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Act.2

«¡M

iyuki-san, eres muy buena!» exclamó la profesora mientras se
acercaba. Las otras compañeras siguieron su ejemplo «Eres
una profesional» golpeó sus manos mirando los saquitos rellenos de chocolate recién horneados.
«Gracias, Anamura-san» hice una pequeña inclinación con la cabeza
y cuando la alcé la enseñante ya le había hincado el diente a uno de mis
dulces.
«¡Está exquisito!» comentó entusiasta haciendo que me sonroja.
«Es muy amable»
«Bien, ¿te apetecería ayudar también a las otras?» me propuso.
«De acuerdo…» acepté, sintiéndome aún más incómoda.
«Entonces, puedes comenzar con ellas» me señaló a un grupito de cinco muchachas a las que conocía bien. Una gota de sudor frío se deslizó por
mi frente e instintivamente me giré hacia Yukino que no pudo hacer otra
cosa sino encogerse de hombros con una mueca: todavía estaba entretenida con la base del dulce, no podía venir en mi ayuda.
«Ok, adelante» me di valor acercándome al grupo.
«No estás obligada» dijo de repente la que la semana pasada me había
puesto la zancadilla durante el partido, pero la ignoré.
«Debéis abrir los huevos así» les mostré separando con delicadeza la
yema de la clara «Después los montamos a punto de nieve»
«Vaya, ¿cómo haces para ser tan rápida y precisa?» se asombró la chica
más alta.
«Sólo es cuestión de práctica»
«Parece que te diviertes» dijo otra.
«Así es» le di dos huevos «Prueba tú también»
«Soy muy torpe, Ikeda-san» resopló.
«Intenta imaginar que es un juego. De esa manera será más fácil dividir
las dos partes» le guiñé un ojo.
Todas se pusieron rápidamente manos a la obra. No había sido una
mala idea ayudarlas, probablemente se necesitaría todavía un poco más
de tiempo, pero ya habían comenzado a mirarme de diferente manera.
Mientras me alejaba de ellas satisfecha, mi atención fue capturada por
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otro grupito que parecía contento, mientras la muchacha en su centro
estaba decorando una tarta con nata montada.
«Asakawa-san, tiene un aspecto apetitoso» dije intentando llamar su
atención.
«Nuestra delegada es muy buena en todo» se anticipó a hablar una de
las compañeras que la rodeaban «Tú que eres una experta en dulces, ¿podrías confirmarlo?» me hizo señas para que me acercara.
«Veamos…» busqué la mirada de Asakawa «¿Puedo probar este trozo
que has separado?»
«Adelante» se separó hacia un lado dando un paso.
Me llevé el bizcocho a la boca. Estaba emborrachado con licor dulce y
el chocolate estaba bien amalgamado.
«Está delicioso» confirmé dándome la vuelta una vez más hacia ella
que, como de costumbre, se había quedado rígida e impasible ante mi
comentario «¿Qué has usado para emborrachar el biscocho?»
«Licor de cereza» respondió señalándome la botella.
«Lo produce su familia, ¿sabes?» intervino otra chica.
«¿De verdad?» me sorprendí «Pensaba que tu padre dirigía una empresa de software»
«Estás bien informada» dijo Asakawa dejando caer la espátula sobre
la repisa «La destilación es una pasión de mi abuelo materno» me miró
fríamente.
«Entiendo» sentí de nuevo un extraño escalofrío recorrerme. Aquella
chica era un misterio para mí, siempre tan seca e impecable. Después de
una semana que pasamos juntas aún no la había visto sonreír ni una sola
vez.
«Tus padres, en cambio, tienen una pastelería, ¿verdad Ikeda-san?» me
preguntó la compañera de poco antes.
«Sí, hemos abierto una pastelería en Shibuya»
«¿En Shibuya?» exclamó otra que hasta aquel momento se había mantenido apartada «¿Y cómo se llama?»
«La hemos llamado Paradiso»
«¿Pa-ra-di-so…?»
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«Exacto» reí por su reacción. Asakawa, por el contrario, me miró de
modo extraño, como si no hubiese comprendido lo que acaba de decir.
«Es una palabra italiana» le expliqué.
