AYOTZINAPA

-un grito por 43-

SALVADOR PLIEGO

Copyright © 2015
COPYRIGHT by Salvador Pliego. All rights reserved.
Houston, Tx. USA
Todos los derechos reservados. Este libro no puede ser parcial o totalmente copiado
o reproducido de cualquier forma sin autorización del autor.

II

ÍNDICE

1

Un grito por 43

65

Biografía del autor

III

Un grito por 43 y el talento del poeta

Hay poetas que uno disfruta al leer, leo sus poemas lentamente para poder disfrutarlos
más, los leo lento para que su poesía no se me acabe y no quedarme en la orfandad
literaria. Así me gusta leer a Holland, a Bolaño, a Benedetti, a Maples Arce,… en fin,
sería una lista interminable de poetas famosos, pero también me gusta leer lentamente,
para disfrutarlos más, poemas de poetas que pienso que deberían tener más difusión, ya
que talento es innegable que lo tienen. Uno de esos poetas es Salvador Pliego. Al
momento de leer “Ayotzinapa: un grito por 43” me pregunté cuál es la obligación del
poeta o, ya en plano genérico, cuál es la obligación de cualquier escritor al momento de
plasmar su arte, y llegué fácilmente a una conclusión: El poeta debe ser testigo y cronista
de su realidad, el poeta ya no debe dormir únicamente el sueño lírico y romántico.
La realidad es algo que nos abruma, nos alcanza y hasta sentimos que los sueños nos han
robado. El talento del poeta es encontrar en esta incomoda realidad un resquicio para la
poesía. Lo primero que se me vino a la mente fue el motivo por el que la poeta rusa Ana
Ajmatova escribe su poema “Requiem”, estaba ella con decenas de mujeres a horas de la
madrugada haciendo fila a la intemperie, con temperaturas bajo cero, para poder ver a su
hijo recluido Ahí una mujer le dijo: usted que es poeta escriba esto, escriba esto que
pasamos. Así parece que alguien le dijo al poeta: escribe esto que pasa en México, esto
que está lacerando a la patria, esto que nos está robando los sueños y, por ende, el futuro.
Y el poeta toma el arma más poderosa que tiene: la palabra.
Así Salvador Pliego nos habla de “una patria vestida de blanco” en donde “se confundió
el gobernante con el paria”. Con el poema “La primavera de México” no puede mi
pensamiento dejar de remitirme a cuando Ernesto Cardenal escribe: Yo he repartido
papeletas clandestinas,/ gritando: ¡VIVA LA LIBERTAD! en plena calle/ desafiando a los
guardias armados. Entonces uno comprende que el poeta ha empuñado la palabra y
arremete contra aquellos que confunden el ejercicio de gobernar con el de robar,
enriquecerse, olvidar la moral… Salvador Pliego es un poeta valiente, como deberían ser
todos los poetas.

IV

Hay un poema que me gusta mucho “La masacre”, donde Salvador Pliego no gasta
palabras de más, un pequeño poema que me lleva a los poemas de Max Aub en “Los
lamentos del Sinaí” Todo está llano/ oscuro solitario/ solo ¿dónde está el viento?/ Allí.
¿Qué ruido...? Ninguno/ y de pronto agudo/ fino, fino, silbo un tiro/ el viento murió de
miedo. Quisiera seguir escribiendo sobre todo lo que dice el poeta en “Ayotzinapa: un
grito por 43” y seguir haciendo recuento hacia todo lo que me remite, pero es mejor que
el lector lo descubra y lo lea, como yo, lentamente, para sentirse transportado por las
palabras. Como dice Birago Diop: “Los muertos no están bajo tierra:/ ellos están en el
fuego que se expande,/ ellos están en los árboles que lloran,/ ellos están en la roca que se
queja/ ellos están en la selva, ellos están en la morada:/ los muertos no están
muertos./…/escucha la voz del agua…”

Jacobo Mina
Marzo 2015

V

Mejor cocine, su Alteza,
que no hay pasteles;
hay un pueblo en marcha.
-.Los hombres que hacen trincheras con sus ideales
son los que hacen la historia y dan color a las banderas.
-.La recompensa de descubrirnos libres
equivale a las dos alas que del viento hicieron
su corredor de triunfo.
-.Que florezca, no un jardín,
sino tu corazón junto a tu voz,
y en el palpitar emerja todo el clamor de la esperanza.
-.-

Yo quisiera que al pensarte, al recordarte,
se abriera tu sonrisa en mi ventana.

VI

UN GRITO POR 43

1

Vestíamos de blanco
Les voy a platicar lo que encontramos:
ésta era una patria vestida de blanco,
los árboles, los niños, los corazones
con sus franelas blancas, los sentimientos
eran hogazas llenas de blancura,
la ternura era un caminar níveo sobre las plazas.

Pero aquellos tenían odio y coraje,
y tenían tirria sobre el blanco,
y querían muerte sobre el blanco.
Salieron entonces con sus polvos mortecinos
a repartirlos, a justificar la muerte en todas las provincias,
a decir que ellos eran la justicia
portando sus metrallas y desmembrando la honradez,
la probidad requerida en cada día.
Se confundió el gobernante con el paria,
y el sicario se burlaba desde el atrio
donde la regencia estatuía.

Y mi patria ya no era blanca,
la hicieron negra,
la transformaron en una encarnada herida,
en un bermellón quejido;
decretaron la muerte como una jornada obligatoria
y nos entregaron el temor como bandera,
como estandarte a que se izara.

