar de un aumento anual del cinco por ciento en los terrenos dedicados a cultivos en los últimos quince años. . ligeramente ronca. ha disminuido más del quince por ciento en los últimos veinte años. Aquí. la cosecha mundial de trigo ha continuado disminuyendo en un dos por ciento. Le oigo pasear de un lado para otro toda la noche. como la mayoría de la gente. Pregúntale a cualquiera y te dirá automáticamente «ocho horas». WHITBY: Desde luego que no.admitió -. Te he controlado en numerosas .Demasiado bien . doctor. poniéndose en pie. . En realidad esos dos fenómenos están estrechamente relacionados. Debemos mirar a los países del Lejano Oriente..dijo Powers -.Powers consiguió sonreír. Otro factor a tener en cuenta es. resonó de nuevo: .por el amor de Dios... Únelo a una masa de síntomas paralelos. POWERS: Sin embargo.. .Me gustaría poder decir lo mismo de Kaldren. Luego. No era un gran biólogo. En realidad. de modo que escuche lo que opinaba. todo disminuye. pero Coma pudo oírla claramente. menos quejumbrosa esta vez. reguló el volumen del altavoz.sólo por curiosidad..Todos ellos los poseen .

otra de las desventajas que tenemos con respecto a los antiguos es un nivel metabólico más bajo: otro factor que nadie explicará. Yo mismo duermo once. mi falta absoluta de cualquier derecho moral o biológico a la existencia está implícita en cada célula de mi cuerpo. contemplando al doctor y oyendo al chimpancé que jugaba con un rompecabezas. La cinta llegó al final.ocasiones. Las cuñas de ácido ribonucleico que desatan las cadenas de proteínas en todos los organismos vivos se están gastando. pero es la única. los genes silenciosos representan un último y desesperado esfuerzo del reino biológico para mantener la cabeza por encima de las aguas cada vez más altas. POWERS: Supongo que puede opinarse que el mayor número de horas de sueño es un mecanismo de compensación. . Aunque. los troqueles que imprimen la firma protoplásmica se han embotado.. han sido construidas alarmas que modifican la forma del organismo y lo adaptan para vivir en un clima radiológico más cálido. desde Aristóteles a Tomás de Aquino.En opinión de Whitby . WHITBY: Puede opinarse. pero entonces no llamaba la atención. ¿Cómo crees que los antiguos. Es un simple caso de bioquímica. Ha llegado el momento de un reajuste. Como compensación a esto. pintando todo el día a la edad de ochenta años. pero en realidad se ha alcanzado ya la cima y el camino conduce ahora hacia abajo.. porque disponían de seis o siete horas más cada día. Mi fracaso total. y se encogió de hombros. han estado funcionando durante más de mil millones de años. Créeme. según Whitby. desde Platón a Shakespeare. Después de todo. y me compadezco a mí mismo. Es una desalentadora y actualmente inaceptable visión del futuro. y un siglo antes dormía seis o siete. una especie de tentativa de la masa neurótica para escapar de las terribles presiones de la vida urbana a finales del siglo xx. Powers cerró la máquina y luego se masajeó el rostro. serán probablemente unos idiotas prognáticos con la frente cubierta de pelo que gruñirán alrededor de los restos de la Clínica como hombres neolíticos atrapados en una macabra inversión del tiempo. Sonrió. Siempre se ha supuesto que la evolución tiende a subir siempre. Pero. Ahora está considerado un genio. la vida de todo un reino biológico tiene también su duración. el carrete corrió libremente y se paró. También se desarrollan nuevos órganos de percepción.. Coma permaneció sentada en silencio. hacia la tumba biológica común. pero es un error. y trabajando por la noche sobre su mesa de anatomía con una vela atada a la frente. Del mismo modo que la vida del organismo de un individuo tiene una duración limitada. en vez de ser superhombres multicerebrados. Pero hace treinta años la gente dormía realmente ocho horas. . Su período total de vida está determinado por la cantidad de radiación emitida por el sol. como la vida de una colonia de fermentos o de una especie determinada. les compadezco.dijo finalmente Powers -. pudieron dar a luz una obra tan copiosa? Sencillamente. Los organismos de piel blanda desarrollan duros caparazones que contienen metales pesados como escudo contra la radiación. es un esfuerzo que a la larga resultará inútil. En las Vidas de Vasari puede leerse que Miguel Ángel dormía solamente cuatro o cinco horas. mirando a Coma. Desde luego. a veces me pregunto.. y una vez que ha alcanzado cierto punto la extinción es inevitable. Dentro de cinco mil siglos nuestros descendientes.

¡Oh! Se equivoca.. . Coma hizo una mueca.le narcotomicé . Asegúrese de que va al dispensario. ¿no es cierto? . No fue precisamente un éxito.¿A qué se refiere? . piensa en usted continuamente. el hipotálamo regula el período de sueño levantando el umbral de la conciencia a fin de relajar las capilaridades venosas del cerebro y librarlas de las toxinas acumuladas.. Parece que hace diez mil años.Coma hizo una breve pausa y luego añadió -: Creo que se siente culpable de algo.. una novela automática. Sus artículos en las revistas de neurocirugía se referían al paciente como K.terminó Powers -. . por el cual podían haberme concedido perfectamente el premio Nobel.. . Kaldren ha añadido otros veinte años a su vida. En realidad. Desde el punto de vista quirúrgico fue un gran éxito. Todo el asunto fue un trágico error.Unas tres semanas.Bueno. Normalmente. Quiere que me pase la vida durmiendo. Parece una historia de Kafka convertida en realidad. Sin embargo... . cuyos inteligentes ojos le observaban atentamente. que desaparece en tres o cuatro horas.Lo intentaré. ¿Cuánto hace que conoce a Kaldren? . . ¿Qué está dibujando? .admitió Powers -. . Vaciló. . supongo que es debido a que cree que debe asumir parte de la responsabilidad. .Creí que no podía soportar el verme. Si Kaldren se siente culpable. . Las obras completas de Freud..¿Dónde? . pero vive para sí mismo. Miró a la muchacha. Lo único que nota es un letargo temporal. y que no duerme lo suficiente. A veces me siento como uno de sus absurdos documentos terminales. La muchacha asintió. hablemos de otra cosa. Coma frunció el ceño pensativamente.inquirió Coma. y las capilaridades se vacían mientras él permanece consciente. .exclamó Powers -. los cuartetos de Beethoven.. ..¿Cómo le encuentra ahora? Últimamente no hemos estado mucho en contacto.¿Por qué? . transcripciones de los juicios de Nuremberg..Sí .Es lo que yo sospechaba. . ..Usted. doctor.Tampoco yo le veo demasiado.¿Culpable? . Dice que ha oído a Kaldren pasear de un lado para otro por las noches. ¿De veras? Creí que al que se suponía culpable era a mí. Pero la psique parece necesitar el sueño por sus motivos particulares. Por eso nos pasamos el tiempo siguiéndole..¿No ha oído hablar de ellos? Kaldren colecciona afirmaciones definitivas acerca del homo sapiens. En realidad. es usted mi único rival serio.Por un par de motivos puede ser necesario que usted lo sepa. Coma .dijo Powers -. Físicamente hablando. .Coma se interrumpió -. Kaldren tiene mucho talento. En realidad. y en consecuencia Kaldren sufre unos trastornos periódicos que le destrozan. cortando algunas de las conexiones de control el sujeto es incapaz de recibir la sugestión del sueño. no duerme absolutamente nada.Ocúpese de él. y luego dijo -: Usted realizó algún experimento quirúrgico en Kaldren. Usted significa mucho para él. .

A medio camino de su casa de la playa la carretera del lago se bifurcaba a la izquierda a través de una angosta escarpia que discurría entre las colinas hasta un abandonado campo de tiro de las Fuerzas Aéreas en uno de los más lejanos lagos salados.498. pero los contornos de los enormes discos de 100 yardas de anchura. Powers tiró la cartulina al cubo de los desperdicios y se sentó ante el escritorio. y no piensa en otra cosa. descendió de la torre y se dirigió hacia el hangar. detrás de un montón de maderos y de rollos de alambre.No es nada . . Los abstractos diseños le hacían sentirse como una hormiga sobre un tablero de ajedrez en blanco y ahuesado. pintados alternativamente de azul y rojo.365. Coma rebuscó en sus bolsillos y sacó algo. Su sesión con Coma había hecho que Powers se sintiera repentinamente insatisfecho de su empleo del tiempo en los últimos meses. aislándola del mundo exterior. Adiós. mientras por su mente cruzaban ideas inconcretas. .688. Súbitamente. Recordará usted los extraños mensajes que grabaron los tripulantes antes de morir. Cuando Coma se hubo marchado. un par de cobertizos metálicos y un hangar de techo muy bajo. un montón de arena y un viejo mezclador. Ahora está entusiasmado con una copia de las últimas señales que transmitió el Mercurio VII hace veinte años. creo que se comportaban como las plantas que usted tiene aquí. tardará mucho tiempo en producirse el cero . Coma se puso en pie para marcharse. se inclinó sobre el parapeto tendió la mirada a lo largo de los pasillos hacia los blancos. eran todavía visibles.Tiene que hacernos una visita. en cuyo centro había un número escrito a máquina: 96. doctor.A propósito. En el extremo más cercano había unos cuantos bunkers y varias torres de observación. Obuses y cohetes habían arrancado grandes trozos de las franjas circulares de hormigón que rodeaban los blancos. .observó secamente -. un catalogar al revés. Eniwetok.A este ritmo. Las blancas colinas rodeaban toda la zona. con las pantallas rectangulares en un extremo y las torres y bunkers en el otro como piezas de distinto color. escogiendo todos los libros en la biblioteca mental y volviendo a colocarlos boca abajo. y a Powers le gustaba pasear por los pasillos de artillería que habían sido trazados a dos millas de distancia del lago en dirección a los blancos de hormigón situados en el extremo más lejano. Era una pequeña cartulina. había escrito. Kaldren desea enseñarle muchas cosas. Kaldren me ha encargado que le diera esto. había una pila de sacos de cemento. que se encontraba a cincuenta metros de distancia.Coma señaló el papel secante del escritorio y Powers inclinó la mirada y vio que había estado dibujando inconscientemente un complicado laberinto: el sol de cuatro brazos de Whitby. . cuando llegó a la Luna.dijo. pero olvidarlo sistemáticamente todo era en realidad exactamente lo mismo que recordarlo. Durante media hora los contempló en silencio.720 . Cuando hayamos terminado tendré toda una colección. contemplando por espacio de una hora el ideograma dibujado sobre el secante. llenos de divagaciones poéticas acerca de los jardines blancos. Powers subió a una de las torres de observación. Al fondo. Pensándolo bien.

mañana y tarde conservaban su antiguo ritmo. Despierto a las 8.. algo que no me había ocurrido hasta ahora. Según Kaldren. los cestos son demasiado pesados para moverlos y los dejo donde quedan cuando están llenos. Los misteriosos emisarios de Orión les habrían dicho que la exploración del profundo espacio no tenía sentido. todas las mejores cualidades. por primera vez. con sólo once horas de conciencia. 19: Ocho horas y cuarenta y cinco minutos. He tardado media hora en recobrarme lo suficiente para una intravenosa. Cuando estaba despierto durante más de doce horas. Absurdo. Cuando emprendió el regreso. levantando una pared de seis pulgadas de altura alrededor del perímetro del disco.498. me quedarían de cuatro a cinco semanas. dejando su equipo donde estaba. cargó otra docena de sacos en el portaequipajes y en los asientos posteriores y.) Junio.Media hora más tarde volvía a entrar en el hangar con el Buick. de la brevedad de cada día. la última semana de unas vacaciones siempre transcurre con más rapidez que las primeras. tan rápido como un expreso. orientaba mi tiempo alrededor del meridiano. cemento y agua. recogida en los bidones que estaban al aire libre. Trato de pensar en Galileo ante la Inquisición. en Freud superando los incesantes dolores de su cáncer de garganta. A dormir a las 6. enganchó el mezclador de cemento. Tendré que ir al pueblo a comprar otro. escogió unos cuantos maderos rectos. removiendo el cemento con un perpalo y acarreándolo con el tapón de rosca de una de las ruedas. Durante las dos horas siguientes trabajó en el centro del gran disco azul. autodisciplina. Me ha felicitado por mi estoicismo. El tiempo corre. como un trazo de cinta de medir. 7: Consciente. ya que la vida del universo está prácticamente acabada. después de que el «comité de recepción» que les esperaba los hubo situado en el cuadro cósmico.. Junio. que la habían iniciado demasiado tarde. Kaldren me persigue como mi sombra luminosa.365. forman un intervalo continuo. mezclando el cemento a mano. había terminado un trozo de pared de treinta pies de longitud. ha utilizado incluso la palabra «heroico».. El cartero se habrá extrañado al verlo.702». Cuando iba al pueblo me he encontrado con Kaldren y he sostenido con él una larga discusión a propósito del Mercurio VII. cargado de arena. Resulta muy difícil mantener esa actitud impersonal de aceptación pasiva implícita en la tradición científica. Puedo ver exactamente cuanto queda en el carrete.10. y ha escrito con tiza en la entrada: «96. pero conseguí dominarme. (Parece ser que he perdido mi reloj de pulsera sin darme cuenta. finalmente.. y he sido víctima de un ataque de miedo. Junio.688.36.15.05. esperanza. Sin embargo. Esta mañana he tratado de visualizar lo que sería la última semana. algunos generales de las Fuerzas Aéreas se han tomado en . Ahora. La desesperación lo corroe todo: valor. Despierto a las 9. y no puedo hacer nada para modificar el ritmo al cual se desenvuelve. transportándolo a través de las toscas formas que había trazado con los maderos. A dormir a las 7. los cargó y se dirigió hacia el blanco central. al parachoques trasero. Al ritmo actual. Paso el tiempo empaquetando los libros de mi biblioteca. Estuve a punto de colgar. Trabajó sin interrupción. Él está convencido de que los tripulantes se negaron deliberadamente a abandonar la Luna. 14: Nueve horas y media. Anderson llamó por teléfono esta mañana.

Me llamó por teléfono. . contemplando las sombras proyectadas en el techo por la persiana. . pero yo sospecho que se trata de una tentativa de Kaldren para consolarme.serio esa teoría. me he decidido por un nivel de proyección de 40 roentgens/min. Powers se puso en pie y trató de alisar las arrugas de sus pantalones de algodón.He venido a invitarle a almorzar. me he dirigido al laboratorio y por dos veces he estado a punto de salirme de la carretera. doctor? .05.25. . El dormir no me produce ningún descanso. Kaldren estaba merodeando de nuevo alrededor del laboratorio. Bajé al pueblo en la camioneta de Whitby. A dormir a las 3. Junio. Menos mal que el ver a Miss Marte es un placer. ¿Se acostó tarde anoche? Parece usted cansado. Powers se incorporó sobre un codo y echó una ojeada a su reloj.40. con una distancia del blanco de 350 cm. Eran poco más de las once. 25: Siete horas y media.Hola. efectivamente. Leyendo por última vez los manuales que dejó Whitby. De todos modos. doctor . Con el cerebro ligeramente embotado. Dice que él mismo me ayudó a cargarlos en un camión.le preguntó a Kaldren. ¿Qué se imagina ese individuo que puedo hacer con todo ese cemento? Despierto a las 9. A dormir a las 3. de modo que decidí venir. Espero que no le moleste mi visita. Me he concentrado lo suficiente para dar de comer a los animales y poner mi diario al día. Estuve tocando el timbre por espacio de media hora. pronto tendré que ir a verle para llegar a un acuerdo con él. con los codos sobre las rodillas. se sentó en el borde del lecho.dijo Kaldren.¿Qué haces aquí? . Sumido en una especie de letargo. Todo está preparado. frotándose la cara con las palmas de las manos. Me extraña que no lo haya oído. Hoy no he hecho casi nada.45. Kaldren señaló la cámara montada sobre un trípode al otro lado del lecho. Ahora me basta con una comida. y vio a Kaldren sentado al borde de la cama. observándole en silencio. por mucho que me moleste la perspectiva. Powers se desperezó. tirando su cigarrillo -. Un contratista se pasa el tiempo llamándome para reclamarme el pago de 50 sacos de cemento que.Señaló el aparato telefónico sobre la mesilla de noche -. recogí hace diez días. Cuando echaba a andar hacia el cuarto de baño. Luego miró hacia sus pies. Anoche tomé una película de 16 mm. completada con una inyección de glucosa. Me he visto a mí mismo como un cadáver semianimado. Se dio cuenta de que la habitación estaba llena de humo. pero sólo para comprar unos quilos de plomo. .15.15. limitándose a recitarme una larga hilera de números. Su teléfono no contestaba. A dormir a las 4. y estaban muy sucios.¿Qué es eso? ¿Piensa dedicarse al cine. Esas bromas suyas me están resultando insoportables. arrastró su cabeza lentamente a través de la almohada. y esta mañana la he proyectado en el laboratorio. Es la primera película de terror «real». Julio.. según él. Tendré que desconectar el teléfono. Había dormido con ellos toda una semana. . de las primeras tres horas. Despierto a las 10. Despierto a las 11. 3: Cinco horas y cuarenta y cinco minutos.

donde su figura delgada y angulosa se recortaba como un patíbulo contra el cielo. tomó una ducha y sacó un traje limpio de uno de los baúles. después de inyectarse.¡Kaldren! . suelos y techos. . La enorme cinta blanca de hormigón se desenrollaba alrededor de ellos como pasta dentífrica surgida de un inmenso tubo. De las paredes colgaban gigantescas fotografías. ¿piensa usted marcharse? .De acuerdo .. Creí que el que te atendía era Anderson.dijo Kaldren -. echó una ojeada al trípode y luego se dio cuenta de que su diario estaba abierto sobre la mesilla de noche. Tomaron un combinado en un amplio estudio de techo encristalado.Powers le contempló en silencio unos instantes.¿Te importa. Kaldren estaba en la antesala cuando Powers se reunió con él. Observó a Kaldren cuidadosamente. Almorzaré contigo. Kaldren miró hacia abajo y agitó su brazo derecho trazando un lento semicírculo. Preguntándose si Kaldren habría leído las últimas anotaciones. Kaldren vivió solo en la abstracta residencia de verano que se alzaba en la orilla norte del lago. Cuando Kaldren se hubo marchado. Así tendrá tiempo de cambiarse de ropa. .inquirió Powers secamente -. en forma de cinta de hormigón que ascendía en espiral. El joven le acompañó a través de cavidades y escaleras hasta el ascensor que les condujo al último piso. dominado todo por unas letras negras de veinte pies de altura en la pared del fondo que componían una sola palabra: TU . había aceptado la misma invitación y al cabo de tres minutos se había extraviado en el laberinto del segundo piso. Powers inclinó la mirada y cepilló con la mano las manchas blancas.Le espero a las doce.¡Suba! . unos meses antes. se desvistió. . En cierta ocasión. . encima de las cuales se veían una serie de objetos cuidadosamente etiquetados. Kaldren era el único que se había interesado por el edificio. enroscándose alrededor de sí misma como una serpiente. Del armario colgado junto al espejo sacó una jeringuilla y una ampolla. Kaldren se encogió de hombros. allí estaba cuando Powers llegó. Era un edificio de siete pisos construido por un matemático excéntrico y millonario. ¿Qué es eso? Parece cal. cogió el diario. .No se enfade. Lleva la camisa muy sucia.Bien .gritó. poco después de las doce del mediodía.gritó a su vez. A propósito. Por las tardes. leía las etiquetas pegadas a los cestos llenos de libros. doctor . se apoyó contra la puerta esperando que el estimulante obrara sus efectos. acaso? . entró en el cuarto de baño y cerró la puerta detrás de él.dijo . revistiendo paredes. Powers se apoyó en el automóvil. subiendo de un piso al otro a través del laberinto de rampas y terrazas. y en consecuencia había podido alquilarlo en unas condiciones muy favorables. cosa que no tardó en hacer. Powers le había visto con frecuencia desde el laboratorio. Kaldren tardó media hora en encontrarle. y la estancia estaba llena de mesitas. El joven parecía más sumiso que de costumbre.. De modo que esperó a que Kaldren bajara.dijo Powers -. hasta el mismo tejado. Hasta que conoció a Coma.

