miguel ángel san martín g.

• fidel torres • edgardo anzieta

La poesia en Ñuble
apuntes de un tiempo
Año 3 número 25, julio 2007, distribución gratuíta, prohibida su venta. portada: haydée concha.

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Reportaje La poesía en Ñuble: apuntes de un tiempo Fidel Torres Pedreros La ciudad se nutre de sus alrededores por no decir del país entero. Así comprobamos que la poesía es un fenómeno nacional y global. La abundante producción poética en Chillán y sus comunas nos permiten pensar que la provincia ha sido un espacio privilegiado. Relato Ñuble, Tierra de acogida Ángela Gutiérrez Paz Mi familia, lotina de origen, por inexplicables pero felices razones eligió Chillán para vivir. ¿Será por la paz, la tranquilidad, la historia, el paisaje la que atrae hacia esta cuna de artistas y de próceres? ¿Serán sus lugares mas escondidos pero mas bellos para los ojos humanos los que hacen de esta ciudad un lugar de refugio y de placer? Homenaje José Del Canto Pulgar Miguel Ángel San Martín No sé si las campanas del carillón de la Catedral suenan desde hace poco más desafinadas o es idea mía tras la muerte de José del Canto, el profesor que sembró de música todos los rincones de este Chillán tendido en el valle ñublense. Se me antoja que son ambas cosas. Literatura Octubre Pleno Edgardo Anzieta Esos momentos suelen ser de crisis social, donde el mundo y su compleja estructura pone, allí donde había certeza, duda, donde brillaba la determinación, incertidumbre. El autor se debate entre la sinceridad y su propia trayectoria, la configuración de las cosas, los porfiados hechos, y las ilusiones del día. Destacado Simplemente ¡inolvidable! El jueves 5 de julio de 2007 será para nosotros una fecha inolvidable. Presentamos nuestro “Número Uno del Tercer Año”, en un acto en la sala Andrés Bello del Centro de Extensión de la Universidad del Bío-Bío, en Chillán. Y nos consideramos afortunados porque en dicha ocasión no estuvimos solos. Más de un centenar de personas acudió a la cita, llenando la sala y expresándonos al final una felicitación sincera y emotiva.

sumario
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Comité editorial: Carlos René Ibacache; Alejandro Witker; Luis Guzmán Molina; Raúl Godoy S.; Juan Pablo Garrido. Director general Raúl San Martín Geisse. Director ejecutivo Miguel Ángel San Martín González. Director periodístico Daniel Sandoval Maldonado. Director de arte Eduardo Pinto Fernández. Director cultural Fidel Torres. Colaboradores: Edgardo Anzieta. / Ángela Gutiérrez Paz. / Ninón Jegó . / Pablo Torres Muñoz. / Paola Ruz del Canto. Venta publicidad: María José Rioseco, teléfono (42) 23 53 00 Representante legal: Eduardo Pinto Fernández; Domicilio legal: Virrey Don Ambrosio 687 Chillán Viejo; Correo electrónico: revistahatuey@gmail.com Las opiniones vertidas por diferentes autores en esta revista, como asimismo el contenido y forma de los avisos publicitarios, son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten o pagan por su inclusión, por tanto Revista Hatuey no tiene ninguna responsabilidad al respecto. Prohibida toda reproducción, total o parcial, del material de esta revista; derechos reservados; distribución gratuíta, prohibida su venta. Revista impresa en Concepción por Trama Impresores, quién sólo actúa como tal.
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editorial

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olemos creer que poesía es aquello que hacen los poetas y lo vinculamos a la palabra, y, por supuesto, a la palabra escrita. Quizá, sin desnaturalizar, debiéramos extender los conceptos y entender, con Nietzsche, que el arte es la pericia del hombre. De ser así, la actividad humana toda debiera comprender vocación por la belleza, por la armonía, incluso, como buen método y sistema para limar las asperezas y durezas de la vida y entre los hombres. Nuestra revista entiende o quiere entender de ese modo las cosas: por eso, la preocupación por las artesanías, la predilección por la naturaleza, la vocación por las actividades del trabajo; no un afán de pintoresquismo, sino un ahondar en las esencias de lo vital. Y si tratamos de personajes, es en razón de sus actividades, multifacéticas, dispares, confluyentes. Si hemos pecado, es en experticia más no de intención. Revista Hatuey continuará en su afán de belleza

porque creemos, como el poeta, que la belleza es verdad y que la verdad es belleza. Entendemos que la poesía está en las cosas y el Hombre, que radica en lo pequeño y lo grande, en lo escrito y lo hablado: en lo manufacturado con las manos y en el esfuerzo que debemos hacer todos para ser felices y hacer felices a los demás. Nuestra revista se esfuerza en una mirada local, como una muestra de mundo, no con empeño cerrado o exclusivista; se afinca en lo cotidiano como expresión de la vida concreta, pero también ha sabido soñar lejos y con los que están lejos, así como recoger nuestras glorias culturales o las que nos han dado el fundamento de ser. Por último, nuestra revista sigue acogedora al que quiera, con la sola condición de amar lo humano, lo bello, la naturaleza. Convocamos, como siempre, a participar honradamente y con persistente convicción, para que hagamos de nuestros días una pericia sobre la Tierra.

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cultura popular La Fiesta de San Francisco
Pablo Torres Muñoz.

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l Santo más popular de la religión católica es San Francisco, nacido en la ciudad de Asís, Italia, un pequeño poblado de la provincia de Perugia, en la región de Umbría, en el corazón del país que albergó al mayor imperio de los tiempos antiguos. Rica en cultura y pasado, cuenta entre sus ruinas un teatro y un anfiteatro, las termas, la plaza del senado y el imponente templo, que datan del año 25 de nuestra era. Templo dedicado a Minerva -diosa griega Palas Atenea- diosa guerrera e inteligente, sabia y de buenas costumbres, protectora de estados y ciudades, promotora de las artes, el comercio, la cultura y la salud. Símbolo de paz, a ella se le atribuye la invención del olivo, gloria perenne de la tierra de Asís. En la actualidad, es patrimonio de la Humanidad a partir del año 2000. San Francisco nace en el año 1182. De vida licenciosa en su juventud, donde se dedica a gozar de la vida, proveniente de una familia noble de la región, su padre fue un rico comerciante. Pero a Francesco como le llamaron a pesar de ser bautizado como Juan, no le interesaba el dinero familiar, que gastaba con ostentación, sino más bien el romanticismo de las tradiciones caballerescas de los trovadores. En la guerra entre Perugia y Asís, Francisco cae prisionero, lo que soportó alegremente. Al recuperar su libertad, se viste de ricas armaduras y para evitar una nueva prisión, intercambió sus atavíos con un caballero pobre y mal vestido, lo que se considera como la primera señal del llamado de Dios. En un viaje que realiza, cae enfermo, y tiene una visión. Una voz celestial le exhorta a “servir al amo y no al siervo”. Poco a poco, comienza a vender sus bienes y a través de la oración seguir los caminos del Evangelio. Comienza a atender y ayudar a enfermos y desamparados, se acerca a los leprosos y visita hospitales, regalando sus vestidos y su dinero. Renunció totalmente a los bienes terrenales para ayudar al prójimo y servir a Dios, estableció entre sus seguidores el voto de pobreza, hasta que en 1210, el papa Inocencio III, aprueba su regla relativa a la pobreza y se establece la Orden de los Franciscanos.