«Lo sé» respondió volviendo a mirarme como siempre.
No había nada que hacer, no lograba comprender qué podía pasarle
por la cabeza, pero después de todo no estaba obligada a mantener con
ella una amistad a toda costa.
***
«Hola chicas, ¿puedo comer con vosotras?»
«¡Lo siento, pero eres una pesadilla!» exclamó Yukino mirando de soslayo al recién llegado.
«¡Venga, no digas eso Yukino-chan!» rió el muchacho.
«No me llames Yukino-chan, le tengo apego a la vida y no quiero que
aquellas gansas de tus admiradoras vengan a cortarme la garganta» con
gestos imitó una hoja cortando su cuello.
«No te hacía tan miedosa» la picó él.
«Hey, vosotros dos… ¡basta ya!» los detuve «Quiero tomarme en paz
mi almuerzo, si no os molesta»
«Ok, tienes razón. Escucha, me han dicho que cocinas como una diosa
y que también tienes una pastelería… en Paradiso, ¿es verdad?» preguntó
Yamato con una de sus irresistibles sonrisas, dejándome pasmada.
«Me huelo problemas…» dije despacio, dejando el refresco sobre la
mesa, mirándolo con desafío «¿Qué quieres ahora? Ya te he dicho que no
entraré en el equipo de baloncesto, no insistas. El baloncesto no es lo mío»
concluí decidida.
«Cierto, pero… bueno… a finales de mes es el partido para ascender y
pensábamos que quizás podrías echarnos una mano»
«¿Cómo os echaría una mano si no está inscrita?» preguntó con curiosidad Yukino.
«Os lo explico mejor. Hay un nuevo reglamento que permite a algunas
estudiantes participar esporádicamente en las diferentes competiciones,
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aunque no estén inscritas en el club. Es exactamente nuestro caso, ¿no es
verdad, Miyuki-chan?»
«¿Se puede saber qué letra, la N o la O no te quedó clara?» me puse
nerviosa.
«Solo es una vez de vez en cuando, ¿qué te cuesta?»
«¿Quizás sea que no le apetece?» intervino Yukino sorbiendo ruidosamente de su cañita.
«¡Pero es por nuestra escuela! O, ¿no llevas en tu corazón a nuestro
instituto?»
«Acabo de llegar Yamato-kun y…»
«Llámame Ryo, te lo ruego» me interrumpió dándome otra sonrisa
rompecorazones.
«Es inútil Miyuki-chan, es testarudo, no lo dejará nunca» dijo Yukino,
perdiendo la paciencia y poniéndose de pie.
«No te vayas, por favor» la llamé.
«Perdóname, pero no lo soporto más» se despidió con la mano después
de haber tirado los restos de su almuerzo en la papelera y haber mirado de
forma atravesada al capitán del equipo de baloncesto masculino.
«Entonces, ¿cómo puedo convencerte ahora que nos hemos quedado
solos?» se acercó Yamato deslizando su brazo alrededor de mis hombros.
«¡Está bien!» me levanté de golpe presa del pánico.
«¡Viva!» gritó exaltado, levantando los brazos al cielo como un estúpido.
«Entonces te espero en una hora en el gimnasio»
«Pero… ¿qué pinto tengo que hacer en el gimnasio si el partido es a
final de mes?»
«Solo para un amistoso con tus compañeras, debo presentarte al entrenador y a la futura capitana» me guiñó un ojo «¡Ah, no te olvides, no me
hagas quedar mal, eh!» me recomendó antes de marcharse todo contento.
«Joder, me la ha colado» resoplé cruzando los brazos.
«Yamato es realmente simpático, guapo y de buen corazón, ¿no crees?»
Me giré hacia una de sus fans a quien había ayudado en clase de economía
doméstica esa mañana y que, si no recordaba mal, se llamaba Shizuru
Anamura.
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«Bah, sí… parece ser que sí» respondí poniéndome a la defensiva: realmente no me había olvidado del trato que me había dado la semana
pasada junto con sus amiguitas.
«Tranquila, ya no nos caes mal » me miró dándome una sonrisa «Eres
una bella persona Miyuki-san y… nos has convencido»
«¿Os… he convencidas? ¿En qué sentido, perdón?» balbuceé perpleja.