Interesante . . Es una progresión matemática decreciente. Mucho más significativo que el suyo.: ONDAS ALFA. INTERVALO: 69 HORAS. METROS.988. .988. .877.434 876.654. sorbiendo lentamente su combinado. INTERVALO: 49 DÍAS.695 96.. Son ediciones definitivas.347... etiquetada: ARIES 44R 951.779. afirmaciones finales.dijo. Eche una mirada.Este es mi laboratorio.688.688. sin el menor entusiasmo -. . Dentro de dos horas desaparecería.877. ¿Qué hacen allí los teletipos? Kaldren sonrió. .He estado esperando desde hace meses que me hiciera esa pregunta.Kaldren apuró de un trago el contenido de su vaso. Cuando haya reunido los suficientes..567. .. Powers sonrió en su fuero interno y examinó el objeto que tenía más cerca. La máquina llevaba también su correspondiente rótulo: AURIGA 25 . explicando el significado de los llamados Documentos Terminales.347.Me resulta familiar.432 Powers miró a su alrededor.654. si lo prefiere. EINSTEIN. Aquí la secuencia era: 876. A.498. construiré un mundo nuevo con ellos. el cual había estado declinando lentamente durante los últimos veinte años. En un rincón frío tres teletipos. GENTE. ..694 96. Tengo que incluirlas.oyó que decía Kaldren -. Creo que ya le hablé a usted del Mercurio VII.Cogió un grueso volumen de una de las mesas y lo hojeó -. sin escuchar a Kaldren. ORIÓN.Powers ..Nadie lo sabe. una antigua cinta EEG en cuya etiqueta podía leerse.688.365.365.. Siguió a Kaldren alrededor de la habitación. Powers lo contemplaba todo con aire ausente. con evidente orgullo -. Las Actas de los Juicios de Nuremberg. dejando su cerebro en blanco.. RECICLO. «. Powers cogió la cinta de la derecha.567.. 1922.779.498. leyendo una línea al azar. Kaldren iba de un lado para otro. La cinta decía: 96. gozando de la breve sensación de lucidez proporcionada por la anfetamina..Esas son las transcripciones de las señales finales radiadas por la tripulación de la cápsula.G. Una cuenta atrás. con las cintas colgando de sus bocas.498. . Desde luego.¿Qué quieres decir? Tiene que responder a algo.567.433 876.365.AZUL.Señaló una colección de hojas escritas a máquina. Powers se acercó y cogió una de las cintas.dijo.693 96. Powers examinó superficialmente las hojas..365.988.498.779. doctor . fragmentos de una composición total. ¿Qué representa la secuencia? Kaldren se encogió de hombros. .877. Se preguntó si Kaldren estaba lo bastante despistado como para jugar al mercado de valores.347.» .654. créame...688.692 Powers dejó caer la cinta. .

Muy considerado por su parte hacernos saber en qué momento del tiempo nos encontramos . como Kaldren había dicho.554 6. cogió de nuevo la cinta y la contempló pensativamente.Asombroso . . Levantó un pesado volumen de una mesa y lo meció en sus manos.¿Cuál? Kaldren señaló la última cinta de Canes Venatici.Sencillamente.asintió Kaldren -. Canes Venatici». Powers hojeó el grueso fajo de páginas impresas: millones de números.¿Cuánto tarda en llegar cada señal? . La cifra total contiene más de cincuenta millones. pero una IBM tardaría más de dos años en anotar una de ellas. irradiándolo a través de la línea de hidrógeno para que pueda oírse en todo el universo.dijo -. Algunas personas le han dado otra interpretación. . pero de todos modos nos lo hacen saber. Fueron recogidas por primera vez en Jodrell Bank hace veinte años. Dios sabe qué creerán que somos. Universidad de Manchester.Una cuenta atrás. Mostró la cinta a Kaldren. el cual volvió la cubierta y leyó el título: «Secuencia principal de Señal Seriada recibida por el Radio-Observatorio de Jodrell Bank. en alguna parte de Canes Vanatici. la fuente de esa señal está emitiendo a una potencia de casi tres millones de megawatios elevados a la centésima potencia.551 . Fuente: NGC 9743. Una computadora del observatorio no puede captarlas.Pronto habrá terminado. .Está acercándose al final .explicó Kaldren -. Kaldren sacudió la cabeza. .comentó Powers -. Ahora nadie se molesta en escucharlas.comentó. discurriendo de arriba a abajo a través de mil páginas consecutivas. .Unos segundos solamente. .Desde luego . 6.La computadora solo anota los últimos cuatro números . Powers cogió la última cinta. Kaldren hizo una pausa -. Casi el tamaño de todo el Grupo Local.. Esos son únicamente los últimos cuatro números.553 6. ¿qué es? .observó. NGC9743.552 6. Súbitamente. Las grandes espirales se están rompiendo y dicen adiós. Powers sacudió la cabeza. Las series enteras llegan en períodos de 15 segundos. como puede ver. CANES VENATICI. a las 0012:59 horas del 21-72. . Considerado es la palabra. . Pero.. Tendió el volumen a Powers. que se ha calculado que cuando esta serie llegue al cero el universo habrá dejado de existir. . INTERVALO: 17 SEMANAS.. Aplicando la ley del cuadrado inverso. pero sólo hay una explicación plausible. Inglaterra. Examinó la etiqueta. desde luego. Tienen una terrible compresión lateral. que decía: FUENTE SIN IDENTIFICAR.Lo dudo . la expresión de su rostro se había ensombrecido. Powers hizo una mueca que quería ser una sonrisa.

Estaba sentado en el suelo de su jaula. cada grano de arena. encerrando dentro de ella el enorme jeroglífico. Kaldren agarró el brazo de Powers y le miró fijamente a los ojos. en el cual había una pequeña plataforma redonda a un pie de distancia del suelo. Dile adiós a Coma de mi parte. el mayor de un centenar de pies de diámetro. Se acercó de nuevo a los teletipos. no crea que lo está. y al llegar a ella se volvió a mirar a Kaldren. con los ojos clavados en las puntas de sus zapatos. encajándolas en las ranuras del suelo y convirtiendo la cúpula en una verdadera tienda de campaña de acero. las plantas y los animales se movieron silenciosamente. La tensión entre Kaldren y él se había desvanecido. Se acercó a una ventana y extendió la mirada a través del blanco lago. ¿quieres? Avanzó hacia la puerta. . En los tanques. Sólo el chimpancé le ignoró. Desmontó rápidamente los moldes antes de que el cemento hubiera cuajado y llevó los maderos al asiento posterior del automóvil. Esas son las voces del tiempo. tratando de componer el rompecabezas. un arco de unos diez pies de longitud. Al cabo de diez minutos había terminado. pero el resto de la pared de seis pulgadas de altura se alzaba sin interrupción alrededor del vial exterior del blanco. vertiendo arena y cemento en el mezclador. se acercó al mezclador y lo empujó hasta la sombra de las circundantes colinas. subió al automóvil y se alejó. arrancó las cintas de sus ranuras y se las guardó en los bolsillos. respondiendo al súbito fluir de la fría luz fluorescente. envuelto en una nube de polvo. estallando en gritos de rabia cuando los cuadros no encajaban. formaban la cenefa del dibujo. . Como usted ha dicho. Powers cogió la mano de Kaldren y la estrechó calurosamente. Piense en sí mismo en un contexto más amplio. separado uno de otro por intervalos de diez pies. detrás de él. Al entrar encendió todas las luces y luego bajó todas las persianas. temblando de emoción. El círculo exterior estaba ahora casi completo. Cuando Powers se alejaba se dio cuenta de que Kaldren había subido al tejado. y ahora deseaba marcharse lo antes posible. Llegó al laboratorio a las tres.No está solo. cada galaxia lleva la misma firma. dividido en cuatro segmentos por los brazos de una enorme cruz que partía del centro.Súbitamente. Secándose las manos en los pantalones. Faltaba un pequeño segmento. añadiendo agua hasta que se formó una espesa pasta y transportándola luego hasta los moldes de madera para verterla en el estrecho canal. olvidar a Kaldren como había olvidado los rostros de los innumerables pacientes cuyos cerebros habían pasado entre sus dedos. de pie a la sombra de las dos gigantescas letras de la pared del fondo. Powers. y están despidiéndose de usted. ahora sabe en qué momento del tiempo se encuentra.Me las llevo como un recordatorio para mí mismo. Powers trabajó rápidamente. Tres círculos concéntricos. Sin detenerse a contemplar el gigantesco monograma sobre el cual había trabajado pacientemente durante tantas tardes. . ¿Qué importa lo demás? No hay necesidad de consultar continuamente el reloj. a través del espejo retrovisor le vio agitar lentamente la mano hasta que el automóvil desapareció en una curva. Cada partícula de su cuerpo.

. Mientras conducía. Abrió las altas puertas corredizas hasta dejar al descubierto el largo y metálico hocico de Maxitron. sus pies despedían vívidos estallidos de color. Deslizándose a través de una estrecha claraboya. La sensación era indefinida pero no menos cierta: una extraña impresión casi visual que emanaba con fuerza de los profundos barrancos y cortadas que separaban un risco del siguiente. La anémona se agitó. Atacadas por el sonido. llevando al automóvil directamente a sotavento de las colinas. la gran cúpula estaba sumida en la oscuridad. continuaba teniendo conciencia de sus formas y contornos. a pesar de que no miraba a las colinas.. Mientras contemplaba la reluciente pantalla de sonidos que la rodeaban. Durante unos minutos Powers dejo que la impresión le dominara. Junto a ella se movió una figura. Las sillas forradas de plástico ponían un contrapunto de discordancias. bolas de luz azul y violeta que estallaban fugazmente en la oscuridad como diminutas estrellas. la anémona se volvió hacia el techo. Detrás de él. con las colinas medio ocultas en la oscuridad a su izquierda. Las cadenas se forjaron por sí mismas. sin tratar de identificarla. escuchando el crujido de los neumáticos al rodar sobre la grava azul. con voz clara y potente. sus formas angulosas resonaron con una rara y persistente armonía. sus manos. y luego empezó amontonar las planchas protectoras de plomo contra la pared del fondo.Powers se quitó la chaqueta y se dirigió hacia la sala de rayos X. Gradualmente se formó una imagen. regulando el chorro a través de su boca. Ignorando aquellos sonidos una vez habían sido percibidos. se dio cuenta de que. La carretera se desviaba alrededor de un grupo de chalés construidos a orillas del lago. Luego puso el automóvil en marcha y aceleró el motor. Faltaban unos minutos para el amanecer cuando Powers salió del laboratorio y subió a su automóvil. Mientras andaba. Sus zarcillos se contrajeron. cubierta por las sombras que la luz de la luna arrancaba a las blancas colinas. respondiendo a una nueva fuente de estímulos procedentes de los delicados diafragmas de la corona de su cuerda dorsal.. Powers dejó que el coche se deslizara hasta la carretera del lago. buscando a tientas el pálido sol uterino. Una docena de extrañas imágenes se movieron a través de su cerebro. conjuraban un asombroso claroscuro. olas de sonido transformado cayeron de los arcos voltaicos y despertaron ecos en los bancos y en los muebles. el cual reflejaba como un escudo los sonidos que vertían contínuamente los tubos fluorescentes. Unos minutos después el generador empezó a funcionar. y los zarcillos empezaron a captar lentamente los vívidos contornos espectrales de los sonidos danzando como fosforescentes olas alrededor de la oscurecida cámara de la cúpula. Sus ganglios se unieron. impulsada por innumerables recuerdos pelágicos. la anémona continuaba dilatándose. Bañada por el cálido mar subliminal de radiación que se alzaba a su alrededor. Los fotones murmuraron. y . el sol cantó. al tiempo que los millares de células nerviosas hasta entonces dormidas en sus extremos se reagrupaban y multiplicaban. discurriendo a lo largo de los bancos. cada una de ellas absorbiendo la liberada energía de su núcleo. Los contornos silenciosos del laboratorio empezaron a resonar suavemente. se movió cautelosamente a través del tanque.. revelando una enorme fuente negra que vertía una interminable corriente de luz sobre el círculo de bancos y tanques.

notando que las imágenes se hacían más profundas y más intensas en su mente. Powers se echó hacia atrás y condujo el automóvil a lo largo del intervalo entre los dos frentes de tiempo. desde la cual parecía llegarle un inmenso clamoreo. un cuadro psíquico tan definido y tan claro como la imagen visual que percibían sus ojos. y se volvió para localizar la lejana diadema de Canes Venatici. La enorme vejez del paisaje. fluía continuamente hacia él un vasto cauce de tiempo que se extendía hasta llenar el cielo y el universo. las oscuras grietas y hondonadas. un verdadero dosel de tiempo. envolviéndolo todo. y apartando sus ojos de la colina notó que una segunda ola de tiempo barría la primera. incalculablemente vieja. Trepó a la plataforma central. a lo largo de interminables pasillos. Cerrando los ojos. un millón de voces cósmicas agrupadas en el cielo desde un horizonte hasta el siguiente. parecieron transportarle hacia atrás a través del tiempo. de modo que el progreso de su mayestática corriente resultaba . Powers había aminorado la velocidad del automóvil. la balada del tiempo de un millar de galaxias superpuestas en su mente. hasta el primer umbral del mundo. alzó la mirada hacia la Vía Láctea. sino que tuvo conciencia de su enorme vejez sintió claramente los incontables millones de años transcurridos desde que brotó del magma de la corteza de la tierra. tan ancho que sus orillas quedaban por debajo de los horizontes. oyó su gran voz ascendiendo en su mente. el inaudible coro de voces resonando desde el lago y desde las blancas colinas. un gigantesco carrusel de universos desvanecidos. empequeñecida por la enorme nebulosa espiral de Andrómeda. A Powers el cielo le parecía una interminable Torre de Babel. irradiando desde el amplio disco del lago y deslizándose por encima de los antiguos riscos de piedra caliza. Notó en sus bolsillos las cintas de papel. Encima de él pudo oír las estrellas. Vio el borroso disco rojo de Sirio. sus voces casi tan viejas como el propio cosmos. oyó su antigua voz. Como un interminable río. No sólo pudo ver el acantilado. se dio cuenta de que el tumulto empezaba a remitir y que una voz solitaria y más potente había brotado y estaba dominando a las otras. Estacionó el automóvil al lado del mandala y echó a andar lentamente hacia el borde exterior de hormigón que se curvaba entre las sombras. La imagen era más ancha aunque de perspectivas más cortas. A uno y otro lado. a Powers le pareció que podía captar la identidad independiente de cada grano de arena y de cada cristal de sal llamándole desde el circundante anillo de colinas. Cuando finalmente llego a la lisa superficie del lago. moviéndolos a través de las constelaciones hasta las islas de galaxias que flotaban más allá. oyendo las confusas voces arcaicas que le llegaban a través de los milenios. Mientras andaba lentamente hacia el centro del mandala. Penetrando en el círculo interior del mandala. Desvió el automóvil de la carretera para adentrarse en el camino que conducía al antiguo campamento de las Fuerzas Armadas. Involuntariamente. Las crestas que se erguían a trescientos pies de altura. eran otras tantas voces que hablaban del tiempo que había transcurrido en la vida del acantilado. las colinas se erguían y resonaban con impenetrables y vastos imanes inductores. Avanzando lentamente.Powers sintió repentinamente el peso macizo del acantilado que se erguía hacia el oscuro cielo como un risco de greda luminosa y pudo identificar la impresión que ahora se registraba con fuerza en su mente. alzó los ojos al oscuro cielo.

Kaldren entró y encendió las luces. pero el generador continuaba zumbando en la sala de rayos X. hacia el descanso final. se encontraban la mayor parte de los tanques y jaulas. notó que su cuerpo iba disolviéndose. Cuando llegó a la residencia de verano el sol matinal iluminaba ya las balcones y terrazas. Alzó las persianas. Cuando pasó por él. Kaldren se apeó de su automóvil y echó a andar con paso vacilante hacia el borde de hormigón del círculo exterior. Kaldren tomó el ascensor hasta el último piso y se encaminó directamente al museo. Powers sabía que su venero era el venero del propio cosmos. Voy a avisar a la policía. Se dirigió a la sala y tocó las parrillas del generador: estaban muy calientes. más allá de toda esperanza. La cúpula estaba sumida en la oscuridad. en el centro. Tú puedes quedarte con él. Sus largos y traslúcidos zarcillos estaban aferrados a los bordes del tanque. Coma estaba arrodillada junto al cadáver de Powers. semejante a un reloj cósmico.¿Acaso no piensas volver? . El aire del amanecer era frío. El joven se inclinó a recogerla.No lo sé . a unos pies de distancia. retirándose hacia las laderas de las colinas. sus dimensiones físicas fundiéndose en el vasto continuo de la corriente. contemplando a Coma con una expresión impasible.:En otro. Coma se volvió a mirarle. junto con la cinta. y Kaldren se subió el cuello de la chaqueta. Luego se dirigió hacia el escritorio y cogió el teléfono.le dijo a la muchacha al cabo de unos instantes -. sosteniendo su cabeza entre sus pequeñas manos. los contornos de las colinas y del lago se habían difuminado pero la imagen del mandala. Examinó la etiqueta y se guardó el carrete en el bolsillo.Hizo una pausa y luego añadió -: No dejes que rompan el reloj.Son las seis de la mañana . una enorme planta semejante a un calamar casi había conseguido trepar fuera de su vivarium. con todas las persianas echadas. Agrupados en un semicírculo. . la cual le arrastraba hacia abajo. La mesa circular giraba lentamente. hacia las definitivas playas del mar de la eternidad. . iluminando la ancha superficie de la corriente. pero su cuerpo se había disuelto en un charco gelatinoso de mucílago globular. permanecía fija delante de sus ojos. Luego arrastró una silla hasta una . El chimpancé yacía de espaldas entre los restos de la choza. sintió su magnética atracción y se dejó arrastrar por ella. Mientras las sombras se alejaban. Todas las plantas y animales habían muerto. amontonados unos encima de otros apresuradamente. una enorme araña se había atrapado a sí misma en su propia tela.casi imperceptible. Una ráfaga de viento arrastró hasta los pies de Kaldren un trozo de cinta. . y dejó que la luz del sol bañara los objetos reunidos allí. A cincuenta yardas de distancia. una a una.murmuró Kaldren. y colgaba indefensa en el centro de una masa tridimensional de hilo fosforescente. agitándose espasmódicamente. dando media vuelta y dirigiéndose hacia su automóvil. A su alrededor. Mientras marcaba el número vio un carrete de película encima del secante. Cuando hubo hablado con la policía apagó las luces y salió del laboratorio. la enrolló cuidadosamente y se la guardó en el bolsillo. Kaldren lo contempló unos instantes. En uno de ellos. Cinco minutos después estacionaba su automóvil delante del laboratorio de Whitby. con el casco caído sobre los ojos. Sin dejar de contemplarla.

como haría a través de los meses venideros. en Powers y en su extraño mandala. Medio dormido.de las ventanas. FIN . de cuando en cuando se levantaba a regular el chorro de luz que penetraba a través de las rendijas de la persiana. pero un poco más tarde apareció otra voz y gritó su nombre. Kaldren se levantó y echó todas las persianas de las ventanas que daban a la parte delantera del edificio. desvanecidos ahora para siempre en las miríadas de muertes del cosmos. se sentó y contempló en silencio la luz que penetraba a chorros en la estancia. Al cabo de media hora la muchacha se marchó. Kaldren regresó a su asiento y dejó que su mirada vagase por la colección de objetos. y en los tripulantes del Mercurio VII y su viaje a los jardines blancos de la luna y en las personas azules que habían llegado de Orión y les habían hablado en un lenguaje poético de antiguos y maravillosos mundos bajo unos soles dorados en las islas galaxias. No volvieron a molestarle. pensando. Dos o tres horas más tarde oyó a Coma que le llamaba desde abajo.

