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Las etapas de ocupación del territorio argentino, una rápida expansión con valoración parcial del territorio.

Por Lucía L. Bortagaray

La eficacia paisajista de las civilizaciones prehispánicas

La historia de la acción del hombre sobre el medio en el territorio argentino comienza con sus primeros habitantes: las civilizaciones indígenas. Estos grupos, que fueron los únicos pobladores hasta el siglo XVI, cuando comienza la conquista y colonización hispánica tuvieron mayor "agresividad paisajista i " en el noroeste y oeste. En ese lugar se hallaban las culturas poseedoras de "técnicas de encuadramiento y de producción" ii más eficaces, lo que les permitió el dominio de un amplio territorio y un gran número de habitantes.

Hacia fines del siglo XV, los incas habían logrado conformar su imperio incluyendo el oeste y noroeste del actual territorio argentino mediante un sistema políticoadministrativo y una infraestructura de comunicaciones eficientes. La práctica de la agricultura, con acondicionamientos para riego en un medio árido, que determinó su sedentarización y su pauta de poblamiento en aldeas, les permitió la concentración de mayor número y densidad de habitantes e iniciar el modelado del medio (Fig. 1).

El resto del territorio estaba habitado por tribus nómadas, de recolectores, cazadores y pescadores con gran aptitud para el desplazamiento, que trasladaban sus tolderías en función de sus necesidades alimenticias. Se encontraban en la primera etapa de la evolución socioeconómica de la humanidad, y tenían el dominio exclusivo en el "espacio inorganizado" iii , donde no se nota prácticamente la huella humana. La debilidad en sus técnicas de encuadramiento y producción se advierte en sus nucleamientos de pocos individuos dispersos en el territorio que, más que contribuir a su modelado, se hallaban sometidos a la naturaleza, dependiendo de la misma para su supervivencia. Tampoco sus técnicas les permitieron advertir las grandes potencialidades de algunas regiones, como la pampeana, posteriormente tan valoradas. No estaban en condiciones de percibirlas. La diferente capacidad de organización y producción de estos dos grandes grupos se pone de manifiesto también en los resultados de la colonización hispánica. En el encuentro de ambas culturas los primeros sobrevivieron, dejando los rastros de su cultura y etnia; los segundos desaparecieron.

Al producirse la conquista y colonización españolas termina el dominio de los indígenas en estas tierras, y se inicia una etapa que culminaría a partir de las transformaciones operadas en la organización del territorio en la segunda mitad del siglo XIX.

Etapa del surgimiento de los ecúmenes regionales

Con el comienzo del período colonial se inicia la organización del territorio, a partir de decisiones determinadas por la estrategia de la corona española. Esta forma de colonización fue diferente a la empleada por los ingleses en América del Norte, donde la ocupación del espacio fue paulatina y continua. "El sistema español era predominantemente administrativo y fue confiado al soldado, asistido por el

sacerdote iv En la primera mitad del siglo XVI, el territorio estaba poblado por

"

...

aproximadamente 340.000 indígenas v . Un espacio inmenso y prácticamente vacío,

para ser colonizado por los reducidos núcleos españoles. "La fulminante rapidez de la

conquista impuso una economía muy estricta de la población europea. Era imposible

organizar un frente de colonización continuo. Se trató más bien de una serie de

núcleos que formaban una red metódica, pero de mallas poco apretadas. El fin

principal era la posesión de los puntos estratégicos y de las regiones de producción de

los metales preciosos" vi . Las potencias coloniales europeas organizaron la colonización

en base a la agricultura en otras partes del Nuevo Mundo, pero en la Argentina, dado

sus climas templados y áridos predominantes la economía de plantación no encontró

las condiciones favorables. El móvil fue entonces la explotación de otros bienes

codiciados en la época, como los metales preciosos, cuyo gran valor justificaba el

transporte, dada la precariedad de los medios. Esto hizo que el centro más dinámico se

ubicara en el noroeste del actual territorio argentino, vinculado a la explotación

metalífera del Perú, y que se desarrollaran economías regionales relacionadas con lo

mismo para su abastecimiento. La consecuencia de este proceso fue la ocupación

discontinua del espacio y su modelado en regiones poco extensas.

