LAS FICHERAS: UN ESTUDIO DE PELÍCULA

El caso del Bar Tropicana

José Ángel Eseverri* Sara Herrera* Fernando Mendoza* María Carmen Omaña* Itzel Pérez* Ileana Rodríguez* Andrés Sandoval **

Introducción
El presente texto busca realizar un acercamiento al estudio de la cultura de los denominados antros de ficheras en la Ciudad de México. Los resultados que aquí se presentan están basados en una investigación realizada por un equipo de estudiantes de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, en el período de verano de 2005, a partir del análisis de un estudio de caso que corresponde al bar “Tropicana”, ubicado en la colonia Raúl Romero, en el Municipio Ciudad Nezahualcóyotl.

La metodología utilizada combinó el uso de la técnica de observación participante en sitio y la realización de entrevistas semi-estructuradas a asistentes y empleados del lugar.

A fin de contextualizar este trabajo se responde primero a la pregunta de por qué realizar una investigación sobre este tema; en seguida se presenta un marco contextual consistente en un breve repaso histórico de la existencia de los

antros de ficheras en la Ciudad de México y que da cuenta de las principales

Alumnos de la Carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Profesor de la Carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México [andres.sandoval@uia.mx]
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características de este tipo de centros de recreación nocturna. Posteriormente se realiza una descripción etnográfica del bar “Tropicana” y de los actores sociales que ahí concurren.

Finalmente, se expone, lo que a partir de la experiencia de campo y su posterior análisis, lo que se considera que son los códigos en torno a los cuales se articulan las interacciones sociales hacia dentro de este espacio, y los aspectos que siguen haciendo atractiva la existencia de este tipo de centros nocturnos (para algunos sectores de la población) ante la voraz competencia de los llamados “table dance”.

¿Por qué realizar una investigación sobre la cultura de los antros de ficheras?

Los antros de ficheras han sido sin duda una figura central en la cultura de la vida nocturna de la Ciudad de México, como refugio de la bohemia de las décadas de los 30s, 40s y 50s donde las cabareteras o ficheras servían como musas para compositores y novelistas.

Como comenta Serna (2003), en los años treinta, cuando la clase media se debatía entre la represión y el pecado culposo, Agustín Lara enriqueció el erotismo de las masas con un arte de amar extraído de los prostíbulos. Canciones como Luces de Nueva York, interpretada por la Sonora Santanera y compuesta por Tito Mendoza; así como Cabaretera del puertorriqueño Bobby Capó, son ejemplos que se suman a esta tendencia.

A partir de los años sesenta, la figura de las ficheras perdió su aura de glamour, pero a cambio, como ya se mencionó, dio origen a un género cinematográfico, muy popular en la década de los setenta y ochenta en México. Películas como Bellas de noche (1974) y Las ficheras (1976), ambas dirigidas por Miguel M. Delgado, iniciaron la corriente del cine de ficheras.

Actualmente, los antros de ficheras están en proceso de extinción, en gran medida como consecuencia de la inequitativa competencia que representan los table dance, al ofrecer a los clientes una forma evolucionada del tibio erotismo de los antros de ficheras, servido ahora en la mesa, aderezado con ritmos cadenciosos, ambiente a media luz y con postres a base de caricias y roces íntimos

Sin embargo, los antros que ocupan este estudio, siguen teniendo un grupo de clientes asiduos, principalmente formado por caballeros que alcanzaron a vivir la época de oro del cabaret, pero también por jóvenes contemporáneos que satisfacen sus necesidades de esparcimiento y diversión en estos lugares.

En la actualidad todavía subsisten algunos cabaretes de antaño, como el Bombay, el Balalaika y el Savoy, en el centro de la ciudad; aunque existen algunos de más o menos reciente creación en la periferia de la Ciudad, como es el caso del Tropicana en Nezahualcoyotl.