Yo soy Sheridan. el hermano menor de Royal. los cuatro que avanzábamos con dificultad pero virilmente a través de la nada. Con el tiempo. la brisa del norte tironeaba de la figura de Turton. se desecarían las parcelas. eran sólo de tierra. Casi en los confines de nuestro campo visual. La ruta que recorríamos era angosta y muy recta. Sus largos brazos y las manos huesudas le disputaban al viento la posesión de la capa. nuestro servidor Turton. hacia los molares del viento. Cándida es la cuarta esposa de Royal. «¡Maravilloso es el plan por medio del cual se instrumenta con sabiduría el mejor de los mundos!» Cuarenta mil holandeses muertos deberían asegurarnos una buena cosecha de coles dentro de cuatro años. ALDISS Éramos un grupo extraño. La ruta flanqueaba una represa. elaborarán un excelente fertilizante con sus cenizas. divisábamos otra represa paralela a la nuestra. ¡Qué práctico. miré por encima del hombro. Y esos cadáveres espantosos. Su pelo flameaba al viento cómo una cinta deshilachada.PELIGRO: ¡RELIGIÓN! BRIAN W. Royal Meacher. divagando con centenares de citas como era su costumbre. ¿eh. el horno era un tubo diminuto coronado de llamas. el barro en campo. —Habéis notado cómo los avaros holandeses recuperan su tierra y sus muertos con una sola operación. los campos en vegetales —¡oh sí!—. los espíritus de pueblos futuros crecían allí. pues a pesar del viento una niebla infecta se levantaba de la humedad que nos rodeaba. Cándida todavía chorreaba. el mar degeneraría en charcos. La distancia empequeñecía la vasta pira funeraria que acabábamos de abandonar. el pobre viejo Turton. visto de atrás. con la cabeza de Cándida rubricando una aprobación idiota. amigos las obscenas fauces de una reacció química sirven para iniciar otra. dijo: . por ser una obra reciente. destruidos por el mar y las radiaciones. La mirada fija de Cándida me anulaba. No hacía más que rogar que el trotecito de Turton terminase por cerrarle el ojo. los charcos se trasformarían en barro. que conciso! La navaja de Occam corta muy a menudo. mi hermano. arengaba al viento. La represa dividía un brazo de mar. Estaban encerrando el mar con pólders. Caminábamos rumbo al norte. cuyos lados. el mutante cuyo tercer brazo y su no menos útil tercera pierna se confabulaban con la capa negra para darle. cosa más que probable si no hubiese sido que Cándida colgaba cabeza abajo. los vegetales serían comidos y transformados en carne. Ya no sentíamos su calor ni olíamos los cuerpos ardiendo. un manto raído que lo envolvía con no menos firmeza que su autoridad. Sin dejar de seguir las huellas de Turton. Sobre el hombro. oscureciendo todo lo que se extendía ante nosotros. Turton llevaba a Cándida en una postura de máxima incomodidad. Parecía conducir a la nada. Estábamos rodeados por el mar. la apariencia de un escarabajo. Royal no dejaba de hablar sobre el tema. La oreja izquierda golpeaba la costura central de la chaqueta de Turton. cuando los trabajos de recuperación avanzaran. pero el efluvio persistía en nuestro recuerdo. A renglón seguido. encabezaba la marcha. Turton? El encorvado viejo. el ojo derecho me miraba sin ver.

—Estaba tratando de conseguir una toalla —dijo Turton.» ¡Desde los tiempos de Browne hasta ahora hemos demostrado ser mucho más ingeniosos! La destrucción nuclear y la incineración no son por fuerza el fin de nuestras tribulaciones. cautivo. Es creyente y ha caído en estado de coma —dijo Royal. el que trasformen nuestros cráneos en copones para beber. ¿esta dama no está muerta? —preguntó el hombre. —Sólo religiosa. mi esposa no nos acompañará a cenar. entramos en su único café. Más allá del perfil que trazaba la espalda de mi hermano. —Di algo. —Cualidad que comparte con la maldita zanja en que se sumergió al caer en coma. No dejó de perorar mientras proseguíamos nuestra trabajosa marcha. Estaba cayendo la noche. El gerente del café se acercó presuroso. solían cultivar tulipanes y flores en estas tierras. coles o tulipanes —insistió el viejo Turton. De todos modos.—Antes de las dos últimas guerras. —Sabe. Cuando llegamos a Noordoostburg-op-Langedijk.. según me dijo el ingeniero del horno. la señora es muy sensible a todo lo religioso. Bajo el ropaje de Cándida se iba formando un charco. con mirada más firme que la del gerente. . Sólo quería salir de ese terraplén. está un poquito mojada! —dijo el gerente. —Señor. o por el ruido que hacían los cuerpos al burbujear en el crematorio. —¡Señor. bastante confundido. una simple plataforma unida por el dique y el malecón a la tierra distante. Tendría la amabilidad de traernos tres sopas: como usted ve. —Lamento no poder presentarle a mi esposa como corresponde.. Sheridan —exigió Royal. —El producto de esa torre mohosa repleta de cadáveres es más digno de aplicarse a las coles que a los tulipanes. O tal vez por el olor. —Eran coles. Yo no lo escuchaba. Aún podemos ser esparcidos como mantillo para el género berzas. con gratitud pronuncié en silencio su feo nombre: Noordoostburg-op-Langedijk. Enderezó su espalda de escarabajo y estiró los brazos (el tercero nunca se estiraba del todo) con gruñidos de satisfacción. refugiarme en la civilización y el calor. no lo sé. para deleite y diversión de nuestros enemigos (¿cómo sigue?). cayó de espaldas —¡plaf!— y… —¡Turton! —gritó Royal con sequedad. pude ver las luces. la bruma se espesaba y el mar. Vinimos con la excursión especial de Edimburgo para ver la cremación. y nuestros huesos en pipas. huraño. golpeando con la cuchara la mesa frente a mí. y la señora de Meacher se sintió abrumada por el espectáculo. Turton depositó a Cándida en un banco. Turton —dijo Royal—.. Tomamos nuestra sopa en absoluto silencio.. ¿Qué final poético puede ser más adecuado para la indignidad de esas muertes? Recuerda tu Browne: «Ser arrancados a dentelladas de nuestras tumbas. son abominaciones trágicas que evitaremos con la cremación. mi amigo. El gerente se retiró. Turton lo siguió hasta el mostrador. se apaciguaba al morir el viento. pero a Royal era imposible desviarlo del tema. antes de que nadie pudiese hacer nada para impedírselo.

—Me pregunto si en estos campos habrá peces —dije.
Mi hermano hizo su habitual gesto de reprobación y miró para otro lado. Por
fortuna no tuve que agregar nada más, porque en ese preciso momento
entraron nuestros compañeros de excursión a tomar su sopa. La ceremonia de
incineración había terminado enseguida que nosotros nos marcháramos.
Sopa y chocolate racionado era todo cuanto el café podía ofrecernos.
Cuando el grupo terminó su sopa, salimos al aire libre. Envolví los hombros de
Turton con Cándida y seguimos a Royal.
El clima demostraba su versatilidad. El viento había cesado; pero empezó a
caer la lluvia. Caía sobre el cemento, en los pólders, en el hosco mar. Caía
sobre el zumbador de chorro. Todos nos embarcamos, a codazos y empujones.
De alguna manera, Royal fue el primero en subir y en escapar de la lluvia.
Turton y yo fuimos los últimos, pero Turton ya estaba mojado de antes.
El zumbador era un regalo de la última guerra y había sido transformado. No
era nada confortable, pero todavía se movía; enfilamos rumbo al noroeste por
encima del mar, volamos sobre el norte de Inglaterra, no se veía ni una luz en
su tierras arrasadas; en un cuarto de hora asomaron las lucs de Edimburgo
desgarrando la oscuridad.
Nuestra nave era de propiedad estatal. El transporte privado de cualquier
tipo era cosa del pasado. La escasez de combustible había sido el principal
factor desencadenante de esa situación; pero al finalizar la última guerra a
principios de 2041, el gobierno promulgó varias leyes que prohibían la
propiedad privada de los transportes.
Desembarcamos en el aeropuerto Turnhouse y junto con la multitud nos
encaminamos al refugio de autobuses. A los pocos minutos llegó un ómnibus,
pero estaba demasiado lleno para tomarlo, esperamos y tomamos el siguiente;
a paso de tortuga nos llevó a la ciudad, amontonados como ganado.
Ese tipo de inconvenientes arruinó lo que en otros sentidos había sido un
agradable día de excursión. Habíamos hecho varios viajes de esa clase para
celebrar mi licenciamiento del ejército.
Después de la guerra, Edimburgo se había convertido en la capital de
Europa, en razón de que las otras ciudades habían sido barridas del mapa o
eran inhabitables
por los efectos colaterales de la guerra bacteriológica o por la radiación.
Algunas antiguas familias escocesas estaban orgullosas del nuevo rango de
su ciudad; otras sentían que se les había forzado a aceptar esa dignidad; pero
la mayoría aprovechaba la hora de esplendor para elevar los alquileres a
niveles siderales. Los miles de refugiados, evacuados y personas desplazadas
que se volcaban en la ciudad descubrían que para conseguir un lugar donde
vivir debían pagar precios de extorsión.
Cuando en el centro de la ciudad descendimos del ómnibus, la multitud me
separó de mis compañeros, la maldita multitd anónima que hablaba todas las
lenguas europeas. Me desprendí de una mano que se aferraba a mi manga;
reapareció, deteniéndome con mayor firmeza. Irritado, miré a mi alrededor, y
mis ojos se encontraron con los de un hombre moreno, cuadrado; en ese
instante, no observé otro detalle, pero me dije para mis adentros que ese rostro
era una inmensa catedral gótica.
—¿Usted es Sheridan Meacher, miembro de la Universidad de Edimburgo,
profesor de la cátedra de historia? —preguntó.
No me gusta que me reconozcan en una parada de ómnibus.

—Historia europea —contesté.
La expresión de la cara era indescifrable; de fatigado triunfo ¿tal vez? Me
hizo señas de seguirlo. En ese momento, avanzó la multitud y nos hizo a un
lado obligándonos a tomar por una calle lateral.
—Quiero que me acompañe —dijo.
—¿Quién es usted? No tengo dinero.
Vestía un uniforme negro y blanco y eso no contribuía
a que le tomase simpatía. Ya había visto demasiados uniformes en esos
tediosos años de guerra subterránea.
—Señor Meacher, se encuentra en una situación difícil. Tengo una
habitación a menos de cinco minutos de marcha; ¿tendría la bondad de
acompañarme para discutir la situación conmigo? Le puedo asegurar que no
correrá ningún riesgo, si es eso lo que lo hace vacilar.
—¿Qué situación? ¿Es usted del mercado negro? Si es así, será mejor que
desaparezca.
—Vayamos a mi habitación y hablaremos.
Me encogí de hombros y lo seguí. Caminamos por un par de calles alejadas
de las avenidas, en dirección a Grassmarket, y traspusimos un umbral
mugriento. El hom bre de la cara gótica se adelantó para ascender por una
escalera de caracol. En uno de los rellanos una cara de bruja apenas iluminada
nos espió por la rendija de una puerta, y luego la cerró de un portazo
dejándonos en tinieblas.
Al llegar a uno de los descansos el hombre se detuvo y se palpó el bolsillo.
Dijo:
—No creo que una casa como ésta haya cambiado mucho desde la visita del
doctor Johnson a Edimburgo —luego, con la voz alterada, agregó—: Quiero
decir... ustedes tuvieron un tal doctor Johnson, Samuel Johnson, ¿no?
Sin comprender su fraseología —en ningún momento lo había tomado por
otra cosa que inglés— le respondí:
—El doctor Johnson visitó esta ciudad para alojarse en casa de su amigo
Boswell en el año 1773.
En la oscuridad lanzó un suspiro de alivio. Deslizando la llave en la
cerradura, dijo:
—Claro, claro. Me olvidé que la carretera entre Londres y Edimburgo ya
existía para esa fecha. Disculpe.
Abrió la puerta, encendió las luces y me hizo entrar en la habitación. ¿De
qué estaría hablando ese hombre? Edimburgo y Londres estaban comunicadas
—aunque a menudo en forma precaria— mucho antes de la visita de Johnson.
Estaba empezando a tener extrañas ideas sobre el desconocido gótico; más
tarde todas ellas demostraron ser erróneas.
La habitación estaba casi vacía y era muy impersonal, una típica habitación
de alquiler con una cómoda-lavabo en un rincón, en otro un generador manual
por si llegaba a fallar la electricidad central, y un biombo en la pared del fondo
detrás del cual se escondía la cama. Antes de enfrentarme el hombre se
acercó a la ventana para correr la cortina.
—Debería presentarme, señor Meacher. Mi nombre es Apostolic Rastell,
capitán Apostolic Rastell del Cuerpo Investigador de Matrices.
Hice una inclinación de cabeza y aguardé; en esos días el mundo rebosaba
de instituciones con nombres siniestros, y aunque no había oído mencionr al
Cuerpo Investigador de Matrices, no lo dije. Allí nos quedamos, mirándonos y

calibrándonos el uno al otro. El capitán Rastell era un hombre bastante
imponente, quizá un tanto descuidado, pero de apariencia agradable, de fuerte
constitución sin llegar a la corpulencia, un hombre de casi treinta años, y con
aquella cara cuadrada, terca, extraordinaria. No podía clasificarlo como
persona; a decir verdad, nunca llegué a saber qué clase de persona era.
-Se metió detrás del biombo y salió llevando una liviana pantalla plegadiza.
La abrió y la puso de pie sobre el piso.
La pantalla estaba asegurada por una especie de candado cifrado. Rastell
trabajó con él, mientras me observaba con expresión ceñuda y oía abrirse los
tambores con golpe seco.
—Será mejor que mire esto antes de que le dé mi explicación.
La pantalla desplegó un asiento y, por detrás de él, la superficie de la
pantalla tomó color plateado y espejado. La miré con fijeza y me dio un vahído.
Me tambaleé y el desconocido me sostuvo, pero me recobré en seguida.
Me vi reflejado en la pantalla. También el cuarto impersonal se reflejaba en
ella, si reflejar es la palabra correcta; las dimensiones se veían distorsionadas y
retorcidas, y así parecía que Rastell y yo estábamos afuera más que adentro
de un cubo. Daba la impresión de estar mirándose en un espejo deformante,
pero eso no era un espejo... ¡pues sin advertirlo me encontré mirando mi propio
perfil!
—¿Qué significa este truco de feria?
—Usted es un hombre inteligente, señor Meacher, y como tengo mucha
prisa espero que lo que ha visto sea suficiente para sugerirle que hay ciertos
sectores de la vida que son un misterio para usted, sectores en los que no ha
espiado ni le ha interesado espiar. Hay otras tierras, otros Edimburgo, que éste
suyo, señor Meacher; yo vengo de uno de ellos y ahora lo estoy invitando a
seguirme.
Me senté en una silla y le clavé la mirada. No objeto volver a relatar los
terrores, las esperanzas y suposiciones que asaltaron mi mente. Al cabo de un
rato, escuché lo que me estaba diciendo. Era algo así:
—Aunque usted no es un filósofo, señor Meacher, quizá comprenda cuántos
hombres pasan la mayor parte de sus vidas esperando un desafío; se preparan
para ello, a pesar de que tal vez no imaginan cuál será hasta que llega el
momento. Yo espero que usted sea de esa clase de hombres, porque no tengo
tiempo para explicaciones detalladas. En la matriz de la que yo vengo, tuvimos
un dramaturgo del siglo pasado que se llamaba Jean-Paul Sartre; en una de
sus obras, un hombre le decía a otro: ¿Quieres decir que juzgarías toda la vida
de un hombre por una sola acción?, y el otro se limita a decir: ¿Por qué no?
Así, yo le pregunto: señor Meacher, ¿vendrá conmigo? ¿Pondrá a prueba toda
su vida con una sola acción?
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Esa es una pregunta que sólo usted puede responder.
En esas circunstancias, ¡qué monstruosas suposiciones se ocultaban en esa
frase!
—¿Vendrá? ¡Magnífico! —dijo, poniéndose de pie para tomarme por el
brazo.
Abstraído, me había puesto de pie, y él había interpretado ese gesto
involuntario como una aceptación. Tal vez lo era.
Permití que me guiase hasta el asiento en su —usaré su misma palabra—
«portal». Esperó a verme sentado y dijo:

un objeto tridimensional— pasa a través del papel. todo lo que impide a la criatura subir a la burbuja es su actitud mental. Vi esa cara. —¡Déjeme en paz. Ahora le voy a inyectar una sustancia. No quiero participar en esto. Él me esquivó y. por amor de Dios. pero es más que probable que usted ya haya pensado en ello. y si no está habituado a ella. yo le digo que la tierra que usted conoce no es más que una apariencia tridimensional —un afloramiento. de otro modo nunca hubiera llegado tan lejos. Perdí mi espíritu aventurero en el ejército. Una criatura bidimensional vive sobre una hoja de papel. —Sí. que es. entonces el círculo se empieza a contraer hasta convertirse en un punto y a renglón seguido desaparece. hombre. uno de los impedimentos estriba en que los sentidos registran cada una de las dimensiones como una realidad tridimensional. Mi mirada se fijó en aquella cara. todo eso lo comprendo.. señor Meacher. no tengo la menor idea de lo que está diciendo! —La violencia con que niega me persuade de otra cosa. que se expande hasta un círculo cuya máxima dimensión es la circunferencia de la burbuja. como un punto central. diría un geólogo— de un universo multidimensional. pues la influencia del tiempo y los hechos yacían en ella. —Si yo fuese usted me sentaría. y quizá siempre lo estará.. al perder el equilibrio. Había alargado una mano como disponiéndose a sostenerme y me había clavado en la vena de la muñeca izquierda la punta de una diminuta aguja hipodérmica. Una sensación punzante me corrió por el brazo. Tiene nicomiotina en las venas. se me grabó en la retina. me tambaleé hacia adelante. Una burbuja —es decir. como un factor cardinal. ¿Cómo percibe la burbuja a la criatura bidimensional? Primero como un punto. Deje que se lo explique en esta forma. Rastell! No sé lo que está diciendo. que ejercerá su efecto sobre los sentidos. Siéntese. Una los extremos de la hoja de papel donde vive la criatura y obtendrá una vívida representación de su mente: ¡un círculo cerrado! Usted no puede percibir las otras matrices del universo multidimensional. —¡Rastell. puede que esté maravillado. pero no sorprendido. Meacher. Cuando me abalancé sobre él. Esa mente necesita dar un giro de noventa grados y la suya también. Salté de la silla. levanté la mano derecha: tenía la intención de darle un puñetazo en plena cara. pero usted está insinuando que esa criatura bidimensional puede trepar a la burbuja. y de una proporción extraordinaria y sensible entre los distintos rasgos.—Esto no es nada que lo toma desprevenido. Yo. ni quiero saberlo. Será algo nuevo. comparándolo con cosas que le son familiares. y en ese entrelazamiento vi simbolizada toda la rueda de .. sí. una referencia a partir de la cual se podría trazar todo el mapa del universo. ¡Era una locura! De alguna manera debía haberse ingeniado para hipnotizarme (¡de que me había fascinado no cabía la mejor duda!). su sistema lógico.. de líneas claras. hasta que a su vez ella influyera en el tiempo y los hechos. —Escuche. en ese momento la burbuja se encuentra a mitad de camino. el ejercicio lo puede descomponer. Comprender el mundo multidimensional en su totalidad está más allá de la capacidad humana. ¡Rastell! El nombre brotó de mis labios como un alarido. Pero está en mis manos hacérselas percibir.