El esquema regional de lo que luego sería el territorio argentino, comienza a

configurarse a partir de las primeras fundaciones hispánicas. El avance de la conquista

desde el Perú y desde Chile engendra una corriente colonizadora en el norte, que inicia

el proceso fundacional en 1553 con la ciudad de Santiago del Estero, en un "lugar

donde se dispone de corrientes fluviales, las cuales, con la construcción de acequias y

gracias a la disponibilidad de mano de obra indígena, permitieron la expansión de los

cultivos. El sistema de colonización urbana posibilitó que cada ciudad fuera

organizando el territorio aledaño. Santiago se convirtió en el centro colonizador y de

avance de la conquista del noroeste, y en proveedora de cereales, hortalizas y madera,

gracias a la valorización de los recursos de la diagonal fluvial que conforman los ríos

Salado y Dulce, nexo interregional para las comunicaciones entre Córdoba, el Noroeste

y Santa Fe.

En un poco más que un siglo se fundaron las primeras trece ciudades. A Santiago del

Estero le siguieron Córdoba (1558), Mendoza (1561), San Juan (1562), Tucumán (1565),

Santa Fe (1573), Buenos Aires (1580), Salta (1582), Corrientes (1588), La Rioja (1591),

Jujuy (1593), San Luis (1594) y Catamarca (1683). De esta manera se constituyeron los

asentamientos puntuales que conformaron la red urbana que caracterizó al período

Colonial, el que se estructuró siguiendo en muchos casos los caminos indígenas y las

nuevas rutas abiertas por las expediciones conquistadoras y exploradoras. Estas trece

ciudades fueron denominadas "ciudades territoriales" por Razori vii en virtud de haber

sido los núcleos generadores de las provincias homónimas cumpliendo la función de

ser centros organizadores del espacio en torno de ellas, y haber atraído población. En

cuanto a esto, cabe agregar la opinión de Canal Feijoo quien, en una investigación a la

que califica como intuitiva por no estar documentada, consideró el problema de la

decisión de la localización de las primeras ciudades y arribó a las siguientes

conclusiones: [El español] "aceptó, reconoció y ponderó el nuevo ámbito por

complaciente y despaisada analogía nostálgica; lo dicen bien a las claras sus primeras

nominaciones: la Nueva Granada, Córdoba de la Nueva Andalucía, Santiago de la

Nueva Extremadura, Todos los Santos de la Nueva "

...

Rioja viii Esta conciencia o

sentimiento regional ha influido, según este autor, en la elección del sitio de las

primeras ciudades, las cuales estaban separadas por distancias a las que denomina

como "precisa distancia en que ya cambia la tonada". "Hoy podemos comprobarlo

empírica y turísticamente: un cambio de tonada anuncia la proximidad de otra ciudad"

[

...

],

la tonada es "una localización cultivada en comunidad." ix El conquistador que

atravesó el territorio fue recorriendo las distintas poblaciones indígenas, y de esa

manera pudo percibir los cambios lingüísticos al pasar de una comarca a otra.

Comparando el mapa de las principales poblaciones indígenas en el momento de la

conquista con la actual división política, llega a la conclusión que "cada ciudad preside

hoy una tonada provinciana, cada ciudad surgió presidiendo un núcleo etnográfico y

lingüístico comarcal [ el conquistadorcolonizador debió, necesitó, contar con lo más

...

]

profundo del substrato aborigen de cada región para la fundación y fundamentación

de las primeras ciudades". x Esta sería la base geográfica y etnológica de las futuras

provincias argentinas, ya que la dispersión de las poblaciones indígenas coincide

aproximadamente con los territorios provinciales; por este motivo, cada provincia

posee su tonada característica, producto del mestizaje del idioma español y el

aborigen. También esto sugiere que cada ciudad aglutinó, en torno suyo, un territorio

en el cual ya existía una homogeneidad basal de carácter antrópico, lo cual contribuyó

a establecer los límites de estas primeras regiones funcionales (Fig. 1).

La gran mayoría de estas ciudades que perduraron, contaron con la ayuda de los

indígenas y de esa manera "pudieron cumplir con el doble objetivo de su instalación: el

propósito misional y la utilización de los naturales para el trabajo" xi . Las ciudades

tuvieron poder de atracción y de fijación de los indígenas. Este ha sido, según Canal

Feijoo, un factor de la perdurabilidad de las mismas. Fundadas con escaso número de

pobladores, la tentación a la deserción puede haber sido frecuente, debido a la

angustia provocada por la soledad y la lejanía en un ambiente extraño. Si bien el

abandono de la empresa no caracterizó al conquistador español, el haberlo intentado

hubiera significado ingresar en otra comarca, en otra tonada, en otro grupo indígena

rival, es decir, arriesgarse a mayores peligros. De esta manera concluye que el indio ha

contribuido en forma activa en la historia de la ciudad argentina.