Pero aun llorando por las manos,
aun contando a los caídos,

2

aun viendo sus bufonadas risas,
les dijimos a los niños:
corran, vístanse de blanco, jueguen…
mientras nosotros nos limpiábamos el rostro
y el negro se escurría hasta el piso.

3

Decálogo
Subí a la montaña para mirar las diez leyes:
¡No matarás, no matarán, no matareis, no mataremos!
Pero no hubo leyes, ni arcas celestiales,
ni Moisés alguno: ¡Dios no había existido!

A cambio, con el cordero degollado y desangrado,
alzó un hombre el cuchillo, mientras se limpiaba las manos
lamiendo su sadismo.

Ayotzinapa había empezado.

4

Conciencia
Una maza golpeaba con fuerza la entidad de acero.
El golpe sólo chispeaba su estado incandescente.
La herramienta no acertaba martillear
para fraguar tenaza, golpe y yunque,
y los golpes secos sólo cansaban al puño
que, sin potencia, perdía tino sobre el acero.

Cuando el hombre sintió que la varilla se enfriaba
y la maza se quebraba, fijó su vista sobre la mano.
Entonces, apretó nudillos, endureció sus huesos,
y con su puño, a golpes, la espada la fue fraguando.

5

Sobre la plaza
(Esto es un libro abierto: los maestros.)

¡Qué se va a olvidar!,
si los ojos oblicuos, sobresaltados, inmóviles
-y digo inmóviles porque los cerraron a culatazo limpio,
a puño limpio, a fusilería limpia-,
para que los iris ya no hablaran,
y no dijeran que la ciudad era una paloma de dos alas,
y que las calles tenían adoquines con índices de libros eruditos.

Ciegos… fueron tiempos ciegos:
ciegos de manos y de letras,
ciegos de las palabras ya no dichas
y de las rejas temblando tras los muros,
de las llagas que sumaron el uno y tres sin resultado,
porque el dos fue condenado a las mazmorras
y la aritmética a las eléctricas varillas
-pobre dos, pobre y tan solo,
pobre y desvirtuándose su número en ordinario.

Y de repente, la plaza, ¡quién la va a olvidar!, la plaza…
los ojos nuevamente, los ojos en las puertas de las manos,
los iris en las pendientes de los pies, e iban caminando:
Búho, el Eduardo y Joel Ortega y David Vega y Villamil
y Cabeza de Vaca y tantos otros: los ojos de la rebeldía.

Y sumamos, maestros, sumamos: dos más dos: los ojos;
los nuestros, los de antaño, los suyos,
antes del tres y antes del más previo,
los que pintan pizarrones con las yemas

6

para que vean que la rebeldía no altera sumatorias,
y no la alteran los paréntesis ni la estrategia al producto.

Los ojos, maestros, nuevamente en la calle.
¿Y quién nos va a decir si es diagonal, resta o múltiplo en secuencia?
Yo digo que miren la calle llena de ojos aletrados,
la libreta que pide geografía, la voz que hace recuento en prioridades,
la regla que evalúa: tú y yo tomados de la mano,
gritando: “Plaza… la plaza nuestra…
la que no se olvida…”
E ir sumando: de dos en dos, de dos en cuatro,
de dos en hombros, de dos en miles,
y dejar que el mundo,
con sus ojos abiertos, vaya mirando.

7

Sr. Presidente
Más pronto devora el lobo a la cesta
que lo que el fruto corre a guarecerse.
Sr. Presidente, ¿qué corre por su sangre y qué le enviste?
¿Acaso Rousseau le hizo un capítulo especial
degradando al resto de lo humano a un implícito insocial?
¿Qué le corre por la sangre cuando forma
de tres en tres en fila, y de fila en fila en tres,
más de tres mil bombarderos contra el pueblo,
y al narcoanfetamínico le abre espacio al protegerle su cobranza?
¿Qué le escurre por la sangre,
y digo por las venas donde hubo y habiendo sigue
madres al encuentro, niños en idéntico y degradante sufrimiento?

Se me ocurre todo, y más no puedo,
y se me viene a la cabeza
que su innato satánico es de un volumen sin hidalgos, sin maderos.
¡Ay, México!, que cuesta de odio te han sembrado,
que pie sin uñas te están andando,
que serpiente sin plumaje serpentea y se arrastra
sorprendiéndole a San Pablo Guelatao
-muérdale y sángrele los pies a ese Cuauhtémoc.

Aquí está usted sirviendo desde arriba.
¿Y qué mundo es ese que calza gavilanes o estruendos de las nubes?
¿Desde qué babilónica torre ha encarnizado
su gótico dialecto que nada más desde su saña usted le entiende?

Hablemos claro: lo nuestro es nuestro;
lo de usted es una soga pidiendo nuestro cuello.

8

Y no muere nuestra sangre:
a nosotros nos sangra el hombro al escucharlo,
nos sangra el coraje al sentirle,
nos sangra el esternón, la punta de los labios,
la precipitación de nuestro juicio,
el emblema sideral de nuestras manos,
y siempre, más que siempre,
nos sangra la patria al mirarle.

9

Manifiesto
Aquí, donde se queman estrellas y esplendores,
y por sobre la calle se arden las noches cual centellas,
y las ideas corren al viento encendidas
descolgando del cielo sus tronidos;
Aquí, que somos leña de asombro y de umbrales,
estatuto de consignas por la multitud de soles,
y somos frente de todas las gargantas
que encaminan lenguas hacia la pureza de las bocas,
y dejan campanadas de voces entonando
que la tierra está hecha a grito de emociones,
a gritos que ensanchan y bombean corazones.