la vida que gobierna a los hombres. Sí, supe —aun en ese momento supe—
que me estaba sometiendo a la influencia de la droga que Rastell me había
inyectado. No tenía ninguna importancia. La verdad es la verdad, la
encontremos nosotros a ella o ella sea la que nos encuentre a nosotros.
Cuando me senté en el banquillo de la pantalla, fue con un movimiento que
participaba del mismo dualismo mágico. Pues ese acto podía parecer una
sumisión a la voluntad de otro; y no obstante yo sabía que era una
demostración muy vital de mi voluntad, como si dentro del universo de mi
cuerpo una parte de mí mismo hubiese puesto en actividad un millar de
respuestas diminutas, y la sangre y el músculo cooperaran con el acto. Y al
mismo tiempo que ese acto cósmico y dramático tenía lugar, oía la voz de
Rastell, resonando en la distancia.
—En esta matriz a la que pertenece, tengo entendido que usted vivió lo que
ahora se denomina la Edad del Tabaco, cuando mucha gente —me refiero
principalmente a los cincuenta primeros años del siglo pasado —era esclava
del tabaco. Fue la edad del cigarrillo. Los cigarrillos no eran sólo los objetos
románticos descritos por nuestros novelistas históricos; eran asesinos, porque
la nicotina que contenían, aunque benéfica para el cerebro en pequeñas dosis,
es la muerte de los pulmones cuando la absorbemos en grandes cantidades.
Sin embargo, antes de que los cigarrillos se dejaran de fabricar hacia fines de
la década del setenta —¿cómo se siente, Meacher?, no tardará en surtir su
efecto—, antes de la quiebra de las empresas tabacaleras, descubrieron la
nicomiotina. Como esas empresas tenían bastante mal olor, la nueva droga fue
olvidada durante unos cincuenta años; en su matriz, según lo que he podido
averiguar, no se le da aún importancia alguna.
Me tomó el pulso, que se esforzaba bajo mi piel como un hombre tratando
de liberarse del saco que lo aprisiona. Hundido en un océano de sensaciones,
no dije nada: podía comprobar las ventajas de haber estado inconsciente toda
una vida. Luego uno puede lograr la libertad para perseguir las cosas que
realmente importan.
—Probablemente no lo sepa, Meacher, pero la nicotina retarda la eliminación
de orina. Ponía en movimiento una cadena de reacciónes que liberaban una
sustancia llamada vasopresina que desde la glándula pituitaria se volcaba en el
torrente sanguíneo; cuando la vasopresina llegaba al riñón, cesaba la excreción
de líquidos ingeridos por la boca. La nicomiotina libera la noradrenalina del
hipotálamo y de los tegumentos del cerebro límbico, esa parte del cerebro que
controla las funciones de la conciencia. Al mismo tiempo la droga produce
miodrenalina en los vasos capilares periféricos. Esto se manifiesta en lo que
llamamos «transferencia de la atención». El resultado —estoy simplificando,
Meacher—, el resultado es la descolocación de la conciencia que nos es
imprescindible para transferirnos de una matriz a otra. El flujo de atención es,
por así decir, sometido a un desvío móvil y se lo engancha a la próxima matriz.
—Extrañísimo y cada vez más extrañísimo murmuré.
—El banquillo en el cual está sentado es un circuito que se puede sintonizar
a distintos niveles de vibración, cada uno de los cuales corresponde a una de
las matrices del univero multidimensional. Yo muevo esta palanca, y usted se
deslizará sin dificultad a través del portal hacia la matriz de donde yo vengo. No
piense que va a trasponer una barrera, en realidad va a eludir una barrera. Los
resultados de esta técnica también se pueden lograr por medio de una intensa

disciplina mental; era esto lo que estaban consiguiendo, sin quererlo, los yoga
cuando... ah, ya se está deslizando, Meacher. ¡No se asuste!
No estaba asustado. Me encontraba fuera de mi caparazón y comprendía
que a todos nosotros nos llegan instantes de calma y desprendimiento; esa
quietud tal vez sea el secreto que sólo un puñado de hombres en cada
generación descubre por casualidad. En ese mismo lentísimo lapso advertí que
mi pie izquierdo se había desintegrado.
Pero no me asaltó congoja alguna, porque mi pie derecho también se había
desintegrado. La sabiduría y la simetría del hecho me regocijaban.
Todo se desintegraba en una bruma..., no es que me importara mucho,
aunque por un instante me aterraron las miradas de basilisco de los botones de
mi chaqueta; me miraban furiosos y sin parpadear, así que trajeron a mi
memoria aquellas líneas de Rimbaud «los botones de la chaqueta son los ojos
de las fieras que nos acechan desde el fondo de los corredores». ¡Luego los
botones y Rimbaud y yo desaparecimos en la bruma!
Una sensación de náuseas precedió mi entrada en la matriz de Rastell.
Permanecía en mi asiento tiritando, con la cabeza repentinamente
despejada y baja temperatura corporal. La droga había alcanzado cierto nivel y
luego se había desvanecido. Era como si un amor apasionado hubiese
concluido por un abandono inesperado, por una pérfida carta. En mi aflicción,
miré a mi alrededor y vi una habitación muy semejante a la que acababa de
dejar.
La habitación tenía la misma forma, las mismas puertas y ventanas, la vista
que se divisaba desde la ventana era la misma; pero las cortinas no estaban
corridas y afuera era de día. Me pareció que los muebles eran distintos, pero
no me había fijado mucho en los otros como para estar totalmente seguro. De
una cosa sí estaba seguro: en la otra habitación no había visto a un hombrecito
de aspecto desagradable que vestido con un mono de algodón estaba inmóvil
junto a la puerta, mirándome sin parpadear.
Cuando me ponía de pie, Rastell se materializó, llevando a rastras la
pantalla plegadiza.
—Pronto se sentirá mejor —dijo—. La primera vez siempre es la peor. Ahora
hay que moverse. ¿Puede caminar bien? En la calle podremos tomar un
cabriolé.
—¿Dónde estamos, Rastell? Esto todavía es Edimburgo. ¿Qué ha
sucedido? Si se está divirtiendo conmigo...
Chasqueó los dedos con impaciencia, pero cuando respondió su voz era
tranquila.
—Usted ha abandonado el Edimburgo de AA688, así designamos a su
matriz natal. Y ahora estamos en el Edimburgo AA541. En muchos aspectos, el
uno es muy similar al otro. En ciertas formas los encontrará idénticos. Sólo por
obra del azar se han producido divergencias; por lo tanto al principio usted las
tomará como una norma. A medida que se adapte a la vida intermatrices,
advertirá que las normas no existen. Vamos, a moverse.
—No entiendo lo que Me dice. ¿Quiere decir que tal vez encuentre aquí a mi
hermano y su mujer?
—¿Por qué no? Es muy posible que se encuentre a usted mismo aquí, aquí
y en un millar de otras matrices. Una de las propiedades de la materia es
imitarse a sí misma en todas las matrices; y del azar, el modificar esas
imitaciones.

Hablaba como si repitiese un concepto aprendido de memoria, mientras se
acercaba al fulano andrajoso, el cual, durante toda nuestra conversación, no se
había movido de junto a la puerta. Noté que el hombrecito llevaba, un poco
más abajo de la rodilla, un brazalete con cuatro ejes radiales que se le
clavaban en la carne. Rastell sacó una llave del bolsillo y la introdujo en la
cerradura del brazalete. Los cuatro ejes saltaron hacia afuera y colgaron de sus
goznes en el borde del aro. El hombre se frotó la pierna y renqueó alrededor de
la habitación para restablecer la circulación sanguínea. No nos sacaba los ojos
de encima ni a Rastell ni a mí, pero en especial a mí, sin mirarnos directamente
y sin hablar una sola palabra.
—¿Quién es este hombre? ¿Qué está usted haciendo?
—Si no lo hubiese inmovilizado con el grillete habría tratado de escapar
mientras yo no estaba —dijo Rastell. Extrajo una botella por debajo de la
túnica—. Le gustará saber, Meacher, que aún tiene whisky en esta matriz; tome
un buen trago... le ayudará a reponerse.
Agradecido, bebí el reconstituyente de la botella misma.
—Ya estoy repuesto, Rastell. Pero toda esa charla de la materia imitándose
a sí misma... es como una visión infernal. Por el amor de Dios, ¿cuántas
matrices hay?
—No hay tiempo para hablar de todo eso. Si nos ayuda, obtendrá las
respuestas que quiera. Por el momento, en todo caso, son más los
interrogantes que hemos descubierto que las respuestas. No más de veinte
años atrás se verificó la existencia del universo multimatriz; el Cuerpo
Investigador de Matrices se organizó sólo quince años atrás, en 2027, el año
en que estalló la Cuarta Guerra Mundial en su matriz. Aquí no hubo guerra.
—Rastell, no puedo aceptar ni una sola palabra de lo que dice. No quiero
participar en esto.
—Ya está participando. Dibbs, pliega el portal.
Dibbs era el mudo. Con los ojos bajos, cumplió la orden que le habían dado,
plegando el portal hasta reducirlo al tamaño de un maletín que prendió en la
espalda de Rastell. Rastell me tomó del brazo y me arrastró consigo.
—Contrólese y vamos. Ya sé que al principio es un choque muy violento,
pero usted es un hombre inteligente; se adaptará.
De un manotazo me liberé de su garra.
—Por ser un hombre inteligente es por lo que rechazo sus explicaciones.
¿Cuántos de estos mundos-matriz hay?
—El Cuerpo Investigador de Matrices mide el grado de conciencia por
«des». Al separar tres «des» en el espacio entre ellos encontraremos infinidad
de matrices...Sí, una infinidad, Meacher, y ya veo que esa palabra no lo
tranquiliza en absoluto. Hasta ahora sólo hemos explorado unas pocas
docenas de mundos. Uno o dos los estamos utilizando. Algunos son tan
parecidos a los nuestros que sólo por detalles mínimos —tal vez el sabor del
whisky o el nombre de un diario dominical —es posible identificarlos; otros...
encontramos uno, Meacher, en que el planeta había sido mal concebido, no era
más que una bola de turbulentos ríos de barro, y estaba envuelto en una nube
permanente. Los habitantes de otro eran todos seres alados que vivían en un
mundo selvático.
Abrió la puerta mientras hablaba; salimos juntos a la escalera de caracol; y a
la calle, por un umbral mugriento.

al pensar en ellos los llamaba la clase esclava —estaban encadenados a un asiento trasero. impulsados por cuatro sudorosos infelices. Al igual que Dibbs. Esa clase caminaba por las aceras. de tanto en tanto. provenientes de otras matrices. había conseguido un cabriolé y en él partimos en dirección a la Estación Waverley. y los escasos transeúntes se podían clasificar sin vacilación en dos clases. y tampoco cabían dudas de que no era mi Edimburgo natal. le pregunté a Rastell si allí se habían promulgado iguales leyes. aunque ciertos rasgos de su aspecto general me decían que habían sido alterados en alguna forma que no podía recordar. han sido traídos aquí porque necesitamos las ideas que seres extramatriciales nos . —En realidad contamos con más mano de obra que combustibles — respondió—. vestían con elegancia. Muchos de los hombres llevaban espadas. varios coches similares rodaban de un lado al otro. creo. Al recordar que ese último tipo de vehículo había sido prohibido en mi matriz. Había otra clase. pues al caminar o al avanzar zigzagueando —eran muchos los que lo hacían así —llevaban baja la cabeza y miraban. un carro convencional con motor de combustión interna. Algunos hombres y mujeres marchaban con la cabeza muy erguida. excitado por la desafiante novedad de todas las cosas. los edificios se parecían a los que yo conocía. Dibbs subió al asiento para formar un cuarteto. de gente. todos vestían monos de algodón. En las calles. Anochecía cuando había entrado en aquella casa. El coche me dejó estupefacto. la inconfundible Auld Reekie. El aspecto de la gente era diferente y su vestimenta también. o una casa similar. Era de tracción humana. Las calles estaban casi desiertas. En verdad. por debajo de las cejas. marchaban por las calles sin ninguna gracia ni apostura. porque Rastell. No intercambiaban saludos entre sí. y así avanzábamos. Al ver la puerta mugrienta y extraña. y hasta se veían sillas de mano. —Nosotros estamos obligados a correr porque el equilibrio de toda esta matriz se halla en estado de crisis. Tres hombres enfundados én monos —para ese entonces. volví a sentirme yo mismo. a paso vivo. no cabía duda de que estábamos en la Auld Reekie. Cuando salimos era un día gris. muy apropiadas para la escabrosa topografía de Edimburgo. La civilización está amenazada y debemos salvarla. y como él llevaban un disco amarillo entre los omóplatos. con una luz plomiza forjada con la intención de mimetizarla con las piedras de la ciudad. como él tenían un brazalete un poco más abajo de la rodilla. se sonreían y saludaban unos a otros. A esos hombres sólo se les permitía caminar por la calzada. con amplios cuellos blancos y capas cortas de un material parecido a un plástico o cuello rígido. No vi ningún ómnibus ni auto particular. Y a diferencia de lo que acontece en su miserable matriz proletaria aquí la mayoría de los hombres libres tiene su tiempo de ocio y no necesita apresurarse para nada. Las multitudes míseras y parleras entre la cuales Royal. furtivos. en aquel momento pensé en denominar «futurista» el estilo. tal como lo había prometido. Usted y otros como usted. todos juntos empezaron a pedalear. Disponía de mucho tiempo para observar a la gente. —Usted insistió para que me apresurase.Mi aventura había comenzado. Oh sí. Cándida y yo habíamos caminado a codazos ya no se veían. No faltaban los jinetes y.

—¿Por qué invocar a la Iglesia? —Porque yo soy miembro de la Iglesia. Cándida y yo no hacía mucho que vivíamos allí. Se están poniendo muy negligentes. Cuídese de blasfemar. —No hay nada mejor que un Estado esclavista. porque Royal. como es natural. y la Iglesia se atiene a sus derechos con mayor firmeza de lo que sucede en su matriz. Dibbs. habían saltado del asiento y nos empujaron durante ese trecho de camino. no quiere decir que sus talentos no sean quizá invalorables. de su matriz. ¡salta! . subs. entre ellos la Unión Soviética y el Imperio Británico? ¿No fue la Grecia clásica una comunidad de Estados esclavistas? ¿Quién si no los esclavos forjaron los monumentos memorables del mundo? En todo caso. Yo no les presté atención. —Es una esquina peligrosa. Con la cabeza asomada por la ventanilla soplaba un silbato. Más adelante. junto a la escalinata del Salón de Asambleas. no esclavizada. en nombre de la Iglesia. he visto de su cultura. Uno de los pasajeros había sobrevivido al choque. pero en la parte más moderna de la ciudad. éste es el lugar favorito —dijo Rastell—. Dos de los esclavos. Rastell entreabrió la puerta y se asomó para gritar a sus esclavos. un cabriolé había chocado y volcado. viven en un Estado esclavista. aunque un volante auxiliar eliminaba las molestas sacudidas de ese método de conducción. —¿Es diferente para la gente en esa condición? —Oh. Usted no hace más que parlotear.. empezamos a descender por la empinada cuesta de The Mound.puedan proporcionar. ¿Como puede decir que ellos lo permitieron? Sin responderme. Habíamos llegado con extrema dificultad al Puente George IV. detengan el coche enseguida. —Espero. con las cadenas extendidas al máximo. Se oyeron silbatos en las cercanías. Meacher. y por lo poquísimo que. Después de cruzar el puente. Lo mido por la libertad personal que gozan los individuos. no me pareció cambiado. usted prejuzga. sujeto a nuestras leyes. con toda su majestuosa altura. —¿Inferior? ¿Qué pretende decir con inferior? A juzgar por esas anticuadas sillas de mano y estos anacrónicos coches a pedal.. vi muchos cambios. lo que es diferente. Las cejas góticas se arquearon mientras hablaba. Usted es un historiador. —Los subs han permitido que ocurriese otro choque. El Castillo de Edimburgo a la izquierda. ¿no? ¿Es capaz de juzgar sin atenerse exclusivamente a las pautas estrechas dictadas por su propia época? ¿Qué Estado llegó a la grandeza sin contar con la labor de los esclavos. Meacher. Los tres esclavos encadenados a él —al dar la vuelta un recodo los vimos con claridad— tizoneaban con todas sus fuerzas tratando de arrancar las cadenas. —Por supuesto que no. —Eh. Guardé un silencio tenebroso. Quiero bajar. Si bien su cultura es inferior a la nuestra. Meacher. cállese. usando en forma alternada los frenos y la rueda libre. aunque no pude precisar en qué radicaban. parecerían que están varios siglos atrasados con respecto a nosotros. y aún no estaba familiarizado con la ciudad. que no sólo mida el progreso según normas materialistas. que se extendía ante nosotros. pero Rastell se puso rígido y sacó un revólver del bolsillo. Durante su permanencia aquí estará. Aquí tenemos una población sometida.

al estilo de los ventanales de las iglesias primitivas de Inglaterra. El silbido se interrumpió en medio de una nota. a medias protegido por nuestro cohe. El sub que se había liberado fue entrado a puntapiés por la puerta trasera del patrullero. Me quedé donde estaba. Tenía puertas dobles a ambos lados. tuve tiempo de observar el auto con más cuidado. ni hablar. una multitud formada por la clase superior. Rastell no diparó el arma.. Llevaban cintos con espadas y empuñaban pistolas. Los otros tres se quedaron inmóviles y trémulos. Con un sobresalto creí reconocer a uno de los ociosos que peroraban. Todos entramos en el coche y reanudamos la marcha. Al pasar cerca del patrullero miré la multitud reunida a su alrededor. Dibbs y sus tres compañeros me observaban por debajo de las cejas. ¿Por qué no.. en la parte trasera. luego me dije que mis nervios me estaban traicionando. El pasajero se desplomó hacia un costado y luego desapareció en el interior del coche. Una multitud se congregaba en los escalones del Salón de Asambleas. —Sigamos —dijo Rastell. ¿Por qué no. El aire era frío. no quería participar en nada. pero sin las líneas aerodinámicas que habían caracterizado a los autos de mi niñez. Las ventanillas eran estrechas. Dibbs y sus compañeros subs se quedaron donde estaban. pensé. Un auto se abrió paso por la colina con las sirenas chillando y se coló entre Rastell y el coche volcado.Con un rechinar de frenos nos detuvimos en la barranca. Miré alrededor. Se oyó el gemido de una sirena. Avanzó y blandiendo la cadena la dejó caer sobre la cabeza del pasajero. En el techo llevaba un letrero luminoso con la leyenda Policía de la Iglesia. Cuando Rastell saltó a la calle yo le imité. Era un vehículo extraño. por la que habían entrado a empellones al infeliz sub. impulsado por un motor de combustión interna. Vi la mirada de desaliento con que se lo señalaba a sus compañeros aún cautivos y que saltaba cerca de ellos. cambió de expresión. Hombres con uniforme blanco y negro saltaron a la calle. Cuando el esclavo del coche vio que Rastell empuñaba un revólver. Mientras los otros intercambiaban comentarios. —Será mejor que me siga. si la mayoría de la gente que pueden atropellar carece de importancia y de derechos? Rastell volvía. ya no trataban de escapar. puntiagudas y agrupadas de a dos. indeciso. Uno de los esclavos había conseguido arrancar la cadena del panel de madera del coche. Para ese entonces el esclavo ya había subido al costado del cabriolé y se daba vuelta para enfrentar a Rastell. Se parecía tanto a mi hermano Royal. Me sentía acalambrado e inquieto. hasta el parabrisas seguía el mismo estilo y estaba dividido en seis. y otra. sin moverse. celeste y amarillo. Todo él estaba barrocamente pintado de blanco. si el tiempo sobra y la mano de obra es barata? Y en cuanto al vitral del parabrisas. con la plena conciencia de que me encontraba tan lejos de casa que la distancia no se podía medir en kilómetros. . Rastell se acercó a ellos a la carrera. Le hizo a Dibbs y a los subs una seña autoritaria. Meacher —gritó Rastell. Empezó a correr en dirección al coche accidentado. aunque el debate en la vecindad de la escalinata proseguía aún. una bestia poderosa. Otros silbatos empezaron a ulular.

es el edificio de la Comisión de Rearme Nuclear. Este problema prendió como la yesca hace sólo unos años atrás. las mercaderías en venta no se desplegaban en forma atractiva. Yo tengo que hablar con una o dos personas. excepto que todo era de un apagado color grisáceo. —Creo que mi matriz es un edificio de oficinas. de vista. El lugar hervía de actividad. —Nos queda media hora antes de la próxima conferencia en la que se les dará a los extramatriciales información sobre nuestra historia. con cierta similitud con los muebles de estilo Windsor de unos cincuenta años atrás. bicicletas de cuatro ruedas y autitos con motores eléctricos iban y venían. sólo es cuestión de puntos. ¿Ya se ha olvidado de la inclinación guerrera que tiene su matriz? —entonces pareció ablandarse y dijo con un tono menos irónico—: Sin embargo. Rastell se acercó a una cartelera y la recorrió rápidamente. Le será útil escucharla. En realidad. Él interpretó la expresión de mi rostro y llamó a la muchacha. Otro corrió con un vaso de agua. Yo sentía cierta aprensión en separarme de Rastell. los labios curvados en una sonrisa no exenta de maldad—. Atacó a un Fiel Practicante.—Se producen demasiados de estos incidentes —dijo Rastell—. de un lado al otro. . ¿Qué otra cosa se puede hacer con él? Se le otorgarán los últimos ritos. Los grandes salones con mercaderías electrónicas no existían. Los vidrios de los escaparates estaban sucios. Pronto nos volveremos a reunir en la conferencia. Yo no fui el único testigo. he hizo señas a una sirvienta que pasaba. En la aceras reinaba una gran actividad. Lo que había desaparecido era su alegría comercial. una calle digna de cualquier capital del mundo. Un sub corrió a desprenderle el maletín de la espalda. tal vez llegue a pensar que somos demasiado religiosos. coches a pedal.. can Dibbs pegado a los talones. —Éste es el cuartel general de mi congregación— dijo al empujar la puerta para entrar. el moblaje era pesado y de extraño diseño. aunque muchos de los edificios se conservaban como yo los había conocido. La ancha calle Princes. había cambiado. En ese momento los envolvía una decolorida uniformidad. ¿Qué le pasará al hombre que rompió la cadena y aporreó al pasajero? —¿Ese sub? —me miró. Había mucha gente y todos parecían felices mientras hacían sus compras. y tuve oportunidad de advertir que algunos de los hombres libres parecían menos prósperos que otros. El capitán Apostolic Ras parecía feliz de haber llegado a casa. la tiendas no estaban abarrotadas con los miles de maquinitas que me eran familiares. Deben tener un jefe. Las espiaba con ansiedad mientras a paso de hombre marchábamos junto a ellas.. Sillas de mano. —Me imagino que también tienen una causa. Lamenté cuando nos detuvimos frente a un inmenso edificio gris y Rastell me indicó por señas que debíamos descender. el único contacto con mi matriz. Lo ahorcarán en el Castillo la semana próxima. El vestíbulo me hacía recordar los hoteles pasados de moda. —Por el contrario. cuanto menos tiempo pierda mejor será. Pocos eran los esclavos que estaban a la vista. una muchacha que no vestía un mono sino un pantalón blanco y negro muy curioso. Voy a ver si le pueden encontrar una habitación para lavarse y descansar.