encaminándose a sus trigales. Don Juan carga unos bártulos y la señora Marta una cruz de espino. Gran cantidad de personas que viven del cereal se reúnen en torno a este trigal. Arman un fuego donde, en un fondo de cocina, ponen a cocer una “cabeza de chancho”, la que es acompañada de unos buenos tragos de vino. Todos los participantes comen y brindan. Pero también destinan ruegos y oraciones al santo para que su cosecha sea beneficiosa, y pueda llegar siempre a nuestras mesas el apetecido pan. La cruz que carga la señora Marta es enterrada en medio del trigal y prontamente se ve rodeada de coronas de papel de tres colores: verde, que simboliza el trigo recién brotado; amarillo, que simboliza la espiga madura y el blanco representa la harina con la que se hace el pan. Aquí se mezcla lo mundano con lo religioso, ya que los sacerdotes hacen referencia que la cruz debe ser bañada en agua bendita, pero la tradición indica que debe serlo de vino. La fiesta sigue durante todo el día, donde alegremente los participantes beben, comen y bailan, pidiéndole al santo que los acompañe en sus cosechas. De una u otra manera, deberíamos participar de esta fiesta religiosa, ya que esperamos que nunca nos falte el pan, nuestro alimento de cada día. La Cruz del Trigo (Tonada) Cantautor: Eduardo Molina Mendoza* Yo soy el Cristo del Trigo/ Y en una cruz de madera/ Vigilo muy bien la cosecha Yo soy la gavilla más fina/ Para trenzar tu chupalla/ Como queriendo del cielo/ Librarte las llamaradas/ Soy campesino de Chile/ Y seré tu fiel compaña (Estribillo) Al trigo que va naciendo/ Los días van madurando/ Espiga verde al tiempo/ Mil versos te voy cantando/ Octubre ya somos cuatro/ Francisco te está cuidando/ Mi pueblo te necesita/ Semilla de los milagros Yo soy el trigo maduro/ Que en tu mesa se engalana/ Cuando germino en tus sueños/ Doy vida a tus madrugadas Yo soy una espiga dorada/ En tu naciente pradera/ Que con el viento se mece/ Saludando a las estrellas/ Yo soy el pan de la vida/ Que alimenta tus primaveras (Estribillo) *Ganador del festival del Laja 2002

Su fiesta es el 4 de octubre, día de San Francisco. En ella se realizan distintas actividades para honrar el nombre de este popular santo. Estas se han convertido en tradiciones llevadas a cabo tras el paso de muchas generaciones, tanto en el ámbito rural como urbano. En nuestra ciudad de Chillán, en la Iglesia de San Francisco, durante todo el día se desarrollan acciones de ayuda al desposeído. Entregando alimentos a los más pobres en un comedor abierto. Pero también se bendice a los animales, ya que San Francisco es considerado como su protector. Toda clase de mascotas asisten a la misa donde se les entrega la bendición. Pero la que realmente es considerada una fiesta, es, en este día, la dedicada al trigo. La señora Marta y don Juan, vecinos de la localidad de Yungay, a unos 67 kilómetros al sureste de Chillán, cada 4 de octubre, salen de su casa en tanto despunta el alba,

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reportaje
La Danza de las Letras

La poesía en Ñuble: apuntes de un tiempo
fideltorres39@gmail.com

Fidel Torres Pedreros

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n el presente estudio nos hemos propuesto trazar una primera aproximación al desarrollo poético en Chillán y sus comunas. La poesía es un continuo que no admite fronteras de espacio o tiempo; pese a esto y muy consciente de la arbitrariedad de los límites, no quisiéramos limitarnos solamente a Chillán, si no que recoger todos los espacios de nuestra provincia. La ciudad se nutre de sus alrededores por no decir del país entero. Así comprobamos que la poesía es un fenómeno nacional y global. La abundante producción poética en Chillán y sus comunas nos permiten pensar que la provincia ha sido un espacio privilegiado. Así lo demuestran los Premios Nacionales de Literatura, otorgados a dos de nuestros autores, unido a los encuentros de escritores que siguen: el primero en el año ‘58,

creado por Gonzalo Rojas; el encuentro realizado el año ‘70, organizado por Edilberto Domarchi; los encuentros llevados a cabo por don Carlos René Ibacache; el Chillán Poesía: creado y realizado por Fidel Torres y Rodolfo Hlousek, apoyados por el Grupo Literario Ñuble. Se destaca también la efectiva publicación de revistas de creación poética, como Tentativa, dirigida por Antonio Ferrada; Todavía, dirigida por Juan Gabriel Araya; Cauce, de Ibacache; Filomena, de Héctor Ponce de la Fuente; La Barca, de Julio Mundaca ; El Pasquín Libidinoso, de Patricio Contreras Parra; El Glamal, del recordado grupo de poetas, que se reunían en el restorán “El Glamal”. Nuestro primer Cantor Épico se relaciona con la presencia de los jesuitas en la región. Se trata de don Francisco Núñez de Pineda y Bascuñan (Chillán, 1607-1680), autor del “Cautiverio Feliz”.