La disponibilidad de mano de obra indígena fue un factor primordial, dadas las

limitaciones tecnológicas en que se desenvolvían las actividades agrícolas. Cualquiera

que haya sido la función fundacional asignada a cada ciudad ya sea como puesto de

avance de la conquista, ya como núcleo de consolidación del poblamiento o como

nexo para las comunicaciones y el comercio, lo cierto es que su perdurabilidad estuvo

asociada al hecho de no haber cesado nunca en el cumplimiento de sus funciones, por

haber crecido como centros prestadores de servicios, y a la capacidad de organizar su

área de influencia, lo cual sería la base económica que aseguraría su supervivencia.

El territorio colonial se articulaba por una red troncal, de alcance continental, que, con

centro en Córdoba, vinculaba los ecúmenes regionales, del Noroeste, en comunicación

con el Alto Perú; Cuyo, prolongándose hacia Chile; Buenos Aires, y Asunción. Otros

caminos secundarios completaban los enlaces. La precariedad de los medios de

transporte hacía largos y azarosos los viajes e "insularizaron las poblaciones

subordinadas como islotes en un inmenso desierto xii ". La necesidad de descanso y de

alimentos para los viajeros y animales de tiro hizo que estas rutas estuvieran jalonadas

por postas, que eran los centros de reunión, reaprovisionamiento y desarrollo de

actividades artesanales relacionadas con la reparación y fabricación de elementos

necesarios para el transporte. Muchas de estas postas fueron el germen de futuros

centros urbanos.

En los primeros tiempos coloniales, los ecúmenes regionales comandados por las

ciudades y las redes desarrolladas en lo que es hoy el territorio argentino, formaban

parte del área de influencia del Alto Perú, polo de la extracción minera y principal

mercado consumidor con centro en Potosí. El puerto de Lima era la boca de salida de

su producción metalífera. Los núcleos regionales vinculados a él desarrollaron una

economía a su servicio y gozaron de cierta prosperidad. Estas características se

conservaron mientras Buenos Aires se mantuvo como una aldea marginal de las

actividades mineras del norte.

En el ecúmene regional del Noroeste se localizó, debido a su cercanía con Potosí, el

área más dinámica del período colonial. La gran demanda de bienes que generaba el

núcleo potosino era satisfecha desde las regiones cercanas, y en este esquema se

inscribe el Noroeste. Se exportaban tejidos, cereales, legumbres, hortalizas, maderas,

ganados y material de transporte construido aprovechando la foresta local. Especial

importancia tuvo el comercio de muías para el trabajo en las minas, y el de bueyes

como animales de tiro de las carretas. El hecho de estar en la principal ruta de tránsito,

la que vinculaba el litoral con el Perú, benefició a la región.

La región de Cuyo, por su dependencia administrativa de Chile, se hallaba muy

vinculada al Pacífico. Le enviaba indígenas y comerciaba sus productos: vinos, frutas

secas y aguardientes, que también vendía al litoral y otras regiones.

La región Centro desarrolló una actividad agrícola de subsistencia, exceptuando su

producción de harina y vinos. Su vinculación con el mercado altoperuano se debió a la

exportación de mulas. También se caracterizó por su actividad artesanal textil, de

cuero y del sebo. La ciudad de Córdoba se benefició en sus actividades comerciales por

su posición de encrucijada de rutas.

El Nordeste, favorecido por la vía fluvial, fue recorrido y poblado tempranamente por

las expediciones que en el siglo XVI tenían como objetivo fundamental la búsqueda de

riquezas. La pretensión de acceder a Potosí desde el este llevó a la fundación de

Asunción en 1537, como base de futuras expediciones al núcleo metalífero. El Gran

Chaco, por sus condiciones naturales (cálido, empantanado periódicamente y sin

recursos), y las tribus hostiles que habitaban los valles de las sierras orientales

bolivianas xiii , hicieron fracasar las sucesivas empresas. Pero a pesar de esto, la ciudad

sobrevivió en el área de cultura guaraní, convirtiéndose en un núcleo irradiador de

poblamiento. Desde Asunción partió la expedición que fundó Santa Fe en 1573 y

Buenos Aires en 1580. La incorporación del indígena a la empresa colonizadora y

evangelizadora tuvo su máxima expresión en las misiones jesuíticas. A diferencia "del

ordenamiento territorial proveniente del Virreinato del Perú [ que tendía a ordenar

...

]

territorios en función de necesidades extracontinentales [ esta tercera corriente de

...

]

poblamiento plasmada en torno a los ríos más importantes de la Cuenca del Plata,

tuvo necesariamente que organizarse desde misma y para misma [ focalizada en

...