Aquí, que la voz es un clamor y en la tierra es acogida
a golpes de semillas, a golpes de labranza,
por cada estruendo nuestro que la pulsa o la arroja
al grito de amor que nos levanta y arde,
por cada sentimiento que excita y nos anima
a ser nosotros mismos los centuriones férreos,
los gladiadores de oro luchando por la vida,
nos llaman a ser ahora: los independentistas
más grandes de la historia.

10

Querubines explotados
Duermen sobre sí los vértigos de los talleres.
A cada mano, la fiebre de los golpes
teje ganzúas atravesando la lactancia de todos los horarios.

Los telares de la muerte hinchan sus ojos
para mirarles acoquinados y aun cargando en la mente sus juguetes.
Y cada niño deja sus alas en las prensas, en los yunques o inyectores,
para hilar la lágrima a un cuerpo doblegado en el quebranto,
mientras el silbido de la fábrica les llama por su nombre,
cual fuesen golpes de los mazos.

11

Camino a mi ciudad
Hay un pueblo cerca del azul y el horizonte:
por avenidas tiene el mar; por plaza, las montañas.
El pueblo está entre el centro y la frontera del paisaje,
y cada hombre o mujer es más real que su propio personaje.

Sin embargo, a mitad del día o de la noche,
a mitad de toda hora, hay un olvido que a la gente le recorre hasta los huesos,
y es con tal hostilidad, que el salvajismo los somete y crucifica.

Sin embargo, a mitad de los segundos y a cada instante,
el pueblo va y camina, siente, prosigue su faena,
y va buscando un pecho, uno nuevo,
porque al suyo, unos pocos, unos cuantos inhumanos,
el corazón le han perdido.

12

Héroes
Mitad mujeres, mitad hombres,
con sus pies calzando sepas, firmeza y resguardo,
con sus ojos puestos en el aquí, en el ahora
-ese trabajo a pecho abierto, configurado
en lo más nacional de la enjundia,
a cuenta de honra y naturaleza propia-.
Sigámosles los pasos
-por no decir amigos les dejo el verbo Héroes
a sus pies risueños.

A ustedes, que caminan a paso firme,
a marcha propia de su altivo rostro,
de la vertical mirada en color rojo, verde y blanco:
Mexicanos, ¡y no hay otros!,
que a la serpiente le dejaron el orgullo
de la garra y el nopal campanilleando,
que al águila le dieron cascabel, veneno,
el colmillo duro que a la muerte expatrió
por su guadaña cadavérica e inconclusa;
Mexicanos, héroes salidos de los callejones
y de las travesías omitidas o inundadas,
o de las incomunicadas avenidas que asoman
sencillez, dignidad, realce y grandeza:
¡a la muerte denle con la vida!,
a la muerte que tiene rostro de ignorante,
que ostenta la impiedad de su sadismo
en los actos perversos de sus burlas;
a la muerte toda muerta y occisa
que impone su irracionalidad de ley a un quebranto,

13

y nos mantiene subyugados, iletrados,
para no entender su verdadero nombre;
a la muerte que viene de lo absurdo,
que se cría y fortalece azuzando a los niños
a punta de metralla, narcos y somníferos:
¡Denle muerte!

Mexicanos, ¡denle muerte a la muerte!...
Denle muerte con la vida,
denle muerte con las calles,
denle muerte con los gritos,
denle muerte en las pancartas,
denle muerte con las lágrimas,
y a las lágrimas denle muerte con sonrisas.

Antes de soltar las vidas:
Héroes, condecoren sus rostros
con medallas de alegría.

¡Vamos a las calles!

14

Emancipación
Atados de manos y de boca
liberamos el corazón,
para propalar nuestra palabra.

15

Lancemos el corazón al viento
Antes de que planeen funerales;
antes de que a las cigarras les pongan torretas de acero y humo;
antes de que a las cenizas, por voracidad y soberbia, les prendan fuego;
antes de que a la arrogancia le creen ínfulas y las patenten como propias,
porque piensen que son de la insolencia y soberbia los dioses elegidos;
antes, pues, mucho antes, milenios antes de su estafa
envarada en la ignorancia, de la falta de letras en su frente
y la escaza o nula formación de humanidades (ignaros austrolopithecus afarensis);
reitero entonces: antes de que apoquinen a la patria con denarios
y la entreguen a Pilatos, o la claven de pies y manos
en el cerro del dolor, en el monte del naufragio,
antes, antes de todo eso:
lancemos el corazón al viento.

16

A ti, compañerita…
Si un día de la patria se fuera la alegría,
y la sonrisa, a palos, a golpes arteros,
le dijeran que no tiene habitación ni techo
donde acuda o permanezca su fortuna,
y las manos, a carbón oscuro y cielo negro,
cayeran a los suelos lamentando el infortunio,
a ti, compañerita, te daría a ti mis ojos,
a que uses los iris con que veo
y mires que mi pecho, latiendo, va sonriendo.

17

Vamos de nuevo
Hoy que la patria se nos está cayendo,
y se nos cae a marcha de injusticias,
a molde de tributos que acotan lo absurdo,
pues plasman incoherencias con necios atropellos
-¡se nos cae, y se nos cae a todos lados,
se nos va cayendo de los ojos,
se nos hace agua y nos gotea tierra y hierba,
nos aprieta sin linderos!-,
pienso que usted, al igual que yo, que nos miramos,
que nos decimos patria cuando amamos,
que a la tarde, y no importa si desnudos
o cubiertos de una sábana de cielo,
le pintamos los colores al amor con nuestro beso,
usted y yo, los dos de nuevo,
amaneciendo juntos y sonriendo,
seamos la patria ahora,
para irla de nuevo construyendo.