«De que serías perfecta para Yamato, más que aquel pedazo de hielo de
Asakawa» dijo apretándome las manos y mirándome con una expresión
inesperadamente feliz.
“¡Oh, Dios mío!” pensé intentando mantenerme en calma.
«Ehm… Anamura-san… Estás corriendo demasiado. A mí no me gusta Yamato en ese sentido, ¿ok?»
«Bueno, con el tiempo os enamorareis y nosotras… apostaremos por
ti» dio un pequeño saltito en el sitio.
No tuve el valor para rebatir.
***
“En esta escuela están todos locos” refunfuñé arrastrándome fatigosamente hasta el gimnasio. Yamato me estaba esperando en la puerta.
«¡Aquí estás, por fin! ¡Llegas tarde, rápido!» me agarró por un brazo
conduciéndome a los vestuarios.
«¡Hey, qué modales!» me quejé.
«Sobre el banco cerca del baño hay un recambio para ti, te esperamos,
¡date prisa!» dijo empujándome hacia dentro y cerrando la puerta.
Me puse los pantalones cortos y la camiseta, el uniforme era rojo escarlata. Me cambié los zapatos, después salí y me uní a las otras que ya estaban en la pista entrenándose.
«¡Aquí está, míster! Es ella» Yamato me señaló al entrenador «Miyuki
Ikeda de la clase de segundo A» sonrió en mi dirección.
«Un placer, míster» dije haciendo una inclinación hacia el hombre.
«Shingo Makimura. El placer es mío» me echó una mirada de la cabeza
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a los pies. «Siento curiosidad si Ryo se ha enamorado de ti como atleta o
solo porque eres una chica bonita» rió haciendo que me pusiera roja.
«¡Míster, ponla a jugar!» le dirigió una sonrisa de desafío Yamato.
Estaba tan concentrada en mirar a aquellos dos que no le presté atención a ninguna de las figuras que se habían puesto a mi lado, hasta que
percibí un fuerte aroma especiado envolverme. Me giré hacia la nueva
presencia y me quedé con la boca abierta: si Rei Asakawa me había dejado
sin palabras por su increíble belleza de muñeca de porcelana, la reacción
al ver a Misato Fujiwara no fue menor.
«Al fin te conocemos, Ikeda-san. Todo el instituto habla de ti» me sonrió dulcemente «Soy Misato Fujiwara, la capitana del equipo»
«Encantada de conocerte, Fujiwara-san» dije embelesada mirándola.
Por un segundo me pregunté cómo una muchacha así podía jugar al baloncesto. Yo la habría encontrado perfecta como maestra en la ceremonia
del té: con melena oscura y lisa, los ojos de color almendra, los labios
rojos como fresas y sus modos refinados. No tenía para nada pinta de una
deportista… pero obviamente me equivocaba.
«Jugad como si estuviérais en la final del campeonato. Hoy se eligen las
titulares y las reservas» exclamó Makimura silbando el inicio del partido.
La pelota voló por el aire, lanzada por Yamato que en esa ocasión tendría el papel de árbitro, y yo salté lo más alto que podia para coger rápidamente ventaja. Sin embargo, delante de mí tenía a la fascinante Fujiwara
que, con un veloz y elegante movimiento, me robó la pelota de las manos
y la lanzó a sus compañeras, listas para recibirla.
“La he subestimado” aterricé malamente perdiendo el equilibrio.
Tuve apenas tiempo de ponerme de pie para ver a la capitana anotar el
primer punto de dos. Retrocediendo hasta mitad de campo se colocó a mi
espalda.
«Te marcaré yo» dijo en un susurro entre mis cabellos. Me di la vuelta
hacia ella y sobre su rostro se formó una extraña sonrisa «Quizás Ryo ha
exagerado al alabarte tanto»
Me tensé. En ese momento no logré comprender si estaba buscando
ponerme nerviosa para distraerme del juego y evaluar mis capacidades
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bajo presión o si, al contrario, solo lo hacía porque también ella sentía
debilidad por Yamato.
