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A14 l País

—El Comercio
—domingo 31 de mayo del 2015

VIAJE AL CENTRO DE LA GUERRA

El fuego de la coca
¿Cómo funciona desde adentro la lucha contra el narcotráfico en el Vraem? El Comercio acompañó a los militares
y policías en los trabajos que realizan en la zona, mientras esperan los inicios de la erradicación de hoja de coca.

21 DE MAYO, 3:07 P.M. Los explosivos fueron colocados a tiempo en esta pista ubicada cerca de Llochegua y fue destruida. Inteligencia alertó sobre la presencia de narcos escondidos y armados en la zona.
RICARDO LEÓN
jleon@comercio.com.pe

DANTE PIAGGIO
FOTOS
Vraem. El Vraem es el territorio

de lo obvio. El camino a Palmapampa (La Mar, Ayacucho) está
adornado por cerros chatos pero gruesos, cubiertos por completo de hoja de coca. En la radio
del auto la emisora solo transmite –en quechua– anuncios
de venta de productos químicos para mejorar estos cultivos.
Al lado de la carretera, canchas
de fulbito han sido cubiertas por
hojas para secarlas al sol mientras llega el comprador. Esto no
solo lo ve el viajero común, sino
también el grupo de policías al
que dos reporteros de este Diario acompañó a una incursión
entre los cerros de la localidad
contigua de Santa Rosa, donde
se encontraron dos laboratorios de pasta básica de cocaína.
Cuando la policía los encuentra,
los hace explosionar. El eco diario de los estallidos es parte del
folclor local. También los gritos
de protesta.
Este trabajo no es fácil: hace unos años, en diciembre del
2005, cinco policías murieron a
balazos al ser emboscados cerca
de Palmapampa cuando trasladaban a un traficante detenido.
Las radios que venden fertilizantes en quechua emitían también pedidos para que la policía
abandone la zona.
El coronel PNP Jhonel Castillo, jefe del Grupo de Operaciones Antidrogas Tácticas en Jungla (Goatj), opina que la receta
para frenar el narcotráfico en
el Vraem, donde se producen
hasta 300 toneladas de cocaína
al año, es esta: quebrar la con-

versión de hoja de coca en droga. Pero en este momento de la
historia del narcotráfico, donde
en el Vraem ya no hay grandes
firmas sino grupos familiares
dedicados a la siembra y procesamiento –como cooperativas–,
ocurre un fenómeno invariable:
se destruye un laboratorio, aparecen dos.
Mientras en Lima se discute si el Perú va camino a ser un
narcoestado, en Palmapampa
se confirma lo que el periodista
Gustavo Gorriti llama una narcorregión. Aquí se nace, se crece
y se muere en medio de coca.

Para destruir una pista
(que exige helicópteros
y decenas de hombres)
el Estado gasta
unos S/.30 mil. Para
rehabilitarla, el narco
invierte solo S/.4 mil.
PISTA A LA VISTA

La agencia estatal de noticias
solo mencionó una parte de lo
que ocurrió el 7 de marzo de este año durante la visita del presidente a Llochegua, uno de los
puntos más convulsionados del
Vraem. Ollanta Humala inauguró los puentes Tinkuy y Mayapo y dio un breve discurso
[“Representa el esfuerzo del Estado …”]. Todo eso decía la nota
de prensa, que incluía una foto
de Humala con un sombrero de
plumas, otra con un megáfono,
otra cargando un bebe: la retórica perfecta.
Durante el vuelo de regreso
en helicóptero, el piloto guio la
nave por encima de una vasta
porción de selva en la que, entre
la maleza y el río, se podía ver
decenas de pistas de aterrizaje
que los narcotraficantes utili-