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La obra, relata las muchas aventuras que le ocurrieron al autor (autobiográfico) al ser capturado por los mapuches durante siete meses y ser llevado a la región de la frontera. Podemos decir - con ciertos temores y arrogancia - que nuestra modernidad poética comienza con el poema el “Barco Amarillo”, del poeta Aliro Oyarzún Garcés (1898-1923). Su autor fue un auténtico precursor de la poesía vanguardista; su único poema en verso libre es digno de aparecer en la más exclusiva de las antologías, pero la fatalidad lo acompañó desde siempre. Su vida fue meteórica y bohemia: “En el cielo muerto se aletargan los astros vencidos, en el mar de miedo se fatigan danzando los signos y del viento enfermo se oyen agrios los himnos antiguos”. Otro poeta modernista, nacido en Quirihue (1877-1933), fue Francisco Contreras que se estableció en Paris en 1905. Autor de numerosos libros y crítico del Mercure de France, recientemente traído desde Riberac a su natal Quirihue. Sus libros: “Toisòn”, “Romances de hoy”, “Luna de la Patria”, “Valery Larbaut”, “Esmaltines”, entre otros. Su creación estética el “Mundonovista”, fue apreciada por destacados estudiosos de la literatura. En “Luna de la Patria” queda establecida esa condición de nuestros escritores, que nacen y se van no regresando jamás a su patria chica: “un día te dije adiós, abracé a mi madre y hacia otros mundos, en pos de un loco sueño partí”. Otro poeta, que caminó prematuramente hacia la muerte es Joselin Robles (Chillán 1894-1916). El modernismo en su fase Rubendariana, tuvo en Robles a su máximo exponente, su obra

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está dispersa en el Diario La Discusión, la revista Primerose y en revistas de Santiago. Gabriela Mistral le rinde un póstumo homenaje al chillanense, futura promesa de la poesía. Otro que escribía en Primerose era el poeta nacido en Chillán Viejo Arturo Gardoqui (1898-1948), con el seudónimo de Absalon Baltasar, fue reconocido en innumerables revistas y diarios de la época. Su vida bohemia llena de anécdotas e historias quedó registrada en el libro “Animales Literarios Chilenos”, de Enrique Lafourcade. No hay que olvidar que el chillanense Volodia Teitelboim (Chillán 1916), junto a Eduardo Anguita, se autoselecciona en su recordada e influyente “Antología de Poesía Chilena Nueva” (1935), entre los diez mejores poetas nuevos de entonces. De él son estos versos: “Camaradas, partículas misteriosas acuden de todas partes Y fundan en silencio la ciudad del hambre. Levantémonos para defender nuestro metro de vida y de muerte”. Un Poeta que merece ser rescatado del olvido es Benjamín Velasco Reyes (Santiago 1889-1957) enterrado en Chillán. En 1922 estuvo temporalmente recluido en el Manicomio y allí escribió su libro “Desde el Manicomio”, después publicó “Música Lejana” y “Elegías del Sur”. De él se dice que fue un poeta maldito criollo, conoció la soledad y la tristeza; su obra fue recogida en Selva Lírica, especialmente su Arte Poética. El (anti) poeta Nicanor Parra le dedicó unos versos en homenaje. Ante el terremoto del ‘39, el poeta escribió: “Aquí el dolor santificó esta tierra. Entra pero en silencio caminante, y que se sienta apenas tu pisada.” Esta primera selección la hemos presentado pensando en un futuro estudio que recoja de manera más cabal la enorme tradición poética de Ñuble. Ahora nos interesa señalar que el punto de partida de la poesía contemporánea chilena tiene necesariamente que recoger a tres poetas nacidos y avecindados en Ñuble, nos referimos a: Nicanor Parra, San Fabián de Alico 1914. Violeta Parra, San Carlos 1917-1967 y Gonzalo Rojas, Lebu, 1917. Nicanor Parra vivió sus primeros años en el barrio llamado Villa Alegre, sector de Ultra Estación, fue allí donde alimentó gran parte de su producción poética: los giros lingüísticos propios de la Antipoesia vienen de su paso por el barrio; es el espíritu del barrio que esta profundamente asociado a su poética: “Afortunados los niños silvestres / Que se criaron en los alrededores de Chillán / Entre el canal de la luz y la vía férrea / En las puertas de la ciudad/ A pocas cuadras del cementerio / Merodeando como gorriones golosos en torno / A las carretas cargadas de trigo” Después de la publicación de la “Miseria del Hombre” (1948), los poemas de Gonzalo Rojas fueron decisivos en la transformación del ambiente poético de Chile. La Realización del Primer Encuentro de Escritores realizado en la Sala Schäfer de Chillán, fue esencial para el surgimiento de las nuevas voces poéticas de la región. Su permanencia en la ciudad ha sido relevante para el surgimiento de nuevos poetas. Su poema “Quien dijo videncia” crea esa amarra con la ciudad. “Quien dijo videncia; la película está en la calle / Y es la calle, justo en el roble / Con la 42 de las putas por estridente / Que

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parezca mezclar villorrio con villorrio, Chillán / Con Nueva York en el ejercicio, un aroma / Si se quiere fuerte, para hombres, sin confundir / Fascinación con unción, útero / Con rascacielos” Esta presencia del poeta en la ciudad tiene enormes significaciones para este rincón del mundo. Nuestra Violeta Parra Sandoval desde su muerte en 1967 ingresará en la leyenda que acompañó su canto. Se le ha conocido mundialmente como compositora, intérprete y guitarrista excepcional, no así como la gran poeta que fue, ocupando un lugar controvertido y de difícil delimitación; su canto poético parece discurrir por cauces más escondidos. La academia no se ha ocupado de su poesía tal vez porque el carácter popular de su escritura construye sus versos a partir de modelos populares que Violeta reelabora y hace suyos, el edén el paraíso perdido, la inocencia, etc., vividos en su infancia en Chillán. “Yo canto a la chillaneja / Si tengo que decir algo / Y no tomo la guitarra / Por conseguir un aplauso / Yo canto la diferencia /Que hay de lo cierto a lo falso / De lo contrario no canto” Es a partir de esta enorme tradición poética que surge un importante grupo de poetas nacidos o avecindados en nuestra provincia, nos referimos en primer lugar a Pedro Lastra (Quillota, 1932), profesor, ensayista y por sobre todo poeta. Su texto “Noticias del Extranjero” apela al constante ir y venir del poeta entre Estados Unidos y Chile, particularmente Chillán Viejo: “Estoy solo en la casa / Mi padre mira un árbol en el patio / Las flores / Pienso en la primavera / Y se que es en Chillán, Isla negra, Santiago / Que no haya tristeza”. Nacido en la comuna de Bulnes, nos emociona la presencia de Fernando González Urízar (1922-2003); desde su primer libro la “Eternidad Esquiva” hasta “Pasión de los Signos”, el poeta mantuvo inalterable su pasión por el oficio mayor, de él dan cuenta 30 libros y una seria vocación por la poesía. “Esto he querido ser y así quiero morir: cantando como el mar o como el viento”. Con su poema “Me Persigue Chillán”, el poeta Sergio Hernández (Chillán, 1931), ha reconocido como suyos los espacios de San Bartolomé de Chillán; sus recorridos por la ciudad lo invitan a otra época, a otra circunstancia. Sus textos abordan la condición humana en su atmósfera de carencia, invalidez, enfermedad y agonía; la experiencia del desamparo. En “últimos deseos” nos refiere esta situación: “Antes de dejar de respirar, antes de retirarme definitivamente de este juego, no pongan ni siquiera un Cristo entre mis manos, pon tu sonrisa y tu mirada y que esto sea el paraíso”. Hace más de treinta años que el poeta Ramón Riquelme (Concepción, 1933), vive en la aldea de Quinchamalí, desde allí, reconstruye una vida poblada de recuerdos y experiencias vividas en el Concepción del ‘60; Riquelme pertenece a la generación de poetas, integrada por Jaime Quezada, Floridor Pérez y Gonzalo Millán, entre otros. El poeta pasó largos dos años en la Cárcel de Chillán, injustamente acusado de quemar el Teatro Concepción; estas experiencias conforman el libro “Los

