You are on page 1of 4

Reporte de la jornada acerca de la migraciòn 21 de mayo de 2001

LUNES Ť 21 Ť MAYO Ť 2001

Emigración alarmante en 34 de sus 57 municipios

Zacatecas se despuebla
ALFREDO VALADEZ RODRIGUEZ CORRESPONSAL

Zacatecas, Zac., 8 de mayo. Con origen en la "cultura migratoria bracera", que según
investigadores universitarios es casi ya centenaria, aunada a una política gubernamental
errática en materia económica, agropecuaria y educativa, cientos de comunidades
rurales de Zacatecas padecen un severo despoblamiento que las mantiene al borde de la
desaparición demográfica.

La emigración ha obligado a las autoridades educativas del estado a cerrar escuelas


primarias y secundarias en varias comunidades rurales. Apolonio Castillo Ferreira,
secretario de Educación local, informa a La Jornada que en los municipios Jalpa,
Tlaltenango, Monte Escobedo y Valparaíso es donde más colegios se han cerrado o se
ha reducido el número de maestros, porque la deserción escolar ha alcanzado índices
dramáticos.

Según el Censo de Población y de Vivienda realizado en 2000 por el Instituto Nacional


de Estadística, Geografía e Informática
(INEGI), Zacatecas es el principal
expulsor de migrantes fuera del país,
con índices de 5 por ciento anual de su
población contra 1.7 por ciento del
promedio nacional. La dependencia
federal contabilizó en la entidad 4 mil
700 comunidades dispersas con menos
de 500 habitantes.

Para Carlos Lozano de la Torre,


secretario de Desarrollo Económico del
estado, la migración histórica puede
"medirse" con un dato duro: si en Zacatecas se hubieran creado las condiciones para la
generación de empleos y la inversión productiva que durante décadas apoyó el gobierno
federal en la región del Bajío, la entidad tendría ahora 4.5 millones de habitantes y no el
millón 350 mil actuales.

Rodolfo García Zamora y Miguel Moctezuma Longoria, investigadores de la


Universidad Autónoma de Zacatecas, informaron que 34 de los 57 municipios del
estado, incluida la capital, sufren desde hace una década, según ese centro de estudios,
de un constante despoblamiento "que los mantiene con una demografía deficitaria, sólo
similar a la que ocurre en países desarrollados de Europa, pero con la diferencia de que
en Zacatecas existe una economía de quinta".
Reporte de la jornada acerca de la migraciòn 21 de mayo de 2001

De acuerdo con los especialistas en economía y migración, de 1990 a 2000, 300 mil
zacatecanos emigraron a Estados Unidos. Se estima que en el vecino país viven un
millón 200 mil zacatecanos, concentrados principalmente en Illinois, California, Texas,
Nuevo México, Arizona, Colorado y Carolina del Sur.

Pero el principal problema, coinciden investigadores y académicos, es el cambio radical


que ha experimentado la cultura migratoria. Mientras hace algunos años se iban
principalmente hombres a Estados Unidos, y de manera temporal, actualmente lo hacen
mujeres. Incluso se están yendo familias enteras que, además, ya no regresan.

Valparaíso y sus desolados pueblos

Al pie de la sierra de Zacatecas, ya entrada la primavera, todavía hace un frío


congelador al amanecer. La cabecera municipal de Valparaíso, ubicada 170 kilómetros
al sureste de la capital del estado, se quedó atrás, y la carretera pavimentada terminó en
la otrora afamada hacienda ganadera de San Mateo, donde fueron criados los primeros
toros de lidia del país, con animales traídos de Miura, España.

Ahí, barriendo una terregosa calle ?el polvoso frente de su casa?, se esmeraba afanosa a
sus 92 años de edad la señora María de la Luz Rojas Arias. Su marido Jesús Blanco
Soto, comentó orgullosa, anduvo en la Guerra Cristera; murió hace 15 años, desde
entonces vive sola.

Sus siete hijos y 24 nietos viven en Chicago. Todos se fueron en los 70 y 80. Desde
hace cuatro años ya no vienen a México, ni siquiera en diciembre, fecha común para el
retorno de los paisanos en esta región. "Ahí están sus casas solas", señala. Sobrevive
con los dólares que le mandan, "unos poquitos", dice, que le han permitido mantenerse
sin hambre.

Cuarenta minutos al noreste de San


Mateo, por un camino de terracería,
(como son los caminos de esta región),
se encuentra otra comunidad que se está
quedando sin habitantes: La Calera,
donde la primera construcción de adobe
en el lugar es el salón ejidal General
Francisco Villa, que sólo opera para las
reuniones del PRI. Aquí, Leopoldo Piña
Rodríguez, de 47 años, atribuyó la
acelerada migración de los últimos
meses a la falta de trabajo en la región.

Refiere que como indocumentado, dos veces ha pasado en la cajuela de un carro, y otra
más cruzando por el río Bravo a Laredo, Texas. "Allí pasamos 17 personas de noche, en
una lancha que inflamos nosotros, a puro pulmón". Con lo ganado por trabajar en
Estados Unidos logró comprar una camioneta y ahora mantiene a su esposa y tres hijos
menores de 15 años. Su preocupación es que sus hijos Alejandro, Rodolfo y Alfredo
Piña, de 14, 8 y 5 años, respectivamente, se sumen en el mediano plazo al imparable
flujo migratorio.
Reporte de la jornada acerca de la migraciòn 21 de mayo de 2001

Similar es el caso de Federico Vázquez, de 38 años. Con 15 años de ser un migrante


indocumentado, quien confía en que este 2001 sea el último año que viaje a trabajar en
Estados Unidos, debido ?presume? a lo que ha logrado allá: ha adquirido 200 hectáreas
de agostadero para comprar ganado y criarlo. Todo, fruto de su trabajo y esfuerzo en
restaurantes de la ciudad de Chicago.