18

La paloma
Manos de pócima y cicuta la pintaron de negro.
Le quitaron el norte y el sur, y la pintaron de negro.
Le pusieron bozal en las alas, y la pintaron de negro.
La aventaron a la jaula a que migrara, y la pintaron de negro.
Hicieron cojín con sus plumas, y la pintaron de negro.
Le ataron collarín a su vuelo, y la pintaron de negro.
Le pegaron vendaje a su trino, y la pintaron de negro.
La prensaron con tirria y con odio, y la pintaron de negro.
Para hacerla volver, le ataron el corazón a un desprecio,
y la pintaron de negro.

19

Trinchera
De todas las trincheras que se alzan y retumban,
que forjan su defensa en bastiones inaccesibles,
que marchan a la par que los galopes cimarrones
por ser mareas y crestas indomables,
sólo es una la invencible:
el corazón, cuando combate.

20

Centauro
¡Vámonos de nuevo, Centauro!
¡Vámonos de nuevo!...
Muchachitos, que viene el General alzando.
Vámonos de nuevo,
en la crin, en el dorso, en la furia cabalgando.
¡Vámonos de nuevo!
En mil corceles, que la tierra está temblando.
¡Vámonos de nuevo,
que la mar ya va empujando!
¡Vámonos de nuevo… Vámonos de nuevo…!
Cual tropel y en la cerviz que la reata va enganchando.
¡Vámonos de nuevo!…
A desbocar, al corazón desenterrar.
¡Vamos, vamos, vámonos de nuevo!

21

De pie, libertad…
I
En la batalla diaria, aunque se muera el día,
alerto mis ojos, provoco a mi sino,
y desde las entrañas lanzo a mi corazón,
como un batallón en guerra
que apunta su pecho al viento.

II
En dos tercios de la mirada,
cual sangre en celo, nudillo erguido,
el corazón luchaba;
en el otro tercio, la libertad cantaba.

III

De tanto mirarte, me has hecho hombre;
De tanto quererte, me has hecho libre.

22

Testamento
No me encontrarán la muerte,
ni el quejido, ni el hueso en los andrajos,
ni siquiera los polvos de las mangas
remojadas por las manos.

Ese día que me muera,
desde el tintero, desde arriba de los dientes y hacia abajo,
desde el antebrazo en que me duermo boca adentro,
llévenme a que juegue,
a que ría doblemente de una gracia,
recuéstenme en la hierba y sobre el monte,
donde se esfume el corazón como de niño,
y arrópenme y arrúllenme,
que no me encontrarán la muerte.

23

Los ferrocarrileros
Sobre los aceros, las durmientes restallan la fragua de los talleres,
abren sus ojos de caldera al paso de los trenes
y los silbidos se arden encendiendo cada chispa en el corazón de los metales.
Las bielas rotan el sonido en líneas férreas,
mientras descargan, sus hombros, los hollines
y el sudor se empotra en el girar de cada rueda.
En el eje de tracción se crispan manos y tornillos,
y ya en marcha, los ferrocarrileros silban su pecho
en la locomoción ardua de las vías.

24

Testimonios
-A los desaparecidos de siempre por la represión-

¡Qué silencio!
Vendrían bajando tus ojos en Do… en Fa… en Sol…
De alguna luz de tus pupilas… Lari… Lari…
Cuando a razón de tus cabellos se escuchara: Mi Fa Do Re…
Larai… Lari…
Pero de ti… Sol Fa Sol Re…
¡Ay! Larai larai lari…
Vendría subiendo del mar tu voz en Sol… en Re…
Pero de ti… ¡Ay! Larai larai larai lari…
Y el rocío de tu frente con su Fa,
y la espuma de tu aliento con tu Re.
Pero de ti… Sol Fa Sol Re…
¡Ay! Larai larai larai larai lari…
Sol Do Sol Fa… Larai larai lari…

25

Recital entre sonatas
Recito desde la prontitud del hombre
la concepción inequívoca de los vivientes,
la enigmática vocación de ser lenguaje.

¿Qué otra parte del mar se ha hecho ojos?
¿Qué otra parte de los polvos
ha extraído palas, utensilios, azadones,
para dejar callos en las manos?

Canto desde el arrullo de la altura,
desde la emancipación de las vocales
que al viento le dan vuelo,
desde las trincheras impecables del deseo.

Hermanos del amanecer, ¡humanos todos!;
mineros palaciegos que abren a voluntad
la celeste bóveda y le extraen el azul para que brille;
tejedores incansables de aletas y de alas,
del cielorraso, de la luminosidad,
del cobijo de las madrugadas;
soldadores de las lágrimas humeantes,
de las sonrisas imparables,
de los cátodos forjados en el abrazo,
en los saludos chispeantes y ardientes:
cantos son del atardecer y las mañanas
sus letras que son de poderío,
y se recitan con los ojos, moviéndose en las manos.

Cantos de la piel que son del hombre

26

los cantos de su voz en pecho,
su trajinar, su corazón en vuelo.
En cada pie su marcha.
En cada llanto el orbe.
Sobre el mar su lengua.
En las calderas de la tierra, su lenguaje
sin cadenas.

27

La sotana
Yo digo, pienso,
que si mi patria, un día,
se vistiera nuevamente de sotana,
tocara más recio la campana,
se colgara en el pecho una losa
para reabrir la Alhóndiga de Granaditas,
gritara a su tierra: ¡Justicia!... ¡Libertad!...
y saliera a recorrer su milpa,
a atrincherar los corazones en los surcos de sonrisas,
a batirse, a muerte, buscando la alegría:
¡mi patria sería la más bonita!