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playas, tu mar, tus lobos, a la muerte?”. Procedente de su Linares natal nos acompañó más de medio siglo el poeta Edilberto Domarchi, (Linares, 1924-2000). Sus libros siempre causaron sensación por los títulos que el poeta imaginaba para cada uno de ellos: “Caballo Cojo Arrienda Fonógrafo” y “Los Esclavos del Faraón Cheops”. Se ha dicho que hay secreta resonancia surrealista en sus versos y cierta trascendencia más allá de la muerte: “Cuando muera, he de nacer a otra existencia, viviendo por los otros, sin protestas, alegre, liviano, liberado, rogando siempre por los desamparados”. El poeta Edgardo Anzieta (Chillán 1954), a partir su primer titulo “Poesía Precaria”, ha venido señalando caminos y haciéndose cargo de nuestra historia reciente, tomando distancia de aquellos sucesos ominosos que deterioran la vida humana. Su segundo libro, “Prólogo Imposible para un Centenario”, fue el justo y necesario homenaje al poeta Pablo de Rokha, que el año 1994, cuando se conmemoraba su Centenario; en “Ideario de un Territorio” el poeta nos indica: “Muchachos, suerte en la navegación y no olviden las leyendas de los viejos capitanes náufragos, o sea, las tablas que el mar arrojó contra la opinión pública: merezcan vivir, no soliciten, y lleguen a feliz puerto hondamente”. Su lirismo histórico, atrapa, interroga y conforta. Fue a partir de “Referencia” que el profesor y poeta Juan Gabriel Araya (Iquique 1937), comenzó a escribir. Sus primeros textos fueron publicados en la antología 30 años de poesía en Concepción, de Giordano y Faundes. Sus poemas recogidos en “Memoria del Tiempo” testimonio de un hablante que ha visto, oído y vivido la historia de su país. La historia individual y colectiva, la distancia entre la presencia y la ausencia en el tiempo, que ha causado ciertas trizaduras en el poeta autor de “Volcán Chillán” y las novelas históricas: “1891: Entre el fulgor y la agonía”, “Tragar saliva” y “Primera Dama”. Nuestro autor es profesor titular de la UBB. En su poema “El Primer día de Bernardo” ajusta cuentas con el país: “Día lluvioso de cristales perfumados, Chillán dormido entre carretas, De vez en cuando el sonido empolvado, de una carroza principal suave aliento de Rosas, Rumores, Apagadas conversiones de poncho roto, Una noche larga, Cubriendo casa de dientes rojos y adobes con intestinos dorados” Castigos”: “Castigo por mis deseos, Soy un árbol joven, que vive en compañía de mujeres núbiles, de mujeres frígidas, de aquella cuya semilla, ha sido secada por el viento”. Desde Cobquecura, nos llega la poesía de Fidel Sepúlveda (19362006), poeta que descansa frente al mar de su Cobquecura natal. Ensayista, crítico, profesor, estudioso de la cultura popular, en su libro “Geografía Poética de Ñuble”, nos deja estos versos: “Cobquecura, ¿con qué se cura esta locura? ¿Con qué se cura esta locura que te condena a muerte Cobquecura? ¿Con qué se cura esta locura que te encadena tu suerte, tus vegas, tus Luis Contreras Jara, (Colchagua 1953). Su libro “Desde el Muro” fue concebido entre diciembre del ‘73 y enero del ‘74. El autor estuvo recluido en la cárcel de Chillán, allí escribió: “Desde el muro que fluye, desde el redil que habito, transitado de hoscas, horas sin nombre y mudas, estoy de pie a la oscura densidad de la noche, para hablarte en silencio”. Para finalizar nuestro trabajo mencionaremos a los poetas de la llamada generación de los noventa, Héctor Ponce de la Fuente, Andrés Rodríguez Aranis, Jorge Rosas Godoy, Patricio Contreras Parra, Hugo Quintana, Gustavo Arias, Rodolfo Hlousek, Roberto Aedo, Jorge Luis Muñoz, Abigail Soto. Mención aparte para el poeta más novísimo de Chillán: Nicolás Barría.

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relato

Ñuble, Tierra de acogida
Ángela Gutiérrez Paz

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n mi aún corta experiencia, y mi poco vivir, me di cuenta que mientras más pasa el tiempo, más profundas son las raíces que van creciendo en esta pequeña pero gran provincia.

Mi familia, lotina de origen, por inexplicables pero felices razones eligió Chillán para vivir. ¿Será por la paz, la tranquilidad, la historia, el paisaje la que atrae hacia esta cuna de artistas y de próceres? ¿Serán sus lugares mas escondidos pero más bellos para los ojos humanos los que hacen de esta ciudad un lugar de refugio y de placer? Mi gente, cuando decidió romper con las raíces de su árbol de origen, encontró paz y prosperidad en esta provincia… No ahondemos, pero hay en el fondo una larga y triste historia de aflicción, de pesares, de angustias… Justamente, al huir de ese dolor, Dios puso en la mente y en el futuro de una mujer -hoy avejentada con sus 73 años- la palabra “Chillán”. Dentro de lo que vivía, ella se preguntó donde está esa ciudad… sin saber ni imaginarse que allí le esperaba una nueva vida. Siguió valientemente este imán natural, llevando a cuestas a siete hijos, sin apoyo alguno. Pero aquí encontró la mano tendida, el corazón abierto. Y conoció el cariño profesado por los chillanenses, lo cual constituyó el abono más que suficiente para que esta familia simple y sincera comenzara a echar raíces. Una vez le pregunté a un extranjero qué fue lo que le imantó a esta ciudad. Su respuesta fue similar a mi propia historia: “amor… desde el mismo momento en que bajé del bus, me enamoré de Chillan… conocí lo hermoso de sus paisajes… y, como sazón a la vida, conocí a una chillanense. Su familia me acogió como uno más de ellos”. Otra afuerina me dijo en una sola palabra lo que era para ella