pero joven y de hermosas facciones.. La puerta giró sobre sus goznes. no dejó de llenarse la boca de comida. rabiosamente. dejó caer la mandíbula. Me llamo Sheridan Meacher. —¿Cómo te llamas? Apoyó el índice en un botón de la blusa. Dócil. sin dejar de mirar el disco amarillo de la espalda. Bajo dipensa. Aunque levantó la mirada cuando entré. —Quiero decir ¿otros extranjeros como yo? Asintió. —¿Te dolió? Asintió. Un sujeto con una escobilla de pelo amarillo sobre la frente y un rastrojo alrededor de una enorme mandíbula estaba comiendo sentado a una mesa. El desamparo en que se encontraba aquella criatura me abrumó. Seguí a la muchacha. con tanta indiferencia! —¿Hay otros hombres como yo. Le habían cortado las cuerdas vocales. Historiador. así como también varios dientes que necesitaban ser curados o extraídos. Agujas heladas se clavaron en mi pecho. ¡Oh. recordé que ni a Dibbs ni a los esclavos del coche volcado les había oído pronunciar una sola palabra. en mejores circunstancias que aquéllas. Ann? Cerró la boca y echó hacia atrás la cabeza. le prestará todos los servicios que usted requiera. —Abre la boca. A pesar de mí mismo. Se detuvo ante la puerta vecina a la mía y empleó la misma llave. a la mayoría? Asintió. expresión. Leí el nombre ANN estampado en él. cerró la puerta con llave y me la entregó. —¿Es una especie de castigo? Repitió el gesto. —¿Les hacen esto a todos los esclavos? Negó con la cabeza. Me acerqué a ella y le toqué el mentón. de otras matrices. No: tenía lengua. pensé que no sería un diablo tan desagradable.. Abrió la puerta y salimos al corredor. —¿Es usted un extramatricial? —le pregunté. Abracé los hombros escuálidos y me dejé poseer por la furia. Me guió por un tramo de escaleras y a lo largo de un corredor y me abrió la puerta de una de las habitaciones. Con esa horrible vestimenta quedaba ridícula y su rostro era pálido y enfermizo. —Llévame a uno de ellos. Ann. Meacher. su aire sumiso me sugirió ideas inquietantes. Al alejarse. —¿Tú eres Ann? ¿No puedes hablar? Sacudió la cabeza. Sobre la blancura del cuello destacaba una fea cicatriz. Hizo ruidos de asentimiento dentro del guiso.—Esta muchacha sub lo atenderá muy bien. —¿Por qué no puedes hablar. —Yo también. ex soldado del ejército —como no me contestó y se limitó a abrir la boca. —¿A algunos. en este corredor? Una mirada vacía de toda. Entré y ella me acompañó. arrastrando a Ann conmigo. Comía con una cuchara. continué— : No debemos otorgarle a esta gente ninguna ayuda que les permita apuntalar su . Le devolví la llave.

En tu matriz ¿no fueron los vencedores de la Tercera Guerra Mundial? —¿Vencedores? ¡Ni siquiera entraron en ella! —Bueno. en la gran Guerra del Pueblo. está bien. yo no me opongo a que usted se oponga. en 1940. que nos llevó a la gloriosa revolución. . después del fracaso de una revolución. los chinos han formado batallones de trabajo con los intelectuales.. ¿me apoyará en mi oposición a este régimen de esclavitud? —Bueno. ¿sabe? Por lo menos la esclavitud garantiza que una parte de la población viva por encima del nivel animal. Se inclinó hacia mí por encima de la mesa. —Yo soy extramatricial como usted —le dije—. ¿Qué es lo que no le gusta de este lugar? —Este sistema esclavista —de esclavos mutilados— es suficiente para convencer a cualquiera que el régimen imperante debe ser borrado. Espero que esté de acuerdo conmigo en que esta gente no merece recibir ayuda.régimen. ¿no? Se rascó la monda cabeza. Están muy ocupados haciendo caminos a través de Cairngorms. avanzando para mirarme de cerca—. Voy a conseguir gente que me secunde. era un hombrón desmañado y desagradable. Luego. —¿Los chinos? ¿Qué tienen que hacer allí? —Los chinos rojos. gracias por la conferencia! Sólo dígame una cosa. —Hay cosas peores que la esclavitud.. ésa es mi opinión —contestó. entonces. le expliqué a qué clase pertencía la muchacha y por qué se lo habían hecho. Todo el sistema es perverso y debe ser destruido. Juan? Le mostré la cicatriz de Ann. En la Gran Bretaña de mi matriz —y espero que usted haya observado lo mismo— el nivel de vida ha decrecido sin cesar desde principios de siglo. El huésped de la habitación vecina era un hombrecito rechoncho de cara rubicunda y calvo. sin dejar de empuñar la cuchara.. pero primero tengo que reunirme con los camaradas y someterlo a votación. que con un respingo interrumpió los mimos que le prodigaba a su muchacha sub cuando entré con Ann. Estará de acuerdo conmigo. se organizó el primer gobierno comunista bajo la conducción de Sir Harold Pollitt. Diez años atrás.. Tanto es así que algunos empiezan a murmurar que tal vez el comunismo no es la solución que creíamos cuando lo adoptamos por primera vez y. y si yo estuviese en tu pellejo mantendría el hocico cerrado. Juan. Se puso de pie. ¡eso es lo qué digo siempre! Antes de que me hubiese retirado de la habitación. lo que a ti te sobra es suerte. ¡cualquiera hubiera creído que dije capitalismo! Después del éxito de la Huelga General de 1929. —¡Está bien. —¿Qué tiene de perverso este sistema. —¿Quieres venir a dar una mirada a mi matriz natal? —dijo—.. meditando. —¿Comunismo en Gran Bretaña? ¿Desde cuándo? —Usted parece tan sorprendido. —Tenemos que tomar las cosas de la mejor forma posible ya que estamos aquí. y lo que hasta ahora he visto aquí no me gusta.. ya estaba metiéndose cucharadas de guiso en la boca. Acepta lo que te ofrecen. Se echó a reír...

. Y entonces tal vez los esclavos. —La campanada para la conferencia de historia —dijo Mark—. Les agradecemos que hayan venido aquí a traernos su ayuda y sabiduría. Ann desapareció cuando nos apresurábamos a descender.. apuesto y de pelo blanco.Le cerré la puerta en la cara. Al detenernos tan bruscamente nos observamos desafiantes. también ellos eran extramatriciales. Al entrar en un salón. Por mi escapulario. y me acompañan dos miembros de la junta. Ninguno de esos sujetos invertebrados quiere apoyarme. Me colmó una excitación embriagadora y deliciosa.. y me extendió la mano. —¡Ah. El calvo de la Gran Bretaña comunista (según mis datos sólo había un millón de comunistas británicos) se pegó a nosotros. así que yo también estreché el suyo. Por la variedad de estilos de la ropa. Estoy en una misión revolucionaria. y también yo ando reclutando gente. Si nos mantenemos unidos y desafiamos al régimen. con una nariz de puente muy marcado. Yo soy el Teniente Diácono Administered BIigh. pero no habló una palabra. la policía de la Iglesia montaba guardia a sus espaldas. historiador y soldado. se alzaba sobre una plataforma y tenía tres ocupantes. No quería perder un minuto de la conferencia y oír. —Me llamo Mark Claud Gale. cada uno con su secretario. Contando las cabezas noté que los extramatriciales éramos veintidós. de mi estatura y peso. Y luego Mark Claud Gale y yo escribiríamos una página de historia de nuestro puño y letra. Me había retirado a todo lo que me daban las piernas y choqué con otro hombre que avanzaba por el corredor a paso vivo. ¡ésta sí que es una aventura! Esa faceta del problema me había pasado inadvertida. ¡Vamos y aprendamos todo lo posible. Un par de policías de la Iglesia vestidos de negro apareció en la escalera y empezó a conducirnos al piso inferior. se puso de pie y empezó a hablar. a sus órdenes. me sentí dispuesto a todo. no dio muestras de haberme visto. usted me parece un posible adherente. así podrán lograr una . les damos la bienvenida a nuestra matriz pacífica y temerosa de Dios. Cuando sonó una campana uno de los hombres en la plataforma. La broncínea lengua de una campana me interrumpió. Cuando extendí la mía me estrechó el codo en vez de la mano. El capitán Apostolic Rastell dará ahora una breve clase sobre la historia de esta matriz. Sherry. acerca de esta jauría besa-aras! Estos datos quizás nos sirvan luego para nuestros propósitos. —¿Usted es extramatricial? Asintió sonriéndome con simpatía. Mark! ¡Estamos de acuerdo! Soy Sherry Meacher. sin duda. cuenta conmigo para cualquier cosa. ser asaltado e insultado por la descarga cerrada de hechos nuevos que solo un día atrás me hubiesen parecido una fantasía descabellada. al fondo del vestíbulo. pero yo no voy a prestar ni la más mínima ayuda a este gobierno de entunicados de negro. Era joven y moreno. No es necesario decir que sus servicios serán recompensados.. escuchar. Nos sentamos en unos bancos que había junto a largas mesas y miramos hacia la que ocupaba la cabecera. Uno de los tres hombres era el capitán Apostolic Rastell. Su aspecto me gustó enseguida. —Señores y pecadores. vimos que nos esperaban una treintena más de individuos. pero contar con un aliado vigoroso y fiel me reanimó inmensamente. puede que otros sigan nuestro ejemplo.

el afianzamiento de los reinos terrenales. durante la cual Gran Bretaña había permanecido al margen y los Santos Estados Consolidados de América habían vendido armamento a los dos combatientes. los restantes países europeos habían logrado su unidad varios siglos antes. para ese entonces la Iglesia poseía el control de todo poder nuclear. sino por batallones de religiosos militantes. Un sub distribuirá lapiceros y papel para aquellos que deseen tomar notas. el equilibrio de poder era tal como yo lo conocía. En la matriz de Rastell. poco a poco extendió su potestad sobre el arma.A. Una guerra larga y dura había socavado a los S. con una Alemania nazi luchando contra Gran Bretaña y Francia y. era que la Iglesia no había visto con tanta benevolencia. más tarde. los gobiernos débiles cayeron y una Iglesia poderosa. Antes de emplear esa arma contra los enemigos japoneses y alemanes. Los americanos. aunque Alemania e Italia sólo se constituyeron como nación durante la segunda mitad del siglo XIX. sin embargo. tan alucinante en su diferencia— al nuestro. Los obispos tenían más poder que los reyes o los parlamentos. los reyes de Inglaterra y Francia habían sido menos afortunados en las luchas contra los señores. y sus aliados. sin embargo. que fueron ocupados después del armisticio. se irguió como una fuerza omnipotente. No sólo prohibió el uso de un arma semejante contra países nominalmente cristianos. En todo el salón apenas se oyó un murmullo. Rastell abandonó su asiento. En mi matriz natal (Rastell la había designado como AA688. Denning. en la época de la guerra franco-alemana. Su autoridad se extendió a otros países. el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos. el concepto de nacionalidad no se había afirmado en épocas tan remotas como en la matriz que yo conocía. La versión de Rastell era prodiga en sutil propaganda. Gran Bretaña sólo se había convertido en un reino unido en 1914. Bastará que repita sólo algunos de los extraños datos que Rastell nos proporcionó. Escuchábamos fascinados el relato de la historia de un mundo tan similar —y sin embargo. la razón de ese estado de cosas. En esa matriz. mientras Japón combatía del lado alemán. Habló durante casi dos horas.E. en especial los europeos. En 1965. Japón. La guerra se prolongó hasta 1951. como en otras matrices. deduje. habían dedicado su atención y misioneros a Japón en épocas anteriores a lo que lo hicieran en mi matriz. Al finalizar el conflicto. La Asamblea era un grupo poderoso. no por ejércitos. Los científicos británicos y norteamericanos fabricaron la bomba atómica. la Iglesia Ecuménica sostuvo una breve guerra nuclear con China y la ganó. . la Santa Rusia y la Santa América entrando como aliados. con respaldo popular. la personalidad de ese hombre era capaz de vivificar hasta el más pesado de los pasajes dialécticos.C. Por lo tanto. y yo me había grabado el número en la memoria). consultó a la Asamblea de Iglesias. En la Primera Guerra Mundial de 1939. La Iglesia había incitado a los barones a luchar unos contra otros y contra la Corona. había sido evangelizado. que sentían menor atracción por una Europa no tan industrializada.perspectiva correcta de la naturaleza de nuestro problema. hizo una leve inclinación de cabeza a Bligh y entró de lleno en el tema. Esto produjo una crisis en la conduccion de la guerra. Benedict H.

Algunas de esas represiones eran bastante obvias. En sus diferentes matrices. La población mundial. el material que Rastell nos ofreció era mucho más sorprendente que para mí. Pude ver por las caras que me rodeaban que. y sin duda los hombres fuertes habían eliminado a los mansos. aquí el villano de la película es la Iglesia. Rastell informó en una parte de la conferencia que. y nada de lo que dijo hizo que dudara de mis razonamientos. verdad que rige . En ese momento se me ocurrió que ésa era una forma retorcida de decir que casi todas las naciones que carecen de fuerzas mecánicas se ven obligadas a recurrir a los esclavos. en la que yo había tomado parte. había aumentado en forma exorbitante. para muchos de los extramatriciales. —Hemos podido apartarnos del materialismo porque contamos con una gran población de sometidos que realizan por nosotros las tareas serviles —dijo Rastell. El gobierno religioso volcaba sus beneficios sobre toda la humanidad. «Ahora que ya tienen una perspectiva que les permitirá trabajar —dijo—. Con un control central autócrata y con falta de incentivos que las guerras proporcionan. »Tratamos de inculcar en nuestra clase sometida la verdad eterna de que la vida en este mundo está siempre acompañada por el dolor. casi un siglo atrás. La Iglesia no había alentado los viajes espaciales. El agotamiento de los recursos naturales había exigido el sometimiento de pueblos enteros.Desde esa fecha. la Iglesia Ecuménica puede presentar ante ustedes el problema a que nos vemos abocados en la actualidad. Inmediatamente les será servida la cena. de una manera u otra. los. pero. las luces empezaron a alumbrar desmayadamente en tanto nosotros despertábamos a la realidad de nuestra situación. Cuando Rastell terminó de hablar. Lo que más me desconcertaba era cuánto se había apartado la Iglesia de aquí de los ideales que encarnaba en mi matriz. el pogreso científico y tecnológico se había estancado. los métodos anticonceptivos fueron desaconsejados en todo el mundo. Como ya saben. Por lo que expuso. Luego Administered Bligh volvió a ponerse de pie. y por lo que omitió decir. reinó un profundo silencio en el salón. era evidente que desde 1960 el único descubrimiento científico que habían logrado eran los portales y los viajes espaciales transmatriciales. Así que me dije para mi fuero interno. a partir de 1951. no habían estallado guerras en occidente. Sin duda los habría horrorizado enterarse de la Batalla de Venus que tuvo lugar en la Quinta Guerra Mundial. pero ahora les daré un panorama general para que lo vayan meditando mientras comen. Quizá fuese el monopolio del poder nuclear lo que había provocado el cambio. la Iglesia Ecuménica había conservado los frutos y los secretos del poder nuclear bajo sus poderosos brazos. Había oscurecido mientras él pronunciaba la conferencia. Una posesión de esa naturaleza requería hombres fuertes para controlarla. después les explicaré en detalle en qué radica ese problema y los invitaré a darme sus opiniones. después de la fusión de la Iglesia Cristiana Universal en 1979. Un caso más en que el poder absoluto todo lo corrompe. por otra parte. todos ustedes. Los nuevos seres nacían para la esclavitud. Lo que Rastell no mencionó fueron los resultados negativos o represivos de ese dominio.hemos traído aquí para que nos ayuden. son investigadores históricos.

hacía sólo una semana que acababa de regresar de una misión de la legión en Cachemira cuando esta gente me tomó prisionero. caballeros— nos enfrentamos con una revuelta mucho más seria. —No. —¡Me alegra infinitamente que tengan disgustos en Londres. —¿Qué estás maquinando? Tenía la desagradable impresión de que estaba metiéndome en aguas más profundas de lo que era mi intención.» Se sentó. ¡tengo una idea más sencilla! —se inclinó para hablarme confidencialmente.. es ésta: ¿es la lenidad o el rigor la mejor arma para manejarlos? »¿Debemos destruir a Londres con armas nucleares y arriesgarnos así a proporcionarles el espectro del martirio. »La Iglesia Ecuménica los bendecirá por la ayuda que le pueden prestar. La pregunta que les habremos de formular.. Mark le apoyó la palma de la mano en la nariz y lo empujó hacia atrás. Los subs se han apoderado de la capital: Londres está en sus manos. ajusticiando tan sólo a los jefes y permitirles creer que la Iglesia Ecuménica reprimió su fuerza no por caridad sino por debilidad? »Los dos caminos se abren ante nosotros. Escucha.. hipócritas invertebrados —le replicó Mark—.. si el director de escena es bueno.. contra la Iglesia Ecuménica. un tanto decadente. El hombrecito calvo de la Gran Bretaña comunista estaba sentado a mi lado. La mayoría tiene que pensar igual que nosotros y se negarán a apuntalar este régimen. con bandejas de comida. esta vil Iglesia está acostumbrada a tratar con esclavos. para inspirar a otras comunidades esclavas? ¿O debemos obligarlos a rendirse para perdonarlos. ¿No estás de acuerdo conmigo. Ya se oía el entrechocar de la vajilla. Mark levantó la mano. Sherry? Y volvió hacia mí su rostro ceñudo y sincero. —Ah. Allí la Iglesia era. Un torrente de hombres y mujeres sub aparecieron por las puertas al fondo del salón. en mi matriz. Ahora —seré sincero con ustedes. La lenidad siempre impresiona a las mentes mediocres. Y tú debes venir de alguna asquerosa cultura lamebotas si dedicas un solo minuto de inteligencia a resolver su problema. El calvo también se inclinó para no perder sus palabras. no con hombres libres. —Vete a jugar al bosque. Sherry. Necesitamos conocer la experiencia histórica de las matrices desgarradas por la guerra para optar por la solución más adecuada. soy instructor de historia en una de nuestras academias militares: He prestado servicios en todo el mundo. Créeme. De las cocinas salía un vapor grasiento y el aroma de potajes y carnes asadas. . caralisa —dijo. Y luego a mí—: Donde hay tres sobra uno. Pero los subs no aprenden. Mark! Hay aquí unos cincuenta extramatriciales. o podrían resolver sus propios problemas sin ayuda de nadie. y todas las consecuencias implícitas. lo sé bien. »Varias veces se han rebelado contra sus amos. Nosotros dos podemos hacer cualquier cosa sin correr riesgos. —Estos miembros de la Iglesia son perros. y unidos. Un puñado de hombres indisciplinados es peor que el dolor de estómago. tengo experiencia. pero el terror impresiona más —dijo algún otro y se rió. y de que sólo encontrarán la recompensa a su virtud en el Más Allá. —Un dilema interesante —dijo—. Busquémoslos..para dirigentes y dirigidos.