]

Asunción del Paraguay, confluyeron los caracteres de aislamiento de la región, la falta

de recursos valorados en aquella coyuntura, la carencia de población autóctona

sedentaria como la existente en el Alto Perú [ En las misiones jesuíticas podemos

...

]

decir que se incorporó lo mejor del mundo del espíritu, de la ciencia, del arte, de la

técnica de aquellos momentos, al crecimiento de dichas comunidades y no como en

repetidas oportunidades ha mostrado la historia, la desarticulación social en función

de un proceso unilateral, en muchos casos únicamente material. En un caso lo

universal se ha incorporado y ha contribuido a fecundar toda una cultura, en otro, se

ha producido una mutación histórica que puede significar la muerte, la pérdida de la

identidad "

cultural xiv . Esto constituye lo peculiar de este, núcleo hispánico,

...

empeñado en la formación integral del hombre, el cual alcanzó un alto nivel

organizativo e integró a los hijos de estas tierras en la colonización. Las misiones

constituyeron también una organización económica. Los jesuitas lograron la

"domesticación" de la yerba mate, y su producción se comerciaba con las otras

regiones a través del puerto de Santa Fe. La importancia que tenía la vía fluvial hizo

que, muy tempranamente, se desarrollara la industria de las embarcaciones.

En el litoral se había fundado Buenos Aires, por la necesidad de contar con una escala

en la larga travesía desde Europa hacia Asunción. Las ventajosas condiciones naturales

de estas tierras sólo habían servido, hasta el momento, para la proliferación de los

ganados traídos por los colonizadores. Su no menos ventajosa posición frente al

Atlántico no había sido percibida por la corona española, comprometida con intereses

en el Pacífico. Rodeada por el "desierto", asediada por tribus nómadas, con muy

primitivo nivel técnico en la actividad agrícola y prohibido el comercio, la "aldea tuvo

una prolongada y angustiosa vida económica [ Duras condiciones imperaron por

...

]

mucho tiempo en la empresa de la colonización en la llanura pampeana hasta que la

reproducción del ganado alejó el fantasma de la hambruna". xv

La fundación del puerto de Buenos Aires obedeció a la necesidad de disponer de una

escala y, sobre todo, controlar la entrada de la mejor vía de penetración hacia el

interior, constituida por los ríos, y afirmar la presencia hispana ante el avance

portugués.

En los alrededores de la ciudad se realizaban cultivos que abastecían al mercado local y

en la campaña se reprodujo libremente la hacienda cimarrona. El poblamiento rural se

caracterizaba por su dispersión, producto de la actividad de cacería de vacunos y de la

búsqueda de pasturas. A mediados del siglo XVII sé institucionalizó esta actividad

desvastadora con el otorgamiento de licencias de vaquerías, dada la abundante

existencia de animales y la demanda de cueros que incentivó la exportación, surgiendo

así una economía orientada al exterior. Buenos Aires se convirtió en "capital de

pastores y vaqueadores" xvi , sin mayores cambios hasta la creación del Virreinato del

Río de la Plata, dada la pobreza técnica de las actividades de su región.

La creación del Virreinato, en 1776, tiene grandes consecuencias en la organización del

territorio. Buenos Aires se convierte en su sede administrativa y su hinterland, que

coincide con los límites de la nueva entidad política, se articuló con las tres rutas

principales: al Alto Perú; a Mendoza y Chile, y a Asunción. De esta manera Potosí

quedó incluido en su área de influencia al igual que Cuyo, que se incorporó al

Virreinato. La libertad de comercio otorgada a su puerto fue el factor vigorizante del

mismo y la causa del nuevo dinamismo que se opera en su extensa área comercial. No

sólo se liberó del control de Lima sino que en la competencia, se valorizó su posición

geográfica favorable y atrajo la exportación de la plata potosina. A fines del siglo XVIII,

el 80% de las exportaciones del puerto de Buenos Aires lo constituía la plata xvii . Las

exportaciones de cueros, sebo y carne salada repercuten en la estructuración del

espacio; se organizó la zona ganadera con el surgimiento de la estancia colonial como

una unidad de producción más racional.

En el siglo XVIII comienzan a notarse los cambios que producirán el traslado del núcleo

más dinámico hacia el litoral y provocarán la ruptura del equilibrio regional. Los

beneficios del comercio en Buenos Aires produjeron una mayor demanda de bienes.

Procedente de las economías regionales llegaba aguardiente; vinos y frutas secas de

Cuyo; textiles de Córdoba; maderas y cueros de Tucumán, y del exterior, los productos

manufacturados. Los flujos cambiaron de dirección; ya no se dirigían al mercado

altoperuano.

