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La relación EE.UU. - Cuba
Viernes 19 de diciembre de 2014 | Publicado en edición impresa

La relación EE.UU.- Cuba

Juegos de la memoria
Por José Claudio Escribano | LA NACION
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Recuerdo un mediodía. Enero, 1959. Me llaman
del diario. Castro ha triunfado y habrá
celebraciones en calles vedadas al peronismo.
Debo ocuparme de lo que ocurra en la ciudad.
Desde temprano, una concentración popular se
gesta en la Plaza San Martín. Convergen
radicales, socialistas, demócratas progresistas,
conservadores, ciudadanos autoconvocados. Otro
Perón ha caído y esas oportunidades no se
desperdician para señalarlo y festejarlo. Se
cierra, creíamos entonces, el círculo sobre la
pléyade de dictadores populistas que ha
dominado por años en América latina. Ese día no
es el turno de otro general de estado mayor en
barranca abajo; quien ha caído, y ha huido ya,
también él a la España del generalísimo Franco,
es un ex un sargento del ejército cubano:
Fulgencio Batista, que llegó a general, claro, y a jefe de Estado.
Escribí la crónica de aquellas celebraciones, inauditas a la luz de la historia ulterior. Fue
como haber escrito una crónica política de fines de septiembre de 1955: los sentimientos
antiperonistas de los manifestantes estaban tan vivos como lo habían estado cuatro años
antes en la Plaza de Mayo mientras Perón se entregaba a los brazos de Stroessner, en
Paraguay. Por definición, no nos dimos cuenta de que los acontecimientos iban en una
dirección inimaginable aquel día de 1959. No percibimos que con la revolución de la
veintena de zaparrastrosos que habían sobrevivido a la invasión de la isla desde el
Granma soplarían vientos de una reciedumbre continental que lo trastocarían todo
respecto de lo conocido antes. Europa y África también recibirían su influencia.
La heroicidad de los rebeldes veinteañeros penetró en el corazón blando y abierto de una
juventud conmovida por el nuevo mensaje; introdujo en una generación el debate de
entender la política como una aventura romántica y la ilusión de que con unos pocos
fusiles cabía pensar en la conquista del poder. Si lo había logrado desde la sierra Fidel
Castro, ¿por qué otros no podrían alcanzar lo mismo con igual precariedad de recursos?
No lo conseguiría Guevara en Bolivia, es cierto, pero no es el momento de poner en
discusión la fuerza extraordinaria de los espíritus debidamente templados, capaces de

y Alfredo Palacios terminó arrasándolo. No puede decirse del gobierno de Eisenhower que fue visionario sobre el porvenir inmediato de Cuba. ante el pedido de Castro de un plan Marshall para América latina. como quien acaba de oír un disparate. Desde el momento que la conteste. no más. Tiempo en que se había perdido hasta la memoria de los anarquistas que habían acabado con zares y reyes. entre purgas interminables. lanzándose sobre ellos y detonando los disparos con los que estalló la Gran Guerra del 14. Recuerdo haber estado en aquella reunión de pie a tres o cuatro metros de distancia de Castro. Desde que lo supieron. a un periodista-. se sumaban una esperanza y una vía ocasional para el voto implícito de protesta peronista. en Berkeley. al cabo de un acto de protesta contra el gobierno militar. Tengo el recuerdo de amigos y compañeros de oficio a los que la revolución cubana atrajo y transformó en cuestión de pocos años. ¿Para qué la revolución. Nos acostumbramos a la metamorfosis brutal como signo de los nuevos tiempos Aparecieron largas barbas en rostros rasurados y no resultaba raro que un café en la facultad quedara interrumpido por invitaciones confidenciales a viajar a Moscú y conocer la Unión Soviética. a cuatro meses de la victoria. Al romanticismo. los sueños románticos se asociaron con firmeza al desarrollo de uno de los fenómenos más prolongados y complejos del siglo XX: la Guerra Fría entre Occidente y Oriente. Recuerdo la frialdad del embajador norteamericano. que se reunió en el Ministerio de Comercio. sí. o a China. La catequesis llevada a fondo. Fidel demandó 15. que de entrada sintió a Castro como una espina atravesada en la garganta. que oficiaba de jefe de misión a la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES). y aun así zigzaguearon.irradiar fe y transmitir confianza y persuasión. de un lado. y con Raimundo Ongaro. Algunos de quienes estaban a nuestra derecha saltaron por encima del centro y fueron a parar en acto sin prólogo ni complejos a la extrema izquierda. Recuerdo la noche del 5 de febrero de 1961. el catedrático de ideas socialdemócratas cuyas clases siguió en los años 50 en la Sorbona. candidato de la UCR del Pueblo. Ya no eran sólo los votos jóvenes. pero también por la certeza de que quedaríamos registrados por los servicios de inteligencia.000 millones de dólares. asesinado a fines de los 60. del otro. aparte del empeño en voltear lo que estaba en pie? "Esa pregunta no la respondo -contestó en 1968 el líder de la Revolución de las flores." Los revolucionarios cubanos supieron sólo algún tiempo después de llegar a La Habana qué hacer con el poder. para ver cómo experimentaba Mao con su interpretación del comunismo. Recuerdo la visita de Fidel a Buenos Aires en mayo. El cortejo fúnebre que llevó el féretro de Jáuregui avanzaba con su tío abuelo Federico Pinedo. como cuestión primordial. en un mundo que todavía no se acorralaba temeroso entre medidas de seguridad. hace un año. Había sido admirador de Maurice Duverger. Acaban de sugerirlo los principales actores de Estados Unidos y de Cuba. líder de la CGT de los Argentinos. . y al hacer cuentas a valores constantes. al menos. dos economistas estimaron que eso era como pedir hoy más de 200. eran los votos de la sección popular por antonomasia de la Capital. Y de su gesto de desagrado. No olvidaré nunca a Emilio Jáuregui. como "compañeros de ruta" de los enemigos de un Estado que había tomado partido en la Guerra Fría. iba a medianoche conquistando la banca a senador en disputa en el electorado porteño hasta que comenzó el recuento de las urnas de Pompeya y del resto de la vieja sección primera. al encomiar el papel jugado por el papa Francisco en la novedad que ha conmovido al mundo. Declinábamos con invariable cortesía aquellas invitaciones. Lo hacíamos por convicción. entre las potencias democráticas y la Unión Soviética y los países que ésta había ocupado al caer el Tercer Reich.000 millones de dólares. en el que nadie podía superar en vuelo ni felicidad al viejo socialista que acababa de regresar de Cuba con palabras entusiastas. Estampa de una transición precipitada. nos dividimos. cuando Nicolás Romano.