28

Aquel día de junio del 71
Sin aire y si sólo retumbaran los escombros,
¿cuántos nombres no se levantaran de las piedras?

Muchachos, se dijeron todos,
y aún no desarrollaban sus pestañas, ni sus manos,
ni su piel llena de sueños, ni el latido
de emociones tan pequeño en sus edades.
¿Cuántos de ellos dejaron niños en sus cuerpos
por el odio de otros pocos?

Sin aire ya, sin aire alguno, muchachos:
no me cabría sentir todo ese odio…
¡No me cabría!…
¡No me cabría nunca!
¡No
me
cabría nunca!

29

Plegaria
A los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Váyanse a descansar.
Posen sus hombros cansados,
sus agotadas vestimentas,
lo que sus nervios dejaron en la greda
y en el lodo abatido por esfuerzos inhumanos
-la postración de la mirada más allá del fondo
y más allá de las grietas desterradas-,
para venir de nuevo, un rato, otra vez,
con las horas en la mano,
con el tiempo y valentía,
con la fortaleza de imposibles.

¡Vamos a encender los ojos!
No nos dolerán los besos, ni los labios,
ni los sentimientos hacia un sol cuando miremos,
ni el desnudo pie exprimiendo a las olas,
ni el retumbe de bigornias en los dedos.

Y con las manos atadas a la lluvia,
al torrente y cuello de otras manos,
por cada estrella mirándonos los iris
y cada sombra que se haya desprendido,
la túnica del alba y de las rosas
-al pan diario y nuestro-, le dé a los tibios salmos
un ángel único de bocas,
un grito de calles delirantes:
“Hijos nuestros… Padre nuestro…”,
y con ellos, los ojos en la tierra se incineren

30

por un beso que quisiera darles en la frente.

31

Más allá de la injusticia
Quiero quererte,
que no decaigas ni decaiga,
que no claudiques nunca,
que frente a la violencia
te aglutine con un beso
y me respondas,
que ante la ignominia de unos cuantos
formemos una cadena:
tú y yo, los dos juntos, boca a boca,
sin censura, sin diatribas;
tú y yo, llenos de voces,
porque no nos intimidan,
porque en nuestras bocas hay justicia
y eso vale mucho,
mucho más que la injusticia.

32

Ya basta
Al despuntar el sol, oigo las campanas de la multitud.
Y como si fuesen un solo hombre de gargantas
agitan sus brazos haciendo retumbar los bronces.
Y en el canto de la marcha sus ecos gritan: ¡Ya basta!,
cual fuesen martillos estallando las campanas.

33

Ustedes y nosotros
Ustedes que, orgullosos, petulantes, engreídos,
por el balcón se asoman ondulando la bandera,
y nos piden que gritemos,
que alcemos la voz, fuerte, recio, desgañitándonos…

¿Y nosotros, desde abajo, qué gritamos?
¡Asesinos!
¡Asesinos!
¡Ase
sinos!

34

A golpe de latidos
Ardo en mil hombres.
Descubro su respiración brotando de mi boca.
El mundo es poesía y estalla a golpe de latidos.
Soy, ardo, vibro, mi fuerza es la palabra.
Y por encima de todo,
de mi lucha y vida diaria,
pulso y voy creciendo
hecho verso, coraje, espuma y canto,
desde el fondo de mi pecho.

35

Niño de palomas
Con su calzado de luna, de crisol o avellanas,
caminaba, caminaba…
Pisaba alfombras de tierra y ceniza,
porque los guijarros cual fuego le prendían.

Niño de palomas, niño sin su guarda,
cuando preguntaban, él les respondía:
…”porque me apretaban”.

Caminaba, caminaba, con sus piececitos luna,
con su dedos de alquitrán, con su pielecita nieve,
porque nunca tuvo zapatitos cuero,
zapatitos flores, zapatitos niño.

Y le preguntaban el por qué descalzo.
Por decirles algo, él les respondía:
…”porque me apretaban”.

36

Después de Ayotzinapa
La tarde oscura y las nubes negras.
Sobre la plaza, las guirnaldas rotas
se escurrían hacia el alcantarillado.

Sonó la primera campanada.
El Cura Miguel Hidalgo miró hacia abajo y dijo:
“Sujeta la cuerda. ¡Y toca duro, muy duro!
!Haz que todos se levanten!”.

37

Alexander Mora*
Bueno, no sé, a veces duele más el estertor que el llanto.
Ya ves, Alexander, estamos cobijándonos los ojos y enterrándonos los dientes,
estamos sacando las bocas de entre tantas fosas
y las manos más allá de las hogueras.

Te voy a platicar –no sé con qué si ya no hablo,
si tanto grito me ha dejado afónico y mudo-,
te voy a platicar: cuando te llevaron aprehendido,
no sé qué murió primero, si mi boca o mis manos
por no haber gritado antes; si mi cuerpo envejecido
o mis piernas temblorosas que no supieron abrazarte;
si el cartílago derecho que sostiene mi cadera
que no rugió a muerte antes que te hubieran desaparecido.

No sé quién es el muerto, Alexander, si tú o yo,
o solamente yo que te veo tan vivo:
si cuando voy gritando eres tú el que va gritando,
eres tú el que lleva las manos levantadas,
eres tú el que, airoso, va incitando,
eres tú el que en esta carne está viviendo.

* Uno de los normalistas desaparecidos y el primero (¿único?) en haber sido identificado
por sus restos.

38

Convicción
De un brazo solo se forjó la yunta, el cincel,
el mazo, el taladro y la pica.
Devino entonces en pensamiento, garganta y grito.
Y cuando le pusieron pecho,
se alzó de rojo y latió su poderío.