A partir de 1810, el área mercantil porteña pierde extensión por los sucesivos

desmembramientos que sufrió el territorio del Virreinato. Cesan las exportaciones de

plata al independizarse el Alto Perú, y son reemplazadas por los productos pecuarios,

que pasan a ser el principal rubro y factor dinamizador de la economía. A pesar de ello,

la ganadería todavía se mantiene con características muy rudimentarias, sin refinación

y con escasas inversiones.

La competencia de productos importados y la ruptura del eje PotosíBuenos Aires

debilitó a las economías regionales. La importancia de los vinos y aguardientes del

Mediterráneo arruinó a la economía cuyana; la expulsión de los jesuitas a fines del

XVIII provocó la decadencia de las misiones; el Noroeste perdió su mercado en el Alto

Perú y su producción no podía competir con la extranjera.

La organización del territorio durante el período colonial culmina con un período de

transición hacia la nueva etapa que se insinúa. No hubo una valoración total del

espacio. En 1857 la población apenas llegaba a 1.300.000 habitantes xviii . Las economías

regionales autosuficientes habían mostrado sus vocaciones diversas, que generaron el

intercambio interregional. La región pampeana, impulsada por un factor exógeno,

organizó su territorio con función monoproductora. La conquista, exploración y

reconocimiento del territorio continuaba en la Patagonia, en las costas y en la región

chaqueña. También las islas Malvinas participaron tempranamente de la colonización.

La Corona española ejerció su dominio en ellas hasta 1811. La Argentina las heredó

luego por natural sucesión y fueron colonizadas con grupos de familias a las que se les

entregó tierras, hasta 1833, fecha en que el imperio inglés produjo su expulsión por la

fuerza.

Las ciudades fueron el soporte de la vida regional; dependían de las áreas rurales

próximas para su abastecimiento y les proporcionaban servicios. La producción debía

satisfacer las necesidades locales, por lo cual era diversa. Los cultivos destinados al

mercado eran el producto de la originalidad del medio que al ser diversoprovocó el

intercambio de complementación, limitado por la precariedad de los transportes. Las

actividades industriales tenían el carácter de tareas artesanales xix . La dependencia del

polo de atracción de Potosí había generado flujos centrífugos en el territorio; la

creación del Virreinato los hizo converger a Buenos Aires. Tal era la estructura y

dinámica del espacio en el periodo colonial (Fig. 2).

Etapa de la formación del ecúmene estatal

Durante el siglo XVIII comienzan a manifestarse en Europa occidental las

consecuencias la industrialización. Las actividades de intercambio se intensifican, al

disminuir la influencia de las distancias por la mejora en los transportes, y desaparece

la autarquía de las sociedades preindustriales. Los territorios de los países que se han

industrializado se vuelcan hacia la monoproducción. "Los campos de Europa del

noroeste o los del nordeste de Estados Unidos se inclinan hacia los cultivos intensivos

o hacia la ganadería lechera, el este europeo o el medio oeste norteamericano hacia el

suministro de cereales; el hemisferio sur se especializa en la ganadería extensiva xx ". Tal

era el destino reservado para la Argentina, que ingresa en los designios de la

organización del territorio de las potencias industriales. Los cambios producidos en la

estructura económica y demográfica de éstas las llevan a organizar la periferia, que de

esta forma se incorpora al sistema internacional cumpliendo las funciones específicas

asignadas.

El modelo de la evolución demográfica de Europa occidental muestra, desde la

segunda mitad del siglo XVIII, el distanciamiento de las curvas de natalidad y

mortalidad por descenso de los valores de esta última, que conducen a un gran

crecimiento de la población xxi .El mayor número de habitantes para alimentar y los

requerimientos crecientes de materias primas para su industria en evolución hicieron

como en otra época con las tierras tropicales donde organizaron sus plantaciones que

estos países dirigieran sus intereses hacia las áreas templadas del mundo. La Argentina

cuenta con un amplio territorio templado, que permaneció vacío hasta muy avanzado

el siglo XIX; sus aptitudes naturales sólo habían sido apreciadas parcialmente, al

comprobarse la facilidad con que se reprodujeron los primeros ganados dejados por

los colonizadores. Sus pasturas naturales fueron entonces valorizadas en función de la

actividad pecuaria con técnicas primitivas.

Ante las nuevas necesidades de las potencias extracontinentales que, con el progreso

técnico y los cambios en la productividad, estuvieron en condiciones de organizar

territorios aun más allá de sus fronteras, quedan definidas en este período la

organización y evolución de las estructuras territoriales por la estructura mundial de la

economía.