Ñuble: “un vergel”. Y habló después de la simpleza que lo abarca todo… de la paz, de la tranquilidad… y de la exquisita cultura gastronómica, con variedad de comidas, artesanía, paisajes… de cordillera y de mar, ambos a sólo una hora de camino. Más allá, un nuevo amigo, recién regresado, me dijo con ojos húmedos de recuerdos: “Residí más de 30 años fuera del país, viviendo otras culturas y otras lenguas. Y como me había ido muy jovencito de Chillán a Santiago, por razones de estudios y profesionales, había residido solamente 12 años de mi vida en Chillán. Sin embargo, las raíces, los ancestros, los paisajes, olores y colores de la infancia se grabaron tan profundamente, que los recuerdos de esta tierra se acrecentaron en mis añoranzas y me obligaron a volver. Volver para quedarme, para disfrutar de los paisajes, de las familias, de las gentes. De la gastronomía y de las costumbres. De la hospitalidad, de la generosidad, de la sinceridad del hombre de esta tierra. De la historia, de la tradición, del caminar tranquilo por calles llenas de recuerdos. Cobijarse del sol bajo los árboles de las plazas. Respirar el aire cordillerano y escuchar el rumor cristalino de las aguas que bajan cantando por los faldeos de los cerros, hasta besar el mar. Ampliar tertulias junto a un brasero o a una estufa de leña en los días de invierno.”, terminó con un suspiro de poeta. Hace poco tuve una conversación con un chileno que está lejos de aquí por diversas razones: “aún me duele el alma por haberme marchado de este vergel. Pero me conforta saber que mi ciudad no se olvidará de mi, porque mi tierra no olvida a sus hijos que algún día han de volver para quedarse definitivamente”.

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homenaje

José Del Canto Pulgar
miguelangelsanmartin@gmail.com

Miguel Ángel San Martín

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N

o sé si las campanas del carillón de la Catedral suenan desde hace poco más desafinadas o es idea mía tras la muerte de José del Canto, el profesor que sembró de música todos los rincones de este Chillán tendido en el valle ñublense. Se me antoja que son ambas cosas. Que a las campanas les falta la fuerza del maestro y a mi me falta el paisaje que describían las manos siempre inquietas del Director amante de sus coros. Bueno, no sólo a mí, sino que a Chillán entero, a Ñuble entero… a Chile. Se fue físicamente del paisaje campestre y provinciano. Y ese paisaje se puso mustio. Porque las plantas, las flores, los ríos, los pájaros… el viento… todos cantan. A su manera, pero cantan. Y José del Canto tenía la virtud de unirles en un gran coro, un coro cuyas voces se esparcían por los potreros, escalaban montañas y se refugiaban entre los mantos de nieve. Y luego sobrevolaban los valles sobre las alas de los cóndores y las águilas, o se deslizaban hacia los poblados montados en las aguas de los ríos. Eran las voces del pueblo, afiatadas y cultas, que se transformaban en acuarelas, en óleos, en pinturas de salones fecundos. José del Canto amaba lo que hacía. Y ese amor lo transmitía con sus manos, con los arabescos dibujados en el aire por sus manos que delicadamente interpretaban partituras. Partituras imaginadas por otros grandes que soñaban con pentagramas, con corcheas difusas, con sonidos armónicos. Transmitían pasión y pasiones despertaban en los afortunados que las escuchaban. Quizás si es por eso que las campanas de la Catedral se me antojan diferentes desde que no está el maestro, el profesor, el músico. José del Canto transmitió lo suyo a generaciones de jóvenes. Lo hizo desde las aulas, desde los escenarios, desde las plazas… desde cualquier sitio donde las voces pudieran ser escuchadas. Era feliz con su música, con su vida en familia, con cinco hijos, cuatro varones y su regalona que siguió sus pasos. Y feliz rodeado de naturaleza. Le gustaba crear vida y es por eso que se entregaba con pasión al cultivo de una huerta. Una pequeña huerta donde las hileras de tomates, de porotos, de ajíes o cebollas, debían tener la misma precisión que las notas musicales de un pentagrama. Es decir, cultivaba con la misma meticulosidad armónica los huertos y los coros. Los campesinos disfrutaban viéndolo trabajar la tierra. Los ciudadanos disfrutaban escuchando sus coros. Y él disfrutaba haciendo disfrutar. Era, sin duda, generoso. Generoso y modesto. Alejado de los halagos, cuidaba con esmero sus álbumes de fotos, de recortes de periódicos, de saludos manuscritos que le enviaban caballeros
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y cortesanos, líderes y anónimos. Protestaba en familia, casi a media voz, cuando un comentario publicado no se ajustaba a la realidad. Guardaba silencio incómodo ante el halago diletante. Cuando vivía en el campo, era feliz. Allí, en el silencio sólo roto por la vida libre de la naturaleza, escuchaba su música y preparaba sus clases con el mismo esmero con que cuidaba su huerta. Cuando la insuficiencia renal comenzó a afectarle, debió venirse a la ciudad. Y ya no era tan feliz. Pero luchó contra esa adversidad desarrollando una actividad incesante, grande, reconocida. Arrau y Vinay supieron y disfrutaron

de su obra, y la alabaron. Los grandes músicos del país llegaban hasta su casa. La cultura musical brilló como nunca en este Chillán que ahora duerme. El maestro no desperdiciaba momentos para escuchar música. Podía ser Beethoven, Verdi o Vivaldi; Mendelsohn o Schubert… pero siempre terminaba escuchando la polifonía coral. Las grandes masas de voces, con orquestas sinfónicas, la grandeza del sonido. Por eso dejó en el segundo plano de su aceptación al gregoriano, tan monocorde, tan simple, tan reiterativo, tan ajustado a los fríos pasillos de los conventos. El era puro brío, pura ondulación creciente, puro brillo cromático de voces entrelazadas. Era pura fuerza del sentimiento volcado en sonidos armoniosamente encabritados. Y también podía ser tan suave como el terciopelo, cuando el sentimiento lo requería. Nació el 27 de noviembre de 1926, en Los Ángeles. Pero muy niño llegó a Chillán. Estudió en la recordada Escuela Normal, donde aprendió a amar la docencia, por lo cual continuó formándose universitariamente en Educación Musical. Amó a la música y esparció su amor por generaciones completas. Y fue amigo de sus alumnos, quienes le llamaron con cariño “Pepe Corchea”. Varias de esas generaciones hoy sienten el frío de su vacío, sólo llenado con el recuerdo de quien elevó la cultura musical de nuestra tierra y sacó brillo a Chillán con voces sencillas de gentes del pueblo.