39

Retiemble en sus centros la tierra
Por cada uno y por nosotros,
por cada 43 sin voz,
por esa hoguera en latidos
que arrastra el acero y retiembla el bridón,
por los labios que callan frente al sonoro cañón,
por los rostros o sienes de arcángel
que la espada inflexible de un traidor empapara
y en el hórrido estruendo cercenara al valiente,
por el grito de patria que apremiara el laurel
y en el aliento cobarde de guerra
con su daga ahienada un corrupto asestó,
por nosotros, centauros de lid,
retiemble en su centro la patria,
retiemble en las calles la voz.

40

A los padres de los 43
En este orar de mis táctiles silencios
que sale del pecho y de mi boca humana
-tan vencida de dorso y de cartílagos,
tan ahuecada a veces de mí mismo-,
qué débiles mis ojos tan eternos
y qué muertos mis iris al mirarlos,
ya no puedo conmigo, con tanta sinrazón y tanta salvajada.

Padres, madres, déjenme llamarles míos,
mi otra parte de mar en mis mejillas,
mi propio jardín de la esperanza.

Voy herido y ustedes van heridos –la muerte nunca acaba.
Padres, madres, junto mis manos y rezo:
rezo odiando al cobarde, al asesino;
rezo reimplantando a los ausentes en mis propias ganas;
rezo al rezo por decirles: mi padre, mi madre,
por cada uno de sus hijos.
Les llamo: mis huesos, mi tejido… y no se agota más mi rabia.

Si yo acrecentara mi garganta, tendría todas sus voces juntas.
Padres, madres: ¡qué voces tan distantes!

41

La primavera de México
Venid, madres de mayo, de su plaza de capullos;
acercaos, claveles de Lisboa, a mostrar las manos aceradas
que alzaron a los barrios;
acudid, otoños de los pueblos, con sus derrumbados muros,
con sus banderas altas, con la vista hecha frente.
Afluid a esta tierra, a este firme.
Oídnos levantando las gargantas,
el temblor de piso, los ojos hechos verbos.
Vednos crecer sobre las calles,
como un pueblo nuevo y valiente,
como un galope cruzando océano y tierra,
como un águila de mil serpientes emplumadas.
Escuchadnos el pecho, las bocas, los nudos de garganta,
la sangre descontenta, que en cada caminata,
en cada paso nuevo,
se escucha ya en la marcha
la primavera mexicana.

42

Emancipación II
Aquí nos prendimos de palabras y de hechos.
Y aunque no se escuchó sonido alguno,
cada letra se fue latiendo más fuerte,
hasta que sacamos el corazón a la calle
y latía a pleno grito.

43

As de Oros
Escuché el As de Oros* de Zapata correr sobre la plaza.
Iba a todo trote, sin montura.
Espera -le dije-. ¿Y Zapata?
Se frenó de golpe y volteó para mirarme.
Entonces dobló el cuello y bajó los antebrazos;
relinchó para que le montara.

*Caballo de Emiliano Zapata. Revolucionario mexicano (1879 – 1919)

44

Rebeldía
Se alzó un grito que no se oía.
“¡Calla la voz!“ –ordenóle un sable.
Mas el grito no se callaba.
“¡Silencia la lengua!“ –exigió la bayoneta.
Pero el grito más se escuchaba.
“¡Enmudécete y calla!“ –coaccionó el revolver.
Y el grito, al verles enfrente,
desbordó toda el alma
sin necesidad de garganta.

45

Templando el acero
No hay acero que no se doblegue
si el golpe del puño es preciso
y la conciencia es certera.

46

El corazón luchando
Hermanos, tengo el corazón roto
-la piedra no escupe a la mano, ni el guijarro hace cosecha-.
Verán: justo en la tarde cayó el estandarte muerto,
y la victoria muerta, y los colores muertos.
Mas, ¡nunca tuve tanto amor como ahora!
Sin embargo, la furia nos corrió hasta escondernos,
la furia bestial y brava, la furia no impoluta: ciega.
Íbamos con el corazón limpio
-¡cuánto amor me embiste al pecho!-;
íbamos gritando a corazón abierto,
a los colores, al estandarte, a la victoria.
Entonces embistieron, arremetieron,
buscaron el corazón para flecharle.
Pero, ¡nunca tuve tanto amor como ahora!
Todavía está el estandarte en mano.
Hermanos, el corazón no ha muerto:
¡Hay que levantarlo!… ¡Hay que levantarlo!…
¡Hay que levantarlo!

47

La marcha
Vino el primero y alzó el rostro.
El segundo dio el primer paso.
Se sumó otro, y éste empezó a levantar los brazos.
Al agregarse el siguiente,
la voz se desparramó hacia todo el contingente.
Se anexaron más. Y de ahí el tronco, cuello,
el tórax, apuntalaron la vanguardia.
Cuando se unió el último a la marcha,
el corazón latió, porque sentía
que despertaba el pueblo.

48

Voz de osadía
Normalistas –y yo perdido en los grilletes,
en la otra América, en el otro México-,
digan que restaurarán los huesos de los niños,
que leerán los símbolos del hombre en las páginas o lapiceros,
que pintarán las pizarras con la “V”
y sus dedos alzarán la “V” tácita y nueva,
que cada niño -¡oh Dios, si fuesen míos todos
y a cada uno una patria de atardeceres entregara!-,
se sentara, digo, en mis piernas de libretas y madera,
en mis rodillas de tintero y greda vieja, pienso,
compartiría con ustedes mi sombra desatada,
los instantes de mi voz aunque sea suya,
los dientes del diptongo cuando la pena se hace rabia
-¡ay de la química que ardiendo está entre mis ojos!-;
digo luego: ¡que vivan sus sílabas airadas!,
¡que vivan sus símbolos humanos!,
¡que vivan sus puertas contra el miedo
y sus ventanas contra el odio!