De acuerdo con lo anterior, la importancia de realizar un estudio con estas características, recae principalmente en dos premisas. Por un lado, es claro que los antros de ficheras forman parte importante de la historia cultural de la Ciudad de México; y por el otro, el hecho de que son el antecedente directo de los ahora tan en boga table dance, hace relevante su estudio, ya que los resultados de este trabajo podrían tomarse como punto de partida o referencia para quienes aborden el tema de las nuevas formas de socialización sexual. (como los citados table dance)

Marco contextual
Estos antros tienen sus raíces en los cabarets de los años 30s y 40s donde trabajaban mujeres que se sentaban a lado del cliente y lo incitaban al consumo de bebidas por medio del cachondeo conversacional.

A cada una de estas mujeres se les entregaba una "ficha" o algún boleto por cada bebida o por cada botella que lograban vender a los clientes, de ahí el nombre de "ficheras". La labor de estas "ficheras" se enfocaba a coquetear con el cliente, bailar con él y, en algunas ocasiones, y sólo si se acordaba por fuera, ir a un hotel de paso, a cambio de una remuneración económica.

Ya para los años 50s, el tipo de baile de las "ficheras" se volvió más provocativo. Era una modalidad del danzón, el cual consistía en un movimiento de la cintura para abajo, al cual se le bautizó como meneadillo. “Los procesos modernizadores de los últimos veinticinco años han colaborado a estos cambios mediante la difusión de nuevos usos y costumbres sexuales, en especial los que pertenecen al modelo norteamericano de liberalidad detonado en los años sesentas, la industria del sexo que incluye parafernalias de alcoba, pornografía...”. (Gonzalez; 1989)

En la década de los 70s, como ya se mencionó, tuvo su auge el género cinematoggráfico de las ficheras.

“Fue una época de símbolos de la crisis nacional, un reflejo de la realidad. Los productores independientes no tuvieron más remedio que recurrir a este tipo de cine. A pesar de todo, algunas de esas cintas son consideradas hitos del cine mexicano, como ‘Las ficheras’, la primera cinta de cabaret de esa época, que es

hoy un clásico” (www.loscineastas.com)

Hoy, los bailes que realizan estas mujeres son aún más provocativos y ahora los cabarets se llaman "table dance", donde el baile ha cedido su lugar al streap tease, que consiste en ir desnudando el cuerpo poco a poco a ritmo de alguna melodía que se complementa con una pequeña actuación sobre un escenario.

"La sexualidad es el fin último y primero del table dance, que está desprovisto de los elementos estéticos y coreográficos del cabaret al volverse innecesario gastar dinero en shows. Los espectáculos de baile y canto más elaborados ceden su paso a la improvisación, a la sexualidad que se expresa en bruto." (García, 2004; en Riveroll, 2004)

Quienes recuerdan los tiempos bohemios de los antros de ficheras y cabareteras, ven con nostalgia su evolución hacia el table dance y lamentan la perdida de contacto personal, o al menos, la ilusión que existía antaño.

“Los viejos antros eran más acogedores y menos mecanizados en su oferta de amor mercenario. Si uno se dejaba embaucar por los meseros podía perder hasta la camisa, pero el sistema de fichaje permitía a los bebedores confraternizar con las chicas del congal. En los antros de ficheras, la carne también era una mercancía, pero al menos las madrotas de la caja registradora procuraban venderla con elegancia y decoro” (Serna 2003)

Por un lado es la nostalgia la que hace que subsistan y creen nuevos antros con las viejas prácticas de las ficheras, pero también porque cumplen una función particular y satisfacen diferentes necesidades de esparcimiento en sus visitantes.

Objetivos
De esta manera los objetivos puntuales del presente trabajo, son los siguientes:

- Identificar los códigos culturales que comparten las personas que interactúan en los llamados antros de ficheras (clientes, trabajadores, ficheras)

- Identificar las ventajas comparativas que reconocen los clientes asiduos a este tipo de centros nocturnos sobre los table dance –que permiten su subsistencia e incluso la apertura de nuevos negocios con este giro–, de modo que se puedan identificar el tipo de necesidades sociales a las que responden.

Juego de fichas en el Tropicana
Fue en un cabaret...