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Carta reconocimiento a don José del Canto Pulgar.
Estimado don José, sabíamos de su enfermedad y no nos acercamos, ahora ya es tarde. Sin embargo queremos hacer un público reconocimiento a su dilatada y destacada labor, especialmente en lo que guarda relación con la música coral… “canto de ángeles” la llamaba usted. Esta sensibilidad y amor por la cultura no dudamos fue producto de su formación normalista ¿cómo si no comprender su dedicación más allá de la búsqueda de honores y privilegios? Acá vemos el sello de don Raúl Cabrera López, distinguido maestro de tan aventajado alumno. En 1946 cuando usted se tituló de profesor normalista, se entregó de inmediato a su pasión por el canto coral. Nadie en nuestra ciudad, su ciudad, puede olvidar el reconocido Coro Polifónico de Chillán de larga y notable trayectoria. En reconocimiento la ciudad de Chillán lo distinguió con el Premio Municipal de Arte en 1957, distinción que le entregara el alcalde don Leoncio Sepúlveda Leal. Su talento musical fue reconocido también por el maestro Claudio Arrau León. Esta, su gran obra, el Coro Polifónico, recorrió todo el país recibiendo los más calurosos aplausos en todos sus conciertos, usted contaba con emoción que los dos conciertos realizados en el Salón de Honor de la Universidad de Chile y el realizado en la Universidad de Concepción lo obligó a salir nueve veces al escenario para agradecer al público que lo ovacionaba. Maestro, como Consejo Provincial de la Cultura de Ñuble, nos hubiese gustado haber destacado su legado y presencia en vida, hoy sólo nos queda comprometernos con que su enorme obra maestro chillanense de la música, será preservada y difundida entre nuestra juventud, así su memoria será honrada y su legado no caerá en el olvido. Confiamos en Dios, y por lo mismo creemos que volveremos a escuchar su coro de ángeles. Adiós Maestro, descansa en paz.

Ninón Jegó Consejo Provincial de la Cultura Ñuble.

Año 3/ número 26 /Julio 2007

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literatura

Octubre Pleno
Edgardo Anzieta

H

ay momentos en la literatura en que los autores muestran su yo más íntimo. Entonces, nos permiten asomarnos a sus conciencias y se nos revela o confirma algo que, muchas veces, permanecía oculto, otras, latente. Asistimos, de ese modo, a una sensibilidad que quiere ajustar y reajustar mundo. Son instantes de profunda reflexión, y de honda síntesis: apreciamos al artista que con todo su ser, cavila sobre la naturaleza de las cosas y sobre su propia naturaleza, con una sinceridad que va más allá de los resguardos psicológicos, más lejos de los eventuales resultados estéticos. Un poco, la sinceridad y esencialidad se vuelven el estilo. Esos momentos suelen ser de crisis social, donde el mundo y su compleja estructura pone, allí donde había certeza, duda, donde brillaba la determinación, incertidumbre. El autor se debate entre la sinceridad y su propia trayectoria, la configuración de las cosas, los porfiados hechos, y las ilusiones del día. “Memorial de Isla Negra” es un libro de la edad madura de Neruda, un extenso recorrido sobre su vida, donde la rememoración confronta la esencia de aquellos días, la década de los sesenta del siglo XX que pasó. Década en que ya están más o menos claros los límites de la epopeya socialista, manchada por el llamado culto a la personalidad y su larga cadena de sufrimientos y genocidios: la extenuación de una experiencia que sufre la ambivalencia del mundo, puesto que la injusticia señorea en todas partes. Otras ilusiones jóvenes hacen su entrada, y parecen querer renovar la sed de justicia en América latina, y en Chile: es la edad de la Revolución Cubana y la forja de partidos y fuerzas sociales que conducirán a los primeros años de la década del setenta y

sus prolongadas consecuencias, en nuestro país. Neruda se ve tocado por la crisis del estalinismo, que, como ahora sabemos, es una crisis que va más allá de un sistema y un símbolo: el poeta, desde un profundo romanticismo que le era tan propio desde sus primeras obras, inicia una navegación poética que es intento de recuperación de vida, de reconstitución de ilusiones y verdades, de avistamiento de otras conductas vitales, y por qué no, poéticas. El libro, siendo disparejo, contiene parte de lo mejor nerudiano, en donde la soledad, el sentimiento de extrañamiento y velada pérdida parecen venir desde su ya remoto fondo poético: es como redescubrir el viejo dolor del niño que un día fue. Pocos poemas tan condensados como “Pleno octubre”: tanto la nostalgia como el sentido de la crisis hacen sus reales; y asoma un Neruda que parece develarnos su interioridad más secreta, que, quizás, siempre estuvo a la mano, pero que no podíamos ver a cabalidad, cegados por las magnificencias de su obra, a veces, o por el entramado andamiaje de su mito personal político, en otras. El poema abre con severos compases: “Poco a poco y también mucho a mucho/ me sucedió la vida/ y qué insignificante es este asunto/ “... advirtamos que el poeta de inmediato nos introduce en un clima de desencanto; frente a la acumulación de lo poco (lo cotidiano, lo infinitesimal) y lo mucho (los grandes períodos, la sucesión del tiempo), percibe la vida como un asunto, y, más, insignificante. Pero, como constataremos, adentrándonos en la lectura, es el yo el que está puesto en cuestión, es el yo con todas sus raíces lo lesionado: “estas venas llevaron / sangre mía que pocas veces vi, / respiré