Todo el equipo era de una antigüedad increíble. Empujé una enorme mesa de madera y la estrellé contra esa puerta. Si nos ayudan. Un repiqueteo contra la . lo seguí. ¡Por unos instantes la cocina era nuestra! Al darme vuelta. pero no de suciedad. un típico nativo de Edimburgo. —Hombres: ¡Todos ustedes pueden ser libres! ¡Un hombre tiene derecho a su libertad! ¡Mejor la muerte que la esclavitud! . Se apeñuscaron austados. doblado en dos para no ser visto desde la plataforma. —Deja ese fulano de mi cuenta —le dije a Mark. Me tracé un plan de acción. Abandonaron las distintas tareas y nos miraron boquiabiertos. Y al mismo tiempo conseguiremos armas. palmeándome el hombro al pasar. Satisfecho de corazón de estar obligado a comprometerme. Las cocinas siempre están bien provistas de armas. cejas color arena. una amplia puerta que daba a un patio. ¿Sabes combatir. Tenía una cara tosca y. Un par de gruesas puertas vaivén de madera separaban el salón de las cocinas. Otro par de puertas vaivén llevaba al fregadero. tenemos que hablar y hablar y también escuchar. Para ese entonces los esclavos habían comprendido que algo extraño sucedía. pensé. Se deslizó del banco y partió. Agité los brazos en el aire y seguí con mi arenga. Era un vasto recinto.—Primero tanteemos con qué recursos cuentan. por supuesto. Me apoderé de uno y lo inserté entre las manijas de la puerta. Vi el disco amarillo entre los omóplatos. bañado en vapor. Salté sobre el asiento y los arengué. El borde lo golpeó con certeza en el puente de la nariz y cayó como muerto. Tomé el único camino que me quedaba. le arrojé una bandeja de metal que encontré en una mesa a la derecha. ¡Mucho más sensato! ¡Mucho más civilizado! Cuando tengamos tiempo. las trabé en la misma forma. Me apoderé de un cuchillo de carnicero que estaba sobre un banco. vi que Mark había definido la lucha con su capataz. también esa entrada quedó cerrada. los ojos dilátados me miraban como si me dispusiese a degollarlos. vayamos a las cocinas. mientras miraba a mi alrededor y notaba que sólo había otro capataz en toda la cocina para vigilar las tareas de unos treinta esclavos. sí. con un ¿qué desean los caballeros? en los labios. la apariencia que daba era de oscuridad. —¡Todas esa guerras mundiales! En mi matriz es muy distinto. sólo tenemos campañas locales. No están solos. aunque estos perros sarnosos son vegetarianos. Cuando el capataz llegó a nuestro lado. Eso los detendría por un rato. Primero. —Yo me encargo del otro lamebotas —dijo Mark. Había otra puerta en la cocina. en la Tierra y en Venus. La reacción de los infelices subs fue aún más sorprendente. ¡Ármense! ¡Luchen por la libertad! ¡Luchen por sus vidas! Vi a Mark volverse hacia mí con una expresión de estupor y consternación. Ha llegado el momento de la venganza. otros los ayudarán. Sherry? Me pareces un buen soldado. ¡Vamos! No esperó mi asentimiento.Ármense y ayúdennos a luchar contra sus opresores. —Luché en la Quinta Guerra Mundial. Un capataz que empuñaba un latiguillo nos vio enseguida y se apresuró a acercarse. En un rincón había baldes con varios lampazos con los gruesos mangos apoyados contra la pared. Irrumpimos con violencia en ellas. sin un grito.

. hombre. que me moviese. —¡La idea es derrocar a esta podrida Iglesia Ecuménica! ¡Yo sé cuál es mi deber: mi deber es para con los libres. y serás bien venido. Déjalos. vociferante.. Cuando yo la barajaba en el aire. se podía manejar a mano desde el interior. ¡Sube y tira de la soga! Saltamos al armatoste. los esclavos nunca pelean a menos que hayan conocido días mejores. espera —dijo Mark—.. —Estúpido liberal. sin tocarme. Nos precipitamos hacia él. Ascendimos chirriando en la oscuridad. Señaló un pesado montacargas que se veía en una de las paredes. hacia nosotros... Saben bien que los matarán.. ¡deja que los masacren! Ármate y salgamos de aquí. intentaron arrancar el lampazo.. Mark y yo 'nos volvimos al unísono. ¡Elijan la libertad! Todo lo que hicieron fue batirse en temerosa retirada. El capataz que se había desmayado con la bandeja avanzaba. amigo? Tienen gran fibra de luchadores porque han aprendido la diferencia entre lo bueno y lo malo.. Llorando y atropellándose se lanzaron contra la puerta.. no para con los siervos! Olvídate de estos brazos grasientos! Toma un cuchillo más grande y muévete. --Estoy tratando de ayudarlos. Salté en medio del grupo y los hice retroceder. Sube. De un brinco el capataz se nos unió. deténganse! ¡Espérenme! Al oír el grito.. —Pero Mark. Lucharé junto a ustedes. Prefiero morir a seguir como hasta ahora. tambaleándose. ¿no es así.puerta que daba al salón los sacó de su parálisis. ¿Son cobardes? No los dejen entrar. estás loco! ¡Estos perros han nacido esclavos! ¡Escoria! ¡Parias! ¡Basura!. Algunos se persignaban. Los esclavos se apiñaban como ganado en un rincón cercano. Por medio de las cuerdas que lo sotenían. en su ansiedad unos entorpecían los esfuerzos de los otros. —Déjenme unir a ustedes —dijo—. Atranquen las puertas con las mesas. volvió a ordenarme. —¡Sherry por mi escapulario. —No lleva más que hacia arriba. ¡Estoy con ustedes! —Tú eres capaz. Es un esclavo ascendido. los matarán. su rostro estaba enrojecido! El golpeteo contra la puerta aumentaba de volumen. ¡Un ascensor de servicio! —Nos bastará. observándonos a Mark y a mí con alarma.. ¡Salgamos de aquí! —Pero no podemos dejar a esta gente. Entrarían en cualquier momento. —¡Eh. ¡No te queremos con nosotros! —No. nos ayudó a tirar de las cuerdas. sacó de allí una pesada cuchilla de trozar y la lanzó en mi dirección. Mientras nos dedicábamos a nuestra tarea. Mark dijo: . Eran débiles y estaban aterrorizados y lo único que hacían era evitar mis trompadas. la idea. Me metió bajo la mandíbula un puño desmesurado y. no gente! Corrió hasta un gran artesón de metal. Podrás guiarnos por los recovecos de este lugar infernal. Mark me tomó del brazo con rudeza. Unos pocos dejaron escapar gritos inarticulados. lo sacudió al ritmo de sus palabras. ¡Hervía su sangre guerrera. ¡No nos servirán de nada! No lucharán. ¡podemos y lo haremos! ¡Son basura. Giré sobre los talones y corrí detrás de Mark.

en las sombras. Amigos. Al acercarme a la escalera. el saberlo me llenaba de gozo y excitación. Murió con la expresión de sorpresa estampada en el rostro. un hombre imponente con polainas y una especie de hábito eclesiástico pasaba junto a la trampa del montacargas. bien hecho. por la sangre del toro. Andy ya estaba allí. los pulgares hundidos en la tráquea. Andy lo amordazó antes de despojarlo de las ropas. Tenía los dedos en su garganta. Quienquiera que fuese ya estaba en nuestro piso. —No lo mates. Ustedes dos pónganselos si es que les quedan bien. abrió la boca para gritar cuando yo me tiraba sobre él. Mark empuño el cuchillo. al caer. Se llama Rastell. Sherry. ensártalo.—Necesitamos conseguir uniformes de la policía de la Iglesia lo más pronto posible. ¡Nadie se dará cuenta! —Bah. —¡Ja. Nunca olvidaré la expresión de horrorizada sorpresa que se pintó en su rostro al doblar por el recodo del pasillo y encontrarse con tres forajidos. Empujé el carrito contra el hombre y me lancé fuera de las sombras. antes de haber yo reconocido a Rastell. golpeó al recién venido que girando fue a dar contra la pared. Yo iré a ver qué sucede fuera. mis nobles muchachos! —exclamó Mark. —Eso. Un fuego de leña ardía en un hogar anticuado. Cuando quiso desenfundar la pistola era demasiado tarde. de prisa me deslicé tras él. No tuvo mucho que esperar. pero no permitiré que lo maten. Un ataque de furia por arremeter —quizá basado en el miedo— se posesionó de mí. El hombre imponente de las polainas estaba inconsciente. Abrió la puerta de una habitación cercana y arrastramos los cuerpos al interior. nada más fácil —gruñó el capataz—. Cuando patrullaba el corredor. Todo parecía indicar que el ocupante del cuarto no tardaría en regresar. pude oír un estrépito en los pisos inferiores que subía por el hueco del montacargas. Deja que lo ensarte y podrás ponerte el uniforme. derecho al corazón. hundiendo la hoja de acero a través de la chaqueta en el pecho. oí unos pasos. y esa bandeja no fue arrojada con odio. . ¡Muerte a la Iglesia! —Déjalo tranquilo —dije—. y supe que alguien estaba llegando al piso. ascendía con rapidez pero en silencio. Llegamos a un descanso mal iluminado. Entonces podremos salir con toda tranquilidad del edificio. Mark apareció enseguida y entre los dos arrastramos a Rastell a la habitación y cerramos la puerta. Estoy seguro de que no querrán que los descubran sin pantalones. creí que me partías la cabeza en dos! Me tendré que desquitar del dolor con el primer fiel que me salga al paso. o lo haré yo —dijo Andy—. y casi al instante apareció un oficial de la policía. A mi lado había una especie de armario rodante para las escobas. —¡Mark! —llamé. —¡Hombre. Dio un grito antes de que lo derribase. dándose un puñetazo en la otra palma de la mano. —Nosotros somos Mark y Sherry. Parece ser de tu misma talla. Al darse vuelta. Lo conozco. —Aquí tenemos un buen par de disfraces —dije—. Mark. lo desvestiremos y lo dejaremos atado aquí. Es un buen tipo. El armario. no importa si con lo que nos encontremos es la muerte o la luz del día. Estábamos en el ojo de la tormenta. nos vio. —¿Lo conoces? Es un enemigo. mi nombre es Andy Campbell y me alegro de haberme unido a ustedes.

los tenemos pegados a los talones! Con un alarido.» Bueno. No tenían ningún. La cara de Rastell adquirió Un color ceniza. ¡fuera hay un patrullero! Podríamos robarlo y unirnos a los rebeldes de Londres. Pero en líneas generales el plan de Mark era bueno. corrían como alma que lleva el diablo por el corredor dél piso bajo. Pero su movilización contra nosotros podrá organizarse con mayor rapidez que nuestro reclutamiento de voluntarios. —En la mía. Ni siquiera protestó cuando le saqué la chaqueta y los pantalones. el aprender a conducir forma parte de los ritos de iniciación de la pubertad —dijo Mark. —Esta gente de Iglesia no es eficiente. señalando hacia arriba como un poseído: . Antes de que Mark cometiera una imprudencia. Iremos a la Mansión en el auto.. Una media docena de policías. Descendimos los tres juntos. La lanzó. luego reaparecemos en Londres y nos uniremos a la rebelión. si es que alguno de ustedes sabe conducirlo —dijo Andy Campbell. tú vienes conmigo— reclutaremos fuerzas. Sherry. Rastell? «Los hombres pasan la mayor parte de la vida aguardando un desafío. Mark arrebato una pesada alfombra extendida frente al hogar. y allí había otros más. lo aferré por el brazo y grité a los policías. humeante y al rojo. ¡Mi gobierno aceptará encantado la oportunidad! Yo estaba seguro de que mi gobierno no sería de la misma opinión. —¡El ascensor está bajando! —exclamó Andy—. Una vez de regresó en nuestros mundos —Andy. de lo contrario hubiesen apostado guardias en el salón para vigilarnos. armados y adecuadamente preparados para luchar. —Eh. Así que tendremos que abandonar Edimburgo. apúrate —dijo Mark. habían arrojado sus propias ropas al suelo. ¡éste es el mío! No me contestó una palabra. Hundiendo las manos en ella. y leños llameantes. Al terminar de abotonarme la túnica de Rastell.. Mientras me ponía la ropa a tirones. fuera de la habitación. Ya. me volví hacia Mark. parrilla y alfombra volaron por el hueco en dirección al montacargas. estaban vestidos con las ropas de los otros dos. Sin detenerse. arranqué un trozo de cordón de la cortina y até a Rastell a los barrotes del monumental sofá. retiró la parrilla de la chimenea y corrió con ella. Los tres nos volvimos como un solo hombre hacia la puerta. el transporte es propiedad estatal y yo no sé conducir. Sherry. revólveres en mano. nos acompaña la suerte de los demonios. y él y Andy bajaron los cuchillos. por los portales. dijo—: ¡Lo intentaremos! Apúrate y termina de' vestirte. Nos topamos con ellos al pie de la escalera. Debemos partir de Edimburgo por el mismo camino por el que vinimos. Cuando había concluido. —En mi matriz. El que me trajo a mí quedó en la Mansión de Arthur. con sus recursos agotados al cabo de una larga guerra. Pero no iremos a Londres. Al aproximarse a Andy para observar el auto. Se había acercado a una ventana y espiaba los fondos del edificio. siguió la carrera hacia la escalera y nosotros tras él. algo crujió en el pasillo. —¿Qué planes tienes? En cualquier momento vendrán a registrar el piso. Lo aborrecí por la cobarde actitud que adoptaba. —¿Recuerda lo que me dijo. enseguida.—Bueno. ¡Vamos.motivo para pensar que íbamos a colaborar con ellos. No era el momento de discutir detalles.

Durante la lucha. Sus manos palpaban las palancas de control como probando cuáles eran sus funciones. descargando carne de un camión y alumbrándose con largas antorchas cerosas. pudimos oír los gritos en la cocina. Sus manos atenazaron al infeliz por el cuello. mientras seguíamos avanzando. Mark había puesto en marcha el motor. Dos oficiales de policía brotaron de una puerta un poco más adelante. lo arrastramos al asiento de atrás. pero parecía nervioso. La desesperación desfiguró el rostro de los dos colgados. están allá. me lancé con todo mi peso contra él y lo derribé de costado sobre el asiento. Algunos de los estrechos ventanucos estaban abiertos. Corno con cámara lenta. Mark lo maldijo. El estampido. galoparon escalera arriba. Las únicas armas que llevaban eran los espadines. El hombre sobre el cual me reclinaba estaba inconsciente. que aún forcejeaba con mi hombre. La sacudida del disparo tan cerca de mi cabeza aún no me permitía reaccionar. la pistola disparó. vi lo que sucedió a continuación. Me quemó la garganta pero me sentí mejor.. El vehículo se sacudió con violencia. tenía un diario en la mano. Andy y yo. vi al otro colgado sacar el arma y meterla por el ventanuco. Nada podía hacer. Me pregunté si el montacargas estaría en llamas o si estarían azotando a los es clavos por habernos dejado pasar por allí. Una pequeña cantimplora surgió en su mano —la había encontrado en el bolsillo trasero del pantalón expropiado— y me hizo tomar un poderoso trago. Sólo podía quedarme acurrucado. Las cabezas se retorcieron. me había abandonado todo espíritu de lucha. y de ellos se prendieron. los había atraído. Nos dirigíamos hacia el camión de carne.. bajo la mirada vigilante de un centenar de ventanas. las bocas se abrieron. con los ojos fijos en el magnífico acero que apuñalaría a Andy. atacó con él a Andy. Andy nos palmeaba las espaldas y gritaba su aprobación. Aunque estaba oscuro. Acelerando. preparándose a desembarazarse de Andy antes de librarse de mí. mientras eran aplastados entre los dos autos y desaparecían de la vista. las espadas cayeron.—¡Rápido. luego avanzó. Andy se había apelotonado en el asiento trasero. El disparo. segundo piso! ¡Son seis! ¡Cúbranlos. nosotros traeremos las mangueras! Los policías pasaron a nuestro lado como un ventarrón. me arrojó el diario a la cara e intentó sacar la pistola. saltaron al estribo más cercano. Andy soltó su presa y retorció y retorció la muñeca que empuñaba la espada. pareció bastar para matarme. aunque la bala había traspasado el techo. Cuando abrí la puerta de un tirón. El auto que habíamos visto desde el piso superior estaba muy cerca. Perdido en una bruma. Mark giró el volante. pero yo nada podía hacer. Los esclavos gritaron y se dispersaron. Mark volvió a torcer el volante. Gritando como un salvaje. a sólo unos centímetros de mi oído. Uno consiguió desenvainar el espadín. Me quedé tendido sobre el policía mientras Andy le arrancaba la vida. varios subs rondaban por allí. juntos. Sin vacilar. sólo faltaron unos pocos centímetros para chocar con el otro vehículo. Caí encima de él. En ese instante. ¡La expresión de alegría de la cara de Andy! Mientras corríamos hacia la puerta trasera. . El hombre se debatía con desesperación bajo mi cuerpo. Desembocamos en un patio. un vigilante de uniforme blanco y negro estaba sentado al volante.

una tablilla anunciaba: PAZ MILITANTE. Luces mortecinas brillaban en el arma. casi no se veía un alma. el resto de la población debía estar o en sus camas o dedicado a la oración. La planta baja no nos rindió ningún fruto.—Manejar este auto es una locura —dijo Mark. se llama— que sólo abastece a los oficiales. para no llamar la atención. En la cima de la pendiente encontramos la tienda. Ya marchábamos por plena calle. Andy lanzó una maldición. Con un gesto instintivo. y bajo ese mismo resplandor amarillento vi sus dientes cuando. Estaba retirando la hoja de la herida cuando yo giré la cabeza. Mark destrozó una ventana con el codo y nos escurrimos al interior de la tienda. —Será magnífico conseguir otro lugar donde vivir —dijo Andy—. tan fácil! La excitación se volvía a adueñar de mí. En ese momento yo estaba tomando otro trago de whisky. pero sólo se puede morir una vez. Cayendo sobre él. Eso nos decidió. —Hiciste un buen trabajo. Si podemos entrar (es más seguro que estará cerrada). Llorar no nos servirá de nada. Mark. Fuera de la calle Princes los focos de iluminación escaseaban y se espaciaban mucho. me sentía como un poseso. ¡En marcha! Bajé al pavimento. El filo del fondo lo golpeó en el ojo. por la calle Hanover. A la luz que se filtraba desde el exterior. La Paz será más seguro. Ahora Andy no es más que carne para los perros. ¡Así. —¡Ese basurero piojoso! Estará reventando con tropas del Ejército de la Iglesia. Probablemente. De nuevo la furia me poseyó. ¡Mala suerte! ¡Déjalo! Vamos. reduce un poco la velocidad. No tenía idea de la hora. Vamos. Las calles estaban mal iluminadas y el tránsito era escaso. levantó la mano: le trituré la muñeca. muchacho. pensé. mientras el puñal —su propio puñal—se clavaba y lo arrastraba hacia una noche sin amanecer. Uno de mis compañeros de cocina trabajó una vez allí. Mark movió la palanca de cambios y subimos. pero lo hacía bien. Nos disponíamos a subir al piso superior cuando hallé un registro caído en el suelo. No había señales de alarma. Mark avanzaba con lentitud. El auto se había detenido. tenemos que entrar rápido en la tienda antes de que nos alcancen. y le arrebaté el Puñal. lo hundí en la oscuridad. Y mientras lo pienso. para los esclavos rija el toque de queda. sin embargo. La idea de Mark era ir a la Mansión de Arthur. si bien cada uno por su lado la revisó con todo detenimiento. eres un verdadero guerrero. encontraremos a algunos de esos portales y nos sacudiremos enseguida el polvo de esta matriz. Me volví para ver qué le pasaba. leí . Yo ya blandía la cantimplora. Gimoteó como un perro. Y Andy gimio. El hombre casi estrangulado por Andy había revivido y le acababa de clavar un puñal entre las costillas. Al rato advertí que Mark me sacudía. se abalanzó sobre mí. gruñendo. Era un sólido bloque de granito con diminutas ventanas de iglesia y tras ellas se veían las oscuras siluetas de las mercaderías. Sobre una puerta atrancada. Al final de la calle hay una tienda estatal importante —Paz Militante. la colina. —Mató a Andy. por encima del respaldo del asiento. no podían ser más de las ocho de la noche. rugiendo. Sherry. y dobla a la derecha. ¡Andy Campbell está muerto! —Yo también lo siento.