Salgo de sus bocas y entro de nuevo a escucharlas.
Ustedes, niños normalistas, jóvenes de átomos gemelos
que actúan fatigando a la tristeza:
¡qué dicha a los dioses por sus cantos!,
¡qué altura de siempre en sus pasiones!,
¡qué orgullo de jóvenes sin pena!,
¡qué alas de futuro en sus gargantas!

49

La masacre
Yo pongo las lágrimas, el desconsuelo,
la rabia ahogada en llanto,
el coraje por demás desorbitado.
Pero, que me responda alguien: ¿por qué?

50

Voz de los murmullos
¿Por qué en los párpados hay fragmentos de memoria?
¿Dónde se rompieron los lazos con la vida?
¿Eran esos pensamientos el humeante murmullo de un espanto?
Las palabras son oscuras letanías.
¡Ay hijos, hijos míos, cuántos Júpiters devorándolos a ustedes!

Por más que en las lápidas buscamos
-Dios no llega al muerto, no llega, ¡nunca llega!-,
es la oscuridad la que se arrastra
junto a lo absurdo o el horror o el pavor más desenfrenado.

Pero oímos el murmullo, lo escuchamos:
“Déjennos acuartelados donde miles son sin rostro,
en los archivos del dolor relampagueante,
con la piel anónima que sólo da la muerte,
porque cada quien tiene en la frente una flor
y un día ha de levantar los pétalos a los umbrales,
para darle a la vida todo su esplendor”.

51

Residuos
¿Estás?
Está la sombra y sólo un grito.
Un solo grito que devora y se expande.
Un grito terrible, disparado con un tiro.

¿Estás?
Ya nadie, ninguno… ni la sombra.
El eco por miedo se ha escondido.

52

Los jóvenes del pueblo
A los jóvenes del pueblo les enredan la tarde en el cuello:
los matan a las diez, a las once, todo el día;
les inyectan la noche hasta que mueran.

Delante de nadie les disparan.
Les dejan los rostros amoratados
para que no hablen, no escuchen, no vean.
Se mofan de su herida a pecho abierto.

A los jóvenes del pueblo
la tarde les siembra sus cenizas;
la noche se va a un rincón, llora sus muertes;
el viento les baila una nueva danza de Nijinski,
temblando ante los cuerpos.

53

Preguntando
Hace meses, hace siglos doy de gritos,
y no al vacío:
a la tierra, a los perros, a las bellotas,
a los cuadernos abiertos y cerrados,
a las mangas del chaleco que cuelgan hasta el cielo,
a los años nuevos y a los viejos o bisiestos.

Y no recuerdo nada más que gritos,
silenciosos y secretos gritos:
los pinceles quemados y oscuros
de los cuadros negros de Goya saliendo de mi boca.
¡Hace meses doy de gritos!…

Y no hay nadie, ¡no están!... ¡No hay nadie!
El sonido es una lista de nombres y lamentos.
La prolongación del verbo es su conjugación de mascarada.
La realidad es un guiñol sin escenario.

¡Y doy de gritos!… Silenciosos gritos:
¿dónde están?, ¿dónde han muerto?, ¿dónde andan?
¡Qué estertor! ¡Qué estertor!
¡Cuánta voz en la amargura!
¡Cuánta nada en la memoria!
¡Cuántas albas devoradas!
¡Cuántos pechos enjaulados!
¡Cuánta ignominia consentida!
¡Cuánto descrédito del habla!

Hace años doy de gritos…

54

silenciosos, murmurados, prolongados gritos.

Hay imágenes de muros: muros que colapsan,
versos que se truncan, umbrales que se apagan.
¡Hace siglos doy de gritos!
¡Hace un mundo, siempre, doy de gritos!

55

Si todavía
Después de la muerte,
si todavía de la vida algo quedara,
aunque fuese un poco o sombra de ella,
yo diría que es la más humana,
aunque de la vida ya nada se asomara.

56

Reivindicación
Algún día contaremos las palomas
y los miles que a las calles se asomaron
con un par de alas,
a volarlas.

57

Por siempre
No me dejen morir la muerte ni llorarla solo,
que para morir le entrego a la muerte
un alud de carcajadas,
y a la lágrima, mi sonrisa más alegre.

58

En el frente
Tome usted su conciencia y sáquela a pasear un rato,
que aquí, en la calle, en el frente que es camino,
se enaltece y vivifica el derecho a ser humano.

59

Historia
El ser humano hace testimonio cuando, ante el agravio, le da poder de voz al hecho;
es valiente cuando lo denuncia e incrimina;
pero, hace historia porque, con todo su coraje, lucha para que nunca se vuelva a repetir la
infamia.

60

Es posible la vida
Es posible la vida, ¡pueda que sí!,
donde la oscuridad más atroz
suene a un silbido lejano,
a una pólvora inerte que no estallará en las manos
ni correrá como el miedo.
¡Pueda que sí!...
Que se encuentre en algún lado,
junto al mirar de los ojos,
en su caminar ligero y alegre,
en su promesa de andar sobre el viento.

Tal vez se pudiera, ¡yo digo que sí!,
regalarse a los ojos un abrazo de iris,
y dejarlos al viento, columpiándose,
mirándose en un sol; viéndolo atardecer.