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los parra
el aire de tantas regiones / sin guardarme una muestra de ninguno / y a fin de cuentas ya lo saben todos: / nadie se lleva nada de su haber / y la vida fue un préstamo de huesos.” Los símbolos personales están bien puestos: la presencia de la madre es la sangre que pocas veces vio, sabiendo que ella muere al poco tiempo del nacimiento del poeta; el aire de tantas regiones se relaciona con los viajes y las estadías del Neruda joven, y que ahora recuerda, en ese no guardar que amenaza a la vivencia entera, incluso, que amenaza el sentido de la vivencia: debemos advertir que el cambio de género aparente, de femenino (las regiones) a masculino (ninguno) establece una ambivalente vacilación, extremadamente radical, dado que el sujeto que nos dice es un sujeto, también, de extrema preocupación social, y que no obstante, se sostiene, en medio de la añoranza, en no haber guardado - ni siquiera – la muestra de ninguno. Para sostener concordancia de sujeto con género, debemos interpretar que el poeta se refiere – en lenguaje de metáforas, es claro - que ya no guarda para sí el aire (masculino) de tantas regiones. Mas ello no altera el sentido del texto, y en su extraña construcción, puede que lo agrave y ahonde en la anomalía: el aire, con toda su vitalidad, no obstante, es un elemento menos totalizador que las regiones, por cuanto dice menos de la índole del habitante, dice menos de sus peripecias y circunstancias, que es lo que podríamos suponerle y pedirle a un poeta social, y, por el contrario, en su naturaleza casi imperceptible – casi sin crónica – refuerza el tono de desasimiento en que se construye el poema. La individuación se ve reforzada en el final de la estrofa: todos sabemos que nada podemos llevarnos...y que la vida fue un préstamo de huesos, lo que establece el sentido general de desencanto en que se despliega el poema, el poeta. La segunda estrofa apela a la belleza (“Lo bello fue aprender a no saciarse / de la tristeza ni de la alegría, / esperar el tal vez de una última gota, / pedir más a la miel y a las tinieblas.”) , en donde la sensualidad construye al sujeto, le establece su esperanza, pero, más, le constituye su ser, su modo de estar en el mundo, en un despliegue de elementos simbólicos tanto sexuales como románticos (última gota-miel-tinieblas), que, de paso, nos recuerdan a Darío, tanto en tono como en postura vital. Por otra parte, es notorio el esfuerzo del hablante lírico por sostener una cierta dialéctica que sostenga la trayectoria vital del hombre-poeta Neruda, en ese juego de pares opuestos que se quiere hacer convivir: tristeza-alegría, miel-tinieblas. La tercera estrofa, y su apertura, es decidora: “Tal vez fui castigado: / tal vez fui condenado a ser feliz. / “; es obvio que hay allí una manifiesta contradicción, más allá del artificio propio del poema: es la confesión de una conciencia que admite que en ella hay un castigo y una condena, que lo separará de los demás hombres, como ya se puede intuir y como se comprueba con la continuidad de la lectura. Ser feliz es la máxima aspiración humana, pero en ese anhelo nos extraviamos; el poeta parece querer exculparse (“Quede constancia aquí de que ninguno / pasó cerca de mí sin compartirme....() metí la cuchara hasta el codo / en una adversidad que no era mía, / en el padecimiento de los otros...”), pero (no) se percata que es él el que se comparte en vez de empeñarse por compartir a sus semejantes; que su yo admite que la adversidad de los demás no es la suya y que el padecimiento es el de los otros, lo que violenta nuestra percepción del poeta en tanto hombre social. Esa es la confesión, el castigo y la condena: una felicidad conseguida sin los otros y que se insinúa proveniente desde lo orgánico, la naturaleza (fui castigado), una fatalidad que el poeta admite pero, que resulta evidente, quiere desprenderse y evitar en sus consecuencias práctico-morales. Dicha clave se acentúa gradualmente en texto en el texto, al punto que se termina por consentir, que en medio de esa felicidad, la presencia desdichada de los otros fungía de verdaderos espectros concienciales, “No se trató de palma o de partido / sino de poca cosa: no poder / vivir ni respirar con esa sombra, / con esa sombra de otros como torres, / como árboles amargos que lo entierran, / como golpes de piedra en las rodillas”. Y, sin embargo, insiste en que aquello es poca cosa, como cuando aseveraba la insignificancia de (todo) este asunto. Resulta obligado, natural, que el poeta busque un escape a la aporía en que (ya) está encerrado: anhela entender que la herida propia se cura (se ha curado) con llanto y con canto - hablamos de la cuarta estrofa – pero que en su misma puerta se desangra la viuda, el indio, el pobre, el pescador y el hijo del minero no conoce a su padre entre tantas quemaduras... Destaquemos que “palma” y “partido” bien nos pueden decir de religión y política, como dos opciones de lo humano y que, eventual, el poeta desdeñaría o a lo menos, atempera; las palmas, como símbolo de celebración religiosa y partido – aún en sus minúsculas – en tanto asociación con la militancia concreta o en cuanto a tomar una opción, por genérica que sea: y eso destaca más, si cabe, la raíz orgánica y personalísima, egoísta, de su felicidad. Entonces, llegado el instante de la conciencia última, el poeta conoce y reconoce su interioridad e intenta refugiarse en ella, “Muy bien, pero mi oficio / fue / la plenitud del alma: / un ay del goce que te corta el aire, / un suspiro de planta derribada / o lo cuantitativo de la acción”. Obsérvese que ese “muy bien” es un verdadero adversario de la desgracia humana previamente encarnada en la viuda hasta el hijo del minero, dado que define su “oficio” como la plenitud del alma y en donde ese oficio no es – sencillamente – la poesía, sino el goce al extremo de cortar el aire. Aún más, dicha plenitud de alma se configura en lo cuantitativo de la acción, no necesariamente en la condición cualitativa de ella. Repárese en la profundidad de eso, toda vez que estamos tratando de un poeta que por sus opciones sociales y políticas debe conocer el lenguaje de las dialécticas: sostiene su vida en el suceder – acumulado – más que en la dirección finalista de las intenciones. El final del poema es proverbialmente hermoso y revelador, “Me gustaba crecer con la mañana, / esponjarme en el sol, a plena dicha / de sol, de sal, de luz marina y ola, / y en ese desarrollo de la espuma / fundó mi corazón su movimiento: / crecer con el profundo paroxismo / y morir derramándose en la arena”. Un ambiente de dicha y melancolía gravita; el poeta habla ya en tiempo pasado, cuando todo es irremediable y la personalidad está formada: entonces podemos verle su corazón sensual, preparado para el paroxismo del goce – hasta lo sexual incluso - y sobre el cual se yergue su verdadero ser, un ser que ha incluido al romántico y al niño, el que restó en los abandonos. Una vida sensual y un extenso yo (in)discriminado, apto para sí, perplejo ante los otros, encerrado en un egoísmo autopreservado y notable... por momentos brutalmente exquisito. Sí, hecho para el goce: temeroso del dolor, al que puso distante y a distancia. Lo suyo es el alejamiento allí. Todo el poema, todo el libro, en verdad, es el esfuerzo del niño por volver, el que busca en la primavera simbólica que es octubre la promesa (inocente) de la plenitud.
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destacado Simplemente ¡inolvidable!
Fotografía: Paola Ruz Del Canto