zan a diario para ‘exportar’ pasta básica y clorhidrato de cocaína a Bolivia, la primera de sus
escalas. El rostro del presidente
cambió de color. Cuando aterrizó, encaró al almirante Jorge Moscoso, jefe del Comando
Conjunto de las Fuerzas Armadas, y le ordenó que las destruyera inmediatamente. Se lo dijo apelando a la soberanía y a la
vergüenza. Se lo dijo, además,
con palabras bastante gruesas.
De eso no hay noticias, pero sí
testigos. Desde entones todos
los días se hace explosionar una
pista en el Vraem.
En caliente, uno diría que
este tráfico aéreo está sufriendo la arremetida de las fuerzas
del orden y que los traficantes
están retrocediendo. En el distrito de Pichari, en la selva de
Cusco, se ubica la sede central
del Comando Especial Vraem,
el centro logístico de esta confrontación. En uno de los jardines se han colocado las colas de
las avionetas que han sido capturadas o que se han accidentado en el apuro por aterrizar, recoger la droga y despegar en las
pistas clandestinas. Esta bizarra colección incluye también
hélices, rotores y hasta un par
de avionetas enteras. Ya podría
pensarse en museo.
Pero también hay que analizarlo en frío, y no precisamente
por el exagerado aire acondicionado del puesto de comando,
sino por los números. Un oficial
del Ejército que coordina las
operaciones de destrucción de
pistas calcula que en los últimos
meses han sido detectadas 190,
de las cuales hay en este momento unas cinco funcionando.
El Comercio acompañó a los
militares en los trabajos de destrucción de una pista ese mismo
día: debían restar entonces cuatro. Pero, responde el oficial, los

PRESIÓN. Las operaciones de interdicción que realiza con frecuencia la policía en el Vraem buscan ahogar la economía del narcotráfico. Eso hace larga y tediosa la guerra contra las drogas.

NEGOCIO OSCURO

AVIONETAS ‘EXPORTADORAS’

6.000

Bolivia, primera escala del largo
viaje de la cocaína peruana

DÓLARES

invierten los productores de pasta
básica de cocaína en un laboratorio clandestino con capacidad para
100 arrobas de coca (1.150 kg).

1.000
DÓLARES

se invierte aproximadamente en la
compra de insumos químicos (gasolina, ácido sulfúrico, cal) y el pago
a los trabajadores.

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CLANES FAMILIARES

dominanlaproduccióndedrogaenel
Vraem, según la investigación de la
periodistaRominaMella.Seconcentran en Llochegua y Palmapampa.

Todos los días, al menos una avioneta. Y todas las avionetas, una
misma procedencia: Bolivia. Según
la Policía Antidrogas, el 50% de la
droga que se produce en el país se
‘exporta’ en avionetas, y el 95%
de estas avionetas provienen de
ese país.
¿Por qué Bolivia? Básicamente, porque allá el control de la droga
no es tan constante. Pero, además, porque muchos de los insumos químicos para producir clorhidrato de cocaína están fiscalizados –y por lo tanto encarecidosen el Perú, en cambio en Bolivia
no. Ahora el Perú no solo envía por
avioneta cocaína pura, sino tam-

bién pasta básica que allá se termina de procesar. Los narcotraficantes bolivianos, además, evitan así
adulteraciones.
En el lado peruano, un kilo de
cocaína puede costar más de
US$1.000. Al llegar a Bolivia ya
cuesta US$3.000. Cuando llega a
Estados Unidos o Europa, el precio
se multiplica exponencialmente.
Todos en la cadena ganan.
Un reportaje del periodista colombiano Gerardo Reyes, publicado en el 2011, demostró que uno de
los hijos de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán, uno de los narcos más poderosos del mundo, se había establecido en Bolivia.

El Comercio —
domingo 31 de mayo del 2015 —

narcotraficantes las rehabilitan
en cuestión de días y eso distorsiona la estadística. Para destruir una pista (que exige dos o
tres helicópteros, combustible,
decenas de hombres, etc.) el Estado gasta unos S/.30 mil. Para
rehabilitarla, el narco invierte
solo S/.4 mil.
En el Vraem rige una ley
transversal y perversa: “El que
se cansa pierde”. Y hasta ahora
nunca se ha visto a un narcotraficante cansado.
POR LA COCA MUERE

En los últimos años, en el Vraem
han cambiado las estrategias
antidrogas, los modos de producción, las rutas del traslado,
las áreas de cultivo. Han cambiado también algunos puntos
de vista. Julián Pérez es el actual presidente de la Asociación
de Productores de Hoja de Coca
del Vraem. Si el discurso de los
antiguos dirigentes cocaleros se
acercaba a la consigna de “coca
o muerte”, la de Pérez es menos
idílica: “Reconocemos que el
problema se nos fue de las ma-

MANTO VERDE

¿Es viable la
erradicación?
PREPARATIVOS

Se espera la llegada del
proyecto Corah al Vraem para
el mes de agosto. Por ahora se
construye el campamento de los
erradicadores. Aún no se sabe
dónde comenzarán los trabajos
de erradicación.