«¡Ikeda-san!» me llamó una compañera lanzándome la pelota. La bloqueé al vuelo, pero, cuando me giré para atacar, Fujiwara extendió los
brazos impidiéndome todo movimiento. Era diez centímetros más alta
que yo, veloz y segura de sí misma. Su mirada no dejaba entrever la más
mínima vacilación.
No hay posibilidad de desmarcarse. Tuve que volver a pasar la pelota a
la alero que había corrido en mi ayuda.
“¡Esto no va bien!” me enjugué la frente empapada de sudor con la
muñeca. Nunca me había sentido tan mal jugando un partido de baloncesto, ni cuando me había enfrentado a chicos mucho más grandes que yo.
Sentía mis piernas pesadas y el estómago revuelto.
«Eh, escolta, ¿qué estás haciendo?» me llamó la atención la base de mi
equipo «¡Muévete!» dijo enfadada.
No podía perjudicarlas. Yo solo estaba por pasatiempo y porque Yamato me había obligado, pero ellas se estaban jugando el puesto en el primer
equipo.
«Ok, voy» le lancé una mirada señalando el fondo de la cancha, ella
comprendió al instante y en un momento me siguió a lo largo de la línea
haciéndome un pase perfecto. Esta vez agarré la pelota y me dirigí hacia
la canasta, pero una vez más, en el momento del tercer tiempo, la figura
de Fujiwara se paró ante mí bloqueándome como un muro. En aquel instante, encontré una solución relámpago: ya que no podría escapar a la
defensa de la capitana y perdería la ocasión de anotar, hice rodar la pelota
tras mi espalda y se la pasé a la base que había seguido mis movimientos.
Fujiwara arrugó los ojos mientras el movimiento se llevaba a término.
«Pero, ¿cómo…?» farfulló.
«Puedes impedir que yo anote, pero en la cancha somos cinco» le guiñé
un ojo.
«Bien, me estás desafiando» me miró divertida «Me empeñaré al
máximo contigo»
«Me empeñaré yo también» repliqué volviendo a mi puesto.
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Fujiwara no me quitó los ojos de encima, pero, como experta jugadora
que era, comprendió que marcarme fijamente no era la solución correcta
y volvió a cubrir su zona, dejándome finalmente un poco de libertad para
moverme.
«Toma la iniciativa Ikeda-san, si después te encuentras en dificultad,
hacemos como antes» me animó la base de mi equipo.
No me lo hice repetir dos veces, comencé a jugar sin pensar demasiado en las responsabilidades y ya no me dejé distraer por la destreza de
Fujiwara que, veloz y precisa, coleccionaba canastas.
«Es increíble» solté viéndola aterrizar con elegancia después de encestar un triple.
«Ya, la capitana ha sido rebautizada por nuestras adversarias como la
pantera de Iroku» me dijo la muchacha que jugaba como pívot.
«Mote acertadísimo, me parece» me tomé un respiro preparada para
atacar de nuevo. Estábamos perdiendo por 21 a 12. «¡Venga, vamos, ánimo!» exclamé yendo a contraatacar y al límite del área, viendo a todas
mis compañeras marcadas, probé yo también un tiro de tres antes de tener
de nuevo a la capitana pegada a mí.
La pelota se deslizó dentro de la canasta como si estuviese empapada
en aceite. Fujiwara me miró de nuevo con la misma expresión de antes:
parecía sorprendida y divertida al mismo tiempo.
En pocos minutos, le dimos vuelta a la situación cogiendo ventaja. Finalmente, había encontrado la justa armonía con las nuevas compañeras.
Faltaba muy poco para el final y el enfrentamiento se hizo más vivo.
Fujiwara metió tres canastas de tres puntos, interceptó un pase nuestro y
pasó la pelota a su central que intentó concluir la jugada encestando. En
un primer movimiento logré bloquearla, pero un momento después me
distraje por alguien que había subido a las gradas.
“¡Asakawa!” la miré perdiendo la concentración. La pívot del equipo
de Fujiwara logró su objetivo. Me giré aún más hacia mi compañera de
clase que pareció haberse dado cuenta de que me había distraído. “Joder,
están de nuevo un punto por arriba” apreté los dientes corriendo con la
pelota en las manos hacia la canasta contraria.