Se los entregaba con un manual de instrucciones y nos sentamos para dominar la materia con la poca paciencia que nos restaba. Allí descubrí el primer indicio de que esa civilización poseía algún sentido estético. —Yo no hice nada por ningún esclavo. Los dos estallamos en gritos de júbilo. La calefacción funcionaba y en ese ambiente climatizado crecía un perfecto jardín tropical. Y si llegasen a educar y liberar a sus esclavos no podría dejar de sentir admiración por una matriz que sólo ha conocido una guerra mundial. Mark y yo bajamos las escaleras al trote. Más allá. dejamos caer los cuchillos y pusimos manos a la obra. Café. esos números estaban marcados en un dial. el café había sido alhajado con mesas y sillas distribuidas en una terraza que se asomaba al estanque. pensamos que no habría peligro en encender un par de luces. —Nosotros no tenemos guerras mundiales —gruñó Mark. pensé. ha sido en nombre de esos pobres infelices esclavizados aquí. Era un invento acerca del cual nada sabíamos. . los primeros portales con que tropezamos estaban preparados para la venta inmediata y provistos. Árboles y arbustos en flor. seguido de un pinchazo de nicomiotine en la dosis que indicaba el manual y que se relacionaba con la talla y la edad. junto con otras drogas. El motivo central era un estanque con lirios acuáticos y las luces se reflejaban en las aguas oscuras. se regresaba. El método para regresar a la propia matriz resultó ser bastante sencillo. El manual se me cayó de las manos y me quedé mirándolo. Librería. Equipos extramatriciales. ¡olvídate de ellos! En todas las matrices debe haber conquistadores y conquistados. ¿Cuál si no ha sido nuestra causa? Estaba acuclillado junto a mí. pero en lo que a los esclavos concierne. —Entonces tus puntos de vista son diferentes. se apiñaban en artístico desorden. Atractivo. —Sherry. Para mi inmensa alegría..un renglón que decía: Sótano: Plantas tropicales. con ¡niponas de nicomiotine. el promedio de vibraciones se marcaba con los números de la correspondiente matriz. no haces más que hablar de los esclavos. pero este invento los honra —dije—. Estoy cansado del tema.. de distintas medidas y modelos. Luego se debía sentar en el banquillo del portal. Tendríamos mucho que aprender antes de poder regresar a nuestros mundos. Había allí una docena de portales. —Tal vez el orden social que ha instaurado esta gente es aborrecible. Su cara era una máscara de piedra y las palabras cayeron de sus labios como pequeños aguafuertes. llamativos hibiscos. Jardines. Es una ley de la naturaleza humana. todo lo que hemos luchado. Todo lo que he hecho fue contra la Iglesia. uno debía inyectarse un fluido de nombre muy complicado que parecía ser una especie de tranquilizante. mientras lo dejábamos atrás para entrar en el recinto contiguo. Bajo el nivel de la calle. —¿Qué estás diciendo? Todo cuanto hicimos. Cuando las drogas surtían su efecto y las vibraciones alcanzaban el nivel adecuado. una hilera de bananeros. Antes que nada. perros y amos. Por el nacimiento del frigio.

Gibbon se hubiese deleitado con ese revés de la cristiandad. En ese momento me sentía tan desconcertado como furioso. junto con un emperador que él llamó Teodosio. La decisión era obvia. nosotros lo llamamos Flavius Constantinus. y dijo que Constantino. Yo también brinqué.. Sin duda.. —Bueno ¡eso no fue lo que sucedió en la mía! He oído hablar de ese hombre a quien llaman Constantino. instauró el cristianismo como religión oficial del Imperio. y la Religión Verdadera fue fomentada. ¿nunca has oído hablar del dios de los soldados? Entonces inclínate ante el nombre de Mitra. El solo pensar en una guerra y conquista intermatricial me horrorizaba. el Cristianismo es la religión de los perros y los inferiores. dos emperadores errados le impusieron la cristiandad al occidente. pero sus derivaciones me aturdían. El invento de los portales no debía llegar jamás a su mundo mitríaco. El tenía una idea más confusa del estado de las cosas en mi matriz de la que yo tenía de la suya. Constantinus fue asesinado por el suegro Maximiano. y nunca llegó a emperador.. a mí también me ha sorprendido su conducta. por sobre todas las cosas vi la estupidez criminal que me había llevado a creer que por tener un interés en común podíamos tener un pasado en común. —Todo eso aconteció diecisiete siglos atrás. dijo que el Imperio Romano de Oriente había sido fundado por Constantino el Grande. y nos fulminamos con la mirada. ¡era mi enemigo! Hasta qué punto mi enémigo. —¡Muerte a la Iglesia Cristiana! ¡Es a la Iglesia Cristiana a quien combato! Se puso de pie de un salto. mi cólera azuzada por sus palabras. aunque aún subsiste entre los bárbaros y esclavos que gobernamos en oriente. Por empezar. Lo que yo anhelaba era abolir la esclavitud. mi amigo. ¡tenía que matar a Mark Claud Gale! . —¡Estás loco. En mi matriz.. tal como lo dijo Rastell. Cuando Rastell empezó a contar la historia de este mundo. —¡Decisiva. ¿Qué relación puede tener con nosotros? Mark se contraía de hostilidad. En mi matriz.. Este hombre. Vi que volvería a su matriz y probablemente regresaría con una legión de guerreros dispuesto a destronar el régimen pacifista de la Iglesia.—En lo que a ella se refiere. crecio y florece invencible —¿La Religión Verdadera? —Por mi escapulario. no eso. y en eso residía mi ventaja. su dogma. el compañero de las horas más intensas de mi vida. De Teodosio no sé nada. Entonces comprendí. Majencio el Grande fue el emperador que sucedió a Diocleciano. ¿Fue así como sucedió en tu matriz? —Sí. lo descubrí antes que él. decisiva! En tu matriz y en ésta. la cristiandad fue barrida a sangre y fuego.. pero en Gran Bretaña es la Iglesia del Estado desde hace siglos. Sherry. Mark! Puede que no nos pongamos de acuerdo en lo que a la Iglesia se refiere. la Iglesia Cristiana es una potestad para el bien. Y si bien condena la guerra. —¡No en mi Gran Bretaña! ¡No está reconocida en mi Gran Bretaña! En mi matriz natal.

El dolor y la rabia me arrollaron como un volcán en erupción. Nos separamos con el rastrillo en medio de los dos. supe que le había roto algo. La compasión me oprimió el pecho. le aplasté el empeine. Las habría en abundancia por los alrededores: podaderas. Al sentir un mango detra de mí. por la forma en que su brazo izquierdo colgaba inerte y por cómo se apretaba el hombro. Aun en el momento en que bajaba el canto de la mano contra ella. Se arrastró por la orilla. Me puse de pie a tropezones. Fue un movimiento tonto. no había sido mi aliado? Pero en ese momento de debilidad se dio vuelta y me miró. Intentó arrancarse el mango de la espalda con la mano sana. Las aguas se agitaron con . Se alejó de mí y se dirigió a la orilla opuesta. hojas de acero de todo tipo. tijeras de esquilar. El trozo de herramienta que tenía en la mano era el extremo de un instrumento filoso. pero Mark se había apoderado del otro extremo del palo. ¿Mark. donde crecían los bananeros y las altas hierbas. Lo así por la garganta. Enganchó una pierna con la mía y tiró. ¡Lo tenía casi encima! De un puntapié interpuse entre los dos una mesita y sin darle la espalda avancé hacia la percha de herramientas. pero la impresión sirvió para aclararme la cabeza. retrocedió y yo lo corrí con la herramienta alzada. me di cuenta de la debilidad del golpe. con toda seguridad él estaba en mejores condiciones que yo. Reuniendo fuerzas. ¡Era listo. Una lucha cuerpo a cuerpo no me atraía. clavándole la rodilla en la ingle. con la hoja en forma de hoz. Al caer. No lo podía dejar escapar. luchábamos cara a cara. pero fracasó. Éramos enemigos. pero sin soltar el trozo de mango. La fuente tendría unos noventa centímetros de profundidad. lo hice volar de un puntapié al mismo tiempo que lo golpeaba en el hombro con la rodilla. le planté la rodilla libre en la tráquea y le retorcí el brazo hacia abajo con todas mis fuerzas. Me incorporé de un salto y corrí hacia el jardín artificial. sacudiéndome viscosos tallos de lirios acuáticos. La lata se estrelló contra mi hombro y rebotó en el frente del café desencadenando una lluvia de vidrios. El agua estaba tibia. Hubiese tenido tiempo de volver a golpear. Me di vuelta. ayudándose con un solo brazo. Mark se había inclinado para apoderarse del rastrillo. Le rompí el mango en los hombros mientras caíamos en la fuente ornamental. La arrojé con fuerza. Y yo comprendí la mirada. así le obligué a soltarme la otra pierna. sus dedos hundiéndose en mi pantorrilla. Lo alcancé a Mark en el muslo cuando saltaba hacia un costado. usé todo el peso de mi cuerpo para revolearlo como un bastón. e iba en busca de un arma para matarme. arrastrándome en la caída. Cayó otra vez en el estanque. ese Mark! Cuando se inclinó para recuperar el cuchillo. Mark se tambaleó y manoteó uno de los bananeros. Más alla del café había una exhibición de herramientas para jardineria. se dobló de dolor. ¡Lo que necesitaba era un arma! Cuando alzó la mano derecha para aferrarme.Vio la muerte en mis ojos antes de que pudiera acercarme a él. lo descolgué a ciegas. Cambió de idea. No tenía corazón para seguir. Cayó. Me dio un tremendo cabezazo en la nariz. A Mark le llevó más tiempo aflorar a la superficie. dejando la nuca desprotegida. Por la forma en que se movía. La herramienta que empuñaba era un rastrilló. Le erró. Bramaba como una foca hambrienta para respirar. Estaba mareado por el intenso dolor de la cara. me volví y arranqué otra herramienta del perchero y la hice girar en redondo. Al instante. Me tiró una lata antes de llegar a ellas. desapareció entre las cañas.

Es inútil que me pregunten cómo cumplí las instrucciones. Dediqué el día a descansar. Tan estrecha era que no podíamos caminar juntos. No lo sé. de intensos ojos negros. De alguna manera me las ingenié para hacer todo lo necesario. —¡Capitán Apostolic Rastell! —Ya no soy el capitán Apostolic —dijo—. y como era verdad. Suponiendo que se pudiese volver al mundo de Rastell ¿nos asistía.. Convalecía de la gripe que había contraído en Noordoostburg-op-Langedijk. me sometí con docilidad a la sugerencia. y antes de que Royal y Turton hubiesen regresado de sus tareas. la palidez hacía que su rostro virtuoso fuese más virtuoso que de costumbre. Una mano me aferró por el hombro. bastantes eran nuestros problemas sin necesidad de revolver los de los demás. yo la seguía. y me enfrenté a una cara fuerte y cuadrada.. ¡Soy un fugitivo. Después de las sacrílegas aventuras en esa descarriada matriz. notando una vez más qué frágil era esa mujercita decidida que tenía por cuñada. una calleja escondida entre muros ennegrecidos por las manchas de humedad. es evidente que necesitas la absolución de ésta. Cándida se había detenido y lo observaba con arrogancia. y el crujir de una puerta al romperse y el chillido de los silbatos. Tambaleándome. distantes y sin sentido. creo que lo único que ella quería decir era que la muerte de Mark en defensa propia pesaba sobre mi conciencia. En ese momento. excepto por obra del azar. alguien nos daba alcance. me encaminé hacia los portales.. estaba tendido en la pista de un atestado club nocturno con ¡tres bailarinas semidesnudas que gritaban de terror hasta enronquecer! ¡De regreso en el hogar! Me expulsaron del club sin molestarse en hacerme preguntas. Al atardecer. O así fue como le expliqué la situación a Cándida. Al sentarme en el banquillo oí ruidos fuera de la tienda. La última vez que había visto esa cara estaba gris por miedo a la muerte. No había forma de regresar a ella. pero en ese momento no había en ella nada de cobarde.violencia durante un rato. boqueando a destiempo. el derecho de intervenir en favor de los esclavos? ¿Tendríamos la obligación de cultivar la huerta de otro? En una palabra. Cándida y yo nos deslizamos por las calles atestadas en dirección a la mole gótica de la Catedral de Edimburgo. Giré como una peonza. Trepé por el borde del estanque. Luego el efecto de las drogas me venció. pero al cabo se aquietaron. . Giles. me inyecté. igual que usted! Me escudriñó con atención cuando me apreté contra la pared.. Negrura. en realidad. sintonicé el portal. A nuestra espalda resonó el rumor de pasos. La ingeniosa Candidata me llevó por un atajo. Y sugiero que me acompañes. —Me siento lo bastante bien como para asistir hoy a las vísperas de la iglesia de St. Sheridan —dijo—. con los puños listos. Negrura. ¡Mucho mejor! Había algo que no hubiera podido decirles: me era imposible recordar el número de la matriz de la cual había escapado. Y. Me miró con su rostro virtuoso. El mundo de Rastell se había perdido entre la miríada de otros mundos del universo multidimensional. Esa afortunada pizca de ignorancia me salvaba de un grave dilema moral. cuando el crepúsculo sentaba sus reales sobre nuestra llagada y antigua ciudad.

tenemos que huir a otra matriz. Vamos a los oficios religiosos. ¡Y usted fue quien la inició. más si es necesario. escondernos allí durante unos meses. Rastell nos llevó desde la capilla lateral hacia la nave de Moray. si no por mi cuñada. son los extramatriciales que llevamos allá los causantes del problema. señor Rastell? Se volvió hacia ella: —Porque es la única persona que conozco fuera de mi matriz. para la paz de su alma. —¿Por qué vino a ponerme en guardia. ¿no me vas a presentar? Con Cándida uno no puede olvidar la buena educación. Puede acompañarnos si lo desea. y por lo que he oído sobre los sucesos en su dimensión. —Será tan seguro allí como en cualquier otra parte —dijo Rastell. Después de la función podrá hablar con Sheridan. Después del servicio. Sin embargo. Tal vez a esa altura de los acontecimientos no quería que Royal se entrometiera. . no son los subs los rebeldes. Tuve la suerte de poder escapar.. registrando palmo a palmo las matrices más cercanas. Rastell? ¡No somos amigos! —La Iglesia sabe cuánta verdad hay en esas palabras. Bueno. Han decidido que debe morir por la participación que tuvo en la revuelta. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar? —No hay ningún lugar —le espetó Cándida—. Ser el destinatario de una oración similar estaba aún muy lejos de ser mi deseo.. dijo dirigiéndose a los dos: —¡La insurrección es ahora general en mi matriz natal! No. Sherry. junto al monumento de Moray. Querían mi sangre por lo que llaman mi ineficiencia. así que yo también tuve que huir de ellos. casi para sí mismo. Y yo también estoy huyendo. porque debemos unirnos si queremos escapar de una muerte segura. Aturdido levanté la mirada y mis ojos tropezaron con el horrible vitral del asesinato de Moray y la figura de John Knox cuando lee con el entrecejo fruncido la oración fúnebre. Sheridan Meacher! —¡Estoy encantado de oírle decir que las cosas marchan tan bien! —Andan mal para usted ¡jamás se engañe! Tanto la policía de la Iglesia como los Cuerpos de la Matriz le siguen el rastro. pobres desdichados. —¿Por qué se ha molestado en venir hasta aquí para informar a Sherry.. Sólo después de las apuradas presentaciones le pregunté a Rastell: —¿Qué quiere decir con lo de fugitivo? ¡Estoy a salvo y en mi propia matriz! ¡Nunca pensé que lo volvería a ver! ¡Usted es el fugitivo aquí! —¡Usted es tan fugitivo como yo! --me clavó los dedos en el brazo—. Persuadido por esa penumbra intensa. una oscuridad que la escasa iluminación no hacía más que subrayar. la moribunda luz del día le daba un énfasis especial. Meacher. me salvó la vida.—Así que éste es uno de tus amigos de esa ignominiosa matriz. hasta que se hayan cansado de buscarnos. una alejada del cálculo de probabilidades. Pero a Rastell lo convenció el enjambre de fieles anónimos y la gran oscuridad que reinaba en ese interior sombrío y recamado. debería desearlo.. —¿Y cómo se propone conseguir su propósito? —Bueno. fue la misma Cándida quien señaló que la Catedral era el lugar más adecuado para conversar.

No estoy de acuerdo. entonces la gente de otras matrices es igual a nosotros. donde jamás se haya reconocido a un Dios —dijo. de porte brutal. Las pautas existen por derecho propio. como el payaso del circo que salta por el aro que él mismo sostiene. La doctrina de Cristo enseña que tenemos una responsabilidad moral hacia todos los seres. —¿Nuestro código moral? No es nuestro. Lo preparó mientras Cándida y yo lo mirábamos. «Bastante son nuestros problemas sin necesidad de revolver los de los demás». debemos cuidar de que los otros lo respeten. —En otras matrices. A través del portal. lo vi materializarse llevando el portal.—Ya veo —dijo Cándida. las reconozcamos o no. traté de disuadir a Cándida pero se mostró inflexible. Pero no tuve tiempo de meditar en ese milagro menor de la ciencia ¡porque Cándida ya estaba enzarzada en una violenta discusión con uno de los habitantes de nuestra nueva matriz! ¿La matriz o el habitante? ¿Por cuál empezar? El habitante —será mejor que no me refiera a él con el nombre de escocés— atraía toda la atención de Cándida. Yo no sabía qué decir. No permitiré que Sherry desaparezca en matrices más pervertidas que la nuestra. Ella fue la primera que Rastell transportó con el portal. y él tendrá la prioridad. intercambiaron miradas asesinas. Yo iré con ustedes. Cuando Rastell se disponía a inyectarnos. a igual que Dios. Sherry. —También lo correría en las otras —bajo la débil luz del recinto. —Aquí corre peligro. con un tono de voz que hubiese paralizado al mismísimo John Knox—. señora. El fue el último. Ya se ha inmiscuido demasiado en problemas impíos. ¡Usted adelante. por lo tanto fue a él lo que miré primero. —¡Pero obedecen sus propias normas de conducta! Nuestra obligación moral consiste en no juzgarlos de acuerdo con nuestro código moral. Eso es lo que me dijiste. Nos limitamos a respetarlo. A la familia Meacher le encanta ese tipo de dicusiones y se embarcan en ellas en los momentos más insólitos. deduzco que tiene uno de esos portales a mano y que su intención es escamotear a mi cuñado por él. Era un espécimen de menor talla que la común. Tal vez hubiese un ápice de ironía en su voz. Sin duda se había apoderado de Cándida tan pronto ella se . una manía como la del bordado. Por último Cándida dijo—: Hay una solución. Por sus palabras. —¡No hará nada semejante! Somos una familia pequeña pero muy unida. nos viene de lo Alto. Yo los acompañaré y me encargaré de que no caigan en pecado. vivan o no en otras dimensiones. señor Rastell! Rastell había dejado el portal en el cuartucho miserable de una pensión vecina a la iglesia. ya has dado prueba de tu conducta un tanto laxa en cuanto a moral se refiere. —Exacto. Yo la seguí. —Entonces escaparemos a una matriz bien lejana a ésta. En la mano de Rastell había aparecido una libretita negra y revisaba los números de clasificación. Si son humanos y poseen un alma que perder. con una pelambre áspera que sospeché le cubría el cuerpo íntegro bajo la tosca vestimenta. pero Cándida preguntó con ansiedad: —¿Existe una matriz así? ¡Entonces sí que podremos realizar una labor positiva! Y palmoteó alborozada. —¡Señora! —La fe de ambos es frágil.

una . Cualquiera que fuese la culpa de aquellos desdichados habitantes de la Tierra. con una especie de chapitel que al mirarlo con Mayor detenimiento demostraba ser la punta de un pino seco. Pues esta Edimburgo no se parecía en nada. —¡Alejados de Dios! —dijo Cándida—. Lo que yo conocía como Cowgate era tierra labrantía sin cultivar. se veía una construcción primitiva. una docena de simios cautivos intentaban arrastrar el arado por el suelo pedregoso. nos internamos por entre dos cabañas fétidas. y en ella se apilaban lo desechos y los excrementos humanos. ¡Y la estaban trabajando! Había dos grupos dedicados a esa tarea. Abracé a Cándida por los hombros y la obligué a alejarse. penetrantes! Con Rastell pegado a los talones. en los dos casos. Brincaban con alborozo. marchando con sus pies planos a lo largo de la calle sin pavimentar. Por un instante. Y allí terminaba Edimburgo. En el otro grupo. En uno de los grupos. senda hubiese sido la palabra adecuada. que con el crepúsculo saldríamos de allí. La calle. se levantaba St. —¡Son un hato de gorilas! ¡Nada más que un hato de gorilas! ¿Qué clase de broma es ésta? Nos ha lanzado a una especie de matriz prehistórica ¿no? —No. ¡Ojalá pudiese hablar su lengua! Un trozo de basura la golpeó en el hombro. Los espectadores —quizá enojados por nuestra mala actuación— habían empezado a arrojarnos cosas.. era una simple senda que serpenteaba entre las chozas. cacareaban. las espaldas eran numerosas: encanijadas espalditas de mono. ¡Paganos! ¡Tienen el aspecto y los gestos de los impíos! Sí. éste echó a correr. no veía la razón de que nosotros tuviésemos que compartir su suerte. estridentes. para mis adentros. Las casas no parecían ser otra cosa que una insensata acumulación de piedras y ramas de árboles. ¡Fuera! La última exclamación estaba dirigida a un grupo de bobos saltarines que se habían congregado para ver la diversión. como ya dije. casi la parodia de una iglesia. Donde. Sobre el arado mismo se veía. en nuestra matriz. Dije calle.. ¡silbidos largos. y llevaba la peor parte en la pelea. Le parloteaba en una lengua incomprensible.. parecían estar arando. daban volteretas. Luego se volvió y bajó la colina a toda carrera. a un mono capataz encaramado a una percha. en el barro y los campos miserables.. Giles. —¡Así que éste es el mundo cuando no se cree en el Señor! —exclamó Cándida—. resolví. porque Cándida lo aporreaba con una pesada bolsa para las compras que había llevado a la iglesia. mordaces. no se trata de una broma. Los espectadores arracimaron los dedos en ambas comisuras de la boca sin labios y silbaron burlones. Cuando embestí para liberarla del atacante. la espalda no era más que una: una espalda amplia y negra. Encaré a Rastell. remedaban nuestros gestos. se inclinó e hizo un gesto de una obscenidad tan animal que Cándida chilló de indignación.materializó. a la ciudad de la dimensión de -Rastell o mía. casi tropezamos con una piara de cerdos negros y peludos en nuestra prisa por alejarnos. Esta matriz es contemporánea de las nuestras. excepto en la naturaleza del terreno. que se aferraba a ella con los pies mientras azotaba con un látigo primitivo las espaldas inclinadas ante él. Me fue posible observar todos esos detalles porque por fortuna habíamos llegado al promediar la tarde. el diablo reina aquí. Sólo que la raza humana ha tomado un camino de evolución distinto.