E

l jueves 5 de julio de 2007 será para nosotros una fecha inolvidable. Presentamos nuestro “Número Uno del Tercer Año”, en un acto en la sala Andrés Bello del Centro de Extensión de la Universidad del Bío-Bío, en Chillán. Y nos consideramos afortunados porque en dicha ocasión no estuvimos solos. Más de un centenar de personas acudió a la cita, llenando la sala y expresándonos al final una felicitación sincera y emotiva. El Gobernador de Ñuble, Ignacio Marín Correa; la Directora Regional de la Cultura y las Artes, Lucy Neira, junto a Elicia Herrera, entregaron espontáneamente sus saludos y compartieron con nuestro Director General, Raúl Andrés San Martín Geisse; con el abogado y ex Alcalde chillanense, Eduardo Contreras Mella; con el eximio guitarrista Patricio Henríquez; y con el pintor Luis Guzmán Molina; todos protagonistas de un acto necesario. Nuestro Director General hizo una descripción de cómo nació Hatuey y cómo ha sido nuestra andadura en estos 25 meses de vida. Fue una charla coloquial, sencilla, apoyada en proyecciones donde

se vieron y vivieron las portadas de una revista cultural que poco a poco se va imponiendo en la provincia. La sorpresa vino a continuación, porque en nuestro Consejo de Redacción planeamos rendir un homenaje no anunciado a Carlos René Ibacache, académico y permanente colaborador de nuestras páginas. Una persona entrañable, un verdadero amigo-sabio, que aporta conocimientos y sencillez en cada línea de sus escritos. Más adelante, el prestigiado abogado chillanense, de trascendencia internacional, Eduardo Contreras Mella, presentó oficialmente en nuestra ciudad su libro “El Desaforado”. Su intervención, culta y repleta de datos, fue escuchada con una atención inmaculada que sólo fue rota al final con un prolongado aplauso admirativo. Y subió al escenario la música, muy bien representada por el guitarrista clásico Patricio Henríquez. Su virtuosismo, reconocido en el mundo de la cultura de nuestra región, también fue premiado al final con un aplauso prolongado y también

con citas de los oradores. El final del acto estuvo marcado por el color de la emoción: se proyectó el video con la obra de Luis Guzmán Molina y con comentarios de eminentes personajes que dan lustre a la cultura de nuestra provincia y del país. Fue tal la emotividad causada por un trabajo audiovisual del máximo nivel, que el gran pintor chillanense no pudo casi articular palabras para agradecer el justo homenaje. Tras la “foto de familia” de quienes hacemos desinteresadamente Hatuey, un Vino de Honor fue el brindis más que adecuado para aclarar las gargantas, tras tanta emoción vivida. Finalmente, la Dirección de la Revista quiere agradecer a través de estas páginas la gentileza del Centro de Extensión de la UBB, que dirige Ninón Jegó; a su personal auxiliar que estuvo siempre atento a cualquier circunstancia; a quienes nos acompañaron en esta cita y a la veintena de personas que nos enviaron desde distantes puntos de todo el mundo, mensajes cargados de afecto y estímulo.

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artista de portada Haydée Concha Sanhueza
Texto: Miguel Ángel San Martín (miguelangelsanmartin@gmail.com) Fotografía: Paola Ruz

oy pintora emergente”, me dice con una sonrisa ingenua. Me deja pensativo y, ante mis dudas, le pregunto en forma de leve discrepancia: “¿Emergente… por qué? ¿Acaso un pintor deja de aprender algún día? ¿Acaso en cada obra no se aprende algo nuevo?”… Entonces me asiente, dándome la razón con una amplia sonrisa. Personalmente, no creo en aquello de ponerle apellidos al talento de un pintor. Y menos cuando estoy frente a Haydée Concha Sanhueza, que ha perfeccionado sus virtudes artísticas con Carmen Luz Concha, en pintura decorativa; con Mabeth Acuña, Esperanza Herrán, Patricia Alcayaga y Benjamín Escalona, en óleo; y con el propio Escalona en dibujo y pastel. O sea, buenos guías para una artista con dotes especiales para transformar realidades en colores de indudable belleza plástica. Es expresionista en su arte y sencilla en su humanidad. Porque ambas cosas son notables en esta mujer que comparte esfuerzos culturales en el desarrollo cultural de nuestra ciudad. Participa en exposiciones colectivas y se siente muy a gusto compartiendo espacios, en especial, con Marta Argo Eyzaguirre y con Teresa Caridi Vásquez. Solamente ahora va a responder afirmativamente a las peticiones de un salón de Santiago para montar una exposición individual. Es que sus obras gustan y mucho. Seguramente será porque pinta con sentimiento, con el alma inspirada, con vista honrada y profunda. Por eso trasciende

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su trabajo más allá de la provincia para ser vista también ahora en la capital. Haydée Concha tiene inquietudes de grupo, de sociedad. Es así como igualmente empuja el carro del rescate del patrimonio arquitectónico tradicional de Ñuble y en 2004 inscribe su nombre en artes visuales con tal objetivo. Y lanza su mirada de mujer, este mismo año, en un proyecto del Valle del Itata. Además, se sumerge en la misma dirección para rescatar la arquitectura y la cultura del Chillán antiguo. Todo lo cuenta con simpleza, con una sonrisa cautivadora que deja entrever un gramo de timidez. Sus manos son también bellas y pienso que es por eso que los pinceles miman los colores y se deslizan por la tela con delicadeza, con definida ternura. Pero ella busca el anonimato en los rincones insospechados de su hogar o compartiendo el taller que une en Corporación a las Mujeres por el Arte. No logra su objetivo: no puede ser anónima su obra ni emergente su talento. Ni nosotros lo vamos a permitir, por lo que la llevamos en portada como ejemplo para otros talentos que surgen por doquier en este Chillán tendido sobre el valle verde de nuestro Chile. (Cautivada también por el halo de serena belleza que se respira en el ambiente, Paola Ruz, nuestra fotógrafa, sigue captando imágenes de la artista y de su obra).

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guia profesional

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participamos
Realizado el viernes 29 de junio:

Deslumbrante Concierto de Patricio Henríquez en Sala Schäfer
El chillenense demostró estar en su mejor nivel musical
Con una Sala Schäfer llena de tope a tope, el eximio guitarrista local, Patricio Henríquez, deleító a los asistentes del concierto que ofreció en Sala Schäfer de Extensión UBB en la tarde del viernes 29. El músico demostró que está en su mejor nivel, llevando a cabo un recorrido musical que abarcó ritmos latinoamericanos contemporáneos, baladas frances, y culminando con una brillante interpretación de la opereta de tango compuesta por el legendario compositor argentino Astor Piazzolla. Al término de su presentación, Henríquez fue largamente ovacionado por el público.

hatuey en el mundo

Sonia López chilena residente en Canadá, en el estadio de Edmonton, sede del recientemente finalizado Mundial Juvenil de Fútbol Sub 20.

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