La Argentina entró en el área mercantil inglesa como productora de materias primas

agropecuarias y, de esta manera, se produjo la integración de su economía en el

mercado mundial. En 1900 4/5 de las inversiones eran inglesas xxii ; tuvieron como

destino la creación de la infraestructura básica para la incorporación de la pampa al

sistema mundial: ferrocarriles, puertos, comercio, finanzas, etcétera.

Dos elementos del sistema, el puerto y la pampa, ya habían comenzado a funcionar

con la exportación de cueros; se integraron al esquema las provincias de Entre Ríos y

Corrientes por su facilidad para la comunicación fluvial, generándose un polo de

dinamismo en esta parte de la cuenca del Plata. Pero, hasta mediados del siglo XIX, las

actividades se caracterizaron por su bajo nivel tecnológico y las comunicaciones eran

rudimentarias. Buenos Aires era una aldea grande que albergaba una sociedad pastoril

de trabajadores rurales y terratenientes, favorecidos éstos por los ingresos de una

actividad que no demandaba ni inversiones ni mano de obra xxiii . Esta concentración de

beneficios en el litoral aumentó la demanda que se satisfacía con la importación, lo

cual influyó en las economías regionales que tenían allí su mercado.

En la segunda mitad del siglo XIX se consolida el esquema de la "estructura

agroportuaria". Las sucesivas campañas militares fueron alejando a los indios nómadas

y permitieron extender la frontera ganadera, más por exigencia de los mercados

externos que por presión de la población o de la agricultura por nuevas tierras xxiv . Las

necesidades de la industria textil inglesa favorecieron la expansión del ovino, hasta que

el frigorífico valorizó nuevamente la producción de carnes.

El más importante elemento de la conquista del territorio fue el ferrocarril, que actuó

como nexo entre las unidades de producción y el puerto, llevó mano de obra a los

campos y permitió la expansión de la agricultura en territorios más alejados. La mayor

parte de la red ferroviaria se construyó en esta etapa.

La técnica del frigorífico provocó un gran cambio tecnológico en la ganadería con sus

nuevas exigencias: refinamientos, praderas de alfalfa, potrerización de los campos,

molinos. La propiedad rural se consolida en la estructura de grandes propiedades,

producto de una ganadería extensiva y en pocas manos.

La agricultura, que no tuvo una gran expansión en la primera mitad del siglo XIX se

había mantenido como una actividad destinada a satisfacer los mercados locales,

desarrollada en el área de influencia de los centros urbanos, comenzó su expansión.

La colonización agrícola en la pampa norte se inició con pequeñas propiedades en

Santa Fe y luego adquirió gran desarrollo en esa provincia y en Buenos Aires, Entre

Ríos y Córdoba, colocando al país entre los principales exportadores mundiales de

granos en el comienzo del siglo XX.

El factor fundamental del poblamiento fue la gran inmigración de europeos, como

consecuencia del exceso de habitantes en el viejo mundo, que alcanzó gran intensidad

a fines del siglo XIX y principios del XX. La Capital Federal y la provincia de Buenos Aires

fueron las mayores receptoras. Los extranjeros representaron la mano de obra idónea

para la agricultura, aunque la gran mayoría se quedó en las ciudades, dada la escasa

posibilidad de acceso a la tierra.

Buenos Aires, boca de salida de la producción agropecuaria, y de entrada de productos

manufacturados, creció en complejidad al concentrar todo el aparato financiero de

comercialización, exportación e importación. Los beneficiarios de todo este

crecimiento fueron contados y se circunscribieron, territorialmente, a una porción del

país: la pampa y ciertas organizaciones económicas de tipo agroindustrial, en Tucumán

y Cuyo, que constituyeron una excepción en el cuadro pastoril del momento.

El auge de la civilización del cuero en el litoral y el cierre del mercado altoperuano ya

habían afectado a las en otra épocaflorecientes economías del noroeste y centro en

la primera mitad del siglo XIX. El enriquecimiento de la pampa hizo disminuir la

importancia relativa de las economías regionales. El paso de la carreta a la locomotora,

la nueva técnica del transporte, acortó distancias y disminuyó fletes, permitiendo el

ingreso de productos manufacturados a todo el interior, que no pudo soportar la

competencia con sus artesanías. La industria textil local desapareció. "El ferrocarril

cortó el antiguo, pero modesto, intercambio interregional xxv ".

El auge de la estructura agroportuaria a partir de 1870, condenó a la marginalidad a la

población y regiones que no pudieron integrarse a esta organización económica.