Elegimos el baile que se anunciaba en el salon “La Jungla” en Ciudad Nezahualcoyotl o Neza, como popularmente se le conoce. No teníamos idea de cómo llegar, así que acordamos encontrarnos en el Wings de Patriotismo a las 8:00 pm. Partimos entre la lluvia y el pesado transito hacia las las 10:00 en dos coches. Hicimos casi dos horas para llegar al salón. La fachada del lugar tenia el aspecto de una bodega con una cartulina pegada que decía “la Jungla”. Dos tipos de semblante nada hospitalario flanqueaban la puerta. Como una especie fuera de su hábitat natural, nos sentimos poco invitados a entrar y decidimos no correr riesgos.

Preguntamos, entonces, por otro lugar y nos recomendaron el “Tropicana” a tan sólo media cuadra de distancia. “Luego luego se ve, es muy notorio”, nos indicaron. Llegamos a la avenida, amplia y con camellón que se encontraba en completa oscuridad y solo después se iluminaba con las llamativas luces de los bares cercanos. Descripción del lugar: Un oasis neón, un oasis sin agua.

El lugar era efectivamente notorio, con dos enormes palmeras de luz neón enmarcadas por luces rosas igual de estridentes que deletreaban “Tropicana” y una gran botella inflable de Bacardí en la puerta. A la entrada, alguien ingenuamente pregunto si habría valet parking. Nadie sintió la necesidad de contestar y nos estacionamos subiendo a la banqueta.

Nos reciben dos hombres que preguntan si hay algún menor de edad y nos revisan para asegurarse que no portamos armas. Del lado derecho se observa una cartulina advirtiendo que la no se puede ingresar con tenis ni vestidos de manera informal.

Para llegar al bar hay que subir unas escaleras, sucias y por las que baja aire viciado. Un piso arriba se encuentra un salón grande en forma rectangular totalmente abierto y sin divisiones. Al centro está la pista de baile y las orillas están ocupadas por mesas. Estos pasillos están separados del centro tan sólo por algunas sencillas columnas que sostienen un segundo medio piso, con la arquitectura de “patio” característica de un salón de baile.

La decoración es variada y colorida; por un lado había globos blancos y rojos, una bandera de México al centro de la pista, y luces de arbolito de navidad. Llegamos a comentar que resultaba conveniente, pues aparentemente habían adornado para todas las festividades del año. El color predominante en las

paredes es el amarillo pero la tenue iluminación y los focos ayudan a que todo lo demás se vea amarillento.

Al fondo, una pared está cubierta por espejos que dan la ilusión de que el sitio es más grande y también ayudan a que las miradas se crucen y multipliquen entre los asistentes. En la pared contraria hay algunas ventanas que dan ventilación al lugar. Las mesas y las sillas son color verde, de hierro y forradas de plástico, estaban cuidadas y limpias.

En una de las esquinas del primer piso está la barra, lugar al que sólo se acercan los meseros a dar cuenta de los pedidos. Justo sobre ella en el segundo piso están los baños, cuartos pequeños, descuidados y sucios, con paredes grafiteadas y con las separaciones de madera entre urinarios rotas.

En el salón también hay una rockola de la cual se escucha música antes de que llegue el grupo a tocar en vivo. El catálogo musical era bastante variado, se podía encontrar desde Intocable, Selena o los Tigres del Norte hasta Héroes del Silencio o los Fabulosos Cadillacs.

La música que tocaba la banda, ubicada en el segundo piso era, en su mayoría, salsas, cumbias, norteñas y una que otra de banda.

La carta en su totalidad estaba destinada a ofrecer una buena borrachera al cliente, nada de alimentos para acompañar, solo chicharrones y cacahuates que ya habían pasado por sus mejores días. No se ofrecía ni siquiera agua natural. “Si no, ¿dónde quedan las ganancias? Imagínese alguien sentado aquí namas tome y tome agua”, nos dijo entre broma nuestro mesero.

Actores sociales: Ficheras y Fichados

El número de asistentes oscilaba entre 50 y 60, la mayoría gente de mediana edad, entre los 35 y 60 años. Los sexos estaban repartidos equitativamente, no se notaba una mayoría aplastante ni de hombres ni de mujeres. Había parejas y personas solas, o grupos de hombres, mujeres y mixtos. Los asistentes platicaban entre sus propios grupos, sólo muy de vez en cuando volteaban la cabeza por el lugar para ver si había algo que les gustara, y si era así, las mujeres podían coquetear (a veces muy poco sutilmente) o los hombres esperar la próxima pieza para invitar a la mujer que les agradó a bailar. Saltaban a la vista algunos grupos de mujeres vestidas de manera provocadora y que rondaban las mesas esperando a que alguien las sacara a bailar o les invitara un trago.