A la augusta impresión sólo la menoscababa la cháchara que intercambiaban. con frenesí. Es lo único que los puede elevar de estado animal.un amarillo chillón que no les cubrían los . —¡No lo atacarán si no los asusta! —dijo Rastell. y también las de hembras más activas. Las patéticas figuritas se afanaban bajo celajes grises y nubes parduscas portadoras de lluvias. como si intentase comprender las palabras. que manejaban muy diestramente con los pies. que nos arreasen. de inmediato estuvo en el suelo y. porque albergaba a toda una familia de monos. indignada... Como intentaba. Vestían una especie de uniforme. más tarde llegué a la conclusión de que era la piel de sus enemigos. ataviadas con toscos delantales de . Sólo más tarde comprendí su significado y supuse que era una comunidad agrícola que utilizaba en los trabajos los cautivos tomados a otras tribus. en nuestra matriz. Los hombres —no. levanté el puño con brusquedad. Cándida—. que Cándida escuchaba con ceñuda concentración. creí distinguir las siluetas de varios monos viejos que se acuclillaban en el fondo. porque unos tunantes de formas extrañas avanzaban por detrás de las cabañas en nuestra dirección. los hombres-mono usaban zancos de unos noventa centímetros de altura. digamos los hombres-monos pues eso eran—. —No creo que tengan lo que nosotros consideramos un idioma —dijo Rastell. relacionar cada detalle de esta matriz con otro de la nuestra. —¿Cómo puede estar seguro? —preguntó Cándida. —Bueno. la magnífica catedral gótica. Los otros dos no empujaron al interior. Cuatro se apostaron junto a la puerta. en el primer momento confundí los uniformes con las camperas negras de cuero que han adoptado los matoncitos de mi Edimburgo natal. Aunque estaba en tinieblas. y conservaban las manos libres. con bastante docilidad. el pueblo-gorila. Rastell levantó una mano en un gesto de admonición: —¡Es inútil huir! No nos harán daño. Todo cuando nos rodeaba era tan extraño que sólo cuando estuvieron a nuestro lado descubrí que usaban zancos. como era lógico. se podía ver que era espaciosa. pues los zancudos habían conseguido lo que. era su propósito: intimidamos con la estatura. No los miramos durante un largo rato. ¡yo soy de las dos naturalezas! Pero les permitimos.inmensa criatura semejante a un orangután gigantesco tironeaba de los ejes que movían la cuchilla del arado. sólo desconfiados como los monos. Uno de ellos intentó tocarme el hombro. Eran seis. me propinó un bastonazo en las costillas. Por el vago recuerdo de la organización entre los simios. sin duda. . sin cambiar de «mano». El imponente horror de la escena me conmovió al instante.Los que se acercaban eran de piernas largas y grotescos. en un abrir y cerrar de ojos recobró su postura erguida. Los zancudos nos condujeron ante una cabaña grande que se alzaba como una burla en el predio en que se levanta. saltando con agilidad de sus zancos al entrar en el recinto. —¿Quién piensa en huir? —preguntó. —No son hostiles como los seres humanos. Debemos aprender su idioma y poner inmediatamente manos a la obra para convertirlos al cristianismo.

sin ningún esfuerzo. Vi que dos de los viejos habían avanzado a paso tardo desde el fondo y sujetaban a Cándida. pero la piel de gorila los protegía y me arrollaron. aterrizó ágilmente a unos pasos de distancia y luego se acercó a Rastell. De un salto me apoderé de unos de los zancos que un guardia había dejado abandonado. Antes de que tuviera tiempo de ponerme de pie. Los olores que nos llegaron eran fuertes y extraños. Una vez que nos acepte. Las hembras del rincón chillaban y brincaban. sólo para demostrar que nuestras intenciones son pacíficas —dijo Rastell—. Nos miraba furioso. Hubo un fogonazo de caninos. —Es el jefe —dije. Su oreja sangraba mucho. con torpeza pero sin hacerle daño. Cayó abierto de brazos y piernas. Los chiquillos se dispersaron buscando a las madres.. esperando como perros la orden del amo. El jefe se disponía a saltar. Los chiquillos pululaban. a abalanzarse sobre Rastell con dientes y espuelas. Pero el amo seguía dando vueltas en torno a Rastell. y ni siquiera murmuraban. se oyó un grito y Rastell se precipitaba desde la altura. inquietas. aunque tenían buen cuidado de no acercarse —me sorprendió que contaran con un lujo tala un pequeño fuego que ardía en un nicho lateral. Los zancudos que nos habían acompañado se postraron ante él y se humillaban y gemían en voz baja. La pelea era inminente. gruñendo y escupiendo. Se levantó como un relámpago. Casi por encima de nuestras cabezas colgaban un trapecio. tenemos que estar dispuestos a humillarnos —dijo Cándida. —¡Mandril! —gritó. estaba un macho joven y vigoroso. El uniforme negro que vestía tenía adornos de brillantes plumas. brincando. El jefe. Entonces se hizo un profundo silencio y nos inmovilizamos como en un cuadro vivo. Sentado con negligencia en él. me limitaba a obedecerla. el jefe en las alturas escupió un trozo de zanahoria que fue a pegar en el ojo de Rastell. Mostró al jefe el cuerpo de perfil. casi se acuclilló. Rastell se inclinó.. Sherry! En esa forma. Me sujetaban. Lo entendió al vuelo. Me miró ceñuda—. creo. Me estrellaron ignominiosamente contra el piso y me arrancaron el palo de la mano.traseros. La posición lo convertía en un gorila. En un instante se abalanzaron sobre mí. mientras que alrededor de los tobillos lucía un par de espuelas de amenazador aspecto. con la cara hundida en la mugre del piso. golpeándolos con furia. que se habían apeñuscado. Los dientes del jefe la habían desgarrado. el bruto del trapecio lo había levantado. olvidando toda prudencia. Rastell se había erguido y buscaba un arma con desesperación. farfullando. blandiendo el puño. balanceando los brazos. El jefe avanzó y vaciló —la tensión nos inmovilizaba a todos— y de . Pero cuando nos arrodillamos. la afectuosa mujer le evitaba una herida a mi orgullo. cuando éste se movió. y durante un momento sus caras casi se rozaron. —¡Tiene razón! Si hemos de enseñar humildad. ¡Arrodíllate. —Será mejor que nos arrodillemos. no habrá problemas. Revoleé el palo con fuerza. Noté que la oreja le sangraba. mascando una zanahoria. tocó el suelo con los puños y chasqueó los labios.

Nos dirigíamos hacia alguna parte con un propósito definido. Volviéndose a mí. mi cerebro era un torbelino. El episodio con el adorador de Mitras. Estreché la mano de Rastell. Mark Claud Gale. nos permitían recorrer su mundo primitivo en libertad. por mucho que él tratase de hacérmelo creer así. Rastell respondió: —¿No son superiores a nosotros en muchos aspectos? No hay aquí guerras entre las especies ni asesinatos. Un grupito de ociosos se había reunido y corría a nuestro alrededor. y comprendí con toda claridad que el momento que habría de revelar el antagonismo de nuestros fines se aproximaba. . Rastell no nos llevaba a hacer un paseo vespertino. siguiendo una senda que pasaba bajo un peñasco sobre el cual —en cualquier matriz sensata— se alza el Castillo de Edimburgo. se encaramó en el trapecio una vez más.pronto saltó sobre la espalda de Rastell. en una parodia de copulación y luego se separo. Así que debía haber algún tipo de convenio con ellos. también era evidente que Rastell sabía lo que hacía. No la había empleado para defenderse del líder de los hombres-mono. me había prevenido contra las alianzas que ocultan factores desconocidos.. había amenaza de lluvia. No se debía confiar en Rastell. Para animarla un poco. perdió todo interés en nosotros. gritaban y se burlaban de nosotros. Nos sacudimos el polvo y Rastell se enjugó la cara y la oreja. Se fueron quedando atrás cuando salimos de la ciudad. al habernos aprobado. por lo menos en esbozo. Rastell se irguió. y sin embargo tanto a Cándida como a mí nos repugnaba hacerle preguntas. No estaba más que haciendo conjeturas. Los objetivos de Rastell no eran los míos. eran sólo mis temores los que me aguijoneaban. Las hembras y los niños del pueblomono volvieron a correr y parlotear. señora Meacher —dijo Rastell con frialdad. y adivinaba. Era evidente que la aldea nos había sometido a una especie de examen y que. con gritos y gestos. silbaban. Toda la tensión se disipó. Por un momento lo abrazó por el pecho y se refregó contra él. La tarde se había puesto muy melancólica. nos despidieron sin más trámite. Y si mis temores eran infundados. y estábamos muy lejos de casa. —Fue bien desagradable verlo degradarse ante un animal —dijo Cándida. Nos soltaron a Cándida y a mí. Mientras marchábamos hacia el poniente. señor Rastell? ¿Esas bestias sin Dios? ¡No me sorprende que no hayan salido de su estado simiesco si nunca han encontrado a Dios! --Más adelante podremos discutir el punto a nuestro gusto. agregó—: Ahora tendremos que caminar un poco. Chillándoles a los guardias.. Yo carecía de armas. Riéndose. Los zancudos nos llevaron a empujones hasta el final de la calle y allí. Rastell tenía arma al cinto. No tenía ninguna prueba. rodeé los hombros de Cándida con mi brazo. No hice más que seguir sus costumbres tribales. la clase de lugar que sería. a los tres humanos nos sacaron al aire libre. como los hay entre los hombres. —¡Qué listo ha sido en esta ocasión! Adopto las costumbres de los simios y con ello probablemente nos salvó la vida. Rastell conocía esta matriz. No. En lo que al jefe respecta. En un soplo. —¿Nuestros superiores.

Él dicta la ley. Cándida. ¿no? —Lo mejor será dejarlos vivir como hasta ahora. compiten por la comida con carnívoros más inteligentes como el lobo. Usted parece estar muy al tanto de sus costumbres.mucho más terrible de lo que jamás pude imaginar.. pero lo dudaba.. Usted me ayudará. un tirano. En su lugar cada grupo tiene un líder. no se tiene necesidad de Dios. Rastell se volvió hacia ella.. Y por último: ¡Dios! ¡Jehová! Habíamos descendido a tropezones por la barranca de una pequeña cañada. justo frente a la barca. sobre él se extendía el hermoso puente Telford. señor Rastell. aliada suya. ¿En qué momento de esta evolución supone usted que intervino Dios. ¿no? Nosotros —nuestros antepasados— fuimos cazadores después de la fase agrícola. una autoridad suprema.ser el único hombre en toda la matriz. de hablar su idioma. yo también debo tratar de comprenderlos. como si le lacerase la garganta. para permitir esa semiautonomía de pensamiento. Ante nosotros fluía el angosto río Ilamado Water of Leith.. le hablaba sin cesar. un jefe. Se introduce una ley moral donde antes reinaban los puños. como el que acabamos de ver. Pero en mi tiempo. Rastell rió.. inexpresivo y sólido.. sí.. En la orilla opuesta. ¡Se ha inventado un Dios! —¡Ídolos! ¡Figuras estampadas! —Al principio. señora Meacher? —Dios creó al mundo. omnipotente y. una barca de fondo plano que se arrastraba de una orilla a otra por medio de un cable tendido por encima del agua. Así la autoridad del líder se relaja. se veía un portón. Podría . Luego dioses más elaborados. una risa amarga y forzada... dioses omnímodos e invisibles y coléricos.. —Los monos no tienen necesidad de Dios. —¡Piense un poco.. y luego pasamos a organizaciones más perfeccionadas. Pero allí no se veía nada semejante. Lo observé mientras marchábamos. en la cual todos pueden creer. señora Meacher! Esta gente no ha evolucionado en la misma forma que nosotros.. ¡y se han estancado en un nivel animal durante un millón de años! Debemos acercarlos a Cristo. —. que era muy probable existiese allí como en su matriz y en la mía. si es que nos vamos a quedar por mucho tiempo aquí. —No ¡la verdad es al revés! ¡Nuestro mundo creó a Dios! Durante la etapa arborícola. E inventa una sombra por encima de él.. . en la que este mundo se ha paralizado. porque cada uno de los miembros de la manada tiene que pensar por sí mismo. por supuesto. se alzaba una valla de alambre de púas. Pero cuando los monos se ramifican en cazadores. —¿Cómo puede decir eso? ¿Cómo se atreve? ¿No es toda esta matriz una prueba del amor de Dios? No lo conocen aquí. llevándonos en dirección a Water of Leith. sin otra idea que el aspecto religioso del problema. al ser usted también un hombre de Dios.entonces tenía que cooperar con este hombre. para llevarles la palabra de Dios. Rastell parecía no escucharla. le digo.. se ven obligados a rechazar esa tiranía. confirmando mis sospechas. cumple todos las funciones sociales de su Dios. Enseguida comprendí que hasta ese simple aparato era obra de hombre y no del pueblo-mono. distribuye justicia. sólo un transportador miserable. sin sombra de atractivo. Nosotros partimos de una etapa hombre-mono. —¡No tiene necesidad de Dios! No querrá decir. la del mono. Caminaba impasible.

dos veces más peligroso que el líder mono. —¿Por qué nos trajo a este horrible lugar? —Alguien debe entrenar al ejército-mono. Con brusquedad. Aquí puedes reclutar un ejército de esclavos. Rastell? ¡Algo tan bajo como eso! Con algo de su antiguo espíritu. —Mi destiño era vigilar a los monos mientras otros exiliados los entrenaban. Me golpeó el brazo y lo abracé por la cintura. Rastell. de esclavos poco inteligentes. Se apoyó en un codo y nos fulminaba con la mira.. sin mirar a Rastell. le hice rodar sobre sí mismo y empecé a desprender el portal que llevaba a la espalda. —¿Qué hay detrás del alambre de púas? —El jefe-mono que conocimos. ¿No es así.da. Rastell me explicó una vez que no hay mejor Estado que el que tiene esclavos. me había zambullido de costado y había asido la cartuchera. se debatía como un salvaje y caímos al suelo. su rostro estaba lívido por la presión de mis manos.. Rastell? Y quería vengarse de mí. encerramos allí a sus enemigos. ¡lo juro! —Jura. ¿no?. Antes de que terminase de hablar. Rastell? Le retorcí el brazo y lo disfruté mucho. para mantener el bestial statu quo. Hizo ademán de levantarse y le ordené que se quedara en el barro. ¿no es así. Quedé encima dé él y le apreté el estómago con la rodilla. Todo se justifica si reafirma el poder. Alguien tiene que fregar las cuadras de los monos. todo espíritu de lucha lo había abandonado. Y usted. es verdad. Mi cuñada tiritaba. —Tiene que sufrir en aras de la justicia —dijo. —¡Oh. otras tribus. ejércitos enteros de monos baratos. El frío era intensísimo. Su oreja herida empezó a gotear de nuevo. —¡Quédese quieto o lo mato! Yo sabía que lo haría. así que es su aliado! —le dije a Cándida mientras le alcanzaba el portal plegado—. pero dóciles a la disciplina. trasladarlos a tu matriz y hacerlos participar en la represión de las rebeliones. ¿Qué hay al otro lado del alambre de púas? Vacilo.. Se estrechó contra mi brazo libre. Yacía en el barro sin responder. Cándida logró sacarle el revólver y le metió el caño en una oreja. dijo: —Sólo quienes gozan de nuestra confianza consiguen un trabajo fácil como el de guardián. —Sheridan —dijo con voz ronca—. ¡Él también! Se quedó quieto. Levantó los pulgares tratando de hundirme los ojos. No es un fugitivo de su mundo. Llevé el brazo hacia atrás y lo abofeteé. Necesitan mentes cínicas como la suya. lo llevo a la seguridad. hay montones de trabajo sucio. ¿Tengo razón. pensé. los pliegues de la boca en amargo rictus.. Suba al bote. aterida. un hombre de Dios! —Cállese. . Con ambas manos lo aferré por la garganta. Para el resto. Le saqué el arma a Cándida y me puse de pie. le decía a Rastell: —¡Usted proclama que Dios no es más que una invención del hombre para afirmar su autoridad! ¡Usted. ¿por qué jura? ¿Por su honor? ¿Por Dios? Usted sólo cree en el poder.Empezó a llover. ya estamos casi allí. Cándida. como ya lo había hecho otra vez. nos acaba de explicar su filosofía. Éste es un mundo esclavista.

Por encima de ellos. y sin embargo había murmurado que a los esclavos de aquí era mejor dejarlos vivir como hasta entonces. A pesar de la cellisca. Por un momento. La lluvia le caía por la cara en regueros irregulares y ni siquiera intentaba secársela. —No tengo ninguna llave. Negó con la cabeza. sacó una gran llave y me la arrojó. tendrías que matarlo. Sin duda nos ofrecerían algo más que un refugio. vigilándome. Rastell hizo un gesto de derrota. del régimen de Rastell. No podía juzgarlo. Los vigilaban hombres de uniforme negro: víctimas. sin duda. Fe en ferrocemento. tirando del cable. ese cuadro de miseria y lucha humanas —lo espiritual y lo animal siempre entrelazados— parecieron reconfortamos en ese extraño lugar. Dios bien lo sabe. no obstante. con la cara gris. Y. la sangre le corría por las mejillas y el mentón. La lluvia arreciaba. —Déme la llave del portón al otro lado del río. la perspectiva no era muy halagüeña. Sin decir una palabra. Estrechando el portal y el revólver. Rastell nos miró fijo. delante de una hilera de pinos. Cándida y yo lo miramos marcharse. al mismo tiempo. surgió la gran prisión. que estarían más que contentos de darnos asilo. —Apúntale con el arma. Rastell luchaba para apuntalar el inicuo sistema de su matriz (como por instinto lo hacemos todos). Ni tampoco matarlo. después de azotar a las figuras diminutas. Le hice un gesto con el revólver. Con un rápido movimiento de la mano se la secó como si fuese basura. corrió un cierre relámpago de la túnica. bañada en el agua de la lluvia. FIN . La cortina de lluvia. había hombres-mono moviéndose en escuadrones. supongo que debería decir marchando. Era. cruzamos el río con el bote. No. Luego se persignó y dio media vuelta. se alzaba una Cruz gigantesca. Cándida y yo nos estrechamos las manos y con paso lento y trabajoso nos encaminamos a los grises edificios. La barajé en el aire y la metí en el bosillo sin hacer comentarios. también tenía que mirar ese rostro cuadrado y sombrío. Rastell. al trepar una cuesta. Cándida. yo no podía juzgarlo. ¿no te parece? —Sí. ocultaban y revelaban a medias los siniestros edificios de cemento que se alineaban más allá. Cuando simulamos acercarnos. ¡Qué poco lo comprendía! Lo había visto en sus momentos de coraje y de cobardía. El jefe de los monos lo cuidará hasta que alguien llegue a rescatarlo. mientras lo reviso. —Vuelva a la aldea —le dije—. y quizá sea imposible asumir la fácil presunción con que calibramos la personalidad de un hombre si nos separa de él un abismo cultural. La ayudé a Cándida a subir la resbalosa barranca y abrimos el portón. porque no nos eran desconocidos. empezó a recorrer lentamente el camino por el que habíamos venido. un hipócrita y un creyente. Me azuzaba a mí mismo para poder hacerlo. Algo más que un mendrugo. Por desgracia. Abrió la boca como si se propusiese hablar.Se puso de pie con lentitud. —¿Qué vas a hacer con él Sherry? —Tendría que matarlo. Daba a un campo achaparrado y quebrado.

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