Debido a la estrechez del mercado local para colocar su producción y a las condiciones

naturales, que no se adaptaban a los nuevos requerimientos, el Noroeste y las sierras

pampeanas, que se habían favorecido con su anterior inserción en el esquema colonial

español, no tuvieron esa oportunidad en la nueva coyuntura. Una excepción en el

Noroeste la constituyó Tucumán: bajo un régimen aduanero proteccionista de su

producción de azúcar, y gracias al tendido de las vías férreas, vio crecer su mercado

consumidor, hecho que se reflejó en la organización de su territorio. Aumentaron las

hectáreas cultivadas a pesar de ser una zona marginal para la caña, generando una

economía monoproductora que no tardaría en manifestar su vulnerabilidad. La

población del Noroeste se concentró, en consecuencia, en las zonas de los ingenios en

Tucumán y en el valle del San Francisco.

La región de Cuyo también se benefició, al gozar de un mercado nacional para su

producción de vino. La llegada del ferrocarril a estas comarcas tuvo un doble efecto:

produjo el crecimiento poblacional con la incorporación de inmigrantes y le facilitó el

acceso al gran mercado de Buenos Aires. La mayor demanda provocó el paso de una

agricultura diversificada a una creciente especialización con el monocultivo de la vid.

De 19.700 hectáreas sembradas en 1895, se expandió a 91.900 en 1937. Luego hubo

una mayor intensificación en el uso del suelo. Ello fue acompañado por un rápido

proceso de concentración urbana, sobre todo en Mendoza. Gracias a la Campaña al

Desierto comienza a configurarse un área de expansión agrícola en San Rafael, el

nuevo oasis del sur, también con gran dinamismo poblacional.

La explotación de ciertos recursos, provocada por la necesidad de determinados

elementos para llevar a cabo algunas innovaciones técnicas, no logró generar

economías locales prósperas. Tal es el caso de la explotación del monte occidental

chaqueño que suministró los postes que requirió el alambrado de los potreros, y del

bosque de quebrachos del sector oriental de dicha región, con la fabricación de tanino

y obtención de los durmientes que exigía el tendido de las vías férreas. Bajo el

esquema de la economía de plantación, la región no logró capitalizar en beneficio

propio la explotación forestal. Este ciclo de la economía, que duró hasta que entró en

crisis en la segunda década del siglo actual, y las campañas militares de conquista que

permitieron extender las vías férreas de penetración, fueron dos factores que

permitieron insinuar el poblamiento. Paralelamente a la crisis del tanino, comenzó la

expansión de los cultivos de algodón con la creación de colonias siguiendo el eje de las

vías férreas, atrayendo inmigrantes de otras provincias y del exterior.

El área de las Misiones, donde las reducciones jesuíticas habían logrado organizar

pueblos de gran desarrollo con la integración de los indígenas, quedó prácticamente

despoblada en las décadas siguientes a la expulsión de la orden y perdió todo su vigor

y autonomía. Esta situación se mantuvo hasta fines del siglo pasado, cuando la

provincia de Misiones comenzó su recuperación demográfica, con la participación de

corrientes inmigratorias que extendieron la colonización en los territorios del sur y

sobre el Paraná. La valorización de las tierras del nordeste tropical, por la colonización

agrícola, significó el comienzo de su poblamiento.

El desplazamiento del ganado ovino hacia tierras y pasturas de menor valor, generó la

ocupación del territorio patagónico con una actividad extensiva cuyo destino era la

exportación de lanas y carnes. La unidad de producción característica de esta

colonización pastoril es la estancia, que constituyó el único tipo de concentración

humana, dado que la actividad no favorecía la atracción de población por sus escasos

requerimientos de mano de obra. En esta región se reprodujo, en forma parcial y en

pequeño, la estructura agroportuaria de la pampa, independiente de ésta y carente de

su magnitud y centralización portuaria. Se pobló con extranjeros que estuvieron más

vinculados con sus países de origen que con Buenos Aires xxvi .

El resultado de esta etapa cuya conclusión se relaciona con la evolución del elemento

dinamizador, que fue el comercio exterior, se manifestó en la alteración del esquema

urbano regional anterior. El área de mayor dinamismo se concentró definitivamente en

Buenos Aires y la región pampeana, quebrándose el equilibrio interregional. Buenos

Aires ingresó en el sistema mundial de ciudades, y los núcleos urbanos con ella

relacionados tuvieron un rápido aumento de población ya que se convirtieron en polos

de atracción de los migrantes tanto provenientes del exterior como internos, al

generar fuentes de trabajo con la complejidad de sus servicios y el incipiente

desarrollo industrial que significaron los frigoríficos y molinos harineros en las ciudades

portuarias (Fig. Nº3).