Y la verdad que no era tan difícil saber que se trataba de las legendarias “ficheras”, aunque solo las conociéramos por las películas de Rafael Inclán o Alfonso Sayas. Frente a la mesa pasó una mujer enfundada en un vestido tan corto que apenas llegaba a la mitad de su muslo, que deslumbraba por la

cantidad de chaquiras, brillantinas, lentejuelas y pedrería y tan ventilado debido al agujero estratégicamente colocado en su vientre dejando ver los bordes de sus pechos. Su actitud fría e indiferente, su exceso de maquillaje, su peinado elaborado aunque pasado de moda y su grupo conformado por mujeres con faldas cortas, botas a la rodilla y medias, blusas con chaleco, o bien minifaldas con tops o blusas escotadas y pantalones muy apretados, no dejaban espacio a dudas. Algunas mascaban chicle, otras fumaban. Su caminar era peculiar, pues se contoneaban de un lado a otro, como si fueran campanas.

Con ayuda de nuestro mesero, llamado Gustavo, pudimos enterarnos de que aquellas mujeres cobraban diez pesos por pieza de baile (por ficha) y si alguien quería invitarles una cerveza, les costaría el doble de lo usual: de 25 a 50 pesos.

Gustavo, era muy atento y simpático, siempre con una sonrisa y haciendo plática nos atendía. Nos ofreció un mejor servicio “pa' la próxima vez “. Los demás meseros también se mostraron atentos con los clientes, un poco “llevados” con las ficheras, pero con respeto.

Los hombres, cuyas edades iban de los veintitantos a los casi 70 años, variaban en su vestimenta. Algunos iban de pantalón de mezclilla y camisa (algunas lisas y otros con estampados tipo “Versace”), algunos con cadenas y esclava, otros con arete. Eran pocos los que iban de vestir: pantalón y camisa “formal”. Alguno iba vestido con traje y sin corbata; algo formal para lo que ameritaba el lugar, pero adecuado para la ocasión. En todo caso se notaba cierto cuidado y esmero de la mayoría por verse bien y arreglados, bañados y peinados.

Había también un par de vendedores, un hombre y una mujer, que comerciaban con dulces, cigarros, flores y muñecos de peluche.

Interacción social: Entre fichas y mesas

El propósito principal del salón es ir a bailar, pero no era requisito indispensable, al menos esto ocurrió con nosotros, pues no todos los miembros del grupo pisamos la pista de baile. A la mayoría de las personas que asisten al lugar, los une el tipo de música que ahí se toca –salsa, cumbia- y el gusto por bailar

Cada quién atendía simplemente a los asuntos del grupo con el que asistía y no se involucraba con los demás, excepto al momento del baile, en el que todos compartían el espacio en común y por la gran afluencia en éste, debían de estar muy pegados unos con otros, pero a pesar de esto no parecían muy concientes de la presencia de los demás, no les dirigían ni siquiera una mirada y ni siquiera intentaban ser el centro de atención de los demás al mostrar elaboradísimos o apantallantes pasos de baile.

Había una chica de unos 24 años aproximadamente, al parecer iba con su novio. Vestía de una manera muy provocativa, llevaba minifalda, que no dejaba nada a la imaginación, top o blusa escotada, de la cual se asomaba un brassiere blanco. Tenía actitud confiada de su cuerpo, porque se “lucía” por toda la pista cuando bailaba, evidentemente queriendo ser observada por los asistentes.

Un hombre, que venía acompañado y que estaba enseñándole a bailara a su pareja, le hablaba al oído mientras esta sonreía penosamente, pues no podía acoplarse a los pasos del su pareja. Otra pareja se encontraba a lado de nuestra mesa: se mostraban cariñosos y poco desinhibidos; se besaban, se abrazaban y él le tocaba las piernas a ella.