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No quería perder. Normalmente no era tan competitiva, pero Fujiwara
había reavivado en mi interior la competición y llegada a ese punto no
quería aflojar. Me propuse no girarme más hacia la gradería, pasé la pelota a una compañera, liberándome hacia la izquierda y cuando ella me la
devolvió entré en el área de tres segundos y salté.
«¡Está hecho!» exclamé encontrando la canasta libre. Enfoqué y lancé.
Unos instantes y anotaríamos la ventaja sobre el primer equipo, después
solo tendríamos que concentrarnos en defender. Quedaban solo unos
pocos segundos y mientras volvía a caer al suelo, permanecí con la mirada fija en la canasta, a la espera de oír el sonido de la pelota entrando
en la red. Sin embargo, improvisamente, sucedió algo increíble: ¡la pelota
desapareció ante mis ojos!
Fujiwara me había sorprendido saltando a contra tiempo, bloqueando
mi canasta segura. Pivoté sobre el pie derecho e intenté un movimiento
extremo para recuperar la pelota, pero fue inútil.
«Has cantado victoria muy rápido» me dijo la capitana moviéndose de
una manera tan fluida y grácil que recordaba a un felino. Me quedé con la
boca abierta mientras el partido concluía con su última canasta triple.
Por instinto, me giré de nuevo hacia las gradas donde había visto a
Asakawa, pero ya no estaba ahí. Desilusionada, caí al suelo hasta que la
voz de Yamato me llamó.
«Miyuki-chan, has estado excepcional, levanta que tengo una buena
botella de agua para ti» dijo tirándome un toalla.
«No deberías estar contento… hemos perdido» repliqué aún echada
con los brazos abiertos.
«Eso, Ryo, no le des demasiado bombo o se le subirá a la cabeza» escuché decir.
«Fujiwara-san» me quité la toalla de los ojos y ella me sonrió.
«Bien, me quito del medio» susurró Yamato, lanzándole a ella la botella
de agua destinada a mí.
«Eh, ¿a dónde vas?» me enderecé.
«Como ves tengo que arbitrar otro partido» me guiñó un ojo «Estás en
buenas manos» corrió hacia la cancha.
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«Somos veinte chicas, quizás en este partido estarán las candidatas
para el equipo oficial» dijo la veterana haciéndome señas para que la siguiera. Me levanté con cansancio, estaba incrédula: ¿cómo es posible que
no estuviera hecha pedazos después de haber jugado de aquel modo?
«Di, Fujiwara-san, ¿eres por casualidad un extraterrestre?» pregunté
tomando de sus manos el agua, bebiéndome la mitad de un tirón.
«¿Un extraterrestre?» abrió los ojos como platos la chica antes de echarse a reñir a carcajadas «Eres realmente muy divertida, Ikeda-san»
«Soy realista. Venga, ¿cómo haces para estar tan tranquila y reposada
después de un partido como ese? Yo estoy rota»
«Solo es cuestión de entrenamiento» dijo sentándose en las gradas,
frente a la cancha, exactamente donde poco antes había visto a Asakawa
«¿Por qué en vez de venir a jugar esporádicamente no te apuntas a nuestro
club?» me miró a los ojos.
«Como le he explicado a Yamato, el baloncesto no es mi deporte» desvié mis ojos de los suyos.
«No quiero obligarte, pero… es una pena» suspiró «Con una como tú
a mi lado podríamos hacer grandes cosas»
«Perdóname por lo de antes… he sido presuntuosa» dije con la cabeza
gacha sintiéndome una estúpida por cómo me había comportado.
«¿De qué te tendrías que disculpar? ¡Te he provocado!» se giró hacia
mí intentando captar mi atención «Ryo me había hablado tanto de ti que
quería ver cómo te comportabas bajo presión» concluyó rozándome un
hombro con la mano. Ante ese contacto me sobresalté.
«Ya… yo… de hecho así lo entendí» me sonrojé sintiendo cómo se
acercaba.
«¿Me estás diciendo que soy previsible?» preguntó rozándome los cabellos con la mano « Ahora sí que podría ofenderme» rió.
Sentí mi rostro ponerse rojo como un tomate: Fujiwara era una mezcla
entre Catwoman y una actriz de Takarazuka. Sexy, fascinante y al mismo
tiempo delicada y etérea.