61

Esparcir las voces
A esparcir las voces,
murmurar que esto apenas ha empezado,
que traemos tierra en la boca y en la lengua, sentimiento,
que las manos se arden en un cielo tan grande
como el alma que enfilamos,
que esta vocación es, más que nada, de lucha por la vida.

Lancémonos las ganas de los sueños y pretextos:
¡Aquí no hemos caído, estamos combatiendo!,
pues la trinchera tiene, por muro y por rutina,
el rostro más hermoso que ofrece la alegría.

62

Yo vine aquí
Yo vine aquí, con ustedes, que me invitaron a sentarme,
que me señalaron el amor como bandera
y pusieron mis pies a caminar sobre esta salpicada tierra
llena de cantos, de enjundia, de certeza por la vida.

No me moverán de sus espigas
ni los humedecidos ojos, ni el trastabillar de los fuegos
silbando a un lado de la frente,
mucho menos la violencia medieval de unos torcidos.

Éste es mi canto: soy su soldado, su guerrero, su posible mensajero.
Y antes de que quieran acallar las voces,
antes de que oculten esa sangre o la limpien con el miedo,
con franelas más negras que la muerte,
antes de que nieguen sus manos rojas y el cuchillo:
¡yo lo gritaré mil veces!;
y saldré con todos, con ustedes, marchando, caminando, danzando,
porque me pusieron por corazón un estandarte,
para que el amor se ondeara y lo esparciera en la palabra.

63

México
-Un canto de esperanza-

En algún lugar de la orilla, sobre las horas del mar,
donde las cuevas profundas o pozos se abrieron
hacia las escaleras del águila serpenteada,
hacia la estructura del ave o la piedra y la mazorca
-tucanes teológicos de los valles o selvas enverdecidas-,
maquinistas de la tierra, del adobe, del nixtamal rojo,
de los azules del grano, salieron a la existencia,
a la boca del itzae, a la lengua del olmeca, en el costillar del xochimilca,
como si fuesen las torres de la piedra, el calcio del viejo basamento;
vinieron a sembrarse los ojos, las puntas de los dedos,
a latirse los cenzontles y a insertarse los plumajes.

Amanécete en el coral toda la noche: blanco;
toda la vida: verde; toda la luna: rojo.
Cuarzo de hombre: cuando naciste de la piedra.
Pedazo de culebra: cuando caíste en el cenote.
Trozo de garra: cuando venciste a la serpiente.
Estabas en la lanza, andabas en la greda,
eras tú la pirámide y el duende de ocelote.
Y desde las milpas atesoradas de obsidiana,
te quedaste en la estancia sacra
del palacio y los viajeros.

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SALVADOR PLIEGO:
Nacido en la ciudad de México. Con estudios en Antropología Social y una Maestría en
Sistemas de Computación. Como escritor inicia su carrera a finales de 2005 y desde
entonces ha publicado más de 20 libros.
Fue premiado como segundo lugar en poesía por la ENSL en México y nominado como
finalista por el II Certamen Internacional de Poesía “San Jordi” en España, 2006.
Participó como jurado en el Primer concurso literario “Atina Chile” en 2007. Su poema
“Espadas y papiros” fue entregado como parte de los premios otorgados al ganador del
Segundo concurso de cuentos cortos HdH Medieval. De sus viajes ha recibido múltiples
reconocimientos, entre otros, el de ser “visitante ilustre del Municipio de Urrao”,
Colombia.
Durante 2007 y 2008 participa activamente en el foro MundoPoesia, considerado uno de
las más grandes de la red de Internet en cuanto a escritores, publicaciones y lecturas. En
ese periodo es premiado en 18 ocasiones, entre ellas, otorgándosele el premio de Poeta
del mes.
En 2011 gana los siguientes premios: Ganador del premio de poesía Rubén Darío
Rumbaut con el poema “Dulzura”, y “Primera mención de honor” en el concurso
internacional de poesía “Trofeo Memorioso” organizado en Chiloé, Chile, con los
siguientes poemas: Corcel de alas blancas, ¿Dónde los olivos? y Templanza.
En enero del 2012 se le otorga el premio al primer lugar del Primer Concurso Literario
Andrés D. Puello a su libro Crepitaciones, y en el mes de mayo se incorpora su poema
“Oda a la risa” a libros de texto para el aprendizaje del español en Puerto Rico. La radio
satelitevisión/Americavisión de Chile le otorga un reconocimiento “por su participación
en la Poesía destacada, mes de septiembre 2012, de los programas radiales ‘Música y
declamación de poesías’”.

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En abril de 2013 Radio Satelitevisión/Americavisión le otorga un nuevo reconocimiento
como poesía destacada por su poema: Arde la poesía. En el mes de mayo, otro más por su
poema “Desnudez de tu mirada”. Y en junio, un nuevo reconocimiento por el poema:
Canción de viento y brisa.
En mayo de 2014 recibe 3 reconocimientos en México: el primero de la Universidad
Tecnológica de Huejotzingo y la Secretaria de Educación Pública (Puebla); el segundo de
la Presidencia Municipal de Querétaro a través de su Instituto de Cultura, y el tercero del
H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz (Estado de México) a través de
la Dirección General de Educación y Cultura y el Instituto Municipal de la Cultura y las
Bellas Artes.
En el mes de octubre se le notifica que su poema “Miguel Hidalgo” fue incluido en un
dvd en conmemoración a Miguel Hidalgo, por parte del municipio Miguel Hidalgo, del
estado de Hidalgo, México.
A la fecha ha realizado lectura de su poética en Estados Unidos, México, Perú, Chile,
Argentina, Colombia y España.

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