HOJA POR HOJA

Romel Peña, alcalde del distrito de
San Francisco, reconoce que por
más presencia que el Estado quiera imponer en el Vraem, los cultivos
de hoja de coca no solo no se han
reducido, sino que se habrían incrementado.

SIN CONVERSIÓN

La roya, que afecta al café, ha
motivado a los pocos agricultores
que habían optado por dejar la
hoja de coca a volver a sembrarla.
El bloque cocalero será un duro
escollo para los trabajos de
erradicación.

IDA Y VUELTA. No todo se hace por aire. Todos los días circulan vehículos que, como hormigas con doble tracción, transportan droga.

nos. No vamos a ocultar que
una gran parte de nuestra cosecha va al narcotráfico. Pero ningún otro cultivo nos es
rentable”.
Él recibió algunas pifias
de los viejos agricultores
cuando, en el último congreso cocalero, propuso que cada uno de ellos redujera, de
modo propio, la extensión de
sus cocales. La idea visible de
Pérez es demostrar al Estado
una cierta voluntad de conversión. La idea no visible es
evitar la inminente llegada
del Proyecto Especial Corah
al valle.
El proyecto Corah implica la erradicación sistemática de cultivos ilegales de hoja
de coca, esa otra nueva receta
con la que se intenta frenar el
narcotráfico en el Vraem. La
lógica mal estructurada del
gobierno es: si no funciona la
destrucción de pistas y si no
funciona la interdicción de laboratorios de droga, entonces
funcionará la erradicación.
Pero si en algo coinciden militares, policías y cocaleros es
en que, a estas alturas, es una
idea contranatura.
En este momento obreros
construyen lo que será el campamento del Corah en Pichari; se ubica justo entre la base
policial y la base militar, para evitar posibles atentados.
Al mismo tiempo, a tres cuadras, se remodela la Plaza de
Armas del distrito. Cambiarán las bancas y el piso, pero
mantendrán el monumento
principal: dos hileras de hojas de coca de mayólica verde
con inscripciones en idiomas
locales. Una de ellas dice:
“Ojencare coca tinaire perane kamaichire pesate”, que en
asháninka significa: “Jamancia verdecina, el despertar de
los seres inertes”. El Vraem es
el territorio de lo obvio.

País l A15

A PEDIR DE COCA. Los cultivos parecen incrementarse. El narcotráfico rige la vida económica del Vraem.

En el Vraem se produce
casi el 60% de la droga
El apogeo del cultivo
de hoja de coca en el Perú fue
en 1992. Según referencias del
analista Rubén Vargas, en el Perú hubo ese año 200 mil hectáreas sembradas en 14 regiones
del país. El negocio de la droga
lo manejaban básicamente traficantes colombianos.
En este momento, solo en el
Vraem hay unas 20 mil hectáreas sembradas, con tres o cuatro cosechas al año. Aquí se produce casi el 60% de la droga que
luego viaja hasta otros destinos.
También son focos de la siembra
de hoja de coca y de la producción de drogas el Alto Huallaga
(Huánuco, San Martín y Ucayali), la localidad fronteriza de Caballococha (Loreto) y la selva de
Puno, entre otros.
Aunque no hay cálculos oficiales –depende de la calidad

LA FRASE
JULIÁN PÉREZ
Asociación de Productores de Hoja
de Coca del Vraem

“Reconocemos que
el problema se nos
fue de las manos. [...]
Una gran parte de
nuestra cosecha va
al narcotráfico. Pero
ningún otro cultivo
nos es rentable”.
de la hoja y de los insumos–, se
estima que para un kilo de clorhidrato de cocaína se utilizan
entre 250 y 300 kilos de hoja de
coca. En el Vraem se producen
alrededor de 300 toneladas de
droga al año.
En los últimos años, el Esta-

do Peruano ha invertido alrededor de S/.6.500 millones en
programas sociales, planes de
transporte, educación y vivienda en el Vraem, pero los resultados no son satisfactorios: sigue
siendo el mayor emporio mundial de la droga.