You are on page 1of 4

COMPORTAMIENTO

AGRESIVO

Iñaki de Santiago
Evolución y Conducta Grupo 01 Castellano
2014/2015

La agresividad es un comportamiento ancestral común a todas las especies
animales (Giammanco, Tabacchi, Giammanco, Di Majo, & La Guardia, 2005) y
la nuestra no es una excepción. Dadas las importantes consecuencias que
acarrea el comportamiento agresivo de determinados individuos en nuestra
sociedad, numerosos estudios se han llevado a cabo acerca de este tema. En
este trabajo se ha centrado la atención en las causas próximas de este
comportamiento. Más concretamente, a nivel causal, en la relación entre los
niveles de testosterona en sangre de los individuos y la agresividad. Y, por otro
lado, a nivel ontogenético, en el caso del bullying escolar como predictor de la
violencia en los posteriores años de vida de los individuos.
NIVEL CAUSAL
Es bien conocido el papel que las hormonas juegan en la regulación de
diferentes procesos de nuestro organismo. Estas sustancias están presentes
en diferentes cantidades en los individuos y resultan claves en la diferenciación
entre ambos sexos. En todas las especies de vertebrados, humanos incluidos,
los machos son más agresivos que las hembras. Por esta razón el interés de
los investigadores se ha centrado durante mucho tiempo en el estudio de los
efectos de las hormonas gonádicas sobre el comportamiento agresivo
(Giammanco et al., 2005). Más concretamente, algunos de éstos han dirigido
su enfoque al estudio de la testosterona y del papel que ésta juega en la
conducta agresiva.
Este comportamiento surge en el cerebro a través de la interacción entre las
estructuras subcorticales localizadas en la amígdala y el hipotálamo (en las que
nacen las emociones) y los centros cognitivos prefrontales donde las
emociones son percibidas y controladas (Batrinos, 2012). El papel de la
testosterona en este proceso es clave debido a que diversas evidencias
señalan que esta hormona aumenta los niveles de ADH en la amígdala,
hipotálamo y el área preóptica implicadas en la conducta agresiva (Giammanco
et al., 2005) y activa las áreas subcorticales del cerebro para producir agresión
(Batrinos, 2012).
Por otro lado, otro ejemplo que señala la correlación existente entre esta
hormona y la conducta agresiva es que entre los análisis realizados en
hombres, los niveles más altos de testosterona en sangre se han registrado en

perpetradores de crímenes violentos, sujetos impulsivos, soldados con
comportamiento antisocial, alcohólicos y suicidas, atletas que utilizan
esteroides y durante las competiciones (Giammanco et al., 2005).

NIVEL ONTOGENÉTICO
Además de los factores fisiológicos otros aspectos que pueden determinar
nuestro comportamiento son las experiencias tenidas a lo largo de nuestra vida.
Durante la infancia vamos asimilando los diferentes acontecimientos y
experiencias tenidas y vamos conformando poco a poco la persona en la que
nos convertiremos más adelante. Como ejemplo de esto, se analiza el caso del
bullying escolar como predictor del comportamiento agresivo en los posteriores
años de vida de los individuos.
El bullying o acoso escolar es una forma específica de agresión entre
alumnos que es relativamente persistente y contiene un desequilibrio de poder
entre el agresor y la víctima (Bender & Losel, 2011). Se han llevado a cabo
varios estudios acerca de dicho acoso y puede concluirse que existe una
relación significativa entre el bullying escolar y el comportamiento agresivo
posteriormente en la vida (Ttofi, Farrington, & Losel, 2012). Por lo tanto, se
considera el acoso escolar como un fuerte predictor de la violencia, la
delincuencia y otros resultados antisociales o indeseables en la edad adulta
(Bender & Losel, 2011). Según varios indicios, ser un matón aumenta el riesgo
de ser violento más adelante (incluso después de controlar otros factores de
riesgo en la niñez) alrededor de dos tercios (Ttofi et al., 2012) y está
relacionado significativamente con el posterior consumo de drogas (Bender &
Losel, 2011).
Es importante mencionar que dentro del acoso escolar se incluyen las
agresiones tanto físicas como verbales. La intimidación física en general
resulta un predictor más fuerte que la intimidación verbal/indirecta. Como
ejemplo de esto cabe señalar que las diferencias en el alcance de las
consecuencias entre ambos tipos de intimidación son especialmente claras en
la agresión, la violencia, crimen y estilo de vida antisocial posterior de los
individuos (Bender & Losel, 2011).

CONCLUSIÓN
Este trabajo representa un ejemplo de que tanto el comportamiento
agresivo, como la mayoría de las conductas de la especie humana, no se
explican desde una única causa o perspectiva, sino que son una compleja
suma de varios factores que resulta necesario abordar desde diferentes niveles
y perspectivas para poder acercarnos un poco más a su enigmática y
apasionante naturaleza.

REFERENCIAS
Batrinos, M. L. (2012). Testosterone and aggressive behavior in man. International journal of
endocrinology and metabolism, 10(3), 563-568. doi: 10.5812/ijem.3661
Bender, D., & Losel, F. (2011). Bullying at school as a predictor of delinquency, violence and
other anti-social behaviour in adulthood. Criminal Behaviour and Mental Health, 21(2),
99-106. doi: 10.1002/cbm.799
Giammanco, M., Tabacchi, G., Giammanco, S., Di Majo, D., & La Guardia, M. (2005).
Testosterone and aggressiveness. Medical Science Monitor, 11(4), RA136-RA145.
Ttofi, M. M., Farrington, D. P., & Losel, F. (2012). School bullying as a predictor of violence later
in life: A systematic review and meta-analysis of prospective longitudinal studies.
Aggression and Violent Behavior, 17(5), 405-418. doi: 10.1016/j.avb.2012.05.002