La agricultura fue el factor que provocó el poblamiento, más aun que la ganadería. Las

mayores densidades de población rural distinguen a la zona cerealera de la pampa

norte, cuyo frente fluvial se configura ya también como una franja altamente poblada.

El primer censo nacional de 1869 registró un 39% de población urbana, lo cual

confirma el carácter eminentemente rural de la economía anterior a 1930. La gran

inmigración europea, que en gran parte se ubicó en la Capital Federal y otras ciudades

de arribo, contribuyó a aumentar el porcentaje al 50% en la primera década del siglo

actual.

La valorización de nuevos recursos y regiones fue en función de la economía

agroportuaria pampeana, convirtiendo las del interior en áreas dependientes del polo

dinámico. Se incorporaron nuevas tierras a la producción ganadera y la superficie

sembrada se expandió vertiginosamente. Se integró al territorio con el puerto

mediante el tendido de la red ferroviaria con un diseño radial, cabal demostración de

la preeminencia de la conexión de éste con el interior por sobre la integración

interregional, carente de sentido con un comercio interno debilitado.

Los beneficios de la economía agroportuaria no abarcaron a toda la población ni a todo

el territorio. La estructura social quedó definida por la concentración de la riqueza y el

poder en los propietarios rurales; la prosperidad se derramó en una porción del

territorio cuya imagen se identificó con el país xxvii en un acto de percepción no del todo

coincidente con la realidad.

Etapa de la consolidación de las estructuras territoriales

El sistema territorial, surgido a causa del estímulo exterior que constituyó la demanda

de materias primas agropecuarias, se consolidó a partir de la Segunda Guerra Mundial

como consecuencia del cambio en la estructura económica del país.

En la tercera década del siglo XX, la economía agroportuaria, dependiente de los

mercados externos, demostró su vulnerabilidad al variar las condiciones de su entorno.

La crisis económica internacional frenó el dinamismo del comercio mundial. Los países

industrializados, como consecuencia de su progreso técnico, consiguieron una mayor

productividad que determinó una menor demanda de los productos agropecuarios de

zonas templadas, lo cual condujo a una caída de los precios, limitando el poder de

compra de nuestras exportaciones. El deterioro en los términos del intercambio cerró

definitivamente el ciclo de la estructura agroportuaria.

La crisis de los años treinta y las dos guerras mundiales fueron factores decisivos en el

cambio de la estructura económica, presionando su evolución hacia una economía

mixta al impulsar el desarrollo industrial, con la consiguiente pérdida de la hegemonía

del sector agropecuario de la pampa y la consolidación de la tendencia en la

distribución de la población y actividades productivas. El desarrollo industrial comenzó

a insinuarse a raíz de la Primera Guerra Mundial y de la crisis económica internacional,

pero, es durante el segundo conflicto bélico y con posterioridad, cuando surge una

coyuntura más favorable, debido a la necesidad de autoabastecimiento y a las medidas

proteccionistas que permitieron iniciar el proceso de sustitución de importaciones. El

deseo de continuar con el desarrollo industrial surgido al amparo de la guerra se

manifestó en la decisión genuina de llevar a cabo este proceso nacional sin aporte de

capital extranjero en el comienzo, y dentro de una estrategia redistributiva de ingresos

que actuó provocando una expansión de la demanda interna, buscando lograr la

independencia económica xxviii .

En un principio se expandieron las industrias livianas, destacándose la textil por su

crecimiento sostenido en correspondencia con la extensión de los cultivos de algodón

en la planicie chaqueña, que, junto con las lanas, constituían las principales materias

primas. Luego, ante la falta de industrias básicas de bienes intermedios se trató de

producir la integración del proceso con la colaboración de capitales extranjeros.

Paulatinamente, la estructura industrial fue variando, aumentando la participación

relativa de las industrias metálicas básicas xxix .

Las actividades agropecuarias fueron perdiendo importancia relativa en la generación

de ingresos. Hacia 1930 se había finalizado con la expansión de tierras, llegando hasta

el límite ecológico de la pampa. Los 17 millones de hectáreas sembradas con cereales

en aquel momento, nada han variado hasta el presente. El aumento en la producción

pasó a depender de los rendimientos y no de la ocupación de los nuevos territorios.

Este aspecto, unido a la mayor demanda interna por el aumento de población, limitó

los excedentes de exportación.

Este cambio en la estructura productiva tuvo un reflejo territorial que se ha mantenido

hasta el presente. La expansión de actividades típicamente urbanas generó