«Entonces, ¿podemos contar contigo?» deslizo entre sus dedos mis cabellos.
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«Sí… intentaré hacer lo posible» me crucé con sus ojos, y sentí que mis
mejillas se incendiaban.
«Muy bien, gracias… Miyuki» sonrió amablemente.
***
Una vez de vuelta a clase para la limpieza vespertina, Yukino me contó
todo sobre ella.
«Fujiwara es otra celebridad del instituto. Debe vaciar su taquilla cada
mañana porque siempre está a reventar de cartas de amor de sus admiradores y admiradoras» se acercó a mi oído «Además se rumorea que una
de las profesoras tiene cierta debilidad por ella» susurró.
«¿De verdad?» abrió los ojos desorbitadamente «¿Quieres decir que
tiene más admiradores que Asakawa?» pregunté sin pensar.
«La delegada también tiene muchos, pero… desde que comenzó a correr la voz sobre ella y Yamato su popularidad se estancó» se encogió de
hombros. «De todas maneras se trata de la capitana del equipo de baloncesto, creo que es normal. ¿Sabes que la llaman la pantera negra de
Iroku?»
«Me he enterado» crucé los brazos «Realmente es muy buena y fascinante. Su estilo no tiene nada que envidiar a un profesional» comenté.
«Wow, ¿la capitana ha encontrado sitio en tu corazón?» rió Yukino,
apoyando un dedo en mi pecho.
«Déjalo» reí «Pero… sí, es una persona que no deja indiferente»
«Entonces, ¿te inscribirás en el club de baloncesto?»
«No, pero les echaré una mano» me apoyé en el banco y me acordé de
una cosa importante «¡Me he olvidado la mochila en el vestuario!» corrí
dejando a Yukino con el cepillo en la mano y la mirada incrédula.
«Eh, debes volver, ¿entendido? ¡No quiero limpiar sola!» gritó.
Cuando llegué al gimnasio, ya no había nadie y por un momento sentí
miedo de que mi mochila hubiese sido cogida o escondida. Afortunadamente, estaba en el mismo sitio donde la había dejado, bajo un banco.
«Será mejor que vuelva a clase ahora o Yukino se enfadará de verdad»
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reí mientras daba saltitos por el camino y, al pasar por el famoso cuarto de
los menesteres, me pregunté si alguien lo estaría usando en ese momento.
Como en respuesta a mi pregunta, del interior escuché provenir ruido de
objetos que caían al suelo “Hay alguien dentro…” me paré delante de la
puerta.
No sé por qué lo hice, no solía espiar o cosa parecida, pero fue como si
una fuerza misteriosa me atrajese como un imán. Me desplacé hacia atrás
y el corazón comenzó a desbocarse mientras llevaba a cabo aquel gesto
inapropiado: de mi mochila extraje mi espejito y, localizada una vieja silla
abandonada, me subí encima. Alargué el brazo y me puse de puntillas
para hacer llegar el espejo a la altura del único y pequeño ventanuco.
«Veamos quién está en este cuarto y qué necesita…» giré el espejito de
modo que reflejase el interior. “No consigo ver nada, está completamente
oscuro… Quizás en realidad no haya nadie” pensé un poco desilusionada, pero de repente el espejito me reveló quién estaba escondido en la
penumbra y qué estaba haciendo. Mi corazón pareció detenerse de golpe.
«¡Oh, Dios mío!» exclamé llevándome la mano a la boca. Mis piernas cedieron, perdí el equilibrio cayendo hacia atrás, montando un gran
escándalo. «¡Joder! ¡Debo irme rápidamente!» cogí la mochila y salí corriendo rápidamente de allí.
“¡No tendría que haber sido tan curiosa, he sido una verdadera
estúpida!” me echaba la bronca a mí misma, consciente de que aquella
imagen, impresa como una fotografía en mi mente, ya no habría de abandonarme.
***

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Orange Cream

escrito por Scarlett Bell
con los dibujos de Aeryn Sun
***
Traducción: Natalia Trujillo Rodríguez
www.fanfiction.net/u/5685127/franchiulla
***
Quality check:
Gil Ionar de Souza
Imawano
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CONTINUA...
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