pero perdió el otro candidato socialista. ninguno de cuyos dirigentes me impresionó en especial. con un planeta política y económicamente reconfigurado. radical del pueblo y ministro de Educación en la presidencia de Aramburu. de su propia causa. atendiendo a lo que está registrado en por lo menos la lente de Obama. esencialmente. Cuba se está cansando del destino que se trazó hace 60 años y ha encontrado a Estados Unidos preparado para reconocer que la vida sigue su curso. Conocí a la primera ola de cubanos en el exilio en la Florida. como en los presupuestos rigurosos. . Conocí a John William Cooke. la real politik en la mejor forma: por sobre todo. en creciente influencia. más solidaridad entre los pueblos. asunto del pasado que se dio por clausurado en 1990. el único peronista de nombradía de quien puedo decir que era un castrista genuino. Recuerdo el viaje del Che Guevara a Buenos Aires. para los norteamericanos. . en medio. si lo que hoy domina es el sentido de la oportunidad y de fiscalización de hipótesis. una banca de diputado a manos de Carlos Adrogué. en enero. En pocos años más se cumplirán 60 de una revolución que a las pasiones espontáneas que encendió en América latina sumó después la instrucción militar y política para inculcarlas a sangre y fuego en rebeliones armadas al servicio. en tanto el líder camaleónico se pintaba del color que fuera necesario para preservar posiciones internas y sobrevivir a la desconfianza de la izquierda continental. En tal caso. la periodista Alicia Eguren. Estamos ante un lanzamiento colectivo en busca de indagaciones flamantes para saber cómo puede la política ser más útil en todos los sentidos y promover.fuerza entonces proscripta de las urnas. los alineamientos bastantes simétricos que se suscitaron según la evolución interna y mundial. sino porque han sido ineficaces. por memorables que hayan sido los anuncios de anteayer. y conocí un peronismo cuyos cuadros de conducción despreciaban el castrismo. y de qué manera la acción conciliadora del presidente para acercar a Cuba con Estados Unidos y sus aliados aceleró los trámites determinantes de su derrocamiento. Como las épocas no se cierran de un único trazo. en primer lugar. en agosto de 1961. y por contexto inmediato. en marzo de 1962. pero de que la peor de todas es la guerra que se libra a medias y con dudas. y que ha llegado la hora de mirar un poco más hacia adelante y menos hacia atrás. y los entrevisté después del desastre de Bahía de los Cochinos. Esto es. tan cruel como inoperante. Ramón Muñiz. en ese menester. Crucemos los dedos. ¿Pero por qué criticar a Perón. a la sombra de cárceles argentinas cuentan sus días últimos militares casi nonagenarios. Ganó Palacios. ¿Qué hacen ahí? Son a esta altura fantasmas trágicos de un drama nacional que tuvo por contexto mundial la Guerra Fría. La suerte estaba echada y Cuba sería expulsada de la OEA aun antes. más que la prueba de una verdad definitiva? ¿Quién ha hablado desde la Casa Blanca haciéndonos saber que mejor que insistir con ideas sobre cómo debe ser el mundo es conformarse con lo que el mundo es? ¿Talleyrand? Buen maestro. como su mujer. alguien dirá que se ha tirado al desván más de medio siglo de perseverancia en principios no porque los principios hayan sido malos o buenos. traído desde Punta del Este en avión por el diputado Jorge Carretoni para entrevistarse con Frondizi. resultados. de la lección de que ninguna guerra es buena.