Pero ese esfuerzo ha tenido un propósito para Federico Vázquez: que sus cuatro hijos
"nunca se vayan a ir de mojados, es muy peligroso"; y narra experiencias vividas de las
que "de milagro he salido vivo".

Caminando con dificultad por un camino de la comunidad, avanza con su bastón Doña
Antonia Romero, de 84 años. En el vecino país viven sus dos únicos hijos, Pedro y
Rosalina, radicados en Carolina del Sur. "Mis hijos me neceaban que me fuera para allá.
Tengo muchas ganas de verlos, tienen seis años sin venir, sólo me mandan cartas. Dicen
que tienen muchas ganas de venir, pero que está difícil".

Su hijo Pedro se fue pequeño, en 1957, por la sequía de ese año. Rosalina se fue
después y allá procreó tres hijos. Los ojos se le ponen llorosos cuando se le pregunta
qué piensa de que su comunidad se esté quedando sin habitantes. No responde y mejor
aprovecha para quejarse por el alto costo que paga al camión rural una vez a la semana,
que es cuando hay servicio, par ir a la cabecera municipal de Valparaíso: 88 pesos.

Cincuenta kilómetros al suroeste de La Calera, se ubica otra comunidad fantasma: Peña


Blanca. Allí el señor Miguel Acevedo Bueno, ex ganadero, vive con su hermana Olga.
Sus seis hijos viven en Estados Unidos. El nunca se fue de migrante, la poliomelitis que
padeció en la infancia dejó secuelas en su cuerpo que en el vecino país le hubieran
impedido conseguir un trabajo. De 120 reses que tuvo en su hato, ahora sólo conserva
seis vacas. El precio del ganado anda como hace 10 años, se lamentó. Una vaca se la
compran los intermediarios de ganado a ocho pesos el kilo; los becerros, "que son los
buenos para vender" andan a 17 pesos.

"Todo subió, pero lo del campo se quedó ahí. Cómo es posible que para comprar una
Coca-Cola necesite vender dos kilos de maíz, el maíz anda a 1.80 pesos el kilo, un
refresco a 3.50 pesos". Por eso, dijo, hay muchos migrantes, con visa y sin ella, porque
del campo uno ya no se mantiene. "Ayer se fue mi sobrino Marcelo Simental, de 15
años, de mojado. En cuanto llegan a los 15 años se van. Ahí está el caso de la Florida
(otra comunidad), donde también ya está sola. De la sierra bajan y se van muchos".

En una región donde la distancia entre dos comunidades se mide en minutos u horas de
camino, según se viaje en camioneta, camión o a caballo, una constante que se observa
es desolación y una que otra liebre o correcaminos.

"Ya no pego en otra tierra"

Así está la terracería que conduce a La Florida, donde los pocos campesinos que
quedan, aunque tienen pozo de riego, ya no labran la tierra, porque el campo se ha
vuelto incosteable, comentó Manuel Bañuelos Vargas, abogado universitario oriundo de
la región.
Reporte de la jornada acerca de la migraciòn 21 de mayo de 2001

"Un niño ya crece con la mentalidad de


irse en cuanto tenga 15 años y nada lo
va a detener, porque la migración se
ha convertido en una cultura. Pero
además los costos de la producción
agrícola han encarecido severamente y
la actividad ya no es rentable. Aunque
tengan pozo de riego, ya no lo utilizan
por el alto precio de la electricidad".

Al abandonar La Florida, por un


pedregoso camino, arreando cinco vacas
caminaba Gavina Soto García, de 62
años. Apenada por platicar "con un extraño" (el reportero), la mujer narró que los cuatro
hijos que procreó radican en Estados Unidos.

Cada año, dijo, va a verlos un par de meses y se regresa. Sobre la actividad que le
ocupaba ?llevar a tomar agua a sus vacas en una noria ubicada a cuatro kilómetros?,
relató que este trabajo "me ayuda para no tullirme". Pero no tiene más ganado porque
dice, ya no hay dónde mantener a los animales, "ya no nos quiere llover".

"Mis hijos me dicen que a qué me vengo a México, que me quede con ellos, pero les
digo que yo soy de aquí, aquí nací y aquí nacieron mis padres, tengo querencia y ya no
pego en otra tierra". La Florida se está quedando sin habitantes, reconoce, pero acota
sobre sus hijos: "Allá se vive mejor, al menos uno tiene qué comer".

A treinta minutos más de sinuoso camino, se llega a El Romerillo, una comunidad


peculiar, donde casi 70 por ciento de sus habitantes han emigrado. Hace 20 años vivían
allí 52 familias, hoy quedan 23 que literalmente se están desintegrando. Toda familia
tiene un pariente en "el otro lado".

Sólo los ancianos están quedando. Es el caso del matrimonio de Amelia Vargas
Gallegos y Francisco Bañuelos, quienes procrearon nueve hijos, de los cuales ocho
trabajan en Chicago y uno, en la cabecera municipal de Valparaíso.

Tiempo falta para recorrer más comunidades fantasma de Valparaíso, tres días de
pesado recorrido son suficientes. Quedan casos extremos por explorar, como la visita a
la comunidad de El Mezquitalillo, "donde sólo queda un habitante de alrededor de 80
personas que vivían en ese lugar", aseguró Delfino Blanco Pasillas, investigador del
fenómeno migratorio en ese municipio.