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Declaración respecto a la situación de Jorge Costadoat

Durante las últimas semanas, hemos sido testigos de un nuevo suceso que nos obliga a
cuestionarnos, como actores de nuestra Universidad, cómo se lleva a cabo la toma de
decisiones al interior de esta institución. En esta ocasión, se apunta a la decisión por parte del
Monseñor Ezzati de no renovar la misión canónica del profesor de teología Jorge Costadoat. Si
bien esto no implica de facto una desvinculación del profesor, si impide que pueda ejercer
docencia en la facultad de Teología esta Universidad por su carácter pontificio, marginándolo
así del quehacer educativo de la UC.
Esta decisión ha generado gran revuelo mediático, particularmente por la falta de transparencia
que la ha caracterizado, donde los únicos argumentos expuestos por las autoridades de la UC
responden a un ‘’desdibujamiento del magisterio’’, sin ahondar de manera más profunda en
razones de peso para comprender la no renovación de la misión de Costadoat. Esta alusión a
una aparente protección de la libertad de cátedra del Profesor por parte de la Universidad
resulta ser cuestionada incluso por el mismo afectado, quien abiertamente ha declarado la
dificultad bajo la cual sus colegas académicos se someten al expresar una diversidad
ideológica dentro de la UC. Esta crítica formulada por el Profesor incluso dejó endeble el
argumento de la no renovación por razones de corte académico, habiendo citado el Profesor
evaluaciones docentes recientes que respaldan la calidad docente que defienden tanto
académicos como estudiantes en diversas declaraciones.
Como estudiantes, debemos comprender que este suceso no responde a una coyuntura
aislada, sino que se enmarca dentro de un contexto universitario en el cual la toma de
decisiones se desarrolla de manera cerrada y oculta de tanto estudiantes como académicos.
Recordamos también el caso del Profesor Patricio Miranda, de la Escuela de Trabajo Social de
nuestra facultad, desvinculado por supuestas ‘’necesidades de la empresa’’, aún manteniendo
altas evaluaciones de calidad. Este caso resultó particularmente problemático, ya que contrarió
de manera explícita un acuerdo formulado entre estudiantes de la carrera y su decanato para
restituir al profesor en su puesto docente.
Dentro de nuestra universidad, comprendemos la necesidad del respeto por procesos propios
de la catolicidad que la caracteriza. Sin embargo, debemos ser enfáticos en recordar que una
Universidad, aún católica, es en primera instancia Universidad, que ha de comprenderse como

un espacio de construcción de un modelo educativo que considere a todos los actores que la
componen en el desarrollo de su gobierno universitario. Asimismo, dicha institución debiese
caracterizarse por velar por un pensamiento crítico de sus disciplinas e ideologías, lo cual no
contraviene una identidad propia, sino que aporta a nutrir las distintas visiones que existen
dentro de esta. Los y las estudiantes debemos comprendernos como sujetos capaces de una
reflexión crítica y de permanecer no sumisos ante las contingencias de su educación, sino que
debemos participar activamente en ella, tanto en su aplicación como formación.
Esperamos que el estudiantado tome en consideración estos antecedentes para pensar en
conjunto las bases que consideramos necesarias para la construcción de un proyecto educativo
al servicio de todos los actores de nuestra comunidad.
Se despiden atentamente,
Estudiantes de la Escuela de Psicología UC.