Durante el baile eran el hombre quien guiaba los pasos de la pareja, pero indistintamente sacaban a bailar hombres a mujeres o mujeres a hombres. Las ficheras se encontraban situadas en algunas mesas, generalmente en grupos de cuatro. Ellas sonreían a los clientes del lugar, algunas les ofrecían botana, otras se acercaban a “hacer la plática”. Una muestra del lenguaje e ideología de las ficheras se constató en el baño, mientras ellas sostenían una plática que llegó hasta nuestros oídos por la estridencia de su voz:
X.- jajajajaja (a carcajada abierta)… Ay manita, pero de veras que el Pepe es un pendejo… Se pasa de veras manita. Y.- y eso tu? (mientras hacía pipí) X.- pos no stás viendo?... Me dijo que después de estar tanto tiempo juntos era hora de que nos fuéramos a un hotel… Y.- y te fuistes, manita? X.- no’mbre, tas loca o que te pasa?, si a penas teníamos tres horas juntos de estar baile y baile como trompos. Digo, el que estemos bailando no le da derecho a pensar que ya somos algo… O tu que dices? Y.- ay manita, creo que tienes razón… Pos a mi eso no me ha pasado, al menos no me he dejado.. X.- Ots, que me estás diciendo piruja? Y.- pos no, pero a veces si te ves así X.- cállate pendeja, que tu y yo venimos vestidas igualito, ¡hasta parecemos gemelas! (carcajadas de ambas)

Los hombres que querían “contratar sus servicios” se acercaban a ellas para sacarlas a bailar. Después de cada canción, ellas volvían a su lugar y si el hombre quería bailar con ella de nuevo, tendría que ir por ella hasta su mesa y repetir el ritual. Muchos de los hombres que tenían a una fichera sentada con ellos, y que compartían mesa con algún amigo, ignoraban a su acompañante y se dedicaban sólo a platicar con sus amigos mientras ella fumaba y tomaba. Sólo cuando a él se le daba la gana bailar se levantaban los dos a bailar y, por fin, ella era tomada en cuenta.

Como parte importante del cortejo, algunos hombres compraban chocolates, flores y muñecos de peluche a dos vendedores que se paseaban por el lugar, obviamente sabiendo que los objetos que vendían son parte fundamental en éste juego de ficheras y fichados.

Al cuestionar a nuestro mesero sobre si era posible que la actividad con las ficheras traspasara las paredes del local, nos confesó que aunque no era lo normal sí llegaba a pasar, pero tenían que ser clientes habituales, tanto del lugar como de ellas.

Sin embargo, no todos los hombres iban por las ficheras. Uno de ellos se acercó a nuestra mesa y caballerosamente sacó a bailar a una de nuestras compañeras. Ella accedió, con un poco de pena. Mientras bailaban, él trataba de mostrar algunos de sus mejores pasos, complicados y llamativos, mientras que su pareja no pudo seguirle el paso y tuvieron que bailar de manera más tradicional. Claro que esto no desanimó al Don Juan y aprovechó otras dos ocasiones para repetir la invitación y en ninguna de éstas recibió una negativa.

Hallazgos de investigación
Una vez descritas las dimensiones espaciales y temporales en que se constituye la vivencia de los asistentes al Tropicana, expondremos lo que a nuestro juicio son los códigos subyacentes a la pertenencia e identificación con la cultura de los antros de ficheras. Para dar cuenta de estos niveles de significación nos apoyaremos fundamentalmente en los testimonios de algunos de nuestros entrevistados y, en algunos casos, en lo que pudimos observar durante la visita a este centro nocturno. En este apartado se analizará la estética de los asistentes, la música, el baile, la interacción como código, y las ventajas

comparativas que tanto clientes como ficheras reconocen sobre los llamados table dance.

