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LAS METAFORAS EN LA ENSEÑANZA

En las enseñanzas resulta más útil emplear el lenguaje para evocar una
experiencia sensorial, que dar explicaciones que se limitan a hablar de
conceptos abstractos y técnicos. Aunque la experiencia real no puede
comunicarse fácilmente en ningún tipo de lenguaje, las imágenes usadas en
las enseñanzas ayudan cuando se les percibe con algo más que la mente
racional. Estas metáforas tienen que vivirse como las imágenes en la poesía.
Son para reflexionar sobre ellas, vivenciarlas e integrarlas a la experiencia.
Por ejemplo cuando escuchamos la palabra “fuego”, puede ser que pongamos
poca atención. Si nos quedamos con ella, permitiendo que la imagen tras la
palabra aparezca, vemos fuego, sentimos calor. Ya que todos conocemos el
fuego como algo más que una abstracción conceptual – puesto que todos
hemos visto una flama y hemos sentido calor en nuestra piel -, la palabra fuego
evoca una experiencia sensorial imaginada. Un fuego se enciende en nuestra
imaginación.
Si decimos “limón” y dejamos que la fruta emerja de la palabra, nuestra boca
se ensaliva y la lengua se contrae por lo ácido. Con “chocolate” casi podemos
tener un sabor dulce en la boca. El lenguaje es simbólico y se apoya en la
memoria, en los sentidos y en la imaginación para tener significado. Cuando se
usan metáforas y símbolos en las enseñanzas, lo mejor es permitir que nos
afecten de esa manera. No se trata de pensar “una flama en un lugar oscuro” o
“un reflejo en un espejo”; hay que usar los sentidos, el cuerpo y la imaginación
para entender. Debemos ir más allá de la imagen, ya que ésta nos indica la
dirección adecuada.
Cuando entramos en una casa iluminada, atraídos por una lámpara, no
examinamos la lámpara la mecha, y el aceite; simplemente vivenciamos la
luminosidad en el cuarto. Debemos tratar de hacer lo mismo con las metáforas
de las enseñanzas. Nuestras mentes están entrenadas para trabajar con
abstracciones y lógica, para aprender una imagen y analizarla. Estamos
exigiéndole demasiado a la metáfora. Queremos saber cómo es que la lámpara
llegó al cuarto, cómo se prende la mecha, cómo empezó el viento.
En vez de esto, hay que quedarse con la imagen y tratar de encontrar la
experiencia que ésta escondida detrás de la palabra. Hay oscuridad, una
lámpara se enciende. Todos conocemos esa experiencia con nuestros sentidos,
con nuestro cuerpo. La oscuridad es reemplazada por la luminosidad, clara, sin
sustancia, que pueda percibirse directamente. De pronto llega un viento y la
flama se apaga. Todos sabemos lo que se siente cuando la oscuridad supera la
luz.
Por: Tenzin Wangyal Rímpoche

El yoga de los sueños. Un manual práctico para realizarnos mientras dormimos .