En general, la mayoría de los hallazgos del presente trabajo sirvieron para confirmar aspectos mencionados en la revisión de la literatura que se realizó previamente.

a) Una estética adecuada para la ocasión y las circunstancias

Las ficheras La apariencia física de este grupo de mujeres no deja lugar a dudas sobre el papel que juegan en el Tropicana. Todas ellas lucían atuendos llamativos, vestidos provocativos, entallados y con pronunciados escotes. Aquí es donde se lleva a la práctica el dicho “el que no enseña, no vende”, pues fue fácilmente comprobable que había una correlación, si no exclusiva, sí significativa, entre la proporción del cuerpo que conservaban cubierta y el rating que tenían entre los parroquianos. Lo anterior sin que pareciera importar el hecho de que la mayoría de las ficheras ostentaban físicos más bien “rellenitos”.

El maquillaje es exagerado, sobrecargado y muy vistoso. Las cejas bien definidas; los ojos delineados con lápices de punta gruesa, las sombras de colores fuertes, pestañas postizas que hacían al ojo aún más vistoso, los labios siempre en color rojo. El decorado de la cara permite hacer aún más evidente la, de por sí, poco sutil práctica del coqueteo.

En cuanto a los accesorios, a diferencia de los demás elementos de su atuendo, no eran muy exagerados: una cadenita de “oro” con una cruz, añillos en ambas manos y aretes largos eran los elementos más comunes.

Los clientes Los hombres lucen vestimenta formal, pantalón de vestir y camisas lisas o estampadas. En todos los casos, el esmero en el arreglo personal era algo evidente, la ropa bien planchada, los zapatos boleados y el aspecto de haberse bañado hace pocas horas. Estos elementos reafirman una de las conclusiones que se desarrolla más adelante: la ilusión del ligue y el cortejo. b) La música

La música, como ya se mencionó, proviene de dos fuentes principales: el grupo y la rockola. En el caso del grupo, los géneros se restringen al tropical; sin embargo, un hecho a resaltar es que –por razones obvias– no tocan Merengues o cualquier otro ritmo que se preste para bailar sin tener contacto físico con la pareja. En el caso de la rockola, cuando ésta era accionada por clientes de edad avanzada, emitía ritmos también tropicales, o bien boleros antigüos; pero cuando es turno de los jóvenes, se apropian del lugar programando géneros más adecuados a sus preferencias habituales, como rock o pop en español de manufactura reciente. En este sentido, llama la atención la tolerancia, que se ve reflejada en la disposición que todos los actores, independientemente de sus edades, tienen para escuchar géneros musicales tan diversos; así como el hecho de que la rockola cuente con este tipo de música disponible.

c) El baile “donde te encontré, bailando...”

El baile es sin duda uno de los valores agregados más apreciados en este tipo de antros. Tanto clientes como ficheras hacen evidente su gusto por el baile, brindando verdaderas exhibiciones, desarrollando pasos elaborados y

complicados y cuidando en todo momento la estética de sus movimientos. Un gesto común, consiste en fijar la vista en un punto determinado, de modo que a la hora de dar vueltas su cabeza se queda se mueve para permitir que no se pierda el punto de referencia, el resultado es que la cabeza gira de modo desfasado con respecto al resto del cuerpo, movimiento que por momentos recuerda a las bailarinas de ballet.

La habilidad en el baile es reconocida como un elemento de estatus, a partir de éste, los clientes y las ficheras buscan agradar y ganar la atención de las sus parejas y de cualquier otro miembro del sexo opuesto. De este modo, el baile ayuda a reforzar esta ilusión de conquista y cortejo.

d) Las interacciones

“...y con sentimiento noble, yo le brinde como un hombre mi destino y corazón...”

Una de las diferencias más patentes entre los table dance y los antros de ficheras, y que constituye el mayor atractivo de estos lugares para sus clientes, es que, al menos en ese espacio físico y temporal, persiste la ilusión de la conquista y la fantasía de cortejo.

En este ritual, los clientes participan desde el cuidado de su arreglo personal; su actitud galante con las ficheras, que se ve reflejada en la compra de regalos como dulces, flores y peluches para las ficheras, como si fueran sus parejas sentimentales, aunque solo convivan durante el tiempo que duran algunas canciones y aún cuando apenas crucen alguna palabra.

Se puede inferir que los clientes asiduos a este tipo de lugares acuden porque se sienten incapaces de conquistar, por méritos propios, a una pareja. De modo que el pago por el servicio de acompañamiento y por el baile se convierte en una relación de poder, que se ve materializado en la compras de las fichas. El cliente consigue compañía a cambio de una retribución económica, siendo un elemento indispensable la falacia del cortejo.

e) Algunas ventajas

Más allá de la nostalgia, el hecho de que sigan existiendo los antros de ficheras y que sobrevivan aun con competencia de un table dance al otro lado de la calle, refleja que las opciones predominantes actualmente no satisfacen las necesidades de esparcimiento de un segmento de la población. Estas necesidades que pueden satisfacerse en estos espacios ya han sido descritas en los incisos anteriores de este apartado.

Por otro lado, para las ficheras también existen considerables ventajas. Primero porque es una opción de trabajo para aquellas que ya pasaron sus mejores años y difícilmente podrían subir a la pasarela de un table dance y realizar los acrobáticos bailes que exige el oficio.

Además, las exigencias en cuanto al físico se ven diluidas por la importancia que se le atribuye a las habilidades para el baile. Es claro que la gran mayorías de las mujeres que se desempeñan exitosamente como ficheras, no tendrían la misma suerte en un table dance.

Otro factor importante es que la fichera tiene mayor capacidad de negociación, dado que también juega en la simulación de cortejo. En el table dance las reglas son mas rígidas, y los límites están preestablecidos. Las ficheras tienen la

capacidad de negociar los costos de sus servicios y los límites de la interacción con base en elementos subjetivos, sin que el establecimiento intervenga en ello.

A modo de conclusión
“...y pasado ya algún tiempo, pagaste mi noble gesto con calumnias y traición...”

Una primera conclusión es que en los actuales antros de ficheras, particularmente en el que visitamos, nada sobrevive del glamour del cabaret y la atmósfera bohemia de la que alguna vez gozaron. De ocupar las zonas de la ciudad más exclusivas y de mayor afluencia, en espacios decorados con lujo y discreción. Ahora, el oficio de fichar se desarrolla en establecimientos ubicados en la periferia de la Ciudad, en colonias marginadas, como es el caso de colonia Raúl Romero, en el Municipio Ciudad Nezahualcóyotl.

Por otra parte, la evidencia del tipo de necesidades sociales que son cubiertas en estos espacios –eminentemente afectivas–, da cuenta de una característica imperante en las sociedades modernas: la dificultad de sus miembros para establecer, de manera exitosa, relaciones interpersonales.

En una sociedad como la nuestra, cada vez más cambiante, acelerada y despersonalizada, el encuentro con el otro y, por extensión, el encuentro de uno mismo a través del otro no es tarea fácil. Resulta preocupante reconocer como

un grupo de la sociedad tiene que recurrir a este tipo de falacias para llenar aspectos trascendentales de su vida. El análisis exhaustivo de esta problemática y sus consecuencias pueden ser tema para futuras investigaciones.

Finalmente, esperamos que el análisis de este estudio de caso, ofrezca elementos que contribuyan a caracterizar la cultura de este tipo de espacios citadinos, y que los resultados de este trabajo puedan tomarse como punto de partida o referencia para quienes aborden temas relacionados con las nuevas formas de socialización sexual (como los citados table dance) u otro tipo de problemáticas sociales.

Referencias
Serna, Enrique (2003) “Giros negros: La deshumanización del antro”. Versión mimeográfica.

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González, Sergio (1989) “Los bajos fondos. El antro, la bohemia y el café”. México: Cal y Arena

-

Riveroll, Julieta (2004) “Fue en un cabaret...”. México: Diario Reforma (8/03/04)

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Icaza de, Valdemar (2005) “Fuego en la ciudad”. México: Diario el Universal (6/07/05)

Sitios de internet

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Los Cineastas [http://www.loscineastas.com/cine%20mexicano/Historia/22.htm] Consultado el 3/07/05

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El Poder de la Ética [http://www.elpoderdelaetica.com//valores/valor97.html] Consultado el 4/07/05

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Carrillo, Iván (2005) “Las teiboleras llegaron ya... y llegaron bailando za, za, za” [http://www.univision.com/content/content.jhtml?cid=465020] Consultado el 7/07/05